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lunes, 24 de abril de 2017

Biografía: Stalin y su negra mancha en la historia

Sangre en las vías
The Economist


Como sucede con el propio Stalin, es difícil recordar a veces que las personas monstruosas, despiadadas, aterrorizadas, aduladoras, deambulando, idealistas y engañadas a su alrededor fueran seres humanos. El libro de Simon Sebag Montefiore, basado en una síntesis completa de obras existentes, material de archivo y sus propias entrevistas con sobrevivientes y sus descendientes, proporciona un recordatorio ricamente detallado.

Su relato da un comienzo. Es mucho más fácil leer relatos horribles sobre el libertinaje de Beria o la paranoia de Stalin que las anécdotas sobre niños que andan a hurtadillas por las oficinas de sus padres en el Kremlin, o los hábitos puntillosos de Stalin en su correspondencia personal, sus extraños destellos de bondad y decencia o su extraordinario apetito Para los libros. Pero el libro del Sr. Sebag Montefiore es tanto más valioso para las sorpresas que presenta. Como señala el propio autor, la demonología no es un sustituto de la historia.

Lo que también jarras, a menos efecto, sin embargo, es cuando la prosa sin esfuerzo del autor se vuelve fácil. Un buen editor podría haber desaconsejado el uso excesivo de palabras como "pinguid", evitar el uso de apodos para los personajes principales, podar alguna repetición descuidada de los detalles y ordenar las transliteraciones rusas.

Los estudiosos todavía no están de acuerdo sobre si Stalin nació mal o si simplemente fue corrompido por el poder, y muchos siguen preguntándose qué podría haber hecho a continuación. El libro de Sebag Montefiore ofrece un argumento convincente que demuestra que las costumbres de Stalin, y mucho más, empeoraron a medida que creció. A pesar del terror que se usó contra el pueblo ruso, en la década de 1920 los tratos internos de la élite bolchevique eran todavía colegiales. Stalin era entonces el primero entre iguales, dominando a sus poderosos colegas por el encanto y la persuasión.

En la década de 1930, cuando el suministro de enemigos externos se secó, el régimen soviético volvió el terror hacia adentro, en círculos cada vez más apretados. Incluso en la cima, la intimidad dio paso al miedo. Durante unos años después del desastroso estallido de la guerra, Stalin retrocedió. Por toda su fiabilidad política, se dio cuenta, los compinches no podían ganar batallas de la manera que los generales podían. Los años de la posguerra trajeron cada vez más terror, y cada vez más la adulación, pero también una disminución física y mental que puso a sus subordinados pensando en lo que podría seguir.

Esto, como muchos otros capítulos de la narrativa racional de Sebag Montefiore, vale la pena un libro propio. Jonathan Brent, distinguido especialista estadounidense en archivos soviéticos, y Vladimir Naumov, uno de los mejores historiadores rusos modernos, ofrecen un relato sin parangón de uno de esos episodios: la famosa trama de los médicos de enero de 1953, en la que se entiende una vasta conspiración de médicos judíos Haber planeado asesinar a los líderes del Kremlin. En reacción, Rusia pareció vacilar durante un tiempo hacia su propia solución final.

Aunque los contornos de esta pieza de la historia son claros, los detalles son diabólicamente difíciles de precisar. Stalin era ciertamente antisemita por instinto. La fundación del estado de Israel le dio razón para dudar de la lealtad de los más celosos comunistas judíos. Y para 1953 necesitaba un nuevo enemigo, habiendo matado a tantos de los viejos. Los judíos de Rusia, comenzando con un grupo de médicos desafortunados, proporcionaron un objetivo tentador.

Pero también se inventó tanta, tan disfrazada. Stalin murió menos de dos meses después de que señaló dramáticamente a los doctores. Los autores han logrado, con una encomiable beca, trazar los orígenes de la llamada trama. Pero no pueden probar, como insistieron algunos eruditos conspiradores, que Stalin murió de causas que no eran naturales. Mientras tanto, en Rusia, todavía hay una nostalgia terrible para su gobierno.

lunes, 20 de marzo de 2017

Biografía: Riphagen, una rata fascista amigo de Perón y Evita

Bernardus Andreas "Dries" Riphagen
La Segunda Guerra




(7 de septiembre de 1909 Amsterdam [Holanda], + 13 de mayo de 1973, Montreux [Suiza]. Fue un conocido delincuente holandés, el cual colaboró con los alemanes durante la SGM, estando involucrado en al menos 200 muertes.


BIOGRAFÍA


Nació en una familia numerosa, siendo el undécimo hijo. Su padre, alcohólico, trabajaba en la Marina. Su madre, falleció a los pocos años de nacer. Poco más tarde, su padre se volvió a casar.

A los catorce años, ya era un adolescente difícil, fue enviado a una escuela de la Marina, donde alcanzó el grado de cadete. Estuvo navegando durante un año. Residió durante dos años en Estados Unidos, donde empezó a tratar con los círculos criminales, aprendiendo de sus métodos, de dónde le vino el sobrenombre posterior de Al Capone, y a la vez, trabajaba en la empresa de petróleo Standard Oil.

A su regreso de los EE. UU., con dieciocho años, Dries se unió al NSNAP (Partido Nacional Socialista de los Trabajadores holandeses), el cual era antisemita y abogaba por la unión de Holanda con Alemania.

Empezó a moverse en los bajos fondos de Amsterdam, donde su ocupación era como proxeneta y ladrón, demostrando una cierta habilidad para moverse en este mundo, asimismo, su pasión era las apuestas, las joyas (principalmente diamantes) y los coches.

Con la ocupación alemana de 1940, no sólo continuó con sus actividades, sino que abarcó mucho más, empezando a colaborar con el SD Sicherheitsdienst Servicio de Seguridad alemán y como miembro de la Oficina Central de Emigración Judía (Zentralstelle für jüdische Auswanderung), primero en La Haya y después en su ciudad natal, junto a los miembros de la familia Olij, Jan, Kees y Sam.

Esto le permitió, junto a sus compinches, introducirse (y ganar la confianza) de los judíos, los cuales estaban a disposición de las autoridades alemanas, lo cual incluía sus propiedades, un filón del cual Dries empezó a aprovecharse con las confiscaciones de propiedades y joyas, con coacciones incluso para que delataran a otros judíos, y él daba a los alemanes, no sin antes llevarse su parte (10%) establecida con éstos, aunque se embolsaba más de lo pactado. tampoco faltaban judíos como agentes encubiertos, los cuales amenazados con la deportación de ellos o de su familia, se infiltraban en la Resistencia.

En 1943, formó parte de la Columna Henneicke, que era un grupo de unos treinta colaboradores holandeses, en su mayoría miembros de los bajos fondos, los cuales se dedicaban (cobrando en metálico por cada judío) a buscar a los judíos que se habían escondido de las persecuciones. En este mismo año, entregaron a las autoridades alemanas más de 3000 judíos holandeses.

Dries atesoraba ya una pequeña fortuna, el cual iba ingresándola en cuentas de Suiza y Bélgica.

En octubre de este año, la columna fue disuelta, acusada de corrupción en su propio beneficio.

Dries se traslada a Assen, donde empieza a trabajar en otra columna (Hoffman) [especializada en ejecuciones y en localizar aviadores aliados que habían sido derribados] y colaborando con el SD de la ciudad. Asesinó al resistente holandés Gerhard Badrian. En esta ciudad, tiene un accidente de coche, donde se lesiona de gravedad en una pierna.

Al finalizar la guerra, empezó a ser buscado por la policía como traidor y por asesinatos de judíos. Al verse acorralado, se puso en contacto con un antiguo jefe de policía de Enschede y miembro de la Resistencia, Wim E. Sanders, para negociar.
No fue entregado a las autoridades locales, pero sí bajo arresto domiciliario, a cambio de información de colaboradores y redes de los alemanes.

En febrero de 1946 escapa, con la ayuda de miembros de la Oficina de Seguridad holandesa BNV (Bureau voor Nationale Veiligheid), en un coche fúnebre, dentro de un ataúd, cruzando la frontera con Bélgica. Posteriormente, estuvo un tiempo recorriendo España.

A mitad de este año, fue detenido cerca de la frontera con Francia, al carecer de documentación, e ingresado en la cárcel, siendo posteriormente liberado bajo fianza, ayudado por algún contacto (se cree que fue un sacerdote español), con la obligación de tramitar su documentación.

Obtiene un pasaporte Nansen (una tarjeta de identidad para los refugiados apátridas), por medicación de un miembro del Servicio de Seguridad holandés, el cual le proporciona ropa y calzado, con la salvedad de que en los talones del calzado, había diamantes.

Cuando estaba a punto de ser extraditado a Holanda, en marzo de 1948, vuela hacia Argentina con un amigo. Al enterarse de su presencia en este país, la Embajada holandesa cursa una solicitud de extradición, pero sólo con los cargos de robo de automóviles y robo, con lo cual las autoridades argentinas denegaron la solicitud, manifestando que ese delito ya había prescrito. Cabe destacar que Dries se había hecho amigo de un miembro de la Corte Suprema de Argentina.

También consiguió acercarse al matrimonio Perón, llegando a tener un puesto como secretario. Se instala en la capital de este país, donde pone en marcha un negocio de fotografía, y a la vez, organizando competiciones de boxeo, a lo que era aficionado desde su juventud, y colaborando con los servicios secretos de Argentina.

Cuando el Presidente del país fue derrocado, Dries viajó a Europa, viviendo en varios países. Su última dirección conocida fue en Madrid (España), en la calle Padilla 4, de alquiler, que pagaba una tal Alicia López García, donde vivía rodeada de lujo y de mujeres adineradas, las cuales le mantenían. (esta dirección fue facilitada por el Servicio de Inteligencia holandés en Londres).

En 1973, se trasladó a una clínica en Suiza, enfermo de cáncer, donde murió. Nunca más volvió a ver a su mujer Greetje ni a su hijo cuando se fue de Europa en 1946.

Su mujer se casó con el hombre que ayudó a su marido a cruzar la frontera con Bélgica, Frits Kerkhoven, ex detective y miembro de la Resistencia, y ésta adoptó a su hijo.

En 2010, dos periodistas holandeses publicaron un libro sobre Dries “Riphagen: de Amsterdamse onderwereld 1940-1945 [solo está editado en holandés] con las declaraciones de su hijo Rob y de otros compinches.

Tres años más tarde, una emisora de radio holandesa realizó una serie sobre su persona.

En 2016, se hizo la película sobre su vida Riphagen por el director Pieter Kuijpers, con guión de Thomas van der Ree y Paul Ene Nelisse, el papel principal fue interpretado por Jeroen van Koningsbrugge, que también lo había interpretado en la serie de la radio.


ALBUM FOTOGRAFICO



Con su hijo Rob






Imagen






Enlace del artículo de la película en este foro: Riphagen



FUENTES


https://nl.wikipedia.org/wiki/Dries_Riphagen
http://www.miguelgarciavega.com/no-hubo ... -riphagen/
http://www.go2war2.nl/artikel/2624/Biog ... phagen.htm
https://www.google.es/

lunes, 13 de marzo de 2017

Nazismo: Que le pasó a los negros alemanes

Esto es lo que pasó con los alemanes negros bajo los nazis

Eve Rosenhaft, The Conversation UK
Business Insider


Prisioneros de guerra negros de África francesa, capturados en 1940


El hecho de conmemorar oficialmente el Holocausto el 27 de enero, fecha de la liberación de Auschwitz, significa que el recuerdo de los crímenes nazis se centra en el asesinato sistemático en masa de los judíos de Europa.

