Campaña al Chaco (1870/1917)
A fines del siglo XIX, la región
comprendida entre los ríos Pilcomayo, Paraguay, Paraná y Salado
(conocida como el Gran Chaco), se hallaba habitada por diversos pueblos
indígenas pertenecientes a las etnias de los guaycurúes (pilagaes, tobas
y mocovíes), de los mataco-mataguayos (wichís, chorotes y chulupíes) y de las tribus tonocotés, tapietés, chanés y chiriguanos,
que mantenían una ancestral disputa con el hombre blanco por la
posesión de las tierras que habitaban, rechazando todo intento
civilizador y dominando por el terror esos vastos territorios, mediante
violentas acciones llevadas a cabo por las tribus más belícosas, que con
sus correrías y asaltos a poblados, guarniciones militares y
establecimientos de campo, mantenían en permanente zozobra a los
pobladores, impidiendo la colonización de esas tierras.
Decidido a poner fin a esta situación,
el gobierno argentino decidió la ocupación militar del Chaco Central y
Austral, un enorme territorio que comienza en el norte de Santa Fe, se
extiende por el noreste de Santiago del Estero, el noreste de Salta y
las actuales provincias de Chaco y Formosa. Se la denomina Chaco
Austral, por oposición al Chaco Boreal o Paraguayo y su voz proviene de
la voz quechua “Chacu”, que significa “cacería” o “lugar propicio para
la caza”.
La primera expedición militar organizada
expresamente para ejercer el pleno dominio soberano sobre esos
territorios, cruelmente asolados por los aborígenes de la región, se
realizó en 1970, al finalizar la guerra con Paraguay y concluyó en 1917,
cuando se dio por finalizada la misma, habiéndose logrado el objetivo
perseguido, pacificando a las tribus beligerantes
Antecedentes
Entre mediados del siglo XVII, durante la época de la
conquista emprendida por la corona española, hasta 1872, ya durante el
ejercicio de la soberanía de esos territorios por parte del Gobierno
Nacional Argentino, se firmaron nueve tratados de paz con los indígenas y
todos fueron solamente papeles sin valor, pues, ya sea por la
mendacidad de las autoridades nacionales, o por la intransigencia o
desconfianza de los aborígenes, ninguno de ellos, tuvo un efecto muy
duradero. Ellos fueron:
- 1662: Tratado de paz entre los indios tocagües y vilos y Santa Fe
- 1710: Tratado entre el gobernador URIZAR y los malbalaes
- 17??: Tratado entre el gobernador URIZAR y los lules
- 1774: Tratado de paz entre el gobernador MATORRAS y Paykin
- 1822: Tratado de paz entre Corrientes y los abipones
- 1824: Acuerdo perpetuo entre Corrientes y los abipones
- 1825: Tratado de paz entre Corrientes y los indígenas chaqueños
- 1864: Convenio entre el gobernador correntino FERRÉ y los caciques chaqueños
- 1872: Tratado de paz entre el Gobierno Nacional y el cacique CHANGALLO CHICO
- 1875: Tratado de paz entre el Gobierno Nacional y el cacique LEONCITO
Solamente la creación del primer Cuerpo
de Blandengues de la frontera de Santa Fe (1724/1726), prácticamente
puso fin por un largo período, a la presión de las tribus chaqueñas
sobre esa castigada ciudad y desplaza los malones hacia otras
poblaciones limítrofes, donde continúan con sus actos de vandalismo
recibiendo la consecuente réplica por parte de las milicias locales.
Transcurren así poco más de 56 años
(1724/1780), de acción y reacción, de ataques y contraataques,
caracterizados por las operaciones de represión contra un enemigo
escurridizo, limitado en sus correrías al sector comprendido entre el
río Paraná y las estribaciones cordilleranas andinas y en medio de un
cerco, cada vez más denso, de fortines, guardias, misiones, reducciones y
poblados.
Los primeros proyectos de actividades
militares ofensivas en estas tierras, reconocen como antecedente, la
política enunciada en 1679 por el virreinato del Perú, cuando propuso a
las fuerzas españolas asentadas en Buenos Aires, Tucumán y Asunción,
actuar en conjunto contra los bastiones aborígenes. La idea se concreta
con el inmediato apoyo que brinda el gobernador de Buenos Aires, BRUNO
MAURICIO DE ZABALA, quien comisiona al Maestre de Campo FRANCISCO JAVIER
ECHAGÜE a “entrar” al Chaco, quien culmina su acción con la primera
paz que se acuerda con los belicosos abipones y mocovíes en 1729 (“Paz
de Echagüe”).
Rápidamente los colonos fueron
animándose a marchar hacia esas tierras ahora en paz y así la expansión
poblacional va cercando a los aborígenes hacia zonas más alejadas, donde
no llega la acción civilizadora del blanco por lo que vuelven a
dedicarse al pillaje y al saqueo en esos desprotegidos territorios.
Es por ello que, por ejemplo, desde
Tucumán en 1731 se operó durante cuatro meses bajo el mando de su
gobernador MANUEL FÉLIX DE ARECHE, que con una fuerza compuesta por
1.000 soldados, les impone una nueva paz (“Paz de Areche”), a los
nativos, que lejos de respetarla por mucho tiempo, se lanzan a nuevos
ataques produciendo una nueva marea de malones hacia todos los rumbos,
barriendo las cuatro fronteras. En Salta los “chirigüanos baten a las
milicias y asesinan a 300 pobladores, arrean gran cantidad de ganado y
resisten denodadamente los contraataques que sobre ellos llevan MATÍAS
DE ANGLES GORTARU y LIZARAZUY, desde Tucumán y de FÉLIX DE ARECHE desde
Salta, generando un caos que conmueve íntegramente la orilla occidental
del Chaco durante largos meses (1735/1739).
