jueves, 4 de junio de 2026

Guerra Antisubversiva: Film "No matar", revalorizando a las víctimas del peronismo

“No matar”: un film expone los estragos de la violencia guerrillera previa a 1976 en las voces de protagonistas y víctimas

Se estrena el lunes 20 en el Bafici esta película documental de Juan Villegas. En sus palabras, “una película que nunca se había hecho, una que incluye las dos miradas: una historia lo más honesta posible acerca de lo que fue la guerrilla y también los testimonios de sus daminificados”

“No igualo la gravedad del terrorismo de Estado con los crímenes cometidos por la guerrilla —aclara el director de No matar, Juan Villegas, en diálogo con Infobae—. Pero el lugar de las víctimas de la guerrilla es todavía un tabú”.

Este director, guionista y productor de cine de 54 años reivindica “la valentía y claridad de Sergio Bufano y Aldo Duzdevich”, dos de los intervinientes en este documental. Una honestidad intelectual de la que carecen por completo los jefes supérstites de la guerrilla que en los últimos años se han refugiado en un rol de víctimas, al amparo de un relato falaz y maniqueo.

Con tres voces de ex militantes de aquellas experiencias —el tercero es Emilio del Guercio—, Villegas arma un relato bien estructurado que va marcando las etapas de cómo se fue gestando la llamada “violencia de abajo”, la opción por la lucha armada, y cómo se posicionaron esos grupos ante el regreso de Perón y el restablecimiento de la democracia.

También hablan familiares de víctimas del accionar de la guerrilla: gerentes de fábrica, empleados de multinacionales, transeúntes ocasionales, etcétera.

Por caso, Luis Giovanelli, gerente de Finanzas de Ford, asesinado en un intento de secuestro. Su hijo, de apenas 4 años al momento del crimen, dice: “Mi padre fue asesinado en el 73. La dictadura empezó en el 76. No avalo lo que hizo la dictadura. Cuando cuento lo de mi padre, me dicen: ‘¿pero viste lo que pasó después?’”

En los años 80 y 90, había un consenso entre los sobrevivientes de la experiencia de las luchas de los 70: tomar las armas en democracia, declararle la guerra al gobierno de Perón y luego al de Isabel, matar para “agudizar las contradicciones”; todo eso estuvo mal y no era reivindicable.

Ese consenso fue roto por el advenimiento de una política de derechos humanos que instaló un relato parcial, exculpatorio de la violencia armada. Al amparo del paso del tiempo, la historia se fue simplificando, con un enfoque maniqueo y un retroceso a posiciones sectarias y a la reivindicación acrítica de la lucha armada con el falso argumento de la “resistencia”, puesto que se tomaba las armas para implantar el socialismo. A la fuerza, ya que la representatividad de grupos que pretendían hablar en nombre del “pueblo” era escasísima.

El ERP declaró de entrada en el 73 que no respetaría la democracia: “Seguimos con la lucha armada hasta derrotar al capitalismo e instaurar el socialismo revolucionario”.

Sergio Bufano es uno de los entrevistados por Juan Villegas en "No matar"

FAR y Montoneros actuaron con más disimulo; o mejor dicho con más doblez. Decían respetar la democracia mientras seguían matando. El asesinato del secretario general de la CGT José Ignacio Rucci fue la cumbre de esta estategia; el grupo se colocó abiertamente contra el pueblo.

La confirmación se dio en abril de 1975, cuando Misiones llamó a elecciones debido a la muerte del gobernador. Montoneros compitió con la etiqueta de Partido Auténtico. El resultado fue lapidario: 5,62% de los votos, contra 46,52 del Frejuli, es decir del PJ oficial.

Estas cifras mostraban dos cosas: la irrepresentatividad de los grupos armados y la vigencia electoral del justicialismo, anticipo de lo que podía suceder en las siguientes elecciones y dato determinante para acelerar el Golpe.

La estrategia real de las organizaciones armadas es una de las cosas que emerge de este documental, entre otras conclusiones sorprendentes solo para quienes en los últimos años fueron adoctrinados en el blanqueo —cuando no la apología— del accionar guerrillero.

Otra verdad que deja establecida la película es que Mario Eduardo Firmenich era cualquier cosa menos peronista y no por la opinión de los intervinientes sino por un documento de su puño y letra leído en el film, escrito luego de un encuentro con Perón, que merece una mayor difusión para seguir disipando equívocos.

No matar es también una condena a los que se escudan en la represión ilegal para eludir la reflexión crítica que le deben a la historia y a las próximas generaciones. “La dictadura transformó a los victimarios en víctimas”, dice alguien. “Si decías que también hubo víctimas de la subversión, inmediatamente te acusaban de defender a la dictadura. Y se terminaba el debate”, es otra relfexión.

El reproche de las víctimas se dirige también a las respectivas empresas: Renault, Ford y Bunge y Born. Ni en esos lugares hay memoria de lo que pasó.

Juan Villegas es también crítico de cine, docente universitario, coordinador de talleres de guion y escritor. “Pero por sobre todo me considero director de cine. Dirigí algunas películas de ficción y documentales. Mis preferidas tal vez sean Sábado, Las Vegas y Victoria. Este año estoy estrenando dos nuevas: Jota Urondo, un cocinero impertinente y No matar”.

Juan Villegas, director de "No matar"

— ¿Cuál fue tu motivación para incursionar en este tema?

En el prólogo digo que el lugar de las víctimas de la guerrilla es todavía un tabú. Parece una exageración, porque la realidad es que sus historias se han contado, más de una vez y desde hace mucho. Pero en general esos relatos fueron usados para reivindicar la dictadura o minimizar o justificar el terrorismo de Estado. De ninguna manera esa es mi intención. Los crímenes de la dictadura no fueron “excesos”, fueron atrocidades y violaciones a los derechos humanos; no igualo la gravedad del terrorismo de Estado con los crimenes cometidos por la guerrilla; no avalo de ningún modo la idea de que el terrorismo de Estado haya sido una “reacción” necesaria ante acciones violentas de la guerrilla.

— Sí, pero esos crímenes atroces desde el Estado fueron usados para exculpar por completo el accionar de las organizaciones armadas.

— Por eso quise hacer una película que narrase el dolor de los familiares de estas víctimas sin que eso signifique romper el consenso del “Nunca más”. Esa era mi motivación inicial. Desde el principio de mi investigación, percibí que era un tema incómodo. Cuando contaba que mi película iba a incluir testimonios de familiares de víctimas de la guerrilla, muchos me decían “no te metas con eso”, “¿estás seguro?” Esa incomodidad me hizo pensar que sí había un tabú y que precisamente por eso tenía sentido hacer esta película.

— La película incluye también el testimonio de ex guerrilleros.

— Sí, esta es la historia de las víctimas pero también la de algunos que participaron en la guerrilla y hoy tienen una mirada crítica y reflexiva respecto a lo que hicieron. En las últimas décadas, en el periodismo, en muchos ensayos y también en la literatura de ficción, hubo muchos textos que incluyeron una mirada crítica acerca de las organizaciones armadas. Pero eso ha estado ausente en el cine argentino. De hecho, había una mirada más honesta y compleja en documentales más viejos: Montoneros, de Andrés Di Tella, del año 1994; Los Rubios. de Albertina Carri, en 2003; Los malditos caminos, de Luis Barone, del 2002, o Papá Iván, de María Inés Roqué, en 2004, entre otras. Luego, hubo algunos pocos documentales en los últimos años que se enfocaron en el tema de las víctimas de la guerrilla, pero me parecieron o muy precarios cinematográficamente, o con un objetivo de reivindicación de la dictadura, o muy poco valiosos en términos de discusión política. Entonces surgió en mí la motivación de hacer una película que nunca se había hecho. Una que incluyera las dos cosas: una historia lo más honesta posible acerca de lo que fue la guerrilla y también los testimonios de las víctimas.

Aldo Duzdevich, autor de "La lealtad, los Montoneros que se quedaron con Perón", es otro de los entrevistados por Juan Villegas

— ¿Fue difícil encontrar gente dispuesta a reconocer errores?

