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viernes, 21 de abril de 2017

PGM: Tractor militar "Little Caterpillar"

Fue llamado la pequeña oruga, y tenía orugas de madera parcialmente - es el tractor de Hornsby de la PGM




En 1904, David Roberts, director gerente de la firma Richard Hornsby & Sons de Grantham, patentó una nueva forma de oruga que se aplicó a varios vehículos prototipo. Uno de éstos fue probado por la oficina de guerra en 1907 y en 1909 esta máquina fue ordenada de Hornsbys para el uso militar.

Se dice que el término Caterpillar fue acuñado por soldados que lo vieron avanzar aunque el nombre fue adoptado posteriormente por una compañía estadounidense y ahora es mundialmente famoso.

Las orugas que diseñó Roberts son extrañas. Para empezar tienen bloques de madera, donde hoy en día se utilizan almohadillas de goma, para evitar dañar el suelo, sino que también "bloqueo" en un determinado punto para crear un camino suave para las ruedas, mientras que las pistas modernas flexibles en ambos sentidos para dar cabida al suelo. Esto da al vehículo un extraño movimiento de balanceo cuando se mueve. Dado que el Ministerio del Interior estaba muy preocupado por el riesgo de la gasolina y las municiones, todos los vehículos militares construidos hasta 1911 tenían que funcionar con parafina (queroseno). Esto explica el pequeño tanque de gasolina detrás de la chimenea de escape, para arrancar, y los grandes tambores de parafina en la parte posterior para correr.

La dirección es por diferencial frenado, operado por un volante delante del conductor. También hay un tambor de guinche en el eje del piñón de accionamiento del lado cercano y con el fin de desplegarlo, los piñones no girados también están situados en la parte delantera del vehículo y éstos pueden bloquearse para evitar que el vehículo se mueva durante el cabrestante.

A pesar de que todavía era utilizado por el ejército en 1914 la pequeña oruga jugó virtualmente ninguna parte en la evolución del tanque. Habiendo sido utilizado antes de la guerra como un tractor de artillería fue finalmente preservado y todavía está en orden de marcha.

Este tractor fue uno de los cuatro entregados a la Oficina de Guerra el 5 de mayo de 1910. Tenía un motor de seis cilindros de 60 caballos de fuerza, los otros tres, que eran vehículos con ruedas, tenía motores de cuatro cilindros de 50 caballos de fuerza. Fue conducido por el camino de Grantham a Aldershot en 1910 y entonces tomó parte en ensayos extensos. Fue convertida en gasolina en 1911, elevando la potencia a 105.

viernes, 7 de abril de 2017

PGM: Flora Sandes, la infante anglo-serbia

La impresionante inglesa Flora Sandes luchó en la infantería serbia en la Primera Guerra Mundial

 Shahan Russell - WHO


Flora Sandes en uniforme, alrededor de 1918.


Flora Sandes nació el 22 de enero de 1876, en Nether Poppleton, Yorkshire, Inglaterra a un pastor. Afortunadamente, era un hombre liberal, ya que Flora a menudo se quejaba de haber nacido como mujer. Cuando tenía nueve años, la familia se trasladó a Suffolk. Era una rareza entre sus compañeros; No interesado en muñecas y costura. Ella prefería montar a caballo y disparar - actividades posibles gracias a un tío rico.

Inspirada en "La Carga de la Brigada Ligera" de Lord Tennyson, su fantasía favorita era ser un soldado a caballo atacando a las tropas rusas en Crimea. No podía haber sabido lo profético que era.

La generosidad de su tío le permitió entrenarse como secretaria cuando tenía 18 años y también le permitió aprender a cercar. Ella trabajó más adelante en Egipto, Canadá, y los EEUU donde ella tiró a un hombre. Fue en defensa propia y el hombre sobrevivió. En el futuro, sin embargo, otros no tendrían tanta suerte.

Sandes eventualmente regresó a Londres, donde compró un coche de carreras y se unió a un club de tiro. En 1907, el Primeros Auxilios Yeomanry de Enfermería se creó - un independiente de toda la mujer de formación de caridad mujeres en enfermería. Sandes, de treinta y un años, se inscribió, pero no estuvo satisfecha por mucho tiempo, ya que vio poca acción.

Tres años más tarde dejó a la Yeomanry de Enfermería de Primeros Auxilios para unirse a una versión americana llamada el "Sick & Wounded Convoy" de Mujeres. Vieron la acción durante la Primera Guerra de los Balcanes en 1912, haciendo lo que podían en Serbia y Bulgaria. En 1914, Sandes regresó a Gran Bretaña donde se ofreció para convertirse en enfermera, pero fue rechazada.

Sandes era ahora, prácticamente un marginado social. Treinta y ocho, soltera, y viviendo con su padre viudo. Se mantuvo el pelo corto, era demasiado aficionado a los cigarrillos y el alcohol, no sabía nada de limpieza, y no le importaba. "Unladylike" era el término usado entonces.



Ataque de la infantería búlgara durante la ofensiva de Monastir

Entonces la Primera Guerra Mundial estalló en julio de 1914. Se unió a la unidad de Ambulancia de San Juan - un equipo de 36 mujeres creadas por una enfermera estadounidense. En agosto, se encontraban en la ciudad de Kragujevac, Serbia, que apenas se aferraba a la ofensiva austro-húngara.

Al principio, incapaz de hablar con sus pacientes, logró usar el lenguaje de señas. A finales de 1915 había aprendido lo suficientemente serbio como para calificarla para la Cruz Roja Serbia. Asignada al 2do regimiento de infantería (también llamado el "regimiento de hierro" debido a su valor legendario) del ejército serbio, ella fue puesta a la derecha en la línea de frente.

El 7 de octubre, los austro-húngaros y sus aliados alemanes cruzaron los ríos Drina y Sava hacia la ciudad de Belgrado, que cayó dos días después. Los búlgaros atacaron el 14 de octubre, derrotando al segundo ejército serbio en la batalla de Moravia. Estos últimos se vieron obligados a retirarse al Adriático a través de Montenegro y Albania.

Decenas de miles de civiles serbios huyeron con sus fuerzas a pesar de la falta de alimentos, suministros y caminos apenas transitables. Era el peor clima posible. Lo que el frío, el hambre, la enfermedad y las fuerzas enemigas no lograron, las bandas tribales albanas lo hicieron. Muchos no lo lograron.

En el caos que siguió, Sandes se separó de su grupo. Su brazalete de la Cruz Roja la protegía, pero todos los demás eran justos. Furiosa, lo arrancó y exigió unirse al 2do Regimiento como soldado para que le dieran un arma y comida.


Sandes en un sello 2015 de Serbia

Las mujeres habían luchado durante mucho tiempo en el ejército serbio, pero por lo general eran serbios. Sandes fue la primera mujer británica en hacerlo. Ella no era un violeta encogido, finalmente viviendo sus fantasías - aunque no contra los rusos. Ella luchó con tanto gusto; La promovieron al rango de sargento dentro de un año.

En septiembre de 1916, las fuerzas francesas y serbias lanzaron la ofensiva de Monastir contra los búlgaros. Sandes estaba en un grupo que luchaba su camino a la ciudad de Monastir el 16 de noviembre. Una granada le hizo volar hacia atrás golpeando el lado derecho de su cuerpo con 28 heridas de metralla y rompiendo su brazo.

Ella pasó dos meses en un hospital y recibió la Orden de la Estrella de Karađorđe - el premio más alto de Serbia. Fue nombrada Sargento Mayor y luego enviada a Inglaterra para recibir tratamiento adicional.


Mientras convaleciente, Sandes escribió su autobiografía, una mujer-sargento inglesa en el ejército serbio. El dinero ganado de él fue a los soldados serbios. Regresó a Serbia en mayo de 1917. Ya no podía luchar, dirigía un hospital y continuaba recaudando fondos para las tropas serbias.

La Primera Guerra Mundial terminó para Serbia el 3 de noviembre de 1918. Sandes permaneció como oficial comisionado con su propio pelotón. En octubre de 1922, el nuevo Reino de los serbios, croatas y eslovenos (precursor de Yugoslavia) redujo significativamente su ejército. Sandes estaba fuera de su trabajo, aunque obtuvo una pensión.

En 1927 se casó con un coronel ruso que había escapado de la revolución bolchevique para luchar por los serbios. Vivían en Gran Bretaña y Francia, antes de regresar a Belgrado, donde Sandes se ganaba la vida manejando el primer taxi de esa ciudad. También escribió su segundo libro, enseñó inglés y dio conferencias sobre sus experiencias en todo el mundo.

Estaban en Belgrado cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, por lo que se le instó a irse a Gran Bretaña. Ella se negó, por supuesto. El ejército yugoslavo pidió a Sandes ya su marido, de 65 años de edad, que regresaran al servicio militar, y se conformaron. Sin embargo, Alemania invadió en abril de 1941.

