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jueves, 9 de julio de 2026

Argentina: El origen del Sol de Mayo

 El verdadero origen del Sol de Mayo

Nuestro Sol

El Sol de Mayo es aquella estrella que decora nuestra bandera. Rostro que vemos todas las mañanas, en algún momento de nuestro día. Para los que no son argentinos o uruguayos, el Sol de Mayo es el Sol que está en nuestras banderas.
En el caso de la Argentina la pueden ver en el centro de la misma, sobre la franja blanca y entre las franjas azules. En el caso uruguayo se encuentra en una esquina, conjugando con colores similares. Tiene 32 rayos, 16 rectos y 16 curvos, y porta un rostro masculino centrado; la variante uruguaya varía en la cantidad de rayos.
Escribir sobre ella parece simple, pero es más complejo, pues oculta mucho detrás de su luz. Presenta un gran peso simbólico para nuestros pueblos y su origen sigue siendo centro del debate. Además, su simbología conjuga elementos de muchas épocas, siendo un estudio muy interesante.

Su origen y controversia

La bandera argentina en principio carecía de símbolos; el primer diseño oficial fue creado por Manuel Belgrano, cuatro años antes de que se añada el sol. Esta carencia de símbolos se debe a que se esperaba establecer la forma de gobierno, monarquía o república, para decidir qué se añadiría. Fue en 1818 que el diputado Luis José de Chorroarín propuso que fuese distintivo de nuestra bandera de guerra un sol pintado en medio de la misma. Una vez aceptada la propuesta, se incorporó la imagen del sol diseñado a las monedas.
El símbolo se hizo de uso común en el periodo revolucionario. Se hizo presente en poesías, propaganda, textos y proclamas independentistas, y por esto mismo se difundió por toda la región, popularizándose en Perú, razón por la cual el sol también fue enarbolado por su Ejército Libertador.
La narrativa oficial ha privilegiado la interpretación indigenista. Gran parte de los medios del mismo gobierno argentino comparten la hipótesis del origen nativo americano (del Tahuantinsuyo particularmente). Es importante aclarar que el origen indígena del Sol de Mayo es pura y exclusivamente una teoría realizada por un anarquista español a mediados del siglo pasado, Diego Abad de Santillán, fundamentando que el sol estaba inspirado en el dios incaico Inti, ya que el grabador, Juan de Dios Rivera Túpac-Amaru, era mestizo peruano.
Si bien a primera mano esta teoría parece válida y verosímil, hace falta volver mucho más atrás en el tiempo para encontrarnos con el origen real del símbolo. Estas teorías, por mas poco sustentadas que sean, coinciden mucho con los discursos indigenistas y con tendencia a la Patria Grande que nos encontramos en la actualidad. Es normal ver cómo movimientos políticos que buscan amalgamar la Argentina al resto del bloque latinoamericano con el fundamento del origen indígena trate de afirmar que el Sol de nuestra bandera sea un símbolo indígena.

Origen Heráldico

Un símbolo exactamente igual, un sol de rostro masculino rodeado de rayos rectilíneos intercalados, aparece en el manuscrito Heroica Symbola alrededor del siglo XVI (1551/1557), en la región de Lyon. La presencia de este símbolo similar al Sol de Mayo en tal manuscrito hace que salten las teorías del origen heráldico del símbolo, una de las más fuertes.

Este manuscrito (también llamado Devises héroïques), escrito por Claude Paradin, fue un libro de divisas (una rama de la heráldica) que recolectaba emblemas personales de diversas familias nobles o figuras históricas para representar lemas de vida o hazañas.
Contiene imágenes que pasaron al inconsciente colectivo, como la salamandra de Francisco I, las columnas de Hércules de Carlos V y variaciones del sol radiante. Este manuscrito fue referencia simbólica no solo de las casas de Europa, sino de las nuevas simbologías de América, y estos particulares símbolos podrían haber llegado al Río de la Plata a través de las corrientes masónicas (teniendo en cuenta su tendencia al análisis hermenéutico).
Esta es la hipótesis del origen europeo. Esta afirma que el origen del Sol de Mayo es el escudo de la familia De Solís, la familia del primer europeo en navegar las aguas del Río de la Plata, de tal forma, el primer europeo en pisar suelo rioplatense, la semilla de la civilización que hoy en día enarbolamos como Argentina.

Teniendo en cuenta esta nueva información, fundamentar que el origen del Sol de Mayo es el dios Inti queda corto de argumento, siendo que el único pilar del mismo es la etnia y el origen del grabador.

Origen Jesuita

El sol de la “Compañía de Jesús” es quizá la influencia más directa en el diseño del Sol de Mayo. Los jesuitas fueron los grandes educadores y arquitectos del Virreinato, inspirando académicamente la revolución a través de la doctrina de la soberanía del pueblo.
Volviendo a la bandera argentina, si bien existe la teoría de los colores borbónicos, la devoción de Belgrano por la Virgen es indiscutible. La compañía de Jesús fue la gran defensora del dogma de la inmaculada concepción en América, y la misma que promovía el uso de los colores azul, celeste y blanco como símbolos de pureza mariana mucho antes de que Carlos II creara su orden. Al elegir estos colores, Belgrano podría estar apelando al un símbolo religioso que una tanto a las élites criollas como al pueblo bajo, también educado en las misiones y colegios jesuitas.
Yendo de nuevo al sol, si observamos el arte barroco jesuita en las Misiones, como en las iglesias de Córdoba, vemos que la iconografía solar es casi omnipresente. Los jesuita utilizaban el sol radiante para representar a Cristo o a la Eucaristía.


Esta teoría también puede complementarse con que se haya mantenido la inspiración de la Compañía de Jesús y de la heráldica europea, considerando el diseño de los rayos y el rostro del sol, como pudimos ver en el manuscrito de símbolos y en la heráldica de varias casas europeas. Esta teoría gana peso cuando se considera que el grabador Rivera había sido formado en las tradiciones del Alto Perú, donde la iconografía jesuita era generalizada.


