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martes, 27 de octubre de 2015

Guerra Fría: Cuando se CIA se robó una nave espacial soviética

Osado secuestro de la CIA de una nave espacial soviética
Por Amy Shira Teitel - Popular Science


Un día, a finales de 1959 o 1960 - fechas no son del todo claro en los documentos desclasificados - un equipo de la grieta de cuatro agentes de la CIA trabajó toda la noche en calcetines, teniendo además una nave espacial soviética Lunik secuestrado sin sacarlo de su caja. Ellos fotografiaron cada parte y se documentan todos los elementos de la construcción, a continuación, volver a montar perfectamente todo esto sin dejar rastro. Fue un poco atrevido de espionaje en los primeros años de la carrera espacial. La intención de nivelar el campo de juego entre dos superpotencias internacionales, fue un atraco que corría el riesgo de convertir la guerra fría y caliente.


La Luna Soviética 1 terminó en órbita alrededor del Sol

El 2 de enero de 1959, la Unión Soviética lanzó su programa de Luna, a veces llamado Lunik por los medios occidentales, con el lanzamiento de Luna 1. Esta primera nave se perdió la Luna, pero el siguiente en el blanco y se convirtió en la primera nave espacial para impactar la superficie lunar en septiembre de ese año. Un mes más tarde, el 7 de octubre, Luna 3 regresó de la historia primeras fotos nunca de cara oculta de la Luna. Fue un año impresionante para los soviéticos en la Luna, una en la que los Estados Unidos sólo acumuló un puñado de misiones lunares fallidos. El efecto, aparte de un golpe a la moral nacional, era un efecto devastador en la psique estadounidense. Sin embargo emocionante estas misiones fueron a los fans del espacio, trajeron con ellos la realidad terrible que el enemigo tenía propulsores más grandes y la tecnología más avanzada.
La disparidad entre la tecnología americana y el poder soviético percibida llevado a un programa de inteligencia dirigido por la CIA. Mediante el estudio de las misiones de naves espaciales y espaciales soviéticos, la agencia espera no sólo anticipar lanchas y su impacto en el público, sino también para ajustar los horarios de lanzamiento estadounidenses para mantener mejor el ritmo con el enemigo. Incluso conjeturas educadas sobre los planes soviéticos ayudarían a los Estados Unidos sabe dónde concentrar sus esfuerzos para adelantar esperemos que la Unión Soviética en el espacio. Sería útil para las fuerzas armadas de Estados Unidos que tienen un mango en el hardware Soviética saber lo que podría dar paso a un spinoff militar ofensiva. Y esta inteligencia también ayudaría a los líderes estadounidenses a estar mejor preparados para responder a una nueva amenaza soviética debe uno surgir.
Este esfuerzo de la inteligencia se centró en lo que estaba disponible desde lejos. Inteligencia electrónica A saber, el seguimiento de la telemetría y la interceptación de enlaces descendentes de datos para obtener una comprensión completa de las misiones soviéticas. Pero esto no estuvo exenta de desafíos. Agentes estadounidenses tenían que anticipar lanzamientos para estar listo a tiempo, y ellos fueron forzados a tamizar a través de telemetría sin conocer los valores de los datos asignados a los canales o las mediciones de referencia. El análisis post-vuelo fue otro elemento importante de este programa de inteligencia. Tomando como completar una serie como sea posible sobre la altitud de la nave alta, el cuerpo de destino y lugar de aterrizaje etapa del cohete en el final de la misión de datos para extrapolar datos sobre el tamaño y la potencia de los propulsores de lanzamiento de estas misiones espaciales. Pero todo esto era sólo una parte del rompecabezas, y porque cada misión era diferente, cada uno era como una "llamarada fresco en el cielo", que exigió un nuevo y con frecuencia imaginativa esfuerzo para aprender lo que realmente estaba pasando. Y nada fue un esfuerzo de la inteligencia más atrevido o imaginativo que la decisión de secuestrar a una etapa superior Lunik para entender realmente esta nave espacial.


La Luna desde el Luna 3

En algún momento entre finales de 1959 y 1960, la Unión Soviética recorrió varios países con una exposición de sus logros industriales y económicos. Entre los artefactos eran un Sputnik y una etapa superior Lunik que contenía la carga útil, este último recién pintado con la visualización de ventanas cortadas en la nariz. A primera vista, muchos en la CIA asumió la gira Lunik era sólo un modelo, pero algunos analistas sospechaban que los soviéticos podrían ser lo suficientemente orgulloso de la nave espacial para traer uno de verdad en el tour. Estas sospechas se confirmaron cuando agentes de inteligencia de la CIA lograron tener acceso sin restricciones a la nave una noche después de la exposición cerrada. Se dieron cuenta de que no era un modelo. Era un artículo de producción real. Los agentes rebuscaron lo que pudieron en 24 horas, pero querían desesperadamente un mejor aspecto. Querían entrar en la Lunik.
Esto era más fácil decirlo que hacerlo. El Lunik estaba fuertemente custodiado, por lo general con una guarnición constante para examinarlo antes o después de la exposición cerrada fue descartado. Pero el Lunik se movió alrededor, lo que significaba que se podía "prestado" durante la cadena de transporte si había un eslabón débil. Y allí estaba. La nave espacial, así como cualquier otra pieza de la exposición, fue transportado en una jaula por un camión a un patio de ferrocarril donde se cargó en un tren y se trasladó a la siguiente ciudad. En el patio de ferrocarril, un guardia tomó nota de cada caja entrante. Lo que este guardia no tenía era una lista de carga y espera y tiempo de entrega de cada caja. La CIA urdió un plan para robar el Lunik por una noche y llegar a la estación de tren por la mañana para su viaje a la siguiente ciudad.
Finalmente la noche llegó cuando el equipo de agentes de la CIA puso su plan en acción. Ellos organizaron el Lunik ser el último camión llevado fuera de la sala de exposiciones. Lo hizo, y trailing se tratara de los agentes de la CIA en vestidos de civil, disfrazados de gente mirando hacia fuera para una escolta Soviética esperado. Pero más guardias soviéticos nunca se materializaron. Con el claro costa, la CIA detuvo el camión en la última curva antes de la estación de tren, escoltó al conductor a un hotel, cubierto el camión con una lona, ​​y luego lo condujo a un depósito de chatarra cercano que fue seleccionado para la noche debido a su entorno de diez pies paredes de altura.


