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jueves, 30 de abril de 2026

España Colonial: La heroica Cartagena

Cartagena, la heroica 


REVISTA GUARDACOSTA

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor: Gabriel Porras Troconis



El 20 de enero de 1533 echó el madrileño Pedro do Heredia, en la amplia bahía denominada Cartagena por el experimentado marino y cartógrafo Juan de la Cosa, los fundamentos de la ciudad que después habría de tomar ese nombro. La fundación la narra Juan de Castellanos y la confirma Gonzalo Fernández do Oviedo cuando dice: "Primero de junio de aquel año de mil ó quinientos treinta y tres años, nombró el gobernador por primeros alcaldes ó regidores para el pueblo de Calamar, donde hizo su asiento, é mandó que se llamase la ciudad de Cartagena". En efecto, Castellanos, en el relato que hace de la fundación, reconoce que en ese momento no se dio a la nueva población nombre alguno, sino que lo adquirió más tarde. En el primer Congreso Hispano Americano de Historia reunido en Cartagena a fines de diciembre de 1933, después de cinco sesiones dedicadas a dilucidar cuidadosamente la fecha de la fundación, la opinión de los congresistas unificada aceptó como indiscutible, la dicha fecha del 20 de enero. El propio Oviedo en el capítulo VII de la obra ya citada, enfáticamente reconoce que "Calamar es Cartagena". Pueden releerse los relatos citados.

Fundada la población española y denominada Cartagena como lo dice Oviedo, inicia el reconocimiento del territorio, conforme a las capitulaciones por él firmadas, le correspondía, y halla que en él hay oro en tanta abundancia, que pudo decirse con fundamento: "Pobre el Perú si se descubre el Sinú". Con la riqueza, el desarrollo de la población aumentó con rapidez inusitada, llegaron de la Península las primeras mujeres españolas y el modesto caserío fue cobrando contornos de auténtica urbe civilizada.

No descuidaban los reyes las necesidades espirituales de sus subditos ultramarinos y así un año después, en 1534, la corte de Madrid solicitó y obtuvo del papa Clemente VII, por mediación de su embajador ante la' Santa Sede, el marqués de Dosfuentes, la erección del obispado y el nombramiento de fray Tomás de Toro, como primer obispo. Fue éste protector constante y misericordioso de los indios "varón no menos santo que letrado", al decir de Castellanos; pero no tuvo la dicha de poder erigir su catedral.  Una modesta construcción pajiza, al estilo de los bohíos indígenas, sirvió para la celebración de los oficios divinos y las festividades de San Sebastián. Un incendio que arrasó con la mayor parte del poblado consumió aquel primer esfuerzo de la religiosidad de los habitantes de Cartagena, el año de 1552.

Los conquistadores y colonizadores españoles tenían en mucho los títulos y dignidades para sus personas, como para sus familias y las poblaciones por ellos fundadas. Los cartageneros no fueron excepción de aquella regla general, sino que la siguieron y acataron. Por eso algunos vecinos no descuidaron estas, al parecer, minucias, que en verdad no lo eran en aquella época caballeresca y batalladora. Insistentes fueron sus solicitudes ante Felipe II, quien al cabo concedió a Cartagena títulos de ciudad, escudo de armas y calidad de nobleza y lealtad, por reales cédulas de 1574 y 1575. El escudo debía ostentar, en campo de oro una cruz natural, con dos leones levantados, tan altos como la cruz y sobre el conjunto una corona, con su correspondiente timbre y follaje. Con estas donaciones Cartagena se ponía ya al nivel de otras ciudades del Nuevo y Viejo Mundo.

Al finalizar el siglo XVI, la nueva urbe americana gozaba de cuanto en materia de honores y distinciones oficiales podía aspirar a poseer una ciudad tan reciente.

Mas tampoco habían faltado los sufrimientos. Los mares del Nuevo Mundo se hallaban ya cruzados en todas direcciones por hábiles y arrojados marinos ingleses, franceses, holandeses y escoceses, acechando los navios españoles transportadores del oro, la plata, maderas de tinte y otros productos del territorio sujeto a los dominios de los reyes de España, que sus bravos y audaces colonizadores enviaban a su patria. La piratería era una actividad reprobable pero productiva. La fama de las riquezas de Cartagena andaba de boca en boca y muchos eran tentados por ellas. En 1544 la venganza de un piloto castigado por mandato del teniente de gobernador Alonso Vejines facilitó la entrada a la bahía al pirata Roberto Baal.


Detalle de la fachada de la iglesia de Santo Domingo, construida en el siglo XVI. La concha marina simboliza a los peregrinos. Actualmente las efigies ya no están... ladrones...

 Del tranquilo sueño con perspectivas de grandes fiestas de bodas para el día siguiente, despertaron los vecinos a los estampidos del cañón del pirata. Por suerte para ellos si padecieron un saqueo que no perdonó los bienes materiales, las mujeres fueron preservadas de violencias, porque el vencedor no se olvidó que procedía de la patria de Bayardo. Doscientos mil pesos de buen oro, gruesa copia de paños y otros objetos de valor, se llevaron como botín los asaltantes.

Pasados apenas diez y seis años de aquella ruina de Cartagena, se tomaron sorpresivamente la indefensa ciudad los piratas Martín Cote y Juan Buen Tiempo, quienes entraron a la bahía con siete gruesos navios, la saquearon e impusieron fuerte rescate para no reducirla a cenizas. El obispo Juan de Simancas pudo negociar con los asaltantes, y salvar de total destrucción a Cartagena. Los vecinos, alentados por los capitanes Ñuño de Castro y Alvaro de Mendoza, acompañados por el cacique Marídalo, postraron en la lucha a numerosos piratas.

Pasada la tormenta, prosiguió el desarrollo de la ciudad: se construyeron los primeros fuertes llamados la Tranchera de la Caleta, el Boquerón, el de San Matías y la plataforma de Santángel. Se iniciaron las edificaciones dé la' iglesia catedral en el sitio en que ahora se halla, el convento e iglesia de San Francisco en el arrabal de Getsemaní. En la Machina, frente al castillo primitivo del Boquerón, se reparaban los navios de las averías sufridas en la larga navegación desde la Península. El tráfico de esclavos negros, en manos de ingleses, portugueses y genoveses, daba fisonomía mercantil al puerto. Menudeaban asimismo las reales cédulas para el fomento de las obras públicas, la protección militar de la ciudad y la seguridad de los vecinos. La sociedad cobraba buen aspecto urbano, numerosas iban siendo las edificaciones particulares, como lo comprueba el inventario hecho al finalizar el siglo por el pirata Francisco Drake. Pero en la historia de los pueblos las bonanzas alternan con las amarguras.

Este audaz, experto e implacable corsario inglés, protegido por la reina Isabel de Inglaterra, el miércoles de ceniza, 9 de abril de 1586, con velas enlutadas, anunciadoras de sus proditorias intenciones, se presentó frente a Playa' Grande, o sea la de Santo Domingo, y echando su gente a tierra comenzó el ataque. Aún no poseía Cartagena suficientes defensas militares para resistir la acometida de un marino tan atrevido y formidable como Drake, así que, convencido el gobernador Pedro Fernández de Bustos y sus principales tenientes de la inutilidad de la resistencia, abandonaron la ciudad, y aunque Pedro Mexia de Mirabal quiso mantenerse en el pequeño castillete del Boquerón, llamado Pastelito, hubo de retirarse para no sacrificar sin fortuna a sus compañeros de armas. Nombrados negociadores por el gobernador, el obispo Juan de Montalvo, Juan de Fernández, Francisco de Carvajal, Pedro Mexia de Mirabal, José Barros, Tris-tán' de Uribe Salazar, Esteban Fernández, Pedro López Triviño y Juan Manuel, se concertó el rescate, en pesos 463.915 de plata, para que no se prosiguiese la destrucción, comenzada por el interior de la iglesia catedral. Pero la soldadesca tuvo libertad para adelantar el saqueo. Drake estaba furioso por haber hallado una comunicación de la corte española en que se le anunciaba al gobernador la venida suya, mencionándolo como pirata. Trabajo costó al obispo calmarlo.