La Gestapo la arrojó a la cárcel como un enemigo extranjero antes de liberarla en libertad condicional con una condición: que ella se reportara a ellos semanalmente. Poco después, su marido murió de insuficiencia cardíaca, dejándola sola en Belgrado hasta el final de la guerra.


Sandes entonces se trasladó a Zimbabwe para vivir con su sobrino. Sin embargo, en pocos meses, las autoridades le pidieron que se fuera. ¿Su crimen? Fraternizar con los nativos.

Sandes volvió a Suffolk. En 1956 renovó su pasaporte en otra aventura. Tristemente, ella falleció antes de que pudiera usarla - pero qué vida vivió.

sábado, 1 de abril de 2017

PGM: 1918 en el Frente Occidental

EL año 1918 en el frente Occidental
El ataque final alemán, la reacción aliada y el hundimiento alemán.
El Armisticio y el fin de las hostilidades


La última Gran Ofensiva Alemana fue lanzada el 21 de Marzo de 1918, con la Operación “Michel” (marcada 1). Se inició con un bombardeo sin precedentes de 6.000 cañones que lanzaron un ataque de gas letal en profundidad en las líneas aliadas. En un punto los alemanes avanzaron 22 kilómetros en un día, más de lo que habían avanzado en cualquier época anterior durante la lucha en el frente occidental. Durante las primeras seis semanas de combate, los aliados perdieron 350.000 bajas, pero más tropas fueron encaminadas rápidamente al frente a través del Canal, y las unidades americanas empezaban a llegar por primera vez. Este ataque fue rápidamente continuado por una segunda ofensiva (marcada 2) en Ypres, pero fue detenida luego de una breve amenaza contra los puertos del Canal. Otro golpe alemán a las líneas aliadas cayó con las dos operaciones “Blucher” y “York”, que combinadas, se dirigieron al sur hacia París, ocupando Soissons y casi aislando Reims (marcada 3). La punta de lanza del avance llegó tan lejos como Chateau-Thierry, a sólo 89 kilómetros de París. Esta operación, sin embargo, adoleció de las mismas deficiencias que las que le precedieron. Ludendorf no había planificado que esta ofensiva tendría éxito. Había sido pensada como un movimiento diversivo para atraer a las tropas francesas lejos de la principal ofensiva en el norte. Por lo tanto sus sorprendentes resultados no fueron explotados por no disponerse de las reservas adecuadas. Aún así la situación de los aliados era muy precaria, quienes llegaron a ordenar una política de defensa a ultranza “espaldas contra la pared”.
Las tropas alemanas sin embargo, estaban experimentando un rápido agotamiento por el prolongado esfuerzo, así como se daban a momentos de saqueo. El bloqueo económico a Alemania había cortado los suministros vitales, y en la retaguardia mucha gente estaba literalmente muriendo de hambre. Muchas tropas alemanas estaban crónicamente famélicas, y cuando encontraban los suministros aliados, se perdía mucho tiempo mientras estas desesperadas tropas daban cuenta de las vituallas capturadas. Por lo tanto, la última ofensiva alemana, un intento de pinza alrededor de Reims (marcada 4), fue finalmente detenida con fuego de artillería concentrado y ataques aéreos. A finales de Junio de 1918, el potencial humano y material alemán en el frente occidental había caído y era inferior al de los aliados, y es asalto final de éstos no tardaría en llegar.

Los primeros ataques fueron efectuados, sorprendentemente, por los franceses en Julio de 1918 al oeste de Reims (marcado 5). Estos fueron seguidos por una ofensiva británica en la Bolsa de Amiens (marcado 6) y de una ofensiva general hacia la Línea Hindemburg. Los americanos, bajo el comando del General John Pershing atacaron la saliente de St. Michiel al sur de Verdún (marcado 7) y luego atacaron a través del Argonne al oeste de Verdún como parte del avance general (marcado 8). Los alemanes estaban ahora retrocediendo sin pausa, y aunque los aliados continuaron sufriendo tremendas pérdidas (los americanos tuvieron 100.000 bajas solamente peleando en la región de Argonne), estaban ahora alentados por la continuada retirada alemana. La posición final de la línea amarilla muestra el frente aproximado al firmarse el Armisticio el 11 de Noviembre de 1918. Los únicos alemanes que continuaron peleando luego de este armisticio fueron las tropas del Mariscal de Campo Paul von Lettow-Worbeck en el Este de Africa, quien había iniciado su minúscula invasión a Rhodesia. Se rindió el 23 de Noviembre, luego de conocer la rendición general.

En vez de proporcionar una lista de pérdidas, que son difíciles de cuantificar, pensamos que es más ilustrativo mencionar el porcentaje de la población afectada de los países directamente involucrados. Durante el curso de la Primera Guerra Mundial, 11% de la población total de Francia fue muerta o herida! 8% de la población de Gran Bretaña fue muerta o herida y 9% de la de Alemania sufrió lo mismo. Los Estados Unidos, que no entraron a la guerra terrestre hasta 1918, tuvieron un 0,37 % de su población muerta o herida.

Animación del frente occidental mostrando las operaciones de 1918

miércoles, 1 de febrero de 2017

Comunicaciones: Mensajes ocultos en tiempos de guerra (1/2)



5 mensajes de guerra ocultos que no se encontraron hasta mucho, mucho más tarde

Sarah Cooper - War History Online


Los mensajes de las líneas de frente de la guerra o de los soldados que estaban luchando eran, y siguen siendo, enviados a casa de manera regular. Algunos de estos vienen con mensajes ocultos codificados sobre las actividades enemigas y algunos son sólo mensajes de amor y apoyo de un marido a una esposa. Sin embargo, no todas estas notas de amor y mensajes de espionaje hicieron su camino hacia el destinatario legítimo, algunos fueron descubiertos y decodificados décadas más tarde. Este artículo echa un vistazo a algunos mensajes que no fueron descubiertos hasta después de la guerra.

1. Una nota tejida en un kilt en Glasgow, Escocia, para un soldado en las líneas de frente en la Primera Guerra Mundial.


El batallón escocés de Liverpool que aguarda la inspección del kit con sus kilts puestos en 1914. Wikimedia Commons / Public Domain.

Durante la Primera Guerra Mundial una mujer escocesa llamada Helen dejó una nota en un kilt fabricado por un kiltmaker en Glasgow para el London Scottish Regiment. Por desgracia, el kilt nunca llegó a las líneas del frente, lo que significa que el mensaje no se recibió.

El texto decía: "Espero que tu falda te quede bien, y en ella parecerás hinchada. Si está casado, no importa. Si solo suelta una línea. Te deseo bolsas de suerte, y un rápido regreso a Blighty.

Sólo fue descubierto por un historiador económico de la Universidad de Southampton después de que ella eliminó los puntos de embalaje de un kilt que se había transmitido de generación en generación en su familia.

2. Un mensaje de un soldado de la Primera Guerra Mundial a su esposa.

El inglés Steve Gowan, mientras pescaba en la costa inglesa en 1999, descubrió un mensaje en una botella que fue escrito por el soldado Thomas Hughes para su esposa en 1914. La carta incluso tenía una carta de cubierta para quien la encontró que decía: La señora, la juventud o la criada, usted amablemente envía la letra incluida y gana la bendición de un soldado británico pobre en su manera al frente este nueve día de septiembre de 1914. Firmó el soldado privado T. Hughes, segundo Infantería ligera de Durham. Tercera Fuerza Expedicionaria del Ejército Corp. "

El soldado Hughes había arrojado la botella de cerveza de jengibre verde al Canal de la Mancha en su camino para luchar en el frente en Francia.

En el interior había una carta para su esposa, que decía: "Querida Esposa, estoy escribiendo esta nota en este barco y cayéndola en el mar sólo para ver si te llegará. Si lo hace, firme este sobre en la esquina inferior derecha donde dice recibo. Ponga la fecha y hora de recepción y su nombre donde dice firma y cuidar bien. Ta ta dulce, por el momento. Tu esposo.

Sólo dos días más tarde, el soldado Hughes murió en acción.


El Sr. Gowan fue capaz de localizar a su familia, que se había mudado a Nueva Zelanda y entregó la carta a la hija de Hughe, Emily Crowhurst, 85 años después de que su padre la había escrito.

3. Un mensaje de Guerra Civil en una botella sólo decodificada después de casi 150 años.


Shirleys House, también conocida como la Casa Blanca, durante el asedio de Vicksburg, 1863. Wikimedia Commons / Public Domain.

El mensaje en sí está fechado el 4 de julio de 1963 y dice: "No se puede esperar ayuda de este lado del río". Se cree que fue escrito por el General de División John G. Walker de la División de Texas al Teniente General John C Pemberton.

