sábado, 25 de octubre de 2014

SGM: Los peores experimentos nazis en los campos de concentración

Los peores experimentos nazis con humanos

Los-peores-experimentos-nazis-con-humanos-1.jpg PHOTOS.COM/PHOTOS.COM/THINKSTOCK
Todos sabemos que en Alemania, durante el período de 1933 a 1945, estuvo en el poder el Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores, y al mando, Adolf Hitler. Durante ese período, además de la Segunda Guerra Mundial, se llevó a cabo una brutal represión contra comunistas, homosexuales, y lógicamente, judíos. Mucho se ha dicho ya sobre ello, pero hoy queremos hablar de los peores experimentos nazis con humanos.

Cuando pensamos en médicos, en general, vemos a seres que ayudan a que las personas se curen, sufran menos dolor, estén mejor. Sin embargo, durante el nazismo muchos médicos y científicos estuvieron involucrados en experimentos llevados a cabo en los campos de concentración. Lo cierto es que, en los juicios, sólo 15 de los 23 que participaron en estos terribles experimentos con humanos fueron considerados culpables.

Congelación e hipotermia

Estos experimentos fueron llevados a cabo en los hombres para simular las condiciones de los militares en el Frente del Este. Muchos alemanes murieron de frío o por enfermedades relacionadas a las bajas temperaturas –como la gripe–, así que esta era una forma de prepararlos mejor para esas condiciones climáticas.


Estos experimentos estuvieron a cargo del doctor Sigmund Rascher en los campos de Birkenau, Auschwitz y Dachau, y en 1942 presentó los resultados en una conferencia. Por un lado, se veía cuánto tiempo tardaba un cuerpo en congelarse hasta la muerte, y por el otro, se buscaban formas de reanimarlo.

A las víctimas –jóvenes judíos y rusos– se las ponía en tinas de agua helada o desnudos a la intemperie en temperaturas bajo cero, con una sonda que medía la bajada de temperatura en el recto , y la mayoría moría al llegar a los 25 grados.

Por otra parte, los experimentos para resucitar también eran crueles y dolorosos en aquellos que aún no había muerto pero estaban al borde. Se los ponía bajo lámparas de rayos ultravioletas que quemaban la piel, mediante la irrigación interna de agua hirviendo que generaba ampollas, o en tinas con agua caliente cuya temperatura se iba aumentando poco a poco, o haciendo que una mujer “caliente” al hombre mediante el sexo.

Experimentos genéticos



La raza aria era el objetivos de los nazis: cabello rubio, ojos azules, superhombres de una única raza en todo el mundo. Quienes no cumplieran esas características debían ser exterminados. Se hicieron leyes de matrimonio para investigar las razas y ver si eran puras. Uno de los que cayeron en la trampa fue el doctor Rascher, cuya mujer era estéril y habían adoptado dos hijos.

En los campos de concentración se llevaron a cabo gran cantidad de experimentos genéticos para perfeccionar la raza y entender los defectos. Entre los más conocidos fueron los experimentos de Josef Mengele con gitanos y mellizos. El “Ángel de la Muerte” seleccionaba a las rarezas apenas bajaban del tren en el campo de Auschwitz.

En el caso de los gemelos, Mengele los estudiaba por varios días, y cuando todas las pruebas habían sido tomadas, se los mataba con una inyección de cloroformo en el corazón.

Otras pruebas espeluznantes

En los campos de concentración también se llevaban a cabo otro tipo de pruebas con extrema violencia: interrogaciones con tortura, inyecciones con virus de enfermedades, esterilización, y experimentación de nuevas cirugías.



Por ejemplo, el doctor Kurt Heissmeyer inyectó la bacteria que causa la tuberculosis a prisioneros del campo de Neungamme. También se los expuso al gas fosgeno para encontrar un antídoto, ya que este había sido utilizado como arma biológica en la Guerra.

En muchos casos, se mutilaba a un preso para trasplantar sus extremidades en otro. La idea era saber si se podían trasplantar extremidades, pero se hizo de forma tan cruel que muchas personas murieron, otras quedaron mutiladas, y el experimento no llegó a ninguna buena conclusión.



Otra loca idea fue la de Hans Eppinger, que buscaba una forma de hacer el agua de mar bebible. Se privó de comida y agua fresca a varios gitanos, y se los obligó a beber solo agua de mar, por lo que muchos desarrollaron graves enfermedades.

El envenenamiento por inyecciones o en la comida era común en los campos de concentración; así como también la inseminación artificial de las mujeres, de las que se burlaban diciendo que habían inyectado en ellas esperma de animales para crear un monstruo.

Sin duda alguna, estos son los peores experimentos nazis con humanos. A veces me pregunto hasta dónde puede llegar la maldad humana, ¿qué piensas tú?

Ojo Curioso

viernes, 24 de octubre de 2014

PGM: Una habitación de un soldado francés permanece intacta

Habitación de soldado se ha mantenido intacta durante casi 100 años como un hermoso tributo 
The Huffington Post | Por Kimberly Yam



La memoria de este valiente soldado ha vivido durante generaciones para honrar.

Hubert Rochereau era segundo teniente en el ejército francés durante la Primera Guerra Mundial, que murió el 26 de abril de 1918, de las heridas que incurrió mientras luchaba en Bélgica, según The Guardian. Sus padres, que dejaron su habitación sin tocar desde el día que el soldado fue a la guerra, vendió la casa en 1936, e incluyó una cláusula en la escritura que la habitación debe ser preservada de esa manera desde hace 500 años, según el Telegraph. Ha pasado casi un siglo desde que Rochereau murió, y su habitación se ha mantenido exactamente el mismo que lo había dejado.



El dormitorio aún está lleno de posesiones de Rochereau, incluyendo una colección de armas, una chaqueta militar andrajosa apolillado y un pequeño vial memorial que contiene, "la tierra de Flandes en el que nuestra querida niña cayó y que ha mantenido sus restos durante cuatro años", según a su etiqueta, informó el Telegraph.



Actual propietario de la casa, Daniel Fabre, dijo al diario Nouvelle République esa cláusula especial de la escritura no tiene una base legal, a pesar de los dos propietarios de la casa ya que los padres de Rochereau vendieron haber acogido la solicitud.


Foto por Matthieu Bock de Europa 1.

Mientras que la habitación se sirve un emotivo homenaje al veterano, no es la única forma en que se recuerda. Rochereau póstumamente fue galardonado con la Legión de Honor por su valentía, informó The Guardian. El nombre del soldado también aparece en un monumento en Libourne, Francia, donde se basa su regimiento.

jueves, 23 de octubre de 2014

Mapuches: ¿Que esperan para expulsarlos a Chile?

Fue intencional el incendio que consumió por completo al refugio Neumeyer
Bariloche2000
Fue intencional el incendio que consumió por completo al refugio Neumeyer

Con un triste noticia amaneció Bariloche este 12 de octubre: el refugio Neumeyer del Challhuaco fue consumido totalmente en un incendio intencional. La Policía Federal trabajó en el lugar para iniciar una investigación del hecho que habría comenzado con un robo y una posterior reivindicación territorial de un grupo. Hasta el momento no hay información más precisa. Galería de fotos de lo que quedó.

