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viernes, 23 de febrero de 2018

Guerra del Pacífico: 4 Mitos

La historia de la Guerra del Pacífico, plagada de mitos

Sin la intención de hacer una defensa del general Hilarión Daza, subrayando sus errores, muchos estudios desmienten, de manera documentada, la posibilidad de que se haya callado la noticia de la invasión.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar Agramont





La historia de la Guerra del Pacífico, tras la cual Bolivia perdió su litoral en el océano Pacífico, está plagada de mitos. El ocultamiento de la información hecho por Hilarión Daza de la invasión chilena de Antofagasta, la traición boliviana al pacto con Perú, la existencia de Juancito Pinto o que la causa fundamental de la guerra haya sido el gravamen al salitre contra una empresa privada con capitales ingleses y chilenos, son algunos de los mitos que la historia ha perpetrado. A continuación se relatan estos mitos y se devela, si no una versión definitiva de lo sucedido, sí una desmitificación de lugares comunes inexactos de la historia nacional difundidos por décadas desde el Estado y desde una “oficialidad” de la historia.

El ánimo con que se hace esto no es herir ninguna sensibilidad —cosa posible si se tiene en cuenta que dichos mitos son tomados como verdades hasta ahora— sino más bien seguir lo expresado al final del prólogo del libro Patria Íntima de Néstor Taboada Terán: “Vislumbrar una comunidad nacional que no se deja reducir a los presupuestos del Estado, que encuentra que su tristeza y su alegría es de ser simplemente lo que es, sin un ‘morir antes que esclavos vivir’ que difiere toda felicidad a una realización nunca lograda”.

El mito más difundido sin duda fue el ocultamiento de la noticia de la invasión chilena por el presidente Daza, supuestamente para que la mala nueva no interrumpiera el carnaval de 1879.

CARNAVAL. La versión se originó en Chile desde el principio de la guerra con una campaña de desprestigio de Bolivia. El historiador chileno Benjamín Vicuña Mackena divulgó el mito.

Lo curioso es que la versión chilena es secundada por bolivianos ligados a la facción de Narciso Campero (quien dio un golpe de Estado contra Daza cuando éste se encontraba en el campo de batalla en Perú) y luego perpetrada por los intelectuales bolivianos posteriores a la guerra. Gabriel René Moreno, que es uno de éstos, reproduce la versión como todo un ‘historiador omnisciente’: “Guardando el Presidente de Bolivia (Daza) en los bolsillos de su disfraz la noticia por tres días, reservó su sorpresa para después de los carnavales”.

Este relato fue adoptado por la historiografía liberal del positivismo (encabezada por Alcides Arguedas) y con la venia del líder de esa doctrina política, Eliodoro Camacho; posteriormente fue recitado por escritores más modernos, como Enrique Finot.

El mito quiso ser desmentido por el historiador Fernando Cajías en la película de Antonio Eguino Amargo Mar. En este film, sin embargo, dice el historiador Pablo Michel, se “mitifica e idealiza” a Daza al mostrarlo como desamparado frente a la oligarquía boliviana que le hacía la guerra. Parece ser que de un mito se pasa a otra mitificación...

Sin la intención de hacer una defensa del general Daza, subrayando también sus errores, muchos estudios desmienten, de manera documentada, la posibilidad de que se haya callado la noticia de la invasión. El libro más importante de este tenor es Daza no ocultó la noticia de la invasión chilena (1982) de Luis Antezana, aunque siete años antes Enrique Vidaurre ya presentaría pruebas en su libro El presidente Daza.

La versión de Vicuña tuvo eco en Bolivia por la sencilla razón de que los camperistas —en pos de matizar sus errores— querían desprestigiar al militar derrocado para justificarse en el poder. “Es notorio que el pueblo de La Paz ignorara el aviso funesto del 14 de febrero (fecha en que la tropa chilena invade Antofagasta), mientras que Daza, aturdido por el bullicio del carnaval, ocultaba el parte”, cita a Eliodoro Camacho el historiador Antezana en el libro ya mencionado. Los que sostienen esta posibilidad hablan de que Daza y Eulogio Medina, entonces ministro de Relaciones Exteriores, recibieron el aviso del cónsul boliviano en Tacna, Manuel Granier, al día siguiente de la invasión, el 15 de febrero: “Gobierno chileno ha ordenado a fuerzas reunidas en Caldera ir a Antofagasta y ocupar Litoral”.

La negación del relato chileno se basa en citas de la investigación del patricio Gastón Velasco (compositor de la letra del Himno al Litoral y exalcalde de La Paz). El argumento básico es que no existía una red de telégrafos entre Bolivia y Chile, y la noticia llegó hasta el Presidente a lomo de caballo el Martes de Carnaval (25 de febrero).

La cronología según Velasco es citada por Antezana: El viernes 14 de febrero se inicia la invasión en Antofagasta. En la tarde del 16 llega al puerto el vapor Amazonas con bandera boliviana. El prefecto de la localidad, Severino Zapata, las autoridades y varias familias bolivianas se embarcan en ese buque para escapar de los excesos de los invasores.

El lunes 17, el Amazonas llega a Tocopilla. El martes 18 parte con rumbo al entonces puerto peruano de Iquique y se envía un telegrama escueto al cónsul boliviano en Tacna, Manuel Granier. El 19 el vapor arriba a Arica. En el muelle se encuentra Granier para recabar más información y redactar la noticia para mandarla por correo a La Paz.

El 20 (Jueves de Comadres) parte de Tacna el estafeta Gregorio Choque (apodado Goyo) con la correspondencia urgente; hace el recorrido de 76 leguas (más de 450 kilómetros) en seis días.

“Bolivia no contaba con un servicio telegráfico (...), el camino directo era el de Tacora a Machagas”, escribe Velasco. Por su parte, el historiador chileno Tomás Caivano lo confirma en su libro Historia de la Guerra de América, entre Chile, Perú y Bolivia: “Repetimos, entre Bolivia y Chile no hay telégrafo. El (camino) más cercano del que puede hacer uso Bolivia va de Tacna y Arica”.

