martes, 26 de marzo de 2013

Guerra Fría: HMS Conqueror roba equipo soviético

El mayor secreto del HMS Conqueror: una incursión en Rusia
El submarino que hundió al crucero argentino General Belgrano durante la guerra de las Malvinas estuvo implicado en una operación de guerra mucho más atrevido y peligroso Fría sólo unas semanas más tarde
 


Era de noche, en la madrugada, y el mar estaba helada a medida que el HMS Conqueror llegaba a profundidad de periscopio. Su capitán, Christopher Wreford-Brown, había estado acechando a su objetivo metódicamente, un cazador cauteloso en pos de presa. Allí estaba ella, 1.000 metros más adelante, de movimiento lento, aparentemente sin darse cuenta de que el submarino estaba emergiendo en la cola. Reunidos en torno a comandante Wreford-Brown en la sala de operaciones oscuras, los oficiales y los hombres esperaban en silencio, la tensión interna enmascarada por la calma exterior. Era el año 1982 y esta fue algo real. 
El HMS Conqueror es famoso, algunos dirían notorio, por el hundimiento del crucero argentino ARA General Belgrano. El submarino de ataque de propulsión nuclear, un tipo conocido también amenazadoramente como un cazador-asesino, ese año se convirtió en el primero de su tipo en disparar con furia. El Belgrano fue enviado a fondo prontamente, su casco antiguo recibió dos torpedos: 323 hombres, jóvenes reclutas, muchos de ellos murieron. La guerra de las Malvinas comenzó en serio ese día, 2 de mayo de 1982. 

Pero la nave ahora en ciernes no era el Belgrano. Esto fue en agosto, casi dos meses después de la re-ocupación de las Malvinas, y en el otro lado del mundo, en el Mar de Barents, el patio trasero de la poderosa Flota del Norte Soviética. El HMS Conqueror navegaba tan cerca de las aguas territoriales rusas como se permitió legalmente o tal vez más. Los submarinistas, una comunidad muy unida, cortésmente desdeñoso de sus homólogos de superficie, bromean de que hay dos tipos de buque navales: submarinos y blancos. El objetivo de Wreford-Brown era un arrastrero espía, un AGI en la jerga de la OTAN, es decir, un Auxiliar de Inteligencia General. Repleto de equipos de interceptación y detección, eran una presencia ubicua durante la Guerra Fría, moreando en las sombras de ejercicios de la OTAN o fuera de bases navales. 
Éste era especial: de bandera polaca, estaba tirando un dispositivo largo codiciado por los británicos y los estadounidenses, una cadena de dos kilómetros de hidrófonos conocido como un arreglo de sonar remolcado. Era la última cosa en tecnología de detección de submarino soviético y el trabajo del Conqueror era robarlo. Para ello, el arco estaba equipada con pinzas de control electrónico, proporcionadas por los estadounidenses, para roer a través del cable de acero de tres pulgadas de espesor de conectarlo a la trainera. El nombre de este ejercicio audaz de piratería fue Operación Barmaid
Treinta años después, y la historia de esta misión, clasificada como Top Secret en su día, se está contando. Puede ser que el gobierno ruso está aprendiendo por primera vez, el destino de lo que fue uno de sus dispositivos más celosamente guardados. 

Esta fue una hazaña notable, una hazaña audaz que llevaba consigo el riesgo inmenso, dice el documentalista Stuart Prebble, cuyo nuevo libro, Secrets of the Conqueror, da a conocer la existencia de Barmaid. Cuando pensamos en la Guerra Fría pensamos en Cuba y Berlín y misiles y tanques, pero no que estuvo en el mar, y bajo el mar, en particular, cuando la lucha entre Oriente y Occidente a menudo en su forma más peligrosa. 
He sabido de Barmaid durante casi 30 años y hace dos años que se dirigió al Ministerio de Defensa y pidió que sus detalles se distribuyeran bajo la regla de los 30 años. Pasaron ocho meses pensando en ello y, finalmente, regresaron y dijeron que no. Su posición final fue que, a pesar de que volvería a ayudar, no tratarían de pararme si iba a escribir sobre ella. 
A lo largo de las décadas de 1950 y 1960 los anglo-americanos descansaron en los laureles, confiados en su superioridad en la tecnología naval sobre la flota soviética en ciernes. Pero a medida que avanzaba la década de 1970 que la confianza se erosionó. Los submarinos soviéticos se estaban convirtiendo en más silenciosos y más rápidos, fueron capaces de devolver la pelota a sus rivales occidentales supuestamente más avanzados. Los submarinistas llaman rebote, la práctica de trepar sobre un submarino hostil antes de encender el sonar emisor de ondas activo. El ping ensordecedor en los auriculares del equipo blanco les dice: Estoy aquí. Si se trataba de una guerra, estarías muerto

Un arreglo de sonar remolcado es diferente. Es pasivo y no emite una señal. Flota a una profundidad prescrita, por detrás de un barco o un submarino, sólo tiene que escuchar a los submarinos enemigos. Debido a que los hidrófonos son espaciados, pueden conseguir una solución multi-dimensional sobre un objetivo, y son menos vulnerables al ruido de la embarcación huésped. Las marinas de guerra estadounidenses y británicos se imaginaron estar muy por delante en esta tecnología y se molestaron al descubrir que los rusos los emparejan. 

¿Los alcanzaron gracias a su ingenio, o por espionaje? 
El tema era sensible para los británicos, que había estado plagada de escándalos de espionaje en el período de la posguerra. La red de espionaje de Portland había traicionado secretos navales, al igual que el secretario del Ministerio de marina John Vassall. Los estadounidenses tomaron la delantera, concibiendo un proyecto para capturar un arreglo remolcado y descubrir sus orígenes. General Dynamics, proveedor de equipo para la CIA, construyó el equipo de pinza, que se instaló en los submarinos británicos. Pero, ¿por qué no utilizar a submarinos mayores de la Marina de los EE.UU.? 
Hay dos escuelas de pensamiento acerca de eso, dice Prebble, ex editor de World in Action. Los británicos creían que fueron seleccionados porque tenían submarinistas más cualificados, y los ejercicios parecen confirmar esto. Los submarinistas británicos tienden a no jugar según las reglas en la medida en que los estadounidenses lo hacen. 
El punto de vista más cínico dice que si un submarino británico fuese capturado la lluvia radiactiva diplomática sería menos grave que si uno norteamericano estuviese implicado. Nadie quería provocar una confrontación entre las superpotencias. 
Cortar un cable de un arreglo remolcado y hacer que se vea como una pérdida accidental no fue una tarea fácil. Antes el Conqueror fue equipado con las pinzas guiadas por televisión, su gemelo, el HMS Churchill había tratado a todo vapor de cortar una matriz desde un buque de remolque. El arreglo fue dañado y se le lanzaron cargas de profundidad para dolor de su comandante. El Conqueror hizo dos intentos de utilizar las pinzas, en el Mar de Barents y el mar Mediterráneo, antes de su último intento en agosto. 
Cuando los equipos oyeron hablar de estas pinzas, todo el mundo pensó que era algo absolutamente loco, dice Prebble. Su uso exige la marinería más brillante, subiendo desde abajo al punto ciego de las matrices y bordeando hacia el punto de corte a pocos metros del barco remolcador. Las pinzas fueron diseñados para roer y no limpiamente de una rebanada dar la impresión de que la matriz había enganchado en un obstáculo bajo el agua y ha arrancado. 
Estaba, pues, Wreford-Brown, mirando por su periscopio aquella noche de agosto. Las cámaras de televisión eran inútiles hasta unos centímetros del objetivo, por lo que negro que era el agua del Ártico. Wreford-Brown y sus oficiales tuvieron que recurrir a la aritmética mental para calcular la distancia del objetivo. 
Ese fue el genio del ejercicio, dice Prebble. Hay una manera de abordar el punto ciego que implica ir más profundo y luego subir a un ángulo, literalmente, debajo de la embarcación. 
La hélice del arrastrero estaba a metros del casco del Conqueror. Un error de cálculo momentáneo y una colisión era inevitable. Pasados los nervios y una conexión fue hecha. Las cuchillas de pinza royeron, y en cuestión de segundos que parecieron horas, y la matriz fue robada. Las abrazaderas en el cable del Conqueror se alejaron a una profundidad segura, arrastrando a la matriz a su lado. 
Todo el mundo en la sala de control estaba tenso, dice uno de los presentes. Estábamos esperando que en cualquier momento íbamos a ser descubiertos y estaban listos para ejecutarlos, si fuese necesario. 
Ninguno de los tripulantes que hablaron con Prebble estaban dispuestos a confirmar la posición del Conqueror, pero la sospecha es que la operación se llevó a cabo dentro de las aguas territoriales soviéticas, a sólo tres millas de la costa. Si lo descubrían, los submarinos habría enfrentado a un ataque de unidades soviéticas desde el aire y desde el mar. Una vez Conqueror llegó a una distancia segura, buzos fueron enviados para asegurar la matriz. El submarino emergió más tarde para que pudieran nadar de nuevo para transportar el dispositivo a bordo de un atado en el casco. 
¿La tripulación del AGI supo lo que había pasado? Incluso si se sospecha de juego sucio, no habría estado en sus intereses admitirlo ante sus superiores. Una estancia en el gulag podría haber seguido a ello. 
Inmediatamente después el Conqueror llegó a su base en Clyde, el arreglo se almacenó en un avión y enviado para su análisis en los Estados Unidos. Se dice que el nombre del Conqueror fue susurrado con cierta reverencia en el Pentágono durante algún tiempo después. 
Tras el hundimiento del ARA Belgrano, muchas especulaciones rodearon la desaparición de los registros del Conqueror. El supuesto en algunos sectores era que habían sido destruidos para ocultar detalles embarazosos sobre los movimientos de los submarinos antes y después del ataque contra el crucero. Prebble piensa lo contrario. Creo que los registros fueron destruidos o incinerados para ocultar el funcionamiento del Mar de Barents, dice. Esta fue una misión de alto secreto. 
El arma submarina se conoce como el Servicio Silencioso, en parte debido a su acercamiento cauteloso a la guerra, sino también por el secreto que asisten a sus actividades. Muy rara vez reciben elogios del público. Ahora, al menos, sabemos de la Operación Barmaid. La tripulación del Conqueror tuvo que celebrar su triunfo en secreto. Esperemos que hayan disfrutado de una pinta o dos. 