Pemberton fue rodeado y mantenido en Vicksburg, Missispi, durante la guerra civil por las fuerzas de la Unión. El mensaje estaba fechado con la misma fecha que la rendición de Pemberton, aunque claramente nunca llegó a él. Se celebró en el Museo de la Confederación desde que el museo fue fundado en 1896, pero nunca se abrió y decodificó como creían que era sólo una dispersión aleatoria de cartas. El mensaje también tenía una bala con él, se cree que se han utilizado para pesarla abajo si el mensajero fue cogido y tuvo que lanzarlo en un río.

domingo, 1 de enero de 2017

¿Estamos ante la previa a otra PGM?

El mundo de hoy parece siniestro como lo hizo antes de la Primera Guerra Mundial
Por Ana Swanson - The Washington Post



Una reacción negativa a la globalización parece estar ganando fuerza en todo el mundo. Los políticos estadounidenses, tanto de derecha como de izquierda, han pedido que se frenen los acuerdos de libre comercio que dicen beneficiar a los extranjeros oa la élite mundial. El presidente electo, Donald Trump, ha defendido los aranceles sobre las importaciones y los límites de la inmigración, y sugirió retirarse de las alianzas internacionales y los acuerdos comerciales. Mientras tanto, los gobiernos populistas y nacionalistas han ganado terreno en Europa y Asia, y los votantes en Gran Bretaña han optado por retirarse de la Unión Europea.

Para algunos, parece ominosamente como otro momento de la historia, el período que condujo a la Primera Guerra Mundial, que marcó el final de una expansión de varios decenios en los lazos globales que muchos llaman la primera era de la globalización.

En un informe reciente, Josh Feinman, el principal economista mundial de Deutsche Asset Management, dice que el mundo podría ver un sustancial retroceso a la globalización en las próximas décadas. Después de todo, escribe, ya lo hemos visto antes, en los años de caos y aislacionismo que abarcaban la Primera y Segunda Guerra Mundial y la Gran Depresión.

"La primera gran ola de globalización, en el medio siglo antes de la Primera Guerra Mundial, provocó una reacción popular también, y finalmente se vino abajo en los cataclismos de 1914 a 1945", dice Feinman.

Otros economistas han propuesto teorías similares en el pasado. Branko Milanovic, Dani Rodrik, Niall Ferguson, Fred Bergsten y otros han argumentado que la globalización es un proceso cíclico que se acelera y se reduce a lo largo de décadas, ya que la integración global, naturalmente, da lugar a una reacción negativa. Al igual que Feinman, muchos ven el período que conduce a la Primera Guerra Mundial como un ejemplo ilustrativo.

Desde mediados del siglo XIX hasta 1914, los avances como los buques de vapor, el telégrafo, el teléfono y los canales de Suez y Panamá redujeron drásticamente las distancias y aumentaron la comunicación y el mundo experimentó un período de rápida globalización.

Aproximadamente 60 millones de europeos dejaron países de bajos salarios en Europa para tierras ricas en recursos en Estados Unidos, Canadá, Argentina, Australia y otros países, dice Feinman. Los países también bajaron sus barreras a los bienes importados y abrazaron el comercio. Como muestra este gráfico del informe de Feinman, las exportaciones de mercancías aumentaron como proporción de la economía, evidencia de la globalización




Estos cambios difunden los beneficios de la Revolución Industrial en todo el mundo, dice Feinman. Pero en algunos lugares, especialmente en los países más ricos, también empeoraron la desigualdad. El comercio enriqueció a algunas personas, pero dejó a otros atrás, provocando disturbios y una reacción política.

Como escribe Feinman, los países introdujeron gradualmente más barreras comerciales y restricciones a la inmigración. Con el apoyo de los trabajadores estadounidenses, Estados Unidos aprobó en 1921 una ley que imponía cuotas estrictas a los inmigrantes, especialmente a aquellos que eran pobres o de fuera del norte de Europa. Con las guerras mundiales y la Gran Depresión, la globalización se derrumbó y los movimientos nacionalistas y el aislacionismo económico reinaron durante décadas.

En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el péndulo giró en la otra dirección. Estados Unidos lideró el mundo en la creación y expansión de organizaciones internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, precursor de la Organización Mundial del Comercio - instituciones que los creadores creían podrían ayudar a hacer imposible otra guerra mundial . Desde entonces, el mundo ha experimentado lo que muchos piensan como la segunda gran ola de globalización.

Hay muchas diferencias entre estas épocas de globalización y reducción, dice Feinman. Las Guerras Mundiales y la Gran Depresión no fueron sólo un rechazo a la globalización, y ese rechazo de la globalización fue tanto un resultado de esos eventos como de su causa, escribe.

Sin embargo, hay algunos paralelismos fuertes, dice Feinman. "La globalización moderna ha sido impulsada por algunas de las mismas fuerzas que impulsaron la época anterior a la Primera Guerra Mundial: las nuevas tecnologías, un sistema económico mundial abierto, libre y basado en reglas, sostenido por la potencia líder del día y un período de generalidad Paz entre los principales países ".

Hoy en día, el libre flujo de capital y comercio excede lo que era en la era anterior a la Primera Guerra Mundial. Y la proporción de estadounidenses nacidos en el extranjero y la proporción de riqueza de los estadounidenses más ricos -un indicador de desigualdad- han vuelto a los niveles anteriores a la Primera Guerra Mundial, después de sumergirse a mediados del siglo XX, como muestran los dos gráficos siguientes .





Al igual que antes de la Primera Guerra Mundial, la segunda gran ola de globalización condujo a un aumento de la inmigración y al aumento de la desigualdad en algunos países, lo que probablemente ayudó a desencadenar la reacción actual.

Feinman dice que la globalización está lejos de ser el único responsable del malestar económico que algunos en los Estados Unidos y en todo el mundo experimentan. Además de la globalización, la tecnología, los cambios sociales y las políticas gubernamentales han sido fundamentales para determinar quién se beneficia y quién pierde la integración económica mundial en las últimas décadas.

Pero la globalización también ha dañado a algunos trabajadores menos cualificados al exponerlos a la competencia. Además, la globalización puede ser un chivo expiatorio político más fácil, dice Feinman: Es más fácil para los políticos culpar a los países extranjeros por sus problemas que la tecnología, ya que la tecnología se ve a menudo en una luz positiva.

Económicamente, estamos viendo señales de que la globalización puede estar cambiando a una velocidad inferior.

En septiembre, la OMC proyectó que el crecimiento del comercio mundial caería al 1,7 por ciento en 2016, el ritmo más lento desde la crisis financiera de 2009. La proporción de la población de Estados Unidos que nace en el extranjero se ha desacelerado. Y el mundo está viendo más barreras comerciales y una desaceleración dramática en la elaboración de nuevos pactos comerciales.

En este punto, la amenaza a la globalización es sobre todo un riesgo más bien que una realidad, dice Feinman, y los "cabezas más fríos bien pueden prevalecer." La economía global sigue siendo notable integrada, y la nueva tecnología está atando a gente alrededor del mundo más de cerca que nunca antes de. Sin embargo, como demuestra la historia, este proceso puede ser revertido.

jueves, 24 de noviembre de 2016

PGM: 6 hechos menos conocidos de la batalla del Somme (1/3)

hechos menos conocidos sobre la infame batalla del Somme

 Sarah Cooper - War History Online
Parte 1


Obuses de 8 pulgadas de la British 39th Siege Battery, Royal Garrison Artillery Disparando en el valle de Fricourt-Mametz, agosto de 1916, durante la batalla del Somme.


1. La Batalla del Somme fue originalmente pensada para ser predominantemente una ofensiva francesa.


La Batalla del Somme se planeó por primera vez a finales de 1915, y fue originalmente pensado para ser un ataque conjunto con las tropas británicas y francesas para tratar de drenar las fuerzas alemanas de sus reservas, con cualquier territorio ganó una misión secundaria.

Sir Douglas Haig, el nuevo comandante en jefe británico, recibió autorización del Gobierno británico para emprender una ofensiva mayor en 1916, aunque hubiera preferido que el lugar fuera el área más abierta de Flandes.


Portadores del estiramiento durante la batalla de Thiepval Ridge.

Los planes cambiaron a principios de 1916 con el brutal ataque alemán en Verdún, donde el Jefe del Estado Mayor del Ejército alemán dijo que tenía la intención de "sangrar a Francia blanca", las tropas francesas estaban dirigidas a otra parte. Como resultado de Verdún, los franceses ordenaron que la fecha del ataque (en ese punto, fijada como el 1 de agosto de 1916) fuera adelantada al fatídico 1 de julio para tratar de desviar recursos alemanes de Verdún para defender el Somme, la idea era que Alemania no podía 'T manejar dos ofensivas mayores a la vez, por lo que el ataque cayó en manos británicas.

2. El primer día de la batalla del Somme tiene el récord de la mayoría de las personas muertas en un día durante la guerra.


