Mostrando entradas con la etiqueta Marinha do Brasil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marinha do Brasil. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de junio de 2016

Guerra contra Brasil: Dos eventos navales memorables

Dos Testimonios del Valor Criollo Durante la Guerra contra el Imperio 

Buceando un poco en la Historia, relataremos hoy dos incursiones de las tantas que fueron llevadas a cabo por las fuerzas al mando del almirante Guillermo Brown, ejemplo de lo difícil que podían resultar los golpes de mano y las incursiones destinadas a desgastar a un enemigo muy superior en número, y en recursos materiales. 

 
Guillermo Brown 

El 10 de diciembre de 1825 el Imperio del Brasil declaraba la guerra a las Provincias Unidas del Río de la Plata, como consecuencia de haber aceptado éstas la declaración de integración, como un territorio más de la Banda Oriental, decisión adoptada por la Asamblea de La Florida en su sesión del 25 de agosto, bajo la presidencia del diputado Juan Fco. De la Robla. La Asamblea nombró a su vez a Juan Antonio Lavalleja Gobernador y Capitán General, y declaró que la Provincia Oriental del Río de la Plata quedaba "...unida á las demás de este nombre en el territorio de Sud America, por ser libre y espontánea voluntad de los pueblos que la componen,..." 

1. Por su parte, el Congreso argentino dictaba el 25 de octubre la ley que aceptaba dicha reincorporación, disponiendo que el Poder Ejecutivo nacional proveyera a su defensa y seguridad, y "...el 4 de noviembre el ministro de relaciones exteriores se dirigía a la cancillería imperial notificándole lo resuelto y la decisión de nuestro gobierno de llenar tan sagrado compromiso por cuantos medios tuviera a su alcance y que si era necesario emplearía la violencia para apresurar la completa liberación del territorio oriental del dominio de las armas imperiales" 

2. Como consecuencia de lo expuesto, el emperador del Brasil Pedro II declaraba la guerra a las Provincias Unidas, y apenas 12 días después el vicealmirante Rodrigo José Ferreira de Lobo inauguraba el bloqueo a la ciudad de Buenos Aires, dando a los buques neutrales un plazo de 14 días para abandonar el fondeadero. Es en éste contexto que se emprendió la tarea de organizar un ejército, en base al de Observación que se encontraba concentrado en la frontera con la Banda Oriental, y al mismo tiempo una escuadra que fuese capaz de dar pelea a la poderosa flota brasileña. 

La Escuadra Nacional 
Si bien se gestionó la compra de 3 buques en Chile, solo llegó al país para cumplir servicios útiles la corbeta "Chacabuco", la que se agregó a la Escuadra cuyo comando se dio al almirante D. Guillermo Brown. 

Cabe acotar que la Comandancia General de Marina era desempeñada por el coronel mayor D. José Matías Zapiola, quien contaba con D. Benito Goyena como Comisario de Marina, siendo estos dos hombres los responsables de haber puesto en pie de guerra esa escuadra mínima pero respetable, ordenando la construcción de 11 lanchas cañoneras y la reparación de las tres únicas embarcaciones que poseía la marina. "Finalmente, la escuadra quedó compuesta por la fragata "25 de Mayo", corbeta "Chacabuco", barca "Congreso Nacional", los bergantines "Independencia" y "República Argentina", sumaca "Uruguay", goletas "Guanaco", "La Pepa", "Río de la Plata" (o "Río"), "Sarandi", "Unión" y "Maldonado" (ex "Leal Paulistana") cañoneras 1 a 13 inclusive y lanchones de guerra Nº1 al Nº8" 3. En apariencia esta modesta fuerza poco podía hacer contra la poderosa escuadra brasileña, que sí podía poner en el Río de la Plata una masa de 50 buques varios de los cuales eran "de la línea". 4 La única ventaja que poseían las Provincias Unidas era la poca profundidad del río, sus engañosos y traicioneros bancos y la falta de fondeaderos abrigados. Esto hacía difícil la utilización por parte de los brasileños de sus mejores unidades, en beneficio de los republicanos. 

La Acción 
Luego del combate de Punta Colares (enero de 1826) que dejó como principal resultado un sumario solicitado por el almirante Brown a varios jefes en razón de la negación a entrar en combate de éstos y dejándolo sólo frente al enemigo, inició éste su campaña contra la Colonia del Sacramento. Se hizo presente frente a la misma el 26 de febrero con la "25 de Mayo" como buque insignia, acompañada del "Grl. Belgrano", el "Grl. Balcarce" y la "Sarandi". Luego de intimar la rendición, recibió por respuesta del comandante enemigo la siguiente: "El Brigadier de los ejércitos Nacionales e Imperiales y Gobernador de esta plaza, responde en su nombre y en el de toda la guarnición que tiene la honra de mandar a la intimación del señor General en Jefe de la Escuadra de la República Argentina, que la suerte de las armas es la que decide la suerte de las plazas. Saluda al señor General en jefe con toda consideración. Manuel Jorje Rodrigues". 5 

 
Combate de Punta Colares 

Comenzó entonces un violento combate en el que vararon la "Sarandi" y el "Belgrano", habiendo sido muertos el comandante del "Balcarce", sargento mayor de marina Bartolomé Cerretti. Luego de obtener a una nueva intimación de rendición una respuesta similar a la del día 26, Brown planeó entonces una acción típica de la época, un golpe de mano nocturno para el 1 de marzo. 6 