En 1734. Mientras Santa Fe renueva sus
tratados de paz con los abipones y los mocovíes (“Segunda Paz de
Echagúe), caen los malones sobre Salta (1735), sobre Tucumán
(1736/1736/1737), y sobre Corrientes (1738/1739), donde saquean e
incendian los enclaves de Utaty, Ohoma y Santiago Sánchez. En respuesta,
el gobernador de Tucumán, JUAN DE SANTISO Y MOSCOSOS, cae sin piedad
sobre los matacos (1739 y 1741) obligándolos a convenir una paz
definitiva, fijando una línea de separación interna (“Paz de Santiso).
Desde Corrientes, la inestable
situación, mueve su gobernador, FELIPE DE CEBALLOS a incursionar en dos
oportunidades (1744 y 1745) al Chaco paranaense, pactando con sus dos
principales caciques el cese de las hostilidades (“Paz de Ceballos”) al
tiempo que, desde el reborde santiagueño, el misionero jesuita DIEGO DE
HORBEEGOZO, al amparo de las “paces de Echagüe” reúne aborígenes y
españoles y concreta la “Paz de Añapiré” en 1747, dando así nacimiento a
los poblados de “San Jerónimo del Rey” (1748) y “Purísima Concepción”
(1749).
Ante el éxito que significa la
instalación de nuevas y más pobladas “reducciones”, debido a la paz
lograda en esos territorios, el gobernador de Tucumán, JUAN VICTORINO
MARTÍNEZ DE TINEO, abastece de ganado e implementos agrícolas a las
tribus que se avinieron a vivir en paz, funda con familias Tobas “San
Ignacio de Ledesma y decidido a poner fin al estado de guerra que
proponen los guerreros “mbayaes”, los combate con milicianos de La
Rioja, Salta, Jujuy y Tucumán.
Finalmente, a mitad del siglo XVIII
(1750), la historia se inclina decididamente hacia el equilibrio y
comienza una época que promete una paz duradera. Se inauguran muchas
nuevas reducciones, con el ingreso de muchos de los “hostiles de
antaño”, se completa la cadena de fortines, se instalan nuevas misiones,
algunas tribus comienzan a comerciar, mediante el trueque con las
poblaciones vecinas “blancas” y adoptan sus prácticas agrícolas, la obra
catequizadora de los religiosos comienza a dar sus primeros frutos.
Un rebrote de la violencia encabezada
por las comunidades tobas, mocovíes y vilelas, decide al gobernador de
Tucumán, JOAQUÍN ESPINOSA Y DÁVALOS a llevar una expedición punitiva
contra éstos (1758/1759), logrando reducirlos y a partir de entonces, la
masa de la población aborigen del Gran Chaco (196.584 individuos), se
llama a sosiego.
Pero en 1767 se produjo un lamentable
hecho que tiró por tierra todos los avances logrados en la búsqueda de
una convivencia en armonía y en paz con los naturales: la expulsión de
los jesuitas de los territorios de América pertenecientes a la corona
española, trajo nuevamente la tragedia de la guerra a estas tierras.
La expulsión de los jesuítas
Si bien el asentamiento de las misiones jesuíticas, se mide en términos
de una trascendente asistencia moral, religiosa y material a los
aborígenes, no son menos importantes los servicios de todo orden que los
ejércitos de nativos, prestaron a la corona española: Desalojando de
portugueses la Colonia de Sacramento (1680), defendiendo Buenos Aires
contra piratas dinamarqueses (1700), reprimiendo rebeliones en
territorios de los charrúas (1702), desalojando por segunda vez a los
portugueses de la Colonia del Sacramento luego de ocho meses de campaña
formando parte de un ejército de 4.000 hombres (1704), despejando de
enemigos las vaquerías próximas (1718) y hasta defendiendo la propia
ciudad de Montevideo.
Empero, el desafortunado “Tratado de
Permuta” (1750) comprometió a España a canjear las florecientes
Misiones Orientales por la decadente Colonia del Sacramento que estaba
en poder de Portugal, trueque que las comunidades indígenas rechazaron,
desencadenando la llamada “guerra guaranítica” (1754 a 1756), contienda
en la que las fue combinadas hispanolusitanas, impusieron
sangrientamente el cumplimiento del pacto luego de las batallas de
Bacacay (7 de febrero de1766) y Caibaté (10 de febrero de 1766),
provocando la masiva huida de las misiones, grandes contingentes de
aborígenes,
Un censo realizado en esa época dará una
idea cabal de este fenómeno: en 1767, en las misiones había 88.864
indígenas; en 1772, eran 80.351; en el año 1785, 70.000; en 1779, 54.388
y ya en 1801, quedaban solamente 42.885. Algunos grupos se unen a los
charrúas, al sur; otros a las indiadas chaqueñas, que al mando de los
siempre temibles abipones, desatan la “gran ofensiva”, con centro de
gravedad hacia Santa Fe, cuyas reducciones se ven obligadas a reubicarse
en el sur. Quedan en pie, solamente la de San Javier, Las Garzas (con
aborígenes de S Fernando), San Pedro e Insipín, en el sector
meridional; Miraflores, Balbuena, Pitos, Santa Rosa, Macapillo y
Petacas, al norte del río Salado; y Apa, Asunción y Bordón, en región
boreal.
Dentro de la confusión que genera esta
nueva situación, se destaca la renovada fiereza y la continuidad de los
ataques de los malones hacia tierra santafesina, hostilizada, saqueada y
devastada en 1776, 1778, 1784, 1786 y 1788, mientras una relativa
estabilidad en la línea del altiplano, había permitido realizar los
primeros intentos serios de penetración al corazón del Gran Chaco.
