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lunes, 6 de noviembre de 2017

SGM: El milagro del Remagen que no fue

Los nazis no pudieron impedir el ‘milagro’

En la localidad alemana, el Ejército de EE UU logró cruzar el Rin al final de la Segunda Guerra Mundial sin mojarse los pies

JACINTO ANTÓN | El País


Un soldado estadounidense observa el puente de Remagen, que cruzaba el Rin, en marzo de 1945. REUTERS | EPV

Llegué a Remagen para ver un puente que no existe y me llevé un trozo en el bolsillo por la módica cantidad de 33 euros. El puente de Remagen, tomado por tropas de EE UU al final de la Segunda Guerra Mundial (el 7 de marzo de 1945) en un golpe de suerte y audacia considerado tan milagroso (no para los alemanes) como la evacuación de Dunkerque al principio, es uno de los grandes iconos de la contienda, con película y todo, y figura entre las estructuras de su clase más famosas y épicas. El problema, para los mitómanos, es que ya no está.


En Remagen (a 25 kilómetros al sur de Bonn), los estadounidenses encontraron para su enorme sorpresa y alegría un puente intacto sobre el Rin, lo que les permitió cruzar con mucha más facilidad y menos bajas de lo esperado, sin mojarse los pies, esa gran barrera natural y enfilar hacia el corazón de Alemania y el fin de la guerra. Hitler pilló un berrinche de aquí te espero, y también Montgomery, que se reservaba para él y los británicos (por este orden) el honor de pasar primeros el río.

Yo había querido ir allí desde que de niño vi el famoso y emocionante filme de 1969 sobre el episodio bélico, El puente de Remagen, y leí el famoso libro de Paul Berben y Bernard Iselin con el mismo título, publicado por Juventud en 1972.

Hoy, viajar a Remagen bajo la advocación de su legendario puente puede parecer algo realmente muy absurdo, pues la estructura, afectada por los intentos fallidos de demolición de los alemanes y los rabiosos ataques posteriores a su captura (que incluyeron echarle de todo: disparos de artillería, bombardeos de la aviación, y hasta el uso de cohetes V-2, de submarinistas de las SS y del formidable mortero de 540 mm Karl), se desplomó diez días después de caer en manos enemigas —y tras haber pasado a la otra orilla suficientes unidades para romper las líneas de defensa nazis—, el 17 de marzo de 1945. Pero aunque el puente de Remagen ya no exista, visitar el lugar de su emplazamiento es una experiencia que vale mucho la pena.

Arribé en coche por carretera desde Colonia, tras cruzar Bonn y dudando todo el rato si iría a parar al lado correcto del río, el oeste, que es donde se encuentran Remagen y el museo consagrado a la memoria de su puente. Si me equivocaba lo iba a tener más difícil para cruzar que la 9ª División Blindada, pues, como queda dicho, no hay puente. Acerté: ahí estaba Remagen, un pueblo muy bonito, muy diferente del devastado en los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial. Aparqué y bajé corriendo, con el corazón desbocado, hasta a la orilla, a ver el puente que no existía más que en mi cabeza (¡cabeza de puente!). El Rin, decimoquinto río del mundo en volumen, discurría verde, ancho y poderoso. No es extraño que el objetivo de cruzarlo les pareciera a los Aliados una pesadilla similar al desembarco en Normandía.

Observé en ambas orillas las características grandes torres de piedra (dos a cada lado) entre las que estuvo tendido el puente. Pero incluso los pilares (que fueron retirados de en medio del río en 1977 para evitar peligros a la navegación) habían desaparecido. En el día plácido y soleado todo lo que recordaba la batalla por el puente y la desesperada carrera de los hombres de la Compañía A del 27º Batallón de Infantería Acorazada mientras los alemanes trataban de volarlo era el reclamo de un pico picapinos que sonaba como el staccato de una ametralladora MG 42.


Ben Gazzara y George Segal, en 'El puente de Remagen' (1969).