El itinerario de Goyo fue el siguiente: el 20 de febrero fue de Tacna a Palca; el 21, de Palca a Huchusuma. El sábado 22 recorrió el trayecto de Huchusuma a la posta de Chulluncayani; el 23, de este lugar a San Andrés de Machaca. El 24, de esa localidad a Tambillo, y el 25 (Martes de Carnaval), de Tambillo a la ciudad de La Paz.Goyo llegó a La Paz a las 23.00 y se encontró con el cochero de Daza, quien lo llevó a la casa de Carlos Frías (esquina Yanacocha y Mercado), donde se festejaba el carnaval y donde había estado la comitiva presidencial. De esa casona, la autoridad se había retirado a la fiesta del coronel José María Baldivia, intendente de Policía, en la calle Pichincha. Efectivamente, allá encontraron a Daza y fue donde éste conoció de la ocupación. Eran las 24.00 cuando la noticia comenzó a circular inmediatamente (esta relación cronológica está registrada en los libros de Antezana y Vidaurre).

Para el expresidente Carlos D. Mesa, la versión de Antezana es definitiva. “En cuanto Daza supo de la invasión suspendió el carnaval y convocó a la lucha”.

Michel, sin embargo, desmiente la desmitificación asegurando haber visto cuatro notas de alerta en la Cancillería, una de ellas de tres días después de iniciada (la invasión)... y que el chasqui es un mito, pues existían “cinco empresas de correos con bases por todo el territorio nacional”.

En todo caso, considera que un ocultamiento de la información no puede ser la causa de haber perdido la guerra, pues desde el 6 de enero los barcos chilenos estaban frente a los puertos bolivianos, es decir que el movimiento de la marina chilena alertaba “a gritos” que se buscaba provocar una guerra. “Que se hubiera guardado o no la información se vuelve totalmente irrelevante. Daza fue irresponsable al no enviar tropas con esas señales incontrastables de hostilidad”.

En cambio, el escritor Mariano Baptista Gumucio avala la versión de Velasco y reitera que el mito del ocultamiento de la información fue obra de los chilenos. “La noticia llegó con semanas de retraso. Además era imposible que Daza haya podido movilizar las tropas por su cuenta, necesitaba el apoyo de Perú”.

SALITRE. Otro mito es que la guerra se inició por el impuesto al salitre que impuso Daza a la Compañía de Salitres de capitales ingleses y chilenos. Esto no fue sino un pretexto para la invasión, nunca una causa.

Tanto Perú como Bolivia —dice Baptista— sabían que había un “designio geopolítico de Chile”, desde hacía décadas, de “dominación en el Pacífico”, por lo que era inevitable que Chile busque un pretexto.

No obstante, Daza “no tiene perdón” porque sabía que movía un “avispero” con el impuesto y daba el pretexto que Chile esperaba.

Asimismo, Chile y Perú afirman hoy que Bolivia provocó la guerra. “Eso es totalmente falso”, dice Mesa y recuerda que Cobija había sido azotada por un tsunami y había una sequía en Bolivia que produjo una hambruna general, por lo que se impuso el impuesto. Chile protestó y Bolivia “soberanamente” rescindió el contrato. “Los chilenos debían haber respondido jurídicamente, pero una invasión armada no tiene ninguna correspondencia, por lo que es inequívoco que Chile inicia la guerra para defender capitales ingleses y chilenos”.

El politólogo y estudioso de la historia bélica boliviana Jorge Abastoflor coincide. Además, dice, el salitre boliviano no le interesaba a Chile, sino el del territorio peruano, que en relación de cantidad al de Bolivia era de cinco a uno.

Otra prueba de esto “es que la guerra terminó en Lima y no así en La Paz”, argumenta.

HÉROES. Otro mito es la existencia histórica de los niños héroes Juancito Pinto y Genoveva Ríos.

Ambos están en el imaginario de Gastón Velasco, que dedicó su vida entera a tratar de “interesar a los bolivianos sobre el tema del Pacífico; se fue exiliado con su padre a Antofagasta y quedó impresionado por la vista del mar”, dice Baptista, quien además confiesa nunca haber encontrado documentos sobre la existencia de ninguno. “La labor de Velasco fue muy buena, seguramente respondió a la necesidad de buscar héroes”.

Mesa destaca que ambos forman parte de la construcción de un “imaginario nacional” que permite destacar actitudes más allá de los personajes como tales, si bien no ha revisado con detenimiento esos episodios como para afirmar o negar la existencia de esos hechos, lo cuales “no forman parte de lo relevante de la historia grande de la guerra”.

Abastoflor rescata la creación del mito como positivo, pues de alguna manera refleja una realidad: “que el ejército boliviano peleó hasta su último hombre”. Michel, en cambio, señala que la existencia de Ríos es histórica, no así la de Pinto.

En los últimos años, hubo estudios que quisieron cuestionar el papel de Eduardo Abaroa (no hay concierto en la manera correcta de escribir su apellido) de quien se dijo que no defendió la patria, sino sus intereses particulares. Mesa considera que esa versión es falsa y que está documentado que tuvo un rol heroico.

En este mismo sentido, Michel apunta que Abaroa, antes de ir a combatir incluso se casó con su concubina para arreglar su herencia en caso de muerte, lo que prueba que se preparaba para dar batalla hasta el final.

PERÚ. En torno al rol que jugó el Perú en el conflicto existen varios mitos. Uno es sobre la falsedad de que Perú se haya involucrado en la guerra a defender a Bolivia en honor del pacto secreto que tenían ambos países.