— En un principio quería incluir más entrevistados que hubieran participado en la guerrilla, pero no abundan los que se atreven a hablar con la valentía y claridad que sí demuestran Sergio Bufano y Aldo Duzdevich. Al menos, yo no los encontré. Por ejemplo, quería incluir a alguien del ERP, pero en mi investigación solo me topaba con gente que reconocía errores estratégicos pero que no se permitía una autocrítica más profunda. Podían reconocer que haber asesinado al Capitán Viola y a su hija estuvo mal, pero no tanto por el daño irreparable ocasionado a esa familia, sino más que nada por lo que significó negativamente para la legitimidad de la lucha del ERP.

— ¿Refleja la película tu pensamiento sobre esa etapa?

— Mi voz no aparece en el documental; yo hablo a través de los entrevistados. Eso no significa que esté de acuerdo con cada cosa que dicen, pero la suma de sus testimonios conforma de cierta manera mi visión. Me costó mucho encontrar ese punto justo en el que se pudieran incluir varias voces, a veces no concordantes, y que al mismo tiempo el conjunto me representara. Pero lo que no quise hacer fue incluir testimonios de gente que no estaba dispuesta a repudiar claramente el uso de la violencia. Hablé con un ex-militante del PST. Me interesaba incluirlo en el documental, porque esta organización, aun perteneciendo a la izquierda marxista, priorizó el trabajo sindical por sobre la violencia política. Le pregunté por qué habían rechazado la lucha armada. Me dijo: “No, no la rechazábamos. Solo creíamos que en ese momento no era viable.” Luego le pregunté si, más allá de eso, condenaba a la violencia desde una concepción ética. Le conté la historia de Delia Lozano, cuyo padre, gerente de Renault, fue asesinado a balazos, delante de ella, al salir de una iglesia. Me respondió: “Ningún gerente de una multinacional era inocente en esa época.” Yo no podía creer lo que este tipo me decía. Le seguí discutiendo: “¿Sabés que incluso hubo niños que murieron por acciones de la guerrilla?” Me respondió: “¿Cuántos? ¿Cuatro, cinco? ¿Cuánto es eso al lado de la cantidad de bebés apropiados?” Obviamente, no me interesaba incluir en la película a alguien que piense así.

— ¿Y Emilio del Guercio? Él no perteneció a las organizaciones armadas.

— En el caso de Del Guercio, buscaba la mirada de alguien de esa misma generación, que también tuviera una visión crítica de la sociedad, pero que había elegido el camino del arte para plantear su rebeldía frente al mundo que lo rodeaba. Lo pensé como una forma de desactivar la idea de que la violencia era el único camino posible en esa época. La idea de que para esa juventud rebelde la lucha armada era una fatalidad, algo de lo que no podían escapar, y no una elección, me parece una idea falsa, una mentira.

Emilio del Guercio. Villegas incluyó su testimonio "como una forma de desactivar la idea de que la violencia era el único camino posible en esa época"

— ¿Cuál fue el criterio para la selección de los familiares de las víctimas de la guerrilla?

— En el caso de los familiares de las víctimas, decidí que solo fuesen víctimas civiles. No me interesa la forma en que se suele instrumentar el concepto de “memoria completa”, como una contraposición de unas víctimas frente a otras, que lleva implícita más la idea de anular las otras muertes que la de sumar las que han sido silenciadas. Y sentía que incluir a las víctimas militares o de las fuerzas de seguridad podía llevar el relato hacia ese lugar. Además, creo que no es tan sabido que muchas de las víctimas fueron civiles. Mucha gente, no informada, todavía cree que la guerrilla solo mataba militares.

— ¿Hubo cosas que te sorprendieron en los relatos?

— Algo que me pasó haciendo la película fue mi revisión acerca del rol de Perón en esos años. En ese sentido, también fue importante leer el libro de Juan Manuel Abal Medina: Conocer a Perón. La película le dedica mucho a la tensión entre Montoneros y Perón, desde el asesinato de Aramburu hasta la muerte de Perón. Hay una suerte de reivindicación del rol de Perón en esos años, de su vocación por pacificar el país. Obviamente, cometió errores y fue en parte responsable de la escalada de violencia que terminó estallando en el 76 con el golpe. Pero es indudable que hubo en él una intención sincera, y hasta diría patriótica, de terminar con la violencia y que se pudiera construir un país en paz. Es curioso que la crítica al rol de Perón durante su último gobierno haya venido al mismo tiempo desde los sectores de izquierda del propio peronismo y desde la derecha más pro-dictadura. La idea de que el terrorismo de Estado empezó en el 73 y que el golpe del 76 fue solo un cambio formal, cosmético, para seguir la misma política represiva previa, fue lo que sostenían, por ejemplo, los abogados de Massera para justificar sus crímenes, pero también lo que quiso imponer como relato parte de la izquierda peronista, tal vez para de esa manera justificar el uso de la violencia por parte de Montoneros entre el 73 y el 76, durante gobiernos democráticos.

— ¿De quién o de quiénes creés que es la responsabilidad por el relato parcial y simplificado de los últimos tiempos?

— Hay algo que es una especie de mal de esta época, que no nos permite discutir honestamente las cosas, que nos hace acomodar los hechos según nuestra conveniencia circunstancial. Tal vez por eso mi película es tan larga, porque necesita trabajar mucho el contexto para entender de lo que se está hablando. Es una película contra la idea de los slogans simplificadores. Como dice Claudia Hilb, “no hay verdades sencillas para pasados complejos.” No me interesa buscar culpables con nombre y apellido. Ni siquiera ubicar responsabilidades en determinados sectores políticos por sobre otros. Obviamente, tengo mis opiniones, pero en este momento me interesa abrir la discusión, que la película sea un disparador para que quien quiera pueda revisar una vez más sus ideas y salir de posiciones cómodas y tranquilizadoras.

Conocer a Perón, el libro de Juan Manuel Abal Medina, cambió la percepción que tenía Juan Villegas sbre el rol de Perón en 1973

— ¿Qué impacto esperás que tenga este documental?

— No soy un sociólogo ni un historiador ni un periodista; soy un director de cine. Lo que me propuse es hacer una película, en la que está implícita fuertemente la idea de narración. Me interesa contar una historia de los 70, un punto de vista que obviamente es parcial pero que pretende ser honesto. Por eso la película elige ser fiel a la cronología. Me gustaría que sirva para entender mejor aquellos años. Que se pueda reflexionar sobre el hecho de que las organizaciones armadas no sólo fracasaron en lo militar, en lo político y en lo estratégico. También fallaron en lo ético y en lo ideológico. El hecho de que gran parte de los militantes revolucionarios hayan terminado torturados, asesinados o desaparecidos de una forma brutal, no convierte a las organizaciones armadas en un modelo político que hoy debamos reivindicar. El proyecto de país que tenían era violento, poco democrático, sectario, alejado del pueblo. Yo entiendo que hubo una mística revolucionaria que buscaba sinceramente liberar a los oprimidos y crear una sociedad mejor y más igualitaria, pero tanto la forma como el contenido de lo que se llamó “lucha armada” nunca lo iba a conseguir, porque la violencia ya estaba en el germen, en su razón de ser. Bueno, y además de la “gran” historia, la película está llena de relatos más íntimos, las historias personales de cada uno de los entrevistados. Esas historias nutren a la historia central pero también funcionan como relatos autónomos, en los que apunto a lo que se busca en casi cualquier relato: la reflexión, la empatía y la emoción.

— Te iba a preguntar cómo te preparaste para hacer esto pero vi al final de la película la bibliografía que usaste, que responde eso en parte. Pero tal vez quieras agregar algo.

— El proceso de investigación y selección de los entrevistados lo llevé adelante en total soledad. La película se hizo de una forma muy artesanal, con muy pocos recursos económicos. Me dediqué a leer y releer lo más que pudiera. Y fui descubriendo que la cantidad de bibliografía existente es inagotable. Hay mucho escrito (y mucho muy bueno) acerca de las organizaciones armadas de los 70. De hecho, ya se escribía críticamente sobre la guerrilla en forma simultánea a los propios hechos. Y se siguió escribiendo y publicando sin interrupciones luego de la recuperación de la democracia. Lo que contrasta con lo poco que se han narrado estos temas en el cine argentino post-dictadura. Porque hay muchas películas acerca de la militancia, acerca de las víctimas del terrorismo de Estado, pero muy pocas que se animan a narrar la lucha armada. Ni siquiera para reivindicarla. También me resultó muy útil pasar horas mirando y leyendo archivos: revistas partidarias de las organizaciones, artículos periodísticos de ese tiempo, noticieros de la época en youtube, extractos de discursos, documentales militantes, incluso películas de ficción. Nada de eso quedó en mi película, pero me sirvió para empaparme del espíritu de la época. Para mí era importante tratar de entender por qué gran parte de esa generación eligió la violencia como camino, aun cuando no comparta esa decisión.

