martes, 15 de septiembre de 2026

Patagonia: El Teniente Coronel Roa visita la meseta en 1883

Gastre, 1883. El teniente coronel Roa y si visita a la meseta

Focalizado en el valle inferior del Río Chubut, allí desde 1865, se desarrollaba la colonización galesa que a pesar de algunos hechos aislados mantuvo una excelente relación con los pueblos originarios. Es en este marco que a partir de 1882 un oficial del novel Ejército Argentino, el Teniente Coronel Lino Oris de Roa, comienza a prestar servicios en la Gobernación de la Patagonia que fuera creada por la ley N° 954 el 11 de octubre de 1878, un territorio que tuvo como gobernador designado a un allegado y antiguo compañero de armas del presidente Roca, el Gral. Lorenzo Vintter.

La nueva organización de los territorios patagónicos consistía en la división de extensas jurisdicciones denominadas “Territorios Nacionales”, estas inmensas leguas de tierra pronto serían testigos de una corriente demográfica en aumento promovida por la autoridad nacional. Vintter, quien residía mientras duraba su cargo, en una pequeñísima Carmen de Patagones, parte un 16 de julio de 1883, comandando el cuerpo de soldados “7° de Caballería”, grupo al que pertenecía Roa, hacia Puerto Deseado en la actual provincia de Santa Cruz; desde allí, el general, por orden directa del Ministro del Interior Dr. Yrigoyen, ordena al teniente coronel partir junto a un grupo, que no alcanzaba los treinta hombres, a explorar y reconocer la región comprendida entre Puerto Deseado y los ríos Senguer y Chubut y el Océano Atlántico. El 24 de julio la expedición se pone en marcha y hacia el 8 de agosto de 1883 el pequeño grupo alcanza el río Senguer a aproximadamente la mitad de su curso; durante este lapso los soldados consiguen tomar prisioneros a unos treinta y dos “indios de lanza”, como se los denominaba en la jerga del ejército, y además a unas cinco mujeres. Según relatos posteriores, Roa consideró que este grupo de aborígenes pertenecía a las tribus de Inacayal y Foyel, también estimó que algunos otros pertenecían a la gente del jefe mapuche Sayhueque.

Hacia el año 1883 este oficial del Ejército Argentino, fue el primero en dar cuenta de su paso por la zona centro norte chubutense junto a sus soldados, partió de Fortín Alsina, hoy Valcheta, con tres columnas ligeras, su misión consistía en hallar y detener al cacique mapuche Valentín Sayhueque.

Roa y sus hombres transitaron el sur del Río Negro y el norte del Chubut, bajando por Tromeniyeu, luego Maquinchao y posteriormente por Yalalahuat.

El teniente coronel Lino Oris de Roa, más allá de que no pocos historiadores lo recuerdan por haber sido el encargado de destruir la última resistencia mapuche-tehuelche en la Patagonia durante la campaña ordenada por el Congreso de la Nación durante el período roquista, se convirtió así, inconscientemente, en un protagonista histórico allegado al departamento y la localidad de Gastre; en sus relatos, cartas, anotaciones y memorias, dejó en claro que a pesar de servir y obedecer a una institución armada que dejó mucho que desear en cuanto al trato hacia la Patagonia y sus habitantes originarios, no pudo en lo personal, ser indiferente a la belleza natural de cada región y paraje, según sus propios dichos apreció todo cuanto experimentó durante sus campañas en el territorio. En los informes enviados a los organismos nacionales Roa nunca dudó que:

“La parte central de la Patagonia no responde a las ideas que hasta hoy se tienen de ella, no siendo una región llana, semejante a la pampa” sino con “hermosos y abrigados cañadones, ricos en agua y pastos, y de una fertilidad que encanta”. El militar evidenció así, mediante esta apreciación personal, una admiración particular por el valle y la meseta centro-norte del Chubut.

Fragmento libro “Gastre, retrospectiva histórica” de Carlos Adrian Tissera


lunes, 14 de septiembre de 2026

Genghis Khan: La batalla del río Kalka

Mongoles: La batalla del río Kalka








El 31 de mayo de 1223, las tropas mongolas de los generales Subotay Bahadur y Jebe Noyon, vencieron aplastantemente a una coalición de principados rusos en las riveras del río Kalka.

En 1220, los dirigidos por Genghis Khan, destruyeron el Imperio Corasmio, saqueando sus principales ciudades y provocando la muerte de su monarca. A continuación, 20.000 hombres de su ejercito, el equivalente a 2 tumenes, dirigidos por Subotay y Jebe, obtuvieron el permiso de Genghis para realizar una expedición de reconocimiento hacia el oeste, atravesar el territorio iraní y luego hacia el norte, antes de regresar a Mongolia a través de la estepa al norte del Mar Caspio.

En 1221, el dúo atravesó el Caucaso y derrotó a los ejércitos georgianos, devastando el país, para después avanzar más al norte topándose con una coalición de tribus caucásicas antes de derrotar en una gran batalla a los valientes cumanos, cuyo khan buscó refugio en el Rus de Kiev y ahí los convenció para unir fuerzas y luchar contra los mongoles. Los príncipes rus y los cumanos reunieron un ejército de 80.000 hombres bajo el mando conjunto de Mstislav III de Kiev y Mstislav el Audaz de Galitzia. Estas tropas alcanzaron y derrotaron a la retaguardia mongol, momento en el que Jebe y Subotay planificaron una inteligente estrategia.