 
Ubicación de los buques 

Habiéndose percatado la Comandancia de Marina del combate que se llevaba a cabo, despachó la goleta hospital "Pepa", junto a las cañoneras Nos. 1, 4, 6, 7, 8 y 12, bajo el comando respectivo de Julio Fonrouge, Carlos Robinson, Jaime Kearnie, Juan Francisco Seguí, José Monti y Antonio Richiteli. El refuerzo de dichas cañoneras le permitió al almirante esbozar un audaz plan, que consistía en incendiar o capturar los buques enemigos fondeados al abrigo de la Colonia, especialmente el bergantín "Real Pedro". Dice al respecto Carranza: "En seguida se dividió esa gente, en la que estaban representados todos los barcos de la insignia, en trozos de abordaje, señalándole distintivo y santo, mientras que a los oficiales se les explicaba individualmente el plan de ataque, según el cual debían gobernar dos de aquéllas, sobre cada barco brasileño, con el propósito de sacarlo a flote o quemarlo, caso de ofrecer dificultades, distribuyéndose al efecto fajinas incendiarias, y camisas y frascos de fuego. Fijada la noche de ese último día para llevar el asalto, luego que llegó el instante decisivo, mandó distribuir el general una ración de grog a los atacantes, y con palabras de aliento les recomendó disciplina y humanidad." 7 

 
Desplazamiento de las flotas 
Además de las defensa de la propia fortaleza, al amparo de aquella se encontraban fondeadas el mismo bergantín "Real Pedro", de 16 cañones; un patacho y dos escunas. Habiendo envuelto los toletes de los remos en trapos para no ser oídos, se pusieron en marcha las 6 cañoneras argentinas desde las cercanías de la "25 de Mayo", divididas en dos grupos mandados por Rosales (embarcado en la Nº 1) y Espora (en la Nº 12) los de babor y estribor respectivamente, estando al mando de toda la fuerza éste último. Eran las diez y media de la noche. A eso de las 12, se inició el fuego desde la fortaleza, alertando a su vez a toda la escuadra enemiga. Con muy mala suerte, el viento hizo derivar a 4 de las lanchas sobre las murallas, donde recibían el fuego de las baterías y la metralla del "Tambor" y el "Carmen", fondeados a poca distancia, más la fusilería del 11 de Cazadores. 

Notables muestras de coraje pueden relatarse sobre aquella noche: "El intrépido teniente Robinson, de la núm. 4, de los héroes de 1814 en el Hércules, (sic) envuelto en ese círculo de fuego y de humo, sirve como sus demás compañeros de infortunio, de blanco seguro a la artillería enemiga, que se les enfila con raro acierto. Pero él, fiero y enérgico como la fatalidad, agitando su espada, sin gorra, con el cabello desaliñado y el uniforme salpicado en sangre, con una mano aplicaba la mecha al cañón vengador, en tanto que con la otra atendía a la salvación de la nave confiada a su coraje, cuando un casco de metralla le destroza la pierna! Cae su cuerpo, mas no se entibia su denuedo; y con el gesto, con la acción y la palabra sigue animando a los suyos hasta que una segunda bala corta aquella existencia llamada a brillante destino!" 8 Para esta altura, las cañoneras se encontraban cubiertas de muertos y heridos. Imagine el lector el estar parado soportando una lluvia de balas; a merced de un enemigo superior, viendo caer terriblemente heridos a los propios compañeros, y esperando la esquirla o el proyectil que lo mutilará de por vida, o imaginando las terribles heridas producidas por las astillas de madera producto de los impactos del cañón... o de la metralla disparada a quemarropa. 

Mientras sucedía esto, el "Real Pedro" comenzaba a arder como una pira porque no habiendo podido tomarlo los incursores, estos, luego de vencer un intento de resistencia de sus ocupantes que se convirtió, instantes después, en una declarada fuga "...trataron, aunque infructuosamente, de librarlo de sus amarras y hacerlo flotar. Del Real Pedro sólo flotaba su popa y varias cadenas mantenían amarrado el barco con el muelle y por ambas bandas." 9 Siendo imposible apresarlo, se deciden por prenderle fuego y, luego se dirigieron en apoyo de los que se encontraban varados, a prácticamente un tiro de pistola del muelle. Tan sólo la cañonera Nº 8 pudo ser recuperada, luego de pasársele remolque y haber realizado esta maniobra bajo el intenso cañoneo enemigo. La retirada fue emprendida, quedando bajo las murallas las Nos. 4, 6 y 7, y "Una pila de CUARENTA Y DOS (sic) cadáveres informes, (...) .todos horriblemente desfigurados por los tarros de metralla o la palanqueta, (...) flotan confundidos con la resaca en torno de aquellos despojos sublimes, mientras que doblada cantidad de heridos, mutilados de la manera más cruel, ateridos por el relente de la noche o devorados por la fiebre, angustiaban el alma con sus lamentos." 10 En cuanto a las cifras de las bajas, "La jornada había costado a las dotaciones de la escuadra más de 125 muertos y heridos, además de alrededor de 80 prisioneros que lograron ganar a nado la costa. Los brasileños perdieron, asimismo, según noticias de origen argentino, cerca de 130 hombres, lo que indica que el ataque, aunque desfavorable en sus resultados, había sido encarnizado y sangriento. Entre los oficiales muertos estaban: Robinson, comandante de la cañonera número 4 y los segundos Curry y Cavaría de la 4 y 6. Gravemente heridos: Kearnie, comandante de la número 6; Turner, segundo de la número 7 y herido el propio Rosales de la 1." 11 

