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miércoles, 2 de agosto de 2017

Anecdotario histórico argentino: Brown envuelto en la bandera

Una hazaña de Brown 

El 22 de enero de 1816, el Comodoro Guillermo Brown y el capitán Hipólito Buchard, que navegaban en común, atacaron con 4 navíos el puerto de Callao, y tres semanas después se presentaban ante Guayaquil, primer astillero del Pacífico. 
En medio de la acción, que era favorable a los patriotas, una recia ráfaga del norte, que coincidió con la bajante de la marea, arrebató al bergantín Trinidad que fué a varar cerca de la playa. 
El Comodoro se lanzó al agua tratando de alcanzar la goleta para acercarla al Trinidad y cubrirla con sus fuegos. Pero la nave había sido ya abordada por una columna de infantería y se vió precisada a arriar su bandera para salvar la vida de sus últimos tripulantes, pero el furor del enemigo no se apaciguó a pesar de que el acto de rendición así se lo exigía. 
Brown, al ver la matanza, regresó y, tomando un machete y un fanal encendido en la otra mano, se dirigió desnudo como estaba a la santa bárbara, amenazando que haría volar a todos si no se respetaban las leyes de la guerra. 
Esta actitud decidida del marino inglés surtió efecto y poco después, recibía la palabra de honor del gobernador, de que se trataría a todos como prisioneros de guerra. 





Al desembarcar, no quiso el futuro vencedor de Juncal, abandonar su bandera y, como no encontraba otra vestimenta, pues la nave había sido saqueada, se envolvió en ella y así atravesó rodeado de sus valientes las calles de la ciudad, hasta los cuarteles adonde lo conducían. 
Al pasar ante la multitud, un realista dijo: 
—¡De dónde es el pirata? ¿Cuya la bandera? 
Y alguien le contestó a su espalda, desapareciendo luego: 
No es un pirata, es un insurgente. La bandera es de un pueblo libre.

martes, 14 de junio de 2016

Guerra contra Brasil: Dos eventos navales memorables

Dos Testimonios del Valor Criollo Durante la Guerra contra el Imperio 

Buceando un poco en la Historia, relataremos hoy dos incursiones de las tantas que fueron llevadas a cabo por las fuerzas al mando del almirante Guillermo Brown, ejemplo de lo difícil que podían resultar los golpes de mano y las incursiones destinadas a desgastar a un enemigo muy superior en número, y en recursos materiales. 

 
Guillermo Brown 

El 10 de diciembre de 1825 el Imperio del Brasil declaraba la guerra a las Provincias Unidas del Río de la Plata, como consecuencia de haber aceptado éstas la declaración de integración, como un territorio más de la Banda Oriental, decisión adoptada por la Asamblea de La Florida en su sesión del 25 de agosto, bajo la presidencia del diputado Juan Fco. De la Robla. La Asamblea nombró a su vez a Juan Antonio Lavalleja Gobernador y Capitán General, y declaró que la Provincia Oriental del Río de la Plata quedaba "...unida á las demás de este nombre en el territorio de Sud America, por ser libre y espontánea voluntad de los pueblos que la componen,..." 

1. Por su parte, el Congreso argentino dictaba el 25 de octubre la ley que aceptaba dicha reincorporación, disponiendo que el Poder Ejecutivo nacional proveyera a su defensa y seguridad, y "...el 4 de noviembre el ministro de relaciones exteriores se dirigía a la cancillería imperial notificándole lo resuelto y la decisión de nuestro gobierno de llenar tan sagrado compromiso por cuantos medios tuviera a su alcance y que si era necesario emplearía la violencia para apresurar la completa liberación del territorio oriental del dominio de las armas imperiales" 

2. Como consecuencia de lo expuesto, el emperador del Brasil Pedro II declaraba la guerra a las Provincias Unidas, y apenas 12 días después el vicealmirante Rodrigo José Ferreira de Lobo inauguraba el bloqueo a la ciudad de Buenos Aires, dando a los buques neutrales un plazo de 14 días para abandonar el fondeadero. Es en éste contexto que se emprendió la tarea de organizar un ejército, en base al de Observación que se encontraba concentrado en la frontera con la Banda Oriental, y al mismo tiempo una escuadra que fuese capaz de dar pelea a la poderosa flota brasileña. 

La Escuadra Nacional 
Si bien se gestionó la compra de 3 buques en Chile, solo llegó al país para cumplir servicios útiles la corbeta "Chacabuco", la que se agregó a la Escuadra cuyo comando se dio al almirante D. Guillermo Brown. 

Cabe acotar que la Comandancia General de Marina era desempeñada por el coronel mayor D. José Matías Zapiola, quien contaba con D. Benito Goyena como Comisario de Marina, siendo estos dos hombres los responsables de haber puesto en pie de guerra esa escuadra mínima pero respetable, ordenando la construcción de 11 lanchas cañoneras y la reparación de las tres únicas embarcaciones que poseía la marina. "Finalmente, la escuadra quedó compuesta por la fragata "25 de Mayo", corbeta "Chacabuco", barca "Congreso Nacional", los bergantines "Independencia" y "República Argentina", sumaca "Uruguay", goletas "Guanaco", "La Pepa", "Río de la Plata" (o "Río"), "Sarandi", "Unión" y "Maldonado" (ex "Leal Paulistana") cañoneras 1 a 13 inclusive y lanchones de guerra Nº1 al Nº8" 3. En apariencia esta modesta fuerza poco podía hacer contra la poderosa escuadra brasileña, que sí podía poner en el Río de la Plata una masa de 50 buques varios de los cuales eran "de la línea". 4 La única ventaja que poseían las Provincias Unidas era la poca profundidad del río, sus engañosos y traicioneros bancos y la falta de fondeaderos abrigados. Esto hacía difícil la utilización por parte de los brasileños de sus mejores unidades, en beneficio de los republicanos. 