'Secrets of the Conqueror: The Untold Story of Britains Most Famous Submarine" por Stuart Prebble (Faber and Faber) 

The Telegraph

sábado, 23 de marzo de 2013

SGM: La rendición de submarinos alemanes en Mar del Plata

Submarinos alemanes en el Mar del Plata.

La rendición de Alemania

A las 8,30 hs. del 5 de mayo de 1945 cesaron su resistencia en el teatro de operaciones europeo las Fuerzas Armadas alemanas. El Gran Almirante Doenitz, que había conducido hasta el borde del éxito total la campaña submarina alemana y que ahora -por mandato de Hitler- asumía la responsabilidad de la rendición, comunicó mediante mensaje especial (núm. 0953/4) a sus preciados submarinistas la dramática nueva: Alemania había sido vencida. Conocida la capitulación automáticamente entró en vigor la operación "Arco Iris": el grueso de la flota germana se hundía a sí misma. Ello provocó la inmediata reacción del Alto Comando Aliado, que exigió a Doenitz pusiera fin a la destrucción de buques en cumplimiento de las cláusulas de rendición. El 6 de mayo, por Radio Flensburgo, Doenitz recordó al personal naval "...la prohibición de hundir los barcos o dejarlos inservibles mediante la destrucción de toda o parte de sus maquinarias o instalaciones".

Efectuada la capitulación de Reims el 8 de mayo, ese mismo día el Almirantazgo Británico radió un mensaje a los submarinos alemanes en alta mar, advirtiéndoles que, bajo el riesgo de quedar fuera de la ley, "...deberán subir a la superficie; izando una bandera o pendón negro, informando respecto a su posición en lenguaje claro a la estación inalámbrica más cercana y seguirán navegando en superficie hacia aquellos puertos que les sean indicados, con torpedos desarmados y el cañón en crujía ".
El 8 de mayo se registraron las últimas acciones bélicas de los submarinos germanos; frente a las costas del noroeste europeo fueron hundidos el vapor inglés "Avondale Park" y también un carguero noruego.
El 9 de mayo, a 50 millas del Cabo Lizard , emergió izando un paño negro el "U-249", en acatamiento a las instrucciones de rendición de este submarino en los siguientes días más de sesenta submarinos se entregaron en puertos de Escocia, Irlanda, Gibraltar y Noruega; cinco lo hicieron en aguas norteamericanas y uno en Canadá.
El 11 de mayo la agencia informativa "United Press" difundió una noticia que causó sensación en Chile y Latinoamérica: el jefe del Distrito Naval Norte de Chile "habría" anunciado que un submarino alemán navegaba frente a Iquique. La misma agencia informó más tarde de una "conversación entre la tripulación alemana que pedía permiso para rendir el submarino en el puerto de Tocopilla y el Jefe de la Base que accedía a lo solicitado". No obstante ésta y otras minuciosas "informaciones" de la U.P. al respecto, no se tuvieron en día posteriores más noticias del presunto sumergible alemán.
El 20 de mayo el "U-963" emergió cerca de la costa portuguesa y después de abrir los grifos de inundación, su tripulación abandonó la nave en botes neumáticos. Con la presencia de este último submarino, todo parecía indicar que finalmente el Atlántico estaba libre de submarinos alemanes.
Para fines de mayo el Almirantazgo Británico tenia en su poder a las más altas autoridades navales del Reich, como así también a los proyectistas de la guerra submarina. A ello había que agregar los testimonios de los jefes de flotillas; la información de los astilleros; el diario de operaciones del comando de submarinos y toda la documentación secreta; en resumen, la Kriegmarine no tenía ya secreto alguno que no estuviera en poder de los ingleses. Así, éstos estaban en condiciones de establecer la cantidad de submarinos alemanes en alta mar al final de la guerra.
"Sobre la base de la información disponible, fue que en la noche del 28 al 29 de mayo de 1945 el almirantazgo comunicó a todos los países que "... los buques que naveguen en el Atlántico podrán hacerlo con las luces encendidas". No obstante su laconismo , en nada disminuyo la tremenda fuerza del anuncio ingles: después de casi 6 años, el Atlántico podría ser navegado sin temor a los "lobos grises". Cierto era que aun se desconocían el paradero de algunos pocos submarinos, pero resultaba posible que sus tripulaciones hubieran destruido las naves y desembarcado secretamente en Noruega u otro lugar para intentar el regreso al hogar; también resultaba posible que submarinos considerados "averiados" en realidad estuvieran hundidos.
Cuando el 3 de Junio otro submarino germano se presento ante Leixoes, Portugal, el periodismo de las potencias vencedoras difundió la teoría de "Hitler huyendo en submarino hacia alguna remota base secreta" y el de la "colaboración con Japón". Si bien la Inteligencia naval de los Estados Unidos e Inglaterra no era influida por tales fantasías periodísticas, no dejo por cierto de llamarles la atención la presencia de un sumergible a casi un mes finalizada y las declaraciones de los jefes navales prisioneros. Una vez hecho esto y para tranquilizar la opinión publica, el 13 de junio el Departamento de marina de los Estados Unidos hizo conocer la siguiente declaración : "si bien se desconoce la suerte de 4 ó 6 submarinos alemanes en el Atlántico, se cree que han sido hundidos... por otra parte se tiene la seguridad de que (en caso de que hubiera alguno) no operan ya en el atlántico y no es de creer que alguno tenga el suficiente radio de acción para llegar a Japón".
En tanto la marina norteamericana emitía tal declaración, dos submarinos germanos, con armamento completo, se deslizaban a máxima velocidad bajo las aguas del Atlántico Norte eludiendo todo contacto con naves de superficies.
El 9 de julio una dramática noticia conmovía a América latina; el crucero brasileño "Bahía" había naufragado en las cercanías de las rocas de San Pedro y San Pablo. El siniestro había ocurrido el 4 de julio, pero recién se tomo conocimiento cinco días mas tarde cuando el carguero ingles "Belfa" comunico haber recogido una balsa con 33 sobrevivientes del "Bahía".
En un primer momento las autoridades de la Armada Brasileña consideraron que la tragedia pudo ocasionarla una mina a la deriva, dada la seguridad de las pólvoras modernas que hacia muy improbable la explosión de la santa bárbara del buque por combustión espontánea. Pero 24 horas después de conocido el hundimiento del bahía, una noticia sensacional vendría a agitar al Brasil: Un submarino se rendía en la Argentina.


