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domingo, 23 de julio de 2017

Unión Soviética: Propaganda infantil en la entreguerra

La Propaganda Artística de la Literatura Infantil Soviética
En la década de 1920 en Rusia, los niños leían sobre remolacha azucarera, plantas hidroeléctricas y planes quinquenales.

Por Anika Burguess | Atlas Obscura


 Las páginas iniciales de ¿Qué estamos construyendo ?: Un libro con imágenes, un libro sobre la industria, la agricultura y los recursos naturales de Rusia, 1930.


"Tal vez ningún libro infantil del siglo XX borre las fronteras entre el arte y la propaganda de manera tan convincente" como la literatura infantil soviética temprana, dice Andrea Immel, curadora de la Cotsen Children's Library en la Universidad de Princeton. El Cotsen tiene cerca de 1.000 de estos libros, publicados entre 1917 y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. La colección demuestra cómo las nuevas ideologías soviéticas fueron comunicadas a la generación más joven, aunque la idea de adoctrinar a los niños con libros coloridos no fuera nueva.

"Si bien es tentador imaginar que la experiencia soviética no tuvo precedentes debido al derrocamiento del zar, es posible encontrar otros momentos históricos en los que los reformadores o radicales creían que la clave para un futuro mejor era proporcionar a los niños libros que comunicaran valores superiores" Dice Immel, citando a John Newbery, conocido como el Padre de la Literatura Infantil. "En la década de 1760, publicó a partir de la convicción de que la sociedad inglesa era corrupta y que una de las mejores maneras de cambiar la tendencia era educar a los niños de manera diferente".

Sin embargo, señala Immel, hubo una diferencia crucial. "Los soviéticos eran muy conscientes de la necesidad de saltar lo más rápido posible, creando al mismo tiempo una nueva raza de hombres", dice. "De modo que el tremendo poder de fuego artístico que podía ser aprovechado en la Unión Soviética de los años veinte hizo brillantemente el trabajo duro y poco glorioso de la agricultura o la electrificación heroica y patriótica".


80.000 caballos, una historia rimada sobre la central hidroeléctrica Volkhov, 1925.

El alejamiento de llenar libros infantiles con cuentos de hadas no fue un accidente. En su lugar, la literatura para niños se centró en las preocupaciones prácticas y la industria. El libro de 1930 Kak svekla sakharom stala (Cómo la remolacha se convirtió en azúcar) ilustra y describe el proceso de producción de azúcar: "El trabajo está sucediendo noche y día. En 80.000 loshadeĭ (80.000 caballos), la historia de la central hidroeléctrica Volkhov -la primera en Rusia y el nombre de Lenin- se cuenta en rima. Algunos de los libros incluso crearon el trabajo ellos mismos. El título 1930 Shimpanze i martyshka (chimpancé y Marmoset) proporciona instrucciones sobre cómo el lector puede hacer un mono de juguete.


Ilustraciones de cómo la remolacha se convirtió en azúcar, 1930.

Los lectores de estos libros no se limitaban a la Unión Soviética tampoco. Immel se correspondía con un escritor de Calcuta que recuerda con cariño los libros de la editora infantil soviética Raduga. En el archivo Immel descubrió Millionnyĭ Lenin, de Lev Zilov, en el que dos muchachos de la India participan en un levantamiento contra el Raj. Huyen del país y tienen una serie de aventuras que los llevan a la Unión Soviética. Allí, miran un desfile ante la tumba de Lenin y ponen ropa de abrigo (mientras conservan sus turbantes). "Nunca se me había ocurrido que los libros de Raduga hubieran sido traducidos a idiomas del sur de Asia o que el pueblo de Asia Meridional estuviera representado en los libros infantiles soviéticos", dice Immel.


Las páginas finales de The Millionth Lenin, que representan a dos niños de la India que se convierten en soviéticos, 1926.

También hay libros sobre logros gloriosos, como el vuelo sin escalas del piloto Georgiĭ Baĭdukov sobre el Polo Norte a mediados de la década de 1930. Pero para entonces, había habido un cambio político que cambió la manera que los libros de los niños miraron. A lo largo de la década de 1920, la estética de los libros fue diversa e incluyó la influencia de la vanguardia rusa, incluyendo el trabajo de escritores y artistas conocidos. En 1934, el Congreso Soviético de Escritores de toda la Unión declaró que el realismo socialista era el único estilo artístico aceptable. Con los años, algunos escritores y artistas escaparon al exilio. Otros no.


Mochin el heroísmo del pionero, una historia sobre un joven pionero que ayuda al ejército rojo, ilustrado por Vera Ermolaeva, 1931.

En 1931, la artista Vera Ermolaeva ilustró el libro Podvig pionera Mochina (Mochin el heroísmo del pionero). En la historia, un joven pionero -la respuesta más militarista de la Unión Soviética a los Boy Scouts- ayuda al Ejército Rojo en Tayikistán. Pero a finales de la década, Ermolaeva y el autor del libro, Aleksandr Ivanovich Vvedenskiĭ, fueron víctimas de una de las purgas de Stalin.

Los recuerdos de la literatura infantil soviética permanecen hoy. Immel relata la historia de un colega ruso que la visitó y descubrió algunos folletos de Raduga. "Sabía exactamente lo que eran, siendo viejos amigos de su infancia", dice. "Recogió la copia de Barmelai de Kornei Chukovsky, ilustrada por Mstislav Dobuzhinski, y comenzó a recitarla de memoria".

Atlas Obscura ahondó en las posesiones de la literatura soviética de los Cotsen para una selección de títulos para niños de los años 1920 y 1930.

miércoles, 12 de julio de 2017

SGM: La vida del soldado soviético desmitificada

Meridiano de sangre
Una nueva historia expone la agonía de la guerra de Rusia desde abajo hacia arriba

The Economist


¿QUÉ fue la segunda guerra mundial como para los soldados rusos? Esa simple pregunta tiene una respuesta compleja. Las cuentas oficiales soviéticas cubrieron la verdadera historia humana, política y militar de la guerra con una gruesa capa de mito pegajoso y auto-congratulatorio. Hay relatos de compañerismo y heroísmo en abundancia, pero poco que le diga a un lector de hoy en día lo que la guerra más grande en la historia era realmente como.

Catherine Merridale, una historiadora británica, ha elegido las cerraduras que mantuvieron escondida esta historia. A través del trabajo duro con archivos oficiales, diarios, cartas y entrevistas duramente ganadas con los veteranos, ella da vida a la guerra de los soldados: el caos y el pánico de la retirada antes de la embestida alemana, cuando hasta 3 millones de tropas soviéticas fueron hechos prisioneros; El brutal castigo de los desertores y sus familias; Los primeros días de la guerra, cuando la escasez de equipo, ropa y municiones fue acompañada por el implacable sloganeering y la intromisión política; La embriaguez épica y el mercadeo negro; Y las orgías de destrucción y crueldad de ambos lados.

La obtención de cuentas de primera mano de toda esta habilidad requerida y perseverancia. La "Gran Guerra Patriótica", como los rusos todavía la llaman, tiene un lugar tan sagrado en la mentalidad nacional que cualquier interrogatorio, particularmente por una joven extranjera, habría golpeado a mucha gente como indecente.

El resultado es una lectura esencial para cualquier persona que quiera entender la historia de la época, o la dependencia moderna de Rusia de ella. El libro anterior de la Sra. Merridale, "Noche de Piedra" (2000), fue un relato definitivo de la actitud rusa hacia la muerte y el sufrimiento que empapan su historia. Ahora su sensación por la naturaleza humana y su excelente conocimiento de la lengua y la cultura rusa, junto con su investigación entre fuentes rusas (y alemanas), han producido una consecuencia digna.

Mientras que otros historiadores se han centrado recientemente en los salazinos detalles de la vida en la parte superior de la Unión Soviética de Stalin, el enfoque de la Sra. Merridale es de abajo hacia arriba, junto con su propio análisis cuidadoso pero incisivo. Ella ilumina uno de los grandes rompecabezas: lo que los rusos realmente pensaron de Stalin. Incluso bajo el Terror, su personalidad y el patriotismo soviético se fusionaron para inspirar no sólo el miedo, sino el respeto, así como una especie de amor. La gente sobrevivió, escribe, "evolucionando para encajar en el marco de un estado monstruoso. Era mucho más fácil, aun para los que dudaban, unirse al colectivo y compartir el sueño que quedarse solo, condenado al aislamiento ya la amenaza de muerte ". Cuando comenzó la guerra, Stalin se retiró de la vista pública. Un soldado citado en el libro, Ivan Gorin, se rió cuando se le preguntó si los soldados realmente gritaban al unísono "Por la patria, por Stalin" (como dice el mito oficial) antes de ir a la batalla. "Estoy seguro de que gritamos algo cuando fuimos a las armas. Pero no creo que haya sido tan cortés.

Ms Merridale destaca la respuesta cada vez más salvaje de las autoridades cuando la derrota surgió después del ataque sorpresa de Hitler. La respuesta del Estado, escribe, "fue preparar una guerra contra su propio pueblo. Si no se comportaran como héroes épicos por su propia voluntad, entonces los cañones NKVD los obligarían a hacerlo ".

Eventualmente, eso cambió. Los comisarios políticos fueron reprimidos y el profesionalismo regresó. En un pasaje revelador, la Sra. Merridale describe la vuelta en 1942 del entrenamiento apropiado y del ethos militar al ejército. Drill reemplazó a "heroics de la tira cómica", escribe. "Ya no habría más saltos suicidas a las barricadas, ni más competiciones perturbadoras para ver qué unidad podía marchar más rápido o formar en la línea más recta". Las autoridades trajeron medallas e incluso charreteras de oficiales -que antes de la guerra habían sido Un símbolo odiado del privilegio zarista. Algunos soldados esperaban, en vano, que el siguiente paso fuera la abolición de las granjas colectivas.

