sábado, 2 de mayo de 2026

Evolución de la arquitectura naval: Cascos clásicos y cascos modernos

Cascos clásicos y cascos modernos

Revista Guardacosta

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N° 13  Año 1967  Autor: Juan A. Baader

En sus orígenes, el casco del yacht a vela fue de construcción pesada, y no empleaba lastre. Pasó luego por todas las variantes con mayor o menor proporción de lastre, la que en casos extremos llegó a ser hasta el 72 por ciento de su peso. En su evolución futura posiblemente se llegará a cascos muy livianos, nuevamente sin lastre.

Velocidad y seguridad están empeñadas en eterna controversia. La velocidad del yacht a vela está limitada por el tamaño y el peso de su casco por una parte, y por las singulares condiciones del viento por la otra. Navegando en popa, cuanto mayor sea la velocidad en potencia del yacht, menor será la posibilidad de su propulsión por el viento, por cuanto éste sólo subsiste como diferencia entre la velocidad del viento real, y la velocidad del barco. También en ceñida, un yacht de elevada velocidad tropieza con la característica de su singular tipo de propulsión. De manera que cuanto más veloz el yacht puede navegar, tanto menos ceñido a la dirección real del viento podrá avanzar, pues su velocidad reduce el ángulo de incidencia del viento aparente.

¿ Es realmente importante la velocidad absoluta? Evidentemente no lo es, si se considera la regata entre embarcaciones iguales. Pero si no existiera el afán de perfeccionamientos, la navegación a vela hubiera quedado estancada en su situación de siglos anteriores. La velocidad no constituye una finalidad en sí, pero proporciona una fructífera iluminación del camino hacia el progreso.



La velocidad no es más que un argumento secundario para navegar a vela. Buque, lancha a motor, automóvil y avión son notablemente superiores en velocidad. El navegante solitario que circunnavegó la tierra en el tiempo menor, empleó poco más de un año para realizar su extraordinaria hazaña. Seguramente hubiera deseado terminarla en tiempo menor aún, pero nunca a costa de una seguridad inferior. Si en regatas normalmente se emplean dos horas para cumplir el recorrido, no puede considerarse importante su realización en 1 hora 50 minutos. Si esto fuese importante, un efecto similar podría lograrse también acortando el recorrido. El afán de obtener una mayor velocidad se justificaba en los veleros mercantes por razones del negocio del transporte de mercaderías. La enorme difusión alcanzada por la afición a la lenta y a veces sacrificada navegación deportiva a vela, constituye una encantadora demostración del bienestar logrado por el mundo progresista actual.

Cada casco posee su velocidad, su comodidad y su seguridad. El tamaño influye en los tres factores, pero el costo limita deseos y posibilidades. Estudiando el comportamiento de cada tipo de casco, sus aptitudes y sus limitaciones, se podrá advertir la tendencia hacia el casco del futuro. Este sin duda será más liviano, y en consecuencia mayor en tamaño para igual superficie vélica, resultando a la vez más veloz, más cómodo y más seguro.

En principio se distinguen dos tipos de cascos; el yacht de quilla cuya parte esencial de estabilidad y seguridad provienen del empleo de lastre, y el yacht liviano a orza, exento de lastre, cuya estabilidad y seguridad dependen de su manga y del efecto estabilizante de su tripulación. La medida de una estabilidad es de definición complicada y poco accesible. Por ello, en los yachts de quilla se acostumbra establecer en su reemplazo una proporción entre el peso de lastre y el desplazamiento del yacht completamente equipado, pero sin tripulantes. Como ejemplo se citan dos casos típicos y progresivos, realizados por el destacado arquitecto naval John Alden y que abarca una época que puede llamarse de los grandes schooners:

Año 1921: MALABAR I 24 % lastre interior 9 % lastre exterior .. total 33 %

Año 1930: MALABAR X 14 % lastre interior 30 % lastre exterior .. total 44 %

Alrededor del año 1930 se impuso el temperamento de colocar la totalidad del lastre en forma exterior también en estos yachts de crucero, siguiendo el ejemplo de los yachts de regata que lo habían adoptado ya mucho tiempo antes. En la actualidad suele emplearse una proporción entre peso total del lastre y desplazamiento conforme a la siguiente escala:

Yacht de crucero con amplia manga..... 28 % a 35 %

Yacht para regata oceánica .............. 30 % a 45 %

Yacht de clase para regata triángulo..... 50 % a 55 %

Clase de fórmula internacional .......... 60 % a 65 %

A medida que se logra reducir el peso intrínseco de la parte estructural del yacht, podrá aumentarse el peso de su lastre. Esto es aplicable más bien al yacht de regata. Para yachts de crucero gana terreno la convicción de que el casco de bien proporcionada manga y de peso moderado es más marino que el casco esencialmente pesado. Es posible concebir un yacht cuyo lastre importe más del 75 % de su peso, pero esta condición no parece constituir una meta deseable. Es probable que la tendencia continúe a la inversa, con proporciones de lastre inferiores al 35 % de su peso total. La tendencia hacia la reducción del peso puede considerarse saludable y promisoria, siempre a condición de que se respeten y cumplan adecuadas exigencias de seguridad.

La proporción citada entre lastre y desplazamiento sufre a menudo los efectos de una aplicación superficial. Un yacht de la clase DRAGÓN, por ejemplo, puede presentar el siguiente cuadro:

Peso del casco solo ..... 650 kg

Peso del lastre ........ 1000 kg'

Peso del casco con lastre 1650 kg, lastre = 60 %

Peso con arboladura y accesorios .. 1710 kg, lastre = 58 %

Peso en regata con 3 tripulantes . .. 1940 kg, lastre = 52 %

Se comprueba que el factor del lastre oscila entre el 60 % y el 52 % según el método de considerarlo. Una variación mayor suele ocurrir en los cruceros de mar, debido a que el peso adicional para largas travesías es de considerable influencia, aumentando el desplazamiento en una proporción generalmente mucho mayor de lo previsto. Si en uno de estos casos el lastre del diseño fuera del 35 %, podrá resultar que finalmente quedara un valor del 30 %, del 28 % o aún menor.

Un segundo grupo, el más numeroso, comprende a las embarcaciones exentas de lastre y cuya resistencia lateral depende casi totalmente del empleo de una orza. Estas embarcaciones han encontrado una difusión jamás imaginada. Una sola clase de este tipo, llamada SNIPE, comprende más de 12.000 unidades, todas construidas sobre un mismo diseño. Forma así la clase monotipo más numerosa del mundo. Existen diversas clases más cuyo número de unidades se cuenta por varios miles. Es cierto que son volcables, pero la pericia de su tripulación alcanza casi siempre a evitar el vuelco.

Estas embarcaciones son generalmente de diseño sencillo y económico, no pocas de ellas accesibles a la construcción por aficionados. Son veloces, sumamente dóciles y sorprendentemente marinas dentro de un área limitada de actuación. Ejercen además poderosa atracción sobre la juventud, pues incluyen algo de atletismo, como también el riesgo de un vuelco que generalmente resulta sin consecuencias desagradables. En inglés se las llama "dinghy", en alemán "jolle". A falta de una expresión genérica en castellano, se las distinguirá en este trabajo con el nombre de "yola", extensión del término aceptado de "yola olímpica". Su definición es: embarcación a orza, exenta de lastre.





La orza no pertenece a la yola exclusivamente. Todo yacht de quilla podría poseer además una orza, y ésta le será tanto más provechosa en ceñida cuanto más limitado sea su calado. Los cascos de calado reducido, dotados de una quilla de lastre de peso moderado y equipados con una orza relativamente grande, suelen llamarse semiquilla.

Fuera de lo normal existen los llamados cascos dobles, para los cuales se popularizó el nombre de "catamarán". Una variante del casco doble, difundida en España y llamada patín a vela, se distingue por el singular hecho de gobernarse sin empleo de un timón, respondiendo a la sola posición de las velas y a la ubicación de sus tripulantes.

Otra variante del casco normal está representada por el casco de dos quillas. Estas se colocan paralelamente y fuera del centro del casco, una a cada banda cerca del pantoque. En caso de quedarse varado un yacht de quilla doble, éste permanecerá adrizado y firmemente apoyado sin depender de un apuntalamiento. Sus condiciones de navegación resultan ligeramente inferiores a las del yacht normal.

En las páginas siguientes se reproducen esquemáticamente las variantes de tres tipos fundamentales de cascos, es decir, cascos de mar, cascos de quilla para regata y paseo, y finalmente yolas y cascos con orza.

Todos estos cascos pueden poseer secciones con pantoque anguloso llamadas "en V", o secciones curvas llamadas redondas o "en U". Se considera que la construcción de un casco de tamaño menor con secciones "en V" es más accesible al aficionado que la construcción de un casco de secciones redondas. Por este motivo, las clases de mayor difusión mundial poseen sin excepción cascos en V. Sobre sus pequeñas ventajas o desventajas aún no existe un criterio de aceptación general. Toda forma angulosa debe poseer necesariamente una superficie mojada mayor, perjudicial para la velocidad. En cambio, un pantoque agudo ha de contribuir, aunque en pequeña proporción, a reducir la deriva, además navegando escorado su pantoque afilado puede resultar decisivamente ventajoso.