La Acción 
Luego del combate de Punta Colares (enero de 1826) que dejó como principal resultado un sumario solicitado por el almirante Brown a varios jefes en razón de la negación a entrar en combate de éstos y dejándolo sólo frente al enemigo, inició éste su campaña contra la Colonia del Sacramento. Se hizo presente frente a la misma el 26 de febrero con la "25 de Mayo" como buque insignia, acompañada del "Grl. Belgrano", el "Grl. Balcarce" y la "Sarandi". Luego de intimar la rendición, recibió por respuesta del comandante enemigo la siguiente: "El Brigadier de los ejércitos Nacionales e Imperiales y Gobernador de esta plaza, responde en su nombre y en el de toda la guarnición que tiene la honra de mandar a la intimación del señor General en Jefe de la Escuadra de la República Argentina, que la suerte de las armas es la que decide la suerte de las plazas. Saluda al señor General en jefe con toda consideración. Manuel Jorje Rodrigues". 5 

 
Combate de Punta Colares 

Comenzó entonces un violento combate en el que vararon la "Sarandi" y el "Belgrano", habiendo sido muertos el comandante del "Balcarce", sargento mayor de marina Bartolomé Cerretti. Luego de obtener a una nueva intimación de rendición una respuesta similar a la del día 26, Brown planeó entonces una acción típica de la época, un golpe de mano nocturno para el 1 de marzo. 6 

 
Ubicación de los buques 

Habiéndose percatado la Comandancia de Marina del combate que se llevaba a cabo, despachó la goleta hospital "Pepa", junto a las cañoneras Nos. 1, 4, 6, 7, 8 y 12, bajo el comando respectivo de Julio Fonrouge, Carlos Robinson, Jaime Kearnie, Juan Francisco Seguí, José Monti y Antonio Richiteli. El refuerzo de dichas cañoneras le permitió al almirante esbozar un audaz plan, que consistía en incendiar o capturar los buques enemigos fondeados al abrigo de la Colonia, especialmente el bergantín "Real Pedro". Dice al respecto Carranza: "En seguida se dividió esa gente, en la que estaban representados todos los barcos de la insignia, en trozos de abordaje, señalándole distintivo y santo, mientras que a los oficiales se les explicaba individualmente el plan de ataque, según el cual debían gobernar dos de aquéllas, sobre cada barco brasileño, con el propósito de sacarlo a flote o quemarlo, caso de ofrecer dificultades, distribuyéndose al efecto fajinas incendiarias, y camisas y frascos de fuego. Fijada la noche de ese último día para llevar el asalto, luego que llegó el instante decisivo, mandó distribuir el general una ración de grog a los atacantes, y con palabras de aliento les recomendó disciplina y humanidad." 7 

 
Desplazamiento de las flotas 
Además de las defensa de la propia fortaleza, al amparo de aquella se encontraban fondeadas el mismo bergantín "Real Pedro", de 16 cañones; un patacho y dos escunas. Habiendo envuelto los toletes de los remos en trapos para no ser oídos, se pusieron en marcha las 6 cañoneras argentinas desde las cercanías de la "25 de Mayo", divididas en dos grupos mandados por Rosales (embarcado en la Nº 1) y Espora (en la Nº 12) los de babor y estribor respectivamente, estando al mando de toda la fuerza éste último. Eran las diez y media de la noche. A eso de las 12, se inició el fuego desde la fortaleza, alertando a su vez a toda la escuadra enemiga. Con muy mala suerte, el viento hizo derivar a 4 de las lanchas sobre las murallas, donde recibían el fuego de las baterías y la metralla del "Tambor" y el "Carmen", fondeados a poca distancia, más la fusilería del 11 de Cazadores. 

Notables muestras de coraje pueden relatarse sobre aquella noche: "El intrépido teniente Robinson, de la núm. 4, de los héroes de 1814 en el Hércules, (sic) envuelto en ese círculo de fuego y de humo, sirve como sus demás compañeros de infortunio, de blanco seguro a la artillería enemiga, que se les enfila con raro acierto. Pero él, fiero y enérgico como la fatalidad, agitando su espada, sin gorra, con el cabello desaliñado y el uniforme salpicado en sangre, con una mano aplicaba la mecha al cañón vengador, en tanto que con la otra atendía a la salvación de la nave confiada a su coraje, cuando un casco de metralla le destroza la pierna! Cae su cuerpo, mas no se entibia su denuedo; y con el gesto, con la acción y la palabra sigue animando a los suyos hasta que una segunda bala corta aquella existencia llamada a brillante destino!" 8 Para esta altura, las cañoneras se encontraban cubiertas de muertos y heridos. Imagine el lector el estar parado soportando una lluvia de balas; a merced de un enemigo superior, viendo caer terriblemente heridos a los propios compañeros, y esperando la esquirla o el proyectil que lo mutilará de por vida, o imaginando las terribles heridas producidas por las astillas de madera producto de los impactos del cañón... o de la metralla disparada a quemarropa. 

Mientras sucedía esto, el "Real Pedro" comenzaba a arder como una pira porque no habiendo podido tomarlo los incursores, estos, luego de vencer un intento de resistencia de sus ocupantes que se convirtió, instantes después, en una declarada fuga "...trataron, aunque infructuosamente, de librarlo de sus amarras y hacerlo flotar. Del Real Pedro sólo flotaba su popa y varias cadenas mantenían amarrado el barco con el muelle y por ambas bandas." 9 Siendo imposible apresarlo, se deciden por prenderle fuego y, luego se dirigieron en apoyo de los que se encontraban varados, a prácticamente un tiro de pistola del muelle. Tan sólo la cañonera Nº 8 pudo ser recuperada, luego de pasársele remolque y haber realizado esta maniobra bajo el intenso cañoneo enemigo. La retirada fue emprendida, quedando bajo las murallas las Nos. 4, 6 y 7, y "Una pila de CUARENTA Y DOS (sic) cadáveres informes, (...) .todos horriblemente desfigurados por los tarros de metralla o la palanqueta, (...) flotan confundidos con la resaca en torno de aquellos despojos sublimes, mientras que doblada cantidad de heridos, mutilados de la manera más cruel, ateridos por el relente de la noche o devorados por la fiebre, angustiaban el alma con sus lamentos." 10 En cuanto a las cifras de las bajas, "La jornada había costado a las dotaciones de la escuadra más de 125 muertos y heridos, además de alrededor de 80 prisioneros que lograron ganar a nado la costa. Los brasileños perdieron, asimismo, según noticias de origen argentino, cerca de 130 hombres, lo que indica que el ataque, aunque desfavorable en sus resultados, había sido encarnizado y sangriento. Entre los oficiales muertos estaban: Robinson, comandante de la cañonera número 4 y los segundos Curry y Cavaría de la 4 y 6. Gravemente heridos: Kearnie, comandante de la número 6; Turner, segundo de la número 7 y herido el propio Rosales de la 1." 11 

