Asunción - Paraguay (post guerra)

Más de 20.000 bolivianos marchando en Asunción.
Al iniciar la guerra del Chaco su sueño era marchar victoriosos por las calles de la capital...
Pero al final de la guerra terminaron marchando como prisioneros.
En mayo de 1933, alrededor de 6.700 prisioneros fueron deportados a la isla de Nazino, ubicada en el río Ob en Siberia Occidental. Enviados a construir un "asentamiento especial" y cultivar la isla, los deportados fueron abandonados con escasas provisiones de harina, sin herramientas y prácticamente sin ropa ni refugio para sobrevivir al clima siberiano. Las condiciones se deterioraron rápidamente y resultaron en enfermedades generalizadas, violencia y canibalismo. En 13 semanas, más de 4.000 de los deportados habían muerto o desaparecido. Wikipedia
La mayoría de las víctimas habían sido arrestadas simplemente por no llevar consigo el pasaporte interno, un documento creado en 1932 durante la administración de Stalin para controlar el movimiento de los ciudadanos. CIPDH
Sin embargo, el texto que citas contiene algunos detalles ligeramente exagerados o imprecisos respecto a las fuentes históricas:
Lo que es preciso: el número de deportados (~6.700), la falta de herramientas y refugio, el flour como única comida, la disentería, el canibalismo generalizado, los más de 4.000 muertos, que el gobierno soviético suprimió la información por décadas, y el testimonio sobre la mujer con las pantorrillas cortadas.
Lo que es impreciso o dramatizado: La historia dice que la isla era "sin árboles", pero en realidad era pantanosa con vegetación. Cuando el investigador Velichko llegó en agosto, "la hierba en la isla llegaba hasta la cabeza". RFE/RL El relato también presenta los 13 semanas como el plazo completo, pero el asentamiento fue disuelto antes del mes, y los 2.856 deportados sobrevivientes fueron trasladados a otros asentamientos río arriba. History Collection
En esencia, es una historia real y verificada por documentos de archivo soviéticos y testimonios de sobrevivientes. Fue suprimida por décadas y solo salió a la luz pública en 1988, durante la Glasnost.
En 1480, un ejército otomano (18 000 hombres, al mando de Gedik Ahmed Pasha) atacó la ciudad de Otranto, en el sur de Italia. Tras un asedio de 15 días, la ciudad fue conquistada. A los supervivientes (mayores de 15 años) se les dio un ultimátum: convertirse al islam o morir. Unos 800 se negaron. Fueron conducidos a la colina a las afueras de la ciudad (actualmente la Colina de los Mártires), donde fueron decapitados uno a uno.
El primero fue el sastre Antonio Primaldo, quien exclamó: “¡Ahora es el momento de luchar por el Señor por nuestras almas!”.
El arzobispo fue decapitado frente al altar de la catedral.
Otros sacerdotes fueron serrados por la mitad.
Mujeres y niños fueron vendidos como esclavos o asesinados. Total: decenas de miles de muertos y miles de personas esclavizadas.
Esta no fue una guerra "normal", sino una masacre motivada por razones religiosas contra cristianos indefensos que se negaron a renunciar a su fe.
Tras la reconquista en 1481, los cuerpos (que habían permanecido insepultos en la colina durante meses) fueron recogidos y trasladados a la catedral. Hoy en día, en la Capilla de los Mártires, vitrinas de cristal exhiben sus cráneos reales: filas y filas, cientos de ellos.
Un fragmento de la historia que rara vez aparece en los libros de texto escolares…
¿Que pasa en el año 2026?
Las iglesias organizan iftars de forma voluntaria en todo el mundo.
¿Acaso esos 800 mártires sufrieron por esto?
¿Para las iglesias que ahora entregan voluntariamente lo que defendieron con su sangre?

En el folclore germánico, los troles y las brujas se basaban en los judíos.
Esto comenzó en la Edad Media, en 1144, cuando un caso en Norwich, Inglaterra, se extendió por toda Europa, provocando pogromos y expulsiones de comunidades judías.
Se decía que los judíos secuestraban, torturaban y sacrificaban ritualmente a niños cristianos para usar su sangre en rituales religiosos, como la preparación de matzá para la Pascua.
Se les describía como personas con narices grandes, avariciosos, acaparadores de tesoros y marginados, conspirando contra los cristianos.
Se crearon muchas historias como advertencia tras descubrirse que niños cristianos desaparecidos eran víctimas de sacrificios/asesinatos rituales judíos en toda Europa, lo cual ocurrió durante siglos.
En "Hansel y Gretel", el horno de la bruja y la ingestión de niños evocan historias en las que los judíos eran acusados de hornear niños o usar sus restos.
Motivos similares aparecen en otros cuentos, como la bruja de "Rapunzel" (Madre Gothel) que secuestra a un niño con fines mágicos.
La propia colección de los Grimm incluye cuentos como "El judío entre las zarzas" y leyendas como "La niña asesinada por judíos".
Esto no es antisemita, es simplemente un hecho histórico. La verdad importa.
𝗖Ó𝗠𝗢 𝗗𝗘𝗧𝗘𝗡𝗘𝗥 𝗔 𝗨𝗡 𝗧𝗔𝗡𝗤𝗨𝗘 𝗘𝗡 𝗟𝗔 𝗔𝗡𝗧𝗜𝗚Ü𝗘𝗗𝗔𝗗 🐎🚜
El Rey Darío de Persia tenía un arma secreta para aplastar a Alejandro: los Carros Falcados. Eran carros de guerra con cuchillas giratorias en las ruedas diseñadas para cortar piernas y sembrar el pánico.
Cualquier ejército normal habría huido aterrorizado. Alejandro, en cambio, entrenó a sus hombres para hacer algo contra-intuitivo: quedarse quietos.
