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sábado, 16 de septiembre de 2017

Guerra Hispano-Norteamericana: USS Olympia define la batalla de Cavite

Cómo el crucero Olympia conduce a la escuadrilla asiática a la victoria en la bahía de Manila


Gabe Christy | War History Online




El 1 de mayo de 1898, durante la Guerra Hispanoamericana, el Escuadrón Asiático de los Estados Unidos, comandado por el Comodoro George Dewey, aplastó a las fuerzas navales españolas en la Batalla de la Bahía de Manila. Esta reproducción de semitono de una obra de arte por J.D. Gleason, alrededor de 1898, representa la acción como se ve desde junto a la torreta de 8 pulgadas de arma de USS Olympia NHHC imagen NH 1269.


En la tarde del 30 de abril de 1898, se envió un mensaje al almirante español Patricio Montojo, comandante del Escuadrón del Pacífico en Manila. Le informó que dos barcos americanos habían navegado a Subic Bay, y luego se retiraron hacia Manila. Montojo sabía que esto significaba que la Escuadra Asiática de los Estados Unidos estaba cerca y la batalla era inminente.


Un grabado contemporáneo de la batalla. Dewey a la derecha, Montojo a la izquierda.

A escasos kilómetros de distancia estaba el Escuadrón Asiático de la Armada de los Estados Unidos. A la cabeza estaba el crucero Olympia, el buque insignia. Lanzado en 1892, y encargado en 1895 el crucero era uno de los barcos más avanzados de su tiempo. Bien armada, rápida y tripulada por un equipo experimentado (dos de los cuales eran veteranos de la Guerra Civil), ella era una enemiga formidable. En 1898 fue comandada por el capitán Charles V. Gridley, y anfitrión al comodoro George S. Dewey, comandante de la escuadrilla asiática.



Cuando Estados Unidos declaró la guerra contra España el 25 de abril de 1898, Olympia y el Escuadrón Asiático partieron de Hong Kong, sabiendo que finalmente iban a ver la acción. Empezaron a coger vapor en la Bahía de Manila a las 11:00 PM del 30 de abril, Cada barco habiendo preparado cuidadosamente para la batalla. Los hombres habían recibido cortes de pelo, ya que el cabello suelto podía contaminar una herida. Los cañones se cargaron y se retiraron los amplios paneles de madera alrededor del barco para evitar que se rompieran. El cortador de ingresos Hugh McCulloch incluso había arrojado sus mesas de cocina de madera por la borda, dejando a la tripulación a comer en la cubierta. A bordo de Olympia el Wardroom se había convertido en una sala de operaciones improvisada, ya que esperaban bajas. Aunque la luna estaba fuera la noche del 30, estaba oscuro a bordo de los barcos; Todas las luces estaban apagadas para ocultar su posición.



USRC McCulloch en 1900. Fue su pila que se incendió, alertando a la batería de la ubicación del escuadrón.

Pero alrededor de la 1:00 de la mañana la chimenea de Hugh Mcculloch cortador de ingresos se incendió. Había estado quemando carbón japonés, que tendía a dejar polvo y hollín en las pilas. El incendio ocurrió justo cuando el escuadrón entraba en la boca de la bahía de Manila. Fue descubierto por la batería en El Fraile, una isla cercana. Un solo tiro de distancia voló y aterrizó entre dos barcos. Inmediatamente el escuadrón devolvió el fuego, destruyendo la posición del arma.

Los tiros se oían en Manila, y el almirante Montojo, el comandante español, sabía que la batalla pronto comenzaría. Ordenó que los hombres estuvieran listos, que todos los cañones se cargaran, y las tropas a lo largo de la costa comenzaron a informar sobre la posición del Escuadrón. A bordo de Olympia, la tripulación vio destellos, luces y señales que parpadeaban entre los puntos costeros mientras se deslizaban hacia la flota española. El comodoro Dewey sabía que su sorpresa se había perdido, y comenzó a señalar órdenes a la escuadra usando linternas.