Una cadena de tanque

El museo (bautizado con corrección política Museo de la Paz) ocupa los diferentes pisos de las dos torres del lado de Remagen y está lleno de estupendas sorpresas, incluido un trozo de cadena de un tanque Sherman, cascos y otro equipamiento militar de ambos bandos recuperado en el lugar, fragmentos de una V-2 y de un bombardero a reacción Arado 234 que se estrelló al atacar la estructura, y diversas exposiciones, como la dedicada a la vida de la guarnición alemana, a las víctimas civiles o las unidades estadounidenses que tomaron el puente. Los héroes del momento, interpretados muy libremente en el filme por Ben Gazzara y George Segal, fueron el sargento de la Compañía A Alex A. Drabik, el primero en cruzar, mientras le disparaban y pensando que en cualquier momento el puente saltaría por los aires, y su teniente, Karl H. Timmermann, de orígenes alemanes, nacido en Frankfurt aunque creció en Nebraska. En el otro bando, la pifiaron los oficiales a los que se había confiado la responsabilidad de volar el puente. Hubo fallos técnicos y el azar jugó también pero sin duda fue definitivo el caos reinante entre los militares alemanes. Hitler hizo ejecutar sumariamente (de un tiro en la nuca) por cobardía a 4 oficiales, entre ellos el que tenía el mando, el mayor Hans Scheller. En la película lo encarna, bajo el nombre de Paul Kruger, el actor Robert Vaughn, al que los guionistas le otorgan un pelotón de fusilamiento y un último cigarrillo.

El puente Ludendorff (por el general alemán) o Ludy como lo rebautizaron los estadounidenses, fue construido entre 1916 y 1918 para servir a otra guerra mundial, la primera. Incluía una vía férrea. En 1945 estaba preparado un plan minucioso para volarlo cuando se acercaran los Aliados y hubieran podido pasar al otro lado los últimos contingentes alemanes. Pero las cargas (600 kilos de TNT repartidos en 60 puntos), hechas estallar en el último momento, ya en presencia de la infantería enemiga, no funcionaron bien. Un sargento ingeniero alemán tuvo que activarlas manualmente bajo fuego estadounidense. El puente pegó un brinco con la explosión, pareció levitar, pero al disiparse el humo seguía en pie. Uno casi puede imaginarse a los soldados de Timmermann mirándose unos a otros estupefactos y palpándose para ver si continuaban de una pieza, y a los alemanes exclamando: “¡Ay, madre!”.

A la salida del museo me detuve en la pequeña tienda de recuerdos y adquirí un pequeño trozo del puente (autentificado) de los que se venden para financiar el museo. Así que ya lo saben, si alguien quiere ver el mítico puente de Remagen, puede pasar por casa.

LA PELÍCULA Y LOS RUSOS
El museo del puente de Remagen alberga una exposición sobre la película de 1969 de Hollywood consagrada al episodio, dirigida por John Guillermin, que tuvo una emotiva première en la localidad (se exhiben los tickets). El filme no se rodó en realidad en Remagen —por razones obvias: no había puente— sino en Checoslovaquia, en Davle, que tiene un puente muy parecido al de Remagen, sobre el Moldava.
El rodaje, con 5.000 extras, fue muy accidentado porque durante el mismo (en 1968) tuvo lugar la invasión soviética que acabó con la Primavera de Praga y no era como para estarte paseando con tropas disfrazadas y carros estadounidenses M24 mientras los tanques rusos se enseñoreaban del país. Medios de la RDA incluso hicieron circular que el contingente de ficción eran agentes de la CIA camuflados. Migs y helicópteros de la URSS sobrevolaron el puente mientras se rodaba. Hubo que acabar la película en Castelgandolfo, donde se construyó una réplica de la réplica del puente. Como sintetizó un coronel de EE UU asesor del filme: “¡Demonios, nos costó dos días capturar el puente de Remagen y para hacerlo en la película hemos tardado cien!”.


