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lunes, 12 de septiembre de 2016

Catalunia y el 11 de Septiembre

La diada, el estado catalán y… Almanzor
Javier Sanz — Historias de la Historia




Hoy, como todos los años desde 1886, se celebra la Diada, la fiesta oficial de Cataluña, en la que se realizan ofrendas florales en la estatua de Rafael Casanova, conseller en cap, el héroe de la resistencia contra la ofensiva borbónica en 1714.

En 1700, tras la muerte de Carlos II sin descendencia, las potencias europeas se disputan el trono español. Por un lado, Felipe de Anjou (casa de los Borbones) –con el apoyo de Francia– y por otro, el archiduque Carlos (casa de los Austrias, a la que pertenecí­a el rey muerto) –con la coalición formada por Austria, Inglaterra, Holanda, Saboya, Prusia y Portugal– . Comenzaba la Guerra de Sucesión en 1701. El miedo a la pérdida de libertad (fueros propios) y a la instauración del absolutismo borbónico (recordemos que Felipe de Anjou era nieto de Luis XIV, el rey Sol) hace que los territorios de la Corona de Aragón apoyen al archiduque Carlos –mejor malo conocido que bueno por conocer, debieron pensar-. Tras varios años de guerra, y circunstancias que no vienen al caso, en 1713 se firmaba el Tratado de Utrech en el que se reconocía a Felipe de Anjou (Felipe V) como rey de España y de las Indias y renunciaba al trono de Francia –además todas las potencias implicadas pillaron cacho-.

Este triunfo implantó el absolutismo y los territorios que apoyaron al archiduque Carlos sufrieron las peores consecuencias. En los territorios de la Corona de Aragón (Aragón, Valencia, Cataluña y Mallorca) se suprimieron los Fueros, las Cortes… en resumen, la organización polí­tico-administrativa. Entonces, ¿qué pasó en Barcelona el 11 de septiembre de 1714?.


"L'Onze de Setembre de 1714" - d'Antoni Estruch i Bros (1909)

Tras el Tratado de Utrech, Cataluña no reconoce al nuevo monarca. Con la renuncia del archiduque Carlos al trono de España, la única ví­a que le queda a Barcelona (sola contra el Borbón) es la negociación. Felipe V, como medida de presión, enví­a el ejército, encabezado por James Fitz-James, sobre Barcelona. Tras el bloqueo marí­timo, y dos meses de asedio, el 11 de septiembre se ordenó el asalto a la ciudad; al dí­a siguiente Barcelona capitulaba. La resistencia más que militar fue popular, el propio James Fitz-James harí­a referencia a la valentí­a y obstinación de los habitantes de Barcelona.

Rafael Casanova, conseller en cap, era partidario de la negociación, pero las cosas se complicaron y cayó herido en el asalto – pero no murió como se rumoreó -. Posteriormente fue amnistiado y ejerció la abogací­a. Desde 1888, fecha en la que se inauguró la estutua en su honor, se utiliza su figura como icono representativo de la resistencia catalana. Sus palabras arengando a la defensa de Barcelona dejan claro que nada tenía de independentista:

Señores, hijos y hermanos: hoy es el dí­a en que se han de acordar del valor y gloriosas acciones que en todos tiempos ha ejecutado nuestra nación. No diga la malicia o la envidia que no somos dignos de ser catalanes e hijos legí­timos de nuestros mayores. Por nosotros y por la nación española peleamos. Hoy es el dí­a de morir o vencer. Y no será la primera vez que con gloria inmortal fuera poblada de nuevo esta ciudad defendiendo su rey, la fe de su religión y sus privilegios.
La celebración del 11 de septiembre, al principio, sólo era un homenaje a la resitencia, el coraje y la valentí­a de los que defendieron la ciudad y a las propias instituciones catalanas. Fue tras la celebración de 1977, la primera en democracia y en la que se congregaron más de un millón de personas, cuando se empieza a reivindicar la recuperación de las instituciones y la parte de autogobierno perdidas a manos de Felipe V. Tras el Estado de las Autonomí­as, estas reivindicaciones fueron atendidas. Mi crítica, por llamarlo de alguna forma, es el uso que se hace de esta fecha – la Diada – y de la figura de Rafael Casanova como fundamento de la reivindicación de independencia.

