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miércoles, 7 de octubre de 2026

USA: El duelo entre Andrew Jackson y Charles Dickinson

El duelo entre Andrew Jackson y Charles Dickinson






En un duelo de 1806, Andrew Jackson (el séptimo presidente estadounidense) sabía que no podía superar en puntería al maestro tirador Charles Dickinson. Su estrategia de supervivencia fue brutal: dejó que Dickinson le disparara primero.

Según las reglas del duelo, una vez que un hombre disparaba, debía permanecer inmóvil en su posición y esperar el disparo de respuesta de su oponente. Si Jackson se apresuraba a disparar para ganarle a Dickinson, podía fallar. Al absorber la bala, Jackson ganó tiempo para apuntar con absoluta precisión.

Dickinson disparó. Una nube de polvo se levantó del abrigo de Jackson cuando la bala le impactó de lleno en el pecho. Pero Jackson no cayó. Simplemente levantó la mano izquierda hacia el pecho, se quedó completamente inmóvil y apuntó con su pistola.

Jackson sobrevivió al impacto inmediato gracias a un truco de vestuario y a su complexión delgada. Con 1,85 metros de altura y un peso de apenas 66 kilos, Jackson vestía un frac azul oscuro holgado y demasiado grande. Al ponerse en posición, se giró de lado en una postura de ataque. Dickinson apuntó con precisión al lugar donde debería estar el corazón de un hombre, según la forma del abrigo. La bala impactó en el punto exacto que Dickinson pretendía, pero el corazón de Jackson quedó a un par de centímetros de distancia. La bala le destrozó dos costillas y se alojó profundamente en la cavidad torácica.

A pesar del traumatismo masivo, Jackson ocultó su dolor con pura fuerza de voluntad y rencor. Despreciaba a Dickinson —quien había insultado públicamente a su esposa— y estaba decidido a no darle al tirador la satisfacción de saber que había acertado antes de morir. Jackson dijo más tarde: «Debería haberle dado, si me hubiera disparado en la cabeza».

Jackson apretó el gatillo, pero la pistola se quedó a medio amartillar. Con calma, amartilló por completo, volvió a apuntar y disparó a Dickinson en el abdomen. Dickinson cayó y murió desangrado horas después.

Jackson se alejó tranquilamente del campo de duelo con su cirujano, ocultando su herida hasta que estuvieron fuera de la vista de los padrinos de Dickinson. Solo cuando el cirujano notó que la sangre se derramaba dentro de la bota izquierda de Jackson, se dio cuenta de que el futuro presidente había sido alcanzado por una bala. La bala estaba demasiado cerca del corazón para poder extraerla sin peligro, y Jackson la llevó alojada en su pecho durante los 39 años restantes de su vida.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Patagonia: Los molinos de Trelew

Los molinos de Coslett Thomas en Trelew y Dolavon. Y el “moderno” de Escribano en Dolavon

La Voz del Chubut




Antiguo Molino Harinero de Trelew

En el libro de Matthew Henry Jones podemos leer que a fines de junio de 1914 Drafod, circuló por primera vez el rumor de que en breve se instalaría un molino harinero en Trelew, nueva industria que coadyuvaría al progreso, aclarándose que su propietario era de Trelew, por lo que se apresuraban a felicitar al nuevo industrial. Por su parte El Avisador Comercial informa el día 27 de junio que se están realizando construcciones en la falda de la loma, frente al ferrocarril para instalar un molino harinero que trabajará los trigos del Chubut y logrará el abaratamiento de la harina al no tener que pagar los fletes exagerados en este artículo de primera necesidad.

El periódico Y Drafod del 10 de julio nos informa: “El molino de harina que pertenece a una empresa de habitantes de la ciudad es afanosamente construido detrás del depósito de lana de la C. M. C. Es, sin duda, una aventura que pagará bien”.

Poco después se confirmó que el establecimiento pertenecía a Evan Coslett Thomas que estaba asociado con Evan Roberts, Trevor Jones y Thomas Freeman, y estaba ubicado en la actual Avenida Gales, entre Mitre y Rivadavia. Las máquinas fueron adquiridas en Gran Bretaña y el molino comenzó a funcionar a mediados de abril de 1915. En Setiembre de 1921 realizaba propaganda de reparto a domicilio de sus productos. Funcionó hasta la década del 40.

En agosto de 1920 el Y Drafod nos cuenta que había escasez de harina en el valle y el trigo se iba de las manos antes de la nueva cosecha, había oferta en la cordillera, sólo que su precio era alto. A pesar de ello se estaba disponiendo el envío de grandes cantidades de harina desde la cordillera al valle.

El 7 de noviembre de 1947 se produjo un incendio en las instalaciones del molino que en esa época se dedicaba a la limpieza y clasificación de semilla de alfalfa. Fue combatido en primer momento por personal del Distrito Militar y luego la Policía local, logrando controlarlo y evitó mayores pérdidas.

El señor Evan Coslett Thomas estuvo al frente de la firma hasta 1937, año en que se constituyó la firma Evan Coslett Thomas SRL, cuyos gerentes apoderados serían su hijo Alberto Thomas y su yerno don Gustavo Sundblad. Alrededor del año 1950 esta firma se disolvió, sus socios se dedicaron a otras actividades y el edificio abandonado se fue deteriorando.

Por Ordenanza N° 04547/93 se creó el “Registro Permanente de Bienes del Patrimonio Cultural y Natural” de la ciudad de Trelew, en el cual se incluyó este edificio. Se firmó un convenio con los propietarios de ese momento para recuperarlo y ponerlo en valor. Las obras fueron de envergadura, manteniendo el frente del edificio y agregando una parte nueva que también mantenía el estilo. Fue inaugurado en noviembre de 1997 con una exposición y a partir de marzo de 1999 se pudo admirar como restaurante. Hoy ocupado por la librería Mandala Libros.


Molino Dolavon de Evan Coslett Thomas

Nos relata Matthew Henry Jones en su capítulo de 1921, que desde hacía varios años el molino harinero de Trelew, propiedad de Evan Coslett Thomas compraba grandes cantidades de trigo en la zona de Dolavon y Tierra Salada (hoy 28 de Julio), y entonces con excelente criterio, resolvió instalar en Dolavon, en las cercanías de la estación del ferrocarril, otro molino harinero.

En un reportaje publicado en Patagonia Cero, Llwyd Thomas, hijo de Evan Coslett, relata que su padre compró un molino que había traído a Chubut T. Freeman para instalarlo en Trevelin y que por motivos que desconocía había quedado abandonado en Puerto Madryn. Ese fue el molino que se instaló en Dolavon.

