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viernes, 6 de febrero de 2026

Guerra Civil: Los veteranos de Caseros


Héroes de Caseros




Fotografías que retratan a soldados veteranos integrantes de las filas del Ejército Grande durante la Batalla de Caseros, que concurrieron a los actos realizados en homenaje a Justo José de Urquiza, en la Escuela Normal Mixta de la ciudad entrerriana de Concordia, el 10 de noviembre de 1920.




Más fotografías que muestran a veteranos de Caseros durante las décadas de 1900 y 1910.



sábado, 31 de enero de 2026

Guerra civil: Carta de Juan Manuel de Rosas a Facundo Quiroga

Carta de Juan Manuel de Rosas a Juan Facundo Quiroga, manchada con su sangre tras ser asesinado en Barranca Yaco

Hacienda de Figueroa en San Antonio, de Diciembre 20 de 1834.




Carta de Juan Manuel de Rosas a Juan Facundo Quiroga, manchada con su sangre tras ser asesinado en Barranca Yaco.
Hacienda de Figueroa en San Antonio, de Diciembre 20 de 1834.
Mi querido compañero, señor don Juan Facundo Quiroga.
Consecuente a nuestro acuerdo, doy principio por manifestarle haber llegado a creer que las disensiones de Tucumán y Salta, y los disgustos entre ambos gobiernos, pueden haber sido causados por el ex Gobernador D. Pablo Alemán y sus manipulantes. Este fugó al Tucumán, y creo que fue bien recibido, y tratado con amistad por el señor Heredia. Desde allí maniobró una revolución contra Latorre, pero habiendo regresado a la frontera del Rosario para llevarla a efecto, saliéndole mal la combinación fue aprehendido:, y conducido a Salta. De allí salió bajo fianza de no volver a la provincia, y en su tránsito por el Tucumán para ésta, entiendo estuvo en buena comunicación con el señor Heredia. Todo esto no es extraño que disgustase a Latorre, ni que alentase el partido Sr. Alemán, y en tal posición los Unitarios que no duermen, y están corno el lobo acechando los momentos de descuido, o distracción infiriendo, al famoso estudiante López que estuvo en el Pontón, han querido sin duda aprovecharse de los elementos que les proporcionaba este suceso para restablecer su imperio. Pero de cualquier modo que esto haya sucedido me parece injusta la indemnización de daños y perjuicio que solicita el señor Heredia. El mismo confiesa en sus notas oficiales a este gobierno y al de Salta, que sus quejas se fundan en indicios, y conjeturas, y no en hechos ciertos e intergiversables, que alejen todo motivo de duda sobre la conducta hostil que le atribuye a Latorre. Siendo esto así, él no tiene por derecho de gentes más acción que a pedir explicaciones, y también garantías, pero de ninguna manera indemnizaciones.



Los negocios de Estado a Estado no se pueden decidir por las leyes que rigen en un país para los asuntos entre particular cuyas leyes han sido dictadas por circunstancias, y razones que sólo tienen lugar en aquel Estado en donde deben ser observadas. A que se agrega que no es tan cierto, que por sólo indicios, y conjeturas se condene a una persona a pagar indemnizaciones en favor de otra. Sobre todo debe tenerse presente que, aun cuando esta pretensión no sea repulsada por la justicia, lo es por la política. En primer lugar sería un germen de odio inextinguible entre ambas provincias que más tarde o más temprano de un modo o de otro, podría traer grandes males a la República. En segundo porque tal ejemplar abriría la puerta a la intriga y mala fe para que pudiese fácilmente suscitar discordias entre los pueblos, que sirviesen de pretexto para obligar a los unos a que sacrificasen su fortuna en obsequio de los otros. A mi juicio no debe perderse de vista el cuidado con que el Sr. Heredia se desentiende de los cargos que le hace Latorre por la conducta que observó con Alemán cuando éste, según se queja el mismo Latorre, desde el Tucumán le hizo una revolución sacando los recursos de dicha provincia a ciencia y paciencia de Heredia sobre lo que inculca en su proclama publicada en la Gaceta del jueves que habrá Vd. leído.
La justicia tiene ciertamente dos orejas, y es necesario para buscarla que Vd. desentrañe las cosas desde su primer origen. Y si llegase a probar de una manera evidente con hechos intergiversables, que alguno de los dos contendientes ha traicionado abiertamente la causa nacional de la Federación, yo en el caso de Vd. propendería a que dejase el puesto.
Considerando excusado extenderme sobre algunos otros puntos, porque según el relato que me hizo el Sr. Gobernador ellos están bien explicados en las instrucciones, pasaré al de la Constitución.
Me parece que al buscar Vd. la paz, y orden desgraciadamente alterados, el argumento más fuerte, y la razón más poderosa que debe Vd. manifestar a esos señores gobernadores, y demás personas influyentes, en las oportunidades que se le presenten aparentes, es el paso retrógrado que ha dado la Nación, alejando tristemente el suspirado día de la grande obra de la Constitución Nacional. ¿Ni qué otra cosa importa, el estado en que hoy se encuentra toda la República? Usted y yo deferimos a que los pueblos se ocupasen de sus constituciones particulares, para, que después de promulgadas entrásemos a trabajar los cimientos de la gran Carta Nacional. En este sentido ejercitamos nuestro patriotismo e influencias, no porque nos asistiere un positivo convencimiento de haber llegado la verdadera ocasión, sino porque estando en paz la República, habiéndose generalizado la necesidad de la Constitución, creímos que debíamos proceder como lo hicimos, para evitar mayores males. Los resultados lo dicen elocuentemente los hechos, los escándalos que se han sucedido, y el estado verdaderamente peligroso en que hoy se encuentra la República, cuyo cuadro lúgubre nos aleja toda esperanza de remedio.



Y después de todo esto, de lo que enseña y aconseja la experiencia tocándose hasta con la luz de la evidencia, ¿habrá quién crea que el remedio es precipitar la Constitución del Estado? Permítame Vd. hacer algunas observaciones a este respecto, pues aunque hemos estado siempre acordes en tan elevado asunto quiero depositar en su poder con sobrada anticipación, por lo que pueda servir, una pequeña parte de lo mucho que me ocurre y que hay que decir.
Nadie, pues, más que Vd. y yo podrá estar persuadido de la necesidad de la organización de un Gobierno general, y de que es el único medio de darle ser y responsabilidad a nuestra República.
¿Pero quién duda que éste debe ser el resultado feliz de todos los medios proporcionados a su ejecución? ¿Quién aspira a un término marchando en contraria dirección? ¿Quién para formar un todo ordenado, y compacto, no arregla, y solicita, primeramente bajo una forma regular, y permanente, las partes que deben componerlo? ¿Quién forma un Ejército ordenado con grupos de hombres, sin jefes sin oficiales, sin disciplina, sin subordinación, y que no cesan/ un momento de acecharse, y combatirse contra sí, envolviendo a los demás, en sus desórdenes? ¿Quién forma un ser viviente, y robusto con miembros' muertos, o dilacerados, y enfermos de la más corruptora gangrena, siendo así que la vida y robustez de este nuevo ser en complejo no puede ser sino la que reciba de los propios miembros de que se haya de componer? Obsérvese que una muy cara y dolorosa experiencia nos ha hecho ver prácticamente que es absolutamente necesario entre nosotros el sistema federal porque, entre otras razones de sólido poder, carecemos totalmente de elementos para un gobierno de unidad. Obsérvese que el haber predominado en el país una facción que se hacía sorda al grito de esta necesidad ha destruido y aniquilado los medios y recursos que teníamos para proveer a ella, porque ha irritado los ánimos, descarriado las opiniones, puesto en choque los intereses particulares, propagado la inmoralidad y la intriga, y fraccionado en bandas de tal modo la sociedad, que no ha dejado casi reliquias de ningún vínculo, extendiéndose su furor a romper hasta el más sagrado de todos y el único que podría servir para restablecer los demás, cual es el de la religión; y que en este lastimoso estado es preciso crearlo todo de nuevo, trabajando primero en pequeño; y por fracciones para entablar después un sistema general que lo abrace todo. Obsérvese que una República Federativa es lo más quimérico y desastroso que pueda imaginarse, toda vez que no se componga de Estados bien organizados en sí mismos, porque conservando cada uno su soberanía e independencia, la fuerza del poder general con respecto al interior de la República, es casi ninguna, y su principal y casi todo, su investidura, es de pura representación para llevar la voz a nombre de todos los Estados confederados en sus relaciones con las naciones extranjeras; de consiguiente si dentro de cada Estado en particular, no hay elementos de poder para mantener el orden respectivo, la creación de un Gobierno general representativo no sirve más que para poner en agitación a toda la República a cada, desorden parcial que suceda, y hacer que el incendio de cualquier Estado se derrame por todos los demás. Así es que la República de Norte América no ha admitido en la confederación los nuevos pueblos y provincias que se han formado después de su independencia, sino cuando se han puesto en estado de regirse por sí solos, y entre tanto los ha mantenido sin representación en clase de Estados; considerándolos como adyacencias de la República.