El Abordaje de la Emperatriz 
Hacia el mes de abril se encontraba la escuadra republicana en demanda del puerto de Montevideo, con el fin de realizar un nuevo ataque furtivo procurando mejor suerte. El día 26 de abril llamó Brown a reunión de los comandantes en la capitana, a fin de deliberar; eran éstos: Tomás Espora de la "25 de Mayo", Juan King de la "Congreso", Guillermo Bathurst del "Independencia", Guillermo Clark de la "República", Nicolás Jorge del "Balcarce", José M. Pinedo de la "Sarandi" y Leonardo Rosales del "Río". "Instalados que fueron en la cámara de la capitana, tomando la palabra, manifestó el almirante: Que supuesto no se tenían noticias de los bloqueadores, a los que daba por Maldonado, era de opinión se tentara un nuevo golpe de mano sobre Montevideo, con el fin de apresar a la fragata Nictheroy, surta en sus aguas, cual se comprobó en el serio reconocimiento del 11 de ese mes, operación que compensaría con ventajas, las fatigas y azares del crucero. Aceptado en general dicho temperamento, se despidió Brown de sus subalternos, luego de apurar con ellos, por el acierto de la empresa concertada, una copa de madeira, su vino favorito, dando previamente un viva a la patria." 12 

 
Abordaje de la Emperatriz 

Se organizaron entonces los trozos de abordaje, y se estableció el santo y seña, que sería "Santa María". Habiéndose aproximado los buques al fondeadero, poco antes de las 12 de la noche se dio el siguiente diálogo: preguntó Brown al pasar junto a la popa de una gran fragata: What vessel is that? (Qué buque es ése?), y obtuvo como respuesta: That is nothing to you? (Qué le importa?) Es de imaginar la tensión del momento, los buques pasando silenciosamente, los hombres ocultos para no ser vistos, preservando las mechas humeantes que despedían un fantasmagórico fulgor, todos apretando las empuñaduras de sus espadas, los rostros adustos, tratando de discernir en la oscuridad a los enemigos. "Eran las doce de la noche cuando esto sucedía, y cantó un gallo, mientras ladraba un perro, trepado en las cacholas de la fragata desconocida, sorprendido quizá (nos refería el coronel Toll en 1863), por el murmullo o el eco de las voces que repercutían en el silencio, indicios que hicieron exclamar a Espora, paseándose en tren de pelea y con esa agitación nerviosa que le era congénita en tales casos: "Juro que esta fragata es brasileña, porque ningún buque inglés consiente perros ni gallos a su bordo, ni que sus centinelas omitan dar el grito de alarma al que se acerque". El almirante, un tanto convencido por la actitud vehemente de su capitán de bandera, interroga de nuevo, y ya no obtuvo respuesta. La 25 de Mayo, prolongando por babor la doble cintura de cañones de su rival, rebasa su proa, vira resueltamente a estribor y atravesándose por una de sus aletas, dispara sobre ella su andanada, rompiendo a la vez un fuego nutrido de mosquetería." 13 

Es así que se inició el combate, a pesar de que en el buque enemigo se había conseguido dar la silenciosa alerta unos minutos antes y hacer el zafarrancho. Se trataba de la fragata brasileña "Emperatriz", de 52 cañones y 400 hombres de dotación. La indiscutible capacidad de nuestro almirante mantuvo a la "25 de Mayo" por la aleta de babor y la de estribor, es decir, en los sectores de popa, de manera que el enemigo no pudiese abrir fuego con toda la artillería de su banda, disparándole a su vez sobre el espejo de popa, parte más débil de todos los buques de la época a razón de sus cristaleras (presentes en ésa ubicación y que estaban destinadas a la comodidad del comandante y oficiales). Mientras tanto, el "Independencia" de Bathurst cañoneaba por proa. El destino impidió a Brown abordar la "Emperatriz", puesto que el "Independencia" se interpuso en el instante en que iba a apoyar el bauprés sobre la banda del enemigo. Sobre el combés de su buque, moría heroicamente el comandante del buque brasileño, el capitán de fragata Luis Barroso Pereira...; la pronta reacción del buque enemigo habla bien de la preparación que esa dotación tenía... El combate finalizó con la señal de retirada hecha por Brown, puesto que la escuadra enemiga, ya alertada, se aprestaba a contrarrestar el ataque, el que por otra parte había perdido ya toda posibilidad de obtener un éxito. 

Fueron estas acciones navales, más allá de sus resultados, de aquellas que se condensan en "...dramas solemnes y horribles, que tienen por teatro la inclemencia y la soledad desconsoladora de los elementos, en que los testigos son actores sobre un piso que vacila o víctimas no pocas veces de heridas tan atroces e incomparables, que se dirían abiertas con armas de gigantes, y de que el choque de dos regimientos que se entreveran a la bayoneta, es apenas una imagen, [y] lleva el nombre de abordaje entre los marinos...!" 


1 Anjel Justiniano Carranza, "Campañas Navales de la República Argentina", Talleres de Guillermo Kraft Ltda., Buenos Aires, 2º edición, 1962; volumen IV, anexo documental, página 146. 
2 Ídem, volumen II, tomo IV, página 248. 
3 Arguindeguy, Pablo E. CL, y Rodríguez, Horacio CL; "Buques de la Armada Argentina 1810-1852 sus comandos y operaciones", Buenos Aires, Instituto Nacional Browniano, 1999, página 421.- 
4 Se denomina buque "de la línea" al navío de guerra por excelencia, de 64 cañones o más; que sólo estaba al alcance de las pocas potencias navales de la época. Su nombre proviene de la línea de batalla que formaban las flotas al enfrentarse, se desprende que los buques en condiciones de actuar en ésta línea eran los más capaces y poderosos de una flota. 
5 Carranza, Anjel J.; op. cit., página 280. 
6 Este tipo de acciones eran las más habituales, especialmente dentro de la Armada Real. "... las grandes batallas marítimas constituyeron solamente una pequeña parte en el servicio de la marina; la gran mayoría de los combates más encarnizados tuvieron lugar en acciones más pequeñas, a menudo entre buques individuales, en "acciones de bote" y desembarcos, en los que las tripulaciones de los navíos de la Marina Real, atacaban buques franceses en puerto y en las instalaciones de la costa" (Haythornthaite, Philip; "Nelson's Navy", Armys and Battles, Osprey Military, Londres, 1993; página 4). Según A. J. Carranza, se convenían en este tipo de acciones las señales de inteligencia, y se distribuía al personal de los trozos machetes, hachas, arpeos, granadas, se les ordenaba ponerse una camiseta blanca sobre el uniforme para poder distinguirse en la oscuridad. Acompañaban a los incursores herreros para cortar los cables de cadena, carpinteros que clavaran las escotillas, gavieros que largasen el paño, timoneles, etc.- 
7 Carranza, A., op. cit., pág. 283. 
8 Ídem, página 284. 
9 Ratto, Héctor R.; "Historia del Almirante Brown"; Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 2000, pág. 162. 
10 Carranza, A. J.; op. cit., pág. 285. 
11 Ratto, Héctor R.; op. cit., pág. 163. 
12 Carranza, A. J.; op. cit., pág. 298. 
13 Ídem ant., pág. 300. 
14 Íbidem, pág. 297.