sábado, 15 de abril de 2017

Afganistán: GBU-43 destruyó una vieja red de túneles muyahidines

"La madre de todas las bombas" destruyó un sistema de túneles construido en la época soviética
La GBU-43 dinamitó búnkers y túneles que habían realizado los muyahidines en cuevas tras la invasión soviética de Afganistán en 1979 y que el Estado Islámico desarrolló desde 2015
Infobae



La Unión Soviética invadió Afganistán en 1979

La bomba GBU-43 usada por Estados Unidos en un bombardeo en Nangarhar, en el este de Afganistán, destruyó un complejo de túneles construido por los muyahidines durante la invasión soviética y mejorado por el grupo afiliado al Estado Islámico (ISIS) en el país que había aguantado otros bombardeos.

La principal base del ISIS en el país estaba ubicada en una zona montañosa en la parte más elevada del Valle Momand, en el distrito Achin, donde el grupo se refugiaba en un complejo sistema de túneles y cuevas, explicaron a EFE autoridades de Nangarhar.

Todas las partes del complejo, de unos 300 metros de largo bajo el terreno rocoso y conectado con las laderas de las montañas del valle, quedaron completamente destruidas en el bombardeo, informó este viernes el Centro Gubernamental de Medios e Información.

Zabihullah Zmarai, vicejefe del Consejo Provincial de Nangarhar, indicó a EFE que en esta zona los muyahidines construyeron búnkers y túneles en cuevas tras la invasión soviética de Afganistán en 1979.


Los muyahidines luchaban contra la unión soviética con apoyo estadounidense, abril 1980

Explicó que esos túneles se extienden por el valle y conectan las montañas de lado a lado a través de un intrincado sistema de conexiones.

Sin embargo, en los últimos dos años, cuando el ISIS hizo su aparición en Afganistán, el grupo yihadista construyó otros túneles y expandió y mejoró el antiguo sistema de conductos existente, para hacerlo más resistente a los bombardeos en la zona.

Zmarai, que en varias ocasiones ha formado parte de las operaciones sobre el terreno de las fuerzas afganas, explicó que "las bombas pequeñas no eran capaces de destruir las cuevas del ISIS" al afirmar que la "gran bomba" era la esperanza para acabar con el grupo terrorista.

"La madre de todas las bombas fue usada en Achin contra el ISIS después de que varios bombardeos y ofensivas terrestres de fuerzas afganas y extranjeras no pudieran despejar el área", indicó a EFE el portavoz del gobernador de Nangarhar, Attaullah Khogyanai.

Según el portavoz de la autoridad local, "decenas de ataques con drones contra esta base no habían tenido resultado" y al menos tres operaciones terrestres en los dos últimos años no habían podido despejar la base del ISIS con su estructura complicada.

"Ahora nuestras fuerzas tendrán más fácil manejar la amenaza en esta zona", dijo.

Las palabras de Khogyanai contrastan con la información dada por el Gobierno afgano, que en junio del año pasado afirmó que el ISIS ya no suponía un "desafío" para la seguridad nacional, debido a que ha sido derrotado en gran parte de las áreas en las que permanecía activo en el país.


La “madre de todas las bombas” utilizada contra ISIS en Afganistán

El ataque de ayer se produjo después de que el Gobierno de Afganistán afirmara esta misma semana que el número de insurgentes del ISIS en el país es inferior a 400 y que el año pasado abatió a unos 2.500 miembros del grupo, lo que redujo su presencia a sólo dos de las 34 provincias afganas

También la misión de la OTAN en Afganistán informó la semana pasada de que en los dos últimos años ha reducido a la mitad el número de miembros del grupo terrorista y en más de un 60 % el territorio controlado por el ISIS en el país.

