viernes, 15 de diciembre de 2017

JAR: El atentado de 1891

Los chicos que atentaron contra Roca

En el verano de 1891, tres adolescentes se apostaron a dos cuadras de la Casa Rosada y dispararon al carruaje en que pasaba el entonces ministro de Interior; estuvo involucrado un hermano de Alfredo Palacios
Daniel Balmaceda | LA NACION



Como tantos otros inmigrantes, la familia Zambrizzi arribó a nuestro país atraída por la promesa de trabajo y progreso. Llegaron en 1889 desde el pueblo de Tizano, en Lombardía, Italia, y se instalaron en Barracas.

La situación política del país era compleja y se vivía una crisis económica. En 1890 se produjo la Revolución del Parque, que tuvo dos grandes consecuencias: el nacimiento de la Unión Cívica Radical y la renuncia del entonces presidente Miguel Juárez Celman, quien fue reemplazado por Carlos Pellegrini.

Tomás, hijo de José Zambrizzi, de oficio carrero, consiguió un trabajo como aprendiz en una talabartería de la calle Artes (actual Pellegrini) y Tucumán. Tenía 14 años. Durante una de las comidas cotidianas que se hacían en el negocio para ahorrar, uno de los comensales comentó que alguien debería matar a Roca por ser el causante de los males económicos del país y por haber provocado la renuncia de Juárez Celman para acumular poder.


Julio A. Roca

El comentario no pasó desapercibido para el joven Zambrizzi, quien siguió escuchando atento al interlocutor que, muy convencido, agregó que lo ideal sería que el asesinato lo cometiera un menor porque, en caso de ser apresado, los "cívicos" conseguirían su libertad y hasta, tal vez, le pagaran. Tomás comentó esta idea con su hermano (se llamaba Eduardo) y con su amigo Octavio Palacios, hermano de Alfredo Palacios. Los tres comenzaron a urdir un plan.

Lo que parecía una travesura de chicos empezó a tomar otro tenor cuando Leandro Alem, uno de los fundadores de la Unión Cívica Radical, recibió en su casa una carta anónima en la que se le pedía un consejo sobre cómo matar a Roca. Alem desestimó la carta por considerarla obra de algún loco. Mientras Alem no se tomaba en serio el asunto, los hermanos Zambrizzi y Palacios lograron comprar un revólver Bull-dog de 9 milímetros.

El 19 de febrero de 1891, pasadas las seis de la tarde, el ministro de Interior, general Julio A. Roca, se retiró de la Casa de Gobierno luego de una larga reunión de gabinete. Subió a su carruaje victoria junto con Gregorio Soler y tomaron la calle 25 de Mayo hacia el norte. Al llegar a Cangallo (actual Perón), se escuchó un disparo. Roca le informó a Soler que lo habían herido. Pero no fue así. El proyectil perforó el panel trasero del carruaje, ingresó a la caja, atravesó el forro de crin del asiento y se amortiguó entre los resortes del respaldo. Apenas lastimó la espina dorsal del ministro.

Roca bajó del carruaje, desenvainó el estoque que portaba y comenzó a correr como pudo al agresor. Unos policías detuvieron a Tomás, quien había cumplido quince años el 25 de diciembre. Aunque se encarceló a veintiséis personas y hasta se decretó el estado de sitio en la ciudad, sólo tres quedaron detenidos: los chicos Zambrizzi y Palacios.

Tomás y Eduardo Zambrizzi fueron liberados el 5 de junio, también Octavio Palacios, y luego sobreseídos por el juez Saavedra, en cuya sentencia argumentó que estaban exentos de responsabilidad y sanción en razón de su edad.

El carruaje victoria en el que viajaba Roca aquel 19 de febrero aún se conserva en el Complejo Museográfico Enrique Udaondo de la ciudad de Luján. En el coche, aunque restaurado, se puede ver el impacto de la bala que disparó un niño al que le habían llenado la cabeza de falsos ideales.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Argentina: Operación río Fénix, una genialidad del Perito Moreno

Operación río Fénix


Francisco Pascasio Moreno (1852-1919)


La llamada operación río Fénix, que consistió en restituir el curso natural de sus aguas, constituyó una verdadera victoria geográfica y diplomática de Francisco Pascasio Moreno, que aportó un elemento de juicio indiscutible en contra de la tesis sostenida por Chile.  Para explicarla, recurriremos a los conceptos expuestos por Moreno, antes de su designación como Perito, al referirse a este problema:

“El río Fénix nace de los ventisqueros del macizo cordillerano que domina el lago Buenos Aires, en el territorio de Santa Cruz, y desciende de inmediato al pie de la meseta, en la depresión entre las dos líneas principales de morenas.  Este río da mil vueltas, según los caprichos de los montículos areniscos, hacia el sudeste, para volver violentamente al oeste, a desaguar en un lago, después de un curso de más de 50 km entre las morenas.  Este río Fénix, que corría antes permanentemente hacia el Atlántico, ha sido interrumpido en su curso por uno de los fenómenos comunes en los ríos que cruzan terrenos sueltos, principalmente glaciales.  Un simple derrumbe de piedras ha interrumpido su curso, llevándolo a un lago hacia el oeste, mientras al oriente corren aguas sólo durante las grandes crecientes (…)  Su viejo cauce esta hoy casi relleno, pero bastarían algunas horas de trabajo para que sus aguas volvieran a su dirección primitiva, hacia el este, para alcanzar el océano Atlántico…”.

Más tarde, cuando a Moreno, en su carácter de perito argentino en la cuestión limítrofe con Chile le tocó abordar el estudio de esta zona urdió, con la complicidad de su secretario y amigo, Clemente Onelli, lo que él mismo llamó una travesura.  Mediante el trabajo de una cuadrilla de peones, dirigida por Onelli, en muy pocos días se logró que las aguas del río Fénix, nacido en las altas cumbres del lado oriental, volvieran a su antiguo cauce.  La prueba fue categórica, y quedó demostrado lo que Moreno sostenía: que el “Divortium acquarum” continental era un límite arbitrario y mutable.

Lógicamente, esta acción dio lugar a una nota del plenipotenciario de Chile, dirigida a la Cancillería argentina, en la que se pidió una investigación “… por cuanto había circunstancias que le hacían creer que los autores de la desviación fueron miembros de las comisiones argentinas de límites”.  En cuanto a la contestación de la Cancillería argentina, precisa en sus argumentos, expresó lo siguiente en su remate final: “En realidad, los ayudantes del Perito restablecieron el curso natural del río, pero no intentaron cambiar la situación de la Cordillera de los Andes…”.

Los trabajos realizados para restituir el curso natural de las aguas del río Fénix fueron confiados por Moreno a un colaborador de su absoluta confianza: Clemente Onelli.  Este naturalista italiano, nacido en Roma, llegó a Buenos Aires en 1889, cuando tenía veinticinco años.  Después de realizar diversos trabajos se relacionó con Moreno, quien mucho apreció su inteligencia y conocimientos en ciencias naturales.  Fue así que lo incorporó a su equipo como secretario personal, y además lo designó Asesor de la comisión de límites argentino-chilena, funciones que cumplió en forma brillante durante siete años (1896-1903).  Entre ambos prevaleció un mutuo respeto y se generó una sincera amistad.

En el libro de Onelli, publicado en 1904, el autor describe una exploración realizada en 1903, desde la confluencia de los ríos Negro y Limay hasta el extremo sur de la provincia de Santa Cruz.  Al encontrarse con su viejo conocido, el río Fénix, rememora un acontecimiento que lo tuvo como principal protagonista: la denominada Operación río Fénix.

“En este paraje en el año 1898, siguiendo las instrucciones del perito Dr. Moreno, desviamos el curso de ese río que desagua en el lago Buenos Aires, haciéndole correr como afluente del río Deseado.  Quedé un rato contemplando la obra que los años y las inundaciones habían completado abriendo más caudaloso lecho; recordé los once días de trabajo febril con las manos llagadas por el uso de la pala; recordé que se debía terminar esa prueba de la teoría de Moreno para el día que llegase a pasar por allí el perito chileno, y recordé el motín de algunos hombres que tuve que dominar, revólver en mano, acobardados por la ímproba tarea: se me presentaron a la mente esas horas de ansia, cuando abierta la boca del canal, las aguas durante una noche, se estancaron allá donde termina la pampa, irresolutas en seguir la pendiente del cañadón del río Deseado.  Ahora el río entra tranquilo por ese canal y sus aguas se deslizan veloces como si siempre hubiesen hecho eso desde el principio de los siglos”.

Concluye así este comentario de Clemente Onelli:

“El día en que el gobierno corrija un tanto la entrada del Fénix al río Deseado, la obra imaginada por Moreno dará también riego y vida a unos cuantos millones de hectáreas de campos resecos, coronando así la obra de este sabio infatigable que ha conseguido para su patria miles de leguas discutidas por el vecino, y bajo su impulso enérgico e incansable dirección, la geografía argentina, que estaba atrasada en cincuenta años, se puso al día en poco tiempo, tanto que geógrafos como Reclús, Rabot, Lapparent y Gallois, declararon al conjunto del trabajo por él presentado al Arbitro inglés como el más bello ejemplo de la energía y actividad americanas”.

Fuente


Fasano, Héctor L. – Perito Francisco Pascasio Moreno, Un héroe civil – La Plata (2003).

Onelli, Clemente – Trepando los Andes – Buenos Aires (1904).

Portal www.revisionistas.com.ar

Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar

miércoles, 13 de diciembre de 2017

SGM: ¿Y si Japón nunca hubiese atacado Pearl Harbor?

¿Qué hubiese pasado si Japón nunca hubiera bombardeado Pearl Harbor?

