Mostrando entradas con la etiqueta Heuskalerria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Heuskalerria. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de mayo de 2015

Terrorismo: ETA estaba compuesto por brutos

Iñaki Rekarte: “ETA estaba compuesta por los más burros de cada barrio”
El terrorista arrepentido Iñaki Rekarte asegura que la organización no tenía estructura, ni ideología y los cabecillas se aprovechaban de jóvenes ignorantes
Alfonso L. Congostrina - El País


Iñaki Rekarte, terrorista de ETA arrepentido.

Iñaki Rekarte nació en Irún en 1971, regenta una taberna en Navarra, y es un asesino. En 1992 era el jefe del comando Santander de ETA y el encargado de apretar el botón que hizo saltar por los aires el 19 de febrero del ese año olímpico una furgoneta que acabó con la vida de tres personas. Quería matar a policías pero no lo consiguió. Tenía 20 años. Fue condenado a 203 años de cárcel. Ha estado 21 años privado de libertad.

“La mayoría de los miembros de ETA éramos los más burros de nuestros barrios, pudimos ser cualquier cosa pero, te aseguro, que nada bueno”, certifica Rekarte. “Fuimos una cuadrilla de locos, capaces de matar a desconocidos. Me arrepentiré toda la vida”.

Se desvinculó de la banda terrorista y ahora cuenta su historia en Lo difícil es perdonarse a uno mismo (Península). “Acababa de salir de Proyecto Hombre, no había hablado nunca de política ni en mi casa ni en mi barrio, pero buscaba a ETA con todas las ganas, quería aventuras y al final un día los encontré”, lamenta. La entrada en la organización no fue nada protocolaria: “No hubo ninguna reunión. A mi amigo Juanra y a mi nos dieron un papel con un dibujo donde se explicaba cómo hacer bombas y varios explosivos”. Las órdenes eran simples, “matar a los enemigos, sobretodo policías y guardias civiles”.

Juanra e Iñaki se bautizaron como terroristas acabando con la vida de un narcotraficante. Entonces la organización potenciaba la lucha contra la droga en el País Vasco, ya que la banda aseguraba que los traficantes recibían ayuda de los cuerpos de seguridad, llenaban Euskadi de droga y acababan así con la juventud que creía en ETA. Iñaki no disparó el tiro que segó la vida del camello. Lo echaron a suertes y perdió. Aún así, se acababa de estrenar. “Ya era etarra, me metía en la cama y sabía que tenía que matar, tenía miedo pero no huí, mi cabeza dejó de funcionar; ya no pensaba ni en tener una casa, ni hijos, ni nada… ojala hubiera tenido el valor de marcharme”.

Iñaki ingresó un verano en ETA y fue detenido “ocho o diez meses después”. Le dio tiempo a matar a las tres personas. “Al entrar en prisión sentí tranquilidad, el sinsentido se había acabado”.

En el juicio se limitó a seguir las órdenes de la organización. “Las tonterías que me ordenaron decir eso de no reconozco a este tribunal…” y empezó una nueva vida enjaulado y bajo las órdenes que la organización tenía reservada para los terroristas que acaban entre rejas.

“He estado 22 años preso y nunca me he sentido de ETA. Un día me di cuenta que no tenía ni idea de política, ni de historia, no sabía nada de la vida… me di cuenta de lo que había hecho, el mundo te odia con razón y sólo puedes relacionarte con el resto de presos etarras”. Continuó su vida bajo el yugo de las las órdenes de ETA. “A dónde vas a ir, todo tu entorno es de esa mierda, tu novia también, los que vienen a verte a la prisión, tus compañeros de módulo, todo”.

La banda destinaba los jueves a seguir el adoctrinamiento de los reos dentro de la cárcel: “Hablaban de marxismo y de mil historias que no me interesaban, no sé si uno es de derechas o de izquierdas, sé cuándo alguien me cae bien”. La cuerda empezó a tensarse con sus compañeros y acaba rompiéndose cuando se enamora de una trabajadora social con la que tiene un hijo. “Santi Potros me intentó regañar y me dijo que mi mujer podía ser una infiltrada”, fue la gota que colmó el vaso.

El asesino Iñaki Rekarte dijo basta e hizo público su arrepentimiento. “Al principio me dio miedo acabar como Yoyes pero todo se pasa”.

“Soy el máximo responsable de mis crímenes. Entré en ETA pensando que me encontraría con el Che y con lo que me topé fue con un grupo de personas que utilizaban a jóvenes y balas perdidas como yo para matar”.

