Asunción - Paraguay (post guerra)

Más de 20.000 bolivianos marchando en Asunción.
Al iniciar la guerra del Chaco su sueño era marchar victoriosos por las calles de la capital...
Pero al final de la guerra terminaron marchando como prisioneros.
Almirante Manuel Domecq Garcia
(01) Robo de niños (Guerra del Paraguay)
(02) El niño Manuel
(03) El hombre Domecq Garcia
(04) Fuentes
(05) Artículos relacionados
Robo de niños (Guerra del Paraguay)
Desde el inicio de la Guerra del Paraguay y las primeras acciones, muchos oficiales aliados robaban prisioneros que eran vendidos como esclavos en brasil o como sirvientes en la argentina. La documentación al respecto no deja dudas. El propio Mitre lo confirma este robo de prisoneros en nota al vicepresidente Marcos Paz en carta del 4 de octubre de 1865, en que le da cuenta de la disminución del número de prisioneros tomados en las acciones de Uruguayana:
“Nuestro lote de prisioneros en Uruguayana fue de poco más de 1.400. Extrañará a usted el número, que debiera ser más; pero por parte de la caballería brasileña hubo tal robo de prisioneros que por lo menos arrebataron 800 o 1.000 de ellos, lo que muestra a usted el desorden de esa tropa, la falta de energía de sus jefes y la corrupción de esa gente, pues los robaron para esclavos, hasta hoy andan robando y comprando prisioneros. El comandante Guimaraes, jefe de una brigada brasileña, me decía el otro día que en las calles de Uruguayana tenía que andar diciendo que no era paraguayo para que no lo robaran” (Carta de Mitre a Marcos Paz - 4 de octubre de 1865 - JMR.La guerra del Paraguay.p.239)

“Novecientas mujeres que cayeron en poder de los brasileños fueron víctimas de la lascivia de la soldadesca…Los brasileños, posesionados de la ciudad, se entregaron al más implacable saqueo y devastación. Ni las legaciones, ni los consulados, ni los sepulcros, ni las iglesias fueron respetados. La tarea destructora siguió varios días. Durante la noche, las casas de fácil combustión, incendiadas después de saqueadas, y grandes fogatas alimentadas por los muebles sin valor y por puertas y ventanas, alumbraban el cortejo de vehículos que transportaban hasta los buques los frutos del saqueo. Las embarcaciones zarparon hacia Buenos Aires y Río de Janeiro repletas de objetos de valor. La escuadra brasileña también se prestó a esa tarea” (Cardozo, Efraín. “Paraguay independiente”.p.245, en Historia de América y de los pueblos americanos, dirigida por Antonio Ballesteros y Beretta. t.XXI. Barcelona 1949)
"Yo contaba entonces nueve años de edad. Centenares de criaturas hambrientas y desparramadas llegaban de la campaña a la capital, tras los peregrinos que regresaban de los desiertos, extraviados por causas múltiples, de nuestras familias o tutores, rastreándolos inútilmente. Y amedrentados por los que robaban niños en la ciudad, los que podíamos escapar a estas persecuciones huíamos de nuevo al interior, vagando hasta encontrar alguna persona piadosa en las poblaciones cercanas, que habían sido abandonadas y empezaban de nuevo a ser pobladas.
"Esta caza de menores había durado de 1869 a 1870, o hasta más tarde. Yo retrocedí hasta el pueblo de Capiatá, amparándome en una señora de la familia de Mongelós, hasta que una única hermana mía regresó de Cerro Corá, y hubo de recogerme consigo en la capital. Mis hermanos varones sucumbieron todos. El hecho que dejo relatado no puede considerarse un caso aislado, porque lo realizaban sistemáticamente, pues los mismos soldados argentinos salían a recorrer las calles, en busca de pequeños errantes, o de los hijos de los mismos vecinos, que habían vuelto a ocupar sus casas, para llevarlos a distribuir después, en son de dádiva, a sus familiares, como trofeos vivientes o como "cautivos". He tenido ocasión de conocer a muchos de esos desgraciados, tanto en la capital federal argentina, como en los pueblos de las provincias, antes y después que permanecí en el ejército de dicho país".