Perú “no honró” la alianza; de hecho estuvo tratando de ser el negociador y evitar el conflicto, dice Michel. “Chile en realidad quería las salitreras del Perú y que el puerto de Valparaíso supere al del Callao, y Perú solo invocó la alianza cuando Chile le declaró la guerra, explica.

Ya activada la alianza y como causa de un apoyo cuestionable del aliado de Bolivia, Daza estuvo “remoloneando por la impericia” de los gobernantes peruanos por ocho meses en Tacna, cuenta Baptista. El ejército boliviano, sin armas, no se movía de ahí. “El presidente peruano fue a Europa con el pretexto de comprar armamento y no volvió más. Fue una serie de desastres internos de los dos países”.

Michel explica que el Perú nunca tuvo la intención de recuperar territorios bolivianos, sino formar una barrera en Tacna junto al ejército boliviano. Aunque Mesa señala que cuando se activa la alianza, el ejército chileno ya estaba de avanzada en territorio boliviano (la primera batalla conjunta es en territorio peruano, en Pisagua).

Por otro lado, la historiografía oficial peruana está convencida de que Bolivia deshonró el pacto y abandonó a Perú tras la derrota en la batalla del Alto de la Alianza en 1880.

Abastoflor cuenta que tras la derrota, el ejército boliviano quedó con 5.000 hombres (de sus 20.000 iniciales) y que se retiró a La Paz pensando que Chile quería invadir el país, sin embargo siguieron al norte hacia Lima: “a Chile no le interesaban las salitreras bolivianas sino las peruanas, porque eran las más ricas y dominar en el Pacífico, nosotros estábamos en medio...”

Como se puede ver, aun entre conocedores bolivianos de la historia hay discrepancias en la materia. Queda preguntarse ¿por qué no puede haber una historia limpia de los hechos? Para Baptista, la razón de tanta mistificación en los relatos históricos es el “resentimiento y odio” que hubo entre Perú, Bolivia y Chile. Además, es claro que la academia no ha enfocado su vista en el estudio exhaustivo de la historia bélica del país. Es por eso que Baptista aconseja que las academias de historia se dediquen al estudio de la Guerra del Pacífico, tal vez uno de los acontecimientos de la historia de la que más se han hecho mitologías.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Guerra del Pacífico: Chile devuelve libros robados al Perú

Chile devolverá a Perú 720 libros saqueados durante la Guerra del Pacífico

Un convenio firmado por la Biblioteca Nacional de cada país permitió la entrega, celebrada como un paso más en el afianzamiento de las relaciones
Infobae

La Biblioteca Nacional de Chile devolverá en los próximos días a la Biblioteca Nacional del Perú 720 libros saqueados durante la Guerra del Pacífico (1879-1884) tras suscribir este viernes un acuerdo entre ambas instituciones, informó este domingo un comunicado oficial.

El acuerdo fue suscrito durante la visita del director Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile (Dibam), Ángel Cabeza, y el director de la Biblioteca Nacional de Chile, Pedro Pablo Zegers, a la Biblioteca Nacional del Perú.

Durante el acto, las autoridades chilenas entregaron de manera simbólica los dos primeros volúmenes de ese lote de 720 publicaciones al director de la Biblioteca Nacional del Perú, Alejandro Neyra.



Esos primeros ejemplares devueltos a Perú son "Decisionum rotae lucanae diversorum auditorum cum decisionibus aliorum supremorum tribunalium & praecipue", de Hyeronimus Palma (1718); y "España Sagrada: Theatro geographico-historico de la Iglesia de España", de Enrique Flórez (1747-1789).



Ambas partes también firmaron en la misma ceremonia otro convenio para establecer mecanismos de cooperación que fortalezcan los servicios que ambas instituciones prestan a los usuarios, incluidas las áreas de conservación y preservación, digitalización, intercambio de expertos y pasantías, entre otras.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Anecdotario histórico argentino: La astucia de San Martín

Astucia de San Martín 



Cuando el ejército libertador desembarcó en Huaura (Perú), el virrey de Lima estaba ansioso por saber los efectivos con que contaba.
Cierto día, mandó de parlamentario al general Bacaro quien se presentó a las avanzadas argentinas preguntando por el general.
Avisado éste, lo hizo demorar con cualquier pretexto y al fin fué traído a la casa del gobernador de la plaza que era el bizarro coronel Manuel Rojas.
Durante esa demora se hizo salir a todo el ejército a un llano que había entre ese edificio y el ocupado por el cuartel general.
En ese terreno, que tenía cerca de una legua, formaron los cuerpos en compañías y escuadrones que maniobraban, haciendo unos, ejercicios de armas, otros, de tiradores y guerrillas, pero todos muy desparramados, abarcando un campo inmenso en forma tal que, aun los que conocían la verdad, se figuraban que había una fuerza mayor.


Preparado esto, el general San Martín, con un gran Estado Mayor y todos sus generales —menos Arenales que se encontraba con una diviSión en la Sierra lo que, desde luego, contribuyó más al engaño— entró en la gobernación donde se encontraba el general realista a quien cono- cía de mucho tiempo atrás:


—Oh, mi amigo Bacaro —le dijo— cuánto gusto tengo en volver a ver a Ud.! siento no haber sabido antes su venida, pero yo había salido desde temprano a dar una vuelta y no he vuelto aun al cuartel general; aun aquí he venido por casualidad.