 La ciudad amaneció con una triste noticia este domingo 12 de octubre: un grupo de encapuchados sorprendió al encargado del refugio Neumeyer y, luego de reducirlo, prendió fuego el edificio, un máquina retroexcavadora y un depósito lindero.

Las primeras versiones indican que el grupo llegó a punta de pistola y habría arrojado panfletos reivindicando una "posesión territorial ancestral".

En el lugar trabajaron el área de Incendios, Comunicaciones y Emergencias (ICE) de Parques Nacionales, que recibió el aviso alrededor de las 8.30 de la mañana, Gendarmería Nacional, el Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales (SPLIF), Bomberos Voluntarios y el equipo de peritos de la Policía Federal para la determinación del origen del incendio.



Las llamas consumieron el bosque de lengas y coihues, alrededor del refugio. También fue incendiada una máquina retroexcavadora que estaba a unos 200 metros y era de propiedad del concesionario.

El nuevo incendio se produjo a casi tres años de la destrucción del refugio Berghof, que ocurrió el 30 de noviembre de 2011, y a pocas semanas de la desaparición de la Capilla Inmaculada Concepción, que conmovió a la comunidad local.

Ubicado a 18 kilómetros de Bariloche, en un lugar de singular belleza, el refugio Juan Javier Neumeyer fue inaugurado el 19 de diciembre de 1971 por el español Manolo Puente Blanco, y desde la década de los ´80, permanecía abierto todo el año.

En invierno, como Centro de Deportes para esquí de fondo nórdico y de travesía, pistas de trineos y caminatas en la nieve y nocturnas. El resto del año, era visitado como punto de partida para realizar trekking, senderismo, recorridos de interpretación botánica, ciruitos de ecoturismo y escalada - rappell, entre otras actividades.



El lugar al que se accede en vehículo, ofrecía albergue de montaña y servicios de té y restaurant con gastronomía patagónica. Contaba con calefacción a leña, luz, cocina, y baños con agua caliente.

Según informa la página web del CAB, el edificio original fue hecho con hormigón simple y madera. Tenía comedor, cocina, baños y pieza para el refugiero en planta baja y dos dormitorios bajo el techo aprovechado. En los ´70 momento, el camino no existía y los materiales se acarrearon con jeeps, por precarias huellas. Años más tarde, "con la inagotable perseverancia de Manolo" consiguieron los recursos para abrir el acceso vehicular.



La fachada actual de la cabaña era una fusión entre el viejo edificio y la ampliación construida en madera durante 1993 por el concesionario Marcelo Corengia. En la ampliación funcionaba un comedor y kiosco, y el edificio viejo era comedor, cocina y baños. En el techo estaban la pieza del refugiero y un gran dormitorio para los visitantes.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Conquista del desierto: Bahía Blanca y su fundación

Fundación de la ciudad

En octubre de 1827, el Gobernador Dorrego presentó, a la Honorable Sala de Representantes de la Provincia de Buenos Aires, el proyecto de ley con el plan de avance de la frontera, para fijar los nuevos límites entre el Salado y la bahia Blanca. La realización del pensamiento rivadiniano, estableciendo un centro poblado en la “BAHIA BLANCA”, había quedado autorizado por la sala de representantes, según ley del 14 de noviembre de 1827.


Primera fotografía del Puerto sobre el arroyo Napostá. (Foto Archivo Histórico Municipal de Bahía Blanca)

Estomba debía fundar el puerto y el establecimiento de la bahía Blanca, como su único Jefe. La campaña se inició en marzo de 1828, con la partida del ingeniero Narciso Parchappe y una escolta llegando a Bahía el 21 de marzo de 1828 . Tenían la misión de determinar el lugar exacto donde emplazar el puerto, sus baterías defensivas y un fuerte que le diera seguridad. En la ría bahiense lo esperaba la Sumaca Luisa con el apoyo logístico en materiales, como para recorrer la bahía y determinar el fondeadero que se convertiría en Puerto. Luego saldría desde Tandil el coronel Estomba llegando con el segundo escalón de la columna expedicionaria el 9 de abril de 1828, encontrándose con Parchape, aprobó los sitios elegidos por este, tanto para el puerto, como para el fuerte, el lugar de la primera población fue situada en una altura que actualmente ocupa la Plaza Rivadavia. No obstante la primera descarga en el puerto se había registrado el 1º de abril de 1828, antes de que se creara la fortaleza y el poblado. La Fortaleza Protectora Argentina, origen de la ciudad de Bahía Blanca, quedó fundada el 11 de abril de 1828.


Ramón Bernabé Estomba
Montevideo, 13 de junio de 1790 – Buenos Aires, 1 de junio de 1829


Acta fundacional de la ciudad de Bahía Blanca 1828


Para 1830, al sur del río Salado existían las poblaciones de Carmen de Patagones (desde 1779), Dolores (1817), Tandil (1823) y Bahía Blanca, en torno a la Fortaleza Protectora Argentina, El fortín fue fundado el 11 de abril de 1828.





Panorama alusivo a la fundacion del Fuerte de Bahia Blanca (Cuadro de Augusto Ferrari)

En puerto de la boca del Napostá se instaló el destacamento naval que se componía del práctico Domingo Laborda y 5 marineros que contaban con una chalupa y dependían de la Capitanía de Puertos de Buenos Aires.



Puerto sobre el Napostá.

Filippo Caronti. El casi ingeniero genovés no había terminado su carrera profesional por el exilio político que la guerra en Italia le impuso. Para Bahía Blanca su aporte fue impresionante. Entre muchas obras de avanzada, en 1858 creó el primer muelle de madera que tuvo el puerto en las márgenes del Napostá y también el camino consolidado que lo unía con el pequeño poblado. Las instalaciones eran sumamente rudimentarias. El puerto siempre fue un aporte permanente a la supervivencia de la Fortaleza Protectora Argentina aislada en el sur provincial. La llegada de los veleros siempre significaba refuerzos, víveres o armamento y municiones, además de los correos con las tan esperadas noticias de los sucesos en Buenos Aires.



En marzo de 1876 la goleta Rosales, perteneciente a la Marina de Guerra al mando del capitán Martín Guerrico, dio comienzo a la colocación de balizas y boyas marcando los canales de ingreso a la ría. No obstante, el ingreso no se podía efectuar de noche por la falta de iluminación, el rudimentario sistema de señalización no era sufuciente para el ingreso de barcos. El 6 de octubre de 1881 se fondeó en el acceso a la ría el primer pontón-faro en el que inauguró la primera iluminación del extenso litoral bahiense.


"Delineamiento de Bahia Blanca"  segun un cuadro de A. Pellegrini en el Museo de Bellas Artes





Tolderia Mapuche



Vista de la plaza Ramón Estomba en Bahía Blanca. Dibujo del Ing. Carlos E. Pellegrini.






