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sábado, 14 de abril de 2018

Nazismo: La resistencia de la Rosa Blanca

En memoria de la Rosa Blanca, el movimiento alemán que enfrentó a Hitler





Una fotografía de archivo sin fecha muestra a Sophie Scholl, una figura simbólica de resistencia al régimen nazi que fue ejecutada el 22 de febrero de 1943 cuando tenía 22 años. Scholl, su hermano hans y su amigo Christistoph Probst fundaron la rosa blanca, un grupo estudiantil que predicaba resistencia a los nazis. (Agence France-Presse)

Por  Richard Hurowitz - Clarín


El 22 de febrero se cumplieron 75 años de que un grupo de jóvenes idealistas alemanes, estudiantes que se habían atrevido a pronunciarse en contra de los nazis, fueron ejecutados por el régimen al que desafiaron. Como una llama titubeante en la oscuridad, la Rosa Blanca, como se llamaban sus miembros, es un grupo inspirador que nunca perdió la valentía, así como un atemorizante recordatorio de lo inusuales que son tales héroes.

El fundador del grupo, Hans Scholl, y su hermana, Sophie, crecieron fuera de Múnich. Su padre les infundió una fuerte moral rectora y una cosmovisión religiosa. Como muchos de su edad, Hans se unió a las Juventudes Hitlerianas. Sin embargo, comenzó a tener dudas casi de inmediato: los nazis no le permitían cantar ciertas canciones, ondear ciertas banderas ni leer a Stefan Zweig, su autor favorito. Ganó un puesto de abanderado en uno de los congresos anuales de Núremberg y regresó sintiéndose perturbado por lo que había visto.

Hans quería convertirse en doctor y cuando lo reclutaron lo apostaron como paramédico en Francia. Después de un viaje de servicio, regresó a la Universidad de Múnich para continuar con sus estudios médicos. Pronto Sophie se unió a él como estudiante de la universidad. Hans leía mucho —a Platón, Sócrates, San Agustín y Pascal— y decoró su habitación en la casa estudiantil con arte modernista francés. Atrajo a un círculo de estudiantes afines: Alexander Schmorell, el hijo de un doctor; Christoph Probst, el joven padre de dos niños que apenas comenzaban a caminar, y Willi Graf, un introvertido meditabundo. Pronto encontraron un mentor intelectual en Kurt Huber, un profesor de Filosofía y apasionado creyente de la democracia liberal.

En el verano de 1942, Hans y sus amigos —inspirados por los sermones del obispo de Münster, que se oponía al nazismo— comenzaron a distribuir panfletos hechos a máquina de escribir que denunciaban al régimen. Sus palabras eran incendiarias. “Cualquier alemán honesto se avergüenza de su gobierno actual”, escribió Hans; un gobierno que cometía “los crímenes más horribles, crímenes que sobrepasan ilimitadamente cualquier medida humana”. Los miembros de la Rosa Blanca declararon que cualquiera que no hiciera nada era cómplice e imploraban a todos los ciudadanos que participaran en una “resistencia pasiva” ante el Estado nazi.

La Rosa Blanca también denunciaba las atrocidades cometidas contra los judíos. Schmorell y Hans escribieron en el segundo panfleto del grupo: “Aquí vemos el más espantoso crimen en contra de la dignidad humana, un crimen que no tiene paralelo en toda la historia puesto que los judíos también son seres humanos”. No se mordían la lengua ni siquiera respecto al Führer: “Todas las palabras que salen de la boca de Hitler son mentiras”. Salpicados con referencias eruditas a Goethe, Aristóteles, Schiller, el libro del Eclesiastés, Lao-Tse y otros, los panfletos concluían con un ruego para apoyar a la Rosa Blanca haciéndolos circular. “No guardaremos silencio”, terminaba el cuarto. “Somos su conciencia. La Rosa Blanca no los dejará en paz”.

Los panfletos aparecieron en los buzones y las casetas telefónicas entre finales de junio y mediados de julio de 1942 y se propagaron entre estudiantes afines en Fráncfort, Hamburgo, Berlín y Viena. Se detuvieron cuando Hans, Schmorell, Graf y Probst fueron enviados al este, después de ser notificados solo un día antes, al frente ruso, donde los alemanes estaban empantanados. Aun así, Hans se rebeló contra los nazis con actos de simple humanidad incluso mientras se dirigía al frente. En el tren hacia Rusia, vio a una pequeña niña judía que hacía un trabajo rudo y traía la Estrella de David color amarillo que los nazis obligaban a los judíos a portar. Bajó corriendo y le dio una barra de chocolate de su propia ración —y una margarita para que se la pusiera en el cabello—.

Después de regresar del frente, Hans y los demás emitieron dos panfletos más, en los que advertían que tras ser vencidos en Stalingrado la derrota alemana era inevitable. En una declaración de lo preciados que son los derechos individuales, los panfletos preguntaban: “¿Tendremos que ser por siempre una nación odiada y rechazada por toda la humanidad?”. Hans, Schmorell y Graf salían a hurtadillas por la noche y pintaban letreros que decían “Abajo Hitler”, “Libertad” y otros lemas en la avenida principal de Múnich.

Luego, el 18 de febrero de 1943, Hans y Sophie decidieron distribuir panfletos en la universidad y dejaron pilas de ellos en los corredores. Cuando estaban por irse, Sophie notó que había más copias en su maleta y se dirigió a lo alto de la escalera, que daba a un atrio. Lanzó los panfletos restantes al aire y miró cómo caían por el pozo de la escalera.

El encargado de mantenimiento, Jakob Schmid, un ferviente simpatizante de los nazis, estaba mirando. De inmediato cerró las puertas y notificó a las autoridades. Los hermanos fueron arrastrados al palacio de Wittelsbach, cuartel general de la Gestapo. Poco después también arrestaron a Probst, cuya esposa había tenido a su tercer hijo semanas antes. Fueron interrogados durante varios días, pero se rehusaron a implicar a alguien más.

Los tres fueron declarados culpables de alta traición y sentenciados a muerte. A las pocas horas, los ejecutaron en la guillotina. Antes de poner su cabeza en el bloque, las últimas palabras de Hans hicieron eco a través de la prisión: “Que viva la libertad”. En las semanas siguientes, los demás miembros principales de la Rosa Blanca fueron aprehendidos y ejecutados.

La historia de la Rosa Blanca llegó al frente, donde inspiró a los soldados que se oponían al régimen. Sin embargo, la esperanza que tenían sus miembros de motivar a sus compatriotas no se cumplió. Su llamado fue ignorado.

“No buscaban el martirio en nombre de ningún ideal extraordinario”, recuerda Inge Scholl en sus memorias sobre sus hermanos y los camaradas de la Rosa Blanca. “Querían que la gente como tú y yo pudiéramos vivir en una sociedad compasiva”. Estamos lejos de la oscuridad del fascismo, pero nos beneficia recordar la noble aunque triste historia de estas almas hermosas en el aniversario de su trágico sacrificio.

Richard Hurowitz es inversionista, escritor y editor de The Octavian Report, una revista filosófica trimestral.

martes, 27 de marzo de 2018

Guerra contra la Subversión: La arquitectura del golpe del 76

La arquitectura del 24 de marzo: cómo se gestaron los protocolos internos para la represión ilegal

Las Fuerzas Armadas comenzaron los preparativos para el “Día D” seis meses antes del golpe de Estado. Los reglamentos militares se modificaron y describían el funcionamiento de las “patrullas de allanamiento” y de los “lugares de reunión para detenidos”. La guardia nocturna de los “técnicos interrogadores” 

Por Marcelo Larraquy Infobae
Periodista e historiador (UBA)


Una máquina para matar… Jorge Videla

Las Fuerzas Armadas prepararon el golpe de Estado durante el gobierno de Isabel Perón con seis meses de anticipación.  El tiro de gracia para el quiebre del orden constitucional lo proporcionó el decreto 2770/75 firmado el 6 de octubre de 1975 por los ministros del gabinete y el presidente en ejercicio, el senador Ítalo Luder. El decreto trasladó toda la estructura represiva del Estado a la cúpula militar, liderada por el teniente general Jorge Videla.
A partir de entonces se sucedieron decretos, modificaciones reglamentarias y directivas secretas que fueron organizando la represión, mientras en el discurso público las Fuerzas Armadas continuaban anunciando su "prescindencia política" y "fidelidad al orden constitucional".
En octubre de 1975, la primera directiva del Ejército estableció a Tucumán, Capital Federal, La Plata, Córdoba, Rosario y Santa Fe como áreas prioritarias para "detectar y aniquilar a las organizaciones subversivas". Durante ese mismo mes se modificó el Reglamento Militar. Su idea rectora era "aplicar el poder de combate con la máxima violencia para aniquilar a los delincuentes subversivos donde se encuentren".
También se estableció que no habría encuadramiento legal, con trato de "prisioneros de guerra", para los "elementos subversivos". De este modo, el Ejército intentaba prevenirse de reclamos por violación a los acuerdos de la Convención de Ginebra, que prohíbe torturas, fusilamientos y desapariciones.
En el nuevo Reglamento Militar se describía:
"La acción militar es siempre violenta y sangrienta", por lo cual, "cuando las FFAA entran en operaciones no deben interrumpir el combate ni aceptar rendiciones. Las órdenes deberán aclarar, por ejemplo, si se detiene a todos o a algunos, si en caso de resistencia pasiva se los aniquila o se los detiene, si se destruyen bienes o se procura preservarlos".
La modificación también estableció la creación de centros clandestinos de detención. Se los mencionaba con LRD, "lugar de reunión de detenidos". Indicaba que el "sospechoso" sería detenido en base a informes de inteligencia y trasladado al LRD para interrogarlo, sin posibilidad de defensa legal.
Los centros clandestinos eran parte del "Operativo Independencia", constituido en Tucumán desde febrero de 1975. Ocho meses después, comenzarían construirse en el interior de guarniciones. Uno de ellos fue la cárcel militar de La Ribera, en Córdoba. También se crearía "La Perla", a 12 kilómetros de la capital de esa provincia. En la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) se iniciarían las refacciones internas para la conformación de su campo de concentración.
Durante el gobierno de Isabel Perón ya había seis centros clandestinos "operativos". En 1976 funcionaron 365.