Para la navegación en el mar, la preferencia general favorece el casco de secciones redondas. No obstante, algunos yachts con secciones en V han demostrado condiciones marinas muy satisfactorias, al punto que el único yacht que circunnavegó el mundo dos veces con tripulante solitario, era de construcción en Y.

Todas las formas, todos los tipos de cascos poseen determinadas cualidades inherentes. Aunque resulten dispares en sus principios, todos parecen ir evolucionando hacia el casco más liviano. Esta tendencia puede ser interferida y retrasada por algún sistema de compensación, pero no por mucho tiempo. La técnica avanza inexorablemente desplazando lo bueno de hoy por lo superior de mañana.

Cascos para la navegación en el mar


Los seis diferentes perfiles y sus secciones maestras, contando desde arriba hacia abajo, representan los siguientes barcos:




DOBLE PROA: velero salvavidas de las costas noruegas, diseño de Colín Archer. Su popa termina en punta similar a la proa. Posee sobresalientes cualidades marinas. Su pequeño quillote deja advertir una construcción pesada y el empleo de lastre interno.

POPA CORTADA: el empleo de un espejo de popa proporciona mayor espacio en cubierta sin disminuir las cualidades marinas. Muchos yachts de este tipo, caracterizado por su timón exterior y su perfil de quilla alargado, han realizado notables travesías oceánicas.

CASCO UTILITARIO: la proa vertical y la quilla larga y recta dejan advertir el origen del JOLIE BRISE como barco para prácticos de puerto. La ausencia de quillote indica el empleo de lastre interno. La popa afinada le da un aspecto de yacht.

PROA DE VIOLIN: quilla larga, lastre externo, proa de violín o clipper, y popa cola de pato caracterizan este perfil. Reúne excelentes cualidades, y su moderado calado y abundante manga evocan un aspecto romántico de la navegación de mar, que podría quedar completado con un aparejo que incluyera velas cuadradas.

CRUCERO MODERNO: se observan las formas típicas del yacht para regata oceánica. Posee un perfil lateral acortado, abundante lastre externo, amplio francobordo y adecuada manga. Es ceñidor por excelencia, logra notable avance hacia barvolento en rápidas borde-jeadas, pero posee menor estabilidad de ruta que los cascos anteriores.

CRUCERO DE MAR VELOZ: este perfil aún más recortado que el anterior representa el tipo más veloz de "ocean racer". La popa más lanzada ofrece una buena base para las jarcias del palo mesana en caso de emplearse el aparejo de yawl o queche.

Cuanto más alargado sea el plano lateral, mayor será la estabilidad de ruta como también la capacidad de mantenerse a la capa en condiciones de mal tiempo. Su mayor resistencia de fricción hace que este tipo de yacht sea menos veloz.


Cascos de quilla para regata y paseo


Los perfiles de esta serie se distinguen por su plano lateral más concentrado, conforme al carácter del yacht para regata y paseo.

CLASE "DRAGÓN": esta clase, de gran difusión internacional, representa un diseño normal carente de condiciones y formas extremas. Posee excelentes cualidades para regata, sin que se lo pueda considerar muy moderno. Su diseño data del año 1925.

CLASES INTERNACIONALES: los yachts construidos por las fórmulas de la International Yacht Racing Union se distinguen por su desplazamiento relativamente elevado, su perfil profundo y recortado, sus lanzamientos mayores, y su gran proporción de lastre de plomo en relación al desplazamiento.

CRUCERO "SKERRY": el nombre de skerry corresponde a un conjunto de islas situadas en las costas de Suecia, donde se originó este excelente tipo de yacht de quilla para regata. Sus pronunciados lanzamientos, unidos a su reducida manga y un perfil lateral muy concentrado constituyen el ejemplo más hermoso de un yacht de gran velocidad y moderna concepción.

CLASE "STAR": de los diversos cascos tratados el presente es el primero que posee quilla de bulbo, destacándose además su casco en V y el timón separado, adosado a un alerón. Diseñado en 1911, ha aumentado constantemente en difusión mundial. Concentra en sus competencias a los más destacados timoneles de regata del mundo, pero no es un yacht esencialmente veloz.

PEQUEÑO CRUCERO LIVIANO: posee quilla de aleta y timón separado, logrando con ello una gran sensibilidad al gobierno. Este tipo es de construcción económica, y suele llevar un velamen de superficie reducida. Su calado moderado se aprecia especialmente en navegación de crucero.

PERFIL EXTRA CORTO: un plano lateral extremadamente concentrado que acaso pueda constituir el perfil del futuro. Su timón se halla muy separado y es del tipo compensado, sin uso de alerón, lo que proporciona mínima resistencia de fricción y gran docilidad al gobierno. El casco tiene secciones en V con el fin de facilitar su construcción en madera terciada.

Cuanto más corto sea el plano lateral, más celoso será el yacht a la acción del timón. Se reduce la posibilidad de mantenerse a la capa, pero en cambio aumenta la velocidad, debido a lo reducido de la superficie mojada.

 

El empleo de la orza

La yola posee excelentes condiciones de ceñida, pero su estabilidad inherente es escasa. En cascos de quilla, en cambio, una orza adicional tendrá un efecto ventajoso para ceñir, tanto más notable cuanto más reducido fuera el calado de la quilla.

CLASE INTERNACIONAL 5-0-5: representa el tipo más moderno de yola altamente veloz. Debido a su construcción sumamente liviana, posee un peso muy reducido, lo cual la predispone a planear fácilmente. La orza angosta y profunda es eficiente y produce sólo una moderada resistencia de fricción.

YOLA CON CABINA: estos cascos voluminosos y de amplia manga carecen de lastre estabilizante. En consecuencia son volcables, como toda yola. Sin em-, bargo, gozan de prestigio creciente en países europeos debido a su velocidad, comodidad y económica construcción, encontrando también aceptación en Brasil.

BALLENERA: el principio de la ballenera a vela implica una popa afinada, un calado reducido y una proporción moderada de lastre, la que en este caso sólo llega al 15 %. Una orza relativamente grande le proporciona adecuadas aptitudes de ceñida. El velamen suele ser de moderada superficie y reducida altura.

SEMIQUILLA: en aguas de escasa profundidad encuentra su aceptación este tipo de casco, caracterizado por su moderado calado y su estabilidad que lo hacen involcable. Su orza adicional le proporciona buenas cualidades de ceñida.

CRUCERO DE MAR CON ORZA: en los últimos años estos cascos de amplia manga y gran orza adicional ganaron muchos adeptos. El interés fue despertado en parte por la exitosa actuación de uno de ellos, el FINISTERRE. Los resultados de su actuación en regatas oceánicas dependen en parte del sistema de clasificación reinante, el que en la actualidad favorece a este tipo de yacht.

YACHT DE REGATA CON ORZA: los grandes yachts de la clase "J", de casi 40 m de eslora total, también empleaban orzas, como por ejemplo el RAINBOW de 1934, o aún dos orzas, como el ENTERPRISE de 1930.

Todas las orzas se dibujaron en su posición completamente arriada, correspondiente a la ceñida. La posición de la orza puede compensar un desequibrio vélico del casco, haciéndolo más eficiente.

viernes, 1 de mayo de 2026

Guerra del Chaco: El fusil mataparaguayos

Lo que usted tiene que saber de los fusiles “Mataparaguayos”




Foto: fusiles máuser “mataparaguayo” (español) y fusil máuser belga, notar la diferencia en su longitud (lámina del colega Ing. Rafael Mariotti)

 

Ayer hemos visto un posteo que tenía por objetivo demostrar que las deficiencias de los fusiles llamados “mataparaguayos” era un hándicap en contra de nuestro país en este guerra y que no era el armamento adecuado para nuestros soldados, las frases: “El fusil es el pan del soldado” ó “¿Ahora entienden porque el soldado paraguayo, lo primero que buscaba era un fusil del enemigo caído?.” quieren dar a entender que con las deficiencias señaladas esos fusiles fueron así introducidos a la guerra de la mano de todos los soldados paraguayos que no estaban confiados en su armamento. El broche de oro del posteo es una acusación contra los gobernantes del momento por su irresponsabilidad en no verificar la calidad del armamento.
Es menester entonces que usted, amigo forista, se informe de todas las circunstancias de este armamento ya que si lo hace sólo en función al posteo citado usted querrá –por supuesto- quemar la foto de Eusebio Ayala, Eligio, José P. y toda la pléyade metilena del momento.
Empezamos.

La compra

Al Dr. Eusebio Ayala, ministro del Paraguay en Washington, le piden de urgencia –el 18 de agosto de 1925- que se encargue de la compra de fusiles en Europa para proveer de armamento a los planes del Gral. Schenoni y para tal menester viaja al viejo mundo. En España firma un contrato de fabricación de fusiles y carabinas maúser ya pre aprobado por el gobierno nacional con la madre patria ya que de los tres países que fabricaban el modelo máuser deseado, España, Bélgica y Suiza, el primero fue el único que se prestó a la fabricación inmediata del armamento, los otros dos se habían negado habida cuenta el cúmulo impresionante de pedidos por varios años que tenía. Alemania, país del creador del modelo, estaba afectado por una interdicción del Tratado de Versalles y no fabricaba armas. Francia, Inglaterra y Austria fabricaban otro modelo de fusil.
En los mismos días que España había entregado un pedido a Brasil de 50.000 fusiles máuser, el Paraguay concretaba la compra de unos 10.000 fusiles y carabinas en Marzo de 1926, un año antes de lo de Rojas Silva en Sorpresa.