El Abordaje de la Emperatriz 
Hacia el mes de abril se encontraba la escuadra republicana en demanda del puerto de Montevideo, con el fin de realizar un nuevo ataque furtivo procurando mejor suerte. El día 26 de abril llamó Brown a reunión de los comandantes en la capitana, a fin de deliberar; eran éstos: Tomás Espora de la "25 de Mayo", Juan King de la "Congreso", Guillermo Bathurst del "Independencia", Guillermo Clark de la "República", Nicolás Jorge del "Balcarce", José M. Pinedo de la "Sarandi" y Leonardo Rosales del "Río". "Instalados que fueron en la cámara de la capitana, tomando la palabra, manifestó el almirante: Que supuesto no se tenían noticias de los bloqueadores, a los que daba por Maldonado, era de opinión se tentara un nuevo golpe de mano sobre Montevideo, con el fin de apresar a la fragata Nictheroy, surta en sus aguas, cual se comprobó en el serio reconocimiento del 11 de ese mes, operación que compensaría con ventajas, las fatigas y azares del crucero. Aceptado en general dicho temperamento, se despidió Brown de sus subalternos, luego de apurar con ellos, por el acierto de la empresa concertada, una copa de madeira, su vino favorito, dando previamente un viva a la patria." 12 

 
Abordaje de la Emperatriz 

Se organizaron entonces los trozos de abordaje, y se estableció el santo y seña, que sería "Santa María". Habiéndose aproximado los buques al fondeadero, poco antes de las 12 de la noche se dio el siguiente diálogo: preguntó Brown al pasar junto a la popa de una gran fragata: What vessel is that? (Qué buque es ése?), y obtuvo como respuesta: That is nothing to you? (Qué le importa?) Es de imaginar la tensión del momento, los buques pasando silenciosamente, los hombres ocultos para no ser vistos, preservando las mechas humeantes que despedían un fantasmagórico fulgor, todos apretando las empuñaduras de sus espadas, los rostros adustos, tratando de discernir en la oscuridad a los enemigos. "Eran las doce de la noche cuando esto sucedía, y cantó un gallo, mientras ladraba un perro, trepado en las cacholas de la fragata desconocida, sorprendido quizá (nos refería el coronel Toll en 1863), por el murmullo o el eco de las voces que repercutían en el silencio, indicios que hicieron exclamar a Espora, paseándose en tren de pelea y con esa agitación nerviosa que le era congénita en tales casos: "Juro que esta fragata es brasileña, porque ningún buque inglés consiente perros ni gallos a su bordo, ni que sus centinelas omitan dar el grito de alarma al que se acerque". El almirante, un tanto convencido por la actitud vehemente de su capitán de bandera, interroga de nuevo, y ya no obtuvo respuesta. La 25 de Mayo, prolongando por babor la doble cintura de cañones de su rival, rebasa su proa, vira resueltamente a estribor y atravesándose por una de sus aletas, dispara sobre ella su andanada, rompiendo a la vez un fuego nutrido de mosquetería." 13 

Es así que se inició el combate, a pesar de que en el buque enemigo se había conseguido dar la silenciosa alerta unos minutos antes y hacer el zafarrancho. Se trataba de la fragata brasileña "Emperatriz", de 52 cañones y 400 hombres de dotación. La indiscutible capacidad de nuestro almirante mantuvo a la "25 de Mayo" por la aleta de babor y la de estribor, es decir, en los sectores de popa, de manera que el enemigo no pudiese abrir fuego con toda la artillería de su banda, disparándole a su vez sobre el espejo de popa, parte más débil de todos los buques de la época a razón de sus cristaleras (presentes en ésa ubicación y que estaban destinadas a la comodidad del comandante y oficiales). Mientras tanto, el "Independencia" de Bathurst cañoneaba por proa. El destino impidió a Brown abordar la "Emperatriz", puesto que el "Independencia" se interpuso en el instante en que iba a apoyar el bauprés sobre la banda del enemigo. Sobre el combés de su buque, moría heroicamente el comandante del buque brasileño, el capitán de fragata Luis Barroso Pereira...; la pronta reacción del buque enemigo habla bien de la preparación que esa dotación tenía... El combate finalizó con la señal de retirada hecha por Brown, puesto que la escuadra enemiga, ya alertada, se aprestaba a contrarrestar el ataque, el que por otra parte había perdido ya toda posibilidad de obtener un éxito. 

Fueron estas acciones navales, más allá de sus resultados, de aquellas que se condensan en "...dramas solemnes y horribles, que tienen por teatro la inclemencia y la soledad desconsoladora de los elementos, en que los testigos son actores sobre un piso que vacila o víctimas no pocas veces de heridas tan atroces e incomparables, que se dirían abiertas con armas de gigantes, y de que el choque de dos regimientos que se entreveran a la bayoneta, es apenas una imagen, [y] lleva el nombre de abordaje entre los marinos...!" 


1 Anjel Justiniano Carranza, "Campañas Navales de la República Argentina", Talleres de Guillermo Kraft Ltda., Buenos Aires, 2º edición, 1962; volumen IV, anexo documental, página 146. 
2 Ídem, volumen II, tomo IV, página 248. 
3 Arguindeguy, Pablo E. CL, y Rodríguez, Horacio CL; "Buques de la Armada Argentina 1810-1852 sus comandos y operaciones", Buenos Aires, Instituto Nacional Browniano, 1999, página 421.- 
4 Se denomina buque "de la línea" al navío de guerra por excelencia, de 64 cañones o más; que sólo estaba al alcance de las pocas potencias navales de la época. Su nombre proviene de la línea de batalla que formaban las flotas al enfrentarse, se desprende que los buques en condiciones de actuar en ésta línea eran los más capaces y poderosos de una flota. 
5 Carranza, Anjel J.; op. cit., página 280. 
6 Este tipo de acciones eran las más habituales, especialmente dentro de la Armada Real. "... las grandes batallas marítimas constituyeron solamente una pequeña parte en el servicio de la marina; la gran mayoría de los combates más encarnizados tuvieron lugar en acciones más pequeñas, a menudo entre buques individuales, en "acciones de bote" y desembarcos, en los que las tripulaciones de los navíos de la Marina Real, atacaban buques franceses en puerto y en las instalaciones de la costa" (Haythornthaite, Philip; "Nelson's Navy", Armys and Battles, Osprey Military, Londres, 1993; página 4). Según A. J. Carranza, se convenían en este tipo de acciones las señales de inteligencia, y se distribuía al personal de los trozos machetes, hachas, arpeos, granadas, se les ordenaba ponerse una camiseta blanca sobre el uniforme para poder distinguirse en la oscuridad. Acompañaban a los incursores herreros para cortar los cables de cadena, carpinteros que clavaran las escotillas, gavieros que largasen el paño, timoneles, etc.- 
7 Carranza, A., op. cit., pág. 283. 
8 Ídem, página 284. 
9 Ratto, Héctor R.; "Historia del Almirante Brown"; Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 2000, pág. 162. 
10 Carranza, A. J.; op. cit., pág. 285. 
11 Ratto, Héctor R.; op. cit., pág. 163. 
12 Carranza, A. J.; op. cit., pág. 298. 
13 Ídem ant., pág. 300. 
14 Íbidem, pág. 297.