El Plan de la Marina

La Armada creó su protocolo interno para el "combate a la subversión" en noviembre de 1975. En su Plan de Capacidades Internas (Placintara) marcaba fases "defensivas" (preservación de instalaciones y personal de la institución) y "ofensivas" (hostigamiento, inteligencia previa, selección del objetivo y detención de personas) para destruir al "oponente subversivo".
La fuerza naval se propuso acabar con la "subversión y sus ideólogos" con "patrullas de allanamiento" de 15 hombres, que incluía también a otros miembros de fuerzas de seguridad. El Plan funcionaba como un manual operativo para los "allanamientos". Según la descripción, los "subversivos" debían desalojar su casa por el frente y con las manos en alto. Si esta orden no se cumplía, los miembros de la patrulla debían rodear el objetivo y batir a fuego puertas y ventanas a fin de "evitar fugas".


Centro clandestino de detención La Perla

Para los detenidos en procedimientos, la Armada preveía la creación de una instancia denominada "guardia transitoria", que funcionaría como un centro clandestino de detención, hasta que se resolviera su destino. El detenido podría ser juzgado por un tribunal militar, derivado a la autoridad policial, a una cárcel común –a disposición del Poder Ejecutivo-, decidir su libertad o mantenerlo secuestrado. No tenía posibilidad de defensa legal.
La Fuerza Aérea fue la última en incorporarse al plan del golpe de Estado. Fue a partir del pase a retiro del brigadier Héctor Fautario, el 22 de diciembre de 1975, que se había opuesto a la interrupción institucional. El centro clandestino de mayor relieve de la Fuerza Aérea sería la "Mansión Seré", en Morón.

Los técnicos interrogadores del 601

La clave para la represión ilegal se asentaba en la inteligencia, un área a cargo del Batallón 601, dependiente del Ejército. El edificio, ubicado en Callao y Viamonte, en Buenos Aires, había albergado en su sótano al cadáver de Evita, antes de ser trasladado a Italia en 1957.
El Batallón de Inteligencia 601 era un centro incesante de flujo informativo. Estaba a cargo del coronel Alfredo Valín.  A partir de la directiva secreta 404/75 del Ejército, conformó su "comunidad informativa", en la que confluían los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas, las de seguridad y de la SIDE.

El 601 concentraba a la elite de la inteligencia militar.

Sus agentes estaban formados para la infiltración en fábricas, universidades, sindicatos, ámbitos culturales, sociales. Lo venían haciendo desde hacía varios años. La información que recababa "la comunidad informativa" se evaluaba en la Sala de Reunión, en el sexto piso.



El Batallón 601 disponía de "técnicos de inteligencia" –militares y civiles- que servían de apoyo para "interrogar" a un detenido ilegal en un procedimiento. Los "técnicos" permanecían de guarda por la noche si algún "grupo de tareas" requería de sus servicios para un extraer información.
La información producida se analizaba en la Sala de Situación, que elaboraba un informe sobre el detenido que luego derivaba a los Comandos de Zona, que se correspondía con cada Cuerpo de Ejército, donde se decidían sobre el destino del secuestrado.
En febrero de 1976, el "Plan del Ejército" estableció que los detenidos ilegales estarían incomunicados y a disposición de la Junta de Comandantes, y no habría para ellos posibilidad de justicia.
El Plan también delimitó a sus enemigos: organizaciones gremiales del peronismo ortodoxo y del peronismo combativo, distintos frentes de izquierda, agrupaciones estudiantiles y el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, al que asignaban peligrosidad por "su definida prédica socializante".
También preveía la detención de las autoridades provinciales, funcionarios públicos, legisladores, la suspensión del derecho a huelga, de los fueros sindicales y la actividad política. Las embajadas comenzaron a ser controladas para evitar el asilo político.
Hasta que llegó el "Día D", en la madrugada del 24 de marzo de 1976. La orden de represión comenzó a ejecutarse. Los centros clandestinos comenzaron a recibir secuestrados.
La máquina de matar se puso en marcha.
El autor es es periodista e historiador (UBA). Su último libro es "Primavera Sangrienta" (Editorial Sudamericana, 2017).

jueves, 8 de marzo de 2018

Guerra Antisubversiva: Las desapariciones en la democracia peronista

Las desapariciones antes del golpe militar

El general Menéndez, virtual jefe politico en la provincia de Córdoba, fue el primer el "adelantado" durante el gobierno peronista. Cómo fue la oleada de secuestros de enero del '76 que conmovió al país

Por Marcelo Larraquy || Infobae
Periodista e historiador (UBA)



Centro Clandestino de Detención “La Perla”, en la provincia de Córdoba

A finales del año 1975 y en enero de 1976, la provincia de Córdoba estaba en la tapa de los diarios con titulares que, después del golpe de Estado del 24 de marzo, ya no se publicarían más.

"Denuncian en Córdoba la ola de secuestros". "Llegan a 16 los secuestrados en sólo dos días". "Los desaparecidos en Córdoba llegan a 18". "La ciudad de Córdoba vive un pánico sin esperanzas".

Durante el gobierno de Isabel Perón, la provincia se había convertido en epicentro de una figura novedosa para el Estado de derecho: "Las desapariciones".

Los atentados y las ejecuciones eran hechos de rutina, que conmovían a la provincia, pero con las desapariciones se inició una modalidad nueva. Ya no se exhibían los cuerpos; los secuestrados, no se sabía dónde estaban.


El gobierno provincial sólo podía hacer una caracterización: "Estos actos de barbarie nos retrotraen al primitivismo animal". Así explicó el interventor federal de la provincia, Raúl Bercovich Rodríguez, la oleada de secuestros de la primera semana de enero de 1976.

Blues del terror azul

La desestabilización institucional de la provincia se había iniciado con un golpe policial del coronel Antonio Navarro -destituyó al gobernador Ricardo Obregón Cano en febrero de 1974-, en un acto de sedición que Perón avaló y el Congreso Nacional también. No repusieron al gobernador en su cargo, sino que definieron una intervención federal.

En primera instancia la asumió Duilio Brunello.

En septiembre de 1974 lo sucedió el brigadier (RE) Raúl Lacabanne, que llegó al mando provincial anunciando la "limpieza ideológica". Finalmente, un año después, fue reemplazado por Raúl Bercovich Rodríguez.

Para esta época ya existía una fuerte influencia policial y militar en la política local. Durante la intervención de Lacabanne se fue conformó una estructura paralela dentro del Departamento de Informaciones (D2) que actuaba en forma autónoma a la policía provincial. Luego se identificarían con un nombre propio, "Comando Libertadores de América".



Su primera acción firmada fue la ejecución de los nueve estudiantes –cinco de ellos bolivianos-, secuestrados de una misma casa cuando estaban preparando trabajos de examen final, en la madrugada del 4 de diciembre de 1975. Aparecieron amordazados y baleados en un camino de tierra, lateral a la ruta 5, que conduce al dique Los Molinos.

Las imágenes de de cuerpos torturados o carbonizados, expuestos a la sociedad, eran prácticas habituales en casi todas las ciudades y provincias.
Pero el vuelco de la práctica represiva paraestatal se dio cuando los cuerpos, tras los secuestros, dejaron de exhibirse. Y desaparecieron.

Córdoba no era la única provincia afectada por esta nueva modalidad. "En el '75 trabajaba en el bloque de diputados del Partido Intransigente y empezaron a llegar familiares de gente que había desaparecido. En ese momento no entendíamos qué era eso, ¿cómo iba a desaparecer la gente? Los familiares iban a la morgue, a la policía, a hablar con sus sacerdotes, pastores o rabinos, y también venían a ver a los diputados. Era el camino que hacían para ver si alguien les podía averiguar algo", refirió Susana Pérez Gallart, miembro fundadora de de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), que se constituyó el 18 de diciembre de 1975.



De hecho, el acta de declaración inicial, la APDH reclama "no someter a los familiares de presos, desaparecidos o asesinados a un trato vejatorio que multiplica los efectos de su dolor".

La desaparición, para consumarse, necesitaba de una logística nueva: el centro clandestino de detención.

Si bien en Tucumán, con el "Operativo Independencia", a fin de "neutralizar y/o aniquilar el acción de elemento subversivos", creó el primer centro clandestino del país en 1975, las detenciones militares se produjeron en el contexto de un enfrentamiento con el ERP en un territorio determinado.

La diferencia fue que en Córdoba, las desapariciones fueron consecuencia de una cacería urbana, en las calles de la ciudad, durante la madrugada o a la luz del día, sin ocultar sus metralletas o pistolas.



A la vista de todos.

Los días 6 y 7 de enero de 1976 se produjo una sucesión de secuestros que generó terror y sorpresa: la mayoría de sus víctimas no eran reconocidas como militantes obreros, políticos o estudiantiles.

Ese mes se produjeron 26.

Y en el último cuatrimestre, ya sumaban 59.

¿Dónde estaban?

"Aún entre aquellos que no han sido tocados por la desoladora desaparición de un ser próximo, la zozobra, la indignación y sobre todo el miedo, parecen haberse impuesto al espíritu de la ciudad", describió un enviado especial del diario La Opinión.

Todo sucedía en el marco del Estado de derecho, durante el gobierno de Isabel Perón.

Según referían los testigos en artículos de prensa de la época, grupos de 15 ó 20 personas que se movilizaban en tres o cuatro autos, se introducían en las casas y se llevaban gente. O levantaban gente en las calles o paradas de colectivos. También estallaban bombas en locales partidarios y o casas de dirigentes políticos.



"Todo esto ocurre frente a un Gobierno cuyas fuerzas de seguridad, curiosamente, no han descubierto ninguno de estos hechos ni apresado siquiera a un solo sospechoso", firmó la UCR provincial en un comunicado.

En un artículo de "La Opinión", el jefe de la policía provincial, comisario Miguel Ángel Brochero confirmó haber escuchado la versión de un "campo de concentración donde estarían confinados algunos de los desaparecidos de los últimos días", pero subrayó que la policía "detiene, no secuestra".

El comisario Brochero pidió contribución a las instituciones políticas para "esclarecer los graves hechos".