El pasado día 6 un portavoz de la misión "Apoyo Decidido" de la OTAN, el capitán Bill Salvin, aseguró que el ISIS será derrotado en el país asiático durante el próximo año y que el territorio afgano no se convertirá en un lugar "seguro" para los combatientes del grupo terrorista.

jueves, 31 de marzo de 2016

SGM: Heligoland reciben la primera bomba del conflicto

Heligoland, la isla que recibió la primera bomba aliada en la Segunda Guerra Mundial

Por Guillermo Carvajal - La Brújula Verde


Heligoland (en alemán Helgoland) y Düne son dos minúsculas islas que están situadas en el Mar del Norte y pertenecen al estado federado alemán de Schleswig-Holstein, a setenta kilómetros de la costa continental, aunque en otros tiempos fueron de Dinamarca y Reino Unido. Son pequeñas de verdad hasta el punto de que Heligoland, la mayor y más conocida, no llega a los dos kilómetros de longitud y acoge un encantador pueblo de millar y medio de habitantes, así como un puerto, un helipuerto y un hospital; la otra es apenas un pedazo de tierra rodeado de playa con el espacio justo para un pequeño aeródromo y un cámping.



La gracia es que ambas están muy próximas entre sí, hasta el punto de que antaño se unían por bancos de arena, hoy sumergidos a profundidades entre uno y cuatro metros por la fuerte erosión del mar, las mareas y las tempestades. De hecho, Heligoland se va hundiendo poco a poco y su parte sur (Unterland) está por debajo del nivel marino (claro que el punto más alto, Oberland, apenas llega a 61 metros), y buena parte del litoral, al igual que el perímetro de Düne, han tenido que ser protegidos con espigones.



Uno de ellos rodea a Lange Anna (Ana la Larga), el icono local, una especie de aguja pétrea de 46 metros de altura que quedó erguida y separada del acantilado adyacente cuando éste se desplomó. Se calcula que, si no le hubieran puesto alrededor ese anillo de hormigón teñido de granate, los elementos derribarían a Anne en pocos años. ¿Por qué ese color? Por la principal característica geológica de Helgoland: la roca de intenso color rojo que da un tono muy particular a sus acantilados y que es inédita en esas latitudes.


Ana La Larga

Heligoland tuvo pobladores desde la Prehistoria y su posesión siempre fue muy disputada, hasta el punto de que se convirtió en moneda de cambio en el juego político decimonónico. Como cabía esperar, los militares alemanes instalaron allí una base naval y la batalla inicial de la Primera Guerra Mundial se libró cerca, mientras que en la Segunda recibió la primera bomba aliada sobre territorio germano. La RAF y la Armada británica la arrasaron a base de bombardeos continuos de los que aún quedan abundantes restos en forma de cráteres; una leyenda local dice intentaban hacerla desaparecer. Si fue así no lo lograron, pero siguieron usándola para prácticas de tiro hasta 1952, año en que fue devuelta a Alemania y retornó la población civil.

Todo esto contrasta con su situación actual, pues ambas islas viven del turismo, recibiendo numerosos visitantes llegados en ferry (tarda alrededor de 3 horas), pequeños aviones o incluso cruceros. Además están exentas de impuestos en varios productos como el alcohol, el tabaco, el chocolate y, por supuesto, el combustible. Claro que de éste no andan muy necesitados, ya que están prohibidos los vehiculos particulares (bicicletas incluidas) salvo los de cuerpos de seguridad y sanitarios, que de todas formas son eléctricos. Energéticamente, las islas son autosuficientes porque obtienen electricidad por vías renovables y cuentan con una planta desalinizadora.



Los visitantes pueden disfrutar de un tren turístico que recorre Heligoland en 20 minutos, así como de un ascensor que sube hasta Oberland para ver el pueblo desde lo alto (también hay escaleras). Asimismo poseen gran atractivo los fondos submarinos, atrayendo a muchos buceadores no sólo por la fauna (que incluye focas y leones marinos) y las formaciones naturales sino porque hay yacimientos arqueológicos subacuáticos; debe tenerse en cuenta que la isla se identificaba con la morada del dios escandinavo Forseti, asimilable a Poseidón, y que no faltó quien localizara allí la Atlántida, confundiendo las cordilleras submarinas con restos arquitectónicos.