viernes, 9 de enero de 2015

Guerra del Paraguay: La Batalla de Curupayty (1866)

Batalla de Curupaity - 22 de septiembre de 1866 



El 22 de septiembre de 1866, Bartolomé Mitre, general en jefe de la Triple Alianza, ordenó el asalto a la formidable posición fortificada enemiga de Curupaytí con 9.000 soldados argentinos y 8.000 brasileños, la flor y nata del ejército, el apoyo del cañoneo de la escuadra imperial y la cooperación de las fuerzas orientales de Venancio Flores. De toda la guerra del Paraguay ésta es la primera batalla planeada por Mitre y también la primera (y única) dirigida directamente por él. 

 

El 11 de Septiembre la infantería del II Cuerpo del Ejército Argentino (4000 hombres) marcho a Itapirú, siguiendo por agua a Curuzú en ese día. El 12 lo hizo la VII brigada brasileña (Paranhos) de 5 batallones. El 13 marchaba la infantería y doce cañones del I Cuerpo del Ejército Argentino (5000 hombres) llegando en la noche a Curuzú. En total los argentinos eran 9.500. La mayor parte de la artillería quedo en el sector de la derecha. El 15, el general Mitre y Porto Alegre hicieron un reconocimiento de la posición enemiga de Curupaytí, que sirvió de base para formular el plan de ataque. 


Campamento argentino, cerca de Itapiru (Cándido Lopéz)
El Ejército Argentino desembarca en Curuzú, previo al asalto a Curupayti  (Cándido Lopéz)

La iniciativa del ataque fue directamente el propio Mitre, según informe que le envía a Julián Martínez, Ministro interino de Guerra, donde le decía haber ordenado el ataque “sobre las líneas de fortificación de Curupayty, artilladas por cincuenta y seis piezas y guarnecida pro catorce batallones”… “un total de más de dieciocho mil hombres” (Mitre a Martínez. Cuartel de Curuzú, 24 de septiembre de 1866. Partes oficiales – AGN. t.II. p.333) 
El ataque al frente terrestre de Curupaytí se iniciaría con un bombardeo de la escuadra de modo de inutilizar sus defensas y ahuyentar las fuerzas de la trinchera. Después seguiría el ataque de las fuerzas de tierra. El ataque se haría con la cooperación de la escuadra y de las tropas dejadas en Tuyutí, estas como una demostración indirecta. Según el terreno y las circunstancias; la cuarta de observación , la formara la fuerza que quede ocupando el campo atrincherado de Curuzú la cual cubriría los desemboques de la retaguardia. Las agrupaciones de la izquierda se compondrían de brasileños (II Cuerpo de Ejército) a las órdenes de Porto Alegre y las de la derecha de argentinos (I y II Cuerpos). El movimiento se iniciaría por la columna derecha. El ataque terrestre sera precedido de un bombardeo de la escuadra de modo de inutilizar las defensas y ahuyentar alas fuerzas de las trincheras. Se calcula que esto se conseguirá en dos horas. Después empezaría el ataque terrestre. En ese momento la escuadra forzara el pasaje, quedando para enfrentar la posición dominada los buques necesarios.  La actuación del ejército de Tuyutí quedo concretada en esta forma: El movimiento de la caballería de Flores se anticipara a fin de concurrir directa o indirectamente al ataque de Curupayti, teniendo en vista rodear la posición enemiga del estero Bellaco. El Mariscal Polidoro Joardao, con el resto del ejército concurrirá con el mayor vigor posible al reconocimiento de esta posición, yendo preparado a un ataque a fondo para desalojar al enemigo, simultáneo con el asalto a Curupaytí. En la madrugada del 17 todo se encontraba listo en los vivaques de Curuzú y Tuyutí, más el almirante manifestó la conveniencia de suspender el bombardeo debido a la amenaza de lluvia. A las 9.30 hrs empezó un copioso aguacero que continuó hasta la noche del 18 al 19, obligando a postergar las operaciones. El 19 volvió a llover. El 20 apareció el sol, resolviendo realizar el ataque el día 22. La operación terrestre se efectuara con cuatro columnas de ataque en tres líneas tácticas y otra de observación, las dos columnas centrales constituirán el centro de gravedad. La primera línea de ataque será seguida por la segunda, en calidad de reservas parciales: la tercera estará constituida por las reservas generales del ataque, concentradas en dos o mas masas. El ataque estaba previsto para la madrugada del día 17 de setiembre de 1866, pero se postergó por el mal tiempo reinante. Se realizó recién el día 22. 