Las otras víctimas del racismo nazi, incluidos los sinti y los romaníes de Europa, se nombran rutinariamente en conmemoración, pero no todos los sobrevivientes han tenido la misma oportunidad de hacerse escuchar su historia. Un grupo de víctimas que aún no han sido públicamente conmemoradas son los alemanes negros.

Todas esas voces tienen que ser escuchadas, no sólo por el bien de los sobrevivientes, sino porque necesitamos ver cuán variadas son las expresiones del racismo nazi si queremos entender las lecciones del Holocausto para hoy.

Cuando Hitler llegó al poder en 1933, se comprendía que había unos miles de negros que vivían en Alemania - nunca se contaron y las estimaciones varían ampliamente. En el corazón de una comunidad negra emergente estaba un grupo de hombres de las propias colonias africanas de Alemania (que se perdieron bajo el tratado de paz que terminó con la Primera Guerra Mundial) y sus esposas alemanas.


Führer de la Alemania nazi, Adolf Hitler. Bundesarchiv

Estaban conectados en toda Alemania y en el extranjero por medio de lazos familiares y de asociación y algunos eran activos en organizaciones comunistas y antirracistas. Entre los primeros actos del régimen nazi estaba la supresión del activismo político negro. También hubo entre 600 y 800 niños engendrados por soldados coloniales franceses, aunque no todos africanos, cuando el ejército francés ocupó la Renania como parte del arreglo de paz después de 1919. Las tropas francesas fueron retiradas en 1930 y la Renania fue desmilitarizada hasta que Hitler Unidades alemanas estacionadas allí en 1936.

Negación de derechos y trabajo

Las Leyes de Nuremberg de 1935 despojaron a los judíos de su ciudadanía alemana y les prohibieron casarse o tener relaciones sexuales con "personas de sangre alemana".

Un fallo posterior confirmó que los negros (como los "gitanos") debían ser considerados como "de sangre ajena" y sujetos a los principios de Nuremberg. Muy pocas personas de ascendencia africana tenían la nacionalidad alemana, incluso si nacieron en Alemania, pero esto se hizo irreversible cuando se les dio pasaportes que los designaban como "negros sin estado".

En 1941, los niños negros fueron oficialmente excluidos de las escuelas públicas, pero la mayoría de ellos habían sufrido abuso racial en sus clases mucho antes. Algunos fueron forzados a salir de la escuela y ninguno fue permitido para ir a la universidad o la formación profesional. Entrevistas y memorias publicadas por hombres y mujeres, testimonios inéditos y reclamaciones de indemnización posteriores a la guerra dan testimonio de estas y otras experiencias compartidas.

Soldados de la Legión árabe libre nazi en Grecia, septiembre de 1943. Wikimedia Commons

Las perspectivas de empleo que ya eran deficientes antes de 1933 empeoraron después. Incapaces de encontrar trabajo regular, algunos fueron reclutados para trabajo forzado como "trabajadores extranjeros" durante la Segunda Guerra Mundial. Las películas y espectáculos que hacían propaganda para el regreso de las colonias africanas de Alemania se convirtieron en una de las pocas fuentes de ingresos, especialmente después de que a los negros se les prohibió participar en otros espectáculos públicos en 1939.

Encarcelamiento

Cuando el líder de las SS Heinrich Himmler realizó una encuesta de todos los negros en Alemania y ocupó Europa en 1942, probablemente estaba contemplando una especie de redada. Pero no hubo un internamiento masivo.

La investigación en los registros del campamento y el testimonio de los sobrevivientes ha arrojado hasta ahora alrededor de 20 alemanes negros que pasaron tiempo en campos de concentración y prisiones - y al menos uno que era una víctima de la eutanasia. El caso que tenemos de un negro enviado a un campo de concentración explícitamente por ser mischling (mulato) - Gert Schramm, internado en Buchenwald de 15 años - viene de 1944.



En su lugar, el proceso que terminó con el encarcelamiento por lo general comenzó con un cargo de comportamiento desviado o antisocial. Ser negro hacía que las personas fueran visibles para la policía, y se convirtió en una razón para no liberarlas una vez que estuvieran bajo custodia.

En este sentido, podemos ver a los negros como víctimas no de un racismo peculiarmente nazi, sino de una versión intensificada de los tipos de racismo cotidiano que persisten en la actualidad.


Esterilización: un asalto a las familias

Fue el miedo nazi a la "contaminación racial" lo que provocó el trauma más común que sufrieron los alemanes negros: la ruptura de las familias. Las parejas "mixtas" fueron acosadas en la separación. Cuando otros solicitaban licencias de matrimonio, o cuando se sabía que una mujer estaba embarazada o tenía un bebé, la pareja negra se convirtió en blanco de la esterilización involuntaria.



En una acción secreta en 1937, unos 400 de los niños de Renania fueron esterilizados a la fuerza. Otros alemanes negros se escondieron o huyeron del país para escapar de la esterilización, mientras que las noticias de amigos y familiares que no habían escapado intensificaron el miedo que dominaba la vida de las personas.

La comunidad negra alemana era nueva en 1933; En la mayoría de las familias, la primera generación nacida en Alemania era apenas la mayoría de edad. En ese sentido, era similar a las comunidades en Francia y Gran Bretaña que se estaban formando alrededor de familias fundadas por hombres de las colonias.

La persecución nazi rompió esas familias y los lazos de comunidad. Un legado de eso fue un largo silencio sobre el rostro humano de la historia colonial de Alemania: la posibilidad de que los alemanes blancos y negros pudieran compartir un espacio social y cultural.

Ese silencio ayuda a explicar las respuestas mezcladas de los alemanes a la actual crisis de refugiados. La bienvenida ofrecida por la canciller alemana Angela Merkel y muchos alemanes comunes ha dado voz al liberalismo humanitario que siempre estuvo presente en la sociedad alemana y fue reforzado por las lecciones del Holocausto.

La reacción contra los refugiados revela el otro lado de la moneda: los alemanes que temen la inmigración no están solos en Europa. Pero sus angustias se basan en una visión que ha permanecido muy poderosa en la sociedad alemana desde 1945: la idea de que, por muy dignos que sean, las personas que no son blancas no pueden ser alemanas.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Terrorismo: Montoneros reclutaba niños de 13 años

Montoneros me reclutó a los 13 años. Yo también soy una víctima
Marcelo Vagni - Infobae



Un adolescente Marcelo Vagni

Fui invitado, hace unos días, al programa Intratables para intentar participar de un debate sobre los años 70. Pretendía aportar al mismo desde mi experiencia personal, por haber sido secuestrado en 1977, a los 15 años, por mi militancia secundaria (primero dentro de la UES, Montoneros, y luego en la Juventud Guevarista, expresión juvenil del PRT-ERP). Por otra parte, durante treinta años, entre 1984 y 2014 inclusive, he sido convocado en numerosas oportunidades por la Justicia para declarar en calidad de testigo en varias causas por delitos de lesa humanidad desde mi vivencia personal de ex desaparecido y ex preso político.

Digo bien, "intentar participar de un debate", porque mi intención y la de la producción del programa de TV quedaron sólo en eso, en un deseo, un intento. Sucede que, mientras hablaba, fui interrumpido agresivamente y descalificado por Miguel Bonasso, también presente en el estudio. "Contanos para quién trabajás…", inquirió primero. "Con vigilantes no discuto", me acusó luego en el aire.

Hasta esas interrupciones sólo había alcanzado a decir que, visto a la distancia y con la serenidad que permiten los años, sentía que mi reclutamiento a los 13 años de edad, las actividades que se me ordenaba llevar a cabo (a mí como a tantos jóvenes de mi edad), la actitud que se me convenció debía adoptar a partir del golpe de Estado de marzo de 1976 ("Se impone al pueblo argentino…afrontar con heroísmo los sacrificios necesarios y librar…la victoriosa guerra revolucionaria de nuestra segunda y definitiva Independencia", El Combatiente, 31 de marzo de 1976), nos puso tanto a mí como a muchos más en una situación de riesgo de vida de la que sólo tomé conciencia dentro de un calabozo oscuro, orinado, muy lastimado, seguro de que iba a morir, y pensando en mi mamá y mi papá antes que en la guerra revolucionaria.

Dije textualmente en el programa: "Soy una víctima de la represión militar pero antes de eso fui una víctima de la guerrilla que me reclutó a los 13 años, para convertirme a los 14 en un miliciano de la guerra revolucionaria".

Respecto de aquella historia trágica de los años 70, estoy convencido de otra cosa: que a los efectos de nuestros objetivos y planes (los de la guerrilla) no importaba que estuviésemos viviendo en democracia, bajo un gobierno que -pese a sus características por todos conocidas-, había sido elegido por una enorme mayoría en 1973. Tanto la organización de la que yo participaba como la organización Montoneros (de la que Bonasso era un importante dirigente, un "jefe") llevamos adelante acciones contra los gobiernos de Perón e Isabel, desconociendo la voluntad popular y asumiendo que esa voluntad la expresábamos nosotros mismos, como "vanguardia lúcida", como "destacamento de avanzada". No nos preparaban entonces para las próximas elecciones. Nos preparaban para los próximos combates revolucionarios.

Por eso la interrupción con gritos e insultos de Bonasso la interpreté claramente como un: "No cuentes, no digas nada, nadie se tiene que enterar de eso".

Tal actitud sólo confirma mi idea de que se pretende manipular esa porción de nuestra historia contando lo que no pasó. Y no contando lo que efectivamente sucedió. Yo había llegado a Intratables por propia voluntad, a expresar mi rechazo a un proyecto de ley que impulsa la diputada Nilda Garré, que busca poner una mordaza legal a un debate que viene siendo contado de manera falsa y tendenciosa. Para hablar en contra de este intento de imponer una mentira de prepo. Una cosa que, por la dinámica del programa y debido a la interrupción de Bonasso, ni siquiera llegué a esbozar.

Bonasso, visiblemente enojado, expresó que mi discurso reavivaba la teoría de los dos demonios. Ni siquiera conozco en profundidad esa teoría. Ni intento emparentar nada con nada. Sí acuerdo con denominar "demoníaca" -si se quiere- a la salvaje e ilegal represión que viví al igual que miles de argentinos (aunque no todos, ya que hubo excepciones, como Firmenich y Bonasso por ejemplo).

Pero yo no estoy hablando de la dictadura. Estoy hablando de nuestro accionar -del entonces adulto Bonasso y del mío propio, que era casi un niño- en los años previos al Golpe de Estado. ¿Qué palabra podríamos encontrar para denominar ese accionar, con su secuela de muertos y el enorme daño que le provocó al país? ¿Si no fue "demoníaco", qué fue? ¿Angelical? ¿Justo? ¿Necesario?

Conmigo no, Bonasso. Simplemente porque yo estoy hablando de mi experiencia personal: yo la viví. Vos también la viviste: fuiste uno de los jefes de una organización que no dejó gobernar a Perón, que lo atacó sistemáticamente, y sólo porque pensaban que el proyecto que debía imponerse en la Argentina no era el de Perón (que acababa de ganar las elecciones con más del 60% de los votos) sino el de ustedes. Por eso le advirtieron que no iban a dejarlo gobernar y asesinaron a Rucci sólo dos días después de su triunfo electoral. Y lo siguieron enfrentando hasta que los echó. Y pasaron a la clandestinidad en plena democracia e intensificaron el accionar armado.

