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sábado, 19 de marzo de 2016

Guerra de Secesión: Las fotos de los veteranos heridos



Estas fotos misteriosas de la guerra civil cambiado la forma de los EE.UU. vio a sus veteranos
La innovadora fotografía de Reed Bontecou utiliza un nuevo medio para llamar la atención sobre las heridas de la guerra

Por Erin Blakemore
SMITHSONIAN.COM

La Guerra Civil cambió todo estadounidenses pensaban acerca de la guerra y ella misma. Se marcó el comienzo de un nuevo tipo de guerra, que puso la innovación industrial de Estados Unidos a la prueba e hizo matar más fácil que nunca. Pero los que no morían terminó con heridas de los gustos de los cuales nunca se habían visto (o tratados) por los médicos. La tecnología moderna ha creado un nuevo grupo de veteranos modernas.



Pero la tecnología moderna también estaba en la mano para ayudar a los soldados heridos. Como señala la opinión de Dominio Público, un médico llamado Reed Bontecou utiliza la nueva innovación de la fotografía para documentar las víctimas de la Guerra Civil. Las fotos fueron tomadas anteriormente por Bontecou y marcadas con lápiz rojo para mostrar la trayectoria de los disparos que causaron cada herida. Las aterradoras fotos que tomó no se utilizaron sólo para documentar los efectos físicos del conflicto, sino para enseñar a los cirujanos de campo y ayudar a los veteranos reciben una compensación una vez que la guerra había terminado.



Bontecou practicó la medicina para el ejército en Nueva York, cuando estalló la guerra. Se convirtió en cirujano primer regimiento de voluntarios de la Guerra Civil y de pronto se encontró realizar los primeros auxilios, cirugías e incluso amputaciones en campos de batalla activa en condiciones intensas. Con el tiempo se convirtió en cirujano en jefe del mayor hospital general de la república de la guerra.

Y ahí es donde entra en juego la fotografía. Dentro del hospital, Bontecou comenzó a documentar heridas de los soldados utilizando cartes de visite. Las fotografías tamaño de la palma eran baratos y fáciles de hacer, y el equipo de Bontecou ellos utilizan no sólo para documentar las formas en que se estaban heridos soldados, sino como herramientas para enseñar a los cirujanos en el campo de las nuevas formas de realizar cirugías. Bontecou contribuyó en gran medida a la historia médica y quirúrgica de la guerra de la rebelión, que fue encargado por el Cirujano General de los EE.UU., y resumió los resultados médicos de la guerra.



Después de la, fotografías de Bontecou llegó a ser importante por una razón diferente: Fueron utilizados por los soldados que necesitaban para demostrar la gravedad de sus heridas a las juntas de pensiones a recibir una compensación por sus servicios. Hoy en día, Bontecou a veces se llama "el Napoleón de Cirujanos" por su valentía. Pero los soldados cuyas heridas fotografió a hombres infectados con gangrena, acribillados y despojados de la vida que una vez supieron lo que era ser atravesado por explosiones de munición eran tan valiente cuando éstos sufrieron sus heridas, luego desnudados para la cámara.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Argentina: Angloargentinos en la SGM

La historia de los 5 mil argentinos que pelearon en la Segunda Guerra Mundial
Por: Alicia Panero - Especial para Infobae
Entre los voluntarios hay ex jugadores de Los Pumas. También participó la madre de Luca Prodan. Hay 12 sobrevivientes, el más joven de los cuales tiene 92 años. Mañana se inaugura una muestra en su honor


Los doce sobrevivientes, junto a Claudio Meunier.


Varios sobrevivientes, durante el entierro del Caballero negro en el Cementerio Británico de la Ciudad de Buenos Aires.

Maureen Dunlop, la "Piloto de las Pampas".

Varios sobrevivientes, durante el entierro del Caballero negro en el Cementerio Británico de la Ciudad de Buenos Aires.

Varios sobrevivientes, durante el entierro del "Caballero negro" en el Cementerio Británico de la Ciudad de Buenos Aires.

Maureen Dunlop, la "Piloto de las Pampas".

Maureen Dunlop, la "Piloto de las Pampas".

Kenneth Langley Charney, conocido como Caballero Negro.

Kenneth Langley Charney, conocido como "Caballero Negro".




