jueves, 30 de abril de 2026

España Colonial: La heroica Cartagena

Cartagena, la heroica 


REVISTA GUARDACOSTA

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor: Gabriel Porras Troconis



El 20 de enero de 1533 echó el madrileño Pedro do Heredia, en la amplia bahía denominada Cartagena por el experimentado marino y cartógrafo Juan de la Cosa, los fundamentos de la ciudad que después habría de tomar ese nombro. La fundación la narra Juan de Castellanos y la confirma Gonzalo Fernández do Oviedo cuando dice: "Primero de junio de aquel año de mil ó quinientos treinta y tres años, nombró el gobernador por primeros alcaldes ó regidores para el pueblo de Calamar, donde hizo su asiento, é mandó que se llamase la ciudad de Cartagena". En efecto, Castellanos, en el relato que hace de la fundación, reconoce que en ese momento no se dio a la nueva población nombre alguno, sino que lo adquirió más tarde. En el primer Congreso Hispano Americano de Historia reunido en Cartagena a fines de diciembre de 1933, después de cinco sesiones dedicadas a dilucidar cuidadosamente la fecha de la fundación, la opinión de los congresistas unificada aceptó como indiscutible, la dicha fecha del 20 de enero. El propio Oviedo en el capítulo VII de la obra ya citada, enfáticamente reconoce que "Calamar es Cartagena". Pueden releerse los relatos citados.

Fundada la población española y denominada Cartagena como lo dice Oviedo, inicia el reconocimiento del territorio, conforme a las capitulaciones por él firmadas, le correspondía, y halla que en él hay oro en tanta abundancia, que pudo decirse con fundamento: "Pobre el Perú si se descubre el Sinú". Con la riqueza, el desarrollo de la población aumentó con rapidez inusitada, llegaron de la Península las primeras mujeres españolas y el modesto caserío fue cobrando contornos de auténtica urbe civilizada.

No descuidaban los reyes las necesidades espirituales de sus subditos ultramarinos y así un año después, en 1534, la corte de Madrid solicitó y obtuvo del papa Clemente VII, por mediación de su embajador ante la' Santa Sede, el marqués de Dosfuentes, la erección del obispado y el nombramiento de fray Tomás de Toro, como primer obispo. Fue éste protector constante y misericordioso de los indios "varón no menos santo que letrado", al decir de Castellanos; pero no tuvo la dicha de poder erigir su catedral.  Una modesta construcción pajiza, al estilo de los bohíos indígenas, sirvió para la celebración de los oficios divinos y las festividades de San Sebastián. Un incendio que arrasó con la mayor parte del poblado consumió aquel primer esfuerzo de la religiosidad de los habitantes de Cartagena, el año de 1552.

Los conquistadores y colonizadores españoles tenían en mucho los títulos y dignidades para sus personas, como para sus familias y las poblaciones por ellos fundadas. Los cartageneros no fueron excepción de aquella regla general, sino que la siguieron y acataron. Por eso algunos vecinos no descuidaron estas, al parecer, minucias, que en verdad no lo eran en aquella época caballeresca y batalladora. Insistentes fueron sus solicitudes ante Felipe II, quien al cabo concedió a Cartagena títulos de ciudad, escudo de armas y calidad de nobleza y lealtad, por reales cédulas de 1574 y 1575. El escudo debía ostentar, en campo de oro una cruz natural, con dos leones levantados, tan altos como la cruz y sobre el conjunto una corona, con su correspondiente timbre y follaje. Con estas donaciones Cartagena se ponía ya al nivel de otras ciudades del Nuevo y Viejo Mundo.

Al finalizar el siglo XVI, la nueva urbe americana gozaba de cuanto en materia de honores y distinciones oficiales podía aspirar a poseer una ciudad tan reciente.

Mas tampoco habían faltado los sufrimientos. Los mares del Nuevo Mundo se hallaban ya cruzados en todas direcciones por hábiles y arrojados marinos ingleses, franceses, holandeses y escoceses, acechando los navios españoles transportadores del oro, la plata, maderas de tinte y otros productos del territorio sujeto a los dominios de los reyes de España, que sus bravos y audaces colonizadores enviaban a su patria. La piratería era una actividad reprobable pero productiva. La fama de las riquezas de Cartagena andaba de boca en boca y muchos eran tentados por ellas. En 1544 la venganza de un piloto castigado por mandato del teniente de gobernador Alonso Vejines facilitó la entrada a la bahía al pirata Roberto Baal.


Detalle de la fachada de la iglesia de Santo Domingo, construida en el siglo XVI. La concha marina simboliza a los peregrinos. Actualmente las efigies ya no están... ladrones...

 Del tranquilo sueño con perspectivas de grandes fiestas de bodas para el día siguiente, despertaron los vecinos a los estampidos del cañón del pirata. Por suerte para ellos si padecieron un saqueo que no perdonó los bienes materiales, las mujeres fueron preservadas de violencias, porque el vencedor no se olvidó que procedía de la patria de Bayardo. Doscientos mil pesos de buen oro, gruesa copia de paños y otros objetos de valor, se llevaron como botín los asaltantes.

Pasados apenas diez y seis años de aquella ruina de Cartagena, se tomaron sorpresivamente la indefensa ciudad los piratas Martín Cote y Juan Buen Tiempo, quienes entraron a la bahía con siete gruesos navios, la saquearon e impusieron fuerte rescate para no reducirla a cenizas. El obispo Juan de Simancas pudo negociar con los asaltantes, y salvar de total destrucción a Cartagena. Los vecinos, alentados por los capitanes Ñuño de Castro y Alvaro de Mendoza, acompañados por el cacique Marídalo, postraron en la lucha a numerosos piratas.