Diseñó la táctica de la Trampa para Ratones. Cuando los carros cargaban, las filas macedonias se abrían creando pasillos vacíos. Los caballos, por instinto, corrían por el camino libre en lugar de chocar contra los hombres. Una vez que el carro pasaba por el pasillo sin tocar a nadie, los soldados de la retaguardia lo rodeaban y eliminaban al conductor. Neutralizó la superarma persa sin perder apenas hombres.
La Voz
Daniel V. González

Hay temas sobre los cuales quienes comentan la política y la historia reciente prefieren no escribir. Los motivos pueden ser diversos. Sea porque suponen recuerdos ominosos, sea para evitar transitar en medio del fuego cruzado de pasiones que sobreviven pese al tiempo transcurrido.
Jorge Luis Borges decía que “quizá el futuro sea irrevocable, pero el pasado no lo es, ya que cada vez que recordamos algo, lo modificamos. Ya sea por pobreza o riqueza de nuestra memoria”. Concluía que “es más fácil modificar el pasado que el futuro”.
El golpe militar del 24 de marzo no podía quedar fuera de los cimbronazos y de los cambiantes humores de la memoria de los argentinos. Transcurrido medio siglo, podríamos decir que se trata de un hecho lejano, que ya forma parte de la historia, pero es evidente que su larga sombra se proyecta todavía sobre el presente y su discusión aún desata fervores y apasionamientos.
Pasado el tiempo, lo que sí se esfuma es nuestra conciencia sobre el conjunto de ideas, creencias, certezas, convicciones, pensamientos, contextos, ideologías, conceptos vigentes y demás elementos que configuran lo que puede denominarse como “espíritu de época”.
Con los años, es inevitable que nuestros juicios sobre los hechos del pasado puedan estar contaminados por parámetros actuales y por olvidos selectivos. Y esto es algo que dificulta nuestra comprensión.
El golpe militar del 24 de marzo de 1976 no fue un rayo en cielo sereno. Hacía años que muchos presagiaban que el gobierno peronista terminaría de ese modo. La situación política era ya insostenible. Los grupos guerrilleros habían logrado construir una situación de caos que se tornaba irrespirable.
La situación era similar en muchos países de América latina. No era un clima apto para que la democracia pudiera instalarse y sobrevivir. En mayo de 1970, el grupo Montoneros secuestró y asesinó a Pedro Eugenio Aramburu, y dio así comienzo a un nuevo nivel en la escalada de terror.
Desde su exilio, Perón alentó la lucha armada pues se entendía que, desde su expulsión del poder en 1955 y su proscripción, toda forma de lucha estaba legitimada para que las garantías constitucionales y el sistema democrático de gobierno pudieran restablecerse.
Tras el triunfo de Héctor Cámpora en marzo de 1973, con la liberación de los guerrilleros presos, todo parecía encausarse hacia una paz democrática. Pero no fue así de ningún modo. Aun con la democracia recuperada y Perón en la presidencia por abrumadora mayoría, la guerrilla continuó con los actos de terrorismo.
En septiembre de ese año, dos días después del triunfo de Juan Domingo Perón con el 62% de los votos, Montoneros asesinó al líder de la CGT, José Ignacio Rucci, en abierto desafío al propio presidente.
Los asesinatos de militares, políticos y gremialistas continuaron a la orden del día. También la toma de cuarteles. Tras los enfrentamientos en el intento de copamiento de la guarnición de Azul (enero de 1974), Perón enfureció y propuso que “el reducido grupo de psicópatas sea exterminado uno a uno, para bien de la República”.
Pero pocos meses después Perón murió, y a partir de entonces el golpe militar parecía inminente, aunque tardó casi dos años en concretarse.
Quienes hemos vivido esos años sabemos que los militares fueron recibidos con alivio por una amplia mayoría de la población que deseaba, en primer lugar, el restablecimiento de la paz. Los combates continuaron y rápidamente las Fuerzas Armadas lograron abatir el accionar terrorista.
En el prólogo del informe de la Conadep, redactado por Ernesto Sabato, puede leerse: Durante la década de 1970, la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países.
A continuación, el informe destaca que Italia combatió a las Brigadas Rojas dentro de la ley, mientras en la Argentina, los militares incurrieron en el asesinato y la desaparición de prisioneros desarmados, cuestionamiento inobjetable que justificadamente se les imputa y que fue la base de las condenas originales, en tiempos de Raúl Alfonsín.
Los indultos de Carlos Menem fueron anulados en tiempos de Néstor Kirchner, quien además suprimió el párrafo citado del libro Nunca más porque entendía que enunciaba la “teoría de los dos demonios”. Muchos militares volvieron a la cárcel, mientras los guerrilleros eran indemnizados y, en no pocos casos, valorados como héroes.
Pero con el paso de los años muchos libros publicados han ido añadiendo nuevos elementos al debate.
Graciela Fernández Meijide, Juan Bautista Yofre, Ceferino Reato, Héctor Ricardo Leis y, en Córdoba, la discusión originada por la carta de Oscar del Barco a la revista La Intemperie han ido poniendo las cosas en su lugar, al añadir puntos de vista distintos, más críticos del terrorismo guerrillero.
Se llama ucronía a la historia que no existió, a la que se construye a partir de hipótesis de hechos que no sucedieron. En este caso, una versión conjetural podría partir de esta pregunta: ¿qué hubiera sucedido en la Argentina si el combate entre la guerrilla y el Ejército regular hubiese sido ganado por los terroristas?
¿Convenía al país que eso sucediera?
Pero hay más preguntas: ¿los militares fueron demonios, y los guerrilleros, héroes y mártires?
Afirmar, contra toda evidencia, que los desaparecidos fueron 30 mil, ¿no es una forma de negacionismo?
¿Es justo que permanezcan casi 3.000 militares entre procesados y condenados, y ningún terrorista?