Después de esto, en el estado de agitación en que están los pueblos, contaminados todos de unitarios, de logistas, de aspirantes, de agentes secretos de otras naciones, y de las grandes logias que tienen en conmoción a toda Europa, ¿qué esperanza puede haber de tranquilidad y calma al celebrar los pactos de la Federación, primer paso que debe dar el Congreso Federativo? En el estado de pobreza en que las agitaciones políticas han puesto a todos los pueblos, ¿quiénes, ni con qué fondos podrán costear la reunión y permanencia de ese Congreso, ni menos de la administración general? ¿Con qué fondos van a contar para el pago de la deuda exterior nacional invertida en atenciones de toda la República, y cuyo cobro será lo primero que tendrá encima luego que se erija dicha administración? Fuera de que si en la actualidad apenas se encuentran hombres para el gobierno particular de cada provincia, ¿de dónde se sacarán los que hayan de dirigir toda la República? ¿Habremos de entregar la administración general a ignorantes, aspirantes, unitarios, y a toda clase de bichos? ¿No vimos que la constelación de sabios no encontró más hombre para el Gobierno general que a don Bernardino Rivadavia, y que éste no pudo organizar su Ministerio sino quitándole el cura a la Catedral (1) , y haciendo venir de San Juan al Dr. Lingotes (2) para el Ministerio de Hacienda, que entendía de este ramo lo mismo que un ciego de nacimiento entiende de astronomía ? Finalmente, a vista del lastimoso cuadro que presenta la República, ¿cuál de los héroes de la Federación se atreverá a encargarse del Gobierno general? ¿Cuál de ellos podrá hacerse de un cuerpo de representantes y de ministros, federales todos, de quienes se prometa las luces, y cooperación necesaria para presentarse con la debida dignidad, salir airoso del puesto, y no perder en él todo su crédito, y reputación? Hay tanto que decir sobre este punto que para sólo lo principal y más importante sería necesario un tomo que apenas se podría, escribir en un mes.



El Congreso general debe ser convencional, y no deliberante, debe ser para estipular las bases de la Unión Federal, y no para resolverlas por votación. Debe ser compuesto de diputados pagados y expensados por sus respectivos pueblos y sin esperanza de que uno supla el dinero a otros, porque esto que Buenos Aires pudo hacer en algún tiempo, le es en el día absolutamente imposible.
Antes de hacerse la reunión debe acordarse entre los gobiernos, por unánime avenimiento, el lugar donde ha de ser, y la formación del fondo común, que haya de sufragar a los gastos oficiales del Congreso, corno son los de casa, muebles, alumbrado, secretarios, escribientes, asistentes, porteros, ordenanzas, y demás de oficina; gastos que son cuantiosos y mucho más de lo que se creen generalmente. En orden a las circunstancias del lugar de la reunión debe tenerse cuidado que ofrezca garantías de seguridad y respeto a los diputados, cualquiera que sea su modo de pensar y discurrir; que sea uno, hospitalario, y cómodo, porque los diputados necesitan largo tiempo para expedirse. Todo esto es tan necesario cuanto que de lo contrario muchos sujetos de los que sería preciso que fuesen al Congreso se excusarán o renunciarán después de haber ido, y quedará reducido a un conjunto de imbéciles, sin talento, sin saber, sin juicio, y sin práctica en los negocios de Estado. Si se me preguntase dónde está hoy ese lugar diré que no sé, y si alguno contestase que en Buenos Aires, yo diría que tal elección sería el anuncio cierto del desenlace más desgraciado y funesto a esta ciudad, y a toda la República. El tiempo, el tiempo solo, a la sombra de la paz, y de la tranquilidad de los pueblos, es el que puede proporcionarlo y señalarlo. Los Diputados deben ser federales a prueba, hombres de respeto, moderados, circunspectos, y de mucha prudencia y saber en los ramos de la Administración pública, que conozcan bien á fondo el estado y circunstancias de nuestro país, considerándolo en su posición interior bajo todos aspectos, y en la relativa a los demás Estados vecinos, y a los de Europa con quienes está en comercio, porque hay grandes intereses y muy complicados que tratar y conciliar, y a la hora que rayan dos o tres diputados sin estas calidades, todo se volverá un desorden como ha sucedido siempre, esto es si no se convierte en una tanda de pillos, que viéndose colocados en aquella posición, y sin poder hacer cosa alguna de provecho para el país, traten de sacrificarlo a beneficio suyo particular, como lo han hecho nuestros anteriores Congresos concluyendo sus funciones con disolverse, llevando los diputados por todas partes el chisme, la mentira, la patraña, y dejando envuelto al país en un maremágnun de calamidades de que jamás pueda repararse.
Lo primero que debe tratarse en el Congreso no es, como algunos creen, de la erección del Gobierno general, ni del nombramiento del jefe supremo de la República. Esto es lo último de todo. Lo primero es dónde ha de continuar sus sesiones el Congreso, si allí donde está o en otra parte. Lo segundo es la Constitución General principiando por la organización que habrá de tener el Gobierno general, que explicará de cuántas personas se ha de componer ya en clase de jefe supremo, ya en clase de ministros, y cuáles han de ser sus atribuciones, dejando salva la soberanía e independencia de cada uno de los Estados Federados. Cómo se ha de hacer la elección, y qué calidades han de concurrir en los elegibles; en dónde ha de residir este Gobierno, y qué fuerza de mar y tierra permanente en tiempo de paz es la que debe tener, para el orden, seguridad, y respetabilidad de la República.



