domingo, 10 de mayo de 2026

Crisis del Beagle: Acción submarina en el conflicto

Acción submarina en la crisis del Beagle


Las fuerzas de submarinos enfrentadas

Los submarinos argentinos operaron en un entorno muy hostil (aguas frías, fuertes corrientes, canales estrechos con poco espacio para maniobrar sumergidos, y riesgo constante de detección por aviones chilenos o buques de superficie). En cualquier caso, del lado argentino se contaba con apoyo técnico especializado para el apoyo ASW. El Comando de Aviación Naval operaba desde hacía años activos específicos como los S-2 Tracker, P-2 Neptune y Sea King que limitaba la libertad de acción chilena, pero también enfrentaba problemas operativos como las averías reales (ej. el San Luis con motor diésel al 50%, lo que lo relegó a zona segura). 

Los modelos clase Balao y GUPPY

Los submarinos clase Balao y los modelos GUPPY (Greater Underwater Propulsion Power Program) fueron dos generaciones de submarinos que desempeñaron papeles cruciales en las armadas de varios países, especialmente en América Latina.

Submarinos clase Balao

Los submarinos clase Balao fueron diseñados y construidos durante la Segunda Guerra Mundial por la Armada de los Estados Unidos. Se trataba de una mejora de los submarinos clase Gato, con mayor resistencia y una profundidad operativa mejorada. Alcanzaban una profundidad de prueba de 120 metros (400 pies) y tenían un desplazamiento de aproximadamente 1,500 toneladas. Con una autonomía considerable, su velocidad máxima sumergida era de alrededor de 9 nudos, y en superficie alcanzaban hasta 20 nudos. Eran conocidos por su robustez y eficacia en operaciones de guerra en el Pacífico durante la guerra.

Programas GUPPY

El programa GUPPY surgió después de la Segunda Guerra Mundial con el objetivo de modernizar los submarinos clase Balao y otros de su generación para hacerlos más eficaces en la guerra antisubmarina y permitirles competir con submarinos más modernos, como los alemanes tipo XXI. El programa GUPPY se centraba en mejorar la velocidad sumergida, la capacidad de la batería y el rendimiento hidrodinámico. Los submarinos modernizados bajo este programa tenían perfiles más hidrodinámicos, mejores sistemas de sonar y equipos de radar, así como motores eléctricos más potentes para aumentar la capacidad de maniobra bajo el agua. Aunque mantenían muchas características de los Balao originales, se convirtieron en submarinos más aptos para la guerra submarina en la era de la Guerra Fría.




Similitudes y diferencias

En común, ambos modelos compartían la estructura base de los submarinos diésel-eléctricos y su diseño estaba orientado a maximizar la capacidad de realizar patrullas prolongadas bajo el agua. Además, las dos clases participaron en importantes conflictos y fueron transferidos a armadas extranjeras.

Lo que los diferenciaba principalmente era el programa de actualización GUPPY, que incorporó tecnologías de postguerra, especialmente en lo referente a sistemas de propulsión, reducción de ruido y diseño aerodinámico, lo que aumentó la capacidad de operación sumergida.

Los submarinos enfrentados:

Aspecto
ARA (GUPPY II / Type 209)
ACh (Balao no modernizado, Simpson)
Velocidad sumergida
17-18 nudos (209) / ~15 nudos (GUPPY)
~9 nudos
Snorkel
Sí (209 y GUPPY)
No (o muy limitado)
Sonar
Modernizado (BQR-2/7 en GUPPY, CSU-83 en 209)
Anticuado (JT/QC)
Torpedos
Mk 14/37, SST-4 (en 209)
Mk 14/27 (vetustos)
Profundidad operativa
~200-250 m
~120-150 m
Ruido
Reducido post-GUPPY
Alto (diseño de la SGM)


Operaciones en América Latina

Varios países latinoamericanos operaron submarinos clase Balao y GUPPY en sus armadas. Argentina y Chile fueron dos de los principales usuarios de estos submarinos.