martes, 17 de junio de 2014

Anecdotario histórico argentino: Brown envuelto en la bandera

Una hazaña de Brown 

El 22 de enero de 1816, el Comodoro Guillermo Brown y el capitán Hipólito Buchard, que navegaban en común, atacaron con 4 navíos el puerto de Callao, y tres semanas después se presentaban ante Guayaquil, primer astillero del Pacífico. 
En medio de la acción, que era favorable a los patriotas, una recia ráfaga del norte, que coincidió con la bajante de la marea, arrebató al bergantín Trinidad que fué a varar cerca de la playa. 
El Comodoro se lanzó al agua tratando de alcanzar la goleta para acercarla al Trinidad y cubrirla con sus fuegos. Pero la nave había sido ya abordada por una columna de infantería y se vió precisada a arriar su bandera para salvar la vida de sus últimos tripulantes, pero el furor del enemigo no se apaciguó a pesar de que el acto de rendición así se lo exigía. 
Brown, al ver la matanza, regresó y, tomando un machete y un fanal encendido en la otra mano, se dirigió desnudo como estaba a la santa bárbara, amenazando que haría volar a todos si no se respetaban las leyes de la guerra. 
Esta actitud decidida del marino inglés surtió efecto y poco después, recibía la palabra de honor del gobernador, de que se trataría a todos como prisioneros de guerra. 





Al desembarcar, no quiso el futuro vencedor de Juncal, abandonar su bandera y, como no encontraba otra vestimenta, pues la nave había sido saqueada, se envolvió en ella y así atravesó rodeado de sus valientes las calles de la ciudad, hasta los cuarteles adonde lo conducían. 
Al pasar ante la multitud, un realista dijo: 
—¡De dónde es el pirata? ¿Cuya la bandera? 
Y alguien le contestó a su espalda, desapareciendo luego: 
No es un pirata, es un insurgente. La bandera es de un pueblo libre.

viernes, 16 de mayo de 2014

El Almirante Brown y Colonia del Sacramento

Desde la casa del Almirante Brown en Colonia
El eco trágico de aquellos cañones
 
Jorge Fernández Díaz 
LA NACION 

Dos enemigos prehistóricos duermen, pero se acechan por los siglos de los siglos en la casa que jamás ocupó Guillermo Brown. Separados apenas por un metro y el cristal de una vitrina se vigilan un gliptodonte y un gran tigre dientes de sable. Sus fósiles fueron hallados en las inmediaciones de Colonia del Sacramento, y un cartel recuerda que en Arizona hallaron una vez un cráneo de otro gliptodonte juvenil con dos perforaciones en forma oval, "probablemente debido a un ataque de estos felinos". El tigre de mordida fatal persiguió al mamífero acorazado a través de las planicies orientales en el principio de los tiempos, y aquí están ahora juntos y en silencio viendo pasar a los dos millones de turistas de todo el planeta que visitan anualmente esta asombrosa ciudad desde la que partió Artigas para su campaña libertadora. 

Supuesta casa donde habitó el Alte Brown en Colonia

En esa misma casa hay mariposas y monstruos, restos de naufragios y armas asesinas. También los muebles negros del dormitorio del coronel Ignacio Barrios, que peleó en las Invasiones Inglesas, participó en combates locales, estuvo en la Batalla de Tucumán a las órdenes de Belgrano y cruzó los Andes en compañía de San Martín. 

En otra habitación de ese laberinto de épocas y señales y fantasmas, descansa exhausto el traje de luces de Manuel Torres, matador valenciano que en 1910 atravesó a un bravío toro de lidia en la Plaza del Real de San Carlos, esa monumental edificación que fue clausurada dos años más tarde cuando los uruguayos prohibieron para siempre las corridas. 
Pero lo que más llama la atención, al frente de ese museo singular, es la placa donde se recuerda al almirante Brown. La leyenda colectiva afirma que existe un documento del 17 de octubre de 1833 en el que se le otorga esa casa que nunca ocuparía en recompensa por sus increíbles hazañas durante la independencia de la Banda Oriental. 

La relación de Brown con esa pequeña pero estratégica ciudad disputada a lo largo de cien años por Portugal y España resultó intensa y amorosa. La principal actividad que desarrollaba el marino irlandés era precisamente el comercio de ida y de vuelta entre una y otra orilla del Río de la Plata, y en 1814 abrió una estancia con saladero en Colonia. Después se dedicaría durante años a la guerra contra la corona española y ya estaba en retiro forzoso durante los primeros meses de 1826 cuando volvieron a llamarlo para una misión de alto riesgo. Tenía 49 años y debía organizar en tiempo récord la menguada escuadra nacional y hacerle frente a la poderosa flota de 80 buques del Imperio del Brasil. Los imperiales habían fortificado Colonia con 1500 infantes y varios bergantines y goletas porque era un punto estratégico para el tráfico fluvial. El irlandés los atacó a las ocho de la mañana con bala y metralla. Dio y recibió durante dos horas, y comisionó a un emisario para que pidiera la rendición de la plaza. Le respondieron que no se rendían y la artillería siguió, pero con mala suerte: un bergantín patriota quedó varado al alcance de los disparos brasileños, y por la noche a merced de una tempestad que lo partió al medio. 

El gran jefe tuvo que ordenar la retirada para curar heridos y reparar averías, y también para esperar refuerzos y planear un nuevo ataque. Por la noche del 1° de marzo repartió entre sus marineros una ración de agua caliente mezclada con ron y una arenga en voz baja. Hizo envolver los remos con trapos para no ser oídos por los enemigos y ordenó el avance de seis cañoneras. Pero a la medianoche los imperiales descubrieron la sigilosa maniobra y abrieron fuego de cañones y fusilería. Fue alucinante. En la noche se veían los fogonazos anaranjados, silbaban las balas y se oían a uno y otro lado los gritos de ira y de dolor. Muertos, mutilados, náufragos. Ambos bandos perdieron, en esa velada, más de doscientos hombres. Pero Colonia del Sacramento continuaba en manos brasileñas. 
Un patriota uruguayo, Juan Antonio Lavalleja, coordinó con Brown un asalto terrestre a las murallas. También fue inútil. Y llegaron más brasileños y más buques a proteger la ciudad. Todo lo que consiguió el marino irlandés fue incendiar la nave insignia de sus adversarios e infligirles un golpe moral al demostrarles que era posible eludir su bloqueo y penetrar en sus territorios. 
Monumento a Brown en Colonia
El almirante había asombrado al mundo con sus éxitos en las batallas navales de la independencia y en la guerra de corso que había desplegado por el Pacífico contra naves españolas. Cañonazos, abordajes, sablazos, tiros de pistola, incendios. Era una leyenda viva cuando salió derrotado de las aguas de Colonia del Sacramento y conocía de sobra las amarguras bélicas, de manera que no perdió el ánimo y siguió realizando escaramuzas de gran osadía, apresó embarcaciones, atacó fragatas frente a Montevideo y buscó la revancha. No tuvo que esperar mucho: el 11 de junio tres decenas de barcos enemigos formaron frente a Buenos Aires en gesto amenazante. Estaba por dar comienzo el Combate de los Pozos. En la ribera, la sociedad porteña observaba con el alma en vilo el inicio del espectáculo. Brown sólo tenía 4 buques y 7 cañoneras, pero le dijo a su tripulación: "Marineros y soldados de la República, ¿veis esa gran montaña flotante? ¡Son 31 buques enemigos! Mas no creáis que vuestro general abriga el menor recelo, pues no duda de vuestro valor". A continuación les dijo que antes de rendir el pabellón echarían a pique sus propios barcos, y enseguida gritó a sus artilleros: "¡Fuego rasante que el pueblo nos contempla!". Cuando la andanada de obuses terminó y un silencio de muerte flotó en el aire, cuando se retiró con lentitud el humo del fuego y la pólvora, todos pudieron apreciar, desde el mar y desde las playas, cómo la escuadra imperial se replegaba y dejaba vacío el horizonte. 

