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viernes, 8 de junio de 2018

Relaciones internacionales: URSS y Argentina durante el gobierno alfonsinista

Las relaciones con la Unión Soviética

Historia de las RREE de Argentina




Antes de asumir el gobierno, el radicalismo planteó claramente el papel de los vínculos con la Unión Soviética en el marco de la política exterior. En una entrevista periodística, Dante Caputo sostuvo que no se ejercería "ningún tipo de discriminación ideológica" en las relaciones comerciales con los países del Este. Pero también afirmó que el gobierno de Alfonsín tendría como uno de sus objetivos diversificar las exportaciones "por razones de conveniencia nacional, ya que la presencia casi exclusiva de un solo comprador provoca de hecho relaciones de dependencia que no son convenientes (1)". Estas declaraciones de quien sería el canciller del gobierno de Alfonsín pueden interpretarse como una actitud de reacción contra el excesivo peso que tuvieron los vínculos comerciales con Moscú durante los años del Proceso.
    No obstante estas declaraciones de Caputo y la preferencia de las autoridades de Moscú por Italo Luder como candidato a la presidencia argentina (2), la llegada de Raúl Alfonsín a la Casa Rosada motivó elogiosos comentarios en la prensa soviética. Así, Tiempos Nuevos de Moscú subrayó que el programa de gobierno radical era "constructivo" y calificó el discurso de Alfonsín como "progresista y renovador". Por su parte, la derrota electoral del peronismo fue interpretada por el diario moscovita como una consecuencia de los "errores de cálculo" y de la "exhumación de viejos slogans (3)".
    A pesar de los citados elogios de la prensa soviética, durante la primera etapa del gobierno de Alfonsín las relaciones económicas con Moscú atravesaron un período de enfriamiento. Ello se debió a dos factores: a) la alta prioridad puesta por la administración radical en sus vínculos con las socialdemocracias europeas, que tuvo por contrapartida un enfriamiento de los nexos con el mundo socialista; y b) la propia crisis de la política interna soviética, sumida en la primera mitad de la década de los ’80 en una sucesión de enfermedades y muertes de sus máximos dirigentes -Leonid Brezhnev (1982), Yuri Andropov (1984) y Konstantin Chernenko (1985) (4).
    Pero la baja prioridad otorgada por la diplomacia radical a los lazos comerciales con Moscú y el mundo socialista no impidió que en esta etapa se registraran una serie de contactos, que culminaron con la firma de convenios entre representantes comerciales soviéticos y las provincias de Mendoza, Formosa, Chaco y Corrientes (5). Asimismo, durante los meses de octubre y noviembre de 1984, los gobernadores Felipe Llaver de Mendoza, Leopoldo Bravo de San Juan, José Vernet de Santa Fe, y Arturo Puricelli de Santa Cruz, respondiendo a una expresa invitación de Moscú, visitaron la URSS para discutir la posibilidad de nuevos acuerdos comerciales (6).

 Canciller Dante Caputo

    Un hecho que evidenció las dificultades existentes en el intercambio comercial bilateral fue, sin duda, la Octava Reunión de la Comisión Mixta de cooperación económica y comercial argentino-soviética, de principios de noviembre de 1984 en Buenos Aires, donde ambas partes definieron claramente sus intereses respecto del intercambio comercial bilateral. En este encuentro, los negociadores soviéticos intentaron presionar a sus pares argentinos, aprovechando la situación altamente competitiva del mercado mundial de granos, donde Estados Unidos y la Comunidad Europea subsidiaban sus exportaciones y las colocaban en el mercado soviético a precios de dumping. Advirtieron que la URSS se vería forzada a reducir sus compras de granos a menos que la Argentina aumentara sus adquisiciones de equipos y maquinarias. Pero también plantearon alternativas para salir del estancamiento en el intercambio comercial, desde el trueque (vinos por trolebuses, por ejemplo, que había sido aplicado por el gobierno de Mendoza), hasta propuestas de adaptación de las empresas argentinas a las necesidades del mercado soviético, especialmente en la industria liviana. También hubo propuestas energéticas, especialmente emprendimientos hidroeléctricos, portuarios, ventas de licencias y tecnología. No obstante, estas alternativas chocaron con la realidad de que la clase empresarial argentina prefería integrarse al mercado mundial capitalista antes que al socialista. Además, la capacidad de compra de equipos y maquinarias de origen soviético se veía altamente comprometida en ese momento por dos factores: la abultada deuda externa, que llevaba a la Argentina a privilegiar sus relaciones con Washington y los organismos internacionales de crédito; y la tendencia a la baja del precio de los granos, que reducía los beneficios exportables, tan necesarios para afrontar los servicios de la deuda.