Los primeros inconvenientes

De entrada no más se tuvo el primer inconveniente. La Fábrica española de Toledo no fabricaba fusiles del 7,65 mm del pedido paraguayo, los hacía de 7 mm y la adaptación de la maquinaria española al calibre pedido le costó al país unos 100 mil pesos oro adicionales.
El segundo inconveniente resultaba del acero usado en la fabricación del tubo cañón ya que los españoles solo utilizaban el acero de Trubia, con cromo y niquel pero sin tugsteno y ello suponía una diferencia en la calidad si se compara con fusiles que usaban una aleación más cara (cromo-niquel, vanadio y tungsteno). El asunto era simple, el único país que nos podía fabricar fusiles y entregarlos en un plazo razonable no tenía minas de tungsteno, había que traerlo de Rusia o China antes que los bolivianos se metieran ya en territorio ocupado por el Paraguay. Y así, los mismos mausers que dotaban a los soldados españoles y brasileños fueron fabricados para los paraguayos que así tendrían fusiles –sin tungsteno- pero no garrotes. En total 8.463 fusiles y 1.900 carabinas (mas cortas) y todo por 300 mil dólares de la época. Se debe decir que los gobernantes paraguayos eran conscientes de la ausencia del tungsteno en el tubo cañón de estos fusiles y no es que hayan sido sorprendidos en su buena o mala fé, sencillamente aceptaron ese fusil con esa condición habida cuenta la delicada situación en el Chaco.
El contrato establecía que el 100% de los fusiles debían ser entregados a los 10 meses, el 5 de febrero de 1927.
Por razones internas de España (remoción de personal militar de la fábrica y breve cierre de la misma) los fusiles empezaron a llegar unos meses después del caso de Rojas Silva (Feb. 1927) en partidas fraccionadas hasta completar el pedido.

Las pruebas

Las primeras pruebas mostraron deficiencias en varios de los fusiles testeados que dieron rienda suelta a la crítica de la oposición al gobierno liberal quienes denunciaron que los fusiles “explotaban” dañando al soldado de allí lo de “mataparaguayo”.
Hecha la reclamación a España, dicho país pidió –no sin extrañeza- que se le envíen los fusiles dañados sobre todo los que tenían el tubo estallado en su extremo y de su revisión los españoles solicitaron se les enviase los proyectiles que estaban siendo usados en Paraguay y cumplido el pedido dictaminaron que se trataba de la munición la que no contaba con sustancias estabilizantes lo que producía más de 4.500 atmósferas de presión en la recámara. Los españoles advirtieron que si bien en el contrato establecía que sus fusiles aguantarían hasta 4.500 atmósferas ello sería con pólvora impulsiva y no con explosiva como la usada en las pruebas paraguayas. Esto fue corroborado por el propio José Bozzano que viajó a España a tomar conocimiento del descubrimiento de los españoles y les dio la razón al final de todo.
Las soluciones a estos problemas.
Este problema de los tubos cañones explotados en sus extremos se solucionó de inmediato con una nueva partida de munición comprada en Europa la que ya no provocó más explosiones de ese tipo.
Otros defectos se notaron en las armas respecto del calibrado, acabado y de algunos mecanismos del cerrojo los que fueron solucionados con la decisión de comprar en Argentina hasta 2.500 tubos cañones de otro origen (quizás belga o suizos) del mismo calibre 7,65 mm (usados por el Ejército argentino) y que directamente fueron instalados en el fusil desechándose los tubos cañones españoles que presentaban esas fallas. Vemos así que esta fue una solución distinta a la anterior porque el problema era distinto.

Mas fusiles

Quedaban por ver los 7.863 restantes que mostraban los mismos síntomas pero podían ser y fueron maquinados y/o tratados en el arsenal de Sajonia.
Son los días en que una nueva partida de 7.000 flamantes fusiles máuser, esta vez ya fabricados en Bélgica con tugsteno, llegan al Paraguay en 1930, y ya habían pasado 4 años desde la fecha de la firma del contrato con los españoles y en todo ese tiempo el arsenal de Sajonia fue solucionando uno por uno los problemas menores de aquel saldo de fusiles españoles que seguían manteniendo el tubo cañón original de Toledo y así, pasamos a contar con unos 17.363 fusiles aptos que eran los 7.000 nuevos de Bélgica, los 8.463 fusiles españoles (menos los explotados) y las 1.900 carabinas españolas y así y dado que los primeros contingentes que llegaron al Chaco para Boquerón más los allí estacionados no pasaron los 12.500 soldados, una parte de ellos fue dotado con los fusiles “mataparaguayos” y la otra con todos los 7.000 belgas, ¿Por qué razón nos quedaríamos con los 7.000 mausers belgas con tugsteno en Asunción? Y esto nos dice que si no contamos la película como debe ser sacamos conclusiones apresuradas y además erradas como la del posteo que estamos contestando.
Las batallas ganadas con los fusiles “mataparaguayos”.
Cuando las acusaciones tienen el trasero al aire como es el caso del posteo que contestamos todo se ve a simple vista aunque quisiéramos taparnos la vista con las manos por el pudor. Con los fusiles mataparaguayos –ahora con sus deficiencias mecánicas solucionadas y en condiciones normales de uso- que ingresan a la guerra en Boquerón más el saldo que quedó en Asunción y que fueron entregados a los siguientes regimientos que se creaban, los paraguayos –después de Boquerón- enfrentamos la persecución a los bolivianos hasta Km.7, soportamos la contraofensiva boliviana de todo 1933 triunfando en Fernández tres veces, Toledo, Arce, Nanawa dos veces, Gondra y luego pasamos a la ofensiva con sendos triunfos en Pampa Grande y Pozo Favorito hasta llegar al “triunfo de triunfos” al más grande cachetazo que le dimos al Ejército Boliviano, CAMPO VIA, donde capturamos a 7.500 bolivianos combatiendo con los 10.363 fusiles mataparaguayos (menos los explotados) más los 7.000 fusiles belgas y otros más que veremos. Y es allí recién, en Campo Vía, que con la captura de unos 8.000 fusiles checos bolivianos, los máuser VZ 24 tan buenos como los belgas, que pasamos a cambiarlos masivamente en lugar de los “mataparaguayos” y no porque éstos hayan seguido presentando problemas sino que sencillamente eran menos maniobrables en el monte por ser más largos, al menos los fusiles españoles ya que las carabinas, también españolas, no eran cambiadas por sus usuarios, eran cortas y maniobrables y así los largos fusiles mataparaguayos volvían a la retaguardia para de nuevo ser entregados a las nuevas unidades que se presentaban para combatir y así fue un bendito “círculo vicioso” hasta que todos los soldados paraguayos en el frente tenían o mausers belgas, o mausers alemanes o mausers checos VZ24 en su totalidad, recalando los largos mausers españoles en manos de los ayudantes de choferes, enfermeros o custodios de algún fortín en la retaguardia o sobre el río.

Los fastidiosos números

Veamos los números de fusiles paraguayos máuser “normales” en la pre guerra e inicio de ella
Existencia de fusiles máuser 7,65 mm a 1923: unos 3.000.
Compra de 1930: 7.000 mauser belgas.
Compra de 1932: 5.000 mauser alemanes. Fueron recibidos en diciembre de 1932 (procedencia alemana) y dotados a los regimientos “Mcal. López”, “Yatyty Corá”, “Pitiantuta”, “Cap. Bado” y otros.
Son 15.000 fusiles máuser sin inconvenientes en su acero que comparados con los 10.363 mauser españoles sin tugsteno supone que de casi cada 3 fusiles paraguayos en el frente uno era “mataparaguayo” y de esto nadie quiere hablar porque se jode el invento.
Y aquí metemos la última deficiencia comprobada que –ex profeso- no cité más arriba y la dejé para ahora y es el sobrecalentamiento que –por falta de tungsteno- habrían sufrído esos fusiles “mataparaguayos” por uso excesivo. Pues bien, aquí debemos decir que no parece que ello haya incidido en los resultados cosechados más arriba pero con independencia de ello, y para quien no le dé importancia a los resultados porque tiene el asunto metido en el caracú, sin embargo no podrán hacer la vista gorda al hecho que a partir del tercer mes de la contienda ya había mucho más fusiles “fríos” (con tugsteno) que “recalentados” (sin tugsteno) y al promediar ella, los “recalentados” fueron a parar todos a la retaguardia. Vale decir, para quien no conoce el asunto al dedillo, que la segunda mitad de la guerra y en toda la ofensiva paraguaya a partir de enero de 1934 que nos llevó al patio trasero boliviano se hizo todo con fusiles que no eran “mataparaguayos”. Resumimos: en la primera mitad de la guerra con "mataparaguayos" nos fue bien, y en la segunda mitad sin "mataparaguayos" tambien nos fué bien.
Pero como buenos paraguayos que somos lloramos y lloraremos por los 10 mil fusiles “mataparaguayos” que no daban confianza a nuestros soldados y porque no tenían “su pan” como dice el posteo que contestamos. Es de nuestra naturaleza el lamentarnos por nuestras desgracias.
En demostración que esos fusiles funcionaban, en la pos guerra, los mismos férreos críticos de esos fusiles los vendieron a los republicanos españoles, quemes siguieron usándolos en la guerra civil de España.