El caso del niño Manuel Domecq García es relevante, pues con el tiempo llegó a ser una personalidad notable y respetadísima en la sociedad argentina. Había nacido en el pueblo de Tobatí el 12 de junio de 1859 y, con apenas seis años, fue arrastrado por la vorágine de la guerra. Su padre, Tomás Domecq, médico militar, perdió la vida en el cerco de Humaitá, en 1868, y su madre, doña Eugenia García Ramos de Domecq, habría fallecido en la batalla de Peribebuy del 12 de agosto de 1869 o a causa de las penurias siguiendo al ejército paraguayo como residenta.
Con las fuerzas aliadas llegaron al país numerosas familias que, hasta entonces, vivían en el exilio, como el caso de la familia Decoud Domecq, conformado por don Juan Francisco Decoud, segundo jefe de la Legión Paraguaya (1), y su esposa, doña Concepción Domecq de Decoud, padres de don José Segundo Decoud Domecq, periodista, convencional de 1870 y ministro de estado , Juan José, Adolfo, Diógenes y Héctor Francisco Decoud Domecq.
Según un informe proporcionado por la propia señora Concepción Domecq de Decoud al doctor Estanislao Zeballos, el niño Manuel Domecq García había sido recogido por soldados de las fuerzas brasileñas de ocupación. "Después del regreso de las familias a la Asunción, cuenta el doctor Zeballos, una noche que en la casa del señor Decoud (Juan Francisco) se celebraba una comida en regocijo de la reunión de la familia, llamaron a la puerta unos brasileños. Salió el joven José Segundo a inquirirse del objeto de la visita, y ellos dijeron que querían hablar con la señora”.
Cuando doña Concepción se presentó, ella con dos de sus hijos, se desarrolló el siguiente diálogo:
- Usted busca un sobrino, señora; nosotros lo tenemos".
- Traiganlo, pues".
- Es necesario que nos pague el servicio"
- Tráiganlo, les daré una libra esterlina (una cifra elevada, en la época)".
A partir de entonces la historia de Manuel Domeq Garcia es un poco mas coocida o facil de rastrear, pero vale la pena hacer una breve reseña sobre la actuación de este hombre notable.
En 1877, de joven, ingresa a la Escuela Naval Argentina fundada en 1873, y que por entonces funcionaba en el buque Almirante Brown, destacándose como alumno y egresando como el primero de su promoción.
Ya egresado participa en varias expediciones de relevamientos hidrográficos en los ríos Paraná, Iguazu y Pilcomayo, que lo convierten en un experimentado conocedor de esos ríos, ingresando en 1886 a la Comisión Argentina de Limites con Brasil, a las órdenes del comandante Valentin Virasoro, efectuando relevamientos de los ríos San Antonio y Pepiry-Guazu.
Posteriormente, este paraguayo nacionalizado argentino, es encargado de variso fuciones relevantes por parte el gobierno argentino.
Es enviado a Europa para contratar la construcción de la fragata Sarmiento, destinada a ser buque escuela de la Armada Argentina. Luego de estudiar las diversas propuestas de astilleros europeos, finalmente, en 1896, se contrató con la firma Laird Brothers, establecida en Birkenhead, Inglaterra. Terminada la construcción de la fragata Sarmiento, Domecq retornó a su país, siendo designado comandante en Jefe de la División del Río de la Plata.
Luego el gobierno del general Julio Argentino Roca lo designa presidente de la omision argentina encargada de la construcción de los cruceros acorazados Moreno y Rivadavia en los astilleros Gio Ansaldo de Genova. Pese la muerte por entonces de su hija mayor, se dedicó de lleno a la fiscalización de la construcción de estos dos buques, los más avanzados de la época en materia naval, además de otros ya entregados a la Armada Argentina: Garibaldi, San Martín, Belgrano y Pueyrredón. (2)
El destino final de aquellos buques no seria la Armada Argentina, por cuanto en 1902 la Argentina firmó con Chile un pacto de desarme y de equiparación del poder naval de ambos países, y los acorazos terminados de construir en 1904 fueron vendidos al Imperio del Japón. Domecq García, como jefe de la Misión Naval en Génova, fue el encargado de entregar los buques a los enviados japoneses, que rebautizaron los acorazados con los nombres de Kasuga y Nisshin. Durante la guerra Ruso-japonesa, el Imperio de Japón invita a la Argentina a que designase un oficial de la Armada como observador de esa guerra. La designación recayó en Manuel Domecq García, quien desde Génova se trasladó hasta el escenario de guerra, permaneciendo en el teatro de la guerra durante dos años, donde embarcado presenció varios combares navales. Retresa a la Argentina en mayo de 1906
El 19 de mayo de 1908, a los cuarenta y nueve años, Manuel Tomás Domecq García recibió las palmas del almirantazgo al ser ascendido a Contralmirante, luego de una larga postergación como capitán de navío, prestando servicios en la Armada en diferentes destinos.
El 17 de diciembre de 1908, el presidente Figueroa Alcorta le designara Presidente de la Comisión Naval en Europa, para estudiar las propuestas y recoger informes de los distintos astilleros que construirían buques para reforzar el poder naval argentino.
Con ese objeto viajó nuevamente a Europa y Estados Unidos, donde encargó la construcción de los dos buques de guerra más grandes del mundo en ese momento y que costaron al país cinco millones de libras esterlinas. Estos dos acorazados fueron nuevamente bautizados con los nombres Moreno y Rivadavia.
Luego de tres años al frente de la misión naval en los EE.UU., Domecq García retornó a la Argentina, siendo designado comandante en jefe de la Escuadra de Mar. Comandó el acorazado Moreno, y ya con el grado de Vicealmirante, comandó el buque insignia argentino, el acorazado Rivadavia.
En 1922, el doctor Marcelo Torcuato de Alvear fue elegido presidente de la República y designa Ministro de Marina al marino más prestigioso del momento: Manuel Domecq García. Desde sus funciones ministeriales, Domecq García fue factor preponderante de la modernización de la Armada Argentina, que vio incrementar su flota, especialmente por la adquisición de submarinos, que se sumaron a la flota argentina, algunos años más tarde.
Tanto el presidente Alvear como el almirante Domecq García alentaron la construcción de submarinos por la Armada Argentina y promovieron el equipamiento de un astillero especial. Ese astillero fue bautizado con el nombre de su principal mentor: "Astillero Ministro Manuel Domecq García", y que actuamente se haya ubicado en la costanera Sur del la Capiltal Federal.
