Mostrando entradas con la etiqueta animal de transporte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta animal de transporte. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de enero de 2019

El entrenamiento de caballos de los Hititas

Kikkuli, el hurrita que susurraba a los caballos



Javier Sanz —  Historias de la Historia


Gracias a estudios realizados en Kazajistán sabemos que el caballo se domesticó hace ya mucho, en concreto más de 7000 años. Si bien al principio se le usaba sobre todo para pieles y comida, con el tiempo se le descubrió una gran utilidad para portar pesos y tirar de los carros, y por supuesto, una gran ventaja en la guerra, como no podía ser menos. En China, en el antiguo reino de Shang, hay pruebas del uso de caballos tirando de carros de guerra, antes incluso de que se aprendiera a cabalgar. En Sumeria los carros eran tirados por onagros, pero este animal resultaba difícil de domesticar y bastante cabezota una vez amaestrado, con lo que los asirios acabaron prefiriendo rocines para tirar de sus máquinas de guerra. Con el tiempo diversos pueblos de la antigüedad montaron en los caballos introduciendo la caballería en las batallas. Eso sí, sin estribos, por mucho que Hollywood se empeñe en mostrar lo contrario.



El espionaje industrial debió hacer aparición más o menos al mismo tiempo que el del hacha de piedra de repetición. Y es que si tus vecinos de la cueva de al lado inventaban una lanza más aguda y resistente, tenían una ventaja clara a la hora de traer filetes al hogar. Esta idea básica es aplicable al mundo de la guerra. El carro sumerio era lento y poco maniobrable, por lo que se piensa que solo servía para chulear en los desfiles o perseguir al enemigo ya derrotado. Quienes comenzaron a utilizar caballos en los carros de guerra descubrieron que sus máquinas iban a más velocidad que las del contrario, tiradas por onagros o burros, y que desde esa plataforma el acto de arrojar jabalinas y flechas resultaba tan fulminante que se podía lograr que el contrario entrara en pánico. En cierto modo se descubrieron los conceptos de “blitzkrieg” (guerra relámpago) y de “sálvese quien pueda”. Pero el problema surge cuando dos reinos importantes poseen carros de guerra y caballos en abundancia, y si de forma habitual un monarca menta a la madre del otro y viceversa, ya tenemos creado un conflicto en toda regla. En el caso que nos ocupa dicho conflicto fue protagonizado por los egipcios y los hititas, los cuales deseaban extender su influencia por la zona de la actual Palestina.


Batalla de Qadesh – Egipcios versus Hititas

Entre ambos reinos se desarrolló, como era lógico, el preceptivo espionaje militar, porque cada reino tenía algo que el otro no había conseguido desarrollar. Así, por ejemplo, los egipcios habían introducido la construcción en serie en sus fábricas de carros, lo que permitía fabricarlos rápidamente. Asimismo, diseñaron un tipo de rueda especial que permitía una gran velocidad en un terreno con algunos baches pequeños (siempre que no fueran excesivos). La colocación del eje de las ruedas le daba mucha estabilidad y eso hacía que los arqueros pudieran apuntar mejor. Pero el problema de este tipo de desarrollos es que eran copiables. O sea, que un espía podía descubrir las ventajas de la producción en serie y tras capturar un carro egipcio, los hititas podían ver las particularidades de su construcción y adaptarlas o plagiarlas. Lo que resultaba más difícil de imitar eran los caballos, y en concreto, su entrenamiento. Y en este aspecto los hititas lograron darle a los egipcios una desagradable sorpresa, gracias a que contaron con los servicios del, hasta que se demuestre lo contrario, el primer experto en entrenamiento y cría de caballos de la antigüedad. Su nombre fue Kikkuli, y era de origen hurrita-mitannio.

