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jueves, 21 de julio de 2016

PGM: Salir del campo de prisioneros para volver voluntariamente

El soldado que regresó al campo de prisioneros tras visitar a su madre moribunda durante la Gran Guerra

Javier Sanz | Historias de la Historia


Pocas semanas después del comienzo de la Primera Guerra Mundial, el capitán del ejército británico Robert Campbell se encontraba al mando del Primer Regimiento East Surrey en una posición cercana al Canal de Mons-Condé, en el noroeste de Francia, cuando sus tropas fueron atacadas por el ejército alemán. Durante el combate, el joven capitán de 29 años fue gravemente herido y capturado, siendo trasladado a un hospital militar en Colonia (Alemania), donde fue tratado de sus heridas antes de ser enviado al campo de prisioneros de guerra de Magdeburg, en Alemania.


Robert Campbell

Al cabo de dos años, durante su internamiento en Magdeburg, Campbell recibió una carta con una triste noticia: su madre, Louise, padecía cáncer. Le quedaba muy poco tiempo de vida y Campbell se encontraba muy lejos de su hogar y de su querida madre. En un intento desesperado, el capitán decidió escribir una carta al mismísimo Káiser Guillermo II, rogándole que, por motivos humanitarios, le permitiera ver a su madre por última vez y despedirse de ella. Sorprendentemente, el Káiser contestó la petición permitiendo a Campbell regresar a su casa familiar en Gravesend (Kent) para visitar durante dos semanas a su madre agonizante. El emperador alemán solamente puso una condición: Campbell debería dar su palabra de caballero y de oficial del Ejército Británico de que, finalizada la visita, volvería al campo de prisioneros. Robert Campbell dio su palabra al Káiser.


Campbell regresa

Los Archivos Nacionales Británicos contienen documentos que demuestran la intervención de la Embajada de Estados Unidos para llevar a buen fin el acuerdo entre Alemania y Campbell, que llegaría a Inglaterra el 7 de noviembre de 1916. Se cree que viajó hasta la neutral Holanda y desde allí tomó un barco a Kent. Y así fue como Campbell pudo ver a su madre y despedirse de ella antes de regresar —dentro del plazo concedido por el Káiser— al campo de prisioneros de Magdeburg, cumpliendo con ello su palabra de caballero. Su madre fallecería en febrero de 1917, cuando Robert todavía seguía preso… aunque no sería la única ocasión en la que “saldría” de Magdeburg. Siguiendo la máxima que reza que los prisioneros de guerra tienen la obligación de intentar escapar para mantener ocupados recursos humanos enemigos, junto a otros prisioneros escaparon por un túnel que habían estado excavando durante 9 meses. Fueron capturados en la frontera de Holanda y devueltos a Magdeburg. Robert fue liberado cuando finalizó la guerra y permaneció en el ejército hasta 1925. También participó en la Segunda Guerra Mundial y falleció en 1966 a la edad de 81 años.

Lamentablemente, los británicos no respondieron en el mismo sentido con una petición similar: el prisionero alemán Peter Gastreich se encontraba preso en la Isla de Wight cuando supo que su padre se estaba muriendo, y al igual que Robert pidió poderlo visitar para despedirse; pero el Departamento de Guerra británico no lo permitió…

No se puede reconocer la liberación temporal en base al precedente de la liberación condicional del capitán Campbell. No fueron consultados antes de que el Gobierno alemán concediese la licencia al oficial y no habrían dado su consentimiento a dicha propuesta si se les hubiese planteado.
Documento Ejército Británico



La realidad es que a los británicos no les hizo ninguna gracia aquella concesión humanitaria. De hecho, el único motivo para no impedir el regreso del capitán fue que estaba en juego la palabra de un oficial británico. Si estuviese en vuestras manos, ¿actuaríais como el gobierno alemán o británico?

martes, 16 de febrero de 2016

Fotos del funeral del tirano Perón



Las 12 fotos del funeral de Perón que fueron borradas
La obra histórica había sido publicada en 2014, al cumplirse 40 años de la muerte del ex presidente. Las imágenes del fundador del PJ eran inéditas y fueron desaparecidas de un sitio oficial


Infobae


Se trata de una obra histórica inédita. Son fotos. Doce. Habían sido publicadas en una base de datos oficial durante el gobierno de Cristina Kirchner, en 2014. Pero las nuevas autoridades las borraron. Las imágenes habían sido tomadas por la fotógrafa Marta Merkin para la agencia Noticias Argentinas tras la muerte, el 1° de julio de 1974, de Juan Domingo Perón.
Las fotos mostraban –según se reflejó en la publicación de 2014, que ahora está desaparecida- "el fuerte dispositivo de seguridad montado para despedir al general, así como la relativa ausencia de banderas políticas –salvo la de Montoneros y la Juventud Peronista- que podrían haber caldeado los ánimos". También, según la crónica borrada, las imágenes revelaban que "las muestras de dolor se alternan con las de abnegación: en esos días fríos y lluviosos, 135 mil personas desfilaron ante el féretro en el Congreso Nacional, y más de un millón se quedó afuera".

