martes, 21 de octubre de 2014

GCE: El servicio secreto británico operando en España

Materia secreta: el espionaje británico en la Guerra Civil
Por: Ángel Viñas |





En 2010 se publicó la esperadísima historia oficial del Secret Intelligence Service (SIS) o, en su denominación hoy más habitual, MI6. Comprende desde el año de su establecimiento, 1909, hasta 1949. El autor, Keith Jeffery, catedrático de Historia de la Queen´s University de Belfast, afirma que tuvo acceso a toda la documentación que le pareció necesaria. El director general del MI6, John Sawers, también lo constató en su prólogo. El libro ha tenido un éxito inmenso. En el Reino Unido las obras sobre espionaje  gozan de gran popularidad. Los británicos siempre fueron maestros en el gran juego de la inteligencia / contrainteligencia.
[El cartel de la imagen pertenece a la colección de la Biblioteca Digital Hispánica. Es de 1939 y de autoría desconocida]
Las páginas referidas a España son, sin embargo, decepcionantes. Quien las lea no obtendrá mucha idea de lo que el MI6 hizo en nuestro país y pensará que fue mas bien poco. Esta carencia quizá sea explicable por varios motivos. En España no solo actuó MI6. También lo hicieron otros servicios británicos y Jeffery, naturalmente, no tenía porqué referirse a ellos; la documentación relevante puede seguir estando clasificada o haber desaparecido; el autor pudo no querer entrar en un escenario marginal para su gran historia: la actuación contra los enemigos del Reino Unido, ya fuesen en la Primera Guerra Mundial, en la Segunda o en los inicios de la Guerra Fría. Debió, eso sí, ver algunos papeles sobre España ya que alude a operaciones, que no identifica, que lanzó  desde Gibraltar durante la Guerra Civil el entonces jefe de estación en el Peñón, Leonard Hamilton-Stokes. Por cierto que este aparecería en Madrid, con igual condición, en los primeros meses de 1940.
Mis investigaciones durante los últimos diez años me han conducido a otras conclusiones. Por ejemplo: los servicios secretos británicos (aunque no necesariamente el MI6) estuvieron presentes en los inicios de la Guerra Civil; desempeñaron un papel en el golpe de Casado y continuaron funcionando, a ritmo más trepidante, durante la neutralidad/no beligerancia/neutralidad españolas en la Segunda Guerra Mundial.
El primer tema lo desarrollé hace algunos años al ligar la conspiración de Franco para eliminar al general Amado Balmes, comandante militar de Gran Canaria, con el famoso vuelo del Dragon Rapide, avión que debía transportarle a Marruecos. Uno de los pasajeros llegados de Londres a Las Palmas, el excapitán Hugh Pollard, había sido, cuando menos, agente del Servicio de Inteligencia Militar y es altamente verosímil que participase en la misión, siquiera para otear lo que pasaba, por encargo de la misma o del propio MI6. La cosa no está clara. En cualquier caso, no era agente de éste. Ingresó en él a comienzos de la Segunda Guerra Mundial.
Sobre el tercer tema estoy trabajando en la actualidad y espero poder presentar en un próximo libro un largo y denso acopio de datos e informaciones hasta ahora ignorados en la literatura.
Queda el segundo tema: el golpe de Casado, del que ahora se han cumplido 75 años. Aquí el protagonista fue un diplomático británico, convenientemente camuflado. Su nombre es conocido de los especialistas pero no se ha escrito mucho sobre él. Se llamaba Howard Denys Russell Cowan, abreviadamente Denys Cowan. Nacido el 23 de octubre de 1883, ingresó en el Foreign Office en septiembre de 1910. Fue destinado a Cuba en donde pasó la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial. Dimitió en octubre de 1920. Se ignoran las razones. Desaparece en la historia hasta agosto de 1938, cuando resurge como agregado honorario a la embajada británica en Barcelona. Esto fue, lo sabemos, una cobertura, quizá justificada por los peligros de su trabajo real. Era secretario y enlace de una comisión, presidida por el mariscal Sir Philipp Chetwode, que se ocupaba de facilitar el intercambio de prisioneros, franquistas contra republicanos y viceversa. Esto le daba la oportunidad de pasar de una zona a otra. Una facilidad de la que disfrutaban entonces contadísimas personas. Las oportunidades de otear y obtener información no pudieron faltarle.
Tras la caída de Barcelona en febrero de 1939 a Cowan se le envió al consultado británico en Madrid, ciudad entonces bastante aislada.  Este destino, sin embargo, desaparece en el anuario diplomático. Cierto es que no pudo ser de larga duración, pero es significativo por varias circunstancias muy especiales.
La más importante era que el coronel Segismundo Casado soñaba con un golpe que liquidase la Guerra Civil desde, probablemente, octubre de 1938. Esta información, que no estaba al alcance de todos y que obviamente ignoraba el Gobierno republicano, se transmitió a Londres. Esto puede explicar, para los no obtusos del todo, el traslado  de Cowan en Madrid. Casado, en la segunda versión de sus siempre falaces memorias, reconoció que tuvo contactos con agentes británicos, pero cuidadosamente se abstuvo de dar nombres.
Segismundo CasadoEs más, después de hundir todas y cada una de las posibilidades de resistencia y de prestarse a una gran operación político-estratégica de Franco para obtener la implosión republicana, Casado [en la imagen] se escapó a Londres. Aquí, refugiado y sin un chelín, no pasó ni hambre ni demasiadas privaciones. Un aspecto que no ha merecido la atención de los historiadores. ¿Por qué?
Veamos lo que hubo detrás. Un generoso donante le suministró fondos. No de forma directa sino a través del Comité de Ayuda a los Refugiados de España. Quien había detrás debió de ser muy precavido. En la documentación relevante aparece simplemente como “Miss Oliver”, mera pantalla.  Los importes fueron superiores a los que distribuía el comité.  El Foreign Office, de quien dependía el MI6, tomó cierto interés en que Casado se sintiera cómodo.
Obviamente no se trató de una ayuda desinteresada. Una mano anónima dio instrucciones al excoronel sobre cómo orientar el libro que rápidamente se puso a escribir, The Last Days of Madrid. Casado no sabía inglés, así que las instrucciones se le dieron en castellano. El libro se tradujo a velocidad de vértigo. Casado se lo dedicó a su “benefactora”, M.O. Se convirtió en un clásico que influyó durante 25 años en las muchas estupideces que se escribieron sobre el final de la guerra. Como reconoció privadamente mucho más tarde el propio Casado era, sin embargo, “pura bazofia”. ¿Quién estuvo detrás de la idea, de las instrucciones, de la traducción y de la publicación? Misterio.
Este misterio se ahonda un poco más porque tampoco se conoce nada todavía de las actividades de Cowan tras su regreso al Reino Unido. Hay que suponer que se le haría algún “debriefing”. Si es así, no se ha localizado. Tampoco reingresó en el Foreign Office. Los anuarios diplomáticos de 1939, 1940 y 1941 son mudos a su respecto. Sabemos, no obstante, tres cosas:

  1. Al estallar el conflicto europeo se proporcionó a Casado un trabajito en la sección española de la BBC. La gran emisora fue un refugio utilizado por los servicios secretos para camuflar a futuros colaboradores y agentes de numerosas nacionalidades.
  2. En algún momento Casado figuró en los planes que se cocían en Londres para hacer frente a la posibilidad de que Franco se decantara por el Eje.
  3. En lo que se refiere a Cowan ingresó en el recién creado Ministerio de Información, al cual pasó gente de las procedencias más diversas.