Argentina

Durante la crisis del Beagle a fines de la década de 1970, Argentina operaba submarinos de la clase GUPPY II, que eran el ARA Santa Fe y el ARA Santiago del Estero. Ambos eran modernizaciones de los Balao adquiridos a los Estados Unidos. Estos submarinos jugaban un papel esencial en las capacidades de patrullaje y disuasión del país.






Submarino clase IKL-209 ARA Salta (S-31) de la Armada de la República Argentina

Chile

Chile también contaba con submarinos clase Balao, uno ya dado de baja y otro que terminó siendo el que quedó remanente con capacidad de combate que era el ACh Simpson. Sin embargo, este no había sido modernizados bajo el programa GUPPY. Más aún, hasta pocos meses antes del conflicto, el Simpson (S-31) todavía montaba un cañón a popa de 127mm para atacar blancos no defendidos.



Imagen de un Grumman S-2E Tracker, similar al mencionado en esta entrada, tomada desde el periscopio de un submarino. Chile no tenía ningún un avión ASW equivalente. (Fuente: http://www.nuestromar.org/)



El submarino clase Balao ACh Simpson (SS-21) de la ACH. Al fondo se ve un crucero clase Brooklyn.

Durante la crisis entre Argentina y Chile en 1978, tras el fallo arbitral que otorgaba a Chile las islas Picton, Lennox y Nueva, la Junta Militar Argentina rechazó la decisión, lo que llevó a una escalada de tensiones entre ambos países. Ante la posibilidad de un conflicto bélico, las Fuerzas Armadas de Argentina planearon el “Operativo Soberanía” con el objetivo de invadir Chile y tomar las islas en disputa. La intervención del papa Juan Pablo II y un temporal en diciembre de 1978 evitaron la guerra, pero ambas armadas se prepararon intensamente para un posible enfrentamiento.

IKL-209 ARA "Salta"

En este contexto, el 8 de diciembre de 1978, cuatro submarinos argentinos zarparon de la Base Naval de Puerto Belgrano: los veteranos ARA Santa Fe (S-21) y ARA Santiago del Estero (S-22), junto con los modernos submarinos IKL-209 ARA Salta y ARA San Luis. Mientras tanto, la Marina Chilena, con una fuerza submarina en desventaja, solo tenía operativo el ACh Simpson, ya que el resto de sus submarinos estaba fuera de servicio.

El ARA Santa Fe fue asignado a patrullar la Bahía Cook, una posición estratégica para controlar el acceso al Canal de Beagle. Durante su patrulla, detectó la presencia de buques chilenos sin ser detectado, y aunque estuvo listo para el combate, cumplió con la orden de no atacar a menos que fuera agredido primero. Luego de la tensa situación, el submarino se replegó para informar a sus superiores y fue dirigido a la Isla de los Estados.


Esta imagen correspondería a la fotografía obtenida a través del periscopio por el ARA Santiago del Estero, del ACh Simpson navegando en superficie para recargar baterías. Nótese que si bien se observa el pequeño domo del sonar WFA a mitad de proa característico de los Balao chilenos, no se observa a popa de la vela el cañón de 127mm, que podría haber sido removido para esa campaña (Fuente: nuestromar.org)


Tripulación del ARA Salta

La necesidad del submarino chileno de navegar en superficie se debía a su antigüedad, ya que al carecer de snorkel, debía emerger para recargar sus baterías. A pesar de esto, el Capitán de Navío Rubén Scheihing, comandante del “Simpson” durante ese período, niega haber tenido contacto alguno con submarinos argentinos durante sus casi 70 días de patrulla, a pesar de la evidencia fotográfica que parece contradecirlo. En parte es lógico ese alegato porque cómo haría para ver a quién lo observa desde la profundidad a través de un periscopio. Por otro lado, jamás se hubiese enterado cuando muriese al ser impactado por un torpedo argentino.



Por su parte, el ARA Santiago del Estero patrullaba cerca del Cabo de Hornos. Durante su misión, su sonar detectó al submarino chileno ACh Simpson navegando en superficie para recargar sus baterías. Aunque el Santiago del Estero estuvo preparado para lanzar un ataque, su comandante optó por no hacerlo debido a la falta de hostilidad por parte del submarino chileno, limitándose a tomar una fotografía del Simpson antes de retirarse.