Iglesia de Humaitá luego del bombardeo de la marina brasileña



A las 0700 hrs del 22 de Septiembre de 1866, la flota se puso en posición. La escuadra brasileña se movió para tomar la posición dispuesta por el almirante Tamandaré a fin de iniciar el bombardeo. Tres acorazados dieron comienzo al bombardeo del reducto de Curupaity, mientras que el resto de la flota, fuera del alcance de la artillería paraguaya bombardeó el sector de las fortificaciones emplazadas en tierra. El vapor ARA Guardia Nacional, con todo su personal en cubierta se condujo gallardamente en Paso de las Cuevas en Curupaity. El bombardeo no surtió efecto alguno y cesó a las 12.00 hrs, cuando el Almirante Tamandaré hizo una señal indicando que el bombardeo había logrado su objetivo. Las cubiertas del terreno impedían a los artilleros efectuar correctamente sus tiros. El duelo de artillería duró cuatro horas y los paraguayos contestaban al fuego de la escuadra logrando mantener a los buques alejados de las fortificaciones. 


El ataque de la flota brasileña (Cándido Lopéz)

La escuadra brasileña “arrojó cerca de cinco mil bombas” (según Thompson) que de todos modos no arrojó el resultado previsto por el optimista comandante Tamandaré, que el día anterior había dado seguridades del caso: Amanhá descangalharé tudo isto en duas horas” (2) 

Al mediodía el almirante Tamandaré suspendió el fuego contra la fortificación del frente terrestre y se concentró sobre el frente fluvial. Comenzó entonces el ataque terrestre cuya dirección estaba a cargo del general Mitre.  El mariscal Francisco Solano López destinó a su mejor hombre de guerra, el general José E. Díaz, vencedor de Estero Bellaco y Boquerón, que preparó en poco tiempo la defensa del campo, cortando árboles de "abatíes" dispuestos por sus enormes raíces para dentro, ocultando unas 50 bocas de fuego. El trazado de las trincheras paraguayas en la posición del frente por la forma en que estaba organizada y por los obstáculos naturales y artificiales a su frente y flanco era sencillamente formidable. Igualmente eficaces eran las defensas en el frente fluvial, no tanto por la extensión e importancia de las obras, sino por la altura de la barranca, por la poderosa artillería y por lo angosto del canal, que impedía a los buques aproximarse a la posición, sin contar la estacada y los torpedos que cerraban la parte navegable.

Trinchera paraguaya (Cándido Lopéz)

Cumpliendo con el plan previsto por Mitre, los Aliados se lanzaron con brío impresionante sobre las trincheras paraguayas, pero sufrieron una marcha pesada por el terreno fangoso bajo el fuego de la artillería paraguaya, hasta estrellarse contra las defensas de "abatíes" que el “genio” de Mitre no había previsto.  Las dos columnas del centro avanzaron, tal cual establecía el plan de batalla. Hombro contra hombro, bayonetas relucientes listas, avanzaron bajo un tremendo fuego de artillería a través de pantanos y del río, cargados con sus mochilas, escaleras. Al llegar a la trinchera, el foro y el parapeto bloqueaban su camino. La segunda columna fue detenida en una laguna por una linea de arboles abatidos, y giró hacia la izquierda bajo un brutal bombardeo. La infantería argentina procedió avanzando, de una manera fria, deliberada a un paso fijo, como en un desfile. La metralla y el fuego de fusileria continuaba. Los oficiales argentinos cabalgando con gran bravura y élan bajo la lluvia de plomo llegaron hasta la trinchera, alentado a la tropa a seguir. El Mayor Ayala del 12 de Línea cayó herido. El Mayor Lucio V. Mansilla, segundo jefe del batallón se hizo cargo de la unidad, pero fue herido también. Los coroneles Juan Bautista Charlone y Manuel Rosetti cayeron heridos de muerte. El cabo Gómez fue herido en una rodilla izquierda por un tiro de fusil, pero desobedeció la orden de retirarse. Otro balazo le impactó en la rodilla derecha, y como no podia permanecer parado continuó disparando en posición de "cuerpo a tierra". El bombardeó redobló su volumen.   Las dos columnas centrales, encargadas del ataque principal sufrieron desde el primer momento un fuego intensísimo de la artillería paraguaya mientras su marcha se veía entorpecida por el terreno fangoso por los tres dias anteriores de lluvia y las malezas. Lograron salvar los obstáculos mediante el uso de fajinas y escalas que llevaban para tal fin y se lanzaron al asalto de la trinchera principal, pero se encontraron con una laguna y una inabordable barrera de malezales que les hizo imposible continuar su avanzada. En esta marcha, sufrieron pérdidas enormes.  La tercera columna, al mando del coronel Rivas siguió avanzando a pesar de los obstáculos, pero su ataque fracasó y los pocos hombres que lograron penetrar en la posición fueron prácticamente ultimados. La cuarta columna, al mando del coronel Martínez, también fue detenida al borde de la laguna y la línea de malezales. 

Asalto de la cuarta columna a Curupayti (Cándido López)