ElY Drafod del 28 de enero de 1921 nos dice bajo el título Dolavon: “El molino de harina de la empresa Trelew, ha comenzado la construcción de un gran edificio, cerca de la vía férrea, para un molino harinero aquí. Se pretende que esté listo para comenzar a moler a principios del próximo mes de marzo”.

Los periódicos de comienzos de Febrero de 1921 indicaban que en poco tiempo en Dolavon quedaría terminado el edificio del molino que se estaba construyendo en esa localidad, el cual sería un gran adelanto para toda la Colonia. Agregaba que el propietario no omitía en gastos para que dicha obra sea un verdadero exponente del progreso de Dolavon. Este molino quedó habilitado en Marzo de 1921. El movimiento de toda la maquinaria se realizaba mediante un motor a gasoil.

En 1942 vemos por las propagandas en los periódicos que los molinos de Dolavon y Trelew y la producción diaria (12 horas de trabajo) era de 15 bolsas de harina. Eran administrados por los hijos de Evan Coslett Thomas y José Kent. Atendían la venta de toda clase de repuestos para máquinas agrícolas, además de la venta de grasas y lubricantes.

Trabajó hasta comienzos de 1951. El 4 de enero de 1952 se produjo in incendio que se cree originado en una chispa de la locomotora que lo destruyó totalmente, pese al esfuerzo de la Policía local y el Cuerpo de Bomberos de Trelew.



Interior del “Moderno” molino harinero de Dolavon y su maquinaria

El molino se construyó en 1927, comenzando a funcionar al año siguiente.

En Mayo de 1930 el Molino harinero “El Moderno” de Víctor Escribano, ubicado en Dolavon informa que sigue pagando más que otros molinos por el trigo molinero. Acusa a los otros molinos de bajar estacionalmente el precio de la harina como pretexto para pagar menores precios del trigo y la suben una vez realizadas sus compras, cosa que él no hace. Por su parte vende la harina La Palomita 000 al mismo precio que las harinas inferiores de los otros molinos.

En abril de 1935 el Molino de Víctor Escribano informa que cuenta con nuevas máquinas y reformas en los procedimientos de molienda, con lo que ha mejorado sus productos y también ha rebajado los precios de molienda cuando se superan los 5.000 kilos. En junio de 1938 insiste con esta propaganda e informa haber agregado una nueva máquina Cernidora y Clasificadora de Harina que le permitía obtener harina integral, 0, 00 y 000.

Este molino funcionó hasta la década del 40 en que fue cerrado. Reabrió en 1968 funcionando solamente por 3 años. Se cerró nuevamente hasta que finalmente la Municipalidad de Dolavon lo adquiere como atractivo turístico y lo alquila a Raúl Velazco que lo pone en marcha desde 1985 hasta 1991, cerrando por su poca rentabilidad y las quejas de los vecinos (se quejaban de las vibraciones que provocaba el molino). En 1997 un grupo de jóvenes formó la “Comisión Juvenil Dolavon” que lo limpió y refaccionó para atraer turistas, pero desistieron a los dos años.

Es el único molino en el Valle del Chubut que se mantiene intacto con su edificio y sus máquinas en funcionamiento.

viernes, 11 de septiembre de 2026

Revolución Francesa: El insoportable impuesto a la luz del sol

Cuando el Estado decidió gravar la luz del sol


Imagina un impuesto tan absurdo y tan voraz que te obliga a vivir en la oscuridad.

Ese es exactamente el logro que consiguió el Estado francés en 1798. Inventa entonces una de las peores aberraciones de nuestra historia: el impuesto sobre puertas y ventanas.

Al final de la Revolución, el Directorio está exhausto. El poder central necesita liquidez para sobrevivir.



No se atreve a restablecer los impuestos directos del Antiguo Régimen que pusieron fuego al país.

La burocracia da a luz entonces a un concepto temible. Decide gravar a los ciudadanos en función del número de aberturas en las fachadas de sus casas.

Sobre el papel, la administración encuentra la idea brillante. Un rico posee una mansión con muchas ventanas, un campesino solo tiene una choza.

El Estado piensa haber inventado el impuesto perfectamente justo, fácil de calcular desde la calle sin tener que registrar los hogares.

Pero el mecanismo destructivo de la fiscalidad siempre termina cayendo sobre los más débiles.

Para escapar de este atraco, la reacción del pueblo es inmediata y racional. Se adapta destruyendo.

De la noche a la mañana, los propietarios comienzan a tapiar masivamente sus propias ventanas.

Se condenan las ventilaciones, se obstruyen los tragaluces, se eliminan las entradas de luz. Los edificios se transforman en cajas oscuras para bajar la factura.

Las consecuencias sanitarias serán catastróficas.

Para garantizar sus ingresos fiscales, el Estado privatiza literalmente y grava el aire fresco y la luz del sol.

Durante más de un siglo, este impuesto obligará a millones de franceses, particularmente a los más pobres, a amontonarse en viviendas fétidas, húmedas y privadas de toda ventilación.

Los médicos higienistas gritarán al escándalo. Denunciarán una correlación directa con la explosión fulminante de la tuberculosis y el raquitismo en las ciudades.

Nada lo impide, la burocracia hará oídos sordos. El cinismo es absoluto.

En lugar de suprimir un impuesto que mata a su propia población, el Estado se aferra a él. Este impuesto mortífero durará 128 años y solo será definitivamente abolido en 1926.

El impuesto sobre puertas y ventanas es la prueba histórica definitiva de una regla inmutable.

Un gobierno siempre preferirá sacrificar tu salud, tu comodidad y el aire que respiras antes que renunciar a una fuente de ingresos.

viernes, 14 de agosto de 2026

Argentina: Postales históricas de vida

Postales



Peluquería Ruiz y Roca, Buenos Aires, 1886.




Año 1936. Descansando en Punta Lara. Provincia de Buenos Aires. Buenos Aires, República Argentina. Dpto. Documentos Fotográficos. Inventario 355677. Caja 16. Buenos Aires. Argentina. (AGN│Archivo General de la Nación)
 

martes, 4 de agosto de 2026

Buenos Aires: Cocheros en huelga en 1906




Año 1906. Cocheros matando el tiempo en plena huelga.

Buenos Aires, República Argentina.

