viernes, 29 de agosto de 2014

"La Argentina" de Bouchard en las Filipinas

El esquema de la venganza


El asesinato de Sommers y 15 hombres, ya indefensos en el agua, tras fracasar en el intento de abordaje a un bergantín español, sirvió para plantear un verdadero ajuste de cuentas que terminaría con la muerte o la con huída de toda la tripulación española a día siguiente. El gráfico es una aproximación (bastante cercana) al relato de la jornada hecho por Bouchard. Se podría resumir de la siguiente manera:
Después del fracaso en al abordaje al bergantín español que logró entrar a Santa Cruz(2), Bouchard se dirigió a un pequeño puerto ubicado 6 leguas al sur, de seguro Masinloc. Allí un bote al mando de Greyssac entró al puerto en la noche y capturó una pequeña goleta española(3). Esta goleta navegó hacia Santa Cruz con 35 hombres y finalmente pudo abordar y tomar al bergantín español dentro del puerto sin dejar sobrevivientes. Luego, "La Argentina", la goleta infiltrada y el bergantín apresado(4) se reúnen en algún punto cercano para continuar con su misión.




El Corsario del Plata

miércoles, 27 de agosto de 2014

PGM: Hombres biónicos


Los Hombres Biónicos de la Primera Guerra Mundial


La Primera Guerra Mundial mutiló soldados y civiles a una escala hasta entonces desconocida por el mundo. De allí que los mayores avances tecnológicos en materia de prótesis humanas hayan surgido a raíz de una de las mayores tragedias de la civilización.
Puede decirse que prácticamente todas las prótesis que actualmente reemplazan la pérdida de cualquier parte humana poseen sus raíces en los avances proporcionados por las terribles mutilaciones que generaron los combates de la Primera Guerra Mundial.
Mientras que en las guerras anteriores los hombres morían por gangrena e infecciones, la Primera Guerra Mundial contó con suficiente tecnología para que los soldados pudieran sobrevivir a las cirugías y amputaciones, lo que a la postre generó una verdadera camada de "hombres biónicos".



Los países que intervinieron en el conflicto bélico se vieron seriamente preocupados por el futuro de los lisiados y entonces recurrieron al diseño de varias prótesis para poder rehabilitarlos y reincorporarlos a la fuerza laboral, lo que, a su vez, generó una verdadera industria de fabricación en masa.
En los Estados Unidos se fundó el Laboratorio de Extremidades Artificiales, que funcionó en las instalaciones del Hospital General Walter Reed. En colaboración con la Escuela de Medicina del Ejército, tenía el objetivo de dar a cada soldado amputado una "extremidad moderna" que le permitiera una reincorporación laboral.



Lo mismo sucedió en Alemania, en donde ortopedistas, ingenieros y científicos mancomunaron sus esfuerzos para inventar más de 300 nuevas clases de brazos, piernas y otras prótesis que permitieron a las personas amputadas pararse, caminar y tomar objetos sin ayuda de otra persona. Así mismo, ojos de vidrio y prótesis faciales dieron la posibilidad de una presencia digna a la hora de interactuar en público.



Muchas de estas prótesis eran literalmente una fusión del hombre con la máquina: un hombre amputado llegaba hasta su puesto de trabajo en una fábrica y enganchaba la prótesis a una determinada parte de la máquina que operaba. Durante horas trabajaba entonces como un eslabón más en la cadena cinética funcional.

Fuente: CNN

History Channel

martes, 26 de agosto de 2014

El accidente de la FAA en Panamá en 1965

La historia del avión argentino que se perdió en 1965




Desapareció luego de despegar de Panamá; Hay quienes aseguraron haber visto indígenas con prendas militares con la inscripción "Fuerza Aérea Argentina"; A 49 años, se hará una nueva incursión a una zona inexplorada. Duelo permanente, esperanzas que nunca se apagan, ilusiones contra toda lógica. Eso es lo que siguen viviendo los familiares de un avión argentino que, como el de Malaysia Airlines, se "tragó" el mar... o la tierra hace casi medio siglo y que todavía es buscado.

Es el TC-48 de la Fuerza Aérea Argentina, que el 3 de noviembre de 1965 desapareció luego de despegar de Panamá con nueve jóvenes oficiales y 59 cadetes recién graduados a bordo y que jamás fue encontrado. Hasta el caso del accidente de LAPA en 1999, fue el episodio más trágico de la aviación argentina.