En este Ministerio se le nombró rápidamente jefe de la Sección de España. Esto significa que “alguien” valoró sus conocimientos. Lo que hizo no está todavía aclarado. En enero de 1940 sabemos que trató de conseguir un pasaporte español para la esposa de Casado (Carmen Santodomingo de Vega) a través de la sección de prensa de la embajada británica en Madrid. Al parecer dicha señora podía contar con el apoyo de dos generales, Juan Yagüe y Fernando Barrón, y del coronel José Ungría, exjefe del SIPM, el servicio de inteligencia militar de Franco. No podía contar con el apoyo de círculos falangistas y, en particular, con el del conde de Mayalde, a la sazón director general de Seguridad y como tal el inmediato sucesor de Ungría.
Dada la labilidad de las relaciones hispano-británicas en aquel momento el embajador sir Maurice Peterson prohibió toda ayuda a la esposa. No sabemos si llegó a obtener el pasaporte español o no. Nada hace pensar que pudiera reunirse con su marido en Londres. En cualquier caso, este no tardó en tener un affaire con una inglesa de la que nació una niña.
Sigamos con Cowan. En febrero de 1940 el Ministerio de Información decidió enviarle a España en misión. La embajada española en Londres le negó el visado, algo realmente sorprendente. Ello dio origen a una larga correspondencia entre el Ministerio, el Foreign Office y la embajada en Madrid. Por ella se deduce que en los altos niveles de la dictadura se consideraba a Cowan excesivamente pro-republicano. Este protestó indignado. Era un católico a machamartillo y si había ayudado a los republicanos, había ayudado más a los franquistas. Literalmente. De la correspondencia ha desaparecido el informe sobre sus actuaciones en Madrid.
Este intercambio fue a parar a conocimiento de “C”. Esta era la denominación interna y en clave del jefe del MI6, a la sazón sir Stewart Menzies. Por ello podemos pensar que no es absurdo establecer un enlace entre el Cowan de febrero/marzo de 1939 y el de un año más tarde. Cowan no viajó a España en esta última fecha. Podría haber seguido en el Ministerio de Información pero rápidamente se le destinó a otro puesto. La documentación disponible no permite adivinar adónde. Es posible que se considerase que era demasiado importante para exponerlo.
La no mención de Cowan en los anuarios diplomáticos a partir de 1940 puede explicarse por motivos que no tienen nada que ver con la necesidad de mantener el secreto más cerrado sobre sus actividades. Según la persona que debía acompañarle en su abortada misión, Tom Burns, agregado de prensa en el embajada británica, el escurridizo personaje que comenzó su carrera en Cuba pereció en uno de los bombardeos alemanes sobre Inglaterra.
Ahora bien, si se tiene en cuenta que igualmente han desaparecido muchos papeles relacionados con el viaje del entonces excapitán Pollard a Canarias, la volatilización de toda traza documental de las misiones de Cowan en España nos lleva a seis conclusiones provisionales:

  1. Los servicios secretos británicos estuvieron presentes en el comienzo y en el final de la Guerra Civil.
  2. Lo que hicieron es desconocido pero debió de ser lo suficientemente importante para que una mano misteriosa haya hecho desaparecer papeles que normalmente deberían estar disponibles en los archivos que no son del MI6 y de la Inteligencia Militar.
  3. Los archivos del MI6 no permiten profundizar en ninguna operación. Siguen cerrados a cal y canto. Unicamente el profesor Jeffery, como historiador oficial, tuvo acceso a la documentación.
  4. La imposibilidad de consultarlos no es fácilmente comprensible. Si se trata de no identificar personas, los nombres (eventualmente agentes españoles) pueden borrarse. Lo hacen habitualmente los británicos, los norteamericanos y, por lo que sé, los franceses. Si se trata de no identificar el modus operandi correspondiente, ¿por qué se ha levantado el velo sobre operaciones en otros países que ha descrito el profesor Jeffery?
  5. Existe documentación británica accesible, con nombres, en relación con otros servicios que no son el MI6 o la Inteligencia Militar.
  6. No deja de ser paradójico que en los momentos actuales se sepa más acerca de las actividades en España durante la Guerra Civil del servicio de espionaje de la NKVD que por el lado británico.

No corresponde a un historiador extranjero especular acerca de las razones por las cuales la política desclasificadora del Gobierno británico no se aplica a documentos que difícilmente podrán contener vitales secretos de Estado. Aunque esto sea algo que no cabe por principio descartar, siempre es posible retener información supersensible. Cualquier historiador que trabaje en archivos se encuentra regularmente con ejemplos de ello.  Y no pasa nada. Tampoco se hunde nada.

fuente

lunes, 20 de octubre de 2014

Holodomor: El periodista que recibió el Pulitzer pese a negar el holocausto ucraniano

El periodista que recibió el Pulitzer a pesar de ocultar el genocidio ucraniano

por Javier Sanz-

Con la Revolución rusa de 1917 caía el régimen zarista y los ucranianos creyeron ver su oportunidad para conseguir la independencia. Con la llegada de los bolcheviques al poder, encabezados por Lenin, los aires de libertad en Ucrania desaparecieron cuando el Ejército Rojo recibió órdenes de devolver la oveja descarriada al redil de la hoz y el martillo. Tras más de dos años de lucha soterrada, los bolcheviques se hicieron con el control de Ucrania. Los años de guerra, la confiscación del grano de sus fértiles tierras como tributo de guerra y una pertinaz sequía provocaron en Ucrania una terrible hambruna en 1921. Lenin, ante aquel terrible panorama, suspendió la confiscación de grano y suavizó las nuevas medidas económicas de colectivización que consiguieron aliviar temporalmente el hambre en la región. La muerte de Lenin confirmó el dicho que reza “otro vendrá que bueno te hará“… y llegó Stalin.

 Stalin

Para Stalin, eso de la humanidad debía ser una tara de los capitalista. Aplicó su primer plan quinquenal (1928-1932) para conseguir la transformación radical de las estructuras económicas y sociales soviéticas sin ningún tipo de miramientos. Para ello, se colectivizó la agricultura expropiando las tierras, las cosechas, el ganado y la maquinaria; se reguló la producción y la mayor parte de las cosechas de cereal se destinaron a la exportación y compra de productos manufacturados para la rápida industrialización. Todas estas medidas cambiaban radicalmente la fisonomía de una sociedad mayoritariamente agrícola que debía someterse al control total del Estado. Stalin fue especialmente riguroso y estricto, al contrario que su antecesor, con la implantación de estas medidas en Ucrania, donde topó con los terratenientes ucranianos (kulak), una excusa perfecta para las futuras maniobras de Stalin en Ucrania. Los kulaks desaparecieron misteriosamente y sus tierras fueron expropiadas, las propiedades de los pequeños agricultores independientes fueron confiscadas y éstos obligados a trabajar en las granjas colectivas. Los que se negaban eran deportados a Siberia —más de ochocientos mil—, de donde la mayoría de ellos nunca regresó. Por si esto fuera poco, en 1932, Stalin ordenó incrementar la producción de las granjas colectivas de Ucrania para disponer de más grano para las exportaciones. Apenas quedaba nada para las familias e incluso se bloquearon las fronteras para que no pudiese llegar comida del exterior. El hambre y la muerte se extendieron por todo el país. Veinticinco mil personas, sobre todo niños, morían de inanición cada día. Entre 1932 y 1933, unos ocho millones de ucranianos murieron por un arma de destrucción masiva llamada hambre.