Dpto. Documentos Fotográficos. Inventario 21866. Caja 1019. Buenos Aires. Argentina. (AGN│Archivo General de la Nación)

sábado, 1 de agosto de 2026

Roma: La razón de la durabilidad del concreto romano

El concreto romano revelado




Por primera vez, los investigadores han identificado exactamente qué es lo que los constructores romanos añadían a su hormigón para hacerlo durar siglos...

En un sitio de construcción inacabado en Pompeya, abandonado durante la erupción del Monte Vesubio en el 79 d.C., los arqueólogos descubrieron algo raro: materiales de hormigón romano que estaban preparados pero nunca mezclados. Ese momento congelado reveló cómo los constructores romanos realmente fabricaban su hormigón.



En lugar de mezclar cal y agua como lo hacemos hoy en día, primero combinaban cal viva con ceniza volcánica y luego añadían agua. La reacción producía un intenso calor y dejaba atrás diminutos fragmentos de cal reactiva atrapados dentro del hormigón endurecido. Cuando más tarde se formaban grietas y el agua se filtraba, esos fragmentos reaccionaban de nuevo y sellaban el daño desde el interior.

En otras palabras, algunos hormigones romanos fueron diseñados intencionalmente para sanar sus propias grietas —y todavía lo están haciendo casi 2.000 años después.

Parque Arqueológico de Pompeya

viernes, 22 de mayo de 2026

Alimentación: La comida de los esclavos que los progres nos vendieron como saludable

La comida de los esclavos que nos vendieron como saludable





Los esclavos en Roma comían pan, aceitunas y gachas.  
La nobleza romana comía carne.

Los obreros egipcios construyeron las pirámides con pan, cebollas y cerveza.  
El faraón comía carne.

Los campesinos aztecas comían maíz y frijoles.  
La nobleza azteca comía carne.

Los campesinos chinos comían arroz y verduras.  
La nobleza china comía carne.

Las castas bajas indias comían arroz, lentejas y pan plano.  
La corte mogol comía carne.

Los campesinos japoneses feudales comían arroz y encurtidos.  
Los samuráis comían pescado y carne.

Los agricultores nativos americanos comían maíz y calabaza.  
Las culturas guerreras comían bisontes.

Los siervos europeos medievales comían potaje y pan negro.  
Los señores comían venado y cisne.

Los plebeyos de la era Tudor comían pan cortado con tiza.  
La corte de Enrique VIII consumía miles de cabezas de ganado al año.

La clase trabajadora victoriana comía pan, té y lo que quedaba.  
La aristocracia victoriana comía res, caza y mantequilla.

Toda civilización. Cada siglo. Cada continente.

Los pobres comían las plantas.  
Los ricos comían los animales.

Luego, en 1977, un comité de senadores estadounidenses le dijo al mundo que la dieta campesina era la saludable todo el tiempo.

Ninguna civilización en la historia humana lo había descubierto.

Hasta entonces.

Aparentemente.

jueves, 21 de mayo de 2026

Virreinato del Río de la Plata: El escandaloso matrimonio de Mariquita Sánchez

Una de las historias de amor más rebeldes de la Buenos Aires colonial: eran primos y debió intervenir el virrey para poder estar juntos

Ella se rebeló contra sus padres y hasta le pidió al virrey de turno que intercediera por ellos, él recibiría un merecido homenaje 200 años después. Luces y sombras de una historia que terminó de la peor manera.

Por Yasmin Ali || Canal 26



La historia de amor más escandalosa de la época colonial Foto: Archivo

Antes de que prestara su casa, más precisamente su piano, para que sonara por primera vez lo que conocemos como himno nacional, Mariquita Sánchez de Thompson fue protagonista de uno de los amores más escandalosos de la Buenos Aires colonial.

Martín Thompson no solo fue su primer esposo, era su primo, y la historia para lograr formalizar su amor es tan fascinante como el relato que conocemos, casi de memoria, sobre cómo su figura fue clave para que suene la canción patria más importante. Mariquita y Martín, un romance de 15 años que solo pudo vencer la locura y la muerte.

El candidato que no quería

Para los 14 años de Mariquita sus papás, Cecilio y Magdalena, ya le habían elegido al candidato “ideal”: el español Diego del Arco. Ella se negó, su corazón ya tenía dueño y era su primo segundo Martín Jacobo Thompson, pero había un problema: sus progenitores lo consideraban “indigno” por no pertenecer a su misma clase social.

Su papá intentó por cualquier vía que ella lo olvide, incluso logró que el virrey Joaquín del Pino lo traslade a la ciudad de Montevideo y luego a Cádiz para trabajar en el puerto. Ella seguía negada y recluida en la Santa Casa de Ejercicios Espirituales. Los años pasaron, su padre murió en 1802 y doña Magdalena estaba decidida a que se cumpla la voluntad de su difunto esposo.




Mariquita Sánchez de Thompson y Martín, su primer esposo

Pero parecía que el destino tenía otros planes porque en 1804 Martín regresó al Río de la Plata, más precisamente a Montevideo, para poner en orden la herencia familiar. Los tórtolos se cansaron de estar a escondidas y él recurrió a la Justicia utilizando la “Pragmática Sanción para evitar el abuso de contraer matrimonios desiguales” que se aplicaba cuando el padre no quería que su hija se case al ver la unión como “desigual”.

El hombre llevó a su ¿futura? suegra a juicio, ella afirmaba que se oponía al casamiento porque veía a Thompson como un cazafortunas. Del Pino, quien debía decidir, fue reemplazado por Rafael de Sobremonte y el 20 de julio de 1804 falló a favor del Romeo versión Virreinato.

Cuando Mariquita tenía 18 años le envió una carta al virrey Sobremonte para explicarle por qué debía permitir su casamiento con Thompson:

“Me es preciso defender mis derechos: casarme con mi primo, porque mi amor, mi salvación y mi reputación así lo desean y exigen. Nuestra causa es demasiado justa”. Vivió como quiso.


Mariquita Sánchez de Thompson

¿Triunfó el amor?

Los enamorados se casaron en 1805 y tuvieron cinco hijos entre 1807 y 1815: Clementina, Juan, Magdalena, Florencia, y Albina. Para esa época Mariquita se encargaba de organizar tertulias en su casa, en una de ellas se dice que sonó el himno por primera vez, y se consolidó como una de las “damas patricias” más importantes de la época.

Su matrimonio fue feliz, pero el tiempo siempre tiene reservada una última carcajada. En 1815 su esposo fue enviado a una misión diplomática a Estados Unidos para dar a conocer la causa independentista del Río de La Plata y conseguir dinero. Pero su visita a esas tierras fue un desastre y el director supremo Juan Martín de Pueyrredón lo echó dos años después.