Mitanni estaba en la zona alta del río Habur, afluente del Éufrates, en el actual norte de Siria. Por ese lugar, desde tiempos inmemoriales, pasaron nómadas procedentes de Kazajistán y Armenia. Uno de los ejemplos más antiguos lo encontramos en la historia acadia de “Sargón y los siete reyes”, en la que el fundador del imperio acadio, como si de un superhéroe se tratase, organiza una expedición militar hacia el norte hurrita con el fin de acabar con los ataques de los nómadas a las caravanas comerciales. Muchos de esos nómadas iban acompañados de caballos, con lo que no es de extrañar que reinos norteños como el de Mitanni acabaran usando estos animales. En esa zona, como hemos dicho, nació Kikkuli. Su fama debía ser tanta que fue llamado a la capital de los hititas, Hattusa, para trabajar en la casa real. Kikkuli ideó un sistema de cría y entrenamiento que proporcionó los mejores caballos de guerra de su tiempo. Y lo más extraordinario es que escribió un libro explicando su método. Han llegado hasta nuestros días tres copias de su tratado, y la mejor conservada resulta especialmente interesante porque incluye términos indo-arios, y el autor se ve obligado, acto seguido, a explicar su significado.


Entrenamiento Kikkuli

El método de Kikkuli se puede resumir en dos fases:
  1. Una selección previa de los animales, que duraba cuatro días. Durante la misma se observaba que el animal no tuviera entrenamiento previo alguno, que el terreno fuese desigual, que la temperatura no resultara desagradable para el rocín, que se le colocaran accesorios que fuese a llevar en un futuro, que tirara de un carro o fuese montado, y que hiciese la prueba a su aire, a su propia velocidad sin ser forzado a cambiarla. Se les eliminaba si se cansaba demasiado, mostraba cojera, e incluso se observaban sus pulsaciones cardíacas media hora después de acabada la prueba. Los caballos seleccionados tenían 16 días de descanso antes de pasar al entrenamiento.
  2. El entrenamiento duraba siete meses, durante los cuales se le acostumbraba poco a poco al ejercicio y al peso de un carro de guerra completo con sus servidores. Era distinto según si el caballo era primerizo o si se estaba recuperando de una lesión. El libro es muy minucioso especificando tres sesiones diarias de ejercicio, así como la duración del trote, el paso y el galope de cada uno. Después de siete meses de adiestramiento se les concedía tres de descanso y vuelta a empezar. Las series de instrucción eran menos duras si el animal se estaba recuperando de una lesión. También especifica que antes de los 5-7 años de edad, según tamaño y desarrollo, no debían cargar pesos.



Lo más interesante del libro es que insiste en que hay que tratar a los animales con cariño y respeto, pues advierte que son seres que han puesto su vida a nuestro servicio con devoción. También insiste en que un caballo contento, al que se permite entrenar a su propia velocidad y capacidad, será un caballo que rendirá mejor. La alimentación equilibrada de los animales se consideraba fundamental, y consistía en heno para días de descanso, a los que se añadía cebada y avena en días de entrenamiento. Si este era severo, los granos debían servirse germinados, secos y con algo de sal.

Este sistema permitió que los hititas se las hicieran pasar moradas al bueno de Ramsés II. Lo que me recuerda, ya para acabar, una observación del humorista gráfico estadounidense Larry Gonick, en su “Historia del Universo en Cómic”, cuando al hablar de la batalla de Qadesh, entre hititas y egipcios, comenta que el faraón rodeó la ciudad con su ejército mientras los hititas se desplazaban manteniendo la población entre ellos y los egipcios, para no ser descubiertos. Y el humorista, con bastante tino, se pregunta, ¿acaso Ramsés II no vio ninguna huella de carro? ¿Ni una sola bosta de caballo? ¿Nada de nada? Una de dos, o Ramsés II no era tan inteligente como los papiros nos quieren dar a entender o el “Método Kikkuli” incluía alguna técnica secreta, no especificada en el mismo, para hacer que miles de caballos esperaran a la hora del paseo para hacer sus necesidades y, como un cánido cualquiera, recogerlas con su bolsita correspondiente (versión saco en este caso).

viernes, 30 de diciembre de 2016

Cártago: La ruta de estiércol de Anibal Barca

Geólogos pueden haber encontrado la ruta exacta Hannibal utilizó para cruzar los Alpes-Siguiendo un rastro del estiércol
George Winston - War History Online




Elefantes de guerra retratados en Hannibal Barca cruzando el Ródano, por Henri Motte, 1878.