De esta forma, se habrá comisionado el sol en el centro de nuestra bandera no solo por influencia de la familia De Solís, sino también por influencia jesuita, pues el mismo escudo de la orden jesuita de la época, y hoy en día también, cuenta con el mismo patrón de 32 rayos rectilíneos intercalados.
A partir de esta última teoría, se puede tener en cuenta tanto los vínculos entre los jesuitas y los masones para llegar a conclusiones sobre su influencia sobre la configuración del símbolo.

Origen Masónico

Gran cantidad de los padres de la patria pertenecían a logias masónicas o de inspiración masónica. Particularmente, gran parte del Congreso del que Luis José de Chorroarín participaba tenia vínculos con la masonería.
Considerando el peso de la simbología de la luz y la simbología solar para los ritos masónicos, no es descabellado teorizar que la inclusión del sol a la simbología patria haya sido según la voluntad de los masones de la época. Yendo a los personajes principales, Belgrano, San Martín, Paso y Alvear son ejemplos de mentes de la revolución que pertenecían a la masonería o a logias operativas, donde se conectaban con el pensamiento de la época. La más reconocida es la Logia Lautaro.

En el marco masónico, el sol naciente simbolizaba el nacimiento de un nuevo orden iniciático y político: la representación de la libertad iluminando el mundo. En la tradición masónica, el oriente (el este) es el lugar de donde proviene la luz y el conocimiento.
Los masones, al hacer propios muchos de los misterios de culturas ancestrales, hemos tomado parte de ese simbolismo solar de la antigüedad, ya que en el sol y en sus ciclos se encuentra la fuente de vida transmitida por el G:.A:.D:.U:., la vemos en la naturaleza animando la materia sin vida, como cuando germina una semilla y en nosotros la reconocemos como “El Soplo divino”, que hace posible que la luz que esta oculta dentro, pueda brotar iluminando el alma y dando la vida.- Gran Logia de Panamá
El sol naciente de nuestro escudo y bandera, desde la lectura masónica, representa el nacimiento de una nueva nación que sale de la oscuridad del absolutismo monárquico hacia la luz de la “libertad” y la “razón”. Es análogo al sol iniciático, uno de los tres grandes pilares de una logia, representando al Venerable Maestro, que gobierna y anima la logia, como el sol gobierna el día.
Los rayos también tienen un significado desde la masonería: los rayos rectos simbolizan la luz, el intelecto, y los rayos ondulados simbolizan el calor, el corazón y el amor por la humanidad.
No hay registros masónicos (no públicos, por lo menos) que esclarezcan o confirmen el origen masónico del Sol de Mayo, pero teniendo en cuenta la presencia del mismo símbolo en manuscritos masónicos y el peso de la masonería en el gobierno que lo introdujo y en el periodo histórico y desarrollo ideológico de la Revolución, es la teoría más atractiva.

De la historia al arquetipo

Mas allá de si la inspiración fue jesuita, incaica o masónica, la elección del Sol no fue un accidente, sino una declaración de principios, una declaración de destino.
"Febo asoma, ya sus rayos iluminan el histórico convento. Tras los muros, sordos ruidos oir se dejan de corceles y de acero."
Los hombres de mayo, educados, ilustrados en las tradiciones, sabían que fundar una nueva nación requería invocar una autoridad que no dependiera de los reyes de la tierra, sino del orden del cielo. Eligieron el sol porque, consciente o inconscientemente, su realidad metafísica influía en sus imaginarios. Para comprender los símbolos de nuestra patria, y con ellos, la naturaleza de ella, es importante comprender el símbolo central de todos ellos, el sol: la naturaleza misma del poder.
Es innegable en este sentido la influencia de la mitología grecorromana en las elecciones de los padres de la patria respecto a la simbología patriótica. Más allá de la etnia del grabador, la decisión la tomaron los criollos, y no titubearon al alimentar el elemento grecorromano en nuestra simbología más tarde.

Metafísica del Sol, metafísica de la patria

I. El Principio y el Centro
Hablar del Sol es hablar de la primera, absoluta y superior forma de ser. Superior en jerarquía de toda forma de vida, comprender la metafísica del sol es comprender el astro como principio masculino de la vida, como padre de todo y germinador de toda vida. Pero de tantas cosas, ¿qué es?
El sol no es solo dador de toda luz, es centralizador y primer orden, pues todos los ordenes existentes derivan del precedente solar, es decir, es organizador de toda estructura analizable: es el eje inamovible alrededor del cual giran todas las multiplicidades.
Es el revelador, fuente de todo primer conocimiento de la realidad. Sin luz que medie entre nosotros y los mundos, no hay quien distinga materia alguna, ni bien del mal.
II. El Imperio y la Expansión
Sol Invictus es el Primer Imperio, es, por naturaleza, imperialista. No respeta fronteras, invade toda oscuridad y alcanza todo dentro de la capacidad. Es el que establece e inicia la jerarquía, y el que, a través de la constante y eterna lucha contra la forma y la deforma, expande orden, luz, vida, por lo que alcanzan sus rayos.
Sus rayos alcanzan todo lo que puede ser alcanzado, de alguna forma u otra, tarde o temprano. Es la fuente de constante expansionismo, penetrante de forma toda, formador de todo cambio, principio masculino de nuestra realidad. Todas las formas sienten su luz, y, de forma implacable, lo que no está preparado para su poder, perece.
A través de sus rayos, como principio activo, masculino, germina vida de la materia, la cual es pasiva, femenina. Es en conjugación de los principios masculinos y femeninos que se produce la vida.
III. La Legitimidad y el Poder Constituyente
Entonces, es el primer arquetipo de poder. El verdadero poder arquetípico se impone por su propia naturaleza. Se basa en sí mismo y en su estructura interna en relación a lo externo para dominar lo exterior del ser. Es el patrón cósmico que nos enseñó qué significa gobernar, y alrededor de él construimos nuestra naturaleza del poder.
Es el primer poder legítimo, no porque obedezca las normas de lo legitimo, sino porque establece la primera forma eterna de gobierno, da forma a lo que después se construye como legitimidad, en su orden y jerarquización del sistema: primero es el sol, después la legitimidad. No hay forma de que el sol sea ilegitimo.
Como astro, es el primer Poder Constituyente, pues constituye la forma fundamental de todo conocimiento, la forma de todo orden y la base de toda jerarquía, pues es origen de toda vida, entonces, de toda mente.
IV. La Ética Solar: Civilización y Vida
Y como principio de toda forma de ser, la forma mas pura de expresar la vida que nos es dada es ser como su fuente, en constante expansionismo, en constante y eterna exaltación.
No es ser opresores, es ser la fuerza solar que lleve la luz a la oscuridad, la civilización a la barbarie. Gracias al sol, fuente de todo, expandirse es la naturaleza del bien, pues retraerse es morir. El sol es la fuente más pura de energía vital, entonces, forma superior de existencia.
Es supervivencia, pues si no hay sol, si no hay expansión, imperio de la vida, no hay nada.
Mandato de poder
Si nuestra bandera porta este símbolo, este arquetipo, entonces el destino de la patria no puede ser el detraimiento, la obscuridad ni la sumisión. Portar el Sol de Mayo es aceptar el mandato de ser un núcleo, una estrella, irradiadora de civilización en nuestro continente.
No somos una nación nacida para la periferia ni para la sombra. El espíritu de nuestras gentes prueba lo contrario, pues irradian su luz en todos los lares del mundo, porque nacimos bajo el signo del Sol Invictus, del Christo y de toda expansión.
Honrar el símbolo patrio es, en última instancia, encarnar la voluntad solar de expansión, orden y jerarquía. Ser argentinos es tener la obligación moral de brillar.