En aquellos años, sólo algunos, como usted Bonasso, tuvieron la ventaja de la clandestinidad y acceso a mecanismos para eludir o enfrentar la represión. Los miles de jóvenes que creían en ustedes, en las facultades, en las escuelas, en las fábricas y en los barrios, tuvieron que seguir ocupando sus lugares, "escrachados" y "quemados", claramente identificados por la represión. Una mayoría de nosotros siguió haciéndolo, valiente o inconsciente del riesgo, hasta que la Triple A o la dictadura los secuestró y los asesinó.

Conmigo no, Bonasso. Hubiera sido más digno que me interrumpieras para reconocer aquellos tremendos errores, o para contarles a los jóvenes de hoy que hay que vivir en democracia y cuidar de ella, y que te equivocaste cuando la atacaste. Hubiera sido genial que dijeras que para imponer ideas hay que convencer a los demás, no asesinarlos ni secuestrarlos. Y decirles a los peronistas que cuando Perón ya no enfrentaba ni al Almirante Rojas, ni a Aramburu, ni a Lanusse… aparecieron ustedes –los jóvenes de vanguardia- y se constituyeron en su principal enemigo en sus últimos años.

Aquellos últimos años en los que justamente Perón se abrazaba con Balbín y nos decía que "para un argentino no debe haber nada mejor que otro argentino".

Me vi obligado a responderte de este modo Miguel Bonasso, por escrito, porque durante el programa no me dejaste hablar ni decir estas cosas. Vos tenés una enorme posibilidad de contribuir a la verdad histórica no ocultando datos, no falseando hechos, sin engañar a las nuevas generaciones, que tienen derecho a saber qué sucedió realmente en la Argentina de aquellos años. Y, además, pidiendo perdón por todo el daño y sufrimiento causados.

martes, 21 de febrero de 2017

SGM: El campo de concentración trucho nazi

Theresienstadt, el campo de concentración y "ghetto modelo" que los nazis montaron para engañar a la Cruz Roja
Ubicado a 50 kilómetros de Praga, por allí pasaron 144.000 judíos entre 1940 y 1945, incluyendo artistas, intelectuales y otras figuras prominentes a quienes se les permitió practicar la profesión en condiciones humanas para intentar desviar la atención del mundo sobre las matanzas en otros campos
Infobae

El brutal dictador Adolf Hilter. Se estima que seis millones de judíos fueron masacrados durante su mandato (AP)


A 50 kilómetros de Praga y rodeado por los ríos Elba y Ohře, los nazis montaron en 1941 un campo de concentración "modelo" que albergaba a cientos de artistas e intelectuales judíos en condiciones humanas y en libertad de practicar sus diferentes disciplinas.

La mentira engañó a muchos en Occidente, incluyendo a la Cruz Roja, y Theresienstadt, como se lo conoció en alemán, funcionó como una inmensa campaña de propaganda para ocultar las masacres que ocurrían a diario en los campos de exterminio de Europa Oriental y, también, en el mismo campo.

Sobre esta farsa escribe el director de orquesta y escritor catalán Xavier Güell en su novela Los prisioneros del Paraíso, publicada en enero por la editorial Galaxia Gutenberg.

"Necesitaban montar una farsa, que Europa creyera que trataban de forma aceptable a los prisioneros en los campos de concentración. Por ello, encerraron a multitud de artistas en este lugar y les permitieron ejercer su profesión. Los dejaban tocar, organizar conciertos", dijo Güell al periódico español ABC.

Pero por cada prisionero que gozaba de estos beneficios, otros cientos eran sometidos a un tratamiento brutal y a un sinfín de torturas.

En total, unos 144.000 judíos pasaron por Theresienstadt, ubicado en la ciudad de Terezín, en la actual República Checa, durante la guerra. En el peor momento 50.000 vivían hacinados en instalaciones pensadas para apenas un décimo.

Cerca de 33.000 murieron en el campo y otros 88.000 fueron enviados a una muerte casi segura en el campo de exterminio de Auschwitz, en Polonia, antes de que fuera liberado por los soviéticos en 1945.

Entre los prisioneros convivieron artistas como los músicos Hans Krasa, quien compuso allí su famosa obra Brundibar, y Gideon Klein y el director de cine Kurt Gerron. Ninguno sobrevivió a la guerra.

"Para ellos fue una salvación. Sabían que tocaban unas notas que podían ser las últimas porque al día siguiente podían morir, pero sabían que mientras hubiera música, había esperanza", consideró el autor. "Los nazis decidieron que los prominentes, gente importante como artistas, militares condecorados, ancianos con medios económicos altos y de importancia social, músicos serían recluidos en este campo", agregó.

En diferentes momentos de su historia, Theresienstadt contó con compañías de teatro, orquestas, bandas de jazz, lecturas de poesía y conferencias regulares.

Una de las entradas a Theresienstadt con el lema usual en los campos de concentración: “El trabajo los hará libres” (Terezín Memorial)

Al mismo tiempo, morían entre 50 y 100 personas al día por el frío y las infecciones, las ejecuciones espontáneas por parte de los guardias eran comunes y un Consejo de Ancianos judíos tenía que elegir quiénes serían enviados cada semana a Auschwitz.

"Su responsabilidad era brutal. Aunque las grandes decisiones las tomaban los nazis, a ellos los dejaban actuar como si fuesen los responsables de la ciudad, siempre que no se salieran de las pautas establecidas. Lo más duro era que les hacían hacer el listado de los deportados, un número que no bajaba de unos 1.000 nombres a la semana", explicó el autor de Los prisioneros del paraíso.

La autoridades alemanas alegaban ante el mundo que el campo era una especie de "balneario" y "ghetto modelo"; una zona de concentración de judíos que recibían un trato humanitario antes de ser enviados al entonces Mandato Británico de Palestina.

El momento cúlmine de esta pantomima llegó en la primavera de 1944, cuando los nazis permitieron que una misión de la Cruz Roja Internacional visitara Theresienstadt, en medio de una ola de rumores en todo el mundo sobre masacres, tortura y esclavitud en los campos de concentración alemanes.

Los barracones Magdeburgo, en el campo “modelo” (Terezín Memorial)

El director del campo fue diligente. Deportó a los 5.000 prisioneros más enfermos o desnutridos, mejoró las raciones, arregló las calles y construyó parques.

Repartió ropa nueva y elegante a los prisioneros y encomendó al Freizeitgestaltung, el comité de actividades musicales, que preparara una versión del Réquiem de Giuseppe Verdi para 2000 espectadores.

Para completar la farsa, se les prohibió a todos los prisioneros decir la verdad sobre el campo a los miembros de la Cruz Roja bajo pena de muerte, un destino demasiado familiar para todos ellos.

Fue todo un éxito. La Cruz Roja Internacional compró el engaño y quedó sorprendida por las excelentes condiciones en Theresienstadt, a las que consideró mucho mejores de lo esperado y representativas de todo el sistema.

Para ese entonces ya habían muertos millones de judíos, gitanos y opositores políticos de todo tipo. Aún restaba un año más para el fin de la guerra.

lunes, 6 de febrero de 2017

Guerra Antisubversiva: Videla confesó que hubo plan respaldado por el peronismo

Cuando Videla confesó el plan de la Dictadura y lo vinculó al gobierno peronista de Isabelita
En las entrevistas para mi libro “Disposición final” y al admitir un plan sistemático de represión ilegal, el ex dictador aseguró que Ítalo Luder le pidió una solución para luchar contra las guerrillas
Por Ceferino Reato - Infobae



Jorge Rafael Videla durante su jura como presidente de facto.

Más allá de la sentencia de los jueces que condenaron a los jefes militares en 1985, fue el propio general Jorge Rafael Videla quien admitió un año antes de morir que hubo un plan sistemático para capturar y "eliminar a un conjunto grande de personas que no podían ser llevadas a la justicia ni tampoco fusiladas".

"No había otra solución; (en la cúpula militar) estábamos de acuerdo en que era el precio a pagar para ganar la guerra contra la subversión y necesitábamos que no fuera evidente para que la sociedad no se diera cuenta", me dijo Videla en una de las entrevistas que derivaron, junto con otros testimonios, en mi libro "Disposición Final".

"Por eso, para no provocar protestas dentro y fuera del país, sobre la marcha se llegó a la decisión de que esa gente desapareciera. Cada desaparición puede ser entendida ciertamente como el enmascaramiento, el disimulo, de una muerte".

Incluso, el nombre del libro alude a la manera cómo los jefes militares se referían al método para eliminar a "las siete mil u ocho mil personas que debían morir para ganar la guerra contra la subversión".

"Esa frase 'Solución Final' nunca se usó. 'Disposición Final' fue una frase más utilizada: son dos palabras muy militares y significan sacar de servicio una cosa por inservible", señaló Videla.

En las entrevistas, el ex dictador explica en detalle cómo era ese plan sistemático y cómo fue que llegaron a la conclusión que tenían que hacer desaparecer los cuerpos de esas miles de personas.

Incluso, vincula ese plan con la orden que jura haber recibido en la reunión de gabinete del 24 de septiembre de 1975, cuando él ya era el jefe del Ejército y el senador Ítalo Luder se desempeñaba como presidente interino debido a la licencia por enfermedad de la presidenta Isabel Perón.

 “No había otra solución, dijo Videla al admitir el plan sistemático de la cúpula militar para eliminar personas
En esa reunión de gabinete, a pedido de Luder y seis meses antes del golpe de Estado, Videla expuso cuatro alternativas para luchar contra las guerrillas, donde "la diferencia esencial consistía en la graduación que se establecía en la centralización del comando y de la toma de decisiones".

Videla asegura que Luder eligió la alternativa más dura contra las guerrillas, el "Curso de Acción Número 4, que implicaba un despliegue amplio y simultáneo de las Fuerzas Armadas, de Seguridad y policiales para detectar la presencia de un enemigo mimético que se escondía en el ambiente y aniquilarlo. Con un súmmun de libertad de acción para esas fuerzas desplegadas en todo el territorio". Como contrapartida, "a lo sumo en un año y medio el terrorismo estaría, cuanto menos, controlado".


María Estela Martínez de Perón (Getty Images)

Luder, que también está muerto, siempre negó que esa decisión implicara una ruptura del estado de derecho y un aval a las violaciones a los derechos humanos. La sentencia contra los comandantes, en 1985, avaló su interpretación.

Al mes siguiente, en octubre de 1975, el gobierno delegó por decreto en las Fuerzas Armadas la lucha contra las guerrillas —en la práctica, sin el control de un gobierno que, a esa altura, estaba muy debilitado— y el país fue dividido en cinco zonas, cada una a cargo de un comandante.

En una de las entrevistas que le hice, Videla sostuvo que, "siguiendo con el cronograma que le habíamos prometido al presidente Luder, a fines de 1977 la guerra estaba controlada; no derrotada, pero era cuestión de tiempo. Para el Mundial (1978), la guerra estaba prácticamente terminada".