Y finalmente: ¿no es hora ya de dar vuelta la página y mirar hacia adelante?
Que cada uno construya sus propias respuestas.
Analista político
Por Horacio Callegari (CMN)
La batalla de Caseros, librada el 3 de febrero de 1852, constituye uno de los episodios militares decisivos de la historia argentina. Enfrentó al Ejército Grande comandado por el general Justo José de Urquiza contra las fuerzas federales de Juan Manuel de Rosas. Más allá de su dimensión estrictamente militar, el enfrentamiento significó el derrumbe del orden rosista y abrió el proceso que conduciría a la organización constitucional del país.
El 2 de febrero, Urquiza cruzó el río de las Conchas (actual Reconquista) por el puente de Márquez y avanzó hasta el arroyo Morón, donde constató la presencia de fuerzas federales desplegadas en las alturas de Caseros. La moral del Ejército Grande era alta, producto de una campaña exitosa y de avances sostenidos sin grandes obstáculos. En contraste, las fuerzas de Rosas llegaban a la confrontación con una moral debilitada tras sucesivas retiradas.
La noche previa al combate, Rosas reunió a sus mandos. El coronel Chilavert manifestó su desacuerdo con mantener una posición defensiva rígida en Caseros, pues consideraba que limitaba la maniobrabilidad. No obstante, la mayoría de los jefes federales optó por sostener la posición.
En la madrugada del 3 de febrero, el Ejército Grande cruzó el arroyo Morón. La caballería lo hizo por vado; la infantería y la artillería utilizaron un único puente, lo que obligó a concentrar la marcha en columna, maniobra que fue disimulada mediante movimientos de caballería (Virasoro).
Hacia las 7:30, Urquiza desplegó aproximadamente 24.000 hombres y 50 piezas de artillería a un kilómetro de las posiciones rosistas.
La disposición fue la siguiente:
Centro-frente (Casa de Caseros): División Oriental.
Ala izquierda: División Brasileña apoyada por la Brigada Rivera y 28 piezas de artillería al mando de Pirán.
Ala derecha: Cinco batallones bajo Galán y divisiones de caballería (Medina, Galarza, Avalos y Lamadrid).
Reserva: Divisiones de caballería de López y Urdinarrain.
Urquiza planteó una ofensiva combinada, con predominio de la maniobra de caballería como elemento decisivo.
Rosas contaba con aproximadamente 23.000 hombres, 50 piezas de artillería y 4 coheteras.
Su despliegue fue marcadamente defensivo:
Ala derecha: apoyada en la Casa de Caseros, con un “martillo” defensivo de carretas y apoyo de dos batallones; reserva de caballería.
Sector entre Casa y Palomar: dos batallones con artillería.
Reducto del Palomar: infantería en triple línea, artillería y coheteras.
Centro: tropas de Chilavert con 30 piezas de artillería.
Ala izquierda: caballería bajo Lagos.
Reserva general: divisiones de Sosa y Bustos.
Rosas optó por una defensa escalonada con puntos fuertes (Casa y Palomar) y un potente centro artillero.
Apenas pasadas las 8:00, las baterías rosistas abrieron fuego, obligando a retroceder inicialmente a la artillería brasileña. Esto muestra que el primer impulso fue federal, intentando desorganizar el despliegue enemigo.
Cerca de las 9:00, Urquiza lanzó su ofensiva decisiva: una carga masiva de caballería contra el ala izquierda de Rosas.
Medina atacó frontalmente a los lanceros de Lagos.
Lamadrid intentó envolver el ala federal.
Medina fue inicialmente rechazado, pero en una segunda carga logró desorganizar a los lanceros.
Rosas envió su reserva (Sosa y Bustos).
Urquiza respondió con Galarza y Avalos, cuya intervención fue decisiva.
La caballería federal cedió ante la presión sostenida y la coordinación superior del Ejército Grande. El ala izquierda rosista comenzó a desmoronarse.
Lamadrid, por exceso de desplazamiento lateral, no llegó a intervenir decisivamente, lo que muestra cierta falta de coordinación en el ala derecha de Urquiza, compensada por la superioridad numérica y moral.
Simultáneamente, Urquiza ordenó el avance de su ala izquierda:
La División Oriental (coronel Díaz) avanzó hacia el Palomar.
Se formó en ángulo respecto del ala rosista.
Urdinarrain se posicionó detrás de un bosquecillo.
El batallón de Voltígeros intentó tomar la Casa de Caseros, pero el ataque inicial se frenó por falta de sincronización con la división brasileña y las tropas de Galán.
Cerca del mediodía, el ataque se reanudó con éxito:
Pereyra Pintos neutralizó la resistencia en la Casa.
Galán obligó a retroceder a la Brigada Díaz.
La División Oriental ocupó la Casa de Caseros.
El centro, comandado por Argentino Díaz con apoyo artillero de Chilavert, resistió con firmeza.
Sin embargo:
Fue embestido por las fuerzas de Galán.
Ambos jefes depusieron las armas.
El dispositivo defensivo rosista colapsó.
Hacia las 14:00, la batalla estaba decidida. El campo dejaba unos 400 muertos.
El autor subraya episodios de indisciplina:
Soldados rosistas ultimaron a oficiales que intentaban frenar la retirada.
Caso emblemático: el coronel Hernández, muerto por sus propios hombres.
Además, tras un incidente de fuego a quemarropa en la Casa de Caseros, las tropas vencedoras respondieron con violencia, generándose escenas de masacre.
Aquí cae el doctor Claudio Cuenca, médico y poeta, considerado el “mártir de Caseros”, muerto en circunstancias trágicas mientras intentaba mediar.
Derrotado, Rosas inició una retirada estratégica con pocos acompañantes.
En el trayecto su yegua “Victoria” tropezó, episodio que la tradición recogió como simbólico (origen del nombre “Tropezón”).