Duro fue aquel golpe para Cartagena pero no se abatieron sus vecinos ni lloraron como mujeres los que estuvieron incapacitados para defenderse como hombres. El siglo XVII es período de intensa y variada actividad constructiva y de realizaciones. Durante él la ciudad adquiere carácter externo de tal  su sociedad alcanza a equipararse con cualquiera otra de las más antiguas de América. Ya no es el poblado indígena con injertos españoles, sino bien encarada urbe en camino de llegar a ser de las mejores del Nuevo Mundo. Ingenieros como Cristóbal de Rodas, Juan Bautista Antonelli, Juan de Semovilla Texada, José de Lara, Francisco Ficardo, Juan de Hita y Ledesma, Luis de Venegas, Juan de Herrera y Sotomayor y el holandés Ricardo Car, autor de los planos del castillo deSan Felipe de Barajas, tienen a su cargo las múltiples obras materiales que por doquiera se adelantaban en esos cien años de la vida de la ciudad de Heredia. Aún resisten la demoledora acción del tiempo muchas de ellas, para honra de quienes las realizaron y grandeza histórica de la ciudad.
Dentro de las enormes murallas de Cartagena hay veintitrés bóvedas de doce metros de altura y de un ancho de quince a dieciocho metros, construidas en 1789 para resguardo de la tropa y almacén de víveres y municiones. Posteriormente fueren usadas como cárcel para presos políticos. Vista de la muralla desde el interior.

La iglesia catedral quedó concluida en sus obras principales el año 1612; a los conventos de Santo Domingo, San Francisco y San Agustín siguieron el de la Candelaria de la Popa, las iglesias de la Trinidad, de San Roque y Santo Toribio, el convento e iglesia de Santa Teresa, el convento e iglesia de la Merced, los de la Compañía de Jesús, los conventos e iglesias de Santa Clara y recoleta de San Diego. En 1610 se estableció el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, tan condenado por quienes en realidad desconocen cómo fue su funcionamiento en Cartagena, y cuyo edificio es uno de los más hermosos y artísticos de dicha ciudad.

Entre las edificaciones oficiales para servicio público figuran la Casa de la Moneda (destruida por un incendió en este siglo), las Casas reales, o sea las ahora denominadas de la Aduana, la Casa de la Isla para el cobro de ciertos impuestos reales, demolida en mala hora para erigir allí el edificio de la Andian, y la casa del Ayuntamiento, hoy Palacio de Gobierno departamental.

Las edificaciones castrenses se prosiguieron con no menor interés, actividad y eficacia. Bajo el gobierno de Diego de Acuña (1611-1613), se comenzó con gran solemnidad el baluarte que se llamó de San Felipe. Se puso bajo tierra una lámina metálica con la fecha y el año (8 de setiembre de 1614), acompañada por una medalla de la Virgen y varias monedas de las circulantes en ese tiempo. Ese baluarte es el llamado hoy de Santo Domingo. Los planos fueron de Cristóbal de Roda. Se prosiguieron los tramos de muralla o baluartes hacia el Oriente bajo los gobiernos de García Girón de Loayza (1618-1626), de gloriosa memoria por su persecución a los piratas, y de Francisco de Murga (1629-1626).

En 1654, un temporal que amenazó inundar la ciudad destruyó gran parte de la llamada Muralla de la Marina, o sea el baluarte de Santa Clara, y la parte posterior del convento de ese nombre. El resto de las construcciones en esa direccióncorresponde al siglo XVIII. El naufragio, ocurrido el 17 de marzo de 1640, de la nave capitana y dos navios más de la escuadra portuguesa de Rodrigo Labod de  Silva, a la entrada del canal de Bocagrande, entonces de acceso a la bahía, produjo allí una acumulación de arena en forma tan excesiva que terminó por cerrar del todo dicha entrada, uniéndose así la península de Bocagrande con la isla fronteriza de Codego. Se comentó si debería abrirse de nuevo ese canal o dejarlo cerrado y despejar el de Bocachica para que sirviese de entrada a los navios que viniesen a la ciudad. Se decidió esto último y entonces se hizo fortificar esta nueva entrada, comenzándose la construcción de San Luis de Bocachica y una plataforma fronteriza, que vino a ser el castillo de San José. Estas obras fueron terminadas por Pedro Zapata de Mendoza, constructor también del castillo de San Felipe de Barajas.

Cartagena iba a grandes pasos recorriendo la vía de su engrandecimiento y fortificación y motivando a los pregones de la fama para hacer sonar su nombre en los ámbitos del mundo. Pero de nuevo vendría el infortunio a torturarla. En 1689 se había desatado en Europa la guerra de la última coalición de naciones contra Luis XIV dé Francia, por causa de la sucesión del Palatinado. Del Viejo pasó la contienda al Nuevo Mundo.

Una escuadra a las órdenes de Jean Bernard Janes,  barón de Pointis, fue despachada por el Rey Sol, para que con la cooperación de Juan Bautista Ducasse, gobernador de Petit-Goave y de los bucaneros de Tortuga, se apoderase de Cartagena de Indias. Gobernaba en ésta don Diego de los Ríos y Quesada, mandatario de notoria incapacidad e indecisión, circunstancias que facilitaron la toma de la ciudad por el marino francés. El honor de las armas españolas quedó, sin embargo, a salvo con la tenaz y prolongada defensa que del castillo de San Luis de Bocachica hizo Sancho Jimeno de Orozco y por la lucha cuerpo a cuerpo librada por una parte de la tropa y algunos vecinos notables y valerosos que cerraba el paso de los invasores en la brecha abierta al baluarte de la Media Luna.

Tristes y duros los días de permanencia de los franceses en Cartagena, por los desmanes de los bucaneros que la saquearon a despecho de la oposición de Pointis. En la relación de la toma de la plaza hecha por el coronel José Valle jo,' dice éste que en París vio pesar en la Casa de Moneda el oro, la plata, y avaluar las joyas y piedras preciosas' del botín" por la toma de Cartagena, lo cual se elevó a siete millones de pesos plata.

De los castillos y baluartes se llevaron noventa y ocho cañones de grueso calibre y todos los pertrechos existentes en los almacenes de guerra. Pointis mandó volar algunas porciones de las fortalezas y quemar las estacadas de las orillas del mar e hizo otros desperfectos en las fortificaciones, actos de destrucción inaceptables entre ejércitos regulares de naciones civilizadas. Luego que Pointis evacuó la ciudad, los bucaneros volvieron sobre ella y de nuevo se produjeron, y con mayor saña ahora, las escenas de violencia anteriores.

A la catedral fueron llevadas cuantas personas notables pudieron hallar a mano, y colocándolas entre barriles de pólvora destapados, las amenazaban con hacerlas volar si no denunciaban las riquezas que tuvieran escondidas. Nunca antes, ni después, Cartagena estuvo tan entregada a la violencia como en esta ocasión de la vuelta de los bucaneros. Durante muchos años se conservó el recuerdo angustioso de aquellos días entre las familias principales de la ciudad. El autor de este trabajo oyó, de niño, referencias trasmitidas por sus antepasados a sus padres y abuelos.

Pero Cartagena, como el Ave Fénix de los helenos, renació de sus cenizas. No vale ella tanto en sus días de prosperidad y gloria, como en los de postración y vencimiento. Y así la vemos, en la aurora del siglo XVIII, bajo la enérgica conducta de Juan Díaz Pimienta y Zaldívar, acometer la singular hazaña de expulsar del itsmo de Panamá a los escoceses conducidos y establecidos allí por la aventurera personalidad de William Paterson y comandados ahora por Alejandro Campbell. En las inmediaciones del sitio en donde estuvo la antigua Acia, los escoceses habían levantado una ciudad llamada Nueva Edimburgo, un fuerte con título de San Andrés, dominando un territorio apellidado Nueva Caledonia.

Aquella parecía una conquista definitiva. Pero de Cartagena zarpó su gobernador Díaz Pimienta el 12 de febrero del año 1700, con una pequeña escuadra al mando del almirante Salomón, y tropas criollas de la ciudad, de la villa de Santiago de Tolú y de la comarca del Sinú, dispuesto a arrojar de allí a los invasores. El 22 de abril del mismo año entró Díaz Pimienta a Nueva Edimburgo, después de otorgar una honrosa capitulación a los escoceses! Las almas nobles son siempre generosas. Los vencidos salieron con armas y banderas para no volver.