En efecto, el gobernador JERÓNIMO
MATORRAS y su maestre de campo FRANCISCO GABINO ARIAS —como JOSÉ MANUEL
FERNÁNDEZ CAMPERO y MIGUEL DE ARRASCAETA lo habían hecho en 1764—
partieron de San Fernando del Río del Valle (1774), penetran
profundamente en las tierras vírgenes y firman con gran pompa el primer
tratado de amistad con los aborígenes más irreductibles, los tobas y
los mocovíes de LACHIRIKIN y PAIKIN (“Paz de Lacangayé” o “Paz de
Matorras”), mientras otras tribus estallan en rebeldía (1778 y 1779) y
vuelven a acosar a los establecimientos rurales hasta que la situación
comienza a estabilizarse en la llamada “línea del norte”.
Igual situación se vive en la “línea
Sur”. Los abipones atacan la reducción charrúa de Cayastá y el
gobernador MELCHOR ECHAGÜE Y ANDÍA encabeza tres largas campañas de
represión que dejan los campos de labranza abandonados, arruinados los
sembrados y disperso el ganado por todo el territorio santafecino.
Es entonces que en el Alto Perú estalla
la revolución de Tupac-Amarú (4 de noviembre de 1780) y la derrota y
posterior martirio del líder aborigen, parece sosegar el ánimo belicoso
de los indígenas, mientras llega el perito FÉLIX DE AZARA para demarcar
los límites y el “bolsón indio” se va estrechando cada vez más.
Durante la última década del siglo
XVIII se producen nuevas sublevaciones, pero éstas son cada vez más
espaciadas y los malones ya no llevan la inmensa cantidad de guerreros
que llevaban otrora, por lo que así, la “civilización blanca”, con la
instalación de nuevos fortines, va ganando terreno y se afianza su
control en estos territorios.
La Revolución de Mayo
El estallido independista, modifica sustancialmente el
sistema ofensivo-defensivo y el aborigen comienza a participar en la
gesta libertadora, depone las armas y se une al blanco, ya como su
aliado.
Pero resabios del antigüo odio a los
“blancos” generado entre sus antepasados por los españoles, exacerbado
ahora por la mendacidad de los gobiernos rioplatenses, que no cumplen
con los compromisos que asumen ante las comunidades indígenas, llevan a
los aborígenes a una nueva “guerra contra el blanco” blanco” y renueva
sus devastadores ataques a los poblados y establecimientos instalados en
los territorios llamados el “Gran Chaco”, del que participan las
provincias argentinas de Chaco, Formosa, Santa Fe, Córdoba, Santiago del
Estero, San Luis y Tucumán.
Los hechos posteriores a la Revolución
de Mayo, cancelaron absolutamente todos los planes, proyectos y
decisiones que no se vincularan con ella. Era la única prioridad que
concitaba las autoridades de los territorios recientemente emancipados y
todos los esfuerzos y medios con que se contaba, fueron puestos a
disposición de este gran compromiso que habían asumido los
revolucionarios y el pueblo de Buenos Aires: lograr el reconocimiento y
la adhesión de los gobiernos vecinos, para esta gesta libertaria.
Así fueron pasando los años, sin que la
preocupante situación que se vivía en la tierra chaqueña, fuera tenida
en cuenta, hasta que el gobernador de Buenos Aires, JUAN MANUEL DE ROSAS
pone su atención al problema y dispone poner en marcha una acción
ofensiva para detener los ataques de los indígenas sobre los pueblos
sometidos a un despiadado salvajismo.
Primera ofensiva (1833)
Se realiza contra los “mocovíes”, que ocupaban las zonas de
Monigotes y Sunchales y el 25 de marzo de 1833, el comandante MATÍAS
DÍAZ, en el combate en la “Laguna de las Tortugas”, Chaco, bate en sus
tolderías a los indígenas “abipones”, comandados por los caciques JUAN
PORTEÑO, PEDRITO, MANUELITO e HIPÓLITO.
Segunda ofensiva (1834)
Se dirige hacia Cayastá Vieja, en la provincia de Santa Fe.
Tercera ofensiva (1834)
Se realiza contra los aborígenes que hostilizaban los poblados de San Jerónimo (Santa Fe).
Cuarta ofensiva (1834)
Bate las tribus insurgentes que habitaban sobre las márgenes del río Salado.
Quinta ofensiva (1836)
Durante la cual se realiza una batida general hacia las tolderías de
los indígenas belicosos y la provincia de Córdoba se suma a este
esfuerzo que pretende lograr una paz duradera, pero por el contrario la
lucha por la posesión de estas tierras, se renueva.
Luego de este intento, poco y nada se
hace para solucionar el problema. Los ataques de los aborígenes
continúan sin que las autoridades locales puedan hacer algo para
detenerlos, ya que no cuentan con los medios necesarios para hacerlo y
el gobierno de Buenos Aires, se muestra impedido de ir en ayuda de
ellos, bloqueado como lo estaba, por una situación interna explosiva,
como lo fueron los enfrentamientos contra el caudillaje y las guerras
civiles que oscurecieron durante muchos años a la Historia de la
Argentina
14 de junio de 1870
Finalizada la guerra con Paraguay, el gobierno argentino
decide iniciar acciones ofensivas para poner fin a las incursiones que
los aborígenes de la región, realizaban sobre los poblados y estancias
de esos territorios.
Es entonces, que al igual que las
campañas llevadas a cabo al sur de la provincia de Buenos Aires, entre
fines del siglo XIX y principios del siglo XX, en 1870 se pusieron en
marcha una serie de acciones militares en el Gran Chaco, con el mismo
objetivo que fundamentó aquella: Recuperar esas tierras para la
soberanía nacional, dejando ambos territorios expeditos para su
ocupación y poblamiento, alejando definitivamente los peligros de una
hostil actividad de los pueblos originarios, que rechazaban la presencia
del “blanco”, considerando que siendo “dueños de esas tierras”, tenían
derecho a defenderlas.