Pero algo de sagrado sí que tiene Helgoland, pues en su suelo compuso la letra del himno teutón el poeta August Heinrich Hoffmann von Fallersleben en 1841 (la música es de Haydn).

domingo, 8 de febrero de 2015

Guerra del Rif: Secuelas de los ataques químicos españoles

El cáncer que aún bombardea el Rif

  • ONG marroquíes reclaman a España y Francia que reparen los daños de las armas
  • Una de cada dos personas que nace en España padecerá cáncer

El País


Un grupo de personas durante la recogida de donativos y tabaco.

La orden, escrita a mano, está datada en Melilla un 22 de marzo de 1925. La firma un comandante español para autorizar el lanzamiento de 100 bombas C-5 sobre el paso fronterizo de Larbaa En Taourirt. Figura en el ensayo Armas químicas de destrucción masiva sobre el Rif, del jurista Mimoun Charqi, donde se recogen media docena de trabajos científicos de expertos de varios países para documentar el daño que aún hoy, 90 años después, sufren muchos descendientes de las miles de víctimas de aquella sangrienta guerra. Casi el 80% de los adultos y el 50% de los niños enfermos de cáncer atendidos aún hoy en el hospital de oncología de Rabat proceden de la misma zona del Rif donde la aviación del Ejército español estrenó mundialmente el mortífero uso del gas mostaza.

La guerra del Rif se desarrolló entre 1924 y 1927 en varias provincias del norte de África como consecuencia del conocido episodio del desastre de Annual, la batalla en la que se estima que murieron unos 13.000 soldados españoles y que marcó en julio de 1921, según el político Indalecio Prieto, uno de los periodos más agudos de la decadencia de España.

Los rifeños marroquíes, al principio solo unos 3.000, respondieron así con la luego copiada guerra de guerrillas por El Che o Ho Chi Minh, al despliegue de 26.000 soldados españoles y a los más de 700.000 uniformados franceses frente a la rebelión comandada por el mítico Mohamed Abdelkrim El Khattabi.


Bendición de los aviones de Cruz Roja.

El rey español Alfonso XIII estaba enardecido: “Dejémonos de vanas consideraciones humanitarias porque con la ayuda del más dañino de los gases salvaremos mucha vida. Lo importante es exterminarlos como enemigos, como se hace con las malas bestias”. La frase también figura en el trabajo que acaba de publicar en Marruecos el profesor Charqi, que recopila una serie de estudios genéticos americanos, japoneses, ingleses e italianos que relacionan el cáncer con el uso de armas químicas como las lanzadas por primera vez durante la guerra del Rif: gas mostaza (iperita), fosgeno, difosgeno y cloropicina.

La Asociación para la Defensa de las Víctimas del Gas Tóxico en el Rif, presidida por Rachid Raha, con cinco familiares con cáncer, ha montado para este sábado en Nador un encuentro coloquio entre varios expertos y víctimas para debatir sobre las consecuencias para la salud aún hoy de aquel dañino experimento. El colectivo aprovechará la cita para manifestarse y reclamar a las autoridades de Marruecos, España y Francia un hospital de oncología asentado en la zona de Nador, la provincia más perjudicada por el cáncer en todo el país. Han redactado sendas cartas para enviar a los jefes de Estado de España, Felipe VI, y Francia, François Hollande, “para que reconozcan este crimen contra la humanidad” y acepten algún tipo de reparación en forma de infraestructura, como el citado centro sanitario u otro tipo de obras para una región muy marginada.

La precisión de las víctimas que pudo causar aquel inédito despliegue de las armas químicas por una aviación militar es prácticamente imposible. Ya no queda ninguna directa viva, como tampoco ningún responsable directo de aquella masacre. Entonces fueron miles los muertos y damnificados por lo que llamaron sin saber qué era “el veneno” (Arhach). Primero se quedaban ciegos, luego no podían respirar y morían. También se contaminó el agua de algunos ríos y el medioambiente.