El U530
En la mañana del 10 de julio el puerto de mar del plata registraba sus tareas habituales. La bruma del invierno marplatense obligaba a las barcas de los pescadores a realizar sus tareas no lejos de la costa; a 2 kilómetros, la base de submarinos de la marina de guerra Argentina desarrollaba su rutina, hasta que el personal de vigilancia advirtió a las 7:30 horas que, 4 ó 5 Km mar adentro, una nave efectuaba señales luminosas; minutos antes de que en la base de submarinos se advirtiera los destellos luminosos 2 barcas que estaban en plena faena vieron surgir a menos de 100 metros la torreta de un submarino que en pocos segundos emergió totalmente.
Altamente familiarizados con las siluetas de los sumergibles nacionales, los pescadores comprendieron inmediatamente, que se trataba de una nave extranjera, lo que confirmaron cuando el puente de la misma se pobló de gente rubia "que hablaban en idioma complicado". Mientras los pescadores estaban absortos ante la sorprendente aparición, desde el puente del submarino una lámpara comenzó a transmitir un mensaje luminoso que fue el advertido desde la base.
Notificado el comandante de la misma de la novedad, éste inmediatamente se hizo presente en la sala de observación dando personal lectura al mensaje. Su sorpresa no pudo ser mayor, el mismo decía: "German Submarine".
Por más de quince minutos intercambiaron mensajes el comandante germano y el jefe accidental de la base Mar del Plata, capitán de corbeta Ramón Sayús. Luego de identificar a su nave como el "U-530", el comandante alemán informo que deseaba rendirla pacíficamente. Aceptada la solicitud, el U-530 reanudó lentamente la marcha para finalmente atracar, al costado del guardacostas General Belgrano. Cumplidas las maniobras de amarre y luciendo sus condecoraciones de guerra, el comandante alemán, Teniente de navío Otto Vermouth, formó a sus hombres en cubierta para recibir a las autoridades argentinas. Una vez éstas a bordo, el teniente Vermouth arengó a sus subordinados, siendo a continuación notificado que él y sus hombres debían abandonar la nave en calidad de prisioneros de guerra.
Finalizo así, la larga travesía del U-530, si bien aun, debía afrontar dos graves sospechas: la presencia de Hitler o colaboradores suyos a bordo y el presunto torpedeamiento del "Bahía".
Botado el 28 de julio de 1942 en los astilleros "Deutsche Werft" de Hamburgo, el "U-530" pertenecía a la clase IX C, con un desplazamiento de 1.144/1.247 t. Con carga completa de fuel-oil (214 t.), su autonomía era de 11.400 Km, pudiendo desarrollar una velocidad de superficie de 18 nudos y en inmersión de 7 nudos. El armamento consistía en un cañón de 10,5 cm.; un cañón A/A de 3,7 cm. y 2 ametralladoras A/A de 20 mm , seis tubos lanzatorpedos de 21 pulgadas -cuatro en proa y dos a popa- con 21 torpedos a bordo. También podía transportar 33 minas y estaba equipado con Snorkel. Al mando del teniente Vermouth que realizaba su primer viaje como comandante y 54 tripulantes, el "U-530" zarpó de Kiel el 19 de febrero de 1945 con rumbo a Noruega. Reaprovisionado en Christiansand, el sumergible marchó hacia su zona de operaciones en el Atlántico Norte, donde recibió la noticia de la capitulación. Reunidos en consejo, oficiales y tripulantes decidieron ignorar la orden de emerger dada por los aliados, intentando en cambio el viaje hacia Argentina.
Este acto de desobediencia a la determinación final de su gobierno y a la orden de las potencias vencedoras, puso a un puñado de hombres en una situación extraordinaria, inédita en la historia, que les confería absoluta libertad de decisión en una poderosa unidad de ataque. Pero tal condición, con sus falsos atractivos, llevaba implícita grandes riesgos, uno de los cuales era la falta de autoridad oficial que sirviera de respaldo al teniente Vermouth para imponer castigos a bordo.
Comenzó así a deteriorarse la disciplina, abandonándose las tareas de mantenimiento y limpieza, lo que explica el aspecto del submarino al llegar a Mar del Plata: sin rastros de pintura y carcomido por la herrumbre el casco, en tanto que los compartimientos interiores ofrecían un aspecto "desconcertante" -al decir de un oficial argentino- por la suciedad y confusión que en ellos reinaba. Poco antes de llegar a la costa Argentina, fueron desmontados y arrojados al mar el cañón de cubierta y el A/A de 3,7 cm., junto con toda la munición. Siguieron el mismo camino los torpedos, las cartas de navegación, los libros de claves y el cuaderno de bitácora; también se destruyeron los aparatos y sistemas considerados "secretos".
Casi agotado el combustible y sin víveres, dos meses después de finalizada la guerra en Europa llegaba a Mar del Plata el 9 de julio de 1945 -día de la independencia Argentina- la nave alemana, provocando asombro y comentarios en todo el mundo. En la tarde del 12 de julio la cubierta del: "U-530" fue escenario de una sencilla ceremonia: el teniente Vermouth firmaba el acta de rendición, izándose a continuación la bandera Argentina en el puente de la nave.
Con tal acto, concluyó oficialmente la vida bélica del submarino germano, que en su larga travesía final había establecido un "record" de larga distancia para tal tipo de naves y, además el de navegación con Snorkel. Sin embargo, pronto ambas marcas serían batidas por otro submarino alemán.
Dadas las circunstancias, la primera pregunta que individualmente se le formuló a Vermouth y sus hombres era por demás inevitable: ¿estuvo Hitler o algún otro dirigente del Reich a bordo? Las rotundas negativas de los marinos germanos a tal presunción la respaldaron con el argumento de que el fin de la guerra les había sorprendido en alta mar y que entonces habían decidido viajar hasta la Argentina con el fin de eludir el duro cautiverio de los vencedores. Cierto era que en la Argentina también había declarado la guerra al Reich pero ellos consideraban que era un acto producido por especiales circunstancias diplomáticas.
Las declaraciones de los prisioneros eran complementadas con minuciosas pericias técnicas a bordo del sumergible y, además, con la información que enviaba el alto comando aliado. La posibilidad de una confabulación de silencio entre los 54 tripulantes pronto quedó también descartada, ya que resultaba imposible, y se emplearon varios métodos para comprobar que secretos de trascendencia pudieran ser guardados con éxito por tantas personas.
Otro de los aspectos que llamó la atención de los investigadores fue la juventud del comandante alemán. Sólo 25 años, y de la tripulación. -edad promedio 23 años- comprobándose posteriormente que ello era causa directa de la campaña anti-submarina de los aliados, que obligó al mando alemán a reemplazar las bajas con personal cada vez más joven. Por otra parte submarinistas con mayor experiencia eran retirados del frente hasta que estuvieran en servicio los nuevos submarinos tipo XXI y XXIII.
En lo que se refería al "Bahía" los alemanes manifestaron desconocer lo que pudo ocurrirle a dicha nave, ya que ellos habían pasado con anterioridad al 4 de julio y a más de 150 millas de las rocas de San Pedro y San Pablo. No obstante tales afirmaciones, lo que sacó de dudas a los investigadores sobre la responsabilidad del "U-530" en el desastre fueron las 3.500 millas existentes entre las rocas de San Pedro y San Pablo y Mar del Plata, distancia ésta que no podía ser salvada por el submarino en escasos cinco días de navegación. De haber demorado dos o tres días más su entrada a Mar del Plata el "U-530", su comandante se habría visto en graves aprietos, pues las pruebas a su favor como eran el libro de bitácora y las cartas de navegación con la ruta seguida, las había arrojado al mar.
Teniendo en cuenta las declaraciones de los prisioneros, las comprobaciones que se efectuaron y los informes enviados por los aliados, el 13 de julio la Armada Argentina emitió un comunicado en el que se informaba al público "que ningún dirigente político o militar de Alemania viajó a bordo del "U-530" y que tal nave era por completo ajena al desastre del "Bahía".
La prensa internacional dedicó amplios comentarios al "U-530", deslizando hipótesis que, en algunos casos, resultaron ser verdaderas creaciones de "ciencia-ficción". El diario soviético "Izvestia'' en su edición del 12 de julio, consideró "que seria interesante saber quién ha viajado oculto" en dicho sumergible y también "quién pudo abastecer a esa nave pirata con alimentos y combustible durante los dos últimos meses".
También la prensa brasileña se mostró agresiva -31 mercantes de Brasil fueron hundidos por submarinos germanos- no vacilando en señalar al "U-530" como autor de la tragedia del "Bahía. Lo notable del caso es que altas autoridades navales de Brasil avalaron públicamente tal posibilidad, sin tener en cuenta detalles técnicos y sin esperar el resultado de las investigaciones que se efectuaban en la Argentina. Así es como el jefe del Distrito Naval Río de Janeiro -al que pertenecía el "Bahía"- almirante Dodswort Martins, pocas horas después de conocerse la presencia del submarino alemán en Argentina declaró al periodismo, que "según mis cálculos de navegación el U-530 pudo haber estado en el sitio del desastre del Bahía en la mañana del 4 de julio".
Pocos días después, el mismo oficial volvió sobre el tema, señalando la "posibilidad de que el corsario nazi que se rindió en Mar del Plata haya pasado por el lugar del desastre y colocado minas...desde el lado moral del asunto el comandante nazi se hallaba en un estado de latente agresividad contra Brasil, en virtud de que, pudiendo elegir un puerto brasileño para rendirse, no lo hizo así".
"Por otra parte", agrega el marino brasileño, "resulta inadmisible la explosión espontánea de la santabárbara del Bahía". Ya fuere por las pasiones propias de la época y/o por transferir responsabilidades, las arriesgadas afirmaciones del almirante Martins fueron contestadas por el dictamen oficial de la comisión Investigadora del caso "Bahía": la nave fue destruida por la explosión del pañol de municiones.
La presencia del submarino alemán a más de dos meses de finalizada la guerra, era capaz de convertirse en otro elemento perturbador de las ya difíciles relaciones entre Argentina y los Estados Unidos.
La renuencia Argentina a declarar la guerra al Eje (recién se verificó esto el 27/3/45); la negativa campaña de medios políticos y periodísticos de la Unión contra el gobierno argentino y la desembozada actividad "extra diplomática" del embajador Sprullle Braden, ya de por sí factores de tensión suficientes como para que la sospecha que se admitía a dirigentes del III Reich en la Patagona u otro lugar del territorio nacional, sirviera de nuevas justificaciones para quienes estaban empeñados en deteriorar la posición internacional de Argentina.
Así es como se dio rápida respuesta afirmativa a la solicitud que el 10 de julio presentaron los agregados navales de Norteamérica e Inglaterra, para inspeccionar la nave rendida, Posteriormente se cursaron invitaciones a los agregados navales de varios países sudamericanos para visitar el "U-530", proporcionándoseles toda la información técnica que requirieron. Lo fundamental sin embargo era el destino final del "U-530": ¿quedaría incorporado como legítima presa de guerra a la Armada Argentina y sujeta a sus leyes la tripulación? Atento a la delicada situación Internacional, el gobierno ordenó que se formara una comisión especial encargada de estudiar el caso y elevar al Ejecutivo las correspondientes recomendaciones.
En sólo48 horas se expidió la mencionada comisión, que en su dictamen señaló".. .que el submarino (U-530) ha violado, voluntaria o involuntariamente los compromisos contraídos en el acta de rendición de Reims..., de los términos de la rendición no se supone otra cosa que la entrega en forma incondicional, a las fuerzas aliadas y la forma y la oportunidad de su entrega está establecida en el acta de rendición del 8 de mayo, por lo que el comandante del submarino debió emerger izando una bandera negra..., rendida a las fuerzas argentinas, en una base Argentina, cumple a su gobierno poner el submarino (U-530) a disposición de los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra, juntamente con su tripulación y las actuaciones que hayan realizado nuestras fuerzas navales. Buenos Aires, julio 13 de 1945".
Aceptada tal conclusión -de innegables fallas- el 18 de julio el gobierno argentino -presidente ; General Edelmiro J. Farrel ; vicepresidente y ministro de Guerra, Coronel Juan D. Perón- notificó a Londres y Washington la decisión de entregar al submarino y sus tripulantes. De común acuerdo los aliados decidieron que la marina norteamericana se hiciera cargo del "U-530", enviando para tal efecto una dotación de 35 hombres a la Argentina. Vanos pues, habían sido los esfuerzos de Vermouth y sus hombres por eludir los campos de concentración y fallidas resultaron las esperanzas de los marinos argentinos que querían para su bandera tan moderna unidad de ataque.
Casi sin tener en cuenta los comunicados oficiales, la Imaginación popular forjaba sus propias teorías y levantaba sospechas de toda clase en torno al "U-530". Por cierto contribuía a ello en gran medida la prensa sensacionalista y además, el aura que rodeaba a los submarinos germanos que eran considerados con poderes poco menos que mágicos.
En este contexto, no es de extrañar que a partir del "U-530" se produjera una psicosis colectiva en ciudades y poblados de litoral marítimo argentino, sucediéndose las denuncias sobre "submarinos alemanes merodeando cerca de las costas". El 16 de julio más de una docena de vecinos de San Clemente del Tuyu, comunicaron a las autoridades haber observado dos submarinos alemanes a 5 ó 6 kilómetros de la costa". Los testimonios de tantos "observadores" movilizaron a la Marina y el Ejército, que inmediatamente dispusieron un intenso patrullaje, aeronaval de la zona y el registro de las playa para buscar indicios de desembarcos.
En días sucesivos se efectuaron nuevas denuncias, llegando un "observador" a declarar que la identificación de uno de los sumergibles era "U-124". Sin embargo, el submarino alemán con tal número había sido hundido el 2 de abril de 1943 al oeste de Oporto. Lo notable del caso es que la psicosis de los submarinos, por así llamarlo, se extendió hasta Brasil y Uruguay, donde también se denunciaron "avistajes" de tales naves. ¡Tal parecía que toda una manada de "lobos grises" navegaba por el Atlántico sur con rumbo e intenciones desconocidas bajo el mando directo del Querer! Las noticias provenientes de Sudamérica hallaron amplio eco en los servicios de inteligencia aliados que, a más de estar ya ocupados por la extraña presencia del "U-530", debían ahora tener en cuenta la posibilidad de que varios submarinos germanos estuvieran navegando hacia metas desconocidas.
Los investigadores contaron una vez más con la colaboración de los ex altos jefes navales alemanes presos, a los que posteriormente se les permitió efectuar declaraciones públicas con el fin de disipar los peligrosos rumores que corrían por el mundo. Así es como el 19 de julio el almirante Godt señaló a los periodistas "no creer que Hitler hubiera huido de Alemania, ya que es imposible para un hombre como el Fuehrer vivir como un señor X. Si Hitler no ha muerto en Berlín, es imposible que no lo sepamos Doenitz y yo".
Por su parte el. vicealmirante Helmuth afirmó que "si se hubiesen hecho preparativos (para sacar a Hitler de Alemania) yo hubiera tenido que estar enterado".
El Senado norteamericano también se ocupó del tema, manteniendo una larga reunión Informativa con representantes de la Armada. Al término de la reunión el senador Mendell Rivers anuncio a los periodistas "que si bien la Armada de los Estados Unidos trata de localizar lo que quede de submarinos alemanes por medio de aviones y buques de superficie, no es de creer que alguno aun esté en el mar". Complementando tantas declaraciones y desmentidas, el 18 de julio la agencia U.P. informó que "en círculos oficiales del Departamento de Marina (norteamericano) se considera poco probable que alguno de los cuatro submarinos cuyo paradero se desconoce esté cerca de la costa Argentina, siendo indudable que debe haber un error en la noticia de que han visto submarinos nazis cerca de ese país..."