Ambos submarinos argentinos completaron exitosamente sus misiones sin entrar en combate, demostrando el profesionalismo de sus tripulaciones bajo condiciones adversas. Su cautela evitó el inicio de una guerra que habría tenido consecuencias impredecibles.





Tras informar las novedades a su Comando, el Capitán de Fragata Carlos Sala recibió la orden de replegarse a la Isla de los Estados. Durante su patrulla, el ARA Santiago del Estero recorrió 4012 millas náuticas (7430 km) en 36 extenuantes días de navegación, del 8 de diciembre de 1978 al 13 de enero de 1979.



El pesquero Aracena que requisado por la Armada Argentina sirvió las veces de buque nodriza de la Fuerza de Submarinos en 1978 (Fuente: http://www.histarmar.com.ar/)

Durante la crisis de 1978 entre Argentina y Chile, la Armada Argentina desplegó sus submarinos IKL 209, ARA Salta (S-31) y ARA San Luis (S-32), ambos de tecnología avanzada. Aunque eran submarinos modernos, los altos mandos los asignaron a zonas de patrulla más seguras en comparación con los veteranos GUPPY. El ARA San Luis, bajo el mando del Capitán de Fragata Félix Bartolomé, sufrió la avería de uno de sus motores diésel durante su navegación hacia el sur, lo que redujo su capacidad en un 50%. A pesar de los esfuerzos de la tripulación, el problema no pudo solucionarse, y el submarino fue reasignado a una zona de patrulla más cercana a territorio argentino, completando su misión sin novedades. El San Luis recorrió 6.270 kilómetros en 876 horas de navegación, y tres años más tarde participaría activamente en la Guerra de Malvinas.


Los tres submarinos chilenos en servicio activo en 1978. Los modernos Oberon de origen britanico "Hyatt" y "O'Brien" con el característico domo de proa, y el antiguo sumergible clase Balao de origen norteamericano, "Simpson". Observe como curiosidad en este último, que a popa de la vela, todavía subsiste el montaje de cañón de 127mm (Fuente: nuestromar.org)

Por su parte, el ARA Salta, comandado por el Capitán de Fragata Eulogio Moya, se dirigió hacia el Cabo de Hornos. Durante su travesía, el Salta fue detectado accidentalmente por un avión Grumman S-2E Tracker argentino, que lo confundió con un submarino chileno. Tras una maniobra evasiva exitosa, el Salta continuó su misión. En una patrulla posterior, el Salta detectó un submarino chileno en superficie, identificándolo como el ACH Simpson. Aunque las condiciones estaban dadas para un enfrentamiento, el comandante Moya decidió no atacar, siguiendo las órdenes de no iniciar hostilidades. El Salta luego recibió un mensaje informando la suspensión de las operaciones debido a la mediación del Papa.


El ARA Santa Fe (S-21) en inmersión deja asomar sobre la superficie del mar sus mástiles. De izquierda a derecha: 1º periscopio y carenado de antena RWR AT-222, 2º periscopio, mástil de comunicaciones VLF, AN/BLR-1, snorkel con luz de navegación y antenas AS-1198 y AS-1287 (Fuente: www.harpoondatabase.com)

Ambos submarinos completaron patrullas exitosas sin entrar en combate, evitando un conflicto bélico que podría haber tenido consecuencias impredecibles.

Otros temas a considerar en este conflicto:
  • Subestimación de riesgos reales: Patrullar en el Beagle/Cabo de Hornos era extremadamente peligroso (olas de 10-15 m, visibilidad nula, fondos irregulares que limitan inmersión profunda). Un GUPPY o 209 podía quedar atrapado o dañado fácilmente.
  • La "superioridad" argentina: Un submarinista argentino podría decir "sí, teníamos ventaja cualitativa, pero en ese escenario (canales estrechos, apoyo aéreo limitado, inteligencia chilena) un error podía costar un submarino entero". Asimismo, en el caso de los U 209 tenían problemas de juventud (recién estrenados, ruido, fiabilidad inicial) y, tal vez, de manera poco feliz, se hubiesen anticipado los problemas de operatividad de los torpedos alemanes que sería detectados cuatros años después en Malvinas.
  • No olvidemos del costo humano: El estrés de la tripulación (36-50 días sumergidos, con aislamiento, tensión constante de "contacto posible pero sin orden de ataque"). Cuando se habla de los submarinistas se suele olvidar el ambiente hostil externo pero también interno de convivir en un espacio muy acotados, bajo presión y con serios riesgos para su vida.