FOTO DE LOS PRINCIPIOS DE BAHÍA BLANCA

Durante varios años, la “Bahía Blanca” no era más que un fortín, levantado para cerrar el paso a los indios. En 1835 en torno de ese fortín un caserío llamado “Nuestra Señora de Misericordia”. En 1859 llega a Bahía Blanca el Ingeniero, Arquitecto y Paisajista Carlos Enrique Pellegrini, se instaló en una pequeña población hoy Zelarrayan próximo a la calle Sarmiento frente mismo a la plaza “Cnel Ramón Estomba” como se llamaba en aquel entonces, mientras realizaba sus estudios de investigaciones, tuvo oportunidad de presenciar aquella última invasión del 19 de mayo de 1859 de unos 500 indios. De este combate, guarda un imperecedero recuerdo del General de Brigada D. Daniel Cerri, Jefe de la Frontera Sud, y lo considera como uno de los hombres inminentes que intervino luchando valientemente al lado de sus esforzados compañeros de armas en calles del pueblo, ya había intervenido en numerosas y temerarias acciones.


"El malón" por Mauricio Rugendas

Otra versión contradice lo dicho anteriormente, parece que no fue el último malón sobre Bahía Blanca, veamos:

El ejército de Calfucurá era estimado en 6.000 guerreros: 1.500 ranqueles, 2.000 "pampas", 1.000 "chilenos" (seguidores de él mismo y los caciques Cañumil, Quentriel y demás), 800 araucanos (traídos desde el otro lado de los Andes) y 700 pehuenches. Esto era una prueba clara del control del cacique de un amplio y variado territorio. Calfucurá jamás recibió el apoyo material de su principal aliado, Valentín Sayhueque, quién se negó a participar de los malones realizados por los otros caciques. En buena medida esto se debió a los esfuerzos de la diplomacia porteña de evitar que las numerosas huestes de manzaneros apoyaran a los pampas en su esfuerzo bélico. Un nuevo gran malón se realizó en junio de 1870. Calfucurá atacó con 3.500 a 6.000 lanceros Tres Arroyos y la arrasó. Luego, en octubre hizo lo mismo en Bahía Blanca, matando medio centenar de criollos, secuestrando numerosas cautivas y robando 80.000 cabezas de ganado. Fuente Wikipedia.


Bahía Blanca

martes, 21 de octubre de 2014

GCE: El servicio secreto británico operando en España

Materia secreta: el espionaje británico en la Guerra Civil
Por: Ángel Viñas |





En 2010 se publicó la esperadísima historia oficial del Secret Intelligence Service (SIS) o, en su denominación hoy más habitual, MI6. Comprende desde el año de su establecimiento, 1909, hasta 1949. El autor, Keith Jeffery, catedrático de Historia de la Queen´s University de Belfast, afirma que tuvo acceso a toda la documentación que le pareció necesaria. El director general del MI6, John Sawers, también lo constató en su prólogo. El libro ha tenido un éxito inmenso. En el Reino Unido las obras sobre espionaje  gozan de gran popularidad. Los británicos siempre fueron maestros en el gran juego de la inteligencia / contrainteligencia.
[El cartel de la imagen pertenece a la colección de la Biblioteca Digital Hispánica. Es de 1939 y de autoría desconocida]
Las páginas referidas a España son, sin embargo, decepcionantes. Quien las lea no obtendrá mucha idea de lo que el MI6 hizo en nuestro país y pensará que fue mas bien poco. Esta carencia quizá sea explicable por varios motivos. En España no solo actuó MI6. También lo hicieron otros servicios británicos y Jeffery, naturalmente, no tenía porqué referirse a ellos; la documentación relevante puede seguir estando clasificada o haber desaparecido; el autor pudo no querer entrar en un escenario marginal para su gran historia: la actuación contra los enemigos del Reino Unido, ya fuesen en la Primera Guerra Mundial, en la Segunda o en los inicios de la Guerra Fría. Debió, eso sí, ver algunos papeles sobre España ya que alude a operaciones, que no identifica, que lanzó  desde Gibraltar durante la Guerra Civil el entonces jefe de estación en el Peñón, Leonard Hamilton-Stokes. Por cierto que este aparecería en Madrid, con igual condición, en los primeros meses de 1940.
Mis investigaciones durante los últimos diez años me han conducido a otras conclusiones. Por ejemplo: los servicios secretos británicos (aunque no necesariamente el MI6) estuvieron presentes en los inicios de la Guerra Civil; desempeñaron un papel en el golpe de Casado y continuaron funcionando, a ritmo más trepidante, durante la neutralidad/no beligerancia/neutralidad españolas en la Segunda Guerra Mundial.
El primer tema lo desarrollé hace algunos años al ligar la conspiración de Franco para eliminar al general Amado Balmes, comandante militar de Gran Canaria, con el famoso vuelo del Dragon Rapide, avión que debía transportarle a Marruecos. Uno de los pasajeros llegados de Londres a Las Palmas, el excapitán Hugh Pollard, había sido, cuando menos, agente del Servicio de Inteligencia Militar y es altamente verosímil que participase en la misión, siquiera para otear lo que pasaba, por encargo de la misma o del propio MI6. La cosa no está clara. En cualquier caso, no era agente de éste. Ingresó en él a comienzos de la Segunda Guerra Mundial.
Sobre el tercer tema estoy trabajando en la actualidad y espero poder presentar en un próximo libro un largo y denso acopio de datos e informaciones hasta ahora ignorados en la literatura.
Queda el segundo tema: el golpe de Casado, del que ahora se han cumplido 75 años. Aquí el protagonista fue un diplomático británico, convenientemente camuflado. Su nombre es conocido de los especialistas pero no se ha escrito mucho sobre él. Se llamaba Howard Denys Russell Cowan, abreviadamente Denys Cowan. Nacido el 23 de octubre de 1883, ingresó en el Foreign Office en septiembre de 1910. Fue destinado a Cuba en donde pasó la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial. Dimitió en octubre de 1920. Se ignoran las razones. Desaparece en la historia hasta agosto de 1938, cuando resurge como agregado honorario a la embajada británica en Barcelona. Esto fue, lo sabemos, una cobertura, quizá justificada por los peligros de su trabajo real. Era secretario y enlace de una comisión, presidida por el mariscal Sir Philipp Chetwode, que se ocupaba de facilitar el intercambio de prisioneros, franquistas contra republicanos y viceversa. Esto le daba la oportunidad de pasar de una zona a otra. Una facilidad de la que disfrutaban entonces contadísimas personas. Las oportunidades de otear y obtener información no pudieron faltarle.
Tras la caída de Barcelona en febrero de 1939 a Cowan se le envió al consultado británico en Madrid, ciudad entonces bastante aislada.  Este destino, sin embargo, desaparece en el anuario diplomático. Cierto es que no pudo ser de larga duración, pero es significativo por varias circunstancias muy especiales.
La más importante era que el coronel Segismundo Casado soñaba con un golpe que liquidase la Guerra Civil desde, probablemente, octubre de 1938. Esta información, que no estaba al alcance de todos y que obviamente ignoraba el Gobierno republicano, se transmitió a Londres. Esto puede explicar, para los no obtusos del todo, el traslado  de Cowan en Madrid. Casado, en la segunda versión de sus siempre falaces memorias, reconoció que tuvo contactos con agentes británicos, pero cuidadosamente se abstuvo de dar nombres.
Segismundo CasadoEs más, después de hundir todas y cada una de las posibilidades de resistencia y de prestarse a una gran operación político-estratégica de Franco para obtener la implosión republicana, Casado [en la imagen] se escapó a Londres. Aquí, refugiado y sin un chelín, no pasó ni hambre ni demasiadas privaciones. Un aspecto que no ha merecido la atención de los historiadores. ¿Por qué?
Veamos lo que hubo detrás. Un generoso donante le suministró fondos. No de forma directa sino a través del Comité de Ayuda a los Refugiados de España. Quien había detrás debió de ser muy precavido. En la documentación relevante aparece simplemente como “Miss Oliver”, mera pantalla.  Los importes fueron superiores a los que distribuía el comité.  El Foreign Office, de quien dependía el MI6, tomó cierto interés en que Casado se sintiera cómodo.
Obviamente no se trató de una ayuda desinteresada. Una mano anónima dio instrucciones al excoronel sobre cómo orientar el libro que rápidamente se puso a escribir, The Last Days of Madrid. Casado no sabía inglés, así que las instrucciones se le dieron en castellano. El libro se tradujo a velocidad de vértigo. Casado se lo dedicó a su “benefactora”, M.O. Se convirtió en un clásico que influyó durante 25 años en las muchas estupideces que se escribieron sobre el final de la guerra. Como reconoció privadamente mucho más tarde el propio Casado era, sin embargo, “pura bazofia”. ¿Quién estuvo detrás de la idea, de las instrucciones, de la traducción y de la publicación? Misterio.
Este misterio se ahonda un poco más porque tampoco se conoce nada todavía de las actividades de Cowan tras su regreso al Reino Unido. Hay que suponer que se le haría algún “debriefing”. Si es así, no se ha localizado. Tampoco reingresó en el Foreign Office. Los anuarios diplomáticos de 1939, 1940 y 1941 son mudos a su respecto. Sabemos, no obstante, tres cosas:

  1. Al estallar el conflicto europeo se proporcionó a Casado un trabajito en la sección española de la BBC. La gran emisora fue un refugio utilizado por los servicios secretos para camuflar a futuros colaboradores y agentes de numerosas nacionalidades.
  2. En algún momento Casado figuró en los planes que se cocían en Londres para hacer frente a la posibilidad de que Franco se decantara por el Eje.
  3. En lo que se refiere a Cowan ingresó en el recién creado Ministerio de Información, al cual pasó gente de las procedencias más diversas.

En este Ministerio se le nombró rápidamente jefe de la Sección de España. Esto significa que “alguien” valoró sus conocimientos. Lo que hizo no está todavía aclarado. En enero de 1940 sabemos que trató de conseguir un pasaporte español para la esposa de Casado (Carmen Santodomingo de Vega) a través de la sección de prensa de la embajada británica en Madrid. Al parecer dicha señora podía contar con el apoyo de dos generales, Juan Yagüe y Fernando Barrón, y del coronel José Ungría, exjefe del SIPM, el servicio de inteligencia militar de Franco. No podía contar con el apoyo de círculos falangistas y, en particular, con el del conde de Mayalde, a la sazón director general de Seguridad y como tal el inmediato sucesor de Ungría.
Dada la labilidad de las relaciones hispano-británicas en aquel momento el embajador sir Maurice Peterson prohibió toda ayuda a la esposa. No sabemos si llegó a obtener el pasaporte español o no. Nada hace pensar que pudiera reunirse con su marido en Londres. En cualquier caso, este no tardó en tener un affaire con una inglesa de la que nació una niña.
Sigamos con Cowan. En febrero de 1940 el Ministerio de Información decidió enviarle a España en misión. La embajada española en Londres le negó el visado, algo realmente sorprendente. Ello dio origen a una larga correspondencia entre el Ministerio, el Foreign Office y la embajada en Madrid. Por ella se deduce que en los altos niveles de la dictadura se consideraba a Cowan excesivamente pro-republicano. Este protestó indignado. Era un católico a machamartillo y si había ayudado a los republicanos, había ayudado más a los franquistas. Literalmente. De la correspondencia ha desaparecido el informe sobre sus actuaciones en Madrid.
Este intercambio fue a parar a conocimiento de “C”. Esta era la denominación interna y en clave del jefe del MI6, a la sazón sir Stewart Menzies. Por ello podemos pensar que no es absurdo establecer un enlace entre el Cowan de febrero/marzo de 1939 y el de un año más tarde. Cowan no viajó a España en esta última fecha. Podría haber seguido en el Ministerio de Información pero rápidamente se le destinó a otro puesto. La documentación disponible no permite adivinar adónde. Es posible que se considerase que era demasiado importante para exponerlo.
La no mención de Cowan en los anuarios diplomáticos a partir de 1940 puede explicarse por motivos que no tienen nada que ver con la necesidad de mantener el secreto más cerrado sobre sus actividades. Según la persona que debía acompañarle en su abortada misión, Tom Burns, agregado de prensa en el embajada británica, el escurridizo personaje que comenzó su carrera en Cuba pereció en uno de los bombardeos alemanes sobre Inglaterra.
Ahora bien, si se tiene en cuenta que igualmente han desaparecido muchos papeles relacionados con el viaje del entonces excapitán Pollard a Canarias, la volatilización de toda traza documental de las misiones de Cowan en España nos lleva a seis conclusiones provisionales:

  1. Los servicios secretos británicos estuvieron presentes en el comienzo y en el final de la Guerra Civil.
  2. Lo que hicieron es desconocido pero debió de ser lo suficientemente importante para que una mano misteriosa haya hecho desaparecer papeles que normalmente deberían estar disponibles en los archivos que no son del MI6 y de la Inteligencia Militar.
  3. Los archivos del MI6 no permiten profundizar en ninguna operación. Siguen cerrados a cal y canto. Unicamente el profesor Jeffery, como historiador oficial, tuvo acceso a la documentación.
  4. La imposibilidad de consultarlos no es fácilmente comprensible. Si se trata de no identificar personas, los nombres (eventualmente agentes españoles) pueden borrarse. Lo hacen habitualmente los británicos, los norteamericanos y, por lo que sé, los franceses. Si se trata de no identificar el modus operandi correspondiente, ¿por qué se ha levantado el velo sobre operaciones en otros países que ha descrito el profesor Jeffery?
  5. Existe documentación británica accesible, con nombres, en relación con otros servicios que no son el MI6 o la Inteligencia Militar.
  6. No deja de ser paradójico que en los momentos actuales se sepa más acerca de las actividades en España durante la Guerra Civil del servicio de espionaje de la NKVD que por el lado británico.

