martes, 3 de marzo de 2015

Justo se cayó de un avión

A propósito del General Agustín P. Justo.
En 1927 siendo Ministro de Guerra del presidente Alvear, en una recorrida por La Rioja, Justo se cayó del avión que lo transportaba. Medio contuso, pudo ubicar postes de telégrafo que lo llevaron a una estación cercana y sin perder compostura anunció al empleado. "Soy el ministro de Guerra. Póngame en contacto con Buenos Aires"



Gracias a Junta de Estudios Históricos de la Recoleta.

lunes, 2 de marzo de 2015

Guerra del Paraguay: El fin de la guerra

Finaliza la guerra de la Triple Alianza contra Paraguay
01-03-1870



Un día como hoy, en el año 1870, llegaba a su fin el conflicto de Paraguay contra Argentina, Uruguay y Brasil conocido como la Guerra de la Triple Alianza, con la muerte del líder paraguayo Francisco Solano López en manos de las tropas brasileñas. Luego de la guerra, en la que murieron aproximadamente 300.000 paraguayos entre civiles y militares, el país quedó devastado: tuvo que pagar una indemnización de guerra, fue ocupado por casi 10 años y perdió alrededor del 40% de su territorio, que pasó a formar parte de Argentina y Brasil.
La guerra fue declarada por el gobierno paraguayo en noviembre de 1864 a partir de diversos conflictos con Uruguay y Brasil. La fase inicial fue la campaña del Mato Grosso, en la que las tropas paraguayas ocuparon y saquearon gran parte de la provincia.
Luego, a partir de la negativa del entonces presidente argentino Bartolomé Mitre de permitir pasar a las tropas de Solano López por su territorio, el ejército paraguayo invadió la ciudad de Corrientes. Argentina, que hasta ese momento sostenía una posición neutral frente al conflicto, entró en la guerra, formándose así la Triple Alianza.


History Online

domingo, 1 de marzo de 2015

SGM: El ejército fantasma aliado

El Ejército Fantasma: el engaño que ayudó a ganar la II Guerra Mundial
Por Javier Merchán - Hipertextual

No sólo hizo falta armas y hombres para ganar la II Guerra Mundial, y prueba de ello es El Ejército Fantasma, una unidad que engañó al ejército nazi mediante vehículos inflables, sonidos y transmisiones de radio falsas. Esta es su historia.


Miembros de El Ejército Fantasma levantando un tanque M4 Sherman de señuelo y fabricado en goma. Fuente.

"El arte de la guerra es el arte del engaño." Esta frase puede ser encontrada en el primer capítulo de "El arte de la guerra" del general chino Sun Tzu, y que se convirtió en uno de los principales tratados para estrategia militar. Así, hemos visto a lo largo de la historia numerosos engaños en la guerra, pero uno de los períodos más prolíficos para este tipo de engaños fue durante la II Guerra Mundial, con claros ejemplos como El Ejército Fantasma. Veamos como este "ejército" fue capaz de engañar a las fuerzas nazis durante los últimos compases de la guerra.


Parche de la 23º Compañía. Fuente.
La historia de El Ejército Fantasma comienza con su formación en Camp Forrest, una base estadounidense en Tennessee, dónde se reclutaron a los primeros miembros de la 23º Compañía de Tropas Especiales (23rd Headquarters Special Troops), que estaría compuesta por tres unidades diferentes encargadas de varias partes del engaño: la 603º de Ingenieros de Camuflaje, encargados del engaño visual, la 3132º Compañía de Señales, encargados del engaño sónico, y la Compañía Especial de Señales, encargados de transmitir vía radio órdenes falsas de movimiento de tropas. Estas tres unidades estaban protegidas en todo momento por la 406º de Ingenieros de Combate, situadas alrededor de la 23º como perímetro de seguridad.
Al principio, ni el propio ejército estadounidense no tenía claro cómo iba a operar esta unidad especial ni qué clase de soldados iban a formar parte de la 23º. Así, los soldados que fueron reclutados de escuelas de arte o agencias de publicidad se les animó a que usaran su imaginación y talento para engañar utilizando lo que encontraran a su alrededor para formar estructuras similares a cañones tanques o todoterrenos, lo que dio lugar a una unidad amalgamada formada por 1100 artistas, arquitectos, actores, diseñadores e ingenieros que creaban figuras muy simples intentando emular equipamiento militar, con unos primeros resultados bastante desastrosos durante el entrenamiento.

Tanque M4 Sherman falso utilizado por la 23º. Fuente.
Así, en un cuartel de desarrollo en el desierto de California se empezaron a crear diversas formas para simular vehículos militares bastante imaginativas, como cubiertas metálicas en forma de tanque y que iría colocada encima de un todoterreno para poder ser una estructura móvil, o vehículos montados por piezas y con un recubrimiento de tela para poder se montado y desmontado a voluntad. Finalmente, se optó por una tercera opción: vehículos hinchablesque eran un reproducción extremadamente fiel de los auténticos tanques, todoterrenos y cañones que utilizaban los americanos.
Sin embargo, con un engaño visual no bastaba, y la 23º se ayudó de los laboratorios Bell para realizar una serie de grabaciones de diferentes vehículos militares circulando, así como grabaciones del sonido que se escucha cuando los soldados montaban un puente móvil para poder cruzar un río en un punto determinado. Estas grabaciones eran posteriormente reproducidas por unos altavoces gigantes montados en camiones, los cuales estaban orientados hacia el enemigo para que pudieran escuchar de primera mano como se "preparaban para atacar".

Sistema de sonido montado para escenificar el movimiento de tropas. Fuente: PBS Documentary.
Este último aspecto fue aún más perfeccionado gracias a la unidad de radio, formada por diferentes operadores de radio sacados de sus antiguas unidades y que estaban allí para transmitir órdenes falsas y que fueran interceptadas por los alemanes. Con todo esto, la 23º fue preparada para hacerse pasar por una fuerza de más de treinta mil hombres, a pesar de ser poco más de una trigésima parte de los mismos. Una vez preparada y entrenada esta extraña unidad, era hora de probar si sería efectiva, y para ello el Alto Mando aliado desplegó a la 23º en Normandía, concretamente 8 días después del Día D.
La 23º era un experimento que asentó lo que serían las bases del engaño y la desinformación para futuras guerras.La prueba de fuego de la 23º, que en realidad sólo involucró a una unidad de 15 hombres de la 603º de Ingenieros de Camuflaje (el resto de la Compañía seguía entrenando en Inglaterra), fue ayudar durante un mes al 980º Batallón de Artillería para que los alemanes descargaran su munición en los señuelos colocados y no destruyeran los cañones del batallón. La misión resultó un éxito, por lo que el resto de la compañía (salvo la unidad de sonido) fueron embarcadas a la costa del norte de Francia para ayudar en operaciones a mayor escala.
No obstante, mientras esperaban a que le asignaran una misión, a la 23º se le ocurrió otra idea ingeniosa para confundir al enemigo llamada "Efectos Especiales", y que consistía en hacerse pasar por soldados de unidades que o bien no existían o bien aún no estaban desplegadas, y difundir esa información falsa mientras fingían estar de fiesta en pueblos antiguamente ocupados por alemanes y ahora liberados por la fuerza aliada. Esta información iba destinada a los posibles espías que se habían quedado rezagados esperando obtener alguna información, y los de la 23º se tomaron esto tan en serio que diseñaron parches nuevos para identificar unidades ficticias, así como pintar identificativos falsos en los camiones que conducían. Sobra decir que esta técnica resultó muy efectiva.

A mediados de agosto, la fuerza aliada se empezaba a expandir por toda Francia para aumentar el frente aliado y dirigirse en dirección este, hacía las puertas del Tercer Reich. Sin embargo, la 23º, una vez completa con la recién llegada unidad de sonido viajó hacía el Oeste, concretamente hacía Brest, una ciudad portuaria la cual era crítica para la llegada de nuevos suministros desde Norteamérica. Su misión era simple, hacerse pasar por la 6º División Acorazada y "atacar" por los flancos, mientras que las auténticas fuerzas atacaban en un ataque frontal para aislar las fuerzas alemanas separadas en los dos flancos.
Su desempeño fue excelente: con camiones circulando ida y vuelta con dos soldados al final de cada camión para que pareciera que hubiera un gran movimiento de tropa, así como cincuenta piezas de tanques y artillería hinchables y transmisiones de radio falsas, acompañado de la unidad sónica y cuyo desempeño en general fue excelente. De hecho, los oficiales nazis capturados e interrogados a posteriori creyeron que la 6º División estaba realmente allí, aunque este gran trabajo perdió importancia por un terrible suceso: un ataque de un batallón de tanques norteamericanos lanzado justamente dónde El Ejército Fantasma estaba atrayendo la atención de los alemanes nazi, y que fue totalmente destruido.