Páginas inolvidables en la historia de Cartagena fueron las de las vidas esclarecidas de fray Alonso de Sandoval y el padre Pedro Claver, en la empresa de redimir las almas de los esclavos negros. Los capitanes negreros que saqueaban las costas de África para proveer de esclavos a los explotadores de las minas y de las plantaciones de caña de azúcar en los territorios del Nuevo Mundo y llegaban con su mercancía al puerto de Cartagena de Indias, allí topaban con Sandoval, el Precursor, primero, y luego con Pedro Claver, el Apóstol, enseñando al mundo cómo debe practicarse la doctrina de Cristo. Nunca en ningún otro lugar de la tierra y en ningún tiempo se ha llevado a cabo una empresa más hermosa, más justiciera ni más noble que la de aquellos dos santos varones. Las modernas campañas en pro de las clases obreras son grotescas caricaturas de la magnífica labor de auténtica caridad de Sandoval y Claver. Su labor iba dirigida no sólo al cuerpo, sino principalmente al alma.

Torre de la Iglesia de San Pedro Claver. Llamado "el esclavo de los esclavos", Claver evangelizó y protegió a los esclavos africanos que construyeron las fortificaciones de la ciudad.
 
Fortaleza de San Felipe de Barajas, diseñada por el holandés Richard Car y construida par Pedro Zapata de Mendoza, fortificación clave de la heroica defensa de Cartagena contra los ingleses en 1741.

El hombre no podrá nunca despojarse de sus pasiones ni substraerse a las flaquezas de la naturaleza orgánica. La adquisición de la santidad atempera, mas no suprime los impulsos de la materia. Las consecuencias de tales fallas de la voluntad causan a veces sorpresas dolorosas. En el siglo XVII, un sonado escándalo religioso sembró en Cartagena la intranquilidad y desorientó las conciencias de los cartageneros. Las monjas adoratrices del convento de Santa Clara de Asís de Cartagena elevaron al obispo Antonio de Benavides y Piérola (1681-1712) una queja razonada contra los padres franciscanos, a quienes estaban espirítualmente sujetas. El prelado halló justas las quejas y desligó al monasterio de la dirección de los padres franciscanos, tomándolo a su cuidado personal.

Mas pasados algunos días, veleidades femeninas muy humanas, habiendo tenido noticia las monjas de que sería electo provincial de los franciscanos fray Antonio Chávez, hermano de cinco de las monjas clarisas, pidieron al prelado que volviese las cosas a su primitivo estado. El señor Benavides no era hombre que atendiese caprichos mujeriles y negó la petición.

De acuerdo ahora franciscanos y clarisas, se revelaron contra el obispo y acudieron a la Audiencia de Santafé en queja contra su diocesano. Los oidores, hombres también sujetos a pasiones y flaquezas, invadiendo jurisdicción que no les correspondía, decretaron conforme se les pedía. El prelado reclamó para ante el rey y mantuvo las cosas como estaban. Prodújose la escisión. Apoyaron a los frailes y monjas rebeldes otros conventos de la ciudad, excepto los jesuitas. Toda la población se dividió, según sus simpatías, por el obispo o por los frailes y monjas.

El gobernador Rafael Capsir y Sanz, el obispo de Santa Marta Diego de Baños y Sotomayor, comisionado por la Audiencia, los gobernadores siguientes, Juan de Pando y Estrada, Francisco de Castro y Martín de Pardo y Cevallos, y hasta el Tribunal de la Inquisición, abrazaron el partido de los rebeldes. El señor Benavides hubo de salir de Cartagena para Turbaco y después para la Península, y sólo al cabo de años fallaron el rey y el papa en favor del perseguido prelado; pero cuando se disponía a regresar a su grey, postrado por las amarguras soportadas, falleció en Sevilla, en 1712. En la historia de Cartagena hay esta sombra de ofuscación y pecado.

La política de extensión comercial instaurada en Inglaterra por el primer ministro Walpole en el siglo XVIII llevó al país a fuertes choques con el gobierno español. Llegó un momento en que el Parlamento estuvo por la guerra y se preparó una expedición como antes no había sido vista, al mando del marino y parlamentario Sir Edward Vernon para que viniese a la América a apoderarse de Cartagena. Aproximadamente 115 navios de combate, entre los cuales se contaban 34 de línea con 9.000 marinos y 14.569 hombres de desembarco y 2.070 cañones, y abundancia de pertrecho constituían la expedición. La plaza sólo tenía 1.774 hombres de tropa, 150 marinos armados y 500 milicianos, con 369 cañones de grueso calibre. La inferioridad numérica era notoria, no así el potencial humano y las formidables fortalezas castrenses. El asedio se prolongó desde el 13 de marzo, fecha en la cual se vieron las primeras naves enemigas acercándose desde Punta de Canoas hacia la plaza, hasta el 8 de mayo, que salieron de la bahía los últimos navios ingleses.

Blas de Lezo, comandante de la marina, resistió en el castillo de San Luis de Bocachica desde el 14 de marzo hasta el 9 de abril. La acción de armas más violenta fue el asalto al castillo de San Felipe de Barajas, el 20 de abril conforme al calendario gregoriano (9 de marzo para los ingleses). Los héroes de la defensa fueron el virrey Sebastián de Eslava, Blas de Lezo, el gobernador Melchor de Navarreta, el ingeniero Carlos de Noux, el comandante Pedro Casellas, el ayudante mayor Francisco Piñeiro, los capitanes Pedro Mur, Nicolás Carrillo, Lorenzo Alderete, Miguel Pedrol, Juan Jordán, Félix Celdrán, Bernardo Fuentes, Francisco Obando, Baltasar de Ortega, el edecán Manuel Briceño, los tenientes José Campuzano, Joaquín Andrade, Carlos Gil Frontín, Jerónimo Loayzaga, Manuel Moreno y E. Conni y el vecino Andrés de Madariaga. De Londres enviaron, creyendo asegurada la toma de Cartagena, un variado surtido de medallas conmemorativas, en las cuales se exaltaba la supuesta victoria, con frases elogiosas para los imaginarios vencedores y ridiculizantes de Eslava y Lezo. Triste despertar de un sueño ilusorio.

Monumento d Blas de Lezo, frente al castillo de San Luis

Los acontecimientos políticos y militares que se sucedían en Europa tenían necesaria repercusión en la América. Napoleón había cambiado la división política del Viejo Mundo en los quince primeros años del siglo XIX. España estuvo a punto de sucumbir. Las posesiones españolas, inspiradas por un sentimiento de lealtad a su metrópoli, se alistaron para la defensa. Pero mal comprendidas en la Península, intuyeron que había llegado la hora de constituirse en estados libres e independientes y surgió así la prolongada guerra de emancipación Cartagena realiza entonces la parte más gloriosa de su historia. Se declara independiente, se constituye en estado libre y adelanta campañas llenas de gloria y heroísmo, como la de la reconquista de Venezuela bajo el mando de Simón Bolívar y la resistencia al Pacificador Pablo Morillo en 1815. Se defiende denodadamente hasta el límite de la resistencia humana, agotando cuantos recursos le fue posible obtener y, antes que rendirse o capitular, se embarcan sus defensores en los pocos navios con que contaban, y pasando a velas desplegadas por en medio de la escuadra española, partieron el exilio llevando las banderas de la libertad, para regresar vencedores a recuperar la ciudad y entrar triunfantes en ella el 10 de octubre de 1821, después de conceder una honrosa capitulación al gobernador español Gabriel de Torres.

Muchos de sus hijos prosiguieron tras el penacho blanco del Libertador Simón Bolívar, oyendo las dianas victoriosas de Pantano de Vargas, Boyacá, Carabobo segundo, Pichincha, Junín, batalla naval del Lago de Maracaibo y Ayacucho. Ninguna otra ciudad de América ha hecho tanta historia como ella, ni ha padecido más que ella por la causa de la independencia y la libertad. Los sufrimientos, la miseria, los sacrificios, la despoblación y la muerte han sido ofrendas en los altares de la patria, soportadas con decisión, entereza y constancia. Bolívar, cambiándole los títulos de muy noble y muy leal que le otorgara Felipe II, dijo: "Salve Cartagena Redentora", y la apellidó "Heroica".

Ahora, Cartagena, bajo el tricolor colombiano y persuadida de que sólo la democracia es fuente de bienestar para las naciones, libra las campañas del trabajo, ufana y confiada en su porvenir.