"He pensado mucho en el tema del avión de Malaysia Airlines y en la angustia de esos familiares. La incertidumbre que se genera es peor a la de la muerte misma, porque no hay forma de hacer un duelo", reflexiona Cecilia, hija del piloto del avión desaparecido, capitán Esteban Viberti.

Cecilia, que en aquel momento tenía nueve años, nunca creyó en el informe oficial de la Fuerza Aérea Argentina presentado un año después de la desaparición, en el que se aseguraba categóricamente que la nave había caído al mar. Como prueba se mostraron entonces una serie de elementos pertenecientes al avión y a sus pasajeros.

Pero la realidad es que esos objetos fueron hallados en la costa, muy cerca de la desembocadura de un río costarricense, por lo que podrían haber llegado allí tanto desde el mar como desde tierra adentro.

Los familiares se apoyan también en el relato de quienes, por aquellos años, aseguraron haber visto indígenas que lucían prendas militares con la inscripción "Fuerza Aérea Argentina".

Pese a que ya han transcurrido 49 años, para los familiares la búsqueda no cesa. "En abril, se hará en Costa Rica una nueva incursión a una zona totalmente inexplorada donde confluyen muchas pistas y testimonios", comenta Cecilia Viberti, que sigue confiando en hallar los restos del DC-4 que piloteaba su padre.

Para Mercedes Carrilero, de 93 años, madre del cadete Adalberto "Manchito" Carrilero, que entonces tenía 22 años, la eterna espera de su hijo tiene ribetes dramáticos. Nunca aceptó mudarse de la casa familiar de Quilmes con la esperanza de que "si «Manchito» volviera", sabría dónde encontrarla.

Para el hermano de "Manchito", Julio Carrilero, lo más duro de una situación de este tipo "es no tener ningún tipo de información". "En el caso del avión malasio, por lo menos, el gobierno va revelando datos a medida que van surgiendo", dijo.

El brigadier (R) Gustavo Piuma Justo es uno de los pocos testigos que relata los hechos en primera persona. "Lo último que recuerdo del TC-48 es verlo desde la ventanilla de mi avión. Lo vi cómo tomaba posición en la cabecera de pista de la base Howard, de Panamá, listo para despegar."

En 1965, con 21 años, Piuma Justo era uno de los cadetes de la Promoción 31 de la Escuela de Aviación de Córdoba, que realizaba su viaje de graduados por diferentes países de América. Su suerte fue que, junto a la otra mitad de la promoción, le tocó viajar en el TC-43, que salió antes del fatídico vuelo.

"Cuando ocurrió la emergencia, nuestros aviones estaban volando en medio de una tormenta. En un momento, el director de la Escuela de Aviación, que estaba al lado mío, se levantó y fue a hablar con el piloto, quien le informó que el TC-48 estaba reportando «fuego a bordo». Ésa fue la última información que tuvimos. Después aterrizamos en El Salvador. Era una tarde despejada, y en vano nos quedábamos mirando al cielo con la esperanza de ver recortarse la silueta del DC-4."

De regreso a la Argentina, Piuma Justo tuvo la dura tarea de devolver a los padres de sus dos compañeros de pensión las pertenencias de sus hijos. "Es durísimo -recuerda-. Frente a la pregunta de: «¿Y dónde está mi hijo?», no supe qué responder."

La vida tenía preparada para Piuma Justo otros desafíos. En 1982, durante la Guerra de Malvinas, su avión Mirage fue alcanzado por un misil inglés y se eyectó. Al caer tuvo graves fracturas. Luego, un año más tarde, como oficial de las Naciones Unidas, fue destinado a la guerra del Líbano y allí sufrió una hemorragia cerebral.

Hoy, a punto de cumplir 70, Piuma Justo pide mayor comprensión hacia los familiares de los pasajeros del avión malasio y de las víctimas de este tipo de casos en general. "Están en una situación sumamente frágil. No hay que retacearles información. Saber qué pasó es una necesidad muy humana", dice.

Un misterio de casi medio siglo
Dos vuelos
En octubre de 1965 partieron de Mendoza dos aviones DC-4 con los graduados de la Promoción 31 de la Escuela de Aviación Militar, en viaje de instrucción; el destino final era EE.UU., con escala en varios países.

Fuego a bordo
Tras despegar de Panamá con 68 personas a bordo, el TC-48 reportó un incendio en la cabina; allí se produjo su última comunicación. Hasta hoy, todos los pasajeros están desaparecidos.

Informe final
Un año después, la Fuerza Aérea Argentina brindó su informe final, en el que reveló que el avión había caído al mar, aunque las pruebas no eran convincentes.