Movimiento de tropas en la ciudad de Brest. Fuente: PBS Documentary.
Debido a la naturaleza secreta de la 23º, no pudieron avisar a esta unidad de tanques de lo que estaba pasando en realidad, y esto pesó mucho en las conciencias de los hombres en El Ejército Fantasma. Sin embargo, no había tiempo para lamentaciones y, tras una breve estancia en París para descansar y ver las maravillas de la Ciudad de la Luz, la 23º fue movilizada otra vez para ayudar al 3º Ejército, comandado por el General George S. Patton. La situación era peliaguda: si los alemanes descubrían que no había efectivos americanos, podrían movilizarse y flanquear a todo el ejército de Patton, perdiendo muchísimas vidas en el proceso.
Durante siete largos días la 23º se empleó a fondo para no descubrir la verdad, hasta que finalmente fue reemplazada por la 83º División de Infantería para rellenar el hueco con tropas reales. A continuación centraron su base de operaciones en Luxemburgo, dónde estarían ubicados hasta el final de sus operaciones. Tras cinco operaciones previas y exitosas, en diciembre de 1944 fueron movilizados en lo que iba a ser en teoría una misión rutinaria, pero que sería una de las batallas más cruentas en el bando aliado durante la II Guerra Mundial: la batalla de las Ardenas.

Mapa que muestra la precaria situación de las divisiones norteamericanas en el bosque de las Ardenas. Fuente: PBS Documentary.
Los aliados estaban en clara desventaja: la gran mayoría de unidades norteamericanas estaban enfrentadas en la zona del frente situada cerca de la ciudad alemana de Colonia, pero lo crítico se situaba al sur, a lo largo del bosque de las Ardenas, en la que noventa kilómetros de frente estaban custodiados por sólo cuatro cansadas y mal equipadas divisiones norteamericanas. Por tanto, la asistencia de El Ejército Fantasma era necesaria, y llegaron al sur de Luxemburgo representando a la 75º División de Infantería.
Afortunadamente, la 23º fue retirada de ahí horas antes de que la batalla de las Ardenas empezara, y de haber estado ahí seguramente hubiera supuesto una masacre para la compañía entera. Por ello, y una vez de vuelta en la capital de Luxemburgo, montaron ametralladoras en edificios elevados y dispararon contra aviones de la Luftwaffe, siendo así el único momento de la II Guerra Mundial en el que tuvieron la oportunidad de devolver el fuego contra los alemanes. Pero el Alto Mando aliado rápidamente retiró del frente a la 23º, debido a su status de unidad secreta.

Mapa que muestra los despliegues de la 23º en los últimos compases de la guerra. Fuente: PBS Documentary.
Pero el peor momento para la 23º llegó después, concretamente el 12 de marzo de 1945, en el que haciéndose pasar por la 80º División de Infantería, atrajo demasiado el fuego nazi de artillería, y el Ejército Fantasma sufrió su peor ataque, con dos muertos y casi dos decenas de heridos graves. Tras este traumático evento, la 23º cumpliría la que sería su última misión en la guerra y en la que más recursos emplearon, utilizando todos sus efectivos posibles para hacerse pasar por dos divisiones completas de infantería, un equivalente total de treinta mil hombres.
La distracción, cuyo nombre en clave sería Operación Viersen era hacer pensar a los alemanes que atacarían diez kilómetros al sur de la auténtica zona objetivo, situándose para ello entre las ciudades de Anrath y Dülken, cerca del río Rin en Alemania. Para ello recurrieron a todos los trucos bajo la manga que tenían, desde juntar a tanques reales con señuelos para simular movimientos de tropas, zonas de estacionamiento de vehículos situados por todas partes, estaciones falsas de reparación de vehículos e incluso pistas de aterrizaje para aviones de reconocimiento Stinson L-5 (también falsos).

Avión de reconocimiento Stinson L-5 falso montado por miembros de la 23º. Fuente: PBS Documentary.
También aprovecharon los sistemas sónicos para simular que estaban construyendo puentes para cruzar el Rin, y las falsas transmisiones ayudaron una vez más a convencer a los alemanes que sabían todo sobre las tropas enemigas. Finalmente, el 24 de marzo de 1945, día elegido para la ofensiva, se descubrió que el engaño había sido tan efectivo que las auténticas tropas no sufrieron bajas ante una defensa alemana débil y desorganizada, síntoma de la efectividad del engaño perpetrado por la 23º. La 23º se retiraba con un balance extremadamente positivo de la II Guerra Mundial y un número estimado de quince a treinta mil vidas salvadas gracias a sus maniobras.
Una vez acabada la guerra, los hombres de la 23º volvieron a sus vidas haciendo a lo que se dedicaban desde antes de la guerra: el arte. De hecho, estos hombres ocuparon un amplio rango de empleos, desde diseñadores de moda, ilustradores, pintores, fotógrafos, arquitectos... Todos ellos manteniendo el secreto de lo que hicieron durante la guerra hasta que sus operaciones fueron desclasificadas en 1996. Sin duda, este es un ejemplo de cómo no sólo las balas o las bombas podían acabar con el enemigo y salvar sus vidas, y si queréis saber más sobre esta unidad, en 2013 la PBS hizo un documental sobre ellos, en el que explica no sólo los movimientos militares, sino un poco sobre la forma de ser de los propios soldados y anécdotas sobre su vida en el ejército siendo artistas, así como una página web en la que puedes ver algunas de las obras creadas por ellos.

sábado, 28 de febrero de 2015

SGM: La deuda griega y el olvido alemán

El pago de reparaciones de guerra abre un frente entre Alemania y Grecia
La petición formal del Gobierno de Atenas a Berlín tensa la relación bilateral en plenas negociaciones con Europa
MARÍA ANTONIA SÁNCHEZ-VALLEJO - El País


Izado de la esvástica en la Acrópolis en 1941. / BUNDESARCHIV

Deber moral, ejercicio de memoria histórica y un cierto ánimo de revancha (o de justicia poética, al menos): en la petición griega a Alemania del pago de reparaciones por la ocupación nazi (1941-44) durante la II Guerra Mundial se mezclan muchos sentimientos, sazonados por el nacionalismo que recorre todo el arco político del país, de derecha (Griegos Independientes, ANEL) a izquierda (Syriza) y viceversa. Pero, aunque suene extemporánea —Berlín lo considera un asunto zanjado—, la solicitud no se ha desempolvado de los anales; al contrario, desde 2010 era un clamor entre los sectores más nacionalistas de Nueva Democracia y Pasok, los partidos en el Gobierno hasta la victoria electoral de Syriza, el pasado 25 de enero.

En abril de 2013, un comité del Ministerio de Finanzas evaluó en 162.000 millones de euros —casi la mitad de la deuda griega, o el 80% del PIB— su cuantía, sumados el expolio y la destrucción de infraestructuras (108.000 millones) y la devolución del préstamo forzoso (54.000 millones) que el Banco de Grecia tuvo que conceder a Berlín en 1942 para financiar la ocupación. Prueba de que el asunto lleva tiempo sobre la mesa fue que en marzo de 2014 el presidente griego, Karolos Papulias —que de joven participó activamente en la resistencia—, formulara la reclamación a su homólogo alemán, Joachim Gauck, durante una visita oficial de este a Atenas.

Qué hace distinta ahora la exigencia tiene que ver con el radical cambio político y el sustrato ideológico del primer ministro, Alexis Tsipras, de orígenes comunistas (los comunistas, y la izquierda en general, fueron los grandes derrotados de la guerra civil que siguió a la ocupación). Hace una semana, el jefe del Gobierno remató su discurso programático en el Parlamento con la petición formal de compensaciones a Alemania, que figuraba en el programa electoral de Syriza. “Grecia tiene una obligación moral con su pueblo, con la historia, con todos los pueblos de Europa que han luchado y dado su sangre contra el nazismo”, dijo a pocos metros de la bancada del partido neonazi Aurora Dorada (17 escaños, tercera fuerza política del país). El mismo Tsipras, tras tomar posesión de su cargo, se dirigió al antiguo campo de tiro de Kesarianí, un barrio de Atenas, para rendir homenaje a los 200 resistentes, en su mayoría comunistas, fusilados por los alemanes el 1 de mayo de 1944 en represalia por un ataque sufrido por los suyos.

Su ofrenda floral pareció un simple acto simbólico, pero la solicitud formal de compensaciones va unos pasos más allá. “Grecia intenta usar diplomáticamente muchos medios para presionar a Alemania. Tsipras tiene motivaciones políticas y nacionales al tiempo. Su estrategia de comunicación es mostrar que protege la dignidad de los griegos, a menudo contra las políticas de Alemania. Pero a la vez muchos miembros de Syriza y el propio primer ministro creen estar en lo correcto al plantear esta reivindicación”, sostiene George Tzogopoulos, del centro de estudios Eliamep. “En las presentes circunstancias, este país necesita dinero, y las referencias a la II Guerra Mundial no ayudan. Grecia debería iniciar una disputa judicial con Alemania que llevaría mucho tiempo y cuyo resultado no está nada claro”, añade el investigador.