A pesar de todos sus esfuerzos, algunos detalles de la vida en el Ejército Rojo son tan rememorados ahora como no se registraron entonces. Nadie anotó las canciones no oficiales, las bromas o la jerga, y los veteranos les resulta difícil desenterrarlos de los recuerdos cubiertos por décadas de pompa e invención oficiales. Ms Merridale tiene un poco más suerte en la plomería de las profundidades más oscuras-las violaciones, la destrucción y el saqueo que el Ejército Rojo cumplió, en primer lugar en los países vistos como haber colaborado con el Reich de Hitler, y luego en la propia Alemania. "La violación combinaba el deseo de vengarse con el impulso de destruir, aplastar los lujos alemanes y desperdiciar la riqueza de los fascistas. Castigó a las mujeres y reforzó la frágil masculinidad de los perpetradores ".

La suavidad de los recuerdos de muchos soldados, aunque eran vivos relatores cuando hablaban de la vida fuera de la guerra, parecía desconcertante. Ms Merridale vino a verlo como un secreto de su resistencia. "El camino hacia la supervivencia estaba en la aceptación estoica". Lamentablemente, eso permaneció cierto durante algún tiempo. Como ella señala, "la patria nunca fue conquistada, pero se había esclavizado".

domingo, 2 de julio de 2017

Guerra Antisubversiva: La historia que no quieren contar los peronistas



La historia que no nos quieren contar


Jorge Fernández Díaz lee un fragmento del libro “Los 70, una historia violenta” del periodista y escritor Marcelo Larraquy sobre la interna peronista en la década del 70.

martes, 13 de junio de 2017

Mierda cubana: Fidel entrega al Che en Bolivia

"Lo mandaron a morir a Bolivia": las revelaciones del militar que capturó al Che Guevara
Gary Prado Salmón aportó nuevos datos sobre las últimas horas del líder revolucionario durante aquel octubre de 1967 y aseguró que "Castro se libró de él"
Infobae



El general retirado boliviano Gary Prado Salmón, que en octubre de 1967 capturó a Ernesto Che Guevara, afirmó que la cúpula del partido comunista de Cuba mandó al guerrillero argentinocubano “a morir a Bolivia” porque ya no lo toleraba. (EFE)

El general retirado boliviano Gary Prado Salmón, que en octubre de 1967 capturó a Ernesto Che Guevara, afirmó que la cúpula del partido comunista de Cuba mandó al guerrillero argentinocubano "a morir a Bolivia" porque ya no lo toleraba.

En entrevista con Efe en la ciudad de Santa Cruz (este), Prado Salmón defendió esa tesis que estará en el prólogo de la reedición de su libro "La Guerrilla Inmolada", que analiza el fracaso de Guevara con el grupo guerrillero que comandó hace casi medio siglo.

 Era una guerrilla sin sentido y debilitada
"Después de tantos años lo que se ha desentrañado es que finalmente al Che lo mandaron a morir aquí. Se libraron de él. Esa es la realidad. (Fidel) Castro se libró de él. No tanto porque él quería, sino porque la cúpula del partido comunista cubano ya no lo toleraba por su carácter y su forma de ser impulsiva", dijo Prado.


Gary Prado Salmón muestra su libro (EFE)

Siendo capitán, Prado dirigió el 8 de octubre de 1967 la patrulla que en la quebrada del Churo, en el sureste boliviano, capturó herido al revolucionario y lo entregó a sus superiores, que al día siguiente definieron su ejecución en una choza que funcionaba como escuela en la villa vecina de La Higuera.

La cuarta edición del libro en Bolivia, desde 1987, analiza la experiencia guerrillera con el subtítulo "De Ñancahuazú a La Higuera, 50 años después" y será presentada en los próximos días.

 Se libraron de él. Esa es la realidad. Castro se libró de él
La hipótesis del abandono de Guevara por parte de Cuba y de sus diferencias con Castro sobre la relación con la URSS y el modelo soviético ha provocado siempre polémica y ha sido rechazada por la cúpula de La Habana y la familia del guerrillero argentinocubano.

Al contrario, Prado indicó que en su texto subraya la importancia para el destino de Guevara de que Fidel Castro hiciera pública la famosa carta de su despedida cuando el revolucionario se encontraba en el Congo, dirigiendo otro grupo de guerrilleros que fracasó de forma rotunda.

Según Prado, Castro hizo una "jugada maestra" porque con la publicación de esa carta, en la que el Che renuncia a sus responsabilidades con Cuba, le "cierra la puerta" a su retorno.

En ese sentido, el general recordó que uno de los combatientes de Guevara en Bolivia, Daniel Alarcón Ramírez, alias "Benigno", habló en su momento de una supuesta traición de Castro al Che.


Fidel Castro y Che Guevara

"Benigno decía que al Che le dio un ataque de furia cuando se enteró de la publicación de la carta porque esa carta era para el caso de que sea capturado o muerto", rememoró Prado, con la intención de salvar la responsabilidad oficial cubana en el Congo.

Tras un periplo por varios países, Guevara, según detalla Gary Prado, "regresó a Cuba de incógnito" para hablar con Castro y luego fue enviado a Bolivia, donde fue "abandonado".

"Eso lo pongo yo en contexto y, además, reforzado todo esto con esas semanas finales de la guerrilla, de abandono", agregó.



Según el militar, fueron días en los que hubo cuestionamientos por la conducción y la marcha de la columna sin un objetivo claro.

"Era una guerrilla sin sentido y debilitada", remachó Prado.

Una de las decisiones cuestionables de los guerrilleros fue la de dirigirse al pueblo de Vallegrande, a sabiendas, porque las emisoras de radio lo difundieron, de que allá estaba la VIII División del Ejército y que los Rangers bolivianos iban a entrar en operaciones.

"Por eso el libro lo llamé La Guerrilla Inmolada desde el principio. Lo mandaron al sacrificio", sostuvo.

Los Rangers, entre ellos Prado, fueron entrenados por los "Boinas Verdes" de Estados Unidos, que llegaron a Bolivia para preparar a los soldados en la lucha contra la guerrilla.

En otro elemento de su análisis, Prado asegura que uno de los hombres encargados de la red urbana con la guerrilla, Ariel, envía al Che Guevara al campamento guerrillero apenas llegado a La Paz en noviembre de 1966 y luego "desaparece" del escenario.

Para reforzar esa desconexión, Prado menciona que otro miembro de la red urbana, Humberto Vázquez Viaña, que fue uno de sus compañeros de colegio, le ratificó que el grupo "no tenía contacto con Cuba" y que nunca llegaron instrucciones para los cuadros urbanos.


El cuerpo de Che Guevara tras su ejecución a manos del suboficial Mario Terán

Según la teoría de Prado "esa salida de escena de Ariel es otra instrucción", que en teoría provino de Cuba.

Prado, que se encuentra en una silla de ruedas lisiado tras sufrir en 1981 un disparo accidental de otro oficial, asegura que el libro le ha dado grandes satisfacciones porque ha tenido una edición en Argentina, dos en España, otra en EE.UU. y una más en Italia.

Cerca de cumplirse el medio siglo de la ejecución de Guevara en La Higuera, el 9 de octubre de 1967 a manos del suboficial Mario Terán, Prado es buscado ahora por muchos periodistas para que desgrane la historia de la captura del revolucionario.

No obstante y pese a la relevancia mundial de la caída del combatiente en Bolivia, el militar concluye: "Hice en mi vida cosas más importantes que capturar al Che Guevara".

(Por Javier Aliaga, EFE)

domingo, 4 de junio de 2017

Mierda cubana: Cuba traiciona a los terroristas que entrenó

“En 1976 La Habana me dijo que había llegado a un acuerdo con la junta militar argentina para no denunciarnos en DDHH”
Así evoca el ex diplomático cubano Juan Antonio Blanco las instrucciones de su gobierno. Y agrega: “Un guerrillero me comentó que todos los que entrenaban en Cuba morían si ésta tenía buenas relaciones con sus países”

Por Claudia Peiró | Infobae
cpeiro@infobae.com

Esta verdadera "bomba" la arroja Juan Antonio Blanco Gil quien integró la delegación cubana ante Naciones Unidas como negociador y como analista y director del Departamento Político del Movimiento de Países No Alineados. El guerrillero al que se refiere era mexicano; pero Blanco Gil dice que, al oír este comentario, le vino "a la mente enseguida la contraofensiva de Firmenich y su grupo", es decir,de Montoneros en los años 1979 y 1980.

En concreto, en su calidad de diplomático y funcionario cubano, Blanco fue ejecutor y testigo de la que llama "la entente" entre la Unión Soviética, Cuba y la Junta militar argentina, de funestas consecuencias para los argentinos, pero que a los tres regímenes implicados les representó beneficios tanto políticos como materiales.

La complicidad del castrismo con la dictadura es un hecho conocido, aunque muchos prefieran, por motivos ideológicos, pretender que no existió; pero Blanco Gil va más allá, insinuando la posibilidad de una conspiración para exterminar a los mismos grupos que se decía alentar.

A mediados de los 90, frustrada la alternativa de una apertura democrática en su país, para la cual había trabajado activamente, Blanco Gil salió de Cuba. Residió en Canadá y luego Estados Unidos, donde dirige la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba. De paso por Buenos Aires, invitado por Cadal (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina), dialogó con Infobae sobre su experiencia como diplomático del régimen y luego como analista del mítico Departamento América, desde donde se ejecutaba la estrategia cubano soviética hacia el subcontinente.

— ¿Cuánto hubo de realidad y cuánto de mito en el respaldo de Cuba a las guerrillas en Latinoamérica en los 70?