El combate se sostenía tenazmente sin que los asaltantes lograran el menor éxito sobre las tropas paraguayas. Según parte del propio Mitre, “fue contenido el ímpetu del ataque por la línea de abatíes que se componía de gruesos árboles enterrados por los troncos, y que en más de treinta varas obstruían el acceso a la trinchera…fue necesario reforzar el ataque con la segunda línea de reservas parciales, comprometiendo en las dos columnas de ataque central veinticuatro batallones”…”las líneas de abatíes no han sido forzadas nunca en asalto franco, ni aun por las primeras tropas del mundo” (Mitre a Martínez. Cuartel de Curuzú, 24 de septiembre de 1866. Partes oficiales) lo que demuestra la imprevisión de Mitre de no reconocer el terreno previamente... salvo que pretendiera realizar una hazaña mayor “que las primeras tropas del mundo”.  El heroísmo y sacrificio de las tropas aliadas, no fue suficiente para vencer ni la “línea de abatíes” ni “la impericia de Mitre”. El propio general en jefe lo admite en sus partes:  En esas circunstancias, habiéndonos puesto de acuerdo con el barón de Porto Alegre, y viendo que no era posible forzar ventajosamente la línea de abatíes, para llevar el asalto general sino comprometiendo nuestras últimas reservas y que una vez dominada la trinchera no se obtendrían los frutos de tal actor parcial desde que no se conservasen tropas suficientes para penetrar en orden el interior de las líneas y hacer frente allí a las reservas del enemigo, acordamos mandar replegar simultáneamente y en orden las columnas comprometidas den el ataque” (Ibidem)  La columna de la extrema izquierda, entre tanto, aprovechando el terreno cubierto fue a ocupar a una posición de apresto a proximidad de la trinchera enemiga avanzada enemiga, y quedando mas cerca de la linea adversaria, fue la primera en empeñarse. Bajo un violento fuego, los brasileros salvaron la trinchera avanzada, siguiendo después al asalto de la posición principal, batidos por el fuego frontal y de flanco de la misma. No obstante los esfuerzos recibidos, el ataque fracaso y los pocos hombres que lograron penetrar en la posición fueron allí ultimados. La III Brigada de esta columna, confundiendo a los lanceros a pie brasileros con tropas enemigas se desbando presas del pánico a gritos de:" La caballería nos corta!"  La 4a. columna (coronel Martínez) que por reconocimientos comprobó no ser posible flanquear la posición enemiga, se puso en movimiento en el orden que las divisiones tenían en la posición de apresto. Batida de frente por la artillería de la posición y por otra, que desde la derecha, aprovechaba un claro en el monte, al este de la laguna. La 4a. división apresuró su marcha, mientras la 3a. desplegaba con frente al nuevo enemigo, y una batería acudía para contrabatir la artillería flanqueadora. Al llegar al borde de la laguna y de la linea de abatíes, la 4a. división tuvo que detenerse. Desde allí mando a la VIII Brigada , para cooperar con las unidades del coronel Rivas. Las granadas explotaban formando geysers de agua y barro, brazos, piernas y torsos volaban en todas direcciones. Hacia mas de dos horas que el combate se sostenía tenazmente contra el centro y la derecha paraguaya, sin que los asaltantes lograsen el menor éxito. Apreciando que ni con el empleo de las ultimas reservas se obtendría una victoria decisiva, y que mantenerse allí era acrecer las perdidas, se acordó hacer replegar simultáneamente a todas las tropas comprometidas en el ataque, protegiéndolas con las reservas generales. A las 1700 hrs Mitre ordenó cesar el asalto. El estupendo 6o. Batallón de Infantería se retiró marchando hacia atrás para no darles la espalda al enemigo. El Mayor Julio A. Roca cabalgó hasta la trinchera para rescatar a un oficial herido a quien cargó sobre la grupa, marchando a su caballo lentamente, mientras granadas enemigas silbaban sobre su cabeza. (1) A las 17 hrs el ejército estaba de regreso en Curuzú. Los paraguayos solo salieron para recoger el botín abandonado por el asaltante, desnudar a los muertos y ultimar a los heridos graves. Menos mal que “acordaron mandar replegar” porque casi exterminan su propio ejercito, atropellando una “línea de abatíes”, como el Quijote lo hiciera contra los molinos de viento.  El propio Mitre, aunque escatimando las cifras, da cuenta del desastre sufrido: Nuestras pérdidas han sido considerables y sensibles…las computo en tres mil (en realidad fueron tres veces más) entre muertos y heridos” ...” Por parte del ejercito argentino se comprometieron diez y siete batallones en el asalto, cayendo muertos o heridos la mayor parte de los jefes que los condujeron” (Ibidem) También da parte del desastre el hermano del general en jefe, general Emilio Mitre, que comandaba el 2° Cuerpo en el asalto:  V.E. sabe los prodigios de inaudito valor que los cuerpos todos del ejército hicieron en esta jornada. Es pues, inoficioso que el que firma haga de ellos elogios tan justamente merecidos. Basta dejar establecido que de los tres Batallones de este 2° Cuerpo que cargaron sobre la trinchera, solo ha quedado en aptitud de combatir una tercera parte de cada uno de ellos, para probar el denuedo y la bravura de que se hallaban animados, y dieron sangrientas pruebas Cuando a las tres de la tarde, próximamente, ordenó usted la retirada, estos tres bizarros cuerpos se retiraron en el mayor orden posible, a pesar de estar ya muertos de o heridos sus jefes y oficiales” (Del general Emilio Mitre al al General en jefe de los Ejércitos Aliados, Brigadier General D. Bartolomé Mitre. Campamento de Curuzú, 27 de setiembre de 1866. Partes oficiales – AGM.tII.p.334)  No cabe duda alguna de “los prodigios de inaudito valor” y del “denuedo y la bravura de que se hallaban animados” aquellos miles de soldados y oficiales que iban al seguro sacrificio contra una "línea de abatíes", sin rebelarse para linchar a sus comandantes que los mandaban a una muerte inútil e inevitable.  En la crónica que hace el general paraguayo Resquín afirma que “cuando las fuerzas del ejército aliado se retiraron en completa derrota, dejaron en el campo de más de ocho mil cadáveres e innumerables heridos, sin contar los que pudieron recoger”. Las bajas paraguayas las sitúa en “un jefe, tres oficiales y diecinueve hombres de tropa muertos, alcanzando los heridos a siete oficiales y setenta y dos hombre de tropa” (Resquín, Datos históricos. p. 80-81) Es decir, 92 bajas paraguayas contra alrededor de 10.000 bajas aliadas.  Historiadores revisionistas paraguayos (y argentinos, entre ellos García Melluid) aumentaron groseramente las cifras de bajas aliadas en Curupaity. En realidad fueron, 4045 en total, entre muertos heridos de los cuales 2095 argentinos y 1950 brasileros. Las bajas paraguayas: 92. Fue en las palabras de un historiador: "El asalto a Curupaity trae a la mente el ataque de la División de Picket en la batalla de Gettysburg. A la tropa se le asignó una misión imposible. La carga fue un error tremendo que no debia haber tenido lugar." Las cifras del contraste demuestran la improvisación e impericia de Mitre, contra la efectiva defensa comandada por don José E. Díaz , que fue ganando sus galones de general a lo largo de las hazañas producto de su inteligencia, serenidad y valor. El emperador de Brasil, pidió el reemplazo del general en jefe, bajo excusa de los levantamientos de rebeldía en montoneras producidas en las provincias del interior, que se pronunciaban por intermedio de Felipe Varela contra la Guerra del Paraguay y del propio Mitre y su política hacia las provincias interiores  En la sangrienta batalla de Curupaytí el impacto de un casco de granada le destrozó la mano derecha a un ciudadano argentino alistado hacía unos meses como voluntario. Evacuado a Corrientes, la amenaza de la gangrena obligó a amputarle el brazo por encima del codo. Se trataba de un joven dibujante y cronista de 26 años, teniente segundo del ejército, que se llamaba Cándido López. Menos de un año después cumplió su promesa de enviarle al médico que le amputó el brazo un óleo suyo fruto de una prodigiosa reeducación de su mano izquierda. El sería, a través de sus cuadros, el documentalista histórico de la Guerra de la Triple Alianza.(Ver biografía de Cándido López ,"El manco de Curupayty")  También, en Curupaytí perdió la vida Dominguito, hijo adoptivo de Domingo F. Sarmiento. 