En las homilías del cardenal Raúl Primatesta comenzaron a acercarse familiares de desaparecidos. Uno de ellos era el novio de Norma Waquin, secuestrada junto a su hermana Gloria, el 7 de enero. La madre de las hermanas Waquim denunció el hecho de inmediato a la comisaría, pero le respondieron que "no tenían vehículos" para perseguir a los secuestradores.

Esa semana el interventor Bercovich Rodríguez estaba de vacaciones en Mar del Plata.



Si bien condenó los hechos, quiso dejar a salvo a las fuerzas de seguridad. "Cualquier cosa que sucede en Córdoba es atribuida a la policía. Hay sectores interesados en desprestigiar a la institución y al gobierno provincial", afirmó.

La autoridad provincial que salió a dar una respuesta política fue el ministro de Gobierno, Carlos Saúl Risso. Decidió presentarse ante una asamblea en la fábrica de Ika Renault. En esos días, sectores fabriles y los empleados municipales abandonaban tareas en repudio a las desapariciones. En la planta automotriz cuatro mil obreros se habían reunido para reclamar información al III Cuerpo de Ejército por las desapariciones –"utilizando términos hostiles", según la crónica de prensa- y debatir futuras acciones.

Frente a la multitud, Risso desligó a la policía y atribuyó la escalada de violencia a un "ajuste de cuenta entre sectores que participan en la subversión", en referencia al ERP y Montoneros. Tuvo que interrumpir su discurso y retirarse en forma abrupta, por la disconformidad que generó en la asamblea.

En reportajes posteriores, Risso aclaró que el "ajuste de cuentas" era la información que le había brindado el III Cuerpo de Ejército y la policía, que ellos no tenían ninguna responsabilidad en las desapariciones, y él no dudaba que esa información era correcta.



Mientras tanto, una recién conformada "Comisión de Familiares de los Desaparecidos" organizó una "Marcha del Silencio", que saldría desde el Arzobispado hasta la legislatura provincial.

En principio la marcha había sido alentada por el propio Risso –había sugerido que recorriera las calles con banderas blancas y la consigna "Paz, basta de violencia"-, pero luego fue prohibida por el Gobierno con el argumento de que "la Comisión organizadora no fija domicilio alguno ni real ni legal".

Los partidos políticos organizaron una reunión multisectorial e invitaron al Ejército, pero la institución castrense rechazó la convocatoria porque "el arma no puede inmiscuirse en un problema político".

El huevo de la serpiente

En los hechos, el jefe político de Córdoba era el general Luciano Benjamín Menéndez. El hombre que recibía los pedidos de audiencia por parte de Bercovich Rodríguez, Risso o el cardenal Raúl Primatesta. A este último, Menéndez admitió que algunas detenciones las había producido el Ejército.

El general Menéndez había estado a cargo de la V Brigada de Infantería de Tucumán, con "comisiones de servicio" en el norte argentino pero sin capacidad de reprimir al ERP, ya instalado en la provincia. Hasta entonces esa una competencia de las fuerzas policiales.

Cuando en febrero de 1975 se instauró el "Operativo Independencia", y el Ejército tuvo el poder represivo en Tucumán, Menéndez fue desplazado, e ingresó al Estado Mayor, que planificaba la estrategia del arma. Después asumió en la comandancia del III Cuerpo de Ejército, con sede en Córdoba, en septiembre de 1975. Fue designado por el general Jorge Rafael Videla, nuevo titular del Ejército.

El nuevo destino castrense le permitió a Menéndez encarar "la guerra antisubversiva" desde el llano.

Fue el primer ejecutor de las desapariciones.

El primer adelantado.

Su tarea se anticipó al golpe de Estado de 1976.

Hasta entonces, en Córdoba, la represión ilegal estaba en poder de las bandas operativas del Departamento de Informaciones (D2) que hacían el trabajo de calle, con el mando del comisario inspector Raúl Telleldín.
Otro de sus jefes operativos era Héctor Vergéz.

Cada noche los "brigadistas" traían secuestrados y luego de algunos días de interrogatorios, notificaban a la justicia o los mataban y tiraban sus cuerpos. La sede del D2 se transformó en una cárcel clandestina. Hasta que llegó el general Menéndez.

"Cuando Menéndez asume como comandante en el III Cuerpo, operaban bandas autónomas del D2. —afirma Camilo Ratti, autor de 'Cachorro'. Vida y muertes de Luciano Benjamín Menéndez, (editorial Raíz de Dos)—. No respondían a una estructura central. Eran un poco lúmpenes. Buscaban plata, extorsionaban, mezclaban represión política con delincuencia. Y actuaban con impunidad: el D2 quedaba en el centro de Córdoba, al lado del Cabildo y la Catedral. Y entraban y salían, llevaban gente. Menéndez agradece todo el servicio de informaciones que venían haciendo –desde 1974- sobre ámbitos obreros y estudiantiles, se nutre de ellos, lo utiliza, pero luego los va apartando. Arma una 'comunidad informativa' que le permite tener un control de la represión y aplicar su plan. Allí surge la idea de los secuestros y el desaparecido, para que no se sepa quiénes son ni dónde están, como un mensaje de terror. Esto sucede después de que (el presidente provisional Italo) Luder firma los decretos de 'aniquilación de la guerrilla' en octubre de 1975. Y ahí surgen los campos de concentración. El primero es 'La Ribera', una vieja cárcel militar para soldados que faltaban al Código Militar. Menéndez lo convierte en un centro de detención ilegal. Después empieza a construir 'La Perla', para detenidos de mayor peso. A 'La Ribera' le decían 'La escuelita' y a 'La Perla', 'la Universidad'".


Luciano Menéndez (Enrique Rosito/Argra)

¿Cómo fue la reacción del poder político y judicial frente a los secuestros?

"El interventor Rodríguez Bercovich no tenía margen de autonomía frente a Menéndez. Y su ministro de Gobierno, Carlos Risso, tampoco. Ellos no provienen del peronismo ultraderechista. Tienen su origen en el peronismo histórico, conservador, digamos, moderado. El único que podía interceder ante Menéndez era el cardenal Primatesta. Y la justicia federal no tenía peso. El juez federal (Adolfo) Zamboni Ledesma se tomó licencia y todas las denuncias le quedaron al juez (Humberto) Vázquez que intenta imponer justicia, pero cuando iba al D2 le escondían los detenidos".

En su entrevista con Ratti, publicada en el libro "Cachorro", Vázquez recuerda: "La mayoría de los detenidos que traía la policía eran por simples sospechas, sin pruebas firmes de su vinculación con la guerrilla o de que hubiera participado en una acción contra el Estado. A cualquier ciudadano se lo acusaba de asociación ilícita o de violar la ley de seguridad nacional. Pero un juez no puede basarse en indicios para procesar ni condenar a una persona, mucho menos en aquella época, cuando la vida de las persona corría serios riesgos. Cuando iba a recorrer las comisarías con Telleldín o a las dependencias de la D2, en busca de detenidos, que él tenía en una lista, no aparecían. Nunca estaban, me lo escondían porque seguro habían sido torturados por grupos de tareas que estaban bajo su órbita y respondían a Menendez".


El general Menéndez es el único de los “señores de la guerra”, con dominio territorial para la represión ilegal que se mantiene vivo

En la madrugada del 24 de marzo de 1976, el general Menéndez, el primer impulsor de las desapariciones, que tenía subordinadas a cargo de 50 unidades militares, con una jurisdicción de mando sobre siete millones de personas, tomó el poder en la Casa de Gobierno de la Provincia de Córdoba. Estaba casi vacía y a oscuras. Menéndez ingresó al frente de su equipo militar y ordenó detener a las dos únicas personas que estaban en el despacho, esperando novedades desde Buenos Aires: el interventor federal Bercovich Rodríguez y su ministro de Gobierno Carlos Risso. Uno de los primeros desaparecidos, esa misma noche, sería su hijo, Fernando Risso.

Lo llevarían a "La Ribera".

Desde entonces, "La Ribera y "La Perla" se comenzarían a utilizarse con mayor libertad.

Y los secuestros y desapariciones dejarían de publicarse en los titulares de los diarios.

Dejarían de publicarse.

Hoy, a sus 90 años, con doce condenas a prisión perpetua, el general Menéndez es el único de los "señores de la guerra", con dominio territorial para la represión ilegal que se mantiene vivo.

Es difícil encontrar motivos para reconciliarse con él.



*Marcelo Larraquy es periodista e historiador (UBA). Su último libro es "Primavera Sangrienta. Argentina, 1970-1973. Un país a punto de explotar. Guerrilla, presos políticos y represión ilegal". Ed. Sudamericana.

Bibliografía: "Córdoba, a 40 años del Golpe. Estudios de la dictadura en clave local. Ana Carol Solis y Pablo Ponza (comps), Editorial Filosofía y Humanidades UNC" y artículos de "La Opinión" y "Clarín", diciembre de 1975 y enero de 1975.

martes, 6 de marzo de 2018

SGM: El oficial polaco que se infiltró en Auschwitz

La increíble historia del militar polaco que logró infiltrarse en Auschwitz para contarle al mundo lo que allí ocurría

El comandante Witold Pilecki logró ingresar al campo de exterminio en 1940. Durante tres años organizó una resistencia y reportó cómo se llevaba a cabo la "solución final" ideada por Adolf Hitler

Por Germán Padinger || Infobae
gpadinger@infobae.com




Niños prisioneros en Auschwitz

En septiembre de 1940 un joven polaco pareció echar por tierra el sentido de supervivencia cuando dejó su hogar en Varsovia y se traslado rápidamente a un sector de la ciudad en el cual las temidas Schutzstaffel (SS) nazi estaban, en ese momento, secuestrando personas al azar a un año de la victoria sobre el ejército polaco.

Sin más, Tomasz Serafiński fue capturado y enviado entonces al recién fundado campo de concentración de Auschwitz, donde al final de la guerra habrían sido masacrados 1,1 millones de prisioneros en sus cámaras de gas.

Pero Serafiński no estaba loco ni era ese su nombre real.

Veterano de la guerra de 1939, el comandante de caballería y ferviente católico Witold Pilecki estaba llevando a cabo un elaborado plan para infiltrarse en el campo y organizar allí un movimiento de resistencia contra la ocupación nazi.