También fue uno de los fundadores, durante su juventud, del Centro Naval argentino. En 1912, fue uno de los propulsores de la creación de la Aeronáutica.
Como Ministro de Marina de la República Argentina, Manuel Domecq García fue el redactor, entre otras cosas, del proyecto de acuerdo con la República del Uruguay para la determinación de la jurisdicción de ambos países. Impulsa la formación de la Marina Mercante argentina de ultramar; la explotación de minerales ferrosos y plumbíferos de la mina Valcheta, entre otras realizaciones.
Siendo Ministro, y por cumplir el límite de edad, se retiró de la actividad naval. Retirado de la actividad pública, los gobiernos que vinieron supieron recurrir a su experiencia. El rey Jorge V de Inglaterra le honró con la condecoración de Caballero del Imperio Británico.
Cuando estalló la guerra que ensangrentó a las Rpúblicas de Paraguay y Bolivia (1932-1935), el almirante Domecq García, tan unido al Paraguay por lazos de sangre y amistad, adhirió a la suerte paraguaya y fue uno de los principales promotores de la ayuda argentina al Paraguay. Fue personalmente fundador de la Asociación Fraternal Pro Cruz Roja Paraguaya, que envió al frente uniformes, frazadas, alimentos, etc. Integra, como asesor especial, la Comisión Argentina que, presidida por el Canciller argentino, Carlos Saavedra Lamas, que logró finalmente el acuerdo de paz entre los beligerantes, firmado en Buenos Aires el 12 de junio de 1935.
En la posguerra, el almirante Domecq García siguió fiel a sus lazos de amistad hacia el Paraguay. Ante el desesperado pedido del general José Félix Estigarribia, prisionero luego del derrocamiento del presidente Eusebio Ayala, acogió en su domicilio a la esposa y a la hija del héroe paraguayo y se ocupó en movilizar a las autoridades de la Argentina y de Brasil, hasta obtener finalmente su libertad.
En 1938, Domecq García fue uno de los propulsores de la candidatura del general Estigarribia a la presidencia de la República del Paraguay, diciéndole, entre otras cosas: "...así como en la guerra pasada se movilizó el pueblo entero del Paraguay para defenderlo, Ud. debe movilizar en su gobierno, si es que llega como lo deseo, a ese mismo pueblo para el trabajo, para que la pala y el pico, en lugar del fusil, sean las armas del progreso".
Manurl Domeq Garcia fallece el 11 de enero de 1951, a los noventa y dos años de edad, dejando al morir al morir, en herencia, una casa hipotecada, un automóvil de veinte años de antigüedad, sus uniformes, sus cartas, sus galardones y el recuerdo y asdmiracion de algunos de sus compatriotas argentinos.
(1) La Legión Paraguaya estaba formada por disidentes paraguayos que participaron en la guerra en contra de Paraguay, sostenidos por los aliados.
(2) Lamientamos que algunos buques hayan sido bautizados con nombres como Sarmieto, Rivadavia o Garibaldi.
- Obras citadas
- Castagnino L. Guerra del Paraguay. La Tripe Alianza contra los paises del Plata
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar
La Gazeta
El acuerdo, firmado el 3 de febrero de 1876 en Buenos Aires, descartó cualquier cesión territorial. A partir de ese entendimiento quedó ratificada la soberanía argentina sobre Misiones y Chaco.
Perfil
El Chaco Boreal se resolvió después; nunca hubo cesión de Misiones ni Bermejo-Pilcomayo al Paraguay | Collage
El 3 de febrero de 1876 marcó un punto de inflexión irreversible para la geopolítica del Cono Sur. En Buenos Aires, el canciller argentino Bernardo de Irigoyen y el representante paraguayo Facundo Machaín estamparon sus firmas en el documento que pondría fin a una de las disputas territoriales más tensas y prolongadas de la región: el Tratado de Límites que cerraba las heridas administrativas de la Guerra de la Triple Alianza.
A un siglo y medio de aquel evento, la configuración actual de las provincias del noreste argentino y la fisonomía de la soberanía paraguaya no pueden entenderse sin desglosar los términos de este acuerdo, que fue tanto un ejercicio de diplomacia pragmática como un alivio para una nación paraguaya que luchaba por su supervivencia tras el conflicto.
El acuerdo establece el límite oeste por el canal principal del río Paraguai hasta el Pilcomayo
Uno de los pilares fundamentales del tratado fue la resolución del destino de la Provincia de Misiones. El acuerdo ratificó de manera definitiva la soberanía argentina sobre este territorio, extinguiendo las antiguas pretensiones paraguayas que se remontaban a la época colonial y la etapa de la independencia.
Sin embargo, el punto de mayor fricción se encontraba en el Gran Chaco. El tratado estableció una división clara basada en los cursos de agua:
-Franja Bermejo-Pilcomayo: El Paraguay renunció a toda reclamación sobre el territorio comprendido entre los ríos Bermejo y Pilcomayo. Esta franja quedó bajo dominio argentino, integrando lo que hoy conocemos como parte de las provincias de Formosa y Chaco.
-El arbitraje de Hayes: El área situada entre el río Pilcomayo y el río Verde fue sometida al arbitraje del presidente de los Estados Unidos, Rutherford Hayes, quien fallaría a favor de Paraguay en 1878.
Un contexto de pragmatismo y presión
El tratado de 1876 no surgió de un vacío. Argentina, que había mantenido la tesis de que "la victoria no da derechos" —frase acuñada por el propio Mariano Varela años antes—, tuvo que equilibrar sus intereses territoriales con la necesidad de evitar la absorción total de Paraguay por parte de las ambiciones del Imperio del Brasil.
Un correntino, eslabón clave de una banda narco, fue procesado en Córdoba tras 13 años prófugo
Para Paraguay, la firma representó una cesión dolorosa. Con la capital aún bajo ocupación de las tropas aliadas y una economía devastada, la definición de fronteras le permitió iniciar un proceso de reconstrucción institucional y soberana.
Eduardo Lonardi ha establecido Capital en Córdoba, proclamándose presidente provisional, al tiempo que ha enviado un ultimátum a la Junta Militar, exigiendo la renuncia de Perón. En la madrugada del 20 de setiembre el mayor Renner -ayudante de Perón- es convocado al Comando del Ejército: allí se le comunica que la Junta ha aceptado la dimisión del presidente constitucional (que, en rigor, no había presentado) y que éste deberá alejarse del país.