El 1 de julio de 1916 tiene el récord de ser el día más sangriento de la guerra con un sorprendente 57.470 bajas británicas y casi 20.000 muertes.

En algunos lugares las trincheras sólo estaban separadas por unos pocos cientos de metros de tierra de nadie. Las fuerzas británicas, que incluían tropas de Gran Bretaña, Irlanda, Terranova en Canadá, Sudáfrica e India, pasaron siete días bombardeando las trincheras alemanas y luego enviaron a 100.000 hombres por encima para tomar las trincheras. Confiaban en que sería una batalla victoriosa.


Regimiento de hombres en sus canteras durante el Somme.

Pero las tropas alemanas habían reforzado y tenían ametralladoras; Las fuerzas aliadas fueron segadas en centenares, y no pudieron romper las defensas alemanas.

Durante los cinco meses que siguieron a la ofensiva de Somme, más de un millón de soldados de los ejércitos aliados y alemanes resultaron heridos o perdieron la vida.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Base naval: Buceando en la historia de Scapa Flow

Bucear en la historia
Bajo las aguas de la bahía de Scapa Flow (Escocia) yacen barcos de las dos guerras mundiales
Alli decidieron los alemanes hundir su propia flota antes de entregarla a los británicos

FERNANDO PAJARES - El País


La flota alemana -74 buques- fue conducida por los británicos a Scapa Flow en 1918, donde permaneció custodiada junto a sus 1.800 marineros.  GETTY IMAGES

¿Scapa Flow? Sí, ¡Scapa Flow! Porque lo que allí ocurrió es fascinante. Allí se produjeron el suicidio naval y el reflotamiento de barcos de guerra más espectaculares de la historia. Allí perdió la vida el legendario mariscal de campo Lord Kitchener. Allí, el audaz comandante de un submarino alemán que llegó a patrullar el Cantábrico durante la guerra civil española echó a pique el Royal Oak, antaño orgullo de la Armada británica. Tras el infierno de la guerra, el cementerio marino de Scapa Flow es hoy un paraíso para el buceo.


 Podemos hablar de ensenada o rada. Pero lo entenderemos mejor si decimos que Scapa Flow es una gran bahía (20 kilómetros de largo por 14 de ancho) situada en las Islas Orcadas (Orkney Islands), al norte de Escocia. Tan protegida está por sus islotes, sus escollos naturales y sus obstáculos artificiales que Scapa Flow se convirtió en el fondeadero de la flota británica de alta mar durante las dos guerras mundiales.

El 11 de noviembre de 1918, los alemanes habían perdido el conflicto bélico que empezó en julio de 1914. Los Aliados no sabían qué hacer con la novísima y casi intacta flota germana que el 31 de mayo de 1916 desafió la supremacía naval británica en la batalla de Jutlandia. Así que mientras las partes beligerantes estaban en pleno armisticio para negociar lo que sería el Tratado de Versalles (firmado el 28 de noviembre de 1919), la imponente Armada alemana, 74 barcos de guerra, fue desarmada y escoltada por los buques de guerra aliados hacia el fondeadero de Scapa Flow el 21 de noviembre de 1918.

Era la alemana una flota impecable, construida a marchas forzadas por orden del káiser Guillermo II para acabar con el tradicional poderío británico. De hecho, los alemanes ganaron la batalla de Jutlandia en 1916, aunque no con la autoridad y la contundencia suficientes como para volver a enfrentarse a los dueños de la mar (Rule, Britannia! Britannia rule the waves!). Pero el 21 de noviembre de 1918 la marina de guerra germana ya no era, sensu stricto, la Flota Imperial. El káiser había abdicado el día 9 de aquel mes para dar paso a la inestable República de Weimar.

Los aliados dejaron en Scapa Flow apenas 1.800 marineros alemanes al cuidado de sus 74 barcos. Para la tripulación alemana, aquello fue humillante. Antes y durante los siete meses que pasaron en Scapa Flow hubo conatos de amotinamiento por parte de aquellos uniformados a los que había seducido la revolución rusa de 1917; una revolución que llegó a extenderse por Alemania en octubre de 1918 con el levantamiento de la marinería en Kiel y la agitación de dirigentes izquierdistas como Rosa Luxemburgo y Karl ­Liebknecht.

"Un oficial inglés hubiera hecho lo mismo", dijo Reuter tras hundir su propia flota

Pero el comandante alemán al mando en Scapa, contraalmirante Ludwig von ­Reuter, solo pensaba en su responsabilidad como oficial al mando. Era un hombre de una pieza; un prusiano de esa vieja escuela que exigía de un militar conciencia del deber y sentido del honor.

Y todo por leer un periódico atrasado. Reuter paseaba por la cubierta de su buque insignia, el SMS Emden (SMS: Seiner Majestät Schiff, barco de su majestad), repitiéndose que, pasara lo que pasase en Versalles, él no iba a entregar sus barcos al enemigo. Los acontecimientos se precipitaron debido a dos sucesos insólitos.

El primero es que a Reuter le traducen un titular del diario londinense The Times, fechado el 16 de junio, según el cual los Aliados daban a los alemanes de ultimátum el 21 de junio para cerrar los acuerdos de paz. Lo que entonces no sabía el oficial alemán es que aquel ultimátum fue postergado dos días, hasta el 23, y que el Tratado de Versalles se firmó o, mejor dicho, fue impuesto a los alemanes el 28 de junio. Y no lo supo porque los británicos le suministraban la prensa con cuatro días de retraso. Así que el contraalmirante asumió que el 21 de junio se podían reanudar las hostilidades y que el enemigo se haría con sus 74 buques de guerra.

El segundo suceso, insólito (¿o no tanto?), es que aquel 21 de junio el oficial al mando de la flota británica, vicealmirante Sydney Fremantle, se había llevado todos sus barcos de maniobras con la idea de que a su marinería le diera un poco el aire. Apenas dejó atrás un par de destructores para que vigilaran a los alemanes.

Las dudas sobre la decisión de Fremantle tienen que ver con las interpretaciones de la historiografía naval moderna. Grosso modo: Francia e Italia querían parte de los barcos alemanes como botín de guerra. Pero a los británicos no les interesaba en absoluto reforzar la Armada de nadie. Además, en Londres, el almirantazgo contaba con que Reuter podría hundir su propia flota. Y cuando esto ocurrió, el Gobierno de Su Majestad se declaró públicamente indignado, pero privadamente debió de sentir cierto alivio. Porque ¿tiene sentido que, conocedor de las intenciones de Reuter y sabedor de que el ultimátum acabaría el 23 de junio, Fremantle se llevara de Scapa su flota aquel 21 de junio?

Y Berlín se mostró compungido por la pérdida, pero íntimamente orgulloso de aquella gesta heroica.

A las 10.30 del 21 de junio de 1919, Ludwig von Reuter, uniforme impecable y Gran Cruz de Hierro al cuello, dio la orden de hundir sus barcos. Recurrió al sistema morse, a los focos y a las banderas de señalización. Las tripulaciones abrían válvulas, escotillas y compuertas. Luego izaban la bandera alemana, cosa que tenían prohibida, y se subían en los botes salvavidas para alejarse del barco mientras se iba a pique.

“Más vale honra sin barcos que barcos sin honra”. Estamos hablando de 74 barcos de guerra: 10 acorazados, 6 cruceros pesados, 8 cruceros ligeros y 50 destructores. Los grandes acorazados desplazaban hasta 26.000 toneladas. El suicidio de tan impresionante flota fue un acto absolutamente extraordinario en la historia naval. Fremantle, avisado de lo que estaba ocurriendo, volvió a la rada y consiguió salvar 22 barcos, bien acercándolos a la costa, bien evitando su hundimiento, a veces a tiro limpio. Porque los británicos mataron a nueve alemanes por participar en los hechos. Fueron las últimas bajas de la guerra de 1914.

El 21 de junio de 1919, un total de 52 barcos de guerra quedaron en el fondo del mar a una profundidad de entre 30 y 45 metros. Von Reuter fue llamado a la nave capitana de Fremantle, el HMS Revenge (HMS: His/Her Majesty’s Ship). El almirante británico lo acusó de deslealtad, de traición y de faltar al código sacrosanto de la Marina. No sabemos cuán cínico fue aquel gesto. Pero sí sabemos (The Grand Scuttle. Dan van der Vat. Waterfront, 1986) lo que el alemán contestó al británico. “Estoy convencido de que cualquier oficial naval inglés, en la misma circunstancia, habría hecho lo mismo que yo”.

La gran flota alemana no fue derrotada ni por los cañonazos del enemigo ni por la pluma de los diplomáticos de Versalles, sino por la decisión de un marino con sentido del honor y devoción a su patria. Más de medio siglo antes, el almirante español Casto Méndez Núñez declaró en la guerra del Pacífico (1865) aquello de “más vale honra sin barcos que barcos sin honra”.