Después de las presentaciones y saludos de práctica con el resto de su oficialidad, el Gran Capitán le invitó a visitar el cuartel general, a lo que accedió gustoso el español, pues eso facilitaba su misión de espionaje.
Para ir allá, tenían que pasar por el terreno que en ese momento servía de campo de instrucción y al coronar una loma se encontró de golpe Bacaro con aquel estupendo despliegue de fuerzas.
San Martín simuló sorpresa y disgusto al ver cómo se “descubría” su fuerza y deteniendo la marcha, dijo al realista:
—Volvamos a desandar —y despachó varios ayudantes en todas direcciones a ordenar el regreso de la tropa a sus acantonamientos.
Cuando le informaron que se había cumplido su orden volvió a continuar la marcha y al volver a pasar la loma el campo estaba totalmente desierto.
Al regresar Bacaro a Lima aseguró al Virrey que todos los datos recibidos hasta el momento eran incompletos y que, a su criterio, San Martín ocultaba todavía su juego.

martes, 29 de agosto de 2017

Guerra del Pacífico: Restos de casas de la guerra

Brigada Naval Combatientes del Pacífico

Identifica casas sobrevivientes a la destrucción de Chorrillos en 1881 por el Ejército chileno. Casas tendrían más de 120 años.

brigadanaval@mail.com

Chorrillos 7 de abril del 2001, Lima Perú

Casa identificadaLa Brigada Naval Combatientes del Pacífico, grupo de entusiastas de los temas históricos militares, nos brinda otra primicia para WAR BOOK. Nos cuenta Reynaldo Pizarro que tratando de ubicar la posición de la antigua glorieta del malecón de Chorrillos, usando fotografías de la época y con la colaboración del pueblo chorrillano; no sólo encontraron la posible ubicación de la Glorieta, si no la existencia de 2 casas que aparecen en las fotos de 1881. Estas casas sobrevivieron a la destrucción del pueblo de Chorrillos y una de ellas todavía está en uso y mantenida con mucho esmero por sus habitantes.



Foto original tomada por Couret, 1881  Choriilos Lima Perú


Clara Garcia, Angela Garcia, Carola Rivas, nos muestran una foto de Chorrilos que tiene mas de 100 añosLos pobladores de los alrededores de estas casas y sus moradores, participaron entusiastamente con los de la Brigada Naval, mostrándole fotos de fines del siglo XIX y contándoles anécdotas de la ocupación chilena en esa zona.


Fachada en peligro



Fachada a punto de desplomarse

Fachada de casa que habría presenciado la destrucción de Chorrillos, está a punto de desprenderse de su precario soporte.
La propiedad está deshabitada y pasa desavertida por las autoridades.

Cabe resaltar que la Brigada Naval es una de dos agrupaciones que se dedica seriamente a la investigación sobre temas histórico-militares.

Entre las anteriores actividades de la Brigada Naval, está la restauración de dos cañones Voruz de la Corbeta Unión, un Cañón de bronce perteneciente al Navío San Martín hundido en aguas chorrillanas y recolección y restauración de material de artillería de diferentes embarcaciones y fortificaciones.

War book 2000 (C)

lunes, 28 de agosto de 2017

Guerra del Pacífico: Homenaje a Miraflores

Exposición, por la tragedia y gloria de Miraflores 
Conmemoración de la batalla de Miraflores enero 15 de 1881. 

Después de una simple ceremonia castrense con todos los regimientos históricos peruanos (Legión peruana de la guardia, Húsares de Junín, y Regimiento Fannig) como pequeños destacamentos de todas las fuerzas militares, policiales y un agrupamiento de Bomberos. Emplazados en el Reducto Nº2 de Miraflores, ciudad de Lima - Perú. 
Pudimos apreciar en el museo, una exposición extremadamente simple pero con un aporte a la historia de primer orden aportando en cada vitrina material recientemente encontrado. 


Entrevistamos al investigador histórico Rómulo Rubato Suárez; descendiente del General Suárez, héroe de la Guerra del Pacífico. 

 

Acompañado del Señor Rubato recorrimos todas las salas de la exposición, el cual nos dio una breve reseña histórica de la infantería de marina peruana. Para esta exposición se quiso exponer la mayor cantidad de Material fotográfico, dándonos una visión mucho más exacta de lo acontecido hace 120 años por la toma de Lima. 

 

Se puede notar que los peruanos no olvidan los resultados catastróficos de esa guerra y se esmeraron en mostrarnos los destrozos resultado del saqueo de Chorrillos, Barranco y Miraflores por las tropas chilenas. Es irónico que todos los textos de la exposición fueron sacados de fuentes chilenas, que cuentan exactamente lo que se ve en los cuadros y fotos. 

Una colección de uniformes peruanos usados en la guerra, que denotan lo precario de sus equipos de campaña, y lo mal preparados que estaban para la guerra que los tomó por sorpresa. 

 

En la sala Cáceres, existe una maqueta del campo de batalla de Miraflores y parte del de Chorrillos, que es muy ilustrativa, pero lo que es inigualable es un cuadro de la batalla de Miraflores. 

Hablando con el señor Pedro Olaechea, dueño de muchas de los uniformes expuestos, nos da un dato interesante, "los peruanos no usaron gorras blancas hasta la capitulación de Lima" como se cree en Chile, " se comenzaron a usar en la campaña de la Breña" (desde fines de 1881 hasta 1884) "Las gorras peruanas son azules al estilo francés". 

 

Nos mostró además cual era el armamento usado por los marinos peruanos en la defensa de Lima: el fusil remington rolling block cal 43 como pueden ver en la foto. 

 

A las afueras del museo está un cañón recientemente rescatado que participó en la defensa de Lima. Es un cañón Federal Bureau tipo Dahlgrin de 8 " ánima lisa de avancarga que lanzaba balas esféricas. Este tipo de cañón fue desarrollador por los Norteamericanos durante la Guerra de Secesión de 1862. 

 

El cañón está desbocado. Según documentos expuestos en el museo los artilleros peruanos, recibieron órdenes de destruir todas las piezas de artillería para que no caigan en manos chilenas. 