El punto sobre el lugar de la residencia del Gobierno suele ser de mucha gravedad, y trascendencia por los celos y emulaciones que esto excita en los demás pueblos, y la complicación de funciones que sobrevienen en la corte o capital de la República con las autoridades del Estado particular a que ella corresponde. Son éstos inconvenientes de tanta gravedad que obligaron a los norteamericanos a fundar la ciudad de Washington, hoy Capital de aquella República que no pertenece a ninguno de los Estados confederados.
Después de convenida la organización que ha de tener el Gobierno, sus atribuciones, residencia y modo de erigirlo, debe tratarse de crear un fondo nacional permanente que sufrague todos los gastos generales, ordinarios y extraordinarios, y al pago de la deuda nacional, bajo del supuesto que debe pagarse tanto la exterior como la interior, sean cuales fueren las causas justas o injustas que la hayan causado, y sea cual fuere la administración que haya habido de la hacienda del Estado porque el acreedor nada tiene que ver con esto, que debe ser una cuestión para después. A la formación de este fondo, lo mismo que con el contingente de tropa para la organización del Ejército nacional, debe contribuir cada Estado Federado, en proporción a su población cuando ellos de común acuerdo no tomen otro arbitrio que crean más adaptable a sus circunstancias; pues en orden a eso no hay regla fija, y todo depende de los convenios que hagan cuando no crean conveniente seguir la regla general, que arranca del número proporcionado de población. Los norteamericanos convinieron en que formasen este fondo de derechos de Aduana sobre el comercio de ultramar, pero fue porque todos los Estados tenían puertos exteríores no habría sido así en caso contrario. A que se agrega que aquel país por su situaci6n topográfica es en la principal y mayor parte marítimo como se ve a la distancia por su comercio activo, el número crecido de sus buques mercantes, y de guerra construidos en la misma república, y como que esto era lo que más gastos causaba a la república en general, y lo que más llamaba su atención por todas partes, pudo creerse que debía sostenerse con los ingresos de derechos que produjesen el comercio de ultramar o con las naciones extranjeras.



Al ventilar estos puntos, deben formar parte de ellos los negocios del Banco Nacional, y de nuestro papel moneda que todo él forma una parte de la deuda nacional a favor de Buenos Aires; deben entrar en cuenta nuestros fondos públicos, y la deuda de Inglaterra, invertida en la guerra nacional con el Brasil; deben entrar los millones gastados en la reforma militar, los gastados en pagan la deuda reconocida, que había hasta el año de Ochocientos veinte y cuatro procedente de la guerra de la Independencia, y todos los demás gastos que ha hecho esta provincia con cargo de reintegro en varias ocasiones, como ha sucedido para la reunión y conservación de varios congresos generales.
Después de establecidos estos puntos, y el modo como pueda cada Estado Federado crearse sus rentas particulares sin perjudicar los intereses generales de la República, después de todo esto, es cuando recién se procederá al nombramiento del jefe de la República y erección del Gobierno general. ¿Y puede nadie concebir que en el estado triste y lamentable en que se halla nuestro país pueda allanarse tanta dificultad, ni llegarse al fin de una empresa tan grande, tan ardua, y que en tiempos los más tranquilos y felices, contando con los hombres de más capacidad, prudencia v patriotismo, apenas podría realizarse en dos años de asiduo trabajo? ¿Puede nadie que sepa lo que es el sistema federativo, persuadirse que la creación de un gobierno general bajo esta forma atajará las disensiones domésticas de los pueblos? Esta persuasión o triste creencia en algunos hombres de buena fe es la que da ansia a otros pérfidos y alevosos que no la tienen o que están alborotando los pueblos con el grito de Constitución, para que jamás haya paz, ni tranquilidad, porque en el desorden es en lo que únicamente encuentran su modo de vivir. El Gobierno general en una República Federativa no une los pueblos federados, los representa unidos: no es para unirlos, es para representarlos en unión ante las demás naciones: él no se ocupa de lo que pasa interiormente en ninguno de los Estados, ni decide las contiendas que se suscitan entre sí. En el primer caso sólo entienden las autoridades particulares del Estado, y en el segundo la misma Constitución tiene provisto el modo cómo se ha de formar el tribunal que debe decidir. En una palabra, la unión y tranquilidad crea el Gobierno general, la desunión lo destruye; él es la consecuencia, el efecto de la unión, no es la causa, y si es sensible su falta, es mucho mayor su caída, porque nunca sucede ésta sino convirtiendo en escombros toda la República. No habiendo, pues, hasta ahora entre nosotros, como no hay, unión y tranquilidad, menos mal es que no exista, que sufrir los estragos de su disolución. ¿No vemos todas las dificultades invencibles que toca cada Provincia en particular para darse constitución? Y si no es posible vencer estas solas dificultades, ¿será posible vencer no sólo éstas sino las que presenta la discordia de unas provincias con otras, discordia que se mantiene como acallada y dormida mientras que cada una se ocupa de sí sola, pero que aparece al instante como una tormenta general que resuena por todas partes con rayos y centellas, desde que se llama a Congreso general?



Es necesario que ciertos hombres se convenzan del error en que viven, porque si logran llevarlo a efecto, envolverán a la República en la más espantosa catástrofe, y yo desde ahora pienso que si no queremos menoscabar nuestra reputación ni mancillar nuestras glorias, no debemos prestarnos por ninguna razón a tal delirio, hasta que dejando de serlo por haber llegado la verdadera oportunidad veamos indudablemente que los resultados han de ser la felicidad de la Nación. Si no pudiésemos evitar que lo pongan en planta, dejemos que ellos lo hagan enhorabuena pero procurando hacer ver al público que no tenemos la menor parte en tamaños disparates, y que si no lo impedimos es porque no nos es posible.



La máxima de que es preciso ponerse a la cabeza de los pueblos cuando no se les pueda hacer variar de resolución es muy cierta; mas es para dirigirlos en su marcha, cuando ésta es a buen rumbo, pero con precipitación o mal dirigida; o para hacerles variar de rumbo sin violencia, y por un convencimiento práctico de la imposibilidad de llegar al punto de sus deseos. En esta parte llenamos nuestro deber, pero los sucesos posteriores han mostrado a la clara luz que entre nosotros no hay otro arbitrio que el de dar tiempo a que se destruyan en los pueblos los elementos de discordia, promoviendo y alentando cada gobierno por sí el espíritu de paz y tranquilidad. Cuando éste se haga visible por todas partes, entonces los cimientos empezarán por valernos de misiones pacíficas y amistosas por medio de las cuales sin bullas, ni alboroto, se negocia amigablemente entre los gobiernos, hoy esta base, mañana la otra hasta colocarlas en tal estado que cuando se forme el Congreso lo encuentre hecho casi todo, y no tenga más que marchar llanamente por el camino que se le haya designado. Esto es lento a la verdad, pero es preciso que así sea, y es lo único que creo posible entre nosotros después de haberlo destruido todo, y tener que formarnos del seno de la nada.



