Tras la finalización de la Primera Guerra Mundial los japoneses querían tener una flota de 16 unidades principales, que contaban con 8 acorazados y 8 Cruceros de Batalla.

El resultado de la Guerra del Pacífico (1879-1884) entre Chile y Perú (junto con Bolivia) estuvo influenciado por una combinación de factores, incluidos los errores estratégicos cometidos por las fuerzas peruanas y bolivianas. Estos son algunos errores estratégicos clave cometidos por Perú durante el conflicto:
1. Falta de preparación naval: Perú subestimó la importancia del poder naval en la guerra. La Armada de Chile estaba mejor preparada y contaba con una flota más moderna, incluidos buques de guerra acorazados. Perú no fortificó adecuadamente sus puertos ni modernizó sus fuerzas navales, dejándolo vulnerable al dominio naval chileno.
2. Exceso de confianza: Perú y Bolivia pueden haber tenido un exceso de confianza en sus capacidades militares. Bolivia, en particular, creía que su aliado, Perú, brindaría un apoyo sustancial. Sin embargo, este apoyo fue a menudo insuficiente en la práctica.
3. Fracaso en asegurar la cooperación boliviana: Perú y Bolivia fueron aliados en la guerra contra Chile, pero a veces faltaba su cooperación. Los esfuerzos de Bolivia se concentraron principalmente en el teatro norte del conflicto, mientras que Perú enfrentó la peor parte de la ofensiva chilena en el sur. La falta de una estrategia coordinada debilitó sus esfuerzos combinados.
4. Desafíos logísticos: Perú enfrentó desafíos logísticos significativos en el suministro de sus tropas, particularmente en el árido y desolado teatro de guerra del sur. Chile controlaba el mar, lo que dificultaba que Perú transportara tropas y suministros por mar.
5. Falta de apoyo internacional: Perú y Bolivia esperaban más apoyo internacional en su conflicto con Chile, pero este apoyo fue limitado. Chile, por otro lado, tuvo más éxito diplomático y aseguró armas y financiamiento de fuentes extranjeras.
6. Pérdida de batallas clave: Perú sufrió derrotas significativas en batallas clave, como la Batalla de Tacna y la Batalla de Arica, que debilitaron su posición y control sobre territorios clave en el sur de Perú. Estas derrotas permitieron a Chile ejercer control sobre valiosos recursos y territorio.
7. Política Interna y Liderazgo: Perú experimentó inestabilidad política durante la guerra, con cambios en el liderazgo que afectaron su estrategia militar. Los frecuentes cambios de mando y las rivalidades políticas entre los líderes peruanos interrumpieron la cadena de mando y la implementación de la estrategia.
8. Tensión económica: El conflicto prolongado tensó la economía de Perú, lo que dificultó sostener el esfuerzo bélico. Chile, con su acceso más amplio a los mercados internacionales, disponía de mayores recursos económicos.
9. Sitio de Lima: La captura y sitio de Lima, la capital de Perú, por parte de Chile en 1881, fue un punto de inflexión significativo en la guerra. Condujo a la captura de importantes líderes políticos y militares, lo que debilitó aún más la capacidad de resistencia de Perú.
10. Fin de la alianza: Eventualmente, Bolivia y Perú terminaron su alianza, lo que llevó a acuerdos de paz separados con Chile. Esto aisló aún más a Perú y limitó su capacidad para continuar el conflicto.
La Guerra del Pacífico fue un conflicto complejo y multifacético influenciado por varios factores, incluida la estrategia militar, la diplomacia, la logística y el liderazgo. Si bien los errores estratégicos fueron ciertamente un factor en la derrota de Perú, es importante reconocer que la guerra tuvo dimensiones geopolíticas y económicas más amplias que contribuyeron a su resultado.