Los españoles tenían órdenes de apuntar, sobre todo los días de buen clima, con sol y sin viento, contra los zocos cuando hubiera mercado, para causar más bajas civiles. También hubo soldados españoles afectados, especialmente por accidentes, en la Fábrica Nacional de Productos Químicos, en La Marañosa, con la asistencia del químico alemán Hugo Stoltzenberg, que luego fue premiado con la nacionalización española.

Primero se quedaban ciegos, luego no podían respirar y morían
Los últimos datos de enfermos de cáncer descendientes de aquellas víctimas directas se remontan en el caso de los adultos a 1999 y a 1995 en el de los niños atendidos en el único hospital oncológico y la Casa del Porvenir de Rabat. No ha sido posible actualizarlos. El Gobierno marroquí no quiere molestar a España y el pasado 23 de diciembre, su ministra delegada de Asuntos Exteriores, Mbarka Bouaida, se escabulló de una pregunta del diputado socialista de la oposición, Abdelhak Amghar, aludiendo al especial buen momento entre los dos países y a una posible solución negociada. La ministra no ha podido ser localizada por este periódico. Y en la Embajada de España, tras consultar en Madrid, desconocen esa eventualidad.

Lo que sí está demostrado es que España estaba encendida y humillada por el fracaso de Annual, que el ejército llegó a disponer de hasta ocho aeropuertos en esa área y algunos investigadores calculan que alrededor de 127 bombarderos pudieron arrojar hasta 1.680 de esas bombas químicas diarias, prohibidas expresamente un año después por el Protocolo de Ginebra. El profesor Charqi alega que ya antes de esa firma otros tratados internacionales, como el de Versalles, exigían que no se manejaran ese tipo de armas de destrucción masivas.

No hay trabajos fiables sobre las consecuencias de la guerra del Rif, y menos en Marruecos, donde este episodio tampoco es conveniente ni estudiarlo ni airearlo, porque esas cinco provincias del norte del país siguen siendo ahora un espacio relegado, que reclama su propia autonomía con aires de independencia cuando aún no está nada resuelto el futuro del ocupado Sáhara Occidental.

La charla con los historiadores termina en el café La Rive, en la plaza Pietri de Rabat, y el dueño del local, el rifeño Ben Rachid Mohamed el Amine, se acerca. Su madre, Fátima, acaba de fallecer de cáncer y su hermana Naima, y su hermano Abdeladim, han contraído la misma lacra.

lunes, 18 de agosto de 2014

GCE: Tres días de bombas sobre Barcelona

Tres días bajo las bombas
Casi mil muertos, más de mil quinientos heridos, decenas de edificios destruidos fue el balance de los bombardeos de marzo de 1938, los más devastadores que sufrió Barcelona durante la Guerra Civil.

La Vanguardia



A finales de julio de 1936, cuando los dos bandos enfrentados en la Guerra Civil española consolidaron sus posiciones, los efectivos navales y aéreos de los sublevados eran notoriamente inferiores a los republicanos. Ante las peticiones de ayuda del general Franco a Alemania e Italia, el Duce reconoció al bando nacional como el único gobierno legitimo de España y envió las primeras unidades aéreas –sin distintivos ni bandera- para ayudar a cruzar el estrecho de Gibraltar a las fuerzas rebeldes en África.

Durante el conflicto los italianos realizaron más de 135.000 horas de vuelo, llevando a cabo 5.318 operaciones de bombardeo en el que fueron lanzadas cerca de 11.500 toneladas de bombas. Gran parte de las operaciones fue llevada a cabo desde Mallorca, que al caer en manos de los sublevados se convirtió en una base privilegiada para atacar la costa mediterránea. La base de la Aviación Legionaria italiana en las Baleares fue creada a mediados de noviembre de 1936. Gozó de gran autonomía durante todo el conflicto y desde febrero de 1937 al 25 de enero de 1939 lideró el bombardeo de Barcelona y de las principales ciudades catalanas.