Tenía que ser un tipo así el que, siendo un acaudalado empresario que se dedicaba a vender chatarra, tuviera, un día, la idea de reflotar barcos de miles de toneladas

Ernest Cox, el hombre que todo lo reflotaba. Tenía que ser un inglés excéntrico, pero cabal; bien vestido, pero mal hablado; temido, pero respetado. Y cabezota, sobre todo cabezota. Se llamaba Ernest Cox (1883-1959). Tenía que ser un tipo así el que, siendo un acaudalado empresario que se dedicaba a vender chatarra, tuviera, un día, la idea de reflotar barcos de miles de toneladas cuando no había, a principios del siglo XX, tecnología alguna que permitiera concebir semejante operación.

Tres o cuatro años después de acabar la Primera Guerra Mundial, hacía falta mucho metal para mover la industria. Y Cox pensó en la cantidad de acero, hierro, bronce, plomo o cobre que había en aquellos barcos alemanes hundidos en Scapa Flow.

Se puso manos a la obra. Creó una compañía. Compró al almirantazgo británico sus primeros 2 acorazados y 26 destructores. Montó unos astilleros en torno a la ensenada de Scapa y se rodeó de cuanto técnico y buzo tenía a mano. Su idea era reflotar los barcos y desguazarlos para vender metal y chatarra. Pero no tenía ni idea de cómo hacerlo, así que se pasó ocho años en las Orcadas (de 1924 a 1932) metido en faena.

Scapa Flow está en el quinto infierno. Hace mucho frío y viento. La tarea del reflotamiento empezó siendo una pesadilla. Cox colocaba muelles flotantes a la altura del barco hundido y sus buzos pasaban cadenas por debajo del casco para intentar levantarlo. Pero los pecios escoraban y se caían. Hasta que ideó un sistema que consistía, básicamente, en parchear todos los huecos del barco, inyectar aire comprimido en su interior y extraer toda el agua posible con bombas hidráulicas.

El 4 de agosto de 1924 reflotó su primer barco: el V 70, un pequeño destructor (800 toneladas). A partir de entonces todo fue razonablemente bien hasta que se le atragantó el SMS Hindenburg, un crucero acorazado de 26.180 toneladas. Ese monstruo fue su pesadilla. Cuando se le había hundido tres veces, la última por una tormenta después de conseguir sacarlo, lo dejó hasta más ver. Cuatro años después, el tenaz emprendedor volvió al Hindenburg. Había perfeccionado tanto su sistema de reflotamiento que el 23 de julio de 1930, al segundo intentó, el formidable acorazado alemán emergió majestuoso sobre las aguas.

Aunque perdió dinero en Scapa Flow (10.000 libras de la época, una fortuna), Ernest Cox ganó una reputación que lo acompañaría hasta su muerte. Fue El hombre que se compró una flota, como titula su libro el escritor Gerald Bowman (The man who bought a navy. Harrap, 1964). Y fue el hombre que la reflotó hasta que, en 1933, cayó el precio de la chatarra y otra empresa, Metal Industries, continuó el trabajo.

Tumbas de guerra: el misterio del Vanguard, la muerte de Lord Kitchener en el Hampshire y la tragedia del Royal Oak. Una de las tres tumbas de guerra de Scapa Flow es la del HMS Vanguard, un acorazado británico que, anclado a puerto, se hundió el 9 de julio de 1917 al estallar su pañol de municiones. El naufragio, que costó la vida a más de 700 hombres, sigue rodeado de misterio: no se sabe aún si ocurrió un accidente en el polvorín del barco o si fue objeto de sabotaje por parte de un agente alemán, como sugiere el historiador escocés Lawson Wood (Scapa Flow, Dive Guide. Aquapress, 2008).

La segunda tumba es el HMS Hampshire, un crucero acorazado de 10.850 toneladas que fue hundido por una mina alemana el 5 de junio de 1916 frente a los acantilados de Marwick Head (costa oeste de las Orcadas). Su naufragio también fue dramático: murieron 643 hombres y se salvaron solo 12 en un bote salvavidas. Pero la sorpresa fue que el barco llevaba, en misión secreta, al todopoderoso mariscal de campo y ministro británico de la Guerra lord Horatio Herbert Kitchener.

En Scapa Flow, a Lord Kitchener lo recibió el almirante John Jellicoe, que apenas unos días antes se había enfrentado a los alemanes en la mencionada batalla de Jutlandia. Kitchener pasó por el fondeadero camino de Rusia, donde iba a negociar un acuerdo de guerra con el Gobierno de Moscú. Por desgracia, entre él y Jellicoe escogieron un día en el que se desató un temporal espantoso y una ruta llena de minas alemanas. Héroe de Jartum, Lord Kitchener fue también un militar sin escrúpulos que creó, durante la guerra de los bóers, el primer campo de concentración del siglo XX. Su estilo, salvando las distancias, inspiró años más tarde a generales estadounidenses como Patton: genio militar, poca disciplina ante el superior y un ego descomunal.

Ya como ministro de la Guerra en 1914, Kitchener recuperó algo de estima popular cuando un cartel de reclutamiento metió su imagen en la mente de todos los británicos. Fue ese cartel, imitado después por Estados Unidos con el Tío Sam, en el que Kitchener, gorra de plato y espeso mostacho, señalaba con dedo conminatorio: “Your country needs you!” (¡Tu país te necesita!).

La tercera tumba de guerra hay que buscarla en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Los alemanes llevaban 30 años queriendo penetrar en Scapa Flow. Pero la rada parecía inexpugnable. Aún quedaban redes, pontones y pecios. Por no hablar de ese abrigo natural que constituían Scapa y las islas de alrededor. En una de ellas, Fair Isle, en 1588, encalló El Gran Grifón, uno de los barcos de la española Armada Invencible, según sostiene Agustín Rodríguez González, miembro de la Real Academia de la Historia.

El alto mando alemán estaba tan decidido a atacar Scapa que eligió dos armas letales: un marino intrépido y un submarino de probada capacidad de fuego. El oficial fue el teniente de navío Günther Prien. Y el submarino, un U-Boot, de esos que fueron mortíferos contra los Aliados durante la Primera Guerra Mundial, pero también en la Segunda, porque el 14 de octubre de 1939, Günther Prien (1908-1941), al mando de su U-47, consiguió sortear todos los obstáculos de la ensenada y colarse en Scapa Flow.

Prien ya soñaba de adolescente con el gran navegante portugués Vasco de Gama (1469-1524) y, por cierto, patrulló las aguas del Cantábrico durante unos meses de 1937, en plena guerra civil española.

Alrededor de la una de la madrugada de aquel 14 de octubre de 1939, el HMS Royal Oak estaba anclado en Scapa. Había sido el orgullo de la Royal Navy en la Primera Guerra Mundial. Y en la Segunda, aunque lento y con menos maniobrabilidad que otros buques más modernos, no dejaba de ser un acorazado de 29.150 toneladas que tenía 188 metros de eslora, 28 de manga y una dotación de 1.200 hombres.

El atrevido Prien entró en la rada con marea alta. Aunque jamás lo reconociera, sus primeros torpedos contra el Royal Oak fallaron. Pero tuvo la sangre fría de dar la vuelta a su submarino para recargar y lanzó una segunda andanada que, esta sí, dio en plena línea de flotación del buque enemigo.

La incursión de Prien fue recibida con alborozo en Alemania. El mismísimo Adolf Hitler lo condecoró con la Cruz de Hierro. Pero los británicos sufrieron una de las mayores tragedias de su larga historia naval. El hundimiento del Royal Oak fue un infierno que costó la vida a 833 hombres. Desde aquel día, cada 13 de octubre, la Unidad de Buceadores de la Armada británica desciende a la popa del barco para cambiar su bandera. La vieja enseña se limpia y es entregada a la asociación de sobrevivientes del Royal Oak en homenaje “a los hombres que dieron la vida por su rey y su nación”.

Del infierno de la guerra al paraíso del buceo. En Scapa Flow quedan unos sesenta pecios, cuatro aviones incluidos. Pero lo que atrae a los buceadores de medio mundo son los siete grandes barcos de la antaño Flota Imperial alemana, esos que ni Cox ni sus sucesores llegaron a reflotar. Son tres acorazados de unas 26.000 toneladas ­(König, Kronprintz Wilhelm y Markgraf) y cuatro cruceros de 5.000 toneladas (Brummer, Dresden, Cöln y Karlsruhe).

Bucear en estas insignes reliquias es una experiencia única para cualquier submarinista. Las inmersiones profundas requieren cierta veteranía. Hay que bajar hasta 45 metros con una o dos botellas de aire a la espalda para, luego, hacer las correspondientes paradas de descompresión. El viento en superficie es frío, y las aguas, gélidas. El autor de este reportaje buceó en aquellos barcos un mes de agosto y emergía tiritando. Durante la inmersión, una nube de plancton hace que la visibilidad sea escasa. Con todo, hay un momento absolutamente conmovedor al observar el descomunal casco de un acorazado hundido en 1919.