Frente a los depredadores alemanes y sus emboscadas nocturnas, los líderes británicos se vieron obligados, tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial, a desempolvar métodos navales que en el pasado habían desdeñado. Los británicos estudiaron a fondo y hasta adaptaron el sistema de convoyes puesto en marcha por Felipe II, en otro tiempo su más mortal enemigo, para conseguir que la Flota de Indias no fuera alcanzada por los piratas. «Recurrir a los convoyes de buques mercantes protegidos por navíos de guerra fue la solución anglosajona al cruce del Atlántico durante la guerra para paliar los efectos de los submarinos alemanes. El caso español un precedente clarísimo y eficaz. Por eso no se olvidó», recuerda Enrique Martínez Ruiz, dos veces ganador del Premio Nacional de Historia, que acaba de publicar 'Las flotas de Indias' (La Esfera de los libros).
Este monumental libro analiza los entresijos del sistema de la Flota de Indias, que estuvo vigente durante casi dos siglos y medio en los que demostró su efectividad y se elevó como uno de los grandes hitos logísticos de su tiempo. El trayecto, que se efectuaba dos veces al año, tenía como punto de partida Sanlúcar de Barrameda, donde la flota realizaba las últimas inspecciones, y desde allí partía hacia La Gomera, en las islas Canarias. Tras la aguada (recoger agua en tierra), la escuadra conformada por unas 30 barcos navegaba entre veinte y treinta días, en función de las condiciones climáticas, hasta las islas Dominica o Martinica (Centroamérica) donde se reponían los suministros. Desde allí cada barco se repartía hacia su puerto de destino. Luego, tocaba hacer el trayecto inverso.
El objetivo era que ningún barco se desviara de su rumbo y que las grandes remesas de plata y oro cruzaran intactas el Atlántico. Para ello fue necesario una estructura «única en el mundo» y si se quiere «revolucionaria», solo al alcance de una potencia de la envergadura de España. «Cuando hablamos de las Flotas de Indias tenemos que pensar no solo en la organización naval de los viajes de ida y vuelta, sino también en la infraestructura que organizaba, desarrollaba, mantenía y protegía el funcionamiento de las flotas. Una organización compleja, que exigía infraestructura comercial, construcción de naves, redes logísticas de aprovisionamiento, puertos adecuados para las escalas, armadas protectoras de los galeones y ciudades y fortificaciones para rechazar los ataques enemigos», apunta Martínez Ruiz.
–Aparte de las cuestiones tácticas y estratégicas, se necesitaba una constante reinvención tecnológica. ¿Cómo fue capaz España, que se suele tildar de decadente, de mantener un ritmo tecnológico así durante el reinado de los Austrias?
–Estamos ante otro de los infundios que con frecuencia se lanza sobre la ciencia española, de la que se destaca su atraso debido, sobre todo, a un dogmatismo intolerante y a un inmovilismo persistente. Se desconsidera que un despliegue territorial como el de la Monarquía Hispánica solo se puede mantener con los recursos y los medios adecuados y la ciencia y la tecnología son dos de ellos. Por lo pronto, la construcción naval española era de lo más avanzado en Europa en la era de los descubrimientos. Los tratados españoles de navegación tuvieron amplia difusión en Europa, la producción cartográfica era puntera en su tiempo e institucionalmente, la Casa de la Contratación es más que un centro de contratación comercial: organiza y controla las flotas, recibe y procesa la información que dan los pilotos a su regreso de los viajes, tiene una 'escuela de pilotos'; cartógrafos, cosmógrafos, etc. que trabajan en ella. Es un centro polivalente, clave en la navegación y solo comprable a la Casa da India portuguesa, los dos centros más avanzados en la navegación y el comercio durante mucho tiempo en Europa.
–Uno de los mitos clásicos es que la piratería británica fue el azote de los barcos españoles, ¿fueron las flotas de Indias una estrategia eficaz contra estos ataques?