Witold Pilecki, el soldado polaco que logró infiltrarse de Auschwitz, organizar una resistencia y revelar al mundo las atrocidades nazis (Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau)

La peligrosa idea se le había ocurrido poco después de fundar, junto a su comandante el mayor Włodarkiewicz, el Ejército Secreto Polaco (TAP), un germen de movimiento de resistencia para continuar la lucha tras la desastrosa derrota de Polonia a manos de Alemania, y que se convertiría luego en el mítico Ejército Nacional que lideró el levantamiento de Varsovia.

Varios de los primeros miembros del TAP habían sido capturados y enviados a Auschwitz, y por ésta razón se decidió infiltrar el campo para intentar liberarlos.

Según el plan, Pilecki, que como militar polaco se encontraba prófugo de los alemanes, adoptaría una identidad falsa y con sus nuevos papeles se haría arrestar durante una "łapanka", el arresto indiscriminado de personas en un territorio ocupado para su deportación.

Luego, desde las entrañas de Auschwitz, recolectaría información y organizaría a los ex militares y voluntarios en milicias.


Pilecki en Auschwitz, donde ingresó con el nombre de Tomasz Serafiński (Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau)

Y así lo hizo.

Pilecki/Serafiński llegó a su 39 años al campo, reconoció algunas estructuras preexistentes, identificó a los ex miembros del ejército y las organizó entonces en la Unión de Organizaciones Militares (ZOW, en polaco).

El ZOW cumplía las funciones de recolectar inteligencia, reclutar miembros, mantener la moral, contrabandear comida, enviar reportes al Ejército Nacional y al gobierno polaco en Londres utilizando una radio casera y prepararse para un levantamiento de los prisioneros con el fin de liberar el campo.

La organización estaba basada en pequeñas células dentro del campo de cinco o más miembros conocidas sencillamente como "cinco". Estas células no se conocían entre sí para evitar que la caída de una significara la caída de todas. Sólo Pilecki tenía un entendimiento general del panorama.


Mikolaj Skortowicz, miembro de la segunda célula de cinco miembros del ZOW (Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau)

Edward Ciesieslki, un miembro del ZOW, describió así su iniciación, según recuerda el historiador polaco Adam Cyra en una extensa investigación en el marco del Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau. "Me hice miembro de una organización clandestina en Auschwitz. Entre una pila de ladrillos y unas barracas recién construidos, juré lealtad a la organización ante el carpintero del campo, el mayor del Ejército Polaco Trojnicki. Otro prisionero que trabajaba en las ambulancias fue testigo", escribió en su diario.

Los reportes enviados se convirtieron en la primera revelación ante el mundo de las atrocidades cometidas en Auschwitz contra judíos, en su mayoría, pero también contra prisioneros políticos de cualquier religión y a miembros de las minorías romani y sinti, prisioneros rusos e incluso Testigos de Jehová.

En ese momento poco se sabía de Auschwitz, el cual era considerado como un campo de prisioneros de grandes proporciones y no como un campo de exterminio al servicio de la "Solución Final" encarada por el dictador Adolf Hitler, como expuso el ZOW.

También los prisioneros liberados y los que lograban escaparse llevaban informes escritos, y codificados, sobre esta situación, aunque esta práctica era mucho más peligrosa


Jerzy de Virion, miembro de la primera célula del ZOW en Auschwitz (Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau)

Por supuesto, las autoridades del campo sabían que esto ocurría y estaban desesperadas por desbaratar la red, por lo que en abril de 1943 Pilecki finalmente decidió escapar luego de que numerosos de sus miembros fueran asesinados.

Su escape resultó tan sorprendente por la valentía como ridículo por la sencillez. El agente encubierto y dos colaboradores sencillamente neutralizaron a un guardia, cortaron las líneas de teléfono y huyeron del infierno sin necesidad de túneles, explosiones o elaboradas estrategias.

Pilecki se reunió con el Ejército Nacional, una organización clandestina leal al gobierno polaco exiliado en Gran Bretaña, y realizó un informe final sobre sus tres años en Auschwitz. Estimaba que 1,5 millones de personas habían sido exterminadas, un número similar al contabilizado en la posguerra. Lamentablemente quedó claro que el campo estaba demasiado custodiado para iniciar un levantamiento con el único apoyo del Ejército Nacional, ya que las potencias aliadas estaban aún lejos de Polonia, por lo que esa idea fue abandonada.


Un informe escrito que pudo ser sacado del campo. Este en particular describía las condiciones en Auschwitz y llegó a Gran Bretaña en marzo de 1941 (Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau)

Había también, otras operaciones en la agenda de la resistencia. En agosto de 1944 el Ejército Nacional se lanzó a la Operación Tempestad, una serie de levantamientos a nivel nacional contra los alemanes entre los cuales el de Varsovia fue el más importante.

La guerrilla atacó a las tropas de ocupación durante 63 días en los que los ejércitos rusos, a poca distancia, frenaron su avance y parecieron dejar a la ciudad a merced de los alemanes. Finalmente el Ejército Nacional fue derrotado y Pilecki capturado, esta vez contra su voluntad, por sus enemigos.

Fue transferido a un campo de prisioneros en lugar de uno de exterminio, y allí acabó siendo liberado por los estadounidenses cuando finalizó la guerra.


Este documento establece el código utilizado y era necesario para la decodificación (Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau)

En los años siguientes su esfuerzos y los de sus colaboradores se centraron en la nueva potencia ocupadora: la Unión Soviética.

No le faltaban voluntarios. Cuando las fuerzas de Hitler invadieron Polonia en septiembre de 1939, las tropas de Josef Stalin hicieron lo mismo desde el este para luego repartirse el país. Ambos regímenes totalitarios eran en ese momento aliados. Además, el dictador georgiano había ordenado a su tanques frenar a pocos kilómetros de Varsovia en medio del levantamiento de 1944, permitiendo que los alemanes triunfaran.

En medio de las operaciones Pilecki fue capturado una vez más y juzgado por las nuevas autoridades comunistas de Polonia, las cuales no quisieron correr riesgos con el elusivo comando. Lo ejecutaron en mayo de 1948.

domingo, 3 de diciembre de 2017

SGM: El mito de las Waffen SS

El mito alrededor de la Waffen-SS, los asesinos al servicio de Adolf Hitler que pretendieron eternizarse como una fuerza de elite

Antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial la propaganda nazi elevó a estos impiadosos criminales como héroes. La verdad detrás de la mentira de Himmler y Goebbels



Por Laureano Pérez Izquierdo
Director de Infobae América | laureano@infobae.com
Infobae

Los submarinos alemanes pudieron torcer el curso de la guerra; Adolf Hitler se adelantó a un ataque de Joseph Stalin; el soldado norteamericano no sabía combatir; la Waffen-SS estaba compuesta por soldados de elite. Estos cuatro enunciados y otras 19 fábulas creadas en torno al mayor y más sangriento conflicto bélico del Siglo XX, fueron seleccionados por Jean Lopez y Olivier Wieviorka en su obra Les mythes de la Seconde Guerre Mondiale (Los Mitos de la Segunda Guerra Mundial).

El texto, que contó con la colaboración de reconocidos académicos dedicados a la investigación de esa contienda, trata de forma detallada algunas versiones que se establecieron como verdades absolutas antes, durante y después de aquella guerra. Esos prejuicios, como relatan sus autores en la introducción de la obra, fueron creados por años por la maquinaria siniestra de Joseph Goebbels, eficaz divulgador del régimen nazi.

Desde las oficinas de su Ministerio para la Ilustración Pública y Propaganda, Goebbels alimentaba los mitos que se repetirían sistemáticamente por los medios masivos del Tercer Reich y por la expansiva cartelería pública que inundaba las calles de la Alemania nazi y las ciudades conquistadas. Fue allí que instrumentó un plan para que la población percibiera a Erwin Rommel como un estratega a la altura del mismísimo almirante Horatio Nelson. O hizo lo posible para que la asesina Waffen-SS fuera vista por rivales y propios como una fuerza de elite.


Los soldados formados bajo la Waffen SS no fueron ni más valientes ni más bravos que sus pares de la tradicional fuerza regular militar alemana. Sólo los distinguía su emparentamiento ideológico con el nazismo

El capítulo dedicado en Les Mythes… a estos supuestos "combatientes de vanguardia" fue abordado por el historiador Jean-Luc Leleu y enumera y describe con detalle quirúrgico las mentiras que se tejieron para que estos oficiales fueran vistos como miembros de una brigada militar perfecta.

De acuerdo a Leleu, la idea de que "el fanatismo llevó a los soldados SS a despreciar el peligro en los campos de batalla" fue instalada en el pueblo alemán a partir de finalizado el primer invierno en la guerra del este, el bautismo de fuego de esa temible -y presumiblemente eficaz- fuerza. "Para definir el elitismo militar hay que hablar de la capacidad de un cuerpo de tropas para cumplir su misión con rapidez y eficacia, es decir, con el mínimo de pérdidas", indica el autor, algo lejano a la realidad vivida por los agentes de la Waffen-SS.

La Orden Negra -como internamente se llamaba a sí la SS- rendía culto al elitismo racial. Los candidatos para formar parte de este escuadrón asesino ideologizado eran seleccionados "según criterios médicos de altura, de apariencia física y de ascendencia". Este crédito que esgrimían con orgullo sus miembros les garantizaba ante el pueblo alemán un ficticio plus de gallardía, completando los parámetros de pureza que pretendía el régimen nazi. Si se formaba parte de la SS era porque se contaba con credenciales raciales inmaculadas. Se era superior por azar del ADN, según la premisa.


La propaganda y el lobby interno de Himmler hicieron que Adolf Hitler sintiera debilidad por las tropas de la Waffen SS, unos asesinos ideologizados al servicio del Tercer Reich

Pureza racial, pureza ideológica. La Waffen SS fue una fuerza político-militar que respondía directamente a los altos mandos del Partido Nacionalsocialista. Decían configurar una elite de pureza aria

"El autoproclamado elitismo de la SS se basaba, además, en su certeza de encarnar la ideología nacionalsocialista más pura y de ser entonces el órgano ejecutivo más confiable al servicio del régimen y de su jefe, Adolf Hitler", explica Leleu.