La memoria de la ocupación se transmite de generación en generación. Los más viejos del lugar, como Katerina Katragalos, de 85 años y vecina de Kesarianí, aún recuerdan “el chirrido de los ejes de las carretas cargadas de muertos, la mayor parte de ellos esqueletos de hambre y miseria, que eran recogidos como despojos de las calles” durante la invasión, una de las más bárbaras de Europa y que costó la vida a entre 200.000 y 300.000 griegos, según las fuentes (sólo en el invierno de 1941 a 1942 el hambre acabó con unas 100.000 personas); unas 40.000 sólo en la región de Atenas. También se recuerdan los expolios, el saqueo de cosechas, alimentos y bienes, o, en fin, la afrenta de la bandera nazi ondeando en lo alto de la Acrópolis, de donde fue arrancada por Manolis Glezos, hoy nonagenario eurodiputado de Syriza y principal promotor hace décadas de esta causa.

También ocupa un lugar destacado en los libros de texto el rosario de atrocidades perpetradas por las SS contra la población: Dístomo, donde mataron en 1944 a 218 civiles en respuesta a un ataque partisano; Kalávryta, con más de 700 víctimas mortales, o Ligiadis, con cientos de caídos. Algunos de esos crímenes de guerra, como el de Dístomo, han sido elevados a la justicia internacional, sin resultado. Ahora Atenas, con la petición a Berlín, abre un frente para restañar heridas que aún supuran, pero también para evitar males semejantes en el futuro, como apuntó hace días el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, en Berlín: Alemania, felizmente, ha erradicado el nazismo; en Grecia es la tercera fuerza política en el Parlamento.

viernes, 27 de febrero de 2015

Cómo empiezan todas las guerras

El origen de todas las guerras

Javier Sanz - Historias de la Historia


Aunque los dichos populares rezan que el oficio más antiguo del mundo es el de la prostitución, yo diría que es el de soldado o guerrero dependiendo de la época. Si algo ha caracterizado a todas las sociedades y en cualquier momento de la Historia han sido las guerras. Independientemente de los motivos que las provocaron y de los necios que las declararon, el origen de todas ellas se puede resumir en estas palabras de Voltaire:

Un genealogista prueba a un príncipe que desciende en línea directa de un conde cuyos padres celebraron un pacto de familia hace tres o cuatrocientos años con una noble casa de la que ni siquiera existe el recuerdo.
Esta casa tenía vagas pretensiones sobre una provincia cuyo último poseedor murió de apoplejía. Esta provincia protesta inútilmente contra los supuestos derechos del príncipe; dice que no desea que la gobiernen y expone que para dictar leyes a vasallos, éstos tienen que consentirlo; pero el príncipe no hace caso de estas protestas porque cree su derecho incontestable. Reúne a multitud de hombres, los viste de grueso paño azul, les manda marchar a derecha e izquierda y se dirige con ellos a la gloria.
Otros príncipes oyen hablar de ese gran número de hombres puestos en armas y toman también parte en la empresa, cada uno según su poder, y llenan una extensión del territorio de asesinos mercenarios. Acuden multitudes que se encarnizan unas contra otras, no sólo sin tener interés alguno en la guerra sino sin saber por qué se promueve.
Lo maravilloso de esta empresa infernal es que cada jefe de los asesinos hace bendecir sus banderas e invoca a Dios solemnemente antes de ir a exterminar a su prójimo. Cuando un jefe sólo tiene la fortuna de poder degollar a dos o tres mil hombres, no da las gracias a Dios; pero cuando consigue exterminar a diez mil y destruir alguna ciudad, entonces manda cantar el tedéum.




jueves, 26 de febrero de 2015

La Guerra del Paraguay - Parte I

La Guerra del Paraguay

Parte I

Orígenes
Aunque muchos historiadores remontan comúnmente el inicio de la guerra a 1862, algunas raíces de este conflicto estaban presentes desde el período colonial. Portugal y España habían disputado la región del Plata (Uruguay, noreste de la Argentina actual y sur del Brasil) dado que la animosidad de las dos metrópolis emergió en Europa en el siglo XVII. Cuando los países coloniales conquistaron su independencia en el principio del siglo XIX, heredaron los conflictos del límite de esas dos naciones.


La lucha para la hegemonía implicó primero a gobierno de Buenos Aires (capital de Argentina) y del imperio brasileño. Después de muchas escaramuzas de límite, ambos fueron a la guerra sobre el disputado Uruguay. En 1827, una fuerza combinada de Argentina-Uruguay derrotó al ejército imperial en la batalla de Passo do Rosário o como la llaman en Argentina, Ituzaingó. Sin embargo, en el mar la armada imperial impuso su predominio sobre los enemigos. Gracias a este dilema, y a la falta de recursos de los territorios del Plata para seguir la guerra, Uruguay obtuvo la independencia en 1828.



Tropas brasileñas en su camino a Uruguay a principios del siglo XIX. Retrato de Jean Baptiste Debret


Buenos Aires también tenía sus propios problemas con las provincias argentinas del interior. De hecho, nunca habían aceptado la hegemonía de Buenos Aires en la confederación. Emprendieron la guerra varias veces. La única cosa que podría mantenerlos juntos era su odio común hacia el imperio brasileño.


Amenazado por las pretensiones de Buenos Aires de incorporarla a la Argentina, Paraguay conquistó su independencia después de la batalla de Tacuarí en 1811. Sin embargo, Paraguay no estaría libre de las amenazas encubiertas por casi cincuenta años. El imperio brasileño también tenía contenciones contra Paraguay sobre la región del río de Apa.

Finalmente, estaba Uruguay, que tuvo que jugar a un juego peligroso para guardar su independencia, rodeada de los dos gigantes de Suramérica: Brasil y Argentina.
En tal enjambre de intereses contradictorios, la cautela debe ser una virtud, principalmente por los dos países más pequeños de la región. Carlos Antonio López, padre de Solano López, era consciente de ella. Había decidido un plan de acción no-intervencionista, incluso cuando el Brasil pidió su ayuda para retroceder una alianza contra el dictador argentino Juan Manuel Rosas en 1852.

Cuando Solano López asumió el poder después de la muerte de su padre en 1862, se acercó lo más cerca posible de la facción del partido Blanco de Uruguay. Cuando Brasil intervino en la distensión habitual entre las alas de Blanco y de Colorado en beneficio del último en agosto de 1864, López lo asumió como amenaza a los intereses de Paraguay. Envió un consejo al gobierno de Rio de Janeiro para no romper el tenue equilibrio del plan de la política interna de Uruguay.

El 16 de octubre de 1864 la flota imperial bloqueó Montevideo (capital de Uruguay) y cruzó el límite de Brasil y Uruguay con 4.000 tropas. Esto representó un casus belli para Solano López.

Historiografía
Uno de los aspectos más polémicos de la Guerra de la Triple Alianza es la identificación de sus causas, existiendo relevantes diferencias de interpretación. Algunos historiadores (el caso del británico Pelham Box, la corriente liberal argentina o el paraguayo Cecilio Báez) centran su análisis causal en la conducta del régimen de Francisco Solano López, presentándolo como un gobierno poco prudente respecto de su política en el Río de la Plata. De este modo, López sería el responsable del estallido de la Guerra de la Triple Alianza. Otros, en cambio, (el revisionismo argentino con José María Rosa y Miguel Angel Scenna) responsabilizan de la guerra al Imperio del Brasil -y particularmente a los intereses ganaderos de Río Grande- por su política intervencionista en el Uruguay, causa eficiente del conflicto con Paraguay pues el intervencionismo brasileño en Uruguay, respaldado por la Argentina, afectaba el equilibrio del área rioplatense que el régimen de Solano López estaba dispuesto a defender. La línea de este razonamiento implica que López decidió intervenir en la crisis oriental temiendo una futura intervención conjunta argentino-brasileña en territorio paraguayo. Otra causa alegada por el revisionismo es la existencia de problemas limítrofes pendientes de Paraguay con la Argentina y Brasil, disputas territoriales no solucionadas y que tenían clave económica (el reclamo argentino en Misiones y el Chaco Central, el del Imperio en el norte y noreste de Paraguay, áreas ricas en yerbales)- agravadas por el problema de la fortaleza de Humaitá para la libre navegación del río Paraná. También figura en el enfoque revisionista como factor causal de la guerra la presión de la diplomacia británica para que López abriera su economía, que llevó al ministro británico en Buenos Aires y Asunción, Edward Thornton, a dar luz verde a la política mitrista contra López y los blancos uruguayos. Otro factor que aparece en los revisionistas argentinos y en historiadores como el oriental Luis Alberto de Herrera o el paraguayo Cecilio Báez como un detonante de la Guerra de la Triple Alianza es la crisis oriental, y, en el caso específico de Báez, el poder de sugestión de la diplomacia oriental sobre Solano López para que éste adoptase una actitud intervencionista en la crisis entre blancos y colorados, respaldando a los primeros en nombre de la defensa del equilibrio en el Río de la Plata. De acuerdo con esta línea argumental que centra su causalidad en la crisis uruguaya, ante la intervención argentino-brasileña a favor de los colorados, los blancos que estaban en el gobierno uruguayo decidieron ir en busca de López, quien intervino como garante del equilibrio amenazado en el área rioplatense. (1) Finalmente, Halperín Donghi y McLynn desechan las argumentaciones anteriores como causas directas de la Guerra de la Triple Alianza. Para ellos, el expansionismo brasileño, los recelos del régimen paraguayo de Francisco Solano López, la crisis interna oriental expresada en la lucha entre blancos y colorados, los intereses económicos de Río Grande, serían más bien factores estructurales que operaban en el panorama rioplatense. Pero el gatillo que hizo estallar el conflicto fue para ambos autores la actitud de la diplomacia mitrista respecto de Paraguay, vinculando la Guerra de la Triple Alianza con el proceso de formación y consolidación del Estado nacional argentino, objetivo éste al que Mitre apuntó. (2)