Para un buceador serio, hay un antes y un después de Scapa Flow. A excepción de las tres tumbas de guerra, donde está prohibido bajar, pueden visitarse pecios a poca profundidad para disfrute de los menos expertos (ver la guía de buceo del escocés Rod Macdonald: Dive Scapa Flow. Mainstream, 2011). Scapa Flow es un cementerio marino que alberga horrores inolvidables, pero también ofrece una feliz recompensa a todo aquel que sienta pasión por el submarinismo. Porque bucear en Scapa es bucear en la historia.

viernes, 21 de octubre de 2016

PGM: El engaño de la toma de Beersheba

La batalla que perdieron los turcos por el vicio de fumar
Javier Sanz - Historias de la Historia


Al inicio de la Primera Guerra Mundial, la región de Palestina se encontraba bajo el dominio del Imperio Otomano. En octubre de 1917 la ofensiva del ejército británico se estancó en Gaza, donde los turcos se defendían obstinadamente. Los mandos británicos decidieron entonces que para desbloquear esta situación y romper las líneas turcas la principal batalla no debería librarse en Gaza sino en Beersheba, una ciudad situada a 30 kilómetros al este. De esta manera, si conquistaban Beersheba llegarían fácilmente a Jerusalén; pero hacía falta un plan. Y es aquí donde entra en escena el astuto oficial de inteligencia británico Richard Meinertzhagen.


Richard Meinertzhagen

Meinertzhagen sabía que la clave para engañar a los turcos no era simplemente ocultar lo que el ejército británico pretendía hacer, sino que previamente había que convencerles de que realmente se planeaba un ataque contra la fortificada Gaza, obligando a los turcos a mantener su ejército principal en aquella ciudad, mientras que Beersheba quedaba más desprotegida gracias a este ardid –similar a lo que hicieron en Huelva para engañar a Hitler durante la Segunda Guerra Mundial-. Antes de poner en marcha su engaño, quiso proteger su plan eliminando a los posibles espías turcos que pudiesen operar entre las tropas británicas. Se envió una carta de agradecimiento por la valiosa información que había pasado a los británicos el “supuesto espía turco” acompañada de una importante recompensa en moneda turca por los servicios prestados. Como estaba previsto, los turcos interceptaron la carta y creyendo que su mejor espía, que efectivamente existía, se había convertido en agente doble lo ejecutaron. Ahora Meinertzhagen tenía el camino libre… tomó una bolsa de lona y metió en ella documentos falsos relativos a un supuesto ataque a la ciudad de Gaza, junto con una cantidad de dinero lo suficientemente importante como para hacer creer que la bolsa no se había perdido intencionadamente. Añadió también otros documentos para dar más sensación de veracidad, como una carta supuestamente escrita por la esposa de un oficial (escrita realmente por la hermana de Meinertzhagen) en la que anunciaba a su marido el nacimiento de su hijo. A continuación, un soldado tomó la bolsa y se adentró cabalgando hacia las líneas enemigas en busca de una patrulla. Tan pronto abrieron fuego contra él, dejó caer la bolsa —previamente manchada con sangre de caballo— y huyó cabalgando de nuevo hacia las líneas británicas fingiendo estar herido. Los turcos recuperaron la bolsa mientras los británicos teatralizaban que la estaban buscando. Uno de los documentos falsos que el supuesto ataque a Gaza no se produciría antes del 14 de noviembre. Lo que no se imaginaba el ejército turco es que el Alto Mando británico había fijado el 31 de octubre como fecha para el asalto real sobre Beersheba.

A pesar de que el General Von Kressenstein, comandante alemán de las fuerzas turcas, sopesó la posibilidad de que los documentos pudiesen ser falsos, se vio obligado a actuar como si fueran auténticos. De hecho, era difícil para él pensar en un ataque que se realizase en cualquier otra dirección que no fuese Gaza. La primera parte del plan había dado resultado: los turcos mantenían el grueso de sus tropas en Gaza a la espera del ataque británico. Mientras tanto, los británicos fueron capaces de mover un gran número de hombres desde Gaza hasta sus posiciones de ataque en Beersheba sin alertar a las fuerzas otomanas. Pero Beersheba también estaba defendida y no iba a ser tarea fácil. Meinertzhagen ejecutó entonces la segunda parte de su plan. Aunque parecía una nimiedad, por los interrogatorios a soldados turcos capturados sabía que estaban escasos de cigarrillos y, aprovechándose de esta situación, ordenó que el día antes del ataque sobre Beersheba un avión sobrevolara las trincheras otomanas que defendían la ciudad y lanzara sobre ellas cientos de cajetillas de cigarrillos junto a panfletos con mensajes de propaganda. De este modo, los soldados turcos creerían que el motivo de suministrarles cigarrillos era hacerles llegar propaganda británica tratándoles de convencer para que se rindieran. Pero nada más lejos de la realidad, puesto que Meinertzhagen también había ordenado que se mezclase el tabaco de aquellos cigarros con opio obtenido en el mercado negro.



El 31 de octubre de 1917 el ejército británico, junto con efectivos australianos, lanzó el ataque sobre Beersheba y allí pudieron comprobar los efectos de los cigarrillos de Meinertzhagen: muchos soldados turcos fueron incapaces de ponerse en pie y mucho menos de defender con éxito sus posiciones. El General Edmund Allenby, comandante en jefe de las fuerzas británicas en Egipto y Palestina, que inicialmente había calificado el plan de Meinertzhagen como “una pérdida de tiempo“, escribió tras la guerra que un alto porcentaje de las fuerzas turcas no pudieron combatir aquel día gracias a los efectos de la droga. Las tácticas astutas y engañosas de Richard Meinertzhagen contribuyeron al éxito en esta batalla, en la que británicos y australianos consiguieron romper la línea defensiva Gaza-Beersheba abriendo el camino hacia la victoria británica en Palestina.

Fuente: ¡Fuego a discreción!, Los siete pilares de la sabiduría – Thomas Edward Lawrence (Lawrence de Arabia)

viernes, 14 de octubre de 2016

Arte: La pintura de la PGM

Arte dentro del horror

Imágenes interesantes del gran pintor francés de la PGM, Francois Flameng. 
 
 


Esta es una imagen de trincheras alemanas de la PGM, obsérvese las armaduras que llevan puestas los soldados, además de sus cascos, y era esto necesario para evita que las balas y las esquirlas de la artillería causasen bajas en las guarniciones de las trincheras. Con el correr de la guerra, los alemanes dividieron sus trincheras en 3 zonas: de vanguardia, vigiladas con el mínimo de efectivos; la trinchera principal, con efectivos mas numerosos y las trincheras de reserva, con el mayor número de efectivos; esto era para evitar que los masivos bombardeos causasen bajas en las trincheras más expuestas: las de vanguardia, y a la vez poder reaccionar a los ataques, enviando refuerzos desde las trincheras de reserva, a través de las zanjas de comunicación. En poco tiempo los demás beligerantes adoptaron el mismo sistema, con lo cual los ataques se volvían extremadamente costosos. La solución siempre fue destruir las trincheras adversarias con denso fuego de artillería, pero esto a la vez alertaba al enemigo de un posible ataque, y lo mantenía preparado para enviar refuerzos al área en peligro. Como se ve en la imagen, las granadas eran esenciales y debían estar siempre disponibles y en cantidad suficiente para repeler ataques. El fuego de ametralladoras hacía que el avance fuese extremadamente riesgoso, y solo los británicos tuvieron en el primer día de la batalla del Somme (1 de julio de 1916), unas 35.000 bajas como precio de ganar tan sólo un centenar de metros de trincheras alemanas, y eso que el bombardeo preliminar había durado 4 días.



Estas son escenas de la PGM elaboradas por artistas, que nos dan una idea de las condiciones en que se lucho en aquella guerra. Los cuadros son del pintor ingles Fortunino Matania y los franceses Leroux y Georges Scott.