Pero además, las virtudes que hacen de un soldado un buen soldado no fueron cumplidas por aquellos que poseían la doble S en forma de rayo en sus uniformes. Con una instrucción militar deficiente, muchos de los primeros suboficiales contaban con una formación inferior -en tiempo y en calidad- a la que podía encontrar un conscripto del Heer, el ejército de la Wehrmacht, la tradicional Fuerzas Armadas alemanas.

Mientras que los candidatos SS recibían una instrucción que se extendía entre 10 y dieciséis meses -en los primeros años de su creación a mediados de los años 30-, las fuerzas terrestres clásicas contaban con una formación de veinticuatro, con más equipamiento, mayores herramientas y oficiales más experimentados. Pero claro: la tentación de pertenecer a un cuerpo de elite -racial, al menos- que respondiera apasionadamente a las órdenes de Hitler era irresistible.

Una vez en el terreno de combate y a pesar de su escaso "valor profesional", "las derrotas puntuales no lograron disminuir la voluntad de esas tropas de pertenecer a la elite. Las represalias contra los civiles y los militares capturados los ayudaron a borrar los fracasos", narra el autor. Es así como recuerda la cruda ejecución de un centenar de prisioneros de guerra británicos en Wormhout en mayo de 1940, lo que dejó en claro la bajeza y falta de disciplina militar que presentaban en la arena.


El temible Heinrich Himmler en un campo de prisioneros de guerra (Getty Images)

Su temeridad fue disfrazada de valentía por el responsable propagandístico. Es que los números fueron contundentes durante sus campañas. A los cinco meses de iniciada la Operación Barbarroja, el 9% de los efectivos de campaña de la Waffen-SS había muerto. "Una tasa de mortalidad dos veces superior a la del ejército de tierra, aunque no hicieron ninguna autocrítica ante esta sangría", expresó Leleu. Lo que sí enfrentaron fue un cambio en la formación de las tropas, a cargo de un ser tan demoníaco como fanático: Theodor Eicke, ex comandante de las formaciones de guardias de los campos de concentración. Este militar de alto rango dentro de la SS consiguió mejorar la capacidad de sus hombres.

"Los soldados SS carecían de una instrucción exhaustiva en aspectos fundamentales del combate de infantería: lucha en la selva o de noche, capacidad de camuflarse y atrincherarse rápidamente, mantenimiento de una estricta disciplina de fuego", dice el académico. Fue por eso que los altos mandos -ante la evidencia de la falta de profesionalismo militar y eficacia de sus tropas- pasaron por encima de las cadenas de mando para adquirir mayor cantidad de unidades blindadas que balancearan su déficit sobre el terreno.

Sin embargo, el aprendizaje en el manejo masivo de tanques no fue sencillo y en su debut debieron sabotear una treintena de Panzer para que no cayeran impolutos en manos de los soviéticos. Fue durante la Segunda Batalla de Járkov, cuando los rusos recuperaron la ciudad de manos alemanas, aunque finalmente terminarían perdiéndola en una tercerae contienda.

A la falta de solvencia de sus soldados auf dem Boden, la Waffen-SS sumaba ahora un eslabón más en su deficiente aprendizaje y formación: su impericia táctica para desplegar sus temibles tanques, un armamento blindado envidiado -y admirado- por propios y enemigos. El curso de conocimiento demandó varios años a esa fuerza político-militar. La Segunda Guerra Mundial no estaba ni cerca de definirse y la Alemania nazi se presentaba en su infame esplendor.

Pero la utilización de pequeños momentos de esa tropa ideológica fue aprovechada por Himmler al extremo. Cualquier suceso, por insignificante que fuera, era presentado por el genocida como una muestra de la gallardía de sus integrantes. De inmediato hacía llegar la supuesta "hazaña" hasta oídos de Hitler, lo que daba mayor crédito a la "tropa del Partido". Esto le permitía al militar a solicitar al dictador mayores recursos para sus hombres. Fue así que tras el fracaso de la Operación Barbarroja en 1941, Hitler empezó a considerar a la Waffen-SS como "el ejemplo de la futura Wehrmacht nacionalsocialista". Himmler, uno de los principales respnsables del Holocausto, estaba radiante. Y lleno de poder.

Para alimentar el mito en la población alemana, la SS apeló a un grafista conocido de entonces: Ottomar Anton, "cuyos afiches de cuidada estética le ofrecieron a la Waffen-SS una imagen extremadamente atractiva, destinada a despertar vocaciones entre los jóvenes". Era la forma de reclutar a los más jóvenes que tenía esa fuerza de choque. Prometía formar parte de la guardia del Führer.


El libro de Jean Lopez y Olivier Wieviorka, “Los Mitos de la Segunda Guerra Mundial”

Pero la propaganda no se quedó sólo en los afiches. Himmler creó una compañía compuesta por corresponsales de guerra que acompañaban a los soldados en sus operaciones y desde donde se emitían miles de boletines con información sobre sus "hazañas" que eran repetidos y multiplicados en todos los medios y agencias. Además, los cines proyectaban entre dos y tres noticias sobre  los uniformados de elite en sus emisiones semanales. Era la manera que tenía la SS de sobresalir por encima de las Fuerzas Armadas de Alemania. Ese sistema de difusión se mantuvo, de acuerdo con Leleu, hasta el final de la guerra.

Los propagandistas no dejaron detalle librado al azar. Mientras que la Wehrmacht era mostrada por las cámaras de cine siempre de la misma manera (marchando ordenadamente), la Waffen-SS había implementado un innovador método de promoción: se las filmaba en acción, en medio de llamas y con sus uniformes distintivos. La fascinación del público era total. El mito se expandía. Eran la elite.

Pero esa creencia errónea sobre los soldados alemanes no regulares fue perdiendo fuerza demasiado tarde. Fue durante los interrogatorios hechos por los Aliados en el ocaso de la Segunda Guerra Mundial cuando salieron a la luz las diferencias con la infantería ordinaria del ejército. "Dos meses antes del final de la guerra, los servicios de inteligencia norteamericanos empezaron a revisar su posición con respecto a la Waffen-SS y se produjo una verdadera toma de distancia del mito", agrega Leleu. Y concluye: "Sin embargo, esta confirmación se produjo en forma demasiado tardía. El mito estaba sólidamente instalado".

viernes, 1 de diciembre de 2017

El regreso del discurso pro-colonialista

Los argumentos académicos que apoyan la supremacía blanca y el colonialismo están haciendo un regreso siniestro


El oscuro legado del colonialismo no puede ser discutido. (Willoughby Wallace Hooper / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0)


Por Vijay Prashad | Quartz


Ek tarz-e-taghaful hai so vo unko mubarak;
Ek 'arz-e-tamanna hai tan jamón karte-rahenge.

[Hay un estilo de indiferencia al que son bienvenidos;
Pero nuestros deseos, seguiremos listando.]
- Faiz Ahmed Faiz, Dast-e-Saba, 1952


En 1950, Aimé Césaire, una de las voces más claras del siglo XX, miró hacia atrás la larga historia del colonialismo que estaba llegando a su fin. Quería juzgar el colonialismo de las cenizas del nazismo, una ideología que sorprendió a los inocentes en Europa, pero que había sido fomentada lentamente en la experiencia colonial de Europa. Después de todo, los instrumentos del nazismo, la superioridad racial, así como la brutal violencia genocida, se habían cultivado en los mundos coloniales de África, Asia y América Latina. Césaire, poeta efervescente y comunista, no tuvo ningún problema con el encuentro entre culturas. Los enredos de la cultura de Europa con el de África y Asia habían forjado lo mejor de la historia humana a través del mar Mediterráneo. Pero el colonialismo no era contacto cultural. Fue una brutalidad.
"Entre la colonización y la civilización hay una distancia infinita; que de todas las expediciones coloniales que se han emprendido, de todos los estatutos coloniales que se han elaborado, de todos los memorandos que han sido despachados por todos los ministerios, no podría haber un solo valor humano ".
- Discurso sobre el colonialismo
Césaire era inflexible: el colonialismo no había producido nada que le ganara respeto en las escalas de la historia. Esto fue en 1950, cuando unas pocas naciones acababan de salir de la cicatriz del colonialismo, y cuando muchas sociedades lucharon en batallas campales para liberarse del poder colonial.
La fealdad del poder colonial en la India surgió al final, con la política insensible de los británicos engendrando a los millones de muertos en el hambre de Bengala de 1943, y los millones de muertos y millones más desplazados en la partición de 1947-48. También fue duro cuando se considera que después de siglos de gobierno, los británicos dejaron atrás una región con un índice de alfabetización de sólo el 12%. Los historiadores indios habían mirado hacia atrás el expediente del gobierno británico en la India para encontrar políticas económicas y políticas diseñadas para empobrecer el país a expensas de Gran Bretaña, con los excedentes masivos de la India succionados en Gran Bretaña para sostener la revolución industrial, fuerza capaz de gobernar el imponente imperio británico. "La India debe ser sangrada", dijeron las marqueses de Salisbury en la década de 1870. Y así fue.
El subcontinente indio no se sometió a este "drenaje de riqueza" con sumisión. Las revueltas vinieron duras y rápidas, desde los primeros días del gobierno colonial británico en el siglo XVIII (como la rebelión Fakir-Sanyasi en la década de 1770) hasta los últimos días de su gobierno en el siglo XX (como el Patri Sarkar en los años cuarenta ). A raíz de una de estas rebeliones, en 1857-1858, los británicos agredieron con singular brutalidad. Un soldado joven, Edward Vibart, dijo de las matanzas que él ayudó a conducir en el Kucha Chelan de Delhi, donde 1.400 civiles fueron matados: "Las órdenes salieron para tirar cada alma. Fue literalmente un asesinato. "" Sazonar a los negros "era la frase que se usa con frecuencia en las memorias británicas. Define la experiencia colonial de Jallianwala Bagh (India) en 1919 a la masacre de Hola (Kenia) en 1959.
En 1960, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la "Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales", que traza una línea roja firme a través del registro del colonialismo. La continua existencia de la regla colonial, dijo que las naciones libres de la ONU "impide el desarrollo de la cooperación económica internacional, impide el desarrollo social, cultural y económico de los pueblos dependientes y milita contra el ideal de paz universal de las Naciones Unidas". era una abominación que necesitaba ser llevada a su fin, ya que "el proceso de liberación es irresistible e irreversible".