Videla sostuvo que los militares llegaron al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 sin saber bien cómo eliminar a ese "conjunto grande de personas" que era "irrecuperable". La mayoría de esas personas estaban siendo capturadas o lo serían en los próximos meses.

Tanto fue así que en los primeros meses de la Dictadura algunos jefes militares organizaron fusilamientos durante traslados de presos y los disfrazaron como intentos de fuga. Pero, pronto los desecharon porque despertaban lógicas sospechas.

Agregó que "la solución fue apareciendo de una manera espontánea, con los casos de desaparecidos que se fueron dando. Casos espontáneos, pero que, repito, no eran decididos por un joven oficial recién recibido; no, casos que eran ordenados por un capitán que, a su vez, recibía la orden del jefe de la brigada, que, a su vez, recibía la orden del comandante o jefe de Zona".

Y señaló: "Era una figura (la del desaparecido) que venía del gobierno peronista", en especial luego de aquellos decretos firmados en octubre de 1975.

Algo más sobre el carácter descentralizado en la ejecución del plan: "La responsabilidad de cada caso recayó en el comandante de la zona", que utilizó la forma que consideró más apropiada para capturar a los "objetivos" y hacer desaparecer sus cuerpos.

 La secretaría de Derechos Humanos durante el kirchnerismo determinó que los registros oficiales indican que hubo 6.348 desaparecidos
"A mí los comandantes o jefes de zona no me pedían permiso para proceder; yo consentía por omisión. A veces, me avisaban. Recuerdo el caso de una visita a Córdoba y el general Luciano Menéndez me recibe con esta novedad: ´El hijo de Escobar andaba en malas juntas y los liquidamos anoche´. Era el hijo de un coronel que había sido compañero nuestro de promoción; entonces, yo ya sabía que si Escobar venía, le tenía que decir: ´De ese tema no quiero hablar´".

La primera edición de este libro fue publicada en 2012 y resultó muy criticada por el kirchnerismo gobernante, las organizaciones de derechos humanos y los periodistas y medios afines. A simple vista, esa reacción parece inexplicable dado que Videla admitió la existencia de un plan sistemático en la represión ilegal. Pero, hubo otros tramos reprobables desde el punto de vista del kirchnerismo y los liderazgos de derechos humanos. Uno de ellos fue cuando Videla sostuvo que "eran siete mil u ocho mil las personas que debían morir".

Políticamente interesados, los organismos de derechos humanos consideran que la cifra de víctimas fue de 30 mil y de ahí no se mueven, por más que la propia secretaría de Derechos Humanos haya determinado al final de la gestión anterior que los registros oficiales indican que hubo 6.348 desaparecidos durante la dictadura.

Tampoco les gustó que Videla hablara sobre el respaldo de la mayoría de los partidos políticos, incluido el Partido Comunista, y de buena parte de la opinión pública a la dictadura que él encabezó durante cinco de los siete años y medio que duró el llamado Proceso de Reorganización Nacional.
Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio (Serrat).

viernes, 20 de enero de 2017

Revolución Rusa: La hambruna del holodomor ucraniano

Los caníbales comunistas: imágenes impactantes revelan la depravación sufrida por los campesinos obligados a comer HUMANOS durante la hambruna de la década de 1920 en Rusia

  • La hambruna rusa de 1921-22, también conocida como hambre de Povolzhye, ocurrió en la Rusia bolchevique
  • Comenzó a principios de la primavera de 1921 y duró hasta 1922
  • La guerra civil y la política de Lenin de tomar la comida de los campesinos causaron la devastadora hambruna hecha por el hombre
  • Alrededor de 30 millones de personas fueron afectadas y cerca de cinco millones murieron
  • ADVERTENCIA: Imágenes angustiantes


Sarah Bean - Daily Mail Online


Esta es la grave foto de una pareja que muestra cómo la gente hambrienta se volvió al canibalismo para sobrevivir durante una hambruna hecha por el hombre en la Rusia de los años veinte.
Más de cinco millones de personas murieron durante la catástrofe, que comenzó en 1921 y duró hasta 1922.
El revolucionario comunista ruso Vladimir Ilyich Ulyanov, más conocido como Lenin, había estado a cargo del país desde 1917. En un descontento escalofriante por el sufrimiento de sus compatriotas, ordenó que se tomara alimento de los pobres.

El partido bolchevique de Lenin creía que los campesinos estaban activamente tratando de socavar el esfuerzo de la guerra y al quitarles la comida, redujo su fuerza.
La hambruna fue capaz de arraigar con facilidad debido a los problemas económicos causados ​​por la Primera Guerra Mundial, cinco años de guerra civil y una sequía en 1921 que llevó a 30 millones de rusos desnutridos.
Cuando Lenin declaró «dejar a los campesinos hambrientos», el resultado fue forzarlos a recurrir al comercio de carne humana en el mercado negro.


Una pareja rusa vende partes del cuerpo humano en un mercado. La gente de Rusia comenzó a comer y vender extremidades humanas debido a la lucha por la comida durante el hambre ruso de 1921


Esta foto tomada en octubre de 1921 muestra los niños hambrientos en Samara Camp durante el hambre en Rusia

Los académicos rusos han investigado y catalogado previamente ejemplos de canibalismo y de comer cadáveres y en una descripción se describe cómo una mujer se negó a entregar el cadáver de su marido porque lo estaba usando como carne.
Los campesinos hambrientos fueron vistos incluso desenterrando cadáveres recientemente enterrados para recuperar su carne, así como comer hierba y animales que antes eran considerados mascotas.
 La policía no tomó ninguna medida ya que el cannabalismo era considerado un método legítimo de supervivencia.
 Finalmente llegaron trabajadores de ayuda de América y Europa y en 1921 escribió un estómago que batió cuenta de lo que habían visto: "Las familias estaban matando y devorando a padres, abuelos y niños.
"Los rumores horribles sobre salchichas preparadas con cadáveres humanos, aunque oficialmente contradichas, eran comunes. En el mercado, entre jorobas jorobadas, se escuchaba amenazas de hacer salchichas de una persona.



Una pareja con sus niños hambrientos durante una hambruna en los EE.UU., circa 1922


Esta foto tomada en 1921 muestra una familia afectada por el hambre en la región de Volga, Rusia, durante la Guerra Civil rusa


En esta foto tomada en octubre de 1921, los niños afectados por el hambre de refugiados se ven en Rusia durante la Guerra Civil de Rusia

Otras imágenes inquietantes de la hambruna muestran a los niños que sufren de desnutrición severa, sus estómagos hinchados y casi todos los huesos de su cuerpo visible.
Uno de los lugares más afectados fue la ciudad de Samara, situada en la parte sureste de la Rusia europea en la confluencia de los ríos Volga y Samara.
La ayuda de fuera de Rusia fue inicialmente rechazada por Lenin porque lo vio como otros países interfiriendo.
El explorador polaco Fridtjof Nansen llegó a la ciudad en 1921 y se horrorizó por lo que vio - casi toda la ciudad estaba muriendo de hambre.
Recaudó 40.000 millones de francos suizos y estableció hasta 900 lugares donde la gente podía conseguir comida.
Lenin fue finalmente convencido de dejar que las agencias internacionales de ayuda y Nansen fue galardonado con un Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos.
La American American Relief Administration, que se les dijo que no podía ayudar en 1919, se les dio acceso a los enfermos y hambrientos en 1921 y proporcionó gran alivio junto con agencias de ayuda europeas como Save The Children.
Lenin murió poco después de la hambruna, en 1924, y fue sustituido por Joseph Stalin, que se convirtió en el líder de la Unión Soviética.


Una cantina para la gente hambrienta en la ciudad de Pokrovsk, cerca de Saratov, en la unión soviética, en 1923


Un niño hambriento está representado por un marco de la puerta (izquierda) y otro (derecha) se ve pareciendo débil y frágil en Rusia hambrienta



Un niño es retratado llorando en un hospital de Samara. La foto fue exhibida por la misión humanitaria de Fridjtof Nansen en: Histoire des Soviets, por Henri de Weindel, Francia, 1922-23


Esta foto de 1921 muestra los funerales que se celebra para los niños hambrientos en las calles de Samara


Los niños se ven muertos de hambre y envueltos en mantas en el Hospital de Samara en 1921

Una familia hambrienta de Chuvash se ve cerca de su tienda en Samara, en la Unión Soviética, en 1921-22

Los cuerpos muertos son llevados por carro en Samara en esta foto por Henri de Weindel en 1922-23

Un muchacho muerto de hambre se representa en 1933 en documentos de los archivos del servicio de seguridad ucraniano

Un hombre armado guarda el almacenamiento de los cultivos y el suministro de emergencia de cereales para el año 1934 en esta fotografía documental exhibida en una exposición en kiev, dedicada a Holodomor, el gran hambre ucraniana de principios de 1930

Mujeres pasan por personas que mueren de hambre durante Holodomor, una hambruna por el hombre en la Ucrania Soviética en 1932 y 1933

martes, 3 de enero de 2017

SGM: Nazis tal vez capturaron de casualidad a Ana Frank

Los nazis pudieron descubrir a Ana Frank por casualidad y no por una traición
Un nuevo estudio apunta que la menor judía y su familia no fueron delatados sino localizados por agentes que investigaban el estraperlo

ISABEL FERRER - El País


Ana Frank. AP QUALITY

El escondite de Ana Frank y su familia en el trastero de una casa de los canales de Ámsterdam fue descubierto por los nazis el 4 de agosto de 1944. Aunque sin confirmación oficial, se presumía hasta hoy que les traicionó un informador pagado por los ocupantes. Sin embargo, una nueva investigación efectuada por la Fundación que gestiona la casa-museo dedicada en la ciudad a la joven autora del famoso Diario, apunta a una casualidad, y no a una delación, como origen de la tragedia. Según el investigador Gertjan Broek, los agentes que entraron en el número 263 de la calle Prinsengracht, en el centro antiguo de la ciudad, “iban detrás del tráfico de cartillas de racionamiento y la contratación ilegal de trabajadores”. Además, incide en que el policía holandés que participó en el arresto, Gezinus Gringhuis, "estaba asignado al departamento de delitos económicos, no a la búsqueda de judíos ocultos”.

Broek apuntala su teoría con sendos detalles. Dice que una vez dentro del edificio que servía de tapadera a la familia Frank y a otras cuatro personas, los gendarmes tardaron dos horas en salir; "demasiado tiempo si sabían que había judíos ocultos”, sostiene. A principios de 1944, fueron arrestados dos traficantes de bonos de comida que habían trabajado en ese mismo número. La propia Ana se hizo eco del suceso en su Diario, donde escribió que después resultó muy difícil conseguir alimentos. Lo más probable, sigue Broek, es que durante el registro del inmueble acabaran encontrando la estantería que tapaba las escaleras de acceso al trastero. Arriba, ocho personas perseguidas llevaban dos años juntas tratando de evitar al invasor.

Tras ser descubiertos, fueron enviados a los campos de concentración. Sólo regresó Otto Frank, el padre de Ana. La adolescente, su madre, Edith, la hermana mayor, Margot, el matrimonio Van Pels con su hijo, Peter, y el dentista Fritz Pfeffer, perecieron entre 1944 y 1945.