Búsqueda
Los familiares, que aún siguen con la búsqueda, sostienen que el avión cayó a tierra en Costa Rica; allí, testigos vieron a indígenas con objetos y ropa de la Fuerza Aérea Argentina.



Fuente:
Imass 21/3/2014

lunes, 25 de agosto de 2014

Un baqueano de Lavalle en 1878

FOTOS VIEJAS
Atencion Pedro Patricio Barret

Serviliano Maidana, baqueano del General Lavalle durante la campaña revolucionaria de 1839. Foto tomada en Saladillo en 1878.


domingo, 24 de agosto de 2014

La inmortal figura de Güemes en la historia argentina

El retrato más épico de la Historia 

La figura de Martín Miguel de Güemes se acrecienta y adquiere mayor jerarquía en la actualidad por sus ejemplos de alto contenido moral, cívico y patriótico. 

 

Actuación de Martín Miguel de Güemes en la Reconquista de Buenos Aires.

El viento huracanado, conocido con el nombre de pampero, desde la noche anterior soplaba intensamente; además del frío había producido una extraordinaria bajante en el río de la Plata, provocando la varadura del Justina, barco inglés que el día anterior había bombardeado al Retiro y sufrido un cañonazo de Liniers. Pueyrredón al ser advertido de ello pidió permiso a Liniers y luego de su autorización destacó un piquete en el que se contaba el joven salteño Martín Miguel de Guemes, ayudante del jefe citado, quién con una pequeña partida a caballo atacó al buque varado a balazos con sus tercerolas por lo cual el capitán del Justina enarboló un pañuelo blanco en señal de rendición. Guemes abordó el buque tomando prisioneros a un centenar de tripulantes.

Durante la reconquista los ingleses fueron despojados de dos guiones y cuatro banderas, una de ellas pertenecía al Justina (bandera conocida como del Retiro). Todas fueron ofrendadas por Liniers a la Virgen del Rosario del Convento Dominicano de Buenos Aires.


Abordar la figura del General Martín Miguel de Güemes apartado de lo que fue la Gesta Güemesiana, sería reducir su figura a la de un mero caudillo, propio de aquel tiempo tan difícil para la Patria. 

Aquel año de 1820 reinaba la anarquía en el país y se inauguraba el tiempo de los caudillos que «lotearon» el país según sus propios intereses regionales, asumiendo el mando político y militar. 

El país se dividió en verdaderos feudos que sin embargo no descartaban su unión en una federación nacional. Así, estuvo el Buenos Aires regido por Rosas; Juan Bautista Bustos en Córdoba, Facundo Quiroga en La Rioja, Bernabé Araóz en Tucumán, Francisco Ramírez en Entre Ríos, Estanislao López en Santa Fe e Ibarra en Santiago del Estero. Respetaban la ley, sí, pero era su voluntad la que prevalecía. 

Conviene aclarar que algunos autores han escrito en manuales de cursos universitarios que Martín Miguel de Güemes era un caudillo más entre los que luchaban por mantener y acrecentar su propio territorio. 

Grave error es considerar a Güemes como uno más de aquellos caudillos, pues eso sería arrebatarle la gloria que le corresponde por haber mantenido cerrada la frontera norte de las invasiones realista mientras el resto del país se dividía. 

Por otro lado, ese momento histórico está recién comenzando cuando al año siguiente -1821-, Güemes muere bajo las balas realistas, siendo el único General que deja la vida en una acción bélica. 

Por eso, considerar a Güemes fuera del marco de la Gesta Güemesiana es reducir su figura y desconocer el esfuerzo de los salto-jujeños y altoperuanos que lograron contener a unos de los mejores ejércitos del mundo mientras San Martín ponía en marcha el Cruce de los Andes, otra epopeya de la Guerra de la Independencia. 

La Guerra de Recursos 

Si algo caracteriza a la Gesta Güemesiana, es precisamente, el haber sido una guerra irregular, donde la imaginación y el coraje reemplazaron a la logística. Un verdadero sistema bélico no convencional que dio acaba cuenta de uno de los ejércitos más poderosos de ese momento, el español. 

La caracterización de esa Gesta como la «Guerra Gaucha» no sólo es apropiada sino muy descriptiva de lo que significó para la historia de la Patria. 

Porque justamente el hecho de que no fuera un ejército regular el que estuviera en guerra, determinó que fuera todo el Pueblo el que estuviera alzado en armas para defender el suelo propio. 

Esa estrategia de contención fue diseñada por el General San Martín cuando estuvo al mando del Ejército del Norte, y tras observar el terreno se diera cuenta de que era imposible trasponer la Quebrada de Humahuaca para alcanzar el nido realista de Lima. 