Esquemática del Lunik 

Un dibujo de disposición interna de Lunik de un informe de la CIA en 1961.
En el patio de ferrocarril, el guardia hizo un balance de las cajas de entrada y dejó de ir a casa cuando asumió el último había llegado. Más agentes de la CIA le colas para pasar la noche para asegurarse de que no vuelva a trabajar temprano.
De vuelta en el depósito de chatarra, el equipo de la CIA apoyó el camión en un callejón estrecho, cerrado una puerta, luego se congeló. Esperaron ansiosamente una media hora completa para asegurarse de que no se habían seguido. Confían en que no se habían visto, por fin dirigieron su atención a su cargo. Habían estudiado la caja y conocía los lados se atornillan juntos desde el interior haciendo que el techo de su único punto de acceso. Dos hombres se pusieron a trabajar quitando el techo sin dejar marcas en los tablones de madera - afortunadamente la caja se había abierto tantas veces los planes ya estaban un poco peor para el desgaste - mientras los otros dos preparó el equipo fotográfico.
Con el techo quitado, los hombres vieron que el Lunik ocupaba casi todo el espacio de la caja; que no sería capaz de caminar de un extremo al otro. Así se repartieron y conquistaron, dos hombres que trabajan en la nariz y dos en el extremo de la cola. Descendieron en calcetines por escaleras de cuerda y comenzaron a desmantelar el Lunik por linterna. Tomaron un rollo completo de la película de las marcas en la antena de la nave espacial y se envían hacia fuera para el procesamiento de la Asegúrese de que las cámaras estaban trabajando. Por suerte, llegó la noticia de las fotografías eran perfectamente claro.
Los hombres en el extremo de la cola quitaron la tapa de base para estudiar la zona del motor. Aunque el motor se había ido, los soportes de montaje, tanque de combustible, y el tanque de oxidante estaban todavía en su lugar, dando a los expertos una idea de lo grande y poderoso que el motor era. Al final de la nariz, los hombres descubrieron que una varilla corrió bien la nave espacial para apoyar la carga útil cargado central fijo en su lugar en la parte delantera por una toma de corriente de cuatro vías que actúa como una tuerca atornillada en la varilla. Esto fue cubierto por una pieza de plástico con un sello soviético. Era su única forma de entrar, pero si el sello faltaba a los guardias soviéticos sabría alguien había manipulado la nave espacial. Negándose a ser bloqueado por un trozo de plástico, que nos registramos con el personal de la CIA fuera del sitio que la junta podría duplicarse en el momento de reemplazarlo. Sus colegas fuera del sitio dijeron que sí, que les da la autorización para cortarlo. El sello fue enviado para la duplicación mientras que los hombres comenzaron a explorar las entrañas de Lunik.
El pequeño equipo trabajó toda la noche. Como la salida del sol se acercaba empezaron poniendo el Lunik de nuevo juntos, con cuidado de no dejar rastros de manipulación. Ellos fijan el sello falso, poner la tapa en la caja, y se cargan todo el asunto de nuevo en el camión. El controlador original estaba de vuelta en el timón de las 5 de la mañana y el camión estaba esperando en el patio de ferrocarril para la guardia cuando regresó a trabajar a las 7 de la mañana. Él incondicionalmente añadió a su lista y la Lunik fue a su próxima ciudad con el resto de la exposición.
Íntima mirada de la CIA en la construcción de la Lunik finalmente jugó un papel bastante importante. Sabiendo de peso seco y expertos de tamaño permitido verdaderos Lunik para determinar su peso húmedo, lo cual fue de gran valor para los agentes que el seguimiento de los lanzamientos posteriores. Con esta importante variable conocida, los expertos podrían extrapolar el verdadero poder de la dosis de refuerzo que lanzó esta nave espacial. Expertos Y esto a su vez permitió a los estadounidenses a trabajar hacia atrás para determinar la verdadera capacidad de los soviéticos con su hardware existente, y lo más importante determinar los límites de carga útil de su tecnología existente. Secuestro del Lunik ayudó a Estados Unidos a determinar lo que los soviéticos no podían prescindir de un avance tecnológico masivo, información que ayudó a la dirección y se dirige a establecer metas nacionales de la NASA y los plazos de forma que ayude a los estadounidenses coinciden y finalmente superar a la Unión Soviética en el espacio .
Fuentes: El secuestro del Lunik; Inteligencia para la carrera espacial.