El U977
17 de agosto de 1945. La Argentina rendía homenaje a su héroe máximo, el General José de San Martín, con motivo de cumplirse un nuevo aniversario de su muerte. Por tal causa la actividad en la base naval Mar del Plata era casi nula, siendo lo único destacable el anuncio que regresaban a sus apostaderos el rastreador "Py" y el submarino "Salta", luego de cumplir una misión de patrulla, ya a unas ocho millas de la base y siendo las 9,15 horas, ambas unidades argentinas advirtieron, en superficie, a un submarino extranjero que inmediatamente empezó a emitir con el destellador un mensaje cuyo texto fue instantáneamente presentido por los marinos argentinos: "German Submarine".
Identificándose como el "U-977" al mando del capitán de fragata Heinz Schaeffer, el comandante alemán aceptó que una dotación de presa se hiciera cargo de su nave.
Luego de recibir en la cubierta al teniente de fragata Rodolfo Sáenz Valiente, que al mando de 8 hombres le comunico que su misión era la de impedir que el submarino fuera hundido o averiado, el capitán Schaeffer solicitó autorización para dirigir la entrada a puerto.
Flanqueado por los barcos argentinos ingresó en la rada de Mar del Plata a las 11 horas el "U-977", provocando su presencia (38 días después que lo hiciera el "U-530") una verdadera conmoción en Argentina y América. Botado el 2 de marzo de 1943 en los astilleros "Blohm & Voss" de Hamburgo, el "U-977" pertenecía a la clase VII-C, con un desplazamiento de 769/871 toneladas. Su autonomía era de 10.000 Km, pudiendo desarrollar una velocidad máxima en superficie de 17 nudos y en inmersión de 7 nudos. Armado con cinco tubos lanzatorpedos -cuatro en proa y uno en popa- con 10 torpedos de 21 pulgadas., disponía además de 4 A/A. de 3,7 cm. y 4 ametralladoras A/A. de 20 mm. Estaba equipado con Snorkel y equipo FU-M-B (para detectar ondas de radar), disponiendo de los sistemas más avanzados para burlar a las naves anti-submarinas. El 24 de diciembre de 1944 se hizo cargo del "U-977" el capitán Hemz Schaeffer, que abandonaba el mando de un submarino costero del tipo D-II.
Las reparaciones del submarino que ahora comandaba Schaeffer se fueron demorando, debido a los bombardeos aliados que paralizaban el trabajo en fábricas y astilleros.
Ello hizo que recién el 26 de abril de 1945 el "U-977" zarpara con rumbo a Noruega para completar el alistamiento, y el 2 de mayo emprendiera la marcha hacia la misión encomendada: permanecer frente a Southampton y, de ser posible, entrar en el puerto. A poco de partir se averió irreparablemente el periscopio principal, decidiendo Schaeffer continuar el viaje, ya que si regresaban, con seguridad serían enviados a combatir en tierra.
Pocos días después el "U-977" recibió el mensaje de Doenitz con el anuncio de la capitulación y posteriormente la orden de emerger dada por los aliados. De inmediato el capitán Schaeffer reunió a sus hombres para informarles de la situación internacional, anunciándoles que si bien a partir de ese momento no efectuaría acción ofensiva alguna contra el enemigo, tampoco acataría sus órdenes. Más aun: habla meditado un plan que consistía en viajar hasta la Argentina, país con el que Alemania siempre había mantenido cordiales relaciones, siendo un buen ejemplo de ello el trato que se les dispensara a los tripulantes del "Graff Spee"; por otra parte uno de los suboficiales tenía parientes en dicho país y les podía informar con detalles lo que era la Argentina.
Dada la trascendencia del asunto, era algo que debían decidir entre todos. De los 48 tripulantes 30 votaron por el viaje a la Argentina, dos lo hicieron por España y otros 16 sólo querían volver junto a sus familias, eran los casados. Se decidió que los casados serian desembarcados en Noruega, cerca de Bergen, lo que se efectuó en la noche del 10 de mayo.
Luego de acordar que en caso de ser descubiertos declararían pertenecer a un submarino hundido, desembarcaron los hombres, sucediendo el primer contratiempo: el submarino había varado cerca de las baterías noruegas. Luego de muchas horas, ya de día, pudo zafar la nave su posición no sin que antes le fueran disparadas varias salvas desde la costa. Superada con felicidad la dramática situación el "U-977" emprendió su sensacional viaje hasta la Argentina.
El intenso patrullaje de los aliados en el Atlántico Norte, obligó a que gran parte del viaje se efectuara en inmersión, empleando el Snorkel para cargar los acumuladores. Al cumplirse los dos meses de navegación submarina el interior de la nave estaba cubierta de moho; los hombres con rostros macilentos y ojos hundidos sufrían las consecuencias del prolongado encierro en un submarino que navegaba constantemente a 80 metros de profundidad, en una experiencia jamás intentada hasta el momento.
Si a ello se agregan las condiciones técnicas de la nave, que tornaban imposible el desplazamiento de los hombres sin solicitar antes permiso era por demás lógico que el carácter de la tripulación sufriera paulatinas alteraciones pasando desde el hosco mutismo hasta la agresión verbal y/o física por cualquier nimiedad. Se puso así a prueba la capacidad del comandante, que no obstante carecer de respaldo oficial supo salir airoso de tan difícil prueba. Pese a sus 25 años de edad Schaeffer, dominó la situación en todo momento, llegando incluso a separar de su cargo al primer oficial que había cuestionado su autoridad legal.
A los 66 días navegación submarina, alejados ya de la peligrosa zona de Gibraltar, Schaeffer anunció a sus hombres que esa noche subirían a la superficie. La emoción de la tripulación es fácil de imaginar.
Habían establecido un récord mundial absoluto de navegación en inmersión en una nave que no estaba preparada para ello. A partir de ese momento la situación a bordo se normalizó, cumpliéndose las tareas señaladas por los reglamentos. Así, al contrario del "U-530", este submarino alemán llegó a Mar del Plata en perfectas condiciones de cuidado y limpieza.
Hacia el final del viaje se planteó un nuevo problema: la mayoría quería destruir la nave y desembarcar secretamente. Convencidos por su comandante que en caso de ser descubiertos se supondría que con ellos también habían desembarcado personajes del Reich todos aceptaron una vez más el acertado razonamiento del joven capitán que con tanto éxito les había conducido en una travesía tan peligrosa.
17 de agosto de 1945. El "U-977" ha llegado a destino. Formados en la cubierta del submarino la tripulación aguarda, expectante, la palabra del comandante. También están presentes oficiales la Armada Argentina. El capitán Schaeffer inicia su última arenga recordando a sus hombres las vicisitudes de la guerra y la hazaña que representaba haber realizado tan largo viaje hacia la Argentina. Luego de comprometer a sus hombres "a no olvidar que somos soldados alemanes, sobrevivientes de la más temida arma de esta cruenta guerra", Schaeffer concluyó: "por nuestro camarada de acero, el fiel e indestructible U-977, un triple hurra!". Con el último hurra concluía la primera fase de la novelesca aventura del "U-977". Se iniciaba inmediatamente la menos espectacular pero igualmente riesgosa, de los interrogatorios.

El “Bahía”
Construido en Inglaterra durante 1910 y modernizado en 19Z6, el " Bahía " era el tercer buque de la armada brasileña que llevaba tal nombre. Con un desplazamiento de 3.150 t. estaba armado con 10 cañones de 4 pulgadas; 4 de 3 pulgadas y 4 tubos lanzatorpedos de 21 pulgadas.

Al mando del capitán de fragata García D Ávila Pieres de Carvalho Albuquerque, el 3 de julio de 1945, el "Bahía" era parte del sistema de seguridad establecido para recibir al primer contingente de la Fuerza Expedicionaria Brasileña que regresaba de Italia. Para ello ocupaba la estación Nº 13 a 1.200 Km al noroeste de Pernambuco, en las cercanías de las rocas de San Pedro y San Pablo, de acuerdo con un plan que además establecía la comunicación entre buques a horas fijas.