Stalin siempre negó el genocidio ucraniano (holodomor) e incluso llegó a contar con un aliado inesperado: el corresponsal de The New York Times en Moscú, Walter Duranty. Los informes de Duranty en esta época afirmaban:

Cualquier informe de hambruna en Rusia es hoy una exageración o propaganda maligna. No hay hambre o muertes por inanición.


Duranty

E ironías de la vida, Walter Duranty recibió el Pulitzer en 1932. Bajo la férrea dictadura comunista todo permaneció en silencio y solo en 1991, tras el desmembramiento de la Unión Soviética y la recuperación de independencia de Ucrania, se destapó el genocidio. En 2003, y ante las miles de voces que pedían revocar el galardón concedido a Duranty, la junta del Premio Pulitzer se reunió para estudiar el caso. La conclusión final fue que el premio se le había otorgado por una serie de artículos publicados en 1931 que nada tenían que ver con el holodomor y, por tanto, no tenían por qué revocarlo. Eso sí, queriendo dejar constancia de su sensibilidad, remataron el informe con unas hipócritas palabras:

La hambruna de 1932-1933 fue horrible y no ha recibido la atención internacional que merecía. Con esta decisión -no revocar el Pulitzer-, el Consejo de ninguna manera quiere disminuir la gravedad de lo ocurrido. La junta expresa su condolencia a los ucranianos y a todos los que todavía lloran el sufrimiento y la muerte provocados por Josef Stalin.

Lógicamente, Stalin elogiaba la labor y, sobre todo, los informes de Walter Duranty

Historias de la Historia

domingo, 19 de octubre de 2014

JAR: Su herencia innegable

El extenso legado del expresidente: Roca, un siglo después

El dos veces mandatario fue clave en la construcción del Estado argentino en múltiples aspectos, algunos poco difundidos.




Por Héctor Landolfi - Rio Negro

Una prioridad: la educación laica y gratuita para buena parte de la población. La infraestructura, especialmente los ferrocarriles, recibió un impulso decisivo. En lo social, el inicio del sistema de seguridad social y de jubilación estatales. Leyes laicas como la de registro y matrimonio civil lo enfrentaron con la Iglesia. A nivel internacional, los límites con Chile, la presencia en la Antártida y la Doctrina Drago, que impide el cobro de deudas mediante fuerza militar. Y la Campaña del Desierto, que selló un conflicto de 350 años y consolidó la soberanía nacional en la Patagonia.

El 19 de octubre de 1914 murió en Buenos Aires Julio Argentino Roca, el que fue dos veces presidente de la Nación y notable estratega militar. Le cupo la suerte de morir en su patria, la que ayudó a forjar con su espada y sus capacidades de estadista. Fortuna que no tuvieron San Martín, quien falleció en la lejana Francia, en un casi exilio; Rosas, en su forzado retiro británico y Sarmiento, en Paraguay, lejos de sus escuelas.

El país que Roca abandonaba en forma definitiva era muy diferente de aquel que sus ojos comenzaron a ver a partir del 17 de julio de 1843 en su Tucumán natal.

En los setenta y un años que duró su vida, la Argentina pasó de un estadio no demasiado diferente del de esa colonia que se había separado de España en 1810, a ser la sexta economía del mundo. Roca fue el constructor del Estado que produjo esa profunda transformación positiva.

Ese cambio gigantesco, que algunos argentinos ignoran y otros persisten en denostarlo desde una sesgada visión ideológica, fue adecuadamente percibido por el mundo desarrollado de entonces. Pronto, los centros de poder mundial dieron pasos concretos para conectarse con esa potencia emergente. Y la actividad cultural acompañó el crecimiento de ese poder.

En 1891 se inauguró el Teatro Odeón, el que se transformó, en el siglo XX, en un lugar donde se produjeron acontecimientos históricos de la cultura y la política argentinas. En su sala, en 1896, se realizó la primera proyección cinematográfica argentina, al año siguiente de la realizada por los hermanos Lumière, en París. Y en esa misma sala, en 1897, se realizó el congreso que decidió la candidatura del general Julio Argentino Roca a su segunda presidencia.

En 1893, la Alianza Francesa, la asociación cultural internacional más grande del mundo, se instaló en Buenos Aires. En 1905 se inauguró, con la actuación del famoso payaso norteamericano Frank Brown, el Teatro Coliseo. En 1920, Enrique Susini realizó desde el techo de ese teatro la primera transmisión radiofónica. A partir de 1908, el nuevo edificio del Colón recibió a los principales cantantes líricos europeos. Ese mismo año, María Guerrero inauguró el Avenida, epicentro del mejor arte lírico ibérico. Y fue la gran actriz española quien donó el Teatro Nacional Cervantes en 1921.

Ford, uno de los mayores fabricantes de autos, abrió en la Argentina en 1913 su segunda sucursal en el exterior. Y en 1914, Harrod's, la gran tienda inglesa, inauguró en Buenos Aires su primera y única casa fuera de Inglaterra.

El deporte, también, fue evidencia clara de ese país que crecía. Durante la segunda presidencia del general Roca -y aún después- se crearon los que serían los grandes clubes del fútbol argentino: River Plate, 1901; Racing, 1903; Independiente, 1904; Boca Juniors, 1905 y San Lorenzo, 1908.

El gran salto cualitativo

El impulso que Roca dio a la educación pública no tuvo precedentes ni emulaciones posteriores. El Consejo Pedagógico de 1882, donde se gestó la ley 1420, la más inclusiva y eficaz de las de enseñanza primaria; el Consejo Nacional de Educación en 1884; el "secundario", sobre el modelo del baccalauréat francés, el mejor del mundo en su momento; la "Ley Avellaneda", en 1885, sobre el funcionamiento de las universidades nacionales. Y para industrializar al país con gente propia, creó el Colegio Industrial de la Nación, Otto Krause, en 1899, en su segunda presidencia. Este virtuoso círculo educativo posibilitó que el hijo de un inmigrante analfabeto pudiera transformarse en un profesional y que la Argentina lograra índices de alfabetización ubicados entre los más altos del mundo. Ese nivel educativo y cultural es el que le permitió a la Argentina tener tres premios Nobel de ciencias: Houssay en 1947, Leloir en 1970 y Milstein en 1984.

El militar

Julio Argentino, nacido en el seno de una patricia pero modesta familia tucumana, siguió el mandato familiar de su padre, el coronel José Segundo Roca, y logró estudiar en el Colegio Nacional del Uruguay gracias a una beca que le otorgó Urquiza.