Pasada la tormenta, prosiguió el desarrollo de la ciudad: se construyeron los primeros fuertes llamados la Tranchera de la Caleta, el Boquerón, el de San Matías y la plataforma de Santángel. Se iniciaron las edificaciones dé la' iglesia catedral en el sitio en que ahora se halla, el convento e iglesia de San Francisco en el arrabal de Getsemaní. En la Machina, frente al castillo primitivo del Boquerón, se reparaban los navios de las averías sufridas en la larga navegación desde la Península. El tráfico de esclavos negros, en manos de ingleses, portugueses y genoveses, daba fisonomía mercantil al puerto. Menudeaban asimismo las reales cédulas para el fomento de las obras públicas, la protección militar de la ciudad y la seguridad de los vecinos. La sociedad cobraba buen aspecto urbano, numerosas iban siendo las edificaciones particulares, como lo comprueba el inventario hecho al finalizar el siglo por el pirata Francisco Drake. Pero en la historia de los pueblos las bonanzas alternan con las amarguras.

Este audaz, experto e implacable corsario inglés, protegido por la reina Isabel de Inglaterra, el miércoles de ceniza, 9 de abril de 1586, con velas enlutadas, anunciadoras de sus proditorias intenciones, se presentó frente a Playa' Grande, o sea la de Santo Domingo, y echando su gente a tierra comenzó el ataque. Aún no poseía Cartagena suficientes defensas militares para resistir la acometida de un marino tan atrevido y formidable como Drake, así que, convencido el gobernador Pedro Fernández de Bustos y sus principales tenientes de la inutilidad de la resistencia, abandonaron la ciudad, y aunque Pedro Mexia de Mirabal quiso mantenerse en el pequeño castillete del Boquerón, llamado Pastelito, hubo de retirarse para no sacrificar sin fortuna a sus compañeros de armas. Nombrados negociadores por el gobernador, el obispo Juan de Montalvo, Juan de Fernández, Francisco de Carvajal, Pedro Mexia de Mirabal, José Barros, Tris-tán' de Uribe Salazar, Esteban Fernández, Pedro López Triviño y Juan Manuel, se concertó el rescate, en pesos 463.915 de plata, para que no se prosiguiese la destrucción, comenzada por el interior de la iglesia catedral. Pero la soldadesca tuvo libertad para adelantar el saqueo. Drake estaba furioso por haber hallado una comunicación de la corte española en que se le anunciaba al gobernador la venida suya, mencionándolo como pirata. Trabajo costó al obispo calmarlo.

Duro fue aquel golpe para Cartagena pero no se abatieron sus vecinos ni lloraron como mujeres los que estuvieron incapacitados para defenderse como hombres. El siglo XVII es período de intensa y variada actividad constructiva y de realizaciones. Durante él la ciudad adquiere carácter externo de tal  su sociedad alcanza a equipararse con cualquiera otra de las más antiguas de América. Ya no es el poblado indígena con injertos españoles, sino bien encarada urbe en camino de llegar a ser de las mejores del Nuevo Mundo. Ingenieros como Cristóbal de Rodas, Juan Bautista Antonelli, Juan de Semovilla Texada, José de Lara, Francisco Ficardo, Juan de Hita y Ledesma, Luis de Venegas, Juan de Herrera y Sotomayor y el holandés Ricardo Car, autor de los planos del castillo deSan Felipe de Barajas, tienen a su cargo las múltiples obras materiales que por doquiera se adelantaban en esos cien años de la vida de la ciudad de Heredia. Aún resisten la demoledora acción del tiempo muchas de ellas, para honra de quienes las realizaron y grandeza histórica de la ciudad.
Dentro de las enormes murallas de Cartagena hay veintitrés bóvedas de doce metros de altura y de un ancho de quince a dieciocho metros, construidas en 1789 para resguardo de la tropa y almacén de víveres y municiones. Posteriormente fueren usadas como cárcel para presos políticos. Vista de la muralla desde el interior.

La iglesia catedral quedó concluida en sus obras principales el año 1612; a los conventos de Santo Domingo, San Francisco y San Agustín siguieron el de la Candelaria de la Popa, las iglesias de la Trinidad, de San Roque y Santo Toribio, el convento e iglesia de Santa Teresa, el convento e iglesia de la Merced, los de la Compañía de Jesús, los conventos e iglesias de Santa Clara y recoleta de San Diego. En 1610 se estableció el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, tan condenado por quienes en realidad desconocen cómo fue su funcionamiento en Cartagena, y cuyo edificio es uno de los más hermosos y artísticos de dicha ciudad.

Entre las edificaciones oficiales para servicio público figuran la Casa de la Moneda (destruida por un incendió en este siglo), las Casas reales, o sea las ahora denominadas de la Aduana, la Casa de la Isla para el cobro de ciertos impuestos reales, demolida en mala hora para erigir allí el edificio de la Andian, y la casa del Ayuntamiento, hoy Palacio de Gobierno departamental.

Las edificaciones castrenses se prosiguieron con no menor interés, actividad y eficacia. Bajo el gobierno de Diego de Acuña (1611-1613), se comenzó con gran solemnidad el baluarte que se llamó de San Felipe. Se puso bajo tierra una lámina metálica con la fecha y el año (8 de setiembre de 1614), acompañada por una medalla de la Virgen y varias monedas de las circulantes en ese tiempo. Ese baluarte es el llamado hoy de Santo Domingo. Los planos fueron de Cristóbal de Roda. Se prosiguieron los tramos de muralla o baluartes hacia el Oriente bajo los gobiernos de García Girón de Loayza (1618-1626), de gloriosa memoria por su persecución a los piratas, y de Francisco de Murga (1629-1626).