Las primeras etapas
El 12 de noviembre de 1864, Solano López evaluó a esa intervención brasileña en Uruguay como desdén hacia su país. Él también estuvo inclinado en creer que ni Brasil ni Argentina tomaban en cuenta los intereses de Paraguay. Consecuentemente, concluyó que para desempeñar un papel más importante en la región, Paraguay tendría que incurrir en en una política exterior ofensiva. Tal objetivo lo determinó a apoyar al gobierno Blanco comandado por Anatasio Aguirre.

El 12 de diciembre, declaró guerra contra el Brasil y el 16, puso en marcha rápidamente un ataque invadiendo la provincia de Mato Grosso al oeste del Brasil. El éxito de esta operación llevó Solano López a concluir que sus fuerzas eran superiores a las tropas del enemigo. Prestó pequeña atención al hecho de que enviaron las tropas paraguayas a una provincia mal defendida, lejos del suelo uruguayo y sin la importancia estratégica para operaciones futuras de la guerra.
Antes de fin de año López decidió golpear a la fuerza principal del Brasil en la provincia meridional de Rio Grande do Sul, aislando a las fuerzas del imperio en Uruguay de su base en el Brasil. Recolectó a algunas de las mejores tropas de Paraguay bajo el mando del coronel Antonio de La Cruz Estigarribia para cruzar la provincia de Argentina de Corrientes y atacar las posiciones brasileñas. El 18 de marzo de 1865 creyendo que la Argentina seguiría siendo por lo menos neutral, puesto que muchas provincias de Argentina estaban contra una alianza con el Brasil, el ejército paraguayo acometió contra la ciudad de Corrientes previendo que los hombres fuertes locales se le unirían. En lugar de ello, la acción fijó el escenario para que en mayo de 1865 se firmara por Argentina, Brasil, y Uruguay el Tratado de la Triple Alianza.


Bajo el tratado, estas naciones hicieron voto a destruir al gobierno de Solano López.


Vapor "25 de Mayo". Dibujo de Murature

Vapor "Gualeguay". Dibujo anónimo.


Lo que sigue es parte de las memorias del Capitán de Fragata Constantino, publicadas en folleto en 1906, ya que el autor dispuso que si las creían de alguna importancia las publicasen después de su muerte. Falleció el 22 de Agosto de 1905.

El 1ro de Abril salimos de Buenos Aires, a bordo del vapor nacional “25 de Mayo” con destino a Corrientes. Llegamos a ese puerto el día 11 donde se encontraba también el vapor “Gualeguay”. El día 13 del mismo mes (Jueves Santo) a las 6 de la mañana encontrándome sobre cubierta pues estaba de guardia, avisté cinco vapores que venían en dirección a nosotros. Tomé el anteojo para ver mejor y por este medio dime cuenta de que eran vapores paraguayos armados a guerra y tripulados por 3000 hombres más o menos, vestidos de colorado y bien armados. Se dirigían al puerto de Corrientes. Al llegar frente al vapor “25 de Mayo”, el jefe de la escuadra paraguaya hizo señal de cambiar la línea y prepararse a combate. Esto lo comprendí porque el libro de señales de ellos era igual que el nuestro. Al ver esta evolución avisé inmediatamente al 2do Comandante, capitán Domingo Olivieri, que me ordenó hiciera cargar la batería a bala y metralla y tuviera la infantería lista, preparando también una mecha en la Santa-Bárbara por si el enemigo venía al abordaje y no nos diera tiempo a defendernos. Sin embargo, a pesar de la maniobra que habíamos visto, saludamos con la bandera al enemigo, pero éste no contestó a nuestro saludo, lo que nos convenció de las intenciones hostiles con que se presentaba, y de la verdad de los díceres que corrían, de que así iba a suceder. Sin esperar más, mandamos enseguida a llamar al comandante de nuestro buque, D. Carlos Mazzin, que se hallaba en tierra, viniendo éste inmediatamente a bordo, pues casualmente venía cuando le avisaron. Una vez a bordo, nos ordenó que nos desarmáramos pues el no tenía ninguna instrucción respecto a este incidente, y nos dijo también que el señor Gobernador Lagraña le había manifestado que no tuviese cuidado con la escuadra paraguaya, puesto que ésta no tenía nada que ver con nosotros. Pero cuando se le dio cuenta de las maniobras que habíamos visto hacer comprendió que habíamos sido traicionados y que nosotros seríamos la carnada, y así sucedió!. Para cualquier maniobra de nuestra parte, era ya tarde; puesto que acto contínuo cargaron sobre nosotros dos vapores paraguayos, el Legoré y otro cuyo nombre he olvidado, uno a babor y otro a estribor. Los demás hicieron fuego a tierra y al vapor argentino “Gualeguay” que estaba atracado a la costa con planchada a tierra, por lo que pudieron salvarse los oficiales y tripulantes de este buque, abandonándolo por completo. La autoridad Provincial también abandonó la ciudad quedando por consiguiente sólo nosotros en poder de la escuadra pirata. Como dije antes, vinieron al abordaje de nuestro buque, vapor “25 de Mayo”, dos vapores paraguayos, el Legoré con 300 hombres y el otro con 200, y sin darnos tiempo a nada, que aunque lo hubiéramos tenido nada hubiéramos podido hacer, pues sólo éramos 80 hombres desarmados. Subieron a bordo y lo primero que hicieron fue ultrajar el pabellón argentino, lo arriaron y pisotearon, gritando viva López “mueran los porteños” y así tomaron posesión del vapor, matando a todos los que se encontraban por delante o que quisieran hacer resistencia. Enseguida bajaron a la cámara y sacaron de allí a palos a los tenientes Calvo y Leitón y los subieron sobre cubierta. Al ver esto nuestra tripulación, una parte de ella y tres oficiales se tiraron al agua y allí perecieron todos, los unos ahogados y los otros fusilados en el agua misma. En vista de este triste espectáculo, en que se mataban a hombres indefensos, pedí al comandante del Legoré, Avelino Cabral, que contuviera a su gente e hiciera respetar la vida de los pocos que aún quedábamos, contestándome que no podía contenerlos. Lo único que hizo, que tal vez haya sido mucho en esos momentos, fue agarrarnos entre él y sus oficiales y echarnos al vapor Legoré, salvando de este modo nuestras vidas del furor de esos salvajes o fieras sedientas de sangre. Allí nos pusieron incomunicados, siguiendo viaje la escuadra enemiga a Itapirú, llevando la presa humana como también los dos vapores argentinos, el nuestro y el Gualeguay, éste sin gente.
El Capitán Constantino permaneció prisionero de las fuerzas paraguayas durante 4 años, 4 meses y cinco días. 