Rosas redactó dos renuncias:
Una, con lápiz y en el campo.
Otra, en Londres.
Ambas mencionan que estaba herido en la mano derecha.
La duplicidad responde a correcciones formales y desprolijidades del primer documento.
El artículo rescata aspectos no estrictamente militares:
Mencionado por Sarmiento, acompañó toda la campaña. Simboliza fidelidad y presencia constante en la empresa militar.
Árbol histórico, declarado monumento en 1946. Ya no existe. Se convirtió en símbolo paisajístico de la batalla.
Alimentó a la población porteña.
Argentina no otorgó condecoraciones.
Uruguay y Brasil sí lo hicieron, estableciendo distinciones por jerarquía (oro, plata, latón, zinc).
También existió el botón militar “Federación Urquiza o Muerte”.
La batalla de Caseros fue una confrontación decisiva, donde:
Rosas adoptó una defensa estática con puntos fuertes y potente artillería central.
Urquiza ejecutó una ofensiva móvil basada en cargas de caballería y ataques combinados.
La ruptura del ala izquierda rosista y la ocupación de la Casa de Caseros desarticularon el sistema defensivo federal.
No fue solo una victoria táctica: significó el colapso del régimen rosista y el inicio del proceso de organización nacional.
El artículo, además de reconstruir las maniobras militares, integra memoria, símbolos y consecuencias humanas, ampliando la comprensión de Caseros más allá del campo de batalla.
A la mañana: kumis en odres de cuero. Leche de yegua fermentada, levemente alcohólica, estable durante semanas. 1–2 litros aportan 800–1.200 calorías, proteína completa, vitaminas y probióticos.
Al mediodía: nada. A caballo. A veces, sangre de sus caballos: sacaban pequeñas cantidades de una vena, la tomaban fresca y luego sellaban la herida. Los caballos lo toleran bien. Los guerreros conseguían hierro, proteína e hidratación.
A la noche: carne seca (borts). A menudo cordero; a veces caballo. Secada al aire hasta quedar dura como una piedra. Se conserva indefinidamente. La mastican despacio mientras cabalgan al día siguiente. Mucha proteína, mucha grasa, cero preparación.

Los babilonios fueron los primeros en usar el nombre Egipto (mu-su-ri) para referirse a Egipto, y esto se encuentra en las cartas de Amarna enviadas entre los reyes casitas de Babilonia y los reyes de Egipto. Los egipcios, en cambio, desconocían este nombre para su país hasta que lo adoptaron de los babilonios. El nombre Egipto se encuentra en acadio. Significado (territorio vecino).

1868, Japón. Comienza la Restauración Meiji. El emperador Meiji tiene una obsesión: hacer a Japón lo bastante fuerte como para resistir la colonización occidental.
Sus asesores estudian los ejércitos occidentales y encuentran algo inesperado: los soldados occidentales miden unos 10 centímetros más y son significativamente más fuertes que los soldados japoneses.
El diagnóstico: la dieta. Los japoneses comen arroz y pescado. Los occidentales comen carne vacuna y lácteos.
Meiji emite un decreto extraordinario en 1872: el propio Emperador comerá carne vacuna en público para impulsar la adopción nacional de una dieta con carne.
Esto es radical. El budismo prohíbe el consumo de carne. 1.200 años de tradición religiosa sostienen que comer carne es moralmente incorrecto.
A Meiji no le importa. Come carne vacuna en ceremonias públicas. Declara que comer carne es un acto patriótico.
Los sacerdotes tradicionales se horrorizan. Meiji los ignora. No está construyendo un Estado religioso. Está construyendo una potencia militar.
Los resultados son asombrosos: en el lapso de una generación, la altura promedio japonesa aumenta varios centímetros. La capacidad militar se transforma. Para 1905, Japón derrota a Rusia —una potencia occidental— en una guerra.
Imposible sin el cambio de dieta. El Japón de la década de 1860 no podría haber ganado. El Japón de 1905, criado a base de carne, se impuso.
Analistas militares de todo el mundo estudiaron las tácticas, el entrenamiento y el equipamiento japoneses. Casi ninguno mencionó la revolución nutricional que hizo posible todo lo demás.
Porque revelaba una verdad incómoda: las poblaciones que comen arroz pierden contra las poblaciones que comen carne en conflictos militares.
No se puede admitir eso sin poner en cuestión los sistemas alimentarios basados en granos que sostienen a la mayor parte de Asia.
Así, la reforma cárnica de Meiji queda como una nota al pie en los libros de historia, mientras las victorias militares se analizan hasta el cansancio.
Pero la conducción militar japonesa lo sabía. Los informes de posguerra atribuían explícitamente el cambio de dieta como condición habilitante del ascenso de Japón.
Habían hecho el experimento: misma genética, misma cultura, distinta dieta. La generación que comía carne derrotó al imperio europeo.
Para 1920, Japón ya era una potencia mundial. Para 1940, estaba conquistando el Pacífico.
Sus soldados comían 300 g de carne por día. Sus enemigos en China y el Sudeste Asiático comían arroz. La diferencia física era evidente en los reportes de combate. Los soldados japoneses tenían más resistencia, se recuperaban más rápido y mostraban una fuerza superior.
Esto no era “espíritu samurái” ni código Bushido. Era bioquímica. Soldados alimentados con carne rinden mejor que soldados alimentados con granos.
Después de la Segunda Guerra Mundial, el consejo dietario cambió. Se alentó a Japón a volver a dietas tradicionales, pesadas en arroz.
Las autoridades de ocupación promovieron explícitamente el consumo de arroz y desalentaron comer carne. Lo llamaron “volver a los valores japoneses”.
Qué casualidad que eso pasara después de que Japón mostrara lo que podían lograr soldados asiáticos alimentados con carne.