    Por el Acta Final de esta Octava Reunión de la Comisión Mixta, firmada por el secretario de Comercio argentino, Ricardo Campero, y el viceministro de Comercio Exterior soviético, Alexei Manzhulo, ambas partes convinieron en prorrogar el Acuerdo de Suministro de Cereales y Soja argentino a la URSS, y el Convenio de Suministro de Maquinaria y Equipo de la URSS a la Argentina. Asimismo, formalizaron el otorgamiento de un sistema de crédito recíproco de 5 millones de dólares para la compra de bienes producidos por ambos países. Pero este acuerdo excluyó explícitamente los productos agropecuarios argentinos, que debían ser adquiridos por Moscú al contado en moneda de libre convertibilidad. Por esta razón, los negociadores soviéticos expresaron su preocupación por el déficit de la URSS en su intercambio comercial con la Argentina, y solicitaron un incremento sustancial en las importaciones de productos soviéticos, con el fin de reducir el desequilibrio en la balanza comercial bilateral (7).
    Otra dificultad presente en la agenda económica fue el viejo tema de las actividades de pesqueros soviéticos en la zona económica exclusiva argentina, que volvió a aparecer en el mes de septiembre de 1984 y motivó un pedido de informes por parte del diputado justicialista Luis Casale meses después, en marzo de 1985 (8).
    En contraposición a las dificultades existentes en el ámbito comercial de la agenda bilateral, se produjeron convergencias en el ámbito político. Un ejemplo fue el balance de la visita a la Argentina del secretario general de la Cancillería soviética, Yuri Fokin, a fines de julio de 1984. El objetivo de la misma fue de carácter exploratorio: el intercambio de opiniones acerca de los temas a ser tratados en la 39ª Asamblea General de la ONU y otros asuntos de interés común. En ese contexto, Fokin tocó la problemática de Malvinas, acusando a Gran Bretaña de adoptar una actitud colonialista en el diferendo, que el diplomático soviético encuadró en el marco de referencia Este-Oeste. Si bien Fokin consideraba la disputa entre Buenos Aires y Londres como secundaria en la lista de prioridades estratégicas soviéticas, las autoridades soviéticas estaban preocupadas por la instalación en el Atlántico Sur "de armas avanzadas" (...) porque estamos amenazados desde el Polo Norte y desde el Polo Sur (9)". Durante la presencia de Fokin en Buenos Aires, un artículo publicado en la prensa soviética acusó al gobierno de Estados Unidos de estar utilizando políticamente al FMI para ejercer presión política sobre la gestión de Alfonsín, y respaldó la actitud del gobierno radical de resistir la presión de Washington y los bancos acreedores (10).
    Asimismo, en septiembre de 1984, durante las sesiones de la 39ª Asamblea General de la ONU en la que el gobierno radical dio a conocer sus lineamientos de política exterior, tuvo lugar una entrevista entre el canciller Dante Caputo y su par soviético Andrei Gromyko. Esta entrevista constituyó el antecedente de un mecanismo de consultas bilaterales a nivel de cancilleres que fue establecido dos años más tarde (11).
    A principios de octubre de 1984 realizó una visita a Moscú un grupo de legisladores argentinos, encabezados por el presidente de la Comisión de las Relaciones Internacionales Interparlamentarias del Senado, el senador justicialista Julio Amoedo. Estos suscribieron con sus colegas soviéticos un comunicado conjunto que subrayaba la existencia de posiciones coincidentes entre la Argentina y la URSS en diversos temas, destacándose entre ellos el apoyo soviético a los reclamos de soberanía argentinos sobre las Malvinas (12).