Ha desbordado los viejos muros que la Circundan y se extiende con ritmo acelerado por la campiña circundante en nuevos barrios industriales y residenciales, para albergar una población que en breve superará el medio millón. Las fábricas más variadas en ella hallan favorable acogida, el mar la provee de toda clase de productos agrícolas o fabriles y la navegación aérea la mantiene en comunicación con el mundo entero con la brevedad del sonido. Edificaciones modernas la embellecen y a la sombra de la paz y de la libertad va triunfadora hacia el porvenir.


lunes, 13 de abril de 2026

SGM: Tanques Sherman británicos en el Reich

4 de marzo de 1945. Tanques Sherman de la 8.ª Brigada Blindada británica (posiblemente 4.ª/7.ª Guardia Real de Dragones) y un camión Chevrolet conduciendo ambulancias por la Amsterdamerstraße en Kevelaer, Renania del Norte-Westfalia, Alemania.



miércoles, 1 de abril de 2026

SGM: La incursión en Vaagso

Incursión en Vaagso





La incursión en Vêgsøy el 27 de diciembre de 1941 vio a comandos británicos aterrizar en la isla noruega como parte de la Operación Tiro con Arco, golpeando posiciones alemanas en un ataque agudo y cuidadosamente planeado.
La Marina Real hizo entrar y salir la fuerza sin perder un solo barco, aunque cuatro marineros murieron y cuatro heridos durante la operación.
Los comandos pagaron un precio más alto, con 17 muertos y 53 heridos, pero la incursión logró su objetivo de perturbar las defensas alemanas y obligarlos a desviar tropas y recursos hacia la costa noruega.

domingo, 25 de enero de 2026

Vuelta de Obligado: Las banderas argentinas capturadas

Banderas capturadas en Vuelta de Obligado     

Revisionistas


 
Bandera devuelta por el almirante Sullivan en 1883. Actualmente en el Museo Histórico Nacional de Buenos Aires.

La primer bandera que ilustra este artículo es de origen mercante y se encontraba en uno de los 24 barcos de cabotaje o lanchones que, unidos con cadenas, se fondearon en Obligado para impedir el paso de la flota anglo-francesa. Pertenece a aquellas enseñas que tenían diferentes tamaños y diversos símbolos federales, pero no eran banderas argentinas de guerra.

Fue capturada por las tropas del almirante D.B.J. Sullivan después de la batalla del 20 de noviembre de 1845, y devuelta en 1883 por este almirante en la legación argentina en Londres. La recibió el cónsul argentino Alberto A. Guerrico, en tributo a la valentía demostrada por el coronel Ramón Rodríguez, al frente del 2º Batallón del Regimiento de Infantería de Patricios, en la Vuelta de Obligado.

Sullivan confundió al coronel Rodríguez con el heroico teniente coronel Juan Bautista Thorne, que estuvo a cargo de la batería “Manuelita” y fue el último en retirarse del combate, el 21 de noviembre.

Según el testimonio del almirante británico, cuando la bandera fue arriada por los ingleses, cayó sobre algunos cuerpos de los caídos y se manchó con la sangre patriota.

Mide 4 metros de largo por 2,50 metros de ancho, como toda bandera naval de tamaño grande. Por sus medidas y la falta de lemas obligatorios de la época de Rosas no se ajusta a la reglamentación de las banderas federales de guerra. Por lo tanto no pertenecía a ningún batallón y no fue considerada un trofeo, si bien sí lo creen los franceses. Estos tenían cuatro banderas similares en el Hotel de los Inválidos de París (en la actualidad Museo del Ejército) bajo los números 329 al 333, registradas en el Catálogo del Musée de L’Armée del general Noix, página 164, bajo el título de Drapeaux et Trophées, con el extracto de un documento: el “Procés verbal de réception de cinq drapeaux prisa au combat d`Obligado dans le Paraná”.

El parte del combate de Obligado del capitán Hotham, oficial subalterno de Sullivan, no menciona ninguna toma de banderas. Y tampoco se consignó la pérdida de alguna enseña por parte de Lucio N. Mansilla.

El autor Martiniano Leguizamón se refirió a este tema en dos artículos del diario La Nación. Evaristo Ramírez Juárez, por su parte, elaboró acertadas conclusiones en su trabajo “Las banderas cautivas” donde muestra fotos de la capilla de St. Louis, del Hotel de los Inválidos, con esas banderas muy mal conservadas, en los años treinta del siglo XX. Escribió el teniente coronel Ramírez Juárez:

“1º – Las banderas que se dicen tomadas en Obligado por los franceses e ingleses, serían de los buques mercantes requisados por Mansilla, o de otros de la misma categoría.

2º – A las tropas argentinas de agua y tierra que pelearon en Vuelta de Obligado no les fue tomada ninguna bandera de combate”.




Bandera colgada de la nave central de la capilla de St. Louis, París, Francia

Además, el parte oficial del almirante francés Trehouart habla de “…varios pabellones argentinos tomados sobre las baterías y en los navíos que formaban la estacada (buques que sostenían las cadenas)”.

La enseña tomada por los franceses en Obligado está confeccionada a tres franjas horizontales: la superior e inferior de color azul turquí, y la franja del medio de color blanco con un sol rojo punzó en el centro, el sol tiene una cabeza circundada por 32 rayos. Los gorros frigios con picas o venablos en los cuatro ángulos son de color rojo, están confeccionados en lanilla y fueron recortados y cosidos a la bandera.

El material con el cual se realizó la enseña es lanilla y no seda como correspondía a las banderas de guerra o nacionales. En el lado del asta lleva un cordón trenzado que forma anillos en los dos extremos. Se encuentra en el Museo Histórico Nacional de la ciudad de Buenos Aires, bajo el número de legajo 2568, carpeta 326. Fue donada por la Intendencia Municipal de la Ciudad de Buenos Aires el 18 de abril de 1891, como “Bandera tomada por los ingleses, en la batalla de Obligado”.

Una de las banderas mercantes que se encontraban en París (la número 330) fue devuelta por el presidente francés Jaques Chirac en su visita a nuestro país, en 1999, y recibida por el director del Museo Histórico Nacional, Dr. Juan José Cresto. Se encuentra hoy depositada en ese museo, indudablemente, además de su interés vexilológico, tiene un valor histórico. Es igual a la remitida por Sullivan.

Otras dos banderas mercantes argentinas de Obligado (numeradas 329 y 331) se presumen desaparecidas durante la Segunda Guerra Mundial, durante la ocupación alemana de París, o perdidas por deterioro. El Museo del Ejército las dio de baja en 1957. Se ignora el destino de los números 332 y 333, que medían 2,40 m por 1,35m y no ostentaban ningún atributo.

Actualmente existe una bandera argentina sin sol ni gorros frigios en los ángulos ni leyendas, colgada de la nave central de la capilla de St. Louis. Parece nueva o restaurada. De las dos enseñas argentinas restantes mencionadas más arriba, y dado que la información diplomática solicitada a la embajada de Francia en Buenos Aires al respecto no ha permitido aclarar este punto, ¿puede ser alguna de las originales mercantes de 1845, hoy restaurada? No lo sabemos.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Leguizamón, Martiniano – Hombres y cosas que pasaron – Buenos Aires (1926)
Peña, J. M. y Alonso, J. L. – Las banderas de los argentinos – Aluar, Buenos Aires (2009)
Portal www.revisionistas.com.ar
Ramírez Juárez, Evaristo – La estupenda conquista – Buenos Aires (1946)
Turone, Oscar Alfredo – Las banderas de Obligado

sábado, 17 de enero de 2026

Terrorismo: 17N griego asesina al agregado militar británico en 2000

Atentado al agregado militar británico en Atenas en 2000


Lágrimas en el juicio por terrorismo tras el testimonio de Heather Saunders
Helena Smith en Atenas || The Guardian




Asesinato e investigación

Saunders fue atacado y abatido a tiros por dos hombres en una motocicleta mientras conducía por el tráfico de Atenas camino a su trabajo en la Embajada Británica a las 7:48 del 8 de junio de 2000. De hecho, era un brigadier del Ejército británico con amplia experiencia en misiones de paz, completamente ajena a la guerra de Kosovo.

El 17N reveló en una segunda proclamación del 11 de diciembre de 2000, también publicada en Eleftherotypia,[6] que se creyó erróneamente que el Rover blanco de la embajada de Saunders estaba blindado. Por lo tanto, los asesinos utilizaron un fusil de asalto Heckler & Koch G3 que habían robado de una comisaría griega en agosto de 1988. El arma se atascó tras un disparo, y el asesino disparó cuatro tiros más con una pistola Colt M1911 del calibre .45. Saunders falleció en el hospital dos horas después.