Vivir habiendo matado es un ejercicio complicado. “Si hubieran acabado con la vida de un familiar mío creo que odiaría al asesino toda mi existencia. No creo que quisiera hablar con él. Sin duda, soy el máximo responsable de todo el odio y el daño que he causado”.

domingo, 4 de enero de 2015

Franco: 9 vascos escapan como balseros

Los nueve del balandro
Un grupo de vascos se fabricó su propio bote en 1950 para escapar a México y huir de la represión franquista. Sus descendientes recuperan su memoria
ENEKO RUIZ JIMÉNEZ - El País


Los descendientes de Félix San Mamés en el antiguo puerto de Bilbao. / FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

"Jueves 24 de agosto 1950. Día 40. Amaneció, salvo en cine, nunca había visto un espectáculo como el que se me presentaba. Dicen que las islas del Pacífico son bonitas, pero esta era maravillosa, eso me parecía". Félix San Mamés Loizaga veía tierra y lo escribía en su diario. Un mes después de partir de Santurtzi (Bizkaia) en un balandro fabricado a escondidas, él y otros ocho vascos atracaban en Trinidad y Tobago. Todavía quedaban 51 días para alcanzar México, tierra prometida donde habían depositado todas sus esperanzas para escapar del franquismo.

El barco de vela de casco pequeño se llamaba Montserrat y acababa de cruzar el Atlántico. Los propios tripulantes lo habían construido encubierto en el taller de embarcaciones Alsa, al lado de un cuartel de la Guardia Civil. "¿Es ese su balandro?" preguntaron dos agentes una noche. San Mamés, pálido, contestó que sí. "Allí han olvidado un saco". Avisaron y se fueron. Nadie sospechó nada hasta que meses después notaron su ausencia.

El balandro fue desguazado hace décadas. 64 años después su espíritu regresa a casa a bordo de una réplica hecha por el propio Félix y donada por sus hijas y nietas al Museo Marítimo de Bilbao. Allí, los descendientes han dedicado a la epopeya una exposición donde recopilan toda clase de objetos: el diario original (publicado en La Travesía del Montserrat), fotografías, una carta de compromiso firmada por los nueve antes de la partida y la misiva de Gobernación de México que concedía a Félix cobijo político y trabajo como técnico de marina en Veracruz son algunas de las joyas.


Cuatro de los tripulantes del Montserrat en Veracruz, 1950. / FAMILIA SAN MAMÉS
El grupo fue elegido con sumo cuidado por los hermanos Algorri. Como si prepararan un golpe cinematográfico. Los dueños de Alsa no buscaban amistades, sino trabajadores especializados. Los nueve del balandro eran profesionales del mar. San Mamés, con 24 años, era carpintero y remero. Manuel Barinagarrementería, modelista naval. Agustín Palacios, herrero. José Ramón Bilbatúa, mecánico y encargado del motor. Buscaban huir de la represión franquista. Trataban, en muchos casos, de evitar una cárcel segura.

Pero no todo salió como esperaban. La bobina ardió al llegar a Canarias y un mes de viaje se transformó en tres. Como Colón, hicieron su viaje sin radio, y los aparejos se les rompieron, además, tratando de pescar pesados bonitos oceánicos.

"Tenían suerte. Rodearon los siete huracanes con los que se cruzaron. Lo malo es que no me llevaron", bromea su sobrino Juan José San Mamés, que repitió décadas más tarde la travesía para huir del servicio militar español. Lleva txapela y la ikurriña en el pecho, pero su acento suena a mezcla de vasco e inglés. Se casó con su prima, hija de Félix, y con ella vive en San Francisco, donde produce vainilla ecológica. La exposición vuelve a poner en contacto a las nueve familias. Algunos visitan la tierra de sus ancestros por primera vez.

Félix regresó en 1974. Lo que más le sorprendió a su hija Carmen entonces fue que los vecinos todavía lo reconocieran al pasar. Su única pena: no haber visto a su madre, que murió en 1966, por última vez. Era vasco sin dejar de ser mexicano, y mexicano sin dejar de ser vasco, decía.


Los huracanas con los que se cruzó el balandro. / FAMILIA SAN MAMÉS
El balandro Montserrat desapareció, pero el nombre sigue vivo en su nieta, que, con su acento mexicano, vuelve a casa. Ha dominado el baile del aurresku, aprende euskera y se ha echado novio en Bilbao. Las aguas vuelven a traer a los San Mamés a su origen. Montserrat echa anclas en el puerto de salida.