viernes, 26 de junio de 2026

Alemania de Weimar: Protestantismo y nazismo

Porcentaje de votos al Nazismo en Alemania, 1934.

Distribución de católicos en Alemania, 1934.



División entre protestantes (rojo) y católicos (azul) en Alemania durante los últimos siglos

lunes, 11 de mayo de 2026

Iglesia: El martirio de Simeón de Trento

Todos los 24 de marzo la Iglesia Católica celebra el martirio de San Simeón de Trento, asesinado por talmudistas en 1475. Como era de esperar, la secta conciliar lo eliminó del martirologio romano en 1965, hacia el final del Concilio Vaticano II.


Al igual que Santa Filomena y tantos otros mártires inocentes, el joven Simeón de Trento fue excluido del martirologio por la reforma conciliar. Solo la Sagrada Tradición perpetúa con devoción su sagrada memoria.

jueves, 2 de abril de 2026

Islamismo: El martirio de Otranto

 En 1480, un ejército otomano (18 000 hombres, al mando de Gedik Ahmed Pasha) atacó la ciudad de Otranto, en el sur de Italia. Tras un asedio de 15 días, la ciudad fue conquistada. A los supervivientes (mayores de 15 años) se les dio un ultimátum: convertirse al islam o morir. Unos 800 se negaron. Fueron conducidos a la colina a las afueras de la ciudad (actualmente la Colina de los Mártires), donde fueron decapitados uno a uno. El primero fue el sastre Antonio Primaldo, quien exclamó: “¡Ahora es el momento de luchar por el Señor por nuestras almas!”. El arzobispo fue decapitado frente al altar de la catedral. Otros sacerdotes fueron serrados por la mitad. Mujeres y niños fueron vendidos como esclavos o asesinados. Total: decenas de miles de muertos y miles de personas esclavizadas. Esta no fue una guerra "normal", sino una masacre motivada por razones religiosas contra cristianos indefensos que se negaron a renunciar a su fe. Tras la reconquista en 1481, los cuerpos (que habían permanecido insepultos en la colina durante meses) fueron recogidos y trasladados a la catedral. Hoy en día, en la Capilla de los Mártires, vitrinas de cristal exhiben sus cráneos reales: filas y filas, cientos de ellos. Un fragmento de la historia que rara vez aparece en los libros de texto escolares… 

¿Que pasa en el año 2026? Las iglesias organizan iftars de forma voluntaria en todo el mundo. ¿Acaso esos 800 mártires sufrieron por esto? ¿Para las iglesias que ahora entregan voluntariamente lo que defendieron con su sangre?


viernes, 28 de noviembre de 2025

Medioevo: El reino de los Templarios

Reino de Monjes




¿Imaginas un ejército donde los monjes empuñaban espadas y gobernaban como reyes? En el corazón de Europa Oriental, los Caballeros Teutónicos no solo rezaban; forjaron un imperio de hielo y acero. Desde el siglo XII hasta el XVI, esta orden militar-religiosa, inicialmente formada para proteger a los peregrinos en Tierra Santa, se transformó en una potencia formidable en el Báltico. Su misión, la cristianización forzosa de los pueblos paganos de Prusia y Livonia, se convirtió en una cruzada brutal que dejó una profunda huella en la historia de la región.

Su fortaleza más imponente, el Castillo de Malbork, no era solo una residencia, sino el centro neurálgico de un estado. Construido ladrillo a ladrillo, esta maravilla gótica albergaba a miles de monjes-soldados, sirvientes y artesanos. Desde sus muros, los Grandes Maestres teutónicos dirigían campañas militares, administraban vastas tierras y gestionaban una red comercial que se extendía por toda Europa. Sus ejércitos, compuestos por caballeros de élite y mercenarios, eran temidos y respetados, sembrando tanto el terror como la admiración.

Pero el poder de los Teutónicos no duraría para siempre. La Batalla de Grunwald en 1410 marcó un punto de inflexión. Enfrentados a la coalición polaco-lituana, sufrieron una derrota catastrófica que puso fin a su hegemonía. ¿Crees que un imperio construido sobre la fe y la fuerza podía realmente perdurar? ¡Cuéntanos tu opinión en los comentarios y comparte esta fascinante historia!

miércoles, 16 de julio de 2025

Medievo: Castigo a la homosexualidad en las ciudades medievales holandesas

La Sodoma del Norte. Los homosexuales eran quemados en la hoguera en la Brujas medieval.