Haberlo evitarlo podría haber comprado tiempo muy necesario para el ejército y la armada imperial 




James Holmes | War History Online

Supongamos que Robert E. Lee se hubiera hecho cargo de un envío de AK-47 en 1864. ¿Cómo se habría desarrollado la historia de los Estados Unidos? De forma diferente a como lo hizo, uno se imagina.

Los historiadores fruncen el ceño en la historia alt, y a menudo por buenas razones. Cambie demasiadas variables y se desvía rápidamente hacia la ficción. La cadena que conecta la causa con el efecto se vuelve demasiado difusa para rastrear, y el historial pierde todo el poder de instruir. Cambie una variable principal, especialmente de una manera fantástica, por ejemplo, postulando que los confederados armados con ametralladoras tomaron el campo contra el ejército de Ulysses S. Grant en la Batalla del Desierto, y el mismo destino recae sobre usted. Una buena narración puede enseñar poco.

¿Qué pasaría si Japón nunca hubiera atacado Pearl Harbor? Ahora esa es una pregunta que podemos abordar sin contravenir los escrúpulos históricos. Siempre y cuando nos abstengamos de insertar portaaviones de propulsión nuclear que lleven cazas Tomcat en nuestras deliberaciones, de todos modos.

Al estudiar la estrategia, comúnmente emprendemos una forma autodisciplinada de alt-history (historia alternativa). De hecho, nuestros cursos en Newport e institutos educativos afines giran en torno a eso. Así es como aprendemos de figuras históricas y eventos.

El sabio militar Carl von Clausewitz recomienda -no, exige- que los estudiantes de estrategia adopten este enfoque. El rigor, no la fantasía, es el estándar que guía las aventuras en el "análisis crítico" de Clausewitz. Los estrategas critican el curso de acción que siguió un comandante al proponer alternativas que pueden tener objetivos operativos y estratégicos más avanzados.

La estrategia y las operaciones de debate en retrospectiva es la forma en que formamos el hábito de pensar críticamente sobre las empresas actuales. El análisis crítico, sostiene Clausewitz, "no es solo una evaluación de los medios realmente empleados, sino de todos los medios posibles, que primero deben formularse, es decir, inventarse". Después de todo, uno no puede condenar un método sin poder sugerir una mejor alternativa ".

El sabio prusiano, entonces, menosprecia el quarterbacking del lunes por la mañana.


Tanque japonés en Filipinas. Foto a través de Wikimedia

Eso exige autodisciplina intelectual. "Si el crítico desea distribuir el elogio o la culpa", concluye Clausewitz, "ciertamente debe tratar de ponerse exactamente en la posición del comandante; en otras palabras, debe reunir todo lo que el comandante conocía y todos los motivos que afectaron su decisión, e ignorar todo lo que no podía o no sabía, especialmente el resultado ".

Los críticos saben cómo un curso de acción funcionó en retrospectiva. Deben limitarse a lo que un comandante realmente sabía para proyectar una alternativa realista.

No se necesita demasiada imaginación para postular estrategias alternativas para el Japón imperial. De hecho, los eminentes japoneses han postulado alternativas. Mi favorito: el alto comando naval debería haber mantenido su libro de jugadas anterior a 1941.

La incursión de portaaviones de Pearl Harbor llegó tarde a la estrategia naval japonesa, y fue obra de un hombre, el almirante Isoroku Yamamoto. Si Yamamoto rehusó presionar el caso para un ataque hawaiano, o si el alto mando rechazó sus súplicas, la Armada Imperial Japonesa habría ejecutado su estrategia de larga data de "operaciones interceptivas".

En otras palabras, habría expulsado a las fuerzas estadounidenses de las Islas Filipinas, se apoderó de las islas del Pacífico y construyó aeródromos allí, y empleó ataques aéreos y submarinos para reducir la capacidad de la Flota del Pacífico de Estados Unidos en su viaje hacia el oeste, para alivio de Filipinas.

Las operaciones interceptadas habrían culminado en una batalla de flota en algún lugar del Pacífico occidental. Japón habría tenido más posibilidades de éxito si lo hubiera hecho. Su armada todavía habría golpeado territorio estadounidense para abrir la guerra, pero lo habría hecho de una manera mucho menos provocativa. Con toda probabilidad, la reacción estadounidense habría sido más moderada y más manejable para Japón.


Tanques japoneses en Manila, 1942. Foto a través de Wikimedia

¡La versión hollywoodense de Yamamoto saca bien el resultado de Pearl Harbor y profetiza en Tora! Tora! Tora! que "hemos despertado a un gigante dormido y lo hemos llenado de una resolución terrible".

Esa es una forma rica de decirlo, y más bien de Clausewitz.

Clausewitz define la fuerza de un combatiente como un producto de la capacidad y la fuerza de voluntad. Yamamoto alude a los vastos recursos industriales y naturales de los Estados Unidos, que representan a Estados Unidos como un gigante en espera. También predice que el ataque a Battleship Row enfurecerá a ese gigante, incitándolo a movilizar esos recursos a granel para golpear a Japón.

Atacar a Filipinas puede haber despertado al gigante dormido, pero es dudoso que lo hubiera dejado en un estado de ánimo tan despiadado. Él habría estado atontado. Aquí está Clausewitz otra vez: el "valor del objeto político" gobierna la "magnitud" y "duración" del esfuerzo que un beligerante monta para obtener ese objeto político.

Cuánto quiere un beligerante sus objetivos políticos, es decir, determina cuántos recursos (vidas, tesoros nacionales, equipos militares) invierte en un esfuerzo y cuánto tiempo sostiene la inversión.

Paga un alto precio por los objetivos que codicia muchísimo. Los objetivos menores garantizan menores gastos.

Las Islas Filipinas constituyeron un objetivo menor.

El archipiélago constituía el territorio estadounidense, que se había anexado a raíz de la Guerra Hispanoamericana de 1898. Pero las islas también se encontraban en el extremo opuesto del Océano Pacífico, a miles de millas de las costas estadounidenses. Y habían estado ausentes de los titulares diarios desde los días en que los imperialistas como Theodore Roosevelt disputaban públicamente con antiimperialistas como Mark Twain sobre la sabiduría de la anexión.

Según los informes, los estadounidenses tuvieron que consultar sus atlas el 7 de diciembre para averiguar dónde se encontraba Pearl Harbor. Las Filipinas apenas se registraron en la conciencia popular - punto final.


Un soldado japonés frente a los carteles de propaganda de los EE.UU. después de la invasión japonesa de Filipinas. Foto a través de Wikimedia

La recuperación de Filipinas, entonces, habría representado un objeto político que comandaba un valor mediocre en el mejor de los casos, especialmente cuando la guerra en toda regla azotaba Europa y las aguas adyacentes, haciendo señas a un Estados Unidos que había sido eurocéntrico desde su fundación. Es probable que el esfuerzo de los EE. UU. En el Pacífico se haya mantenido totalmente defensivo.

El liderazgo de los EE. UU. Habría concentrado recursos y energía marcial en el teatro atlántico, manteniendo su promesa de preguerra a los líderes aliados tanto en hechos como en espíritu.

Pasar por alto las islas hawaianas, en pocas palabras, habría evitado a Japón un mundo de dolor, como previó el Almirante Yamamoto. La tolerancia le habría dado tiempo a Tokio para consolidar sus ganancias en el Pacífico occidental, y tal vez le dio poder a la armada y el ejército de Japón para mantener esas ganancias contra la tibia y tardía contraofensiva estadounidense que probablemente llegaría.

Ahora, demos a Yamamoto su merecido como estratega marítimo. Su estrategia no fue imprudente ni estúpida. Los marineros japoneses eran ávidos lectores de las obras de Alfred Thayer Mahan, y perseguir a la flota enemiga representa la sana doctrina mahaniana. Aplasta a la flota enemiga y ganas "el mando del mar". Gana el comando marítimo y la propiedad impugnada cuelga de la vid para que puedas arrancar después.

Y, de hecho, el enfoque de Mahanian dio sus frutos para la Armada Imperial Japonesa, por un tiempo.

Los guerreros japoneses corrieron salvajes durante seis meses después de Pearl Harbor, recogiendo la conquista tras la conquista. Pero un gigante vengativo puede regenerar la fuerza con el tiempo adecuado. Como el propio Yamamoto predijo, Japón podría no tener "expectativas de éxito" si la guerra se prolongó durante más de seis meses o un año.

Hacer menos - o renunciar por completo a un esfuerzo - siempre constituye una opción estratégica viable. No hacer nada era una opción que Japón debería haber hecho en lugar de atacar Pearl Harbor. Esa es la lección de alt-history.

martes, 12 de diciembre de 2017

SGM: Desembarco y batalla en la isla de Attu

Batalla de Attu


La Batalla de Attu fue el principal enfrentamiento bélico de las Islas Aleutianas, junto a la batalla de Kiska. Un pequeño destacamento de tropas japonesas comandadas por Yasuyo Yamasaki ocuparon la zona norte de la Isla de Attu, en las Islas Near de las Aleutianas. Las tropas estadounidenses desembarcaron en Attu el 11 de mayo, luchando durante dos semanas contra los japoneses en medio del clima ártico.

Supuso la primera batalla dentro de territorio estadounidense, además de ser el primer conflicto librado en condiciones árticas entre tropas americanas y japonesas. La inaccesibilidad de la isla imposibilitó el uso de artillería pesada, obligando a los estadounidenses a acabar con las defensas japonesas mediante el cuerpo a cuerpo durante un último ataque banzai que pretendía romper las líneas americanas.



Soldados estadounidenses utilizando un mortero contra las tropas japonesas, 1943.