Martín Thompson, primer Prefecto Nacional Naval

Thompson estaba enfermo, perdió la razón y cuentan que por las calles de Washington y Nueva York gritaba y decía cosas sin sentido a quienes pasaban, nunca se confirmó pero podría haber manifestado síntomas de sífilis. Terminó internado en un lugar para enfermos mentales y Mariquita, enterada de su situación, le envió dinero para que regrese en un barco donde recibió un pésimo trato.

No se sabe el día exacto, pero murió en altamar. Su cuerpo fue arrojado al agua el 23 de octubre de 1819 y recién meses después se sabría de su trágico desenlace.

Ella volvió a casarse, pero nada fue igual y su segundo matrimonio fue un desastre que terminó en separación en 1837. Ya lo había dicho la misma Mariquita de joven, en una carta dirigida a su primer y único amor: “Seré suya o de nadie”.

jueves, 7 de mayo de 2026

Caída de Berlín: Los suicidios en masa que siguieron

  

Los suicidios masivos de ciudadanos comunes en los últimos días de la Alemania nazi


El libro del historiador Florian Huber examina cómo los civiles se quitaron la vida en mayor número que los militares y funcionarios del gobierno durante el colapso del Tercer Reich.

Jacinto Antón || El País 




La mayoría de la gente ha oído hablar de cómo muchos altos cargos nazis, como Hitler, Himmler, Goebbels y Göring, se suicidaron al final del Tercer Reich, y de cómo algunos comandantes militares derrotados, como Model, Rommel y Kluge, hicieron lo mismo. Los cinéfilos y aficionados a la historia también sabrán que Tresckow y Beck, dos líderes del fallido complot para asesinar a Hitler —la Operación Valquiria—, también se suicidaron. La película «El hundimiento» (Der Untergang), un drama bélico histórico alemán de 2004, retrata los últimos días de Adolf Hitler y su estado mayor refugiados en el búnker subterráneo conocido como el «Führerbunker». Escena tras escena muestra a Hitler y a numerosos funcionarios del gobierno y militares suicidándose con pistolas y veneno tras enterarse de la derrota de Alemania. Sin embargo, la mayoría de los suicidios en el sangriento ocaso de la Alemania nacionalsocialista fueron de gente común: un ama de casa que ahogó a sus hijos pequeños y luego se ahorcó, o una familia entera que ingirió veneno en una última y fatal reunión.

En «Prométeme que te suicidarás: La caída de los alemanes comunes, 1945», el historiador alemán Florian Huber narra la historia de las decenas de miles de civiles que se quitaron la vida en una locura colectiva impulsada por la desesperanza y el miedo a la venganza del Ejército Soviético. Huber, productor de varios documentales galardonados internacionalmente, comienza su libro en la pequeña ciudad de Demmin (noreste de Alemania), donde tuvo lugar una impactante ola de 700 suicidios —el 10% de la población— mientras el Ejército Rojo soviético se acercaba a la ciudad. Personas de todas las edades, profesiones y clases sociales se suicidaron, a menudo llevándose a sus bebés y niños a la tumba. «Era como si la voluntad de morir se hubiera apoderado de todos», escribe Huber.

La joven esposa de un teniente de la Wehrmacht estranguló a su hijo de tres años con una cuerda y luego se ahorcó. Un administrador de seguros médicos de 71 años, su esposa y su hija se ahorcaron tras asesinar a sus nietos pequeños. En la casa de la familia Günther, murieron doce personas: algunas se envenenaron, otras se cortaron las venas y otras fueron asesinadas con un rifle de caza. Huber describe el horror de presenciar múltiples violaciones en grupo perpetradas por soldados soviéticos (casi dos millones de mujeres alemanas fueron agredidas sexualmente al final de la guerra). Posteriormente, muchas de las víctimas de violación se arrastraron hasta el río Tollense y se ahogaron. Algunas llevaron a sus hijos de la mano al río tras llenar sus bolsillos, bolsos y mochilas con piedras, emulando sin saberlo el suicidio de Virginia Woolf en 1941.

Estas son solo algunas de las espeluznantes escenas relatadas por Huber, quien quedó profundamente conmovido por una historia terrible. El sepulturero del cementerio de Demmin llevaba una lista de todos los fallecidos que llegaban en aquellos tiempos terribles. Había cientos y cientos de nombres —hombres, mujeres y niños— con sus edades y la causa de su muerte. Era una lista manuscrita espantosa. El número 135 era una niña de apenas un año que murió el 1 de mayo de 1945, «estrangulada por su abuelo», según consta en la lista. Me impactó tanto que ni siquiera pude incluirlo en el libro, y todavía me atormenta. 


Ernst Kurt Lisso, funcionario municipal de Leipzig, junto a su esposa Renate y su hija Regina, tras el suicidio colectivo por cianuro en abril de 1945. Administración Nacional de Archivos y Registros de Estados Unidos (NARA).

La violación masiva de mujeres alemanas por parte de soldados conquistadores, especialmente soviéticos, seguida de suicidios colectivos, se convirtió en un tema tabú en la Alemania de posguerra, como se describe vívidamente en La caída de Berlín 1945, de Antony Beevor. «Fueron temas completamente tabú durante décadas en nuestro país. Las historias fueron prohibidas en la Alemania Oriental comunista porque habrían empañado la imagen del glorioso Ejército Rojo. Posteriormente, nadie quería hablar de los suicidios colectivos porque quienes se quitaron la vida no encajaban con los prejuicios de los alemanes que vivían bajo el Tercer Reich: no eran ni villanos ni víctimas», afirmó Huber. «Como resultado, cayeron en el olvido hasta que publiqué mi libro». ¿De cuántas personas estamos hablando? “Mi investigación indica claramente que la cifra debe ser de decenas de miles, procedentes de toda Alemania. Sin embargo, en los caóticos últimos días de la guerra, las estadísticas oficiales, la documentación y los informes médicos prácticamente desaparecieron. Por lo tanto, es imposible dar una cifra exacta.”

Sorprendentemente, se suicidaron más civiles y personas comunes que miembros del ejército. “Uno de mis hallazgos más impactantes es que el fenómeno no se limitaba en absoluto a los nazis más radicales, que realmente tenían mucho que temer. De hecho, afectaba por igual a hombres, mujeres y niños, jóvenes y adultos, ancianos, obreros y empresarios, enfermeras y médicos: un caleidoscopio de la sociedad alemana. Podía afectar a cualquiera. Estos suicidios masivos no eran exclusivos de los nazis, sino el resultado de un sentimiento generalizado de fatalidad en toda la sociedad alemana."