— No hay mito, está documentado. Incluso hay un argentino, Juan Bautista Yofre, que obtuvo toda la documentación del servicio de inteligencia checo, y buena parte la publicó en un libro, sobre las operaciones de los servicios de inteligencia cubana, de traspaso de guerrilleros, de políticos, etcétera, vía Checoslovaquia, hacia América Latina. Era la ruta generalmente escogida.

— ¿En qué consistía ese respaldo?

— Cuba intentaba insertarse en todos los países y establecer una hegemonía ideológica, política. En ese sentido, no se dedicaba exclusivamente a los grupos de extrema izquierda; trataba de influir en el grupo socialdemócrata, en los social-cristianos, incluso en sectores de la derecha tradicional y empresarial. Cada uno recibía de Cuba algún tipo de oferta o de colaboración. Por ejemplo, en la época de la dictadura de Pinochet (1973-90), en Chile había partidos contrarios a usar la violencia contra el régimen. A esa gente no se la llevaba a un campo de entrenamiento de guerrilleros, pero se le ofrecía dinero, posibilidades logísticas, pasajes y viáticos para ir a Naciones Unidas y hacer lobby. Así, La Habana lograba gratitud de fuerzas muy diversas por su generosidad. En realidad, el gobierno cubano sabía cuáles serían sus socios más cercanos y a cuáles estaba tratando de cultivar para neutralizar eventualmente en un proceso político.

— Ahora bien, la Unión Soviética había renunciado a promover revoluciones en otros países y apostaba a la llamada coexistencia pacífica con Washington y, si bien había conflictos en terceros escenarios, estaba aceptado que América Latina era terreno de Estados Unidos. ¿Qué buscaba entonces Cuba?

— Es importante eso, porque casualmente Fidel Castro durante todo el tiempo, los años 70, en que se estaba produciendo esa distensión, se estaban firmando los acuerdos SALT para limitar el armamentismo, hizo todo lo posible por salirse del esquema. Para Henry Kissinger era muy importante que Cuba quedara incluida en su arquitectura internacional de distribución de política de poder pero La Habana era renuente. Los soviéticos presionaban para persuadir al gobierno cubano de que entrara en esa normalización. El resultado fue que finalmente comenzó una conversación con Kissinger y éste fue cediendo a lo que La Habana ponía como obstáculo, al punto que levantó el embargo a todas las sucursales norteamericanas en terceros países, incluida Argentina, de donde se compraron importantes cantidades de material de transporte público. Pero Fidel Castro no quería que se consolidara esa situación. Hizo varias cosas, la más liviana fue atizar en Naciones Unidas la campaña por la independencia de Puerto Rico, cosa que siempre producía gran irritación en Washington. Cuando eso falló, de pronto finalmente liberó a (Francisco) Caamaño para que desde Cuba entrara en República Dominicana con una fuerza expedicionaria que había estado entrenando desde el 64, 65, luego de la invasión norteamericana a ese país. Pero el grupo fue aniquilado (1973). Entonces, lanzó una expedición militar a Angola, con el ejército regular cubano, decenas de miles de hombres y pertrechos, y ya eso era demasiado, Washington no podía pasarlo por alto, se endureció la posición conservadora en USA e hizo más difícil la ratificación de los acuerdos SALT en el Congreso. Por lo tanto Fidel Castro no solamente logró salirse del esquema de distensión sino que radicalizó las posiciones de la URSS porque todo lo que ésta alcanzaba quedaba en entredicho.

— ¿Todo eso no lo hizo Fidel en connivencia con la Unión Soviética?

— Hubo distintas etapas. En los primeros 70, cuando, como usted dice, los partidos comunistas no estaban de acuerdo con la lucha armada, hubo bastante tensión, sobre todo en torno a la figura del Che Guevara. Entre el 75 y el 80 aproximadamente, no fue en connivencia con la Unión Soviética. Después de eso vuelve, en connivencia con Moscú, la idea de que hay que apoyar los movimientos de liberación en distintos países.      

— Con Argentina hubo una situación peculiar, distinta al resto de América Latina, porque Cuba mantuvo el vínculo con Montoneros y otras guerrillas y al mismo tiempo respaldó abiertamente al régimen de Videla desde 1976. ¿A qué se debió?

— A las relaciones de la Unión Soviética con el régimen militar argentino y Moscú incluyó a Cuba o en ese esquema para llegar a un acuerdo con la Junta. Yo en esa etapa, y hasta el 84, estaba en Nueva York como director del Departamento Político No Alineado, por lo tanto, tuve mucho que ver también con esta cuestión. Estando en Nueva York llegó una instrucción del gobierno cubano de que se había llegado a un acuerdo de caballeros con la junta militar argentina para que no nos denunciáramos recíprocamente en la Comisión de Naciones Unidas que trata los problemas humanitarios y de derechos humanos. Tres miembros de nuestra misión fuimos a una reunión con un diplomático argentino, para comunicar esta orientación de La Habana. Debo decirle, por salvar mi ética, que fue la única reunión que tuve con la representación argentina y me alegró mucho después saber que era un diplomático de carrera, se llamaba Raúl Ricardes. Me sorprendió que esa persona, que daba imagen de transparencia y decencia, estuviese representando a la Junta.

 Era desconcertante ver por un lado a los montoneros entrenándose y, por el otro, estos acuerdos de “caballeros” entre Cuba y la Junta Militar
— Sucede que muchos diplomáticos de carrera siguieron en funciones cuando vino el golpe…

— Claro. Volviendo al relato, se produce esta entente entre Cuba, Moscú y la junta militar argentina y le dan alrededor de 4 mil millones de dólares en créditos a La Habana que los aprovecha para comprar de la industria argentina y de las corporaciones norteamericanas todos esos automóviles y demás. Cuando regreso a La Habana, yo tenía un cierto hálito de ser una especie de gurú de la política estadounidense. Entonces la gente del Departamento América me pide que me entreviste con una montonera argentina, María Antonia Berger (*), a la que le interesaba la cuestión de Estados Unidos. Yo no le transmití la orientación que había escuchado en Nueva York, pero era desconcertante ver que, por una parte, estas personas, los montoneros, estaban entrenándose y, por otra parte, había estos acuerdos de "caballeros"; siempre me pregunté cuáles eran los caballeros porque no conocía a ninguno en esa junta.



Dos hijos de puta: Fidel Castro abraza a Hebe de Bonafini. Pero durante la dictadura, su apoyo fue clave para que la dictadura militar evitara la condena en la ONU y desmantelara ataques de terroristas argentinos entrenados por Cuba

— ¿Era cuando Montoneros estaba preparando su contraofensiva, en 1979/80?

— La contraofensiva en la que los están esperando. Esto me recuerda un comentario que me hizo un ex guerrillero mexicano, que había pasado por Cuba: "Tú sabes una cosa, me dijo, cuando ustedes tenían buenas relaciones con algún gobierno todos los que se iban a entrenar allá llegaban al país y morían. Todos los guerrilleros mexicanos que se entrenaron en Cuba están muertos. Ahora, los que fueron a entrenarse a Libia o a Corea del Norte están vivos." Y a mí me vino a la mente enseguida la contraofensiva de Firmenich su grupo. Esto es especulativo, pero me llamó la atención que un ex guerrillero hubiera llegado a la conclusión de que por las relaciones de La Habana con el PRI mexicano, Cuba hubiera tenido esa doble cara, de entrenarlos a ellos por una parte y después resultaba que cada vez que llegaban fracasaban. Y eso también pasó aquí.

— ¿Cree que los líderes montoneros eran conscientes de esa contradicción entre la Cuba solidaria con su movimiento y a la vez aliada de la dictadura?

— Honradamente no le sabría decir. Pero hay cosas que eran públicas, los créditos era públicos, la no condena (en la ONU) era evidente. Por ejemplo, en la Comisión de Derechos Humanos, yo me presentaba cuando se trataba de Pinochet, de la situación en El Salvador, pero me abstenía cuando era de la Argentina porque realmente me resultaba repugnante eso de tener que quedarse callado.

— O sea que en esa etapa Cuba y Argentina se encubrieron mutuamente…

— Sí, se abstenían o votaban en contra. Además, en Naciones Unidas, más importante que cómo uno vota es qué capacidad de influencia uno tiene. No era lo mismo que Cuba simplemente se abstuviese en el voto contra Argentina a que Cuba hablara con todos aquellos sobre los cuales podía influir para que hicieran lo mismo.

— Que era todo el Movimiento de Países No Alineados.

— Casi todos, muchos países.

— Usted estuvo después en el llamado "Departamento América", otra estructura mítica del aparato cubano. ¿De qué se trataba?

— El Departamento América nace en el año 75 cuando se hace el 1er Congreso formal del Partido Comunista. Se crea un Buró político, una Secretaría, etcétera, y dentro de ese engranaje había un Departamento de Relaciones Internacionales que se ocupaba de monitorear y orientar al Ministerio de Relaciones Exteriores en todo aquello que no fuera el hemisferio occidental; porque todo lo que tenía que ver con el hemisferio occidental era competencia del Departamento de América, desde Canadá hasta la Patagonia. El núcleo inicial de ese Departamento proviene de la inteligencia. El jefe del Departamento, Manuel Piñeiro Losada, conocido como Barbarroja, por el color de su barba precisamente, había sido jefe de inteligencia casi desde el inicio de la revolución [1959].

— Es decir que, aunque era una sección partidaria, actuaba más bien como un grupo de Inteligencia.

— Sí, tenía además una cultura de inteligencia porque todos provenían de ahi. Todas las habilidades -o mañas- que traían de la época de la inteligencia pues las ponían en práctica, pero ahora como funcionarios del Partido. Pero cuando a mí me invitan a formar parte del Departamento, en el 83, 84, es porque se ha creado un nuevo grupo, con personas que ya no provenimos de la inteligencia, sino de la universidad. Tres de nosotros éramos del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, los que hacíamos la revista Pensamiento crítico en los años 60. Nos convirtieron en analistas y, como en todas las instituciones donde conviven dos culturas, había tensiones entre los operativos y los académicos.