Monumento a Ana y Margot Frank en Bergen-Belsen. SEAN GALLUP GETTY

El estudioso señala, además, que la posible llamada de un supuesto soplón a los gendarmes mientras estos registraban el edificio es poco probable. “En 1944 muchas conexiones telefónicas habían sido cortadas, y los números de los servicios secretos no estaban al alcance de cualquiera”, dice. Entre los posibles chivatos señalados por otros escritores figura Tonny Ahlers, miembro del Movimiento Nacional Socialista de Holanda. Es el sospechoso número uno para Carol Ann Lee, biógrafa de Otto Frank. Otra de las posibles delatoras es Nelly Gies, hermana de Miep, la amiga de la familia de Ana que les ayudó. A Nelly no le gustaba que Miep escondiera judíos, pero todos ellos fueron interrogados después de la II Guerra Mundial sin que pudieran formularse acusaciones firmes.

La casa-museo de Ana Frank subraya que su nuevo estudio no pretende cegar la vía de la presunta denuncia, aunque apunta que después de varias décadas de búsqueda por ese lado, no se ha obtenido respuesta, tal y como ha dicho Ronald Leopold, director de la Fundación. Al centrarse en la entrada de la policía, y en el relato mismo de Ana Frank sobre los días anteriores, pretenden “animar a otros investigadores a rastrear nuevas pistas para poder contar toda la historia de Ana Frank”.

Confinadas en el campo de Bergen-Belsen (norte de Alemania), Ana y Margot murieron con pocos días de diferencia, posiblemente hacia febrero de 1945, y fueron enterradas en una fosa común. El 15 de abril de ese año, los soldados británicos aliados liberaron el campo, quemado luego para contener una epidemia de tifus.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Guevara: Ahora habla su hermano

El hermano del Che habla
Juan Martín se explaya en un libro sobre la influencia de sus padres en el mito


JESÚS RUIZ MANTILLA - El País


El Che Guevara y su madre con el hermano pequeño Juan. FAMILIA GUEVARA

De Ernestito al Che, hay un trecho muy, muy largo. Un camino que mental y emocionalmente ha sido interminable para Celia, Roberto, Ana María y Juan Martín Guevara, sus hermanos. No digamos para sus padres, mudos después de conocer su muerte en Bolivia hace ahora 49 años. Ninguno de ellos quiso hablar de quien poco después de caer en la guerrilla marcó el futuro de la izquierda a nivel global, hasta el punto de acabar canonizado por sus seguidores como un mito y denostado al tiempo como un demonio contagioso. Ahora, el más joven de todos rompe su silencio con Mi hermano, el Che (Alianza), escrito junto a la periodista francesa Armelle Vincent.

Los recuerdos de Ernesto Che Guevara son aún cristalinos para su hermano pequeño, que hoy ha cumplido ya 72 años. Juan Martín Guevara ha tardado 47 en asomarse a la Quebrada del Yuro (Bolivia), donde fue abatido el Che un 9 de octubre de 1967. Pero finalmente venció a los fantasmas y se acercó, quizás para empezar a rendir cuentas. Se desplazó en coche desde Buenos Aires: 2.600 kilómetros. Una vez allí, se calzó unas deportivas nuevas y se adentró en la profunda garganta que cae a plomo tras el municipio de La Higuera.

Durante medio siglo, Juan Martín Guevara había ido conservando muy dentro a Ernestito, su hermano 15 años mayor. Pero ese recuerdo se fue fundiendo con la naciente leyenda del Che. También, con su mala digestión, que le hacía soportar con arcadas ese póster de santón con el que tantos han mercadeado sin remilgos. “Se han dado muchas razones para abandonar lo que yo he llamado perfil subterráneo. Mientras Ernesto Guevara fue solo Ernestito; era uno de mis hermanos mayores. Cuando se convirtió en el Che, yo, automáticamente, pase a ser el hermano del Che. Y cuanto más creció la figura, más se acentuó mi posición”, afirma Juan.

“Nos educamos dentro de una familia con gran tendencia a leer, pensar, opinar y obrar en libertad. En mi caso, agregué la influencia lógica de los colegios y fundamentalmente de la calle”, prosigue. Eso le hizo militar pronto en movimientos estudiantiles antes del triunfo de la revolución cubana. “Por tanto, mi hermano, en vida, fue considerado por mí como un compañero de lucha y un referente”.

La santificación en unos casos es indignante, en otros se comprende”, asegura Juan Martín Guevara

Incluso, al seguir viviendo en Argentina, donde su figura no ha sido reivindicada con el entusiasmo de otros —Gardel, Evita, Maradona…— como mito local. “La santificación en unos casos es indignante, en otros se comprende”, asegura Juan Martín Guevara. Pero esa deuda con su país de origen le duele: “En cada época o periodo político de los gobiernos de Argentina tuvieron características, en general poco amigables con el pensamiento revolucionario del Che. Baste contarle que en nuestra casa familiar pusieron bombas, ametrallaron, tirotearon. Yo estuve ocho años preso durante la dictadura y, anteriormente, tres meses en la época del gobierno de Perón”.

Salió libre en 1983, pero fue a partir de 2001 y la gran crisis política, social y económica de una Argentina ahogada en brazos de Carlos Menem, cuando la juventud comenzó a retomar el interés por la política activa. “Fue algo que se acentuó con el Gobierno de Néstor Kirchner. Entonces comencé a actuar públicamente. Entre otras razones, he escrito este libro para reivindicar su argentinidad”.

También por mantener vivos ideales necesarios encarnados por Ernesto como un tronco insobornable en su acción y pensamiento: “Las dos imágenes más conocidas en el mundo son las de Cristo y la del Che. Ambas son manipulables y manipuladas. La del Che, por ser contemporáneo y porque en sus obsesiones persistía la lucha frente a la injusticia, la desigualdad o la rapiña de los centros de poder. Estos continúan vigentes en el contexto actual y, por tanto, su filosofía es mucho más peligrosa. Por eso, la manipulación y la frivolización de su pensamiento resulta más notoria. Creo que tratan de lograr el mismo objetivo: sacralizarlo y, al tiempo, desvalorizarlo”.

Más allá de todas esas reivindicaciones, el libro es una obra testimonial muy íntima. En sus páginas se abren las puertas de la casa familiar: la influencia de su madre, el disparate efervescente de su padre, que nada más triunfar la revolución en Cuba, se presentó allí, para sonrojo de su hijo, que lo frenó, pretendiendo hacer negocios en la isla. “Se trataba de contar también cómo era la familia, desvelar en qué contexto creció Ernesto y que este no salió de una galera de mago. He tratado de ser lo más estricto con la verdad. Por lo menos con lo que uno entiende como verdad y aclarar algo, que creo importante. Los conflictos entre mi viejo y Ernesto, existieron”.

En torno a su madre, solo pervive la luz, por contra. “Hay algunas referencias a la importancia de la vieja en la formación de Ernesto y, en general, de la nuestra. Creo que del que nunca se habla es de mi padre y su influencia positiva o negativa. Yo he tratado de poner en la balanza ambas cosas. Por ejemplo la ruptura con las convenciones venía de ambos. Mi padre, con objetivos que se convertían en irrealizables y casi en sueños nada más emprenderlos…”.

De la madre queda un legado de persistencia notable. Eso marcó a todos sus hijos. “La conjunción de los sueños de mi padre y la constancia de mi madre, creo que se unieron en Ernesto de la mejor manera. Los dos nos empujaron a ser dueños de nuestro pensamiento y decisiones propias desde muy chicos. Creo que en el libro esto queda bastante claro”. Ella impulsaba al estudio, a formarse. Él a relacionarse, a poder ser, con élites y por conveniencia, cuenta Juan.

El Che se veía a sí mismo un poeta frustrado. Leía con pasión versos y los componía también. No faltaban en sus equipajes libros de Rubén Darío, León Felipe, Nicolás Guillén o los clásicos del siglo de Oro. Contaba con una luz muy lorquiana en su presencia. Un halo, que como el del poeta granadino, acabó difuminándose en mitad de una quebrada huérfana.

martes, 20 de diciembre de 2016

SGM: Virulentos experimentos nazis con humanos

10 atroces experimentos nazis con seres humanos
Entre las mayores crueldades del régimen más atroz del mundo moderno estuvieron los experimentos con humanos realizados con los cautivos de los campos de concentración. Esta lista reúna algunos de los más sorprendentes.
History





-Gases: los nazis querían conocer a fondo el efecto del gas mostaza y el fosgeno sobre el cuerpo humano. Para esto, los utilizaron sobre prisioneros, muchos de los cuales murieron en la prueba.

-Heridas en la cabeza: el Dr. Wichtmann martillaba la cabeza de niños, a los que mantenía atados, para calcular cuantos golpes exactamente aguantaba el cráneo.

-Esterilización: las mujeres de los campos de concentración fueron usadas en la búsqueda de crear métodos de esterilización mediante drogas, cirugías y raxos X.

-Altura y presión: el Dr. Rascher encerró a  prisioneros en una cámara de baja presión para buscar formas de ayudar a los pilotos alemanes que tenían que estar a grandes alturas. De los 200 cautivos, murieron 80.

-Malaria: en el campo de concentración de Dachau se inyectó malaria a varias personas para luego investigar cómo tratarla, administrándoles todo tipo de drogas experimentales. Muchas personas murieron de sobredosis.



-Congelamiento: los nazis querían conocer mecanismos para tratar la hipotermia, para lo cual sumergían a los prisioneros en un tanque con agua congelada por más de tres horas, o hasta la muerte.

-Veneno: en el campo de concentración de Buchenwald se realizaron experimentos para investigar el efecto de los venenos en las personas. Simplemente, añadían veneno en la comida de los prisioneros. Muchos morían al instante.

-Agua de mar: en el campo de concentración de Dachau se realizaron experimentos que pretendían potabilizar el agua de mar, mezclándola con otras sustancias. De los prisioneros que debían beber estas pruebas, muchos murieron de deshidratación.

-Niños: Los nazis, obsesionados con la supremacía racial, emplearon niños para experimentar, buscando la forma de que sean más fuertes, sus ojos más claros y sus rasgos más ajustados al estándar ario.

-Sulfamidas: los prisioneros eran infectados de alguna enfermedad como gangrena o tétano, luego eran tratados con sulfamidas, un agente sintético antimicrobiano, pero muchas veces las dosis demasiado altas les causaban la muerte.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Guerra Antisubversiva: Una carta para una hermana desaparecida

Conmovedora carta del hermano de una desaparecida
Prensa Republicana


Hace 40 años desaparecía Julia Elena…Por Santiago Lozano

Hace 40 años…………..como pasa el tiempo, fue la ultima vez que vimos a mi hermana Julia Elena, salio ese día a sus trabajo en un Juzgado Comercial de Callao, yo estaba terminando 5° año de la secundaria. Un cruce rápido con el cafe del desayuno, no muchas palabras, habíamos discutido por Vietnam el día anterior, ella defendiendo la revolución y yo condenando el genocidio de los comunistas de Hanoi.