La psicología de masas del nazismo

El libro de Huber explica la psicología de masas del nazismo que condujo inexorablemente al suicidio tras la derrota. «No olvidemos que, durante el Tercer Reich, el pueblo alemán vivió en un estado permanente de emergencia y agitación durante doce años. Durante los primeros años previos a la guerra, todo era esperanza y gloria, devoción y amor por el Führer. Al comienzo de la guerra, reinaba un sentimiento abrumador de orgullo, poder, superioridad y odio. Luego, en los últimos años de la guerra, esos sentimientos fueron reemplazados por dolor, miedo, desesperación e incluso autodesprecio. Todo esto culminó en la devastadora experiencia de la aniquilación que se cernía sobre la sagrada patria».

Hubo muchos más suicidios en las zonas de Alemania ocupadas por los soviéticos que en las ocupadas por los aliados, afirma Huber, a pesar de que uno de los suicidios múltiples más conocidos tuvo lugar en el ayuntamiento de Leipzig, una de las ciudades tomadas por las fuerzas estadounidenses. «Durante años, la propaganda nazi infundió miedo a los "monstruos mongoles" en el corazón del pueblo alemán. Cuando el Ejército Rojo finalmente cruzó a Alemania desde el este, los soldados soviéticos cometieron numerosas atrocidades contra la población civil. No cabe duda de que hubo más suicidios en la Alemania ocupada por los soviéticos que en cualquier otro lugar. Sin disponer de cifras exactas, calculo que la proporción debe ser de al menos 20 a 1, aunque algunas de las fotografías más impactantes y singulares de suicidios alemanes se tomaron en Leipzig. Como escribo en mi libro, dos fotógrafas de guerra que viajaban con las tropas aliadas —Lee Miller y Margaret Bourke-White— tomaron esas imágenes inolvidables de alemanes, incluyendo familias enteras, que se habían suicidado minutos antes. Es extraordinario que las mejores fotografías de este fenómeno fueran tomadas por dos mujeres».

La actual epidemia de suicidios nos lleva a preguntarnos cuán fácil puede ser quitarse la vida. Pero, ¿cómo es posible que tantas personas tomen una decisión tan terrible y la lleven a cabo? «Suicidarse nunca es fácil, y quien lo hace debe encontrarse en un estado mental extremo», afirmó Huber. «En 1945, muchos factores convergieron en Alemania para crear este estado mental: el miedo a la violencia y a la venganza rusa, un sentimiento de culpa y complicidad, desesperanza y la pérdida de hogares y seres queridos. Todo esto generó una atmósfera contagiosa, y cuando tantas personas se suicidan, la gente tiende a seguirlas». Como observó un testigo de aquellos días sombríos: «La muerte ha perdido su majestuosidad y se ha convertido en algo cotidiano».


Walter Doenicke, mayor de la milicia nacional Volkssturm, yace en el suelo del ayuntamiento de Leipzig tras suicidarse. Administración Nacional de Archivos y Registros de Estados Unidos (NARA).

«La gente utilizaba cualquier medio disponible para quitarse la vida: ahorcamiento, disparos, apuñalamientos, cortes en las venas, envenenamiento y ahogamiento». Muchos incluso mataron primero a sus hijos —dijo Huber, quien se centró deliberadamente en los alemanes comunes en lugar de en figuras militares o políticas—. Pero, por supuesto, muchos oficiales de alto rango también se suicidaron. Según un recuento, 53 generales del ejército, 14 generales de la fuerza aérea y 11 almirantes se quitaron la vida, y estos eran solo los altos mandos.

El libro "El hundimiento" describe vívidamente el horrible suicidio colectivo de la familia Goebbels, cuando Magda Goebbels, la Medea del hitlerismo, envenena a sus propios hijos. "Algunos nazis se suicidaron al enterarse de la muerte de Hitler, porque querían seguir apoyando a su Führer", dijo Huber, "pero la muerte de Adolf Hitler tuvo poco que ver con los suicidios masivos, ya que a muchos alemanes ya no les importaba el líder, y porque las transmisiones de radio informaron que murió heroicamente en batalla, no por su propia mano. Así que la muerte de Hitler fue una gran mentira final".

Según Huber, existen otros sucesos históricos similares a los suicidios masivos alemanes. En el año 73 d. C., mil personas en la fortaleza judía de Masada se quitaron la vida durante el asedio romano. Durante la batalla de Okinawa en 1945, muchos civiles japoneses, incluyendo familias enteras, se suicidaron al derrumbarse las defensas japonesas. ¿Podría ocurrir algo así hoy? «No veo ningún conflicto actual que pudiera provocar una reacción de esa magnitud», afirmó Huber. «Las circunstancias de la derrota de Alemania en 1945 fueron excepcionales y es improbable que se repitan».

viernes, 17 de abril de 2026

domingo, 1 de febrero de 2026

Argentina: Felicitas Guerrero de Álzaga, el asesinato de la "joya de los salones porteños"


Felicitas Guerrero, el asesinato de la mujer más bella del país: un hombre despechado y una tragedia que se convirtió en leyenda

Hace 150 años el crimen de la dueña de una incalculable fortuna, sacudió a la sociedad porteña. La llamada “joya de los salones porteños” fue asesinada por un pretendiente obsesionado que terminaría muerto en un confuso que la Justicia decidió olvidar. Una parroquia en Barracas la recuerda y es cita casi obligada de las chicas que buscan recuperar un amor perdido
Por Adrián Pignatelli || Infobae





Felicitas Guerrero enviudó muy joven, y heredó una fortuna de su marido, Martín de Alzaga


Felicitas era joven, rica, bella y amaba el campo. Solía pasar temporadas en su estancia “La Postrera”, en el partido de Castelli, donde se criaban ovejas. Era dueña además de miles de hectáreas, que iban desde el río Salado hasta el actual partido de General Madariaga. “La Postrera” era su favorita. Esos campos habían pertenecido a Ambrosio Crámer, muerto en la revolución de los Libres del Sud en 1839. Su nombre alude que estaba en los confines de la civilización y era el último mojón frente a las tierras dominada por el indígena.
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Cuando enviudó y se encontró poseedora de una inmensa fortuna, y dueña de miles de hectáreas se dedicó a administrarlas. Solía ir al campo en compañía de su tía Tránsito Cueto.