— ¿Imaginás que, como a algunas de las víctimas que dieron testimonio, a vos también te van a acusar de defender a la dictadura?

— Si ven la película, no creo que nadie pueda acusarme de defender a la dictadura. Apelo a la inteligencia de los espectadores. Frente al prejuicio irracional, frente a la pereza intelectual, no puedo hacer mucho.

— Mientras hablan los entrevistados, no hay imágenes alusivas. ¿Tiene eso algún motivo?

— Como dije, investigué mucho con archivos y evalué en algún momento la posibilidad de incluir imágenes de la época que acompañen los testimonios. Pero rápidamente descarté la idea. Me parece algo muy impresionante la forma en que el relato oral construye el pasado y, a la vez, da un testimonio sobre el presente. Porque esas personas nos están hablando ahora. Y se trata de cine. Es un relato sobre el pasado, pero está sucediendo frente a nosotros, a través del registro de la cámara. Creo que hay un valor cinematográfico en reivindicar la imagen de gente contando cosas dolorosas y al mismo tiempo teniendo la capacidad para reflexionar. Sentí que la inclusión de archivos no iba a servir más que como meras ilustraciones y que siempre iban a ser menos interesantes que los propios relatos. O peor aún: esas imágenes de archivos no me iban a servir para contar la época con mayor precisión sino que se iban a convertir en algo más ligado a lo espectacular, al impacto fácil.

— Salvo el final de cada capítulo, en lo que hay imágenes y canciones.

— Sí, las excepciones son los finales de capítulos, que están pensados como breves piezas de respiro, acompañadas con música de la época, para permitir que el espectador se tome un tiempo para reflexionar sobre lo que ha estado viendo. Y luego está el fragmento del programa de Mariano Grondona [N. de la R: un cruce entre un cuadro montonero y la hija de una víctima], en el que el archivo me pareció que sumaba mucho, porque no funciona como ilustración sino que se construye una escena muy tensa y compleja, que además posiblemente resuma el concepto general de la película.

Delia Lozano, hija de un civil asesinado por la guerrilla, durante un debate con un montonero en el programa de Mariano Grondona. Años después, vuelve a contar su historia en "No matar"

FICHA TÉCNICA

Duración: 225′

Dirección de fotografía: Gaspar Chaves

Edición: Miguel de Zuviría

Sonido: Valeria Fernández

Producción: Juan Villegas, Mariana Erijimovich

Compañía productora: Al trote films

Participantes: Aldo Duzdevich, Sergio Bufano, Delia Lozano, Emilio del Guercio, Esteban Giovanelli, Claudia y Cristina Muscat, Delia Lozano, Ariel Lombardero, David Barrios

miércoles, 3 de junio de 2026

Uruguay: Ameriza un anfibio británico en Punta del Este en 1941

Un episodio de la SGM en Uruguay a principios de 1941:

Avión anfibio británico en Punta del Este


Por el Tte 1º(AV)(R) Juan Maruri Publicado en Ciclo de Conferencias año 2009


RESUMEN

En la noche del 14 de enero de 1941, remolcado por una lancha de la Prefectura, ingresó al Puerto de Punta del Este un bote volador anfibio de la Marina de Guerra británica en plena Segunda Guerra Mundial, en posible misión de vigilancia de un mercante de la Francia de Vichy, fondeando frente a la Isla Gorriti.  Un episodio de hidroaviación prácticamente olvidado o desconocido en los anales de la historia de la aeronáutica nacional.

 Años atrás, mirando el libro de imágenes de Punta del Este publicado por la señora Mecha Gattás, encontré en él la foto en blanco y negro de un hidroavión en el puerto del balneario sin ninguna identificación a su pié, solamente se entreveía en el fuselaje una cocarda o escarapela circular como en general es de uso en las aeronaves militares. Estando en Punta del Este, entrevisté a la Sra. Gattás a fin de indagar sobre  dicho aparato, muy amablemente me hizo saber que la referida foto se la había prestado el señor Juan Ignacio Risso, de la conocida librería Linardi y Risso. En Montevideo fui a visitar al señor Risso, quién cortésmente tuvo la gentileza de hacerme una copia, aunque sin tener una idea de la fecha y alguna otra forma para su reconocimiento.

            Luego de averiguar con un experto cual era el tipo de aeronave , vimos que se trataba de un anfibio Supermarine Walrus, por lo cual pensamos que podría ser argentino, dado la escarapela en blanco y negro semejante a la argentina y a la cercanía de sus bases. Asistido por esa razón, recordé el libro del Contralmirante Pablo E. Arguindeguy “Historia de la Aviación Naval Argentina”, donde me enteré que la Armada Argentina había contado con diez aparatos de este tipo en los años cuarenta y cincuenta, sin lograr más datos.

A fines de 2008, me llamó por teléfono el señor Martínez Trobo de la Biblioteca Nacional, a fin de que lo ayudara a identificar fotografías aeronáuticas de la Sección Histórica. Entre muchas de ellas me encontré con varias del “Walrus” y de su tripulación, en las cuales daban su origen como británico y fechas de  cuando fueron tomadas, lo que comenzó a despejar mis dudas, sumándose a todo esto otros datos y copias de ellas cedidas galantemente por la Biblioteca, con la intervención de Martínez Trobo. Con estos detalles me fui a los diarios de la época de la guerra, donde encontré los siguientes antecedentes:  

            El domingo 12 de enero de 1941, luego de haber embarcado en el Antepuerto de Montevideo varias toneladas de productos de exportación, suministrados por diversos frigoríficos, zarpó a las 19 y 30 el paquebote francés “Mendoza”, el cual salió el 10 de enero de Buenos Aires.  Dicho buque de 8.233 toneladas había sido botado el 6 de febrero de 1920, para la Société Générale de Transports Maritimes à Vapeur S.A., Marseilles.  Iba tripulado por setenta y dos marinos y quince pasajeros, al mando del Capitán Paul Mourard. Su destino era los puertos de Dakar y Marsella, fletado por el Gobierno de Vichy.

 

El “Walrus” en el Puerto de Punta del Este – enero de 1941 

A unas cinco millas al sur de la punta de José Ignacio y a unas ochenta de Montevideo, aparentemente fuera de nuestras aguas jurisdiccionales, fue interceptado y detenido en la madrugada del 13 de enero por el Crucero Auxiliar británico “Asturias”(de 22.048 toneladas, que estaba artillado con ocho cañones de 152 mm y dos de 76 mm ). Desde una lancha de dicho Crucero Auxiliar fue abordado y el oficial a su mando le exigió al Capitán el certificado “Navicert”, sin cuyo requisito era imposible franquear el control marítimo inglés. Por tal razón el “Mendoza” se vio obligado a retornar al oeste hacia Montevideo. Primero en su ruta pasó entre Isla de Lobos y la costa, continuando hacia nuestra capital fondeando en la rada exterior del puerto a las 22:30 horas. Allí el Capitán se puso en contacto con sus armadores, la firma Navifrance, que estaba situada en la calle 25 de Mayo 350 esquina Solís, zarpando nuevamente hacia su destino a las 12:10 del día 14, pero entró en la bahía de Maldonado en nuestras aguas y fondeó frente a la Isla Gorriti a la hora 19:00 esperando nuevas instrucciones de sus armadores. Mientras esto ocurría, el “Asturias” diez y ocho millas al sur, en aguas internacionales, igualmente esperaba los acontecimientos.

Crucero Auxiliar HMRS “Asturias” 

            En esos momentos el Prefecto del Puerto de Maldonado era el Capitán de Fragata (CG) Zapicán Rodríguez, quién por supuesto estaba al tanto de la situación creada por la presencia del “Mendoza” en su jurisdicción, ya que había informado al Prefecto General de Puertos el 13 de enero, de todos los movimientos de estos dos buques. Paralelamente a estos acontecimientos se encontraba en Punta del Este el Guardacostas “Salto”, nave que en 1936 había llegado desde Italia a Montevideo, luego de cruzar el Atlántico al mando del C/F Rodríguez.