Al amanecer, los barcos americanos comenzaron a navegar hacia Cavite, donde la escuadra española estaba amarrada. La batalla comenzó seriamente a las 5:15 AM, cuando las baterías españolas en Cavite abrieron fuego. La tripulación de Olimpia se mantuvo tensamente junto a sus cañones, esperando la orden de disparar. La llamada había salido a esperar una llamada de corneta, y cada oído de artillero se esforzó por la explosión estridente, su mano lista para disparar. Pero las naves americanas continuaron bajo fuego español. Una concha de 11 pulgadas de distancia de la ciudad barril sobre el quarterdeck de Olympia. Si hubiera estado a unos pocos metros más bajo, podría haber borrado el mando del barco antes de que la batalla comenzara. Pero con valentía las naves avivaron.


Dewey en el puente de Olympia.

Finalmente, a las 5:40 AM el Comodoro Dewey dio la famosa orden "Puedes disparar cuando esté listo, Gridley". Casi inmediatamente, la torreta delantera de Olympia de 8 pulgadas entró en erupción en el humo mientras ella disparó sus primeros tiros de la batalla. A partir de entonces, la batalla estalló. Los estadounidenses siguieron bajando hacia la posición española, retrocedieron y luego volvieron a disparar. Esto mantuvo una constante barrena rodante dirigida a los barcos españoles, que eran amarrados y blancos fáciles.


Fuente: Wikipedia / Public Domain
Pero dos barcos españoles salieron a tratar de cerrar con los estadounidenses. Primero, el Don Juan De Austria salió y se dirigió hacia Olympia. Pero no se alejó mucho antes de que el fuego de los norteamericanos se volviera hacia la orilla. A continuación, la bandera española Reina Cristina salió a luchar. Llegó a gran velocidad, posiblemente para apuntar a Olimpia, su contraparte americana. La Reina Cristina, también, se encontró con intenso fuego. Un incendio estalló a bordo. Su dirección estaba casi completamente destruida, y sólo dos de sus tripulantes quedaron sin lesiones. Sin embargo, sus armas seguían disparando. Finalmente, el Almirante Montojo ordenó a su tripulación que la huyera y se retirara a la orilla, con la esperanza de salvar tantas vidas como pudiera.


Ruina del Don Juan De Austria

Pintura de la Batalla de la Bahía de Manila mostrando Reina Cristina en primer plano.

El naufragio de la Reina Cristina después de la batalla

A las 7:30 de la mañana, después de casi dos horas de constantes disparos, el almirante Dewey recibió un informe de que no tenían munición suficiente. Le dijeron que sólo quedaban 15 rondas para cada una de las armas de 5 pulgadas. Inmediatamente ordenó un cese al fuego, sabiendo que la falta de municiones era una posibilidad terrible. El escuadrón volvió a salir a la mitad de la bahía, los hombres se sirvieron el desayuno y la munición fue inventariada.


Una litografía contemporánea de la batalla.

A las 11:00 AM se hizo evidente que el informe estaba en un error. La verdad era que los cañones de 5 pulgadas sólo habían lanzado 15 rondas. Dewey ordenó un regreso a la batalla ya las 11:16 AM los combates se reanudaron. Pero en este punto, estaba claro que las fuerzas americanas habían sido victoriosas. La flota española estaba rota, su buque insignia se escabullía en el puerto y muchas de sus baterías ardían. Sólo una nave española mantuvo la lucha. Don Antonio De Ulloa continuó disparando, ya cambio recibió una gran cantidad de rondas estadounidenses. Pero su equipo ganó el respeto de los estadounidenses. El buque ya había sido inhabilitado y estaba inerte en su amarre. El capitán había ordenado que la tripulación la abandonara, pero algunos hombres se quedaron atrás, negándose a renunciar a la pelea.


El naufragio del Antonio De Ulloa


La cubierta del Don Antonio de Ulloa

Con la victoria siendo casi segura, Dewey ordenó a su Escuadrón que rompiera filas y acabara con blancos individuales. Cuando terminó la batalla, el Escuadrón amarró en el puerto de Manila, todavía bajo las armas de los fuertes españoles. Mientras que los fuertes todavía podrían haber hundido a toda la fuerza estadounidense, el temor de una barrera de retorno los mantuvo en silencio. Esa noche la banda de metales de Olympia tocaba en su coliseo, la música ocasionalmente interrumpida por la explosión de una revista de polvo española, o concha suelta.