El día 4 por la mañana el "Bahía" no cumplió con el plan de transmisiones lo que causó alarma, si bien el día 5 un avión norteamericano afirmó haberlo avistado. Entretanto había sido despachado al lugar el crucero "Río Grande Do Sul", que llegó al sitio el 7 sin hallar rastros del "Bahía". El misterio se aclaro 48 horas mas tarde, -cuando el carguero inglés "Belfa"- comunicó haber recogido una balsa con 33 sobrevivientes del Bahía.
Si bien en un principio se considero que el naufragio obedeció al choque con una mina a la deriva y más tarde a la acción hostil de un submarino alemán, la Comisión Naval encargada de la investigación finalmente determinó que la tragedia fue ocasionada por la explosión espontánea de la santabárbara del buque, que se partió en dos y hundió en solo tres minutos. De sus 427 tripulantes, 367 hallaron la muerte, incluido el comandante de la nave
La ola de conjeturas, comentarios y acusaciones que desató la inusitada presencia del "U-977" en la Argentina, a tanto tiempo de finalizada la guerra, rebasó a la opinión publica y al periodismo de América para atrapar -y con justicia- a los medios políticos y militares de las potencias vencedoras.
El 18 de agosto la Marina Argentina inició las actuaciones sobre la presencia del submarino alemán en aguas argentinas, debiendo su comandante responder a tres cuestiones fundamentales: el hundimiento del "Bahía", la tardía aparición de la nave luego de la capitulación y la eventual presencia de personajes políticos del Reich en el submarino. Además había muchas preguntas conexas que debían ser claramente respondidas por el comandante alemán.
En lo que se refería al barco brasileño "Bahía", Schaeffer negó toda participación en el siniestro, aportando como pruebas las cartas de navegación con la ruta seguida, el libro de bitácora y las anotaciones meteorológicas del día correspondiente al hundimiento del "Bahía". Además, no faltaba ningún torpedo del submarino y por otra parte, resultaba absurdo emprender acciones ofensivas que carecían de todo sentido.
Quedaba pues perfectamente en claro que el "U-977" era ajeno al siniestro del buque brasileño quedando en firme el dictamen de la comisión naval de Brasil. Cuando debió responder el por qué de la preferencia por Argentina, el comandante alemán sostuvo "...el botín técnico de la guerra queda ahora en poder de los vencedores, incluidos los soviéticos que indudablemente han de tener los últimos modelos de submarinos alemanes. Dada las relaciones con Argentina, he considerado cumplir las órdenes de Doenitz de modo tal que implicará una ventaja para la Argentina... por otra parte también había pensado en mi tripulación que en ninguna nación podría recibir trato mejor que aquí, en la Argentina". Schaeffer concluyó su exposición revelando un oculto pensamiento -similar al de muchos oficiales alemanes- de misterioso sustento: "...y además, señor capitán, he tenido la secreta esperanza de que mientras navegábamos hacia estas acogedoras playas, tal vez ocurrirían cambios fundamentales en la alta política".
"Lamentablemente he esperado en vano". En lo que a "los personajes políticos" se refería, ninguno había estado a bordo del submarino, si bien él no podía probar sus afirmaciones.
Por cierto que tampoco los investigadores pudieron efectuar comprobaciones contrarias. Finalmente, era un asunto que sólo el tiempo se encargaría de dilucidar. A fines de agosto llegaron a Mar del Plata miembros del Servicio de Inteligencia Naval norteamericano, con la intención de "profundizar" las investigaciones en torno al "misterioso" caso del U-977.
No obstante que para entonces, ya los gobiernos aliados habían dado una versión oficial de la muerte del Fuehrer, "por las dudas" los norteamericanos apenas tuvieron en su poder a Schaeffer empezaron a dispararle preguntas: "usted ocultó a Hitler " "Díganos ya, dónde está! ". Finalmente el capitán Schaeffer y sus hombres fueron trasladados a Estados Unidos, permaneciendo por meses en un campo de concentración "para prominentes" en las cercanías de Washington. Agotadas las instancias, finalmente los norteamericanos enfrentaron, imprevistamente, en una habitación cuajada de micrófonos ocultos a Schaeffer y Vermouth con la esperanza que en el "reencuentro", alguno de los oficiales deslizara alguna infidencia sobre el "convoy fantasma".
Fracasado también tal intento, el capitán Schaeffer fue puesto en manos de los ingleses que, por supuesto, también intentaron suerte en los interrogatorios. Finalmente se le concedió la libertad y a mediados de 1946 Schaeffer estaba otra vez en Alemania. Luego marchó hacia la Argentina donde formó familia y vivió por muchos años.

La leyenda
Pese a los anuncios oficiales con el resultado de las investigaciones que efectuaron los gobiernos de Argentina, Norteamérica e Inglaterra el asunto de los submarinos "U-530" y "U-977" fue tema por largo tiempo para los diarios del continente. "El Día" de Montevideo, ejecutó toda una campaña al respecto, con la afirmación que Hitler, Bormann y otros personajes -con los tesoros del III Reich- estaban en la Argentina. También los aventureros de la pluma encontraron en el tema una veta que les sustrajera del anonimato, pergeñando historias sensacionalistas que se publicaron en diarios, libros y folletos.
Entre estos "escritores" un tal Szabo escribió un libro donde luego de afirmar que en 1938 el buque alemán "Schwabenland" había viajado a la Antártida con el fin de preparar un nuevo "Berchtesgaden", afirmaba que los submarinos rendidos en la Argentina eran parte del "convoy fantasma" que custodiaba a Hitler y sus íntimos hacia la nueva base donde empezarían la conquista del mundo. Indudablemente hoy, a casi 60 años de la llegada de las submarinos alemanes a la Argentina, y apagados en cierta medida los odios y sus absurdos de la última guerra mundial, resulta ocioso detenerse a comentar las posibilidades de que otras circunstancias, que no fueran las comprobadas oficialmente, impulsaran la llegada de los submarinos alemanes a la Argentina.
Sin embargo, quien llegue a Mar del Plata y hable hoy con antiguos vecinos de la ciudad sobre el tema, no dejarán éstos de deslizar alguna sospecha sobre los submarinos alemanes que llegaron a puerto, y le referirán algo sobre "los otros", que no entraron a puerto. Como sucede con episodios de tal naturaleza, la realidad se ve en parte suplantada por la fantasía, quedando la leyenda como epílogo o conclusión más vistosa y agradable para el entendimiento popular.
Sin embargo, a fuer de cumplir con la información sobre el caso, cabe consignar que después de la presencia del "U-977", el Departamento de Marina norteamericano no emitió comunicado alguno desmintiendo la posibilidad de que otros submarinos alemanes estuvieran en alta mar.

El fin de los “lobos grises”
Navegando por sus propios medios, en septiembre de 1945 fueron llevados a la Unión el "U-530" y el "U-977". Una vez quitados los equipos más delicados de ambas naves, el Departamento de Marina norteamericano ordenó que se les hundiera, por torpedeamiento, en el Atlántico Norte. En enero de 1946 se cumplía tal decisión, poniéndose fin a los "últimos lobos grises" de la temida flota que dirigiera Doenitz.
Se reunían en el fondo del mar los submarinos alemanes con otros 700 navíos que habían desarrollado la campaña submarina más temeraria de todos los tiempos. Pero estos dos submarinos, el "U-977" Y el "U-530" habrían de permanecer con una aureola distinta a la de sus camaradas: el largo viaje hasta la Argentina después de finalizada la guerra y ser los últimos "lobos grises" en libertad.

De la revista: “Todo es Historia” nº 72, Abril 1973 – Fotografías gentileza de “elSnorkel.com”–
Agradecemos al "Comandante Frodo” el envío del articulo.

jueves, 21 de marzo de 2013

SGM: 10 eventos poco conocidos

Los 10 eventos poco conocidos en la Segunda Guerra Mundial 


10. Campaña de las Islas Aleutianas 



El 3 de junio de 1942, las fuerzas japonesas invadieron y ocuparon Attu y Kiska, dos islas que forman parte del estado de Alaska. Sin embargo, estas islas tenían poco valor, muy malas condiciones y demostraron ser poca amenaza para los Estados Unidos. Muchas muertes resultantes no fueron causadas por armas de fuego, sino por trampas explosivas, el clima y el fuego amistoso. 

9. Reductos japoneses 



Los reductos japoneses eran soldados japoneses estacionados en las islas en el Pacífico que se negaron a rendir, o no sabían que Japón se había rendido. Estos soldados permanecieron aislados en estas islas, muchas veces por ellos mismos, durante varios años, o décadas. Un caso famoso es Hiroo Onada, quien finalmente se rindió en 1974, 29 años después de la rendición de Japón! 

8. La participación de América del Sur 



Aunque se le llama la Segunda Guerra Mundial, muchas personas no incluyen ninguno de los países de América del Sur en la lista de los combatientes. Uno de ellos fue Brasil, durante los ocho meses de la campaña de Italia, la Fuerza Expedicionaria Brasileña logró tomar 20.573 prisioneros del Eje, entre ellos dos generales, oficiales 892 y 19.679 de otros rangos. Durante la guerra, el Brasil perdió 948 de sus propios hombres muertos en acción a través de los tres servicios. Muchos otros países de América del Sur contribuyó en el suministro de crudos y, en algunos casos, los soldados se unió a las Fuerzas Francesas Libres. 

7. Francia de Vichy contra los aliados 



Después de la rendición de Francia en 1940, Alemania creó un gobierno títere de Vichy. Este gobierno no tuvo ningún poder o control real. Sin embargo, después de la derrota francesa, aún quedaban fuerzas francesas en lugares como el norte de África, las colonias del Pacífico y buques de la Armada. Durante la Operación Torch, las fuerzas de Vichy se vieron obligados a luchar contra la invasión de los aliados. La dura resistencia Vichy costó a los estadounidenses 556 muertos y 837 heridos. Trescientos soldados británicos y 700 soldados franceses murieron también. 