A todo esto se vino a sumar el arribo en la noche del martes 14 de enero, de un hidroavión británico (en realidad bote volador anfibio) Supermarine “Walrus”.  La llegada inesperada de este aparato fue de la siguiente manera: a las 21 y 30 del citado martes el marinero de la Prefectura Dalmiro Acosta atisbó unas luces que procedían de una embarcación desconocida inmóvil, como si estuviera “al pairo”, por lo cual dio cuenta al Ayudante de 3ra. Clase Gladstone Mullins, quién advirtió que se trataba de un hidroavión.  Al enterarse el Prefecto, luego de averiguar su situación, dio la orden de remolcarlo con la lancha de la Prefectura hacia el puerto, lo cual se efectuó sin problemas.  Dicho aparato se había quedado sin combustible, pensamos que fue al no encontrar a su buque nodriza, que podría ser alguna unidad de la División Naval británica que prestaba servicios en el Atlántico Sur.  Esta noticia trascendió a la prensa nacional e internacional, que no pudo averiguar mas ante el silencio del Prefecto, haciendo algunos diarios nacionales infinidad de conjeturas sobre los hechos, como “La Tribuna Popular” y otros que escribieron sobre la invasión a nuestra soberanía por el aparato militar británico. 

  

El Walrus listo a partir 22 de enero de 1941 

El hecho fue que el Walrus y su tripulación que estaba compuesta por: el Teniente de 28 años Colin Meiklejohn (según La Nación de Buenos Aires, Teniente de Navío), el piloto de 25 años Frederick Davies y el radio operador de 21 años Norman Moulden, quedaron internados en Punta del Este, pasando los tripulantes a un hotel a la espera de la dilucidación del problema. En la prensa nacional erróneamente se dijo que pertenecían a la Royal Air Force, aunque realmente formaban parte de la Fleet Air Arm.

Mientras tanto el miércoles 15 de enero los armadores del “Mendoza”, conjuntamente con la legación francesa representada por el diplomático Mr. Henri Hoppenot, pudieron arreglar de momento la situación del buque, que le permitió salir ese mismo día a las 12:00 horas de su fondeadero de la Isla Gorriti hacia su destino; de la misma forma el “Asturias” siguió su marcha hacia el este a diez millas del “Mendoza”. Por la prensa se supo que el jueves el buque francés ya había pasado través el Puerto de Río Grande, al sur de Brasil, dentro de sus aguas territoriales. Las últimas noticias del “Mendoza” que aparecieron en la prensa nacional, lo daban través Santa Catalina. Finalmente según La Nación de Buenos Aires, el buque francés fue capturado por el “Asturias” frente a Porto Belo fuera de las aguas jurisdiccionales brasileñas, no apareciendo mas en las noticias.

Hasta aquí es lo que logré indagar en los diarios nacionales y argentinos de la Biblioteca Nacional. Pero por otra parte, gracias a la ayuda del Dr. Juan Oribe Sttemer, según diferentes fuentes tenemos que: el “Asturias” lo apresó a 60 millas al este de Montevideo y transferido al Ministerio de la Guerra Transporte. Su final fue trágico pues el 1° de noviembre de 1942 lo torpedeó y hundió el submarino alemán U-178 a 70 millas de Durban, Sudáfrica, en el océano Índico. 

Antes de continuar con el relato, debo decirles que el “Mendoza” tuvo grandes vinculaciones con el Río de la Plata y con nosotros. Con el Río de la Plata, porque desde los años veinte hacía la ruta a Europa y regresaba, formando parte de la Compañía Francesa de Navegación, ya reseñada, cuyo Agente General era el señor André Boyer. Con nosotros, porque el lunes 30 de julio de 1928 atracó a las 18.30 en el Muelle A sobre el ángulo de la Dársena I, procedente de Europa trayendo de pasajeros a los Campeones Olímpicos de fútbol, que el 4 de julio lo habían conquistado en Ámsterdam.

Volviendo a la historia, en los momentos de la partida de las naves, el “Salto”, que continuaba en Punta del Este, tenía órdenes del Gobierno de esperar allí, ante la posible necesidad de que fuera forzosa su presencia dentro de las aguas nacionales, sin que tomara intervención dado que los hechos se desarrollaron normalmente al abandonar ambos navíos sus fondeaderos.

En el ínterin los tripulantes de la aeronave gozaban en el balneario de absoluta libertad y de unos días de grato veraneo. Varias familias de residentes ingleses como los Hardman, Bell y Waller, los acompañaron y agasajaron, recibiéndolos en sus casas. Por otra parte el Vicecónsul del Reino Unido en Maldonado Sr. John Griffith O’Donaghue, por órdenes de su superior, el Ministro de Su Majestad Británica en nuestro país, Sr. Eugen Millington-Drake, los asistió en todo momento.

Durante este episodio el Presidente de la República era el General Arquitecto Alfredo Baldomir, el Ministro de Relaciones Exteriores era el Dr. Alberto Guani y el Ministro de Defensa Nacional el Gral. de División y Arquitecto Alfredo R. Campos. Todos ellos lógicamente se vieron involucrados en este suceso sobre el cual no se tenía antecedentes.

En una reunión hemisférica anterior en Panamá se trataron, luego del incidente del Graf Spee, los posibles problemas con navíos pero no con aeronaves militares. Lógicamente este suceso trajo aparejado una serie de notas entre el Ministerio de Relaciones Exteriores y las legaciones francesa, británica y alemana encabezadas por los Ministros: Henri Hoppenot, Eugen Millington-Drake y Otto Langmann. Finalmente el 20 de enero el Ministro de Relaciones Exteriores Dr. Guani comunicó al Ministro Millington-Drake que se había tomado la resolución por la cual se le daba un plazo de 48 horas, para que la aeronave abandonara Punta del Este, plazo que vencía el 22 de enero a las 12:00 horas; además el aparato sería provisto de combustible por medio de dos tanques de 300 litros cada uno traídos de Montevideo y ayuda en posibles reparaciones. Quedando el aparato en condiciones en la tarde del martes 21.

El miércoles 22 de enero, temprano en la mañana los tripulantes del Walrus se despidieron del Prefecto y de la tripulación del Guardacostas “Salto”, así como del Vicecónsul.  Una numerosa concurrencia acudió al puerto a fin de estar presentes en el momento de la partida a pesar de lo temprano de la hora. A las 08.50 el hidro fuera del puerto despegó sin problemas, pasó sobre el público como saludo y tomó dirección Este. De esta forma se dio por finalizado este episodio de hidroaviación único en nuestros anales aeronáuticos de la Segunda Guerra.

     El Walrus despegando

En virtud de no estar reglamentadas aquí las disposiciones de las convenciones internacionales de París y Panamá, referentes a la internación de aeronaves de guerra que se detengan en territorio uruguayo; se hizo entrega del avión.  Esa falla fue subsanada el día 22 como se vio, por medio de un decreto especial que establece el régimen que se deberá seguir en tales casos. El texto de estas disposiciones, así como lo actuado a raíz de la detención del “Mendoza”, fue remitido a la Comisión de Neutralidad que actuaba en Río de Janeiro.  

La fábrica de aviones británica The Supermarine Aviation Works Ltd. de Southampton, que entre otras aeronaves diseñó y fabricó el famoso avión de caza “Spitfire”, era una antigua planta fundada en 1912. El “Walrus” (que quiere decir “morsa”) fue delineado en 1935 basado en el Seagull de 1933 para prestar servicios en la Flota y en la RAF. En la Flota como aparato de reconocimiento, rescate y antisubmarino, catapultado, en uso en acorazados, cruceros y en otros buques de guerra equipados con catapultas.  Tenía como armamento defensivo dos ametralladora, una en la proa y otra dorsal; podía cargar hasta seiscientas libras de bombas debajo de las alas. Su motor era un Bristol Pegasus propulsor de 775 hp.  Los cruceros “Exeter” y “Ajax” que intervinieron en el combate con el “Graf Spee” estaban dotados de “Walrus”. El aparato que estuvo casi ocho días entre nosotros era el “Walrus Mk. I” fabricado en la factoría de Woolston, matriculado P5698.

Como se puede colegir, el “Walrus” estaba cumpliendo una misión de observación y vigilancia del mercante francés y posiblemente a la espera de otro gemelo, como lo era el “Campana” que estaba en Buenos Aires a la espera de partir, según le fuera al “Mendoza”, de acuerdo a lo que aparecía en la prensa. 