Yo creo, humildemente, que una fecha más representativa para reivindicar la independencia sería el 6 de julio de 985. Almanzor arrasó la ciudad de Barcelona. Se perdió todo: casas, haciendas, cultivos, propiedades… y, sobre todo, muchas vidas. Multitud de catalanes fueron hechos esclavos y enviados a Al-Andalus. Esta fecha es más exacta para pedir la independencia porque a finales del siglo X, con Borrell II, el Condado de Barcelona SÍ QUE ERA TOTALMENTE INDEPENDIENTE.  Posteriormente, con la boda de Ramón Bereguer IV y Petronila de Aragón, pasarí­a a formar parte de la Corona de Aragón.

Y para terminar, y simplemente con algo anecdótico, os dejo el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra del 7 de octubre de 1934, un día después de que Lluís Companys, presidente de la Generalitat, se asomase al balcón de la plaza de Sant Jaume y gritase:

En esta hora solemne, en nombre del pueblo y del parlamento, el Gobierno que presido asume todas las facultades del poder en Cataluña y proclamo el Estado catalán en la República federal española.
Espero que sirva para no repetir errores pasados… y me refiero a la reacción del Gobierno de la República.

martes, 17 de noviembre de 2015

Panamá: Una sandía y la injerencia norteamericana

¿Todo por una tajada de sandía?




Cuando el estadounidense Jack Olivier se resistió a pagar los cinco centavos de dólar que costaba una tajada de sandía, jamás imaginó que estaba marcando la historia de toda una nación. Por entonces, Panamá era una gran ciudad de la República de Nueva Granada, respondiendo al gobierno de Bogotá. Miles de estadounidenses usaban a Panamá como ciudad de tránsito, utilizando el Ferrocarril Transístmico para llegar a California, donde se había descubierto gran cantidad de oro. Ellos gozaban de los privilegios del Tratado Mallarino-Bidlack (1846), que otorgaba para locales y estadounidenses iguales derechos de navegación, comercio y uso de puertos en Nueva Granada.

El clima era hostil, muchos estadounidenses se paseaban ebrios y armados por la ciudad, y los lugareños estaban descontentos con los disturbios que ocasionaban. Fue entonces cuando el 15 de abril de 1856 Jack se negó a pagar la tajada de sandía a José Manuel Luna, dueño de un puesto donde actualmente se sitúa el Mercado de Marisco de Panamá.Tras una gran discusión, el estadounidense disparó a un lugareño y se dio a la fuga. En ese momento, un tren proveniente de Colón repleto de estadounidenses arribó a la estación, muy cerca del lugar del disturbio. La pelea acrecentó desmesuradamente, los estadounidenses se refugiaron en la estación, la guardia de Nueva Granada acudió al lugar en defensa de los lugareños, y una pequeña guarnición estadounidense hizo lo propio por sus compatriotas. La ola de disturbios llegó a las ciudades aledañas, incluso a Colón, situada a 90 kilómetros de distancia. Transcurrieron tres días de destrucción, incendios y saqueos. Dos granadinos y dieciséis estadounidenses murieron, y casi treinta personas resultaron heridas entre ambos bandos.

EE.UU. tomó como fidedigno el reporte de Amos B. Corwine, su comisionado especial en Panamá,y desoyó los testimonios de los cónsules de Francia, Ecuador y el Reino Unido, que favorecían a los locales. Nueva Granada pagó una indemnización y EE.UU. señaló la falta de capacidad del gobierno granadino para controlar la zona. De allí que muchos relacionen este hecho con la invasión del 19 de septiembre del mismo año, cuando 160 soldados estadounidenses desembarcaron en Panamá. Es verdad que la ocupación estadounidense fue solicitada por el vice-gobernador panameño bajo el aval del tratado de 1846, para “mantener el orden” del paso del istmo. Sin embargo, el pedido se debió a un inminente enfrentamiento armado entre conservadores y liberales por un asunto de fraude electoral que tuvo lugar en el mes de junio. Con todo, el incidente de la Tajada de Sandía pasó a la historia como antecedente, no directo, de esa ocupación.