TRATADO DE LA TRIPLE ALIANZA CONTRA PARAGUAY
(1° de mayo de 1865)


  • Art. 1. La República Oriental del Uruguay, Su Majestad el Emperador del Brasil, y la República Argentina contraen alianza ofensiva y defensiva en la guerra provocada por el gobierno del Paraguay.
  • Art. 2. Los aliados concurrirán con todos los medios de que puedan disponer, por tierra o por los ríos, según fuese necesario.
  • Art. 3. Debiendo las hostilidades comenzar en el territorio de la República Argentina o en la parte colindante del territorio paraguayo, el mando en jefe y la dirección de los ejércitos aliados quedan a cargo del presidente de la República Argentina y general en jefe de su ejército, brigadier don Bartolomé Mitre. Las fuerzas navales de los aliados estarán a las inmediatas órdenes del Vice Almirante Visconde de Tamandaré, comandante en jefe de la escuadra de S.M. el Emperador del Brasil. Las fuerzas terrestres de S.M. el Emperador del Brasil formarán un ejército a las órdenes de su general en jefe, el brigadier don Manuel Luis Osorio. A pesar de que las altas partes contratantes están conformes en no cambiar el teatro de las operaciones de guerra, con todo, a fin de conservar los derechos soberanos de las tres naciones, ellas convienen desde ahora en observar el principio de la reciprocidad respecto al mando en jefe, para el caso de que esas operaciones tuviesen que pasar al territorio oriental o brasileño.
  • Art. 4. El orden interior y la economía de las tropas quedan a cargo exclusivamente de sus jefes respectivos. El sueldo, provisiones, municiones de guerra, armas, vestuarios, equipo y medios de transporte de las tropas aliadas serán por cuenta de los respectivos Estados.
  • Art. 5. Las altas partes contratantes se facilitarán mutuamente los auxilios que tengan y los que necesiten, en la forma que se acuerde.
  • Art. 6. Los aliados se obligan solemnemente a no deponer las armas sino de común acuerdo, y mientras no hayan derrocado al actual gobierno del Paraguay, así como a no tratar separadamente, ni firmar ningún tratado de paz, tregua, armisticio, cualquiera que ponga fin o suspenda la guerra, sino por perfecta conformidad de todos.
  • Art. 7. No siendo la guerra contra el pueblo paraguayo sino contra su gobierno, los aliados podrán admitir en una legión paraguaya a todos los ciudadanos de esa nación que quisieran concurrir al derrocamiento de dicho gobierno, y les proporcionarán los elementos que necesiten, en la forma y condiciones que se convenga.
  • Art. 8. Los Aliados se obligan a respetar la independencia, soberanía e integridad territorial de la República del Paraguay. En consecuencia el pueblo paraguayo podrá elegir el gobierno y las instituciones que le convengan, no incorporándose ni pidiendo el protectorado de ninguno de los aliados, como resultado de la guerra.
  • Art. 9. La independencia, soberanía e integridad territorial de la República , serán garantizadas colectivamente, de conformidad con el artículo precedente, por las altas partes contratantes, por el término de cinco años.
  • Art. 10. Queda convenido entre las altas partes contratantes que las exenciones, privilegios o concesiones que obtengan del gobierno del Paraguay serán comunes a todas ellas, gratuitamente si fuesen gratuitas, y con la misma compensación si fuesen condicionales.
  • Art. 11. Derrocado que sea el gobierno del Paraguay, los aliados procederán a hacer los arreglos necesarios con las autoridades constituidas, para asegurar la libre navegación de los ríos Paraná y Paraguay, de manera que los reglamentos o leyes de aquella República no obsten, impidan o graven el tránsito y navegación directa de los buques mercantes o de guerra de los Estados Aliados, que se dirijan a sus respectivos territorios o dominios que no pertenezcan al Paraguay, y tomarán las garantías convenientes para la efectividad de dichos arreglos, bajo la base de que esos reglamentos de política fluvial, bien sean para los dichos dos ríos o también para el Uruguay, se dictarán de común acuerdo entre los aliados y cualesquiera otros estados ribereños que, dentro del término que se convenga por los aliados, acepten la invitación que se les haga.
  • Art. 12. Los aliados se reservan concertar las medidas más convenientes a fin de garantizar la paz con la República del Paraguay después del derrocamiento del actual gobierno.
  • Art. 13. Los aliados nombrarán oportunamente los plenipotenciarios que han de celebrar los arreglos, convenciones o tratados a que hubiese lugar, con el gobierno que se establezca en el Paraguay.
  • Art. 14. Los aliados exigirán de aquel gobierno el pago de los gastos de la guerra que se han visto obligados a aceptar, así como la reparación e indemnización de los daños y perjuicios causados a sus propiedades públicas y particulares y a las personas de sus ciudadanos, sin expresa declaración de guerra, y por los daños y perjuicios causados subsiguientemente en violación de los principios que gobiernan las leyes de la guerra. La República Oriental del Uruguay exigirá también una indemnización proporcionada a los daños y perjuicios que le ha causado el gobierno del Paraguay por la guerra a que la ha forzado a entrar, en defensa de su seguridad amenazada por aquel gobierno.
  • Art. 15. En una convención especial se determinará el modo y forma para la liquidación y pago de la deuda procedente de las causas antedichas.
  • Art. l6. A fin de evitar discusiones y guerras que las cuestiones de límites envuelven, queda establecido que los aliados exigirán del gobierno del Paraguay que celebre tratados definitivos de límites con los respectivos gobiernos bajo las siguientes bases: La República Argentina quedará dividida de la República del Paraguay, por los ríos Paraná y Paraguay, hasta encontrar los límites del Imperio del Brasil, siendo éstos, en la ribera derecha del Río Paraguay, la Bahía Negra. El Imperio del Brasil quedará dividido de la República del Paraguay, en la parte del Paraná, por el primer río después del Salto de las Siete Caídas que, según el reciente mapa de Mouchez, es el Igurey, y desde la boca del Igurey y su curso superior hasta llegar a su nacimiento. En la parte de la ribera izquierda del Paraguay, por el Río Apa, desde su embocadura hasta su nacimiento. En el interior, desde la cumbre de la sierra de Mbaracayú, las vertientes del Este perteneciendo al Brasil y las del Oeste al Paraguay, y tirando líneas, tan rectas como se pueda, de dicha sierra al nacimiento del Apa y del Igurey.
  • Art. 17. Los aliados se garanten recíprocamente el fiel cumplimiento de los acuerdos, arreglos y tratados que hayan de celebrarse con el gobierno que se establecerá en el Paraguay, en virtud de lo convenido en este tratado de alianza, el que permanecerá siempre en plena fuerza y vigor, al efecto de que estas estipulaciones serán respetadas por la República del Paraguay. A fin de obtener este resultado, ellas convienen en que, en caso de que una de las altas partes contratantes no pudiese obtener del gobierno del Paraguay el cumplimiento de lo acordado, o de que este gobierno intentase anular las estipulaciones ajustadas con los aliados, las otras emplearán activamente sus esfuerzos para que sean respetadas. Si esos esfuerzos fuesen inútiles, los aliados concurrirán con todos sus medios, a fin de hacer efectiva la ejecución de lo estipulado.
  • Art. 18. Este tratado quedará secreto hasta que el objeto principal de la alianza se haya obtenido.
  • Art. 19. Las estipulaciones de este tratado que no requieran autorización legislativa para su ratificación, empezarán a tener efecto tan pronto como sean aprobadas por los gobiernos respectivos, y las otras desde el cambio de las ratificaciones, que tendrá lugar dentro del término de cuarenta días desde la fecha de dicho tratado, o antes si fuese posible. En testimonio de lo cual los abajo firmados, plenipotenciarios de S.E. el Presidente de la República Argentina , de S.M. el Emperador del Brasil y de S.E. el Gobernador Provisorio de la República Oriental , en virtud de nuestros plenos poderes, firmamos este tratado y le hacemos poner nuestros sellos en la Ciudad de Buenos Aires, el 1º de Mayo del año de Nuestro Señor de 1865.
    Carlos de Castro – F. Octaviano de Almeida Rosa – Rufino de Elizalde.
De Corrientes a Paso de la Patria
Por último mayo y junio principios de 1865, el ejército de Estigarribia capturó algunas aldeas y pequeñas ciudades en Rio Grande. São Borja, una ciudad de una cierta importancia, cayó a sus tropas con poco combate. Parecía que el plan de López sería alcanzado con éxito otra vez. Sin embargo, las cosas habían cambiado desde la decisión de López de invadir Rio Grande. El 22 de febrero, la capital de Montevideo, Uruguay, cayó bajo las fuerzas combinadas del ejército brasileño y del partido Colorado bajo el mando del General Venancio Flores. Este hecho solamente debe ser bastante para demostrar la carencia de previsión del plan de López. EL Supremo, sin embargo, prosiguió con sus objetivos. Él no se daría por vencido.