Trincheras de Curupayti a 4 millas (7.5 km) de la fortaleza de Humaitá  

Dominguito Sarmiento (hijo del futuro presidente Domingo Faustino Sarmiento) muerto en la batalla ¡De pie señores! ¡Hay derrotas que honran!

Fuentes  García Mellid, Atilio. “Proceso a los falsificadores de al historia del Paraguay”. (1) Rauch, Georg v. Conflict in the Southern Cone (Praeger, New York, 1999) pag. 93-95 (2) Thompsom, Jorge.”La guerra del Paraguay”. Impr. Americana. Buenos Aires 1869

martes, 17 de diciembre de 2013

Guerra del Paraguay: El encorazado Río de Janeiro

¿Como era el acorazado Rio de Janeiro, hundido el 2/09/1866? 

Por Rafael Mariotti

Muchos aspectos de la guerra de la Triple Alianza, han quedado en la nebulosa, muchas veces por falta de datos. Este tipo de situaciones ha causado que muchos autores llevasen el relato de los hechos al límite de la leyenda, tal como hizo Homero en la Ilíada, donde junto a humanos como Paris y Héctor, aparecían semi-dioses como Aquiles.

Esto desdibujaba la realidad, transmitiéndose a generaciones posteriores los hechos narrados de esa manera: un ejemplo de esto, ya más reciente es la famosa historia que con machetes ganamos muchas batallas en el Chaco,aunque es cosa elemental que un arma blanca como el machete, nada puede hacer contra armas automáticas (todos los asaltos a la bayoneta y "machete" fracasaron en Boquerón, el fortín se rindió por hambre y falta de municiones).

En Paraguay, como a veces es nuestra costumbre o a veces por los hechos, dispusimos de muy poca información, a tal punto de que no tenemos idea cómo era por ejemplo el acorazado Rio de Janeiro, hundido en Curuzú. Esta falta de información, hace que la instrucción, incluso en el Colegio Militar sea precaria al relatar con fiabilidad los hechos, creándose una falsa atmósfera de lucha "homérica" al describir las guerras que tuvimos en Paraguay.

Gracias al forista Mangosta, quien amablemente me acercó via mail un interesantísimo texto BRAZILIAN IMPERIAL NAVY IRONCLADS 1865-1874 (Acorazados de la marina imperial brasileña 1865-1874) escrito por George A. Gratz, pude disponer de datos y vistas de las naves blindadas brasileras empleadas en la guerra del 70.

Publico a continuación algunas imágenes para que "pisemos tierra" en este y otros temas, y no caigamos en "cuentos homéricos" no muy acordes a la realidad en los que ciertos autores como O´Leary son propensos a caer.

El acorazado Rio de Janeiro era del tipo CAÑONERA BLINDADA DE PRIMERA CLASE, así como los otros modelos de esta clase: el Tamandaré y el Barroso. El perfil de los 3 era el mismo, variaban tan solo en tamaño, y en armamento a veces, pero puede decirse que la forma era la misma. El más grande era el Barroso, luego venía el Rio de Janeiro y el más pequeño era el Tamandaré. El tamandaré y el Barroso ya estaban presentes por primera vez en Marzo de 1866 en el río Paraná, juntamente con el Bahía de fabricacion inglesa y el Brasil de fabricación francesa. Los 3: Tamandare, Rio de Janeiro y Barroso ya fueron construídos en Brasil, con maquinaria propulsora y armamento británico.
Va una tabla con los datos, y los perfiles del Tamandaré, el Barroso y una fotografía del Tamandaré luego del ataque a las baterías de Curupaytu el 22 de setiembre de 1866. Se pueden ver las indentaciones de los impactos de los proyectiles paraguayos sobre la coraza del Tamandaré.