Por Jonas Roelens , traducido por Kate Connelly

Bélgica es uno de los países más tolerantes con los derechos LGBTQ+. Pero no siempre ha sido así. En ningún lugar de Europa Occidental los hombres homosexuales fueron perseguidos con tanta intensidad como en Brujas a finales de la Edad Media. Una investigación del historiador Jonas Roelens muestra que la crisis económica, la necesidad de chivos expiatorios y los prejuicios contra los extranjeros podrían haber influido en ello.

Brujas, 26 de enero de 1558. Dos jóvenes, François van Daele, de 19 años, y Willem de Clerck, de tan solo 14, fueron condenados al cadalso. A pesar de su juventud, ambos recibieron duras condenas. François y Willem debían ser azotados con varas hasta sangrar, y luego quemarles el cabello con un hierro candente. Tras estas extenuantes torturas, los jóvenes fueron expulsados ​​de Flandes. ¿Su castigo? Habían mantenido relaciones sexuales antinaturales con un sacerdote. Este impactante caso ofrece una perspectiva intrigante sobre el procesamiento de la sexualidad desviada en los Países Bajos meridionales y la importancia del capital social en la imposición de sentencias.

François y Willem fueron acusados ​​de sodomía. Este término bíblico se refiere a la historia de Sodoma y Gomorra, del Antiguo Testamento. Ambas ciudades fueron destruidas por el fuego sagrado porque los hombres mantenían relaciones sexuales. A finales de la Edad Media, el término sodomía se utilizaba para describir casi cualquier actividad sexual sin fines reproductivos. La masturbación, la zoofilia, el sexo anal entre hombres y mujeres, el abuso sexual infantil y las actividades homoeróticas se consideraban sodomía. La sociedad clasificaba bajo el término general de «sodomía» una serie de actividades sexuales que ni siquiera asociamos entre sí.

En la hoguera

El concepto de «orientación sexual» ni siquiera existía. Cometer sodomía se consideraba una decisión individual. Y era una decisión que podía tener graves repercusiones. Se consideraba que los sodomitas actuaban contra el orden natural y la jerarquía divina, y que podían invocar la ira de Dios sobre la sociedad. Por ello, debían ser castigados severamente. Los sodomitas eran condenados a muerte en la hoguera. En ciertos casos, se tenía en cuenta que la persona no hubiera iniciado la sodomía, sino que solo fuera un participante pasivo. A veces tenían la «suerte» de recibir un castigo menor. Este fue el caso de François y Willem.

La historia de los dos jóvenes se encuentra en el «Bouc vanden Steene» de Brujas, que incluye los relatos de todos los interrogatorios y confesiones bajo tortura en la prisión. Estas declaraciones se realizaron, por lo tanto, en la cámara de tortura. De este relato, se desprende que el sacerdote con quien mantuvieron relaciones sexuales tenía preferencias poco convencionales por alguien de su origen. El sacerdote se reunía con los jóvenes en el Hospital de San Juan de Brujas y los invitaba regularmente, individualmente, a pasar la noche con él en su casa.

Allí mantuvieron relaciones sexuales, durante las cuales el sacerdote se masturbó y tuvo sexo con penetración con François y Willem varias veces. Al parecer, primero le gustaba penetrar analmente a los chicos con una vela antes de tener sexo con ellos. O, en palabras de Willem: «Ende nam een ​​hende van een kerse ende stack hem confessant dat in zyn fondament ende datte terstont wut treckende stack zyn mannelickheyt in zyn fondament».

Con cierta ingenuidad, los chicos describieron cómo el sacerdote hizo esto varias veces seguidas hasta que «salió algo de humedad de su hombría» («natticheyt uit de 'mannelickhede»). Parece que no solo prefería a los chicos. En una ocasión, el sacerdote no logró una erección mientras tenía relaciones sexuales con Willem. Después, según los chicos, el sacerdote se quejó de que no podía «tener una erección, ni siquiera estando con todas las mujeres del mundo» («al ware ic tusschen alle vrauwen van de werelt, ic zoude niet staen»).

Protección clerical

A pesar de este contratiempo, la actividad sexual entre el sacerdote y los chicos continuó. Durante el día, el sacerdote debía celebrar misa, pero en una ocasión, antes de prepararse para la misa, le ordenó a Willem que lo esperara en la cama, y ​​luego, después de la misa, regresó a casa y tuvo relaciones sexuales con el chico. El comportamiento del sacerdote fue todo menos lo que se esperaría de un hombre religioso.

Aunque la sodomía era un «pecado innombrable», los clérigos eran castigados mucho más levemente que los laicos.

Aun así, no aparece en absoluto en los documentos legales de los tribunales magistrados de Brujas. De hecho, los sacerdotes estaban protegidos contra el enjuiciamiento bajo la ley secular. Solo respondían ante los tribunales eclesiásticos. Sin embargo, el sacerdote en cuestión ni siquiera compareció. Es improbable que fuera castigado con la misma severidad que Francisco y Guillermo.

Aunque la sodomía era un pecado innombrable y una de las transgresiones más graves que una persona podía cometer, los clérigos eran castigados con mucha menor intensidad que los laicos. Generalmente, se les multaba o se les obligaba a ayunar a pan y agua en las cárceles eclesiásticas durante un tiempo. En ocasiones se les prohibía o se les obligaba a realizar peregrinaciones, pero por lo general se les libraba de los castigos físicos.

Los pecados de la juventud

François y Willem ciertamente no podían contar con ese tipo de protección. Ni siquiera su juventud se consideraba una circunstancia atenuante, aunque sí podía serlo en otros lugares. En otras ciudades, por ejemplo, Florencia, la actividad homoerótica entre adolescentes se consideraba a menudo una indiscreción juvenil. No se consideraba anormal que los jóvenes sin recursos económicos para casarse y formar una familia tuvieran experiencias sexuales como rito de paso a la vida adulta.