Torpedo Mk-14

Mark 14 (Mk-14)Torpedo de vapor de la Segunda Guerra Mundial, ampliamente usado en submarinos clase Balao y derivados. Era conocido por su fiabilidad una vez corregidos problemas iniciales.

Especificación
Detalle
Longitud
6.25 m (20 ft 6 in)
Diámetro
533 mm (21 in)
Peso
Aprox. 1,361-1,490 kg (3,000-3,280 lb), dependiendo de la modificación
Alcance/Velocidad
4,100 m (4,500 yd) a 85 km/h (46 nudos); 8,200 m (9,000 yd) a 57 km/h (31 nudos)
Cabeza de guerra
230-303 kg (507-668 lb) de TNT o Torpex
Propulsión
Turbina de vapor alimentada por alcohol
Guía
Giroscópica (recta, no homing en versiones base)


Mark 37 (Mk-37)
Torpedo antisubmarino eléctrico de la Guerra Fría, con homing acústico. Usado en submarinos modernos como los Type 209. Variantes incluyen Mod 0 (sin guía por cable) y Mod 1 (con guía por cable).

Especificación
Detalle
Longitud
3.4-4.1 m (135-161 in), dependiendo de la variante (Mod 0 vs. Mod 1)
Diámetro
483 mm (19 in), con rieles de guía de 533 mm (21 in)
Peso
650-766 kg (1,430-1,690 lb)
Alcance/Velocidad
21 km (23,000 yd) a 31 km/h (17 nudos); 9.1 km (10,000 yd) a 48 km/h (26 nudos)
Cabeza de guerra
150 kg (330 lb) de HBX
Propulsión
Eléctrica (batería)
Guía
Homing acústico activo/pasivo; variantes con guía por cable hasta 9 km
SST-4 (Seehund)Torpedo alemán de exportación de los años 1970-1980, antisuperficie con homing pasivo. Equipado en submarinos Type 209 como los ARA Salta y San Luis. Es una mejora del SST-3 con capacidades adicionales.

Especificación
Detalle
Longitud
6.08 m (239 in)
Diámetro
533 mm (21 in)
Peso
1,414 kg (3,116 lb)
Alcance/Velocidad
11 km (12,000 yd) a 65 km/h (35 nudos); 20 km (22,000 yd) a 52 km/h (28 nudos); 37 km (40,000 yd) a 43 km/h (23 nudos)
Cabeza de guerra
260 kg (573 lb) de alto explosivo
Propulsión
Batería de plata-zinc
Guía
Guiado por cable y homing pasivo acústico


Mark 27 (Mk-27)
Torpedo antisubmarino eléctrico de la posguerra, con homing acústico pasivo. Usado en submarinos Balao no modernizados. Hay variantes: Mod 0 (para superficie) y Mod 4 (para submarinos).

Especificación
Detalle
Longitud
2.3-3.2 m (90-125 in), dependiendo de la variante (Mod 0 vs. Mod 4)
Diámetro
483 mm (19 in), con rieles de guía de 533 mm (21 in)
Peso
327-534 kg (720-1,174 lb)
Alcance/Velocidad
Aprox. 5.5 km (6,000 yd) a 22 km/h (12 nudos) en Mod 0; variantes posteriores hasta 11 km a velocidades similares
Cabeza de guerra
43 kg (95 lb) de HBX en Mod 0; hasta 49 kg (107 lb) en otras
Propulsión
Eléctrica (batería)
Guía
Homing acústico pasivo


sábado, 9 de mayo de 2026

Prusia: Últimas imágenes de la realeza de un reino perdido

 La realeza prusiana





La princesa alemana Victoria Luisa de Prusia con su uniforme de los Totenkopfhusaren, 1909.