Por entonces, la enemistad entre locales y estadounidenses hacía imposible imaginar el importante papel que cumplirían los norteamericanos a favor de la separación Panameña de Colombia el 3 de Noviembre de 1903. EE.UU. fue recompensado con concesiones que les trajeron grandes beneficios tras la construcción del Canal de Panamá en 1914, un “tajo” en la tierra acaso bastante más recordado en la historia que aquel de 1853 hecho en una sandía.

History Channel

jueves, 27 de noviembre de 2014

Catalanes quieren sacar la estatua de su asediador madrileño

Una estatua reabre la guerra de 1714 
Madrid rechaza quitar la efigie a Blas de Lezo, al que Barcelona culpa de asediar la ciudad 
BRUNO GARCÍA GALLO - El País


Detalle de una ilustración sobre el primer asedio a Barcelona, datada en 1706, dentro de la exposición 'Memória gráfica de una guerra'.

“En ningún momento, bajo ningún concepto y en ningún caso contemplo quitar el monumento a Blas de Lezo, que lo es a la verdad, contra el olvido y contra la manipulación de quienes pretenden cambiar la historia de una gran nación como es España”, ha respondido la alcaldesa de Madrid, Ana Botella (PP) a EL PAÍS sobre la exigencia del Ayuntamiento de Barcelona (CiU), para que se retire la estatua al militar.

“¿Qué dirían si Barcelona homenajeara a una persona que hubiera bombardeado Madrid?”, se preguntaba el miércoles el primer teniente de alcalde barcelonés, Joaquim Forn (CiU). “Homenajear al cómplice de la pérdida de nuestras libertades, de la prohibición de nuestra lengua y un largo etcétera, no nos parece de justicia, ni digno de admiración”, censuró Joan Laporta (Democràcia Catalana), que, junto a Jordi Portabella (ERC), presentó la moción, informa Clara Blanchar.

Según Laporta, “Blas de Lezo tuvo “un protagonismo destacado” en el asedio a Barcelona, al “capitanear el bombardeo”. En opinión de la historiadora Carolina Aguada, comisaria de la última gran exposición sobre el militar y asesora en la elaboración de la estatua, “ese punto de partida es erróneo”. Según su reconstrucción, aún bajo investigación, Blas de Lezo (Pasaia, 1689) acababa prácticamente de iniciar su carrera y era alférez de bajel de alto bordo cuando le mandaron a Barcelona durante el primer (y fracasado) sitio, en 1706, en el que participó Felipe V y que por mar capitaneó Luis Alejandro de Borbón.

En 1713, relata la historiadora, Barcelona era el último bastión leal al archiduque Carlos de Austria cuando las tropas de Felipe V, comandadas por el duque de Popoli, cercaron de nuevo la ciudad. Blas de Lezo formó parte del asedio por mar como capitán del Campanela en una flota al mando de Manuel López Pintado. En los combates, perdió la movilidad en un brazo por un disparo de mosquete; en 1704 había perdido una pierna en Vélez-Málaga por un cañonazo, y dos años después un ojo en Santa Catalina de Tolón.

Laporta, apoyado por CiU e ICV, le acusa de “capitanear” el ataque a la ciudad condal
“Las autoridades catalanas resolvieron continuar la guerra contra Felipe V ante la posibilidad de perder sus leyes y autogobierno”, aseguró la Generalitat de Cataluña (CiU) con motivo de una exposición en febrero que conmemoraba el tricentenario de la caída de Barcelona. La ciudad “capituló después de 14 meses de asedio” (aquel 11 de septiembre es la fiesta nacional catalana, la Diada).

“Los decretos de Nova Planta (en 1716) pusieron fin a las leyes catalanas y su gobierno. En el siglo XIX, el movimiento catalanista de la Renaixença contribuyó a crear un imaginario colectivo sobre el pasado catalán”, y aquel día “se convirtió en símbolo y un referente importante de las reivindicaciones nacionalistas”, añadía.