jueves, 9 de octubre de 2014

Kissinger pensaba bombardear Cuba

Henry Kissinger planeó en 1976 bombardear y minar Cuba
El libro 'El canal oculto hacia Cuba' desvela que el plan de EE UU de atacar la isla era una respuesta a la ayuda de Castro a Angola
VICENTE JIMÉNEZ - El País



Kissinger, en la Casa Blanca en 1971. / TOM BLAU (CORDON PRESS)

El secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger estuvo a punto de desencadenar un conflicto de impredecibles consecuencias con la Unión Soviética en 1976 por culpa de las siempre tormentosas relaciones con Cuba. Kissinger planeó ese año, durante la Administración del presidente Gerald R. Ford, minar y bombardear los puertos de la isla y sus instalaciones militares en respuesta a la decisión de Fidel Castro de enviar tropas a Angola. El plan contemplaba una respuesta militar soviética, lo que habría desembocado en una “guerra general”. Al final, el ataque, pensado para después de las elecciones de 1976, no se produjo, ya que las urnas dieron la victoria al demócrata Jimmy Carter.

El relato se sustenta en documentos desclasificados este miércoles, contenidos en el libro Back Channel to Cuba (El canal oculto hacia Cuba), de los investigadores William M. Leogrande y Peter Kornbluh, que narra las negociaciones y contactos secretos entre Washington y La Habana desde la revolución de 1959. El libro se presentó este miércoles en el Hotel Pierre de Nueva York, escenario de uno de los muchos encuentros nunca contados entre representantes de ambos países.

Si decidimos atacar, no podemos fallar. No podemos quedarnos a medias”
Henry Kissinger
Kissinger, en una reunión celebrada el 24 de marzo de 1976 con los principales asesores de seguridad, entre ellos el futuro secretario de Defensa Donald Rumsfeld comentó: “Si decidimos atacar, no podemos fallar. No podemos quedarnos a medias”. Kissinger se refería a otras acciones encubiertas promovidas por EE UU para derrocar a Castro, como Bahía Cochinos en 1961. “Creo que vamos a tener que machacar a Castro”, dijo Kissinger al presidente Ford en un encuentro en la Casa Blanca el 25 de febrero de ese mismo año, según el memorando de la reunión. “Pero no podemos hacerlo antes de las elecciones [presi-denciales de 1976]”, añadió. “Estoy de acuerdo”, respondió Ford.

Atacar Cuba era la última opción si otras medidas de presión no lograban hacer desistir a Castro de intervenir en otros países africanos tras su implicación para ayudar al Movimiento Popular para la Liberación de Angola de Antonio Agostinho Neto frente a los ataques de grupos insurgentes apoyados por Estados Unidos y el régimen racista de Sudáfrica. El plan ordenado por Kissinger contemplaba también el envío de marines a la base de Guantánamo para “aplastar y humillar” a los cubanos.

Kissinger, que fue secretario de Estado de 1973 a 1977 y ahora tiene 91 años, planteó el ataque para evitar que Washington diera una imagen de debilidad por sus debates internos ante la retirada de la guerra de Vietnam. “Si se extiende la percepción por el mundo de que estamos tan debilitados que no podemos hacer nada con una isla de ocho millones de habitantes, entonces dentro de tres o cuatro años tendremos una crisis real”, dijo Kissinger en la reunión de marzo con los consejeros de seguridad. Asimismo, el secretario de Estado estaba muy irritado por los frustrados esfuerzos de acercamiento , con reuniones secretas entre representantes de Washington y La Habana en el aeropuerto La Guardia de Nueva York y un encuentro de tres horas en julio de 1975, el primero a ese nivel, en el citado Pierre Hotel de Manhattan.

La posibilidad de que un ataque a Cuba provocara un conflicto armado con Rusia también fue tenida en cuenta. Según el plan, “una nueva crisis cubana no conduciría a una retirada soviética”. De ahí que el documento advirtiera: “Las circunstancias que podrían llevar a Estados Unidos a una operación militar contra Cuba deben ser lo suficientemente graves como para justificar posteriores medidas de preparación para una guerra general”.

Si se extiende la percepción de que estamos tan debilitados que no podemos con una isla, entonces tendremos una crisis real”
El libro tiene un capítulo dedicado a los países que ayudaron a mejorar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Entre ellos, se cita expresamente a España. Peter Kornbluh explicó a EL PAÍS cómo “el dictador Francisco Franco se ofreció en los primeros años 60 a actuar como intermediario, y cómo Estados Unidos reclamó la ayuda de España al final de esa década”.

El libro narra las gestiones del secretario de Estado Dean Rusk, siguiendo órdenes del presidente Lyndon B. Johnson, para solicitar al Gobierno español en 1967 que entregara un mensaje “muy especial” a Castro, dadas las buenas relaciones de Madrid y La Habana. Exteriores envió a Cuba al diplomático Adolfo Martín-Gamero. La mediación no dio resultados, pero “fue un serio esfuerzo por intentar calmar a Castro en un momento en que el Che Guevara había sido asesinado en Bolivia”, explica Kornbluh. El mensaje especial era, que, en virtud de lo sucedido con el Che, Cuba debía alejarse de la órbita soviética. Si Castro aceptaba, Washington estaba dispuesto a levantar el embargo.