Fecha11 de mayo - 30 de mayo de 1943
LugarIsla de Attu, Bandera de Estados Unidos Estados Unidos
Coordenadas52°52′45″N 173°09′25″ECoordenadas52°52′45″N 173°09′25″E (mapa)
ResultadoVictoria decisiva aliada
Beligerantes
Bandera de Estados Unidos Estados Unidos
Bandera de Canadá Canadá
Bandera de Japón Imperio del Japón
Comandantes
Bandera de Estados Unidos John L. DeWitt
Bandera de Estados Unidos Thomas C. Kinkaid
Bandera de Estados Unidos Albert E. Brown
Bandera de Estados Unidos Eugene M. Landrum
Bandera de Estados Unidos Archibald V. Arnold
Bandera de Japón Yasuyo Yamasaki  
Fuerzas en combate
15 000 hombres
3 escuadrones de RCAFcanadiense1
2 900 soldados
Bajas
549 muertos
1 148 heridos
2 850 muertos
29 prisioneros

Antecedentes

La estratégica posición de las islas de Attu y Kiska frente a la costa de Alaska significó que su ubicación pemitiría controlar las rutas marítimas a través del Océano Pacífico Norte. Los planificadores japoneses creían que el control de las Aleutianas sería, por tanto, una barrera para repeler cualquier ataque de los Estados Unidos desde Alaska. Esta idea ya había sido defendida por el general Billy Mitchell, que catalogada a Alaska como "el lugar estratégico más importante en el mundo".



El 7 de junio de 1942, seis meses después de que los Estados Unidos entraran en la Segunda Guerra Mundial, el 301º Batallón de Infantería Independiente del Ejército del Norte aterrizó sin oposición en Attu. El desembarco se produjo un día después de la invasión a la cercana Kiska. Ya bajo dominio japonés, el ejército americano temía que ambas islas se convirtieran en bases aéreas japonesas que comenzaran a efectuar ataques aéreos contra la costa oeste de América del Norte.

En 1943 la película de Walt Disney titulada Victory Through Air Power utilizó los bombarderos de largo alcance estadounidenses contra los japoneses a modo de propaganda.2​

Batalla

El 11 de mayo de 1943, las unidades de la 17ª y la 7ª División de Infantería EE.UU. comandandas por Albert Brown ejecutaron aterrizajes anfibios en Attu para recapturar la isla de las fuerzas del Ejército Imperial japonés encabezado por el Coronel Yasuyo Yamasaki. A pesar de los bombardeos navales contra las posiciones japonesas, las tropas estadounidenses se encontraron con arraigadas defensas enemigas, unidas a las malas condiciones climáticas árticas y a las bajas de las fuerzas americanas.3​


Mapa mostrando la recaptura de Attu en 1943

Entre los días 21 y 22 de mayo, una poderosa flota japonesa se agolpó en la bahía de Tokio dispuesta a navegar hacia Attu para repeler el intento estadounidense de recapturar la isla. La flota incluye los portadores Zuikaku, Shokaku, Jun'yō, Hiyō, los acorazados Musashi, Kongō, Haruna, y los cruceros Mogami, Kumano, Suzuya, Tone, Chikuma, Agano, Oyodo y once destructores. Sin embargo, los americanos lograron recapturar Attu antes de que la flota pudiera salir.4​

El 29 de mayo de 1943, y sin esperanza de rescate, Yamasaki preparó a sus tropas restantes para efectuar una carga banzai. El impulso del ataque sorpresa apareció entre las posiciones de primera línea de Estados Unidos, que se defendieron cuerpo a cuerpo en los alrededores del puerto Chichagof. El ataque banzai puso fin a la batalla por la isla, aunque los informes de la Marina de los Estados Unidos indican que pequeños grupos de japoneses continuaron luchando hasta principios de julio de 1943. En los 19 días de combate, 549 soldados de la 7ª División murieron y hubo más de 1.000 heridos. Los japoneses, en cambio, perdieron a más de 2.850 hombres, entre ellos el propio líder de la operación, Yamasaki.

Wikipedia

lunes, 11 de diciembre de 2017

Biografía: Cesare Cipolletti

Cesare Cipolletti


Ing. Cesare Cipolletti (1846-1908)

Nació en la isla Tiberina, Roma (Italia), el 11 de noviembre de 1843, siendo hijo de Pietro y de Benedetta Ciardafelli. Luego de graduarse como agrimensor, realizó sus estudios superiores en la Universidad La Sapienza de esa misma ciudad, recibiéndose de ingeniero hidráulico en 1864 Desde joven sobresalió como técnico, e instaló las aguas potables en Florencia, construyó el canal Villoresi (1), en Lombardía, y el monumental dique en el Tesino, importantes trabajos que duraron diez años, dándole experiencia y reputación. Llegó a ser una autoridad europea en hidráulica.

El ingeniero Guillermo Villanueva lo contrató en 1888, para la organización de las obras básicas del régimen de riego en la provincia de Mendoza, gobernada a la sazón por Tiburcio Benegas. Se construyeron bajo su dirección técnica las tomas de riego en los ríos Tunuyán y Mendoza, las que se consideraron obras maestras en su género. Esta obra permitió la irrigación de 130.000 hectáreas de terreno.

Con posterioridad fue invitado por el gobierno de San Juan para proyectar el dique nivelador de la Puntilla, en el río San Juan. Este dique no subsistió mucho tiempo, pues el aumento extraordinario del agua lo destruyó, siendo la falla imputable a las restricciones económicas impuestas por el gobierno en la ejecución de la obra.

En 1895, fue llamado por las autoridades de Tucumán, quien lo contrató para que construyese el dique que sirve de contención a los desbordes del río Salí, y que permite la utilización de grandes masas de agua. Además organizó el régimen de riego que impera en aquella provincia. Allí mismo dirigió Cipolletti otros trabajos.

En 1898, el gobierno nacional, siendo presidente por entonces el general Julio Argentino Roca, le confió un estudio general del Río Negro. De febrero a mayo de 1899, Cipolletti con algunos colaboradores, recorrieron la zona desde la Cordillera hasta el Océano Atlántico, inspeccionando unos 200.000 kilómetros cuadrados. A mediados de junio regresó a Buenos Aires donde comenzó a redactar un informe que presentó en setiembre al Ministerio de Obras Públicas bajo el título de Estudios de irrigación, ríos Negro y Colorado, de 342 páginas. (2) Después de presentar su informe regresó a Italia, y luego se ocupó de la irrigación del tío Tiber para convertirlo en vía fluvial.

En 1903, publicó en Roma La navigazione del Tevere dal mare ad Orte e la bonifica idraulica e agricola della sua vallata, que es un preciso trabajo técnico sobre la regulación del régimen hídrico, a fin de prevenir los desastres, sobre la utilización del agua para la generación de energía eléctrica y también acerca de la navegación con barcos, que en el tramo del mar a Roma podrían llegar hasta las 1.000 toneladas de carga.

Nuevamente el gobierno del doctor José Figueroa Alcorta llamó al ingeniero Cipolletti en 1907, para dirigir las obras que proyectara en Río Negro, en su informe de diez años antes. Se embarcó, ya en mal estado de salud, junto a su esposa Ida Grossi y a sus hijos Pedro, Luis, Benedicto y Emilio, en el puerto de Génova en el “Tommaso di Savoia”. Cuatro días después, el 23 de enero de 1908, cuando la nave se hallaba en las proximidades de las Islas Canarias, falleció de una repentina complicación de su enfermedad. La llegada de sus restos dio lugar a demostraciones de pesar y cálidos homenajes a su extraordinario talento. Su cuerpo fue embalsamado y sepultado primero en el cementerio de la Recoleta. Más tarde lo trasladarían a Mendoza, donde hoy descansa junto a su mujer.

Las obras proyectadas se realizaron, y en homenaje a su memoria, se le dio su nombre al pueblo de Limay, del territorio de Río Negro. Una calle de la ciudad lleva su nombre, como homenaje.

En diciembre de 1946, al cumplirse el centenario de su nacimiento, la provincia de Mendoza le erigió un monumento en el dique situado en el departamento de Luján de Cuyo, y que lleva su nombre. En la Isla Tiberina (Roma), existe una lápida que lo recuerda, en las inmediaciones de su casa natal.

Algunas de sus publicaciones fueron: Studi eseguiti per provvedere di acque potabili le città di Padova e Vicenza (Milano 1881); Canale Villoresi, modulo per la dispensa delle acque, stramazzo libero diforma trapezia (ibid. 1886); Delle forze idrauliche che possono crearsi nell’alto Milanese e condursi nella città di Milano (Roma 1887); Acquedotto di Milano: considerazioni sulla temperatura e distribuzione delle acque e sul servizio industriale per forza motrice (Milano 1887); Relazioni sulla ricostruzione dell’acquedotto per la città di Brescia (Brescia 1888).

Referencias


(1) Obra que, mediante el riego de 65.000 hectáreas de tierra entre Ticino y Adda, sumado al suministro de las centrales eléctricas, representó un hito clave en el desarrollo agrícola e industrial de la zona.
(2) Por falta de medios, Cipolletti pudo concretar solamente una parte del proyecto. La obra fue finalizada luego de su muerte por sus colaboradores Decio Severini, G. Iacoboni y Orestes Vulpiani. Son dignos de mencionar los canales de irrigación de Villa Regina y la represa de veinte arcos sobre el río Neuquén en su confluencia con el río Limay.

Fuente

Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo Diccionario Biográfico Argentino – Buenos Aires (1969).
D’Aquino, Humberto – Cipolletti, Cesare – Roma (1981).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar

domingo, 10 de diciembre de 2017

Esparta: La derrota en Leuctra contra la formación escalonada

La batalla de Leuctra: aplastamiento de los espartanos y nacimiento de la formación escalonada


William Mclaughlin |  War History Online




La formación escalonada es un elemento básico sólido en el mundo militar y policial moderno. Los aviones de combate usan esta formación diagonal para mantener la visibilidad y maximizar la eficiencia del combustible. Los vehículos blindados a menudo avanzarán en una formación de escalones para maximizar su área de ataque mientras son capaces de cubrir a otros en la formación. La infantería usa la formación así como también la policía antidisturbios. Al avanzar en escalón, la policía antidisturbios puede mover activa o pasivamente a una multitud hostil hacia la izquierda o la derecha mientras avanza.