Ese tipo de razonamiento no era común en los Países Bajos Meridionales. Probablemente debido a la falta de una norma estricta que determinara cuándo los adolescentes podían ser considerados adultos y, por lo tanto, responsables de sus actividades sexuales. En los Países Bajos Meridionales, la mayoría de edad se determinaba por las costumbres sociales, que variaban según el lugar. Esta situación ambigua dejaba la puerta abierta a que los tribunales locales tomaran decisiones ad hoc en casos que involucraban a adolescentes. Mientras que un joven de 14 años podía ser considerado víctima inocente de abuso sexual, otro podía ser acusado de sodomía y ser severamente castigado.

Este enfoque ad hoc fue responsable del elevado número de procesamientos en los Países Bajos meridionales. Durante mi investigación doctoral, recopilé las cifras de cargos por sodomía entre 1400 y 1700 en Amberes, Brujas, el Franco de Brujas, Bruselas, Gante, Ypres, Lovaina y Malinas. Una exhaustiva investigación de archivo de numerosos documentos legales indica que en ese período se celebraron al menos 204 juicios, con 406 personas involucradas. Nada menos que 252 de los acusados ​​tuvieron que sufrir por sus inclinaciones sexuales antinaturales y terminaron en la hoguera. Por lo tanto, más de la mitad de los acusados ​​de sodomía en los Países Bajos meridionales fueron condenados a muerte.

Estas cifras macabras contrastan marcadamente con la situación en el resto de Europa. En otras ciudades, como Londres, París y Ámsterdam, los casos de sodomía eran poco frecuentes en los siglos XV y XVI .
Por lo tanto, los Países Bajos Meridionales fueron una de las regiones europeas con mayor actividad en los procesos por sodomía durante la Edad Media y la Edad Moderna.

Teoría del chivo expiatorio

No existe una única causa para estas elevadas cifras de procesamientos. Por un lado, sirven como ejemplo de la Teoría del Chivo Expiatorio, desarrollada por Robert Moore en 1987. Moore propuso que, en la Edad Media, las autoridades buscaban cada vez más maneras de marginar a los grupos minoritarios. El enfoque en estos grupos como enemigos colectivos de la sociedad sirvió como pararrayos para el malestar comunitario. Procesar a un chivo expiatorio crea la ilusión de que las autoridades tienen bajo control cualquier crisis social.

La teoría del chivo expiatorio es ciertamente aplicable a Brujas, la ciudad donde Francisco y Guillermo fueron sentenciados. Entre 1450 y 1550, la ciudad atravesaba momentos difíciles. Poco a poco, Brujas había perdido su monopolio como centro comercial más importante de Europa Occidental. Tras varios ciclos de peste en el siglo XIV , la población había disminuido y, aunque aún se compraban y vendían muchos artículos de lujo en Brujas, la ciudad parecía haber dejado atrás su apogeo. El final del siglo XV estuvo marcado por revoluciones políticas que causaron gran agitación, una agitación que fue fatal para el clima mercantil de la ciudad.

Además, la sedimentación del Zwin impidió mantener el acceso directo al mercado entre Brujas y el Mar del Norte. Los comerciantes extranjeros optaron cada vez más por trasladar sus actividades comerciales a otras ciudades de los Países Bajos, como 's Hertogenbosch o Amberes, que con el tiempo se convirtió en la ciudad portuaria más importante de la región de Brujas.

Sea casualidad o no, el momento del estancamiento socioeconómico en Brujas coincide perfectamente con el creciente número de casos de sodomía en la ciudad, la mayoría de los cuales se registraron entre 1450 y 1525. Es en tiempos de malestar social, más que en momentos de prosperidad floreciente, cuando se necesitan chivos expiatorios.

Antecedentes sociales

Aun así, debemos ser cautelosos al aplicar la teoría del chivo expiatorio de Moore. Este atribuye la responsabilidad de la búsqueda de indeseables casi por completo a la Iglesia y a las autoridades seculares. Otros historiadores enfatizan que, en el pasado, la sodomía se utilizó como una herramienta útil en el proceso de construcción del Estado moderno. En consecuencia, el procesamiento de un grupo minoritario se consideraba una forma de mostrar a la población local quién mandaba en Brujas. Si bien este elemento ciertamente pudo haber influido, difícilmente podemos esperar que el duque borgoñón Felipe el Bueno o el rey español Felipe II pudieran vigilar cada dormitorio de Brujas en busca de comportamiento irregular. Incluso para los alguaciles locales, los representantes del gobernante en la ciudad, esto habría sido una tarea titánica.

Por lo tanto, la necesidad de abordar la sodomía con mayor rigor debió contar con el apoyo de las bases. La sodomía era un delito que, en comparación con otros delitos como el robo o el asesinato, rara vez dejaba rastro. Y mucho menos cuando los actos homoeróticos, prohibidos por el municipio, eran consensuales. Naturalmente, este no era el caso de los actos de seducción fallidos, en los que las insinuaciones sexuales en la posada o los baños públicos locales no eran bien recibidas por ciertas personas, que luego llevaban a los antiguos seductores a los tribunales. En muchos casos de sodomía no existían pruebas contundentes, por lo que los magistrados locales a menudo dependían de los chismes locales al investigar los casos de desviación sexual.

En muchos casos de sodomía, los magistrados locales a menudo dependían de la fuente de chismes local cuando daban seguimiento a los casos de desviación sexual.

En tales casos, el origen social de la persona desempeñaba un papel importante. En casos de sodomía, donde el acusado pertenecía a la clase media alta, estaba casado, era un ciudadano responsable y ejercía un oficio, contaban con testigos que podían presentar declaraciones favorables. Esto era menos probable cuando un acusado que ya pertenecía a un grupo o comunidad marginal era acusado de sodomía. Los migrantes y los indeseables, que a menudo ya eran considerados sospechosos, están sobrerrepresentados en estos casos en muchas regiones de Europa. Esto se debía a que los rumores sobre estos grupos ya circulaban y, en consecuencia, eran entregados a la justicia con mucha mayor facilidad.