La primera expedición militar se realizó
en 1870 al finalizar la guerra con el Paraguay y en 1877 finalizaron
las operaciones, habiéndose logrado el control de todo el territorio,
una vasta región comprendida entre los ríos Pilcomayo, Paraguay, Paraná y
Salado, que se hallaba habitada por los Guaycurúes, Mocovíes, Tobas,
Pilagáes, Matacos, Mataguayos, Wichis, Chorotes , Chulupíes, Vilelas,
Tonocotés, Tapietés , Chanés y Chiriguanos.
La campaña al Gran Chaco provocó la
muerte de millares de indígenas, pero con una diferencia fundamental con
la que se desarrolló al sur de la provincia de Buenos Aires: con la del
Chaco, la población autóctona no fue exterminada, rescatándose como su
principal logro, el haber permitido la expansión territorial de tres
provincias: Salta, que se expandió hacia el este, Santiago del Estero
que avanzó hacia el noreste y Santa Fe, que agrandó su territorio hacia
el norte, mientras que como consecuencia directa de estas campañas,
surgieron dos nuevas provincias a mediados del siglo XX, Chaco y
Formosa, .
A principios del decenio que comienza en
1880, el “Gran Chaco” se encontraba definitivamente repartido entre la
Argentina,-que conservaba la parte austral y el Paraguay, que era dueño
de la boreal, al norte del río Pilcomayo. El arbitraje del Presidente
norteamericano RUTHEFORD HAYES (12 de noviembre de 1878), había
concluido el pleito limítrofe que enfrentaba a ambos países y los
argentinos, una vez entregada la “Villa Occidental”, al país vecino, se
habían instalado en la “isla del Cerrito”, capital circunstancial del
territorio, hasta que, en 1879, el comandante FONTANA fundó Formosa,
donde se instalaría la sede del gobierno
Los progresos del territorio continuaron
lentamente. Los pobladores cultivaban mandioca, maní, caña de azúcar y
legumbres y algunos hornos de ladrillo facilitaban el material
necesario para la construcción de viviendas. Funcionaban tahonas y
trapiches para la industria de la alimentación y el comercio de la
madera, cada vez más intenso, representaba la base más sólida (y a
largo plazo, la más predatoria) de la riqueza chaqueña. Quedaba, eso
sí, un problema por resolver: el indio, que había vuelto a sus prácticas
de asalto y robo a los poblados.
Los acontecimientos ocurridos por esos
años en los territorios del sur argentino, no dejaban muchas dudas
sobre la suerte que correrían los aborígenes chaqueños: serían
acorralados y exterminados. Algunos se incorporarían a las reservas,
otros integrarían la mísera mano de obra de los obrajes. La
supervivencia del más fuerte era un dogma implícito en la Argentina de
los “80” y nadie iba a enternecerse por el destino que aguardaba a “los
salvajes del norte”, cuya fama de indómitos, por otra parte, venía
desde la época colonial.
Cronología de los hechos más trascendentes durante la Campaña al Chaco
Antes de la década de 1870, ya se habían desarrollado
algunas campañas militares en el territorio del Chaco. Estuvieron a
cargo de NAPOLEÓN URIBURU y MANUEL OBLIGADO, quienes peinaron el
territorio en dirección este-oeste y viceversa. Una de estas marchas fue
protagonizada por el comandante FONTANA, quien procuró unir las
ciudades de Corrientes y Salta, debiendo enfrentarse innumerables veces
con partidas de indígenas que lo obligaron a batirse con vigor,
perdiendo uno de sus brazos en el combate de “La Cangayé”, librado en el
centro de los territorios en disputa.
1º de marzo de 1866
El comandante militar de “La Carlota, provincia de Córdoba,
JACINTO QUIRÓS, sale en busca de una partida de indígenas que había
entrado en la provincia por “los Barriales” y los enfrenta en un paraje
ubicado entre Algarrobos y La Carlota y los pone en fuga
16 de abril de 1870
El teniente coronel NAPOLEÓN URIBURU, salió de Jujuy con 250
hombres montados en mula, pertenecientes a un regimiento que había
formado con reclutas de Salta y Jujuy y destinado a la frontera de Orán.
Pasó por La Cangayé, la antigua reducción de Nuestra Señora de los
Dolores que había sido fundada en 1781y abandonada en 1793 cerca de la
unión de los ríos Teuco y Bermejo, continuó costeando el Bermejo y luego
se internó en el Chaco hasta alcanzar el río Paraná frente a Corrientes
luego de 1.250 km. recorridos en 56 días. Sometió a once caciques y
miles de indígenas que fueron destinados a la zafra de la caña de azúcar
y reconoció un camino hacia Corrientes. Durante esta campaña, un
destacamento expulsó a un escuadrón boliviano que incursionaba en
territorio argentino.
03 de junio de 1866
El comandante interino de la frontera norte, coronel MATÍAS
OLMEDO, sorprende en su toldería a la tribu de los caciques TOMÁS NOVIRI
y RAFAEL ALEZORE y los obliga a huir
26 de febrero de 1871
Partió de Buenos Aires el barco “Sol Argentino”, que realizó
la exploración del río Bermejo hasta la provincia de Salta y regresó
luego a Buenos Aires en febrero de 1872. Durante este viaje se
produjeron numerosos enfrentamientos con indígenas.
31 de enero de 1872
El presidente DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO creó el Territorio
Nacional del Gran Chaco, estableciendo como su ciudad capital a la Villa
Occidental (hoy territorio paraguayo), siendo su primer gobernador
JULIO DE VEDIA.