Con su caballo



El mariscal de campo alemán August von Mackensen portó la Totenkopf con mayor autoridad.






La condecoración Totehkopf fue otorgada al 92.º Regimiento de Infantería por su actividad en la Campaña de la Península contra Napoleón por Jorge III de Inglaterra.


El infante Fernando de España, princesa de Baviera, con el uniforme del regimiento español Lusitania, 1920.




viernes, 8 de mayo de 2026

Rusia: La catedral hecha con armas nazis capturadas

Catedral Principal a base de armas capturadas



  

En 2019, los rusos fundieron decenas de miles de armas alemanas capturadas para ayudar en la construcción de la Catedral Principal de las Fuerzas Armadas Rusas, más correctamente el piso de manera simbólica para reafirmar que derrotaron a la Alemania nazi.



El Ministerio de Defensa ruso afirmó que esas armas "ya ocupaban espacio en las bases de almacenamiento".



La iglesia aunque se le usa como símbolo y recordatorio  de la victoria de la gran guerra patria, se a usado más como símbolo político del gobierno actual y de su actual guerra contra Ucrania.



jueves, 7 de mayo de 2026

Caída de Berlín: Los suicidios en masa que siguieron

  

Los suicidios masivos de ciudadanos comunes en los últimos días de la Alemania nazi


El libro del historiador Florian Huber examina cómo los civiles se quitaron la vida en mayor número que los militares y funcionarios del gobierno durante el colapso del Tercer Reich.

Jacinto Antón || El País 




La mayoría de la gente ha oído hablar de cómo muchos altos cargos nazis, como Hitler, Himmler, Goebbels y Göring, se suicidaron al final del Tercer Reich, y de cómo algunos comandantes militares derrotados, como Model, Rommel y Kluge, hicieron lo mismo. Los cinéfilos y aficionados a la historia también sabrán que Tresckow y Beck, dos líderes del fallido complot para asesinar a Hitler —la Operación Valquiria—, también se suicidaron. La película «El hundimiento» (Der Untergang), un drama bélico histórico alemán de 2004, retrata los últimos días de Adolf Hitler y su estado mayor refugiados en el búnker subterráneo conocido como el «Führerbunker». Escena tras escena muestra a Hitler y a numerosos funcionarios del gobierno y militares suicidándose con pistolas y veneno tras enterarse de la derrota de Alemania. Sin embargo, la mayoría de los suicidios en el sangriento ocaso de la Alemania nacionalsocialista fueron de gente común: un ama de casa que ahogó a sus hijos pequeños y luego se ahorcó, o una familia entera que ingirió veneno en una última y fatal reunión.

En «Prométeme que te suicidarás: La caída de los alemanes comunes, 1945», el historiador alemán Florian Huber narra la historia de las decenas de miles de civiles que se quitaron la vida en una locura colectiva impulsada por la desesperanza y el miedo a la venganza del Ejército Soviético. Huber, productor de varios documentales galardonados internacionalmente, comienza su libro en la pequeña ciudad de Demmin (noreste de Alemania), donde tuvo lugar una impactante ola de 700 suicidios —el 10% de la población— mientras el Ejército Rojo soviético se acercaba a la ciudad. Personas de todas las edades, profesiones y clases sociales se suicidaron, a menudo llevándose a sus bebés y niños a la tumba. «Era como si la voluntad de morir se hubiera apoderado de todos», escribe Huber.

La joven esposa de un teniente de la Wehrmacht estranguló a su hijo de tres años con una cuerda y luego se ahorcó. Un administrador de seguros médicos de 71 años, su esposa y su hija se ahorcaron tras asesinar a sus nietos pequeños. En la casa de la familia Günther, murieron doce personas: algunas se envenenaron, otras se cortaron las venas y otras fueron asesinadas con un rifle de caza. Huber describe el horror de presenciar múltiples violaciones en grupo perpetradas por soldados soviéticos (casi dos millones de mujeres alemanas fueron agredidas sexualmente al final de la guerra). Posteriormente, muchas de las víctimas de violación se arrastraron hasta el río Tollense y se ahogaron. Algunas llevaron a sus hijos de la mano al río tras llenar sus bolsillos, bolsos y mochilas con piedras, emulando sin saberlo el suicidio de Virginia Woolf en 1941.