6. Operación Drumbeat 



Por lo general, la gente piensa de los submarinos atacando a barcos en el Atlántico, cerca de Groenlandia o cerca de Europa, en lugar de la costa de los Estados Unidos. Sin embargo, la Operación Drumbeat involucró 40 submarinos atacando barcos muy cerca de las costas de varios estados. Un hecho aún más aterrador es que los submarinos alemanes incluso desembarcaron saboteadores en suelo americano! En Long Island, Nueva York, y Ponte Vedra, Florida, 8 alemanes de habla inglesa se colaron en Estados Unidos (4 en Long Island fueron capturados después de varias semanas). 

5. Otros europeos en las fuerzas nazis 



Mucha gente cree que los alemanes sólo estaban sirviendo en las fuerzas nazis, pero este no es el caso. Los programas alemanes de enlistamiento se iniciaron en varios países ocupados, y tenían como objetivo reclutar ciudadanos y ex soldados a las fuerzas nazis, incluyendo las Waffen SS. El 373o batallón de infantería de Wehrmach era un batallón alemán formado por belgas. Frikorps Danmark se creó en Dinamarca para reclutar nazis daneses. Fuerzas similares se crearon en Estonia, Francia, Grecia, Hungría, Polonia, Noruega, e incluso una fuerza británica (British Free Corps) fue creado con 27 soldados (de diversas partes del Imperio, incluyendo los neozelandeses, canadienses y australianos). 

4. Globos de fuego japoneses 



Desde el otoño de 1944, hasta principios de 1945, los japoneses comenzaron a lanzar más de 9000 globos de fuego desde la isla de Honshu. Estos globos fueron hechos de papel japonés (washi), lleno de hidrógeno y explosivos. Se suponía que debían ir con la corriente en chorro y volar a América del Norte donde podrían detonar. El plan era muy ineficaz y sólo alrededor de 1000 llegaron a la región de América del Norte. Sin embargo, 6 estadounidenses fueron asesinados en 1945 en una sola explosión. 

3. Stalag Luft III 



Esto es probable que sea el mejor material conocido en la lista. Stalag Luft III era un campo nazi de prisioneros de guerra, sobre todo para los aviadores aliados quienes habían sido derribados y capturados. Sin embargo, estos pilotos fueron muy astutos y más de 600 habían ayudado a organizar un comité de escape, que secretamente comenzó a cavar túneles y hacer planes. El 24 de marzo de 1944, el plan fue ejecutado, pero desde el principio, todo salió mal. Sólo 77 hombres lograron entrar en los túneles de escape, y se descubrieron pronto. De los 77, sólo tres lograron ponerse a salvo. 50 fugitivos fueron ejecutados por orden de Hitler. Este intento de fuga fue hecho en una película de 1963, The Great Escape

2. El incidente de Niihau 



El 7 de diciembre de 1941, los japoneses bombardearon Pearl Harbor. Muchos pilotos japoneses fueron capaces de volver a los portaaviones, pero algunos habían sido derribados o se había estrellado en la isla de Oahu. A los pilotos japoneses se les dijo que si iban a aterrizar de emergencia, deben hacerlo en la isla de Niihau, que pensaban que estaba deshabitada. Shigenori Nishikaichi era un piloto cuyo avión había sido dañado. Él aterrizó de emergencia en Niihau, que pronto se dio cuenta estaba habitada. Fue tratado como un invitado, pero pronto se enteraron del ataque a Pearl Harbor. 3 japoneses en la isla intentaron ayudar a Nishikaichi a escapar, pero finalmente se detuvieron, y Nishikaichi así como uno de los japoneses que trataron de ayudar murieron. Esto se conoció como el incidente Niihau. 

1. El Partido de la Muerte 



El Partido de la Muerte fue partido de fútbol entre un equipo de prisioneros de guerra soviéticos, FC Start, y un equipo compuesto por miembros Luftwaffe, Flakelf. El partido se jugó el 9 de agosto de 1942, y fue arbitrado por un soldado de las Waffen SS. El árbitro fue muy parcial, y permitió faltas contra el lado soviético, e incluso permitió a un alemán le pateara la cabeza al guardameta soviético. Finalmente, el equipo soviético logró una victoria por 5-3. Esta victoria tuvo enormes consecuencias para los ganadores. Varios de los jugadores del FC Start fueron arrestados y torturados por la Gestapo, supuestamente por ser miembros de la NKVD (dado que el  Dynamo era un club financiado por la policía). Uno de los jugadores arrestados, Mykola Korotkykh, murió bajo tortura. El resto fue enviado al campo de trabajo Syrets, donde Ivan Kuzmenko, Klimenko Oleksey, y el portero Mykola Trusevich murieron más tarde, en febrero de 1943.


viernes, 15 de marzo de 2013

Guerras napoleónicas: La guardia imperial en 1813

La Guardia Imperial de Napoleón en 1813



La campaña rusa se había tragado al ejército francés, y Prusia inmediatamente levanto las armas junto a Rusia para completar la destrucción de Napoleon. Falsa y traicionera, esta juzgo que había llegado el tiempo para golpear a su aliado infortunado. Pero ese intelecto superior y esa inquebrantable voluntad despreciaron rendirse a esa tormenta que le estaba por estallar encima.
Miro a su alrededor y solo vio fragmentos rotos de un ejercito. La Vieja Guardia, junto a la artillería y la caballería, se habían ido. Pero aun había núcleos restantes. Solo había tenido ochocientos en Marengo, y todavía se las había echo terrible a los enemigos. Era verdad que no había cañones- miles se habían arrojado en la retirada de Rusia- no poseía caballos entrenados, estos habían sido muertos para usarlos como comida, y aquellos fueron grandes y disciplinados ejércitos, bien suplidos con ambos –artillería y caballería- para ser confrontados.
De esta desolación Napoleon determino crear un ejército con artillería y caballería, y hacer retroceder al presuntuoso enemigo que osaba amenazar el suelo francés, y asaltar su trono. Ahora ellos marchaban por la posesión de Francia.
Cuatro regimientos veteranos de la Vieja Guardia fueron llamados desde España. Se tomaron cañones de los arsenales, y artilleros de los barcos de la armada, se compraron caballos, y se puso en pie la conscripción, qué pronto trajo a su estandarte un vasto ejército. Pero cosas así había ido drenando a Francia para apoyar las guerras anteriores y el alistamiento descendió a no más que jóvenes, de tan solo diecisiete años, y se trajo a los pupilos de la Guardia.
La Guardia Nacional de Francia, cien mil hombres disciplinados, fueron también incorporados al ejército, mientras los Guardias de Honor, como ellos se llamaron, compuesto de los hijos de las familias adineradas y distinguidas, reclutó la caballería. Los Guardias de Honor eran cuerpos montados de hombres de las varias ciudades de Francia --organizó recibir y asistir a Napoleón simplemente cuando él atravesó sus respectivos lugares, y era totalmente incapaz para el servicio. Se tomaron las élites del ejército de línea para componer la Vieja Guardia, y pronto esta asumió su anterior apariencia.
El mayor entusiasmo prevaleció entre los soldados, y pronto este nuevo ejército subió su línea de marcha hacia Alemania, para unirse a las reliquias de los diferentes cuerpos que todavía permanecían allí después de la retirada de la Rusia. Aunque deficiente en caballería, Napoleón inmediatamente asumió la ofensiva, y empujo para buscar a los aliados cerca de Leipzic.
Poserna, en el camino a Lutzen, fue defendido, y al tomar sus alturas, Bessieres, el comandante de la Vieja Guardia, encontró la muerte por una bala de cañón. Este bravo oficial que había subido de las líneas del ejército a Mariscal del Imperio fue querido amorosamente por la Guardia. Cuando estaba compuesta de solo ochocientos hombres, y fundó su fama en Marengo, él estaba a su cabeza. En Austerlitz, Wagram, y Eylau, a través de toda la desastrosa retirada de la Rusia, él había encabezado sus columnas invencibles a través de todas las campañas terribles de Napoleón en Italia y España. Noble en el corazón, heroico en el valor, de gran integridad de carácter, su muerte era una pérdida irreparable para el Emperador y la Guardia. Su cuerpo fue embalsamado, y enviado al Hotel de los Inválidos.
Esa noche Napoleón acampó en la llanura dónde estaba la tumba de Gustavo Adolfo. Al próximo día fue luchada la batalla de Lutzen. Temprano por la mañana el cañoneo pesado a la derecho, dónde Ney mandaba, mostró que ahí había estar el peso de la batalla. En un corto tiempo, la concentración pesada de las masas en esa parte del campo por el enemigo, había hecho retroceder al ejército francés una milla y media. Los cinco pueblos que formaban su fortaleza fueron tomados, vueltos a tomar, y retomados varias veces. Ney había exhibido su viejo valor, y los jóvenes reclutas bajo él, quién entonces por primera vez estaban bajo el fuego, se comportaron como veteranos. "Cinco veces", dijo él, “yo llevé esas juventudes valientes a la carga." Pero su valor era vano, y el enemigo victorioso estaba empujándolos furiosamente de sus posiciones. Cuando las noticias de este desastre localizaron a Napoleón, él se volvió a Berthier y a Caulincourt, exclamando "¡Ha! " acompañado por una mirada que "heló cada corazón alrededor de él con el horror." El día era estaba perdido, y él lo reconoció. Pero en lugar de rendir al desaliento, él se elevó con el peligro creciente, y se alejo en un galope, seguido por su Guardia invencible, a la escena de desastre.
Donde el cañonear era más pesado, y las nubes de humo rosa más espesas, allá él dirigió su curso.
El campo se cubrió con los fugitivos; mientras las columnas que todavía eran irrompibles, estaban retirándose despacio. Las nubes de la caballería del enemigo estaban esperando con impaciencia hasta que el último pueblo fue despejado y las tropas en retirada debieran desplegarse en el llano al aire libre, y así barrer con ellos, y completar su destrucción.
Pero la esperanza se reavivó con la presencia de Napoleón--los reclutas se reunieron nuevamente, y gritos de " Vive l'Empereur", sonaron a lo largo de las líneas. Poniéndose detrás de la división de Ney, los reunió, y los envió atrevidamente al ataque. Atacando intrépidamente, llevó al enemigo hacia atrás, y volvió a tomar una porción del primer pueblo. Pero los aliados recibieron refuerzos, volvieron al ataque, y un combate sangriento sucedió alrededor de las casas destrozadas.
Ninguna parte, sin embargo, podría ganar la victoria, pero Napoleón ganó lo que él halló una necesidad desesperada -tiempo para llegar a los soldados y la artillería de la Guardia. Pronto las gorras de piel de oso aparecieron. La infantería y artillería de la Vieja Guardia llegaron, vitoreando al Emperador, que apenas tenía tiempo para formar sus columnas macizas de ataque cuando la línea francesa fue desalojada nuevamente del pueblo. Se podía oír los gritos del enemigo sobre el rugido del cañón. El Emperador lanzo una mirada a sus tropas al vuelo, y entonces pidió a Drouot, que con sesenta cañones, se adelantara, y mando a diez batallones de la Guardia a seguirlo. Este artillero terrible aclaro un espacio para sus cañones a través de la muchedumbre de fugitivos que cubrían la llanura, y abrió su fuego veloz y mortal. ¡Su efecto era tremendo! Al observador distante las armas parecían nunca detenerse, sino solo cuando ellos se movieron.
Con sus firmemente apretadas columnas, la Guardia fue envuelta en el humo, y después empujada hacia adelante, de pueblo en pueblo, con un fuerte grito de "hurra". En el íntimo y mortal combate, los oficiales caían de cada lado, y el enemigo se esforzó retener alguna porción de sus conquistas noblemente -echando su caballería e infantería, en columnas rápidamente adelantados, con valor desesperado. Pero los ataques de caballería, el fuego de la artillería, eran igualmente desatendido -en una masa sólida esas gorras de piel de oso se vieron transportadas a través del humo, mientras la llamarada de sus armas siguió retrocediendo más lejos y más lejos, en la distancia. El crepúsculo recogió encima del paisaje, todavía los contornos de esa irresistible columna fueron revelados por la llama de sus armas, mientras todavía avanzaba, el campo fue barrido y la victoria ganó.
Próxima mañana que la huella del Guardia pudo él siguió por los montones del muerto que había salido en su pasaje espantoso.
La vista de los reclutas franceses que habían caído alrededor de esos pueblos era fúnebre en extremo. No eran más que unos muchachos, con sus cuerpos todavía no desarrollados masculinamente, y sus rasgos amuchachados cubiertos con sangre, tiesos en la muerte, dieron un aspecto todavía más horrible al campo de batalla, y profirió una nueva maldición en la guerra.