En 1654, un temporal que amenazó inundar la ciudad destruyó gran parte de la llamada Muralla de la Marina, o sea el baluarte de Santa Clara, y la parte posterior del convento de ese nombre. El resto de las construcciones en esa direccióncorresponde al siglo XVIII. El naufragio, ocurrido el 17 de marzo de 1640, de la nave capitana y dos navios más de la escuadra portuguesa de Rodrigo Labod de  Silva, a la entrada del canal de Bocagrande, entonces de acceso a la bahía, produjo allí una acumulación de arena en forma tan excesiva que terminó por cerrar del todo dicha entrada, uniéndose así la península de Bocagrande con la isla fronteriza de Codego. Se comentó si debería abrirse de nuevo ese canal o dejarlo cerrado y despejar el de Bocachica para que sirviese de entrada a los navios que viniesen a la ciudad. Se decidió esto último y entonces se hizo fortificar esta nueva entrada, comenzándose la construcción de San Luis de Bocachica y una plataforma fronteriza, que vino a ser el castillo de San José. Estas obras fueron terminadas por Pedro Zapata de Mendoza, constructor también del castillo de San Felipe de Barajas.

Cartagena iba a grandes pasos recorriendo la vía de su engrandecimiento y fortificación y motivando a los pregones de la fama para hacer sonar su nombre en los ámbitos del mundo. Pero de nuevo vendría el infortunio a torturarla. En 1689 se había desatado en Europa la guerra de la última coalición de naciones contra Luis XIV dé Francia, por causa de la sucesión del Palatinado. Del Viejo pasó la contienda al Nuevo Mundo.

Una escuadra a las órdenes de Jean Bernard Janes,  barón de Pointis, fue despachada por el Rey Sol, para que con la cooperación de Juan Bautista Ducasse, gobernador de Petit-Goave y de los bucaneros de Tortuga, se apoderase de Cartagena de Indias. Gobernaba en ésta don Diego de los Ríos y Quesada, mandatario de notoria incapacidad e indecisión, circunstancias que facilitaron la toma de la ciudad por el marino francés. El honor de las armas españolas quedó, sin embargo, a salvo con la tenaz y prolongada defensa que del castillo de San Luis de Bocachica hizo Sancho Jimeno de Orozco y por la lucha cuerpo a cuerpo librada por una parte de la tropa y algunos vecinos notables y valerosos que cerraba el paso de los invasores en la brecha abierta al baluarte de la Media Luna.

Tristes y duros los días de permanencia de los franceses en Cartagena, por los desmanes de los bucaneros que la saquearon a despecho de la oposición de Pointis. En la relación de la toma de la plaza hecha por el coronel José Valle jo,' dice éste que en París vio pesar en la Casa de Moneda el oro, la plata, y avaluar las joyas y piedras preciosas' del botín" por la toma de Cartagena, lo cual se elevó a siete millones de pesos plata.

De los castillos y baluartes se llevaron noventa y ocho cañones de grueso calibre y todos los pertrechos existentes en los almacenes de guerra. Pointis mandó volar algunas porciones de las fortalezas y quemar las estacadas de las orillas del mar e hizo otros desperfectos en las fortificaciones, actos de destrucción inaceptables entre ejércitos regulares de naciones civilizadas. Luego que Pointis evacuó la ciudad, los bucaneros volvieron sobre ella y de nuevo se produjeron, y con mayor saña ahora, las escenas de violencia anteriores.

A la catedral fueron llevadas cuantas personas notables pudieron hallar a mano, y colocándolas entre barriles de pólvora destapados, las amenazaban con hacerlas volar si no denunciaban las riquezas que tuvieran escondidas. Nunca antes, ni después, Cartagena estuvo tan entregada a la violencia como en esta ocasión de la vuelta de los bucaneros. Durante muchos años se conservó el recuerdo angustioso de aquellos días entre las familias principales de la ciudad. El autor de este trabajo oyó, de niño, referencias trasmitidas por sus antepasados a sus padres y abuelos.

Pero Cartagena, como el Ave Fénix de los helenos, renació de sus cenizas. No vale ella tanto en sus días de prosperidad y gloria, como en los de postración y vencimiento. Y así la vemos, en la aurora del siglo XVIII, bajo la enérgica conducta de Juan Díaz Pimienta y Zaldívar, acometer la singular hazaña de expulsar del itsmo de Panamá a los escoceses conducidos y establecidos allí por la aventurera personalidad de William Paterson y comandados ahora por Alejandro Campbell. En las inmediaciones del sitio en donde estuvo la antigua Acia, los escoceses habían levantado una ciudad llamada Nueva Edimburgo, un fuerte con título de San Andrés, dominando un territorio apellidado Nueva Caledonia.

Aquella parecía una conquista definitiva. Pero de Cartagena zarpó su gobernador Díaz Pimienta el 12 de febrero del año 1700, con una pequeña escuadra al mando del almirante Salomón, y tropas criollas de la ciudad, de la villa de Santiago de Tolú y de la comarca del Sinú, dispuesto a arrojar de allí a los invasores. El 22 de abril del mismo año entró Díaz Pimienta a Nueva Edimburgo, después de otorgar una honrosa capitulación a los escoceses! Las almas nobles son siempre generosas. Los vencidos salieron con armas y banderas para no volver.

Páginas inolvidables en la historia de Cartagena fueron las de las vidas esclarecidas de fray Alonso de Sandoval y el padre Pedro Claver, en la empresa de redimir las almas de los esclavos negros. Los capitanes negreros que saqueaban las costas de África para proveer de esclavos a los explotadores de las minas y de las plantaciones de caña de azúcar en los territorios del Nuevo Mundo y llegaban con su mercancía al puerto de Cartagena de Indias, allí topaban con Sandoval, el Precursor, primero, y luego con Pedro Claver, el Apóstol, enseñando al mundo cómo debe practicarse la doctrina de Cristo. Nunca en ningún otro lugar de la tierra y en ningún tiempo se ha llevado a cabo una empresa más hermosa, más justiciera ni más noble que la de aquellos dos santos varones. Las modernas campañas en pro de las clases obreras son grotescas caricaturas de la magnífica labor de auténtica caridad de Sandoval y Claver. Su labor iba dirigida no sólo al cuerpo, sino principalmente al alma.