Testigos declararon a la policía haber visto a un hombre de baja estatura detrás de otro de mayor estatura, ambos con casco, en una motocicleta Enduro blanca. La policía recuperó una scooter Modenas Kris verde de 111 cc, robada y con matrícula robada, estacionada cerca.

La investigación posterior se vio impulsada por una cooperación sin precedentes entre los servicios policiales griegos y británicos, con el apoyo del FBI y la CIA estadounidenses. Scotland Yard impartió formación y envió agentes de policía de habla griega para recopilar y reevaluar las pruebas fragmentarias recopiladas desde que el 17N comenzó sus operaciones en 1975. Heather Saunders hizo un llamamiento televisado muy eficaz pidiendo ayuda para encontrar a los asesinos. Familiares de las víctimas del 17N formaron un grupo de apoyo, Os Edo (Ως Εδώ – "Basta" [literalmente: "Hasta aquí"]), que presionó a favor de una ley antiterrorista griega más estricta, aprobada como Ley 2928/2001.

La investigación identificó a sospechosos de pertenecer al 17N, pero no aportó pruebas utilizables ante un tribunal. El 29 de junio de 2002, Savvas Xiros, miembro del 17N (hasta entonces desconocido para la policía), resultó gravemente herido cuando una bomba de relojería que estaba colocando explotó prematuramente en El Pireo. Xiros confesó haber conducido la motoneta, mientras que su compañero Dimitris Koufodinas portaba la G3. Antes del juicio de 2003 contra 19 presuntos miembros del 17N, Xiros se retractó de su confesión. Tanto él como Koufodinas fueron condenados a cadena perpetua por el asesinato. Un activista contra la junta militar griega de 1967-1974 llamado Alexandros Giotopoulos, que vivía en la clandestinidad bajo el seudónimo de Mihalis Oikonomou desde 1971, fue condenado como líder del 17N y, por lo tanto, instigador moral del asesinato, mientras que Vasilis, hermano de Savvas, fue condenado como cómplice que ayudó a colocar los vehículos. 

Otras acusaciones

En sus memorias de 2009, "Espía Reticente" (Bantam), el ex oficial de la CIA John Kiriakou escribió sobre pasar junto al coche manchado de sangre de Saunders la mañana del 8 de junio. Afirmó que el motivo de su abrupta salida de Grecia en agosto de 2000 fue el descubrimiento de que la organización guerrillera urbana griega 17N lo había estado acosando a él, no a Saunders. Citó la proclamación de 17N en la que se responsabilizaba del asesinato de Saunders: "Vimos al espía corpulento, pero estaba en un vehículo blindado, y sabíamos que estaba armado. Así que fuimos elegidos para ejecutar la sentencia del criminal de guerra Saunders". (p. 83)

Uno de los muchos intentos de implicar al gobierno estadounidense como patrocinador de 17N surgió en diciembre de 2005, cuando Kleanthis Grivas publicó un artículo en To Proto Thema, un periódico dominical griego. Afirmó que "Sheepskin", la versión griega de Gladio, la unidad paramilitar de la OTAN durante la Guerra Fría, perpetró el asesinato del jefe de la CIA, Richard Welch, en Atenas en 1975, y también el de Stephen Saunders más de una década después del fin de la Guerra Fría. Esta acusación fue negada por el Departamento de Estado de EE. UU., que respondió que "la organización terrorista griega '17 de Noviembre' fue responsable de ambos asesinatos" y señaló que la principal prueba de Grivas era un documento de desinformación de origen soviético (el llamado "Manual de Campo de Westmoreland"), que el Departamento de Estado, así como una investigación del Congreso, habían descartado como una falsificación soviética. Los documentos no mencionan específicamente a Grecia, a 17N ni a Welch. El Departamento de Estado también destacó el hecho de que, en el caso de Richard Welch, "Grivas acusó extrañamente a la CIA de jugar un papel en el asesinato de uno de sus propios altos funcionarios", así como las declaraciones del gobierno griego en el sentido de que la red "stay behind" había sido desmantelada en 1988.

El juicio

La viuda de un diplomático británico asesinado hace tres años en Atenas por la organización terrorista 17 de Noviembre compareció ayer ante el tribunal en el juicio de dos hombres acusados ​​de asesinar a su esposo.

Los hombres se encuentran entre los 19 presuntos terroristas que están siendo juzgados. 17 de Noviembre es acusado de asesinar a 23 personas en un régimen de terror de 27 años.

El grupo se atribuyó la responsabilidad del asesinato a tiros del brigadier Stephen Saunders, de 52 años, agregado de defensa británico en Grecia, en una transitada calle de Atenas en junio de 2000, mientras conducía hacia el trabajo.

Ayer, su viuda, Heather Saunders, nacida en el Ulster, compareció ante un panel de jueces en un tribunal de máxima seguridad y le preguntaron si quería, por fin, enfrentarse a los hombres acusados ​​de asesinar a su marido. "No, no especialmente", dijo entre sollozos y con la voz quebrada por la emoción.

"Había dicho que me gustaría enfrentarlos y preguntarles por qué lo mataron, pero ahora no creo que merezca la pena ni siquiera verlos. No puedo hacerlo".

Fue la única ocasión en casi dos horas de testimonio en que la Sra. Saunders, enfermera, estuvo a punto de perder la compostura.

Tras casi tres años esperando justicia, habla de la vida y la obra de su marido, el soldado británico de mayor rango asesinado en el extranjero desde la Segunda Guerra Mundial.

"Stephen era un hombre perfectamente inocente", declaró al tribunal, que había estado juzgando a presuntos miembros de la organización terrorista desde marzo. "Pero se le negó, a dos años de jubilarse, el derecho a acompañar a sus dos hijas al altar algún día". Los dos hombres —un apicultor y un pintor de iconos— acusados ​​de asesinar a Saunders "no son griegos", declaró su viuda, quien llegó al juzgado con un vestido largo y negro, acompañada de sus dos hijas adolescentes, Nicola y Catherine.

"Son unos locos a quienes se les debería negar la libertad que le negaron a mi marido. Nunca he dicho que deban ser puestos contra la pared y fusilados, sino encerrados durante mucho tiempo para proteger a otras personas".

Lo que le angustiaba no era solo la "inutilidad" del asesinato, sino el hecho de que los presuntos asesinos nunca se disculparan.

"Ir por ahí disparando a la gente por lo que su país hizo hace tantos años es, en fin, ridículo", declaró la Sra. Saunders, quien ahora está creando una red de apoyo para viudas de militares británicos.

El grupo terrorista, llamado así por la fecha de la rebelión estudiantil de 1973 que desencadenó la caída de la dictadura militar griega, tuvo como blanco a diplomáticos estadounidenses y turcos, industriales y políticos griegos en una larga y violenta campaña.

Saunders fue la última víctima del grupo. El británico viajaba sin escolta y en un coche sin protección cuando dos asaltantes en motocicleta le dispararon varias veces.

Con una mezcla de marxismo-leninismo radical y ultranacionalismo, el 17 de Noviembre afirmó haber asesinado a Saunders por su participación activa en el bombardeo de Serbia por parte de la OTAN, una afirmación que el Ministerio de Asuntos Exteriores negó rotundamente.

"Son puras mentiras", declaró la Sra. Saunders ante el tribunal. "Stephen era oficial del ejército, no de la fuerza aérea [como había afirmado el grupo]. Ni siquiera fue a Kosovo. Estaba en Inglaterra cursando griego cuando ocurrió".

El asesinato, descrito por Tony Blair como un "acto terrorista despreciable", dañó gravemente las relaciones anglo-griegas hasta que los detectives de Scotland Yard comenzaron a investigar el 17 de noviembre.

Amalia Zeppou, quien realizó un documental sobre el grupo terrorista con entrevistas a la Sra. Saunders, declaró: "Su valentía al pedir ayuda a los griegos fue el detonante que impulsó a la gente a revelar información.