"Picando a los negros", la frase que se utiliza a menudo en las memorias británicas, define la experiencia colonial de Jallianwala Bagh en la India a la masacre de Hola en Kenia. (Wikimedia Commons)


Reescritura de la historia

En la última década, varios destacados intelectuales europeos y norteamericanos, con muy pocas habilidades analíticas, han producido obras que buscan derribar el consenso contra el colonialismo. Parte de este trabajo -como el producido por el historiador contrafactual británico Niall Ferguson- está abiertamente enraizado en el momento presente de las guerras imperiales americanas en lugar de una seria reconsideración del registro histórico. En su libro Imperio: cómo Gran Bretaña hizo el mundo moderno, Ferguson argumentó que el gobierno colonial británico-brutal aquí y allí para estar seguro- había dado lugares como la democracia parlamentaria de la India y el idioma inglés. India, escribió, "debe más de lo que está de moda de reconocer al gobierno británico".
El contexto es la guerra americana de 2003 contra Irak, con personas como Ferguson instando a Estados Unidos a colonizar Irak y dejar de lado los valores anticoloniales de las Naciones Unidas y de los pueblos del mundo. Cuando los libros llegaron de estudiosos serios que demostraron la brutalidad de la experiencia colonial, éstos fueron salvajados por los ideólogos occidentales impulsados ​​por Ferguson y la guerra de los EEUU en Iraq. Gulag de Caroline Elkins en Gran Bretaña: El Brutal Fin del Imperio en Kenia y Olivier Le Cour El colonizador de Grandmaison, exterminador. Sur la guerre et l'État colonial se enfrentó a un duro escrutinio en el mundo occidental por ser francos sobre el pasado fascista del colonialismo. El espacio se estaba creando para hacer ahora preguntas que habían parecido establecidas durante medio siglo: que el colonialismo era en equilibrio una parte benevolente de la historia humana.
En el número actual de Third World Quarterly, un ensayo mediocre aparece con el gran título The Case for Colonialism. Este ensayo, de Bruce Gilley, está dentro de los parámetros establecidos por Ferguson. El ensayo, como muchos han demostrado, viola los protocolos básicos de la erudición académica; el autor hace mal uso del trabajo de eruditos como Berny Sébe, Alexander De Juan y Jan Pierskalla, citando sus ensayos para hacer puntos que simplemente no hacen. El "análisis de costo-beneficio" del autor plantea ciertos indicadores tales como "mejoras en las condiciones de vida" y "capacitación para el autogobierno" para demostrar - sin ninguna evidencia - que sin colonialismo la situación en África, Asia y América Latina sería peor . Si la tasa de alfabetización de la India era baja en 1947, sostuvo el autor, sería aún más baja si los británicos no hubieran sido los amos imperiales de la India.
El ensayo aparece en la era de Donald Trump, cuando la supremacía blanca está de vuelta y el prurito por el colonialismo está en el horizonte. La idea de que los liberales, los postcoloniales y los marxistas han denigrado la "historia blanca" es un refrán constante de los racistas. Este ensayo no sólo sugiere que la "historia blanca" del colonialismo ha sido vilipendiada, sino que los europeos deben regresar para terminar el trabajo. "Tal vez los belgas deberían regresar" al Congo, sugiere el autor, una declaración que desprecia al menos a 10 millones de personas masacradas en una década por el gobierno rapaz del Congo por el rey belga Leopold.
El reconocido trabajo académico que ahora existe para el Congo incluye Du Sang Sur Les Lianes de Daniel Vangroenweghe; L'État Libre du Congo de Jules Marchal: Paradis Perdu, L'histoire du Congo, 1876-1900; El fantasma de Leopold del rey de Adam Hochschild: Una historia de la avaricia, del terror y del heroísmo; y La Mémoire du Congo de Jen Luc Vellut: Le Temps Colonial.
Ninguno de ellos entra en el marco de este autor o en el de Ferguson. Son meticulosamente ciegos a los crímenes graves y consecuentes del colonialismo.

¿Causa perdida?

Este trabajo es de esperar. Estos son los tiempos en que la supremacía blanca ha vuelto, tiempos en que el colonialismo ha estado en la agenda desde la guerra de Estados Unidos contra Irak. Los liberales occidentales tales como Michael Ignatieff, que hizo el caso para el colonialismo occidental en la revista The New York Times el 05 de enero de 2003, abrieron la puerta para tal argumento para el colonialismo. Ignatieff argumentó que Estados Unidos necesitaba tomar "la carga" para imponer el orden en un mundo agrietado. No estaba solo.
Lo más sorprendente del ensayo publicado en Third World Quarterly no sólo fue que fue mediocre, violó los estándares académicos básicos y que fue rechazado por el sistema de revisión por pares. Fue que apareció en esta revista.
A finales de los años setenta, el periodista paquistaní Altaf Gauhar decidió, en su exilio de Londres, establecer una serie de revistas y revistas para estimular el debate en torno a la agenda antiimperialista del Tercer Mundo. En su primera edición, en enero de 1979, el editor proporcionó el contexto para esta revista, para defender la libertad de los estados de África, Asia y América Latina, revivir una discusión del Nuevo Orden Económico Internacional (1973) y para asegurar que la voz del Tercer Mundo no fuera a ser sofocada. "Nuestra preocupación es el Tercer Mundo: hablaremos por ello, de hecho, hablaremos con su propia voz", escribió Gauhar.
Gauhar escribió que el objetivo de la revista era fomentar "una búsqueda abierta y comprensiva para establecer un orden internacional basado en la justicia". Las primeras voces en la revista incluyeron a Julius Nyerere de Tanzania, Shridath Ramphal de Guyana y Gamini Corea de Sri Lanka. En la cuarta edición, Gauhar escribió: "Una clase de académicos y políticos británicos ha estado propagando asiduamente la ficción de que los británicos dejaron atrás toda una cosecha de instituciones democráticas occidentales, plantadas y nutridas bajo la tutela británica prolongada, que los ineptos e incautos nativos fracasaron "Las instituciones que los ingleses construyeron en la colonia" sirvieron a intereses imperiales, tanto comerciales como estratégicos "y no al bienestar del pueblo, escribió. Ésta era la ética del Tercer Mundo Trimestral.
A lo largo de los años, los cambios han llegado a la revista. Resistió a la tormenta cuando el principal patrocinador de Gauhar, el Banco de Crédito y Comercio Internacional, se desplomó después de ser sospechoso de lavado de dinero y otras fechorías financieras. En cierta medida, la revista también pudo superar el fraude cuando las ideas neoliberales barrieron las academias del mundo y exigieron que el desarrollo del sector público se dedicara al crecimiento del sector privado. Había obstinación en la revista, un deseo de seguir hablando por los pueblos del Tercer Mundo, incluso cuando sus élites habían tomado una dirección diferente. Shahid Qadir, que se hizo cargo de Altaf Gauhar, fue el capitán en estos tiempos difíciles.
Me uní a la redacción de la revista con entusiasmo, ansioso por ayudarla a avanzar en una nueva agenda para los pueblos del antiguo mundo colonizado. Fue con tristeza que yo y otros miembros del consejo editorial decidimos renunciar a esto cuando la compañía propietaria del Tercer Mundo Trimestral, Taylor y Francis, se negó a retractarse de este ensayo censurable porque es contrario a los valores de la revista y porque falló en el proceso de revisión por pares. Nuestra carta de renuncia pide que la revista vuelva a sus valores y desarrolle una agenda para nuestro presente que no está fijada por los supremacistas blancos y los colonialistas. Hay un montón de lugares para que puedan presentar sus puntos de vista. Third World Quarterly tenía una misión diferente. Tiene que ser fiel a su historia.

sábado, 25 de noviembre de 2017

El fracaso eterno de la Revolución Rusa

La revolución bolchevique: un siglo de fracasos

En todos los casos la puerta electoral quedó abierta para el regreso de los comunistas al poder por la vía democrática, pero, hasta ahora, ningún país ha incurrido en ese loco retroceso

Por Carlos Alberto Montaner
Escritor y Periodista
Infobae



Hace 100 años triunfó la revolución bolchevique en Rusia. Para quien quiera entender qué sucedió y cómo, todo lo que debe hacer es leer Lenin y el totalitarismo (Debate, 2017), un breve ensayo histórico, lleno de información y juicio crítico lúcido, publicado por el profesor chileno Mauricio Rojas, ex militante marxista, quien descubriera en Suecia el error intelectual en el que había incurrido.

La Revolución rusa fue uno de los momentos estelares del siglo XX. Muchos intelectuales y grandes masas de trabajadores se llenaron de ilusiones. Se hizo invocando las ideas de Karl Marx, en lo que parecía ser la primera vez en la historia en que la racionalidad y la ciencia orientarían las labores del gobierno.

Supuestamente, el pensador alemán había descubierto las leyes que explican el curso de la sociedad por medio del materialismo dialéctico e histórico. Se había percatado de la funesta división en clases que se adversaban para hacer avanzar la historia por medio de encontronazos. Denunció, indignado, la forma de explotación empleada por los dueños de los medios de producción a los proletarios, a quienes les extraían cruelmente la plusvalía. Al mismo tiempo, señaló la inevitabilidad del triunfo de los trabajadores en lo que sería el final de una etapa histórica nefasta y el comienzo de la era gloriosa del socialismo en el trayecto hacia el comunismo definitivo.

Era la época de las certezas científicas. Darwin había explicado el origen evolutivo de las especies. Mucho antes, Isaac Newton había contado cómo se movían los planetas y había formulado la ley de gravitación universal. Dios había dejado de ser necesario para entender la existencia de la vida. Todavía no habían comparecido la física cuántica ni el principio de indeterminación de Werner Heisenberg. Cada hecho tenía su causa y su antecedente. Marx simplemente había extendido esa atmósfera al campo de las ciencias sociales.

Con el objeto de consumar el grandioso proyecto de transformar la realidad, Lenin asumió con dureza la necesidad de establecer una dictadura para el proletariado, dirigida por la cúpula del Partido Comunista, como fase inicial del camino hacia una sociedad sin clases, feliz y solidaria, como prometía Marx al final del proceso revolucionario. Una sociedad en la que no serían necesarios ni los jueces ni las leyes, porque las conductas delictivas eran producto del sistema de las relaciones de propiedad capitalista de la malvada era prerrevolucionaria.