— Imagino que por mucho tiempo usted tendría críticas y reservas, pero ¿en qué momento rompe con el régimen?

— Como bien dice usted hubo una acumulación de cosas. Yo decidí salir del gobierno voluntariamente a fines del 91. Mi apuesta era por el reformismo, pensé que al caer la Unión Soviética era posible retomar el proyecto nacionalista y democratizar a la sociedad de paso. Fallé. Evidentemente fue un error.

 Seguridad del Estado me tocó la puerta de casa a medianoche y me dijo que yo estaba en contubernio con el enemigo
— Pero fue un error, o una esperanza, de muchísima gente en aquel momento.

— Para un analista fue terrible estar equivocado. Yo era parte de una iniciativa creada en Cuba y existe aún que se llama Centro Félix Varela. Y ahí, en 1995, se me acercó un enviado del gobierno de Noruega porque su país quería ensayar con Cuba el mismo experimento que habían hecho con la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) e Israel en las llamadas "Conversaciones de Oslo" [1993], que en aquel momento resultaron fructíferas, aunque después todo fue para atrás. Básicamente fueron a un fiordo por ahí, se metieron en un castillo y estuvieron conversando. Yo estuve de acuerdo con la idea e hice una serie de contactos. En Estados Unidos hablé con una hija de Rockefeller (Peggy) que tenía una institución llamada Synergos Institute. Porque yo propuse ver si el gobierno americano estaba dispuesto a mandar de forma no oficial, bajo paraguas de una ONG, al "fiordo". Si el gobierno de Cuba accedía, yo prestaba ONG y los encierran ahí, botan la llave, hasta que se pongan de acuerdo. Me puse en contacto con Richard Nuccio, asesor de Bill Clinton para Cuba y su respuesta fue: "Díganle a Juan Antonio que terrific, magnífico, estamos de acuerdo con la idea, que nos diga cómo proceder". En Cuba hablé con Ricardo Alarcón, que era el presidente de la Asamblea, la idea le parecía buena y entonces le escribí una carta a Roberto Robaina, el ministro de Relaciones Exteriores, para informarlo de todo. Eso fue en el verano (boreal) del 95, y un día de noviembre, después de que Fidel Castro había retornado de Nueva York [de la Asamblea de la ONU], Seguridad del Estado me tocó la puerta de casa a medianoche y me dijo, en la jerga policial que usan, que yo estaba en contubernio con el enemigo. Me sacaron de la cama medio dormido, no sabía de qué me estaban hablando, hasta que caí en la cuenta.  ¿Por qué no nos informó?, me preguntaban, nos enteramos por la vía operativa. Pero porque ustedes son policías, les dije, yo informé a Relaciones Exteriores. Al día siguiente, me llamó la persona encargada de las relaciones internacionales en el buró político y me ordenó desmantelar el canal de información. Y en febrero del año 96 Fidel Castro pulverizó con dos Migs las avionetas civiles y desarmadas de Hermanos al Rescate (**) cuya ruta él conocía de antemano porque tenía un topo en esa ONG al cual le ordenaron abortar su misión 24 horas antes y regresar a Cuba para no ser capturado.

— Fue un acto de guerra deliberado.

— Un deliberado acto de guerra que impedía el mensaje que me había mandado Richard Nuccio, me faltó ese detalle muy importante: "Díganle a Juan Antonio que no se preocupen por la Helms-Burton. –es decir, la ley del embargo- porque no tiene suficientes votos para pasar al Congreso y, si los tuviera, Clinton la va a vetar." Todo eso cambió por supuesto con el ataque de Fidel.

— O sea que Castro necesitaba el bloqueo y la enemistad con Estados Unidos para sostenerse internamente.

— Lo hizo con Kissinger, lo volvió a hacer en esta ocasión con Clinton. Lo grave es que en los años 95, 96, Cuba estaba en el llamado "período especial", había hambruna en todo el país y una epidemia de polineuritis por falta de vitaminas, y a mí me pareció que lo más canallesco, bajo y mezquino que podía hacer un jefe de Estado era, por su egoísmo de mandar el país de forma autoritaria, negarse a cualquier tipo de normalización de relaciones con Estados Unidos.

— ¿Existe la posibilidad de una apertura real en Cuba? Porque si bien hubo normalización diplomática con Estados Unidos, y pareciera haber una mínima apertura a la iniciativa privada económica, políticamente todo sigue muy cerrado.

— Todo sigue cerrado políticamente. Y económicamente. Hay aperturas que generan titulares de prensa pero no cambian la realidad. Por ejemplo, a fines del año pasado, un gran titular recorrió el mundo: "Cuba duplicará el año que viene todos los puntos wi-fi elevándolos a 200 no sé cuánto…" A ver, el condominio donde yo vivo (en Miami) tiene tres edificios de cuatro plantas cada uno, y cada planta tiene veinte pisos. Todos tenemos router, por lo tanto todos tenemos un punto de wi-fi. En mi condominio hay más puntos de wi-fi que todos los que va a tener la isla de Cuba con 11,5 millones de habitantes, el año que viene. Pero eso genera un titular, una expectativa, crea un estado de opinión.

— ¿Por qué es tan difícil perforar esa protección que el régimen cubano todavía tiene en buena parte de la opinión pública internacional? Hay un mito fundado hace 60 años y parece indestructible. Le estoy haciendo una pregunta muy difícil…

— No, es una pregunta muy legítima, muy válida y muy importante. Casi que todos trabajamos en eso, en poder dar una visión real, objetiva, de qué cosas nos han sucedido, de dónde viene éste proceso, a dónde va o a dónde puede ir, etcétera. Yo soy tremendamente escéptico de que vaya a ninguna parte con Raúl Castro. Como analista, evito los términos absolutos, "nunca ocurrirá" o "Imposible", siempre me remito a probabilidades, "menos probable", "más probable", "sumamente probable"… Aquí creo que el nivel de probabilidad de un cambio importante es bastante bajo.

 Han creado un mito adicional: que Raúl Castro dejará el poder a partir del año que viene
— Mientras esté Castro.

— Sí, pero ahí voy. Han creado un mito adicional: que Castro ya no va a estar a partir del año que viene. Que deja el poder porque ya no va a ser presidente del Consejo de Estado y de Ministros. Es una farsa, porque ya eso pasó. En Cuba hubo un presidente del Consejo de Estado y de Ministros durante más de una década que se llamaba Osvaldo Dorticós Torrado, y todo el mundo sabía que el poder lo tenía Fidel Castro. Lo llamaban "Presidente cuchara" porque ni pinchaba ni cortaba, no podía decidir nada. Entonces la idea es poner a una figura que diga alguna frase amable para tomar distancia y sobre todo porque hay una cláusula de la Helms-Burton, que dice que no se puede abordar el levantamiento del embargo mientras los Castro estén en el poder, entonces van a tratar de vender que lo abandonaron.


(*) Fue una de las 3 sobrevivientes a los fusilamientos de Trelew (tras la fuga de presos políticos del penal de Rawson), murió en la Contraofensiva montonera, en octubre de 1979.

(**) ONG que se dedicaba a rescatar a los cubanos que intentaban dejar la isla por mar

sábado, 27 de mayo de 2017

Guerra antisubversiva: Salen a luz los decretos antiterroristas secretos de Perón

El decreto secreto en el que Perón acusó a la "subversión armada" de atacar la democracia "pluripartidista" y ordenó enfrentarla
Fechado en abril de 1974 y desclasificado hoy por el gobierno junto a otro de Isabel Martínez, en él se habla de "conflicto grave" y se dispone elaborar un plan para "eliminar las acciones subversivas violentas y no violentas"

Por Claudia Peiró | Infobae



El decreto secreto por el cual Perón dispone un combate integral contra la subversión armada

"El Estado argentino enfrenta la subversión armada de grupos radicalizados que buscan la toma del poder para modificar el sistema de vida democrático pluripartidista. Firmado: Juan Perón".

En uno de sus últimos actos -murió el 1º de julio de 1974- el entonces Presidente de la Nación comunica la aprobación de "las Directivas para los Conflictos graves nº1 denominado 'Topo' y nº 2 denominado 'Yacaré'". El conflicto grave nº 1 es el que corresponde a la definición del párrafo anterior: el desafío que representaba para el Estado argentino el accionar armado de organizaciones que operaban en el país y que no habían depuesto las armas tras el fin de la dictadura de Lanusse (mayo de 1973).

El decreto secreto nº 1.302, que el actual gobierno ha decidido desclasificar, llevaba la firma de Perón y de su ministro de Defensa, Angel Federico Robledo, e iba destinado a los ministros del Gabinete nacional, al Secretario de Informaciones de Estado, a los Comandantes Generales, al Subsecretario de Planeamiento para la Defensa y al Jefe de Estado Mayor Conjunto.


Los dos decretos presidenciales secretos que el Gobierno dispuso desclasificar

Es un documento histórico de gran importancia porque revela la opinión que tenía el entonces Presidente sobre las organizaciones armadas y su intención de combatir a la subversión con la ley y de un modo integral, no puramente militar.

En el Anexo I del decreto (texto completo en PDF adjunto), titulado "Directiva para el Planeamiento correspondiente al conflicto grave nº 1 Topo", se fija el objetivo: "Eliminar las acciones subversivas violentas y no violentas, las causas que las provocan y consolidar espiritual y materialmente al régimen democrático como ámbito de realización integral del hombre".

La misión encomendada al "equipo interministerial coordinado por el Ministerio del Interior" -a cargo de Benito Llambí– fue la de "elaborar un Plan plurisectorial que prevea acciones sobre la violencia, sobre sus causas y que tienda a fortalecer los valores del sistema democrático".