"Les dio a los griegos la confianza necesaria para romper la apatía en torno al 17 de noviembre".

jueves, 25 de diciembre de 2025

Revolución Americana: Arnold en Fort Griswold

El maldito traidor Benedict Arnold en Fort Griswold





El 4 de septiembre de 1781, Benedict Arnold —antaño celebrado como un valiente héroe de la causa estadounidense y ahora tildado de traidor— regresó a su Connecticut natal al frente de una expedición británica. Siendo ya general de brigada del ejército británico, Arnold lideró a más de 1500 hombres, incluyendo tropas regulares británicas, tropas lealistas y auxiliares hessianas, río Támesis arriba para atacar el puerto de New London.
New London era un objetivo prioritario. Su puerto bullía de corsarios, los barcos estadounidenses semioficiales que se aprovechaban del comercio británico durante la guerra. La ciudad almacenaba material militar y provisiones, y sus defensas se basaban principalmente en dos pequeños fuertes que custodiaban las orillas opuestas del río: Fort Trumbull, en el lado de New London, y Fort Griswold, en Groton Heights, al otro lado del río.



Arnold dividió sus fuerzas. Una columna desembarcó cerca de New London y rápidamente invadió Fort Trumbull, cuya guarnición se retiró tras una defensa simbólica. Los soldados británicos marcharon entonces hacia la ciudad, donde comenzaron a incendiar almacenes, barcos y viviendas. Arnold afirmó posteriormente que solo había ordenado la destrucción de objetivos militares, pero las llamas se propagaron sin control, consumiendo casi todo el asentamiento. Al final del día, casi 150 edificios yacían en ruinas, y la prosperidad de New London se vio mermada.


En la orilla opuesta, una segunda columna británica avanzó hacia Fort Griswold, comandada por el coronel William Ledyard y defendida por unos 160 milicianos de Connecticut. Aunque muy superados en número, los estadounidenses lucharon tenazmente. Tras un feroz asalto, los británicos tomaron por asalto las murallas y Ledyard se rindió. Lo que siguió se convirtió en una de las atrocidades más notorias de la guerra: en el caos posterior a la rendición, las tropas británicas masacraron a muchos de los defensores, matando a más de 80 hombres e hiriendo a docenas más. El propio Ledyard fue asesinado con su propia espada. La incursión tenía como objetivo desviar al ejército de Washington de su marcha hacia el sur, rumbo a Virginia, donde se avecinaba el decisivo enfrentamiento con Cornwallis. Pero la brutalidad del ataque a New London y la masacre de Fort Griswold solo acentuaron la indignación estadounidense y endurecieron la resistencia. En lugar de atraer a Washington hacia el norte, las acciones de Arnold acrecentaron la infamia de su nombre, marcándolo para siempre como el mayor traidor de la Revolución.

martes, 16 de diciembre de 2025

Arqueología: El pecio romano del Tamésis

Pecio romano en Londinium





En 1910, durante la construcción del County Hall en la orilla sur del Támesis, los trabajadores descubrieron el naufragio de un antiguo barco incrustado en el limo.
Construido a partir de roble inglés en el siglo III en un estilo romano, el barco data de la época en que Londres era conocida como la colonia romana de Londinium.
En ese momento, una teoría romántica popular sugirió que el buque podría haber sido un buque de guerra hundido durante la batalla entre Allectus y Constancio en el 296, aunque también podría haber sido un transbordador.
El barco fue extraído cuidadosamente del río intacto usando una gran grúa de madera. Posteriormente, el Museo de Londres adquirió el naufragio y lo exhibió hasta la década de 1930.
Se cree que todavía está en posesión del Museo de Londres, el sucesor del Museo de London.
Según el libro de Richard Hingley "Londonium", el barco está ahora almacenado, aunque otra fuente indica que "no sobrevivió intacto. "

lunes, 8 de diciembre de 2025

Malvinas: Revelan documentos de la colaboración chilena a Gran Bretaña

 

El libro que desclasificará el crucial apoyo chileno a Inglaterra en la guerra de Malvinas

Los periodistas chilenos Mauricio Palma y Daniel Avendaño investigan sin límites de tiempo para un texto que revelará, con documentos y relatos humanos, la colaboración militar de Chile con el Reino Unido durante el conflicto de 1982.

15 de septiembre de 2025 13:18

La fallida operación Mikado realizada por comandos británico entre el 16 y 17 de mayo de 1982, y que contó con la estrecha colaboración con la Fuerza Aérea de Chile.

En el panorama de la historiografía latinoamericana, un nuevo y revelador capítulo se está escribiendo. Los periodistas chilenos Mauricio Palma Zárate y Daniel Avendaño Caneo se encuentran en la fase final de una investigación exhaustiva y sin precedentes que dará vida a un libro sobre uno de los episodios más delicados y menos divulgados de la historia reciente de la región: el apoyo estratégico, militar y de inteligencia del gobierno chileno de Augusto Pinochet al Reino Unido durante la Guerra de las Malvinas en 1982.

La obra, pactada con el gigante editorial Penguin Random House y con una publicación prevista para el primer semestre de 2026, no se limita a enumerar hechos; busca reconstruir una historia humana y política compleja, basada en documentación concreta y testimonios de sus protagonistas.

Orígenes

El origen de este proyecto se remonta a una curiosidad periodística alimentada por mitos y silencios. Como explican los autores, su método se caracteriza por una paciencia investigativa fuera de lo común. “Siempre nos ha interesado investigar temas que circulan, ciertos mitos y tratamos a partir de la investigación profunda, exhaustiva, sin límite de tiempo, a nosotros eso es algo que nos caracteriza, no nos ponemos límite de tiempo hasta que nosotros conseguimos lo que creemos es lo fundamental”, relatan.

El 40° aniversario del conflicto les dio el impulso final, pero fue una estancia en Londres la que proporcionó el punto de partida crucial. “Por razones familiares, me tocó vivir un año en Londres y ahí fui al Archivo Nacional de Londres a revisar los documentos que ellos tenían. Y ahí yo creo, que es un súper buen punto de partida”. Este acceso a archivos británicos, que han tenido distintas etapas de desclasificación, les permitió encontrar información inédita: “En los últimos dos o tres años han habido documentos importantes a los que tuvimos acceso y que obviamente a partir de eso se nos abrieron líneas de investigación”.

Para los periodistas, que eran solo niños durante la guerra, el tema siempre estuvo cubierto por un manto de silencio impuesto por la dictadura. “Acá en Chile nunca se habló mucho sobre el tema de la guerra de las Malvinas. Porque en ese tiempo la dictadura lo que hacía era efectivamente tratar de tapar toda esta cosa, toda esta mugre para ellos debajo de la alfombra. Entonces mientras menos el país lo supiera, mucho mejor para ellos”, afirman.

Su único recuerdo infantil era la potente canción de León Gieco “Sólo le pido a Dios”, una referencia lejana a un conflicto que sentían ajeno. “Escuchábamos la canción de León Gieco... y yo siendo un niño me acordaba que era muy fuerte escuchar 'el monstruo grande que pisa fuerte', para nosotros, una cosa súper increíble”.

Ese silencio es precisamente lo que su trabajo busca romper, transformando la especulación en evidencia: “Nosotros precisamente lo que estamos tratando de reconstruir son historias múltiples con respecto al apoyo chileno a los ingleses, y con historias súper concretas, muy concretas, con documentación. Ya deja de ser un mito, sino que hay documentación concreta” afirman.

Estrategias

El libro se propone explicar las razones detrás de esta colaboración, que para la junta militar chilena tenía una lógica estratégica ineludible. Los autores rescatan la justificación del entonces Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, Fernando Matthei: “Se está quemando la casa del vecino y yo tengo que proteger la mía”.

Este temor a una eventual invasión argentina no era infundado, según su investigación, ya que “también ha existido un documento por parte de los militares argentinos que señalaban que el próximo paso era la invasión chilena”.

El punto de inflexión que comenzó a resquebrajar el secreto fue, irónicamente, la detención de Pinochet en Londres en 1998. “Desde ese momento, Margaret Thatcher decide como argumento estratégico comunicacional decir, 'este amigo de Inglaterra que era Pinochet, que nos ayudó, es importante que se sepa'”.

Más allá de la alta política, los autores destacan los profundos lazos históricos que facilitaron esta alianza. “El gran aliado que ha tenido la Fuerza Armada chilena a lo largo de su historia son precisamente las Fuerzas Armadas del Reino Unido”, explican, citando desde la fundación de la Armada chilena por Lord Cochrane hasta la formación de los servicios de inteligencia con el MI6. “Muchos de los integrantes de las Fuerzas Armadas chilenas hacían sus pasantías en Inglaterra, entonces no era un aliado casual”. Este vínculo se entronca incluso en la idiosincrasia nacional: “Los chilenos nos hacemos llamar 'los ingleses de Latinoamérica'... el vínculo del Reino Unido con Chile es bastante estrecho a lo largo de la historia”.