Adiós, compañero. El cielo tenga piedad de nosotros, y dé a Vd. salud, acierto, y felicidad en el desempeño de su comisión; y a los dos, y demás amigos, iguales goces, para defendernos, precavernos, y salvar a nuestros compatriotas de tantos peligros como nos amenazan.
Juan M. de Rosas.
(1) Julián Segundo de Agüero
(2) Salvador Maria del Carril
Colección Adolfo Saldías, folios 179 al 184. Sala VII Nº 229. Dpto. Documentos Escritos. Buenos Aires. Argentina. (AGN│Archivo General de la Nación)



domingo, 11 de enero de 2026

Granaderos a caballo: Lamadrid, el Inmortal

El más valiente entre los valientes


Dirá de él Domingo Faustino Sarmiento:
“Es el general Lamadrid uno de esos tipos naturales del suelo argentino. A la edad de 14 años empezó a hacer la guerra a los españoles, y los prodigios de su valor romanesco pasa los límites de lo posible: se ha hallado en ciento cuarenta encuentros, en todos los cuales la espada de Lamadrid ha salido mellada y destilando sangre; el humo de la pólvora y los relinchos de los caballos lo enajenan, y con tal que él acuchille todo lo que se le pone por delante, caballeros, cañones, infantes, poco le importa que la batalla se pierda. Decía que es un tipo natural de aquel país, no por esta valentía fabulosa, sino porque es oficial de caballería y poeta además. Es un “Tirteo” que anima al soldado con canciones guerreras, el cantor del que hablé en la primera parte; es el espíritu gaucho, civilizado y consagrado a la libertad. Desgraciadamente, no es un general “cuadrado”, como lo pedía Napoleón; el valor predomina sobre otras cualidades, en proporción de ciento a uno”



Dicen que era un empedernido consumidor de caramelos.
Tenía pánico al agua, y trataba por todos los medios posibles, de no subirse a botes y barcos.
Y cantaba vidalitas para sus soldados, antes de las batallas.
Cuando San Martín se hizo cargo del Ejercito del Norte, a principios de 1814, en reemplazo de Manuel Belgrano, recientemente vencido en "Vilcapugio" y "Ayohuma", el Capitán de Dragones, el tucumano Gregorio Araoz de Lamadrid, cumplió funciones de edecan del futuro Cóndor de los Andes.
Estuvo en Tucumán y Salta. Y también en Vilcapugio y Ayohuma.
Y cuando se mezcló en las luchas fratricidas de Unitarios y Federales, el destino lo llevo a un lugar llamado "el Tala".
Allí la suerte le fue adversa. 
Era 1827. Y casi lo matan en esa batalla.
Recibió once golpes de sable en su cráneo; le habían roto la nariz y la punta le quedó colgando sobre el labio superior. Su oreja derecha casi partida en dos estaba unida por un hilo de piel. Otro sablazo le cortó el bíceps del brazo izquierdo y un bayonetazo se clavó en su omóplato.
Cuando cayó al piso, sin soltar su sable, lo molieron a culatazos, lo pisotearon con sus caballos y le quebraron costillas. Cuando le quitaban sus armas y ropas, Lamadrid juntó fuerzas y como pudo gritó que no se rendía. Su cuerpo estaba bañado en sangre y lo remataron con un disparo en la espalda. Se fueron dándolo por muerto.
Pero sobrevivió. Contra todo pronóstico. Y se ganó el apodo de "El Inmortal".
El General Gregorio Araoz de Lamadrid había nacido un 28 de noviembre de 1795 en Tucumán.
Daguerrotipo del General. El verdadero rostro del guerrero.
Y fotografía de la bala que le sacaron de la espalda y que le destrozó el omóplato. Está en el MHN.

 

martes, 6 de enero de 2026

Caseros: Homenaje póstumo al Teniente Feloni

 

Último homenaje


Testimonio fotográfico del homenaje póstumo rendido por los amigos del Teniente Feloni, muerto heroicamente el 30 de mayo de 1853, durante uno de los combates del sitio de Buenos Aires. El cadáver luce los cordones de honor otorgados post mortem y sostiene su sable entre las manos. Con los ojos abiertos y descalzo, el cuerpo se mantiene sentado, trabados los pies en un banquillo. A su lado, aparecen seis oficiales de los cuales el historiador Juan Isidro Quesada, propietario del daguerrotipo, logró identificar a cuatro: el segundo de izquierda a derecha es Santiago Calzadilla, autor de “Las Beldades de mi Tiempo”; el cuarto es el Dr. Montes de Pía; el quinto, el Mayor Eduardo Clerici y el sexto y último, el Coronel Silvino Olivieri, Jefe de la Legión Italiana.
Fuente: "Soldados 1848-1927" de la Fundación Soldados.

martes, 14 de octubre de 2025

Guerra civil soviética: El Barón Negro del Ejército Blanco

"Ejército Blanco, Barón Negro"




En el artículo anterior, analizamos los orígenes y los primeros años de la carrera militar de Piotr Wrangel, cómo y por qué recibió el apodo de "Barón Negro" en 1918, y cómo se convirtió en el sucesor de Denikin, "Gobernante y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas del Sur de Rusia". Hoy continuamos esa historia.


Cartel "Ejércitos Rojo y Blanco"

Año 1920


El difícil año 1920 para nuestro país también estuvo marcado por grandes victorias del Ejército Rojo.



Recordamos que el 4 de enero Kolchak entregó el título de Gobernante Supremo de Rusia a A. I. Denikin, y el poder en el este de Rusia al sanguinario atamán G. Semenov, sobre quien el mayor general William Sidney Graves (comandante de la Fuerza Expedicionaria del Ejército de los Estados Unidos en Siberia en 1918-1920) escribió lo siguiente en su libro La aventura siberiana de América:

Semyonov organizó las llamadas "estaciones de exterminio" y se jactó abiertamente de que no podía dormir tranquilo a menos que hubiera matado al menos a alguien durante el día.

El 8 de enero de 1920, Kolchak disolvió las últimas unidades leales y se puso bajo la protección de los aliados y los legionarios checoslovacos. El 15 de enero de 1920, en la aldea de Kaitul, el mando de la legión, con el consentimiento del general francés Maurice Janin (comandante de las fuerzas de la Entente en Siberia y el Lejano Oriente), entregó al exalmirante, ahora indeseable, a representantes del Comité Revolucionario de Irkutsk a cambio de un pasaje gratuito hacia el Este a través del Ferrocarril Transiberiano. El acuerdo resultó muy ventajoso para el nuevo gobierno, ya que Kolchak también recibió el resto del oro robado por el general Kappel en Kazán en agosto de 1918: 5143 cajas y 1578 sacos de oro y otros objetos de valor, con un peso de 311 toneladas.

Cabe destacar que Kappel se incautó de un total de 640 toneladas de oro y 480 toneladas de plata en lingotes y monedas, costosos utensilios eclesiásticos, así como joyas de la familia real: 154 artículos, incluyendo el collar de la emperatriz Alejandra Fiódorovna y la espada con diamantes del heredero Alexéi.

Volvamos a Kolchak, quien dejó una profunda y cruel huella en Siberia: fue ejecutado el 7 de febrero, y Demyan Bedny escribió sobre el inevitable fin de este sanguinario almirante de la cocaína:

Fue una alegría para el enemigo
ver cadáveres en la nieve
en medio del espacio siberiano:
cadáveres de campesinos pobres
y superguerreros.
Pero por estos muertos,
Kolchak recibió el premio:
le dijimos, al apuesto bastardo,
que lo arrojaron a un ventisquero,
y también le metieron una bala en la frente.

En febrero, los intervencionistas británicos se vieron obligados a abandonar Arkhangelsk.

Y, como se describió en el artículo anterior, el 4 de abril, Denikin, que había perdido el respeto de sus tropas, abandonó Rusia en un destructor inglés, y Wrangel, quien lo reemplazó, llegó a Sebastopol en el acorazado Emperador de la India.


Wrangel en Sebastopol, 1920

El 6 de abril se creó la República del Lejano Oriente en el territorio de Transbaikalia, la región del Amur y Primorie, y ese mismo día comenzó una exitosa ofensiva contra las tropas del sucesor de Kolchak, Atamán Semiónov.

La guerra con Polonia, que comenzó el 25 de abril de 1920 y se prolongó hasta agosto, fue un duro golpe para los victoriosos ejércitos rojos.

Wrangel en Crimea: gobernante y comandante en jefe


¿Qué sucedía en Crimea en ese momento?