Destinos eróticos

Desconocemos cómo las actividades sexuales de François, Willem y su sacerdote acabaron en la corte. Sin embargo, es probable que sus aventuras eróticas ya fueran tema de conversación en Brujas. Rumores sobre el sacerdote, que vivía con los chicos «como un hombre vive con una mujer» («dat hy met hem relyant soude leeven of gheleeft hebben ghelick met een vrauwe»), aparecen en las pruebas documentales.

El sacerdote fue mantenido fuera de escena mientras los dos muchachos pagaban el precio.

Que incluso el destino erótico de un sacerdote llegara a oídos de las autoridades a través de los chismes locales dice algo sobre el espíritu de la época en 1558. Los clérigos estaban exentos de juicio en los tribunales seculares, pero la población aún murmuraba sobre ellos libremente. Es posible que la Reforma, la expansión efectiva del protestantismo y las críticas a los numerosos abusos perpetrados por sacerdotes en los Países Bajos del Sur hayan alimentado estos chismes. Pero es igualmente posible que este caso saliera a la luz porque la precaria situación socioeconómica en Brujas acentuó la necesidad de un chivo expiatorio y la denuncia de comportamientos considerados inaceptables. No obstante, ciertas tradiciones antiguas persistieron; así, el sacerdote en cuestión fue mantenido al margen mientras los dos jóvenes pagaban el precio.

En este sentido, el caso de François, Willem y su sacerdote simboliza tanto la intensa represión de la sodomía en Brujas como la teoría del chivo expiatorio. Además, esta historia ilustra la importancia del capital social y la doble moral que dominaba el procesamiento de las conductas sexuales desviadas. De esta manera, este caso podría incluso servir como reflejo de la sociedad contemporánea.

domingo, 31 de marzo de 2024

Conquista del desierto: El heroísmo del padre Francisco Bibolini

El heroísmo del padre Francisco Bibolini

La Voz de la Historia



Corre el año 1859. Las poblaciones de campaña de la provincia de Buenos Aires ya han experimentado en carne propia los rigores del malón. En la incipiente población de 25 de Mayo, antiguo Fortín Mulitas, se conoce la noticia del avance de Calfucurá, cacique de las pampas, que ya la había arrasado en 1856, dejando un tendal de muerte y destrucción, imposible de olvidar.
Todo es angustia e incertidumbre. Los pobladores se aprestan a la defensa, conduciendo a las mujeres y los niños a lugares seguros, uno de ellos, la pequeña iglesia local.

Una horda de bárbaros

Calfucurá es un bárbaro que no conoce al Señor; que ignora la Misericordia del verdadero Dios y Salvador, que cree ser el único rey de reyes y que, por consiguiente, desprecia al indefenso, al hombre de paz y al desvalido. Solo cree en su fuerza y en el poder de su lanza, la misma con la que ha profanado altares, templos y sagrarios.
Las hordas avanzan desde Salinas Grandes como los hunos sobre la indefensa Italia del siglo V. A su frente va un nuevo Atila, tan cruel y sanguinario como aquél. 25 de Mayo se desespera y, aterrorizada, eleva sus plegarias al Todopoderoso implorando la salvación. Sabe que de nada servirá resistir porque, como en 1856, los vándalos, superiores en número e incentivados por el olor de la sangre y el alcohol, arrasarán la población, como lo hicieron con Cruz de Guerra (Junín), Juárez, Salto, Chivilcoy, Mercedes, Rojas y Tapalqué.
Nadie cree en un milagro, nadie espera la intervención divina y, sin embargo, llega en la figura de un hombre humilde y piadoso que, confiado en el poder del Señor, decide interceder.
Por las polvorientas calles de tierra de 25 de Mayo cabalga en su corcel el padre Francisco Bibolini, cura párroco de la población, decidido a enfrentar solo a la salvaje mesnada. La gente lo mira y se persigna, asombrada e incrédula, convencida de que ese será el último día que verá con vida a su amado sacerdote.

Un suceso increíble

El padre Francisco, un valeroso italiano nacido en La Spezia en 1827, avanza impartiendo bendiciones y llega a las afueras del poblado, donde se detiene. Repentinamente es rodeado por el malón, bárbaros salvajes que no han dudado en degollar, ultrajar y robar. Y al frente de ellos está Calfucurá, que al ver al religioso, alza su mano y manda hacer alto. Tiene lugar entonces, un suceso increíble. El religioso le habla al cacique y este parece dudar. La fiereza de su rostro desaparece y sus instintos comienzan a aplacarse.
El padre Francisco, inspirado en las bondades y enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo, explica al salvaje que su actitud no es la correcta y que está en contra de lo que el Creador ha predicado en Tierra Santa, dos mil años atrás. El indio recapacita y parece meditar. La escena es increíble y los cristianos, desde la población, dudan que sea cierta. Allí está su párroco, en medio de un mar de salvajes, con decenas de famélicos perros cimarrones rodeando amenazadoramente su cabalgadura, esperando la decisión del emperador de las pampas.

El Señor salva a 25 de Mayo

Y sucede el milagro. Calfucurá ordena a sus huestes acampar fuera del pueblo y se dispone a parlamentar. Y junto al padre Francisco, entra al pueblo pacíficamente, cabalgando por las polvorientas calles, hasta llegar a la iglesia, donde escucha con atención al clérigo, manifestándole, por fin, que se retira sin atacar.
A la mañana siguiente, a la cabeza de sus huestes, el azote del desierto se aleja hacia el horizonte, de regreso a Salinas Grandes, sin cumplir su cometido. Por intermedio de uno de sus más humildes servidores, el Señor salvó a 25 de Mayo de ser martirizada.
Calfucurá regresó en 1861 y una vez más, el padre Francisco salió a enfrentarlo, logrando que se retirara, previo pago de un fuerte tributo.
El heroico religioso falleció en 1907 y hoy yace enterrado en la iglesia principal de la ciudad por él salvada en 1859 y 1861.