1872
NAPOLEÓN URIBURU viajó hacia el Chaco para auxiliar al vapor
“Leguizamón” que se hallaba varado en el Bermejo, mientras se cumplía
tareas de rastrillaje por las costas de ese río, cuyos poblados
vecinos, sufrían ataques de los abipones..
1875
El coronel NAPOLEÓN URIBURU, ya como gobernador del Chaco,
atacó las tolderías de los caciques NOIROIDIFE y SILKETROIQUE,
derrotándolos. Ese año fue asesinado por los aborígenes el capitán
estadounidense SANTIAGO BIGNEY y seis tripulantes de la chata “Río de
las Piedras” cuando navegaba por el Bermejo e intentaba comerciar con
ellos. Para recuperan la embarcación y otra que la había auxiliado, el
25 de diciembre de 1876 el capitán de marina FEDERICO SPURR ingresó en
el Bermejo con la nave Viamonte”, combatiendo en varias acciones
contra los tobas, a los que derrotó en Cabeza del Toba. Las dos
embarcaciones que habían sido hundidas por los indígenas, fueron
recuperadas por Spurr con parte de la carga, arribando a Corrientes el
17 de enero de 1877.
23 de julio de 1875
El comandante LUIS JORGE FONTANA inició un reconocimiento de la
entrada del río Pilcomayo, navegando 70 kilómetros por su recorrido.
19 de abril de 1878
El coronel NAPOLEÓN URIBURU realizó una nueva expedición punitiva.
29 de agosto de 1879
El coronel MANUEL OBLIGADO partió desde la ciudad de
Reconquista con 150 hombres en misión de reconocimiento y vigilancia y
regresó el 12 de octubre, luego de recorrer 750 km, sin combatir con los
indígenas.
04 de mayo de 1880
Por orden del presidente NICOLÁS AVELLANEDA, el mayor LUIS
JORGE FONTANA, partió de Resistencia con 7 oficiales, 30 soldados, 8
indígenas y 2 rastreadores, con el objetivo de reconocer un camino que
uniera Corrientes con Salta. Luego de 104 días de marcha, llegó a
Colonia Rivadavia, en la provincia de Salta. Luego de recorrer 520 km
bordeando el río Bermejo y dejando abierta una picada en el monte.
Durante el transcurso de esa marcha, derrotó a un grupo de tobas que lo
superaban en número en un combate en el que perdió un brazo, acción de
la que informó mediante el siguiente telegrama que le envió al
Presidente Avellaneda: “Estoy en Rivadavia. Queda el Chaco reconocido.
He perdido el brazo izquierdo en un combate con los indios, pero me
queda el otro para firmar el plano del Chaco que he completado en esta
excursión”.
20 de mayo de de 1881
El coronel JUAN SOLÁ Y CHAVARRÍA partió al mando de una fuerza
compuesta por 9 oficiales, 50 hombres de tropa y 3 voluntarios desde el
fuerte de Dragones en la provincia de Formosa, con el objetivo de
reconocer el interior de la zona entre el Pilcomayo y el Bermejo hasta
el puerto de Formosa, mientras que con su presencia, eficazmente
disuasoria, brindaba protección a las poblaciones ribereña. Desde el
Fortín Belgrano costeó luego el Bermejo y ante su demora en llegar a
destino, el gobernador del Chaco, coronel BOSCH, envió 100 soldados en
su búsqueda. El 3 de septiembre, el coronel SOLÁ alcanzó la localidad de
Herradura y desde allí, viajó de regreso por barco hasta Formosa.
En todos los casos, estas campañas,
emprendidas con medios precarios, en las que los inconvenientes (como
lo señala el historiador militar FÉLIX BEST), “se salvaban gracias a una
mezcla de audacia y buena suerte”, sin contar que además, se sacaba
partido de la merma del valor combativo de los indígenas, a quienes el
alcohol, la pérdida progresiva de las regiones boscosas que le daban
sustento y el avance inexorable de los blancos en sus tierras
ancestrales, producían un efecto desmoralizador.
Factores estos, que no son demérito del
“valor desalmado de los salvajes (“Campaña del Desierto” de JOSÉ E.
RODRÍGUEZ) y la astucia con que combatieron estos bravos guerreros
aborígenes, que casi sin poseer ningún armamento idóneo para enfrentarse
con las fuerzas nacionales, las habían combatido en inferioridad de
condiciones, durante muchas décadas, algunos de los cuales, como
LEONCITO, PETISO, CAMBÁ y SALARNEK-ALÓN, han dejado grabado en la
memoria de nuestra Historia, el recuerdo de sus hazañas.
19 de abril de 1882
Los tobas y chirigüano asesinaron al médico francés JULES
CREVAUX y A once de sus compañeros cerca de La Horqueta, al norte del
paralelo 22° S, en el Pilcomayo.
02 de junio de 1882
El mayor LUIS JORGE FONTANA al comando del vapor “Avellaneda” y
la lancha “Laura Leona”, exploró el río Pilcomayo en busca de los
restos de Crevaux, regresando el 18 de septiembre sin haber podido
hallarlos.
11 de junio de 1883
Desde Dragones, en la provincia de Formosa, el teniente coronel
RUDECINDO IBAZETA partió al mando de un destacamento compuesto por 135
hombres, con la orden de encontrar a los culpables del asesinato de
CRAVEAUX y de traerlos de regreso para ser juzgados.
29 de junio de 1883
Desde la ciudad de Resistencia, actual provincia del Chaco, el
coronel MANUEL OBLIGADO dio cuenta del resultado de su campaña al
interior del Chaco contra los indígenas que de tiempo de tiempo hacían
sus malones a las poblaciones que se estaban formando al amparo de las
autoridades de la Nación. Esta campaña ha sido una de las que dieron
mejores resultados; sorprendiendo varias tolderías, consiguiendo
arrollar y deshacer los últimos restos de las feroces tribus de
“mocovíes”, aprisionando muchos indígenas, arrebtándoles gran cantidad
de caballos, mulas, animales vacunos, ovejas y cabras que se habían
robado; estableciendo fortines, levantando planos, clasificando bosques.