La lección era clara: si mantenés a las poblaciones a granos, siguen siendo controlables. Si les das carne, se vuelven peligrosas.
Meiji entendía esto. Por eso comía carne vacuna en público.
Las autoridades de ocupación también lo entendían. Por eso promovieron el arroz después de la guerra.
Tuve la oportunidad de hablar con un soldado que estuvo en Bougainville durante la Segunda Guerra Mundial. No participó en los combates más desesperados. De hecho, llegó en junio del 44, se quedó solo unas semanas y luego fue trasladado de nuevo.
Me contó dos datos interesantes sobre la lucha por Bougainville. Primero, todos los soldados enviados allí tenían un curso para sobrevivir en la selva si se quedaban aislados. Al llegar, los soldados que llevaban más tiempo allí le dijeron que era una completa pérdida de tiempo. Preguntó: "¿Por qué? ¿Es errónea la información?". Dijeron: "No. Pero si te separan de las líneas, los japoneses te matarán mucho antes de que necesites buscar comida en la selva".
Vio a los pocos prisioneros japoneses que tomaron en un campamento. El guardia le dijo que todos los soldados japoneses habían tenido disentería al ser capturados. También comentó que el intérprete del interrogador le había dicho que los japoneses informaron que todos sus soldados padecían diarrea crónica y, generalmente, disentería.
Los estadounidenses tenían pastillas de Halazone. Y cada vez que llenabas la cantimplora, siempre tenías que machacar Halazone o te metías en un buen lío. El Halazone mataba la bacteria de la disentería. Los japoneses no tenían Halazone, así que todos sufrían de diarrea.
Bougainville, por supuesto, fue una gran victoria estadounidense, pero el hombre con el que hablé había conocido a muchos soldados que participaron en el gigantesco ataque japonés de marzo. Dijeron que, si el ataque japonés hubiera tenido éxito, habrían aniquilado la base estadounidense y las cifras de bajas habrían sido muy diferentes (es decir, un gran número de muertos estadounidenses y un número menor de muertos japoneses).
Pero como dijo, el ataque japonés estuvo a punto de ocurrir. Pero piensen: todos los soldados japoneses en el asalto sufrieron diarrea. ¡Imagínense intentar luchar con disentería! Así que mi conclusión es que Halazone ganó la batalla de Bougainville.
Si los estadounidenses no hubieran tenido Halazone, o si los japoneses lo hubieran tenido, la batalla podría haber tenido un resultado totalmente diferente. ¡Viva la ciencia, supongo!
Su comida preferida era el asado, que casi siempre comía con un sólo cubierto:
El cuchillo.
Era muy hábil en comer así.
Solía morder un pedazo de carne, y como los paisanos, cortaba el sobrante con un cuchillo afilado.
¡Había quienes se maravillaban que no se cortara la nariz!
No le gustaba el mate.
Pero era un apasionado del café.
Y como era muy "pillo", conocedor intimo del alma del soldado, para no "desairar" a sus muchachos, tomaba café con mate y bombilla.
Conocía mucho de vinos.
Y podía reconocer su origen con sólo saborearlo.
Era un empedernido fumador de tabaco negro, que el mismo picaba, para luego prepararse sus cigarros.
Era muy buen jugador de ajedrez, y realmente era muy difícil ganarle.
Se remendaba su propia ropa.
Era habitual verlo sentado con aguja e hilo, cosiendo sus botones flojos o remendando un desgarro de su capote, el cual, abundaba de ellos.
Usaba sus botas hasta casi dejarlas inservibles.
Más de un vez las mandaba a algún zapatero remendón, para que les hagan taco y suela nuevos.
Predicaba con el ejemplo.
El mismo enseñaba el manejo de cada una de las armas, como lo atestiguan las melladuras del filo de su Corvo, inigualable instrumento de enseñanza de la esgrima.
Y jamás, daba una orden a sus subordinados, que él mismo no pudiera cumplir.
Su palabra era santa, y para sus hombres era ley.
Era muy buen pintor de marinas.
Él mismo decía que si no se hubiera dedicado a la milicia, bien podría haberse ganado la vida pintando cuadros.
Era muy buen guitarrista, habiendo estudiado en España con uno de los mejores maestros de su época.
Hablaba inglés, francés, italiano, y obviamente español, con un pronunciado acento andaluz.
Tenía la costumbre de aparecerse por el rancho, y pedirle al cocinero que le diera de probar la comida que luego comería la tropa.
Quería saber si era buena la comida de sus muchachos.
Y allí mismo, en la cocina, la comia de parado.
Luego de comer, dormía una siesta corta, de no más de una hora, para luego levantarse y volver al trabajo.
Aquella famosa frase Sanmartiniana que dice:
"De lo que mis Granaderos son capaces, sólo lo sé yo.
Quién los iguale habrá, quién los exceda, no".
Originalmente era "De lo que mis muchachos son capaces...".
En Campaña, era el último en acostarse, después de cerciorarse que todos los puestos de guardia estuviesen cubiertos, y el resto de la tropa descansando.
Y para cuando empezaba a clarear el sol en el horizonte, hacía rato que el General contemplaba el alba. 
Créditos: Ruben Colo Leon

Fotografía que retrata a Domingo Faustino Sarmiento, en su función como ministro plenipotenciario de la Argentina ante los Estados Unidos, en compañía de su secretario Bartolomé Mitre y Vedia, hijo del presidente Bartolomé Mitre, en Nueva York en el año 1867.
"Bartolito" Mitre ofició como intérprete y traductor del idioma inglés para Sarmiento durante toda su estancia en los Estados Unidos. También tuvo la difícil tarea de comunicarle a Sarmiento el fallecimiento de su hijo, y amigo de toda la vida del emisor, Dominguito, en septiembre de 1866, durante la batalla de Curupaytí, en la guerra del Paraguay.