    Las dificultades en el ámbito comercial volvieron a evidenciarse en octubre de 1985, en ocasión de la Novena Reunión de la Comisión Mixta que trató la renovación de los convenios comerciales entre ambos países, que habían sido firmados por el gobierno militar en 1981 y cuya vigencia finalizaba en diciembre. En dicha oportunidad, la delegación soviética criticó la lentitud y el incumplimiento por parte de la Argentina de algunas condiciones de compra, especialmente las referidas a las adquisiciones de máquinas y equipos. Los negociadores argentinos atribuyeron estas falencias a las restricciones presupuestarias y operativas derivadas de las medidas de estabilización económica. También se registraron quejas del lado argentino, cuya delegación expresó su preocupación por la decisión de Moscú de no cumplir con los volúmenes comprometidos de soja y carnes (13).
    No obstante, las gestiones en torno de un nuevo convenio comercial que reemplazara al firmado en 1981 continuaron. Desde la óptica argentina, el mercado soviético tenía una importancia crucial, en un contexto donde el éxito del Plan Austral y de las negociaciones por la deuda externa dependía en gran medida de mantener un volumen satisfactorio en las exportaciones. Finalmente, el 22 de enero de 1986, el canciller Caputo y el ministro de Comercio Exterior soviético, Boris Aristov, firmaron en forma preliminar en Buenos Aires un nuevo convenio para la venta de 4.500.000 toneladas de granos y frijol de soja a la URSS hasta 1990. Por su parte, la Argentina se comprometió a adquirir en ese lapso 500 millones de dólares en equipos industriales y manufacturas, valor que representaba un 100% más que el monto de compras concretado durante la vigencia del convenio comercial 1981-1985 (14).
    Por cierto, el gobierno radical pretendió resolver las dificultades existentes en materia de intercambio comercial a través de un camino de índole política, extendiendo a la URSS la "diplomacia personal" -hasta ese momento reservada a los escenarios europeo-occidental, norteamericano y latinoamericano-. Esta estrategia de la diplomacia argentina coincidió con el deseo de la administración de Mijail Gorbachov de apertura a otros países, con el fin de que los diplomáticos extranjeros descubrieran la "nueva" Unión Soviética, y las autoridades de Moscú pudieran intercambiar ideas y experiencias útiles, a fin de complementar los procesos de "glasnost" y "perestroika" en que estaba embarcado el secretario general del Partido Comunista de la URSS (15).
    Luego de la firma del acuerdo comercial con la URSS, el 26 de enero de 1986 el canciller Caputo viajó a Moscú para continuar las conversaciones en varios temas y preparar el terreno para la visita del presidente Alfonsín a la capital soviética en octubre. Caputo se entrevistó con varias figuras del Kremlin, entre ellos el canciller Edward Shevardnadze, el presidente del Soviet Supremo Andrei Gromyko, y el secretario general del PC, Mijail Gorbachov, con los cuales trató, entre otros temas, las propuestas de desarme formuladas por Gorbachov y Alfonsín en el llamado "Grupo de los Seis", la crisis centroamericana, y el problema de la deuda externa. Tanto las declaraciones de Caputo como de Shevardnaze enfatizaron las coincidencias alcanzadas, sobre todo en materia de desarme. El canciller argentino expresó que "el plan de desarme total para el año 2000 presentado por la URSS es, a nuestro juicio, la más importante iniciativa que en este tema se haya presentado hasta ahora (16)".
    Además, Caputo firmó el 29 de enero de 1986 varios convenios: Protocolo sobre Consultas; Acuerdo sobre los Suministros de Cereales y Soja; Acuerdo prorrogando el Convenio de Suministro de Maquinarias y Equipos de la URSS a la República Argentina por U$S 500 millones; Convenio sobre Cooperación Cultural y Científica, y Protocolo para preparar la recopilación de documentos diplomáticos sobre las relaciones entre la República Argentina y la URSS (Rusia) de 1885 a 1985. Asimismo, vale destacar el compromiso de participación soviética en la remodelación del puerto argentino de Bahía Blanca y en obras hidroeléctricas como el dique de Piedra del Aguila (17).