 El decreto ratifica la opinión lapidaria que tenía Perón sobre los grupos que, a más de un año de reinstaurada la democracia, seguían perpetrando atentados violentos
Explícitamente se menciona a las carteras de Justicia, Economía, Bienestar Social, Cultura y Educación, Trabajo y Defensa como responsables de planificar "una estrategia nacional para superar el conflicto".

Este decreto ratifica la opinión lapidaria que tenía el Presidente de la Nación a esa altura de los acontecimientos sobre los grupos que, a más de un año de reinstaurada la democracia y la vigencia de la Constitución, seguían perpetrando atentados violentos.

El contexto histórico y político de este decreto

Luego del breve interregno camporista (del 11 de marzo al 13 de julio de 1973), se convocó nuevamente a elecciones, esta vez sin la proscripción de Perón, que el 23 de septiembre obtuvo el 62 por ciento de los votos y asumió la presidencia el 12 de octubre.


Perón junto a su esposa Isabel, una copera (escort) que encontró en un prostíbulo de Panamá. Asumió su tercera presidencia el 12 de octubre de 1973, tras ganar las elecciones con el 62 por ciento de los votos

Poco después, y luego de que en enero de 1974 el grupo armado trotskista PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo) asaltara el cuartel militar de Azul (provincia de Buenos Aires), Perón envió al Congreso un proyecto de reforma del Código Penal para endurecer las leyes contra las acciones insurgentes. Esto generó resistencia y críticas de un grupo de diputados ligados a Montoneros.

Perón los convocó a Olivos para reprenderlos, y en público, puesto que hizo transmitir la reunión por TV. Más adelante, el 1º de Mayo de 1974, rompería con Montoneros en la Plaza, por lo que este encuentro fue la antesala de lo que siguió. No obstante, y por cuerda separada, envió emisarios para tratar de disuadirlos de continuar la lucha armada, como lo han relatado varios testigos y protagonistas de la época (1). Una oportunidad que fue desaprovechada por la jefatura de la organización.

Un decreto que contradice el relato

Por mucho tiempo, y en especial al compás de la instalación del "relato" en los últimos años, los Montoneros, sus simpatizantes y sus herederos o continuadores por otros medios se dedicaron a dar una versión edulcorada del carácter y las finalidades de la organización: no habría sido una guerrilla que buscaba la toma del poder por el atajo de la lucha armada -los votos les eran muy esquivos como lo demostró el magro 5% obtenido por Montoneros con el sello Partido Peronista Auténtico en abril de 1975 en la elección provincial de Misiones-; tampoco habría sido un grupo insurrecto que quería instaurar alguna forma de dictadura socialista -inspirados en especial por el modelo cubano-, sino casi una organización de autodefensa frente a gobiernos de facto y que sólo buscaba la vuelta a la democracia.

 El decreto desmiente una versión benévola y edulcorada de los objetivos de la guerrilla
Es esa visión benévola la que este decreto desmiente. Para el tres veces Presidente constitucional de los argentinos, la subversión armada buscaba "la toma del poder para modificar el sistema de vida democrático pluripartidista". El Estado argentino debía defenderse.

José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT y uno de los más estrechos colaboradores  de Perón, había sido asesinado por Montoneros el 25 de septiembre de 1973; un hecho que llenó de dolor y rabia al Presidente y que, en opinión de su entorno, lo afectó al punto de acortarle la vida.



José Ignacio Rucci junto a sus hijos. El secretario general de la CGT, un hombre clave en el dispositivo de conducción de Perón, fue asesinado por Montoneros el 25 de septiembre de 1973

Ante los diputados que se negaban a votar sus reformas al Código Penal, Perón aludió a ese asesinato: "¿Nos vamos a dejar matar? Lo mataron al secretario general de la Confederación General del Trabajo, están asesinando alevosamente y nosotros con los brazos cruzados porque no tenemos una ley para reprimirlos".

En este ambiente ya caldeado, el ataque al Regimiento de Caballería Blindada de Azul por el ERP resultó una clara provocación y un desafío a la autoridad del Estado que el Presidente no podía dejar pasar.

 Aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal es una tarea que compete a todos (Perón)
"Hechos de esta naturaleza evidencian elocuentemente el grado de peligrosidad y audacia de los grupos terroristas que vienen operando en la provincia de Buenos Aires ante la evidente desaprensión de sus autoridades", dijo Perón al hablar esa misma noche en televisión, y en obvia referencia al gobierno camporista de Oscar Bidegain, que renunciaría como consecuencia de este comentario.

El Presidente eligió aparecer con su traje de teniente general para darle más fuerza al mensaje emitido aquel domingo 20 de enero a las 9 de la noche, al día siguiente del ataque guerrillero. "Aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal es una tarea que compete a todos", dijo.

Advertencias que fueron desoídas

Las reformas al Código Penal enviadas al Congreso incluían cambios en la figura de la asociación ilícita y un agravamiento de las penas para la tenencia de armas de guerra.

Los votos de los ocho diputados montoneros no eran necesarios para aprobarlas, por lo que cabe suponer que Perón los convocó con el fin de dar un mensaje de condena a la lucha armada, de advertencia, y también para darles una oportunidad. "Toda esta discusión debe hacerse en el bloque. Y cuando éste decida por votación lo que fuere, ésta debe ser palabra santa para todos (…); de lo contrario, se van del bloque. (…) Por perder un voto no nos vamos a poner tristes".



Perón y el encuentro con el líder de la oposición, Ricardo Balbín (UCR) en su intento de consolidar la reconciliación y unidad de los argentinos

Y agregó: "Con lo que acabamos de ver, que una banda de asaltantes invoca cuestiones ideológicas o políticas para cometer un crimen, ¿vamos a pensar que eso lo justifica? ¡No! Un crimen es un crimen, cualquiera sea el pensamiento o el sentimiento o la pasión que impulse al criminal".

Premonitoriamente, advirtió que había dos caminos para combatir la subversión: dentro o fuera de la ley. Y que el gobierno no quería ponerse al mismo nivel que los insurgentes optando por la segunda alternativa.

"Queremos seguir actuando dentro de la ley -fueron sus palabras- y para no salir de ella necesitamos que la ley sea tan fuerte como para impedir esos males. Ahora bien: si nosotros no tenemos en cuenta a la ley, en una semana se termina todo esto, porque formo una fuerza suficiente, lo voy a buscar a usted y lo mato, que es lo que hacen ellos. De esa manera, vamos a la ley de la selva (…). Necesitamos esa ley, porque la República está indefensa".

Lo que también revelan el decreto secreto y su Anexo es que Perón no pensaba limitar su estrategia a lo penal. El hecho de apelar a todo el gabinete, hablar de "causas" de la violencia y de "consolidar espiritual y materialmente al régimen democrático" demuestra que se proponía dar un combate integral y especialmente en el plano de las ideas. "El Plan Militar sólo será puesto en ejecución por orden expresa del Poder Ejecutivo", dice el punto 7.b del Anexo.

El plan que debía elaborar el gabinete sería "elevado al Poder Ejecutivo antes del 15 de agosto de 1974". La muerte de Perón sobrevino un mes y medio antes.

El decreto secreto 993/75 que firma Isabel Perón un año más tarde dispone, visto el resultado de las tareas desarrolladas por el Equipo de Planeamiento n°2, en cumplimiento de lo dispuesto [por] el decreto secreto 1302/74" [el de Perón], poner "en vigor la Directiva General de Planeamiento". Esta vez, la coordinación está en manos del Ministro de Defensa.



Impresentable: de la cama al poder. Isabel Perón firmó el decreto secreto 993/75, continuación del anterior 

Sucede que, aun después de los contactos con Perón en el 74, lejos de modificar su postura, la guerrilla acentuó la política que la llevaría a un mayor aislamiento y facilitaría su exterminio tras el derrocamiento de Isabel. El 24 de enero de 1974, los ocho diputados renunciaron a sus bancas y el 6 de septiembre de ese año Montoneros pasó a la clandestinidad; una estrategia que contribuyó a pavimentar el camino hacia la opción del combate "fuera de la ley", como Perón les había advertido.

Última revelación importante de estas desclasificaciones: la represión ilegal no puede de ninguna manera encontrar avales en estos decretos secretos.

Quienes condujeron y ejecutaron esa "guerra sucia" están rindiendo cuentas ante la justicia.

Los jefes guerrilleros responsables de haber contribuido sustantivamente a frustrar una ocasión histórica de reencuentro de los argentinos y de plena democracia, declarando la guerra a gobiernos constitucionales de grandes mayorías están a resguardo de toda persecución penal. Pero la historia no los absolverá.


(1) José Amorín en "Montoneros, la buena historia" y Carlos Chango Funes en "Perón y la guerra sucia", entre otros.

LOS DECRETOS SECRETOS DESCLASIFICADOS



lunes, 24 de abril de 2017

Biografía: Stalin y su negra mancha en la historia

Sangre en las vías
The Economist


Como sucede con el propio Stalin, es difícil recordar a veces que las personas monstruosas, despiadadas, aterrorizadas, aduladoras, deambulando, idealistas y engañadas a su alrededor fueran seres humanos. El libro de Simon Sebag Montefiore, basado en una síntesis completa de obras existentes, material de archivo y sus propias entrevistas con sobrevivientes y sus descendientes, proporciona un recordatorio ricamente detallado.

Su relato da un comienzo. Es mucho más fácil leer relatos horribles sobre el libertinaje de Beria o la paranoia de Stalin que las anécdotas sobre niños que andan a hurtadillas por las oficinas de sus padres en el Kremlin, o los hábitos puntillosos de Stalin en su correspondencia personal, sus extraños destellos de bondad y decencia o su extraordinario apetito Para los libros. Pero el libro del Sr. Sebag Montefiore es tanto más valioso para las sorpresas que presenta. Como señala el propio autor, la demonología no es un sustituto de la historia.