  

Crucero Auxiliar alemán “Thor” 

Evidentemente la aparición del hidro en Punta del Este pudo estar íntimamente ligado a los mercantes de Vichy, o quizá fuera posible, según lo que nos sugirió el Dr. Juan Oribe Sttemer, que perteneciera a uno de los cruceros de la División Naval del Atlántico Sur, como el “Newcastle” o el “Cumberland”(que sí estaban dotados de “Walrus”) y el “Enterprise”, que por ejemplo, en diciembre de 1940 había estado en el Puerto de Montevideo y, entre otras misiones las citadas naves tenían la de perseguir al crucero auxiliar alemán “Thor”, de 9.200 toneladas, mercante armado que había tenido un encuentro con el crucero auxiliar británico “Carnarvon Castle” de 20.122 toneladas, al sur-este de Río de Janeiro el 5 de diciembre de 1940, nave que tuvo que ingresar al Puerto de Montevideo a reparaciones, la cual recordamos haberla ido a ver al puerto con nuestro padre. 

 

“Carnarvon Castle”

Según el diario italiano “La Stampa” de Turín del 17 de enero de 1941, el buque nodriza del “Walrus” era el “Cumberland” 

BIBLIOGRAFÍA

-Aviones de la II Guerra Mundial por Chris Chant

-Flying Boats and Seaplanes por Kenneth Munson

-Janes’s All the World’s Aircraft, 1936

-Historia de la Aviación Naval Argentina por C/A Pablo E. Arguindeguy

-The War at Sea 1939-1945 por Captain S.W. Roskill

-German auxiliary cruiser Thor-Wikipedia, the free encyclopedia

-Diario de Montevideo “El Pueblo” de enero de 1941

-Diario de Montevideo “La Tribuna Popular” de enero de 1941

-Diario de Montevideo “Diario del Plata” de julio de 1928

-Diario de Buenos Aires “La Nación” de enero de 1941

-Documentos del Ministerio de Relaciones Exteriores

-Documentos suministrados por el Dr. Juan Oribe Sttemer

-Fotos del “Mendoza” y del “Carnarvon Castle”, suministradas por el Dr. Juan   Oribe Sttemer

-Fotos de la Biblioteca Nacional y del autor  



lunes, 1 de junio de 2026

Roma Antigua: La increíble batalla de Cannas

La importancia de la batalla de Cannas

Bret C. Devereaux || War on the Rocks





 

La batalla de Cannas, librada el 2 de agosto del 216 a. C., el triunfo supremo de Aníbal Barca sobre los romanos, se sitúa cómodamente en el panteón de las grandes victorias militares. Es uno de los ejemplos más espectaculares de tácticas hábiles que permiten a un ejército más pequeño y menos equipado derrotar a una fuerza enemiga más numerosa y pesada en una batalla campal abierta. Sin embargo, aunque Cannas se describe con frecuencia como una "victoria decisiva", por supuesto, no fue nada parecido: la batalla tuvo lugar dos años después del inicio de la Segunda Guerra Púnica, que duró 17 años y que Aníbal perdió. El fracaso, incluso de las mayores victorias tácticas, para alterar la situación estratégica general es tan legado de Cannas como las deslumbrantes tácticas de doble envolvimiento de Aníbal.

Tres relatos de la batalla de Cannas sobreviven, ninguno de ellos contemporáneo. El más antiguo es Polibio, escrito a mediados del siglo II a. C. Polibio llegó a Roma en 167 y entrevistó a testigos supervivientes de la guerra y se basó en la historia (ahora perdida) de Fabio Pictor, que había sido miembro del Senado romano en el momento de la batalla. La otra fuente esencial es el historiador romano Livio, escrito a finales del siglo I a. C. Livio se basó en Fabio Pictor y Polibio, pero también en una serie de otras obras históricas perdidas , incluida la de Lucio Celio Antípatro , aunque su relato se ve obstaculizado por su propia falta de experiencia militar y algunos adornos nacidos de pretensiones literarias. Finalmente, el historiador del siglo II d. C. Apiano también proporciona un relato de la batalla , aunque es confuso y generalmente se considera de poco valor. Por consiguiente, los debates académicos sobre Cannas siguen centrados en conciliar diferencias relativamente pequeñas entre los relatos de Livio y Polibio, que siguen siendo la base de nuestra comprensión de la batalla.


El camino a Cannas

La situación estratégica que enfrentó Aníbal se basó en el resultado de la Primera Guerra Púnica (264-241 a. C.). En realidad, la Segunda Guerra Púnica (218-201 a. C.) fue una guerra de continuación. Tras una guerra agotadora y agotadora, los romanos lograron conquistar Sicilia en el año 241, poniendo fin a más de dos siglos de actividad militar cartaginesa en la isla. Peor aún para Cartago, la combinación de soldados con largos atrasos salariales y el agotamiento del tesoro desencadenó una importante revuelta casi inmediata tanto de sus ejércitos como de sus súbditos norteafricanos ese mismo año. Amílcar Barca emergió como el general preeminente de Cartago durante la Primera Guerra Púnica y posteriormente dirigió sus ejércitos hacia la expansión en Hispania , quizás buscando una base de recursos con la que igualar a Roma. Del 237 al 219, los bárcidas (primero Amílcar, luego su yerno Asdrúbal el Hermoso, luego Aníbal, hijo de Amílcar) expandieron las posesiones cartaginesas en España, conquistando toda la costa mediterránea al sur del río Ebro, cuyos pueblos eran conocidos en la antigüedad como los íberos, a diferencia de otros pueblos que vivían en el resto de la península. Esto alarmó a los romanos, quienes en el 219 exigieron a Aníbal que desistiera de sus ataques a la ciudad ibérica de Sagunto, principalmente como pretexto para la guerra. Los romanos afirmaron que el asalto de Aníbal fue una violación de un acuerdo de no extender el poder cartaginés al norte del Ebro, a pesar de que Sagunto se encontraba a unas 85 millas al sur del río. Aníbal, ahora preparado para enfrentarse a Roma, se apoderó de la ciudad y comenzó a avanzar contra Italia.

La estrategia de Aníbal parece haber sido atacar el sistema de alianzas romano en Italia. Poco más de la mitad de los soldados romanos en este período eran socii (aliados), provenientes de comunidades no ciudadanas subordinadas de Italia, sometidas por Roma mediante la conquista o la diplomacia. Estas comunidades debían enviar soldados a servir en los ejércitos romanos a cambio de protección militar y una parte del botín de futuras conquistas. Era este sistema el que Aníbal pretendía perturbar, quizás basándose en el pasado reciente de Cartago en 241, donde el agotamiento militar había provocado una peligrosa revuelta entre sus propias comunidades sometidas en el norte de África. En consecuencia, las operaciones de Aníbal se centraron en saquear el territorio aliado en Italia para incitar u obligar a los aliados a desertar. Dichos ataques también atraerían a los ejércitos de campaña romanos, cuya destrucción, Aníbal podría haber esperado, aceleraría el colapso del sistema.

Llegar a Italia no fue tarea fácil. La superioridad naval romana, duramente ganada en la Primera Guerra Púnica, exigía una peligrosa marcha terrestre sobre los Pirineos, a través del sur de Francia (entonces Galia) y sobre los Alpes hacia lo que los romanos llamaban Galia Cisalpina, "Galia a este lado de los Alpes", una distancia de aproximadamente 1.000 millas . Polibio informa que Aníbal cruzó los Pirineos con 50.000 soldados de infantería y 9.000 soldados de caballería, la mayoría de ambos extraídos de España. Para cuando descendió de los Alpes a la Galia Cisalpina, esta fuerza se había reducido a solo 20.000 soldados de infantería y 6.000 de caballería. Aníbal podía, sin embargo, contar con los pueblos galos de la Galia Cisalpina como aliados si podía producir victorias contra la respuesta de Roma a su llegada, lo que hizo en Ticino (218) y Trebia (218). La combinación de bajas en Trebia y las duras condiciones invernales (la batalla se libró en diciembre) le costó a Aníbal todos los elefantes menos uno que había transportado laboriosamente a través de los Alpes. Como resultado, los elefantes ya no desempeñarían ningún papel en su campaña en Italia. Al año siguiente, Aníbal atacó a los aliados romanos en Etruria (la actual Toscana), sabiendo que esto los atraería a otro combate . Preparó su emboscada en el lago Trasimeno (junio de 217), destruyendo otro ejército de campaña romano.