Fue una de esas tardes dignas de una escena de película. Paseando con su carruaje por tierras alejadas de su estancia, la sorprendió una tormenta y se perdió. De pronto, se cruzó con un jinete que la tranquilizó y la acompañó en el regreso. Se llamaba Samuel Sáenz Valiente, era joven y estanciero.
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El flechazo fue mutuo.

Felicitas había nacido en Buenos Aires el 26 de febrero de 1846. Su papá Carlos Guerrero era un agente marítimo y su mamá, Felicitas Cueto, hermana de renombrados tenderos porteños. A los 18 años, su padre le arregló el casamiento. El candidato era 32 años mayor: Martín Gregorio de Álzaga, 50 años, tenía una fortuna de 60 millones de pesos y el casamiento era perfecto para estrechar lazos que iban más allá de los sentimientos.
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El apellido Álzaga era uno de los que se repetía en los libros de historia. Su abuelo, Martín, había tenido una actuación destacada durante las invasiones inglesas y había sido fusilado en julio de 1812 cuando el secretario Bernardino Rivadavia lo involucró en una conspiración para derrocar al Primer Triunvirato.

De nada sirvieron las protestas de Felicitas. El 2 de junio de 1864 se casó. Tuvieron dos hijos. Félix Francisco, muerto el 3 de octubre de 1869 a los 3 años víctima de la epidemia de fiebre amarilla, y Martín, quien falleció al nacer el 2 de marzo de 1870. Álzaga murió el día anterior, el 1 de marzo de 1870, afectado profundamente por la desaparición de su hijo.

Felicitas, de 24 años, se transformó en una hermosa viuda, dueña de una importante fortuna, y pretendientes no le faltaron. Era conocida como “la mujer más hermosa de la República” o “la joya de los salones porteños”.


Lugar de la tragedia. La casa de descanso de la familia Guerrero, en Barracas, cuando ya existía la iglesia Santa Felicitas

Uno de los que estaba atraído por ella se llamaba Enrique Ocampo, también de una familia de renombre. El que sería el tío abuelo de la escritora Victoria Ocampo la visitaba con la esperanza de poder llegar a formalizar una relación, aunque Felicitas mantenía una distancia amistosa.

Por ese tiempo ya había anunciado su compromiso con Sáenz Valiente, noticia que Ocampo no pudo digerir.

La pareja anunció su compromiso para el 29 de enero de 1872. La reunión se haría en la casa de descanso que los Guerrero poseían en Barracas, donde antiguamente estaba la “Quinta de la Noria”, junto a la Calle Larga, que era el primitivo nombre de la avenida Montes de Oca.


Martín Gregorio de Álzaga, el marido de Felicitas, inmortalizado en una estatua que se encuentra dentro de la iglesia de Santa Felicitas

Tenía días agitados por delante. Estaba organizando la inauguración de un puente de hierro sobre el río Salado, cercano a “La Postrera”, lo que permitiría transitar aún con crecidas. Sería un acto importante, planeado para el 3 de febrero -aniversario de la batalla de Caseros-, en el mismo campo al que concurriría el gobernador bonaerense Emilio Castro. Felicitas planeaba incluir en el festejo un simulacro de la Revolución de 1839, con la participación de un escuadrón de caballería con jinetes vestidos con camisas celeste.

Ese día, ella había ido al centro a realizar unas compras. Cuando regresó, al anochecer, ya estaban los invitados. Antes de subir a sus habitaciones a cambiarse, le anunciaron que la esperaba Ocampo para hablarle en privado. Envió a alguien para decirle que no lo podía ver, pero el visitante, instalado en la sala, insistió en hablar con ella.

Felicitas estaba en compañía de su amiga íntima Albina Casares. También sus parientes Bernabé Demaría, su hijo Cristian y su esposa Tránsito.

Luego de saludar a su prometido y a los invitados, se dirigió a la sala donde un atribulado Ocampo la esperaba. Los Demaría se ofrecieron acompañarla pero ella se negó. Tampoco quiso que lo hiciera su amiga Albina. Todos aguardarían expectantes detrás de la puerta para escuchar la conversación.


Enrique Ocampo, el pretendiente que desencadenó la tragedia la noche del 29 de enero de 1872.

Discutieron. Escucharon que Ocampo le preguntaba a Felicitas si se iba a casar con él o con Samuel. Dicen que él le exigió que no viese a otro hombre, lo que puso fuera de sí a Felicitas: que cómo se atrevía a pedirle algo semejante, que ella se casaba con quien le cuadrase. Le exigió que no volviese más a la casa.

En ese momento, Ocampo sacó un revólver. Ella se asustó e intentó salir de la sala. Se escuchó un disparo y un grito.

Bernabé y Cristian Demaría entraron y vieron a Felicitas con la espalda ensangrentada, caminando tambaleante. Cayó al suelo cuando la cola de su batón se enganchó con la punta de un mueble, aunque pudo levantarse y salir al pasillo, donde se desplomó.

Todos la rodearon. Sáenz Valiente la abrazó. Ella le pidió: “Me muero, me muero, no me abandone en este instante…”. La llevaron a su habitación.

¿Qué pasó después de la tragedia? Una versión dice que Ocampo se suicidó, y otros que el agresor fue muerto por el primo de Felicitas.

La historia fue así. Cuando los Demaría entraron, Ocampo les disparó, y la bala se incrustó en el marco de una ventana. Cristian se arrojó sobre él y forcejearon. Pudo quitarle el revólver y lo hirió en el pecho. Años después Bernabé Demaría recordaba que “el chaleco blanco de Ocampo humeaba de sangre y fuego”.

Aún herido, Ocampo quiso tomar su grueso bastón de estoque y Cristian le introdujo el caño del arma en la boca e hizo fuego. Le destrozó el cráneo.

Mientras tanto, habían llamado a los médicos Montes de Oca y Larrosa. Comprobaron que el proyectil había ingresado por arriba del omóplato derecho y había afectado la columna y el pulmón.

Agonizó unas horas y falleció en la madrugada del día siguiente, 30 de enero. Fue velada en la casa familiar de México 524, en el barrio de San Telmo y enterrada en el Cementerio de la Recoleta. La ironía del destino quiso que su cortejo fúnebre coincidiera, en la entrada de la necrópolis, con el de su asesino, Ocampo.

El juez Angel Justiniano Carranza dictaminó que Ocampo se había suicidado y cerró el caso.