Protagonismos

Uno de los hallazgos significativos de su investigación es el rol más protagónico de la Armada chilena, tradicionalmente opacado por el de la Fuerza Aérea. Descubrieron que el almirante José Toribio Merino, otro anglófilo confeso que “tenía su gran líder histórico, era el general Nelson”, fue un articulador clave.

“La Armada Chilena son los primeros que alertan a la Junta Militar Chilena en decir que se viene un ataque a las Malvinas” revelan. Incluso manejan documentación que sugiere una escalada mayor: “Existe un documento que fue interceptado incluso por las Fuerzas Armadas Argentinas, en donde se establece todo el proceso de acción que iba a desarrollar la escuadra chilena... y en un momento se señala, que en caso de ser necesario, estamos listos para que el 19 de abril de 1982 podamos ser partícipes de los ataques”, contra la Argentina.

Historias dentro de la historia

El libro también se adentrará en las historias humanas detrás de la gran estrategia. Quizás la más conmovedora es la búsqueda de la identidad de dos soldados argentinos rescatados por el barco chileno Piloto Pardo tras el hundimiento del Crucero ARA General Belgrano. “Hemos estado trabajando en los últimos dos años directamente en tratar de llegar a la identidad de estos dos héroes argentinos. Ha sido un proceso muy largo”, detallan.

Una pista crucial es un anillo de matrimonio: “Uno de ellos tenía un anillo, que se había casado en marzo de 1982, ese es un dato que para nosotros pudiese ser muy importante”.

Este esfuerzo investigativo ha sido posible, según dicen, gracias a la sorprendente colaboración recibida desde Argentina. “Nos sorprende, gratamente, es el apoyo que hemos tenido de las fuentes argentinas hacia esta investigación, han sido muy amables, muy abiertos, son más abiertos en la Argentina que en Chile”, reconocen, agradeciendo el apoyo de excombatientes, veteranos e incluso de las propias fuerzas armadas argentinas.

Objetivos

El objetivo final trasciende lo meramente histórico. Los autores visualizan su trabajo como un puente entre ambas naciones. “Creemos que este libro puede ser un aporte a conocer la historia, a conocernos más el chileno y el argentino”, reflexionan, aludiendo al fin de la rivalidad chauvinista que caracterizó a generaciones pasadas. “Nuestro libro apunta a eso, a una especie de rescate de la esencia de Latinoamérica, de que efectivamente somos países hermanos”, asienten.

Con una narrativa periodística accesible, buscan llegar especialmente a las nuevas generaciones para quienes Malvinas “es prehistoria”, asegurando que este episodio, cargado de secretos, lealtades complejas y dramas humanos, “merece ser revisitado y contado”.

Mauricio Palma Zárate y Daniel Avendaño Caneo no aspiran a ser definitivos, sino a sumarse a la tradición historiográfica con rigor y una mirada fresca, centrada en las personas que, desde las sombras, escribieron un capítulo clandestino de la guerra.




sábado, 8 de noviembre de 2025

Segunda Guerra del Sudán: Venganza en Omdurman

La venganza en Omdurman

War History


 

 

La Segunda Guerra del Sudán, 1896-1898

A pesar de sus reveses tácticos, los derviches aprovecharon la retirada británica del Sudán. En el sector del Nilo, su avance hacia el norte fue frenado en Ginnis el 30 de diciembre de 1885, en una batalla recordada también por ser la última vez que la infantería británica combatió con su tradicional uniforme rojo. Bajo mando de oficiales británicos, el Ejército egipcio fue reorganizado: los soldados recibieron paga regular, mejores condiciones de servicio, posibilidades de ascenso y un entrenamiento completo. Hubo escaramuzas en la frontera, hasta que el 3 de agosto de 1889 se dio una batalla campal de siete horas en Toski, donde los derviches fueron derrotados con mil bajas (un cuarto de sus fuerzas), incluyendo a uno de sus jefes más importantes, el Emir Wad-el-Najumi.

En 1896 se decidió reconquistar el Sudán. No fue por un gesto humanitario para liberar a los sudaneses de la opresión del califa, sino por razones más pragmáticas: los italianos habían sufrido una grave derrota frente a los abisinios en Adowa en 1892, lo que dañó el prestigio de todas las potencias coloniales. Además, Francia mostraba interés en controlar la parte alta del Nilo.

El comandante en jefe del ejército egipcio, el Sirdar, era el general Horatio Herbert Kitchener, designado en 1892. No era un gran táctico, pero sí un maestro en logística, algo clave para una campaña en distancias tan enormes. Inspirado por el aporte de las lanchas cañoneras en la guerra de 1884-85, decidió que su avance contaría siempre con apoyo fluvial. Empezó con cuatro viejas lanchas de rueda de popa, armadas con cañones y ametralladoras Maxim, y fue sumando más embarcaciones modernas, algunas construidas en Inglaterra y enviadas en secciones para ser ensambladas en Egipto.

Las tripulaciones eran mixtas: británicos, egipcios y sudaneses. Entre sus comandantes había nombres que luego serían famosos, como David Beatty o Walter Cowan. El plan de Kitchener era mantener la línea de suministro gracias a transporte moderno —ferrocarril y barcos— y llegar a la batalla final con fuerzas frescas y superiores.

Tras capturar Dongola, Kitchener tomó la decisión que le daría la victoria: construir un ferrocarril de 235 millas a través del desierto entre Wadi Halfa y Abu Hamed. Se trabajó a un promedio de una milla por día, encontrando fuentes de agua para las locomotoras en el camino. Al mismo tiempo, se hicieron ataques de distracción para confundir al enemigo.

La campaña tuvo episodios dramáticos, como cuando la lancha El Teb volcó en el cuarto catarata y dos tripulantes sobrevivieron atrapados dentro del casco, rescatados después de horas. Con avances coordinados por río y tierra, los anglo-egipcios fueron tomando posiciones clave como Abu Hamed y Berber, hasta aislar a las fuerzas derviches en Omdurman.

En abril de 1898, tras la victoria en Atbara, el camino a Omdurman quedó abierto. El 2 de septiembre, en la famosa Batalla de Omdurman, la artillería, las ametralladoras y los cañoneros barrieron los ataques masivos de los derviches. Winston Churchill, entonces un joven oficial, describió cómo los cañoneros abrían boquetes en las murallas y desarticulaban las defensas. La batalla terminó con unas 9.700 bajas derviches y apenas 48 muertos del lado anglo-egipcio.

Después, Kitchener se encontró con la expedición francesa de Marchand en Fashoda, un episodio que rozó el conflicto internacional, pero que se resolvió diplomáticamente.

Con Omdurman tomada, el califa quedó como fugitivo hasta su muerte en combate el 25 de noviembre de 1899. El control del Nilo por parte de la flotilla fue absoluto, y su sola presencia bastaba para que pueblos enteros se rindieran.

De las lanchas cañoneras de esa época, dos sobreviven: la Bordein, que sirvió en el asedio de Jartum, y la Melik, que luego fue club náutico en el Nilo Azul y hoy espera restauración.


martes, 4 de noviembre de 2025

SGM: Tanques britones en una ciudad alemana

Tanques británicos en una ciudad ocupada





Tanques Comets británicos circulando por una ciudad alemana, marzo de 1945. Los Comets eran todavía muy nuevos en ese momento, y eran uno de los tanques más capaces en servicio en ese momento.

 

lunes, 27 de octubre de 2025

Malvinas: Un analista británico teme perderlas en los próximos 20 años

Atención Argentina: un análisis británico proyecta que el Reino Unido podría perder las Islas Malvinas para 2045

Dentro de 20 años, o a más tardar en 2065, el país europeo tomará la decisión de devolver la soberanía del archipiélago, según un experto. Los motivos.
Canal 26


Soldados argentinos Foto: Archivo Infobae

Un reconocido autor británico, que suele publicar posteos de interés para el Reino Unido, lanzó un minucioso análisis en el que afirma que su país perdería su presencia ilegal en las Islas Malvinas probablemente en los próximos 25 años, pero a más tardar en 2065.

El analista indica que “en teoría, podríamos evitarlo, pero probablemente no tomaremos las medidas necesarias, por lo que las perderemos”. Así, plantea que el Atlántico Sur pasaría de ser un enclave estratégico defendido a toda costa a convertirse en una carga colonial que Londres no estaría dispuesto a mantener.