Al llegar a la península, Wrangel trajo consigo un mensaje profundamente desagradable del gobierno británico: desilusionados y sin creer ya en una victoria blanca, los británicos declararon el fin de su apoyo al movimiento blanco en Rusia, pero a Denikin personalmente y a sus "colaboradores más cercanos" se les garantizó asilo político en Inglaterra. Ya en el exilio, el barón escribiría en sus memorias:

La negativa británica a brindarnos más ayuda frustró nuestras últimas esperanzas. La situación del ejército se estaba volviendo desesperada. Pero yo ya había tomado una decisión. Al asumir el cargo de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas del Sur de Rusia, reconociendo la magnitud de la vulnerabilidad de Crimea, tomé de inmediato una serie de medidas preparatorias en caso de una evacuación del ejército, para evitar que se repitieran los desastres de las evacuaciones de Novorossiysk y Odessa.

La primera orden del día de Wrangel fue exigir un recibo que confirmara que no se le exigiría organizar de inmediato una ofensiva contra los rojos. El Senado de Gobierno accedió, y dos días después se anunció que Wrangel, como el "nuevo líder del pueblo", estaba ahora al mando. "Pertenece a la plenitud del poder, militar y civil, sin restricciones" .

El barón solicitó a los británicos que extendieran su ayuda durante dos meses, así como que protegieran Crimea del mar, y recibió una respuesta positiva.

Cinco días después, el 11 de abril de 1920, Wrangel se autoproclamó oficialmente "Gobernador y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas del Sur de Rusia", que, sin embargo, pronto pasaron a llamarse Ejército Ruso.


Gobernante del sur de Rusia, barón P. Wrangel

El 29 de mayo, el jefe de la misión británica en Sebastopol informó a Wrangel que Gran Bretaña dejaría de proporcionar equipo, pero el 5 de junio, el almirante de Robeck le informó que los buques de guerra británicos, aunque dejaban de participar en operaciones ofensivas, seguirían defendiendo la Crimea de la Guardia Blanca desde el mar.

La ayuda francesa fue todo menos desinteresada. En julio, su gobierno convenció a las autoridades rumanas para que entregaran a Wrangel el equipo militar ruso de la Segunda Guerra Mundial almacenado en ese país. Y a partir del 10 de agosto de 1920, los propios franceses comenzaron a suministrar suministros militares a las tropas crimeas. A cambio, el "patriota ruso" Wrangel reconoció íntegramente las obligaciones financieras de todos los "gobiernos rusos" con Francia y garantizó el reembolso de las deudas a 35 años con un interés anual del 6,5%. Prometió a Francia todo el grano exportado de Ucrania y Kubán, tres cuartas partes de todo el petróleo producido en Rusia y una cuarta parte del carbón producido en el Donbás. Incluso muchos blancos se indignaron con este acuerdo. G. Rakovsky, por ejemplo, escribió mientras ya estaba en el exilio:

Según este proyecto, todo el sur de Rusia, con todas sus empresas industriales, ferrocarriles, aduanas, etc., quedó bajo dependencia directa de Francia durante muchos años.

Afortunadamente para nuestro país, el 14 de noviembre de 1920, el autoproclamado "gobernante" Wrangel sucedió a Denikin.

Pero no nos adelantemos. Wrangel declaró:

Estamos en una fortaleza sitiada, y sólo un gobierno único y fuerte puede salvar la situación... todos los partidos deben unirse en uno solo, haciendo un trabajo empresarial no partidista... Para mí, no hay monárquicos ni republicanos, sino sólo gente de conocimiento y de trabajo.

Luchando por encontrar apoyo social, se esforzó febrilmente por implementar reformas largamente esperadas que sus predecesores habían abandonado. Su gobierno estaba encabezado por el exministro de Agricultura, A. V. Krivoshein, y entre sus miembros se encontraban el marxista legal P. B. Struve y el exministro de Finanzas del Gobierno Provisional, M. V. Bernatsky.


Gobierno del Sur de Rusia. Crimea, Sebastopol, 22 de julio de 1920.

Ya el 8 de abril de 1920 se iniciaron las conversaciones sobre la reforma campesina, y el 25 de mayo se aprobó la "Ley de Tierras". Los campesinos podían obtener tierras baldías (no cultivadas por terratenientes) mediante una "compra justa", con el Estado actuando como intermediario en los asentamientos.

Se planeó una reforma de los zemstvos, que implicó la creación de órganos de autogobierno de base: Consejos de Tierras de volost y distrito.

En un intento por ganarse el favor de los cosacos, les prometió total independencia en su estructura interna y gobierno.

Wrangel incluso estaba dispuesto a conceder la autonomía a Ucrania, pero solo dentro del marco de un solo estado. Sin embargo, rechazó la idea del general Slashchev de crear un ejército ucraniano independiente y un órgano representativo: la Comunidad Popular Ucraniana.

También se intentó establecer vínculos con los montañeses del Cáucaso y el gobierno menchevique de Georgia. Wrangel incluso intentó convencer a Makhno, pero el famoso "padre" odiaba a los blancos y no quería saber nada de ellos. Ya en 1919, declaró:

Los comunistas son revolucionarios después de todo. Podemos ajustar cuentas con ellos más tarde.

Makhno luchó tres veces del lado del régimen soviético e incluso recibió la Orden de la Bandera Roja n.º 4. Además, las fuerzas de Batka, entonces lideradas por Semión Karetnikov, unieron fuerzas con Blucher y Frunze para asaltar la Crimea de Wrangel y, en noviembre de 1920, cruzaron la bahía de Sivash. Makhno fue declarado proscrito tres veces por los bolcheviques.


N. Makhno y P. Dybenko, fotografía, 1918

La guerra entre la Rusia soviética y Polonia no ayudó mucho a Wrangel, ya que Józef Piłsudski no confiaba en los blancos y los consideraba más peligrosos que los bolcheviques.


Cartel de V. Denis

El 20 de mayo de 1920, Wrangel publicó un manifiesto titulado “Por qué luchamos”:

Por la fe profanada y sus santuarios profanados. Por la liberación del pueblo ruso del yugo de comunistas, vagabundos y convictos que devastaron por completo la Santa Rusia. Por el fin de las luchas intestinas. Por el campesino, al adquirir la propiedad de la tierra que cultiva, para dedicarse al trabajo pacífico.

Pero todos, tanto los rojos como los blancos, notaron inmediatamente otras palabras:

Para que el propio pueblo ruso pudiera elegir a su propio amo.

Y el emperador Nicolás II, odiado por el pueblo, se autodenominaba "dueño de la tierra rusa". Y muchos (¡tanto rojos como blancos!) decidieron de inmediato que Wrangel no solo quería restaurar la autocracia, sino también tomar el trono.


Póster "El gendarme zarista barón Wrangel"

Demyan Bedny respondió al manifiesto de Wrangel con el siguiente poema:

Su fange en. Yo coso.
Es ist dlya all sovetskikh mesto (significado de lugares soviéticos).
Para los rusos de punta a punta,
Baronsky untser manifest.
Todos conocen mi apellido:
Their bin von Wrangel, Herr Baron.
Soy el mejor, el sexto
candidato al trono real.

(De hecho, por supuesto, Wrangel hablaba sin acento alemán.)

Pero Pavel Gorinstein escribió mucho mejor, para siempre, como él mismo lo estampó:

Ejército blanco, barón negro
Nos están preparando de nuevo el trono real.