Antoine Drouot

El carácter de Drouot 
Drouot era quizás el artillero más notable que el mundo ha producido alguna vez. Él mando la artillería de la Guardia al último, y la hizo la más terrible y mortal que en la vida barrió un campo de batalla. Napoleón siempre lo guardó para las grandes emergencias, y cuando fue necesitado, recibió una orden en medio de una batalla de plantar sus armas, él supo que no era defender un punto, pero si para recuperar un campo de batalla medio perdido, y seguir furiosamente y firmemente victorioso, predominando sobre las tropas. En esas ocasiones él salio en un galope, mientras el campo se agitaba bajo el peso de su cañón, cuando estos aparecían, también mientras tronaban poco después. Él era absolutamente consciente de la posición peligrosa que él defendía, y cuando frente al ataque del enemigo, él se apeaba siempre, poniéndose de pie, en medio de sus armas, vistiendo su uniforme viejo de general de artillería, caminado firmemente en el fuego más caliente. Él era algo supersticioso sobre este uniforme --él nunca había sido herido son él, y vino a considerarlo como una clase de encantamiento, o por lo menos creyó que la buena suerte andaba con él; y extraño es decir que en todos los combates sangrientos y espantosos luchó, ni él ni su caballo fueron heridos vida en su vida. Él siempre llevó una Biblia con él -estaba con su persona en la batalla, y la lectura de ella constituyó su deleite principal. Él no hizo ninguna confidencia de esto entre el personal del Emperador que mostró más valor que para enfrentar una batería. Él supo todo lo perteneciente a su profesión, y todavía era modesto como el más humilde. Su carácter parecía ser afectado por la vida él llevó, en un grado notable. Su solidez, la ausencia de toda la muestra y una presencia de fuerza real, su conducta callada y grave, y la constancia que su afecto muestra, recuerda a uno la solidez y fuerza de su artillería.
En el avance de Napoleón a Dresde, en el pasaje del Elba hacia ese lugar, una casualidad ocurrió que ilustra los caracteres de ambos. Después de que se habían construido puentes de balsas, una porción pequeña de la tropa alcanzó encima de ellos a cruzar durante la noche, Napoleón vio cincuenta cañones del enemigo, que amenazaban con una resistencia determinada el pasaje del río. Él gritó inmediatamente a Drouot, "cien piezas de artillería! " La artillería de la Guardia se dio prisa, y Drouot los coloco en las alturas de Preisnitz. Napoleón observando a poca distancia en la retaguardia, estaba impaciente, porque el efecto de los disparos no era inmediatamente visible, y reprochó el anterior amargamente por no apostar mejor sus piezas, tirando las orejas del viejo soldado como a una mascota. Drouot serenamente contestó, "que las armas no pudieran situarse mejor" y para demostrarlo, bajo el tremendo fuego que él acumuló, las baterías rusas pronto se impusieron silencio.
A la batalla de Bautzen que pronto siguió la artillería de Drouot azotó a la enemiga severamente mientras la propia Vieja Guardia sostuvo el gran ataque en el centro por el que la victoria fue ganada. Sus cuadrados rodearon la tienda de Napoleón que tarde, mientras sus bandas de música lo saludaron con los aires victoriosos.
Por el alba la próxima mañana la persecución se comenzó, y empujó con suma fiereza. Los aliados habían marchado toda la noche, pero su retaguardia fue alcanzada pronto, avistada en las fuertes alturas, con cuarenta piezas de cañón. Napoleón no se atrevió al ataque hasta la caballería de la Guardia llegara. Este cuerpo de caballería, fuerte de seis mil hombres, tan pronto se acercó se puso bajo el mando de Latour Maubourg, y avanzando, derrotó la caballería rusa en las llanuras, y adelantándose con fuertes gritos a las cuestas de las alturas, forzado el enemigo para retirarse.


Napoleón y la Guardia Imperial en las cumbres de Borodino
Óleo de Vasiliæi Vasilevich Vereshchagin (1842-1904)