En la cuestionada carta a Rodríguez Peña que cita Fidel López, dice sin embargo algo muy cierto: «La Patria no hará camino por este lado del norte, mas que no sea una guerra permanente, defensiva y nada más; para eso bastan los valientes gauchos de Salta, con dos escuadrones buenos de veteranos. Pensar en otra cosa es echar al pozo de Airon hombres y dinero». 

Con los pocos recursos a mano que tenía y luchando contra sus propios conciudadanos y la indiferencia de Buenos Aires, más preocupada en sus internas políticas, Güemes obligó a los realistas a mantener poderosos ejércitos merodeando la Quebrada de Humahuaca, intentando trasponer esa frontera que el caudillo les había marcado, y que como es sabido, no pudieron dejar nunca atrás. 

La Gesta Güemesiana es pues, el conjunto de acciones llevadas adelante por todo un pueblo que se mantuvo durante más de cinco años en campaña hasta la muerte de Güemes en 1821. 

Se compuso en el plano militar de acciones fugaces, de emboscadas y cargas de caballería que terminaban tan repentinamente como se habían presentado generando un estado de inseguridad y desmoralizando al enemigo. 

En cuando al espacio social, éste cubrió toda la geografía norte del antiguo Virreinato del Río de la Plata y significó la participación masiva de la población donde hasta las mujeres hicieron gala de un heroísmo poco común. Tan ajustados fueron los códigos utilizados para tejer una red de información, que Güemes podía tener «en tiempo real» la posición y composición de las partidas realistas y ordenar ataque simultáneos perfectamente coordinados. 

La estrategia de la Guerra Gaucha resultó para los realistas luchar contra un enemigo sin rostro, en permanente movilidad pero que hizo una guerra total. 

Cuando las primeras líneas enemigas pensaban avanzar sobre campo despejado, donde menos se piensa surgen jinetes que los desorganizan dejando muertos y heridos en el campo para desaparecer tan fantasmalmente como se presentaron. 

En tanto, la retaguardia sufre el desgaste de francotiradores que diezman las filas, mientras los soldados rezagados desaparecen en la espesura de los montes. 
No hay nada utilizable al paso de los españoles, los campos quedan yertos, los corrales vacíos, las cosechas quemadas; el hambre se convierte para los extranjeros en otro enemigo a vencer. 

Por eso, la Gesta Güemesiana si bien tiene la impronta del Prócer, adquiere el sentido popular porque el protagonista decisivo es el sujeto colectivo, el pueblo en su conjunto. 
De allí el doble mérito de un Güemes que formó cuadros y hasta un Estado Mayor, escuadrones y compañías, con todos los servicios propios del mejor ejército regular. 
Mientras Buenos Aires no encontraba el rumbo político y San Martín ultimaba detalles para el Cruce de los Andes, en Salta, Güemes y sus gauchos detuvieron siete invasiones realistas. 
El Mariscal De La Serna comandaba 5.500 veteranos y en su avance mandó ejecutar a los Coroneles Warnes y Padilla. Ocupó Salta, pero en Humahuaca Güemes le cortó la comunicación y los suministros. Ante el permanente hostigamiento de los gauchos, debió retirarse. 

Sería luego el turno del General Pedro de Olañeta, quien capturó al General Fernández Campero, uno de los capitanes más importantes de Güemes, conocido como el Marqués de Yavi. Sin embargo, no pudo trasponer la ciudad de Jujuy. 
Olañeta regresará en 1818 y 1819, pero la de mayor porte fue la invasión que al mando del General Juan Ramírez Orozco en junio de 1820 al frente de casi 7.000 hombres. 

No obstante la superioridad numérica y logística, ninguna pudo avanzar más allá de la línea de la Capital de Salta. 

Los Capitanes de Güemes 

La historia suele ser mezquina con muchos de los hombres que dejaron su vida en el empeño de legar una Patria libre. 

Pese a no haber sido un ejército regular según lo mandan las técnicas militares, Güemes supo armar una suerte de Estado Mayor del que dependían cuadros subalternos perfectamente organizados. 

Entre los hombres de comando se encontraron, el ya citado Marqués de Yavi (Juan Feliciano Fernández Campero; el coronel Francisco Pérez de Uriondo, responsable militar de Tarija; coronel Manuel Arias, a cargo de Orán; y el coronel José María Pérez de Urdininea, proveniente de las filas del Ejército del Norte, en Humahuaca. 