Y Samuil Pokrass musicalizó este poema con una hermosa música. El resultado fue una marcha al nivel de "La Marsellesa". Curiosamente, ni Pavel Gorinstein, quien permaneció en la URSS, ni Samuil Pokrass, quien emigró a Estados Unidos (a diferencia de su hermano menor, Dmitry), escribieron nada que valiera la pena, al igual que Rouget de Lille.

En vísperas del desastre


A pesar de las derrotas de los Blancos y las enormes pérdidas sufridas durante las evacuaciones de Odesa y Novorossiysk, Wrangel aún contaba con importantes fuerzas militares en Crimea en abril de 1918. Estaban organizadas en tres cuerpos —el de Crimea, el de Voluntarios y el del Don— con una fuerza total de aproximadamente 35 hombres, aunque su moral dejaba mucho que desear. Contaban con 500 ametralladoras, 100 piezas de artillería, pero muy pocos caballos. No obstante, entre el 13 y el 14 de abril, los Guardias Blancos lograron repeler un asalto al Muro de Perekop (Turco), pero un intento de contraofensiva resultó infructuoso. Para el verano, los Blancos habían reunido suficientes fuerzas en Crimea para lanzar una ofensiva el 6 de junio de 1920, capturando las tierras entre el Dniéper y el mar de Azov. La situación parecía favorable: la guerra entre la Rusia Soviética y Polonia aún no había terminado, y pronto, el 15 de agosto, estalló una rebelión de los campesinos de Tambov bajo el liderazgo de A. S. Antonov (que no sería reprimida hasta junio de 1921).

Pero tras la firma de la paz entre el gobierno soviético y Polonia, la situación cambió drásticamente, y el 28 de octubre (8 de noviembre) el Ejército Rojo inició su ofensiva.

Principio de fin


Como recordamos, durante la ofensiva de verano de 1920, las fuerzas de Wrangel capturaron vastos territorios entre el Dniéper y el mar de Azov. Se planeó la Operación Transdniéper, que consistía en rodear y destruir el grupo Kajovka del Ejército Rojo y, posteriormente, abrirse paso hacia la orilla derecha de Ucrania. Para combatir a Wrangel, se formó el Frente Sur el 21 de septiembre de 1920, y M. Frunze fue nombrado su comandante el 27. Este comandante soviético logró llegar a un acuerdo con Makhno, quien renovó su alianza con los bolcheviques el 2 de octubre de 1920. Las fuerzas de Batka eran bastante impresionantes: envió aproximadamente 12 soldados al frente con 500 ametralladoras y 10 cañones. Mientras tanto, el 8 de octubre, la Guardia Blanca cruzó el Dniéper y capturó Nikopol y la importante estación de ferrocarril de Apostolovo. Las unidades del general Vikovsky comenzaron el asalto a Kajovka.


La situación en el frente en septiembre-octubre de 1920

Del 12 al 14 de octubre se libró la batalla de Nikopol-Aleksandrovsk, en la que los blancos sufrieron graves pérdidas: hasta la mitad de sus fuerzas. El Segundo Ejército de Caballería, liderado por el ahora poco conocido comandante rojo Filipp Mironov (rival de Budyonny, también muy detestado por Trotsky, Voroshilov y Stalin), rompió las líneas enemigas y alcanzó el Dniéper.


F. Mironov en una fotografía de 1921.
El pánico se desató en las unidades blancas; la caballería en retirada confundió a las unidades de infantería y aplastó a sus propios soldados, mientras la aviación roja atacaba los cruces. La situación empeoró tras la propagación de rumores sobre la llegada del Primer Ejército de Caballería de Budyonny entre las unidades de la Guardia Blanca; los guardias blancos que huían ya estaban abandonando sus fusiles y ametralladoras. El 14 de octubre, el general Vitkovski, ajeno a esta catástrofe, lanzó un asalto contra las fortificaciones soviéticas en Kajovka. Logró capturar solo la primera línea, pero luego se vio obligado a retirarse. En 1935, M. Svetlov escribió un famoso poema (musicalizado por I. Dunaevsky), en el que Kajovka se equiparaba a Irkutsk (donde Kolchak fue ejecutado) y Varsovia:

Kajovka, Kajovka –
rifle nativo – ¡
Bala caliente, vuela!
Irkutsk y Varsovia,
Orel y Kajovka:
etapas de un largo viaje.

La canción está medio olvidada, pero aún se recuerda una línea:

Somos gente pacífica, pero nuestro tren blindado ¡
Está parado en la vía muerta!


I. Vladímirov. "Capturar tanques cerca de Kakhovka ". 1927 gramos.


Soldados del Ejército Rojo en un tanque británico capturado cerca de Kakhovka, octubre de 1920.

Las fuerzas de Wrangel se debilitaron cada vez más, pero Wrangel, subestimando a los rojos, se negó a retirarlas inmediatamente a Crimea. Esto permitió a Frunze planear una operación para cercar a las fuerzas de la Guardia Blanca. El grupo norte debía avanzar desde Nikopol hasta la península de Chongar, derrotar al cuerpo de caballería enemigo y tres divisiones (Kornilov, Markov y Drozdov), y luego penetrar en Crimea a través del istmo de Chongar. El grupo occidental recibió órdenes de atacar al enemigo desde Kakhovka hasta los istmos de Crimea y Sivash, tomar Perekop y Chongar, aislando a las fuerzas de Wrangel de la península. El grupo oriental recibió órdenes de contener a las fuerzas enemigas con un ataque de apoyo sobre Tokmak y Melitopol.

La batalla principal de esta parte de la campaña militar comenzó el 20 de octubre con la ofensiva blanca sobre Pavlodar. La operación de Wrangel terminó en un completo fracaso. El Primer Ejército de Caballería casi irrumpió en la península, y en un momento dado, las tropas de la Guardia Blanca se vieron rodeadas, aisladas del cuartel general de Wrangel en Dzhankoy. Sin embargo, las acciones descoordinadas y arbitrarias de los comandantes del Ejército Rojo, que violaban con frecuencia las órdenes de Frunze (en este sentido, el Primer Ejército de Caballería de Budyonny no demostró ser más disciplinado que las fuerzas de Makhno), permitieron a los Blancos retirarse de Tavria a Crimea a finales de octubre y principios de noviembre, en constante conflicto. No obstante, el 3 de noviembre, las unidades del Ejército Rojo ocuparon finalmente la península de Chongar, y los Blancos se retiraron, destruyendo todos los puentes hacia Crimea. Esta batalla le costó caro al Ejército Blanco, que volvió a perder hasta el 50% de sus soldados: muertos, heridos, congelados y capturados.

En el próximo artículo, continuaremos la historia. Discutiremos la liberación de Crimea por el Ejército Rojo, la evacuación "ejemplar" de los Guardias Blancos y sus partidarios civiles de la península, la lamentable situación de los soldados y oficiales rusos en Constantinopla, la vida de Wrangel en el exilio y su muerte en 1928.

viernes, 26 de septiembre de 2025

Roma: La dictadura de Sila

El reinado de terror de Sila: las sangrientas proscripciones que legalizaron el asesinato en la antigua Roma

Relieve de piedra erosionada que representa tres figuras romanas con atuendos tradicionales, talladas en pose frontal y de medio cuerpo.
History Skills



Relieve funerario romano antiguo de un padre, una madre y un hijo. © History Skills


En el año 82 a. C., Lucio Cornelio Sila regresó a Roma tras ganar una guerra civil y tomar el control de la República. Para asegurar su victoria, emitió una serie de listas oficiales que condenaron a muerte a cientos de ciudadanos romanos.
Según Appian, más de 90 senadores y aproximadamente 2.600 jinetes fueron asesinados, aunque algunos relatos citan cifras menores.
Esto sentó un precedente que el Segundo Triunvirato seguiría décadas más tarde.