En la agenda de Julia ya había muchos vacíos de montoneros “cipayos comunistas procastristas, prosovieticos” caídos, y recuerdo que alguna discusión tuvimos.
Pero ese día desapareció.
Una lucha incansable de papá y mamá buscándola, a ella o sus restos mortales, aceptando la terrible guerra civil que los terroristas habían iniciado hacía ya años.
De alguna forma mi espíritu y conciencia liberal conservador desperto en esos años con fuerza, me alejo de amistades que considere frívolas, que hoy miro atrás y entiendo esa bifurcación de los que prefieren no ocuparse de la república y la democracia”.
En esos años sufrí 2 detenciones y cada vez “pesaba” ser hermano de una desaparecida.
Años después vi “Missing” my no dormí por varios días.
Admiro y amo a mis padres que jamás se resintieron, odiaron, siguieron adelante intentando sonreír cada día, ocultarnos su dolor y llanto muchos años.
Al revés los K con su mentira, su falsa justiciera, revivieron odios, engendraron una historia falsa. Mamá ya estaba sola y en silencio volvió a revivir su dolor y destrozo su salud. Pero ella no dejo de sonreír y ocuparse de los vivos, de vivir en paz y con amor.
Un día me dí cuenta de lo enorme de su amor y su fe, de su paz. También de como hay algo dentro de cada madre increíble, un vinculo a sus hijos, será que los llevaron en la panza, que el parto es de ellas, que es de una fuerza y amor que como hombre admiro.
Y vi en la lucha de años de Papá por saber y llegar a una paz, si la puede haber, su amor de padre, marido, y por la justicia.
40 años de la desaparición de Julia pegan…………….pegan, pegan mucho,
Pasaron y aun pasan muchas cosas.
Hoy especialmente deseo que haya paz y reconciliación, que cese el odio y la falsa justicia, la tuerta. Aun en sus errores Julia quería una sociedad más justa, y no hay justicia cuando se juzga a los agredidos, que más allá de sus excesos y atrocidades no empezaron la guerra civil, la enfrentaron.1 O se juzga a todos o nos amnistiamos todos.
Los que tenemos heridas necesitamos paz para curarlas. Los que salieron sin heridas necesitan que no los contamine una época de guerras atroces lanzadas en nombre de una supuesta revolución que prometía mucho y solo dio gulags, islas prisión como Cuba de los Castro, genocidios, y todo ello generó una reacción igualmente violenta.
Nada devolverá la vida a Julia, ni aliviará el dolor que pasaron Papá y Mamá. Ni el de muchos miles más de un lado y del otro, Tal vez solo tal vez ayude a terminar una dolorosa historia, y un escandoloso negociado de la izquierda.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Castro: Enorme ególatra, inútil, tirano y asesino

La muerte del gran simulador
Por Nicolás Márquez - Prensa Republicana




Tanto sea por el progresivo desgaste y descrédito de Fulgencio Batista como por el halo mítico y carismático que habían sabido ganar los rebeldes, gran parte de Cuba estaba de fiesta tras la revolución encabezada por Fidel Castro y sus exóticos barbudos de Sierra Maestra en enero de 1959. Nadie sospechaba lo que vendría después. La gente pensaba que estos curiosos guerrilleros venían a llevar adelante un gobierno de transición, seguido de un inmediato llamado a elecciones, con la consiguiente reinstauración de la Constitución de 1940.

Castro llegó a La Habana el ocho de enero, acompañado de Huber Matos y Camilo Cienfuegos. En medio de la euforia popular, por la noche, Fidel pronunció un discurso por televisión en el que enfatizó que la revolución era nacionalista, desterrando por completo cualquier sospecha de comunismo y evitando poner a la población en contra (además se le brindó un guiño a los Estados Unidos, que tanto los había apoyado).

Es más, en procura de consolidar el ardid, el 22 de enero, Fidel Castro brindó una masiva conferencia ante cuatrocientos periodistas de todas partes del mundo. Allí falseó a mansalva, explicando que él se disponía a «Asegurar al pueblo un régimen de justicia social, basado en la democracia popular y en la soberanía política y económica. Aseguró que se iban a dar elecciones libres» agregando que uno de sus objetivos era también «custodiar la democracia y evitar los golpes de Estado»[1].

Mientras el carismático trío se alzaba con la gloria, el Che Guevara, forzosamente relegado por su condición de extranjero y su sospechada filiación al comunismo, firmó la orden de fusilar a 12 policías que no adherían a la revolución. En sus notas, el propio Guevara confiesa lo siguiente: «No hice ni más ni menos que lo que exigía la situación, la sentencia de muerte de esos doce»[2].

Castro nombra un presidente títere, Manuel Urrutia, y para despejar cualquier temor acerca de un giro al comunismo, el político más pro norteamericano de la isla, José Miró Cardona, fue nombrado primer ministro, ¡nada menos! Narra el biógrafo guevarista Pacho O’Donnell que «en el nuevo Gabinete casi todos eran anticomunistas»[3] . En consonancia, el historiador californiano y comunista John Lee Anderson agrega que «los títulos oficiales eran engañosos. Mientras Fidel se dedicaba a crearle una fachada moderada a la revolución -rechazando con indignación cualquier acusación de “influencia comunista”-, con la esperanza de evitar un enfrentamiento prematuro con los Estados Unidos, Raúl y el Che se dedicaban en secreto a cimentar vínculos con el PSP (sigla del Partido Comunista Cubano dependiente de Moscú)»[4]. El pueblo cubano desbordaba de alegría creyendo en el advenimiento de la libertad y las inminentes elecciones que el propio Castro había prometido repetidas veces a lo largo de sus múltiples discursos y declaraciones.

En verdad, solo un minúsculo, casi inexistente, puñado de guerrilleros peleó contra Batista por la instauración del comunismo. Más del 90% de los integrantes del Ejército Rebeldes tan solo pretendía una reinstauración constitucional, un sistema de libertades individuales y una vida normal al estilo occidental.

Esta política de engaño, no era solo una táctica para atraer la simpatía internacional sino que evidenciaba que en Cuba los marxistas eran una ínfima minoría. Esto lo explica muy bien el socialista francés Pierre Kalfon en su idolátrica biografía dedicada a Guevara: «Castro, que hasta ahora no tiene más cargo que el de comandante en jefe de un ejército al que está reestructurando, ha cedido al presidente Urrutia la tarea de constituir un gobierno competente y moderado. Los miembros del 26 de Julio son minoría en el seno de una mayoría de notables liberales, reformistas, capaces de tranquilizar a una población llena de desconfianza con respecto a los comunistas»[5].

Sin embargo, es sabido que muchas veces coexisten un poder real y un poder formal. En el caso de marras, el poder formal estaba encabezado por liberales y moderados jubilosamente aceptados por el pueblo cubano. El real era el que estaba compuesto por Castro y su pandilla, la cual contaba con peligrosos agentes marxistas.
El primer objetivo de engañar a propios y extraños ya había sido logrado y en la repartija de cargos, Fidel le encomendó a Guevara dirigir «La Cabaña», una fortaleza militar (que a la sazón albergaba a tres mil soldados del régimen de Batista que se habían rendido sin combatir) que ahora, bajo el yugo del Che, se transformaría en un campo de exterminio, donde se ejecutó y masacró a civiles disidentes en cantidades industriales durante dramáticos años de purga post-revolucionaria.

Sin embargo, antes de que comenzaran a trascender las noticias de que en Cuba se había instaurado un totalitarismo exterminador, la CIA analizó el triunfo de la revolución en estos términos: «Cuba sigue disfrutando una prosperidad económica relativa y una buena parte de la población, probablemente atemorizada de que la revolución pondría en tela de juicio su bienestar, parece esperar que se produzca una transición pacífica del autoritarismo a un gobierno constitucional»[6].

Ahora que se tenía el poder, venía por delante una tarea no menos difícil: consolidarlo. Si bien el marxismo puede imponerse a base de tiros y represión, la realidad es que se necesita aparejadamente cierta base de consenso, el cual no existía. Para tal fin, el Che pretendía llevar a cabo un adoctrinamiento en masa, pero no contaba con cuadros formados académica o ideológicamente para tan ambicioso proyecto. Entonces fue cuando Guevara recurrió al PSP cubano (dependiente de la URSS).

Si bien la CIA y la comunidad internacional aún no advertían con claridad el proceso comunista incipiente, uno de los organismos más lúcidos y que más tempranamente comenzó a manifestar preocupación al respecto fue la embajada norteamericana en Cuba, la cual en marzo de 1959 elevó el siguiente informe: «La embajada ha estado recibiendo informes cada vez más frecuentes durante las últimas semanas sobre la penetración comunista en La Cabaña. Dichos informes se refieren al personal que ha incorporado el comandante Ernesto Che Guevara, a la orientación de los cursos de educación que se imparten y al funcionamiento de los tribunales revolucionarios»[7].

De manera complementaria, al mes siguiente, el 14 de abril, nuevamente la embajada estadounidense insiste y advierte sobre el incipiente lavado de cerebro e infiltración marxista: «Buena parte del esfuerzo comunista en Cuba se dirige hacia la infiltración de las Fuerzas Armadas. La Cabaña parece ser el principal bastión comunista, y su hombre, Che Guevara, es la figura principal cuyo nombre aparece vinculado al comunismo. Cursos de adoctrinamiento político se han establecido entre la tropa bajo su mando en La Cabaña»[8].
Ante la alarma sobre el giro comunista y el consiguiente cúmulo de denuncias por violaciones a los derechos humanos que comenzaban a caer en plañidero, Castro acusa el golpe y para suavizar las imputaciones se expone a un moderado reportaje en televisión el 2 de abril de 1959, en donde expresó: «Ese miedo que parece tienen las minorías a que en Cuba se desarrolle el comunismo no responde a nada real -enfatizó-, ese miedo yo, sinceramente, no lo entiendo».

La consigna de Castro era que en los primeros tramos había que seguir apaciguando los ánimos. Para tal fin, inició en el mes de abril una memorable gira por Estados Unidos, que tenía el propósito de ir tratando de convencer a la opinión pública y al ‘stablishment’ norteamericano de sus “buenas” intenciones.

Allí mantuvo múltiples reuniones. Entre ellas, se dio cita con la Sociedad de Directores de Periódicos de Norteamérica. En el programa de televisión Meet the Press, aseguró a los norteamericanos: “No estoy de acuerdo con el comunismo”. Un día después se apersonó en el almuerzo del Círculo Nacional de Periodistas y nuevamente denunció al comunismo. Hablando de Kruschev, afirmó: “Cualquiera que sea la índole de la dictadura -ya sea clasista, militarista u oligárquica-, nos oponemos a ella. Por eso estamos en contra del comunismo”»[9] . Dentro de su extravagante espectáculo «macartista», Fidel incluyó en su periplo una conferencia ofrecida el 23 de abril en Nueva York. En ella, Castro, con inmutable cara de piedra, afirmó: «Queremos establecer en Cuba una verdadera democracia, sin ningún rastro de fascismo, peronismo o comunismo. Estamos contra cualquier forma de totalitarismo»[10]. Como si su pretendido «anticomunismo» no hubiera quedado del todo claro, el 28 de abril disparó: «El comunismo mata al hombre al privarle de su libertad»[11]. Un mes después, atacó otra vez al comunismo, exponiendo que «es un sistema que anula las libertades públicas y sacrifica al hombre»[12]. Y como remate final, «acusó a los comunistas cubanos de hallarse confabulados con los contrarrevolucionarios»[13] .

Seguidamente, emprendió gira por América Latina. En Montevideo se valió de otro de sus habituales artificios orales al espetar que lo que Cuba quiere es «pan y libertad, pan sin terror. Ni dictadura de derechas, ni dictaduras de izquierdas: una revolución humanista»[14].