Sin embargo, el experimento comunista se saldó con millones de muertos, prisioneros, torturados y exiliados, en medio de un indiscutible atraso material relativo evidenciado en casos como las dos Alemania y las dos Corea. Sencillamente, los sueños se frustraron en un sinfín de fracasos y violencias, mientras las ilusiones se transformaron en un cinismo petrificado por el doble lenguaje que obligaba a esconder todos los horrores y los errores en nombre de la sacrosanta revolución.

La planificación centralizada por el Estado resultó ser infinitamente menos productiva que el crecimiento espontáneo generado por el mercado y los precios libres, como había advertido que ocurriría Ludwig von Mises en sus ensayos publicados, precisamente, en los primeros años de la revolución bolchevique, acaso con el objetivo de señalarle a Lenin cuál sería el obstáculo insalvable de su vistosa (y sangrienta) revolución.

Finalmente, a principios de los años noventa del siglo XX, el experimento comunista implosionó, se deshizo la Unión Soviética, los satélites europeos rectificaron el rumbo, retomaron el curso democrático, privatizaron las empresas del Estado, optaron por el mercado y se encaminaron, cada uno a su ritmo, por la senda trazada por la Unión Europea.

En todos los casos la puerta electoral quedó abierta para el regreso de los comunistas al poder por la vía democrática, pero, hasta ahora, ningún país ha incurrido en ese loco retroceso, aunque hay en ellos un pequeño porcentaje de comunistas irredentos, casi todos ancianos, que sienten cierta nostalgia por un pasado en el que ellos fueron relevantes a costa de los sufrimientos indecibles de la mayoría.

¿Por qué todo salió tan mal? Seguramente porque el punto de partida era erróneo: los seres humanos estaban dotados de una cierta naturaleza que no encajaba con el pobre esquema marxista. Eso explica que las revoluciones comunistas hayan fracasado en todas las latitudes (norte, sur, trópico), en todas las culturas (germánicas, latinas, asiáticas) y bajo todo tipo de líderes (Lenin, Mao, Castro). Es una regla que no admite excepciones. Siempre sale mal. Hace 100 años comenzó esa tragedia.

domingo, 29 de octubre de 2017

Mossad: Persiguiendo a Mengele por Argentina y Brasil

Entre Mengele y Eichmann: la cacería de dos monstruos de Hitler en América Latina

El servicio secreto israelí debió tomar una de las decisiones más difíciles de su historia. La búsqueda que terminó con un análisis de ADN
Por Marcelo Raimon | Infobae
Desde Tel Aviv, Israel




Es el fin de una era y ya no puede hacer mucho daño reconocer los errores del pasado. Menos aún si se trata de errores derivados del uso apropiado del manual del buen espía.

Así parecen entenderlo en Israel las principales organizaciones involucradas en una empresa que fue -y en cierta medida sigue siendo- una de las razones de estado de este país: cazar criminales de guerra nazis, en especial aquellos involucrados en el Holocausto, el experimento industrial de limpieza étnica puesto en marcha por el gobierno alemán entre 1941 y 1945 y que dejó unos seis millones de judíos masacrados.

Ya no existe la Guerra Fría y, quizás con un poco de retraso, el Mossad, el servicio secreto exterior de Israel puso a disposición del público, a través de Yad Vashem, el museo y memorial del Holocausto con base en Jerusalén, un extenso volumen relatando las andanzas de los espías durante la persecución de los criminales nazis.


“Una aguja en un pajar”. La fecha 2007 corresponde al tiempo que tomó desclasificar los archivos

El reporte difundido por el Departamento de Historia del Mossad se divide en tres partes, el primero describe la estructura de las unidades de la organización que llevaron adelante la cacería y el segundo repasa las operaciones lanzadas contra distintos ex jerarcas alemanes.

Pero es la tercera parte la que provocó revuelo en Israel y en el mundo. Ese capítulo está dedicado a Josef Mengele, el Doctor Muerte, uno de los símbolos más crueles del Holocausto, quien durante años logró escabullirse de las manos de los espías judíos y terminó muriendo una muerte normal, ahogado en Brasil en 1979.

Los documentos compilados y desclasificados por el Mossad confirmaron, según entendieron los principales analistas israelíes, que Mengele estuvo cerca de ser capturado por los espías de Jerusalén pero logró escapar a ese destino porque los agentes secretos acababan de detener, en 1960 en Argentina, a Adolf Eichmann, uno de los principales organizadores de la "solución final" para los judíos europeos.


Josef Mengele, en un retrato fotográfico oficial

Mengele estaba al alcance de la mano, también en Argentina, pero parece ser que aquel teórico "manual" de los espías sugería no desdoblar los esfuerzos de un comando de agentes para no terminar quedándose sin uno ni otro de los jefes nazis.

El líder del comando que secuestró a Eichmann, Rafi Eitan, ya había reconocido años atrás que la posible captura de Mengele fue descartada para no echar a perder la operación Eichmann, que continuó con el traslado secreto del oficial nazi en un vuelo de El Al y el juicio y ahorcamiento en Jerusalén en 1962.

Pero esta es la primera vez que los servicios secretos israelíes reconocen públicamente que Mengele se escapó de su vigilancia.

Mengele fue supuestamente localizado otra vez en 1962, en Brasil, por un agente del Mossad, pero para aquel momento los servicios secretos israelíes habían puesto la caza del Doctor Muerte en el congelador por razones todavía no muy claras, que podrían haber incluído cuestiones políticas o presupuestarias.


Martha Mengele y Rolf Mengele, la esposa y el hijo del siniestro nazi

Autos de Martha Mengele que figuran en el informe “Una aguja en un pajar”, que decribe cómo el Mossad persiguió al Doctor Muerte durante años

Sin embargo, el espía encargado de recopilar el volumen que acaba de difundir el Mossad, Iosef Chen, afirmó que la persona vista en Brasil no era Mengele.

Chen, nacido en Polonia, ahora de 81 años y en Israel, le contó al periódico The Jerusalem Post que "había quien pensaba que era Mengele y otros que no estaban tan seguros". "En cualquier caso -contó el ex agente- no se puede hacer nada después de solamente un primer avistaje, hay que juntar toda la información posible y chequear todas las posibilidades y recién ahí tomar una decisión".

En todo caso, y tal como demuestra el reporte recién publicado, los agentes israelíes "dedicaron mucho tiempo y hubo muchos intentos de atrapar a Mengele -reconoció Chen-. Es una pena que no hayan logrado el objetivo".

El informe, de unas 400 páginas en idioma hebreo y titulado "Una aguja en un pajar: tras los pasos del 'Doctor Muerte' de Auschwitz", incluye en efecto numerosos documentos, mapas, dibujos y fotografías que confirman que Israel quiso poner sus manos sobre Mengele, el médico que se entretenía torturando prisioneros en aquel campo de concentración con supuestos "objetivos científicos".


Identikits de Mengele “viejo”. Con imágenes como esta lo rastreaban por todo el mundo, pero especialmente por América Latina: Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil

Hay fotos de un Mengele joven e identikits de un Mengele más viejo, dibujos a mano del propio Rafi Eitan mostrando lo que podría haber sido la localización del médico nazi en Paraguay y el diseño de la casa donde se escondía.

También se pueden ver imágenes de la segunda esposa de Mengele, Martha -viuda de su hermano Karl-, y hasta el acta de matrimonio de ambos en 1958 en Uruguay, además de numerosos papeles intercambiados entre espías y autoridades gubernamentales, todas arrancando con la palabra "sodí" (secreto) en el encabezado y firmados por un "agente D." o "agente G.".


Acta de matrimonio de Josef Mengele con Martha

Chen, quien se sumó al Mossad en 1976 y trabajó ocho años en el reporte sobre Mengele, estimó que el médico logró escapar porque los servicios secretos israelíes prefiriero concentrarse en Eichmann, sobre quien contaban con mucha más información.

El ex agente secreto afirmó incluso que Mengele, a diferencia de Eichmann, contaba con el apoyo de una familia muy rica, muchos de cuyos miembros seguían viviendo en Alemania y al parecer lo ayudaban financieramente para mantenerse escondido.

"Pero, para nuestro regocijo -continuó Chen-, sabemos que (Mengele) vivió como un perro siendo cazado, se escondió durante docenas de años temiendo ser descubierto". Las afirmaciones de Chen fueron indirectamente rechazadas por uno de los principales analistas israelíes en asuntos de espionaje, Ronen Bergman, según el cual el agente que identificó a Mengele en Brasil, Zvi Aharoni -el mismo que había detectado a Eichmann en Buenos Aires-, había encontrado a la persona que buscaban.


Croquis con los supuestos lugares donde se alojó Mengele durante su paso por Argentina

Mengele mismo había tenido un paso por la capital argentina. Cambiaba constantemente de domicilios. "No vivía en la misma dirección por mucho tiempo", dice el informe. "Pasó por diferentes casas en Buenos Aires y sus alrededores", agrega. Olivos -un barrio periférico de la ciudad- es una de esas locaciones y una calle conocida: Villate, donde está la actual residencia presidencial.

Bergman fue quien levantó la polvareda por el informe del Mossad con un artículo días atrás en Yediohot Ajronot, el principa diario israelí. También escribió un artículo para The New York Times, adonde afirmó que fue el propio Zaharoni quien, en 1999, le aseguró que el blanco descubierto en Brasil era Mengele.

"Estábamos de excelente humor -le dijo Zaharoni a Bergman-, estaba convencido de que en poco tiempo íbamos a ser capaces de atrapar a Mengele y llevarlo a Israel para ser juzgado".

Sin embargo, dijo Bergman, en ese momento los servicios secretos israelíes estaban "madurando" e imponiéndose "prioridades" más allá de la cacería de nazis.

Según el experto, al mismo tiempo que algunos agentes esperaban órdenes para capturar al Doctor Muerte, el entonces jefe del Mossad, Isser Harel, se enteraba de que Egipto estaba intentando contratar científicos alemanes para impulsar su programa de misiles.