En marzo de 1980, cuando el ZANU-PF de Robert Mugabe arrasó en las elecciones y quedó claro que él lideraría el pronto independiente Zimbabwe (todavía llamado Rodesia en ese momento), la comunidad blanca quedó atónita. La mayoría esperaba un resultado moderado o una coalición; pocos creían que Mugabe pudiera ganar directamente.
La mañana que llegaron los resultados, el pánico se extendió rápidamente por Harare y los distritos agrícolas: la gente corrió a los bancos para retirar sus ahorros, se formaron largas colas en las gasolineras, aparecieron carteles de "Se vende" en casas y granjas durante la noche y las familias empezaron a hacer las maletas. Miles de personas se marcharon en cuestión de semanas, dirigiéndose principalmente a Sudáfrica o al extranjero, genuinamente temerosos de represalias o políticas marxistas.

En el año 614 a. C., los medos y los babilonios lanzaron una campaña conjunta para derrotar a un gigante en decadencia: el Imperio asirio. Avanzaron hacia el norte a lo largo del Éufrates, decididos a derrocar a un reino que antaño había gobernado el mundo conocido con brutal eficacia.
Pero incluso un león herido aún puede morder.
🛡️ A pesar de estar debilitado, el ejército asirio siguió siendo letal, haciendo pagar caro a sus enemigos cada kilómetro ganado. La batalla fue larga, encarnizada e implacable.
Se necesitaron dos años completos de brutal lucha antes de que, en el año 612 a. C., las fuerzas aliadas llegaran a las puertas de Nínive, la poderosa capital de Asiria. Imaginen ese momento: de pie ante la «capital del mundo», contemplando imponentes zigurats, relucientes palacios y las imponentes murallas de doble capa que habían desafiado a tantos antes. 📜 Según las Crónicas Babilónicas, los medos, bajo el mando de Ciaxares, cruzaron el Tigris, marcharon río arriba y sitiaron Nínive. Desde el mes de Simanu (aproximadamente mayo/junio) hasta Abu (julio/agosto), se libraron tres batallas masivas fuera de las murallas de la ciudad.
Luego vino el asalto final.
🔥 En el mes de Abu, Nínive fue asaltada. Las crónicas relatan una masacre masiva, una gran derrota infligida a los habitantes de la ciudad. Sin-shar-ishkun, el último rey de Asiria, huyó de la ciudad desesperado.
Los conquistadores saquearon Nínive, despojándola de sus tesoros, sus templos y su alma. Tomaron incontables prisioneros. Y luego, la arrasaron.
La que una vez fue la ciudad más grande del mundo quedó reducida a montículos en ruinas y escombros calcinados. (Imagen superior: Puerta Halzi desde el este. Se pueden ver los restos óseos humanos. Créditos: Explicaciones alternativas para las edades anómalas del siglo XIV en esqueletos humanos asociados con la destrucción de Nínive en el 612 a. C., por R. E. Taylor. Imagen inferior: Puerta Adad)
Fuente:
1) Los asirios: Imperio de Hierro en la caída de la civilización


Uno de los eventos más importantes y simbólicos de la historia afrikáner. Fue la batalla decisiva de la Primera Guerra Bóer entre la República Sudafricana (bóers del Transvaal) y el Reino Unido, que resultó en una contundente victoria sobre los británicos.
La derrota conmocionó a Gran Bretaña y demostró la eficacia de los comandos móviles y la puntería de los bóers.
La batalla restauró la independencia bóer y obligó a Gran Bretaña a negociar la Convención de Pretoria (1881), que restauró el autogobierno del Transvaal después de que los británicos lo anexaran en 1877.
Para los afrikaners, Majuba simboliza la resistencia al dominio imperial, la defensa de la independencia y el triunfo de los agricultores ciudadanos sobre un imperio global.
Estas fotos de Majubafees (conmemoración de la fiesta de Majuba) de hace unos días.
Almirante Manuel Domecq Garcia
(01) Robo de niños (Guerra del Paraguay)
(02) El niño Manuel
(03) El hombre Domecq Garcia
(04) Fuentes
(05) Artículos relacionados
Robo de niños (Guerra del Paraguay)
Desde el inicio de la Guerra del Paraguay y las primeras acciones, muchos oficiales aliados robaban prisioneros que eran vendidos como esclavos en brasil o como sirvientes en la argentina. La documentación al respecto no deja dudas. El propio Mitre lo confirma este robo de prisoneros en nota al vicepresidente Marcos Paz en carta del 4 de octubre de 1865, en que le da cuenta de la disminución del número de prisioneros tomados en las acciones de Uruguayana:
“Nuestro lote de prisioneros en Uruguayana fue de poco más de 1.400. Extrañará a usted el número, que debiera ser más; pero por parte de la caballería brasileña hubo tal robo de prisioneros que por lo menos arrebataron 800 o 1.000 de ellos, lo que muestra a usted el desorden de esa tropa, la falta de energía de sus jefes y la corrupción de esa gente, pues los robaron para esclavos, hasta hoy andan robando y comprando prisioneros. El comandante Guimaraes, jefe de una brigada brasileña, me decía el otro día que en las calles de Uruguayana tenía que andar diciendo que no era paraguayo para que no lo robaran” (Carta de Mitre a Marcos Paz - 4 de octubre de 1865 - JMR.La guerra del Paraguay.p.239)

“Novecientas mujeres que cayeron en poder de los brasileños fueron víctimas de la lascivia de la soldadesca…Los brasileños, posesionados de la ciudad, se entregaron al más implacable saqueo y devastación. Ni las legaciones, ni los consulados, ni los sepulcros, ni las iglesias fueron respetados. La tarea destructora siguió varios días. Durante la noche, las casas de fácil combustión, incendiadas después de saqueadas, y grandes fogatas alimentadas por los muebles sin valor y por puertas y ventanas, alumbraban el cortejo de vehículos que transportaban hasta los buques los frutos del saqueo. Las embarcaciones zarparon hacia Buenos Aires y Río de Janeiro repletas de objetos de valor. La escuadra brasileña también se prestó a esa tarea” (Cardozo, Efraín. “Paraguay independiente”.p.245, en Historia de América y de los pueblos americanos, dirigida por Antonio Ballesteros y Beretta. t.XXI. Barcelona 1949)
"Yo contaba entonces nueve años de edad. Centenares de criaturas hambrientas y desparramadas llegaban de la campaña a la capital, tras los peregrinos que regresaban de los desiertos, extraviados por causas múltiples, de nuestras familias o tutores, rastreándolos inútilmente. Y amedrentados por los que robaban niños en la ciudad, los que podíamos escapar a estas persecuciones huíamos de nuevo al interior, vagando hasta encontrar alguna persona piadosa en las poblaciones cercanas, que habían sido abandonadas y empezaban de nuevo a ser pobladas.