El almirante fue llevado en andas por la gente y recibido esa misma tarde en los salones de Buenos Aires como un ídolo popular. 
La epopeya incluyó otras refriegas navales contra el Imperio del Brasil. Quilmes, donde los patriotas eran triplicados por sus enemigos y así y todo les provocaron grandes pérdidas y destrozos. Juncal, la mayor batalla de todas, donde el almirante consiguió capturar a sangre y fuego doce buques e incendiar tres más. Y el desgraciado Monte Santiago, donde Brown sufrió la peor derrota: fue el 27 de abril de 1827, cuando intentaba con cuatro veleros burlar el cerco de las naves brasileñas estacionadas de nuevo frente a Buenos Aires. En la oscuridad, y por impericia de los pilotos, dos de sus bergantines encallaron en un banco de arena. De pronto fueron rodeados por barcos enemigos y acribillados por 189 cañones. La nave principal estaba en manos de Francisco Drummond, marino escocés y prometido de la hija de Brown. El futuro yerno recibió la orden de abandonar un buque que ya había acusado 200 impactos. Su tripulación había efectuado en respuesta cerca de 3000 tiros y, como las municiones se habían acabado, ahora disparaba eslabones de la cadena del ancla. Sobre la cubierta había cadáveres, quemados y contusos, pero los sobrevivientes querían seguir peleando. Una bala le había arrancado de cuajo la oreja a Drummond, que sin embargo tomó un bote y remó hasta otro barco para buscar pólvora y proyectiles. Cuando logró llegar una bala de cañón lo hirió de muerte. Agonizó durante tres horas, y su futuro suegro cruzó las aguas en medio de la granizada enemiga para sostenerlo en el último aliento. Elisa Brown, la prometida, enloqueció literalmente al recibir la noticia y se suicidó en el río a fin de ese mismo año. 

Mucho tiempo después, cuando el almirante era un anciano, fue visitado en su quinta de Barracas por uno de los jefes que lo habían combatido en aquellas aguas. El recién llegado intentó embarcar a Brown en una diatriba contra la ingratitud de las repúblicas para con sus héroes. El irlandés le respondió secamente: "Considero superfluos los honores y las riquezas cuando bastan seis pies de tierra para descansar de tantas fatigas y dolores". 

A pesar de que lo aguardaba esa casa en el centro histórico de Colonia del Sacramento, Brown se recluyó en su vivienda de Buenos Aires y murió allí sin esperar nada. Quienes visitan ese museo de dos plantas donde ahora perviven tigres y gliptodontes del Pleistoceno, mariposas y monstruos, armas antiguas, héroes y matadores, vajillas coloniales y pinturas no encuentran ningún rastro del almirante. Pero basta cruzar a pie la plaza de Colonia y trepar la muralla para imaginar su corbeta en la última línea del río marrón. En el puente, el pelo rojizo y los ojos claros y penetrantes, catalejo en mano, la sombra de Brown se dispone día tras día a iniciar el asalto final, la derrota heroica, los encargos del inescrutable y triste destino. 

© LA NACION

domingo, 4 de mayo de 2014

¿A qué vino William Brown a Argentina?

Guillermo Brown: ¿Por qué vino?
Carlos A. Estévez

En el 223 aniversario del natalicio del almirante Guillermo Brown, que se cumplirá el martes venidero, puede ser bien recibido, para quienes llegaron a estas tierras buscando un futuro mejor, decir que él es un ejemplo entre los inmigrantes que hicieron nuestra nación.

Viene al caso, por ello, recordar que, en el transcurso de una conferencia sobre Guillermo Brown, una concurrente preguntó por qué el almirante había venido a nuestras tierras. Quien exponía atinó a decir que la razón era su amor por la libertad y su decisión de luchar por ella. No parece ser eso correcto, si se analizan algunos hechos.

En el caso del general José de San Martín y otros que vinieron con él, que eran militares de carrera, no hay duda de que lo hicieron para terminar con el dominio español en América. Desde su arribo, ofrecieron sus servicios a las Provincias Unidas y actuaron en consecuencia.

Pero en lo que a Brown se refiere, puede pensarse que no vino con esos fines. Poco sabemos de sus antecedentes como para asegurar lo que comentamos. Responde esto al hecho de que él poco y nada dejó escrito de su vida previa, no dejando tampoco trascender algo en sus memorias ni entre sus amigos. Hoy, se da como muy probable que no había pertenecido a la armada de su majestad británica, no era miembro de logia alguna, no ostentaba grado ni carrera militar previa. Eran muchos los que venían al Río de la Plata por otras razones ajenas a la guerra y él no tenía por qué ser una excepción. 

Brown fue capitán de buque a los 19 años, para arribar al Plata cuando tenía 32 años de edad. Su vida, en este período, según ha trascendido, no fue placentera, de escritorio, administrativa ni pueblerina. Fue de navegante, luchando contra piratas y marinos de otras naciones y, como siempre es y será, combatiendo contra la naturaleza.

Era, pues, un hombre formado en la acción y el riesgo. Por su sangre irlandesa, era tozudo, perseverante; poseía espíritu de hombre libre, poco afecto a gobiernos fuertes y luchador incansable.