Revista “Cruzada”, Año II, Nº 9, Junio de 2004

jueves, 27 de abril de 2023

Guerra Antisubversiva: La masacre de los curas Palotinos

La matanza de los cinco curas Palotinos y 46 cadáveres en la morgue, la atroz “vendetta” de la dictadura

Montoneros había puesto la bomba en la Superintendencia de la Policía provocando 23 muertos y 110 heridos. Poco después, llegó la venganza de la dictadura. El 4 de julio de 1976 fueron asesinados los sacerdotes Leaden, Dufau y Kelly, y los seminaristas Barbeito Doval y Barletti de la iglesia San Patricio. Quién era el blanco principal del ataque y qué actividades realizaba
Por Ceferino Reato | Infobae


Un 4 de julio de 1976 cinco religiosos fueron baleados en la parroquia que habitaban en el barrio Belgrano, sobre la calle Estomba. De izquierda a derecha, Alfredo Leaden, Alfredo Kelly, Pedro Dufau y Emilio Barletti (Telam)

La masacre en el comedor policial endureció la represión ilegal de la dictadura y la primera reacción fue desplazar al flamante jefe de la Policía Federal, Arturo Corbetta, un general y abogado que quería luchar contra las guerrillas, pero “con el Código Penal en la mano”, como afirmó en su discurso de asunción, una semana antes del sangriento atentado.

Corbetta fue el último general “legalista” que ocupó una función relevante en el gobierno militar; en su lugar asumió el general Edmundo Ojeda. El cambio fue bien recibido por Montoneros porque, según ellos, revelaba la naturaleza fascista de la dictadura, que le impedía reprimirlos dentro de la ley, sin secuestros ni torturas y con tribunales que les permitieran la defensa.

“Cualquier tesis contraria es rápidamente derrotada, caso del general Corbetta, luego de nuestro rotundo golpe al centro de gravedad de la represión policial”, sostuvo el jefe del llamado Ejército Montonero, el “comandante” Horacio Mendizábal, Hernán, en relación al atentado que dejó veintitrés muertos y ciento diez heridos.

Para los montoneros, era una lucha entre buenos y malos, y, mientras más salvaje e inhumana fuera la represión, más motivos tendría el pueblo para darse cuenta que debían apoyar a quienes representaban lealmente sus intereses y aspiraciones, que eran, obviamente ellos. Cuanto peor, mejor.

Ya en la madrugada del domingo 4 de julio de 1976 un grupo de personas con cascos de acero bajó de un automóvil frente al Obelisco arrastrando a un joven; lo apoyaron contra una de las paredes de piedra blanca del monumento, formaron un pelotón de fusilamiento y lo agujerearon a balazos. Y se fueron, dejando allí el cadáver.

El punto culminante de la vendetta tras el atentado del comedor ocurrió en la zona más elegante del barrio de Belgrano, en la casa parroquial de la Iglesia de San Patricio, en la calle Estomba 1942 (Telam)

Según el Nunca Más, el informe de la Comisión sobre la Desaparición de Personas, entre el 3 y el 7 de julio ingresaron a la Morgue porteña 46 cadáveres, casi todos con el mismo diagnóstico: “Heridas de bala en cráneo, tórax, abdomen y pelvis; hemorragia interna”.

El punto culminante de la vendetta ocurrió en la zona más elegante del barrio de Belgrano, en la calle Estomba 1942, menos de dos días después de la voladura del comedor, cuando cinco religiosos fueron asesinados en la casa parroquial de la Iglesia de San Patricio. La “Masacre de San Patricio” fue la peor matanza sufrida por la Iglesia Católica en sus más de cuatrocientos años en territorio argentino.

El domingo 4 de julio a la madrugada cinco personas irrumpieron en la casa parroquial de los palotinos, hicieron arrodillar a tres curas y dos seminaristas en el living del primer piso, les ataron las manos, les vendaron los ojos y los acribillaron con veintiocho disparos en la cabeza y el tórax que partieron de cuatro pistolas Browning y una pistola ametralladora.

Antes de irse, pintaron en la puerta del living: “Por los camaradas dinamitados de Seguridad Federal. Viva la Patria”, y en la alfombra colorada del pasillo: “Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son MSTM”, en alusión al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Además, arrancaron de una de las habitaciones un poster de Mafalda que, señalando la cachiporra de un policía, comentaba: “¿Ven? Éste es el palito de abollar ideologías”, y lo arrojaron sobre el cuerpo de Salvador Barbeito, uno de los seminaristas.

El principal blanco de “La Masacre de San Patricio” fue el otro seminarista: Emilio Barletti, de veintitrés años. Tanto fue así que los asesinos redujeron primero a los tres sacerdotes que encontraron en la casa parroquial: Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Dufau; los dos primeros ya estaban en pijamas, y el otro, Dufau, recién había vuelto de una fiesta de bodas. Y esperaron a Barletti, que llegó del cine junto a Barbeito a las dos y media de la madrugada. Ni siquiera pudo sacarse la bufanda con la que había salido a la calle aquella noche fría de invierno.

El general Arturo Corbetta saluda al general Albano Harguindeguy, ministro del interior de la dictadura. Fue el último general "legalista" que ocupó una función relevante en el gobierno militar; en su lugar asumió el general Edmundo Ojeda (Telam)

Los asesinos buscaron un castigo ejemplar; de allí, la matanza de cuanto cura o seminarista encontraron en la parroquia aquella madrugada de terror. Los dos seminaristas que también habían ido a ver El Veredicto, con Jean Gabin y Sofía Loren, pero decidieron a último momento ir a dormir con sus padres, se salvaron de una muerta segura.

Era uno de los últimos días de Barletti en esa parroquia, un poco por las quejas de los palotinos sobre su excesiva politización; otro poco porque se sentía más cómodo entre religiosos más comprometidos con la opción pastoral por los pobres, como los Hermanitos del Evangelio de Charles de Foucault, que vivían en comunidad en un conventillo de La Boca.

Eran “curas obreros”: alternaban el sacerdocio con el trabajo concreto en los barrios populares, algo que fascinaba a Barletti, un joven carismático, vástago de una familia pudiente de San Antonio de Areco que entró al seminario cuando le faltaban solo cinco materias para recibirse de abogado.