En otro capítulo sabroso se cuentan los esfuerzos de personajes famosos para mejorar las relaciones entre los dos países. Entre ellos, el premio Nobel Gabriel García Márquez, que medió en la crisis de los balseros de 1994; el expresidente Carter; y el fallecido expresidente de Coca Cola Paul Austin.

lunes, 21 de octubre de 2013

Guerra de desgaste: La operación Tarnegol 53

Volviendo a leer...
Operación Tarnegol-53 

El 26 de diciembre de 1969, Super Frelons y los recientemente provistos CH-53s llevaron a cabo una de las mejores acciones conocidas de la guerra, la operación "Tarnegol-53" (Gallo-53). Tres Super Frelons participaron en la operación, transportando paracaidistas israelíes a Ras-Arab para hacerse cargo de un radar P-12 egipcio. 

Radares nuevos habían llegado procedentes de la Unión Sovietica a Egipto luego de la Guerra de los Seis Días y rápidamente se convirtieron en un grave problema para Israel; misiones de reconocimiento fueron lanzadas urgentemente a la fotografía del nuevo arsenal de defensa aérea egipcio y en una de ellas se descubrió un nuevo radar, el P-12 soviético situado en la playa del Ras-Arab. La respuesta inmediata fue destruir la nueva estación de radar por medio de un ataquea aéreo, pero poco antes despegue, se decidió la captura de la estación entera. 

 


Antena de radar P-12 

"Tarnegol-53" (Gallo-53) fue el nombre dado a la operación, ésta fue planeada en apenas algunos días comenzando el 24 de diciembre, pronto comenzaron los preparativos, se reunieron mecánicos y personal comando, y comenzaron el entrenamiento utilizando radares rusos capturados durante la Guerra de los Seis Días. 

Los helicópteros seleccionados para llevar la estación de radar al territorio israelí eran los Sikorsky CH-53 Yasur que habían llegado hacia poco tiempo a Israel. Éstos eran los únicos helicópteros capaces de llevar la estación de radar entera, estimada en 7 toneladas. 

La operación finalmente fue lanzada a las 21:00, en la víspera del 26 de diciembre de 1969. Los F-4 Phantoms y A-4 Skyhawks comenzaron la misión atacando a las fuerzas egipcias a lo largo del canal de Suez y el Mar Rojo. 

 

Sikorsky CH-53 Yasur 

Ocultado por el ruido de los jets que atacaban, tres helicópteros Aerospatiale SA 321K Super Frelon transportaban a los comandos y al personal mecánico; realizaron el acercamiento por el oeste, sorprendiendo a un contingente ligero de seguridad de la instalación del radar, por lo que tomaron rápidamente el control del sitio. 

A las 02:00 del 27 de diciembre, cuando ya se había desmontado la estación de radar y habían preparado las piezas para su transporte en los Sikorsky CH-53s, los dos Yasurs fueron llamados. Uno de los CH-53 cargó con la antena de radar, mientras que el otro tomó lo mas pesado, la estación del radar en sí misma de cuatro toneladas. Los dos helicópteros comenzaron a volver a territorio controlado israelí. 

 

Aerospatiale SA 321K Super Frelon (Tzir'a) 

En el viaje de vuelta hubo problemas, el radar resultó mas pesado que las 4 toneladas estimadas inicialmente, lo que puso en peligro la terminación de la operación. 

Los cables que sujetaban el radar, mas el peso del mismo, produjeron averías en el helicóptero y se produjo una falla hidráulica. El capitán del helicóptero decidió cruzar rápidamente a Israel y con lo último de presión hidráulica debió realizar un aterrizaje de emergencia. 

El segundo Sikorsky CH-53 que había llegado ya a su base con su carga más ligera, fue enviado de nuevo a recuperar el radar del sitio del aterrizaje de emergencia. La pesada carga casi hizo lo mismo que con el primer helicóptero, pero el radar finalmente fue entregado al punto señalado, en las manos de especialistas de inteligencia. 

El radar fue estudiado a fondo, de forma que la IAF pronto contó con nuevas contramedidas contra las defensas aéreas egipcias, quitando del medio una de las principales amenazas para la superioridad aérea israelí sobre el canal de Suez; mas adelante fue entregado a los EE.UU., igual que otros equipos capturados antes.


Shomer

miércoles, 10 de julio de 2013

Inteligencia: El Mossad secuestra a Eichmann en Argentina

El secuestro de Adolf Eichmann en Argentina

Todos sabían de su presencia en Argentina
El servicio secreto alemán sabía desde 1952 que Adolf Eichmann, un oficial de las SS nazis buscado por su responsabilidad en el el Holocausto judío, se había refugiado en Argentina tras la Segunda Guerra Mundial. Eichmann, teniente coronel de las SS, responsable de la logística para la deportación de los judíos, fue arrestado por los estadounidenses tras el fin de la guerra pero consiguió fugarse. 

Luego de vivir clandestinamente en Alemania durante varios años, en 1950 se refugió bajo una falsa identidad en Argentina, donde los servicios secretos israelíes lo encontraron y secuestraron en 1960. 