"Esta caza de menores había durado de 1869 a 1870, o hasta más tarde. Yo retrocedí hasta el pueblo de Capiatá, amparándome en una señora de la familia de Mongelós, hasta que una única hermana mía regresó de Cerro Corá, y hubo de recogerme consigo en la capital. Mis hermanos varones sucumbieron todos. El hecho que dejo relatado no puede considerarse un caso aislado, porque lo realizaban sistemáticamente, pues los mismos soldados argentinos salían a recorrer las calles, en busca de pequeños errantes, o de los hijos de los mismos vecinos, que habían vuelto a ocupar sus casas, para llevarlos a distribuir después, en son de dádiva, a sus familiares, como trofeos vivientes o como "cautivos". He tenido ocasión de conocer a muchos de esos desgraciados, tanto en la capital federal argentina, como en los pueblos de las provincias, antes y después que permanecí en el ejército de dicho país".

El caso del niño Manuel Domecq García es relevante, pues con el tiempo llegó a ser una personalidad notable y respetadísima en la sociedad argentina. Había nacido en el pueblo de Tobatí el 12 de junio de 1859 y, con apenas seis años, fue arrastrado por la vorágine de la guerra. Su padre, Tomás Domecq, médico militar, perdió la vida en el cerco de Humaitá, en 1868, y su madre, doña Eugenia García Ramos de Domecq, habría fallecido en la batalla de Peribebuy del 12 de agosto de 1869 o a causa de las penurias siguiendo al ejército paraguayo como residenta.
Con las fuerzas aliadas llegaron al país numerosas familias que, hasta entonces, vivían en el exilio, como el caso de la familia Decoud Domecq, conformado por don Juan Francisco Decoud, segundo jefe de la Legión Paraguaya (1), y su esposa, doña Concepción Domecq de Decoud, padres de don José Segundo Decoud Domecq, periodista, convencional de 1870 y ministro de estado , Juan José, Adolfo, Diógenes y Héctor Francisco Decoud Domecq.
Según un informe proporcionado por la propia señora Concepción Domecq de Decoud al doctor Estanislao Zeballos, el niño Manuel Domecq García había sido recogido por soldados de las fuerzas brasileñas de ocupación. "Después del regreso de las familias a la Asunción, cuenta el doctor Zeballos, una noche que en la casa del señor Decoud (Juan Francisco) se celebraba una comida en regocijo de la reunión de la familia, llamaron a la puerta unos brasileños. Salió el joven José Segundo a inquirirse del objeto de la visita, y ellos dijeron que querían hablar con la señora”.
Cuando doña Concepción se presentó, ella con dos de sus hijos, se desarrolló el siguiente diálogo:
- Usted busca un sobrino, señora; nosotros lo tenemos".
- Traiganlo, pues".
- Es necesario que nos pague el servicio"
- Tráiganlo, les daré una libra esterlina (una cifra elevada, en la época)".
A partir de entonces la historia de Manuel Domeq Garcia es un poco mas coocida o facil de rastrear, pero vale la pena hacer una breve reseña sobre la actuación de este hombre notable.
En 1877, de joven, ingresa a la Escuela Naval Argentina fundada en 1873, y que por entonces funcionaba en el buque Almirante Brown, destacándose como alumno y egresando como el primero de su promoción.
Ya egresado participa en varias expediciones de relevamientos hidrográficos en los ríos Paraná, Iguazu y Pilcomayo, que lo convierten en un experimentado conocedor de esos ríos, ingresando en 1886 a la Comisión Argentina de Limites con Brasil, a las órdenes del comandante Valentin Virasoro, efectuando relevamientos de los ríos San Antonio y Pepiry-Guazu.
Posteriormente, este paraguayo nacionalizado argentino, es encargado de variso fuciones relevantes por parte el gobierno argentino.
Es enviado a Europa para contratar la construcción de la fragata Sarmiento, destinada a ser buque escuela de la Armada Argentina. Luego de estudiar las diversas propuestas de astilleros europeos, finalmente, en 1896, se contrató con la firma Laird Brothers, establecida en Birkenhead, Inglaterra. Terminada la construcción de la fragata Sarmiento, Domecq retornó a su país, siendo designado comandante en Jefe de la División del Río de la Plata.