Con sólo dieciséis años, el jovencísimo subteniente de artillería Roca, tuvo su bautismo de fuego en la Batalla de Cepeda (1859) al mando de su batería y sirviendo en el Ejército de la Confederación Argentina. En Cepeda, Roca inicia una carrera militar que no conoce derrotas y le permite, en tres quinquenios, recibir las palmas del generalato a los 31 años. Las recibe del presidente Nicolás Avellaneda en el campo de batalla, luego de vencer a la revolución mitrista en las batallas de "La Verde" y "Santa Rosa" (1874). Y culmina su carrera en la Campaña del Desierto, el gran operativo militar que permitió consolidar la soberanía nacional en la Patagonia. El éxito de esta campaña fue ponderada por el mariscal Helmuth von Moltke, uno de los mayores estrategas alemanes, quien así se lo hizo saber a Miguel Cané, embajador en Berlín.

Roca fue militar, pero no militarista. En su discurso al Congreso de la Nación, al asumir su primera presidencia (1880) Roca anunciaba: "Consagraré a las reformas que son reclamadas en este ramo (ejército) mis mayores esfuerzos para evitar los peligros del militarismo, que es la supresión de la libertad...".

Hombre de fe

Roca fue persona creyente, pero no accedió al clericalismo. El 2 de junio de 1879 le comunicó al presidente Avellaneda la celebración de un tedeum en agradecimiento al éxito de la Campaña al Río Negro. Y finaliza el informe expresando: "En ninguna parte se siente uno tan cerca de Dios como en el desierto".

Cinco años más tarde, ya presidente, promulgó la ley 1420, cuya concepción laica de la enseñanza generó la crítica de la jerarquía católica.

La oposición de la Iglesia a la laicidad de esa norma legal fue expresada públicamente por el nuncio apostólico Luis Mattera. Ante este hecho y en vista del estatus diplomático del representante papal, Roca lo expulsa del país y rompe relaciones diplomáticas con el Vaticano (1884). Es a partir de entonces que el presidente obligó a los obispos a que en el juramento tradicional agregaran el de "Fidelidad a la Nación Argentina".

El civilista

El estro cívico roquista se proyecta en la ley que creó el Registro Civil, que permitió inscribir nacimientos, matrimonios y defunciones con independencia de su origen religioso. Y con el mismo criterio se modificó el Código Civil para permitir el matrimonio civil.

Durante su presidencia se sancionó el Código Penal y se ejerció por primera vez en el país la libertad de prensa. Se publicaron doscientos diarios, cien en la Capital Federal.

Salvo sus ministros de Guerra y Marina, Luis María Campos y Pablo Riccheri, que eran militares, sus ministros y colaboradores fueron civiles de elevado nivel intelectual. Recordaremos sólo algunos: Norberto Quirno Costa -su vicepresidente-, importante periodista y diplomático; Bernardo de Irigoyen, uno de los gestores del Acuerdo de San Nicolás, abolicionista de la pena de muerte y brillante intelectual; Joaquín V. González, historiador, filósofo, escritor, fundador de la Universidad de La Plata; Amancio Alcorta, músico, rector del Colegio Nacional de Buenos Aires; Luis María Drago, jurista eximio, creador de la única doctrina oficial argentina de Relaciones Exteriores, referida a deuda externa; José María Ramos Mejía, educador y médico brillante, creador de la Asistencia Pública de la Ciudad de Buenos Aires, hoy el SAME.

La guerra de los 350 años

Desde la llegada de Pedro de Mendoza a la orilla occidental del Río de la Plata (1536) hasta que Roca finaliza su Campaña al Desierto (1885) trascurrieron tres siglos y medio de una guerra intermitente. Esta enorme profundidad temporal contrasta frontalmente con la brevedad de la lucha en el mundo andino. Pizarro, en dos años, con 180 hombres y treinta caballos, derribó la formidable estructura política, militar y económica del imperio incaico.

Mientras la acción de Pizarro fue una clara invasión al imperio del Cuzco, el arribo de Pedro de Mendoza al estuario del Plata se aprecia como un contingente que se asentó en una llanura recorrida por tribus nómades que a nadie pertenecía. Este asentamiento era comparable, en buena medida, al efectuado por los galeses en el Chubut.

Durante estos tres siglos y medio, Buenos Aires se transformó y elevó su jerarquía. Pasó de ser la pariente lejana y pobre del imperio español, a constituirse en cabecera del Virreinato del Río de la Plata (1776) luego, en expulsora de los invasores ingleses, que la tornó en prestigiosa ciudad "Reconquistadora" (1808) y poco más tarde, y a partir de 1810, en el motor independentista de la dominación española. Proceso dado en el marco de una conflictividad intermitente con el indígena.

En la etapa independiente, el enfrentamiento con las tribus nómades no cedió, se acrecentó a medida que el malón araucano (mapuche) de origen trasandino se abalanzaba sobre el ganado vacuno y caballar que se criaba en la llanura argentina. A este enorme robo de ganado, las tribus araucanizadas agregaron la extracción de sal, efectuada de este lado de los Andes para venderla en Chile, país que carecía de ella.

Este persistente estado de guerra entre el indígena y las poblaciones cristianas culminó en el Malón Grande (1872). Seis mil indios de lanza araucanos (mapuches), al mando de Calfucurá, atacaron las poblaciones del sur de la provincia de Buenos Aires, incendiando casas y pueblos, matando a 400 pobladores, secuestrando a 500 mujeres y a niños para esclavizarlos, y robando 300.000 cabezas de ganado.

Si esta cifra de animales robados era la real, estaríamos ante el mayor rodeo -y el mayor pillaje de ganado- de la historia argentina y posiblemente del mundo. Su valor a precio de hoy rondaría los 90 millones de dólares y equivaldría a más de dos meses de transacciones comerciales en el Mercado de Hacienda de Liniers. Éste era el "pingüe negocio" al que se refería Roca y el que Calfucurá quería legar a sus descendientes al exclamar, momentos antes de su muerte: "No entregar Carhué al huinca". Carhue era la rastrillada principal por donde los araucanos (mapuches) pasaban a Chile el ganado robado en la Argentina. La magnitud del robo araucano de ganado torna ridículos los dichos de Osvaldo Bayer, quien afirma que la rapiña de animales por parte de los indígenas se debe a que éstos no tenían nada para comer.

La Campaña al Desierto puso fin a este estado de guerra y saqueo. Roca diseñó la tropa en relación con su oponente. Quitó al soldado la coraza de cuero que impuso Alsina y lo alivianó de enseres; suprimió la artillería y aumentó la caballada para otorgar mayor movilidad a sus soldados. Organizó un verdadero contra-malón, de acuerdo con lo aprendido en la Comandancia de Fronteras y lo asimilado en largas conversaciones mantenidas con el coronel Manuel Baigorria, oficial unitario de Paz que se pasó a los ranqueles, convivió veinte años con ellos y dirigió malones que se abatieron sobre pueblos gobernados por federales.

Los números concretos de la Campaña del Desierto revelan que el Ejército argentino movilizó 6.000 soldados acompañados de 800 indios amigos. En los enfrentamientos se produjeron 1.600 indios de pelea muertos o prisioneros y 10.500 prisioneros integrantes de la "chusma", el apoyo logístico del combatiente araucano constituido por sus mujeres e hijos. Si tenemos en cuenta que cada indio de pelea llevaba a su familia como apoyo logístico y el promedio histórico daba 4,1 a 4,2 personas de "chusma" por combatiente indígena, los 10.500 individuos de "chusma" detenidos corresponderían a 2.600 indios de pelea, lo que estaría revelando que al menos 1.000 combatientes araucanos se replegaron a la Araucanía chilena desde donde invadieron la Argentina.