Lo que también jarras, a menos efecto, sin embargo, es cuando la prosa sin esfuerzo del autor se vuelve fácil. Un buen editor podría haber desaconsejado el uso excesivo de palabras como "pinguid", evitar el uso de apodos para los personajes principales, podar alguna repetición descuidada de los detalles y ordenar las transliteraciones rusas.

Los estudiosos todavía no están de acuerdo sobre si Stalin nació mal o si simplemente fue corrompido por el poder, y muchos siguen preguntándose qué podría haber hecho a continuación. El libro de Sebag Montefiore ofrece un argumento convincente que demuestra que las costumbres de Stalin, y mucho más, empeoraron a medida que creció. A pesar del terror que se usó contra el pueblo ruso, en la década de 1920 los tratos internos de la élite bolchevique eran todavía colegiales. Stalin era entonces el primero entre iguales, dominando a sus poderosos colegas por el encanto y la persuasión.

En la década de 1930, cuando el suministro de enemigos externos se secó, el régimen soviético volvió el terror hacia adentro, en círculos cada vez más apretados. Incluso en la cima, la intimidad dio paso al miedo. Durante unos años después del desastroso estallido de la guerra, Stalin retrocedió. Por toda su fiabilidad política, se dio cuenta, los compinches no podían ganar batallas de la manera que los generales podían. Los años de la posguerra trajeron cada vez más terror, y cada vez más la adulación, pero también una disminución física y mental que puso a sus subordinados pensando en lo que podría seguir.

Esto, como muchos otros capítulos de la narrativa racional de Sebag Montefiore, vale la pena un libro propio. Jonathan Brent, distinguido especialista estadounidense en archivos soviéticos, y Vladimir Naumov, uno de los mejores historiadores rusos modernos, ofrecen un relato sin parangón de uno de esos episodios: la famosa trama de los médicos de enero de 1953, en la que se entiende una vasta conspiración de médicos judíos Haber planeado asesinar a los líderes del Kremlin. En reacción, Rusia pareció vacilar durante un tiempo hacia su propia solución final.

Aunque los contornos de esta pieza de la historia son claros, los detalles son diabólicamente difíciles de precisar. Stalin era ciertamente antisemita por instinto. La fundación del estado de Israel le dio razón para dudar de la lealtad de los más celosos comunistas judíos. Y para 1953 necesitaba un nuevo enemigo, habiendo matado a tantos de los viejos. Los judíos de Rusia, comenzando con un grupo de médicos desafortunados, proporcionaron un objetivo tentador.

Pero también se inventó tanta, tan disfrazada. Stalin murió menos de dos meses después de que señaló dramáticamente a los doctores. Los autores han logrado, con una encomiable beca, trazar los orígenes de la llamada trama. Pero no pueden probar, como insistieron algunos eruditos conspiradores, que Stalin murió de causas que no eran naturales. Mientras tanto, en Rusia, todavía hay una nostalgia terrible para su gobierno.

sábado, 22 de abril de 2017

GCE: Kim Philby, el agente doble con misión de matar a Franco

El mejor agente doble solo falló una misión: asesinar a Franco
Enrique Bocanegra gana el premio Comillas de biografía con la primera investigación sobre Kim Philby en la Guerra Civil española

GUILLERMO ALTARES - El País



A la derecha de la imagen, Philby herido durante la Guerra Civil.

Kim Philby, un inglés de clase alta, estudiante de Cambridge, renunció a todo para convertirse en un agente soviético en los años treinta. Una de las primeras misiones que recibió fue viajar a España durante la Guerra Civil y, utilizando la tapadera de periodista en el bando fascista, asesinar a Franco. No se sabe por qué nunca llevó a cabo esta misión, ni siquiera si llegó a recibir la orden, sólo que Franco sobrevivió al conflicto y que Philby se convertiría en el mejor agente doble de todos los tiempos, también en el topo más dañino que haya tenido nunca el servicio secreto exterior británico, el MI6. El periodista Enrique Bocanegra (Sevilla, 1973) ha rastreado durante cuatro años todos los documentos posibles para tratar de seguir los pasos de este espía en España, un territorio que sus biógrafos apenas habían explorado hasta ahora. Su ensayo, titulado Un espía en la trinchera. Kim Philby en la Guerra Civil española, ha recibido el premio Comillas de historia y biografía, que otorga la editorial Tusquets, y saldrá a la venta este martes.


"No sabemos lo que pasó", explica Bocanegra en una cafetería madrileña cerca de la Academia de Cine, donde trabaja desde hace diez años como coordinador de actividades culturales. "Sabemos que a principios de marzo de 1937, el controlador de Philby en Londres recibió la orden de enviar a alguien a España para espiar en el bando nacional, sobre todo la actividad de los militares alemanes e italianos; pero también debía matar a Franco. ¿Tenía Philby la capacidad para cometer el magnicidio? No había recibido ningún entrenamiento militar, no sabía manejar un arma, además de toda la protección que rodeaba a Franco", prosigue. No se sabe si lo intentó y no pudo; si no se atrevió o si, como sospecha el autor, nunca llegó a recibir la orden. Es uno de los muchos puntos oscuros del paso de Philby por España.

Mientras que en Inglaterra pudo encontrar muchos documentos, recuperar todas las crónicas que publicó en The Times –no era una misión sencilla porque no estaban firmadas y los documentalistas del diario británico tuvieron que cotejarlas una a una con los cables originales que todavía conservaban–, en los archivos españoles no queda prácticamente ningún papel, solamente algún telegrama. Otro misterio, porque Philby llegó a ser un periodista muy conocido, enviado de uno de los diarios más influyentes del mundo en ese momento, The Times, y, lo que es todavía más importante, fue condecorado por Franco. "¿Se quemaron en los años sesenta cuando se descubrió que Philby trabajaba para los soviéticos?", se pregunta el historiador.

Philby llegó a España en febrero de 1937, después de que en ocho meses de guerra The Times hubiese tenido cuatro corresponsales diferentes, que acabaron enfrentándose a los jefes de prensa del bando franquista. Como en la vida de todo espía, una serie de golpes de suerte le permitieron cumplir su misión. Por un lado, gracias a los contactos de su padre, un aventurero, diplomático y escritor llamado St John Philby, logró que el diario conservador británico le fichase –luego quedó muy contento con su cobertura–. Otro golpe de suerte evitó que le pillasen el papel donde escondía los códigos durante un registro y un tercero le convirtió en el único superviviente del impacto de un obús contra el coche en el que viajaba con otros tres colegas en Caudé, en el frente de Teruel. La propaganda fascista utilizó la muerte de los periodistas extranjeros y convirtió a Philby en un héroe, que fue recibido y condecorado por Franco. Eso le permitió moverse con toda la libertad posible –que tampoco era mucha– dentro de las filas de los golpistas.

Bocanegra contó con la ayuda de dos biógrafos de Philby, dos clásicos del periodismo británico, Patrick Seale y Phillip Knightley. Ambos fallecieron mientras estaba escribiendo el libro. Los dos, relata, fueron muy generosos con su tiempo, con sus conocimientos, pero también con sus documentos. En el caso de Seale, que fue amigo de Philby cuando ambos se encontraban en Beirut, mientras estaba entrevistándole en su casa de Londres, le confesó al autor que estaba muy enfermo. "Me dijo que tenía que ir al hospital y me dejó solo en su casa con una maleta en la que ponía Philby y que contenía numerosos documentos sobre él. Allí me quedé todo el día, fotografiando papeles como había hecho el espía tantas veces durante su vida".

El libro no sólo sigue los pasos de Philby durante la Guerra Civil, sino que traza un retrato del espionaje comunista en los años treinta cuando agentes de Stalin como Alexander Orlov trataban de extender, sin piedad, la dominación soviética sobre el bando republicano. Al final, ellos mismos se encontraron amenazados por las mismas purgas que habían ayudado a desatar. Sin embargo, nada de eso, ni siquiera el pacto entre la Alemania nazi y la URSS, hicieron que Philby rompiese su compromiso con el comunismo. España fue solo el principio.

EL ÚLTIMO VIAJE
"Normalmente los agentes dobles aguantan cinco años, diez como mucho. Él sobrevivió 30", explica Enrique Bocanegra sobre la extraordinaria carrera en el espionaje de Kim Philby (1912-1988). Como no podía ser de otra forma con alguien que basó toda su existencia en la mentira y el engaño, los misterios en torno a su vida son todavía numerosos, pese a que se han escrito muchos libros sobre él, entre ellos el excelente Un espía entre amigos (Crítica), de Ben Macintyre. Philby formó parte del círculo de Cambridge, un grupo de jóvenes que, por idealismo, decidieron espiar para Moscú. Fue el más hábil de todos ellos, el último en ser descubierto, que logró esquivar a los interrogadores del MI6 cuando todo indicaba que era un traidor y escabullirse finalmente a la URSS.
Cuando fue despedido del servicio secreto británico, en 1951, por las sospechas que pesaban sobre él tras la fuga de dos de sus colegas de Cambridge, Guy Burgess y Donald MacLean. Quedó libre porque Londres no encontró pruebas de que era un agente doble y entonces, en mayo de 1952, realizó un viaje de mes a España que sigue siendo un misterio. "¿Con quién mantuvo contactos? ¿Dónde se alojó? ¿Qué lugares visitó? ¿Por qué alguien en su situación, sin trabajo, sin dinero, sospechoso de ser un comunista, viajó a la España de Franco, el país más pobre y atrasado de Europa? ¿Fue una operación de inteligencia?". Otro misterio dentro de un enigma.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Terrorismo: Montoneros reclutaba niños de 13 años

Montoneros me reclutó a los 13 años. Yo también soy una víctima
Marcelo Vagni - Infobae



Un adolescente Marcelo Vagni

Fui invitado, hace unos días, al programa Intratables para intentar participar de un debate sobre los años 70. Pretendía aportar al mismo desde mi experiencia personal, por haber sido secuestrado en 1977, a los 15 años, por mi militancia secundaria (primero dentro de la UES, Montoneros, y luego en la Juventud Guevarista, expresión juvenil del PRT-ERP). Por otra parte, durante treinta años, entre 1984 y 2014 inclusive, he sido convocado en numerosas oportunidades por la Justicia para declarar en calidad de testigo en varias causas por delitos de lesa humanidad desde mi vivencia personal de ex desaparecido y ex preso político.