La Batalla de la Bahía de Manila esencialmente puso fin a la presencia imperial española en el Pacífico, y estableció a los Estados Unidos como una potencia mundial. Olympia permaneció en el Escuadrón Asiático hasta septiembre de 1899, cuando llegó a Nueva York para ser reparada y reparada. Hoy reside en Penn's Landing en Filadelfia, Pensilvania.


Olympia hoy, en Penn's Landing en Filadelfia.


sábado, 6 de febrero de 2016

Diplomacia: Crucero acorazado "9 de Julio" saluda al pabellón dominicano

Saludo al pabellón dominicano en 1919


El 24 de mayo de 1919 había fallecido en Montevideo el ilustre poeta Amado Nervo, embajador de México ante la República del Uruguay. Como Nervo había sido embajador concurrente en la República Argentina, el presidente argentino Hipólito Yrigoyen ordenó que sus restos fueran repatriados con todos los honores en el crucero acorazado “Nueve de Julio”. 
Al regreso el barco se vio obligado a hacer escala, y su comandante consultó con el ministerio de Marina si podía tocar o no Santo Domingo y, en caso afirmativo, si saludaba a la bandera norteamericana al entrar al puerto, a la sazón ocupado por fuerzas militares de los Estados Unidos. El comandante del crucero 9 de Julio al no ver en la fortaleza "Ozama" la bandera dominicana, no hizo los saludos exigidos por el protocolo internacional, lo que motivó que las autoridades norteamericanas pidieran al Capitán las causas de su descortesía. 



Cuando ocurrió este desagradable caso, hacía 4 años que se había declarado oficialmente la implantación del gobierno militar norteamericano, que tuvo lugar en aquella época (1916), cuando el íntegro patricio doctor Francisco Henríquez y Carvajal, designado Presidente de la República por decisión del Congreso Nacional, se negó a aceptar las humillantes condiciones que para su formal reconocimiento le hiciera el gobierno de Estados Unidos que en ese entonces detentaba, de acuerdo con la convención de 1907, la total percepción de los ingresos aduaneros dominicanos. 
Todos conocemos que una fuerza de ocupación coloca al tope de los edificios y fortalezas cautivas su propia bandera. La dominicana no flameaba sobre la tierra de las virtudes soñada por Juan Pablo Duarte, que siempre deseó una patria libre, soberana y sin intervención de extrañas potencias. La gallarda respuesta del comandante del crucero 9 de Julio, no se hizo esperar. La inmediata respuesta del presidente Yrigoyen fue: “Id y saludad al pabellón dominicano”. Tengo instrucciones de mi gobierno de saludar la bandera dominicana. Así lo hizo
Al entrar al puerto, el acorazado izó al tope la bandera dominicana, saludándola con una salva. Corrió la voz por la ciudad, y personas fervorosas compusieron con trozos de tela una bandera dominicana que izaron en el torreón de la fortaleza. 
Veintiún cañonazos de la nave argentina tributaron el homenaje a la enseña dominicana. La multitud se lanzó a las calles, y una gran manifestación se dirigió hasta la casa municipal ante la perplejidad de las autoridades gringas de ocupación que no se atrevieron a impedir el pronunciamiento popular. 
Uno de los improvisados oradores dijo: “Loor al presidente argentino Yrigoyen que nos ha hecho vivir siquiera dos horas de libertad dominicana”. 
Dos años después, dos delegados del Partido Nacional Dominicano llegaron a la Argentina a testimoniar al presidente Yrigoyen el reconocimiento del pueblo de su patria por su extraordinario gesto. Uno de los emisarios, el doctor Francisco Henríquez y Carvajal, relató el suceso mientras la emoción llenaba sus ojos de lágrimas. 
La campaña de los patriotas dominicanos para el retiro de las tropas norteamericanas tuvo una alta expresión en la asamblea del año 1921, que se dirigió al Presidente argentino en los siguientes términos: 

San Pedro de Macorís (Rep. Dominicana), marzo 15 de 1921

El Congreso de las Juntas Patrióticas instalado el 6 de marzo, envíale mensaje de gratitud dominicana y confía en que vuestro constante esfuerzo de apoyo a la causa de la República acelerará su éxito.

(firmado) Rolando Martínez, presidente.
 