    Unos meses después, el 2 de julio de 1986, la Argentina firmó con la URSS un convenio pesquero, que concedía a las naves soviéticas, por su artículo 2º, acceso a la zona económica exclusiva del mar argentino, y por su artículo 3º, la posibilidad de que dichas naves recalaran en puertos argentinos. Un convenio semejante fue firmado con Bulgaria. Como era de esperarse, estos convenios provocaron consecuencias tanto político-estratégicas como económicas negativas para la Argentina. En cuanto a las primeras, se produjo la inmediata reacción del Reino Unido declarando la zona pesquera exclusiva de 200 millas alrededor de las Malvinas. Asimismo, el secretario de Estado norteamericano George Shultz emitió fuertes declaraciones, criticando los convenios de pesca y advirtiendo que "todo país debe ser cuidadoso en sus relaciones con la Unión Soviética", porque el objetivo principal de los rusos es político y su sistema de gobierno se contradice "con el sistema de valores que representa la democracia en la Argentina", palabras que constituyeron un llamado de atención al gobierno de Buenos Aires. La cuestión tuvo también una fuerte repercusión interna, desatando una intensa polémica entre el canciller Caputo, el ex canciller Oscar Camilión y el ex embajador en los Estados Unidos Arnaldo Musich. Provocó además el 13 de octubre un paro general de la CGT por 14 horas en contra de la firma de los convenios, y la crítica de las empresas pesqueras argentinas, que consideraban que mientras se restringían los permisos de captura a las firmas nacionales, éstos se concedían a las extranjeras (18).
    En octubre de 1986 tuvo lugar el viaje de Alfonsín a la URSS, acompañado por un grupo importante de empresarios argentinos. Los resultados de esta visita para la Argentina fueron escasos, debido tanto a las prioridades de los gobiernos argentino y soviético de ajustar sus respectivas economías (19), como a la decisión británica del 29 de octubre de 1986 de establecer una zona exclusiva de pesca en torno a las islas Malvinas como represalia por los acuerdos pesqueros firmados por la Argentina en julio de ese año con la URSS y Bulgaria (20).
    En el ámbito político, Alfonsín y Gorbachov emitieron un comunicado conjunto, expresando una serie de coincidencias en temas de la agenda regional y global: la mutua condena a toda intervención en Centroamérica y elogio a los esfuerzos pacificadores de Contadora; el reclamo de negociaciones directas para una solución al problema de las islas Malvinas y la exigencia de que el gobierno británico desmantelara la base militar asentada en el archipiélago (aunque no hubo referencia explícita al tema de la soberanía); el retiro de las tropas israelíes de los territorios ocupados, la creación de un estado palestino y la convocatoria a una conferencia internacional con participación de la OLP como medios para solucionar el conflicto de Medio Oriente; crítica al apartheid sudafricano; y las referencias de ambos gobiernos al rol positivo jugado por los países No Alineados (21).
    Pero, más allá de estas coincidencias, el presidente Alfonsín no logró en este viaje dos objetivos políticos muy importantes para su administración: obtener una explícita condena de Moscú respecto de las políticas opositoras de comunistas y trotskistas argentinos, y conseguir el apoyo soviético a la revindicación de la soberanía argentina en Malvinas. En el primer caso, las duras observaciones de Alfonsín respecto del Partido Comunista argentino fueron mal recibidas por las autoridades soviéticas, que sostuvieron que la URSS no podía respaldar ni oponerse a la posición de una fuerza política interna en otro país (22). En el segundo caso, el comunicado conjunto omitió directamente toda alusión al tema (23).