Torre de la Iglesia de San Pedro Claver. Llamado "el esclavo de los esclavos", Claver evangelizó y protegió a los esclavos africanos que construyeron las fortificaciones de la ciudad.
 
Fortaleza de San Felipe de Barajas, diseñada por el holandés Richard Car y construida par Pedro Zapata de Mendoza, fortificación clave de la heroica defensa de Cartagena contra los ingleses en 1741.

El hombre no podrá nunca despojarse de sus pasiones ni substraerse a las flaquezas de la naturaleza orgánica. La adquisición de la santidad atempera, mas no suprime los impulsos de la materia. Las consecuencias de tales fallas de la voluntad causan a veces sorpresas dolorosas. En el siglo XVII, un sonado escándalo religioso sembró en Cartagena la intranquilidad y desorientó las conciencias de los cartageneros. Las monjas adoratrices del convento de Santa Clara de Asís de Cartagena elevaron al obispo Antonio de Benavides y Piérola (1681-1712) una queja razonada contra los padres franciscanos, a quienes estaban espirítualmente sujetas. El prelado halló justas las quejas y desligó al monasterio de la dirección de los padres franciscanos, tomándolo a su cuidado personal.

Mas pasados algunos días, veleidades femeninas muy humanas, habiendo tenido noticia las monjas de que sería electo provincial de los franciscanos fray Antonio Chávez, hermano de cinco de las monjas clarisas, pidieron al prelado que volviese las cosas a su primitivo estado. El señor Benavides no era hombre que atendiese caprichos mujeriles y negó la petición.

De acuerdo ahora franciscanos y clarisas, se revelaron contra el obispo y acudieron a la Audiencia de Santafé en queja contra su diocesano. Los oidores, hombres también sujetos a pasiones y flaquezas, invadiendo jurisdicción que no les correspondía, decretaron conforme se les pedía. El prelado reclamó para ante el rey y mantuvo las cosas como estaban. Prodújose la escisión. Apoyaron a los frailes y monjas rebeldes otros conventos de la ciudad, excepto los jesuitas. Toda la población se dividió, según sus simpatías, por el obispo o por los frailes y monjas.

El gobernador Rafael Capsir y Sanz, el obispo de Santa Marta Diego de Baños y Sotomayor, comisionado por la Audiencia, los gobernadores siguientes, Juan de Pando y Estrada, Francisco de Castro y Martín de Pardo y Cevallos, y hasta el Tribunal de la Inquisición, abrazaron el partido de los rebeldes. El señor Benavides hubo de salir de Cartagena para Turbaco y después para la Península, y sólo al cabo de años fallaron el rey y el papa en favor del perseguido prelado; pero cuando se disponía a regresar a su grey, postrado por las amarguras soportadas, falleció en Sevilla, en 1712. En la historia de Cartagena hay esta sombra de ofuscación y pecado.

La política de extensión comercial instaurada en Inglaterra por el primer ministro Walpole en el siglo XVIII llevó al país a fuertes choques con el gobierno español. Llegó un momento en que el Parlamento estuvo por la guerra y se preparó una expedición como antes no había sido vista, al mando del marino y parlamentario Sir Edward Vernon para que viniese a la América a apoderarse de Cartagena. Aproximadamente 115 navios de combate, entre los cuales se contaban 34 de línea con 9.000 marinos y 14.569 hombres de desembarco y 2.070 cañones, y abundancia de pertrecho constituían la expedición. La plaza sólo tenía 1.774 hombres de tropa, 150 marinos armados y 500 milicianos, con 369 cañones de grueso calibre. La inferioridad numérica era notoria, no así el potencial humano y las formidables fortalezas castrenses. El asedio se prolongó desde el 13 de marzo, fecha en la cual se vieron las primeras naves enemigas acercándose desde Punta de Canoas hacia la plaza, hasta el 8 de mayo, que salieron de la bahía los últimos navios ingleses.

Blas de Lezo, comandante de la marina, resistió en el castillo de San Luis de Bocachica desde el 14 de marzo hasta el 9 de abril. La acción de armas más violenta fue el asalto al castillo de San Felipe de Barajas, el 20 de abril conforme al calendario gregoriano (9 de marzo para los ingleses). Los héroes de la defensa fueron el virrey Sebastián de Eslava, Blas de Lezo, el gobernador Melchor de Navarreta, el ingeniero Carlos de Noux, el comandante Pedro Casellas, el ayudante mayor Francisco Piñeiro, los capitanes Pedro Mur, Nicolás Carrillo, Lorenzo Alderete, Miguel Pedrol, Juan Jordán, Félix Celdrán, Bernardo Fuentes, Francisco Obando, Baltasar de Ortega, el edecán Manuel Briceño, los tenientes José Campuzano, Joaquín Andrade, Carlos Gil Frontín, Jerónimo Loayzaga, Manuel Moreno y E. Conni y el vecino Andrés de Madariaga. De Londres enviaron, creyendo asegurada la toma de Cartagena, un variado surtido de medallas conmemorativas, en las cuales se exaltaba la supuesta victoria, con frases elogiosas para los imaginarios vencedores y ridiculizantes de Eslava y Lezo. Triste despertar de un sueño ilusorio.