Los derrotados aliados, sin embargo, se retiraron en tal buen orden que ningún firme ataque podría golpearles y Napoleón, enfureció al ver un gran vuelco de la victoria fuera tan yermo de resultados, excitando a avanzar con su escolta para dar la mayor energía a los ataques, estaba apurando el avance en medio de las balas de cañón que estaban silbando sobre él, cuando una golpeó a su lado a uno de su escolta. Él se volvió a Duroc y dijo, "la fortuna esta resuelta a tomarse a uno de nosotros a diario"--proféticas--unos momentos después, como él estaba avanzando por el camino seguido por su escolta de cuatro en un trote rápido, una bala de cañón golpeó un árbol cerca de él, levantando y matando a Kugener, y mortalmente hiriendo a Duroc. Cuando esto se anunció a Napoleón, él se apeó, y miró fijamente mucho tiempo y severamente en la batería de que el tiro había sido disparado, entonces entró en la cabaña en que el Gran Mariscal había sido llevado y donde lo encontró moribundo.
Esta escena que yo he descrito en otro trabajo, pero la citaré de esa descripción la porción que ilustra de la relación que existió entre Napoleón y su Guardia. "Después de la entrevista en último lugar afligido con el héroe agonizante y amigo, él pidió su tienda a ser tirada cerca de la cabaña, y entrando en ella, pasó toda la noche solo, con un pesar inconsolable. La Guardia Vieja formó sus cuadrados sobre él protegiéndolo, y el tumulto feroz de batalla dio la forma a una de las escenas más conmovedoras en la historia. El crepúsculo estaba ahondando encima del campo, y el pesado sonido de las líneas que van a sus vivacs, el bajo retumbar de carros de la artillería en la distancia, y todos los sonidos emitidos por las poderosas hordas al ir a reposar sonaban aun en el aire de la tarde, impartían la mayor solemnidad a la hora. Napoleón envuelto con su chaqueta gris, sus codos en sus rodillas, y su frente descansando en sus manos, se sentaba aparte de todos, enterrado en la melancolía mas honda, sus amigos más íntimos no se atrevían a acercarse, y sus oficiales favoritos estaban de pie en grupos a cierta distancia, mirándolo mientras fijamente, ansiosamente y tristemente en esa tienda silenciosa. Pero las inmensas consecuencias estaban esperando los movimientos de la próxima mañana--un enemigo poderoso estaba todavía cercano con su orden irrompible--y ellos a la longitud aventuraron acercarse y pedir los órdenes. Pero él sólo agitó su cabeza, mientras exclamando 'todo el día siguiente; ' y todavía guardó su actitud fúnebre. Ningún sollozo se le escapó, pero se sentaba silencioso e inmóvil, su cara pálida enterrada en sus manos, y su gran corazón retorcido con la agonía. La oscuridad dibujó su cortina encima de la escena, y las estrellas aparecieron uno tras de otra en el cielo, y a la distancia la luna subió encima de las colinas, mientras bañándose en sus suaves rayos se organizan las tiendas, mientras las llamas de los pueblos ardientes en la distancia, vertían una luz pavorosa a través de la oscuridad, y todos estaban tristes, fúnebres, y sublimes. Había la cabaña oscura en que estaba Duroc agonizando, con los centinelas a la puerta, y allí, también, estaba la tienda solitaria de Napoleón. En torno a cierta distancia, lo cuidaban los cuadrados de la Guardia Vieja y un grupo silencioso de jefes, y, encima de todo el cuadro, la luz de la luna. Esos soldados valientes, lleno con el pesar para ver a su jefe querido doblado bajo tal dolor, estaban de pie llorosos y silenciosos durante mucho tiempo, excepto por lo que uno diría a su camarada, 'Nuestro pobre Emperador ha perdido uno de sus niños.' A la distancia, para romper el silencio fúnebre, y para expresar la simpatía ellos no podrían hablar, las bandas entablaron un réquiem para el Mariscal agonizante. Las tensiones melancólicas se levantaron y se desplomaron los ecos prolongados encima del campo, y barrió en las cadencias suavizadas en la oreja del guerrero del desmayo--pero todavía Napoleón no movió. Ellos cambiaron la medida entonces a una tensión triunfante, y las trompetas emocionantes respiraron sus notas más jubilosas, toda la noche suena con la melodía. Era la música que tenían reservada para ser usada para dar la bienvenida a su jefe después de un día de batalla y de victoria, cerraron sus ojos encendidos en la exultación--pero nuevamente se abatieron con una oreja embotada y apática. Cesó, y de nuevo los réquiem fúnebres llenaron el aire. Pero nada podría despertarlo de sus reflexiones agónicas--su amigo estaba agonizando, y el corazón que él amó tan amorosamente estaba latiendo sus últimas pulsaciones."
Esta escena exhibe de una manera conmovedora la simpatía que existió entre Napoleón y su Guardia, -y qué heroicamente, y todavía tiernamente, aquí expresó. Envolviéndolo en sus cuadros de piedra, sus corazones se fundieron con su dolor, que ellos protegieron, y las trompetas que una hora antes de anunciaban su carga desesperada, se esforzaron por impartir el consuelo, expresando el pesar que ellos no se atreven a expresar absoluto de ninguna otra manera.
Y entonces las excitantes explosiones sobre explosiones, y exultantemente fuerte agradecimientos, para despertar ese abrumado corazón de su estupor, y reavivar las emociones que no lo dominarían –tan simple, y aun tan grandioso
Al tiempo Napoleon entro en Dresde, y un armisticio se convino allí. Acabo, sin embargo, sin ningún resultado, excepto que Austria se puso de lado de los aliados. Napoleon tenia a Austria, Rusia, Prusia, Suecia, y Bohemia, combinadas contra el, y aun no demostró desaliento. Serenamente echo una mirada a su alrededor a las dificultades que lo rodeaban, y se preparo para encontrarlos con ese genio y esa voluntad de hierro antes de que los soberanos que buscaban su vida, tengan tan a menudo humillarse a si mismos.
Pero a prior a su salida de Dresde, él realizo una gran revisión de su ejército que tuvo lugar en una inmensa llanura cerca de la ciudad. Acompañado por el Rey de Sajonia, con su sequito, y los Mariscales del Imperio, él los hizo galopar la longitud entera de la línea. Como la Guardia, fuerte de veinte mil hombres, que manchó ante él, parecía llevar el prestigio de la victoria en sus aterradores estandartes. Él ordenó un gran banquete entonces para el toda la Guardia.
Al comienzo de hostilidades, Marmont, Macdonald, y Ney que estaban en Bohemia se compelieron retirarse ante la fuerza superior del enemigo. Cuando las noticias de los desastres sucesivos de estos mariscales localizaron a Napoleón, tomó con él la Vieja Guardia, y se precipitó a su alivio. La infantería, la caballería, y artillería, fueron tronando a través de las Montañas Bohemias; y vertiendo como un torrente en el enemigo victorioso, los giró atrás a través de las llanuras Silesianas. En cinco días la Vieja Guardia recuperó todo el territorio que habían estado perdidos.
Pero mientras las perspectivas estaban aclarando alrededor de él en Bohemia, una oscuridad y tormenta ominosa estaba recogiendo encima de Dresde. El St. Cyr con sólo treinta mil hombres, había quedado en posesión de esta ciudad, contra la que el emperador no creyó que ningún ataque se haría. Pero de repente ciento veinte mil hombres y quinientas piezas de artillería oscurecieron las alturas a su alrededor. Los mensajeros eran apresuradamente los despachados a Napoleón, que inmediatamente puso uno de esos esfuerzos prodigiosos para salvarlo todo que en el eran notables. Tomó con él su Guardia, y partió para la ciudad. Aunque durante cuatro días había marchado en un promedio, veinticinco millas por día, luchando su entrada, y matado a seis mil hombres, se volvió sobre sus pasos alegremente hacia Dresde. Los hombres miraron fijamente con el asombro su movimiento veloz. Aunque era que el mes de agosto y los soldados estaban gastados con sus marchas anteriores y los combates, ellos siguieron adelante con prontitud. El alba los encontró en el camino, y la noche todavía en movimiento. Napoleón en medio se devoraba con la ansiedad más dolorosa. Sabia que la ciudad podría resistir, pero un tiempo corto contra la fuerza aplastante se reunida alrededor de ella, él exigió a sus fieles tropas asta su máxima velocidad. Quiso dar a esa Guardia alas para transportarlos a Dresde. Mensajeros jadeantes que llegaban uno después de otro, diciéndole que si él no llegara pronto que todo se perdería, multiplicó su impaciencia.
Las tropas habían marchado cuarenta leguas en cuatro días, y parecían por estropearse. Napoleón podía ver que ellos estaban fatigados, y sabiendo que ellos darían su esfuerzo total, pidió que se distribuyeran veinte mil botellas de vino entre ellos. Tres mil, sin embargo, eran todos que podrían obtenerse. Se refrescado por este suministro escaso, ellos siguieron adelante, y a la distancia desde las alturas que rodeaban la ciudad, miraron fijamente hacia abajo al electrizante espectáculo. Los dos ejércitos estaban comprometidos, y el trueno del cañón rodó con pesadas explosiones encima de las colinas. Las columnas de ataque ya estaban formándose, y una sucesión innumerable estaba cerrando rápidamente alrededor de sus camaradas que estaban resistiendo valientemente contra el pánico. La Vieja Guardia se olvidó en seguida de su cansancio ante esa vista --ellos vieron que su presencia nunca antes se tenia mas necesaria así urgentemente, y con los corazones orgullosos ellos pensaron qué pronto sus águilas estarían volando encima de ese campo tumultuoso, y sus estandartes pavorosos que ondean sobre un enemigo vencido. Como un torrente irresistible ellos pasaron abajo las cuestas y apiñaron rápidamente encima de los puentes. Los habitantes, alborozado a la vista de estas tropas renombradas, se acercaron a prisa hacia ellos con vino y pan- y aunque los soldados cansados se resecaron con la sed, cada uno se negó a los refrescos ofrecidos, y marchó firmemente y rápidamente adelante al punto de peligro. Ellos estaban pronto lado a lado con sus camaradas que sostenían el combate tan valientemente, y con ellos haciendo frente a la tremenda tormenta de granadas y tiros que ahora inundaron la ciudad, sostuvieron a ese ejército orgulloso en jaque hasta la llegada de la Joven Guardia.
La Vieja Guardia entraba en la ciudad a las diez de la mañana, y tuvo que pelear, con desesperado valor, todo el día, para vencer al enemigo que, sin embargo hizo un temeroso progreso. Algunas partes de la ciudad fueron inmediatamente inundadas con sus tropas victoriosas; y a las seis de la tarde sus cañones eran usados a tiro de mosquete dentro de los muros de la ciudad. El arribo de la Joven Guardia a esa hora retiro la nube de la frente de Napoleon, llenando de alegría todos los corazones. El inmediatamente ordeno el ataque. Las puertas fueron echadas abajo, y la Joven Guardia, bajo Ney, se derramo hacia delante, con gran ímpetu sobre el enemigo, haciéndolos retroceder por encima del campo.
La Vieja Guardia cruzo a través de otra puerta aplastando todo a su paso, mientras la esplendida caballería de Murat completo la derrota, y envió al sorprendido enemigo hacia las alturas que tiempo atrás habían descendido orgullosamente, seguros de su victoria, a los gritos de: “A Paris, a Paris…” Sus comandantes supusieron que el Emperador estaba en la Silesia, vieron con asombro a la Vieja Guardia, y se dijeron uno a otro, “Napoleon esta en Dresde”.
La mañana siguiente a las seis en punto. Napoleon esta de pie frente a un gran fuego hecho en medio de los cuadros de la Vieja Guardia, en el campo de batalla que esta había tomado el día anterior, mientras una fría llovizna y la niebla oscurecían la horrible escena. Detrás, la caballería de la Guardia apeada, esperaba de pie al lado de sus caballos, preparada al momento a una advertencia suya para golpear en cualquier parte del campo de batalla. Napoleon estaba en esa planicie sembrada de muerte al gris de la mañana, de su sencillo capote, el vapor surgía como una nube alrededor de su cabeza el se seco cerca del llameante fuego, sus manos cruzadas por detrás, y su cabeza inclinada en un pensamiento profundo, la Vieja Guardia a su alrededor, los jinetes detrás listos a un gesto para montar y cargar. Como en una escena domestica- todos callados, ni un músculo en esos semblantes marmóreos se mueve, no obstante que el rodar del los cañones anunciase que el trabajo de muerte había comenzado- se nos presenta como una de las imágenes mas llamativas y sublimes de la historia.
En la batalla siguiente, Ney tiene el comando de la Joven Guardia, y nuevamente la lleva con impetuoso valor sobre el enemigo. Una batería de la Guardia a la que Napoleón, durante el día, pidió para disparar en un grupo que él tomó por oficiales en reconocimiento de sus posiciones, y a la primera descarga cayó Moreau.
Los efectos de esta gran victoria, sin embargo, estaban perdidos por los desastres casi simultáneos que el sufrían las divisiones de Macdonald en Silesia, Oudinot a Gros Beeren, Mariscal Ney a Dennewitz, y anteriormente a todos, de Vandamme en Toeplitz. Napoleón, con la Guardia Vieja, no podría estar por todas partes, y mientras con la fuerza inferior él estaba repartiendo los soplos terribles en las porciones del ejército aliado, sus lugartenientes a los que les faltaba su genio, los derrotaron en cada lado. También, en este momento Baviera deserto a las líneas de los aliados. Napoleón, sin embargo, hizo que todo lo humanamente posible. Con su Guardia invencible, incansable, apareció en un lado primero y entonces en el otro, esparciendo al enemigo de su camino. Pero más pronto hizo él que se retiraran, abandono la persecución de una división para castigar otra, que atacaba furiosamente a sus columnas de su espalda. Así en casi un círculo de ejércitos, él continuó batallando valientemente por la victoria, pero por fin fue obligado a retirarse a Leipzic dónde, habiendo concentrado sus tropas, él se resolvió a dar una gran batalla. 



Traducción: Okira