Esa misma mañana, en compañía de Renner y unas pocas personas de su confianza - y llevando un escaso equipaje-, Perón se dirige a la casa del embajador del Paraguay doctor Juan Chávez, con quien ha tomado contacto previamente. Luego, en el automóvil del embajador, será conducido a la cañonera Paraguay, amarrada en Puerto Nuevo.

Sólo Renner, Cailceta y el mismo embajador, acompañan a Perón en ese primer trayecto hacia lo que será un exilio de casi dieciocho anos. En esa neblinosa y solitaria mañana, Perón traspone la planchada del buque: la tripulación espera formada en cubierta y el comandante lo recibe, tributándole los honores militares correspondientes. Es que, desde un año atrás, Perón es ciudadano honorario del país hermano y general de su ejército. Esos títulos le han sido conferidos por el gobierno del presidente Alfredo Stroessner -con quien ha trabado amistad- en reconocimiento a la política fraternal del justicialismo, culminada en la restitución de los trofeos tomados durante la infame guerra de la Triple Alianza.
Recibido con gran cordialidad, el general se aloja en la cabina del capitán. Es el momento para descansar de las tensiones vividas en los últimos días, como también para reflexionar acerca de los hechos inmediatos y el difuso futuro.
En el ocio obligado del buque, amenizado por las charlas y reuniones con la tripulación, la lectura de los diarios y las noticias radiales que dan cuenta de su caída, Perón aprovechará también para escribir durante largas horas: comenzará a dar forma a los que serán sus primeros libros en el exilio. Al día siguiente de su llegada, retorna a bordo el embajador Chávez en compañía del agregado militar paraguayo, general Demetrio Cardozo. Este último es amigo y compadre de Perón, a quien trae unas valijas con efectos personales, preparadas por el mayor Renner.