No corresponde a un historiador extranjero especular acerca de las razones por las cuales la política desclasificadora del Gobierno británico no se aplica a documentos que difícilmente podrán contener vitales secretos de Estado. Aunque esto sea algo que no cabe por principio descartar, siempre es posible retener información supersensible. Cualquier historiador que trabaje en archivos se encuentra regularmente con ejemplos de ello.  Y no pasa nada. Tampoco se hunde nada.

fuente

lunes, 20 de octubre de 2014

Holodomor: El periodista que recibió el Pulitzer pese a negar el holocausto ucraniano

El periodista que recibió el Pulitzer a pesar de ocultar el genocidio ucraniano

por Javier Sanz-

Con la Revolución rusa de 1917 caía el régimen zarista y los ucranianos creyeron ver su oportunidad para conseguir la independencia. Con la llegada de los bolcheviques al poder, encabezados por Lenin, los aires de libertad en Ucrania desaparecieron cuando el Ejército Rojo recibió órdenes de devolver la oveja descarriada al redil de la hoz y el martillo. Tras más de dos años de lucha soterrada, los bolcheviques se hicieron con el control de Ucrania. Los años de guerra, la confiscación del grano de sus fértiles tierras como tributo de guerra y una pertinaz sequía provocaron en Ucrania una terrible hambruna en 1921. Lenin, ante aquel terrible panorama, suspendió la confiscación de grano y suavizó las nuevas medidas económicas de colectivización que consiguieron aliviar temporalmente el hambre en la región. La muerte de Lenin confirmó el dicho que reza “otro vendrá que bueno te hará“… y llegó Stalin.

 Stalin

Para Stalin, eso de la humanidad debía ser una tara de los capitalista. Aplicó su primer plan quinquenal (1928-1932) para conseguir la transformación radical de las estructuras económicas y sociales soviéticas sin ningún tipo de miramientos. Para ello, se colectivizó la agricultura expropiando las tierras, las cosechas, el ganado y la maquinaria; se reguló la producción y la mayor parte de las cosechas de cereal se destinaron a la exportación y compra de productos manufacturados para la rápida industrialización. Todas estas medidas cambiaban radicalmente la fisonomía de una sociedad mayoritariamente agrícola que debía someterse al control total del Estado. Stalin fue especialmente riguroso y estricto, al contrario que su antecesor, con la implantación de estas medidas en Ucrania, donde topó con los terratenientes ucranianos (kulak), una excusa perfecta para las futuras maniobras de Stalin en Ucrania. Los kulaks desaparecieron misteriosamente y sus tierras fueron expropiadas, las propiedades de los pequeños agricultores independientes fueron confiscadas y éstos obligados a trabajar en las granjas colectivas. Los que se negaban eran deportados a Siberia —más de ochocientos mil—, de donde la mayoría de ellos nunca regresó. Por si esto fuera poco, en 1932, Stalin ordenó incrementar la producción de las granjas colectivas de Ucrania para disponer de más grano para las exportaciones. Apenas quedaba nada para las familias e incluso se bloquearon las fronteras para que no pudiese llegar comida del exterior. El hambre y la muerte se extendieron por todo el país. Veinticinco mil personas, sobre todo niños, morían de inanición cada día. Entre 1932 y 1933, unos ocho millones de ucranianos murieron por un arma de destrucción masiva llamada hambre.



Stalin siempre negó el genocidio ucraniano (holodomor) e incluso llegó a contar con un aliado inesperado: el corresponsal de The New York Times en Moscú, Walter Duranty. Los informes de Duranty en esta época afirmaban:

Cualquier informe de hambruna en Rusia es hoy una exageración o propaganda maligna. No hay hambre o muertes por inanición.


Duranty

E ironías de la vida, Walter Duranty recibió el Pulitzer en 1932. Bajo la férrea dictadura comunista todo permaneció en silencio y solo en 1991, tras el desmembramiento de la Unión Soviética y la recuperación de independencia de Ucrania, se destapó el genocidio. En 2003, y ante las miles de voces que pedían revocar el galardón concedido a Duranty, la junta del Premio Pulitzer se reunió para estudiar el caso. La conclusión final fue que el premio se le había otorgado por una serie de artículos publicados en 1931 que nada tenían que ver con el holodomor y, por tanto, no tenían por qué revocarlo. Eso sí, queriendo dejar constancia de su sensibilidad, remataron el informe con unas hipócritas palabras:

La hambruna de 1932-1933 fue horrible y no ha recibido la atención internacional que merecía. Con esta decisión -no revocar el Pulitzer-, el Consejo de ninguna manera quiere disminuir la gravedad de lo ocurrido. La junta expresa su condolencia a los ucranianos y a todos los que todavía lloran el sufrimiento y la muerte provocados por Josef Stalin.

Lógicamente, Stalin elogiaba la labor y, sobre todo, los informes de Walter Duranty

Historias de la Historia

domingo, 19 de octubre de 2014

JAR: Su herencia innegable

El extenso legado del expresidente: Roca, un siglo después

El dos veces mandatario fue clave en la construcción del Estado argentino en múltiples aspectos, algunos poco difundidos.




Por Héctor Landolfi - Rio Negro

Una prioridad: la educación laica y gratuita para buena parte de la población. La infraestructura, especialmente los ferrocarriles, recibió un impulso decisivo. En lo social, el inicio del sistema de seguridad social y de jubilación estatales. Leyes laicas como la de registro y matrimonio civil lo enfrentaron con la Iglesia. A nivel internacional, los límites con Chile, la presencia en la Antártida y la Doctrina Drago, que impide el cobro de deudas mediante fuerza militar. Y la Campaña del Desierto, que selló un conflicto de 350 años y consolidó la soberanía nacional en la Patagonia.

El 19 de octubre de 1914 murió en Buenos Aires Julio Argentino Roca, el que fue dos veces presidente de la Nación y notable estratega militar. Le cupo la suerte de morir en su patria, la que ayudó a forjar con su espada y sus capacidades de estadista. Fortuna que no tuvieron San Martín, quien falleció en la lejana Francia, en un casi exilio; Rosas, en su forzado retiro británico y Sarmiento, en Paraguay, lejos de sus escuelas.

El país que Roca abandonaba en forma definitiva era muy diferente de aquel que sus ojos comenzaron a ver a partir del 17 de julio de 1843 en su Tucumán natal.

En los setenta y un años que duró su vida, la Argentina pasó de un estadio no demasiado diferente del de esa colonia que se había separado de España en 1810, a ser la sexta economía del mundo. Roca fue el constructor del Estado que produjo esa profunda transformación positiva.

Ese cambio gigantesco, que algunos argentinos ignoran y otros persisten en denostarlo desde una sesgada visión ideológica, fue adecuadamente percibido por el mundo desarrollado de entonces. Pronto, los centros de poder mundial dieron pasos concretos para conectarse con esa potencia emergente. Y la actividad cultural acompañó el crecimiento de ese poder.

En 1891 se inauguró el Teatro Odeón, el que se transformó, en el siglo XX, en un lugar donde se produjeron acontecimientos históricos de la cultura y la política argentinas. En su sala, en 1896, se realizó la primera proyección cinematográfica argentina, al año siguiente de la realizada por los hermanos Lumière, en París. Y en esa misma sala, en 1897, se realizó el congreso que decidió la candidatura del general Julio Argentino Roca a su segunda presidencia.