Frente de la iglesia Santa Felicitas, erigida en memoria de la muchacha asesinada en 1872 (Gentileza Diario de un turista)

Los padres de Felicitas, desconsolados, mandaron construir una iglesia en el lugar donde la habían matado. Así nació el 30 de enero de 1879 la iglesia de Santa Felicitas, sobre Isabel La Católica 520, frente a Plaza Colombia, en Barracas. Sus padres murieron esperando en vano la autorización para sepultar allí los restos de su hija.

Samuel Sáenz Valiente se casó con Dolores Justa de Urquiza Costa, hija del caudillo entrerriano. Tuvieron seis hijos y se suicidó el 11 de enero de 1924.

El templo conserva una estatua de Felicitas y de su esposo Martín. La tradición cuenta que las chicas que desean recuperar a un amor perdido, deben atar un pañuelo en las rejas de la iglesia. Y que los pañuelos, a la mañana siguiente, si amanecen húmedos, es por las lágrimas de Felicitas, cuyo espectro, siempre según la leyenda, aparecería en los aniversarios de su trágica muerte.

Es que aún su historia causa tristeza y melancolía en los visitantes que presienten que Felicitas aún está allí, buscando su felicidad.



martes, 11 de noviembre de 2025

Sumeria: El primer registro de un impacto de un meteorito

La tablilla K8538 y el primer registro del impacto de un meteorito


 

La tablilla sumeria K8538 constituye la primera documentación científica del mundo sobre la aproximación e impacto terrestre de un gran cometa en la Tierra en el año 2193 a. C.
Las observaciones se realizaron desde una torre astronómica, ubicada a 100 km del lugar del impacto. El informe se presenta en una secuencia de ocho imágenes que explican el primer avistamiento astronómico del cometa, la aparición de su cola y coma, su creciente tamaño, su trayectoria por el cielo y, finalmente, su impacto visible más allá del horizonte: la iluminación del cielo por el destello del impacto y la posterior elevación de columnas de ceniza, que brillan más allá del horizonte y se extienden hacia el norte y el oeste.




El impacto en sí no se describe como una onda expansiva, sino como una tempestad de ceniza y polvo que se elevó de los sedimentos de lodo del delta de los ríos Tigris y Éufrates, donde el cometa caliente se enterró. El observador astronómico realizó mediciones trigonométricas para registrar la trayectoria, las distancias y los tiempos de vuelo. Comenzó sus mediciones en cuanto el cometa mostró su espectacular tamaño, coma y cola, lo que lo convenció de que un extraordinario evento celestial estaba a punto de ocurrir. La K8538 ofrece un análisis exhaustivo del evento cometario; su secuencia de ocho imágenes es coherente. La tablilla es una obra magistral que explica con el mínimo texto la mayor cantidad de características del impacto. Es una copia babilónica tardía del antiguo original sumerio. Los signos cuneiformes de dos constelaciones zodiacales, Orión y el Triángulo, son añadidos posteriores por copistas babilónicos y no formaban parte del original sumerio. La tablilla K8538 tuvo gran prioridad en la época babilónica, ya que proporcionó la evidencia documentada de que el cometa surgió de la constelación del Triángulo, Mul-Apin, sobre la que se basaron la astronomía y la religión babilónicas tardías. El relato de un testigo ocular en la tablilla muestra a Mul-Apin como sede celestial de los dioses y fuente celestial de meteoritos destructivos en la Tierra. Por esta razón, el K8538 se conservó, copió y actualizó durante más de 1500 años, hasta finales del período babilónico, tras el impacto del meteorito observado en el 2193 a. C. La tablilla no aborda la astrología zodiacal babilónica. El impacto cósmico descrito en la Tierra es el llamado evento de hace 4,2 mil años, que se muestra en nuestros otros estudios sobre el cambio climático del Holoceno. El impacto del cometa es responsable de una caída de 300 años en las temperaturas globales, combinada con megasequías prolongadas, que condujo al colapso de varias civilizaciones antiguas en todo el mundo.

miércoles, 22 de octubre de 2025

Roma: Los restos humanos de Pompeya



¿Sabías que los famosos "cuerpos" de Pompeya no son en realidad restos humanos? Mucha gente asume que las víctimas de la erupción del Vesubio en el año 79 d. C. se convirtieron en piedra o se conservaron milagrosamente. Pero la verdad es aún más fascinante y mucho más inquietante.
Cuando el volcán entró en erupción, una oleada mortal de ceniza y gases tóxicos arrasó Pompeya, matando a miles de personas casi instantáneamente. Sus cuerpos quedaron enterrados en capas de ceniza caliente y, con el tiempo, se descompusieron de forma natural, dejando espacios vacíos en el material volcánico endurecido: moldes perfectos de los cuerpos que una vez yacían allí. En el siglo XIX, los arqueólogos hicieron un descubrimiento revolucionario: al verter cuidadosamente yeso en estas cavidades, pudieron recrear moldes increíblemente detallados de las víctimas, capturando sus últimos momentos, los pliegues de sus ropas e incluso el dolor grabado en sus rostros.
Así que lo que vemos hoy en Pompeya no son personas fosilizadas, sino réplicas de yeso formadas dentro de los espacios donde una vez estuvieron sus cuerpos. Estas inquietantes figuras son instantáneas de la tragedia, congeladas en el tiempo, traídas de vuelta a nosotros a través de la arqueología. La próxima vez que vea uno de estos moldes inquietantes, recuerde: no está viendo restos humanos, sino la forma de la historia misma. Un poderoso recordatorio de cómo la vida puede cambiar en un instante y cuán profundamente el pasado aún puede afectarnos.


lunes, 20 de octubre de 2025

Chile: La Patagonia trasandina en los 1900 (1/2)

Tiempos violentos se viven en diversos puntos del país mapuche. Es lo que se advierte de la historia no contada de la ocupación militar chileno-argentina. Y es que no todos los recién llegados eran de los trigos muy limpios.

Ajustes de cuentas, crímenes y asaltos a medianoche, arreo de ganado y asaltos a las haciendas rurales, poco que envidiar al verdadero Lejano Oeste con sus vaqueros, alguaciles y forajidos buscados vivo o muerto. Es la vieja Frontera Sur retratada también por el ingeniero belga Gustave Verniory en su libro Diez años en Araucanía. 1889-1899.