La Junta ha accedido al pedido, ordenándose así la Prefectura Naval montar guardia, garantizando la seguridad del buque. Se ha dado inicio también a las gestiones destinadas a obtener el salvoconducto para que Perón abandone el país. Estas se demorarán algunos días, en virtud de la confusión imperante.
En tanto, los acontecimientos se suceden. El 21 de septiembre se ha difundido un comunicado: “La Junta Militar, en virtud de la autoridad que asumiera a continuación de la renuncia presentada por el Excmo. Señor presidente de la Nación, ha llegado a un total acuerdo con el comando de la oposición, aceptando los puntos estipulados con sus representantes. El día 22 de septiembre se hará cargo del gobierno provisional el general de división retirado, don Eduardo A. Lonardi".
La asunción del mando será postergada, pero desde Córdoba se emiten los primeros decretos del gobierno provisional: son disueltas ambas cámaras del Congreso, comienzan a producirse intervenciones en provincias, se ordena la libertad de presos políticos y se levanta la clausura a varias publicaciones periodísticas. Asimismo, es restituido el nombre de La Pampa y Chaco a las provincias Eva Perón y Presidente Perón. Finalmente, Lonardi jurará el 23.

Mientras tanto, la agitación crece. El embajador Chávez renueva sus gestiones, porque hay fundados rumores de que algunos sectores de la oposición pretenden atentar contra la vida de Perón. En el muelle, frente a la cañonera, es apostada una compañía de infantes de marina en actitud de combate, lo que obliga a reforzar las guardias en el buque paraguayo.

En la noche del 23, un oficial argentino -previamente obligado a dejar su armamento- asciende a la nave: “manifiesta al comandante que existe el rumor de que Perón hablará por radio a la población. Si eso sucede –le advierte- el barco será atacado”. El marino paraguayo le responde en tono firme: no hay a bordo radio para transmitir a las ciudades, y cualquier agresión será repelida. La cañonera es alejada algunos metros del muelle.

Por fin, el 24, el gobierno provisional da un comunicado: "en forma terminante, el gobierno provisional ofrece toda clase de garantías al ex presidente de la nación, general Perón, embarcado en una nave militar perteneciente a una país amigo y en donde ha buscado asilo voluntario"

Se suceden nerviosas tratativas con las nuevas autoridades. El 25, la Paraguay sale de la rada, donde la espera otra cañonera -la Huamita- lista para zarpar. Sin embargo el gobierno provisional se opone a que Perón se aleje por vía fluvial, remontando el Paraná. Es que, pasados los primeros momentos de desconcierto, el pueblo comienza a reaccionar. Se teme que Perón pueda volver a tierra y sublevar unidades en el Litoral, o que su presencia produzca una conmoción popular incontrolable.
El nuevo canciller, Mario Amadeo, se muestra favorable a facilitar el trámite para que Perón viaje a Asunción. Pone a disposición del general Cardozo un avión para que se traslade a su país y consulte al presidente Stroessner. Así se hace, y el mandatario paraguayo dispone el envío de un hidroavión del tipo Catalina, para que Perón sea llevado a destino.
Desde la cañonera se desprende un chinchorro que se aproxima al hidroavión. En él viaja Perón, a quien acompañan el canciller Amadeo, el embajador Chávez, el general Cardozo, el mayor Cialceta y el capitán de navío Barbita. Amadeo, cumplimentando los compromisos asumidos, entrega a Perón el salvoconducto, y el expresidente se ubica en la aeronave.