Estas son solo algunas de las espeluznantes escenas relatadas por Huber, quien quedó profundamente conmovido por una historia terrible. El sepulturero del cementerio de Demmin llevaba una lista de todos los fallecidos que llegaban en aquellos tiempos terribles. Había cientos y cientos de nombres —hombres, mujeres y niños— con sus edades y la causa de su muerte. Era una lista manuscrita espantosa. El número 135 era una niña de apenas un año que murió el 1 de mayo de 1945, «estrangulada por su abuelo», según consta en la lista. Me impactó tanto que ni siquiera pude incluirlo en el libro, y todavía me atormenta. 


Ernst Kurt Lisso, funcionario municipal de Leipzig, junto a su esposa Renate y su hija Regina, tras el suicidio colectivo por cianuro en abril de 1945. Administración Nacional de Archivos y Registros de Estados Unidos (NARA).

La violación masiva de mujeres alemanas por parte de soldados conquistadores, especialmente soviéticos, seguida de suicidios colectivos, se convirtió en un tema tabú en la Alemania de posguerra, como se describe vívidamente en La caída de Berlín 1945, de Antony Beevor. «Fueron temas completamente tabú durante décadas en nuestro país. Las historias fueron prohibidas en la Alemania Oriental comunista porque habrían empañado la imagen del glorioso Ejército Rojo. Posteriormente, nadie quería hablar de los suicidios colectivos porque quienes se quitaron la vida no encajaban con los prejuicios de los alemanes que vivían bajo el Tercer Reich: no eran ni villanos ni víctimas», afirmó Huber. «Como resultado, cayeron en el olvido hasta que publiqué mi libro». ¿De cuántas personas estamos hablando? “Mi investigación indica claramente que la cifra debe ser de decenas de miles, procedentes de toda Alemania. Sin embargo, en los caóticos últimos días de la guerra, las estadísticas oficiales, la documentación y los informes médicos prácticamente desaparecieron. Por lo tanto, es imposible dar una cifra exacta.”

Sorprendentemente, se suicidaron más civiles y personas comunes que miembros del ejército. “Uno de mis hallazgos más impactantes es que el fenómeno no se limitaba en absoluto a los nazis más radicales, que realmente tenían mucho que temer. De hecho, afectaba por igual a hombres, mujeres y niños, jóvenes y adultos, ancianos, obreros y empresarios, enfermeras y médicos: un caleidoscopio de la sociedad alemana. Podía afectar a cualquiera. Estos suicidios masivos no eran exclusivos de los nazis, sino el resultado de un sentimiento generalizado de fatalidad en toda la sociedad alemana."

La psicología de masas del nazismo

El libro de Huber explica la psicología de masas del nazismo que condujo inexorablemente al suicidio tras la derrota. «No olvidemos que, durante el Tercer Reich, el pueblo alemán vivió en un estado permanente de emergencia y agitación durante doce años. Durante los primeros años previos a la guerra, todo era esperanza y gloria, devoción y amor por el Führer. Al comienzo de la guerra, reinaba un sentimiento abrumador de orgullo, poder, superioridad y odio. Luego, en los últimos años de la guerra, esos sentimientos fueron reemplazados por dolor, miedo, desesperación e incluso autodesprecio. Todo esto culminó en la devastadora experiencia de la aniquilación que se cernía sobre la sagrada patria».

Hubo muchos más suicidios en las zonas de Alemania ocupadas por los soviéticos que en las ocupadas por los aliados, afirma Huber, a pesar de que uno de los suicidios múltiples más conocidos tuvo lugar en el ayuntamiento de Leipzig, una de las ciudades tomadas por las fuerzas estadounidenses. «Durante años, la propaganda nazi infundió miedo a los "monstruos mongoles" en el corazón del pueblo alemán. Cuando el Ejército Rojo finalmente cruzó a Alemania desde el este, los soldados soviéticos cometieron numerosas atrocidades contra la población civil. No cabe duda de que hubo más suicidios en la Alemania ocupada por los soviéticos que en cualquier otro lugar. Sin disponer de cifras exactas, calculo que la proporción debe ser de al menos 20 a 1, aunque algunas de las fotografías más impactantes y singulares de suicidios alemanes se tomaron en Leipzig. Como escribo en mi libro, dos fotógrafas de guerra que viajaban con las tropas aliadas —Lee Miller y Margaret Bourke-White— tomaron esas imágenes inolvidables de alemanes, incluyendo familias enteras, que se habían suicidado minutos antes. Es extraordinario que las mejores fotografías de este fenómeno fueran tomadas por dos mujeres».