LAS IMÁGENES QUE AHORA ESTÁN DESAPARECIDAS MOSTRABAN, ADEMÁS DEL FUNERAL, EL PAÍS Y TODA UNA ÉPOCA.


La decisión de borrar las imágenes fue recibida por Irene Ulanovsky, la hija de la autora del material histórico, con desagrado y duros cuestionamientos. "¿Quién y con qué absurdo criterio borró estas notas? ¿Habrá sido otro error de carga? ¿Cambiemos es un Estado que borra los archivos?", se preguntó y aclaró: "Todavía no hay explicaciones oficiales sobre este asunto".
La reacción de Irene, hija del periodista Carlos Ulanovksy y de Merkin, fue publicada en su muro de Facebook y recordó todo el camino que tuvo el material fotográfico que había estado perdido durante años y que apareció cuando trabajaba en el Archivo Nacional de la Memoria. "Una tarde, un compañero de trabajo trajo una pilita de sobres de negativos. Uno de los sobres decía sepelio de Perón y al lado las letras MM. Enseguida lo reconocí. Era la letra de mi mamá", contó.

"Fue un gran momento. Las digitalicé y las retoqué yo, por supuesto. Eran fotones. Una cobertura completa. Fotos de día, de noche, retratos, vistas, detalles. Estaba todo. Y eran de mi mamá. Un tiempo después, al cumplirse los 40 años de la muerte de Perón las publicaron en Infojus. La nota se llamó "Las doce fotos del funeral de Perón que nunca viste". Fue una alegría verlas publicadas y replicadas infinidad de veces en las redes sociales. Fue sentir que como Estado estábamos haciendo las cosas bien. Se rescataron archivos que estaban desaparecidos y se pusieron en valor", recordó la hija de la autora del material.
"Ése era el país que Perón dejó al morir. En las fotos, inéditas hasta ahora, puede verse las muestras de dolor, que se alternan con las de abnegación: en esos días fríos y lluviosos, 135 mil personas desfilaron ante el féretro en el Congreso Nacional, y más de un millón se quedó afuera", decía la nota que fue borrada del sitio Infojus, acto que fue criticado por Irene Ulanovsky.
La decisión de las nuevas autoridades afectó a una obra histórica que muestra una etapa de la Argentina que fue clave para el futuro del país. Por ahora, se pudieron recuperar 10 de las fotos. La crónica de Infojus hablaba de doce. Las dos que faltan aún no fueron encontradas.


viernes, 31 de julio de 2015

San Martín: Las necrológicas francesas

Así informaron en Francia la muerte de José de San Martín
Claudia Peiró - Infobae
Por: Claudia Peiró cpeiro@infobae.com




El 21 de agosto de 1850, un diario de Boulogne-sur-mer publicó una necrológica que sorprende por lo completa y detallada. Escrita por un amigo francés, es una minibiografía exenta de algunas deformaciones de que fue objeto luego la trayectoria del Libertador

Adolph Gérard era el propietario de la casa que San Martín habitó en Boulogne-sur-mer durante poco más de un año y medio y en la cual murió. El general alquilaba un piso del edificio de la Grande Rue 105 –hoy propiedad de la República Argentina– en cuya planta baja residía el propio Gérard, abogado, periodista y por entonces director de la biblioteca de esa ciudad marítima del noroeste de Francia.

Gérard cultivó la amistad de San Martín en ese período y cuando éste murió auxilió a su hija y yerno en todos los trámites relativos a su sepelio. Días después, el 21 de agosto, publicó un extenso artículo en el diario local sobre la vida y la trayectoria político-militar de su ilustre inquilino.



Considerando que no se había escrito aún la historia de la Independencia Sudamericana y de sus protagonistas, y teniendo en cuenta también la inmediatez de esta publicación –hecha a tan sólo cuatro días de la muerte del general– cabe suponer que la fuente de los detallados conocimientos de que hace gala Adolph Gérard en su texto sobre la vida de San Martín era el mismo protagonista. De ahí su incalculable valor. Y por eso también la sorpresa ante la escasa atención que le prestaron posteriormente los estudiosos de la vida de San Martín a este texto, en el cual hay referencias a aspectos de su trayectoria que luego fueron reinterpretados, polemizados o silenciados por biógrafos supuestamente más “rigurosos” y documentados. Un caso es el de la famosa entrevista de Guayaquil. Gérard refiere lo allí discutido –no habla de secreto– y da por cierta –citando un párrafo– una famosa carta de San Martín a Bolívar –posterior a su célebre encuentro– que hizo correr ríos de tinta a los historiadores en una interminable polémica sobre su autenticidad.