"Eichmann no se encuentra en Egipto, sino que vive bajo el nombre falso de Clemens en Argentina", se puede leer en un ficha del servicio de inteligencia alemán fechada en 1952 y que reprodujo parcialmente el diario alemán Bild en 2009. En esa época, Eichmann utilizaba el nombre de "Ricardo Klement", señala Bild, según el cual los servicios alemanes nada hicieron para arrestar al criminal de guerra. 

Según documentos de la CIA estadounidense desclasificados en 2006, al parecer los responsables alemanes esperaron hasta 1958 para informar a sus pares norteamericanos del lugar donde se ocultaba el ex oficial nazi. La Cancillería alemana, de la que dependen los servicios secretos, se oponía a hacer públicos los documentos relacionados con nazis en fuga, afirmando que eso podría perjudicar la política de Berlín en Medio Oriente, o la colaboración con los servicios de inteligencia extranjeros. 

Pero a fines de abril de 2010, la Corte Administrativa Federal de Leipzig, a la que había recurrido un periodista que trabajaba en Argentina y quería consultar 3.400 páginas de archivos del BND (servicio de inteligencia alemán) de los años 1950 y 1960 sobre Eichmann, juzgó que las razones presentadas hasta ahora había quedado superadas. 


Hace cuatro años se supo que la CIA también sabía que Adolf Eichmann estaba en Buenos Aires, y conocía tanto su nombre falso como su dirección. En una de las habituales piruetas de espionaje de aquellos años, jamás reveló esos datos para no poner en peligro la labor de otro ex dirigente nazi que entonces trabajaba para Washington en Alemania Oriental. Varias décadas después de la noticia del secuestro del temido oficial nazi, y ante la mirada miope de la Historia, justicia, política y conveniencia volvían a mezclarse, cosidas por un hilo invisible.


Adolf Eichmann, "El arquitecto del Holocausto", con su uniforme de las SS (izq.). A la derecha, fotografiado por sus captores antes de llevarlo a Israel. (AP y Archivo) 

Inexorable, la arena del tiempo fue pintando aquella noticia refulgente con el pajizo color de los recuerdos: hace cincuenta años, el secuestro en Buenos Aires del ex jerarca nazi Adolf Eichmann conmovió al país y al mundo, pasmado por la reaparición del "arquitecto del Holocausto" y la precisión de sus captores para trasladarlo en secreto hasta Jerusalem. La sorpresa cedió paso al estupor, y Argentina reclamó a Israel ante las Naciones Unidas por la violación de su soberanía. Mientras, Eichmann se encaminaba hacia el histórico juicio que, en 1962, cerraría el caso y su vida con el sobrio trámite de un patíbulo. 

Esa es la historia, esos los hechos. Pero en los entresijos del expediente judicial iniciado por la esposa de Eichmann para denunciar su desaparición, en los nerviosos documentos diplomáticos que gestionaban la crisis internacional, afloran sustanciosos detalles y peripecias que hasta hoy permanecían engullidos por una primicia que ya no lo es: funcionarios inútiles, burócratas a prueba de balas, jueces burlados sin disimulo por policías, diplomáticos y hasta por oscuros oficinistas, brillantes estadistas entregados al barro de la chicana; ellos son los actores de una crónica escrita con el hilo invisible con el que siempre se cosen los pedazos de la Historia. 



De jerarca de las SS a simple operario de Mercedes Benz
Adolf Eichmann nació en 1906 y se afilió al partido nazi en 1932. En 1935 se casó con "Vera" Liebel, y durante tres años se consagró al profundo estudio del judaísmo. En 1938 organizó la deportación de judíos desde Viena, y un año después lo hizo desde Praga. El 20 de enero de 1942 organizó la conferencia de Wannsse, en Berlín, en la que se decidió la "solución final" para los judíos. Entre sus órdenes habituales, el 24 de enero de 1944 firmó en Praga la de arrestar a "todos los judíos argentinos" que vivieran en los territorios ocupados por los nazis (ver facsímil).

Cuando terminó la guerra cayó prisionero, huyó a los bosques alemanes e
 ingresó al país en 1950 viajando desde Génova, gracias a una de las redes de salvoconducto tendidas por los nazis y sus protectores, con un pasaporte extendido por el Comité Internacional de la Cruz Roja a nombre de Ricardo Klement: un apelativo al que respondió hasta la noche del 11 de mayo de 1960. Vivió en Barracas, puso un taller mecánico en Palermo, se mudó a Tigre y luego se afincó en Tucumán, donde trabajó como hidrógrafo para la firma CAPRI. En 1952 se reencontró con su familia, y un año después se mudó a Buenos Aires. Vivió en La Lucila y en San Fernando, trabajó como mecánico en la fábrica de calefones Orbis y en la planta de camiones de Mercedes Benz. El 11 de mayo de 1960 fue secuestrado por un comando israelí. La captura ocurrió a las 20:05, después de que Klement-Eichmann bajara como siempre del colectivo 203 en la parada de la ruta 202 que quedaba a cien metros de la tapera de la calle Garibaldi, en San Fernando, en la que vivía con su familia. Lo ejecutaron en Jerusalem, el 31 de mayo de 1962. 
 