La actual epidemia de suicidios nos lleva a preguntarnos cuán fácil puede ser quitarse la vida. Pero, ¿cómo es posible que tantas personas tomen una decisión tan terrible y la lleven a cabo? «Suicidarse nunca es fácil, y quien lo hace debe encontrarse en un estado mental extremo», afirmó Huber. «En 1945, muchos factores convergieron en Alemania para crear este estado mental: el miedo a la violencia y a la venganza rusa, un sentimiento de culpa y complicidad, desesperanza y la pérdida de hogares y seres queridos. Todo esto generó una atmósfera contagiosa, y cuando tantas personas se suicidan, la gente tiende a seguirlas». Como observó un testigo de aquellos días sombríos: «La muerte ha perdido su majestuosidad y se ha convertido en algo cotidiano».


Walter Doenicke, mayor de la milicia nacional Volkssturm, yace en el suelo del ayuntamiento de Leipzig tras suicidarse. Administración Nacional de Archivos y Registros de Estados Unidos (NARA).

«La gente utilizaba cualquier medio disponible para quitarse la vida: ahorcamiento, disparos, apuñalamientos, cortes en las venas, envenenamiento y ahogamiento». Muchos incluso mataron primero a sus hijos —dijo Huber, quien se centró deliberadamente en los alemanes comunes en lugar de en figuras militares o políticas—. Pero, por supuesto, muchos oficiales de alto rango también se suicidaron. Según un recuento, 53 generales del ejército, 14 generales de la fuerza aérea y 11 almirantes se quitaron la vida, y estos eran solo los altos mandos.

El libro "El hundimiento" describe vívidamente el horrible suicidio colectivo de la familia Goebbels, cuando Magda Goebbels, la Medea del hitlerismo, envenena a sus propios hijos. "Algunos nazis se suicidaron al enterarse de la muerte de Hitler, porque querían seguir apoyando a su Führer", dijo Huber, "pero la muerte de Adolf Hitler tuvo poco que ver con los suicidios masivos, ya que a muchos alemanes ya no les importaba el líder, y porque las transmisiones de radio informaron que murió heroicamente en batalla, no por su propia mano. Así que la muerte de Hitler fue una gran mentira final".

Según Huber, existen otros sucesos históricos similares a los suicidios masivos alemanes. En el año 73 d. C., mil personas en la fortaleza judía de Masada se quitaron la vida durante el asedio romano. Durante la batalla de Okinawa en 1945, muchos civiles japoneses, incluyendo familias enteras, se suicidaron al derrumbarse las defensas japonesas. ¿Podría ocurrir algo así hoy? «No veo ningún conflicto actual que pudiera provocar una reacción de esa magnitud», afirmó Huber. «Las circunstancias de la derrota de Alemania en 1945 fueron excepcionales y es improbable que se repitan».

miércoles, 6 de mayo de 2026

Guerra civil yugoeslava: Las armas argentinas a Croacia

Armas argentinas en Croacia





Fusiles de asalto FN FAL de fabricación argentina utilizados por la policía croata en la década de 1990.

Argentina violó el embargo y bloqueo de la ONU y armamos al pueblo Croata para luchar por su libertad. Fusiles FAL, ametralladoras MAG, subfusiles FMK3, pistolas Browning, cañones y soldados argentinos que fueron como voluntarios todo para ayudar a los croatas a pelear.  

Debajo, obús CITER L33 de 155 mm.









Otra plataforma de armas hechas en Argentina usada en Croacia - el subfusil FMK-3 9x19mm