Luego el gobierno del general Julio Argentino Roca lo designa presidente de la omision argentina encargada de la construcción de los cruceros acorazados Moreno y Rivadavia en los astilleros Gio Ansaldo de Genova. Pese la muerte por entonces de su hija mayor, se dedicó de lleno a la fiscalización de la construcción de estos dos buques, los más avanzados de la época en materia naval, además de otros ya entregados a la Armada Argentina: Garibaldi, San Martín, Belgrano y Pueyrredón. (2)
El destino final de aquellos buques no seria la Armada Argentina, por cuanto en 1902 la Argentina firmó con Chile un pacto de desarme y de equiparación del poder naval de ambos países, y los acorazos terminados de construir en 1904 fueron vendidos al Imperio del Japón. Domecq García, como jefe de la Misión Naval en Génova, fue el encargado de entregar los buques a los enviados japoneses, que rebautizaron los acorazados con los nombres de Kasuga y Nisshin. Durante la guerra Ruso-japonesa, el Imperio de Japón invita a la Argentina a que designase un oficial de la Armada como observador de esa guerra. La designación recayó en Manuel Domecq García, quien desde Génova se trasladó hasta el escenario de guerra, permaneciendo en el teatro de la guerra durante dos años, donde embarcado presenció varios combares navales. Retresa a la Argentina en mayo de 1906
El 19 de mayo de 1908, a los cuarenta y nueve años, Manuel Tomás Domecq García recibió las palmas del almirantazgo al ser ascendido a Contralmirante, luego de una larga postergación como capitán de navío, prestando servicios en la Armada en diferentes destinos.
El 17 de diciembre de 1908, el presidente Figueroa Alcorta le designara Presidente de la Comisión Naval en Europa, para estudiar las propuestas y recoger informes de los distintos astilleros que construirían buques para reforzar el poder naval argentino.
Con ese objeto viajó nuevamente a Europa y Estados Unidos, donde encargó la construcción de los dos buques de guerra más grandes del mundo en ese momento y que costaron al país cinco millones de libras esterlinas. Estos dos acorazados fueron nuevamente bautizados con los nombres Moreno y Rivadavia.
Luego de tres años al frente de la misión naval en los EE.UU., Domecq García retornó a la Argentina, siendo designado comandante en jefe de la Escuadra de Mar. Comandó el acorazado Moreno, y ya con el grado de Vicealmirante, comandó el buque insignia argentino, el acorazado Rivadavia.
En 1922, el doctor Marcelo Torcuato de Alvear fue elegido presidente de la República y designa Ministro de Marina al marino más prestigioso del momento: Manuel Domecq García. Desde sus funciones ministeriales, Domecq García fue factor preponderante de la modernización de la Armada Argentina, que vio incrementar su flota, especialmente por la adquisición de submarinos, que se sumaron a la flota argentina, algunos años más tarde.
Tanto el presidente Alvear como el almirante Domecq García alentaron la construcción de submarinos por la Armada Argentina y promovieron el equipamiento de un astillero especial. Ese astillero fue bautizado con el nombre de su principal mentor: "Astillero Ministro Manuel Domecq García", y que actuamente se haya ubicado en la costanera Sur del la Capiltal Federal.
También fue uno de los fundadores, durante su juventud, del Centro Naval argentino. En 1912, fue uno de los propulsores de la creación de la Aeronáutica.
Como Ministro de Marina de la República Argentina, Manuel Domecq García fue el redactor, entre otras cosas, del proyecto de acuerdo con la República del Uruguay para la determinación de la jurisdicción de ambos países. Impulsa la formación de la Marina Mercante argentina de ultramar; la explotación de minerales ferrosos y plumbíferos de la mina Valcheta, entre otras realizaciones.
Siendo Ministro, y por cumplir el límite de edad, se retiró de la actividad naval. Retirado de la actividad pública, los gobiernos que vinieron supieron recurrir a su experiencia. El rey Jorge V de Inglaterra le honró con la condecoración de Caballero del Imperio Británico.
Cuando estalló la guerra que ensangrentó a las Rpúblicas de Paraguay y Bolivia (1932-1935), el almirante Domecq García, tan unido al Paraguay por lazos de sangre y amistad, adhirió a la suerte paraguaya y fue uno de los principales promotores de la ayuda argentina al Paraguay. Fue personalmente fundador de la Asociación Fraternal Pro Cruz Roja Paraguaya, que envió al frente uniformes, frazadas, alimentos, etc. Integra, como asesor especial, la Comisión Argentina que, presidida por el Canciller argentino, Carlos Saavedra Lamas, que logró finalmente el acuerdo de paz entre los beligerantes, firmado en Buenos Aires el 12 de junio de 1935.
En la posguerra, el almirante Domecq García siguió fiel a sus lazos de amistad hacia el Paraguay. Ante el desesperado pedido del general José Félix Estigarribia, prisionero luego del derrocamiento del presidente Eusebio Ayala, acogió en su domicilio a la esposa y a la hija del héroe paraguayo y se ocupó en movilizar a las autoridades de la Argentina y de Brasil, hasta obtener finalmente su libertad.
En 1938, Domecq García fue uno de los propulsores de la candidatura del general Estigarribia a la presidencia de la República del Paraguay, diciéndole, entre otras cosas: "...así como en la guerra pasada se movilizó el pueblo entero del Paraguay para defenderlo, Ud. debe movilizar en su gobierno, si es que llega como lo deseo, a ese mismo pueblo para el trabajo, para que la pala y el pico, en lugar del fusil, sean las armas del progreso".
Manurl Domeq Garcia fallece el 11 de enero de 1951, a los noventa y dos años de edad, dejando al morir al morir, en herencia, una casa hipotecada, un automóvil de veinte años de antigüedad, sus uniformes, sus cartas, sus galardones y el recuerdo y asdmiracion de algunos de sus compatriotas argentinos.
(1) La Legión Paraguaya estaba formada por disidentes paraguayos que participaron en la guerra en contra de Paraguay, sostenidos por los aliados.
(2) Lamientamos que algunos buques hayan sido bautizados con nombres como Sarmieto, Rivadavia o Garibaldi.
- Obras citadas
- Castagnino L. Guerra del Paraguay. La Tripe Alianza contra los paises del Plata
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar
La Gazeta