En el mundo antiguo, la formación tenía otra ventaja. Las unidades en la parte delantera podrían tener un flanco cubierto y seguir avanzando rápidamente. Formaciones escalonadas más estáticas podrían retrasar en gran medida los ataques flanqueantes anchos al aumentar la distancia que un flanker tendría que viajar, como se vio en la Batalla de Gaugamela.

Incluso antes de Alejandro, los tebanos utilizaron la formación con un efecto asombroso para derrotar a un ejército espartano más numeroso. A principios del siglo IV aC, los espartanos disfrutaban del dominio del mundo griego gracias a su victoria sobre Atenas durante la Guerra del Peloponeso.

Durante este dominio espartano, la ciudad de Tebas comenzó a rebelarse contra la posesión espartana más débil de Beocia al norte de Atenas. Buscando aplastar esta rebelión rápidamente, el rey espartano Cleombrotus condujo una marcha rápida a través de una ruta inesperada y sorprendió a los tebanos. El ejército tebano apresuradamente reunido tenía alrededor de 7.000 hombres. Estos incluían a la respetable y elitista Banda Sagrada de Tebas, pero también incluían a miles de Beocios asustados que estaban muy preocupados por la idea de luchar contra los espartanos.



El comandante tebano, Epaminondas, era todo para la batalla, a pesar de tener aproximadamente 3,000 hombres menos. Tenía un plan que involucraba a su caballería ligeramente superior y su fiel Banda Sagrada. La batalla se abrió con escaramuzas espartanos lanzando a los aliados de Beocia. A medida que la infantería comenzó a organizar sus líneas de batalla típicas, la caballería tebana de 1.500 expulsó a los 1.000 caballería espartana.

Los espartanos dispusieron sus líneas en la formación típica de hoplita, alrededor de 8-12 hombres de profundidad. La tradición también era poner a la mayoría de las fuerzas de élite a la derecha para contrarrestar el aspecto normal de desplazamiento a la derecha de la mayoría de las batallas. En este derecho espartano estaban el Rey y su guardia real. El resto de la derecha habría sido completada por todos los Spartiates de la más alta condición social y experiencia.



La formación de batalla griega estándar está representada en la parte superior. La formación de Epaminondas está representada en la parte inferior.

Epaminondas arregló sus líneas de una manera dramáticamente diferente. En lugar de poner a sus tropas de élite a su derecha, Epaminondas puso la Banda Sagrada a la izquierda, directamente frente a los élite espartanos. También hizo esta parte de su línea hasta 50 hombres de profundidad. Epaminondas luego tuvo a las tropas restantes en una formación de escalón derecha, desvaneciéndose del resto de las líneas de batalla espartanas.

Al hacer esto, Epaminondas tomó una gran apuesta, mientras que también eliminaba una igualmente desconocida enorme. Los beocios aliados eran increíblemente poco confiables y no querían estar allí. Alejándolos, Epaminondas los mantendría fuera de la lucha el mayor tiempo posible. Al concentrar una gran cantidad de tropas de élite a la izquierda frente a la derecha espartana, Epaminondas estaba arriesgando el resultado de toda la batalla tratando de cortar la cabeza espartana con una carga que sería el primer combate de infantería de la batalla.

Cuando la banda sagrada se estrelló contra los espartanos, tomaron a los espartanos con la guardia baja después de que la derrotada caballería espartana interrumpiera sus propias líneas. La falange tebana increíblemente profunda superó a los espartanos y rápidamente rompió la parte más elitista y experimentada de la línea espartana sin involucrar a ninguno de los otros grupos de infantería de ningún lado. La formación extra profunda puede haber permitido a los Thebans flanquear la derecha del Spartan, pero también pueden haber prevalecido simplemente debido al gran peso de su carga.



El resto de la línea espartana estaba compuesta en su mayoría de aliados obligados a proporcionar tropas porque estaban bajo el control espartano. Al ver que el Rey Espartano y la clase más alta de espartanos estaban completamente quebrantados tomó la voluntad de luchar del resto de las tropas, y dejaron el campo. La lealtad sospechosa de los beocios nunca tuvo que ser probada.

Las bajas en la batalla fueron bastante bajas debido a la acción rápida y localizada, pero los Spartans sufrieron más. Cerca de 1,000 Spartans y aliados cercanos fueron asesinados, incluido su Rey. Los espartanos eran de hecho algunos de los soldados de infantería más temidos del mundo, pero su número era escaso. Después de generaciones de luchar en la Guerra del Peloponeso, la elite espartana ya estaba reducida. El golpe aplastante en Leuctra hizo que el dominio espartano de Grecia se desplomara.

Los tebanos pudieron capitalizar esta victoria para crear su propia hegemonía sobre la mayoría de los griegos. Epaminondas disfrutaría de una gran cantidad de fama y lideraría varias campañas contra el resto de Grecia. En última instancia, la década de campaña de Epaminondas solo serviría para debilitar aún más a Grecia, allanando el camino para que los macedonios se abalanzaran bajo Felipe.



En cuanto a la formación escalonada, la batalla de Leuctra fue solo el comienzo. Alejandro Magno usó una formación de escalones defensivos para su infantería en Gaugamela para dar tiempo a su caballería para completar su carga decisiva. Scipio Africanus usó dos formaciones escalonadas en Ilipa. Aquí escaló desde sus flancos hasta su centro y utilizó a sus legionarios experimentados para llevar a casa la victoria y mantener a sus íberos poco confiables fuera de la lucha.

Federico el Grande lo usó con gran efecto durante la Batalla de Leuthen. También se ha utilizado a una escala mucho mayor en operaciones como Tormenta del Desierto con la misma idea, haciendo una carga decisiva con un flanco reforzado a la vez que ocupa la atención del resto del enemigo.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Guerra de invierno: 8 hechos del conflicto

8 Hechos: Cuando los finlandeses y la nieve resistieron la invasión soviética en la guerra de invierno


Andrew Knighton | War History Online



Cuando la Segunda Guerra Mundial estalló en Europa Occidental, la Unión Soviética se embarcó en otra guerra, en la que lograría fácilmente sus objetivos estratégicos, pero que también debía dejar a la URSS ensangrentada y avergonzada. Era un conflicto que alentaba la invasión de Hitler a Rusia y también permitía a los soviéticos preparar un contraataque contra los invasores nazis.

Esta fue la Guerra de Invierno.

1. Invadir Finlandia

Había una larga historia de tensión y violencia entre Finlandia y la URSS. Con la economía de Finlandia creciendo en la década de 1930, se convirtió en un objetivo tentador para la agresión soviética. La URSS comenzó a exigir territorio de Finlandia.

El 30 de noviembre de 1939, después de dividir Polonia con Alemania, y con el resto de Europa preocupado por los nazis, la URSS invadió Finlandia. Los objetivos de la invasión han sido discutidos, pero si estaba destinado a terminar con la conquista completa o el reordenamiento de las fronteras, el punto estaba claro: la URSS estaba después de la tierra finlandesa y quería dominar ese país.

Un gobierno títere, llamado el Gobierno de Terijoki, fue establecido en territorio ocupado usando unos pocos finlandeses simpáticos al comunismo soviético. Durante los próximos tres meses, las dos naciones lucharían una guerra agotadora.

2. Problemas de transporte

La invasión rusa debía seguir el modelo blitzkrieg que había servido tan bien a los alemanes en Polonia, un avance rápido y duro que utilizaría recursos y tecnología superiores para superar la resistencia. Pero mientras Polonia era una tierra de llanuras abiertas, Finlandia era una de bosques congelados y nieve profunda. Esto no era lugar para blitzkrieg.

Caminos sepultados bajo diez pies de nieve bloquearon el avance soviético. El suelo mantenido caliente por la nieve arriba se convirtió en pantanos fangosos, a través de los cuales la infantería tuvo que caminar. Muchos vehículos sólo podían avanzar después de que cientos de soldados de infantería se hubieran adelantado a ellos, derribando la nieve.


Tanques ligeros soviéticos T-26 del Ejército soviético 7 durante su avance en el istmo Careliano.


3. Muerto por el frío


Aunque estaban familiarizados con la lucha en sus propios duros inviernos, los soviéticos no estaban preparados para lo amargo que sería el frío finlandés. Las carpas eran insuficientes. Los uniformes no eran lo suficientemente cálidos. Las líneas de suministro rusas se estaban derrumbando y los soldados no tenían los suministros que necesitaban. El hielo, el viento y la nieve hicieron de la vida de los invasores un infierno vivo.



Tropas finlandesas de esquí en el norte de Finlandia en enero de 1940.

Fue peor para las tropas heridas. Los servicios médicos, inadecuadamente equipados para las condiciones, no podían tratar a los heridos con la suficiente rapidez. La mayoría de los soldados soviéticos heridos murieron congelados.


4. Armas equivocadas para el clima


La artillería finlandesa más común fue una pistola de 76 mm que data de alrededor del año 1902 (76 K 02). El arma está camuflada en la ciudad de Viipuri en marzo de 1940.

Los soviéticos estaban dispuestos a luchar con las armas y los vehículos más modernos a su disposición - equipo que esperaban ser superior al de los finlandeses. Los finlandeses tenían poca munición, sólo tenían armas y aviones antitanque limitados, prácticamente no tenían fuerzas blindadas y superaban en número de tres a uno. Parecía demasiado fácil para los rusos.