La Segunda Guerra Mundial se llevó de Argentina cerca de 5 mil voluntarios, entre ellos, 400 mujeres, que participaron activamente de las acciones aliadas durante 4 años. Hoy sobreviven 12 de aquellos valientes –el más joven tiene 92 años– y se reúnen periódicamente para recordar y están en contacto con pilotos veteranos de la guerra de Malvinas. Nunca cobraron una pensión de guerra ni la reclamaron, y son verdaderos héroes de la libertad de Europa. Mañana se inaugura en Rosario una muestra en su honor.

Del primer seleccionado de rugby Los Pumas fueron casi todos a combatir. También la mamá de Luca Prodan, de la banda Sumo, que fue voluntaria y envió a su hijo con su mejor compañera, una argentina que se llamaba Cynthia, quien en se ocupó de él y en cuya casa se formó el grupo.

Descubrir historias tan intensas nos lleva a un pasado casi desconocido, lleno de riqueza humana, poco difundido y valorado. Claudio Meunier rescata estas historias en cuatro libros apasionantes, entre ellos, Alas de trueno –junto a Oscar Rimondi–, y Nacidos con honor, que relatan las vidas de estos argentinos, descendientes de ingleses, galeses, dinamarqueses y criollos que no dudaron en ofrecer sus servicios y sus vidas por la libertad.

El Caballero Negro de Malta

Kenneth Langley Charney, conocido como "Caballero Negro", se destaca entre los argentinos que pelearon junto a los aliados. Combatió en las filas inglesas, derribó doce aviones enemigos, dañó seriamente otros 16 y participó del Día D en Normandía. Se ganó su apodo por combatir en la batalla de Malta y por sus temerarias acciones, que consistían en atacar de frente a los bombarderos alemanes y derribarlos de a uno.

Luego de la guerra, se retiró a vivir en paz, lejos del ruido, y tuvo un final oscuro, víctima del alcoholismo. Y fue dado por desaparecido, hasta que Meunier, inquieto y apasionado por las historias de aviación, encontró su tumba en un pequeño cementerio de Andorra.


Un periódico local que trató el tema había titulado "El héroe sin nombre del nicho 209". Cuando los vecinos se enteraron de quién estaba allí, hicieron poner una placa que decía "Héroe de la Segunda Guerra Mundial".

El nicho donde estaba enterrado no se pagaba desde 1988 y corría riesgo de desalojo. Para evitar que sus restos terminaran en un osario, Meunier organizó un operativo de repatriación que finalizó con el retorno del héroe a la Argentina. Sus restos descansan hoy en el cementerio británico de la Ciudad de Buenos Aires, y en su lápida dice: "Aquí yace un héroe". Eso, dice Meunier, simplifica su gran historia.

El Caballero Negro era bahiense. Si bien había nacido en Quilmes, su lugar de crianza fue Bahía Blanca, donde vivió con su familia en el hotel Atlántico, en las calles Brown y Colón. Charney era un niño inquieto, que con 10 años le sacó el automóvil a su padre y fue detenido en la Avenida Alem.

La "Piloto de las Pampas"

Maureen Dunlop, la "Piloto de las Pampas", murió a los 91 años en el anonimato. Hija de un australiano, nació en Quilmes en 1920, tomó cursos de piloto en unas vacaciones en Londres y, como lo hiciera su padre en la Primera Guerra Mundial, cuando estalló la segunda viajó con su hermana a Reino Unido. Se embarcaron en 1942 con muchos anglo-argentinos con las mismas intenciones: alistarse al ejército aliado.

Maureen integró junto a otras 164 mujeres el Air Transport Auxiliary del Reino Unido. Su misión fue llevar aviones desde las fábricas o talleres de mantenimiento hasta sus bases. Voló 38 tipos diferentes de aviones y, luego, de la guerra, consiguió la calificación de instructora de vuelo de la RAF.

De regreso a la Argentina, instruyó pilotos de una naciente Aerolíneas Argentinas y también voló para la Fuerza Aérea, aunque nunca le otorgaron las alas de aviador militar.

En 1982, al ser entrevistada en ocasión de la guerra de Malvinas, expresó su gran dolor por el amor que sentía por ambos países. Pasó sus últimos años en Inglaterra, donde la sobrevive una hija.

Los argentinos muertos en la Segunda Guerra están enterrados en los cementerios militares donde cayeron y en los campos de concentración donde algunos fueron detenidos y torturados. Hay tumbas en Birmania, Egipto, Alemania, Holanda, Francia, Inglaterra. En sus lapidas, se puede leer: "Cuando vuelvas a casa, háblales de nosotros, y diles que por su mañana entregamos nuestro hoy".

viernes, 26 de junio de 2015

Guerras napoleónicos: El último veterano de Waterloo

El misterio del último soldado de Waterloo
Esta es Louis-Victor Baillot, el combatiente más antiguo de Waterloo. La fotografía fue tomada un año antes de su muerte.