¿Quién fue Lucio Cornelio Sila?

Lucio Cornelio Sila nació alrededor de 138 a. C. y pertenecía a una antigua familia patricia, pero en sus primeros años de vida careció de las ventajas financieras que normalmente ayudaban a los aristócratas a ascender en las filas de la sociedad romana.
Aunque vivió en condiciones modestas, estudió literatura y filosofía griega durante su juventud y más tarde siguió una instrucción formal en derecho, de modo que poseía la educación esperada de un noble romano.
Su carrera militar comenzó durante la Guerra de Yugurta en el norte de África, donde sirvió a las órdenes de Cayo Mario y obtuvo reconocimiento por negociar la rendición del rey Yugurta con la ayuda de Boco de Mauritania.
Después de su éxito en Numidia, Sila continuó obteniendo victorias durante la Guerra Social , donde comandó las fuerzas romanas contra los aliados italianos rebeldes y obtuvo un triunfo por su liderazgo.
En el año 88 a. C. consiguió el consulado y recibió el mando de la guerra contra Mitrídates VI del Ponto.
Sin embargo, la facción popular en Roma, liderada por Mario y Sulpicio Rufo, utilizó las asambleas populares para despojar a Sila de su mando y entregárselo a Mario.
En respuesta, Sila rompió un tabú fundacional al marchar con su ejército hacia Roma, obligando a los populares al exilio y reclamando su autoridad por la fuerza. 
Tras su victoria en Oriente, Sila regresó a Italia en el año 83 a. C. y lanzó una campaña contra las fuerzas marianas, que incluían al hijo de Mario y a varios senadores de alto rango.
Después de una brutal serie de batallas, incluido el enfrentamiento decisivo en la Puerta Colina, Sila entró nuevamente en Roma y se declaró dictador por un período ilimitado en lugar del tradicional período de seis meses.
Este nombramiento inusual, legalizado gracias a la aprobación de la Lex Valeria , le permitió gobernar por decreto y llevar a cabo sus planes de reforma política y venganza organizada.
Celebró un triunfo por sus victorias en Oriente, probablemente en el año 83 a. C., legitimando aún más su control del estado antes de iniciar su dictadura y sus reformas. 

Las tensiones políticas que justificaron la violencia

Durante las últimas décadas del siglo II a. C., las rivalidades políticas en Roma se profundizaron hasta convertirse en una guerra abierta entre los optimates , que apoyaban la autoridad senatorial, y los populares , que promovían reformas a través de las asambleas y el tribunado .
A medida que aumentó la presión de los ciudadanos sin tierras, los aliados italianos y los comandantes de alto rango, los métodos tradicionales de compromiso dieron paso a conflictos violentos y venganzas personales.
Las muertes de Tiberio y Cayo Graco , que habían intentado reformar las leyes sobre la tierra y ampliar la ciudadanía en 133 a. C. y 123-121 a. C. respectivamente, ya habían sentado un precedente para el uso de la fuerza en disputas políticas.
Cayo Mario, antiguo comandante de Sila, obtuvo apoyo popular gracias a sus victorias militares y reformas, pero su rivalidad con Sila se convirtió en una amarga lucha por el control del estado.
Cuando Mario tomó el poder durante la ausencia de Sila en Oriente, sus partidarios mataron a muchos de los aliados de Sila y aprobaron leyes dirigidas al Senado. 
Sila creía que la República había caído bajo el control de peligrosos demagogos que utilizaban la violencia de las masas y la manipulación legal para destruir la autoridad de la aristocracia.
Al presentarse como defensor del orden tradicional, justificó sus métodos extremos como necesarios para restablecer la estabilidad.
El Senado, debilitado por años de división y violencia, le otorgó poderes extraordinarios sin resistencia seria, permitiéndole asumir la dictadura y actuar sin restricciones legales.
Observadores contemporáneos como Salustio y Plutarco describieron una pérdida de moral en la política romana y señalaron que el miedo y el beneficio personal reemplazaron al liderazgo basado en principios. 

La brutal aplicación de las proscripciones

Sila introdujo las proscripciones poco después de asegurar el control de Roma, publicando una lista de nombres en el Foro que identificaba a aquellos considerados enemigos del estado.
Cualquier persona incluida en la lista podría ser asesinada en el acto y sus propiedades podrían ser confiscadas por el Estado.
Se ofrecieron recompensas a informantes y asesinos, mientras que los herederos de las víctimas fueron desheredados y se les prohibió ejercer cargos públicos.
A medida que se añadían y publicaban nuevos nombres, las listas se convirtieron en una fuente diaria de terror. 
Las ejecuciones públicas se convirtieron en una característica habitual de la vida en la capital y los soldados llevaban a cabo decapitaciones a la vista de toda la población.
Las cabezas de las víctimas fueron clavadas en la Rostra del Foro, donde servían como trofeos y advertencias.
Appian describió la escena con gran detalle y explicó cómo la exhibición de rostros familiares como trofeos dejó indiferente al público.
Las listas se hacían más largas cada día y los ciudadanos empezaron a temer las consecuencias de hablar abiertamente o de albergar a fugitivos.
Algunos nombres aparecieron en la lista no por razones políticas, sino por riqueza, propiedades o disputas personales. 
Las propiedades confiscadas fueron subastadas por el Estado y los partidarios de Sila aprovecharon el caos para enriquecerse.
Marco Licinio Craso, que más tarde se convirtió en uno de los hombres más ricos de Roma, hizo su fortuna comprando estas propiedades a precios de ganga.
El liberto de Sila, Lucio Cornelio Crisógono, se hizo famoso por adquirir grandes propiedades a un coste mínimo.
Otros utilizaron las proscripciones para eliminar rivales, reclamar herencias o eliminar deudores.
Sila nombró funcionarios para supervisar el proceso, pero la corrupción y el soborno se generalizaron. 
En las provincias, los informes sugieren que se produjo una violencia similar bajo la autoridad de los comandantes locales, que a veces reflejaban las proscripciones romanas al atacar a las élites locales.
Aunque no fueron sancionadas oficialmente de la misma manera, estas acciones permitieron a los gobernadores establecer autoridad sobre las ciudades.
Los gobernadores extendieron las prohibiciones a las élites locales y aprovecharon la oportunidad para afirmar su dominio político sobre los municipios.
A medida que se difundían noticias de asesinatos y confiscaciones, las comunidades de toda Italia experimentaron el mismo miedo e inestabilidad que se apoderaron de la capital. 

¿Quiénes fueron las víctimas de las proscripciones?