Estatua a Blas de Lezo inaugurada el día 15 en Madrid. / ÁNGEL DÍAZ (EFE)

Así lo explica el catedrático Joaquim Albareda (UPF): “Fue la pérdida de un sistema jurídico y político propio; no sólo se perdieron las Cortes, la Generalitat y un tribunal de tipo constitucional, sino la capacidad de que el hombre común participara en política. De golpe y porrazo, se impuso un sistema militarizado y absolutista”.

Así, la estatua es “inoportuna por sus connotaciones en un momento político ya de por sí bastante complejo y envenenado”. “Con la memoria histórica hay que tener respeto por lo que significa, sobre todo porque en la guerra hubo una España vencida”, zanja.

Botella: “En ningún caso y bajo ningún concepto retiraré el monumento”
Disiente Ricardo García Cárcel, catedrático de la UAB y miembro de la Real Academia de la Historia: “La participación de Blas de Lezo fue casi anecdótica, y no sirviendo a España sino a Felipe V contra los partidarios del archiduque. Me produce un rechazo enorme la interpretación de Guerra de Sucesión en términos de España contra Cataluña. Es falso y maniqueo”. Fernando García de Cortázar, catedrático de Deusto, lo cree “una muestra más de la agotadora campaña nacionalista”. “La derrota de 1714 se prolonga en la imaginación colectiva como esos relatos de ficción que niegan la historia y pretenden reconstruirla. Dudo de que en ninguna parte de Europa se haya asistido a tal labor de manipulación cultural como la que estamos sufriendo con ocasión del tricentenario. Ahora le toca a Blas de Lezo, uno de los marinos más destacados. Aquí no cabe ni indiferencia profesional ni desidia cívica porque el nacionalismo nunca construye sus espejismos sin arrebatarnos nuestras realidades”, asegura.

José Álvarez Junco, catedrático emérito de la UCM, coincide en que “todo esto nada tiene que ver con lo que ocurrió hace 300 años sino que responde a intereses políticos actuales”.

Albareda: “Es inoportuno en un momento ya complejo y envenenado”
La estatua, sin embargo, tuvo una génesis aparentemente inocente, según explica su impulsor, Íñigo Paredes. “Queremos recuperar la memoria de aquel almirante que, ante una flota mucho mayor que la Armada Invencible, hizo gala de un heroísmo inigualable”, señaló en una petición en change.org. Recabó 10.700 firmas, concitó la respuesta entusiasta de Botella, y permitió recaudar 150.000 euros entre ciudadanos de a pie para construir la estatua (obra de Salvador Amaya), que el rey Juan Carlos I inauguró en la plaza de Colón el sábado 15.

La referida gesta fue la defensa victoriosa de Cartagena de Indias (ahora, Colombia) con 6.000 soldados y 990 cañones ante las tropas inglesas, que contaban con 23.600 hombres y 3.000 piezas de artillería. Blas de Lezo murió seis meses después de peste.

Poco antes de la inauguración de la estatua, el edil barcelonés de Cultura, Jaume Ciurana (CiU), publicó en Twitter: “Madrid mañana inaugura una escultura a Blas de Lezo, que, entre otras cosas, bombardeó Barcelona durante el sitio de 1714. En fin”. Aquello levantó una tormenta en esa red social, convirtiéndose en uno de los temas más comentados.

García Cárcel y García de Cortazar rechazan la crítica al militar del siglo XVIII
El miércoles, en el Ayuntamiento catalán, también ICV vio “plenamente justificada” la petición de retirar la estatua. Los socialistas aseguraron no entenderlo, y calificaron la moción de “injerencia” en asuntos de Madrid. Acusaron a los proponentes de querer “borrar todo lo que tiene que ver con la historia común”, pero se abstuvieron; el PP votó en contra. En Madrid, el candidato socialista a la Alcaldía, Antonio Miguel Carmona, achacó el jueves la iniciativa a “la incultura, el provincianismo y un deseo de reescribir la historia para que los hechos cuadren con sus delirios”.