Este cañón fue recuperado por la "Brigada Naval Combatientes del Pacífico" grupo muy entusiasta que en los últimos dos años ha recuperado y restaurado varios cañones como valioso material fotográfico y documentario sobre el pasado peruano y sobre todo de la "Guerra del Pacífico". Entre algunos de sus logros, puede mencionar la restauración de los cañones Voruz de la corbeta peruana "Unión", la restauración de una hermoso cañón de bronce del Navío "San Martín" primer buque insignia Chileno. Es más, podemos decir que si Ud. estimado lector, quiere hacer algún estudio sobre la "Guerra del Pacífico" tiene obligadamente que contactarse con la "Brigada Naval Combatientes del Pacífico" al mail brigadanaval@mail.com

martes, 4 de julio de 2017

Conflictos americanos: El Miércoles Negro del Cenepa

El "Miércoles Negro" 
Miércoles 22 de Febrero de 1995. 
(CONFLICTO FRONTERIZO ENTRE ECUADOR Y EL PERU EN 1995) 




"A las 10 y 30 de la mañana iniciamos el ataque. Tomamos al enemigo por sorpresa y empleamos todo el poder de fuegos que teníamos. Los obligamos a huir dejando a una docena de muertos. Abandonaron también sus morteros de 81 mm. y 60 mm." 

Después de un año del inicio del conflicto con Ecuador en el Alto Cenepa, uno de sus principales protagonistas, el entonces comandante -hoy coronel-, Luis Alatrista, relató a la revista peruana "Caretas" en el número 1398, su participación en los combates, particularmente en el famoso "miércoles negro", así llamado por el jefe del ejército ecuatoriano, el general Paco Moncayo, debido a las cuantiosas pérdidas que sufrieron. Alatrista comandaba la Unidad Pachacútec, destacamento de élite del Ejército que había estado peleando contra la subversión en el Frente Huallaga. Ese miércoles 22 de febrero, los comandos peruanos asaltaron con éxito el puesto de Tiwinza, pero tuvieron que replegarse por el fuego de la artillería enemiga, según relatan ellos. 

Por su comportamiento heroico, Alatrista recibió en diciembre de 1995 la más alta condecoración que otorga el Ejército, la orden Francisco Bolognesi. 

Cuando el helicóptero piloteado por el capitán Luis García Rojas fue derribado en el Alto Cenepa, el 29 de enero de 1995, el comandante Luis Alatrista, jefe de la Unidad de Comandos Pachacútec, estaba aún en la zona de Bijao, en el Huallaga, luchando contra la columna senderista "Atreverse". 

A esas alturas, ya el comando de las FF.AA. apreciaba que la situación en el Cenepa era más difícil de lo que habían pensado al principio. La parte del Batallón de Comandos "COMANDANTE ESPINAR Nº 19" -al que pertenece Pachacútec-, que se encontraba en Lima, ya había sido despachada al Cenepa. "Al día siguiente de ese hecho partimos de Tingo María rumbo a Lima y desde allí fuimos enviados a El Milagro, en Bagua -relata Alatrista-. Yo estaba al mando de las patrullas Miranda, Molina, Calle, Camino, Huertas y Baca, a la cual se sumaba personal de la Escuela de Comandos y un grupo de la Fuerza de Operaciones Especiales de la Marina (FOES), dirigido por el capitán de fragata Alejandro Silva". 

 

El 11 de febrero Alatrista ya estaba en PV1 y el lunes 13 encabezó la emboscada a las patrullas enemigas que salían desde Coangos. "Ese día, a las tres y media de la tarde, con tres patrullas de asalto, una de apoyo y otra de seguridad, atacamos al enemigo y le causamos 35 bajas", continúa Alatrista. "El objetivo era cortar la línea de abastecimiento que iba desde Coangos a la Y, Base Sur y Tiwinza." 

ATAQUE A TIWINZA 

"El 22 de febrero ha sido llamado por los ecuatorianos "el miércoles negro", porque dicen que ese día les causamos más bajas que en todo el conflicto", refiere el comandante Alatrista. 
"Después del ataque a Coangos, permanecí en PV1 reorganizando las patrullas. Allí el coronel Roberto Chiabra me ordenó atacar Tiwinza por el nor-este, es decir, ubicarme entre Tiwinza y las líneas ecuatorianas. Avanzamos rápidamente. Llegamos a la Y en hora y media, y seguimos por una trocha abierta por el enemigo." 
"En ese lugar dejé a la patrulla del teniente Huertas con la misión de brindar seguridad al tránsito en la trocha y emboscar a cualquier patrulla enemiga que intentara llegar desde Coangos a Tiwinza o viceversa. Allí se me unieron las patrullas Mimbela, Cabrera y Chávez, y continuamos la aproximación por la parte alta de la cordillera del Cóndor, para evitar las minas colocadas por el enemigo, abriendo trocha en medio del fango y los insectos". 
"Con la ayuda de un GPS, nos ubicamos entre Banderas y Tiwinza. Ocupamos un observatorio construido por el enemigo, empleado también como plataforma antiaérea. Desde allí se dominaba el puesto La Montañita. Más al norte, con dificultad, se veía Tiwinza. Allí dejamos otra patrulla. Su misión era impedir que el enemigo la recupere e instale sus misiles antiaéreos, y proteger nuestra retaguardia". 
"Con el grueso de la unidad de Comandos Pachacútec, seguimos a Tiwinza, siempre desplazándonos por la parte alta de la cordillera. En el día hacía mucho calor y en la noche nos pelábamos de frío. Las lluvias torrenciales caían en cualquier momento. Cuando estábamos entre Tiwinza y Banderas empezamos el descenso. El camino era difícil, accidentado, fangoso." 

 
Soldados del glorioso Ejército Peruano avanzan al encuentro del invasor sorteando minas enemigas. Portan fusiles FAL, granadas de mano, en primer plano soldado equipado con un lanzacohetes de manufactura rusa "RPG-7V". Se utilizaron en la toma de Tiwinza una sección de 12 "RPG-7V" que dispararon un total de 280 cohetes, causando terribles estragos. 