    En el plano económico, los logros del viaje de Alfonsín se limitaron a la promesa soviética de respetar el convenio de granos ya firmado -durante el primer semestre de 1986 los soviéticos no cumplieron con el compromiso asumido en enero, comprando poco más de 700.000 toneladas-. Durante la visita presidencial, la parte soviética confirmó órdenes de compra para 1987 por un total de 4 millones de toneladas de cereales, compensando sólo parcialmente su déficit de compras de 1986. Otro limitado logro fue la posibilidad que tuvieron los empresarios argentinos de tener un contacto directo con sus pares soviéticos, lo cual llevó a comenzar a negociar algunos proyectos binacionales que se habían pactado anteriormente (24).
    Para los soviéticos, el balance del viaje del presidente Alfonsín no fue mucho más positivo. Desde el punto de vista político-estratégico, tras la decepcionante cumbre de Reykjavik con Estados Unidos, la URSS encontró en el presidente argentino un interlocutor que, condicionado por delicados problemas políticos y económicos, sólo podía ofrecer un respaldo verbal en la mayoría de los temas de la agenda tanto regional como global (25). Desde el punto de vista económico, lo cierto era que mientras la Argentina había comprado 50% de los productos soviéticos según lo pactado desde el convenio de 1981, la URSS había adquirido menos de 10% de los montos pactados desde 1981 -4.500.000 toneladas de sorgo, maíz y 450.000 de forraje cerealero-. Puesto en términos de valores, las compras de granos soviéticas cayeron del récord histórico de 3485 millones de dólares en 1981 -cuando la Argentina aprovechó la oportunidad abierta por el embargo cerealero dispuesto por la administración Carter contra la URSS- a 1467 millones en 1985, y sólo 267,6 millones en 1986 (26).
    La limitación de los logros económicos argentinos y soviéticos se puso nuevamente de manifiesto a fines de septiembre-principios de octubre de 1987, durante la visita del canciller soviético Edward Shevardnadze a Buenos Aires, cuando ambas partes, disconformes con los resultados del patrón tradicional basado en ventas de granos argentinos y compras de productos manufacturados soviéticos, decidieron firmar una declaración conjunta, enfatizando la "conveniencia" de que la Argentina y la URSS promovieran "nuevas modalidades de colaboración, en particular a través de la cooperación industrial, la creación de empresas conjuntas y compañías mixtas", para lo cual "alentarán el intercambio de procesos industriales (27)".
    Asimismo, se registraron coincidencias en la necesidad de establecer un nuevo orden económico internacional. Respecto de este punto, el canciller soviético calificó la deuda externa como un "tumor maligno del mundo contemporáneo", y, de manera coincidente con el pensamiento de Alfonsín, sostuvo que la solución a este problema sólo puede encontrarse a través del "esfuerzo conjunto" de la comunidad internacional. Shevardnadze destacó las amplias coincidencias con el gobierno de Alfonsín respecto del problema del desarme -cuestión en la que no faltó una referencia crítica de Shevardnadze al proyecto de "guerra de las galaxias" del presidente Reagan (28)-.. Por cierto, Malvinas fue otro ítem de la agenda de conversaciones que pareció demostrar el alto nivel de convergencia ente Buenos Aires y Moscú en el ámbito político, al menos en lo que respecta al nivel discursivo. En esta cuestión, Shevardnadze destacó la necesidad de desmilitarizar el Atlántico Sur y sostuvo el apoyo soviético a la posición argentina respecto de Malvinas. Pero al mismo tiempo, y a fin de aventar eventuales temores de Londres y Washington respecto de los objetivos políticos de su visita, el canciller soviético sostuvo que su contacto con el gobierno argentino no buscaba "perjudicar a terceros países" y no podía ser interpretado como un nuevo intento de penetración soviética en la región, pues esta visión respondía a una "antigua mentalidad de la época de piedra (29)".
    Este nivel de convergencias políticas volvió a registrarse en ocasión de la visita a Buenos Aires del enviado personal de Mijail Gorbachov, Vladimir Lomeiko, quien se entrevistó con el presidente Raúl Alfonsín a principios de junio de 1988, en el marco de una gira informativa que incluyó también a México y Brasil. Ambas partes coincidieron en que la cumbre Reagan-Gorbachov de Washington de 1988 servía como símbolo de distensión. Sin embargo, Alfonsín entregó a Lomeiko una copia de la declaración del Grupo de los Seis en la que se señalaba que se esperaba de la cumbre entre las dos superpotencias "resultados más sustanciales en el campo de la limitación de armamento y desarme (30)".