 
Detalles técnicos de los buques CAÑONEROS BLINDADOS DE PRIMERA CLASE, el de tamaño intermedio era el Rio de Janeiro

el acorazado Barroso, el mas maniobrable de los 3

El Tamandaré, el mas pequeño y de mas pobre maniobrabilidad

El Tamandaré alcanzado por varios disparos paraguayos luego del bombardeo de la batería de Curupayty durante esta batalla, el 22 de setiembre de 1866


Todos los gráficos y fotografías pertenecen a la obra BRAZILIAN IMPERIAL NAVY IRONCLADS 1865-1874 (Acorazados de la marina imperial brasileña 1865-1874) escrita por George A. Gratz,

domingo, 15 de diciembre de 2013

Guerra del Paraguay: Un "torpedo" hunde al blindado Rio de Janeiro


El hundimiento del acorazado brasileño "Rio de Janeiro" por un "torpedo", en realidad una mina fluvial paraguaya.
Por Rafael Mariotti

En esa época se les denominaba "torpedos" a las minas fluviales, aún no se había producido el proyectil naval auto-propulsado que conocemos hoy como "torpedo". Las armas que se llamaban así eran en realidad minas fluviales.

Paraguay fabricó varias, al parecer diseñadas por un norteamericano Kruger, con experiencia en la Guerra de Secesión americana.

En la guerra civil yanqui los sureños hundieron 27 buques federales con minas, muchos más que los 9 hundidos con artillería. Por lo tanto no fuimos "pioneros" con este tipo de armas.

El ingeniero George Thompson describe como estaban fabricadas estas minas. Bueno, era uno de los pocos técnicos que nos relato algunos detalles de ese tenor de la guerra. Creo que individuos como el gral. Resquín, o el mismo Crisóstomo Centurión no nos dejaron muchos datos de la parte técnica de la guerra.

No creo que Resquín por ejemplo haya comprendido la diferencia entre un fusil liso y uno estriado, hasta que vio el brutal efecto de los mismos en Tuyutí, ni el gral. Diaz y el gral. Barrios tampoco.

Publico una imagen de una mina fluvial de la guerra de secesión, no habrá diferido mucho de las nuestras. Fíjense que consta de un barril para que flote, y el elemento explosivo está debajo del agua. Se los lanzaba corriente abajo para que impacten en los acorazados. Thomson narra la explosión de uno de estos artefactos en junio de 1866, justo la oscura noche en que estaban construyendo en secreto la trinchera del Sauce, a 500 metros del campamento brasileño, amparados por la oscuridad. La gigantesca explosión iluminó toda la noche. Era un torpedo de 1500 libras de polvora (unos 750 kilos), nunca se había empleado tanta cantidad de explosivo.



Publico lo que menciona Thompson en varias partes de su libro LA GUERRA DEL PARAGUAY, sobre los "torpedos", en realidad minas fluviales:

Pag 52, Cap VI:
“El mismo día (mayo de 1865) un yankee, M. Krüger, experimentó un torpedo en presencia de López, haciendo volar a una gran altura una balsa de palmas, permaneciendo personalmente a seis varas del punto de la explosión.”

Pag 102, Cap XII:
“Se colocaron en el río algunos torpedos mal construidos; y el 20 de junio (de 1866) dos de ellos se escaparon de sus amarras y se fueron aguas abajo, dando uno contra el “Bahía” y el otro contra el “Belmonte”, pero como ambos estaban enteramente mojados o produjeron efecto alguno. Se componían de tres cajas ajustadas unas dentro de otras, de las cuales la última era de zinc y contenía la pólvora. La espoleta era una cápsula de vidrio conteniendo ácido sulfúrico con una mezcla de clorato de potasa y azúcar blanca, cubierta con lana y algodón. Estas espoletas fueron inventadas por M. Masterman, jefe del departamento químico. La espoleta estaba encerrada en un pequeño cilindro perforado, y debía ser quebrada por un pistón cuando el torpedo recibiera un choque. Los brasileños pescaron estos dos torpedos, pero esa misma noche se les lanzó un brulote, y desde entonces fueron más cuidadosos.”

Pag 110, Cap XIII:
“La escuadra (brasileña) se lamentaba igualmente de verse expuesta todos los días a los torpedos que los paraguayos lanzaban aguas abajo, y que la molestaban mucho. Uno de estos (que por lo general contenían 1.000 libras de pólvora) voló a 300 yardas de la proa de una de sus cañoneras. El de 1.500 libras a que nos hemos referido antes, produjo un estremecimiento en la ciudad de Corrientes, que distaba 40 millas, causando gran alarma entre sus habitantes. Uno de ellos hizo volar a uno de los botes de la ronda de la escuadra, con toda su tripulación. Estos botes hacían la ronda de los buques durante toda la noche. Cuando veían venir algún torpedo, se oía un grito general, que repetía ¡Paragua! ¡Paragua! Y se producía en la escuadra un alboroto infernal.”
“Dos torpedos hicieron volar a sus conductores, un tal M. Kruger, note-americano, y un Ramos, paraguayo, que había hecho su aprendizaje de ingeniero con los Sres. Blyth. Las tripulaciones de ambos botes volaron también.”

Pag 112, Cap XIII:

"Ese día (2 de setiembre de 1866) hubo un bombardeo furibundo: algunos de los buques se presentaron frente a las baterías de Curuzú; uno de ellos, el encorazado “Janeiro” de seis cañones, después de tener atravesadas sus chapas de cuatro pulgadas por balas de 68, fue echado a pique por un torpedo, que explotó bajo su quilla, ahogándose la mayor parte de su tripulación, inclusive su capitán. Este fue el único encorazado echado a pique durante la guerra."

Inserto una imagen de minas fluviales de la Guerra de Secesion americana; el fondo es de la batalla de Mobile Bay el 5 de agosto de 1864, cuando la escuadra unionista (norteña) atacó y conquistò este puerto sobre el Golfo de Mejico. En el centro vemos al monitor norteño USS Tecomseh, que acaba de impactar una mina, que al estallar lo hunde (lo vemos totalmente escorado) llevándose consigo a 94 tripulantes. El Rio de Janeiro sufriría igual suerte en el bombardeo de Curuzu. También vemos a otro buque unionista, esta vez a rueda, que impacta una mina fluvial. Acompaña una fotografía de la mina fluvial confederada.