Pero como los hombres que los llevaban, las armas soviéticas sufrieron el frío. Las pistolas funcionaron mal. Los motores se estancaron. Los vehículos motorizados se congelaron en las condiciones de hielo. Incluso los colores de los uniformes demostraron ser contraproducentes, verdes oscuros que habrían proporcionado el camuflaje en otra parte que hacía hombres resaltar contra el blanco congelado y los blancos para los francotiradores finlandeses.


5. Los finlandeses se defienden




La defensa de Finlandia era un ejemplo clásico de lo que un ejército más pequeño y menos bien equipado podía lograr con valor, ingenio y conocimiento de las condiciones locales.

Los finlandeses emprendieron inicialmente un retiro de lucha, dándoles tiempo para preparar líneas defensivas más profundas en el país. Utilizaron las tácticas de la guerrilla y concentraron hábilmente sus fuerzas para atacar a las tropas soviéticas que las superaban en número de doce a uno en algunas áreas. Los bolsillos de las fuerzas rusas fueron aislados, rodeados y luego destruidos.

Las tácticas finlandesas se adaptaron al clima, las fuerzas enemigas y las limitaciones de sus propios suministros. Las tropas de esquí fueron capaces de moverse con más rapidez y comodidad que la infantería soviética, con regularidad maniobrando. Las balas fueron barridas de enemigos caídos, ayudando a compensar el déficit. Las pistas del tanque ruso estaban atascadas con dispositivos improvisados ​​para detener su avance.

El cóctel Molotov se convirtió en el arma de firma de la guerra, y fue tan popular entre las tropas finlandesas que pronto fue fabricado centralmente.

A pesar de la existencia del gobierno títere, casi nadie en Finlandia favoreció la causa soviética. La nación se unió ante la agresión rusa.

6. Participación internacional



Voluntarios suecos durante la guerra de invierno, llevando rifles anti-tanque Boys en sus espaldas.

Al igual que la Guerra Civil Española, la Guerra de Invierno se convirtió en un punto de encuentro para la oposición a lo que muchos consideraban una peligrosa ideología y las políticas de un dictador. El dinero y los suministros se recaudaron de países de todo el mundo, aunque un bloqueo alemán hizo difícil conseguirlos. Mensajes de apoyo fueron enviados por figuras prominentes en Washington. Francia y Gran Bretaña hablaron de enviar sus propias tropas a Finlandia.

Pero fueron los vecinos locales de Finlandia los que más ayudaron a los finlandeses. Voluntarios de Suecia, Dinamarca, Noruega, Estonia, Hungría y Ucrania vinieron a luchar junto a los finlandeses. Los países escandinavos, en particular, mantenían relaciones amistosas con Finlandia y temían que los soviéticos también los invadieran. Ellos suministraron tropas familiarizadas con el clima y sus formas de lucha, hombres que, como los finlandeses, pudieron esquiar en la batalla.

7. La paz a un precio



Guerra de invierno: concesiones territoriales de Finlandia a la Unión Soviética. Jniemenmaa - CC BY-SA 3.0

La URSS tenía sus propias tácticas: formas costosas y brutales, pero formas que podían ganar. Arrojando a miles de hombres en asaltos frontales, desgastaron la resistencia finlandesa y, finalmente, rompieron las líneas defensivas. Superados en número, desarmados y con sus planes rotos, los finlandeses se vieron obligados a buscar la paz.

Era una paz que los soviéticos estaban dispuestos a aceptar. La guerra les había costado muchísimo en términos de hombres, material y reputación, era una dolorosa vergüenza que querían poner detrás de ellos. A pesar de esto, tenían suficiente territorio finlandés para buscar términos que les convinieran.

El 12 de marzo de 1940, se firmó el Tratado de Paz de Moscú. Finlandia concedió el 11% de su territorio, el 30% de su base económica, a la URSS. 422.000 finlandeses perdieron sus hogares.

8. Lecciones aprendidas ... o no



Los soldados del Ejército Rojo exhiben una bandera capturada del estado finlandés.

Los soviéticos habían aprendido una lección de la guerra de invierno. Re-equiparon a sus ejércitos maltratados con mejores equipos, particularmente el tanque T-34.

Hitler, viendo desde Alemania, también había aprendido una lección: que Rusia era débil, y que podía invadir y conquistar con confianza el país.

Pero Hitler no había aprendido todas las lecciones tácticas de la guerra, no se dio cuenta de la capacidad de las fuerzas mal equipadas pero determinadas para contener enemigos mejor equipados y los peligros de una guerra en invierno. La próxima vez, estos ayudarían a los soviéticos, no los paralizarían y las lecciones aprendidas de los finlandeses, les permitirían vencer a los alemanes.

Fuente:


Geoffrey Regan (1991), The Guinness Book of Military Blunders.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Conquista del desierto: El combate de Paragüil

Batalla de Paragüil



Monolito que recuerda el sitio en donde se libró el combate de Paragüil

El 1 de marzo de 1876 el coronel Salvador Maldonado tiene que hacer frente en Horquetas del Sauce a 2.500 lanzas, que resultan batidas.  Pero, rehechos los indígenas del revés sufrido, vuelven a irrumpir en los poblados, y son nuevamente vencidos por el coronel Victoriano Rodríguez y el teniente coronel Antonio Dónovan en el Paso de los Chilenos.  El salvaje combatía con furia a pie o a caballo, como lo demostró en el combate de La Tigra, cuando miles de vacunos, lanares y yeguarizos eran arreados para la toldería.  Después de dos días de seria refriega, los comandantes Vintter y Freire consiguen arrebatarle 250.000 cabezas.

Sin embargo, la batalla decisiva que dio en tierra con el propósito terrorista y de intimidación de esta serie pavorosa de malones, fue la de Paragüil.  Del 16 al 18 de marzo se desata sobre el torturado escenario de Juárez, Tres Arroyos y Necochea una ola brutal de 3.000 jinetes al mando del propio cacique Manuel Namuncurá, de Juan José Catriel y de Pincén.  Al coronel Levalle corresponde la grave responsabilidad de hacerles frente.  Junto a la laguna de Paragüil se da la más encarnizada batalla de la serie conocida por “invasión grande”.  Los indios rugían como bestias embravecidas, resueltos a triunfar o morir en el combate, y la suerte de la batalla se tornaba adversa para Levalle después de cinco horas de sangriento entrevero.  La superioridad numérica del aborigen se imponía gradualmente, y ya tocaba a su fin la resistencia de los nuestros, encerrados en un estrecho círculo de lanzas y alaridos, cuando se produce la intervención providencial de Maldonado, “la mejor lanza del ejército, discípulo de Sandes, que entra en la batalla como un ciclón de aceros relumbrantes, a cuya vista el indio se sobrecoge de terror y huye abandonándolo todo y para siempre”. (1)

El coronel Nicolás Levalle dirige la siguiente nota al Ministro de Guerra y Marina, Coronel Alsina: “Campo de Combate, Laguna Paragüy (sic) Marzo 19 de 1876  - Estimado Sr. Ministro y Amigo: Tengo el placer de comunicarle que ayer a las 5 de la tarde he batido a los indios que estaban en este punto, derrotándolos completamente, no habiendo podido efectuar persecución por haberse fraccionado los indios en su derrota, unos hacia el sur, los que probablemente saldrán entre Libertad y Lamadrid, y otros al sur-oeste, lo que me supongo saldrán entre Aldecoa y Defensa.  Esto por una parte y por otra, por haber cerrado la noche y estar casi a pie, pues en el trayecto que he recorrido, que son nueve o diez leguas de campo completamente guadaloso, con una caballada que había hecho mas de 40 leguas, se postró completamente, dejando la mayor parte de ella, pues era necesario batirlos a esa hora y en todo trance, después que nos habían descubierto, a fin de que no se llevasen el arreo”

“Sr. Ministro, no puedo calcular en este momento el inmenso arreo que había, debiendo hacerle presente que los indios tenían muchas majadas de ovejas y muchos otros objetos.  Sr. Ministro, los indios que había en este punto serían 1.500, lo que me hace suponer que hay indios adentro, y temiéndome que muchos de ellos puedan reunir la inmensa cantidad de hacienda que había aquí que se retiraba para adentro.  No pudiendo darle a V.E. datos exactos hasta este momento, pues ha amanecido una neblina tan densa y que dura hasta este momento, que son las 10 de la mañana, que no se distingue a una cuadra de distancia, sin embargo he mandado los tres Regimientos de Caballería a explorar el campo en distintas direcciones, buscando las rastrilladas, los que hasta este momento no tengo parte, sin embargo, abrigo la esperanza que algo mas se puede hacer, pues se han avistado grupos de indios por parte de unos bomberos que acabo de recibir”.

“Sr. Ministro, al terminar ésta, debo hacer presente la brillante comportación de los Regimientos que han chocado, que son el 1º y el 11º, no habiendo cabido tal suerte al Regimiento 5º por haber iniciado su carga apoyado por infantería, a la vista de la que, los indios se retiraron a media rienda, habiendo seguido el Regimiento hasta donde pudo, y completamente cerrada la noche, mande tocar reunión a fin de organizar las fuerzas y que se nos incorporasen grupos de soldados que habían quedado a la retaguardia con los caballos cansados”.

“Sr. Ministro y amigo: Lo felicito con el profundo pesar de que esta jornada no haya sido tan completa como yo deseaba, los indios han dejado treinta y tantos muertos, llevando muchos heridos, por nuestra parte no tenemos mas que dos heridos del Regimiento 1º de Caballería y un soldado de mi escolta, un piquete de 20 hombres del Batallón 5º, la que también una parte de ella cargo. – Nicolás Levalle”

“P.S. Sr. Ministro, entre los indios que había, en su mayor parte eran los de Catriel, los que se han batido bravamente, haciéndonos fuego con muchas carabinas, Remington y revolver, encontrándose Juan José (Catriel) enancado y el que se supone herido. El caballo del coronel Plácido López recibió en la cabeza un balazo de Remignton. Vale”.