    En septiembre de 1988, una delegación soviética presidida por el viceministro de Comercio Exterior, Yuri Chumakov, arribó a Buenos Aires. Como era de esperarse, el objetivo primordial del visitante fue flexibilizar los términos del convenio bilateral firmado en enero de 1986, y, por esta vía, incrementar las posibilidades de su implementación. Este encuentro sirvió de base para la Undécima Reunión de la Comisión Mixta realizada en Moscú, a fines de octubre, en la que los negociadores soviéticos se comprometieron a mantener sus compras conforme a los volúmenes establecidos en el convenio (4.500.000 toneladas de granos), pero condicionando los totales por tipo de producto a las necesidades internas del mercado soviético. Asimismo, la URSS aceptó incluir la posibilidad de que la Argentina reanudara sus ventas de carne (30.000 toneladas al año). A la vez, ambas partes firmaron un convenio intergubernamental sobre cooperación industrial, y los empresarios soviéticos comunicaron a la delegación argentina su intención de formar empresas conjuntas para la instalación de frigoríficos en la Argentina para el procesamiento de carnes destinadas al mercado de la URSS y de terceros países (31).
    Por su parte, el gobierno argentino adjudicó a través del decreto 835 a la empresa soviética Technostroyexport el dragado del canal de acceso, el antepuerto y la zona de maniobras del puerto de Bahía Blanca, a pesar de las objeciones internas a esta medida (32). Como contrapartida, las autoridades soviéticas aceptaron que los pagos por los trabajos de dragado de dicho puerto, 175 millones de dólares, y la construcción de la usina de Piedra del Aguila, 50 millones de dólares, fueran computados dentro de los 500 millones que la Argentina debía importar en un lapso de 5 años, según los acuerdos que estaban en ese momento vigentes (33).
    También en la citada reunión se ratificó en forma automática por otros dos años el convenio de pesca, lo que generó las críticas de la oposición justicialista y de empresarios argentinos vinculados al sector pesquero, que consideraban que este convenio permitía la depredación de la riqueza ictícola (34).
    Finalmente, y con posterioridad a la reunión, la Comisión Nacional de Energía Atómica de la Argentina (CNEA) firmó un contrato con la empresa soviética Techsnabexport para el enriquecimiento de uranio, destinado a la fabricación de radioisótopos en el centro atómico de Ezeiza. Si bien el monto de esta operación fue reducido (1.000.000 de dólares), el mismo tuvo un importante valor político por la dificultad para realizar ese enriquecimiento de uranio en países occidentales (35).
    Asimismo, en ese mismo mes de octubre tuvo lugar en la capital soviética la realización de la Primera Exposición de la Industria y la Producción Argentina, de la cual participaron cerca de un centenar de empresas medianas y pequeñas que, en su mayor parte, tomaban contacto por primera vez con el mercado soviético. En esta exposición, los representantes soviéticos confeccionaron una lista indicativa de los bienes y servicios del mercado argentino que les resultaban prioritarios: tecnología para la industria de la alimentación, textiles, indumentaria, calzado, confección de cueros, lanas, equipamiento médico y odontológico, máquinas y herramientas, tecnología para la producción de envases, informática y biotecnología (36).
    Como ya ocurriera antes, en la última fase de la administración radical varias provincias argentinas desarrollaron en forma independiente del gobierno nacional sus relaciones económicas con Moscú. En noviembre de 1988 el gobierno de la provincia de Buenos Aires dio a conocer un acuerdo para la construcción de una empresa mixta dedicada a la fabricación de insumos para construcciones y un programa de intercambio comercial quinquenal de 100 millones de dólares (37).

NOTAS



  1. Declaraciones de Dante Caputo, citadas en Mario Rapoport, "La posición internacional de la Argentina y las relaciones argentino-soviéticas", en Rubén M. Perina y Roberto Russell (editores), Argentina en el mundo (1973-1987), Buenos Aires, GEL, pp. 186-187.