Esa, por ejemplo, era una prioridad que dejaba a Mengele de lado, escribió Bergman.

Poco tiempo después, recordó, Meir Amit fue designado nuevo jefe de los espías en el exterior y decretó que había llegado el momento de "dejar de perseguir fantasmas del pasado".

Pero después, en 1977, Menahem Begin se convirtió en primer ministro de Israel. El líder del Likud consideró que todavía quedaba mucho por hacer y relanzó la cacería de nazis. Y así está claro en el reporte difundido días atrás, adonde se ven fotografías y reportes sobre Mengele de los 70 y 80.

Sin saber que Mengele había muerto en febrero de 1979, el Mossad había planeado interceptar las llamadas telefónicas de su hijo Rolf, quien vivía en Berlín occidental, o hasta secuestrar al hijo de un amigo de la juventud del Doctor Muerte, para obligar al padre a proveer información sobre el paradero de su ex camarada.


Josef Mengele, el Doctor Muerte, con su uniforme de las SS

Entre esas idas y venidas en la dirección de los servicios secretos israelíes, Mengele logró mantenerse a salvo de quienes lo buscaban para juzgarlo por crímenes de guerra. Terminó muriendo ahogado al sufrir un ataque cardíaco mientras nadaba en las costas de Bertioga, en el estado de San Pablo, adonde había llegado para visitar unos amigos.

Recién en junio de 1985 se exhumó el cadáver y se informó que pertenecía al hombre que aprovechó su designación como médico en Auschwitz para llevar a cabo horrendos experimentos "genéticos" -como cortar miembros de los prisioneros, coser para juntar cuerpos de gemelos o inyectarles tintura en los ojos, entre otros esperpentos- o decidir quienes marchaban a las cámaras de gas y quienes podían vivir todavía algunas semanas más.

Recién en 1992 se confirmó la identidad de manera prácticamente certera gracias a un examen de ADN y, después de todos los estudios, los huesos de Mengele siguieron durmiendo en un laboratorio forense en San Pablo por un total de más de treinta años. Hasta que a las autoridades de la Facultad de Medicina de la ciudad brasileña se les ocurrió que un poco de justicia poética podría tener utilidad para los estudiantes.

Así, los huesos del Doctor Muerte son analizados por quienes concurren a las clases de la carrera de medicina forense, para estudiar "cómo conectar los restos con la información" existente sobre la historia de una persona, según explicó un profesor brasileño.

La difusión de este reporte del Mossad puede sonar a canto del cisne de esta sangrienta aventura que comenzó prácticamente al mismo tiempo del establecimiento del estado de Israel, en 1948, cuando estaban fresquísimos los recuerdos de los espantos del Holocausto, las cámaras de gas y los experimentos de gente como Mengele y otros tantos médicos nazis.

La publicación, dijo Avner Avraham, un ex agente del Mossad considerado el principal experto en el caso Eichmann, "muestra que estamos al final de una era en la persecución de los nazis, la mayoría de los cuales ya no están vivos".

Por supuesto, tampoco se pueden esperar acciones espectaculares en el extranjero. "Israel -le dijo Avraham a Infobae- no llevará a cabo operaciones en territorio de países amigos en este contexto". Mengele pudo haberse escapado porque, añadió, "al momento de la captura de Eichmann era importante llevar a un nazi famoso a un gran juicio", y no apostar a dos.

El juicio de Eichmann fue una enorme necesidad histórica, de hace varias décadas. Ahora, según Avraham, la difusión del reporte confirma una nueva tendencia: "no es suficiente decir 'nunca más', hay que contar exactamente lo que pasó en la guerra, contarle a los judíos y no solamente a los judíos".

"Una aguja en un pajar" está disponible para cualquiera que pueda leer hebreo, en un archivo pdf que se puede descargar del website de Yad Vashem. "Que se sepa, no hay futuros reportes" de esta magnitud a ser difundidos en el futuro, le dijo a Infobae un vocero del memorial, Simmy Allen.

Una buena oportunidad, entonces, para ponerse al día con las palabras y las imágenes de un pasado que se diluye.

viernes, 27 de octubre de 2017

Dos libros sobre la relevancia de aprender del legado soviético, para combatirlo

¿El montón de cenizas de la historia?


Two illuminating new books on communism: the ideology's history and the legacy left by Mikhail Gorbachev

The Economist




¿Hay alguna razón para preocuparse por el comunismo soviético? Los economistas tienen poco tiempo para el marxismo-leninismo, encontrándolo inadecuado tanto en la teoría como en la práctica. Los gobiernos de lo que antes eran territorios soviéticos han firmado firmemente las alianzas del enemigo de clase, la OTAN y la Unión Europea. La propia Rusia ha seguido adelante. Incluso China, ostensiblemente todavía un gran poder comunista, eligió su propio camino hacia los mercados y la modernidad y ahora está golpeando a los capitalistas en su propio juego.

Pero dos libros nuevos convencerán a los que dudan de que seguir gastando tiempo en la experiencia soviética sigue siendo valioso. Los autores están basados ​​ambos en la universidad del St Antony, Oxford. Robert Service es el actual profesor de historia de Rusia, mientras que Archie Brown, después de 34 años de enseñanza, es ahora profesor emérito de política.

Ambos están muy preocupados por el legado soviético para el día de hoy, aunque sus enfoques difícilmente podrían ser más diferentes. Sr. Service ha producido una historia extensa que traza los orígenes intelectuales del comunismo de nuevo a través de Europa temprana moderna a la Grecia antigua así como su extensión moderna a los países que cubren una tercera parte de la superficie de la tierra. Como lo expresa: "Los partidos comunistas han existido en casi todas las áreas del globo excepto en las capas polares". En cambio, el Sr. Brown usa una lupa para ver la era de Gorbachov y sus efectos.

De los dos, el libro de Brown es más inmediato oportuno, pero también más problemático. "Siete años que cambiaron el mundo" habla directamente al acalorado debate sobre el final de la guerra fría. Mientras que los triunfalistas estadounidenses la promueven como una victoria para el gobierno de Reagan, los responsables de la política exterior rusa repudian lo que ven como la innecesaria sobre capitulación de la era Gorbachov. Las consecuencias de este debate no son sólo académicas. Trabajando desde una posición de fortaleza financiera basada en el control de su gobierno sobre los beneficios del petróleo, Vladimir Putin está diseñando políticas dirigidas a deshacer los errores percibidos en las últimas décadas y reafirmar la influencia rusa en el extranjero.

Brown se mueve entre estas dos narraciones, haciendo un caso convincente para el liderazgo de Mikhail Gorbachev, un caso que emerge a pesar de un formato que combina torpemente algunos ensayos anteriores con un nuevo análisis. En los años ochenta, el autor fue uno de los primeros en reconocer que el Sr. Gorbachov era un serio reformador. Antes de empezar correctamente, su libro incluye una selección de reimpresiones más o menos inalteradas. Estos demuestran su presciencia, pero habría sido mejor simplemente resumirlos.

La mayor parte del libro es un recordatorio necesario de lo que el señor Gorbachov y la perestroika lograron, aunque fuera inadvertidamente. ¿Para qué, pregunta el Sr. Brown, sacrificó el señor Gorbachov "la autoridad ilimitada, la obediencia incondicional, la orquestación de la adulación pública"? Por libertad de expresión, libertad de religión, elecciones competitivas y una serie de otros logros. El autor concluye con razón que, a pesar de las "deficiencias democráticas de la Rusia post-soviética, el país que Gorbachov legó a sus sucesores fue más libre que en cualquier otro momento de la historia rusa".

La promoción de estos valores parece aún más notable dada su torturado tránsito a través del siglo XX, tal como se describió brillantemente en "camaradas" del señor Service. Con este volumen ha producido uno de los mejores estudios de su tema, incluso si es mucho más fuerte en Rusia que en otros países. Evitando el habitual lenguaje complicado de los debates marxistas, ofrece un relato apasionante de los orígenes intelectuales, el pedigrí y el impacto del comunismo. Concluyendo que Marx y sus seguidores "no eran los repensadores fundamentales del mundo contemporáneo", otorga ese honor a Albert Einstein, Max Weber y otros, el Sr. Servicio pasa de las ideas a su aplicación práctica.

Él sostiene que uno puede de hecho trazar una sola historia unificada del comunismo, a saber, siguiendo el auge y la extensión del modelo "ruso verdaderamente innovador". A través de numerosos estudios de país, el autor concluye que todos los regímenes duraderos tenían características coercitivas esenciales en común. Centralizaron el poder, eliminaron a los partidos rivales, atacaron la religión, establecieron fuerzas de policía secretas y enviaron a los disidentes a los campos de trabajo. Compara a los comunistas tanto con los fascistas, con quienes ve diferencias ideológicas como similitudes prácticas, como a los primeros cristianos. Como este último, dice, los comunistas gozaban de un sentimiento de certeza bendecido por la omnisciencia, con la deidad en su caso siendo "la marcha de la historia".

Como es de esperar, incluso un libro tan rico como este no puede cubrir todas las bases. La cultura recibe poco interés en favor de la política. Los capítulos sobre países distintos de la Unión Soviética no son tan convincentes. Por qué la reforma económica china tuvo éxito tan espectacularmente sigue siendo insuficientemente explicada. Y los oponentes de la acusación condenatoria de Mr. Service pueden justificadamente afirmar que no explica por qué el comunismo resultó tan atractivo para nadie en absoluto.

Sin embargo, el libro sigue siendo un logro notable, y la lectura preocupante. A pesar de que el comunismo soviético como idea pudo haber fracasado, su interacción con la población rusa contiene una poderosa advertencia. Sr. Service hace un fuerte argumento de que "la pobreza y la opresión constituían el mejor suelo para que el marxismo creciera". Rusia a finales del siglo XIX no tenía partidos legales ni sindicatos, ni parlamento, ni educación limitada, ni avenidas de la pobreza para los pobres .

Como resultado, Rusia se mostró muy susceptible a la atracción de lo que, en la jerga actual, se llamaría wingnuts (fanáticos en la extrema izquierda o derecha). Un lector emerge del volumen del Sr. Service con la convicción de que el único medio duradero de prevenir el extremismo político es establecer y mantener instituciones sanas de la sociedad civil: una tarea difícil.