El desastre en Trasimeno a su vez empujó la estrategia romana al ámbito político. Inmediatamente después se produjo una compleja disputa política que nuestras fuentes nos permiten observar solo imperfectamente. Finalmente, los romanos decidieron que se requería un comandante supremo temporal, un dictador , y Quinto Fabio Máximo fue elegido por el pueblo . Fabio, pronto apodado cunctator ("el retardador"), favoreció una estrategia de contención contra Aníbal, retrasándolo y evitando una batalla campal mientras los romanos obtenían ganancias donde Aníbal no lo hacía, reclutando ejércitos frescos que pudieran estabilizar sus alianzas en Italia y desmantelando las posesiones de Cartago en el extranjero, particularmente en España. Fabio siguió al ejército de Aníbal en Campania y luego en Apulia en el sur de Italia, interfiriendo con su logística para contener los movimientos de Aníbal, pero en Roma la política permaneció inestable.

El problema político llegó a un punto crítico cuando el corto mandato de Fabio como dictador llegó a su fin y se celebraron elecciones para 216. La elección de Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo (padre del vencedor en Pidna) como cónsules resultó en una renovada estrategia de confrontación. Al comenzar la temporada de campaña en la primavera de 216, los romanos se dispusieron una vez más a intentar derrotar a Aníbal en una batalla campal. Para entonces, Aníbal había continuado su movimiento hacia el sur, quizás con la esperanza de capitalizar el sentimiento antirromano más al sur . Se enfrentó al ejército romano siguiendo sus movimientos durante finales del invierno y la primavera de 216, antes de avanzar a finales de julio contra el puesto de suministro romano en Cannas. Es casi seguro que Aníbal pretendía arrastrar a los romanos a una batalla en un terreno de su elección, en este caso una llanura adyacente al río Aufidus (el moderno Ofanto) que ofrecía amplio espacio para su caballería. El ejército romano, bajo el mando conjunto de ambos cónsules, siguió debidamente , preparando el escenario para la batalla de Cannas.

Brillantez táctica

El doble envolvimiento de Aníbal en Cannas —que implicó ataques simultáneos en ambos flancos de la formación romana— se considera una de las mayores maniobras tácticas de la historia, permitiendo a su ejército destruir casi por completo una fuerza romana mucho más grande y mejor equipada.

La composición precisa de ambos ejércitos en Cannas sigue siendo algo incierta, aunque las cifras totales para ambos son relativamente seguras. Del lado cartaginés, Polibio informa que Aníbal contaba para entonces con 40.000 soldados de infantería y 10.000 de caballería, pero no especificó la división interna de dichas cifras. Analizando en retrospectiva informes previos sobre la fuerza de Aníbal, es posible llegar a un rango relativamente estrecho de desgloses plausibles. John Lazenby ofrece una estimación de que para entonces Aníbal contaba con quizás 6.000 soldados de infantería ibérica y 10.000 de infantería africana de su fuerza original, lo que, si sumamos las aproximadamente 8.000 tropas de proyectiles ligeros que Aníbal tenía en el Trebia, dejaría 16.000 galos extraídos de los territorios rebeldes de la Galia Cisalpina para completar la cifra final de infantería de 40.000 hombres.

El equipo de la fuerza de Aníbal era diverso . Un error común de traducción, que convierte a la infantería ligera lonchophoroi en "piqueros" en lugar del más preciso "jabaleros", ha dejado la persistente idea errónea de que la infantería africana de Cartago luchaba en una falange de picas similar a los macedonios, pero de hecho la infantería pesada de Cartago nunca usó picas y luchó en su lugar usando escudos con lanzas y espadas de una mano, mientras que la infantería ligera lonchophoroi luchaba con la lonche , una lanza ligera que podía doblarse como una jabalina. Para 216, tanto Polibio como Livio señalan que los africanos de Aníbal habían saqueado tanto equipo romano que se parecían a la infantería pesada romana.

Por el contrario, tanto los galos como los íberos estaban vestidos con su propio estilo habitual: los guerreros galos luchaban en su mayoría sin armadura, pero con grandes escudos ovalados, lanzas y espadas rectas de una mano más largas, mientras que los guerreros íberos luchaban con una mezcla de grandes escudos ovalados y circulares más pequeños, lanzas y una peligrosa espada curva hacia adelante, la falcata . Mucho más ligeramente blindados que la infantería pesada romana, ambos habrían estado en desventaja en un combate cuerpo a cuerpo prolongado. La caballería de Aníbal consistía en caballería gala e ibérica, así como jinetes númidas. Los galos y los españoles representaban variantes de caballería de "choque" más pesadas y ligeras, respectivamente, mientras que los númidas luchaban como caballería ligera de jabalina de escaramuza y eran considerados los mejores jinetes del Mediterráneo occidental.

Por otro lado, el ejército romano era sustancialmente más grande y más uniforme. Polibio y Livio difieren en si la fuerza consistía en más legiones o simplemente legiones con exceso de efectivos, pero ambos llegan a efectivos totales similares, con aproximadamente 80.000 soldados de infantería y 6.000 soldados de caballería, divididos casi equitativamente entre ciudadanos romanos y socii , quienes usaban el mismo equipo y tácticas. La gran fuerza del ejército romano estaba en su infantería pesada , formada en tres líneas de batalla sucesivas, las triplex acies . Los romanos apuntaban a abrumar mediante un asalto frontal de infantería, moliendo a los enemigos con líneas sucesivas de infantería pesada mientras la caballería protegía los flancos. Y la mayoría de los comandantes romanos, a pesar de Fabio Máximo, que buscaban lograr una victoria antes de que expirara su año en el cargo, podían ser confiados en que atacarían si se les daba incluso una modesta oportunidad.

Fue esta agresión predecible y enfoque táctico directo que Aníbal usaría contra Varrón y Paulo. Colocó su infantería ligera ibérica y gala en el centro, flanqueada por los africanos más pesados. Su caballería ibérica y gala sostuvo el flanco izquierdo y su caballería númida el derecho. En lugar de rechazar su centro vulnerable, Aníbal lo inclinó hacia adelante, invitando a los romanos a atacar. La batalla resultante se desarrolló de acuerdo con el plan de Aníbal: la infantería pesada romana empujó su centro hacia atrás, avanzando hacia la bolsa creada por el posicionamiento de la infantería africana en los flancos. Los africanos fuertemente armados a su vez pivotaron y cayeron sobre los flancos romanos . Mientras tanto, la caballería socii romana a la izquierda de Aníbal fue mantenida a raya por los númidas que escaramuzaban, mientras que la caballería ibérica y gala abrumaba a la caballería ciudadana romana a la derecha. Una vez logrado esto, el oficial de caballería de Aníbal, Asdrúbal (sin parentesco con el hermano de Aníbal, Asdrúbal Barca), movió parte de su fuerza hacia la izquierda, dispersando a la caballería socii restante y, habiendo completado el cerco, cargó contra la infantería romana por la retaguardia.

La matanza en el centro del campo fue horrorosa . Enfrentada por todos lados, la infantería romana ya no podía responder de forma unificada y eficaz, sino que luchaba en una lucha desesperada y descoordinada dentro de un espacio cada vez más reducido. El estilo de combate romano requería intervalos razonablemente amplios para ser efectivo, y los romanos debieron de acabar tan apretujados que les fue imposible luchar con eficacia. Livio cuenta terribles anécdotas de hombres encontrados tras la batalla, asfixiándose con la cabeza enterrada en vanos esfuerzos por salir del horror, o de soldados cartagineses heridos, arañados y roídos mientras los romanos, incapaces de alzar sus armas, mordían apretujados.


Imagen:  Batalla de Cannas (Atlas de Guerra Antigua y Medieval de la Academia Militar de los Estados Unidos)

La victoria que no importó

La aniquilación virtual de una fuerza romana masiva en Cannas constituyó la mayor victoria de Aníbal. Polibio informa de 70.000 romanos muertos y solo 3.000 supervivientes, pero, como señala Lazenby , Polibio omite de su recuento de supervivientes a un considerable número de guardias del campamento, prisioneros y un buen número de soldados que escaparon. Las cifras de bajas romanas de Livio son más fiables: 47.700 soldados romanos muertos, otros 19.300 hechos prisioneros y 14.550 que escaparon. Pero dada la magnitud de la matanza y la contundencia de la victoria de Aníbal, lo más impactante de la batalla es que no fue suficiente.