El 11 de junio, la marina de guerra brasileña tuvo éxito en vencer a las naves paraguayas en la batalla de Riachuelo en el río de Paraná. Estigarribia ahora estaba atrapado entre las tropas brasileñas colocadas en Rio Grande y el Paraná. Un repliegue hubiese sido recomendable. No obstante, los paraguayos no retrocedieron. En lugar de ello, avanzaron y capturaron Uruguaiana el 5 de agosto. Para hacer las cosas peor, el 17 de agosto, a la segunda columna del ejército paraguayo bajo el mando del Mayor Pedro Duarte (una fuerza de 2.700 hombres) era derrotada en la batalla de Yatay en Corrientes. La vanguardia de los aliados fue ordenada por presidente Venancio Flores (4.500 argentinos; 2.440 uruguayos y 1.450 brasileños). Mientras que la mayor parte de los hombres de Duarte escapó al Paraguay cruzando el río, muchos fueron capturados. Los aliados tuvieron 83 muertos y 257 heridos. Para mediados de septiembre, cuando casi lo cercaron y los abastecimientos disminuían rápidamente, Estigarribia se rindió a los aliados. Una fuerza militar fuerte 5.200 (construida de paraguayos, de Blancos y de algunas tropas de Corrientes) dejó de existir. Dom Pedro II, el emperador mismo, atendió a la rendición de los paraguayos. Las mejores tropas de López se rindieron por casi nada. De este punto la guerra se convirtió en una lucha desesperada para la supervivencia de Paraguay. No estaban preparados los aliados, a pesar de ello, para cruzar el río Paraná al suelo paraguayo inmediatamente. Tardó meses antes de que intentaran irrumpir en Paraguay desde Corrientes. El grave problema era el terreno alrededor de Corrientes y de Passo de La Pátria (en el lado paraguayo del río de Paraná). Estaba inundado. Además, la marina de guerra brasileña, aunque era poderosa, no era conveniente para apoyar un desembarque en las aguas del Paraná. Los buques fueron proyectados para operaciones de mar; su navegación no estaba libre de problemas en las aguas del Paraná. Había otro problema. Antes de que los aliados pusieran de pie en la fortaleza de Itapirú, una posición de la artillería de la plaza fuerte, situada en un punto estratégico del banco de río en el lado paraguayo. Tuvo que ser tomado para asegurar un cruce seguro. Mientras que diversas escaramuzas entre el ejército paraguayo y de la Triple de Alianza ocurrieron en Corrientes y el área próxima, entre septiembre de 1865 y marzo de 1866, los comandantes aliados bajo el mando del general Bartolomé Mitre, presidente de Argentina, evaluaban esos problemas y preparaban un plan de emprender guerra en suelo de Paraguay. Solamente en marzo de 1866, después de meses de reuniones y de formulaciones de planes, decidieron enviar a las tropas a desembarcar al norte de Itapirú para tomarlo de la parte posterior.

Mientras tanto las naves dispararían sobre las posiciones paraguayas. Después de que hubiera sido tomada, más tropas cruzarían el río. Una flota grande fue recolectada en aguas del Paraná próximas a Corrientes. Consistió en una diversidad de las naves, cuatro de las cuales eran encorazados. El 16 de abril de 1866 general Manuel Luís Osório caminó en Passo de La Pátria con 15.000 hombres. Marchó inmediatamente hacia Itapirú. Sus tropas encontraron una cierta oposición de paraguayos, pero era débil a lo sumo. Mientras tanto, Itapirú estaba bajo fuego de la flota aliada. Los paraguayos se las arreglaron para atacar las naves usando todo que tenían a su disposición (barcos, buques de vapor capturados). Aprovechando de la maniobra limitada de los buques aliados, infligieron un cierto daño a las naves y bajas a los aliados; pero no podrían vencer la superioridad de los aliados en equipo y números y pronto se replegaron. A lo largo del río los aliados tuvieron como objetivo algunas posiciones estratégicas que les permitirían enviar el fuego en Itapirú. Uno de estos puntos era un pequeño banco apenas en el medio del cruce y casi delante de los cañones paraguayos. El destacamento del teniente coronel Antonio Cabrita del ejército imperial dirigió para desembarcar en el banco. Tan pronto como alcanzó el lugar, él y sus hombres se encontraron bajo fuego de las posiciones paraguayas. También tuvieron que soportar asaltos del enemigo que intentaba expelerlos de allí. Después de un combate feroz y largo, y gracias a las naves que vinieron en su socorro, hombres de Cabrita tomaron la posición.
Ambos lados experimentaron grandes bajas.

Solamente en el combate por el banco los aliados sufrieron 57 muertos, 102 heridos y 3 perdidos. Los paraguayos, según una fuente brasileña, tuvieron 600 bajas. El 18 de abril, el ejército de Mitre de 60.000 hombres desembarcó en Paraguay. Saldrían el suelo paraguayo de solamente una década después. El Itapirú fue abandonado el día siguiente por las fuerzas paraguayas.


NOTAS

  1. Ver Luis Alberto de Herrera, La diplomacia oriental en el Paraguay, Montevideo, Barreiro y Ramos, 1908, y Cecilio Báez, Resumen de la historia del Paraguay desde la época de la conquista hasta el año 1880, Asunción, H. Kraus, 1910. Un resumen de estas causas puede apreciarse también en el trabajo de Harris Gaylord Warren, Paraguay and the Triple Alliance. The Postwar Decade, 1869-1878, Institute of Latin American Studies, The University of Texas and Austin, University of Texas Press, 1978, p. 8.
  2. T. Halperín Donghi, op. cit.; F.J. McLynn, "The Causes of the War of Triple Alliance: An Interpretation", Inter-American Economic Affairs, Vol. 33, Nº 2, Autumn 1979.

miércoles, 25 de febrero de 2015

España: Primera Guerra Carlista

Primera Guerra Carlista

Wikipedia


Cuadro "Calderote" (Primera Guerra Carlista) por Ferrer Dalmau

Origen

La guerra la planteó Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII, por la cuestión sucesoria, ya que había sido el heredero al trono durante el reinado de su hermano Fernando VII, debido a que éste, tras tres matrimonios, carecía de descendencia. Sin embargo, el nuevo matrimonio del rey y el embarazo de la reina abren una nueva posibilidad de sucesión.
En marzo de 1830, seis meses antes de su nacimiento, el rey publica la Pragmática Sanción de Carlos IV aprobada por las Cortes de 1789, que dejaba sin efecto el Reglamento de 10 de mayo de 1713 que excluía la sucesión femenina al trono hasta agotar la descendencia masculina de Felipe V. Se restablecía así el derecho sucesorio tradicional castellano, recogido en Las Partidas, según el cual podían acceder al trono las hijas del rey difunto en caso de morir el monarca sin hijos varones.

 
El infante Carlos María Isidro, autoproclamado rey con el nombre de Carlos V.

No obstante, Carlos María Isidro, no reconoció a Isabel como princesa de Asturias y cuando Fernando murió el 29 de septiembre de 1833, Isabel fue proclamada reina bajo la regencia de su madre, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, y Carlos en el Manifiesto de Abrantesmantuvo sus derechos dinásticos, llevando al país a la Primera Guerra Carlista.
La cuestión dinástica no fue la única razón de la guerra. Tras la Guerra de la Independencia, Fernando abolió la Constitución de 1812, pero tras el Trienio Liberal (1820-1823), Fernando VII no volvió a restaurar la Inquisición, y en los últimos años de su reinado permitió ciertas reformas para atraer a los sectores liberales, que además pretendían igualar las leyes y costumbres en todo el territorio del reino eliminando los fueros y las leyes particulares, al tiempo los sectores más conservadores se agrupaban en torno a su hermano Carlos.

Contendientes

El campo y las pequeñas ciudades del País Vasco y Navarra apoyaron mayoritariamente al pretendiente Carlos debido a su tradicionalismo foral, gracias al apoyo que le dio el bajo clerolocal. Muchos autores han especulado con la posibilidad de que la causa carlista en el País Vasco y Navarra fuese fundamentalmente foralista. No existe consenso en este análisis, puesto que otros autores rebaten esta interpretación, haciendo la principal razón del apoyo vasconavarro al influjo del clero en la sociedad.
En Aragón y Cataluña se vio como una oportunidad de recuperar sus derechos forales, perdidos tras la Guerra de Sucesión Española, mediante los Decretos de Nueva Planta. La jerarquía eclesiástica se mantuvo ambigua, aunque una parte importante del clero (como por ejemplo, el famoso Cura Merino) se unió a los carlistas.
En el otro bando, los liberales y moderados se unieron para apoyar a María Cristina y a su hija Isabel. Controlaban las principales instituciones del Estado, la mayoría del ejército y todas las ciudades importantes. Los liberales recibieron apoyo del Reino Unido, Portugal y Francia en forma de créditos para el tesoro y de fuerzas militares. Los británicos enviaron la Legión Auxiliar Británica, cuerpo de voluntarios al mando del general George Lacy Evans, en tanto que la Royal Navy realizaba funciones de bloqueo. Los portugueses enviaron una división auxiliar bajo el mando del Barón das Antas y los franceses la Legión extranjera francesa además de colaborar en el control de la frontera y de las costas españolas.