Este combate tuvo enormes trascendencias en el curso de la campaña.  Cada vez arraigaba con mayor fuerza en la conciencia del enemigo el sentimiento de inferioridad ante la eficaz organización del cristiano.  A partir de entonces las cosas fueron de mal en peor para el ambicioso y astuto cacique de la última gran confederación india que dominó en las llanuras.  De ahí que empezase a retroceder tierra adentro, dejando para siempre la iniciativa en manos de las tropas nacionales.

Los hombres del gobierno tenían conciencia de su superioridad indiscutida, aunque seguían negociando como de “potencia a potencia”.

En la mayoría de los casos, sin embargo, los frutos de la diplomacia eran malogrados por ejecutores subalternos.  El Dr. Alsina trataba de excluir la violencia en beneficio recíproco, eliminando motivos de represalias por parte de los aborígenes; pero éstas se producían fatalmente.  Unas veces era porque la yerba o el azúcar ofrecidos no llegaban, o porque las vacas convenidas eran flacas y viejas, otras porque algún indio era maltratado, infringiéndose así la solemne estipulación.  Resultaba de todo ello que los indígenas atribuían falta de seriedad al gobierno de los huincas, el que no le merecía crédito ni confianza.  Esto y la carencia de recursos los movía muchas veces al malón.

Tal estado de cosas hacía temer la renovación de la lucha secular.  Namuncurá trataba de eludir la guerra abierta, siempre que ello no redundase en su descrédito, ni socavase la confianza de las tribus en su jerarquía política y militar.

Informado, ya por los bomberos que espiaban los movimientos de las tropas gubernamentales, ya por la lectura de la prensa de oposición bonaerense, que denunciaba indiscretamente los supuestos errores de los planes ministeriales, y aún, en última instancia, por la impresión directa de sus hábiles “cancilleres”, que entrevistaban a las autoridades argentinas para negociar acerca de cualquier extremo de sus relaciones; al corriente, en fin, de los designios del Dr. Alsina, disponía ataques aislados y distantes para desarticular el dispositivo enemigo.  Conocedor de los efectos del Remington, se dispersaba y alejaba inmediatamente después del asalto, esquivando todo choque sostenido y formal cuando no se producía al amparo de las sombras.  Considerando que los planes militares del adversario podían ponerlo en peligro, organizó una serie de malones con la idea de enmascarar su verdadero propósito, que era llevar un ataque a la propia ciudad de Buenos Aires, para lo cual había convocado hasta 6.000 lanzas.  Las acciones dispersas le depararon cuantioso botín.

Quince kilómetros al norte de la estación ferroviaria de Paragüil se halla un monolito que recuerda el sitio en donde se libró el combate.

Referencia


(1) E. Stieben – De Garay a Roca – Buenos Aires (1941).

Fuente

Clifton Goldney, Adalberto A. – El cacique Namuncurá – Buenos Aires (1963).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar

Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar

jueves, 7 de diciembre de 2017

SGM: Los Nazis entran en París con la marcha de San Lorenzo

El día que los nazis entraron a París con la Marcha de San Lorenzo

PABLO PINNA - Vix

VÍA WIKIMEDIA COMMONS





Febo asoma, ya sus rayos iluminan el histórico convento...

Todos conocemos la Marcha de San Lorenzo. En la escuela la cantamos hasta el cansancio en actos sobre nuestra independencia y en cada 17 de agosto, fecha en la que se conmemora la muerte del General San Martín.


La canción patria cuenta la historia del Combate de San Lorenzo, una batalla decisiva en la Guerra de la Independencia Argentina. La misma además resalta el carácter heroico del padre de nuestra patria y del Sargento Cabral, quien dio su vida para salvar al General en el fragor de la batalla.

La misma fue estrenada en 1902 y se convirtió en una de las marchas militaresmás famosas del mundo. Fue usada en la coronación de varios monarcas británicos y las bandas de Uruguay, Brasil, Polonia y Alemania la incorporaron a su repertorio.

Pero esto provocaría una polémica años más tarde.


El terror invade Europa

10 personas que intentaron asesinar a Hitler y no lo lograron 07GERMAN FEDERAL ARCHIVES

El 14 de junio de 1940, las fuerzas de la Alemania Nazi ocuparon París. La capital francesa había caído frente a las ambiciones de Hitler y así, la Segunda Guerra Mundial empezaba de la peor forma para los aliados.

Al ingresar a la ciudad parisina, los nazis montaron un gran desfile para mostrarle al mundo el poderío del «nuevo orden mundial». Así, miles de tropas desfilaron por la mítica avenida de los Campos Eliseos, pasando por el Arco del Triunfo ante la mirada horrorizada de cientos de franceses.


Sin embargo, hubo una particularidad: los soldados de la Wehrmacht desfilaron al compás de la Marcha de San Lorenzo. La canción que una vez conmemoró la liberación de un pueblo, ahora daba inicio a una sangrienta ocupación.

¿Por qué la eligieron?



Resulta que previo al ascenso del nazismo, el ejército argentino le «obsequió» nuestra marcha al ejército alemán como gesto de amistad. Ellos a cambio nos obsequiaron otra canción, llamada Alte Kameraden (Viejos Camaradas).

Por una cuestión azarosa la canción terminó siendo utilizada años más tarde para el desfile nazi por las calles de París. Afortunadamente, cuando la ciudad fue liberada en 1944, el general Dwight Eisenhower ordenó (en un acto de desagravio) que las tropas aliadas ingresen a la ciudad al compás de la misma marcha.

Metida de pata



Lo que pocos saben es que, años más tarde, la utilización de esa canción casi genera un conflicto diplomático entre Argentina y Francia. En 1964, el Presidente de Francia Charles de Gaulle visitó nuestro país. Era la primera visita de estado de un mandatario francés en la historia.

De Gaulle era un héroe de la Segunda Guerra Mundial y fue protagonista de la liberación de su país. Quizá fue por eso que no le gustó nada cuando, durante su recibimiento en el país, la banda tocó la Marcha de San Lorenzo, asociada fuertemente con aquella ocupación que tanto daño les hizo.

Afortunadamente, la situación no escaló de un simple error protocolar y no dañó nuestras relaciones con el país. Sin embargo, forma parte de un curioso capítulo de la historia mundial que no siempre aprendemos en el colegio. ¿Lo conocías?

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Montoneros: Graiver, el financista del terror

¿Fue ficticia la muerte de David Graiver, el banquero de los Montoneros?

Una fortuna en tiempo récord, conexiones en lo más alto del poder, vínculos secretos con la guerrilla, juventud, temeridad y una desaparición “accidental” –un 7 de agosto, hace 41 años- son los ingredientes del cóctel de la sospecha

Por Claudia Peiró | Infobae


David Graiver, desapareció en un sospechoso accidente aéreo en un vuelo hacia Acapulco el 7 de agosto de 1976

Las dudas sobre lo sucedido con David Graiver, el banquero al que la organización Montoneros confió una buena parte del millonario rescate cobrado por el secuestro de los hermanos Juan y Jorge Born, dueños de una de las cinco grandes cerealeras del mundo, no son nuevas. Pero un flamante libro de Miguel Bonasso –El hombre que sabía morir (Sudamericana)- acaba de reflotar la tesis de que Graiver no murió, sino que vive o vivió otra vida, bajo otra identidad y con otro rostro.

Bonasso escuchó esta teoría, en el año 2011, en la embajada de México en Buenos Aires, de boca del diplomático Juan Miguel Ponce Edmondson, que había sido jefe de Interpol en su país, con quien tuvo el siguiente diálogo:

— ¿Qué piensa, don Miguel, del tema Graiver? ¿Cree que murió?

— No lo sé, dígamelo usted que era jefe de Interpol México…

— Mire, Graiver está vivo, no murió, se bajó en la escala de Houston.

"Así, tal cual, me lo dijo el ex jefe de Interpol México", contó Bonasso a Infobae.

En realidad, la frase le sonó como el eco de algo que ya lo había impactado mucho tiempo antes, cuando, "dos años después del avionazo (sic) en Guerrero", el New York Times publicó declaraciones del célebre fiscal de Manhattan, Robert Morgenthau, afirmando que Graiver estaba vivo. Lo del funcionario mexicano reavivó aquella vieja inquietud y terminó gestando este libro, explica.


Juan Miguel Ponce Edmondson y Robert Morgenthau: para ambos, David Graiver no murió en el accidente aéreo

"La peripecia de alguien que aparentemente había muerto, pero no había muerto, me parece fascinante", dijo el escritor, que ya ha incursionado en este tipo de novelización de hechos del pasado de los que en muchos casos fue protagonista o testigo durante su larga trayectoria periodística y como integrante de la organización Montoneros en los años 70 (Recuerdos de la muerte y Diario de un clandestino, entre otros).

Apenas producido el accidente aéreo en el que Graiver –vivo o muerto- desapareció de la luz pública, el 7 de agosto de 1976, durante un vuelo de Nueva York a Acapulco que no llegó a destino, surgieron las primeras hipótesis sobre una desaparición voluntaria.

La trama del estafador multimillonario que se esfuma simulando su muerte para reciclarse en alguna isla paradisíaca y disfrutar de su botín es cinematográficamente atractiva pero, aunque no imposible, difícil de imaginar. Como un testigo protegido, debe soltar todas las amarras del pasado y, en el caso de Graiver, de su familia, ya que el accidente sólo le ocurrió a él. Ser un muerto para todo su entorno pero seguir viviendo.