En 1893, la Alianza Francesa, la asociación cultural internacional más grande del mundo, se instaló en Buenos Aires. En 1905 se inauguró, con la actuación del famoso payaso norteamericano Frank Brown, el Teatro Coliseo. En 1920, Enrique Susini realizó desde el techo de ese teatro la primera transmisión radiofónica. A partir de 1908, el nuevo edificio del Colón recibió a los principales cantantes líricos europeos. Ese mismo año, María Guerrero inauguró el Avenida, epicentro del mejor arte lírico ibérico. Y fue la gran actriz española quien donó el Teatro Nacional Cervantes en 1921.

Ford, uno de los mayores fabricantes de autos, abrió en la Argentina en 1913 su segunda sucursal en el exterior. Y en 1914, Harrod's, la gran tienda inglesa, inauguró en Buenos Aires su primera y única casa fuera de Inglaterra.

El deporte, también, fue evidencia clara de ese país que crecía. Durante la segunda presidencia del general Roca -y aún después- se crearon los que serían los grandes clubes del fútbol argentino: River Plate, 1901; Racing, 1903; Independiente, 1904; Boca Juniors, 1905 y San Lorenzo, 1908.

El gran salto cualitativo

El impulso que Roca dio a la educación pública no tuvo precedentes ni emulaciones posteriores. El Consejo Pedagógico de 1882, donde se gestó la ley 1420, la más inclusiva y eficaz de las de enseñanza primaria; el Consejo Nacional de Educación en 1884; el "secundario", sobre el modelo del baccalauréat francés, el mejor del mundo en su momento; la "Ley Avellaneda", en 1885, sobre el funcionamiento de las universidades nacionales. Y para industrializar al país con gente propia, creó el Colegio Industrial de la Nación, Otto Krause, en 1899, en su segunda presidencia. Este virtuoso círculo educativo posibilitó que el hijo de un inmigrante analfabeto pudiera transformarse en un profesional y que la Argentina lograra índices de alfabetización ubicados entre los más altos del mundo. Ese nivel educativo y cultural es el que le permitió a la Argentina tener tres premios Nobel de ciencias: Houssay en 1947, Leloir en 1970 y Milstein en 1984.

El militar

Julio Argentino, nacido en el seno de una patricia pero modesta familia tucumana, siguió el mandato familiar de su padre, el coronel José Segundo Roca, y logró estudiar en el Colegio Nacional del Uruguay gracias a una beca que le otorgó Urquiza.

Con sólo dieciséis años, el jovencísimo subteniente de artillería Roca, tuvo su bautismo de fuego en la Batalla de Cepeda (1859) al mando de su batería y sirviendo en el Ejército de la Confederación Argentina. En Cepeda, Roca inicia una carrera militar que no conoce derrotas y le permite, en tres quinquenios, recibir las palmas del generalato a los 31 años. Las recibe del presidente Nicolás Avellaneda en el campo de batalla, luego de vencer a la revolución mitrista en las batallas de "La Verde" y "Santa Rosa" (1874). Y culmina su carrera en la Campaña del Desierto, el gran operativo militar que permitió consolidar la soberanía nacional en la Patagonia. El éxito de esta campaña fue ponderada por el mariscal Helmuth von Moltke, uno de los mayores estrategas alemanes, quien así se lo hizo saber a Miguel Cané, embajador en Berlín.

Roca fue militar, pero no militarista. En su discurso al Congreso de la Nación, al asumir su primera presidencia (1880) Roca anunciaba: "Consagraré a las reformas que son reclamadas en este ramo (ejército) mis mayores esfuerzos para evitar los peligros del militarismo, que es la supresión de la libertad...".

Hombre de fe

Roca fue persona creyente, pero no accedió al clericalismo. El 2 de junio de 1879 le comunicó al presidente Avellaneda la celebración de un tedeum en agradecimiento al éxito de la Campaña al Río Negro. Y finaliza el informe expresando: "En ninguna parte se siente uno tan cerca de Dios como en el desierto".

Cinco años más tarde, ya presidente, promulgó la ley 1420, cuya concepción laica de la enseñanza generó la crítica de la jerarquía católica.

La oposición de la Iglesia a la laicidad de esa norma legal fue expresada públicamente por el nuncio apostólico Luis Mattera. Ante este hecho y en vista del estatus diplomático del representante papal, Roca lo expulsa del país y rompe relaciones diplomáticas con el Vaticano (1884). Es a partir de entonces que el presidente obligó a los obispos a que en el juramento tradicional agregaran el de "Fidelidad a la Nación Argentina".

El civilista

El estro cívico roquista se proyecta en la ley que creó el Registro Civil, que permitió inscribir nacimientos, matrimonios y defunciones con independencia de su origen religioso. Y con el mismo criterio se modificó el Código Civil para permitir el matrimonio civil.

Durante su presidencia se sancionó el Código Penal y se ejerció por primera vez en el país la libertad de prensa. Se publicaron doscientos diarios, cien en la Capital Federal.

Salvo sus ministros de Guerra y Marina, Luis María Campos y Pablo Riccheri, que eran militares, sus ministros y colaboradores fueron civiles de elevado nivel intelectual. Recordaremos sólo algunos: Norberto Quirno Costa -su vicepresidente-, importante periodista y diplomático; Bernardo de Irigoyen, uno de los gestores del Acuerdo de San Nicolás, abolicionista de la pena de muerte y brillante intelectual; Joaquín V. González, historiador, filósofo, escritor, fundador de la Universidad de La Plata; Amancio Alcorta, músico, rector del Colegio Nacional de Buenos Aires; Luis María Drago, jurista eximio, creador de la única doctrina oficial argentina de Relaciones Exteriores, referida a deuda externa; José María Ramos Mejía, educador y médico brillante, creador de la Asistencia Pública de la Ciudad de Buenos Aires, hoy el SAME.

La guerra de los 350 años

Desde la llegada de Pedro de Mendoza a la orilla occidental del Río de la Plata (1536) hasta que Roca finaliza su Campaña al Desierto (1885) trascurrieron tres siglos y medio de una guerra intermitente. Esta enorme profundidad temporal contrasta frontalmente con la brevedad de la lucha en el mundo andino. Pizarro, en dos años, con 180 hombres y treinta caballos, derribó la formidable estructura política, militar y económica del imperio incaico.

Mientras la acción de Pizarro fue una clara invasión al imperio del Cuzco, el arribo de Pedro de Mendoza al estuario del Plata se aprecia como un contingente que se asentó en una llanura recorrida por tribus nómades que a nadie pertenecía. Este asentamiento era comparable, en buena medida, al efectuado por los galeses en el Chubut.

Durante estos tres siglos y medio, Buenos Aires se transformó y elevó su jerarquía. Pasó de ser la pariente lejana y pobre del imperio español, a constituirse en cabecera del Virreinato del Río de la Plata (1776) luego, en expulsora de los invasores ingleses, que la tornó en prestigiosa ciudad "Reconquistadora" (1808) y poco más tarde, y a partir de 1810, en el motor independentista de la dominación española. Proceso dado en el marco de una conflictividad intermitente con el indígena.