Después de algunos intentos, dificultados por el fuerte viento, el Catalina logra despegar. Al tomar altura, Perón echa una última mirada hacia Buenos Aires, entrevista tras una cortina de niebla. En cinco horas, volará sobre Asunción.

Bray, Arturo – Solano López Soldado de la Gloria y el Infortunio, Asunción (1984)
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar
Rosa, José María – La Guerra del Paraguay y las Montoneras Argentinas, Buenos Aires (1985)
Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar
15 de junio de 1826
El piloto Nicolás Descalzi con una pequeña embarcación inicia la exploración del río Bermejo, levantando un prolijo plano de esa vía fluvial. Terminada la exploración se
dirigió a Asunción del Paraguay donde fue apresado y se le apropiaron de todas sus pertenencias entre ellas el citado plano.
Permaneció en la cárcel durante seis años regresando luego a Buenos Aires.

HACE 159 AÑOS LOS PARAGUAYOS APRESTAN SUS TRINCHERAS EN PLENA NOCHE EN PUNTA ÑARÓ Y PUNTA CARAPÁ
Apagado el eco de la batalla de Yataity Corá, los paraguayos aprovecharon la oscuridad de la noche para comenzar a excavar sus trincheras casi en las mismas barbas del enemigo.
Los chaflaneros de los batallones 6º y 7º empezaron la tarea, supervisados por el director de obras, el Ingeniero Inglés Thompson.
Las tropas de seguridad estaban a cargo del Coronel Elizardo Aquino, quien dispuso que cien fusileros en posición de guerrilla estén atentos ante cualquier movimiento de los Aliados. En algunos sectores estos fusileros de guardia estaban tan mezclados con los caídos, putrefactos o momificados, de la batalla del 24 de mayo, que era imposible distinguir, en la noche, los vivos de los muertos.
Thompson realizó el delineado de la trinchera a la luz de una linterna, que se oculto de la vista del enemigo con cueros de vaca tendidos en los árboles.
Los guaraníes colocaron sus fusiles en tierra y comenzaron a cavar una trinchera de una vara de ancho por una de profundidad, tirando la tierra hacia adelante para cubrirse lo más posible de la vista del enemigo.
Contaba el Ingeniero Inglés, que estaban tan cerca de las líneas enemigas que se escuchaba claramente la conversación de los centinelas, las risotadas y hasta la tos de los soldados aliados.
Se tomaron todas las precauciones posibles, pero seguro que en algún momento de la tenebrosa noche se habrán chocado las palas, picos y azadas de los zapadores paraguayos. Pero por suerte el enemigo no había advertido absolutamente nada.
Con las primeras luces del día sábado 14 de julio de 1866 los aliados se dieron cuenta, con estupor y admiración, que los paraguayos estaban instalados y prestos a combatir hacia el extremo izquierdo en una larga trinchera de más de 700 metros de largo. Esta trinchera estaba dividida en dos sectores. Uno, el más extenso, que cerraba el boquerón del norte, denominado Punta Ñaró y el más pequeño que cerraba el boquerón del sur, llamado Punta Carapá.
Natalicio Talavera escribió que el susto de los aliados fue tremendo, ya que creyeron en un inminente ataque paraguayo. En el campo enemigo se dió la alarma, se dispusieron en posición de combate y se inició un intenso cañoneo sobre los guaraníes.
Los paraguayos continuaban tranquilamente los trabajos. Comunicando las nuevas trincheras con las líneas cercanas a Paso Gómez.
Fueron los días previos a las grandes batallas del Sauce y del Boquerón de la muerte, del 16 y 18 de julio de 1866 respectivamente.
El miércoles 18 de julio de 1866 se reanuda el combate, a las 06:30 de la mañana, en el boquerón de las trincheras del Sauce. El enemigo tenía que conquistar las líneas paraguayas cueste lo que cueste.
Las tropas argentinas al mando del Comandante Elías y del Coronel Domínguez avanzaron por el frente y el flanco izquierdo. El General Monteiro con los brasileños y otros tantos argentinos avanzó por el bosque hacia la posición paraguaya.
El Mayor Coronel defendía Punta Carapá y oponiendo una débil resistencia, se replegó protegido por los cañones del General Bruguez. Los aliados lo siguieron y sufrieron terribles pérdidas a causa de los certeros disparos de las piezas de artillería de a 68 de los paraguayos.
El boquerón que los aliados tenían que recorrer en su avance, era un corredor de 40 metros de ancho por 400 de largo hasta las líneas paraguayas. A ambos lados bosques tupidos y cerrados en donde estaban posicionados los fusileros paraguayos.
Los aliados avanzaron con temerario arrojo bajo el fuego cruzado de los guaraníes. El General Flores asumió el mando del ataque y ordenó al Coronel Palleja que ataque la trinchera principal paraguaya con el batallón Florida y la tercera división argentina.
Nada detenía el denodado pero inútil avance de los argentinos y uruguayos. Contaba el Coronel Crisóstomo Centurión:
Los cuerpos que venían a vanguardia sufrieron horriblemente, en cuyas filas se abrían inmensos claros que volvían a cerrarse, siendo reemplazados los que caían por otros que venían más atrás. Marchaban en confusión tropezando unos con otros sobre los cadáveres mutilados de los caídos y de los heridos que exhalaban sus gritos de dolor. Al llegar a la trinchera cesaron los tiros de la artillería, también calló la fusilería y se desarrolló una terrible lucha cuerpo a cuerpo.