Sus riquezas o posesiones materiales, cuando se casó con Elizabeth Chitty, en 1809, si bien tampoco son conocidas, deben haber existido. Ella provenía de familia de armadores, de comerciantes marítimos y con otras actividades afines, lo que permite asegurar que tenía buen pasar. En aquella época, no era sencillo unir dos almas con grandes diferencias sociales y religiosas, por lo que puede presumirse que Brown aportó a ese casamiento buenas referencias personales y alguna aceptable posición económica.

En esta parte del mundo, en el virreinato del Río de la Plata, por entonces, las invasiones inglesas de 1806 y 1807 habían concluido en la firma de un tratado de paz, con el que los ingleses consiguieron la libertad de comerciar con Buenos Aires. En 1809, cuando pudo ponerse en ejecución tal acuerdo y floreció el intercambio, fondeaban en la rada porteña docena y media de buques ingleses cargados de mercaderías, esperando comerciar las mismas. Había un buen negocio para los fletes marítimos y para los exportadores e importadores de la Gran Bretaña.

Dadas todas estas condiciones, no resulta difícil deducir que Brown, efectivizado su casamiento, vino formando parte de negocios navieros y a observar qué otras posibilidades de actividades comerciales podían encararse. Podría adelantar que vino fletando cargas y a "husmear" el ambiente.

Recordemos que se desconoce fehacientemente si vino en 1809, pero es indudable que, desde entonces y hasta junio de 1812, en que adquirió las tierras de Casa Amarilla, en Barracas, Buenos Aires, cruzó el Atlántico en más de una oportunidad. Finalmente, en febrero de 1813, trae a su esposa y a sus dos hijos nacidos en Inglaterra y ese mismo año adquiere la goleta "Industria". Al poco tiempo, agregará la "Hope" ("Esperanza"), la "Amistad" y la "Unión".

Posteriormente, llamó a Buenos Aires a tres de sus hermanos (Miguel, Juan y Thomas), mientras que su esposa Elizabeth hizo otro tanto con cuatro hermanos (Gideón, John, Thomas y Walter) y con su tío Richard. Tres sobrinas se casaron y vivieron aquí. Caso típico de un inmigrante que, entusiasmado por lo que encuentra en lejanas tierras y el porvenir que vislumbra, llama a sus allegados para progresar en estas tierras.

Conclusión: Brown vino a comerciar y, convencido de las posibilidades que brindaba esta parte del mundo, no dudó en afincarse en Buenos Aires como tantos otros, como fueron muchos de nuestros ancestros en esos mismos años o nuestros abuelos y padres desde el último tercio del siglo XIX y en el XX.

Como buen inmigrante, cuatro de sus hijos nacieron en Buenos Aires, los que, a su vez, tuvieron descendencia en ambas márgenes del Plata y, hoy, siete generaciones rioplatenses posteriores al tronco Brown-Chitty prolongan su sangre en el tiempo.

Por qué se incorpora poco después a la lucha independentista de las Provincias Unidas del Río de la Plata y arriesga, a lo largo de treinticinco años, su fortuna, su vida y la paz familiar por defender el pabellón nacional sin embanderarse en las luchas políticas internas, es tema que trataremos en otro momento.

Brown falleció en su casa de Buenos Aires en 1857, tras cuarenticinco años de residencia entre nosotros.


Carlos A. Estévez es capitán de navío (RE) y miembro del Instituto Nacional Browniano.

sábado, 19 de abril de 2014

El Daguerrotipo en el Río de la Plata

EL DAGUERROTIPO EN EL RIO DE LA PLATA;
DAGUERROTIPOS DEL ALMIRANTE GUILLER­MO BROWN 

Por el TN Médico (RN) Daniel A. Pérez -Cirujano Consultor-
Dedico esta pequeña contribución a todos los veteranos de la Guerra de Malvinas; militares y civiles,
sin exclusión y de ma­ nera particular a los héroes caídos en combate…
7 Páginas A4



INDICE

I- Introducción
II- Desarrollo
Bibliografía



I- INTRODUCCIÓN
El daguerrotipo es el antepasado más ilustre de la fotografía El hombre, siempre estuvo interesado por conseguir imágenes fieles de todos los objetos. Animales, personas, paisajes, etc., que lo rodea ban.
Aún antes que el daguerrotipo, fue creada en el siglo VXIII, la famosa "cámara oscura"; la que tenía todos los elementos básicos de una cámara fotográfica, pero no podía grabar las imágenes- En esta cámara, el paso de la luz, a través de un pequeño orificio y una lente, proyectaba una imagen del objeto invertida, sobre una superficie planeen el interior de una caja, generalmente de madera. Este fenóme­ no, guardaba una cierta similitud con el funcionamiento del ojo huma­no.- Empero , considero que fue, el gran pintor veneciano Antonio Ca nale -CANALETTO- quien nació hacia la segunda mitad del siglo XVIII, el verdadero precursor, en la invención y empleo del daguerro­tipo- Así lo confirman las exactas vistas panorámicas de Venecia y o-tras, elaboradas por el eximio pintor italiano- Se dice pues, que Cana letto utilizó algo así como una cámara oscura o bien elaboro sus o bras casi perfectas contando con el auxilio de una grilla superpuesta al paisaje.
Fue el litógrafo NICÉFORO NIEPCE (1.765-1.833), físico de origen francés, quien junto a su primo Claudio, se dedicaron a realizar investigaciones mecánicas y físicas, y hacia el año 1813, tuvo la idea genial de la obtención de fotografías, hecho que concretó en 1826, al fijar una imagen desde una ventana de su casa, en una placa de estaño impregnada en betún de Judea, siendo necesario exponer la placa unas ocho horas o más.

Nicéforo Niepce
 (creador del daguerrotipo)
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II- DESARROLLO
Posteriormente, el pintor francés Louis Daguerre (1787-1851) perfeccionó el método para las tomas fotográficas al utili­ zar láminas de plata sensibles a la luz y estas tomas llevaban unos pocos minutos. En 1839, el inglés Talbot, tomó la primera fotogra­ fía sobre un papel, captando imágenes negativas.
La novedad del invento fue anunciada, el 19 de agosto de de 1839, ante la Academia de Ciencias de París, Daguerre publicó un manual con la técnica, que fuera traducido en 8 idiomas.
La fotografía iba a llegar algo más tarde al Río de la Plata, en Julio de 1843, debido al bloqueo que habían impuesto por en­tonces los franceses.
La fidelidad de la imagen fotográfica, no resistía comparación con las semblanzas, a menudo mediocres, que realizaban los pinto­res miniaturistas y la propia Mariquita Sánchez de Thompson, se maravilló con la fidelidad de los daguerrotipos, pues, había observado por vez primera un daguerrotipo, en 1840, tomado en Montevideo.
Aunque los intelectuales de siglo XIX, despreciaban a los fotógrafos, pues consideraban que solo los pintores, eran verdaderos artistas, el invento terminó por imponerse.
En los comienzos del daguerrotipo, los tiempos de exposición eran prolongados, y para que los modelos permanecieran inmovilizados se usaban aparatos especiales para el apoyo de: cabeza, cuello y tronco. La película de plata, se hacía sensible a la luz por vapores de yodo. A las mujeres se les pedía que evitaran los colores claros en la vestimenta y con frecuencia las imágenes se coloreaban a mano a pedido del interesado. En la época de Rosas, los hombres se cuidaban de colorear la divisa punzó.