Fingiendo entrar en pánico después de la derrota de su retaguardia, los mongoles iniciaron una gran cabalgata que duró nueve días, durante los cuales sus perseguidores perdieron la cohesión y quedaron separados en una larga columna. Finalmente, en el noveno día, Subotay y Jebe organizaron una emboscada, cruzando el río Kalka y ocultando sus fuerzas cerca de la orilla opuesta.

Cuando los perseguidores comenzaron a cruzar el río, sin esperar a las tropas que se habían retrasado, los mongoles, que ya habían formado para la batalla, lanzaron sobre sus enemigos una autentica lluvia de flechas. El ataque feroz y repentino de los que creían que estaban en fuga conmocionó a los rusos y cumanos que no tuvieron siquiera tiempo de formar sus tropas.

En la confusión que siguió, varios otros príncipes de Rus fueron derrotados, conforme iban llegando a la batalla, Mstislav el Audaz consiguió escapar y Mstislav de Kiev se vio obligado a retirarse a un campamento fortificado, donde resistiría 3 días. Finalmente se rindió a cambio de la promesa de paso seguro a su territorio, pero los mongoles lo traicionaron, masacraron a sus hombres y lo ejecutaron.

Según la Crónica de Novgorod, del gran ejército ruso enviado a combatir a los mongoles, solo “uno de cada diez hombres regresó a su hogar”. Por primera vez desde el ataque de los hunos a Europa más de siete siglos antes, una fuerza asiática había invadido Europa y aniquilado por completo a un ejército importante.

Después de esta victoria, los mongoles giraron hacia el este y se encontraron con Genghis Khan y el resto del ejército mongol en las estepas al este del río Syr Darya. Genghis mostró gran aprecio por los logros de sus generales y elogió a Jebe y Subotay.

📌 En 1237, Subotay junto con Batu lideraron otro ataque y con 120.000 hombres conquistaron el Rus de Kiev para posteriormente atacar el corazón de Europa.

🎨 Los rusos persiguen confiados a los mongoles sin saber que marchan directo a una trampa.

🎨 El cautivo príncipe Mstislav III es llevado ante los generales Subotay y Jebe, mientras sus tropas celebran su victoria.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Post-guerra: Expulsión de población alemana de Europa del Este

Expulsión de población alemana de Europa del Este



Si tú, como alemán, estás hablando con una mujer francesa y de repente te das cuenta de que ella ni siquiera ha oído hablar de la mayor limpieza étnica que jamás haya ocurrido en Europa —la expulsión de unos 14 millones de alemanes—, entonces te preguntas qué es lo que realmente enseñan en las clases de historia en otros países.





La mayoría de los alemanes „expulsados": 1) murieron durante la guerra, 2) huyeron ante el avance del Ejército Rojo y nunca regresaron, 3) abandonaron voluntariamente Europa del Este porque no querían vivir en estados extranjeros comunistas. El número de personas que fueron realmente desplazadas fue MUCHO menor.

viernes, 11 de septiembre de 2026

Revolución Francesa: El insoportable impuesto a la luz del sol

Cuando el Estado decidió gravar la luz del sol


Imagina un impuesto tan absurdo y tan voraz que te obliga a vivir en la oscuridad.

Ese es exactamente el logro que consiguió el Estado francés en 1798. Inventa entonces una de las peores aberraciones de nuestra historia: el impuesto sobre puertas y ventanas.

Al final de la Revolución, el Directorio está exhausto. El poder central necesita liquidez para sobrevivir.



No se atreve a restablecer los impuestos directos del Antiguo Régimen que pusieron fuego al país.

La burocracia da a luz entonces a un concepto temible. Decide gravar a los ciudadanos en función del número de aberturas en las fachadas de sus casas.

Sobre el papel, la administración encuentra la idea brillante. Un rico posee una mansión con muchas ventanas, un campesino solo tiene una choza.

El Estado piensa haber inventado el impuesto perfectamente justo, fácil de calcular desde la calle sin tener que registrar los hogares.

Pero el mecanismo destructivo de la fiscalidad siempre termina cayendo sobre los más débiles.

Para escapar de este atraco, la reacción del pueblo es inmediata y racional. Se adapta destruyendo.

De la noche a la mañana, los propietarios comienzan a tapiar masivamente sus propias ventanas.

Se condenan las ventilaciones, se obstruyen los tragaluces, se eliminan las entradas de luz. Los edificios se transforman en cajas oscuras para bajar la factura.

Las consecuencias sanitarias serán catastróficas.

Para garantizar sus ingresos fiscales, el Estado privatiza literalmente y grava el aire fresco y la luz del sol.

Durante más de un siglo, este impuesto obligará a millones de franceses, particularmente a los más pobres, a amontonarse en viviendas fétidas, húmedas y privadas de toda ventilación.

Los médicos higienistas gritarán al escándalo. Denunciarán una correlación directa con la explosión fulminante de la tuberculosis y el raquitismo en las ciudades.

Nada lo impide, la burocracia hará oídos sordos. El cinismo es absoluto.

En lugar de suprimir un impuesto que mata a su propia población, el Estado se aferra a él. Este impuesto mortífero durará 128 años y solo será definitivamente abolido en 1926.

El impuesto sobre puertas y ventanas es la prueba histórica definitiva de una regla inmutable.

Un gobierno siempre preferirá sacrificar tu salud, tu comodidad y el aire que respiras antes que renunciar a una fuente de ingresos.

martes, 8 de septiembre de 2026

SGM: El fin de un invasor nazi

El fin de un defensor




Capitán del Ejército de EE. UU. Earl Topley mirando a un soldado alemán que había matado a tres de sus hombres antes de su propia muerte, Cherburgo, Francia, 27 de junio de 1944