"Yo sostengo la hipótesis del atentado", responde categórico Juan Gasparini, autor de David Graiver, el banquero de los Montoneros (editado por primera vez en 1990, y reeditado en 2007 y 2010), ante la consulta de Infobae. En su opinión, ya vertida en aquel libro, las versiones sobre una muerte fingida fueron fogoneadas desde el comienzo por los autores de lo que para él fue en realidad un asesinato. "El contraespionaje norteamericano sabría echarle arena en los ojos a la opinión pública", escribe y enumera las maniobras: el cráneo de Graiver fue separado del torso para generar duda sobre su presencia en el vuelo, se insinuó que el avión pudo ser abatido por un rayo, que viajaban más de tres personas… Y ya por entonces se dijo que el banquero "habría aprovechado la escala en Houston para evaporarse, siendo visto en días posteriores en Miami, España, Cuba, Bolivia, Guatemala, Israel o detrás de la Cortina de Hierro".


El libro de Juan Gasparini que postula la tesis de que Graiver fue víctima de un atentado

No es que David Graiver no tuviera motivos para una fuga de este estilo, como se verá, pero sus apuros no eran todavía críticos y su personalidad no encuadraba con una fácil rendición. Puede decirse que la muerte o la desaparición voluntaria de Graiver desencadenó la quiebra de su grupo y no al revés.

Cuando el avión privado en el que viajaba como único pasajero junto a dos pilotos estadounidenses se estrelló contra una ladera en serranías del estado de Guerrero, David Graiver tenía tan sólo 35 años, pero ya había construido una multinacional de 200 millones de dólares, con base en Argentina y ramificaciones en Suiza, Bélgica, Israel y Estados Unidos.

En 1969, a los 28 años, había comprado su primer banco, el Banco Comercial de La Plata, con el fin de salvar de la quiebra a la inmobiliaria de su padre, Juan Graiver. Desde ese momento, no se detuvo. Con el tiempo, el Comercial de La Plata sería el primer corresponsal del Banco Nacional de Cuba. Luego adquirió el Banco de Hurlingham que se convertiría en el banco de la colectividad judía.

Graiver no sólo salvó el negocio de su padre sino que lo expandió hasta convertirlo en un grupo con acciones en una treintena de empresas y con una gran diversidad de negocios. Que llegarán a incluir medios, como el canal 2 de televisión y, más tarde, el diario La Opinión de Jacobo Timmerman. Y, en 1973, Papel Prensa, de reciente polémica. La red bancaria de los Graiver incluso se internacionalizará, con bancos en Israel, Bélgica y Nueva York.

Al talento natural para los negocios, David Graiver le sumaba una personalidad cautivante y siempre optimista –fundamental para generar confianza- y vocación por la política. O por el poder. Pragmático, pasó de ser funcionario del ministerio de Bienestar Social bajo Francisco Manrique  a acercarse al peronismo, a medida que se vislumbraba que el presidente de facto, el general Alejandro Lanusse, perdería la pulseada que había encarado con Juan Perón.

Este tránsito lo hizo Graiver de la mano de José Ber Gelbard, el titurlar de la Confederación General Económica que agrupaba a cerca de un millón de pequeñosy medianos empresarios, y que era dueño de FATE (neumáticos) y de ALUAR (aluminio), y que más tarde sería ministro de Economía de Héctor Cámpora y de Juan Perón.


José Ber Gelbard, ministro de Economía de Perón, durante su tercera presidencia

Según Bonasso, Gelbard  ("agente doble, triple o cuádruple") era el verdadero jefe de Graiver. El líder de la CGE hasta mandó a su discípulo a Puerta de Hierro a conocer a Perón, lo que no le impediría a éste traicionar a Gelbard, como a cualquier otro cliente.

Es que el joven Graiver era una suerte de Bernard Madoff, hiperactivo, con una inteligencia especial para los negocios, uno de esos personajes del mundo de las finanzas a los que no les tiembla el pulso ni la conciencia a la hora de "trabajar" con el dinero de otros y a los que, mientras sus audaces apuestas van generando ganancias fáciles, mucha gente les confía su fortuna personal para un día descubrir que la estaban depositando en un castillo de naipes cuyas paredes, al derrumbarse, dejan un interior vacío.

Como el Bobby Axelrod de la serie Billions, también Graiver tenía a su "Wendy Rhoades": en este caso, su propia esposa, la psicóloga Lidia Papaleo, en quien confiaba para que le hiciera la "evaluación" de sus colaboradores o le dijera en quién podía confiar y en quién no.

El libro de Gasparini es muy instructivo en cuanto a los manejos de esta clase de personajes del planeta bancario en general y de los de Graiver en particular. "Mi OPM es la 'Other People's Money'… ¡hacerse rico con la 'mosca' de los demás!", dice Gasparini que les decía Graiver a los jefes guerrilleros, ironizando sobre la sigla OPM (organización político militar, en la jerga, un sinónimo de Montoneros).


Montoneros veía en Graiver a su interlocutor en la burguesía

También explica mucho sobre la clase de vínculo que se había establecido entre el banquero y Montoneros. "Graiver –escribe Gasparini- se veía como un Rockefeller económico revestido con la ideología de Carter y acondicionado a la Argentina, en las puertas de una gran revolución nacional y popular. Si ERP y Montoneros insurreccionaban a las masas y  capturaban el poder, Graiver no perdería el tren de la historia. Los guerrilleros, por su  lado, lo consideraban como el único interlocutor de la burguesía."

El vínculo con la organización Montoneros se estableció al parecer por iniciativa del propio David Graiver, y por contactos de Lidia. "Los busqué por la política, no por la guita. Cuando empezamos a reunirnos, ustedes eran unos secos": es otra frase que Gasparini pone en la boca del banquero.

Más allá de una personalidad aventurera, provenía Graiver de la misma constelación que su mentor, José Ber Gelbard, por lo que ese acercamiento a la guerrilla bien pudo ser una misión –esto no lo dice Gasparini, vale aclarar-, en los tiempos en que nuestro país era uno de los tantos escenarios donde las potencias libraban la guerra que no podían hacerse directamente, a riesgo de una mutua destrucción.

Lo cierto es que se establece un vínculo de confianza –Graiver se reúne en más de una ocasión con Roberto "el Negro" Quieto, de la conducción de Montoneros- que llevará a que, en 1975, la organización decida confiarle el manejo de 14 millones de dólares. Era la última cuota del rescate acordado con los Born.


Los hermanos Jorge y Juan Born durante su largo secuestro por Montoneros

La historia de ese traspaso del botín es de película (y así la cuenta Gasparini). Con Ginebra (Suiza) como locación. Valijas repletas de billetes pasaron de manos de los representantes de la multinacional Bunge & Born a las de dos cuadros montoneros que, bajo nombres falsos, las depositaron en dos cuentas de bancos diferentes.

Cuando se presentó una dificultad en el "trámite" –los bancos se negaban a transferir luego los fondos a otras cuentas-, David Graiver llamó al delegado del Mossad en la embajada de Israel en Argentina y ese servicio de inteligencia se encargó de resolver el problema: los 14 millones fueron transportados por vía aérea a Nueva York, la ciudad en la cual en mayo del 75 David Graiver había decidido instalarse a medida que la renuncia de Gelbard –unos tres meses después de la muerte de Perón- y otros acontecimientos le hicieron presentir que el ambiente se enturbiaría en la Argentina. Allí había comprado el Century National Bank; la expansión no se detenía.

Pero los verdaderos problemas para Graiver empezaron cuando intenta adquirir un segundo banco estadounidense, el American Bank and Trust (ABT), y la Reserva Federal pone entonces la lupa en él y en sus negocios.

De hecho, cuando se produce el accidente, Graiver llevaba once meses en ese trámite. Algo inhabitual. Por un lado, la vigilancia del Tesoro americano no le daba la luz verde para la adquisición pese a los infinitos avales y llamados de recomendación –de pesos pesados como Nelson Rockefeller o Cyrus Vance– por el otro, en la Argentina, el cerco se cerraba sobre sus amigos clandestinos con y podía trascender de un momento al otro que había estado moviendo dinero mal habido.


Juan Gasparini, autor de “David Graiver, el banquero de los Montoneros”

De los 28.500.000 dólares que costaron inicialmente los títulos de los bancos –explica Gasparini- 16.825.000 de los CNB y ABT provenían de los fondos que Montoneros había obtenido del secuestro de los Born y de Henrich Franz Metz, de la Mercedes Benz y que luego había "invertido" en el grupo Graiver.

Según Gasparini, la CIA vetaba a Graiver, pero sin dar razones. Inclusive, dice, la Reserva Federal había puesto plazo a la Compañía: septiembre de 1976. Si para entonces no aparecían las pruebas contra Graiver, "con balances del ABT y del CNB en regla, iba a dar luz verde".

Al parecer, ya el coronel Roberto Rualdes, del batallón 601, Servicio de Inteligencia del Ejército Argentino, había pasado el dato a la Inteligencia estadounidense: Graiver administraba fondos de la "subversión".

Todo esto abona la teoría de que la CIA decidió cortar la carrera meteórica de Graiver ante lo que consideró un desafío, una burla en sus propias narices.

"La CIA decidió la ejecución, tomando los recaudos de realizarla fuera de los Estados Unidos. Y disfrazarla de accidente", sostiene Gasparini.

Graiver acostumbraba viajar a México todos los fines de semana donde estaban instaladas su esposa y su pequeña hija, a la espera de que se le otorgase a la familia la residencia en USA. Cuando su jornada de trabajo se extendía demasiado y no llegaba a tomar el vuelo de línea, contrataba un avión de la empresa Hansa, de Houston, Texas. Aquel viernes de agosto del 76, voló en un Falcon birreactor, matrícula N-888-AR, piloteado por el capitán Michael Bann y el copiloto Kevin Barnes, que también murieron en el accidente.