Islas Malvinas. Foto: Cancillería Argentina.

Si bien admite que es improbable que el Reino Unido se enfrente a la posibilidad de perder las islas militarmente, dado que desde la guerra de 1982 reforzaron las defensas del archipiélago centradas en la base de la RAF Mount Pleasant, indica que el empuje diplomático de Argentina, el respaldo del Sur Global y el avance de China como primera potencia económica mundial, decidido a instalarse como referente de las causas “anticoloniales” pueden ser muy importantes.

A esto se le suma que España aprovecharía el escenario para presionar en la Unión Europea por Gibraltar, Estados Unidos adoptaría públicamente la neutralidad mientras en privado empujaría a Londres hacia una salida, y en el Reino Unido las propias instituciones —desde el Tesoro hasta el Foreign Office— concluirían que el costo de mantener las islas supera con creces cualquier beneficio.

El Reino Unido perdería el interés en las Islas Malvinas, según un analista

Para el Tesoro británico, el gasto de mantener tropas, infraestructura y logística en un territorio tan lejano resultaría insostenible si no genera beneficios económicos. Al mismo tiempo, el Foreign Office, que se encarga de la protección de los intereses británicos en el extranjero, vería en las islas un problema para la imagen internacional de Londres, que busca dejar atrás su pasado colonial.

A esto se sumaría el desgaste simbólico puertas adentro: con el paso de los años, los recuerdos de la guerra de 1982 irán perdiendo fuerza. Sin esa narrativa heroica y en una sociedad británica cada vez más alejada del espíritu imperial, el sacrificio de mantener un enclave cuestionado en el Atlántico Sur terminaría perdiendo sentido.


El Reino Unido podría perder las Islas Malvinas. Foto: X @admcollingwood

Poco a poco, la idea de que Malvinas es más un peso que una ventaja ganaría espacio en la burocracia británica, debilitando la decisión política de continuar con la ocupación.

domingo, 26 de octubre de 2025

PGM: La emboscada de Hallat Ammar, 19 de septiembre de 1917

La emboscada de Hallat Ammar, 19 de septiembre de 1917

War History





Lawrence ya había decidido retirarse cuando el vigía árabe en la cima de la colina gritó que un tren estaba parado en la estación de Hallat Ammar. Para cuando subió a ver por sí mismo, el tren ya se movía. Bajando la pendiente a toda velocidad, gritó a sus hombres que se posicionaran, y se desató una frenética carrera sobre arena y roca.

Los aproximadamente 80 fusileros estaban apostados en línea justo debajo del borde de una loma baja que discurría paralela a la vía férrea y a unos 150 metros de ella. Dos sargentos instructores habían colocado sus armas en un extremo de esta línea, a unos 300 metros del lugar de la demolición, de forma que pudieran recibir el tren en enfilada. Yells, un australiano, «largo, delgado y sinuoso, con su cuerpo flexible desplegando curvas poco militares», estaba a cargo de dos ametralladoras ligeras Lewis, y Brooke, «un robusto soldado inglés, eficiente y silencioso», operaba un mortero Stokes; por ello, se les conocía como «Lewis» y «Stokes». Salem, el mejor esclavo de Feisal y uno de los cuatro miembros de la expedición, tras haber solicitado el honor de operar el detonador, esperaba en unas hondonadas al pie de la cresta. Lawrence había pasado varias horas el día anterior colocando una carga de 22,5 kg de gelatina explosiva sobre un puente y luego enterrando el cable de 180 metros. Ahora se situó en un pequeño montículo cerca del puente, desde donde podría indicarle a Salem cuándo llegara el momento de la detonación. Un hombre seguía vigilando desde la cima de la colina: una precaución necesaria, pues si el tren se detenía y las tropas que transportaba desembarcaban tras la colina, los asaltantes serían alcanzados por la retaguardia. Pero seguía avanzando, a toda velocidad. Los otomanos a bordo, ya alertados de la presencia de un grupo de asalto en la zona, abrieron fuego al azar contra el desierto. El estruendo de la máquina de vapor y los disparos se hacía cada vez más fuerte a medida que el tren se acercaba a los hombres que esperaban. Salem «bailó de rodillas alrededor del detonador, llorando de emoción e implorando a Dios que lo hiciera fructífero». Pero Lawrence se puso nervioso. Había muchos disparos desde el tren. ¿Cuántos hombres eran? ¿Había suficientes árabes para hacerles frente? El combate sería cuerpo a cuerpo y la huida, peligrosa si las cosas salían mal.

Muchas cosas ya habían salido mal. Lawrence había partido de Áqaba el 7 de septiembre con la intención de atacar Mudawwara, un oasis con un importante suministro de agua a unos 160 kilómetros al sur de Maan. La interrupción de las instalaciones de agua habría supuesto una pesada carga logística para los otomanos, obligándolos a llenar trenes con agua, tanto para el servicio del ferrocarril como para abastecer a sus guarniciones. Pero las disputas entre clanes rivales de howeitat en Guweira le impidieron reunir a los 300 hombres que necesitaba, y regresó a Áqaba para solicitar la ayuda de Feisal. Partiendo de nuevo una semana después, apenas contaba con un tercio del número que necesitaba: unos 100 hombres de la tribu, 4 esclavos y 10 libertos de Feisal, y los 2 especialistas en armas del ejército británico. Las tensiones tribales tampoco se habían resuelto. El líder árabe de mayor rango presente era Zaal abu Tayi, sobrino de Auda, pero solo 25 eran miembros de su clan, y el resto cuestionaba su autoridad, por lo que Lawrence se encontró de facto como líder de una expedición que no era una familia feliz. No obstante, se dirigieron al este, atravesando las montañas de Rum, con sus imponentes acantilados de arenisca roja y pedregales de basalto negro, para luego cruzar las marismas calcinadas y el desierto de arena, llegando a Mudawwara, a 80 kilómetros de distancia, al final del segundo día (17 de septiembre). Pero la posición era demasiado sólida para atacar: el reconocimiento reveló una larga hilera de edificios de la estación transformados en fortines y una guarnición estimada en 200 a 300 hombres.

Tras acampar para pasar la noche, los asaltantes se dirigieron al sur, hacia una cadena de colinas bajas, buscando un lugar para una emboscada. Tras elegir un sitio y lanzar la carga, comenzaron la larga espera del tren. Sin embargo, antes de que llegara, los árabes asignados para custodiar los camellos subieron a la cima de la cresta y se les vio recortarse contra el horizonte tanto desde la estación de Mudawwara, a unos 14 kilómetros al norte, como desde la estación de Hallat Ammar, a 6 kilómetros al sur. Ya anochecía, demasiado tarde para que los turcos reaccionaran a lo que habían visto. Pero a primera hora del día siguiente, un destacamento de unos cuarenta hombres partió de Hallat Ammar. Se enviaron unos treinta beduinos para distraerlos. Alrededor del mediodía, la situación se volvió crítica cuando otros 100 turcos partieron de Mudawwara. El grupo de asalto corría el peligro de ver cortada su línea de retirada. La retirada precipitada solo se retrasó por el avistamiento de último minuto del tren en Hallat Ammar, cargado de vapor, a punto de partir.

El lugar de la emboscada había sido bien elegido. La colina principal ofrecía un punto estratégico de observación y ocultaba la presencia del grupo de asalto. En este punto, el ferrocarril giraba en un doble carril, hacia unidades el este en las orillas del río Myebon los días 22 y 23 de febrero. No obstante, el BEIF fue el catalizador naval habitual de la acción aliada en los primeros meses de 1945. Además de mantener una presencia activa en las Islas Andamán y sus alrededores, donde sus buques se turnaban para atacar la navegación costera japonesa y bombardear la infraestructura de Port Blair mensualmente, el BEIF también realizó reconocimientos del istmo de Kra, Sumatra, Penang y otros puertos de la costa malaya, llegando hasta Port Dickson (Operación Stacey) a finales de febrero y principios de marzo, y se dedicó a realizar incursiones en instalaciones petrolíferas en Sumatra (Operación Sunfish) a mediados de abril. Este tipo de actividad podía planificarse en aquellos días sin demasiadas preocupaciones de seguridad, ya que los últimos submarinos alemanes enviados al este de Asia habían regresado a Alemania a principios de 1945.