La artillería fué el arma por excelencia de la primera guerra mundial. Las ametralladoras habían vuelto imposible los avances y obligado a la infantería a protegerse en trincheras y a la caballería a desmontar y adoptar tácticas similares a las tropas de a pié. Entonces se vio que la única manera de avanzar era eliminando los nidos de ametralladoras adversarios para permitir el avance de las tropas. Los adelantos en explosivos: la aparición de la nitrocelulosa y la nitroglicerina y el nitrofenol en la segunda mitad del siglo XIX permitieron a la artillería de inicios del siglo XX lograr alcances y poder destructor nunca antes visto. Del total de las bajas causadas en la 1GM, la artillería fue la responsable de un 58%. Aquí vemos imágenes del célebre canon francés de 75 mm, modelo 1897, una de las mejores piezas de artillería de todos los tiempos, y una imagen de un canon pesado británico de 5" (127 mm).

jueves, 6 de octubre de 2016

Acorazados: HMS Dreadnought

HMS Dreadnought, el acorazado que inició una era 




Pintura: Daniel Bennechec

Para comprender el significado del título hay que recordar que el buque origen del acorazado moderno, el Dreadnought, marcó un hito en la combinación de poder naval y tecnología. En su caso, se advierte una ruptura radical con el lento proceso de evolución que había llevado gradualmente al desarrollo del buque de guerra desde las galeras Salamina y Actio hasta el galeón y desde allí al buque de línea nelsoniano, para luego incorporar el vapor y el acero en su diseño y propulsión. Con el Dreadnought, por primera vez, se abandonaba el uso tradicional y se lo reemplazaba por los limites de la tecnología vigente, nacía por tanto el concepto de State of the Art. 

Pero ¿qué es aquello que transformó el poder naval del mundo contemporáneo? El Dreadnought pudo ser un buque más de los cientos que se construían en la principal potencia del mundo durante los primeros años del siglo XX. Sin embargo, cuando la quilla de este buque simultáneamente conoció la mar y a la bandera británica en 1905, su sola existencia presagiaba una nueva competencia por el poder y el predominio marítimo mundial. Con él nacían los acorazados monocalibres, naves que revolucionaban la clásica construcción de buques capitales. Su armamento monocalibre permitía el tiro por salvas, lo que hasta esa época sólo había sido teoría; su andanada superaba en 600 Kg. a la de sus contemporáneos. Con su gran alcance, podía imponer el combate a larga distancia con sus piezas pesadas que, hasta entonces, sólo se empleaban para rematar de cerca a los buques enemigos previamente averiados por la artillería media. Con este hecho, cada país que se preciaba de importante, vio con asombro el gran avance tecnológico de la marina británica e inició el desarrollo de sus propias variedades de la nueva maravilla de la tecnología, en lo posible, mejorando el modelo original. Con lo anterior, a partir de 1905 poseer un acorazado tipo Dreadnought significó asegurarse el prestigio de poseer el buque mas sofisticado del mundo, que aparte de entregar a su Marina de Guerra el poder físico de disuación y fuerza, donaba además importantes laureles a la totalidad de la industria nacional del país dispuesto a asumir este desafío. 

Debe pues señalarse que poseer un acorazado de este tipo significaba para las empresas siderúrgicas el desarrollo de aceros de blindaje más sofisticados y resistentes; para sus arsenales significaba trabajar arduamente en el diseño de artillería y proyectiles cada vez más potentes y poderosos y a su industria óptica le permitía desarrollar sistemas de control de fuego y telémetro más precisos. De cierta manera, y como tan bien lo planteara aquel testigo y nostálgico sobreviviente de aquella época, el Profesor Dr. Oscar Parkes, el Dreadnought fue " la más superlativa creación del hombre que jamás haya surcado las olas". 

Pero más allá de esta razón de prestigio, en último término estos buques tenían que ser capaces de cumplir una misión mucho más específica y directa que el solo hecho de transmitir una sensación de orgullo en las paradas navales, y es quizás este mismo hecho real, el que los convertía en medidores tan eficientes del poder nacional.

La potencialidad que se medía en los acorazados a partir del tipo Dreadnought era a través del fuego de su artillería, que en términos comparativos, debía destruir a su potencial adversario, mientras que por otra parte, a través de su blindaje, la nave debía resistir de la mejor forma el fuego equivalente del enemigo. De lo antes expuesto, podemos afirmar que el acorazado se resumía, primordialmente, en una combinación de potencia de fuego sumado a un Staying power, término Británico que resume la capacidad de resistir la acción destructora enemiga mediante una combinación de resistencia pasiva y maniobra.La velocidad, otra variable de vital importancia, encontró en los Dreadnoughts una medida Standard, por cuanto requería tener presente las restricciones y concesiones que implicaba cualquier diseño, enfatizando siempre la potencia de fuego y el blindaje antes mencionado. 



Pero antes de entrar a visualizar en detalle las características de nuestro objeto de estudio, hay que hacer hincapié en que su primera gran virtud la representa su armamento. Mientras hasta su época, las unidades pesadas de cualquier marina dividían su artillería principal en dos calibres, en este buque el armamento se concentraba en uno solo. La antigua división en cañones para "hundir acorazados", universalmente aceptados como de calibre 12 pulgadas (305 mm), embarcados normalmente en numero de cuatro, en torres o montajes a proa y popa, eran acompañados por cañones menores para "hundir destructores", de calibres que iban entre las 4 pulgadas (101´6 mm) hasta las 6 pulgadas (152 mm). Dispuestos normalmente en las bandas. La razón para esta selección estaba dada en que los cañones de más grueso calibre tenían una cadencia de tiro extraordinariamente baja, normalmente no superior a un disparo en más de un minuto, lo que impedía realmente una precisión digna de tal nombre en el fuego a larga distancia. De esa manera, los cañones menores, de mayor velocidad de tiro, en virtud a su fácil carga y puntería, se encargaban de "lisiar" a adversario, destruyéndole su artillería u otros elementos expuestos para luego permitir una aproximación a corta distancia para que las piezas de grueso calibre asumieran su rol de destrucción final. Los Dreadnought eliminarían esta distinción, concentrándose sólo el poseer el calibre más grueso -de ahí la denominación de "monocalibres"-, que merced al desarrollo de la tecnología, habían logrado aumentar en algo su velocidad de tiro. De esta manera, se confiaba en que con solo unos pocos impactos, el enemigo sería hundido, además de que permitía entrar en combate a mayores distancias, aprovechando así las ventajas del desarrollo reciente en sistemas ópticos de puntería y control de fuego. Sin dudas, en este planteamiento teórico, que pudo ser llevado a la práctica, los nuevos buques a partir de 1905, marcaron el inicio de una nueva época en la construcción naval de buques capitales. 



Obviamente, este desafío iniciado por Gran Bretaña, tal como lo señalamos, no podía permanecer sin respuesta, y es así que rápidamente las demás potencias de Europa EEUU. y Japón pronto se lanzaron a una nueva competencia, en cuanto el nuevo invento había obligado a todas las marinas a partir de cero con respecto a buques capitales. Al enorme proceso de diseño y construcción corresponde en parte importante el periodo de la paz armada, imprimiendo la dinámica nacionalista que precipitó al mundo pocos años más tarde en los horrores de la Primera Guerra Mundial. 

Siguiendo las teorías y los estudios del italiano Vittorio Cuniberti y el empeño y los conceptos operativos de sir John Fisher, el día 2 de Octubre de 1905 se puso la quilla del HMS Dreadnought, primer acorazado monocalibre del mundo. La botadura tuvo lugar el 10 de Febrero del año siguiente y, tras una prodigiosa rapidez en los trabajos de alistamiento, el buque estuvo terminado menos de un año después, prueba evidente del entusiasmo e interés que su construcción despertó entre militares, técnicos y maestranzas civiles. 

Casco y superestructuras 
El casco del Dreadnought tenía un largo castillo que daba a la proa una altura de bordas de 8´5 m. El castillo progresaba hacia popa para unirse a la toldilla, a fin de permitir el tiro "hacia delante" de las torres principales de 305 mm. en posición lateral. El conjunto castillo-toldilla se extendía por casi la mitad del buque. 

Las líneas del casco, particularmente afinadas a proa y macizas a media eslora a fin de convertirlo en una plataforma verdaderamente estable, contribuían sensiblemente a la velocidad del buque (que alcanzaba los 21 nudos), aun contando con un aparato motor que desarrollaba tan solo 23.000 hp. La proa, de acuerdo con la tradición, terminaba en un espolón redondeado, mientras la popa era del tipo crucero. La maniobrabilidad quedaba asegurada por dos timones compensados paralelos, que actuaban detrás de las hélices y, obviamente, de las cuatro líneas de ejes. 

Uno de los rasgos distintivos del buque era un gran palo trípode a popa de la chimenea proel, lo cual, debido a los humos de ésta, comportaba consecuencias negativas para la visibilidad desde la cofa del propio palo y para la señalización con banderas. Por otra parte, la posición de esta chimenea proel era demasiado cercana al puente de mando, en el que provocaba problemas de habitabilidad. Entre las torres popeles de 305 mm. se encontraba un segundo palo trípode, más pequeño y también con cofa. En ambos palos se hallaban instalados los telémetros principales. 

La altura metacéntrica de la unidad era de 1´546 m. cifra demasiado alta que, si bien mejoraba la estabilidad (favorecida también por la especial forma del casco a la altura de la sección maestra), daba un momento de adrizamiento muy breve durante el balance. Para la dotación, el Dreadnought resultaba un buque de habitabilidad incómoda y dura. 