 
Presidente Hipolito Yrigoyen 
 Crucero ARA "9 de Julio" 

Fuente

jueves, 12 de diciembre de 2013

SGM: Fotos a color de buques nipones

Fotos a color de buques de la Armada Imperial Japonesa


Impresionante vista desde proa de un acorazado de la clase YAMATO, se destacan en la imagen las moles de las torres de artillería de 18 pulgadas, cada una pesaba mas que cualquier destructor de la época  sobre ellas se observa una de las dos triples de 150 mm. obtenidas de los cruceros clase Mogami, en donde se las reemplazo por torres dobles de 8 pulgadas al ser convertidos estos en cruceros pesados, estas torres eran muy poco protegidas en comparación a todo lo otro que portaban estos acorazados. Es sumamente notable lo ondulada que es la cubierta de proa a popa, vean como el nivel de esta desciende desde proa (donde se toma la foto) hacia la primer torre y luego se eleva notablemente.
El crucero MOGAMI, aun como crucero ligero con 15 cañones de 150 mm.
Otra toma del MOGAMI, aun sin convertirse en crucero pesado, con su artilleria en torres triples de 150 mm. y sin el añadido de bulgues.
Aunque poco nítida esta foto muestra al crucero pesado TONE, navegando a toda velocidad y con sus ocho cañones de 8 pulgadas en alerta, según los dichos de los propios japoneses este y su gemelo el CHIKUMA, fueron sus mejores cruceros en varios aspectos.

El pecio del TONE , tocando fondo en la base de Kure, luego de ser atacado por una gran cantidad de aviones navales .

miércoles, 14 de agosto de 2013

Guerra Hispano-Norteamericana: El desastre de Santiago de Cuba (1898)

Comunicado del combate naval de Santiago que el almirante don Pascual Cervera cursó al general en jefe y al Ministro de Marina


Alte. Pascual Cervera


Excmo. e Ilmo. Sr.:

En cumplimiento de las órdenes de V.E.I., con la evidencia de lo que había de suceder y tantas veces había anunciado, salí de Santiago de Cuba con toda la Escuadra que fue de mi mando, en la mañana del día 3 del corriente mes de julio.

Las instrucciones dadas para la salida eran las siguientes: El «Infanta María Teresa», buque de mi insignia, había de salir el primero, siguiendo sucesivamente el «Vizcaya», «Colón», «Oquendo» y destructores. Todos los barcos tenían todas sus calderas encendidas y con presión.

Al salir el «Teresa» empezaría el combate con el enemigo que estuvieran más a propósito, y los que le seguían procurarían dirigirse al oeste a toda fuerza de máquinas, tomando la cabeza el «Vizcaya». Los cazatorpederos habían de mantenerse, si podían, fuera del fuego, espiar un momento oportuno para obrar, si se presentaba, y tratar de escapar con su mayor andar, si el combate nos era desfavorable.



Mapa de la batalla y derrotero de los buques

Los buques salieron del puerto con una precisión tan grande, que sorprendió a nuestros enemigos, quienes nos han hecho muchos y muy entusiastas cumplimientos sobre el particular. Tan pronto como salió el «Teresa» rompió el fuego a las 9 h. 35 m., sobre un acorazado que estaba próximo, pero dirigiéndose a toda fuerza de máquina sobre el «Brooklyn», que se encontraba al SO. y que nos interesaba tratar de poner en condiciones de que no pudiera utilizar su posterior andar. Los demás buques empeñaron el combate con los otros enemigos que acudían de los diversos puntos donde estaban apostados. La Escuadra enemiga constaba aquel día de los siguientes buques frente a Santiago de Cuba: «New York», insignia del Contraalmirante Sampson; «Brooklyn», insignia del comodoro Schley; «lowa», «Oregón», «Indiana», «Texas» y varios buques menores, o mejor dicho, transatlánticos y yates armados. Realizada la salida se tomó el rumbo mandado, y el combate se generalizó con la desventaja, no sólo del número sino del estado de nuestra artillería y municiones de 14 centímetros que conoce V.E.I. por el telegrama que le puse al quedar a sus órdenes. Para mí no era dudoso el éxito, por más que alguna vez creí que no sería tan rápida nuestra destrucción.