Monumento d Blas de Lezo, frente al castillo de San Luis

Los acontecimientos políticos y militares que se sucedían en Europa tenían necesaria repercusión en la América. Napoleón había cambiado la división política del Viejo Mundo en los quince primeros años del siglo XIX. España estuvo a punto de sucumbir. Las posesiones españolas, inspiradas por un sentimiento de lealtad a su metrópoli, se alistaron para la defensa. Pero mal comprendidas en la Península, intuyeron que había llegado la hora de constituirse en estados libres e independientes y surgió así la prolongada guerra de emancipación Cartagena realiza entonces la parte más gloriosa de su historia. Se declara independiente, se constituye en estado libre y adelanta campañas llenas de gloria y heroísmo, como la de la reconquista de Venezuela bajo el mando de Simón Bolívar y la resistencia al Pacificador Pablo Morillo en 1815. Se defiende denodadamente hasta el límite de la resistencia humana, agotando cuantos recursos le fue posible obtener y, antes que rendirse o capitular, se embarcan sus defensores en los pocos navios con que contaban, y pasando a velas desplegadas por en medio de la escuadra española, partieron el exilio llevando las banderas de la libertad, para regresar vencedores a recuperar la ciudad y entrar triunfantes en ella el 10 de octubre de 1821, después de conceder una honrosa capitulación al gobernador español Gabriel de Torres.

Muchos de sus hijos prosiguieron tras el penacho blanco del Libertador Simón Bolívar, oyendo las dianas victoriosas de Pantano de Vargas, Boyacá, Carabobo segundo, Pichincha, Junín, batalla naval del Lago de Maracaibo y Ayacucho. Ninguna otra ciudad de América ha hecho tanta historia como ella, ni ha padecido más que ella por la causa de la independencia y la libertad. Los sufrimientos, la miseria, los sacrificios, la despoblación y la muerte han sido ofrendas en los altares de la patria, soportadas con decisión, entereza y constancia. Bolívar, cambiándole los títulos de muy noble y muy leal que le otorgara Felipe II, dijo: "Salve Cartagena Redentora", y la apellidó "Heroica".

Ahora, Cartagena, bajo el tricolor colombiano y persuadida de que sólo la democracia es fuente de bienestar para las naciones, libra las campañas del trabajo, ufana y confiada en su porvenir.

Ha desbordado los viejos muros que la Circundan y se extiende con ritmo acelerado por la campiña circundante en nuevos barrios industriales y residenciales, para albergar una población que en breve superará el medio millón. Las fábricas más variadas en ella hallan favorable acogida, el mar la provee de toda clase de productos agrícolas o fabriles y la navegación aérea la mantiene en comunicación con el mundo entero con la brevedad del sonido. Edificaciones modernas la embellecen y a la sombra de la paz y de la libertad va triunfadora hacia el porvenir.


miércoles, 29 de abril de 2026

Asiria: La tecnología de buceo desarrollada por esta civilización

Buceadores asirios



Una simulación generada por IA de un mural asirio de Mesopotamia de 3000 años de antigüedad, exhibido en el Museo Británico, revela cómo los soldados asirios usaban pieles de animales como bolsas de cuero inflables, lo que les permitía nadar largas distancias a través de los ríos. Esta ingeniosa proeza sirvió como un salvavidas en la antigüedad, permitiendo a los soldados asirios evadir la captura durante las campañas militares contra los enemigos. El mural muestra las primeras innovaciones y el ingenio estratégico de una de las civilizaciones más poderosas del mundo antiguo: la civilización asiria.


martes, 28 de abril de 2026

Roma: Lograr la ciudadanía romana

Lograr la ciudadanía romana





Los auxiliares romanos, tropas no ciudadanas (peregrini), obtenían la ciudadanía romana tras licenciarse, generalmente después de 25 años de servicio en el ejército. Esta concesión, consolidada en el siglo I d.C., incluía a sus hijos y esposas, siendo acreditada con un diploma de bronce (diplomata) que les confería plenos derechos. 
Aspectos clave de la ciudadanía en los auxiliares:
Proceso de obtención: Al completar su servicio, recibían la ciudadanía como recompensa por su lealtad y contribución a la romanización.
Diploma Militar: Se les otorgaban dos láminas de bronce que constituían el documento oficial de su estatus de ciudadanos.
Alcance familiar: La ciudadanía se extendía a los hijos nacidos durante el servicio y, en muchos casos, legalizaba matrimonios con mujeres locales.
Beneficios: Al retirarse, pasaban de ser peregrini (extranjeros) a cives (ciudadanos), lo que permitía a sus descendientes alistarse en las legiones.
Contexto: Eran vitales para la defensa, especializados en tareas como caballería o arquería, y provenían de diversas provincias del imperio. 
Esta política fue fundamental para integrar a las élites provinciales y asegurar la lealtad de las tropas no romanas a lo largo de los siglos I al III d.C.. 
— Con todo la mayor recompensa que recibía un auxiliar era la concesión de la ciudadanía romana junto con su estipendio al jubilarse. Una importante cantidad paga
Fuente :
Forgotten Heroes: The Story of the Roman Auxiliares.
The Vital Role of the Auxiliaries in the Roman Army 

domingo, 26 de abril de 2026

Guerra del Paraguay: La histórica defensa de Corrientes

Una histórica defensa

Revista GUARDACOSTA

 

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor:prefecto principal Andrés Rene Rousseaux

La contienda armada que sostenía la República Oriental del Uruguay con el Imperio del Brasil, había producido la ruptura de relaciones entre el Paraguay y Brasil, por pretender el Presidente del Paraguay Mariscal López ser el arbitro de los destinos de las Repúblicas del Plata. Esta ruptura de relaciones trajo aparejada la suspensión total de la navegación fluvial que mantenía el Paraguay con Buenos Aires y Montevideo, principalmente el servicio de vapores del estado que regularmente hacían el tráfico de carga y pasajeros.

La suspensión de la navegación, produjo cierta alarma en las ciudades ribereñas, en especial la de Corrientes que por su ubicación estratégica y cercana al Paraguay la hacía objetivo de un potencial ataque por parte del Paraguay, pero ni el gobierno nacional como las autoridades locales sospechaban que podría concretarse tal ataque.