Esta realidad la confirmó el general Villegas en su informe al general Viejobueno del 5 de mayo de 1883: "He creído de suma necesidad trazar una línea de defensa paralela a la cordillera a fin de evitar que los salvajes que habían sido arrojados de nuestro territorio no volvieran a pasar a él".

Los ideologizados historiadores actuales coinciden con estas cifras, pero ignoran a los caídos de nuestro Ejército, parecería que la muerte de los humildes y sacrificados soldados criollos no tiene derecho a que la historia la registre.

Las cifras expuestas, como el destino dado a los prisioneros, revelan que la acusación de "genocidio" con que se estigmatiza la Campaña al Desierto queda lejos de la realidad.

Los indígenas más reacios fueron confinados junto a sus jefes en la isla Martín García. El resto de los hombres fue ubicado en estancias bonaerenses y del Norte, y también en el Ejército. Las mujeres jóvenes fueron colocadas para el servicio doméstico en familias porteñas y de la provincia de Buenos Aires, destino mucho más amable que el de las cautivas cristianas del indígena.

La cruel realidad que soportaban estas mujeres en las tolderías está cabalmente descripta por José Hernández en la segunda parte de su Martín Fierro.

El resultado de la lucha como el trato dado a los prisioneros indígenas muestran una realidad sideralmente distinta de la admitida por Juan Manuel de Rosas en su testamento, quien declara que en su campaña al desierto de 1833, "se ultimaron a 50.000 indios y otros tantos se aprendieron". Los prisioneros indígenas detenidos en esa oportunidad fueron atacados criminalmente por los soldados de Rosas, como lo pudo comprobar Charles Darwin en su recorrida por nuestra llanura.

No puede dejar de señalarse que el kirchnerismo -y cierta izquierda ajada- encabeza el repertorio de las injustas paradojas históricas que involucran a Roca.

Mientras el gobierno realiza y promueve acciones contra el general tucumano que fue dos veces presidente de la Nación y consolidó la soberanía nacional en la Patagonia, simultáneamente, se enseñorea sobre el neuquino maná petrolífero y gasífero de Vaca Muerta; que no sería argentino si no fuera por la Campaña al Desierto.

La memoria de Roca sonreirá irónica -quizá, algo escéptica- al ver que sus desagradecidos detractores actuales estudiaron en la escuela pública por él creada; se curaron en hospitales generados en su gestión de gobierno; construyeron casa con crédito de fomento del Banco Hipotecario Nacional, que él fundó y se trasladaron en buenos ferrocarriles construidos durante su presidencia. Héctor Landolfi (*)

(*) Exdirectivo de la industria editorial argentina.

sábado, 18 de octubre de 2014

Conquista del desierto: Siguen rompiendo las pelotas los mapuches

“Ahora sí, la solución mapuche”

Rolando Hanglin
La Nación.com


Gracias a Dios misericordioso, la Facultad de Filosofía y Letras ha hecho una pausa en su paciente enseñanza de la filosofía, y otra pausa no menos valiosa en la docencia de las letras, para reparar en mi modesta columna periodística, que ha "repudiado".

No faltará algún insolente que se pregunte: "¿Y qué tiene que ver la Facultad de Filosofía y Letras con la columna de un periodista sobre la cuestión mapuche? ¡Es como si opinara el Instituto Nacional del Cine o la Cámara Argentina de la Construcción!".

No, señores. El bondadoso coscorrón que me aplicó la Facultad fue de gran utilidad para meditar sosegadamente sobre este asunto. Ahora sí puedo aportar a mis connacionales una propuesta realista sobre el tema que se viene debatiendo.

1) Concepto primordial. Las tierras pertenecen a sus pobladores originarios. Por ese motivo, las provincias de Santa Cruz, Chubut, Neuquén, Río Negro, La Pampa, Mendoza, San Juan, San Luis y Buenos Aires deben ser devueltas íntegramente a las comunidades mapuches, sus dueñas legítimas. Esto suma un 70 por ciento del territorio nacional.

2) Matices. ¿Cómo puede acreditarse que una persona pertenece a la etnia mapuche si no tiene apellido mapuche, ni habla la lengua mapuche? Tanto un detalle como el otro se deben al genocidio de Juan Manuel de Rosas, Facundo Quiroga, Julio Roca, Conrado Villegas, Lorenzo Vintter, el coronel Granada, Federico Rauch, Adolfo Alsina, Estanislao Zeballos, el Perito Moreno, Domingo Sarmiento y Emilio Mitre. Es decir: han bautizado por la fuerza a los aborígenes, obligándolos durante generaciones a hablar el castellano. De esta manera, sólo resta un modo de pertenecer a la etnia, que es "declarativo". En esta modalidad, pertenece a la nación mapuche todo aquel que se declara mapuche. Y listo. No importa si es argentino o chileno, ya que las repúblicas de Argentina y Chile son posteriores a la existencia de la etnia mapuche. No importa el apellido; es igual.

3) Ocupación. Podría objetarse que los mapuches, sumados a otras naciones históricas, nunca totalizaron más de 100.000 individuos. Mal podían ocupar, entonces, toda la Patagonia y la Pampa. A esto respondemos: ¿Ustedes cómo saben? ¿Los contaron? ¿Estaban en los Andes Patagónicos allá por el 1600? No. ¿Verdad? Entonces, a callar. Ellos son los dueños de la tierra. Ejercían la "ocupación invisible". En efecto, al tratarse de naciones nómades, que se trasladaban con sus toldos de un sitio a otro según la alternancia de sequías, cosechas, migración de la fauna e incluso malones (NdR: se desconoce el significado histórico de la palabra "malón" y el verbo "maloquear", posiblemente vinculado a la contemplación de la Cruz del Sur) ocupaban de manera "invisible" toda la Patagonia y la Pampa, en sentido lato. Potencialmente, estaban en todos los puntos de la región: se encontraban en Caleta Olivia pero también ocupaban Bariloche. Estaban en General Acha, pero también ocupaban Mar del Plata. De esta forma eran, y deben seguir siendo, los dueños de toda esta vasta zona. Donde están y donde no están.

4) Apellidos. Debido al etnocidio, los bellos apellidos de la tierra como Carripilum, Nahuelpán, Acha-Huentrú, Ancanamún, Inacayal, Epugner, Curru-huinca, Sayhueque o Nahuel-Payún han sido sustituidos por vulgares nombres cristianos como Almada, Peralta, Linares, Morales o Santillán. Corresponde entonces -y es lo que hacen aquellos que se declaran mapuches- volver a sustituirlos por otros, más propios de la tierra. En este caso, Nahuel. Que bien mirado es sólo un nombre y carece del sufijo totémico, pero eso es lo de menos. Casi todos los militantes, ahora, se llaman Nahuel, aunque en el DNI figure Antonucci, Sufraniazuk o Salvatierra.

Los caciques Amaranto Aigo (Aluminé) y Francisco Curruhuinca (Quila Quina) deberán cambiar, pues, sus nombres por el más sencillo y menos aristocrático Nahuel. En cuanto al monumento sito en Quila Quina, con una bandera argentina, una placa de bronce y en ella la siguiente inscripción: "De la Nación Argentina a sus Hijos Araucanos", que todos los 25 de mayo la comunidad Curru-huinca iza con gran emoción, se tachará la palabra "araucanos", reemplazándola por "originarios". Lo demás, queda. En efecto, "araucano" es el oriundo de Arauco, en Chile, y lo suprimimos por ser geográficamente discriminatorio.