Año de invención: 1839 Inventores:
Nicéphore Niepce
Louis J.M. Daguerre.
Fuente: www.ccsd.ca/
EL DAGUERROTIPOFue muy popular en los primeros años de la fotografía. La obra acabada es una imagen positiva, impresa sobre una placa recubierta con una capa de plata muy bien pulida.


La placa
Debía tener su superficie plateada perfectamente pulida. Se sensibilizaba en la oscuridad con vapores de yodo.


La toma
Luego de colocar la placa en la cámara oscura se retiraba la tapa de la lente. El tiempo de exposición de cada toma variaba entre 5 y 10 minutos. Se realizaba en exteriores con luz de día. El modelo se sentaba en una silla con el cuello sostenido para que no se moviera.
En junio de 1843, el norteamericano John Elliot, anunciaba la apertura de una galería de retratos en la nueva recova de la Plaza de Mayo y también el español Gregorio Ibarra, litógrafo, había recibido de París, dos cámaras para tomar retratos, vistas y planos.
Como ya mencionamos, el primer daguerrotipo en el Río de la Plata, tuvo lugar en Montevideo, en Febrero de 1.840, ocasión en que había recalado una fragata francesa, L'ORIÉNTALE, llevando a bordo alumnos y profesores que estaban de viaje, dando la vuelta al mundo. Este episodio, fue presenciado, entre otros por emigrados argentinos, entre quienes se encontraban: Mariquita Sánchez de Thompson, el Gral. Tomás de Triarte y el periodista y político Florencio Várela.

Imagen del primer daguerrotipo (1826)
Los primeros daguerrotipos, se entregaban enmarcados y con estuche, oscilando su valor entre 100 y 200 pesos, cuando el salario de un dependiente era de veinte pesos mensuales.
Hacia 1845, otro norteamericano. John Bennet, abre la segunda galería de daguerrotipos de Buenos Aires, en la calle La Piedad 121 y hacia 1848, había en la ciudad 10 daguerrotipistas, todos ellos extranjeros.
Charles Fredricks, fue quizás el fotógrafo más relevante de todos los que actuaron en la Argentina, a mediados del siglo XIX, quien también registró numerosas imágenes de América Latina. Instaló su es­ tudio, frente al muelle portuario, en 1852. Finalmente, en 1855 el a lemán Adolfo Alexander, llegó desde Chile, para hacer daguerrotipos en San Juan y en Mendoza. En Buenos Aires, había establecido, hacia 1.865 su negocio, ubicado en la calle Artes, Nº 79.
Otras figuras relevantes, fueron. Antonio Pozzo (1829-1910) Federico Artigue (1826-1871), Tomás Helsby y el recordado famoso rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, el francés Amadeo Jac ques.
Las imágenes de los daguerrotipos, tenían los laterales invertidos, como si los modelos se mirasen en un espejo y estas imágenes, eran delicadas con el contacto con el aire, pues se oxidaban.
Al decir de Luis Priamo, haciendo referencia a las viejas fotos de los próceres. "...Surge la sorpresa, muchas veces, por el divor cio entre la imagen del prócer-hombre y la que integra el imaginario mítico...." Gracias al daguerrotipo, podemos conocer los verdaderos ros­ tros de los personajes que han marcado los tiempos de la historia.
Así, fueron fotografiados, entre otros: el Gral. Don José de San Martín, el Gral. Juan Gregorio de las Heras, el Almirante Guillermo Brown; Mariquita Sánchez de Thompson, el Gral. Justo José de Urquiza, Doña Paula Albarracín de Sarmiento, Juan Bautista Aberdi, Carlos E. Pellegrini -padre del ex Presidente y uno de los primeros daguerrotipistas-, Manuelita Rosas, el Gral. Oribe, Eduardo Belgrano, el Gral. Prudencio Rosas, Vicente López y Planes, José María Roxas y Patrón, Esteban Adrogué, Domingo Faustino Sarmiento, el Gral. Bartolomé Mitre, Müller -militar argentino-, el Com. Antonio Sometiera, y muchos otros.
Daguerrotipo del Gral. San Martín. (Paris, 1848)
Daguerrotipo del Gral. Juan Gregorio Las Heras
Daguerrotipo del Gral. Justo José de Urquiza
Probable daguerrotipo
del Gral. J. M.Paz
El Brig. Don Juan Manuel de Rosas, nunca quiso posar para un daguerrotipo, pues consideraba que esas cosas. "... eran zonce­ ras de gringo..." Era de opinión similar, el General Don José de San Martín, a quien su hija Mercedes, tuvo que convencer, en 1.848, para que se tomara el famoso daguerrotipo en París, tomado dos años antes de su muerte, que es el que hoy conocemos, impreso en los ac­ tuales billetes.
Pero, de ningún otro prócer argentino, se conservan tantos daguerro­ tipos como del Gral. Justo José de Urquiza, habiendo sido fotogra fiado, antes del combate de Caseros, en Arroyo Grande, por Char­ les Fredricks.
Muy conocido, es el daguerrotipo del Gral. Gregorio de Las Heras- daguerrotipo de (1850 a 1855) donde se advierten con nitidez las condecoraciones por su actuación en las batallas de Chacabuco, Maipú y por la expedición libertadora al Perú.
También, hubo modas como las de fotografías a los recién na­ cidos muertos y a los soldados fallecidos, tal el caso del Teniente Feloni. Perteneciente a la "Legión Italiana", en compañía de sus ca maradas de armas, el día 30 de mayo de 1853.
Estas fotos primitivas, poseen una gran importancia histórica y documental -En mi opinión, observando de manera particular los trajecitos de los niños- muchas veces confeccionados por las madres o abuelas, nos remontan a la indumentaria de épocas aún anteriores al momento en que se obtuvo el daguerrotipo correspondiente.
Hacia el año 1851, Frederick Archer, inventó las placas al colodión húmedo, de las que derivó el AMBROTIPO, más barato que el daguerrotipo. En 1839, el inglés William Talbot, tomó la primera fotografía sobre papel, capturando imágenes negativas. Con máquinas transportables, se podía, como ya señalamos, tomar fotos de enfermos y difuntos, en sus casas.
El gran fotógrafo Antonio Pozzo; en 1864, realizó tomas fotográfi­ cas aéreas de la ciudad de Buenos Aires, ascendiendo en globo, como lo había hecho Nadar en París, algunos años antes. Los ambrotipos, eran fotos sobre papel.
Hacia 1865, comienza el final de la era de los daguerrotipos- Con posterioridad Samuel Botte, gran fotógrafo piálense, con un local ubicado en la calle Florida 134, anuncia la toma de fotografías nocturnas, en 1883. La sociedad Fotográfica Argentina Amateur, fue fundada por el Dr. Francisco Ayerza, en 1889.
El Almirante Guillermo Brown (1777-1857), gran marino de origen irlandés, fue uno de los más populares revolucionarios de Mayo muy admirado por los vecinos de Buenos Aires, conservándose gran abundancia de deguerrotipos del ilustre marino.
El Almirante Brown
en un daguerrotipo
de John Elliot (1843)
Daguerrotipo
del Almirante Brown
y su esposa
Litografía del Almirante Guillermo Brown
Daguerrotipo del Almirante Brown
La mayoría de ellos, le fueron tomados algunos años antes de su muerte entre 1849 y 1857, pero el que lo fotografió por vez primera fue John Elliot, en 1843. Se observa una notable similitud, en los rasgos faciales y en el uniforme, con las obras realizadas por los grandes retratistas como Enrique Mac Grech y otros- También se conserva una litografía - vestido de civil-del gran almirante, obra esta de Desmadryl -de 1857-, la que igualmente guarda notable similitud con un daguerrotipo de la época. Vemos en algu­ nos de estos daguerrotipos, un cierto endurecimiento en las facciones del prócer. En efecto, su vida fue amargada por un duro golpe. En ocasión de la heroica muerte del joven escocés Francisco Drummond, ocurrida a la e dad de 24 años, en el combate de Monte Santiago, episodio ocurrido duran­te la Guerra con el Brasil, y estando este al mando del bergantín Independencia , habiendo perdido una oreja en combate, el joven oficial, no obstante lo­gra llegar hasta la Sarandí, con el objeto de conseguir más munición, siendo entonces herido de muerte.- Alcanzó a dejar un mensaje, destinado al almirante Brown, donde le expresaba que creía haber cumplido con el deber, ".... Que es como un hombre debe morir...", entregándole un anillo, des­tinado a su novia. Eliza Brown, la joven rubia, hija del ALMIRANTE.
Daguerrotipo del Cadete Naval Chileno (1850)
Eliza, hija del Almirante Brown
Retrato del Almirante Guillermo Brown
Retrato del Almirante Guillermo Brown
Eliza, a partir de entonces, concurría con nostalgia, junto a su hermano Eduardo, a las proximidades del Riachuelo, hasta el "pozo de k Tres Brazas" y en un caluroso día 27 de diciembre, Eliza, de 26 años de edad, vistiendo su traje de novia, se interna en el río, para no volver jamás. Nos relata ANTONIO Somellera, que cuando al Almirante Brown, le informaron de la trá­ gica muerte de su hija, se cayó, fracturándose una pierna. A la muerte de Brown, ocurrida en 1857, hace 150 años, sus restos fueron colocados en el cementerio de la Recoleta, junto a los de Eliza.
También, se conservan daguerrotipos del matrimonio, donde observamos al Almirante en compañía de su esposa, Elisa Chitty, no demasiado agraciada.
Litografía del Muelle de la Aduana Taylor (1857)
Daguerrotipo del Cabildo
de Buenos Aires (1850)
Casa de Guillermo Brown - fotografía -
(AGNB 107.670)
Retrato del Almirante Guillermo Brown
Volviendo al daguerrotipo, diremos que el contacto con estas viejas imágenes, siempre emociona. El resurgimiento del pasado, le otorga un aura especial y en coincidencia con la importancia que le asigna a las antiguas fotos, el filósofo Roland Barthes, afirmamos, hablando de la esencia de la foto grafía, que es: "…el estar allí, de lo que ya no está …”