Todo esto luchando contra la inclemencia del tiempo, la ferocidad de
los indígenas y las alimañas peligrosas que abundaban por esos lugares.
10 de agosto de 1883
Seiscientos cincuenta indígenas tobas y chirigüanos montados
(presumiblemente, los asesinos del doctor CRAVEAUX), atacaron en las
riberas del río Pilcomayo, a las fuerzas del coronel IBAZETA, quien
logró rechazarlos, causando la muerte de 60 de ellos.
18 de setiembre de 1883
El teniente coronel IBAZETA regresa a Dragones luego de realizar una expedición punitiva
1883, 1885, 1886 y 1892
El explorador francés ARTURO THOUAR realizó cuatro expediciones en la zona del Pilcomayo.
Entre 1883 y 1884
Se llevaron a cabo varios avances simultáneos sobre el
territorio chaqueño. El historiador ORLANDO MARIO PUNZI ha realizado la
crónica de la campaña del comandante IBAZETA contra los “chiriguanos”
de Salta -que sirvió para reconocer buen parte del Chaco central- y la
de OBLIGADO, que partió de Chilcas, Fortín Inca y Reconquista. Pero
estas expediciones, que tenían más de exploraciones geográficas, que de
campañas militares, sólo fueron el antecedente de la que se considera
definitiva en la incorporación del Chaco a la Nación: la que encabezó el
ministro de Guerra, general y doctor BENJAMÍN VICTORIA.
21 de agosto de 1884
Acompañado por el naturalista e ingeniero hidrólogo OLAF J.
STORM, salió de Formosa una flota al mando del sargento mayor de marina
VALENTÍN FEILBERG conformada por la bombardera “Pilcomayo”, el
remolcador “Explorado”, la lancha a vapor “Atlántico”, la chata “Sara”
y otra más pequeña con la misión de explorar el río Pilcomayo y
establecer un fortín en su boca. Este Fortín, llamado “Coronel
Fotheringham”, fue la base de la actual ciudad de Clorinda. Exploraron
luego varios brazos del río hasta cerca del Salto Palmar y regresaron a
Buenos Aires el 14 de abril de 1885.
17 de octubre de 1884
El general BENJAMÍN VICTORICA, ministro de guerra y marina del
presidente JULIO A. ROCA, encabezó una expedición con el objetivo de
llevar la frontera con los indígenas del Chaco hasta el río Bermejo,
estableciendo una línea de fortines que llegara hasta Salta.
Con su campaña, VICTORICA se proponía
llegar hasta el río Bermejo y unir definitivamente el litoral paranaense
con el altiplano, contando con la guía de dos exploradores de gran
experiencia que acompañaron su marcha: El comandante FONTANA en el Chaco
central y navegando el río Pilcomayo y VALENTÍN FEILBERG, un marino
que, años atrás, había remontado el río Santa Cruz, hasta llegar al Lago
Argentino, en el extremo sur del país.
A tales efectos, cinco columnas
partieron desde Las ciudades de Córdoba, Resistencia y Formosa, con la
orden de confluir sobre “La Cangayé”, Dos de ellas, debían remontar los
ríos Bermejo y Pilcomayo, mientras que las otras tres, constituyendo la
reserva de esas fuerzas, integrada con parte del Regimiento de
Infantería de Marina, se instalarían en el Fortín General Belgrano. La
campaña se realizó entre el 17 de octubre y el 21 de diciembre y en esos
dos meses, se lograron todos los objetivos que se habían propuesto.
Se habían reconocido infinitas picadas y
senderos, fundándose Fuerte Expedición, Puerto Bermejo y Presidencia
Roque Sáenz Peña. El río Bermejo había quedado expedito para ser
navegado en todo su recorrido. El desierto verde ya era conocido en sus
rumbos principales. En cuanto a los indios, se suponía que ya se habían
terminado los malones sobre las poblaciones de Santa Fe, Santiago del
Estero y Córdoba. La guerra iniciada en el siglo XVII terminaba así con
la derrota de los aborígenes, y sólo elementos residuales, mezclados
con delincuentes blancos y mestizos, continuarían trayendo alguna
inquietud a los pobladores. De hecho, el último malón ocurriría en 1924.
Conviene destacar que la campaña de
VICTORICA no tuvo características épicas. Hubo más pérdidas de ganado
que de gente, más accidentes provocados por inconvenientes del clima y
del suelo que por encuentros con los aborígenes. El avance resultó más
incómodo que peligroso y la preocupación fundamental fue re conocer la
fauna y la flora, apreciar las condiciones del suelo, identificar las
aguadas y los accidentes geográficos en aquella monotonía de montes
bajos, lomadas y esteros. El general IGNACIO FOTHERINGHAM también ha
narrado la parte que le cupo en esta empresa, en la que participó como
gobernador de Formosa. En su libro dedica largos párrafos a describir
las incomodidades provocadas por el calor y los mosquitos, las arañas y
las víboras. Recuerda la esterilidad de la tierra, ese lodo calcáreo
sobre el que se alzaban los lapachos y quebrachales. Delinea esa guarida
de tigres y antas que era la selva chaqueña y enumera los medios de
transporte usados: los pies por por empezar, pero además el caballo, la
lancha a vapor, los botes y sobre todo los carros y carretas. La
naturaleza era el obstáculo más duro; el mismo FEILBERG tuvo que
abandonar su exploración del Pilcomayo, al igual que dos oficiales que
posteriormente, también intentaron la empresa, “corridos” por esa
“infernal naturaleza”.