Entre cigarrillos y botellas de vino kosher lo convencieron de que escribiera y firmara una carta en la que asumía su identidad y aceptaba "voluntariamente" ser trasladado a Israel para someterse a la Justicia. Lo mantuvieron encadenado a una cama nueve días, hasta que la noche del 20 de mayo, drogado y disfrazado, lo llevaron al aeropuerto de Ezeiza. Entre empujones y chacotas, como a un mecánico borracho a quien deben sostener para que no se desplome, lo cargaron al avión de la línea israelí El-Al que Jerusalem había fletado a Buenos Aires dos días antes con la excusa de participar de los festejos del 150° aniversario de la Revolución de Mayo. Dos días después, el premier israelí Ben Gurion anunció al parlamento que el "arquitecto del Holocausto" había sido capturado por "un grupo de voluntarios judíos, algunos israelíes", y que iba a ser juzgado en Jerusalem. 




La penosa causa judicial y diplomática en Argentina 
La prehistoria de aquella operación es pródiga en anécdotas y episodios cautivadores: el fortuito flechazo en Buenos Aires del primogénito del nazi con la hija de un sobreviviente de la Shoah ciego pero con buena memoria para los apellidos, las primeras tareas de inteligencia, desde 1957; la selección de los veinte agentes que participarían de la operación, la decisión oficial de aguantar el seguro chubasco diplomático ante semejante operación para evitar el baldón sufrido apenas un año antes, cuando el pedido de extradición de Josef Mengele por parte de Alemania Federal terminó en la basura porque Argentina respondió que las acusaciones contra el sádico médico experimentador de Auschwitz eran de naturaleza política y que ya habían prescripto. 

Decenas de libros contaron y corrigieron todo eso una y otra vez. Pero bajo el aleteo de las polillas otra historia, más pequeña pero irremediablemente argentina, se escribía en los tribunales porteños. El expediente por el secuestro de Adolf Eichmann se inició el 12 de julio de 1960, cuando el desaparecido ya llevaba casi dos meses aparecido, ahora en una cárcel israelí. La esposa del nazi, Veronika "Vera" Catalina Liebel de Eichmann, protestaba por la captura de su marido, y subrayaba "el agravio inmerecido cometido contra la Soberanía Nacional". La causa se tramitó ante el juzgado penal federal 1, que entonces comandaba Leopoldo Insaurralde. Hoy lo hace María Servini de Cubría. 

El 2 de agosto, el juez le pide al jefe de la Policía Federal que individualice al autor o autores del secuestro, y que una vez hecho esto "los ponga a disposición de este juzgado en calidad de incomunicados." No parecía fácil, cuando todo el planeta sabía dónde estaba Eichmann y en manos de quién. El 9 de septiembre, con picardía, la policía le contesta a Insaurralde que "se resolvió efectuar una revisión de los recortes periodísticos que tratan sobre el particular, a los efectos de una mayor ilustración". La respuesta a lo que el juez pedía estaba en los diarios. 

Los equívocos recién comenzaban. El 29 de agosto, Vera Eichmann firmó una petición al juez: "ha llegado a mi conocimiento que don Otto Adolfo Eichmann será reintegrado a la embajada argentina en Tel Aviv de un momento a otro", especulaba. Tras unas pocas diligencias inútiles, el año se terminaba y el juez seguía perdido. El 16 de noviembre de 1961, el fiscal Francisco D'Albore se despierta: le reclama a Insaurralde que vía exhorto solicite la declaración del propio Eichmann y de cuatro israelíes que según las noticias parecían haber participado del secuestro. D'Albore también pide que la policía averigüe si en los registros oficiales figura la salida del país de Ricardo Klement, y exige que la Dirección de Aviación Civil informe sobre los vuelos de aviones israelíes en mayo, con el detalle de tripulantes y pasajeros. 

El juez mueve su primer dedo el 18 de diciembre -tres días después de que Eichmann fuera condenado a muerte-, para pedirle al entonces canciller Miguel Angel Cárcano que tramite el exhorto ante las autoridades judiciales de Israel "con carácter de muy urgente". Cancillería contesta que el juzgado debe traducir el escrito "al idioma israelí", "diligencia que no puede cumplir este ministerio por carecer de traductor capacitado para ello". Más contratiempos risibles: el 18 de enero de 1962 llega una nota desde la embajada argentina en Israel, que avisa que una de las personas solicitadas, un tal "Eriedman", en realidad se llama "Friedman". Y pregunta qué hacer entonces. Pasan las semanas. El 14 de marzo, Insaurralde le pregunta a Cancillería qué pasó con el famoso exhorto librado en diciembre. Nada. Vuelve a escribir el 16 de abril, ya a otro canciller: Arturo Frondizi había sido derrocado el 29 de marzo por un golpe militar. 

Aunque cueste creerlo, la policía contesta que no sabe si Ricardo Klement salió del país. El 3 de abril, la Dirección de Aviación Civil admite que no tiene más datos sobre el avión israelí. El 31 de mayo, Insaurralde escribe a Cancillería: "atento a las circunstancias que son de dominio público", solicita que "informe con la debida premura sobre el estado de tramitación del exhorto que se librara el 26 de diciembre pasado". Minutos después, Eichmann colgaba de una horca. 

Pero ese detalle no era suficiente para detener el Macondo judicial argentino. El 19 de junio, Migraciones contesta que "no ha sido posible localizar la lista de pasajeros" del avión de El- Al. Habría que preguntarle a la Dirección de Circulación Aérea y Aeródromos, que el 4 de septiembre avisa que ahí no saben nada, pues sólo hacen el parte meterológico y aceptan el plan de vuelo. El jefe de Migraciones en Ezeiza dice que ellos no hacen control de salida. Y la Policía cuenta que averiguó en el archivo de Migraciones, y que allí las planillas y fichas de viaje se mantienen durante un año y luego se destruyen. Adiós, Eichmann. 