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BIBLIOGRAFÍA
l) Arguindeguy, Pablo y Rodríguez Horacio. "TRADICONES NAVALES AR­ GENTINAS", Secretaría General Naval, Armada Argentina, 1.994

2) "BUENIS AIRES A VISTA DE PÁJARO ", litografía Librería Alemana, Buenos AIRES, 1.880.-
3) "BUENOS AIRES NOS CUENTA" "LA BOCA DEL RIACHUELO", No 18; 2 da Edición, Julio de 1.991
4) CLARÍN: "ENCICLOPEDIA DE LA CIENCIA" Arte Gráfico Editorial, Tomo u, pág. 118, BS AS, 2.007
5) DAVIES, ERYL: "COLECCIÓN INVENTOS" CLARÍN- Colección del Estudiante- CLARÍN-AGEA- Argentina- Año 2.003.
6) "ESTO PASÓ"- COMBATE NAVAL DE MONTE SANTIAGO - Nota Diario CLARIN.-
7) CUARTEROLO MIGUEL ÁNGEL. "EL DAGUERROTIPO EN EL RIO DE LA PLATA- FOTOS ANTES DE LAS FOTOS". Museo Fernández Blanco - PRODUCCIONES GRÁFICAS SRL -Sep. De 1.996- BS AS - Argentina.
8) CUARTEROLO MIGUEL ÁNGEL. "IMÁGENES PARA LA HISTORIA" DIARIO CLARÍN.
9) FOTOGRAFÍA BÉLICA DEL SIGLO XIX" - Museo Mitre - Secretaría de Cultura de la Nación - CAF -
10) GESUALDO, VICENTE: "150 AÑOS DE FOGRAFIA EN LA ARGENTINA" Revista TODO ES HISTORIA, N 269, NOV. 1.989, Págs. 70 a 95.-
11) GESUALDO VICENTE: "DAGUERROTIPOS- LOS COMIEN­ZOS DE LA FOTOGRAFÁ EN LA ARGENTINA" Rev. AUTO- CLUB - ACÁ.
12) PRIAMO, LUIS, SAINZ CAROLA: "CLICK PATRIA- LAS VERDADERAS CARAS DE LA HISTORIA"- LAS PRIMERAS FOTOS DE LA ARGENTINA- DIARIO CLARÍN- Argentina.-
13) PETRINA ALBERTO. "MEMORIA DE IMÁGENES"- Mu­ seo Fernández Blanco- 1.996 - ARGENTINA
14) ROSA, JOSÉ MARÍA "JUAN MANUEL DE ROSAS, NUESTRO CONTEMPORÁNEO " DS Producciones Editoria les, N 39- BS AS – ARGENTINA.