La guerra

La guerra en el frente del norte

Finales

Tras la muerte de Fernando VII, el pretendiente Carlos nombró a Joaquín Abarca como ministro universal e hizo un llamamiento al ejército y a las autoridades para que se sumaran a su causa, pero con escasa repercusión. En el ámbito internacional tan sólo el rey Miguel I de Portugal lo reconoció, lo que llevó a la ruptura diplomática entre España y Portugal. En los primeros días de octubre se sucedieron las insurrecciones en varios puntos de España, protagonizadas por agrupaciones locales de Voluntarios Realistas, en general con poco éxito, excepto en el País Vasco, Navarra y Logroño, pero sin llegar a controlar más que por poco tiempo las ciudades de dichos territorios. Las sublevaciones no tuvieron el apoyo del ejército. Así, el general Ladrón de Cegama, sin mando en Valladolid (residencia de la Capitanía General de Castilla la Vieja), y el coronel Tomás de Zumalacárregui, retirado pero viviendo en la plaza fuerte de Pamplona, huyeron de sus lugares de residencia para pronunciarse sin arrastrar consigo fuerza alguna de las guarniciones de las plazas en las que se encontraban. La guerra se considera como comenzada cuando el general Ladrón de Cegama proclamó rey al infante don Carlos con el nombre de Carlos V el 6 de octubre de 1833 en Tricio (La Rioja), apoderándose con los voluntarios sublevados de Logroño y pasando a Navarra a unirse con los sublevados de esta provincia. La unión de estos voluntarios en Navarra fue el embrión de las tropas de las que se hizo cargo Tomás de Zumalacárregui y que hicieron posible que la guerra durase siete años.

El frente en su momento álgido.

Quesada - Zumalacárregui

El general carlista Tomás de Zumalacárregui.

Las fuerzas carlistas del norte quedaron centradas en la figura de Tomás de Zumalacárregui, que organizó en poco tiempo un ejército carlista en Navarra, al que también se unieron los carlistas vascos debilitados tras la expedición de Pedro Sarsfield.
Zumalacárregui equipó a sus hombres con armas tomadas a los ejércitos cristinos en el campo de batalla o en ataques contra fábricas o convoyes, y consciente de su inferioridad numérica y armamentística reprodujo la táctica guerrillera que conocía desde la Guerra de Independencia, amparándose en lo accidentado del relieve y en el apoyo de gran parte de la población civil. El7 de diciembre de 1833, las diputaciones de Vizcaya y de Álava le nombraron jefe de las tropas de estas provincias. Muy popular entre sus soldados (le llamaban "Tío Tomás"), no dudó en mostrarse cruel en la represión de los liberales ni en emplear el terror para mantener controlado el territorio.

Rodil - Zumalacárregui

Durante el año 1834 se sucedieron las victorias carlistas en importantes acciones, como el asalto a un convoy de armas entre Logroño y Cenicero, las acciones de Alegría de Álava y Venta de Echavarri. Pero para los carlistas el año acabó con una derrota en la batalla de Mendaza y la prudente retirada en la batalla de Arquijas.

Espoz y Mina -Zumalacárregui

Pero en marzo y abril de 1835, con la Acción de Larremiar contra Francisco Espoz y Mina, Zumalacárregui volvió a participar con éxito.

Valdés - Zumalacárregui

Con la Acción de Artaza contra Gerónimo Valdés, Zumalacárregui deshizo la tropa cristina que se vio obligada a desmantelar todas las estratégicas guarniciones (Maeztu, Alsasua, Elizondo,Santesteban, Urdax, entre otras), quedando como únicas guarniciones las de las capitales de la provincias vascongadas, Pamplona y algunos puertos de la costa. El grueso del ejército cristino se retiró a la orilla sur del Ebro. Animado por sus éxitos militares y por la necesidad de obtener financiación y reconocimiento internacional, el pretendiente le ordenó tomar Bilbao, a pesar de la opinión contraria de Zumalacárregui, que hubiera preferido atacar Vitoria y desde allí abrirse camino hacia Madrid. La operación comenzó con éxito, al abrirse paso hacia Bilbao al vencer al general Espartero en el Puerto de Descarga, comenzando a sitiar la capital vizcaína el 10 de junio de 1835; pero, herido Zumalacárregui cuando observaba las operaciones, falleció el 24 de junio de 1835.

Fernández de Córdova - Eguía

En octubre de 1835 Nazario Eguía asumió el puesto de general en jefe de las tropas carlistas en el País Vasco y Navarra. Durante su mandato el ejército carlista aumentó sus efectivos hasta llegar a los 36.000 hombres y su sucesor Bruno Villarreal, se caracterizó por fomentar las expediciones fuera del territorio carlista.

Fernández de Córdova - Villarreal

Bruno Villarreal se caracterizó por fomentar las expediciones fuera del territorio carlista.

Espartero - Villarreal

En octubre de 1836 tuvo lugar el segundo sitio de Bilbao, que fracasó a los cinco días y en noviembre un tercer intento que duró mes y medio y que fracasó ante la defensa de Baldomero Espartero,

Espartero - Príncipe Sebastián

El fracaso ante Bilbao de los carlistas provocó el nombramiento de Sebastián Gabriel de Borbón y Braganza como general en jefe de los carlistas, el cual en marzo de 1837 venció a las tropas liberales en la batalla de Oriamendi. Mientras tanto los sectores más radicales del carlismo se habían hecho con el control político, acrecentado tras la Expedición Real.

Espartero - Guergué

Juan Antonio Guergué se hizo con el mando del ejército hasta junio de 1838,

Espartero - Maroto

Tras la batalla de Peñacerrada, Guergué fue sustituido por Rafael Maroto, quien reorganizó el ejército y mandó fusilar en febrero de 1839 a Guergué y a otros militares acusados de conspirar en su contra al tiempo que intentaba conseguir del pretendiente la destitución de sus adversarios, por lo que fue destituido a su vez por Don Carlos, aunque pocos días después fue restituido en su puesto por el pretendiente, que accedió a sus demandas.
Maroto negoció con el gobierno de Isabel II sin el apoyo del pretendiente y con la oposición de parte de sus tropas y el 29 de agosto de 1839 Espartero y oficiales carlistas, representantes de Maroto, firman el Convenio de Oñate que puso fin a la guerra en el norte de España, confirmado con el conocido como Abrazo de Vergara entre Maroto y Espartero el 31 de agosto. El 14 de septiembre de 1839 el pretendiente carlista y sus tropas que le permanecían fieles cruzaron la frontera francesa y la guerra terminó en el frente norte.

Frente de Castilla

En Castilla la Vieja, fue en Burgos y Soria dónde más éxito tuvo la insurrección, movilizando un total de 10.000 hombres al mando de Jerónimo Merino e Ignacio Alonso Cuevillas. En Cataluña, en abril de 1834, entró una partida procedente del Maestrazgo al mando de Manuel Carnicer pero fracasó. A pesar de eso, se mantuvieron movilizadas numerosas partidas guerrilleras.

El carlismo en Aragón

Frente Aragón y Valencia

El 13 de noviembre de 1833 los carlistas obtienen una importante victoria: Morella se subleva y enrola el estandarte de Carlos V. Carlos Victoria, comandante de la plaza de Morella, hace salir a las tropas de la ciudad con una treta. Cierra las puertas de la ciudad y junto con Rafael Ram de Viu (barón de Herbés) y Manuel Carnicer se suman al bando carlista. Pese a este acto las tropas gubernamentales se ponen en movimiento y mandan hacia Morella una importante columna dirigida por Horé. Los carlistas ante esa amenaza huyen de Morella en diciembre. Después el barón de Herbés y otros líderes carlistas son apresados en Calanda y fusilados el 27 de diciembre. Pese a esto la llama de la rebelión se había encendido en las tierras del Maestrazgo y el Ebro puesto que otros líderes como Carnicer, Quílez y Cabrera continuaron luchando.
Las partidas del Maestrazgo y Aragón eligieron a Manuel Carnicer como su jefe en febrero de 1834. Tras su fusilamento en abril de 1835 tomó el mando su segundo, Ramón Cabrera, quien dio ánimos a las fuerzas carlistas, pero sin que fuerzas fueran lo suficientemente numerosas como para obtener una victoria decisiva sobre las fuerzas liberales, de forma que en 1836 Evaristo de San Miguel conquistaba para los isabelinos Cantavieja. En 1837 Cabrera consigue reconquistar el territorio perdido y en enero de 1838 conquista Morella, a la que convierte en capital de su administración, extendiendo su territorio por Aragón, norte de Valencia y sur de Cataluña. Sin embargo, el fin de la guerra en el norte hizo que Espartero llegara a Zaragoza al frente de 44.000 hombres en octubre de 1839 y estableciera su cuartel general en Mas de las Matas. Cabrera consigue mantener la resistencia hasta el 30 de mayo de 1840 cuándo Espartero conquistó Morella y Cabrera se dirigió a Berga.