Digo bien, "intentar participar de un debate", porque mi intención y la de la producción del programa de TV quedaron sólo en eso, en un deseo, un intento. Sucede que, mientras hablaba, fui interrumpido agresivamente y descalificado por Miguel Bonasso, también presente en el estudio. "Contanos para quién trabajás…", inquirió primero. "Con vigilantes no discuto", me acusó luego en el aire.

Hasta esas interrupciones sólo había alcanzado a decir que, visto a la distancia y con la serenidad que permiten los años, sentía que mi reclutamiento a los 13 años de edad, las actividades que se me ordenaba llevar a cabo (a mí como a tantos jóvenes de mi edad), la actitud que se me convenció debía adoptar a partir del golpe de Estado de marzo de 1976 ("Se impone al pueblo argentino…afrontar con heroísmo los sacrificios necesarios y librar…la victoriosa guerra revolucionaria de nuestra segunda y definitiva Independencia", El Combatiente, 31 de marzo de 1976), nos puso tanto a mí como a muchos más en una situación de riesgo de vida de la que sólo tomé conciencia dentro de un calabozo oscuro, orinado, muy lastimado, seguro de que iba a morir, y pensando en mi mamá y mi papá antes que en la guerra revolucionaria.

Dije textualmente en el programa: "Soy una víctima de la represión militar pero antes de eso fui una víctima de la guerrilla que me reclutó a los 13 años, para convertirme a los 14 en un miliciano de la guerra revolucionaria".

Respecto de aquella historia trágica de los años 70, estoy convencido de otra cosa: que a los efectos de nuestros objetivos y planes (los de la guerrilla) no importaba que estuviésemos viviendo en democracia, bajo un gobierno que -pese a sus características por todos conocidas-, había sido elegido por una enorme mayoría en 1973. Tanto la organización de la que yo participaba como la organización Montoneros (de la que Bonasso era un importante dirigente, un "jefe") llevamos adelante acciones contra los gobiernos de Perón e Isabel, desconociendo la voluntad popular y asumiendo que esa voluntad la expresábamos nosotros mismos, como "vanguardia lúcida", como "destacamento de avanzada". No nos preparaban entonces para las próximas elecciones. Nos preparaban para los próximos combates revolucionarios.

Por eso la interrupción con gritos e insultos de Bonasso la interpreté claramente como un: "No cuentes, no digas nada, nadie se tiene que enterar de eso".

Tal actitud sólo confirma mi idea de que se pretende manipular esa porción de nuestra historia contando lo que no pasó. Y no contando lo que efectivamente sucedió. Yo había llegado a Intratables por propia voluntad, a expresar mi rechazo a un proyecto de ley que impulsa la diputada Nilda Garré, que busca poner una mordaza legal a un debate que viene siendo contado de manera falsa y tendenciosa. Para hablar en contra de este intento de imponer una mentira de prepo. Una cosa que, por la dinámica del programa y debido a la interrupción de Bonasso, ni siquiera llegué a esbozar.

Bonasso, visiblemente enojado, expresó que mi discurso reavivaba la teoría de los dos demonios. Ni siquiera conozco en profundidad esa teoría. Ni intento emparentar nada con nada. Sí acuerdo con denominar "demoníaca" -si se quiere- a la salvaje e ilegal represión que viví al igual que miles de argentinos (aunque no todos, ya que hubo excepciones, como Firmenich y Bonasso por ejemplo).

Pero yo no estoy hablando de la dictadura. Estoy hablando de nuestro accionar -del entonces adulto Bonasso y del mío propio, que era casi un niño- en los años previos al Golpe de Estado. ¿Qué palabra podríamos encontrar para denominar ese accionar, con su secuela de muertos y el enorme daño que le provocó al país? ¿Si no fue "demoníaco", qué fue? ¿Angelical? ¿Justo? ¿Necesario?

Conmigo no, Bonasso. Simplemente porque yo estoy hablando de mi experiencia personal: yo la viví. Vos también la viviste: fuiste uno de los jefes de una organización que no dejó gobernar a Perón, que lo atacó sistemáticamente, y sólo porque pensaban que el proyecto que debía imponerse en la Argentina no era el de Perón (que acababa de ganar las elecciones con más del 60% de los votos) sino el de ustedes. Por eso le advirtieron que no iban a dejarlo gobernar y asesinaron a Rucci sólo dos días después de su triunfo electoral. Y lo siguieron enfrentando hasta que los echó. Y pasaron a la clandestinidad en plena democracia e intensificaron el accionar armado.

En aquellos años, sólo algunos, como usted Bonasso, tuvieron la ventaja de la clandestinidad y acceso a mecanismos para eludir o enfrentar la represión. Los miles de jóvenes que creían en ustedes, en las facultades, en las escuelas, en las fábricas y en los barrios, tuvieron que seguir ocupando sus lugares, "escrachados" y "quemados", claramente identificados por la represión. Una mayoría de nosotros siguió haciéndolo, valiente o inconsciente del riesgo, hasta que la Triple A o la dictadura los secuestró y los asesinó.

Conmigo no, Bonasso. Hubiera sido más digno que me interrumpieras para reconocer aquellos tremendos errores, o para contarles a los jóvenes de hoy que hay que vivir en democracia y cuidar de ella, y que te equivocaste cuando la atacaste. Hubiera sido genial que dijeras que para imponer ideas hay que convencer a los demás, no asesinarlos ni secuestrarlos. Y decirles a los peronistas que cuando Perón ya no enfrentaba ni al Almirante Rojas, ni a Aramburu, ni a Lanusse… aparecieron ustedes –los jóvenes de vanguardia- y se constituyeron en su principal enemigo en sus últimos años.

Aquellos últimos años en los que justamente Perón se abrazaba con Balbín y nos decía que "para un argentino no debe haber nada mejor que otro argentino".

Me vi obligado a responderte de este modo Miguel Bonasso, por escrito, porque durante el programa no me dejaste hablar ni decir estas cosas. Vos tenés una enorme posibilidad de contribuir a la verdad histórica no ocultando datos, no falseando hechos, sin engañar a las nuevas generaciones, que tienen derecho a saber qué sucedió realmente en la Argentina de aquellos años. Y, además, pidiendo perdón por todo el daño y sufrimiento causados.

lunes, 20 de febrero de 2017

Guerra antisubversiva: Mantener la memoria del terrorismo comunista

Por qué es necesario seguir hablando del accionar guerrillero de los 70
Una sociedad que alberga infinitas fabulaciones sobre su pasado nunca podrá calmar los odios y encontrar la madurez que necesita para encarar el presente. 
Por Julio Bárbaro | Infobae
Politólogo y Escritor. Fue diputado nacional, secretario de Cultura e interventor del Comfer.


Montoneros esperan el regreso de Perón en Ezeiza

Somos una sociedad que alberga limitadas visiones del presente pero infinitas fabulaciones sobre el pasado. No es cuestión de buscar coincidencias en el ayer, sería absurdo y carente de sentido. Al menos de intentar calmar los odios y resentimientos que arrastramos para encontrar la madurez de hoy. Hace años escribí un libro que titulé "Juicio a los setenta", tuvo escasa repercusión como todo aquello que busca ocupar el espacio de la cordura en una sociedad donde los bandos suelen terminar imponiéndose. Soy un protagonista privilegiado de aquellos tiempos, aunque por supuesto eso no sirve de mucho para valorar mis conclusiones.

Suelo insistir en que a Perón lo derrocan acusado de autoritario, esos mismos derrocan luego a Frondizi y a Illia, y con Onganía asumen su sueño de una dictadura definitiva. Copian al Franco de España, no al De Gaulle de Francia. Destruyen la universidad, que en ese entonces era conducida por los humanistas, un progresismo de origen cristiano digno de ser reivindicado. Formé parte de la conducción de ese grupo, y vimos de pronto como la violencia del Estado engendraba la de los estudiantes, la confrontación como fenómeno masivo nace en ese momento. Luego viajarán a Cuba, a China y a otros lugares decenas de estudiantes a formarse para la guerra de guerrillas.

El peronismo ni existía en la universidad, solo un pequeño grupo en filosofía. La división era entre marxistas de la FUA y socialcristianos del Humanismo. Años más tarde, con el asesinato de Aramburu, los montoneros, de origen católico, se van a acercar a Perón, y el General, antes de su retorno, les otorga una enorme cuota de poder en el último intento de que la democracia impida la confrontación armada. Fue ahí donde los llama "juventud maravillosa" y le otorga un lugar protagónico a Rodolfo Galimberti, con quien me cansé de discutir con él: ellos nunca dejaron de pensar que Perón no entendía que la violencia era la única salida.

Pero no nos engañemos, los golpes de Estado engendraron semejante violencia, Perón solo intenta integrarlos al gobierno, y los termina expulsando en aquel "qué quieren esos imberbes", después que ellos asesinan a Rucci para romper definitivamente con Perón y la democracia.