Conclusión

Una cosa es denunciar las deficiencias de estos fusiles “mataparaguayos” en la pre guerra -las que existieron y no se niegan- y otra cosa es pretender “meter el perro” de que con esas deficiencias nuestros soldados entraron en la guerra cuando que ya es vox-populi que aquellos fusiles “mataparaguayos” estaban operativos en Boquerón y con ellos arrancamos esta guerra junto con muchos otros fusiles y mejores, cosechando victorias.
Para alguna gente es de suyo hacer lo que deba hacer en defensa de glorias pasadas, allá ellos. Cada quien elige la manera que quiere que se le vea, ora interesante, ora lastimera, de allí que dudé en elegir una foto para acompañar este artículo y la duda estaba en poner la foto de un máuser “mataparaguayo” -como sería de rigor- o la foto de una caja de pañuelos “Kleenex” para consuelo de quien quiera seguir llorando por este asunto con el único ánimo de tirar porquería a un gobierno de incorregibles oligarcas encopetudos que les tocó en suerte gobernar el país en una guerra victoriosa.
Y bueno, ganaron las ganas de hacer las cosas en serio para que el forista lector se forme su propia opinión y, en consecuencia, queme o no las fotos de aquellos ricachones de levita y sombreros de copa.
Buenos Días.

Fuente: LA DEFENSA DEL CHACO – Verdades y Mentiras de una victoria – Angel F. Ríos – 1989 – Asunción - El Gráfico SRL.

jueves, 30 de abril de 2026

España Colonial: La heroica Cartagena

Cartagena, la heroica 


REVISTA GUARDACOSTA

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor: Gabriel Porras Troconis



El 20 de enero de 1533 echó el madrileño Pedro do Heredia, en la amplia bahía denominada Cartagena por el experimentado marino y cartógrafo Juan de la Cosa, los fundamentos de la ciudad que después habría de tomar ese nombro. La fundación la narra Juan de Castellanos y la confirma Gonzalo Fernández do Oviedo cuando dice: "Primero de junio de aquel año de mil ó quinientos treinta y tres años, nombró el gobernador por primeros alcaldes ó regidores para el pueblo de Calamar, donde hizo su asiento, é mandó que se llamase la ciudad de Cartagena". En efecto, Castellanos, en el relato que hace de la fundación, reconoce que en ese momento no se dio a la nueva población nombre alguno, sino que lo adquirió más tarde. En el primer Congreso Hispano Americano de Historia reunido en Cartagena a fines de diciembre de 1933, después de cinco sesiones dedicadas a dilucidar cuidadosamente la fecha de la fundación, la opinión de los congresistas unificada aceptó como indiscutible, la dicha fecha del 20 de enero. El propio Oviedo en el capítulo VII de la obra ya citada, enfáticamente reconoce que "Calamar es Cartagena". Pueden releerse los relatos citados.

Fundada la población española y denominada Cartagena como lo dice Oviedo, inicia el reconocimiento del territorio, conforme a las capitulaciones por él firmadas, le correspondía, y halla que en él hay oro en tanta abundancia, que pudo decirse con fundamento: "Pobre el Perú si se descubre el Sinú". Con la riqueza, el desarrollo de la población aumentó con rapidez inusitada, llegaron de la Península las primeras mujeres españolas y el modesto caserío fue cobrando contornos de auténtica urbe civilizada.

No descuidaban los reyes las necesidades espirituales de sus subditos ultramarinos y así un año después, en 1534, la corte de Madrid solicitó y obtuvo del papa Clemente VII, por mediación de su embajador ante la' Santa Sede, el marqués de Dosfuentes, la erección del obispado y el nombramiento de fray Tomás de Toro, como primer obispo. Fue éste protector constante y misericordioso de los indios "varón no menos santo que letrado", al decir de Castellanos; pero no tuvo la dicha de poder erigir su catedral.  Una modesta construcción pajiza, al estilo de los bohíos indígenas, sirvió para la celebración de los oficios divinos y las festividades de San Sebastián. Un incendio que arrasó con la mayor parte del poblado consumió aquel primer esfuerzo de la religiosidad de los habitantes de Cartagena, el año de 1552.

Los conquistadores y colonizadores españoles tenían en mucho los títulos y dignidades para sus personas, como para sus familias y las poblaciones por ellos fundadas. Los cartageneros no fueron excepción de aquella regla general, sino que la siguieron y acataron. Por eso algunos vecinos no descuidaron estas, al parecer, minucias, que en verdad no lo eran en aquella época caballeresca y batalladora. Insistentes fueron sus solicitudes ante Felipe II, quien al cabo concedió a Cartagena títulos de ciudad, escudo de armas y calidad de nobleza y lealtad, por reales cédulas de 1574 y 1575. El escudo debía ostentar, en campo de oro una cruz natural, con dos leones levantados, tan altos como la cruz y sobre el conjunto una corona, con su correspondiente timbre y follaje. Con estas donaciones Cartagena se ponía ya al nivel de otras ciudades del Nuevo y Viejo Mundo.

Al finalizar el siglo XVI, la nueva urbe americana gozaba de cuanto en materia de honores y distinciones oficiales podía aspirar a poseer una ciudad tan reciente.

Mas tampoco habían faltado los sufrimientos. Los mares del Nuevo Mundo se hallaban ya cruzados en todas direcciones por hábiles y arrojados marinos ingleses, franceses, holandeses y escoceses, acechando los navios españoles transportadores del oro, la plata, maderas de tinte y otros productos del territorio sujeto a los dominios de los reyes de España, que sus bravos y audaces colonizadores enviaban a su patria. La piratería era una actividad reprobable pero productiva. La fama de las riquezas de Cartagena andaba de boca en boca y muchos eran tentados por ellas. En 1544 la venganza de un piloto castigado por mandato del teniente de gobernador Alonso Vejines facilitó la entrada a la bahía al pirata Roberto Baal.


Detalle de la fachada de la iglesia de Santo Domingo, construida en el siglo XVI. La concha marina simboliza a los peregrinos. Actualmente las efigies ya no están... ladrones...

 Del tranquilo sueño con perspectivas de grandes fiestas de bodas para el día siguiente, despertaron los vecinos a los estampidos del cañón del pirata. Por suerte para ellos si padecieron un saqueo que no perdonó los bienes materiales, las mujeres fueron preservadas de violencias, porque el vencedor no se olvidó que procedía de la patria de Bayardo. Doscientos mil pesos de buen oro, gruesa copia de paños y otros objetos de valor, se llevaron como botín los asaltantes.

Pasados apenas diez y seis años de aquella ruina de Cartagena, se tomaron sorpresivamente la indefensa ciudad los piratas Martín Cote y Juan Buen Tiempo, quienes entraron a la bahía con siete gruesos navios, la saquearon e impusieron fuerte rescate para no reducirla a cenizas. El obispo Juan de Simancas pudo negociar con los asaltantes, y salvar de total destrucción a Cartagena. Los vecinos, alentados por los capitanes Ñuño de Castro y Alvaro de Mendoza, acompañados por el cacique Marídalo, postraron en la lucha a numerosos piratas.

Pasada la tormenta, prosiguió el desarrollo de la ciudad: se construyeron los primeros fuertes llamados la Tranchera de la Caleta, el Boquerón, el de San Matías y la plataforma de Santángel. Se iniciaron las edificaciones dé la' iglesia catedral en el sitio en que ahora se halla, el convento e iglesia de San Francisco en el arrabal de Getsemaní. En la Machina, frente al castillo primitivo del Boquerón, se reparaban los navios de las averías sufridas en la larga navegación desde la Península. El tráfico de esclavos negros, en manos de ingleses, portugueses y genoveses, daba fisonomía mercantil al puerto. Menudeaban asimismo las reales cédulas para el fomento de las obras públicas, la protección militar de la ciudad y la seguridad de los vecinos. La sociedad cobraba buen aspecto urbano, numerosas iban siendo las edificaciones particulares, como lo comprueba el inventario hecho al finalizar el siglo por el pirata Francisco Drake. Pero en la historia de los pueblos las bonanzas alternan con las amarguras.