Crucero acorazado «Infanta María Teresa»

Al «Infanta María Teresa» un proyectil de los primeros le rompió un tubo de vapor auxiliar por el que se escapaba mucho, que nos hizo perder la velocidad con que se contaba; al mismo tiempo otro rompía un tubo de la red de contra incendios. El buque se defendía valientemente del nutrido y certero fuego del enemigo, y no tardó mucho en caer entre los heridos su valiente comandante, capitán de navío don Víctor M. Concas, que tuvo que retirarse y como las circunstancias no permitían perder un segundo, tomé por mí mismo el mando directo del buque esperando ocasión de que pudiera llamarse al segundo comandante, pero ésta no llegó, porque el combate arreciaba, los muertos y heridos caían sin cesar, y no había que pensar en otra cosa que en hacer fuego en tanto que se pudiera.

En tal situación, teníamos fuego en mi cámara, donde debieron hacer explosión algunos de los proyectiles que allí había para los cañones de 57 mm.; vinieron a participarme haberse prendido fuego al cangrejo de popa y caseta del puente de popa, al mismo tiempo que el incendio iniciado en mi cámara se corría al centro del buque con gran rapidez, y como no contábamos con agua, fue tomando cada vez más incremento siendo impotentes nosotros para atajarlo. Comprendí que el buque estaba perdido y pensé desde luego en donde lo vararía para perder menos vidas, pero continuando el combate en tanto fuera posible.

Desgraciadamente el fuego ganaba terreno con mucha rapidez y voracidad, por lo que envié uno de mis ayudantes con la orden de que se inundasen los pañoles de popa, encontrándose éste ser imposible penetrar en los callejones de las cámaras a causa del mucho humo y del vapor que salía por la escotilla de la máquina, donde también le fue absolutamente imposible penetrar, a causa de no permitir la respiración abrasadora de la atmósfera; por tanto fue necesario dirigirnos a una playita al 0. de Punta Cabrera, donde embarrancamos con la salida, al mismo tiempo que se nos paraba la máquina; era imposible subir municiones ni nada que exigiera ir bajo la cubierta acorazada, sobre todo a popa de las calderas, y en tal situación no había que pensar más que en salvar la parte que se pudiera de la tripulación, de cuya opinión fueron el segundo y tercer comandantes y los oficiales que se pudieron reunir, a los que consulté si creían que podía continuar el combate, contestando que no.

En tan penosa situación, habiendo empezado las explosiones parciales de los depósitos de las baterías, di orden de arriar la bandera e inundar todos los pañoles: la primera no pudo ejecutarse a causa del terrible incendio que había en la toldilla, habiéndose quemado al poco rato. Ya era tiempo: el fuego ganaba con mucha rapidez y apenas hubo el suficiente para abandonar el buque, cuando ya el fuego llegaba al puente, y eso ayudados por dos botes americanos que llegaron como tres cuartos de hora después de la embarrancada.

Entre los heridos están el teniente de navío don Antonio López Cerón y alférez de navío don Angel Carrasco, y faltan el capitán de Infantería de Marina don Higínio Rodríguez, al que creo mató un proyectil, el alférez de navío don Francisco Linares, el segundo médico don Julio Díaz del Río, el maquinista mayor de primera clase don Juan Montero y el de segunda don José Melgares, cuyo cadáver salió a la playa. El salvotaje se hizo tirándose al agua los que sabían nadar, intentando tres veces llevar una guía a tierra, lo que sólo se consiguió a última hora y ayudados por los dos botes americanos de que llevo hecha mención. Nosotros arriamos un bote que parecía bueno e inmediatamente se fue a pique, y se echó al agua un bote de vapor, que sólo pudo hacer un viaje, porque también se fue a pique por efecto de las averías que tenía, al intentar volver a bordo por segunda vez, quedando agarrados a él los tres o cuatro hombres que lo llevaban y que se salvaron unos a nado y otros los recogió un bote americano.

El comandante, ayudado por buenos nadadores, había ido a tierra; el segundo y tercero dirigían a bordo el embarco, y necesitándose dirección en tierra, cuando ya venían los botes americanos, yo me fui a nado, ayudado por dos cabos de mar llamados don Juan Llorca y Andrés Sequeiro y mi hijo ayudante, teniente de navío don Angel Cervera.


Concluido el desembarco de la gente, fui invitado por el oficial americano que mandaba los botes de seguirle a su buque, que era el yate armado «Gloucester», a donde fui acompañado de mi capitán de bandera herido, de mi hijo ayudante y del segundo del buque que fue el último que lo abandonó.