Aquellos demonios de paraguayos se batían desesperados, embriagados por el frenesí de la batalla, parecían leones enfurecidos. Habían cesado las detonaciones que aturden, dominando el sonido seco de los aceros que se chocan en el entrevero y cruzan con el horror de la muerte. Defendían sus trincheras ciegos de coraje a bayonetazos, con piedras y balas que lanzaban con la mano, paladas de arena que arrojaban para cegar al asaltante, a culatazos, a golpes de escobillón, a sablazos, a botes de lanza. La defensa estaba a cargo del General Díaz.
"De modo que aquel boquerón llegó a ser una voragine que tragaba masas de carne humana semejante a un monstruo insaciable"

Desde tiempos coloniales existió la inquietud de unir el altiplano boliviano con Buenos Aires mediante la navegación del río Bermejo. En 1790, el salteño Dr. Juan Adrián Cornejo, tras varios intentos, logró unir el río Tarija con el de la Plata en 42 días.
Natalio Roldán, explorador auténtico, acompañado por algunos amigos, sentados de izq a der: Aureliano Huergo, Natalio Roldán, Tte Gral. Emilio Mitre, Tte Gral. Bartolomé Mitre y su cuñado el Gral. Julio de Vedia.
A fines del siglo XIX, Natalio Roldán, un comerciante porteño de espíritu explorador, realizó más de 20 expediciones al Chaco, convencido de las posibilidades productivas y estratégicas de la región. Creía firmemente en el país, en sus instituciones y en su capacidad transformadora. Su visión era transformar la zona en un eje comercial clave entre Argentina y Bolivia.
Junto a su esposa Genara y su hermano Rufino, Roldán impulsó la Compañía de Navegación a Vapor del Río Bermejo, fundada hace un siglo (1869). El objetivo: explorar el Bermejo, estudiar su navegabilidad y colonizar el Chaco. La iniciativa fue apoyada por personalidades como Guillermo Matti, y financiada en parte por Francisco P. Molina, además de inversores como Juan Videla, Sebastián Casares y Agustín Cara. El presidente Sarmiento dio su respaldo.

Acción de la Compañía
Se contrató al ingeniero Tomás J. Page (llamado por Roldán “Comodoro”), y la empresa fue legalizada mediante la Ley Nacional N.º 354. El primer barco de la compañía, el "Sol Argentino" (101 pies de eslora), partió el 26 de febrero de 1871. Remontaron el Paraná, pasaron por Humaitá, recogieron a Roldán enfermo de paludismo, y el 12 de marzo ingresaron al río Bermejo.
La navegación resultó extremadamente difícil: bajantes, bancos de arena, rápidos, y obstáculos naturales como raigones y troncos. A mitad de camino, a la altura de Zorro Muerto, el barco encalló. El ingeniero Page consideró la expedición un fracaso, pero Roldán no se rindió. Con un pequeño grupo, remó 8 días hasta Fortín Rivadavia, enfrentando ataques indígenas y falta de víveres. Logró apoyo del gobierno de Salta y regresó para continuar la empresa.
Roldán reorganizó la operación desde tierra, conquistando la confianza de los indígenas mediante regalos y respeto. Grupos como los chunupíes, tobas, matacos y vilelas colaboraron. Instaló un campamento, limpió la costa y formó cuadrillas de trabajo. Se capacitó a los indígenas en el uso de herramientas, y se fijó un sistema de pago en bienes (ropa, tabaco, alimentos), ya que el dinero no tenía utilidad en la selva. Llegó a emplear casi 2.000 trabajadores indígenas.
Una vez canalizado el río, eliminado los escapes y taponamientos, y corregido el cauce con empalizadas y obras hidráulicas, el "Sol Argentino" fue liberado y alcanzó Fortín Rivadavia. El grupo regresó a Buenos Aires el 22 de febrero de 1872, casi exactamente un año después de haber partido.
La expedición demostró la viabilidad técnica del proyecto, pero dejó consecuencias. Se produjo una ruptura definitiva entre Roldán y el ingeniero Page, a quien el Directorio removió del cargo, dejando a Roldán como único responsable de la dirección técnica y ejecutiva del proyecto.