Frente de Cataluña

En Cataluña las numerosas partidas actuaban sin coordinación. El mando del Pretendiente envió un contingente de fuerzas del territorio carlista vasco-navarro, seleccionado entre los más experimentados batallones de los que disponía, en agosto de 1835 bajo el mando de Juan Antonio Guergué formado por 2.700 hombres con la misión de organizar el frente en Cataluña. Llegado a su destino Guergué, consiguió agrupar una numerosa fuerza, intentanto tomar Olot pero fracasando en el intento. Seguidamente Guergué organizó las tropas carlistas catalanas en un documento oficial que se enviaría al rey y a los cabecillas respectivos. En el mismo documento él pone de manifiesto que las tropas con las que cuenta son unas 19.000 descontando las traídas por él. Sin embargo estos datos son poco fiables debido a que dan un número alto de guerrillas no identificadas. Pese a esto el número debía ser muy alto.Tras la marcha de Guergué de Cataluña asumieron el mando Ignacio Brujó y Rafael Maroto. Éste estuvo poco tiempo (unos meses), creó confusión y tuvo muchas derrotas así que en diciembre de 1836 fue sustituido por Blas María Royo de León que había sido jefe del estado mayor de la expedición Guergué. Royo logró victorias importantes cómo el desastre de Oliver y la conquista de Solsona. En 1837 se hizo con el mando uno de los miembros de laExpedición Real, Juan Antonio de Urbiztondo, quien conquistó Berga en julio y la convirtió en la capital del carlismo catalán.

Daguerrotipo de Ramón Cabrera.



Los problemas entre la Junta de gobierno de Berga y Urbiztondo llevaron al nombramiento de José Segarra y posteriormente, en julio de 1838, al del Conde de España, que se esforzó en modernizar sus tropas al tiempo que se aproximaba a los sectores más radicales del carlismo, lo que provocó el descontento de la oficialidad carlista, que solicitaron su destitución al pretendiente, lo que consiguieron en octubre. La llegada de combatientes carlistas procedentes del frente norte tras la firma del Convenio de Oñate consiguió prolongar la guerra en Cataluña unos meses más hasta que las últimas tropas carlistas dirigidas por Cabrera cruzaron la frontera francesa el 6 de julio de 1840.

Castilla la Vieja y Castilla la Nueva

En ambas Castillas los movimientos carlistas también existieron. Fueron más importantes en Castilla la Vieja. En las zonas cercanas a las provincias Vascongadas y Navarra, los carlistas, bajo la presión de las tropas isabelinas, acabaron amparándose en los carlistas vasco-navarros, formando los batallones castellanos. Sus jefes más importantes fueron Balmaseda, Basilio García, Jerónimo Merino y Cuevillas. Organizaron correrías por el territorio controlado por el bando isabelino, llegando en ocasiones hasta La Mancha. Los húsares de Ontoria, una unidad selecta formada por expertos jinetes castellanos y dirigida por Balmaseda, fue la unidad más importante de caballería castellana que terminó combatiendo con Cabrera. No pudiendo cruzar el Ebro en la fase final al caer el Maestrazgo en manos de Espartero, intentaron huir a Francia dando el rodeo por Cuenca, Soria, Burgos, La Rioja y Navarra, desolando con sus tropelías y robos las poblaciones que atravesaban. Gran parte de ellos fueron finalmente interceptados en Navarra, cuando Cabrera hacía ya tiempo que se encontraba en Francia y, por lo tanto, la guerra había finalizado. Por ello fueron considerados como bandoleros y ejecutados.
En Castilla la Nueva los movimientos carlistas se centraron en Ciudad Real y en las zonas próximas a Cabrera (Cuenca) y también Albacete). La partida más importante de la región fue la de los hermanos Palillos. Esta partida estaba formada por jinetes en su mayor parte y llegó a ser numerosa comparada con las demás partidas manchegas, que nunca fueron muy superiores a un par de centenares de hombres.

Frente de la provincia de Ciudad Real

En la provincia se formaron más de un centenar de partidas, algunas con apenas una decena de hombres y otras superando varios centenares. Tres son las causas de esta proliferación: a) Dada la orografía montañosa y el tránsito a través de la provincia de las comunicaciones Madrid - Andalucía, desde tiempo muy atrás el bandolerismo estaba muy desarrollado. b) Estas circunstancias fueron base para que durante la Guerra de la Independencia se creasen numerosas partidas guerrilleras con gran actividad. c) La provincia, muy depauperada, con la tierra prácticamente en poder de unas pocas personas, no solo producía pobreza en las gentes que trabajaban el campo sino también en las localidades donde los zapateros, sastres y demás oficios tenían unos ingresos muy bajos ya que sus clientes, los trabajadores del campo, carecían de dinero. Las experiencias del bandolerismo, las de las guerrillas independentistas, la pobreza de los habitantes y las quintas que se llevaban a tantos hombres jóvenes que estaban aportando economía familiar, hizo que los jefes carlistas encontrasen con facilidad personas tanto en el campo como en las ciudades para engrosar sus filas. Ocurría también con frecuencia que pequeñas partidas admitían el indulto, se reincorporaban a sus quehaceres, volviendo pero de nuevo poco tiempo después a formar parte de una partida. El gobierno solo en ocasiones pudo destinar tropas regulares suficientes para combatir a las partidas, siendo fuerzas irregulares formadas por voluntarios locales, encuadrados genéricamente en el concepto de "Milicianos Nacionales", los que sostuvieron el peso principal de lucha contra las partidas aunque con escaso éxito ya que incluso meses después de concluida la guerra estuvieron activas varias de ellas durante un tiempo. Algunas volvieron a convertirse en bandoleras, quedando su persecución en manos de la recién creada Guardia Civil.
El movimiento carlista nunca tuvo unidad de mando y de administración ni conservó territorio en el que hubiese podido instalar sus cuarteles, almacenes, cuadras de caballos, depósitos de heridos y prisioneros, manteniéndose continuamente en movimiento por la provincia, asaltando pueblos y refugiándose en las montañas. En ocasiones se unían varias pequeñas partidas para realizar un ataque a una localidad importante o a un convoy que circulaba por la carretera Madrid - Andalucía. Al llegar a la provincia las expediciones de Gómez y Basilio García, formaron parte de ellas mientras se mantuvieron en la provincia, algunas marcharon con ellas a provincias vecinas, incluso unos pocos hombres las acompañaron a su vuelta al territorio vasco-navarro.4

Expediciones carlistas

Desde el territorio vasco-navarro dominado por los carlistas se realizaron expediciones con los objetivos principales: A) Fomentar la guerra en territorios en los que el carlismo tenía poca, incluso nula actividad. B) Deshacerse durante algún tiempo de contingentes a los que era problemático dar mantenimiento y paga. C) Obligar a que tropas isabelinas que cercaban su territorio tuviesen que marchar tras las expediciones, aliviándose la presión sobre el frente vasco-navarro.
Las expediciones más importantes fueron:
  • Primera expedición de Basilio García. 1834
  • Segunda expedición de Basilio García. 1835
  • Expedición de Guergué. 1835
  • Tercera Expedición de Basilio García. 1836.
  • Expedición de Gómez. 1836
En junio de 1836, Miguel Gómez Damas, al frente de 3.500 hombres, parte desde Amurrio hacia Asturias y Galicia para alentar los focos carlistas que supone allí establecidos, pero a pesar de que consigue entrar sin lucha enOviedo y Santiago de Compostela, no logra controlar estos territorios ya que no encuentra interés suficiente por la causa carlista en la población y es sometido a persecución por tropas isabelinas que llegan desde Navarra y Castilla la Vieja. Por propia iniciativa, en contra de las órdenes recibidas, se dirige en agosto hacia Andalucía y durante la marcha entra en León, Palencia y Albacete. En Andalucía toma Córdoba y Almadén, hecho éste último que causa inesperada baja en la Bolsa londinense. Llega a San Roque ya que tiene intención de adquirir calzado en Gibraltar pero desde el Peñón le impiden con cañonazos acercarse aunque son muchos los ingleses, incluso con sus mujeres, los que salen del recinto británico para ver de cerca a los carlistas ya que su correría por la geografía hispánica es tema muy aireado por la prensa europea. Batido una y otra vez, aunque sin ser excesivamente dañado por las columnas isabelinas que le persiguen, en diciembre de 1836 consigue regresar a Vizcaya.
  • Expedición Real. 1837
La Expedición Real, motivada por las supuestas negociaciones que se estaban realizando entre Carlos y María Cristina, salió de Navarra en mayo de 1837 con 12.000 hombres al frente del pretendiente Carlos hacia Aragón, Cataluña, Valencia, Teruel y finalmente Madrid, de dónde se retiraron de manera inesperada, llegando al territorio carlista del norte en octubre de 1837. Tras la expedición Carlos marginó a los elementos más moderados del carlismo.
  • Expedición de Zaratiegui. 1837
  • Cuarta expedición de Basilio García. 1837-1838
  • Expedición de Negri. 1839