Por Michael Prodger - The New Statesman



Vivo y testimonio: Louis-Victor Baillot, en la foto en 1897, el último sobreviviente de los miles de personas que entraron en combate en los campos de la muerte en Waterloo

Hay un momento imposible de rastrear en el que el pasado se desliza desde el reino de la memoria en tiempo profundo. Tal vez es alrededor de la marca de 100 años, cuando los que fueron testigos de cualquier evento dado han muerto hace ya mucho tiempo. Sólo de vez en cuando, la tecnología ofrece una manera de ir por la madriguera del conejo, como en el cuento de Alicia. Existe, por ejemplo, una grabación de 1890 del poeta Alfred Lord Tennyson recitando "La carga de la brigada ligera", su respuesta al racconto en el Times de esa trágica maniobra. También hay dos grabaciones, desde 1902 y 1904, del castrato Alessandro Moreschi, un miembro de la Capilla Sixtina durante 30 años y uno de los últimos niños a ser mutilado para forraje coral.

En este año de aniversario de la batalla de Waterloo (18 de junio de 1815), vale la pena recordar cómo tecnología relativamente nueva conserva una pieza mayor y más resonante de la historia en la forma de una simple fotografía de un anciano sentado en un banco. El hombre es una figura venerable pero poco atractivo; descansa sus manos sobre un bastón, tiene zuecos en los pies, lleva polainas más los pantalones ceñido y tiene dos medallas en su abrigo.

Esta es Louis-Victor Baillot, el combatiente más antiguo de Waterloo. Baillot nació en Percey en Borgoña el 7 de abril de 1793, poco más de dos meses después de que Luis XVI fuese llevado a la guillotina. Murió, a los 104 años, el 3 de febrero de 1898, 15 días antes de la pionera de autos deportivos de Enzo Ferrari naciera. La fotografía fue tomada un año antes de la muerte de Baillot.

Cuando era joven, Baillot fue reclutado en Grande Armée de Napoleón en 1812 y se unió al 3er Batallón de Línea del 105º de Infantería Demi-Brigade. Viajó hasta el Vístula en Polonia, donde su brigada se reunió con los restos del ejército principal, ya que se retiró de la desastrosa campaña de Rusia. Luego pasó a luchar en el sitio de Hamburgo bajo la implacable mariscal Davout. Después de una pausa en el servicio tras el exilio del emperador de Elba, Baillot se reincorporó al ejército en 1815 cuando Napoleón regresó a Francia continental y marchó con su viejo brigada a Bélgica. El 14 de junio Baillot vio a su comandante en jefe en persona por primera y última vez cuando el emperador revista a sus tropas antes de Waterloo.

Cuatro días más tarde Baillot fue derribado por una estocada a la cabeza, a cargo de un soldado de caballería de carga de los grises escoceses. Habría muerto, no tenía la fiambrera que guardaba bajo su sombrero llevado la peor del golpe. Él fue dejado por muerto en el campo de batalla, donde el día siguiente fue recogido y transportado a un barco-prisión de Plymouth como prisionero de guerra. A finales de 1816 Baillot fue repatriado y se descarga como un tísico.

Existe poca evidencia de los restantes ocho décadas de su vida. Se sabe que regresó a su casa de la familia en Auxerre y en algún momento se casó con una mujer llamada Appoline Carlos, con quien tuvo una hija y vive tranquilamente en Carisey, en el Yonne. Las únicas cosas que lo han marcado como uno de los veteranos de Napoleón eran su afición a ver el desfile anual de la guarnición Auxerre, sus dos medallas - la Legión de Honor (otorgados tarde, en 1896) y la Medalla de Santa Helena - y la cicatriz en la cabeza. En el momento de su muerte fue una figura venerada en silencio. Una multitud decente asistió a su funeral y vio como su tumba estaba cubierta con una piedra con el simple leyenda "Le Dernier de Waterloo".

Así que el viejo hombre de la fotografía es digno de una segunda mirada. Esas manos nudosas vez dispararon un mosquete en una de las batallas más célebres de la historia y los ojos entrecerrados vieron Napoleón Bonaparte en su pompa.