En la etapa independiente, el enfrentamiento con las tribus nómades no cedió, se acrecentó a medida que el malón araucano (mapuche) de origen trasandino se abalanzaba sobre el ganado vacuno y caballar que se criaba en la llanura argentina. A este enorme robo de ganado, las tribus araucanizadas agregaron la extracción de sal, efectuada de este lado de los Andes para venderla en Chile, país que carecía de ella.

Este persistente estado de guerra entre el indígena y las poblaciones cristianas culminó en el Malón Grande (1872). Seis mil indios de lanza araucanos (mapuches), al mando de Calfucurá, atacaron las poblaciones del sur de la provincia de Buenos Aires, incendiando casas y pueblos, matando a 400 pobladores, secuestrando a 500 mujeres y a niños para esclavizarlos, y robando 300.000 cabezas de ganado.

Si esta cifra de animales robados era la real, estaríamos ante el mayor rodeo -y el mayor pillaje de ganado- de la historia argentina y posiblemente del mundo. Su valor a precio de hoy rondaría los 90 millones de dólares y equivaldría a más de dos meses de transacciones comerciales en el Mercado de Hacienda de Liniers. Éste era el "pingüe negocio" al que se refería Roca y el que Calfucurá quería legar a sus descendientes al exclamar, momentos antes de su muerte: "No entregar Carhué al huinca". Carhue era la rastrillada principal por donde los araucanos (mapuches) pasaban a Chile el ganado robado en la Argentina. La magnitud del robo araucano de ganado torna ridículos los dichos de Osvaldo Bayer, quien afirma que la rapiña de animales por parte de los indígenas se debe a que éstos no tenían nada para comer.

La Campaña al Desierto puso fin a este estado de guerra y saqueo. Roca diseñó la tropa en relación con su oponente. Quitó al soldado la coraza de cuero que impuso Alsina y lo alivianó de enseres; suprimió la artillería y aumentó la caballada para otorgar mayor movilidad a sus soldados. Organizó un verdadero contra-malón, de acuerdo con lo aprendido en la Comandancia de Fronteras y lo asimilado en largas conversaciones mantenidas con el coronel Manuel Baigorria, oficial unitario de Paz que se pasó a los ranqueles, convivió veinte años con ellos y dirigió malones que se abatieron sobre pueblos gobernados por federales.

Los números concretos de la Campaña del Desierto revelan que el Ejército argentino movilizó 6.000 soldados acompañados de 800 indios amigos. En los enfrentamientos se produjeron 1.600 indios de pelea muertos o prisioneros y 10.500 prisioneros integrantes de la "chusma", el apoyo logístico del combatiente araucano constituido por sus mujeres e hijos. Si tenemos en cuenta que cada indio de pelea llevaba a su familia como apoyo logístico y el promedio histórico daba 4,1 a 4,2 personas de "chusma" por combatiente indígena, los 10.500 individuos de "chusma" detenidos corresponderían a 2.600 indios de pelea, lo que estaría revelando que al menos 1.000 combatientes araucanos se replegaron a la Araucanía chilena desde donde invadieron la Argentina.

Esta realidad la confirmó el general Villegas en su informe al general Viejobueno del 5 de mayo de 1883: "He creído de suma necesidad trazar una línea de defensa paralela a la cordillera a fin de evitar que los salvajes que habían sido arrojados de nuestro territorio no volvieran a pasar a él".

Los ideologizados historiadores actuales coinciden con estas cifras, pero ignoran a los caídos de nuestro Ejército, parecería que la muerte de los humildes y sacrificados soldados criollos no tiene derecho a que la historia la registre.

Las cifras expuestas, como el destino dado a los prisioneros, revelan que la acusación de "genocidio" con que se estigmatiza la Campaña al Desierto queda lejos de la realidad.

Los indígenas más reacios fueron confinados junto a sus jefes en la isla Martín García. El resto de los hombres fue ubicado en estancias bonaerenses y del Norte, y también en el Ejército. Las mujeres jóvenes fueron colocadas para el servicio doméstico en familias porteñas y de la provincia de Buenos Aires, destino mucho más amable que el de las cautivas cristianas del indígena.

La cruel realidad que soportaban estas mujeres en las tolderías está cabalmente descripta por José Hernández en la segunda parte de su Martín Fierro.

El resultado de la lucha como el trato dado a los prisioneros indígenas muestran una realidad sideralmente distinta de la admitida por Juan Manuel de Rosas en su testamento, quien declara que en su campaña al desierto de 1833, "se ultimaron a 50.000 indios y otros tantos se aprendieron". Los prisioneros indígenas detenidos en esa oportunidad fueron atacados criminalmente por los soldados de Rosas, como lo pudo comprobar Charles Darwin en su recorrida por nuestra llanura.

No puede dejar de señalarse que el kirchnerismo -y cierta izquierda ajada- encabeza el repertorio de las injustas paradojas históricas que involucran a Roca.

Mientras el gobierno realiza y promueve acciones contra el general tucumano que fue dos veces presidente de la Nación y consolidó la soberanía nacional en la Patagonia, simultáneamente, se enseñorea sobre el neuquino maná petrolífero y gasífero de Vaca Muerta; que no sería argentino si no fuera por la Campaña al Desierto.

La memoria de Roca sonreirá irónica -quizá, algo escéptica- al ver que sus desagradecidos detractores actuales estudiaron en la escuela pública por él creada; se curaron en hospitales generados en su gestión de gobierno; construyeron casa con crédito de fomento del Banco Hipotecario Nacional, que él fundó y se trasladaron en buenos ferrocarriles construidos durante su presidencia. Héctor Landolfi (*)

(*) Exdirectivo de la industria editorial argentina.

sábado, 18 de octubre de 2014

Conquista del desierto: Siguen rompiendo las pelotas los mapuches

“Ahora sí, la solución mapuche”

Rolando Hanglin
La Nación.com


Gracias a Dios misericordioso, la Facultad de Filosofía y Letras ha hecho una pausa en su paciente enseñanza de la filosofía, y otra pausa no menos valiosa en la docencia de las letras, para reparar en mi modesta columna periodística, que ha "repudiado".

No faltará algún insolente que se pregunte: "¿Y qué tiene que ver la Facultad de Filosofía y Letras con la columna de un periodista sobre la cuestión mapuche? ¡Es como si opinara el Instituto Nacional del Cine o la Cámara Argentina de la Construcción!".

No, señores. El bondadoso coscorrón que me aplicó la Facultad fue de gran utilidad para meditar sosegadamente sobre este asunto. Ahora sí puedo aportar a mis connacionales una propuesta realista sobre el tema que se viene debatiendo.

1) Concepto primordial. Las tierras pertenecen a sus pobladores originarios. Por ese motivo, las provincias de Santa Cruz, Chubut, Neuquén, Río Negro, La Pampa, Mendoza, San Juan, San Luis y Buenos Aires deben ser devueltas íntegramente a las comunidades mapuches, sus dueñas legítimas. Esto suma un 70 por ciento del territorio nacional.