5) Problemas remanentes. La nación ranquel es un caso especial, que debe ser considerado. Esta valiente comunidad, recordada por sus grandes jefes históricos Yanquetruz, Painé, Painé-Guor (Mariano Rosas) y Epugner o Epumer, es de antigua radicación en territorios de San Luis, La Pampa y Córdoba. Sus jefes y lanceros demostraron un coraje inigualable en los turbulentos años de las guerras interiores argentinas (1820-1890) con una particularidad. Numerosos jefes militares unitarios, derrotados en sus provincias, entre ellos los hermanos Juan, Francisco y Felipe Sáa (así como el coronel Manuel Baigorria) buscaron refugio en las tolderías ranquelinas. En las tierras de los blancos los esperaba el fusilamiento (o el degüello) de modo que entre los ranqueles se radicaron, se casaron y compartieron aventuras y desventuras.

De ahí que los dirigentes actuales de la provincia de San Luis, el gobernador Alberto Rodríguez Saá y el senador don Adolfo, sean parientes de la nobleza ranquelina. Se los considera descendientes del cacique Lanza Seca. Estos parentescos históricos de noble linaje han facilitado, sin duda, que la provincia de San Luis establezca acuerdos justos y progresistas con la nación ranquel. Pero, para que sean revalidados estos convenios, los ranqueles (o ranculches) deberán declararse mapuches. Con eso queda todo solucionado. ¡Que conste, es una excepción en homenaje a la noble historia de Yanquetruz y Painé!

A las antiguas naciones tehuelches del norte y sur (los gununa-kena y los aoniken) teniendo en cuenta que son poco numerosas porque no se han llevado bien con los mapuches, y estos los diezmaron enérgicamente, se les conceden como premio consuelo las localidades de Bahía Blanca, Río Cuarto, Bariloche y Villa La Angostura. Para ello deberán presentarse a reclamarlas.

En cuanto a las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones, más la de Santa Fe, serán entregadas a todos aquellos que se declaren miembros de la etnia guaraní, querandí, chaná, timbú o chorote. Chaco y Formosa quedan para los wichis, tobas, mocovíes y chiriguanos. Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja y San Juan, para los que se declaren integrantes de la etnia colla. Córdoba para los comechingones, Santiago del Estero para los sanavirones, Tucumán para los lules y tonocotés. La ciudad de Buenos Aires puede ser compartida de modo equitativo por todos los pueblos originarios.

6) Acechanzas. Existe el peligro de que el imperio incaico se reconstituya y reclame nuestras provincias del Noroeste. Se le responderá que la soberanía originaria es anterior a la incaica, que recién se estableció en 1450. Otro peligro: el Reino de España podría reivindicar su gobierno sobre toda esta parte de América, pero también debe ser descartado por excesivamente moderno: nunca anterior a 1492, año de la primera invasión de Colón.

7) Interrogantes. ¿Qué hacer con los gringos, es decir los pobladores de origen europeo (o asiático) que se han adueñado de estas comarcas, multiplicándose de modo alucinante? ¿Qué hacer con un Alfredo De Angeli, un Litto Nebbia, un Alejandro Lerner, una Cecilia Roth, un Ricardo Alfonsín, un Chango Spasiuk,un Bruno Gelber, un Cristiano Rattazzi, un Fabián Giannola, un Tomás Abraham, un Ernesto Sábato, un Gabriel Batistuta, y otros 30 millones de argentinos blancos? Muy simple: pueden volver a sus países de origen o conchabarse como esquiladores, peones o puesteros en los campos de los señores Nahuel.

De este modo queda resuelto el tema, de manera razonable y justa. ¡Finalmente!

viernes, 17 de octubre de 2014

China: La revolución cultu-criminal y la estatua de Colón

LA REVOLUCIÓN CULTURAL CHINA
© Oscar Fernando Larrosa.

El Gran Salto Adelante.


A fines de la década del 50 Mao Tsé Tung lleva a cabo un proyecto de colectivización social con la idea de liderar el sistema comunista en competencia con la U.R.S.S.
El proceso de industrialización iniciado unos años antes les generaba dos problemas graves:
1°) La movilización de población rural a las industrias de las ciudades y
2°) El endeudamiento con la Unión Soviética que financiaba esta industrialización.



Entonces crea las comunas como unidades económicas autosuficientes donde desarrollaría proyectos de industria ligera aprovechando la gran masa laboral china.
Con esto pensaban superar en 15 años la capacidad de producción de acero del Reino Unido.
La idea del gobierno chino era industrializar el país y aumentar la producción agrícola haciendo uso del trabajo en masa, evitando así tener que importar maquinaria pesada. El efecto más visible desde el extranjero fue la campaña de creación de pequeños altos hornos en el patio de casa para la fundición de acero que se construyeron en cada comuna. En octubre de 1958 se informaba de la creación de un millón de éstos. Incluso en las fábricas, escuelas y hospitales los trabajadores cualificados abandonaban su trabajo para destinar parte de su tiempo a producir acero. Al mismo tiempo, los campesinos eran sujetos una colectivización obligatoria de manera análoga a la impuesta en la URSS en 1934. Decenas de millones de personas fueron obligadas a trabajar para producir acero en sus casas y además mantener la producción agrícola.
La mentalidad de hormiga del pueblo chino y el deseo de agradar al gran líder hizo que todas las comunas informaran supuestos logros que eran falsos mientras se sometía a la población a una explotación brutal. Pero jamás se les ocurrió entrenar a la gente para esos trabajos. El burócrata aquí o en China es un individuo que sabe que su supervivencia no depende de una gestión eficiente sino de agradar y obedecer al jefe.

Las consecuencias fueron desastrosas. El acero producido, al no hacerse en Altos Hornos ni con las aleaciones apropiadas era de pésima calidad y la producción agrícola  que era falsamente sobredimensionada se exportaba para cancelar deudas con la URSS.
Se produjo una hambruna que causó la muerte a más de treinta y dos millones de personas y el empobrecimiento general de la población rural. La dirigencia china totalmente confundida dejaba pudrirse las cosechas para producir acero inservible mientras su gente se moría de hambre. UNA DÉCADA GANADA.

La Gran Revolución Cultural.

A consecuencia de estos desastres económicos un ala del partido comunista chino liderado por Deng Xiao Ping comenzó a criticar duramente a Mao a través de editoriales e incluso de obras de teatro. El líder entendió que estaba perdiendo el poder y su respuesta fue la Gran Revolución Cultural Socialista.
Comenzó por criticar a los aliados de menos peso de sus enemigos y a tomar el control de los principales órganos de prensa del partido. En 1966 en una sesión plenaria del partido creó los GUARDIAS ROJOS, una agrupación juvenil fuertemente fanatizada cuya labor sería sostener la obediencia estricta a la figura de Mao y perseguir a todos los burgueses traidores a la patria socialista. La idea era borrar cualquier objeto, obra o idea que no calificara dentro de los parámetros de la pureza del ideal marxista. Dichos parámetros no estaban escritos pero habitaban en la mente del Gran Líder.