“Es una costumbre que cuando los perros ladran furiosamente o se oye un ruido sospechoso afuera, se entreabre la ventana y se descarga un par de tiros al aire; los ladrones, si los hay, juzgan conveniente arrancar y uno se vuelve a dormir”, relata. “La policía rural hace una guerra sin cuartel a los bandidos. Se mata sin piedad a todos los conocidos como malandrines”, agrega el belga.

Así retrata la Frontera el historiador Eduardo Pino:

En ese convulsionado génesis, junto al silencioso esfuerzo del colono se levantaba frecuentemente la sombra siniestra del cuatrero, cuya audacia temeraria tuvo en jaque a la ciudad durante casi todo el primer medio siglo de su existencia […] Días sombríos durante los cuales una vida humana valía muy poco y había que tener una vigorosa dosis de valor y audacia para sobrevivir e imponerse en una tierra en que todos querían enriquecerse (Pinto, 1969:28).

Es un escenario del cual también da cuenta la prensa local. Lo siguiente denuncia el 9 de abril de 1890 el periódico La Voz de Traiguén:

¡¡250 salteadores!! Tenemos datos seguros de que en el camino de Quino merodea la inmensa cifra de doscientos cincuenta salteadores que en pequeños escuadrones y armados de ricas armas y montados en mejores caballos se reparten por los caminos vecinales para saltear, asesinar y cometer cuanto crimen se les ocurre.

Pero, si los bravos guerreros mapuche habían sido derrotados y confinados a las reducciones, ¿quiénes eran los protagonistas de robos, asaltos, crímenes y transgresiones que asfixiaban a las villas y ciudades?, se pregunta el historiador Leonardo León.

“La respuesta a esta interrogante fue elusiva a los hombres de la época pero hoy es muy simple: fueron los mestizos fronterizos”, responde, “los hijos ilegítimos, y hasta aquí sin historia, de la frontera”. León aclara que no se refiere al roto chileno, más bien al champurria, negado en su valor social cuando Chile renunció a su herencia indígena. Pero el roto chileno es bien indefendible.

Su presencia criminal y abyecta era de larga data al norte y sur del río Biobío: montoneros durante la Independencia, bandidos en la época de los Pincheira, cuatreros en tiempos de la “Pacificación”, protagonistas excluyentes de violentas entradas a Wallmapu con fines de saqueo y pillaje. Sus fechorías fueron un constante desafío a las jefaturas mapuche y también a sus pares chilenas.

Fueran mestizos fronterizos o rotos chilenos, estos malandras no siempre fueron perseguidos por las autoridades. Hubo ocasiones en que hasta se beneficiaron de sus servicios. Muchos de ellos formaron parte de la reserva del Ejército en las campañas de Saavedra, Pinto y Urrutia contra las parcialidades mapuche.

Enrolados a la buena o a la mala, miles de ellos poblaron los destacamentos de la Guardia Nacional y otras fuerzas militares que operaban en la Frontera. Son los lleulles, aquellas tropas de infame recuerdo. No pocos eran también veteranos de la Guerra del Pacífico, abandonados luego a su suerte por los gobiernos.

“Chile había enviado al frente de batalla a un gran número de presidiarios enrolados bajo la promesa de concederles la libertad. Terminada la guerra esta promesa no fue cumplida por el gobierno, y ellos se refugiaron en la Frontera y la convirtieron en una copia austral del salvaje oeste”, relata el historiador Gonzalo Peralta.

“Enardecidos con tamaña ingratitud, huyeron a las montañas del sur y allí, convertidos en fieras, cometieron toda clase de depravaciones. Fueron por largos años el azote de aquella naciente región; fueron el terror de aquel hombre rubio, venido de lejanas tierras, a prestar el aporte de su trabajo”, agrega por su parte el historiador Jorge Lara.

De ello da testimonio en 1885 el mayor de Ejército José Miguel Varela, quien años antes de encabezar la Comisión Radicadora sirvió como oficial en el Regimiento Húsares de Angol. En su primera reunión de trabajo el coronel Gregorio Urrutia, jefe del Ejército del Sur, le confidencia:

Además del problema de los araucanos tenemos el problema de cientos de bandoleros, muchos de ellos licenciados del Ejército que han venido desde el norte, que actúan con mucha fiereza y que comienzan a matar a estos colonos, robarles lo que traen y secuestrar sus mujeres casi del momento mismo en que desembarcan de Talcahuano e inician sus viajes en caravanas de carretas hacia las colonias (Parvex, 2014:293).

No era una amenaza menor; esos bandoleros tenían experiencia en crudos combates y eran diestros con las armas. En sus excursiones tierra adentro Varela sería testigo de aquello. Y con dolor, por tratarse de excompañeros de armas que “honrosamente” se habían comportado en las campañas del norte peruano. No duda en culpar al Estado por abandonarlos.

“Por esta razón yo sentía antipatía a las redadas que el Ejército hacía contra ellos. En varias ocasiones me los topé prisioneros. Siempre me detuve, desmonté y conversé con ellos saludándolos de mano. Aparte de que fueran sanguinarios bandidos, yo los había conocido como bravos soldados y así quería tratarlos”, relata.

En un Wallmapu de fronteras desdibujadas, de pasos y boquetes cordilleranos por los cuales se podía circular libremente, la proliferación del bandolerismo afectó de igual manera a Chile y Argentina. Los bandoleros “supieron hacer de esos pasos el refugio para resguardar los bienes mal habidos y protegerse cuando las partidas policiales salían en su persecución”, señala Gabriel Rafart en Ley y bandolerismos en la Patagonia argentina, 1890-1940.

La figura del bandido “chileno” llegaría a convertirse en todo un clásico en las provincias argentinas hacia fines del siglo XIX, ello exacerbado por el nacionalismo rampante de la época y una hostilidad hacia Chile apenas disimulada. “Eran voces que se amplificaban al ritmo de las tensiones limítrofes”, subraya al respecto Rafart.

En el invierno de 1900, el director del periódico Río Neuquén apuntaba de esta forma al protagonismo del bandido “chileno” allende Los Andes. “Las nevadas han venido a ser como un telón en el último acto de las tragedias; baja el telón y el drama concluye hasta otra función. Terminó por este año el bandolerismo que ha ofrecido abundante mate-rial a los anales del crimen: robos, saqueos, asaltos, homicidios”, escribió.

No estaba solo en sus conjeturas. Su opinión era compartida por el propio gobernador de Neuquén, Lisandro Olmos. Así lo expresa en su Memoria de aquel año.

Fragmento del libro “Historia secreta mapuche”, de Pedro Cayuqueo