"Cuando estábamos próximos a Tiwinza escuchamos el fragor del combate: eran tropas de los batallones 314, 16 y la compañía Especial que atacaban La Montañita. A eso de las 10 de la mañana del miércoles 22 de febrero, descubrimos la ubicación de su posición de morteros y su puesto de comando. Ellos estaban disparando sobre nuestras tropas que atacaban La Montañita". 
"De inmediato reuní a los jefes de patrulla y dicté las órdenes de ataque. Las patrullas Mimbela, Chávez y Cabrera se desplegarían hacia el norte. Las patrullas de los tenientes Camino y Molina serían las patrullas de asalto que atacarían inmediatamente. Las patrullas del teniente Calle y el capitán Bendezú quedarían en seguridad." 
"A las 10 y 30 de la mañana iniciamos el ataque. Tomamos al enemigo por sorpresa y empleamos todo el poder de fuegos que teníamos. Los obligamos a huir dejando a una docena de muertos. Abandonaron también sus morteros de 81 mm. y 60 mm., radios modernos Racal, teléfonos de campaña, más de 700 granadas de mortero, cajones de granadas y munición de fusil." 
"Tomada la posición, desmontamos las piezas de morteros para llevárnoslos, así como el armamento menor, y ocultar el resto del material, pues ellos contratacaron inmediatamente, tratando de recuperar la posición perdida. En ese intento, la patrulla del teniente Molina los repelió, causándoles 5 muertos. En su cobarde huída sembraron más minas." "Cuando nos reorganizamos, recibimos de Banderas un nutrido fuego de artillería y morteros y optamos por orientarnos a una posición de seguridad y dominante sobre Tiwinza." "En esta acción, como en otros enfrentamientos que hemos tenido con las fuerzas especiales del enemigo siempre hicieron `aguas', como su jefe, el coronel Aguas." "Más al norte, las patrullas Miguel y Chávez le causaron 15 bajas al enemigo. El teniente Huertas y su patrulla, que había quedado en una trocha, emboscó al enemigo provocándole 8 bajas y capturando un prisionero." "En estas acciones destacaron el teniente Rentería y el sub oficial Cañahuaray, así como los Foes de la Marina." 
Otros oficiales complementan el relato del comandante Luis Alatrista. El mayor Pareja relata que "los monos...(sic) (los ecuatorianos) creían que nuestros RPG (lanzagranadas de origen ruso) eran lanzallamas por los fogonazos que despiden a la hora que salen las granadas y por la temperatura que produce al estallar, son más de tres mil grados de calor que queman en un radio de 10 a 15 metros." 

 

Comunicado Oficial de las FFAA ecuatorianas recogido por el corresponsal del diario español "El Periódico", en su edición del viernes 24 de febrero de 1995: "...La ofensiva peruana en la frontera entre Ecuador y Perú...incluye gases tóxicos y lanzallamas, es un ataque verdaderamente atroz y extraordinariamente masivo..." 


Fuente: revista "CARETAS" (editada en Lima). Por: Fernando Rospigliosi y J. Torres. Warbook (c) 2001

jueves, 29 de diciembre de 2016

Guerra del Pacífico: La resistencia peruana a la ocupación de Lima

El Paredón de la Resistencia,
Una Cruz para no olvidar
 
Por Rómulo Rubatto Suárez 

Cuando por culposo olvido o aparente ignorancia se pretende sepultar los testimonios de nuestra historia, quienes lo intentan cometen un delito de lesa Patria. Por que atentar contra la tradición y la identidad nacional es únicamente eso, delinquir contra la Patria misma. 

Nosotros, los que por suerte vivimos con el pasado presente en la memoria, nos rebelamos cuando esto sucede, por que aun sentimos en los oídos el estruendo de los cañones de la COVADONGA bombardeando ciudades inermes... 

-el traqueteo de la fusilería de esa misma nave masacrando a los náufragos de la INDEPENDENCIA... 
el silencio impotente del soldado herido, rematado por los autores del inhumano "Repase" en Tacna y Arica... 
-el quejido angustioso de mujeres violadas mientras crepitaban sus casas incendiadas en Chorrillos... 
-el rechazo de los defensores de Lima al contubernio ruin, del alcalde y sus "hermanos" con el invasor, para entregar Lima, concertado en la tenida de Lurín.. 


-la injuria de los cincuenta años de cautiverio de Tacna que se inicia después del primer "repase"... 
-o el significado de una Cruz de madera que cruje aún ante el ruido de las descargas de los fusiles invasores ejecutando patriotas en la Plazuela de "La Salud", cerca, a tan sólo quinientos metros de la Universidad de San Marcos, convertida por Pedro Lagos en Cuartel de su División, según se acota en un epígrafe a la "Narración Histórica de la Guerra de Chile contra el Perú y Bolivia" de Mariano Felipe Paz Soldán Tercer Tomo página 103, Editorial Milla Batres 1979. 


La Plazuela de la Salud era y es, un triángulo rectángulo de tierra descuidada, situado en la novena cuadra de la avenida Wilson, intersección de las calles "Callejón Largo de la Recoleta" con "La Salud", que desembocan en la "La Colmena", arterias que hoy responden, en el catastro ciudadano, a nombres que me resisto a mencionar con respeto. 

El arrinconado y venido a menos parquesito a que nos referimos no se resigna a desaparecer, se debate en una injusta agonía, sirviendo al lumpem urbano como letrina de ebrios madrugadores, mercado de drogas al menudeo, cuartel de pirañas y prostíbulo vespertino, sin que las autoridades municipales hagan algo por impedirlo. Seguramente nuestras autoridades ediles ignoran o quieren ignorar lo que la tradición oral había hecho conocer a los vecinos de Lima. 

Contaban nuestros mayores que donde se levanta el edificio de la "Fenix Peruana" frente a la Plazuela de "La Salud", hoy "Plaza Elguera", existía una enorme pared medianera con las casas de la calle "Mono pinta", última cuadra del jirón "Cailloma", pared que fue convertida en cadalso regular por Patricio Lynch Zaldívar, desde los primeros días de la ocupación. 