Si el Gran Salto Adelante produjo una masacre irracional entre la población rural, la Gran Revolución haría el mismo daño entre intelectuales, técnicos y dirigentes de las ciudades produciendo un enorme atraso en educación y tecnología, además de varios millones de muertos.
 En el IX Congreso del partido en 1969 se adoptó formalmente “el pensamiento de Mao como ideología oficial del Estado” que garantizaba la pureza ideológica del sistema.
Para entender esta época vale mencionar a un intelectual. En 2012 ganó el Premio Nóbel de Literatura el chino Guan Moye cuyo seudónimo es Moyan (que significa No Hables). Nacido durante este período, adoptó ese seudónimo porque eran las palabras que su madre le decía. No hables porque cualquier cosa que digas puede ser interpretada como un ataque al sistema. Tal era el nivel de represión física e ideológica que existía entonces.
Recién después de la muerte de Mao en 1976 y de la ejecución de sus principales seguidores se redujo un poco la presión sobre un pueblo que siempre vivió aterrorizado por su dirigencia.
Pero el método de Mao si bien era calamitoso para llevar adelante logros permanentes que beneficien a la sociedad, demostró en cambio ser muy bueno para concentrar el poder y mantener fieles y obedientes a la gran masa del pueblo combatiendo al capital.

Lo importante no son los resultados sino como se los presenta o mejor aún, como se los oculta.

Apostilla:

En la década del 80, luego de ver fracasar la mayoría de sus planes económicos, rayanos en el delirio; Fidel Castro lanza una especie de revolución cultural latinoamericana. Como en todas las chantadas marxistas, elige a un enemigo que no pueda defenderse. Así descubre que el causante de todos nuestros males es el impúdico y genocida Cristóbal Colón sin cuya intervención en la historia de América todos viviríamos felices, salvo por el pequeño detalle de que yo me llamo Larrosa y él, Castro.
Desde entonces circula esta payasada de achacarle los males a Don Cristóbal. De La Habana el virus se transfirió a Caracas y desde allí lo inocularon en Balcarce 50.
Es una buena manera de ocultar un elefante. Hablar de lo que pasó hace 500 años en lugar de ocuparse de los desastres, las matanzas y las hambrunas de hoy.





miércoles, 15 de octubre de 2014

G6D: Un análisis de Jauretche

ENSEÑANZAS DEL CONFLICTO ISRAELÍ 
Por Arturo Jauretche

En una nota publicada en "Azul y Blanco", que coincidió con la aparición de la desgraciada Ley de Hidrocarburos, sostuve que la coyuntura del conflicto árabe-israelí ofrecía una oportunidad para juzgar una estrategia propia en el problema del petróleo. Pero esto supone una concepción soberanista de la política y no una concepción ideológica, que es la habitual, hija de la falta de estrategia o, mejor dicho, de la aceptación de que la Argentina sólo puede realizar una política apendicular ya que sus motivaciones no son las de su propia concepción política, sino la de las grandes metrópolis que marcan alineamientos en función de sus intereses, encubiertos bajo la máscara ideológica.

Creo oportuno ahora, continuando ese pensamiento, mostrar cómo los acontecimientos del Cercano Oriente han variado la situación en esa neurálgica zona del abastecimiento petrolífero. Aparentemente la Unión Soviética en su respaldo a los países árabes ha perdido una partida. Vamos a analizar la nueva situación para ver quién efectivamente ha perdido. Para esto se hace necesario desentrañar un conjunto de situaciones.

Resulta evidente que la actitud de Egipto amenazando con la destrucción del Estado de Israel y con la guerra inmediata era un "bluff" de Nasser cuyo destinatario no era el aparente. De otra manera, resulta inexplicable la sorpresa y la inoperancia de los árabes ante la brusca y eficacísima operación de su adversario potencial. Nasser no creyó ni remotamente en la rápida reacción israelí, que le permitió colocarse como agredido, recogiendo en cambio todos los frutos de una efectiva agresión que aparece ampliamente justificada como acto defensivo. Israel recogió el "bluff", que simplemente tendía, con el pretexto de la guerra, a afirmar el predominio de Nasser y posiblemente terminar con la estructura feudal de Transjordania y la Arabia Saudita.

La derrota de los árabes importa aparentemente la derrota de la Unión Soviética en su política de apoyo a los mismos. Pero otra cosa ocurre si se considera en una perspectiva más amplia la situación del Cercano Oriente. Recordemos la actitud de los Estados Unidos en el anterior ataque al Canal de Suez conducido por Inglaterra, Francia e Israel. En ese momento Estados Unidos interviene decididamente para restablecer el statu quo. ¿Por qué Estados Unidos buscó el mantenimiento de ese equilibrio siendo que sus aparentes intereses y sus simpatías estaban mucho más cerca de Israel, de Francia y de Inglaterra? ¿Por qué, habiendo apoyado y promocionado el desarrollo de Israel, Estados Unidos se opuso a la expansión de su ahijado?



Es que para Estados Unidos, Israel es sólo un enclave en el Cercano Oriente y una cabecera de puente para el caso de una emergencia extrema que ponga en peligro el abastecimiento de petróleo. Su política tiende a la consolidación del Estado de Israel, pero no a la creación de una especie de Vietnam en el Cercano Oriente, pues un estado de conmoción permanente deterioraría la función abastecedora que sólo puede cumplirse de una manera práctica en la paz. Por consiguiente, Estados Unidos no podía desear, y mucho menos alentar, la alteración del statu quo, aunque fuera a favor de Israel, en cuanto implica la perspectiva que tenemos delante: un estado de guerra y convulsión que tenderá a hacerse endémico. Con este criterio actuó cuando el Canal de Suez.

En cambio, esto le puede convenir a Rusia por la misma razón que no le conviene a Estados Unidos. El primer fruto que recoge es la pérdida de posición de Nasser en el mundo árabe, y el alza paralela del predicamento de Siria y de Irak, que son los países árabes, cuya conducción sale valorizada del acontecimiento. Siria e Irak están más radicalizados que Egipto, y Rusia prefiere tratar con ellos, a negociar constantemente con un líder de inmenso prestigio que sólo es un aliado eventual que practica una política propia. Son mejores aliados por cuanto la influencia soviética puede hacerse valer en ellos con mucha más eficacia que en Egipto. Al mismo tiempo la declinación de Nasser y el fracaso de la "guerra santa" como instrumento de realización nacional para los árabes autoriza a suponer que, establecido un carácter de guerra permanente y convulsional —así sea fragmentaria— se producirá la rápida radicalización del movimiento pan-árabe. Una cosa es actuar sobre el mundo árabe a través de Nasser, que moverse sobre afinidades socialistas que abren la única perspectiva de lucha continuada, o de un estado de incertidumbre moteado de constantes episodios bélicos, que bastan para perturbar el suministro petrolífero.

Haciendo el balance resulta que Rusia obtiene como consecuencia de la victoria israelí la cesación del statu quo, que en el episodio de Suez había defendido Estados Unidos, y en el que no se hace necesaria su intervención directa para proteger su abastecimiento. Consigue al mismo tiempo el traspaso de la conducción del mundo árabe a manos mucho más afines con las suyas, Siria e Irak, y la deseada radicalización del mundo árabe como consecuencia necesaria. En cambio, Estados Unidos tiene que asistir a la ruptura del statu quo y a todos los efectos que se acaban de señalar que benefician a Rusia.