–La piratería no solo fue inglesa, también fue francesa y holandesa, aunque los piratas ingleses, los «perros de la reina», tal vez, fueran los más famosos, con personajes como Drake y Hawkins. Si tenemos en cuenta que solo fue capturada una Flota, en Matanzas (Cuba, 1628) por una flota holandesa muy superior, tendremos que admitir que fue una estrategia eficaz, pues la piratería lo más que podía hacer era capturar algún barco aislado y ataques sorpresa a poblaciones costeras. Respecto a su actividad, un viejo y admirado maestro dijo que la piratería significó para la Monarquía Hispánica lo que los mosquitos en la piel de un elefante. Desde mi punto de vista, fueron sus ataques a ciudades más duros y trágicos que a las Flotas o a la navegación española en general.
–La literatura ha terminado por romantizar los ataques piratas como la reacción lógica (liberal) y necesaria contra el monopolio español en América. ¿Impuso España una estructura monopolística perjudicial para el comercio mundial?
–A los piratas, como a los corsarios y filibusteros les rodea una leyenda mítica, que le confiere un aura heroica a muchos personajes, que se presentan como símbolos de la resistencia al poderoso, valentía y abnegación, olvidando sus rasgos negativos y el rechazo que provocaron de manera generaliza hasta desaparecer en las primeras décadas del siglo XVIII. En ese tiempo, España se esforzó en mantener el comercio con América y Filipinas en régimen de monopolio, una estructura que no perjudicó el comercio mundial, pues siguió existiendo y desarrollándose; en todo caso, sería perjudicial para los intereses de las otras potencias, celosas del protagonismo español en este sentido.
–¿Era tan profunda la dependencia económica desarrollada por la Monarquía católica por esas remesas de oro y plata americanos?
–Evidentemente, la Corona necesitó los metales americanos para mantener su aparato administrativo, diplomático y militar, pues sus posesiones estaban repartidas por las cuatro partes del mundo entonces conocidas y las necesidades defensivas era grandes. Todo ello suponía un costo elevado, que hizo quebrar la Hacienda real en varias ocasiones, sucediéndose las bancarrotas. Por eso se ha dicho y repetido que España dilapidó esa fortuna en el mantenimiento de unas guerras inútiles, que la condujeron a su ruina.
–¿Por qué España no aprovechó su dominio comercial para desarrollar una marina mercante poderosa?
–Yo sí creo que desarrolló una marina mercante poderosa y cualquiera que lea este libro pienso que llegará a la misma conclusión. Se mantiene un nexo comercial durante más de dos siglos gracias a las Flotas de Indias y al Galeón de Manila, que comunicaba Manila (Filipinas) con Acapulco (México), continuaba por tierra hasta Veracruz (México) y seguía por mar hasta La Habana (Cuba), a donde llegaban los galeones de Tierra Firme desde Cartagena de Indias (Colombia) para continuar hasta Sevilla, en España. Eso exigía no solo unos recursos navales considerables, sino también disponer de unas armadas protectoras y a todo ello hay que añadir el despliegue en el Mediterráneo. Sí creo que España tuvo una marina mercante poderosa, pero tuvo que competir con otros despliegues navales tan considerables como el británico y el holandés y en el enfrentamiento, estos no tenían que proteger un dispositivo territorial tan extenso ni unas relaciones comerciales navales tan considerables como la española, que puede competir con ellos hasta el siglo XVIII.
–Hablar del comercio de metales desde América resulta peligroso en estos tiempos de corrección política. ¿Dónde han quedado los tiempos de celebrar el encuentro cultural y el intercambio?
–La Historia se manipula con demasiada frecuencia por la política, las frustraciones y el resentimiento, como si de esa forma se pudiera cambiar el pasado, convirtiendo el discurso histórico en una especie de engaña-bobos. Estamos en uno de esos periodos, en el que la negación o el silencio se impone para no herir sensibilidades de otros, sin importar que resulte herida la nuestra.

La batalla de Turnham Green