Coherente con esta información, otro epígrafe a la obra de Mariano Felipe Paz Soldán antes citada, dice en la página 108 del mismo Tomo: "...Lynch impuso un Tribunal Militar de Justicia, que llegó al escarnio de condenar a muerte a inocentes peruanos que defendían su honra o por que reclamaban por los robos chilenos de sus pertenencias..." , el mismo autor califica a los miembros de estos Tribunales como " ...un conjunto de tigres, disfrazados de jueces...". 

Durante años escuchamos diferentes versiones de estos hechos, coincidentes todas de una u otra forma: don Carlos Suárez Rodríguez contaba estos episodios tal como los hemos descrito añadiendo que, durante muchos años acompañó a su padre el General Belisario Suárez Vargas a rendir homenaje a los peruanos asesinados en ese lugar, signado por una pequeña Cruz de madera, colocada allí por las viudas de esos mártires. Nosotros acompañamos alguna vez a don Carlos en esta Romería. 



La señorita limeña, Margarita Callirgos Merino de 84 años de edad a la fecha, recuerda haber escuchado decir a su padre, Sergio Elicer Callirgos Rendón, pequeño vecino de Lima en los años de la ocupación, que cuando niño vio, en una plazuela a las afueras de Lima, sin duda la de La Salud, una multitud expectante; se acercó al grupo y aprovechando su corta estatura, se deslizó entre las piernas del gentío hasta llegar a la primera fila, desde allí observó como un hombre, parado frente a un pelotón de soldados, gritaba "...muero por mi Patria y por no delatar a un amigo...", cayendo después herido de muerte. 

En la recopilación de "Curiosidades Limeñas" publicado en 1974, don Ernesto Ascher F. rescata el caso que nos ocupa y es, hasta donde tenemos conocimiento, el primero en hacerlo público; don Ernesto, acucioso investigador, muestra la fotografía que reproducimos y sitúa la Plaza de La Salud a las afueras de Lima, basado de seguro en los escritos de don José Gálvez editados en 1945 bajo el título de "Calles de Lima y meses de año" , afirma además que en ese lugar existía una "casa de citas" convertida en centro de operaciones de los peruanos que se resistían a la ocupación enemiga. 
 

Desgraciadamente todas estas informaciones adolecían de fuente documental, vale decir que este capítulo de nuestra historia estaba, hasta hoy, en la categoría de "tradición oral". Por lo tanto, para los historiadores académicos, el episodio no pasaba de ser una anécdota poco probable. Lo cierto es que, pese a ello, la pequeña Cruz de madera que hasta hoy existe, fue colocada en el paredón de fusilamiento poco después de 1884, que los limeños rendían en ese lugar homenaje a sus mártires y por último, que cuando el progreso arquitectónico de "esta Lima que se va", ordenó derrumbar el inopinado patíbulo y construir en esa área un moderno edificio, los constructores respetaron la burda y conmovedora Cruz, símbolo de la Resistencia de nuestro pueblo, anatema a la crueldad del invasor, que permanece en su lugar, no con igual entorno pero incólume, enorme en su pequeñez, haciendo las veces de emblema de un Santo Oficio Patriótico que no olvida, que no puede ni debe olvidar. 

Buscamos incansablemente la comprobación de estos testimonios producto de la tradición oral y un texto apropiado para retratar con exactitud aquellos sucesos, difícil tarea, Patricio Lynch Zaldívar, ejecutor de estas acciones, nos dio la solución para ambos problemas; el cobrador de los "cupos de guerra" en el Norte del Perú, el director de los saqueos e incendio de los pueblos y haciendas ribereñas de la costa peruana, dice así en sus "Primeras Memorias", publicadas en Lima en 1882, Tomo I página 251: 


"... En la mañana del veinte de Julio fueron asaltados en la plazuela de la "Salud" dos soldados del Regimiento de Artillería, resultando uno de ellos muerto i el otro herido. Puesto el hecho en conocimiento de varios chilenos que se encontraban próximos al lugar indicado, fueron aprehendidos muchos vecinos y transeúntes que podían dar noticias del crimen. Después de tomadas las declaraciones, resultaron complicados cinco individuos, de los cuales los de mayor grado de culpabilidad no pudieron ser habidos. De los tres restantes se sorteó uno i fué pasado por las armas el día veinticinco en la misma plazuela de la <>... " (sic.) 

Probado está que allí se fusiló a un patriota. Probado está que se le condenó en base a testimonios obviamente parciales. Es evidente que las características del lugar y su cercanía al Cuartel de las tropas de ocupación, hacían de él un ámbito apropiado para cadalso, Todo esto queda claramente establecido por el mismo Lynch que en sus "Memorias", reclama la autoría del hecho y lo hace de oficial y público conocimiento. 

Pero no es del caso filosofar sobre la validez de las fuentes de la historia; reclamamos el homenaje del recuerdo, para aquellos escogidos a los que la Patria les otorgó la gracia de morir por Ella. rrs. 

 

Nota WAR BOOK:

Actualmente, la Cruz fue retirada cuando se instaló en ese edificio Aero Continente, que esperemos tome cartas en el asunto ahora que tanto apela al Nacionalismo.
 

Warbook (c) 18/03/2003

viernes, 9 de diciembre de 2016

Guerra del Pacífico: La química diluyó el rol del guano


La Química derrotó a los vencedores de la Guerra del Guano y el Salitre
Javier Sanz - Historias de la Historia


Mediados-finales del siglo XIX. La población europea se enfrentaba, acaso por primera vez, a los presagios de la teoría de Malthus que venía a decir que la producción de alimentos no aumentaría en la misma proporción que la población, lo que quería decir que, de hecho, habría a corto plazo graves problemas de abastecimiento de productos básicos. Los campos del Viejo Mundo estaban agotados después de décadas de sobreexplotación y erosión. Fueron los británicos, a partir de la década de 1840, los que descubrieron las magníficas propiedades fertilizantes del Guano y en esa época comenzó la explotación a gran escala de tan preciado abono desde Perú:

los alcatraces y las gaviotas, alimentados por los fabulosos cardúmenes de las corrientes que lamen las riberas, habían ido acumulando en las islas y los islotes, desde tiempos inmemoriales, grandes montañas de excrementos ricos en nitrógeno, amoníaco, fosfatos y sales alcalinas.