Tuve diálogos y debates con los guerrilleros que abarcan una buena parte de mi vida. Me hice responsable del velatorio de los asesinados en Trelew y pasé días en aquella cárcel dialogando con los presos que nunca imaginaron que los íbamos a poder liberar. Y acompañé los dos primeros aviones donde los trajimos de Trelew a esta capital, participé y discutí, siempre estuve en contra de sus sueños de tomar el poder por las armas, nunca dejó de parecerme ridículo.

Insisto en reivindicar el ejemplo de los Tupamaros, ellos hicieron su autocritica y son parte del gobierno y responsables de la pacificación de su país. Ellos supieron transformar sus errores en sabiduría; nosotros soportamos todavía algún resentido que niega sus errores, pero casi ninguno que los haya vuelto enseñanza y coherencia para que esos sueños de justicia social se conviertan al menos en ejemplo de vida.

Como diputado nacional, en aquella débil democracia descubrimos de pronto que la guerrilla había decidido volver a matar. Recuerdo los debates con el ERP que nunca había dejado sus armas, que no asesinaba sindicalistas aunque fueran burócratas pero que albergaba su sueño de enfrentar al ejército con sus formaciones. Los del ERP nunca se acercaron a la política, ellos solo tenían fe en la violencia, en las armas. Hablé y mucho con ellos, siempre me quedaba la amarga sensación de que marchaban consientes al suicidio. Y al no acercarse al peronismo no tuvieron vigencia en su memoria.

A los montoneros Perón les dio poder en la democracia y se cansó de explicarles que una guerrilla nunca podía derrotar a un ejército regular. De pronto comenzaron a explicarnos que necesitaban el golpe de Estado para desarrollar sus fuerzas militares, que el pueblo los iba a acompañar. Ya arrastraban un error garrafal al pensar que ellos permitieron el retorno de Perón, sobre ese error se forjó Ezeiza y toda la confrontación. Aquella reiterada tesis que expresaban como un mantra, "cuanto peor mejor", aquella muletilla ideológica de "agudizar la contradicción". Mantuve un dialogo con ellos hasta el Mundial del 78, hasta que luego me secuestran los militares para exigirme datos que nunca tuve.

La dictadura y el peronismo fueron las dos fuerzas que confrontaron, la dictadura expresaba al poder económico y el peronismo se fue convirtiendo en la vanguardia de la democracia. La guerrilla fue importante, pero no como para considerarse la causa del retorno de Perón. La dictadura se había agotado en sí misma, la guerrilla solo tenía como salida incorporarse a la democracia. Y Montoneros tuvo vigencia por su relación con el peronismo, y Perón los convoca en la lógica de que sean parte de la democracia. Aquel abrazo con Balbín es hoy necesario para heredar lo mejor de aquella coyuntura. Luego, si los demonios fueron dos o uno solo carece de trascendencia. El acierto fue la convocatoria a la unidad nacional en democracia y el error fue la violencia de las minorías. La violencia del Estado es nefasta, pero eso no hace que en democracia la violencia de la guerrilla no merezca ser condenada.

lunes, 6 de febrero de 2017

Guerra Antisubversiva: Videla confesó que hubo plan respaldado por el peronismo

Cuando Videla confesó el plan de la Dictadura y lo vinculó al gobierno peronista de Isabelita
En las entrevistas para mi libro “Disposición final” y al admitir un plan sistemático de represión ilegal, el ex dictador aseguró que Ítalo Luder le pidió una solución para luchar contra las guerrillas
Por Ceferino Reato - Infobae



Jorge Rafael Videla durante su jura como presidente de facto.

Más allá de la sentencia de los jueces que condenaron a los jefes militares en 1985, fue el propio general Jorge Rafael Videla quien admitió un año antes de morir que hubo un plan sistemático para capturar y "eliminar a un conjunto grande de personas que no podían ser llevadas a la justicia ni tampoco fusiladas".

"No había otra solución; (en la cúpula militar) estábamos de acuerdo en que era el precio a pagar para ganar la guerra contra la subversión y necesitábamos que no fuera evidente para que la sociedad no se diera cuenta", me dijo Videla en una de las entrevistas que derivaron, junto con otros testimonios, en mi libro "Disposición Final".

"Por eso, para no provocar protestas dentro y fuera del país, sobre la marcha se llegó a la decisión de que esa gente desapareciera. Cada desaparición puede ser entendida ciertamente como el enmascaramiento, el disimulo, de una muerte".

Incluso, el nombre del libro alude a la manera cómo los jefes militares se referían al método para eliminar a "las siete mil u ocho mil personas que debían morir para ganar la guerra contra la subversión".

"Esa frase 'Solución Final' nunca se usó. 'Disposición Final' fue una frase más utilizada: son dos palabras muy militares y significan sacar de servicio una cosa por inservible", señaló Videla.

En las entrevistas, el ex dictador explica en detalle cómo era ese plan sistemático y cómo fue que llegaron a la conclusión que tenían que hacer desaparecer los cuerpos de esas miles de personas.

Incluso, vincula ese plan con la orden que jura haber recibido en la reunión de gabinete del 24 de septiembre de 1975, cuando él ya era el jefe del Ejército y el senador Ítalo Luder se desempeñaba como presidente interino debido a la licencia por enfermedad de la presidenta Isabel Perón.

 “No había otra solución, dijo Videla al admitir el plan sistemático de la cúpula militar para eliminar personas
En esa reunión de gabinete, a pedido de Luder y seis meses antes del golpe de Estado, Videla expuso cuatro alternativas para luchar contra las guerrillas, donde "la diferencia esencial consistía en la graduación que se establecía en la centralización del comando y de la toma de decisiones".

Videla asegura que Luder eligió la alternativa más dura contra las guerrillas, el "Curso de Acción Número 4, que implicaba un despliegue amplio y simultáneo de las Fuerzas Armadas, de Seguridad y policiales para detectar la presencia de un enemigo mimético que se escondía en el ambiente y aniquilarlo. Con un súmmun de libertad de acción para esas fuerzas desplegadas en todo el territorio". Como contrapartida, "a lo sumo en un año y medio el terrorismo estaría, cuanto menos, controlado".


María Estela Martínez de Perón (Getty Images)

Luder, que también está muerto, siempre negó que esa decisión implicara una ruptura del estado de derecho y un aval a las violaciones a los derechos humanos. La sentencia contra los comandantes, en 1985, avaló su interpretación.

Al mes siguiente, en octubre de 1975, el gobierno delegó por decreto en las Fuerzas Armadas la lucha contra las guerrillas —en la práctica, sin el control de un gobierno que, a esa altura, estaba muy debilitado— y el país fue dividido en cinco zonas, cada una a cargo de un comandante.

En una de las entrevistas que le hice, Videla sostuvo que, "siguiendo con el cronograma que le habíamos prometido al presidente Luder, a fines de 1977 la guerra estaba controlada; no derrotada, pero era cuestión de tiempo. Para el Mundial (1978), la guerra estaba prácticamente terminada".

Videla sostuvo que los militares llegaron al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 sin saber bien cómo eliminar a ese "conjunto grande de personas" que era "irrecuperable". La mayoría de esas personas estaban siendo capturadas o lo serían en los próximos meses.

Tanto fue así que en los primeros meses de la Dictadura algunos jefes militares organizaron fusilamientos durante traslados de presos y los disfrazaron como intentos de fuga. Pero, pronto los desecharon porque despertaban lógicas sospechas.

Agregó que "la solución fue apareciendo de una manera espontánea, con los casos de desaparecidos que se fueron dando. Casos espontáneos, pero que, repito, no eran decididos por un joven oficial recién recibido; no, casos que eran ordenados por un capitán que, a su vez, recibía la orden del jefe de la brigada, que, a su vez, recibía la orden del comandante o jefe de Zona".

Y señaló: "Era una figura (la del desaparecido) que venía del gobierno peronista", en especial luego de aquellos decretos firmados en octubre de 1975.

Algo más sobre el carácter descentralizado en la ejecución del plan: "La responsabilidad de cada caso recayó en el comandante de la zona", que utilizó la forma que consideró más apropiada para capturar a los "objetivos" y hacer desaparecer sus cuerpos.

 La secretaría de Derechos Humanos durante el kirchnerismo determinó que los registros oficiales indican que hubo 6.348 desaparecidos
"A mí los comandantes o jefes de zona no me pedían permiso para proceder; yo consentía por omisión. A veces, me avisaban. Recuerdo el caso de una visita a Córdoba y el general Luciano Menéndez me recibe con esta novedad: ´El hijo de Escobar andaba en malas juntas y los liquidamos anoche´. Era el hijo de un coronel que había sido compañero nuestro de promoción; entonces, yo ya sabía que si Escobar venía, le tenía que decir: ´De ese tema no quiero hablar´".

La primera edición de este libro fue publicada en 2012 y resultó muy criticada por el kirchnerismo gobernante, las organizaciones de derechos humanos y los periodistas y medios afines. A simple vista, esa reacción parece inexplicable dado que Videla admitió la existencia de un plan sistemático en la represión ilegal. Pero, hubo otros tramos reprobables desde el punto de vista del kirchnerismo y los liderazgos de derechos humanos. Uno de ellos fue cuando Videla sostuvo que "eran siete mil u ocho mil las personas que debían morir".

Políticamente interesados, los organismos de derechos humanos consideran que la cifra de víctimas fue de 30 mil y de ahí no se mueven, por más que la propia secretaría de Derechos Humanos haya determinado al final de la gestión anterior que los registros oficiales indican que hubo 6.348 desaparecidos durante la dictadura.

Tampoco les gustó que Videla hablara sobre el respaldo de la mayoría de los partidos políticos, incluido el Partido Comunista, y de buena parte de la opinión pública a la dictadura que él encabezó durante cinco de los siete años y medio que duró el llamado Proceso de Reorganización Nacional.
Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio (Serrat).