Como medida preventiva el gobierno nacional destacó el "25 de Mayo" como buque de estación en el Puerto de Corrientes, donde arribara el 10 de mayo de 1864 y en febrero de 1865 el vapor "Gualeguay" al mando del Sargento Mayor Lino D. Neves.

El "25 de Mayo" se fondeó en la boca del Arroyo "Arazá", en lo que hoy es Paseo Mitre; y el "Gualeguay", el cual debía ser sometido a importantes reparaciones de su casco con el propósito de alistarlo para una futura expedición al Chaco fue amarrado a los fondos de la casa de los Roibon por estar el río crecido (hoy prolongación de la calle San Juan) y donde Federico Roibon (2) tenía un taller de reparaciones navales y a cuyo cargo estarían los trabajos en su casco.

Transcurría plácidamente la vida de la Ciudad de Corrientes en abril de 1865, las fuerzas armadas a cargo del orden público era de 27 soldados y dos clases (Suboficiales) estando a cargo de la vigilancia del Río y la seguridad del Puerto de la entonces Capitanía del Puerto (1) cuyo Jefe era el Mayor Don Guillermo Federico Baez (3) con una dotación de 6/7 marineros para cumplir las misiones asignadas, teniendo su asiento, en unos precarios edificios que se alzaban en la Punta San Sebastián o de La Casilla, nombre éste que recibía justamente por la existencia de la "casilla de la Capitanía", y en cuyo lugar, además, existían desde 1811 una batería de pequeños cañones para la defensa del puerto, conocida como "Batería de la Bella Vista", teniendo también un "puesto" de guardia o vigilancia que es conocido por la tradición popular con el nombre de la "Casillita" que se encontraba ubicado en la prolongación de la calle Mendoza y el río.


Fotografía de alrededor de 1930 —de izquierda a derecha— casa de la Familia Gallino construida alrededor de 1850, fue ocupada en 1914 por la Subprefectura de Corrientes. Al centro con rejas —casa de la Familia Pigretti— en 1865 esta casa no existía siendo un terreno baldío —en 1914 fue ocupada por la Aduana—. A la derecha —se-midestruida— casa paterna de la Familia Roibon cuya propietaria testamentaria fue Doña Petrona Sotomayor, y donde viviera posteriormente el Capitán Enrique Roibon —esta casa fue construida alrededor de 1820—. Estas viviendas tenían su frente sobre la calle Sud America (hoy Plácido Martínez) entre San Juan y La Rioja —actuales—. Sus fondos daban al Río Paraná lugar donde el Capitán del Puerto (1865) Federico Baez con los marineros de la Capitanía resistió el ataque de los paraguayos cuando intentaron abordar el "Gualeguay" que se hallaban en reparaciones en el Taller Naval de Federico Roibon ubicado sobre la orilla del río a los fondos de la casa de sus mayores (ver fotocopia carta adjunta presente trabajo). Todas estas propiedades fueron demolidas al efectuarse el remodelado del Puerto de Corrientes entre 1940/42. Hoy el lugar está ocupado por la Plazoleta Almirante Brown. (Fotografía de la Colección del Señor Enrique Ángel Ferreyra).

El "Gualeguay" estaba en reparaciones y el "25 de Mayo" a medio desarme, ambos buques con sus calderas apagadas, por lo cual el Comandante del "Gualeguay" Sargento Mayor Neves había ocupado para él y su tripulación varias casas ubicadas en la calle Sud America (hoy Plácido Martínez) 72-74 y 76 —entre San Juan y Mendoza—.

Con los buques en esa situación llegamos al 13 de abril de 1865 (Jueves Santos). La grey católica se aprestaba a concurrir a los actos litúrgicos en los distintos templos de la ciudad, propios de la fecha, los operarios que se encontraban afectados a la reparación del "Gualeguay", estaban deliberando si suspendían las tareas o las continuaban después del "luto del día".

El Comandante del "25 de Mayo" había pernoctado en la casa que ocupaba el Comandante del "Gualeguay" Sud América 74 (hoy Placido Martínez) y con quien tomaba mate y otras personas de la amistad de ambos; de improviso surgid una voz de "alerta" desde el "Gualeguay" informando haber avistado una flotilla de vapores en "linea de fila" hacia el riacho "El Ancho", izando el "25 de Mayo" una señal en su trinquete para llamar al Comandante "a bordo', destacando un bote a tierra para embarcarlo.

Abría la marcha el "Tacuary", donde tenía su insignia el Jefe de la escuadra, lo seguía el "Igurey" - "Paraguary" -"Marques de Olinda" y cerraba la marcha el "Ypora", no llevando los buques su insignia nacional izada, no exteriorizando su nacionalidad como es de práctica, no obstante los buques de guerra argentinos los saludaron izando sus pabellones a pesar de no ser la hora reglamentaria de hacerlo, dado que eran aproximadamente las 6,30 am.

Los buques desfilaron frente al puerto, en el orden mencionado alterando la tranquila mañana con el retumbar de sus ruedas motrices sobre las aguas del Paraná, atrayendo a un considerable número de vecinos que se hacían toda clase de conjeturas sobre el destino y propósito del inusual despliegue de fuerzas, continuando su travesía hacia el sur.

Los curiosos se retiraron, los mismos tripulantes del "Gualeguay" y "25 de Mayo" que habían estado en "alerta" se retiraron a distintas actividades de rutina de a bordo.

Los buques paraguayos a la altura de la "cancha de la Palomera" viraron imprevistamente hacia el Puerto de Corrientes, haciendo su navegación "recostados a la costa correntina" para evitar ser vistos de la ciudad, dado que las "Puntas Arazaty" y "San Sebastian" los ocultaban navegando de esta manera, modificando su dispositivo de marcha para efectuar el ataque previsto.