Chincha (Perú) – Las islas del guano

Una década después, la química agrícola vino a descubrir que eran aún mayores las bondades del Salitre y su uso en Europa como abono se popularizó, proveniente, en forma de nitrato de soda, de las salitreras peruanas y bolivianas: Tarapacá y Antofagasta, respectivamente:

Gracias al salitre y al guano, que yacían en las costas del Pacífico casi al alcance de los barcos que venían a buscarlos, el fantasma del hambre se alejó de Europa.
Hasta entonces, la oligarquía limeña había prosperado gracias a la Plata de Potosí (les suena al expresión “esto vale un potosí”); a partir este momento pasaron a florecer gracias a los excrementos de pájaro y al “grumo blanco y brillante de las salitreras”. Y allí estuvieron los británicos, en sustitución de los españoles, para hacerse con el negocio: los créditos que el estado pedía -como consecuencia del derroche despilfarrador en el que se había instalado-, hipotecando su porvenir, estaban en manos inglesas. En 1868 el tema se agravó definitivamente cuando los gastos y deudas del estado superaron con creces los ingresos que generaban las exportaciones (¿a que también le suena esta situación?). Para terminar de liarla, los depósitos de guano se utilizaron como garantía de pago, lo que de hecho generó la pérdida de soberanía sobre los recursos naturales. Mientras, los obreros padecían unas condiciones laborales y vitales rayanas en la esclavitud.

Según cuenta Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina, publicado en 1971 y reeditado posteriormente en numerosas ocasiones, “la explotación del salitre rápidamente se extendió a la provincia boliviana de Antofagasta, aunque el negocio no era boliviano, sino peruano y, sobre todo, chileno”. El gobierno de Bolivia pretendió aplicar un impuesto a las explotadoras y exportadoras de salitre ubicadas en su territorio y fue entonces cuando el ejércido chileno invadió la provincia y ya nunca se marchó de allí. Quizá sepan que Bolivia es en único país de América (junto al ninguneado Paraguay) que no tiene salida al mar. Antes de 1879, fecha de comienzo de la Guerra del Guano y del Salitre, también llamada Guerra del Pacífico, esto no era así. En aquel conflicto Chile se anexionó una serie de territorios costeros y desde entonces Bolivia viene periódicamente reclamando lo que fue suyo o, al menos, un corredor que le dé salida natural al mar. Como supondrán, Chile y Perú no quieren ni oir hablar del tema.


Guerra del Guano y el Salitre

Perú y Bolivia sufrieron a partir de entonces una sangría cuyas consecuencias todavía padecen, en parte por la pérdida de sus principales recursos naturales. Pero ¿qué pasó con los vencedores de aquel conflicto, los chilenos?

Al comenzar el conflicto los ingresos de Chile dependían en un 5% del salitre y el yodo. Una década después la cifra ascendía a más de la mitad, matoritariamente provenientes de la explotación de los recursos que obtenían de los territorios recién conquistados. Y, como quizá hayan sospechado, las inversiones inglesas en la región se triplicaron hasta convertir la región del salitre en “una factoría británica”. Mientras chilenos, bolivianos y peruanos peleaban entre ellos, los británicos se apoderaban de esa próspera industria sin haber desembolsado ni un penique, pues la financiación la proporcionaron gustosamente los propios bancos chilenos.



En 1890 Chile ya destinaba las tres cuartas partes de sus exportaciones a Inglaterra y recibía de ella la mitad de sus importaciones, mayor dependencia comercial incluso que con la India colonial. Con esa aparente bonanza, el presidente Balmaceda afrontó un ambicioso plan de progreso para el país: desarrollo industrial, obras públicas, educación… y, consciente de su dependencia de Inglaterra, cerró el grifo a la expansión territorial británica en el país. En 1891 estalló la guerra civil (sí, amigos; Chile también tuvo su guerra civil) y ya imaginarán a qué bando apoyaron los británicos y quién resultó derrotado. Como informó el embajador británico a la urbe:

No es ningún secreto que para la comunidad británica es una satisfacción la caída de Balmaceda, cuyo triunfo habría implicado serios perjuicios a los intereses comerciales británicos.
Así que las empresas británicas afianzaron y ampliaron sus dominios, mientras los planes reformadores del gobierno derrocado se vinieron abajo. Y la prosperidad de las explotaciones salitreras no sirvió para el desarrollo local, sino para acrecentar las desigualdades y las deformaciones estructurales de su economía.

Y aquí es cuando entran en escena los químicos Fritz Haber y Carl Bosch, prusiano y alemán, respectivamente. Ellos fueron los responsables del desarrollo, patente y comercialización del proceso Haber-Bosch, que, básicamente, consiste en obtener nitrógeno del aire y producir amoníaco a nivel industrial que, al oxidarse, forma nitritos y nitratos, esenciales en la producción de fertilizantes. Este proceso no tiene competencia actualmente en este ámbito. Ambos recibieron el Premio Nobel de Química, Haber en 1918 y Bosch en 1931. La consecuencia evidente fue el derrumbe progresivo pero inexorable de la econonía chilena en las décadas siguientes, excesivamente dependiente del comercio del salitre, que dejó de ser materia prima fundamental a nivel mundial en la producción de abonos y fertilizantes.

Así es como la química acabó por derrotar a los vencedores de esa otra Guerra del Pacífico.