Simbólicamente, la marcha de VICTORICA
en el norte fue contemporánea de la que en ese momento realizaba el
coronel LORENZO VINTTER en la región austral, que fuera el colofón
final de la expedición de JULIO ARGENTINO ROCA al río Negro. Al norte y
al sur de la República, para dejar liberados del terror a esos
territorios para su ocupación y poblamiento.
25 de junio de 1885
Zarpó de Buenos Aires el vapor “Teuco” al mando de JUAN PAGE
para explorar el río Bermejo, regresando a Corrientes el 3 de octubre.
Agosto de 1885
Una flotilla de tres embarcaciones al mando GUILLERMO ARÁOZ
navegó por el río Bermejo, explorando también el río Teuco. La
expedición continuó en enero de 1886 hasta el río San Francisco al mando
de los subtenientes SÁENZ VALIENTE y ZORRILLA.
19 de septiembre de 1886
Zarpó de Buenos Aires una escuadrilla al mando del capitán de
marina FEDERICO WNCELSAO FERNÁNDEZ, compuesta por el vapor “sUCRE” Yy la
chata “Susana”, para explorar el río Aguaray Guazú y verificar sus
vinculaciones con el Pilcomayo.
23 de noviembre de 1886
El capitán EULOGIO RAMALLO con una partida del Regimiento 12 de Caballería derrota a los caciques SADUA y PITERATY.
02 de enero de 1887
El alférez ÁNGEL A. HERRERA del Regimiento 12 de Caballería, en el paraje llamado “Conchas” bate a una partida de indígenas.
09 de enero de 1887
El capitán FENELÓN ÁVILA con 20 soldados del Regimiento 12 de
Caballería derrota a un malón que había robado en la “Colonia Las
Toscas”.
22 de enero de 1887
El alférez ÁNGEL A. HERRERA con 11 soldados del Regimiento 12
de Caballería, ataca una toldería de indígenas que habían estado de
correría, logrando rescatar 3 cautivas y numeroso ganado.
27 de enero de 1887
El capitán FENELÓN ÁVILA, sale al mando de un destacamento del
Regimiento 12 de caballería en misión de vigilancia de los territorios
al sur de la línea del Bermejo y al llegar a “Riacho de Oro”, logra
batir a una importante partida de indígenas guerreros que se resistían a
dejar las armas.
1889
Campaña del Lorenzo Winter. Se pone en marcha para
proteger poblaciones asentadas en Santa Fe y en las márgenes de los ríos
Paraná y Paraguay, contra indígenas y bandoleros aliados para cometer
fechorías.
12 de marzo de 1890
Los barcos “Bolivia” y “General Paz”, iniciaron una nueva
exploración del Pilcomayo al mando del capitán de fragata Juan Page, que
murió durante el viaje, explorando el Brazo Norte.
1º de setiembre de 1899
El general LORENZO VINTTER, inició una campaña militar en el
Chaco austral al mando de 1.700 hombres de la División de Operaciones
del Chaco, formada por un batallón de infantería, cinco regimientos de
caballería y un regimiento de artillería. Se intentó convencer
pacíficamente a los indígenas de que debían someterse, pero se
realizaron varios combates y la línea de frontera fue establecida en el
río Pilcomayo. Se crearon puestos militares avanzados comunicados por
telégrafo y un camino. La campaña concluyó con la ocupación militar
efectiva del Chaco argentino, que se realizó con escasa resistencia
indígena.
Campaña al Chaco. Tropas al mando del Cte Astorga, entregan pilchas y lanzas a indígenas lugareños, Ca 1895
1907
Se crea la División Caballería del Chaco. Con la
intención de ocupar paulatinamente todos los territorios afectados por
la hostilidad de los aborígenes, tratando de pacificarlos y de llevar la
zona de seguridad hasta el río Pilcomayo
1911
Creación de de las “Fuerzas en Operaciones del Chaco”. Con el objetivo de eliminar la frontera interior existente, llevándola hasta el Pilcomayo
1914
Es disuelta la División de Caballería del Chaco, quedando a
cargo de las últimas operaciones en la zona, el Regimiento 9 de
Caballería.
31 de diciembre de 1917
Así concluye prácticamente la “Campaña al Gran Chaco”, ya que
hasta 1919 y más adelante, aún, sólo se registrarán pequeños ataques
aislados y sorpresivos, ejecutados por bandas de indígenas (no siempre
argentinos) y vagabundos que hostilizaban a los fortines de frontera,
conducta que adquiere su máximo dramatismo en el caso del “Fortín Yunká”
(19 de marzo de 1919), a cuyos atacantes se los considera como el
último malón (ver “La tragedia del Fortín Yunká” en Crónicas)
PUEBLOS ABORÍGENES INVOLUCRADOS EN ESTAS ACCIONES
Muchas eran las tribus pertenecientes a distintas etnias las
que habitaban la región en la época que nos ocupa, pero no todas
participaron en las acciones que se desarrollaron durante la “Campaña al
Gran Chaco”, por lo que consignaremos a continuación, las que tuvieron
una más activa participación en dicho evento.
Abipones
Tenían su “hábitat” en la ribera norte del río Bermejo inferior. A comien
zos del siglo XVIII adoptaron el caballo y se dedicaron a la
depredación, atacando las estancias y las ciudades de los españoles.
Chirigüanos
Pueblo originario del noreste de la provincia de Salta, se
vieron involucrados en la lucha contra el hombre blanco, arrastrados por
sus “hermanos” del sur de esa provincia, los “vilelas”, que por ser más
combativos, estuvieron más dispuestos para defender lo que consideraban
su tierra, por derecho de nacimiento y su modo de vida.