Ensenada de "San Sebastián" —entre la punta homónima y actual muelle del Puerto de Corrientes— año 1900. En este lugar hacia derecha de la foto, sobre la costa del río y a los fondos de la propiedad de la familia Roibon (entre Calles San Juan y La Rioja actuales) se encontraba el 13 de abril de 1865 amarrado en reparaciones el Vapor "Gualeguay" cuando fuera atacado por la flota paraguaya. En la foto se puede observar la operación de "tirar a tierra" la lancha a vapor por parte de marineros de la entonces Subprefectura de Corrientes. (Fotografía de la colección del señor Enrique Ángel Ferreyra

Se organizaron en dos grupos, el primero formado por "Paraguary" e "Ygurey", teniendo como reserva el "Tacuarí", el segundo formado por el '"Marques de Olinda" y el "Ypora" como reserva.

Habían transcurrido cuarenta y cinco minutos desde que los buques habían cruzado "aguas abajo", cuando son nuevamente avistados por las tripulaciones del "Gualeguay" y del "25 de Mayo" cuando éstos salen "de atrás" (válgame el término) de la Punta San Sebastian que los mantenía ocultos, siendo el personal de la "Capitanía del Puerto" los primeros en verlos dada la posición donde estaban apostados (recordemos que la Capitanía tenía su asiento en la Punta San Sebastián o de la Casilla) dando el "alerta" al "Gualeguay" que se hallaba a unos 560 metros de la "punta" hacia el puerto e inmediatamente al "25 de Mayo" que estaba a unos 840 metros del mismo sitio.

El primer grupo de buques paraguayos se dirigió sobre el "25 de Mayo", flanqueándolo por ambas bandas el "Ygurey" y "Paraguary", haciendo la dotación de ambos buques cerrada descarga de fusilería sobre el indefenso buque argentino, siendo la primera víctima el centinela del puente de mando, pasando los atacantes de inmediato "al abordaje" y en una lucha desigual el combate finalizó en pocos minutos, siendo dominada la tripulación defensora, que fue hecha prisionera quedando el buque argentino en poder del invasor.

Algunos marineros que se arrojaron al agua fueron muertos mientras nadaban para alcanzar la costa segura por tripulantes de varios botes del "Tacuarí", que mientras se consumaba el ataque al "25 de Mayo", bombardeó la ciudad, causando daños en la iglesia Matriz, casa de la familia Latorre y otras vecinas.

El segundo grupo de buques atacantes ("Marques de Olinda" e "Ypora") este último como reserva, atacaron resueltamente al "Gualeguay" que como hemos visto se "hallaba en compostura" —amarrado a planchada a la costa— en el taller naval de Federico Roibon, con escasa tripulación a bordo, por encontrarse la mayoría "en tierra" por los trabajos que se estaban efectuando al buque.

El "Marques de Olinda" se mantuvo a distancia del "Gualeguay", haciendo la infantería embarcada en él (más de 600 infantes) descargas cerrada de fusil sobre el inmóvil "Gualeguay".

Los pocos tripulantes del buque argentino, reaccionaron decididamente, pese a la sorpresa, contestando el fuego del buque paraguayo, siendo apoyados desde tierra (entre los arbustos y peñascos de la costa), por los pocos marineros de la Capitanía del Puerto que, al mando de su bravo Jefe, Mayor Federico Baez acompañado del Coronel Fermín Alsina, se habían desplazado desde la 'Punta San Sebastian" hasta los fondos de las casas de las familias Roibon y Gallino, a los cuales se les sumaron unos pocos voluntarios civiles, combatiendo al atacante, cuarenta veces más numerosos.

Mientras se desarrollaba el desigual combate los pequeños cañoncitos de la batería "Bella Vista" que está emplazada en la Punta San Sebastián, servidos por hombres de la Capitanía hacían fuego esporádicamente sobre los buques paraguayos, siendo el tiro más simbólico que efectivo dado que los cañones eran de escaso calibre y corto alcance, sobre buques de moderna construcción para la época; destacando el jefe paraguayo el "Ypora", para que anclara frente al "Punta", para silenciar la batería y mantenerse "en observación".

La heroica resistencia de la tripulación del "Gualeguay" al mando del Subteniente Federico Ramírez y el Coronel Desiderio Sosa que circunstancialmente se encontraba a bordo, más la estoica ayuda que desde tierra le daba el Mayor Baez y los hombres de la Capitanía, no fue impedimento para que el "Marques de Olinda" tomara "a remolque" al "Gualeguay" después de cortar sus amarras de tierra, a pesar de haber sido rechazadas en varias ocasiones las dotaciones que se destacaron para este fin en botes a la costa, llevando su presa al igual que el "25 de Mayo" que también había sucumbido, hacia aguas del Paraguay.

El "Gualeguay'* permaneció en manos de los paraguayos hasta el 16 de abril de 1866 en que fuera recuperado por las fuerzas aliadas, mientras que el "25 de Mayo" fue echado a pique en noviembre de 1867 estando al servicio del ejército paraguayo.

El ataque dejó consternado al pueblo de Corrientes, por lo inesperado y sorpresivo del mismo, produciendo inmediata reacción con la formación del "Batallón Correntino".

Hasta aquí lo sucedido el 13 de abril de 1865, dado que no es intención de este trabajo analizar e historiar las causas y posterior desarrollo de lo que se denominó la "Guerra de la Triple Alianza", sino la actuación destacadísima que le cupo a la entonces "Capitanía del Puerto", cuyo personal al mando de su Jefe, Mayor Federico Baez, fue junto a las tripulaciones de los buques argentinos la única fuerza organizada que opuso una heroica y tenaz resistencia al ataque de los buques paraguayos, dificultando con su acción el apresamiento fácil de los buques, en especial el "Gualeguay".

Este hecho, poco conocido, para la mayoría del público y de los hombres de la Prefectura, es uno de los muchos que jalonan la larga y rica historia de una de las Instituciones más vieja que tiene la República, la hoy Prefectura Naval Argentina y que es nuestra oblgación hacer conocer.