Desde la antigüedad, Aníbal ha sido criticado por no aprovechar al máximo su victoria. De hecho, Livio relata una reprimenda de uno de sus oficiales: «Sabes ganar, Aníbal, pero no usar la victoria». En la práctica, Aníbal tenía pocas opciones. Una marcha relámpago sobre Roma, propuesta con frecuencia, era poco práctica. Roma era una ciudad amurallada que aún contaba con dos legiones para defenderla , y la logística de un asedio era imposible sin reducir primero muchas otras ciudades amuralladas cercanas. Aníbal generalmente evitó asediar grandes ciudades durante su campaña en Italia, y es posible que su ejército no llevara muchas catapultas ni otro equipo de asedio, aunque tales máquinas especializadas apenas eran necesarias para los asedios antiguos, que solían centrarse más en el movimiento de tierras que en la artillería. Mucho más importante, el amplio reclutamiento de Roma y su gran sistema de alianzas dejaron a los romanos con tremendos recursos militares aún disponibles: los romanos todavía tendrían 110.000 hombres en el campo de batalla en 215, cifra que aumentaría a 185.000 en 212. Un ejército cartaginés que se dispusiera a sitiar Roma habría sido rápidamente aislado y rodeado.

En cambio, Aníbal actuó con sensatez para consolidar la revuelta entre los socii romanos del sur de Italia. Sin embargo, la estructura del sistema de alianzas romano resultó difícil de desmantelar. Por un lado, la oferta romana de seguridad a cambio de apoyo militar llevó a muchas comunidades a aliarse con Roma. Por otro lado, como ha señalado Michael Fronda , el control romano había congelado muchos conflictos locales, de modo que la revuelta de una comunidad podía consolidar la lealtad de sus vecinos, limitando la expansión del apoyo a Aníbal.

Mientras tanto, Roma se recuperaba. Retomando la estrategia fabiana de retrasar a Aníbal mientras se centraba en otros frentes, los romanos emplearon la negación logística para contener a Aníbal en el sur de Italia mientras otros ejércitos romanos, pues Roma podía apoyar a muchos, comenzaban a sofocar a los socii rebeldes y a reducir el control cartaginés en Hispania. Los recursos de Cartago eran casi tan vastos como los de Roma —los cartagineses alcanzarían la asombrosa cifra de unos 165.000 hombres en el año 215—, pero en ausencia del generalato de Aníbal, confinado como estaba al sur de Italia, los romanos tendían a ganar las batallas con sus fuerzas mejor equipadas . El último dominio cartaginés en Hispania se derrumbó en el año 206 y los romanos comenzaron los preparativos en el año 205 para invadir el norte de África en el año 204. Los cartagineses, ante la derrota en su territorio, llamaron a Aníbal para que comandara la defensa, lo que condujo a una batalla decisiva en Zama en el año 202, donde Aníbal, llamado a filas, se enfrentó a Publio Cornelio Escipión. La derrota de Aníbal allí significó el fin tanto de la Segunda Guerra Púnica como de las ambiciones imperiales cartaginesas.
 

Las advertencias de Cannas

La batalla de Cannas, por supuesto, sirve como modelo dominante de la eficacia de las tácticas de doble envolvimiento. Alfred Schlieffen escribió un famoso tratado sobre la batalla como jefe del Estado Mayor alemán, que a su vez fue traducido con reverencia al inglés en 1931 por el Ejército estadounidense: La influencia del concepto de envolvimiento, tanto en el Plan Schlieffen como en la posterior Bewegungskrieg alemana , es evidente. Los estudios sobre la batalla siguen siendo habituales en la formación de oficiales y en los manuales militares de campaña, que abordan las tácticas como un ejemplo de cómo el envolvimiento se utilizó para compensar la disparidad numérica. Con esto, por supuesto, también se advierte contra la agresión imprudente de Varrón y Paulo, que permitió a Aníbal determinar el momento y el lugar del enfrentamiento y atraer a los romanos a la batalla en condiciones favorables.

Sin embargo, la victoria táctica de Aníbal en Cannas no produjo éxito estratégico. La canonización de la batalla, por lo tanto, corre el riesgo de enaltecer el éxito táctico llamativo por encima del logro de los objetivos estratégicos. De hecho, el audaz plan operativo de Aníbal que condujo a Cannas forzó duras realidades estratégicas que significarían la ruina tanto para Aníbal como para Cartago. El control romano en Italia fue el producto de casi tres siglos de trabajo lento que se resistió a desmoronarse. Por el contrario, el imperio bárcida en España tenía apenas dos décadas de antigüedad y comenzó a desmoronarse casi de inmediato una vez que los cartagineses enfrentaron reveses en el campo de batalla. Aníbal había evaluado correctamente que el "centro de gravedad" romano era su dependencia de los recursos militares de los socii , pero el sistema militar bárcido dependía igualmente de la mano de obra ibérica y era aún más vulnerable, ya que las victorias romanas en España podían despojar a los vasallos ibéricos de Aníbal incluso más fácilmente de lo que las victorias de Aníbal en Italia habían eliminado a los aliados italianos de Roma.

Así pues, a pesar del espectacular éxito táctico de Aníbal, inmediatamente después de Cannas, el equilibrio general del poder militar comenzó a reafirmarse casi de inmediato: la brecha de recursos entre Roma y Cartago era simplemente demasiado amplia para que incluso un talento como Aníbal pudiera superarla. Los cartagineses ganarían más batallas, en particular una aplastante doble victoria en la Alta Betis en 211 que detuvo, por un momento, el avance romano en Hispania, pero no lograron equilibrar el poder. Cannas, por lo tanto, también sirve como un sombrío recordatorio de la supremacía de lo estratégico sobre lo táctico y de la dificultad de traducir incluso los éxitos tácticos más tremendos en nuevas realidades estratégicas.

domingo, 31 de mayo de 2026

Asesinato de ex-presidente pakistaní asociado al Mossad

Huellas israelíes en la muerte de Muhammad Zia ul-Haq



Otra pista sobre el misterio de la muerte del general Zia.

Un artículo de Barbara Crossett, jefa de la corresponsalía del New York Times en el sur de Asia entre 1988 y 1991, publicado en el último número de World Policy Journal, afirma que el exembajador estadounidense en la India, John Gunther Dean, sospecha que el general Zia ul-Haq (presidente de Pakistán entre 1978 y 1988) fue asesinado por los israelíes. Esto resulta bastante interesante, pero probablemente no habría trascendido las numerosas teorías conspirativas surgidas tras la muerte de Zia en un accidente aéreo de un C-130 si el Departamento de Estado estadounidense no hubiera ignorado las palabras de Dean y posteriormente lo hubiera despedido por enfermedad mental.



"Hércules"

Según el artículo de Crosett, "¿Reflexiones sobre quién mató a Zia?", Dean sospecha que el general Zia, sus principales comandantes, el embajador estadounidense en Pakistán, Arnold Rafael, y un general de brigada estadounidense fueron asesinados por el servicio secreto israelí, el Mossad, porque Tel Aviv estaba preocupada por las ambiciones nucleares de Pakistán tras la declaración del general Zia en 1987 de que Pakistán estaba "a un paso de una bomba".

Pero cuando Dean expresó sus opiniones al Departamento de Estado e insistió en una investigación exhaustiva del eje israelí-indio, el departamento lo acusó de enfermedad mental y lo suspendió de su cargo, a pesar de que Dean era un diplomático distinguido que había ocupado más puestos de embajador que la mayoría de los diplomáticos. Crosett afirma que Dean, ahora de 80 años (2005 - P.G.), quiere deshacerse del estigma de la enfermedad mental, está recopilando sus documentos y está dispuesto a compartir sus reflexiones. Debido a sus opiniones, perdió su cobertura médica gratuita y su autorización de seguridad, y se vio obligado a dimitir en 1988.

¿Por qué el Departamento de Estado se mostró reacio a tomar en serio las palabras de Dean, dado que la evaluación provenía de su diplomático de mayor rango, que trabajaba en uno de los puestos de escucha más sensibles? ¿Por qué el Departamento de Estado, quizás temiendo que Dean no cambiara de opinión, decidió destituirlo de su cargo por motivos psiquiátricos? ¿Existe evidencia irrefutable al respecto? ¿Por qué el gobierno estadounidense no inició una investigación exhaustiva del incidente, a pesar de que el embajador y un general murieron en el desastre? ¿Por qué no se permitió al FBI llevar a cabo una investigación exhaustiva del desastre?