Como un chiste tardío, el 29 de agosto Israel responde el famoso exhorto librado ocho meses antes. Luego de deshacerse en "los más atentos saludos", la cancillería "tiene el honor de comunicarle que las instituciones jurídicas competentes llegaron a la conclusión de que a su pesar no existe la posibilidad de acceder al exhorto". Enojado, el fiscal D'Albore escribe que en la respuesta israelí ni siquiera "se advierte el argumento legal que la cortesía y consideración internacional exigían". El 20 de diciembre, el doctor Insaurralde dicta sentencia: "se ha comprobado la conducción de Adolfo Eichmann fuera de los límites de Argentina", advierte con lucidez. Pero "han resultado estériles los esfuerzos del Tribunal tendientes a individualizar a quienes de una u otra manera tuvieron intervención en el episodio". ¿El resultado? "Sobreseer provisionalmente en el presente sumario". 

Pero la inteligencia del pobre juez no había sido mejor tratada que la del Gobierno argentino, que recibió el "caso Eichman" como un cachetazo. Embretado por la noticia que ya daba la vuelta al mundo, el 3 de junio de 1960 el gobierno de Israel le escribe a la Cancillería local que "ignoraba el hecho de que Adolf Eichmann hubiera llegado desde la Argentina", y que sólo ante un telegrama del embajador israelí en Buenos Aires, Arie Levavi, había investigado los pormenores del caso. ¿Cuáles eran? Los de una creativa historia de ciencia ficción: "un grupo de voluntarios judíos (entre ellos algunos israelíes)" habían rastreado, capturado y llevado a Jerusalem al ex jerarca nazi, quien "manifestó su conformidad de ir a Israel espontáneamente para ser procesado". Ante lo evidente, se aclaraba que "en caso de que el grupo de voluntarios haya violado la ley argentina o haya interferido en los fueros de la soberanía argentina, el Gobierno de Israel desea manifestar su pesar al respecto". 

El propio embajador Levavi, admitió tiempo después que la historia de los voluntarios sonaba como un "cuento de abuelas" intragable. El 7 de junio, Israel jugó a fondo, con una carta personal de Ben Gurion al presidente Arturo Frondizi. Después de recordarle que Eichmann fue "directamente responsable de las órdenes de Hitler para la 'solución final' del problema judío en Europa", y de admitir que "no desestima la seriedad de la violación formal de las leyes argentinas", el premier afirma que sin embargo "este evento no puede ser enjuiciado desde un ángulo puramente formal". 

La respuesta de la cancillería fue durísima: el 8 de junio responsabilizó a Israel por las acciones de los supuestos "voluntarios", denunció la falta de un "ofrecimiento de reparaciones" junto con los lamentos por el secuestro, y reclamó tanto "la restitución de Eichmann en el término de esta misma semana" como "la punición de los individuos culpables de la violación del territorio nacional". 

Pero todo siguió igual, y Argentina decidió llevar el caso ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Mientras las posiciones se espesaban cada vez más, y ante la impavidez israelí, las acusaciones argentinas pisaban el límite de lo diplomáticamente tolerable. El 22 de junio de 1960 la ONU condenó a Israel por haber violado la soberanía argentina. Frondizi podría mostrar algo en casa, aunque Eichmann siguiera donde estaba y ningún secuestrador rindiera cuentas ante nadie. Tras algunas negociaciones informales cuyo registro no se conoce, el 3 de agosto ambas cancillerías acordaron que Israel pidiera disculpas por el secuestro y Argentina echara del país al embajador Levavi tras declararlo persona no grata. El incómodo entuerto quedaba saldado, aunque el juez Insaurralde siguiera empapelando los despachos con exhortos y reclamos durante un año y medio más. 

El tiempo pasó, y el Mossad sólo reconoció que sus agentes fueron los verdaderos autores del secuestro de Eichmann en febrero de 2005.







Antes de ser ejecutado, gritó "¡Viva Argentina!"
El 1 de febrero de 1961 fueron formulados los 15 cargos por los que Adolf Eichmann fue juzgado en Jerusalem. El primero de ellos ya era suficiente para justificar la pena de muerte: lo hacía responsable, en asociación con otras personas, de la muerte de millones de judíos y de la ejecución del plan nazi para el exterminio de los judíos.

El juicio comenzó el 11 de abril de 1961, y durante los ocho meses que duró declararon como testigos una centena de ex prisioneros de los campos de exterminio nazis. Bajo la mirada mundial, el proceso cumplía con el objetivo trazado por su inspirador, el premier David Ben Gurion: ofrecer el testimonio definitivo sobre los horrores del Holocausto.



Intelectuales como Bertrand Russell, Elie Wiessel -sobreviviente de la Shoah que años después obtendría el premio Nobel de la Paz- y Hannah Arendt, autora del más agudo testimonio de aquel proceso, presenciaron las audiencias. Escuchando los argumentos del acusado para justificar su rol en la maquinaria nazi, Arendt concibió su popular definición sobre la "banalidad del mal": como lo había demostrado Eichmann, los más crueles asesinos no eran seres especialmente perversos, sino más bien grises burócratas ansiosos por ascender en sus empleos.