Durante este período, el aspecto del buque era imponente porque se sucedían las explosiones y estaba para aterrar a las almas mejor templadas.

Nada absolutamente creo que pueda salvarse del buque, y nosotros lo hemos perdido todo, llegando la inmensa mayoría absolutamente desnudos a la playa.

Pocos minutos después que el «Teresa» embarrancaba el «Oquendo» en una playa como a media legua al oeste de él, con un incendio parecido al suyo, y se perdieron de vista por el Oeste el «Vizcaya» y el «Colón», perseguidos por la escuadra enemiga. Según me ha manifestado el contador del «Oquendo», único oficial que está en el mismo buque que yo, la historia de este desgraciado buque y su heroica tripulación es la siguiente, que tal vez se rectifique algo, pero sólo en detalles, no en el fondo de los hechos:

El desigual y mortífero combate sostenido por este buque se hizo más desigual aún porque al poco tiempo de comenzado un proyectil enemigo entró en la torre de proa matando a todo el personal de ella, menos un artillero que quedó muy mal herido.

A la batería de 14 centímetros, barrida por el fuego enemigo desde el principio, sólo le quedaron dos cañones útiles, con los que continuó defendiéndose con una energía incomparable. También la torre de popa quedó sin su oficial comandante, muerto por un proyectil del enemigo que entró al abrir la puerta para poder respirar, porque se asfixiaban dentro. No conoce el Contador la historia de la batería de tiro rápido y sólo sabe que disparaba, seguramente, lo mismo que toda esta valiente tripulación. Hubo dos incendios: el primero, que se dominó, ocurrió en el sollado de proa, y el segundo, que se inició a popa, no se pudo dominar, porque ya no daban agua las bombas, quizá por las mismas causas que en el «Teresa».


Flota Americana previa al zarpado hacia Cuba (Filmación de Thomas Alba Edison)

USS Brooklyn


Los ascensores de municiones de 14 centímetros faltaron desde el principio, pero no faltaron municiones en la batería, mientras que pudo batirse, por los repuestos que, a prevención, se habían puesto en todos los buques. Cuando el valiente comandante del «Oquendo» vio que no podía dominar el incendio y no tenía ningún cañón en estado de servicio, fue cuando se decidió a embarrancar, mandando previamente disparar todos los torpedos, menos los de popa, por si se acercaba algún buque enemigo, hasta que llegado el último extremo mandó arriar la bandera, minutos después que el «Teresa» y previa consulta a aquellos oficiales que estaban presentes. Los comandantes segundo y tercero y tres tenientes de navío habían ya muerto. El salvamento de los supervivientes fue organizado por su comandante, que ha perdido la vida por salvar la de sus subordinados. Hicieron una balsa, arriaron dos lanchitas, únicas embarcaciones que les quedaban útiles, y últimamente fueron auxiliados por embarcaciones americanas, y según me dijo un insurrecto, a quien hablé en la playa, también les auxilió un bote que éstos tenían.

Sublime era el espectáculo que presentaban estos dos buques; las continuas explosiones que se sucedían sin cesar, no acobardaban a estos valientes, que han defendido sus buques hasta el punto de no haber podido ser hollados por la planta de ningún enemigo.

Cuando fui invitado por el oficial americano a seguirlo, según dije a V.E.I anteriormente, di instrucciones para el reembarco al tercer comandante don Juan Aznar, a quien no he vuelto a ver desde entonces. Al llegar al buque americano, que era el yate armado «Gloucester», encontré allí una veintena de heridos pertenecientes en su mayor parte a los cazatorpederos, los comandantes de éstos, tres oficiales del «Teresa», el Contador del «Oquendo» y nos reunimos entre todos hasta noventa y tres personas, pertenecientes a las dotaciones de la Escuadra.

El comandante y oficiales del yate nos recibieron con las mayores atenciones, esforzándose por atender a nuestras necesidades, que eran de todo género, porque llegamos absolutamente desnudos y hambrientos; me manifestó el comandante que como su buque era tan pequeño, no podía recibir aquella masa de gente, e iba a buscar un buque mayor que los embarcara. Los insurrectos, con quienes yo había hablado, me habían dicho que con ellos tenían unos 200 hombres entre los que había 5 ó 6 heridos, y me añadieron de parte de su jefe que si queríamos irnos con ellos les siguiéramos y nos auxiliarían con lo que ellos tenían, a lo que les contesté que dieran las gracias a su jefe y le dijeran que nosotros nos habíamos rendido a los americanos; pero que si tenían médico, les agradecería que curaran una porción de heridos que teníamos en la playa, algunos de ellos muy graves.