Este audaz, experto e implacable corsario inglés, protegido por la reina Isabel de Inglaterra, el miércoles de ceniza, 9 de abril de 1586, con velas enlutadas, anunciadoras de sus proditorias intenciones, se presentó frente a Playa' Grande, o sea la de Santo Domingo, y echando su gente a tierra comenzó el ataque. Aún no poseía Cartagena suficientes defensas militares para resistir la acometida de un marino tan atrevido y formidable como Drake, así que, convencido el gobernador Pedro Fernández de Bustos y sus principales tenientes de la inutilidad de la resistencia, abandonaron la ciudad, y aunque Pedro Mexia de Mirabal quiso mantenerse en el pequeño castillete del Boquerón, llamado Pastelito, hubo de retirarse para no sacrificar sin fortuna a sus compañeros de armas. Nombrados negociadores por el gobernador, el obispo Juan de Montalvo, Juan de Fernández, Francisco de Carvajal, Pedro Mexia de Mirabal, José Barros, Tris-tán' de Uribe Salazar, Esteban Fernández, Pedro López Triviño y Juan Manuel, se concertó el rescate, en pesos 463.915 de plata, para que no se prosiguiese la destrucción, comenzada por el interior de la iglesia catedral. Pero la soldadesca tuvo libertad para adelantar el saqueo. Drake estaba furioso por haber hallado una comunicación de la corte española en que se le anunciaba al gobernador la venida suya, mencionándolo como pirata. Trabajo costó al obispo calmarlo.

Duro fue aquel golpe para Cartagena pero no se abatieron sus vecinos ni lloraron como mujeres los que estuvieron incapacitados para defenderse como hombres. El siglo XVII es período de intensa y variada actividad constructiva y de realizaciones. Durante él la ciudad adquiere carácter externo de tal  su sociedad alcanza a equipararse con cualquiera otra de las más antiguas de América. Ya no es el poblado indígena con injertos españoles, sino bien encarada urbe en camino de llegar a ser de las mejores del Nuevo Mundo. Ingenieros como Cristóbal de Rodas, Juan Bautista Antonelli, Juan de Semovilla Texada, José de Lara, Francisco Ficardo, Juan de Hita y Ledesma, Luis de Venegas, Juan de Herrera y Sotomayor y el holandés Ricardo Car, autor de los planos del castillo deSan Felipe de Barajas, tienen a su cargo las múltiples obras materiales que por doquiera se adelantaban en esos cien años de la vida de la ciudad de Heredia. Aún resisten la demoledora acción del tiempo muchas de ellas, para honra de quienes las realizaron y grandeza histórica de la ciudad.
Dentro de las enormes murallas de Cartagena hay veintitrés bóvedas de doce metros de altura y de un ancho de quince a dieciocho metros, construidas en 1789 para resguardo de la tropa y almacén de víveres y municiones. Posteriormente fueren usadas como cárcel para presos políticos. Vista de la muralla desde el interior.

La iglesia catedral quedó concluida en sus obras principales el año 1612; a los conventos de Santo Domingo, San Francisco y San Agustín siguieron el de la Candelaria de la Popa, las iglesias de la Trinidad, de San Roque y Santo Toribio, el convento e iglesia de Santa Teresa, el convento e iglesia de la Merced, los de la Compañía de Jesús, los conventos e iglesias de Santa Clara y recoleta de San Diego. En 1610 se estableció el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, tan condenado por quienes en realidad desconocen cómo fue su funcionamiento en Cartagena, y cuyo edificio es uno de los más hermosos y artísticos de dicha ciudad.

Entre las edificaciones oficiales para servicio público figuran la Casa de la Moneda (destruida por un incendió en este siglo), las Casas reales, o sea las ahora denominadas de la Aduana, la Casa de la Isla para el cobro de ciertos impuestos reales, demolida en mala hora para erigir allí el edificio de la Andian, y la casa del Ayuntamiento, hoy Palacio de Gobierno departamental.

Las edificaciones castrenses se prosiguieron con no menor interés, actividad y eficacia. Bajo el gobierno de Diego de Acuña (1611-1613), se comenzó con gran solemnidad el baluarte que se llamó de San Felipe. Se puso bajo tierra una lámina metálica con la fecha y el año (8 de setiembre de 1614), acompañada por una medalla de la Virgen y varias monedas de las circulantes en ese tiempo. Ese baluarte es el llamado hoy de Santo Domingo. Los planos fueron de Cristóbal de Roda. Se prosiguieron los tramos de muralla o baluartes hacia el Oriente bajo los gobiernos de García Girón de Loayza (1618-1626), de gloriosa memoria por su persecución a los piratas, y de Francisco de Murga (1629-1626).

En 1654, un temporal que amenazó inundar la ciudad destruyó gran parte de la llamada Muralla de la Marina, o sea el baluarte de Santa Clara, y la parte posterior del convento de ese nombre. El resto de las construcciones en esa direccióncorresponde al siglo XVIII. El naufragio, ocurrido el 17 de marzo de 1640, de la nave capitana y dos navios más de la escuadra portuguesa de Rodrigo Labod de  Silva, a la entrada del canal de Bocagrande, entonces de acceso a la bahía, produjo allí una acumulación de arena en forma tan excesiva que terminó por cerrar del todo dicha entrada, uniéndose así la península de Bocagrande con la isla fronteriza de Codego. Se comentó si debería abrirse de nuevo ese canal o dejarlo cerrado y despejar el de Bocachica para que sirviese de entrada a los navios que viniesen a la ciudad. Se decidió esto último y entonces se hizo fortificar esta nueva entrada, comenzándose la construcción de San Luis de Bocachica y una plataforma fronteriza, que vino a ser el castillo de San José. Estas obras fueron terminadas por Pedro Zapata de Mendoza, constructor también del castillo de San Felipe de Barajas.

Cartagena iba a grandes pasos recorriendo la vía de su engrandecimiento y fortificación y motivando a los pregones de la fama para hacer sonar su nombre en los ámbitos del mundo. Pero de nuevo vendría el infortunio a torturarla. En 1689 se había desatado en Europa la guerra de la última coalición de naciones contra Luis XIV dé Francia, por causa de la sucesión del Palatinado. Del Viejo pasó la contienda al Nuevo Mundo.

Una escuadra a las órdenes de Jean Bernard Janes,  barón de Pointis, fue despachada por el Rey Sol, para que con la cooperación de Juan Bautista Ducasse, gobernador de Petit-Goave y de los bucaneros de Tortuga, se apoderase de Cartagena de Indias. Gobernaba en ésta don Diego de los Ríos y Quesada, mandatario de notoria incapacidad e indecisión, circunstancias que facilitaron la toma de la ciudad por el marino francés. El honor de las armas españolas quedó, sin embargo, a salvo con la tenaz y prolongada defensa que del castillo de San Luis de Bocachica hizo Sancho Jimeno de Orozco y por la lucha cuerpo a cuerpo librada por una parte de la tropa y algunos vecinos notables y valerosos que cerraba el paso de los invasores en la brecha abierta al baluarte de la Media Luna.

Tristes y duros los días de permanencia de los franceses en Cartagena, por los desmanes de los bucaneros que la saquearon a despecho de la oposición de Pointis. En la relación de la toma de la plaza hecha por el coronel José Valle jo,' dice éste que en París vio pesar en la Casa de Moneda el oro, la plata, y avaluar las joyas y piedras preciosas' del botín" por la toma de Cartagena, lo cual se elevó a siete millones de pesos plata.

De los castillos y baluartes se llevaron noventa y ocho cañones de grueso calibre y todos los pertrechos existentes en los almacenes de guerra. Pointis mandó volar algunas porciones de las fortalezas y quemar las estacadas de las orillas del mar e hizo otros desperfectos en las fortificaciones, actos de destrucción inaceptables entre ejércitos regulares de naciones civilizadas. Luego que Pointis evacuó la ciudad, los bucaneros volvieron sobre ella y de nuevo se produjeron, y con mayor saña ahora, las escenas de violencia anteriores.

A la catedral fueron llevadas cuantas personas notables pudieron hallar a mano, y colocándolas entre barriles de pólvora destapados, las amenazaban con hacerlas volar si no denunciaban las riquezas que tuvieran escondidas. Nunca antes, ni después, Cartagena estuvo tan entregada a la violencia como en esta ocasión de la vuelta de los bucaneros. Durante muchos años se conservó el recuerdo angustioso de aquellos días entre las familias principales de la ciudad. El autor de este trabajo oyó, de niño, referencias trasmitidas por sus antepasados a sus padres y abuelos.

Pero Cartagena, como el Ave Fénix de los helenos, renació de sus cenizas. No vale ella tanto en sus días de prosperidad y gloria, como en los de postración y vencimiento. Y así la vemos, en la aurora del siglo XVIII, bajo la enérgica conducta de Juan Díaz Pimienta y Zaldívar, acometer la singular hazaña de expulsar del itsmo de Panamá a los escoceses conducidos y establecidos allí por la aventurera personalidad de William Paterson y comandados ahora por Alejandro Campbell. En las inmediaciones del sitio en donde estuvo la antigua Acia, los escoceses habían levantado una ciudad llamada Nueva Edimburgo, un fuerte con título de San Andrés, dominando un territorio apellidado Nueva Caledonia.

Aquella parecía una conquista definitiva. Pero de Cartagena zarpó su gobernador Díaz Pimienta el 12 de febrero del año 1700, con una pequeña escuadra al mando del almirante Salomón, y tropas criollas de la ciudad, de la villa de Santiago de Tolú y de la comarca del Sinú, dispuesto a arrojar de allí a los invasores. El 22 de abril del mismo año entró Díaz Pimienta a Nueva Edimburgo, después de otorgar una honrosa capitulación a los escoceses! Las almas nobles son siempre generosas. Los vencidos salieron con armas y banderas para no volver.