“Aunque cinco años mayor que su rival de gloria, (San Martín) le ofreció (a Bolívar) su ejército –dice Gérard sobre la entrevista que tuvo lugar en Guayaquil el 22 de julio de 1822–, le prometió combatir bajo sus órdenes, lo conjuró a ir juntos al Perú y a terminar allí la guerra con brillo, para asegurar a las desdichadas poblaciones de esas regiones el descanso que tanto necesitaban. Con vanos pretextos, Bolívar se negó. Su pensamiento no es, parece, difícil de penetrar: quería anexar el Perú a Colombia, como había anexado el territorio de Guayaquil. Para eso, debía concluir solo la conquista. Aceptar la ayuda de San Martín era fortalecer a un adversario de sus ambiciones. Bolívar sacrificó por lo tanto sin hesitar su deber a sus intereses”.

Y sobre la que se conoce como “carta de Lafond” por el nombre del autor francés que primero la publicó completa, agrega Gérard: “De Lima misma, y con fecha del 29 de agosto, había anunciado a Bolívar sus designios en una carta mantenida secreta hasta estos últimos años, y que es como un testamento político (…): ‘He convocado, le decía, para el 20 de septiembre, el primer congreso del Perú; al día siguiente de su instalación, me embarcaré para Chile, con la certeza de que mi presencia es el único obstáculo que le impide venir al Perú con el ejército que usted comanda… No dudo de que después de mi partida el gobierno que se establecerá reclamará vuestra activa cooperación, y pienso que usted no se negará a una tan justa demanda’”.

Otro detalle interesante en el artículo del Impartial de Boulogne-sur-mer es la síntesis que hace Gérard del pensamiento político de San Martín, en términos que iluminan la futilidad de la discusión sobre el monarquismo del Libertador; no porque lo niegue, sino porque lo explica, al ponerlo en contexto: “Partidario exaltado de la independencia de las naciones, sobre las formas propiamente dichas de gobierno no tenía ninguna idea sistemática. Recomendaba sin cesar, al contrario, el respeto de las tradiciones y de las costumbres, y no concebía nada menos culpable que esas impaciencias de reformadores que, so pretexto de corregir los abusos, trastornan en un día el estado político y religioso de su país: ‘Todo progreso, decía, es hijo del tiempo’. (…) Con cada año que pasa, con cada perturbación que padece, la América se acerca más aún a esas ideas que eran el fondo de su política: la libertad es el más preciado de los bienes, pero no hay que prodigarla a los pueblos nuevos. La libertad debe estar en relación con la civilización. ¿No la iguala? Es la esclavitud. ¿La supera? Es la anarquía”.



Gérard nos deja también una descripción del aspecto y carácter de San Martín por aquel entonces. Cabe señalar que, dos años antes de su muerte, en 1848, su hija Mercedes lo convenció de posar para un daguerrotipo, por entonces toda una novedad. Esa es por lo tanto la única “fotografía” que tenemos de él: aquella en la cual está sentado y luce el cabello encanecido. Permite calibrar cuáles de los tantos retratos pintados de él son los más fidedignos.


Así describía Gérard a su inquilino: “El señor de San Martín era un bello anciano, de una alta estatura que ni la edad, ni las fatigas, ni los dolores físicos habían podido curvar. Sus rasgos eran expresivos y simpáticos; su mirada penetrante y viva; sus modales llenos de afabilidad; su instrucción, una de las más extendidas; sabía y hablaba con igual facilidad el francés, el inglés y el italiano, y había leído todo lo que se puede leer. Su conversación fácilmente jovial era una de las más atractivas que se podían escuchar. Su benevolencia no tenía límites. Tenía por el obrero una verdadera simpatía; pero lo quería laborioso y sobrio; y jamás hombre alguno hizo menos concesiones que él a esa popularidad despreciable que se vuelve aduladora de los vicios de los pueblos. ¡A todos decía la verdad!”.



Del relato de Gérard, emerge además una imagen diferente del ostracismo de San Martín, presentado por muchos de sus biógrafos como un período de oscuridad y silencio. Aunque, “menos conocido en Europa que Bolívar, porque buscó menos que él los elogios de sus contemporáneos”, dice Gérard, no era un exiliado ignoto: “En sus últimos tiempos, en ocasión de los asuntos del Plata [el bloqueo anglo-francés del Río de la Plata en tiempos de Rosas], nuestro Gobierno se apoyó en su opinión para aconsejar la prudencia y la moderación en nuestras relaciones con Buenos Aires; y una carta suya, leída en la tribuna por nuestro Ministro de Asuntos Extranjeros, contribuyó mucho a calmar en la Asamblea nacional los ardores bélicos que el éxito no habría coronado sino al precio de sacrificios que no debemos hacer por una causa tan débil como la que se debatía en las aguas del Plata”.

Este hecho –la lectura de una carta de José de San Martín en el parlamento francés en la cual el general les advertía de que no podrían doblegar al pueblo argentino– muestra no sólo que su presencia en Francia no era ignorada por las autoridades de ese país sino que él se mantuvo siempre atento a lo que sucedía en su Patria e intervino cada vez que pudo con los medios a su alcance en defensa de la independencia que había conquistado.