Al comandante del yate le comuniqué esta conversación con los insurrectos y le supliqué reclamara nuestra gente, lo que me prometió, enviando al efecto un destacamento con bandera. También envió algunos víveres de que tan necesitados estaban en la playa.

Seguimos después hacia el O. hasta encontrar el grueso de la Escuadra, de la que se destacó el crucero auxiliar «Paris», y nuestro yate siguió hasta frente a Cuba, donde recibió órdenes con arreglo a las que unos fuimos transbordados al «Iowa» y otros lo fueron a otros barcos.

Durante mi permanencia en el yate pedí a los comandantes de los cazatorpederos noticia de la suerte que les había cabido, teniendo el conocimiento de saber su triste fin.

De lo ocurrido al «Furor», puede V.E.I. enterarse detalladamente por la adjunta copia del parte de su comandante; en él encontró una muerte gloriosa el capitán de navío don Fernando Villaamil, y el número de bajas acredita cómo se ha conducido este pequeño buque cuyo comandante también fue herido levemente.

Cuando llegué al «Iowa», donde fui recibido con toda clase de honores y consideraciones, tuve el consuelo de ver en el portalón al bizarro comandante del «Vizcaya», que salió a recibirme con su espada ceñida porque el comandante del «Iowa» no quiso que se desprendiera de ella en testimonio de su brillante defensa. Adjunta es también copia del parte que me ha producido, por el cual vendrá V.E.I. en conocimiento de esta historia tan parecida a la de sus hermanos «Teresa» y «Oquendo», lo que prueba que los mismos defectos han producido las mismas desgracias, habiendo sido todo cuestión de tiempo.

En el «Iowa» estuve hasta las cuatro de la tarde, en que fui trasbordado al «San Luis», donde encontré al general segundo jefe y comandante del «Colón».

Cuando estando aún en el «Iowa» se incorporó el almirante Sampson, le pedí permiso para telegrafiar a V.E.I., haciéndolo en los Siguientes términos:


«En cumplimiento de las órdenes de V. E., salí ayer mañana de Cuba con toda la Escuadra, y después de un combate desigual contra fuerzas más que triples de las mías, toda mi Escuadra quedó destruida, incendiados y embarrancados el "Teresa", "Oquendo" y "Vizcaya"; el "Colón", según informes de los americanos, embarrancado y rendido; los cazatorpederos a pique. Ignoro aún las pérdidas de gente, pero seguramente sumen más de 600 muertos y muchos heridos, aunque no en tan grande proporción. Los vivos somos prisioneros de los americanos. La gente toda rayando a una altura que ha merecido los plácemes más entusiastas de los enemigos. Al comandante del "Vizcaya" le dejaron su espada. Estoy muy agradecido a la generosidad e hidalguía con que nos tratan. Entre los muertos está Villaamil y creo que Lazaga; entre los heridos, Concas y Eulate. Hemos perdido todo y necesitaré fondos. - Cervera. - 4 de junio de 1898.»
En cuyo, telegrama hay que rectificar la suerte del «Plutón», que no fue echado a pique, sino que, sin poderse sostener a flote, consiguió embarrancar como V.E.I. verá en el parte de su bizarro comandante.


Arriba: El acorazado Vizcaya previo a la batalla, en una visita de cortesía al puerto de New York. Abajo: Los restos del crucero acorazado "Vizcaya" fotografiados por W.H. Hearts 




Réstame decir a V.E.I., para completar los rasgos característicos de esta lúgubre jornada, que nuestros enemigos se han conducido y se conducen actualmente con nosotros con una hidalguía y delicadeza que no cabe más; no sólo nos han vestido como han podido, sino que han suprimido la mayor parte de los «hurras» por respeto a nuestra amargura; hemos sido y somos objeto de entusiastas felicitaciones por nuestra actuación, y todos, a porfía, se han esmerado en hacernos nuestro cautiverio lo más llevadero posible.