Michael Prodger es editor asistente del New Statesman

martes, 16 de junio de 2015

Guerra del Chaco: El último veterano paraguayo

El último veterano del cuartel

Andrés Benítez Flecha es el único veterano de la Guerra del Chaco que vive en el cuartel de la Victoria, en San Lorenzo. Sigue dando pelea a sus 102 años, pese a que la injusticia y la desidia del Estado hicieron que la necesidad caracterizara su vejez.
ABC Color




Aún sigue respetando la disciplina que aprendió en sus días de soldado. Don Andrés se levanta todos los días puntualmente a las 07:00, se baña, desayuna, y algunos días recibe visitas en la mañana, generalmente de estudiantes. “Vienen, pero siempre se van”, dijo el veterano con cierto pesar. Los minutos que pasa con los jóvenes son muy valorados por él, ya que no cuenta con ningún familiar vivo, según comentaron los demás soldados. También pobladores de su natal Valenzuela lo suelen visitar.

A las 10:00 es la hora de preparar su tereré, que es “uno de los vicios” que aprendió en la guerra, a la que se alistó cuando apenas tenía 18 años. De la contienda aún recuerda algunos episodios, que comparte habitualmente con la encargada de su cuidado, la señora Teodolina Sosa, quien con mucha paciencia algunas veces tiene que oír la misma historia una y otra vez, ya que la memoria de Don Andrés ya está fallando. Otro problema de salud que tiene es la ceguera. Fuera de estas dos dificultades, el veterano se muestra con mucha fuerza, inclusive puede caminar sin ayuda.




Teodolina recuerda particularmente el día en el que falleció el señor Gabino Ayala, su compañero de cuarto y también veterano de guerra. “Él se quedó muy triste, porque era su compañero, era un buen señor”, contó. Desde el año pasado, Andrés es el último veterano con vida que está en el cuartel de la Victoria.



De sus días en el campo de batalla, recordó que pasaron varios días sin comer y sin tomar agua, en el árido territorio chaqueño y bajo el fuerte sol. “Recorrías el bosque, no tomabas agua, no cenabas de dos a tres días”, relató el veterano. Según los registros, prestó servicio en el Regimiento de Zapadores Nº 4, donde tuvo una destacada labor. Participó en las batallas de Karanda’yty y Algodonal en agosto de 1934 y El Carmen en noviembre de ese año.

INJUSTICIA

El país le debe mucho a Don Andrés. Siendo joven, dejando su pueblo natal, sus estudios, su trabajo, fue a una guerra a la que ni siquiera sabía a profundidad para qué. Cada 12 de junio se enseña en las escuelas, se lee en los libros o se menciona en los discursos a los “héroes del Chaco”, que en su mayoría pasaron una vejez en medio de necesidades.

En el caso de Benítez Flecha, recibió su pensión recién el año pasado. Fue incluido en planilla fiscal de pagos desde el 7 de mayo de 2014, mediante un Acuerdo y Sentencia de la Corte Suprema de Justicia. En tal concepto, el veterano percibió una pensión de G. 1.530.672 y un subsidio de G. 1.913.340, que fue cobrado, pues el pago se realizó en el mismo Cuartel de la Victoria. Además de ese monto, que cobra mensualmente, a Andrés Benítez se le pagó un acumulado de G. 47.112.060, monto que corresponde a haberes atrasados, puesto que la Corte Suprema dispuso que el pago de sus asignaciones cubran desde el momento de la presentación de la solicitud, que fue de setiembre de 2009. Pero a estas alturas, es poco lo que pudo disfrutar.



Apenaite acobrá la che sueldomi”, manifestó Benítez Flecha al recordar cómo accedió a la pensión para veteranos de guerra. Lastimosamente, ya pasó la mayor parte de su vejez sin este beneficio. Cuando le consultamos acerca de para qué utiliza este dinero, entre risas, dice que para “naco y yerba”. Otros compañeros suyos fallecieron sin haber percibido su salario, lo cual lamentó. El dinero es destinado para sus alimentos, ya que lógicamente por su edad, debe comer productos livianos y sanos. Afortunadamente, a pesar de las carencias que pasó los últimos 20 años que está en el cuartel debido a que no gozó de su pensión, siempre tuvo el cariño de los funcionarios, de sus compañeros y de los visitantes, ya que no tiene a ningún familiar cercano vivo, nunca se casó ni tuvo hijos.

La deuda no fue solamente con Don Andrés, que tímidamente “fue saldada”, pero muy tarde. Él es consciente de ello, ya que al hablar al respecto, dijo que “hace rato ya se rindió”. Además de él, siguen vivos cerca de 700 veteranos en todo el país. Muchos aún esperan que se cumpla con ellos, ya que ellos sí cumplieron hace 80 años, pero en el campo de batalla.