41 horas de bombardeos. Entre las 22.08 horas del día 16 de marzo de 1938 y las 15.07 horas del día 18, los aviones italianos realizaron 13 raids, con intervalos aproximados de tres horas. El ataque afectó al área central de Barcelona: la izquierda del Eixample, Poble Sec y el entorno de plaza Catalunya.

Bombardeo espaciado. Fue la primera vez en la historia que una ciudad de más de un millón de habitantes era sometida a un bombardeo continuo, sistemático y regular. La táctica italiana creó el pánico en los barceloneses, que ya no distinguían si las sirenas anunciaban el fin de un ataque o el inicio del siguiente. De esta forma, el ataque por saturación desarticuló los sistemas de alarma, paralizó la ciudad y provocó la huida temporal de millares de personas de sus domicilios.
Los bombardeos de marzo de 1938, al igual que el de Gernika en abril de 1937, fueron demostraciones notorias de que el cielo de la península se había convertido en un banco de pruebas para las potencias extranjeras.

44 toneladas de bombas arrojaron los Savoia S81 y S79, los más eficaces bombarderos de los que disponía en aquel momento la aviación italiana. Con una capacidad de ataque muy similar a los Heinkel 111 de la legión Cóndor alemana. Cada Savoia S79 tenía una tripulación de cinco hombres y una capacidad para transportar 1,2 toneladas de bombas. Además, llevaban incorporados otra novedad: cámaras fotográficas de alta calidad con las que retrataban sistemáticamente todas sus misiones. Gracias a esta innovación, desde hace pocas décadas tenemos impresionantes testimonios gráficos de los bombardeos sobre Barcelona.

La gran explosión. El suceso más impactante fue la bomba que impactó alrededor de las dos de la tarde del día 17 sobre un camión militar, con 23 militares a bordo, que transportaba ocho toneladas de trilita desde las canteras de Montjuïc hasta la Inspección general de Ingenieros de La Sagrera. La explosión del camión cerca de la confluencia de la Gran Vía con la rambla de Catalunya fue tremenda. La colosal columna de humo, de 250 metros, sorprendió a los mismos aviadores italianos. Incluso días después, la prensa internacional especuló que era una superbomba experimental que alguien bautizó ingeniosamente como “de aire liquido”.

Un millar de muertos. La cifra exacta de fallecidos es desconocida. La Generalitat la cifró en 872 (de ellos, 118 niños) tras los ataques, pero los estudios actuales –contrastados y rigurosos- elevan la cifra a cerca del millar, sumando los que fallecieron en las semanas siguientes a consecuencia de las heridas recibidas. Algunos autores señalan que la existencia de 1.365 refugios antiaéreos, la gran mayoría construidos por los vecinos –sólo 24 eran municipales- evitó muchas más víctimas.

Los autores. Aunque el Gobierno republicano –como se constata en nuestras páginas de la época- acuso también a la aviación alemana de haber participado en los ataques, fue la Aviación Legionaria la única responsable. El bombardeo de Barcelona fue ordenado por Benito Mussolini al general Giuseppe Valle, viceministro de la Aviación Militar italiana, quién a su vez trasladó la orden al general de brigada Vicenzo Velardi, jefe de la Aviación Legionaria. La orden fue transmitida, la noche del 16 de marzo, mediante un telegrama que decía literalmente“Iniciar desde esta noche una acción violenta sobre Barcelona con martilleo espaciado”. Esta última expresión “martellamento diluido nel tempo” denomina con exactitud la innovadora táctica empleada por los italianos.