Vista más antigua que se conoce del Puerto de Corrientes, realizada en base a una litografía de William Gore Ouseley del año 1846 .

Aclaraciones y Referencias Biográficas


1 Capitanía, del Puerto-denominación de la época de la actual Prefectura Naval Argentina.

2 Federico, Roibon: Nacido en Corrientes - hijo de José Roibon y Petrona Sotomayor, cursó sus estudios en la Escuela Politécnica del Havre (Francia), de regreso al país se radicó en su ciudad natal donde tenía un astillero sobre la margen del Río Paraná, a los fondos de la casa paterna (entre calles San Juan y La Rioja aproximadamente en la actualidad) donde se reparaban embarcaciones entre ellas el "Gualeguay" y se construyeron balsas para el cruce del rio por parte del ejército de la Triple Alianza (ver carta adjunta). Fue Oficial del Ejército Nacional durante la Guerra del Paraguay. Jefe de escuadrilla de la expedición al Bermejo de 1879 a órdenes del General Victorica. Posteriormente fue Comandante del Navio de Guerra "Azopardo" donde alcanzó el grado de Teniente-de Navio. Fue elegido dos veces Diputado en su provincia. Falleció el 10 de diciembre de 1914, siendo sepultado en el Cementerio de Corrientes con los honores del Cuerpo de Bomberos como homenaje del Gobierno de la Provincia y del Regimiento 9 de Infantería de Línea por haber pertenecido al Ejército y la Marina respectivamente.

3 Mayor Don Guillermo Federico Baez: Nació el 7 de septiembre de 1810 en Comente». Comenzó su carrera militar en la Guerra con el Brasil alcanzando el 15 de julio de 1828 el grado de Alférez de Caballería de Línea. Participó en las luchas civiles en el bando unitario, causa por la cual Rosas lo dicT de baja de las filas del ejército. Emigró a Montevideo donde participó en su defensa. Tomó parte de la Batalla de Caaguazú a órdenes del General Paz en la cual comandó la Cuarta División de Caballería del ala derecha. Disuelto el ejército de Paz regresó a Montevideo tomando parte de los combates de Salto y San Antonio donde se destacó, contra fuerzas de Rosas. El 5 de octubre de 1847 fue nombrado Jefe de la Plaza sitiada (Montevideo). Levantado el sitio se alistó en el ejército del General Urquiza, con quien participó en la Batalla de Caseros (3 de febrero de 1852) continuando a ordenes de su jefe quien lo honró con comisiones de confianza, ante el Gobierno de Buenos Aires. Posteriormente fue designado Jefe de la Capitanía del Puerto de Corrientes (1) a cuyo cargo estaba cuando el ataque de los paraguayos a la ciudad homónima el 13 de abril de 1865, teniendo una destacada actuación al frente de sus marineros en la heroica defensa de los buques "Gualeguay' y "25 de Mayo" pese a la superioridad numérica de las fuerzas paraguayas. Solicitó ser relevado del cargo (Capitán del Puerto) para alistarse en el ejército aliado teniendo una destacada actuación en el Combate de Tuyuti (3 de noviembre de 1867). En 1869 fue designado por el General Mitre para cumplir una misión en el interior del Paraguay para rescatar prisioneros aliados en poder de los paraguayos, la cual cumplió brillantemente. Falleció en Buenos Aires el 14 de agosto de 1879, habiendo alcanzado el grado de Coronel del Ejército Nacional.

Bibliografía Consultada:


  • ANALES DE LA MARINA DE GUERRA - Capítulo XV - Buque Gualeguay.
  • UDAONDO, Enrique: Diccionario Biográfico Argentino edición 1938.
  • FERREYRA, Enrique Ángel: Fotografías de su colección.

viernes, 24 de abril de 2026

JAR: Charla con un marinero en la BNPB

Roca en Puerto Belgrano y la charla con un marinero del Garibaldi 

Caras y Caretas


Cuando finalizó la ceremonia, sin más solemnidades que la referida, el ingeniero Luiggi distribuyó ejemplares de la artística medalla conmemorativa, y se dirigieron todos á la «Sarmiento» y luego á Bahía Blanca para revistar el cuerpo de artillería montada, poniéndose después en marcha para la capital á las 4 de la tarde. 


LA MEDALLA CONMEMORATIVA DE LA INAUGURACIÓN DEL PUERTO MILITAR.

Por la mañana había tenido lugar, al mismo tiempo que la entrada del Presidente al «Garibaldi», el embarque en la bombardera «Bermejo», de los reservistas del 78 y 79 que terminaron su período de servicio en la jefatura del puerto y en la artillería de costas. Un marinero de tantos, que «había oído de-


UNA INTERESANTE CONFERENCIA DEL GENERAL ROCA Á BORDO DEL «GARIBALDI»

cir que al Presidente le gustaba atender á los pobres,» se acercó entre cohibido y resuelto dando lugar á este diálogo pescado en el aire:

 —«Buen día, señor».
—«Qué dice»
—¿Me han hecho una injusticia, señor. No me dan pasaje pá volver después de la baja.»
—«Ah, sí...? (dirigiéndose al coronel Betbeder): el señor Ministro tomará nota; andate tranquilo...
—¡Señor!
—¡Eh?
—Y no me da un peso?..» 
Con una sonrisa indefinible el general echó mano á la reserva y estuvo generoso, lo que



REVERSO DE LA MEDALLA CONMEMORATIVA

jueves, 23 de abril de 2026

Conquista del desierto: Cuadro La Batalla de San Carlos de Bolívar o Pichi Carhué




La Batalla de San Carlos de Bolívar o Pichi Carhué, la Más importante de la Conquista del Desierto, que consolido la soberanía argentina sobre las Pampas y posteriormente la Patagonia. Acontecida un dia como hoy en 1872. Obra de Augusto Gómez Romero