Páginas inolvidables en la historia de Cartagena fueron las de las vidas esclarecidas de fray Alonso de Sandoval y el padre Pedro Claver, en la empresa de redimir las almas de los esclavos negros. Los capitanes negreros que saqueaban las costas de África para proveer de esclavos a los explotadores de las minas y de las plantaciones de caña de azúcar en los territorios del Nuevo Mundo y llegaban con su mercancía al puerto de Cartagena de Indias, allí topaban con Sandoval, el Precursor, primero, y luego con Pedro Claver, el Apóstol, enseñando al mundo cómo debe practicarse la doctrina de Cristo. Nunca en ningún otro lugar de la tierra y en ningún tiempo se ha llevado a cabo una empresa más hermosa, más justiciera ni más noble que la de aquellos dos santos varones. Las modernas campañas en pro de las clases obreras son grotescas caricaturas de la magnífica labor de auténtica caridad de Sandoval y Claver. Su labor iba dirigida no sólo al cuerpo, sino principalmente al alma.

Torre de la Iglesia de San Pedro Claver. Llamado "el esclavo de los esclavos", Claver evangelizó y protegió a los esclavos africanos que construyeron las fortificaciones de la ciudad.
 
Fortaleza de San Felipe de Barajas, diseñada por el holandés Richard Car y construida par Pedro Zapata de Mendoza, fortificación clave de la heroica defensa de Cartagena contra los ingleses en 1741.

El hombre no podrá nunca despojarse de sus pasiones ni substraerse a las flaquezas de la naturaleza orgánica. La adquisición de la santidad atempera, mas no suprime los impulsos de la materia. Las consecuencias de tales fallas de la voluntad causan a veces sorpresas dolorosas. En el siglo XVII, un sonado escándalo religioso sembró en Cartagena la intranquilidad y desorientó las conciencias de los cartageneros. Las monjas adoratrices del convento de Santa Clara de Asís de Cartagena elevaron al obispo Antonio de Benavides y Piérola (1681-1712) una queja razonada contra los padres franciscanos, a quienes estaban espirítualmente sujetas. El prelado halló justas las quejas y desligó al monasterio de la dirección de los padres franciscanos, tomándolo a su cuidado personal.

Mas pasados algunos días, veleidades femeninas muy humanas, habiendo tenido noticia las monjas de que sería electo provincial de los franciscanos fray Antonio Chávez, hermano de cinco de las monjas clarisas, pidieron al prelado que volviese las cosas a su primitivo estado. El señor Benavides no era hombre que atendiese caprichos mujeriles y negó la petición.

De acuerdo ahora franciscanos y clarisas, se revelaron contra el obispo y acudieron a la Audiencia de Santafé en queja contra su diocesano. Los oidores, hombres también sujetos a pasiones y flaquezas, invadiendo jurisdicción que no les correspondía, decretaron conforme se les pedía. El prelado reclamó para ante el rey y mantuvo las cosas como estaban. Prodújose la escisión. Apoyaron a los frailes y monjas rebeldes otros conventos de la ciudad, excepto los jesuitas. Toda la población se dividió, según sus simpatías, por el obispo o por los frailes y monjas.

El gobernador Rafael Capsir y Sanz, el obispo de Santa Marta Diego de Baños y Sotomayor, comisionado por la Audiencia, los gobernadores siguientes, Juan de Pando y Estrada, Francisco de Castro y Martín de Pardo y Cevallos, y hasta el Tribunal de la Inquisición, abrazaron el partido de los rebeldes. El señor Benavides hubo de salir de Cartagena para Turbaco y después para la Península, y sólo al cabo de años fallaron el rey y el papa en favor del perseguido prelado; pero cuando se disponía a regresar a su grey, postrado por las amarguras soportadas, falleció en Sevilla, en 1712. En la historia de Cartagena hay esta sombra de ofuscación y pecado.

La política de extensión comercial instaurada en Inglaterra por el primer ministro Walpole en el siglo XVIII llevó al país a fuertes choques con el gobierno español. Llegó un momento en que el Parlamento estuvo por la guerra y se preparó una expedición como antes no había sido vista, al mando del marino y parlamentario Sir Edward Vernon para que viniese a la América a apoderarse de Cartagena. Aproximadamente 115 navios de combate, entre los cuales se contaban 34 de línea con 9.000 marinos y 14.569 hombres de desembarco y 2.070 cañones, y abundancia de pertrecho constituían la expedición. La plaza sólo tenía 1.774 hombres de tropa, 150 marinos armados y 500 milicianos, con 369 cañones de grueso calibre. La inferioridad numérica era notoria, no así el potencial humano y las formidables fortalezas castrenses. El asedio se prolongó desde el 13 de marzo, fecha en la cual se vieron las primeras naves enemigas acercándose desde Punta de Canoas hacia la plaza, hasta el 8 de mayo, que salieron de la bahía los últimos navios ingleses.

Blas de Lezo, comandante de la marina, resistió en el castillo de San Luis de Bocachica desde el 14 de marzo hasta el 9 de abril. La acción de armas más violenta fue el asalto al castillo de San Felipe de Barajas, el 20 de abril conforme al calendario gregoriano (9 de marzo para los ingleses). Los héroes de la defensa fueron el virrey Sebastián de Eslava, Blas de Lezo, el gobernador Melchor de Navarreta, el ingeniero Carlos de Noux, el comandante Pedro Casellas, el ayudante mayor Francisco Piñeiro, los capitanes Pedro Mur, Nicolás Carrillo, Lorenzo Alderete, Miguel Pedrol, Juan Jordán, Félix Celdrán, Bernardo Fuentes, Francisco Obando, Baltasar de Ortega, el edecán Manuel Briceño, los tenientes José Campuzano, Joaquín Andrade, Carlos Gil Frontín, Jerónimo Loayzaga, Manuel Moreno y E. Conni y el vecino Andrés de Madariaga. De Londres enviaron, creyendo asegurada la toma de Cartagena, un variado surtido de medallas conmemorativas, en las cuales se exaltaba la supuesta victoria, con frases elogiosas para los imaginarios vencedores y ridiculizantes de Eslava y Lezo. Triste despertar de un sueño ilusorio.

Monumento d Blas de Lezo, frente al castillo de San Luis

Los acontecimientos políticos y militares que se sucedían en Europa tenían necesaria repercusión en la América. Napoleón había cambiado la división política del Viejo Mundo en los quince primeros años del siglo XIX. España estuvo a punto de sucumbir. Las posesiones españolas, inspiradas por un sentimiento de lealtad a su metrópoli, se alistaron para la defensa. Pero mal comprendidas en la Península, intuyeron que había llegado la hora de constituirse en estados libres e independientes y surgió así la prolongada guerra de emancipación Cartagena realiza entonces la parte más gloriosa de su historia. Se declara independiente, se constituye en estado libre y adelanta campañas llenas de gloria y heroísmo, como la de la reconquista de Venezuela bajo el mando de Simón Bolívar y la resistencia al Pacificador Pablo Morillo en 1815. Se defiende denodadamente hasta el límite de la resistencia humana, agotando cuantos recursos le fue posible obtener y, antes que rendirse o capitular, se embarcan sus defensores en los pocos navios con que contaban, y pasando a velas desplegadas por en medio de la escuadra española, partieron el exilio llevando las banderas de la libertad, para regresar vencedores a recuperar la ciudad y entrar triunfantes en ella el 10 de octubre de 1821, después de conceder una honrosa capitulación al gobernador español Gabriel de Torres.

Muchos de sus hijos prosiguieron tras el penacho blanco del Libertador Simón Bolívar, oyendo las dianas victoriosas de Pantano de Vargas, Boyacá, Carabobo segundo, Pichincha, Junín, batalla naval del Lago de Maracaibo y Ayacucho. Ninguna otra ciudad de América ha hecho tanta historia como ella, ni ha padecido más que ella por la causa de la independencia y la libertad. Los sufrimientos, la miseria, los sacrificios, la despoblación y la muerte han sido ofrendas en los altares de la patria, soportadas con decisión, entereza y constancia. Bolívar, cambiándole los títulos de muy noble y muy leal que le otorgara Felipe II, dijo: "Salve Cartagena Redentora", y la apellidó "Heroica".

Ahora, Cartagena, bajo el tricolor colombiano y persuadida de que sólo la democracia es fuente de bienestar para las naciones, libra las campañas del trabajo, ufana y confiada en su porvenir.