Incluso, desterrando el mito de que Estados Unidos «empujó a Cuba al comunismo», para recibir a Fidel en esa etapa de su gira, los norteamericanos habían preparado el mejor de los recibimientos, que incluía la oferta de blandos empréstitos. Es más, Castro, antes de salir para los Estados Unidos, había declarado a su pueblo que hacía el viaje a fin de obtener créditos del Banco Mundial y del Export-Import Bank de Washington.

Muchos defensores del castro-comunismo justifican las mentiras de Fidel y el Che, alegando: «que se embromen los yanquis si fueron burlados y no pudieron adivinar la naturaleza comunista de la revolución». Lo que no advierten los apologistas del totalitarismo castrista es que el problema no es que el engaño haya burlado a los Estados Unidos, sino que la estafa fue dirigida contra el pueblo cubano, que siempre fue anticomunista. Es por esa razón que la sociedad cubana apoyó a Castro y a Guevara. De haber sido estos bandoleros sinceros acerca de sus verdaderos propósitos, no habrían contado con la adhesión de un solo campesino. En todo caso, Fidel y el Che solamente hubiesen contado con el apoyo de algunos militantes del PSP, el cual era tan insignificante en votos, que tanto en 1940 (que llevó en la boleta a Batista) como en las elecciones de 1944, 1948 y en las que se avecinaban en 1952, ni siquiera presentaron candidatura propia (nótese el nulo caudal electoral del PSP), sino que se anexaron en alianza con candidatos moderados a cambio de alguna mísera concejalía.

La estafa comunista no debe verse como «una burla a la CIA», sino al pueblo cubano1 (en definitiva, fueron los afectados directos). Por supuesto, Cuba se constituyó además en una grave amenaza para la región (desde allí se entrenaba a los terroristas que en los años 70 ensangrentaron y desestabilizaron a América Latina y parte de África), además de haber sido una amenaza mundial al portar misiles soviéticos apuntando a Washington durante la penosa administración demócrata del pusilánime John Fitzgerald Kennedy.
Pero la política de engaños no era privativa de Castro. Hasta Guevara, quien siempre ocasionaba problemas con sus declaraciones radicales, ante la pregunta concreta acerca de si era comunista, el 4 de enero de 1959, le miente al diario La Nación de Buenos Aires cuando responde: «Creo ser una víctima de la campaña internacional que siempre se desata contra quienes defienden la libertad de América»[15].

Mientras tanto, Castro acumulaba todos los días cargos en el poder político. Ya era primer ministro, jefe del Ejército, máxima autoridad del INRA (Instituto Nacional de la Reforma Agraria), a la vez que proclamaba a los cuatro vientos que su revolución era «verde olivo como las palmas cubanas». Guevara, al ser consultado por esta definición, no pudo con su genio. Rehén de su omnipresente verborrea, agregó que su revolución se parecía a una sandía: «verde en la superficie y roja en su verdad profunda».

No le resultó difícil a Castro obrar con tamaña maestría en el arte del disimulo y así estafar al propios y extraños: antes de guerrillero el había sido actor obrando primeramente como extra en dos películas rodadas en México. La primera, Holiday Inn Mexico, de George Sidney (comedia musical de 1946); la segunda, del mismo año, la comedia Easy to Wed, con Lucille  Ball. Sus dotes no le alcanzaron para triunfar en el exigente mundo actoral, pero sí le sobraba juego para embaucar gente en el mundo político caribeño, en donde se movía con notable astucia.

A los 90´años de edad y a casi 60´de aquella revolución, Fidel Castro murió sin poder corregir la herencia del gobierno de Batista: no sólo no devolvió las libertades prometidas sino que confiscó los derechos todos los derechos entonces vigentes. Desparramó la hambruna. Esclavizó a una población entera. Promovió la guerrilla y el terrorismo el terrorismo por varios continentes y jamás brindó las declamadas elecciones libres.

Evidentemente no pudo cumplir sus promesas en tan solo un período de gobierno…


[1]Gambini, Hugo. El Che Guevara. La biografía, Planeta, 19ª ed., 2007,pág. 184.

[2] O’Donnell, Pacho, Che, la vida por un mundo mejor, Sudamericana, 2ªed., 2005, pág. 144.

[3] O’Donnell, Pacho, Che, la vida por un mundo mejor, Sudamericana, 2ª ed., 2005, pág. 146.

[4] John Lee Anderson, Che Guevara – una vida revolucionaria, Editorial Anagrama, segunda edición, 2007, pág. 368.

[5] Kalfon, Pierre. Che, Ernesto Guevara, una leyenda de nuestro siglo, Plaza & Janés Editores, 1997, pág. 271.

[6] Director of Central Intelligence, Special National Intelligence Estimate # 85-58, “The Situation in Cuba”, 24 de noviembre de 1958 secreto,  citado en Georgie Anne Geyer, Guerrilla Prince, Little, Brown, Boston, 1991, p. 190. Citado en Castañeda, Jorge G., La vida en rojo, una biografía del Che Guevara, Espasa, 1997, pág. 175.





[7] William Bowdler, Embassy to Dep. of State, 20 de marzo, 1959, Comunist Penetration at La Cabaña Fortress confidential, US Department Files, vol. X, Despatch 1053, citado en Castañeda, Jorge G., La vida en rojo, una biografía del Che Guevara, Espasa, 1997, pág. 193.

[8] Foreign Service Despatch, Braddock Embassy to Dep. of State, 14 de abril, 1959, Growth of Comunism in Cuba Confidencial, Foreign Relations on the United States, 1958-1960, Department of State, Central Files, LBJ Library, citado en Castañeda, Jorge G., La vida en rojo, una biografía del Che Guevara, Espasa, 1997, pág. 193.

[9] Lazo, Mario. Daga en el corazón, Cuba traicionada, Minerva Books, 1972, pág. 239.

[10] Herbert Matthews, Fidel Castro, París, 1970, p. 165. Citado en Kalfon, Pierre. Che, Ernesto Guevara,una leyenda de nuestro siglo, Plaza & Janés Editores, 1997, pág. 282.

[11] Theodore Draper, Castroism: Theory and Practice NY: Frederick Praeger. 1965, p. 17, Lazo, Mario. Daga en el corazón, Cuba traicionada, Minerva Books, 1972, pág. 240.

[12] Theodore Draper, Castroism: Theory and Practice NY: Frederick Praeger. 1965, p. 17, citado en Daga en el corazón, Cuba traicionada. Mario Lazo. 1972. Minerva Books, pág. 240.

[13] Theodore Draper, Castroism: Theory and Practice NY: Frederick Praeger. 1965, p. 17, citado en Lazo, Mario. Daga en el corazón, Cuba traicionada, Minerva Books, 1972, pág. 240.

[14] Kalfon, Pierre. Che, Ernesto Guevara, una leyenda de nuestro siglo, Plaza & Janés Editores, 1997, págs. 287, 288.

[15] Citado en Kalfon, Pierre. Che, Ernesto Guevara, una leyenda de nuestro siglo, Plaza & Janés Editores, 1997, pág. 283.

jueves, 3 de noviembre de 2016

SGM: El rol de BMW

Oscura historia de BMW en la Segunda Guerra Mundial
War History Online




A pesar de que ha sido 70 años desde la Segunda Guerra Mundial terminó, los recuerdos son prima para muchos. Algunas personas y - en este caso - algunas compañías y grupos todavía tienen remordimientos por su lugar en la historia. La empresa de alquiler de BMW es uno de ellos.

Fundada en Munich en 1916, Bayerische Motoren Werke AG celebra su centenario. La celebración no se ha detenido la compañía de poseer hasta los momentos más oscuros de su historia. La compañía expresó su "profundo pesar por el enorme sufrimiento" es causado por el uso de mano de obra esclava nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

El propietario en el momento era Gunther Quandt. Quandt y su hijo, Herbert, era amable con Adolf Hitler y no tiene miedo de usar conexiones políticas para aprovechar el Holocausto y las empresas incautadas por el gobierno para la fabricación de baterías de armas, artillería, municiones y de submarinos. La empresa retuvo unos 50.000 trabajadores forzados y prisioneros de los campos de concentración durante la guerra. Estos trabajadores forzados fueron llevados por la fuerza de los territorios ocupados por los alemanes o eran prisioneros de guerra.


Los trabajadores de las fuerzas, de casi todos los países europeos, se tratan a menudo como poco más que esclavos. No se les pague adecuadamente y trabajaban en condiciones peligrosas. También fueron objeto de abusos físicos y había altas tasas de mortalidad entre estos prisioneros. La empresa en este momento estaba trabajando con los nazis en la explotación de estos trabajadores esclavos y causando un profundo sufrimiento.

BMW escribió:

"Bajo el régimen Nacional Socialista de los años 1930 y 40, BMW AG funciona exclusivamente como proveedor de la industria armamentística alemana".
También aprovechó la oportunidad para recordar a todos que eran "la primera corporación industrial para iniciar un debate público sobre este capítulo de su historia con la publicación de un libro titulado BMW - Eine Deutsche Geschichte (BMW - Una Historia Alemana)." Siguen :
"Desde el 1990ss, BMW Group ha sido participar activamente en los esfuerzos para promover la apertura, el respeto y el entendimiento entre las culturas."

El fabricante de automóviles alemán icónica suministra una gama de vehículos para el ejército alemán. Los nazis utilizaron la ingeniería superior de la empresa BMW para producir los vehículos que necesitaban para hacer la guerra desde los Urales hasta Marruecos. Las empresas alemanas como BMW, ayudaron al partido nazi para crear una máquina de guerra altamente eficiente y embarcarse en una guerra mundial.

La compañía podría incluso haber cambiado el curso de la guerra, con sus diseños de motores. La compañía ha diseñado algunos de los prototipos de los primeros motores a reacción. Finalmente, uno de primera reacción del mundo, el Heinkel He 162, tenían un motor de BMW. Por suerte, llegó demasiado tarde en la guerra para alterar su curso. Esta empresa respetada ahora sin duda tiene un oscuro pasado, pero su apertura en el reconocimiento de que se debe también admiraba.

sábado, 29 de octubre de 2016

SGM: Los juicios de Nüremberg

Núremberg: de ciudad favorita de Adolf Hitler a emblema de justicia para la humanidad
El 1° de octubre de 1946, los jueces de los cuatro países vencedores de la Segunda Gran Guerra condenaron a algunos de los peores jerarcas del Tercer Reich. Quince días más tarde, diez de ellos murieron en la horca. Las cosas sucedieron así…
Por Alfredo Serra - Especial para Infobae



"Hoy, la ciudad de Núremberg, Franconia, estado de Baviera, es casi un paraíso de clima perfecto, rodeado de bosques, y enclavado a orillas del río Pegnitz. Medieval y amurallada, data del 1050. Población ideal: apenas 550 mil almas. Hoteles: 150, que agotan sus plazas durante el famoso Mercado de Navidad, que atrae a más de dos millones de turistas"
(De la Guía Práctica para conocer Núremberg)
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Pero otros aires, no de bosques, soplaban en la mañana del 16 de octubre de 1946 en el gimnasio de la prisión central: once cuerpos pendían de otras tantas sogas del improvisado patíbulo, y los verdugos, el sargento mayor del ejército norteamericano John Woods y el policía militar del mismo país Josep Malta, agotados, empezaban a comprender que habían entrado en la historia.