En el año 218 a. C., Aníbal marchó con un ejército formado por soldados, mulas, caballos y elefantes de España, sobre los Alpes y en Italia para atacar a los romanos al comienzo de la Segunda Guerra Púnica. Su ruta precisa a través de los Alpes ha sido debatido durante años.

Bill Mahaney, un geólogo y profesor emérito de la Universidad de York en Toronto, dirigió un equipo que ha encontrado pruebas que respaldan una ruta propuesta por el biólogo británico Sir Gavin de Beer. De su estudio, parece que el ejército marchó a través del Col de la Traversette en la frontera franco-italiana.


Ilustraciones de "Römische Geschichte" de Mommsen página 265, Hannibal.

"Si se confirman, los hallazgos presentados aquí tienen implicaciones de gran alcance para resolver la cuestión de la ruta Hannibalic y, lo que es más importante, para la identificación de un sitio que se podría esperar que arroje importantes datos arqueológicos históricos y artefactos relacionados con la invasión púnica" Los investigadores escribieron en la primera parte de un estudio de dos partes publicado en la revista Archaeometry.


Mahaney ha estado interesado en la historia clásica como un hobby durante décadas. Sabía del debate sobre la ruta de Hannibal y pensó que podría ser capaz de determinarlo a partir de las descripciones de la geología en los textos históricos. Como ejemplo, el historiador griego Polybius menciona una caída de dos niveles en su relato de la caminata.

Mientras estuvo involucrado con un estudio no relacionado, Mahaney mantuvo un ojo hacia fuera para las pistas que emparejaron esas descripciones. Con el tiempo, acumuló suficientes pistas para aventurarse una hipótesis sobre dónde debía haber pasado el ejército.

Hay un mire en un área donde el terreno de las montañas rocosas da paso a la vegetación, con un arroyo por debajo del Col de la Traversette que haría un buen lugar para regar a los animales y permitirles alimentarse.


La ruta de invasión de Hannibal dada por el Departamento de Historia de la Academia Militar de los Estados Unidos. Hay un error en la escala. Crédito de la imagen.

Mahaney tomó un equipo y perforó unos 70 cm en el suelo y recuperó núcleos de sedimento. Los núcleos tenían 3.000 años de sedimento. Dentro de los núcleos había una capa que se agitaba.

"Le dije a los otros chicos, '¿Alguna vez has visto algo así?' Ellos sólo me miraron."

Mahaney dijo que había sacado "dos o trescientos núcleos de todo el mundo y nunca he visto algo como esto".

"Así que esto es helada o un infierno de un grupo de personas que vienen con los animales sacudiendo el infierno fuera de esta turba."

No había evidencia de heladas en sitios cercanos de ese período de tiempo.

La capa batida tenía un montón de material orgánico, incluyendo "algunos caca - un montón de ella", dijo Mahoney.

Chris Allen, un microbiólogo de la Universidad de Queen's en Belfast en Irlanda del Norte, analizó la bacteria en esa capa y encontró que más del 12% eran clostridios. Ese tipo de bacterias generalmente es dos o tres% de las bacterias encontradas en el suelo, pero es el 70% de las bacterias en el intestino del caballo. También hubo una gran cantidad de ácidos biliares y grasas que se encuentran en las heces de mamíferos. La evidencia apuntaba hacia una gran cantidad de estiércol de caballo y mula.


Hannibal y sus hombres cruzando los Alpes.

"Encontramos evidencia científicamente significativa de estos mismos insectos en una firma microbiana genética que data exactamente de la época de la invasión púnica", dijo Allen en un comunicado de prensa.

El equipo no logró encontrar ninguna evidencia específica de estiércol de elefante.