Lidia Papaleo, viuda de David Graiver

La tesis de Gasparini es que el sabotaje se produjo en la famosa escala de Houston, en la cual según algunos Graiver se habría bajado. El avión permaneció 47 minutos en el aeropuerto y hasta fue llevado a hangares, previo descenso de la tripulación y del único pasajero, para una supuesta revisión. Allí se habrían remplazado los altímetros por otros, saboteados, para confundir al piloto e impedir un descenso seguro.

Intereses millonarios

Graiver aplicó a los montoneros el mismo método que a todos sus clientes –o víctimas-: los convencía de entregarles sus fondos y se aseguraba de que no pudiesen recuperarlos. Pagaba los intereses, mientras las cosas marchaban bien. Pero si algo salía mal, sería imposible para los damnificados resarcirse de las pérdidas. "Graiver era un financista, si cedía plata era para ganar más", dice Gasparini.

Por varios meses, la organización político militar cobró mensualmente 196.300 dólares mensuales de intereses por su "inversión" de casi 17 millones. Caído Graiver, se hizo evidente que el grupo –o, mejor dicho, el sistema- no sobreviviría sin él. Su estilo de conducción era muy centralizado, pero además el tipo de tejemanejes que hacía requería discreción; tanta, que pocos conocían el dispositivo completo.

Vale un paréntesis para preguntarse por qué una organización millonaria como Montoneros enviaba a sus militantes a operaciones suicidas como el copamiento del cuartel de Formosa para recuperar un puñado de fusiles que podían haber comprado o por qué dejaron a tantos "camaradas" a la intemperie durante lo más duro de la represión cuando la clandestinidad forzaba a muchos a dejar casa y trabajo…

Documento incluido en el anexo del libro de Gasparini

La bicicleta de Graiver consistía en prestarse a sí mismo, haciendo que el ABT otorgase créditos a empresas de su propio grupo. Así se apropiaba de los fondos de los clientes que se ponían en sus manos.

Cuando en Wall Street cayeron en la cuenta era algo tarde y los bancos de Graiver protagonizaron una quiebra cuyo costo fue de 40 millones.

El antes citado fiscal del distrito de Manhattan, Robert Morgenthau, fue quien inició la investigación para descubrir que casi al 90 por ciento de los créditos del ABT tenían por destino trece sociedades ficticias de Graiver. El ABT quebró el 16 de septiembre de 1976.

La viuda de Graiver, Lidia Papaleo, su hermano Isidoro, sus propios padres y varios de sus más cercanos colaboradores serían otras víctimas de esta caída cuando, tras la muerte del banquero, regresaron a Buenos Aires con la intención de salvar lo más posible de su patrimonio. Una decisión temeraria, sobre todo por parte de quien, como la viuda, conocía el secreto más comprometedor de Graiver.

Pero el deal con Montoneros no fue el único ni el primer obstáculo: primero, la dictadura –según Gasparini, a instancias de Alfredo Martínez de Hoz- había decidido que le convenía controlar Papel Prensa para mejorar, a través de una prensa amiga, su imagen en los medios. Forzaron entonces a los Graiver –negándoles el apoyo estatal que necesitaban para salvar la empresa- a ceder sus acciones a los diarios Clarín, La Nación y La Razón.

Gasparini recuerda que esto no era nuevo: Martínez de Hoz reeditaba el método por el cual Gelbard había favorecido la compra de Papel Prensa en 1973 por su protegido David Graiver, tras quitársela al Grupo Civita.

Por otro lado, los militares habían capturado a algunos de los miembros de la organización que conocían el secreto de la relación con Graiver. Vieron una oportunidad para capturar un botín –o lo que quedara de él- denunciando la conexión Gelbard-Graiver-Montoneros. Lidia Papaleo, los demás miembros de la familia, incluyendo los padres de David Graiver, y varios empleados del grupo, una veintena en total, fueron detenidos ilegalmente y llevados a Pozo de Banfield, un centro clandestino de detención, donde fueron sometidos a tormentos para obligarlos a revelar, entre otras cosas, el destino del dinero de Montoneros.


La edición del 22 de abril de 1977 de la revista Somos. Con la familia Graiver encarcelada, la dictadura expone la trama: Graiver, Gelbard, Quieto

Para evitar problemas futuros, Graiver había puesto un "cortafuego" legal entre él y Montoneros, mediante una ingeniería de empresas y prestanombres para no quedar vinculado él mismo a la maniobra.

Todavía Montoneros era una organización poderosa pero no por mucho tiempo más. La dictadura ponía en marcha su plan de aniquilamiento, muy bien servido por la propia conducción nacional que no tomó ninguna medida preventiva sino que puso el cuerpo –el de sus militantes- en una lucha desigual y suicida.

La hipótesis de Gasparini es que la CIA decidió eliminar a Graiver a instancias de la dictadura argentina. Es posible que sectores del establishment norteamericano hayan querido escarmentar en la persona del banquero argentino a futuros osados. En todo caso, si esto fue así, lo habrán hecho por sus razones y no por las de terceros.

Graiver jugaba con fuego y desafiaba a interlocutores que no estaban para bromas. Gente que no puede permitir que se la tome por tonta.


Documento incluido en el anexo del libro de Gasparini

Para su viuda, la muerte de Graiver fue un asesinato. Desde los conflictos presentes, Lidia Papaleo dice que fue por lo de Papel Prensa. Pero el repaso de los acontecimientos no respaldaría esa versión.

Su hermano, Osvaldo Papaleo, que estaba en prisión cuando se produjo el accidente aéreo de su cuñado, dice, ante la consulta de Infobae, que se encuentra "más cerca ahora de la tesis del atentado", aunque advierte que "charlar de algo que pasó hace 40 años es más de opinólogo que otra cosa". No leyó el libro de Bonasso, aunque sabe de qué se trata. Sobre la trama, concede que, "para vender libros, es lícito el argumento".

En efecto, una vida y una desaparición dignas de un thriller político. De hecho, siendo de no ficción, el libro de Juan Gasparini también se lee como una atrapante novela de intriga.

¿Quiso Bonasso poner solamente un anzuelo para el lector o verdaderamente cree que Graiver vive y que, como postula en el libro, fue reciclado por uno de los poderes a los cuales sirvió en su vida anterior?



"En principio está logrando tener mucho suceso como novela –se congratula el autor-. Lo cual no significa que no haya cosas terribles que prefiguraban incluso, en 1989, el horror al que está llegando México hoy".

"A diferencia del 'Graiver' de mi novela, Morgenthau decía que estaba vivo en sentido acusatorio. Se fugó porque hizo un desfalco, se quedó con la guita. Está vivo. Pero lo dijo muy categórico. Morgenthau no era cualquiera, tenía peso político, era un fiscal de relieve. Hay notas de aquella época, en Siete Días por ejemplo, que lo ubicaban en Cuba, en Israel… Más o menos como en el caso de Yabrán. Pero de Yabrán estoy categóricamente seguro de que murió. De Graiver, no".

"Gasparini, dice Bonasso, que ha escrito ya dos versiones de Graiver, con buena información, me critica por falsear datos de personajes reales. No es así, es tomar hechos reales para contar otra cosa, para hacer una novela. Hay cosas que el novelista cambia; si no, no sería una novela, sería una biografía no autorizada. Categóricamente es una novela. Por eso el personajes se llama Goldberg y no Graiver".

—Pero, en definitiva, ¿usted tiene sospecha, íntima convicción o certeza de que está vivo?

— Yo no tengo ninguna manera de probar que lo dice Ponce Edmondson es cierto o no es cierto, o es un invento de Ponce por razones que ignoro. Pero estoy cumpliendo un poco el paradigma de esa charla que está en el libro cuando El hombre que sabía morir, dice "hay que tratar de que lo verdadero parezca falso y lo falso parezca verdadero". Y agrega groseramente, perdón, "así los jodemos a todos". Hay una intención irónica, de despiste y de generar una intriga.

— La tesis sobre quiénes lo protegieron y en qué se convirtió después, que es la trama de su libro, ¿es lo que usted cree que pudo haber pasado?

— Sí. Bueno, es un poco el fin de Gelbard, por eso aparece como personaje en el libro. Gelbard es un personaje importante en el libro.

— ¿Gelbard era un hombre de los soviéticos?

— Sí, sí. Pero era más complejo que eso. A mí la organización (Montoneros) me mandó a tomar contacto con Gelbard y yo me hice amigo de él. Fuimos a Moscú en el viaje famoso del 74, y me contó muchas cosas en el avón y yo dije bueno, no hay duda. Pero Juan Carlos Argañaraz, corresponsal de Clarín en Madrid, me dijo "es curioso porque es un tipo pro ruso pero es un patriota". Y sí, su participación en el gobierno peronista es muy clara y muy correcta. Fue leal a su clase. Fue un gran constructor de la burguesía nacional. Por eso sospecho que no murió de muerte natural.


José Ber Gelbard junto a Leonid Brezhnev, jefe de Estado soviético, durante una gira por la URSS (mayo de 1974)

— En el caso de Graiver, esté o no vivo, ¿tiene la convicción de que fue un atentado?

— Ah, eso sí, categóricamente.

— ¿Usted conoció a David Graiver?

— Sí, por supuesto. Entre otras cosas porque Graiver fue avalista de Timerman, en La Opinión y yo estuve entre los primeros secretarios de redacción del diario. Jacobo me lo presentó personalmente. Después lo vi varias otras veces. (…) Lo hago quedar bien en mi libro.

— ¿Cómo era?

— Un tipo muy audaz y con datos también oscuros, obviamente. No se llega a hacer 300 millones de dólares bajo la luz de un poderoso reflector… Y siendo tan joven.