Entre el 11 y el 15 de diciembre de 1961, se leyó la sentencia: Eichmann era condenado a muerte.

La noche del 31 de mayo de 1962, el reo fue conducido a la horca. Arye Wallenstein, uno de los dos corresponsales extranjeros a quienes se les permitió asistir a la ejecución, contó que el jerarca nazi caminó erguido hacia el patíbulo, y que mientras el reverendo canadiense William Hull rezaba por él, pronunció sus últimas palabras: "Señores, pronto volveremos a reunirnos. Ese es el destino de todos los hombres. He vivido creyendo en Dios y muero creyendo en Dios. ¡Viva Alemania! ¡Viva Argentina! ¡Viva Austria! Esos son los países con los que tuve una relación más estrecha, y nunca los he olvidado. Tuve que obedecer la ley de la guerra y a mi bandera. Estoy preparado".

La trampa se abrió bajo sus pies dos minutos despúes de la medianoche. Israel cremó su cuerpo de inmediato, y tiró sus cenizas en el mar Mediterráneo. 

La crisis con Israel recién quedó sepultada en 1967
La noticia del secuestro de Eichmann fue un baldazo de agua fría para el gobierno de Frondizi ya que se trataba de una violación a la soberanía nacional por parte de un país amigo. En seguida, el canciller Diógenes Taborda le exigió una explicación al embajador israelí, Arieh Levavi.

“En caso de que Eichmann haya sido capturado en la Argentina, ello se contradice con las normas internacionales y forzará a la Argentina, pese a sus buenas relaciones con Israel, a presentar una protesta muy severa y los resultados serán impredecibles”, afirmó.

El clima se tensó más aún cuando Jerusalem respondió que no sabía que el jerarca nazi venía desde Buenos Aires ya que el Mossad no les había informado al respecto. En el Palacio San Martín, intensificaron la presión y les dieron ultimátum para que lo restituyeran antes del 10 de junio y castigaran a los culpables de la violación a la soberanía nacional.

Dos días más tarde, Ben-Gurión le escribió a Frondizi para poner paños fríos en el asunto. “Estoy seguro, señor presidente, que considerará estos argumentos con toda la ponderación moral. Usted mismo ha combatido contra una dictadura y ha revelado su enfoque sobre valores humanos, y yo espero que nos comprenda y acepte nuestra sincera expresión de pesar por el perjuicio a las leyes de su país, causado en virtud de una obligación moral interna, y que se sume a todos los amantes de la Justicia en el mundo, que ven en el enjuiciamiento de Eichmann en Israel un acto de Suprema justicia histórica, y que las relaciones amistosas entre Israel y su país no resulten perjudicadas”, concluía la carta.

Finalmente, el presidente decidió seguir los consejos de su asesor Mario Weinfeld y elevó el caso a la ONU, “donde debía perderse en algún archivo”. Pero no contaba con que el embajador Mario Amadeo convocaría a una sesión de urgencia al Consejo de Seguridad el 22 de junio para tratar el tema.

“El gobierno de la República Argentina acusa al Estado de Israel de violación de su soberanía con responsabilidad del gobierno de dicho Estado, por el traslado ilícito y clandestino de Adolf Eichmann a territorio israelí”, afirmó el diplomático en la reunión.

Finalmente, el Consejo votó una resolución inocua en la que se instaba a Israel a que indemnizara adecuadamente al país y a que mejoraran “las relaciones bilaterales, históricamente amistosas”.

Ese mismo día, el gobierno, presionado por los militares y el Palacio San Martín, declaró persona no grata a Levavi. Con el correr de las semanas, el tema fue quedando en el olvido y, para el 3 de agosto, funcionarios de ambas cancillerías se sentaron a conversar y emitieron un comunicado que incluía una disculpa de Israel por la violación a la soberanía argentina.

Para finales de año, los dos países ya habían nombrado a sus nuevos embajadores y todo volvió a la normalidad, sólo que Eichmann siguió en Jerusalem. Allí, fue juzgado y se lo condenó a morir en la horca por crímenes cometidos contra la Humanidad. La sentencia se cumplió el 1º de junio de 1962, cuando Frondizi ya había sido derrocado. 

Aunque los gobiernos de Argentina e Israel habían coagulado la polémica desatada por el secuestro de Eichmann en agosto de 1960, la cuestión seguía abierta ante las Naciones Unidas, cuyo Consejo de Seguridad mantenía en su temario el reclamo argentino. Para desactivarlo sin hacer mucho ruido, desde 1963 se hicieron consultas y gestiones entre embajadores y funcionarios, aunque sólo en 1965 la Cancillería ordenó al representante ante la ONU que retirase la "cuestión Eichmann" del temario. 

Pero la última foja de aquel expediente recién se firmó en septiembre de 1967, cuando a través de un telegrama secreto y cifrado la Cancillería autorizó al consejero de la embajada en Tel Aviv a ir a un banquete celebrado para homenajear al ex embajador israelí en Buenos Aires Ari Levavi. Era el mismo diplomático a quien en 1960 el gobierno de Arturo Frondizi había expulsado del país como protesta por la violación de la soberanía argentina con el secuestro de Adolf Eichmann. 

Fuentes
EL UNIVERSAL
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Perfil.com