En resumen: la jornada del 3 ha sido un desastre horroroso, como yo había previsto; el número de muertos es, sin embargo, menor del que yo temía; la Patria ha sido defendida con honor y la satisfacción del deber cumplido dejan nuestras conciencias tranquilas, con sólo la amargura de lamentar lo pérdida de nuestros queridos compañeros y las desdichas de 1a Patria.

Foto del Infanta Teresa tomadas por Caspar F. Goodrich y Richmond P. Hobson momentos antes de subir al buque para inspeccionarlo

También acompaño a V.E.I. relación de los jefes, oficiales y guardias marinas muertos, heridos, contusionados y desaparecidos y otra de los heridos no oficiales que hay en este buque; la gran masa de heridos está a bordo del buque hospital, que es el vapor «Solace».

Como comprendo que V.E.I. tendrá dificultades para transmitir esta comunicación, me permito enviarle un traslado al Excmo. Sr. Ministro de Marina.

Dios guarde a V.E.I. muchos años.

En la mar, a bordo del «San Luis», 9 de julio de 1898.

Firmado: Pascual Cervera.


martes, 16 de julio de 2013

PGM: La armada imperial austro-húngara

Marina Imperial Austro-Húngara 

El total de navíos de guerra de la Marina Imperial y Real de Guerra (K.u.K Kriegsmarine) el 28 de Julio de 1.914 eran unos 56 (más 30 añadidos el resto de contienda), sin contar con las unidades más pequeñas como los torpederos y los buques auxiliares. Éstos eran: 

I-ACORAZADOS (Schlachtschiffe). 

-3 Acorazados Dreadnought : 3 de la Clase Tegetthoff o Viribus Unitis ; 
S.M.S. Viribus Unitis, S.M.S. Tegetthoff, y S.M.S. Prinz Eugen. Estaba por terminar el S.M.S. Szent István que se haría a la mar el 17 de Noviembre de 1.915. 



 
 -3 Semi-dreadnoughts: De la Clase Radetzky; S.M.S. Erzherzog Franz Ferdinand, S.M.S. Radetzky, y S.M.S. Zrinyi. 

 
 
 
-6 Pre-dreadnoughts: 
·3 De la Clase Erzherzog; S.M.S. Erzherzog Ferdinand Max, S.M.S. Erzherzog Friedrich, y S.M.S. Erzherzog Karl. 

 
 
 
 

·y 3 De la Clase Habsburg;S.M.S. Árpád, S.M.S. Babenberg, y S.M.S. Habsburg. 

 
 
 
-3 Acorazados de Defensa Costera (Küstenverteidiger) : 
·3 De la Clase Monarch; 
S.M.S. Monarch, S.M.S. Budapest, y S.M.S. Wien. 

-2 Acorazados tranformados en Barcos-Torre (Turmschiffe) o Baterías flotantes acorazadas : 
·2 De la Clase Kronprinz; 
S.M.S Kronprinz Rudolf, y S.M.S Kronprinzessin Stephanie. 

II-CRUCEROS ACORAZADOS (Panzerkreuzer). 
-3 Cruceros Acorazados : 3 de la Clase Sankt Georg; 
S.M.S. Sankt Georg, S.M.S. Kaiserin und Königin Maria Theresia, y S.M.S. Kaiser Karl VI. 

III-CRUCEROS (Kreuzer). 

-2 Cruceros Contratorpederos (Torpedorammkreuzer) : 
S.M.S. Kaiserin Elisabeth, S.M.S. Kaiser Franz Joseph I 

--2 Cruceros Torpederos (Torpedokreuzer) : 
S.M.S. Panther, y el S.M.S. Leopard. (Nota, hasta 1.906 estaba también el S.M.S. Tiger, pero dicho año se le transformó en el Yate del Almirantazgo S.M.S. Lacroma.) 

-3 Minicruceros Protegidos (Kleine Kreuzer) : 
S.M.S Zenta, S.M.S Aspern, y S.M.S Szigetvar. 

-4 Cruceros Rápidos (Rapidkreuzer) : 
·1 de la Clase Admiral Spaun; 
S.M.S. Admiral Spaun 

·3 de la Clase Novara (hechos a la mar durante la guerra); 
S.M.S. Helgoland (el 29-08-14), S.M.S Novara (el 10-01-15) y S.M.S.Saida (el 01-08-14).