A fin de hacerse una idea aproximada de las características del primer buque de batalla moderno, es interesante conocer sus diferentes exponentes de carga en el momento de su entrada en servicio: 


Casco: 6.100 tm 
Protección 5.000 tm 
Armamento 3.100 tm 
Aparato motor 2.050 tm 
Otros pesos 1.650 tm 

Protección 
Cerca del 28% del peso del Dreadnought en desplazamiento a carga normal se debía a la protección: 5.000 toneladas de blindaje. La protección de los pañoles de munición residía en los mamparos internos de 500 mm. de espesor, mientras la protección de los pañoles de las dos torres dispuestas sobre los costados era de 102 mm, valor ciertamente exiguo, tratándose de pañoles situados junto a los costados. 

La protección subacuática estaba confiada a dos mamparos longitudinales (uno por banda) antitorpedos y no acorazados. En cuanto a los mamparos divisorios, que se alzaban hasta 2´75 m sobre la flotación, no tenían aberturas para puertas estancas. Esta medida, al menos de forma teórica, debía permitir encajar la explosión de dos torpedos en cualquier zona del casco. Por otra parte, el buque disponía asimismo de redes contra torpedos, por entonces muy en boga y de uso casi generalizado, dotadas de sus respectivos botavantes. 

En conjunto, la protección del Dreadnought fue considerada suficiente, pero no excesiva. Posteriores experiencias bélicas demostrarían que una protección de esas características resultaba insuficiente. Las 5.000 toneladas de blindaje estaban distribuidas, entre las diversas zonas vitales, del siguiente modo: 

Cintura 1.950 tm 
Cubierta 1.350 tm 
Pañoles de munición 250 tm 
Aparato motor 100 tm 
Torres de grueso calibre 1.260 tm 
Puesto de mando 100 tm 



Aparato motor 
La adopción de un aparato motor a base de turbinas Parsons permitió, a paridad de potencia, un notable ahorro de peso, respecto a las máquinas alternativas de los acorazados precedentes. La introducción de dichas turbinas fue idea del propio Fisher, que contó con el apoyo de Parsons, su constructor. Esta instalación resultó un gran éxito, que hubiera sido aún mayor si las calderas (debido al temor del Almirantazgo respecto a las disponibilidades de nafta) no hubiesen sido de combustión mixta. 

Los consumos referentes a la potencia desarrollada eran muy bajos a mucho andar y demasiado elevados a poca velocidad: 17´5 toneladas por hora a 23.000 hp, y 11 toneladas por hora a 10.000 hp. Los resultados obtenidos durante la fase de proyecto y en las pruebas efectuadas en el canal de Haslar fueron valoradas de manera tan satisfactoria, que el famoso arquitecto naval Foudre no se avino a creer que una potencia tan limitada permitiese una velocidad superior a los 20 nudos. Cuando el Dreadnought fue objeto de las pruebas a plena potencia, alcanzó los 22´4 nudos, con una potencia de 24.700 hp. 

Armamento 
La autentica razón de ser del Dreadnought residía, junto con el aparato motor, en el armamento, con una solución monocalibre para la artillería principal, tal y como había sostenido Cuniberti y demostrado la batalla de Tsushima. 

Para este buque se optó por la disposición de las diez armas de 305/45 mm en torres dobles, tres en crujía y dos laterales, de modo que estas últimas pudiesen disparar, en teoría, tanto por popa como por proa. Obviamente, la deflagración propia de estas piezas no permitía el tiro simultáneo en sentido longitudinal al buque de las dos torres laterales. Ello comportó que, tanto por popa como por proa, el fuego correspondiese siempre a cuatro cañones (de los que dos debían pertenecer a una de las torres en crujía) y nunca tirando exactamente sobre el eje longitudinal, sino con una inclinación de algunos grados.



 
La artillería principal no era de nuevo modelo y no fue estudiada para ser embarcada en un buque absolutamente nuevo, tanto constructiva como conceptualmente. A fin de ahorrar tiempo para el alistamiento, se emplearon las piezas preparadas para dos acorazados de la clase Lord Nelson. 

La artillería secundaria de 76/50 mm. fue distribuida por toda la extensión del casco: algunas piezas se instalaron en el techo de las torres principales y otras en distintos sectores del buque. Los cañones dispuestos en el techo de la torre principal proel fueron dotados más tarde de un escudo trasero para sustraer el puente de mando de los efectos de las deflagraciones. 

Una característica curiosa en el armamento de este buque estribaba en la presencia - además de los 23 torpedos de 457 mm. para los tubos de lanzar embarcados - de 6 ingenios de 356 Mm., que debían emplearse por las embarcaciones de vapor de a bordo, convertidas en torpederas. Sin embargo, esta solución no fue nunca aplicada. 

El buque disponía de dos direcciones de tiro, de las que la segunda se hallaba entre las chimeneas. Los telémetros principales se encontraban en los palos trípodes, que, respecto de los convencionales, eran más elásticos y transmitían menos vibraciones. El número de proyectores era de 13. 



Actividad 
En enero de 1906 navegó hacia el Mediterráneo y desde allí a Puerto España, Trinidad, en donde lejos de la mirada crítica de sus detractores ingleses y fuera de la vista de rivales extranjeros, sus motores y armas fueron objeto de un entrenamiento cuidadoso por parte del capitán sir Reginald Bacon. Su informe demostró el éxito del diseño. “Ningún miembro del comité de diseños,” escribió, “se hubiese atrevido a aventurar que todas las innovaciones introducidas en el buque habrían resultado tan exitosas”. Tras su entrada en servicio, el Dreadnought se convirtió en buque insignia del comandante en jefe de la Metropolitan Fleet de Abril de 1907 a Mayo de 1912. Al estallar la IGM pasó a ser buque insignia de la 4ª división de buques de batalla hasta Mayo de 1916. El 18 de Febrero de 1915 embistió y hundió al submarino alemán U-29, al mando del mítico Otto Weddigen y autor del hundimiento de los cruceros Aboukir, Cressy, Hogue y Hawke. La Royal Navy había tomado cumplida venganza. Después de la incursión de la flota alemana contra Lowestoft, y debido a que su baja velocidad le impedía guardar la formación con el resto de la línea, fue transferido a la desembocadura del Támesis para asegurar la defensa de la zona, asumiendo el papel de buque insignia de la 3ª división. Puesto en la reserva en Rosyth a mediados de Febrero de 1919, le fueron definitivamente apagadas las calderas en 1920 y vendido para el desguace en 1922 a T. Ward & Company. Partió para Inverness en 1923, donde fue desguazado. 



El DREADNOUGHT. Primera nave de batalla del mundo en montar 10 cañones de grueso calibre y dotada de 2 grupos de turbinas Parsons a 4 ejes con una potencia de 23.000 HP y 21 nudos de velocidad. Desplazamiento normal 17.900 ton. Eslora 160,6 m. Manga 25 m. Calado 8 m. Armamento 10-305 mm. 27-76 mm. 5 tlt-457 mm. Blindaje vertical 280 mm. Blindaje horizontal 76 mm. 773 hombres.
 

Características 
Astilleros Arsenal de Portsmouth 
Colocación de la quilla 02-10-1905 
Botadura 10-02-1906 
Alistamiento 03-12-1906 
Baja 31-03-1920 
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Desplazamiento normal 17.900 tm 
Desplazamiento plena carga 21.845 tm 
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Dimensiones Eslora total: 160´6 m 
Eslora entre pp: 149´3 m 
Manga 25 m 
Calado 8 m 
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Aparato motor 18 calderas Babcock & Wilcox de combustión mixta 
2 grupos de turbinas Parsons a 4 hélices 
Potencia 23.000 hp 
Velocidad 21 nudos 
Combustible 2.900 tm de carbón + 1.120 tm de nafta 
Autonomía 6.620 millas a 10 nudos 
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Armamento 10 de 305/45 Mm. 
27 de 76/50 mm 
5 tlt de 457 mm 
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Protección vertical máxima 280 Mm. 
Protección horizontal máxima 76 Mm. 
Protección artillería máxima 280 Mm. 
Protección puesto de mando máx 280 Mm. 
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Dotación: 773 tripulantes y oficiales 



Naturalmente, dicho desafío en la ingeniería naval no podía quedar si contestación por parte de las demás potencias navales. Los Estados Unidos habían diseñado ya el USS Michigan y South Carolina, que montaron ocho armas 12 pulgadas en cuatro torres situadas en la línea de crujía. Aunque ambas quillas fueron colocadas después de la botadura del Dreadnought . 

Alemania respondió inmediatamente al desafío británico con las órdenes para cuatro Nassau. Las naves de esa clase montaban doce cañones de 11´3 pulgadas. 

Y en Italia en 1907 colocaron el Dante Alighieri, la primera nave en montar torres triples en la línea de crujía. 



Fuente