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viernes, 6 de abril de 2018

GCE: Lugares olvidados del conflicto

Los lugares olvidados de la Guerra Civil

Donde habita el olvido de las administraciones, un grupo de ciudadanos desinteresados pone su esfuerzo, su tiempo y trabajo para recuperar la otra memoria histórica de la guerra civil.
EL PAÍS



1 El Blockhaus 13, en Colmenar del Arroyo, formaba parte de una línea defensiva de 22 búnkeres que nunca llegó a terminarse. Esta fortificación, inspirada en las que se levantaron en Europa en la Primera Guerra Mundial, es la única que aún se mantiene en pie. SAMUEL SÁNCHEZ Ernesto Viñas, vecino de Quijorna, lleva 18 años recuperando objetos de la batalla de Brunete. Fundador de Brunete en la memoria, ofrece rutas guiadas, visitas al museo que ha montado en el sótano de su casa y una oficina de memoria histórica para que los familiares puedan rastrear las pistas de sus combatientes. 


2 Ernesto Viñas, vecino de Quijorna, lleva 18 años recuperando objetos de la batalla de Brunete. Fundador de Brunete en la memoria, ofrece rutas guiadas, visitas al museo que ha montado en el sótano de su casa y una oficina de memoria histórica para que los familiares puedan rastrear las pistas de sus combatientes. SAMUEL SÁNCHEZ


3 En 2013 la Comunidad de Madrid excava parcialmente el Blockhous 13. Un año más tarde se convierte en el primer vestigio de la guerra civil que entra en la lista de yacimientos arqueológicos visitables. SAMUEL SÁNCHEZ


4 A pesar de que la impresionante colección de piezas militares en el museo de Brunete en la Memoria, a Ernesto Viñas lo que más le impresiona son los objetos más humanos: lapices acoplados en casquillos, cartas, dibujos o tubos de pasta de dientes con las huellas del día a día de la batalla. SAMUEL SÁNCHEZ


5 El Blockhaus 13 conserva intactas sus cuatro troneras conectadas por un anillo. La Segunda Compañía del Batallón de Zapadores necesitó tan sólo dos meses para levantar la estructura fortificada. SAMUEL SÁNCHEZ


6 Sobre las estanterías del museo de Ernesto Viñas, piezas que revelan cómo era el día a día de los soldados en el frente: como esta bota en la que se han conservado restos de un periódico de la época. Los visitantes pueden tocar y ver de cerca cada uno de los objetos. SAMUEL SÁNCHEZ


7 David Loriente, vecino de Morata de Tajuña, lleva años trabajando desinteresadamente con la Asociación Tajar para recuperar los lugares de la batalla del Jarama. Recientemente el ayuntamiento ha comenzado las excavaciones arqueológicas en las trincheras al pie del monumento de Martín Chirino. SANTI BURGOS


8 Un sencillo monumento recuerda a los soldados del batallón British caídos en la llamada Colina del Suicidio, cerca de Morata de Tajuña. Alrededor de la placa ahora vandalizada, unas piedras blancas, un ramo de flores ya marchitas y trozos reventados de metralla. SANTI BURGOS


9 De niño, Goyo Salcedo, buscaba con su padre restos de metralla de la batalla del Jarama para venderlos como chatarra. Años después, comenzó a guardarlos para recuperar la memoria de aquellos días. Hoy tiene su propio museo en Morata de Tajuña, junto a un mesón. SANTI BURGOS


10 En el Museo de la Batalla del Jarama, Goyo Salcedo ha ido reuniendo piezas de los dos bandos. Su aspiración es que se cree un centro de interpretación en Morata de Tajuña donde quede permanentemente su colección. SANTI BURGOS


11 “En el campo de batalla se quedaron toneladas y toneladas de metralla”, comenta David Loriente. Durante años, los alrededores de Morata quedaron bañados de casquillos de la batalla del Jarama. En los años de postguerra, los vecinos los recogían para venderlos como chatarra. SANTI BURGOS


12 El frente del Jarama está surcado por las largas trincheras que cavaba el ejército de la República. Muchas han desaparecido bajo los campos de labranza o en cotos particulares de caza. Otras, como esta de la zona de retaguardia de Morata de Tajuña, están siendo recuperadas. SANTI BURGOS


13 La colección de caretas anti-gas del Museo de la Batalla del Jarama. Cada domingo, su dueño, Goyo Salcedo, visita el rastro de Madrid en busca de nuevas piezas. SANTI BURGOS


14 César Guardeño, del Círculo por la Defensa y la Difusión del Patrimonio, lleva años trabajando para que no se pierdan importantes piezas arquitectónicas de la guerra civil en la ciudad de Valencia. Algunas, como este refugio antiaéreo de la calle Espadas, resistieron a los bombardeos pero se enfrentan hoy a la desidia y el olvido. MÒNICA TORRES



15 En 1998, salió a la luz una de las construcciones más enigmáticas de la guerra: el Copón de Miaja, fortificación militar en la playa del Saler. El Círculo por la Defensa y la Difusión del Patrimonio ha iniciado hace un año una batalla administrativa para lograr que se recupere. MÒNICA TORRES