La mayoría de los proscritos habían apoyado a la facción mariana, pero el proceso de selección se amplió rápidamente para incluir a cualquier individuo que representara una amenaza potencial o poseyera propiedades deseables.
Fueron asesinados senadores, jinetes, antiguos magistrados e incluso clientes de los aliados de Sila.
Muchos no habían tomado parte activa en la guerra civil, pero fueron condenados por asociaciones pasadas o por deslealtad percibida. 
Una de las víctimas más notables fue Quinto Mucio Escévola, un respetado jurista y ex cónsul que se había negado a apoyar a cualquiera de las facciones durante el conflicto.
Fue asesinado en un templo y su muerte conmocionó a muchos romanos que todavía creían en la santidad de los espacios religiosos.
Otro fue Lucio Junio ​​​​Bruto Damasipo, un violento partidario de Mario que había purgado el Senado en años anteriores.
Su ejecución cumplió una venganza personal contra Sila pero también envió un mensaje claro sobre las consecuencias de la violencia anterior.
Publio Antistio, suegro de Pompeyo, fue otro objetivo, ejecutado durante este período, posiblemente como parte de las proscripciones, a pesar de sus conexiones.
Los familiares de los proscritos también fueron castigados. Los hijos perdieron sus derechos sucesorios y fueron excluidos de la vida política.
Algunos fueron posteriormente indultados, pero su exclusión creó una generación de aristócratas amargados que esperaban venganza.
Julio César , cuya tía Julia había estado casada con Mario, creció durante este período y vio cómo muchos de los miembros de su familia sufrían bajo las órdenes de Sila.
Se dice que Sila perdonó a César sólo después de que otros lo persuadieron, diciendo: "En ese muchacho hay muchos Marius".
Las mujeres relacionadas con los condenados sufrieron la ruina legal y financiera, ya que las esposas perdieron sus dotes y las hijas no pudieron casarse con miembros de familias respetables.
Las redes sociales colapsaron cuando las familias fueron despojadas de su riqueza y estatus, y los sobrevivientes a menudo huyeron al exilio o vivieron en silenciosa desgracia.
Además, el sistema legal, que en otro tiempo protegía contra la violencia arbitraria, ahora permitía la destrucción de rivales políticos mediante asesinatos sancionados oficialmente. 

El caos social y económico causado

Curiosamente, la redistribución de la propiedad provocó una grave inestabilidad económica. Al inundar el mercado con fincas confiscadas, el Estado redujo los precios de las tierras y perturbó el sustento de los arrendatarios y libertos que vivían y trabajaban en ellas.
Muchas granjas fueron abandonadas o mal administradas por nuevos propietarios que tenían poca experiencia o interés en la agricultura.
Sila instaló a miles de veteranos en tierras confiscadas, especialmente en Etruria y Campania, donde la resistencia había sido más fuerte.
Fuentes antiguas, incluido Plutarco, afirman que instaló allí a unos 120.000 hombres, aunque los estudiosos modernos cuestionan la exactitud de esta cifra.
Estos asentamientos crearon un profundo resentimiento entre los desposeídos y a menudo condujeron a enfrentamientos violentos entre los nuevos colonos y la población local.
Muchos de los veteranos, animados por su lealtad a Sila, actuaron sin restricciones y trataron la tierra como una recompensa más que como una inversión a largo plazo. 
La aristocracia romana tradicional también cambió, ya que los nuevos hombres, muchos de los cuales se habían beneficiado de las subastas y obtenido escaños en el Senado gracias al patrocinio de Sila, carecían del prestigio ancestral y la formación política que habían definido a las generaciones anteriores.
El Senado se expandió de aproximadamente 300 a 600 miembros, pero su autoridad se debilitó a medida que el deseo individual de poder reemplazó al servicio público.
Así, la confianza en las instituciones de la República disminuyó a medida que se hizo evidente que la violencia podía elevar a un hombre al poder supremo. 
Las reformas constitucionales de Sila, que pretendían restaurar el poder senatorial y limitar la influencia del tribunado, no pudieron compensar el trauma que su dictadura le había infligido.
La República, aunque todavía funcionaba en el papel, había sufrido un golpe del que tardaría décadas en recuperarse. 

¿Por qué Sila detuvo las proscripciones?

En el año 81 a. C., Sila declaró que las proscripciones habían cumplido su propósito y emitió un edicto que ponía fin al proceso.
Afirmó que los enemigos de Roma habían sido destruidos y que ya no eran necesarios más asesinatos.
Las listas cesaron, aunque las ejecuciones aisladas continuaron durante meses. Sila renunció entonces a la dictadura y regresó a la vida privada sin temor a ser procesado.
Se retiró a su villa en Campania y dictó sus memorias, en las que defendía sus acciones como lícitas y necesarias.
El Senado había jurado lealtad hacia él, y su renuncia voluntaria sorprendió a muchos que esperaban que se aferrara al poder.
Murió en el año 78 a. C., todavía convencido de haber restaurado la República a su rumbo tradicional.
Sin embargo, muchos romanos recordaban las proscripciones no como una defensa de la libertad, sino como la primera vez que el poder estatal se había utilizado tan abiertamente para legitimar la venganza personal y el asesinato en masa. 
El recuerdo persiguió a la política romana. La idea de que la autoridad legal pudiera sancionar asesinatos políticos no desapareció.
De hecho, poco más de tres décadas después, el Segundo Triunvirato de Octavio, Antonio y Lépido reviviría las proscripciones en una escala aún mayor.
El precedente había sido sentado y Roma nunca volvería a los límites que antaño habían frenado su violencia política. 


Para las personas que no entienden lo que esto significa, aquí hay una lección de historia abreviada: ¿Qué era la proscripción? Era esencialmente una lista de enemigos del Estado. Existían diversos castigos para los distintos delitos por los que se podía ser incluido. Estos iban desde la muerte, la pérdida de la ciudadanía, la pérdida de los derechos familiares, la pérdida de bienes o todas las anteriores. La muerte era un castigo muy común y se conocía como "summum supplicium" o "pena extrema". Por traición, el castigo casi siempre era la muerte. Así que aquí hay un breve resumen de Marius vs. Sulla. Mario fue un guerrero convertido en político romano, elegido siete veces para el más alto cargo electivo de Roma. La séptima vez, en medio de la división en Roma, unió fuerzas con Cina. Capturaron Roma y, posteriormente, tanto Mario como Cina fueron elegidos cónsules. Esta unión de fuerzas cobra importancia posteriormente. Mario es recordado en parte por ajustar cuentas políticas encarcelando, asesinando o exiliando mediante proscripciones a quienes consideraba enemigos del Estado. Una de las personas a las que Mario declaró enemigo del Estado fue Sila, pero escapó de la muerte. Sila fue otro general convertido en político que tomó el poder por la fuerza tras ganar una guerra civil. Algunos dicen que nunca habría tomado el poder si Mario no se hubiera entrometido en su mando militar. Mario odiaba a Sila y el sentimiento era mutuo. Mario estableció el modelo de las proscripciones para ajustar cuentas políticas, pero murió antes de que Sila se vengara. Sila usó ese modelo establecido por Mario para ejecutar su propia venganza política. El único hijo de Mario murió luchando contra Sila en el año 82. Sila quería vengarse de todos los antiguos partidarios de Mario y Cina que, según él, le habían hecho daño. Así que, en el 82 a. C., Sila instituyó de nuevo el proceso de proscripciones para purgar al estado de los antiguos partidarios de Mario y Cina. Se estima que entre 500 y 4000 partidarios de Mario y Cinna fueron condenados a muerte. Sus partidarios fueron declarados enemigos del Estado y quien los asesinara debía compartir sus bienes con el Estado. Se ofrecía una recompensa por denunciar a quienes lo apoyaban. Muchos fueron decapitados y sus cabezas exhibidas en el Foro o en las calles como escarmiento. El dinero que el Estado les arrebató ayudó a financiar las interminables guerras que libró Roma. Sus familiares también fueron castigados. Muchos dicen que sin las prohibiciones anteriores, Sila nunca se habría salido con la suya. En cambio, como todo se había normalizado, Sila gobernó y después se retiró al lujo romano. La lección es que, al establecer nuevas reglas o estándares, a menudo se vuelven en tu contra en política. Es mejor no crear nuevos estándares o reglas que no quieras que se apliquen en tu contra o en contra de tus seres queridos.