Barletti era inquieto: también formaba parte de Cristianos Para la Liberación (CPL), un grupo de curas y laicos de Montoneros encabezado por uno de sus dirigentes más lúcidos, el periodista Norberto Habegger, e integrado por, entre otros, Pablo Gazzarri, de la parroquia vecina Nuestra Señora del Carmen, de Villa Urquiza, y monseñor Joaquín Carregal.

En ese rol, Barletti facilitaba la parroquia para esconder folletos, documentos y revistas de Montoneros. También para realizar reuniones de los integrantes de CPL y de jóvenes con dirigentes de la guerrilla más o menos conocidos, como Juan Carlos Dante Gullo y Roberto Perdía.

Emilio Jauretche, ex oficial primero de Montoneros, sostuvo en la revista 3 puntos que, en mayo de 1976, atravesó “todo Buenos Aires trasladando en un rapiflet el mimeógrafo y un abultado paquete de originales de Evita Montonera hasta una parroquia palotina de la calle Estomba”, donde, según él, imprimían la revista partidaria.

Un grupo de tareas ingresó a la casa parroquial cuando los sacerdotes estaban por irse a dormir. Los seminaristas estaban recién llegados del cine (Telam)

“Tiempo después, el grupo de sacerdotes que me recibieron, conocidos hoy como víctimas de la intolerancia religiosa, sumaron sus nombres a la vasta nómina de mártires montoneros”, agregó. Jauretche ya había estado allí inmediatamente después del golpe de Estado para “trasladar algunos papeles” de la oficina de prensa del Partido Peronista Auténtico —una criatura de Montoneros— debido a que en esa iglesia “tenían el contacto con unos curas compañeros”, según su biógrafo, el periodista Guillermo Paileman.

Pero, el compromiso de Barletti con la guerrilla no finalizaba ahí ya que integraba la llamada Columna Sur de Montoneros, donde estaba a las órdenes de un ex sacerdote, el cordobés Elvio Alberione, el Gringo o el Mayor Esteban. Su campo de acción abarcaba las zonas de Esteban Echeverría, Lanús, Avellaneda y Quilmes.

—Sí, conocí a Emilio. Yo era el jefe de su columna —le confirmó Alberione al periodista y escritor Gabriel Seisdedos en su muy documentado libro El Honor de Dios, sobre la matanza de los palotinos.

En junio de 1976, el mes anterior a su muerte, Barletti —Alberto era su nombre de guerra— había sido promovido en esa columna de Unidad Básica Revolucionaria a Unidad Básica Combatiente, es decir que era considerado no solo un “cuadro” —un dirigente— político sino también militar.

El valioso testimonio de Seisdedos ilustra los enojos que puede causar un buen periodista: cuando este libro estaba siendo escrito, un sector de los palotinos seguía atribuyendo a esa revelación el principal obstáculo para que los cinco religiosos fueran beatificados por el papa Francisco.

No todos los palotinos pensaban así. “La verdad cuesta decirla, pero más cuesta ocultarla. Si ésa es la verdad, tenemos que conocerla”, le dijo el padre Thomas O´Donnell, superior de los palotinos en el país, cuando, en plena investigación, el periodista le confió que “Emilio estaba metido”.

En la Iglesia, el martirio —el asesinato a causa de la defensa o del ejercicio de la fe católica— es suficiente para que una persona ascienda a la categoría de beato, que es el paso previo a la santidad. En ese caso, ya no necesita de un milagro para la beatificación.

En 2005, cuando todavía era arzobispo de Buenos Aires y cardenal primado de la Argentina, Jorge Bergoglio, impulsó la beatificación de los cinco palotinos e incluso afirmó que había sido confesor de Alfie Kelly, el párroco de San Patricio.

Bergoglio impulsó la beatificación de los cinco palatinos en 2005 sin embargo, el expediente quedó trabado en el Vaticano por las revelaciones de un periodista (Telam)

De todos modos, el expediente de beatificación puede ser dividido y personalizado, con lo cual bien podrían ser beatificados las otras cuatro víctimas en el supuesto de que solo Emilio Barletti hubiera estado efectivamente involucrado en la guerrilla.

Pero, los palotinos quieren que sean los cinco juntos —me dijo Seisdedos. Por ese motivo, el expediente continuaba trabado en el Vaticano.

La matanza tensionó las relaciones de la cúpula eclesiástica con el gobierno militar; hubo quejas públicas y privadas de sus principales dirigentes, liderados por el cardenal Raúl Primatesta, y el nuncio, el italiano Pío Laghi. De todos modos, se esforzaron por no romper con el presidente Jorge Rafael Videla, a quien consideraban un “moderado”, como tantos otros, incluidos los dirigentes de la cúpula del Partido Comunista.

“Fue un acto de torpeza tremenda”, me dijo en prisión el ex dictador Videla en una de las entrevistas para mi libro Disposición Final. Y agregó: “Había dos seminaristas muy comprometidos con la subversión, que eran militantes montoneros, pero el problema podría haber sido evitado; derivó en una confrontación innecesaria con la Iglesia, que no nos lastimaba. Podríamos haberle pedido a la Iglesia que los sacaran del país, por ejemplo, a Venezuela, y lo hubiera hecho, si compresión les sobraba”.

“Nunca supimos quiénes fueron y por qué lo hicieron”, aseguró Videla. La dictadura culpó a “elementos subversivos”, según el comunicado del Comando de la Zona I, encabezado por el general Carlos Suárez Mason, que sostuvo que “el vandálico hecho demuestra que sus autores, además de no tener patria, tampoco tienen Dios”.

El comunicado del Ejército no convenció a nadie; en primer lugar, a la Iglesia, que siempre atribuyó la matanza a los sectores más duros de la represión ilegal; en especial, a Suárez Mason, quien se consideraba el dueño de la vida y de la muerte en su vasta zona de influencia, la ciudad de Buenos Aires en primer lugar.

Si bien la Iglesia sigue atribuyendo la matanza a Suárez Mason, con el tiempo y ante la ausencia de resultados en la Justicia, algunas sospechas también abarcaron a los marinos de la ESMA y a un grupo de policías federales vinculados al ministro del Interior, el general Albano Harguindeguy.