16 Los refugios antiaéreos de los barrios de Valencia se construían gracias a las aportaciones de los vecinos. En las calles adyacentes se colocaban señales que indicaban su ubicación. Hoy todavía se conservan algunas, como ésta en un bar de la Plaza de Tetuán. 16Los refugios antiéreos de los barrios de Valencia se construían gracias a las aportaciones de los vecinos. En las calles adyacentes se colocaban señales que indicaban su ubicación. Hoy todavía se conservan algunas, como ésta en un bar de la Plaza de Tetuán.

sábado, 17 de febrero de 2018

Primera invasión a Afganistán: A 29 años de la campaña

A 29 años del fin de la intervención militar de la Unión Soviética en Afganistán que terminó en derrota y el auge de los talibanes

El 15 de febrero de 1989 Moscú retiró a sus últimas tropas tras reconocer la derrota diez años después de iniciada la guerra. En los años posteriores el país entró en un conflicto civil que se saldó en 1996 con la llegada al poder del grupo extremista


Infobae


Dos soldados soviéticos fuman y se molestan con el fotógrafo, en un puesto de control del aeropuerto de Kabul en 1989

Hace exactamente 29 años la Unión Soviética (URSS) retiró sus últimos soldados de Afganistán tras una década de brutales combates que terminaron en derrota, fortalecieron al grupo extremista de los talibanes y contribuyeron a la caída del gigante comunista casi tres años después.

Las tropas de Moscú habían llegado al país a fines de 1979 y en apoyo del gobierno comunista de Babrak Karmal en Kabul, y de inmediato se vieron envueltas en una ola de protestas y levantamientos en su contra de parte de los afganos organizados principalmente en numerosos movimientos islamistas.


Un técnico de la fuerza aérea soviética descarta en 1989 los cartuchos vacíos de bengalas usadas por los aviones para desviar los misiles antiaéreos guiados por calor


En total, la URSS llegó a sostener una fuerza de unos 100.000 soldados (600.000 participaron en toda la guerra) que reprimieron con violencia a los civiles que creían vinculados a los muyahidines (combatientes de la yihad islámica), lo cual sólo potenció la resistencia en su contra.

La guerra atrajo la atención del mundo y los rebeldes comenzaron a recibir ayuda de los adversarios de los soviéticos: Estados Unidos, China, Pakistán e incluso Irán.


Un cañón antiaéreo operado por muyahidines en la provincia de Paktia, 1986

Se cree un millón de civiles perdieron la vida en una década de conflicto, además de 90.000 muyahidines, 18.000 tropas afganas leales al régimen en Kabul y unos 15.000 soldados soviéticos.

Cuando el 15 de febrero de 1989 Moscú finalmente reconoció la derrota en su objetivo de controlar el país y retiró a sus últimos tropas, el país derivó en una terrible guerra civil que sentó las bases para que los talibanes ("los estudiantes", en pastún), surgidos como un movimiento político ente los muyahidines, tomaran el poder en 1996 autoproclamándose el "Emirato Islámico de Afganistán".


La tripulación de un tanque soviético T-62 observa la destrucción sobre una aldea afgana en la región de Salang

La historia siguiente es más cercana. En 2001 Estados Unidos y sus aliados en la OTAN invadieron y derrocaron al grupo extremista, reavivando la guerra civil que desde entonces sigue sembrando la muerte y destrucción en el país centroasiático.


Un ícono de la guerra: el misil antiaéreo guiado por calor Stinger que los servicios de inteligencia de Estados Unidos proveyeron a los muyahidines. Esta arma les permitió derribar numerosas aeronaves militares soviéticas, especialmente helicópteros


El presidente de los Estados Unidos en ese entonces, Ronald Reagan, recibe a rebeldes afganos en la Casa Blanca en 1982 (Ronald Reagan Presidential Library)


Rebeldes afganos celebran el derribo de un helicóptero Mil Mi-8 de transporte de tropas


Anticuados cazas de fabricación soviética Mig-17 de la fuerza aérea afgana en 1980, en la provincia de Kandahar


Afganos en la cárcel de Pulicharkhi para prisioneros políticos, en Kabul, en enero de 1980 poco después de la llegada al poder de Babrak Karmal


Un grupo de muyahidines en la ciudad de Herat en 1980. En primer plano figura un ex capitán del ejército afgano que desertó para luchar contra los soviéticos


Soldados soviéticos se preparan para cambiar de posición en 1988 (AP)


Una columna de tanques T-62 a mediados de la década de 1980 (AFP)


Otro símbolo de la guerra: el helicóptero de ataque Mil Mi-24 “Hind” protege un convoy que llevaba combustible y comida a Kabul en 1989 (AP)


Veteranos del conflicto y familiares colocan flores en el monumento a los soldados soviéticos caídos en la guerra, el 15 de febrero de 2018 en Kiev, Ucrania

domingo, 28 de enero de 2018