Rufino Roldan
A pesar de los avances, el hundimiento del último vapor en 1884 marcó el fin del emprendimiento. Zonas como Salta y el sur de Bolivia quedaron aisladas. Las causas del fracaso: desinterés estatal, intereses creados, falta de continuidad y abandono político. Sin embargo, el ejemplo de Natalio Roldán perdura como símbolo de lucha, sacrificio y visión transformadora.
En palabras del Ing. Luis A. Huergo (Instituto Geográfico Argentino, 1886), Roldán fue un hombre de carácter firme, cuya lucha de más de 17 años representa un modelo moral y patriótico. Y como señaló el Dr. Adolfo A. Dávila, su nombre quedará para siempre ligado al Bermejo, como sinónimo de esfuerzo nacional por conectar el norte con el mar.
13 de Abril de 1865
Se inicia la guerra de la Triple Alianza

Fotografía del Vapor "25 de Mayo" y su tripulación en 1861. Muchos de
ellos morirán con la captura del vapor por parte de las fuerzas
paraguayas. Otros más, sufrirán un penoso cautiverio. El vapor
capturado, servirá bajo bandera paraguaya durante varios años de la
guerra.
Surtos en el puerto de la Ciudad Capital de la Provincia de Corrientes, se hallan dos buques argentinos, el "25 de Mayo" y el "Gualeguay".
Ambos buques se encuentran en el puerto para realizar reparaciones. Se hallan desarmados, y con sus tripulaciones disminuidas, o con permiso de tierra.
La mañana del 13 de abril de 1865, cerca de las seis, cinco vapores paraguayos se aparecen frente a las costas de la Ciudad de Corrientes. Pronto toman posiciones, y atacan a los indefensos navíos argentinos, sin declaración de guerra, en una acción sin ningún tipo de provocación.
Los marinos argentinos , superados en número, intentan una resistencia heroica, pero pronto son sometidos y tomados prisioneros. Trescientos marineros paraguayos capturan a cerca de ochenta marinos argentinos, varios de los cuales, ya rendidos, son degollados inmediatamente por los guaraníes. Arrían el pabellón argentino, arrojando la bandera al suelo, gritando vivas por el Mariscal Solano López. Algunos marinos que intentan evitar la captura, se arrojan al agua, y son baleados, muriendo todos ellos.
En tanto, 2.500 hombres del ejército paraguayo desembarcan en la Ciudad de Corrientes, ocupando la Ciudad Capital de la Provincia homónima. Otras columnas paraguayas invaden por distintos pasos la Provincia Mesopotámica, sumando un total de 27.000 hombres.
Los marinos sobrevivientes, pasaran el resto de la guerra en cautiverio en condiciones infrahumanas. Muchos morirán en presidio.
La ocupación paraguaya de la Ciudad de Corrientes será muy dura y cruel. Habrá secuestros, violaciones, destrucción de propiedades argentinas, y fusilamientos sumarios. Incluso, se secuestrará a cinco mujeres, algunas con sus hijos pequeños, y se las llevarán al Paraguay, las famosas "Cautivas correntinas".
El Gobernador legítimo, Manuel Lagraña, logra escapar con algunos soldados al interior de la provincia con intención de reunir hombres, para repeler la invasión paraguaya.
Los invasores, a su vez, imponen un gobierno títere, sujeto a las decisiones de Asunción.
Cerca de un año se tardará en expulsar a los invasores, de la Provincia de Corrientes, a costa de sangrientas batallas, como Yatay y Pehuajó.
El ataque paraguayo, provocará la entrada en la guerra de la República Argentina.