2) Matices. ¿Cómo puede acreditarse que una persona pertenece a la etnia mapuche si no tiene apellido mapuche, ni habla la lengua mapuche? Tanto un detalle como el otro se deben al genocidio de Juan Manuel de Rosas, Facundo Quiroga, Julio Roca, Conrado Villegas, Lorenzo Vintter, el coronel Granada, Federico Rauch, Adolfo Alsina, Estanislao Zeballos, el Perito Moreno, Domingo Sarmiento y Emilio Mitre. Es decir: han bautizado por la fuerza a los aborígenes, obligándolos durante generaciones a hablar el castellano. De esta manera, sólo resta un modo de pertenecer a la etnia, que es "declarativo". En esta modalidad, pertenece a la nación mapuche todo aquel que se declara mapuche. Y listo. No importa si es argentino o chileno, ya que las repúblicas de Argentina y Chile son posteriores a la existencia de la etnia mapuche. No importa el apellido; es igual.

3) Ocupación. Podría objetarse que los mapuches, sumados a otras naciones históricas, nunca totalizaron más de 100.000 individuos. Mal podían ocupar, entonces, toda la Patagonia y la Pampa. A esto respondemos: ¿Ustedes cómo saben? ¿Los contaron? ¿Estaban en los Andes Patagónicos allá por el 1600? No. ¿Verdad? Entonces, a callar. Ellos son los dueños de la tierra. Ejercían la "ocupación invisible". En efecto, al tratarse de naciones nómades, que se trasladaban con sus toldos de un sitio a otro según la alternancia de sequías, cosechas, migración de la fauna e incluso malones (NdR: se desconoce el significado histórico de la palabra "malón" y el verbo "maloquear", posiblemente vinculado a la contemplación de la Cruz del Sur) ocupaban de manera "invisible" toda la Patagonia y la Pampa, en sentido lato. Potencialmente, estaban en todos los puntos de la región: se encontraban en Caleta Olivia pero también ocupaban Bariloche. Estaban en General Acha, pero también ocupaban Mar del Plata. De esta forma eran, y deben seguir siendo, los dueños de toda esta vasta zona. Donde están y donde no están.

4) Apellidos. Debido al etnocidio, los bellos apellidos de la tierra como Carripilum, Nahuelpán, Acha-Huentrú, Ancanamún, Inacayal, Epugner, Curru-huinca, Sayhueque o Nahuel-Payún han sido sustituidos por vulgares nombres cristianos como Almada, Peralta, Linares, Morales o Santillán. Corresponde entonces -y es lo que hacen aquellos que se declaran mapuches- volver a sustituirlos por otros, más propios de la tierra. En este caso, Nahuel. Que bien mirado es sólo un nombre y carece del sufijo totémico, pero eso es lo de menos. Casi todos los militantes, ahora, se llaman Nahuel, aunque en el DNI figure Antonucci, Sufraniazuk o Salvatierra.

Los caciques Amaranto Aigo (Aluminé) y Francisco Curruhuinca (Quila Quina) deberán cambiar, pues, sus nombres por el más sencillo y menos aristocrático Nahuel. En cuanto al monumento sito en Quila Quina, con una bandera argentina, una placa de bronce y en ella la siguiente inscripción: "De la Nación Argentina a sus Hijos Araucanos", que todos los 25 de mayo la comunidad Curru-huinca iza con gran emoción, se tachará la palabra "araucanos", reemplazándola por "originarios". Lo demás, queda. En efecto, "araucano" es el oriundo de Arauco, en Chile, y lo suprimimos por ser geográficamente discriminatorio.

5) Problemas remanentes. La nación ranquel es un caso especial, que debe ser considerado. Esta valiente comunidad, recordada por sus grandes jefes históricos Yanquetruz, Painé, Painé-Guor (Mariano Rosas) y Epugner o Epumer, es de antigua radicación en territorios de San Luis, La Pampa y Córdoba. Sus jefes y lanceros demostraron un coraje inigualable en los turbulentos años de las guerras interiores argentinas (1820-1890) con una particularidad. Numerosos jefes militares unitarios, derrotados en sus provincias, entre ellos los hermanos Juan, Francisco y Felipe Sáa (así como el coronel Manuel Baigorria) buscaron refugio en las tolderías ranquelinas. En las tierras de los blancos los esperaba el fusilamiento (o el degüello) de modo que entre los ranqueles se radicaron, se casaron y compartieron aventuras y desventuras.

De ahí que los dirigentes actuales de la provincia de San Luis, el gobernador Alberto Rodríguez Saá y el senador don Adolfo, sean parientes de la nobleza ranquelina. Se los considera descendientes del cacique Lanza Seca. Estos parentescos históricos de noble linaje han facilitado, sin duda, que la provincia de San Luis establezca acuerdos justos y progresistas con la nación ranquel. Pero, para que sean revalidados estos convenios, los ranqueles (o ranculches) deberán declararse mapuches. Con eso queda todo solucionado. ¡Que conste, es una excepción en homenaje a la noble historia de Yanquetruz y Painé!

A las antiguas naciones tehuelches del norte y sur (los gununa-kena y los aoniken) teniendo en cuenta que son poco numerosas porque no se han llevado bien con los mapuches, y estos los diezmaron enérgicamente, se les conceden como premio consuelo las localidades de Bahía Blanca, Río Cuarto, Bariloche y Villa La Angostura. Para ello deberán presentarse a reclamarlas.

En cuanto a las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones, más la de Santa Fe, serán entregadas a todos aquellos que se declaren miembros de la etnia guaraní, querandí, chaná, timbú o chorote. Chaco y Formosa quedan para los wichis, tobas, mocovíes y chiriguanos. Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja y San Juan, para los que se declaren integrantes de la etnia colla. Córdoba para los comechingones, Santiago del Estero para los sanavirones, Tucumán para los lules y tonocotés. La ciudad de Buenos Aires puede ser compartida de modo equitativo por todos los pueblos originarios.

6) Acechanzas. Existe el peligro de que el imperio incaico se reconstituya y reclame nuestras provincias del Noroeste. Se le responderá que la soberanía originaria es anterior a la incaica, que recién se estableció en 1450. Otro peligro: el Reino de España podría reivindicar su gobierno sobre toda esta parte de América, pero también debe ser descartado por excesivamente moderno: nunca anterior a 1492, año de la primera invasión de Colón.

7) Interrogantes. ¿Qué hacer con los gringos, es decir los pobladores de origen europeo (o asiático) que se han adueñado de estas comarcas, multiplicándose de modo alucinante? ¿Qué hacer con un Alfredo De Angeli, un Litto Nebbia, un Alejandro Lerner, una Cecilia Roth, un Ricardo Alfonsín, un Chango Spasiuk,un Bruno Gelber, un Cristiano Rattazzi, un Fabián Giannola, un Tomás Abraham, un Ernesto Sábato, un Gabriel Batistuta, y otros 30 millones de argentinos blancos? Muy simple: pueden volver a sus países de origen o conchabarse como esquiladores, peones o puesteros en los campos de los señores Nahuel.

De este modo queda resuelto el tema, de manera razonable y justa. ¡Finalmente!