Porque los ahorcados eran Hans Frank, gobernador de la Polonia ocupada. Wilhelm Frick, el ministro que autorizó las Leyes Raciales de Núremburg: el exterminio (No por nada Adolf Hitler decía que esa ciudad era la más alemana y la más leal al Partido Nazi). Hermann Göring, presidente de la Luftwaffe (la Fuerza Aérea) y del Reichstag (el Parlamento), eludió la soga: se mató un día antes con una pastilla de cianuro…. Alfred Jodl, Jefe de Operaciones de la Wehrmatch (Fuerza de Defensa). Ernst Kaltenbrunner, jefe de la RSHA (Oficina Central de Seguridad) y de los einsatzgruppen (Grupos Operativos de Matanza). Wilhelm Keitel (comandante de la Wehrmatch). Joachin von Ribbentrop (ministro de Relaciones Exteriores). Alfred Rosenberg (ideólogo del racismo y ministro de los Territorios ocupados). Fritz Sauckel (director del Programa de Trabajo Esclavo).
Arthur Seyb-Inquart (líder del Anschluss (unión) usada para el anexo de Austria a Alemania. Julius Streichter (director del periódico antisemita "Der Stürmer").

 No fue casual elegir para los juicios la ciudad de Nuremberg: Hitler la consideraba la más alemana y la más leal al Partido Nazi
Los once cadáveres fueron cremados en el cementerio de Munich, y sus cenizas, esparcidas en el río Istar.

Las condenas fueron más. Cadena perpetua para el ministro de Economía Walter Funk, el ayudante de Hitler Rudolf Hess, y el comandante de la Kriegsmarine (Marina de Guerra), Erich Raeder. El arquitecto y ministro de Armamento Albert Speer (condenado a 20 años de prisión), venerado por Hitler, fue el hombre que proyectó colosales edificios y avenidas, fuera de escala humana, para aquella Alemania nazi que su criminal y demencial jefe hizo levantar para los siguientes mil años.

Diez de los reos recibieron penas menores y absoluciones. Y acaso el más terrible de los asesinos que lograron huir de los jueces, Martin Bormann, secretario del Partido Nazi, mano derecha de Hitler y condenado a la horca en ausencia, murió pocos días después del suicidio de Hitler, al parecer por la explosión de un puente, pero su fantasma fue agitado durante años por gente que creyó verlo vivo en varios puntos del planeta.

 Once de los condenados murieron en la horca por más que probados crímenes contra la paz y la humanidad. Sin embargo, hubo críticas legales desde ámbitos impensados
Cuando a Simon Wiesenthal, el célebre cazador de criminales nazis y sobreviviente de once campos de concentración, le mencionaban la palabra "Venganza", la rechazaba: "No quiero venganza. Quiero justicia".
Sin embargo, los juicios de Núremberg –sin duda el último acto de la Segunda Guerra Mundial y su monstruoso costo: casi 60 millones de vidas entre tropas y población civil– no fue un proceso fácil, rápido y fluido. Empezaron el 20 de noviembre de 1945 en la sala 600 del Palacio de Justicia nurenburgués, y terminaron con el último ahorcado el 16 de octubre de 1946.

El Tribunal Militar Internacional fue establecido por la Carta de Londres, y otros doce procesos posteriores –juicios a los doctores y a los jueces– fueron conducidos por el Tribunal Militar de los Estados Unidos. Pero no faltaron tropiezos ni chicanas… La legitimidad del tribunal fue cuestionada "por no existir precedentes similares en toda la historia del enjuiciamiento universal". En rigor, una verdad de Perogrullo, puesto que era el primero en su tipo. "Es como negarle legitimidad al primer vuelo de un nuevo avión… porque no hubo antes", argumentó uno de los juristas ingleses.

 Mientras duró el juicio, los acusados fueron tratados como prisioneros de guerra: visitas restringidas, derecho a ejercicios físicos, y traje y corbata para enfrentar al tribunal
Por supuesto, desde la Alemania derrotada llegaron otras oleadas de protesta. Como si la guerra no hubiera sucedido y los campos de concentración fueran una fantasía literaria o cinematográfica, se denunció "el maltrato contra los prisioneros".  En realidad, no hubo tal maltrato. Se les dio rango de prisioneros de guerra, se les permitieron visitas muy restringidas, podían hacer ejercicios diarios durante veinte minutos, y asistir al tribunal con traje y corbata. Recién al volver a la cárcel vestían el uniforme de reglamento.

Pero más allá de dimes y diretes, Núremberg sentó bases sólidas y perpetuas para el mundo. Por ejemplo, la figura "Crimen contra la humanidad", mencionada en La Haya en 1907, pero ambiguamente y con escasa fuerza. Finalmente, el tribunal reunió los cargos en tres grupos claramente definidos: Crímenes contra la paz, Crímenes de guerra, y Crímenes contra la humanidad: aquella simiente sembrada en La Haya.

Sin contar a los muchos criminales nazis que escaparon antes, durante y después de la derrota, entre los 611 acusados de todas las estructuras del nazismo hubo una súper figura: Karl Dönitz, Gran Almirante de la Flota Alemana y sucesor de Hitler luego de su suicidio en el bunker, último refugio de la mayor locura bélica (y acaso humana) del siglo XX.
Desde luego, no estaban ya todos los grandes monstruos: Joseph Goebbels se suicidó en el bunker con su mujer, no sin que ésta, antes, envenenara a sus seis pequeños hijos "para que no fueran criados fuera del nazismo". Heinrich Himmler, líder de la SS. Adolf Eichman, autor del plan de exterminio total del pueblo judío. Y el diabólico médico Josef Mengele, el coleccionista de ojos azules judíos y autor de atroces experimentos genéticos en Auschwitz. Murió ahogado en Brasil en 1979 mientras tomaba un plácido baño de mar…

 Además de las penas de muerte, hubo condenas a 20 años de prisión, a menos en algunos casos, y unas pocas absoluciones. No todos completaron sus años de cárcel
Mejores nombres quedaron en la historia: los hombres del supremo tribunal, compuesto por un juez titular de cada uno de los cuatro países vencedores (Reino Unido, Francia, Unión Soviética y Estados Unidos), y su respectivo suplente. A setenta años del bien llamado "Juicio del Siglo", es justicia recordarlos: Geoffrey Lawrence (Reino unido, titular), y Norman Birkett, suplente. Francis Biddle (Estados Unidos, principal), y John T. Parker, suplente. Henri Donnedieu de Vabres (Francia, titular), y Robert Falco, suplente. Ionna Nikítchenko, (Unión Soviética, titular), y Alexander Volchkov, suplente.

El fiscal jefe de la Corte fue el juez norteamericano Robert H. Jackson, ayudado por los fiscales Hartley Shawcross (Reino Unido), Román Rudenko (Unión Soviética), y Francois de Menthon y Auguste Champeier (Francia).

De los veinticuatro acusados, sólo el arquitecto Albert Speer, Hans Frank y Baldur von Schirach, líder de las salvajes Juventudes Hitlerianas, se arrepintieron públicamente de sus crímenes. En cuanto al poderoso industrial del acero Gustav Krupp, que se sirvió del trabajo esclavo para fabricar armas a destajo para el Tercer Reich, e incluso cañones experimentales capaces de alcanzar blancos ingleses desde Alemania, resultó indemne e impune: según los médicos, "su salud no podía soportar un juicio".

Y el canciller Joachim von Ribbentrop, en noviembre de 1945, al empezar el juicio que lo condenó a morir en la horca, se permitió un desafío que sonó tragicómico: "Ya lo verán. Dentro de unos años, los abogados de todo el mundo condenarán este juicio. No se puede hacer un juicio sin ley".

Pero no fue él único objetor. Quincy Wright, de la Escuela de Positivismo Legal, dijo un año y medio después de los juicios: "¿Cómo pudo el Tribunal de Núremberg lograr jurisdicción para culpar a Alemania de agresión, cuando Alemania no prestó su consentimiento para la existencia de tal tribunal, y someter a los imputados a juicio cuando sus actos fueron cometidos antes de la ley promulgada en 1945?". Ni tampoco el único viento de locura: Harlan Fiske Stone, Jefe de Justicia de la Corte Suprema norteamericana, dijo que "los juicios de Núremberg son un fraude. El fiscal Jackson lidera una fiesta de linchamiento".

Frente a estos argumentos presuntamente legales se impone otra realidad de sangre, fuego y muerte. La maquinaria nazi llegó a instalar 71 campos de concentración dentro y fuera de su territorio. Los cálculos –nada fáciles de precisar, pero coherentes con las desapariciones y el relato de sobrevivientes– sugieren que entre judíos, gitanos, lisiados, homosexuales, ancianos y niños (los dos últimos, desechados por incapacidad laboral), la suma supera los diez millones de muertos por fusilamientos masivos, cámaras de gas, torturas, enfermedades, etcétera.

 Hoy, Núremberg es una ciudad bella, rodeada de bosques, junto a un río, con escasa población (algo más de medio millón de habitantes), un gran mercado de Navidad, y apenas rastros de aquellos 26 días que fueron el verdadero fin de la guerra
¿Qué ley antes de 1945 podía imaginar tales atrocidades? ¿Qué recodos legales o tecnicismos podían defender y hasta liberar a ese diabólico ejército de asesinos, salvo que se estuviera de acuerdo, consciente o inconscientemente, con los flamígeros y delirantes discursos de Hitler, y con el sueño de un Tercer Reich para mil años?

En cambio y en aras de la civilización, los Juicios de Núremberg fueron vitales para redactar la Convención contra el Genocidio (1948), la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ese mismo año, y las Convenciones de Ginebra (1949) y sus protocolos (1977).
Con todos sus acierto, sus fallas y sus matices, instrumentos propios de la civilización, no de la barbarie.

Siete décadas han pasado desde 1° de octubre de 1946, día del veredicto final. Quince días más tarde, aquellos cuerpos pendían cada uno de su soga. Believe it or not esas ejecuciones también merecieron críticas. Hubo protestas contra el método (soga corta o soga larga), la extensión de las agonías (de catorce a vientiocho minutos, se dijo), y hasta contra el dolor extra que sufrieron los condenados por el escaso tamaño de las escotillas de caída, que el algún caso les lastimaron la cara.

Frente a eso, es válido recordar el testimonio del escritor y agente secreto británico John Forsyth en su libro "Odessa" al referirse al criminal de guerra Eduard Roschman, muerto en el Paraguay. "Lo que más me horrorizó de ese personaje es que hacía pintar en las ventanillas de los ómnibus que llevaban prisioneros a los campos de concentración y a una segura muerte, caras de hombres, mujeres y niños felices que parecían ir hacia un bello día de campo".

Ya pronto será 16 de octubre en Núremberg, y los hoteles empezarán a agotar sus reservas porque en diciembre, el mes del gran Mercado de Navidad, más de dos millones de almas agotarán hectolitros de cerceveza y gastarán hasta el último euro en regalos, souvenirs y cuanto se ofrezca. Es de sospechar que nadie visitará siquiera la sala 600 del Palacio de Justicia ni el gimnasio de la prisión central.

Ojalá, aunque estos días tampoco son miel sobre hojuelas en Europa ni en muchas partes del mundo. Ojalá. Porque lo que había que hacer, desesperadamente, en aquel primer día de los juicios, fue hecho.
Gloria y honor para aquellos hombres.