Mocovíes (de la etnia de los guaycurúes)
Aliados de los abipones en sus correrías, originariamente
vivían en las fronteras del antigüo Tucumán y contribuyeron en gran
medida con la destrucción de “Concepción del Bermejo” y en los ataques
que se llevaban a cabo sobre Salta, Tucumán, Santiago del Estero y
Córdoba. Alejados de esos centros de población por la expedición que
ESTEBAN DE IURIZAR Y ARESPACOCHAGA llevara contra ellos en 1770, se
dedicaron a hostilizar poblaciones y estancias de Santa Fe.
Matacos
Vivían al oeste de Chaco y Formosa y este de Salta. Tenían
una agricultura muy rudimentaria. En sus ataque a poblados utilizaban
lanzas y “macanas” (un temible garrote hecho con madera dura, quizás
quebracho, árbol nativo de la zona). Cuando llegaron los españoles, se
dedicaron casi exclusivamente al asalto de sus instalaciones.
Pilagaes (de la etnia de los guaycurúes)
Habitan en la parte central de la provincia de Formosa,
sobre la margen derecha del río Pilcomayo, en las zonas anegadizas del
estero “Patiño”. Son los únicos de la familia de los “guaycurúes” que
todavía tienen una importante cultura autóctona
Sanavirones.
Habitaban el bajo río Dulce y en la cuenca de Mar Chiquita,
hasta el río Primero en territorios que hoy ocupa la provincia de
Córdoba y desde allí hostilizaban a sus vecinos, los “comechingones”
hasta que llegados los españoles, comprobando que con ellos obtenían
mejores botines en sus correrías, se dedicaron a atacar y a saquear sus poblaciones.
Tobas (de la etnia de los guaycurúes)
Ocupaban originariamente el territorio que hoy ocupa la
provincia de Formosa; después se replegaron hacia el este, extendiéndose
luego hacia el norte y el sur. En el siglo XVIII también adoptaron el
caballo y así aumentó su peligrosidad, pues como hábiles jinetes, les
resultó muy conveniente la velocidad con que sus montados les permitían
ataques relámpago a estancias y poblados de esos territorios
Vilelas
Habitaban el sudeste de Salta. Se distinguieron por su
fierez y valor en el combate y en varias oportunidades derrotaron a las
tropas españolas que intentaban penetrar en su intrincado territorio.
Con la incorporación del caballo, como su arma de combate más eficaz, se
transformaron en hábiles jinetes y con la lógica mayor movilidad que
les daba ir montados, sus ataques al hombre blanco, se hicieron más
profundos, audaces y repetidos. Son hoy un pueblo cuyos escasos
descendientes viven en las provincias del Chaco, Santiago del Estero,
junto a pequeños grupos emigrados a Rosario y el Gran Buenos Aires
CÓMO COMBATIR EL INDIO EN LA FRONTERA NORTE.
Por considerarlo de interés, recordamos que la expedición al río
Pilcomayo, efectuada por el gobernador intendente de Potosí, FRANCISCO
DE PAULA SÁENZ, le sirvió a este, para producir un informe sobre los
resultados de su expedición, acompañado por una serie de conclusiones,
que según su criterio, deberían ser tenidas en cuenta para combatir con
éxito a los indígenas hostiles. Dice al respecto en su informe del 21 de
mayo de 1805: “Es necesario tener en cuenta que la preparación y
ejecución de una excursión contra los indígenas del Chaco, deberá
afrontar serias dificultadas, fundamentalmente presentadas por factores
geográficos. Es de capital importancia entonces realizar exploraciones
previas y empleando pequeñas unidades de tropa, conocedoras del terreno y
de las tribus que lo ocupaban; preparar detalladamente la zona de
operaciones, de manera tal que los operativos de la lucha contra los
indígenas, se realicen contando con la debida organización, el necesario
equipo y el suficiente adiestramiento de la tropa a emplear. La escasez
de soldados y la falta de un equipamiento militar adecuado resulta
menos peligrosa que la carencia de agua o abastecimientos. Por ello debe
insistirse repetidamente en el aprovisionamiento de ganado vacuno y
caballar, enviándolo por remesas, previamente concertadas con las
guarniciones instaladas en tierras de indígenas o reunido luego de
atacar los pueblos hostiles que se encuentren en el camino. Ir
penetrando en territorio indígena mediante etapas sucesivas para
afianzarse en el terreno conquistado y abastecerse convenientemente para
las próximas etapas. Utilizar, en lo posible, la vía fluvial y poseer
un depósito de víveres siempre en las cercanías de las columnas. En
nuestro caso, el centro de abastecimiento fue el Fuerte de San Luis.
Medir las jornadas diarias de marchas por la presencia de agua y pasto
en primer término. Por ello, el indio quema siempre los pastos. Contar
siempre con la presencia de indios aliados y baquianos. Arrasar con los
pueblos hostiles para luego de quemar las casas buscar los “troges” de
maíz, que muchas veces han sido enterrados y apoderarse de todos los
animales que se encuentren como gallinas patos, etc. además del ganado
caballar o vacuno que posean. Dentro de la táctica operativa indígena,
además de la quema de los pastizales, está también el retiro inmediato
de sus muertos en batalla, para evitar que el enemigo conozca el
alcance del daño efectuado entre las filas de la indiada” Finalmente
opina sobre la táctica operativa que será conveniente aplicar en la
guerra contra los indígenas, diciendo que “se deben realizar ataques
rápidos y decisivos y no efectuar operaciones prolongadas y lejanas,
dificultadas por las posibilidades de abastecimiento”.
Gran parte de este material ha
sido extraído de una nota titulada “La conquista del Chaco” publicada en
el Anuario Nº 1 del año 1983, de la Revista “Chasque del Desierto”,
obra a la que nos permitimos sugerir que se recurra, para ampliar y
mejorar esta información