Ha desbordado los viejos muros que la Circundan y se extiende con ritmo acelerado por la campiña circundante en nuevos barrios industriales y residenciales, para albergar una población que en breve superará el medio millón. Las fábricas más variadas en ella hallan favorable acogida, el mar la provee de toda clase de productos agrícolas o fabriles y la navegación aérea la mantiene en comunicación con el mundo entero con la brevedad del sonido. Edificaciones modernas la embellecen y a la sombra de la paz y de la libertad va triunfadora hacia el porvenir.


miércoles, 29 de abril de 2026

Asiria: La tecnología de buceo desarrollada por esta civilización

Buceadores asirios



Una simulación generada por IA de un mural asirio de Mesopotamia de 3000 años de antigüedad, exhibido en el Museo Británico, revela cómo los soldados asirios usaban pieles de animales como bolsas de cuero inflables, lo que les permitía nadar largas distancias a través de los ríos. Esta ingeniosa proeza sirvió como un salvavidas en la antigüedad, permitiendo a los soldados asirios evadir la captura durante las campañas militares contra los enemigos. El mural muestra las primeras innovaciones y el ingenio estratégico de una de las civilizaciones más poderosas del mundo antiguo: la civilización asiria.


martes, 28 de abril de 2026

Roma: Lograr la ciudadanía romana

Lograr la ciudadanía romana





Los auxiliares romanos, tropas no ciudadanas (peregrini), obtenían la ciudadanía romana tras licenciarse, generalmente después de 25 años de servicio en el ejército. Esta concesión, consolidada en el siglo I d.C., incluía a sus hijos y esposas, siendo acreditada con un diploma de bronce (diplomata) que les confería plenos derechos. 
Aspectos clave de la ciudadanía en los auxiliares:
Proceso de obtención: Al completar su servicio, recibían la ciudadanía como recompensa por su lealtad y contribución a la romanización.
Diploma Militar: Se les otorgaban dos láminas de bronce que constituían el documento oficial de su estatus de ciudadanos.
Alcance familiar: La ciudadanía se extendía a los hijos nacidos durante el servicio y, en muchos casos, legalizaba matrimonios con mujeres locales.
Beneficios: Al retirarse, pasaban de ser peregrini (extranjeros) a cives (ciudadanos), lo que permitía a sus descendientes alistarse en las legiones.
Contexto: Eran vitales para la defensa, especializados en tareas como caballería o arquería, y provenían de diversas provincias del imperio. 
Esta política fue fundamental para integrar a las élites provinciales y asegurar la lealtad de las tropas no romanas a lo largo de los siglos I al III d.C.. 
— Con todo la mayor recompensa que recibía un auxiliar era la concesión de la ciudadanía romana junto con su estipendio al jubilarse. Una importante cantidad paga
Fuente :
Forgotten Heroes: The Story of the Roman Auxiliares.
The Vital Role of the Auxiliaries in the Roman Army 

domingo, 26 de abril de 2026

Guerra del Paraguay: La histórica defensa de Corrientes

Una histórica defensa

Revista GUARDACOSTA

 

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor:prefecto principal Andrés Rene Rousseaux

La contienda armada que sostenía la República Oriental del Uruguay con el Imperio del Brasil, había producido la ruptura de relaciones entre el Paraguay y Brasil, por pretender el Presidente del Paraguay Mariscal López ser el arbitro de los destinos de las Repúblicas del Plata. Esta ruptura de relaciones trajo aparejada la suspensión total de la navegación fluvial que mantenía el Paraguay con Buenos Aires y Montevideo, principalmente el servicio de vapores del estado que regularmente hacían el tráfico de carga y pasajeros.

La suspensión de la navegación, produjo cierta alarma en las ciudades ribereñas, en especial la de Corrientes que por su ubicación estratégica y cercana al Paraguay la hacía objetivo de un potencial ataque por parte del Paraguay, pero ni el gobierno nacional como las autoridades locales sospechaban que podría concretarse tal ataque.

Como medida preventiva el gobierno nacional destacó el "25 de Mayo" como buque de estación en el Puerto de Corrientes, donde arribara el 10 de mayo de 1864 y en febrero de 1865 el vapor "Gualeguay" al mando del Sargento Mayor Lino D. Neves.

El "25 de Mayo" se fondeó en la boca del Arroyo "Arazá", en lo que hoy es Paseo Mitre; y el "Gualeguay", el cual debía ser sometido a importantes reparaciones de su casco con el propósito de alistarlo para una futura expedición al Chaco fue amarrado a los fondos de la casa de los Roibon por estar el río crecido (hoy prolongación de la calle San Juan) y donde Federico Roibon (2) tenía un taller de reparaciones navales y a cuyo cargo estarían los trabajos en su casco.

Transcurría plácidamente la vida de la Ciudad de Corrientes en abril de 1865, las fuerzas armadas a cargo del orden público era de 27 soldados y dos clases (Suboficiales) estando a cargo de la vigilancia del Río y la seguridad del Puerto de la entonces Capitanía del Puerto (1) cuyo Jefe era el Mayor Don Guillermo Federico Baez (3) con una dotación de 6/7 marineros para cumplir las misiones asignadas, teniendo su asiento, en unos precarios edificios que se alzaban en la Punta San Sebastián o de La Casilla, nombre éste que recibía justamente por la existencia de la "casilla de la Capitanía", y en cuyo lugar, además, existían desde 1811 una batería de pequeños cañones para la defensa del puerto, conocida como "Batería de la Bella Vista", teniendo también un "puesto" de guardia o vigilancia que es conocido por la tradición popular con el nombre de la "Casillita" que se encontraba ubicado en la prolongación de la calle Mendoza y el río.


Fotografía de alrededor de 1930 —de izquierda a derecha— casa de la Familia Gallino construida alrededor de 1850, fue ocupada en 1914 por la Subprefectura de Corrientes. Al centro con rejas —casa de la Familia Pigretti— en 1865 esta casa no existía siendo un terreno baldío —en 1914 fue ocupada por la Aduana—. A la derecha —se-midestruida— casa paterna de la Familia Roibon cuya propietaria testamentaria fue Doña Petrona Sotomayor, y donde viviera posteriormente el Capitán Enrique Roibon —esta casa fue construida alrededor de 1820—. Estas viviendas tenían su frente sobre la calle Sud America (hoy Plácido Martínez) entre San Juan y La Rioja —actuales—. Sus fondos daban al Río Paraná lugar donde el Capitán del Puerto (1865) Federico Baez con los marineros de la Capitanía resistió el ataque de los paraguayos cuando intentaron abordar el "Gualeguay" que se hallaban en reparaciones en el Taller Naval de Federico Roibon ubicado sobre la orilla del río a los fondos de la casa de sus mayores (ver fotocopia carta adjunta presente trabajo). Todas estas propiedades fueron demolidas al efectuarse el remodelado del Puerto de Corrientes entre 1940/42. Hoy el lugar está ocupado por la Plazoleta Almirante Brown. (Fotografía de la Colección del Señor Enrique Ángel Ferreyra).

El "Gualeguay" estaba en reparaciones y el "25 de Mayo" a medio desarme, ambos buques con sus calderas apagadas, por lo cual el Comandante del "Gualeguay" Sargento Mayor Neves había ocupado para él y su tripulación varias casas ubicadas en la calle Sud America (hoy Plácido Martínez) 72-74 y 76 —entre San Juan y Mendoza—.

Con los buques en esa situación llegamos al 13 de abril de 1865 (Jueves Santos). La grey católica se aprestaba a concurrir a los actos litúrgicos en los distintos templos de la ciudad, propios de la fecha, los operarios que se encontraban afectados a la reparación del "Gualeguay", estaban deliberando si suspendían las tareas o las continuaban después del "luto del día".

El Comandante del "25 de Mayo" había pernoctado en la casa que ocupaba el Comandante del "Gualeguay" Sud América 74 (hoy Placido Martínez) y con quien tomaba mate y otras personas de la amistad de ambos; de improviso surgid una voz de "alerta" desde el "Gualeguay" informando haber avistado una flotilla de vapores en "linea de fila" hacia el riacho "El Ancho", izando el "25 de Mayo" una señal en su trinquete para llamar al Comandante "a bordo', destacando un bote a tierra para embarcarlo.

Abría la marcha el "Tacuary", donde tenía su insignia el Jefe de la escuadra, lo seguía el "Igurey" - "Paraguary" -"Marques de Olinda" y cerraba la marcha el "Ypora", no llevando los buques su insignia nacional izada, no exteriorizando su nacionalidad como es de práctica, no obstante los buques de guerra argentinos los saludaron izando sus pabellones a pesar de no ser la hora reglamentaria de hacerlo, dado que eran aproximadamente las 6,30 am.

Los buques desfilaron frente al puerto, en el orden mencionado alterando la tranquila mañana con el retumbar de sus ruedas motrices sobre las aguas del Paraná, atrayendo a un considerable número de vecinos que se hacían toda clase de conjeturas sobre el destino y propósito del inusual despliegue de fuerzas, continuando su travesía hacia el sur.

Los curiosos se retiraron, los mismos tripulantes del "Gualeguay" y "25 de Mayo" que habían estado en "alerta" se retiraron a distintas actividades de rutina de a bordo.

Los buques paraguayos a la altura de la "cancha de la Palomera" viraron imprevistamente hacia el Puerto de Corrientes, haciendo su navegación "recostados a la costa correntina" para evitar ser vistos de la ciudad, dado que las "Puntas Arazaty" y "San Sebastian" los ocultaban navegando de esta manera, modificando su dispositivo de marcha para efectuar el ataque previsto.


Ensenada de "San Sebastián" —entre la punta homónima y actual muelle del Puerto de Corrientes— año 1900. En este lugar hacia derecha de la foto, sobre la costa del río y a los fondos de la propiedad de la familia Roibon (entre Calles San Juan y La Rioja actuales) se encontraba el 13 de abril de 1865 amarrado en reparaciones el Vapor "Gualeguay" cuando fuera atacado por la flota paraguaya. En la foto se puede observar la operación de "tirar a tierra" la lancha a vapor por parte de marineros de la entonces Subprefectura de Corrientes. (Fotografía de la colección del señor Enrique Ángel Ferreyra

Se organizaron en dos grupos, el primero formado por "Paraguary" e "Ygurey", teniendo como reserva el "Tacuarí", el segundo formado por el '"Marques de Olinda" y el "Ypora" como reserva.