Según el relato de Crosett, sabemos que cuando Dean era embajador en la India, varios congresistas proisraelíes y otros políticos estadounidenses le preguntaban constantemente por qué no cooperaba con Israel en la lucha contra el programa nuclear de Pakistán y en la demonización de este país. Dean también fue presionado para persuadir a los indios de adoptar una postura más proisraelí. Dean también declaró públicamente que los israelíes intentaron asesinarlo en 1980, cuando era embajador de Estados Unidos en el Líbano, porque no estaba de acuerdo con las políticas israelíes.

Como indican los informes posteriores a la muerte del general Zia, abundan las teorías conspirativas. Muchos querían ver muerto al general Zia. ¿Fue asesinado por Al-Zulfiqar, una organización terrorista clandestina creada por Mir Murtaza Bhutto, hijo de Zulfikar Ali Bhutto, para vengar la ejecución de su padre? (Fue ejecutado en 1978 como resultado de un golpe militar en 1977. - P.G.) ¿O fue asesinado por alguien dentro del ejército pakistaní? Existe una acusación al respecto por parte del hijo del general Zia, Ijaz-ul-Haq, quien afirmó que su padre fue asesinado por el general Aslam Beg. (De hecho, el gobierno creó una comisión que lleva el nombre del juez Shafi-ur-Rehman para investigar el asunto. El informe de la comisión fue inconcluso, indicando que el ejército no cooperó con ella e impidió que muchos testigos declararan).

Otra teoría se relaciona con el factor chiíta iraní, debido a la política del general Zia hacia los deobandis y sus estrechos vínculos con Arabia Saudita. Otra teoría apunta a la participación estadounidense en el incidente, ya que Zia traicionó a los estadounidenses al acelerar el programa nuclear pakistaní y tomar el control de los muyahidines, a quienes Estados Unidos ayudó a trasladar a Afganistán para luchar contra las fuerzas soviéticas. Otra teoría culpa a la comunidad ahmadí de organizar la muerte del general Zia. En aquel entonces, y hasta ahora, no se ha mencionado a los israelíes.

Ahora tenemos el relato de Dean. Sabemos que los israelíes nunca han dudado en tomar medidas ilegales y preventivas en territorio extranjero cuando Tel Aviv lo ha considerado vital para la seguridad de Israel. Así, Israel atacó y destruyó el reactor iraquí de Osirak el 7 de junio de 1981. Es conocido por secuestrar extranjeros y llevarlos al país; y el Mossad también es tristemente célebre por sus asesinatos. Teóricamente, los israelíes podrían haber hecho esto; al menos no tendrían escrúpulos si significara fortalecer la seguridad de Israel.

En cuanto al encubrimiento del Departamento de Estado, tenemos el incidente del USS Liberty, que fue atacado por barcos israelíes en 1967. El ataque, presenciado por un avión de reconocimiento estadounidense, causó la muerte de 34 militares estadounidenses. Sin embargo, Estados Unidos ha emprendido una campaña masiva para ocultar la verdad. Según una fuente, un exabogado naval (el capitán retirado Ward Boston), que ayudó a dirigir la investigación militar sobre el ataque israelí al USS Liberty en 1967, declaró bajo juramento que el expresidente Lyndon Johnson y su secretario de Defensa, Robert McNamara, ordenaron que la investigación concluyera que el incidente fue un accidente.

Ahora tenemos una pista: será interesante ver a dónde nos lleva.

Daily Times. [Lahore].
4 de diciembre de 2005.

sábado, 30 de mayo de 2026

Revolución Rusa: La persecución y destrucción de la Iglesia Ortodoxa

¿Qué ocurrió con las iglesias ortodoxas rusas más famosas después de la Revolución?

Andrei Solomonov / Sputnik
Tras tomar el poder, los bolcheviques comenzaron a combatir activamente la religión. Destruyeron varios miles de iglesias y las que sobrevivieron se utilizaron para diversos fines seculares, desde graneros hasta sanatorios.

1. Catedral de Cristo Salvador en Moscú
 Catedral de Cristo Salvador en Moscú, 1903

William H. Rau/Biblioteca del Congreso

Quizás una de las iglesias ortodoxas rusas más famosas, que sufrió un destino trágico. En 1931, fue dinamitada y en su lugar se construyó la piscina al aire libre "Moskva".


Explosión en la catedral de Cristo Salvador, 1931

Dominio público

A finales de la década de 1990, el templo fue restaurado según el diseño original. Actualmente, es la catedral principal de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

¿Qué quedó tras la demolición de la primera catedral? Descúbrelo aquí .

2. Catedral de San Basilio en Moscú

  Catedral de San Basilio

Museo Histórico Estatal

También circulaban rumores de que las autoridades soviéticas querían demoler la catedral de San Basilio, uno de los principales símbolos de Moscú. Supuestamente, el proyecto de reconstrucción de la Plaza Roja incluía una autopista y el templo habría obstaculizado su paso.

Pero arquitectos, restauradores e importantes figuras culturales defendieron el templo (y, según cuenta la leyenda, Stalin personalmente impidió su destrucción). La catedral pronto se convirtió en un museo histórico y arquitectónico y aún forma parte formalmente del Museo Histórico Estatal.

Echa un vistazo a las fotos de la Catedral de San Basilio de hace 100 años y de hoy en día .

3. Catedral de Kazán en San Petersburgo
  La Catedral de Nuestra Señora de Kazán (también conocida como Catedral de Kazán o Catedral Kazansky)

Medios de comunicación de la Legión

Tras la Revolución Bolchevique de 1917, la iglesia fue entregada a los sacerdotes leales al poder soviético y se permitió que continuaran los servicios litúrgicos en ella.

Pero, poco después, la iglesia también fue clausurada y, en 1932, se inauguró allí el Museo de la Historia de la Religión y el Ateísmo.
  Una exposición patriótica en la Catedral de Kazán.

Anatoly Garanin / Sputnik

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, se celebraron allí exposiciones patrióticas dedicadas a los grandes comandantes del pasado. Sin embargo, el edificio fue incendiado y el templo-museo fue clausurado. Durante muchas décadas, se restauró lentamente y, en la década de 1990, aunque la iglesia seguía funcionando como museo, ya se habían reanudado los servicios religiosos. En el año 2000, fue entregada por completo a la Iglesia Ortodoxa Rusa y, actualmente, es la catedral principal de San Petersburgo.

4. Catedral de San Isaac en San Petersburgo
  Catedral de San Isaac

Medios de comunicación de la Legión

Los bolcheviques confiscaron todos los objetos valiosos de la catedral y cedieron el edificio a los feligreses (quienes tuvieron que pagar todas las facturas de los servicios públicos). Durante mucho tiempo, las autoridades soviéticas no supieron qué hacer con la obra maestra del arquitecto Auguste Montferrand, pero, finalmente, en 1931, se inauguró allí el Museo Estatal Antirreligioso y se puso en marcha el péndulo de Foucault.

  Boris Kudoyarov. Repollo en lugar de rosas, 1942.

Cortesía de ROSPHOTO

Durante la Segunda Guerra Mundial, se creía que los nazis no habían bombardeado el templo porque lo utilizaban como punto de referencia para los bombardeos y la aviación. Por lo tanto, la iglesia se usó como almacén y allí se trasladaron valiosas piezas de otros museos.

Lea más sobre la Catedral de San Isaac aquí .

5. La Iglesia del Salvador sobre la Sangre en San Petersburgo

La Iglesia del Salvador sobre la Sangre

Westend61/Getty Images

Tras la revolución, se celebraron servicios religiosos en la iglesia por primera vez. Sin embargo, en 1930, la iglesia fue clausurada y, durante mucho tiempo, las autoridades no supieron qué hacer con ella. Paradójicamente, la guerra salvó de la demolición esta obra maestra de estilo neorruso, ya que los funcionarios de Leningrado estaban preocupados por otros asuntos.
  La Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada durante la Segunda Guerra Mundial

Dominio público

Durante el asedio de Leningrado, la iglesia se utilizó como morgue y allí se depositaban los cuerpos de los residentes locales que morían de hambre. Tras la guerra, la iglesia fue asignada al Pequeño Teatro de la Ópera para el almacenamiento de la escenografía. No fue hasta la década de 1970 que la iglesia pasó a manos de los trabajadores del museo; y en 1997, después de 27 años de restauración, reabrió sus puertas al público.