En el valle de Jujuy estuvieron los coroneles Domingo Arenas en Perico y el teniente coronel Eustaquio Medina, a cargo del río Negro. Más movilidad tenían otros jefes, como José Ignacio Gorriti, Pablo Latorre o José Antonio Rojas. 

Quienes conocen el territorio podrán dar fe de la capacidad de organización y mando de Güemes para mantener ordenado un frente que iba desde Volcán hasta la ciudad de Orán, en total algo más de setecientos kilómetros. Esa extensión estratégica se conoció como la Línea Pasaje. 

Apenas una breves líneas para pincelar un momento épico de la historia argentina, donde la figura de Martín Miguel de Güemes se acrecienta y adquiere mayor jerarquía para los argentinos en la actualidad, donde son los próceres y sus ejemplos de alto contenido moral, cívico y patriótico, los que debieran iluminar los senderos que deben recorrer todavía los argentinos.- 

por Ernesto Bisceglia 

Fuente: 
El Intransigente 17/6/2011 

Fuente

sábado, 23 de agosto de 2014

La vida social de Roque Sáenz Peña en 1912

Una evocación de la vida social

(Sin sonido)


Descripción del film:
1. Llegada del presidente de la Nación, Dr. Roque Saenz Peña a Mar del Plata. Imágenes de la formación de un tren llegando a la estación de Mar del Plata. Descienden los pasajeros al anden. Imágenes del presidente Roque Sáenz Peña saludando a la gente y luego aborda un automóvil. (6/3/1912)
2. Almuerzo en honor del presidente Roque Sáenz Peña en Chapadmalal. Imágenes de la gente arribando a la residencia en automóviles, entre los invitados asiste un obispo católico. Imágenes de la gente caminando por los jardines de la residencia. (7/3/1912)
3. El presidente de la Nación durante su visita a la estancia "La Armonia". Imágenes de Roque Sáenz Peña conversando con la gente en los jardines de la estancia. Imágenes de hombres observando los animales de la raza equina. Imágenes de mujeres luciendo sombreros y caminando por el parque. El presidente Roque Sáenz Peña se despide de la gente y aborda un automóvil. (7/3/1912)
Fecha: 1912
Duración: 5 minutos 45 segundos

viernes, 22 de agosto de 2014

Los 100 días del genocidio de Ruanda


Recuerdos de cien días de horror
Un documental muestra el proceso de reconciliación en Ruanda 20 años después de la guerra

El País



Oficialmente, hoy no hay hutus ni tutsis en Ruanda. Es un tabú. Un proceso complejo de reconciliación trata de llevar al país a la paz definitiva. ¿Es posible después de un genocidio? ¿Con supervivientes que fueron obligados a beber la sangre de su madre o a comerse sus genitales? ¿Con el recuerdo de montañas de cadáveres en iglesias o colegios?

Entre 1990 y 1994 el país padeció una de las guerras civiles más cruentas que recuerda el siglo XX. Tutsis y hutus —los dos pueblos mayoritarios que habitan el país— se enfrentaron sin medida ante la pasividad de la comunidad internacional. Los 100 últimos días de conflicto se alcanzó el culmen del horror: los hutus llevaron a cabo un genocidio contra los tutsis. Más de 800.000 personas fueron asesinadas (de media, más de 330 muertos por hora), la mayoría a golpe de machete. La pesadilla terminó tal día como hoy hace veinte años, cuando el 15 de julio de 1994 el Frente Patriótico Ruandés de los tutsis (FPR) tomó el control definitivo sobre Kigali, la capital. El mundo descubrió entonces lo que había sucedido. Los supervivientes, familiares y verdugos, tomaron la palabra.




El documental Ruanda 100 días de horror, de Alfons Rodríguez y Nacho Carretero lo recuerda a través de testimonios de supervivientes. Y llega a una conclusión. La reconciliación es casi imposible. “La realidad es que hoy los tutsis copan todos los puestos de control de Ruanda y someten a los otrora represores hutus a una absoluta opresión. El ciclo hutu-tutsi sigue su curso, dos pueblos enfrentados en una misma nación”, concluyen los autores en este trabajo. “Nadie habla. Nadie confía en nadie”, explica uno de los protagonistas.

Es una pieza audiovisual que mezcla imagen en movimiento, fotografía y la música de José Bautista que acompaña a un relato escalofriante de 15 minutos en el que hablan personas como Euginie Nyira Kimuzanye, que tiene la cabeza marcada por un machetazo que no llegó a matarla. O Joseph Buigirio, que narra cómo sobrevivió escondido bajo un banco a una matanza de 2.500 personas en una iglesia.