¿Qué gana, en cambio, con el triunfo israelí, que si bien amplía el enclave, subordina la política de Estados Unidos a la de este pequeño estado que lo arrastra a una situación que Estados Unidos no busca ni desea, como sería el tener que actuar directamente frente a las conmociones que se producen en el mundo árabe? El comando israelí apreció debidamente la situación. No sólo operó con rápida eficacia en la acción guerrera. También lo hizo en la acción política impidiendo con su rapidez la intervención apaciguadora de Estados Unidos, que resultó tan sorprendido como Nasser. Anotemos: entre los errores de Nasser que hay que sumar al "bluff" mal jugado sus declaraciones sobre la intervención de la aviación norteamericana e inglesa, que nada confirma, y que por el contrario ha servido aún más para debutar su prestigio.

Hay un episodio que la información telegráfica ha terminado por apagar y que sin embargo, tiene mucha importancia para la apreciación de los hechos. ¿Cómo se explica el vigoroso ataque a una unidad naval norteamericana donde se produjeron 30 muertos por la fuerza aérea israelí? La confusión es inadmisible, pues no pudo creer el comando israelí que se trataba de una nave egipcia de tal porte y que Egipto no tiene. Además el ataque fue continuado hasta el desmantelamiento de la nave. Pero todo se comprende a la luz de las versiones que identifican la nave norteamericana como un centro de comunicaciones emplazado precisamente para que los Estados Unidos pudieran actuar con rapidez en la emergencia, impidiendo que el juego israelí saliera de sus manos.

El C.I.A. ha noticiado que no se trata de un crucero sino del Liberty, nave supuestamente dedicada a estudios oceanógraficos que en su oportunidad anduvo en el Atlántico Sur. En realidad es un centro de comunicaciones dependiente del C.I.A. y al destruir sus medios el comando israelí se aseguró el tiempo necesario para evitar toda intervención mediadora de los Estados Unidos y de su flota marítima y aérea del Mediterráneo, pero especialmente evitó lo que en términos técnicos llaman el "jamming", que consiste en interferir comunicaciones mezclándolas, en una operación en que ha sido fundamental, según los datos suministrados, el sistema de comunicaciones entre las unidades motorizadas israelíes dirigidas por un gran especialista, Rabin. Así resulta inexacta la afirmación de Nasser de la intervención norteamericana en favor de los israelíes cuando el comando de éstos actuó precisamente con suma eficacia y con una desaprensión verdaderamente germánica, valga la humorada, para evitar la neutralización prosemita de los Estados Unidos. En este caso los semitas son los árabes, particularmente los árabes palestinos que en realidad no descienden de árabes sino de los campesinos judíos que permanecieron en Palestina después de la Diáspora, y que oportunamente se romanizaron, y luego se arabizaron.

Pero esta es otra historia que sería muy útil para poner en su lugar el disparateo racista.

Así la operación israelí cumple dos objetivos con toda eficacia: uno guerrero, que consiste en el aniquilamiento de su adversario. Otro político, que consiste en impedir la intervención del tercero que puede malograr aquél. Se ha visto que Rusia, tras la derrota de su ahijado árabe, gana posición en Medio Oriente, en cuanto la pierde Estados Unidos; también resulta claro que el ahijado de Estados Unidos juega su propia política al margen de su padrino, y contra la estrategia del mismo.

Arriesgadísima operación que revela en el comando israelí un conocimiento perfecto de la debilidad de Estados Unidos. ¿Cuál es la debilidad de Estados Unidos? Que por razones de política interna ni Johnson en particular, dentro del Partido Demócrata, ni los demócratas en conjunto, ni tampoco los republicanos pueden en este momento aplicar la política internacional de sus conveniencias, que es decir el restablecimiento del statu quo, pues hacerlo los llevaría a aparecer como amparando a los árabes, en cuyo caso quien condujera esa política sería electoralmente derrotado por la gravitación que la causa judía tiene dentro de los Estados Unidos a través de la prensa, el dinero y la colectividad israelita.

Es una situación parecida a la que Rusia tiene dentro de la estructura política de su partido internacional, el común que como consecuencia de este conflicto sufre la mayor de su historia. Con todo, Rusia ha jugado la carta, carta que sólo es posible con una unidad de conducción monolítica como la que emplea en su política internacional y que le permite perder contingentemente en unos aspectos para ganar en otros más permanentes. Estados Unidos no puede hacer lo mismo y esta es la dramática situación a que se ve abocado su gobierno. Tímidamente Johnson trata de ir paulatinamente restablecimiento de la anterior situación, pero no le será posible porque a su vez tiene que cuidar su situación electoral y las fuerzas internas que lo determinan y en las cuales gravita decisivamente la proyección norteamericana del Estado Israelí.

De tal manera, el coloso del Norte pierde el papel con director en el Cercano Oriente, que pasa a manos de la pequeña República de Israel, que no se resigna a funcionar como simple enclave de emergencia. Los acontecimientos tendrán que llevar a los Estados Unidos, no pudiendo retornar al statu quo, a tener que jugar detrás de la pequeña nación. Interesante experiencia que nos revela cómo una pequeña nación, jugando inteligentemente sobre las debilidades de un gran imperio, aprovechando las coyunturas, puede conducir a éste a servir su propia política. ¿Aprenderemos nosotros alguna vez a jugar nuestras cartas?

Estas reflexiones nos sirven para mostrar cómo una concepción nacional de la política permite a las pequeñas naciones utilizar las coyunturas de fricción para jugar su propio juego.

martes, 14 de octubre de 2014

SGM: La batalla de Moscú

Batalla de Moscú 

En noviembre de 1941, Rusia se encontraba en una situación desesperada. Hitler declaró que la guerra había sido ganada, y citó la evidencia: 2 millones de prisioneros soviéticos, 22.000 piezas de artillería confiscadas o rompieron, 18.000 tanques destruidos, 14.500 aviones derribados. El ejército alemán estaba a sólo 10 millas de distancia de Moscú, y los soviéticos tenían sólo 90.000 hombres y 150 tanques salieron a defenderlo. El mundo considera Moscú rinde como inevitable. Para animar a la gente, Stalin dio un desfile militar. Foto: Estas tropas entraron en la batalla directamente de la Plaza Roja (Moscú, Noviembre 7, 1941):


Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas. Los rusos entrenados perros que se ejecutan bajo los tanques alemanes en ataques suicidas. Foto: perros, envuelto en explosivos, están caminando en la batalla (Moscú, 1941):



En diciembre de 1941, la temperatura cayó a -35 C (-30 Fahrenheit), inusualmente bajo, incluso para Rusia. El ejército alemán no estaba preparado, y 130.000 casos de congelación debilitó sus tropas de primera línea:



Gracias a la decisión de Japón de no atacar a la URSS, divisiones frescas de Siberia - 1 millón de soldados y 1.000 tanques - se trasladó a Moscú, y los rusos atacaron contrarrevolución:



Tropas frescas y bien equipadas, empujaron a los exhaustos alemanes de vuelta por 100-200 km. Esta fue la primera gran derrota sufrida por el ejército alemán en la 2 ª Guerra Mundial, y la batalla más sangrienta hasta la fecha: 1 millón de soldados perdieron la vida en la batalla de Moscú. Foto: Soldados alemanes se rinden (Moscú, enero 1942):