El porqué. También ha sido tema de controversia. Se atribuyó a una venganza por el fracaso del Corpo di Truppe Volontarie en la batalla de Guadalajara en 1937; al menoscabo por parte de Franco de la conquista de Santander por los italianos; a los celos de Mussolini por el Anschluss -la anexión de Austria por la Alemania nazi el 13 de marzo- o como advertencia a Francia para que no realizase una venta masiva de armas a la República. Lo cierto es que a partir de enero de 1938, tras la victoria de los nacionales en la batalla de Teruel y la imparable ofensiva de Aragón que acercaba la guerra a las fronteras catalanas, la Aviación Legionaria intensificó los bombardeos sobre Catalunya.
El objetivo principal de los bombardeos de marzo, más allá de industrias, fábricas, instalaciones militares y edificios oficiales, fue el amedrentar a la población y sembrar el caos. El bombardeo de los barrios centrales de la ciudad, densamente poblados, provocó que la mayoría de las víctimas fueran civiles.

La condena internacional. La publicación en la prensa francesa, británica y norteamericana de la crueldad de los bombardeos forzó al general Franco a ordenar el fin de los ataques, consciente de que la batalla propagandística, que ya iba perdiendo tras la destrucción de Gernika, perjudicaba su causa ante las cancillerías europeas. El secretario de Estado estadounidense, Cordell Hull, expresó su horror por las víctimas civiles e incluso el prudente papa Pío XII pidió moderación.

Querella judicial y silencio italiano. La asociación Altra Italia y dos afectados directos de los bombardeos presentaron en 2012 una querella para que se investigaran las acciones de la aviación italiana. El juzgado de instrucción 28 de Barcelona rechazó en primera instancia la acción judicial y archivó la demanda. Sin embargo, el 23 de enero de 2013, la sección décima de la Audiencia de Barcelona emitió un auto en que obligaba al magistrado a iniciar investigaciones sobre los acontecimientos. Pocos días más tarde, el 1 de febrero, el Ayuntamiento aprobó por unanimidad condenar los bombardeos de la aviación de Mussolini, pero de momento el gobierno municipal no se ha personado como parte perjudicada en la causa judicial abierta.


Gernika y Barcelona inauguraron una trágica lista que continuaron Coventry, Londres, Dresde, Hamburgo, Hiroshima, Nagasaki, Vietnam. Y más recientemente, el bombardeo químico de los kurdos de Halabja, Iraq, por las tropas de Sadam Hussein; Belgrado y Bagdad. Pero a diferencia, de muchas de estas ciudades, los bombardeos de Barcelona no han quedado fijados con intensidad en la memoria colectiva de la ciudad.

La prueba es que el monumento a las víctimas de los bombardeos de la Guerra Civil no fue inaugurado hasta el 29 de abril de 2003. Veintiséis años después de la recuperación de la democracia. Frente al cine Coliseum, en la Gran Vía –donde explotó el 17 de marzo el camión de trilita- se ubicó la escultura Encaix, de Margarita Andreu, con el deseo de simbolizar que lo que se rompe puede volver a unirse. Un deseo empequeñecido por la desmemoria de muchos barceloneses sobre aquel trágico 1938.

domingo, 11 de mayo de 2014

El milagro de la estatua del Gral. San Martín

La resiliencia de la estatua del Libertador


Durante la Segunda Guerra Mundial, estando la ciudad bajo ocupación nazi, Boulogne-sur-Mer soportó 487 bombardeos aéreos aliados y una gran cantidad de ataques navales cuyo objetivo era destruir una base de submarinos alemana. Ante tales ataques, desparecieron barrios enteros de la ciudad, en especial del área costera.


Inauguración del monumento en 1909

La estatua permanece incólume luego de los bombardeos aliados

La base en cuestión estaba emplazada a unos doscientos metros de la estatua erigida en honor a José de San Martín (libertador argentino), y casi todo el lugar fue destruido, excepto la estatua. Numerosas bombas estallaron a uno y otro lado del monumento y solo algunas ligeras esquirlas tocaron su base. Fotos posteriores a la Liberación muestran las ruinas y, entre ellas, casi intacta la escultura a San Martín. Según testimonios de la época, para el pueblo boloñés, se trató de un milagro, y así lo llamaron: el milagro de la estatua de San Martín.

CESAR BUCCA
MOVIMINTO SANMARTINIANO NACIONAL