"Tendrías que tener mucha suerte de encontrar eso", dijo Mahaney, señalando que Hannibal sólo tenía 37 elefantes (en comparación con más de 8.000 caballos y mulas).

La datación del carbono pone la fecha de la capa entre 26 y 570 aC. Esto coincide con el período en que Hannibal viajó a Italia.

Mahaney dijo que era poco probable que la capa pudiera haber sido dejada por otro grupo grande de animales que pasaban. Había poca razón para que un grupo tan grande pasara a través de una altitud tan alta. Además, los grupos más pequeños que Hannibal había pasado presumiblemente en otras ocasiones, pero no habían dejado una marca similar en los núcleos.

El equipo está a la espera de los resultados del análisis de los huevos de ténia encontrados en la capa. Podrían ayudar a identificar el origen geográfico del animal que los depositó. Se sabe que los caballos de Hannibal han venido de España.

El estudio fue financiado por el Centro QUESTOR, Invest Northern Ireland, el Consejo Geológico de Irlanda, el Consejo Irlandés de Investigación y las Encuestas Cuaternarias, así como a través de becas de viaje e investigación de la Universidad de York.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

SGM: Los renos en combate

Cuando los renos fueron a la guerra

por Javier Sanz - Historias de la Historia


En junio de 1941, Hitler iniciaba la ofensiva en el Frente Oriental para invadir la Unión Soviética (Operación Barbarroja)… un plan demasiado ambicioso. La brutal ofensiva alemana consiguió penetrar en las confiadas defensas del Ejército Rojo y ganar terreno rápidamente. No obstante, la llegada del invierno estabilizó el frente permitiendo que el Ejército Rojo se agrupase y desbarata los planes de Hitler. Pero los soviéticos no estaban solos, recibieron la ayuda de los Convoyes del Ártico. Desde Islandia y, sobre todo, desde el Reino Unido atravesaban el océano Ártico hasta los puertos de soviéticos de Murmansk y Arkhangelsk. Desde el mes de agosto de 1941, 78 convoyes consiguieron entregar cuatro millones de toneladas de armamento (7.000 aviones, 5.000 tanques y municiones), combustible, alimentos y medicinas. Los suministros y armas que llegaban a los puertos de Murmansk y Arkhangelsk había que distribuirlos por la frontera de la Unión Soviética para atajar la invasión alemana. Bajo temperaturas extremas y con el hielo como único compañero, los renos se convirtieron en los protagonistas del transporte.

Nenets

Hasta finales de 1939 las minorías del Ártico (nenets, saami, komi…) estaban exentas del servicio militar en el Ejército Rojo, pero cuando la Unión Soviética invadió Finlandia (Guerra de Invierno) fueron obligados a alistarse. Lamentablemente para ellos, sus renos y sus trineos se convirtieron en pieza clave para el transporte y en 1941, al comienzo de la Operación Barbarroja, volvieron a reclamarlos.


Reno Finlandia

Aproximadamente 6.000 renos y 600 pastores, principalmente nenets, fueron reclutados para transportar municiones, alimentos y servir como correo entre las distintas unidades. Los renos y sus pastores podían recorrer unos 50 kilómetros diarios con una carga de hasta 300 kg. Trabajaban durante ocho horas al día y debían descansar uno cada cuatro de trabajo. En medio de aquellos viajes, sometidos a un clima infernal y en muchas ocasiones al fuego de los alemanes, también rescataron y pusieron a salvo a pilotos soviéticos derribados, e incluso a sus propios aviones por piezas. Cuando terminó la guerra, sólo la mitad de los pastores y sus renos regresaron a casa.

Entre los nenets se cuentan historias de  sus habilidades con el lazo (arkan) para atrapar alemanes con vida y conseguir información del enemigo. También sobre el reno perdido tras un ataque aéreo alemán que consiguió regresar al hogar de los nenets a cientos de kilómetros.



Su reconocimiento no llegaría hasta el 23 de febrero de 2012, cuando se inauguró un monumento en la ciudad de Narian-Mar en homenaje a los pastores de renos que murieron en la Segunda Guerra Mundial.