Habían transcurrido cuarenta y cinco minutos desde que los buques habían cruzado "aguas abajo", cuando son nuevamente avistados por las tripulaciones del "Gualeguay" y del "25 de Mayo" cuando éstos salen "de atrás" (válgame el término) de la Punta San Sebastian que los mantenía ocultos, siendo el personal de la "Capitanía del Puerto" los primeros en verlos dada la posición donde estaban apostados (recordemos que la Capitanía tenía su asiento en la Punta San Sebastián o de la Casilla) dando el "alerta" al "Gualeguay" que se hallaba a unos 560 metros de la "punta" hacia el puerto e inmediatamente al "25 de Mayo" que estaba a unos 840 metros del mismo sitio.

El primer grupo de buques paraguayos se dirigió sobre el "25 de Mayo", flanqueándolo por ambas bandas el "Ygurey" y "Paraguary", haciendo la dotación de ambos buques cerrada descarga de fusilería sobre el indefenso buque argentino, siendo la primera víctima el centinela del puente de mando, pasando los atacantes de inmediato "al abordaje" y en una lucha desigual el combate finalizó en pocos minutos, siendo dominada la tripulación defensora, que fue hecha prisionera quedando el buque argentino en poder del invasor.

Algunos marineros que se arrojaron al agua fueron muertos mientras nadaban para alcanzar la costa segura por tripulantes de varios botes del "Tacuarí", que mientras se consumaba el ataque al "25 de Mayo", bombardeó la ciudad, causando daños en la iglesia Matriz, casa de la familia Latorre y otras vecinas.

El segundo grupo de buques atacantes ("Marques de Olinda" e "Ypora") este último como reserva, atacaron resueltamente al "Gualeguay" que como hemos visto se "hallaba en compostura" —amarrado a planchada a la costa— en el taller naval de Federico Roibon, con escasa tripulación a bordo, por encontrarse la mayoría "en tierra" por los trabajos que se estaban efectuando al buque.

El "Marques de Olinda" se mantuvo a distancia del "Gualeguay", haciendo la infantería embarcada en él (más de 600 infantes) descargas cerrada de fusil sobre el inmóvil "Gualeguay".

Los pocos tripulantes del buque argentino, reaccionaron decididamente, pese a la sorpresa, contestando el fuego del buque paraguayo, siendo apoyados desde tierra (entre los arbustos y peñascos de la costa), por los pocos marineros de la Capitanía del Puerto que, al mando de su bravo Jefe, Mayor Federico Baez acompañado del Coronel Fermín Alsina, se habían desplazado desde la 'Punta San Sebastian" hasta los fondos de las casas de las familias Roibon y Gallino, a los cuales se les sumaron unos pocos voluntarios civiles, combatiendo al atacante, cuarenta veces más numerosos.

Mientras se desarrollaba el desigual combate los pequeños cañoncitos de la batería "Bella Vista" que está emplazada en la Punta San Sebastián, servidos por hombres de la Capitanía hacían fuego esporádicamente sobre los buques paraguayos, siendo el tiro más simbólico que efectivo dado que los cañones eran de escaso calibre y corto alcance, sobre buques de moderna construcción para la época; destacando el jefe paraguayo el "Ypora", para que anclara frente al "Punta", para silenciar la batería y mantenerse "en observación".

La heroica resistencia de la tripulación del "Gualeguay" al mando del Subteniente Federico Ramírez y el Coronel Desiderio Sosa que circunstancialmente se encontraba a bordo, más la estoica ayuda que desde tierra le daba el Mayor Baez y los hombres de la Capitanía, no fue impedimento para que el "Marques de Olinda" tomara "a remolque" al "Gualeguay" después de cortar sus amarras de tierra, a pesar de haber sido rechazadas en varias ocasiones las dotaciones que se destacaron para este fin en botes a la costa, llevando su presa al igual que el "25 de Mayo" que también había sucumbido, hacia aguas del Paraguay.

El "Gualeguay'* permaneció en manos de los paraguayos hasta el 16 de abril de 1866 en que fuera recuperado por las fuerzas aliadas, mientras que el "25 de Mayo" fue echado a pique en noviembre de 1867 estando al servicio del ejército paraguayo.

El ataque dejó consternado al pueblo de Corrientes, por lo inesperado y sorpresivo del mismo, produciendo inmediata reacción con la formación del "Batallón Correntino".

Hasta aquí lo sucedido el 13 de abril de 1865, dado que no es intención de este trabajo analizar e historiar las causas y posterior desarrollo de lo que se denominó la "Guerra de la Triple Alianza", sino la actuación destacadísima que le cupo a la entonces "Capitanía del Puerto", cuyo personal al mando de su Jefe, Mayor Federico Baez, fue junto a las tripulaciones de los buques argentinos la única fuerza organizada que opuso una heroica y tenaz resistencia al ataque de los buques paraguayos, dificultando con su acción el apresamiento fácil de los buques, en especial el "Gualeguay".

Este hecho, poco conocido, para la mayoría del público y de los hombres de la Prefectura, es uno de los muchos que jalonan la larga y rica historia de una de las Instituciones más vieja que tiene la República, la hoy Prefectura Naval Argentina y que es nuestra oblgación hacer conocer.


Vista más antigua que se conoce del Puerto de Corrientes, realizada en base a una litografía de William Gore Ouseley del año 1846 .

Aclaraciones y Referencias Biográficas


1 Capitanía, del Puerto-denominación de la época de la actual Prefectura Naval Argentina.

2 Federico, Roibon: Nacido en Corrientes - hijo de José Roibon y Petrona Sotomayor, cursó sus estudios en la Escuela Politécnica del Havre (Francia), de regreso al país se radicó en su ciudad natal donde tenía un astillero sobre la margen del Río Paraná, a los fondos de la casa paterna (entre calles San Juan y La Rioja aproximadamente en la actualidad) donde se reparaban embarcaciones entre ellas el "Gualeguay" y se construyeron balsas para el cruce del rio por parte del ejército de la Triple Alianza (ver carta adjunta). Fue Oficial del Ejército Nacional durante la Guerra del Paraguay. Jefe de escuadrilla de la expedición al Bermejo de 1879 a órdenes del General Victorica. Posteriormente fue Comandante del Navio de Guerra "Azopardo" donde alcanzó el grado de Teniente-de Navio. Fue elegido dos veces Diputado en su provincia. Falleció el 10 de diciembre de 1914, siendo sepultado en el Cementerio de Corrientes con los honores del Cuerpo de Bomberos como homenaje del Gobierno de la Provincia y del Regimiento 9 de Infantería de Línea por haber pertenecido al Ejército y la Marina respectivamente.

3 Mayor Don Guillermo Federico Baez: Nació el 7 de septiembre de 1810 en Comente». Comenzó su carrera militar en la Guerra con el Brasil alcanzando el 15 de julio de 1828 el grado de Alférez de Caballería de Línea. Participó en las luchas civiles en el bando unitario, causa por la cual Rosas lo dicT de baja de las filas del ejército. Emigró a Montevideo donde participó en su defensa. Tomó parte de la Batalla de Caaguazú a órdenes del General Paz en la cual comandó la Cuarta División de Caballería del ala derecha. Disuelto el ejército de Paz regresó a Montevideo tomando parte de los combates de Salto y San Antonio donde se destacó, contra fuerzas de Rosas. El 5 de octubre de 1847 fue nombrado Jefe de la Plaza sitiada (Montevideo). Levantado el sitio se alistó en el ejército del General Urquiza, con quien participó en la Batalla de Caseros (3 de febrero de 1852) continuando a ordenes de su jefe quien lo honró con comisiones de confianza, ante el Gobierno de Buenos Aires. Posteriormente fue designado Jefe de la Capitanía del Puerto de Corrientes (1) a cuyo cargo estaba cuando el ataque de los paraguayos a la ciudad homónima el 13 de abril de 1865, teniendo una destacada actuación al frente de sus marineros en la heroica defensa de los buques "Gualeguay' y "25 de Mayo" pese a la superioridad numérica de las fuerzas paraguayas. Solicitó ser relevado del cargo (Capitán del Puerto) para alistarse en el ejército aliado teniendo una destacada actuación en el Combate de Tuyuti (3 de noviembre de 1867). En 1869 fue designado por el General Mitre para cumplir una misión en el interior del Paraguay para rescatar prisioneros aliados en poder de los paraguayos, la cual cumplió brillantemente. Falleció en Buenos Aires el 14 de agosto de 1879, habiendo alcanzado el grado de Coronel del Ejército Nacional.

Bibliografía Consultada:


  • ANALES DE LA MARINA DE GUERRA - Capítulo XV - Buque Gualeguay.
  • UDAONDO, Enrique: Diccionario Biográfico Argentino edición 1938.
  • FERREYRA, Enrique Ángel: Fotografías de su colección.