  2. Los informes de la embajada soviética revelan que durante la campaña electoral de octubre de 1983 las preferencias de Moscú estaban del lado del candidato justicialista, Italo Luder. Esta inclinación se debió a la "nostalgia" de las autoridades del Kremlin por los acuerdos económicos firmados durante la etapa peronista de la década del ’70. Ver al respecto los trabajos de Hugo R. Perosa, Las relaciones argentino-soviéticas contemporáneas / 2, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1990, pp. 156-157, e Isidoro Gilbert, El oro de Moscú. La historia secreta de las relaciones argentino-soviéticas, Buenos Aires, Planeta, 1994, pp. 384-385.
  3. Mario Rapoport, "Las relaciones con la Unión Soviética: balance y perspectivas", en América Latina / Internacional, Vol. 2, Nº 5, julio-septiembre 1985, p. 94; ídem, "La posición internacional de la Argentina...", op. cit., p. 186; y H.R. Perosa, Las relaciones argentino-soviéticas contemporáneas / 2, op. cit., p. 158.
  4. H.R. Perosa, Las relaciones argentino-soviéticas contemporáneas / 2, op. cit., pp. 155-156.
  5. En el caso del convenio entre la URSS y el gobierno de Mendoza, la operación principal consistió, inicialmente, en el canje de 30 trolleybuses por 16 millones de litros de vino. Posteriormente, ambas partes decidieron que pagarían por los bienes recibidos en divisas de libre convertibilidad, pero utilizando líneas preferenciales de crédito; como resultado de esta renegociación de los términos de intercambio, el gobierno mendocino decidió incorporar equipos anti-granizo soviéticos por un valor de 1,7 millones de dólares. En el caso de las provincias de Formosa, Chaco y Corrientes, sus respectivos gobiernos convinieron la compra de 48 topadoras y 44 tractores pesados soviéticos para la construcción de caminos. Por su parte, los gobiernos provinciales de La Rioja, Salta, Misiones, Neuquén y Santiago del Estero encararon negociaciones en términos similares a los anteriormente citados para la compra de equipos y maquinarias soviéticas. Aldo Vacs, "El nuevo carácter de las relaciones argentino-soviéticas", en Augusto Varas (editor), América Latina y la Unión Soviética: una nueva relación, Buenos Aires, GEL, 1987, p. 129.
  6. Cronología relaciones internacionales de Argentina, marzo / diciembre de 1984, op. cit., p. 46. Ver también los artículos de M. Rapoport, "Las relaciones con la Unión Soviética: balance y...", op. cit., p. 96; M. Rapoport, "La posición internacional de la Argentina...", op. cit., p. 188, y A. Vacs, op. cit., p. 129.
  7. Sobre la Octava Reunión de la Comisión Mixta Argentino-Soviética ver Cronología relaciones internacionales de Argentina, marzo / diciembre de 1984, op. cit., p. 46; y los trabajos de A. Vacs, op. cit., p. 128; M. Rapoport, "Las relaciones con la Unión Soviética: balance y...", op. cit., pp. 96-97; M. Rapoport, "La posición internacional de la Argentina...", op. cit., pp. 188-189; H.R. Perosa, Las relaciones argentino-soviéticas contemporáneas / 2, op. cit., pp. 170-172, e I. Gilbert, op. cit., p. 386.
  8. De acuerdo con el pedido de informes solicitado por el diputado Casale, en septiembre de 1984 los buques de pabellón ruso "Volnvy Veter", "Mikhail Verbitsky", "Aukshtayitya", "Pavel Orlov", "Polyarnoye Siyaniye", "Volzhanin", "Kivash", "Lovozero"; el de bandera japonesa "Biyo Maru", y los de bandera burundí "Afala" y "Rotalia" habían realizado operaciones de pesca en la zona económica exclusiva argentina en el Atlántico Sur. Asimismo, los citados pesqueros de banderas rusa y burundí habían operado en la zona de exclusión de Malvinas. Proyecto de resolución del diputado Casale, en Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación año 1984, Reunión 43ª, Tomo XI, Sesiones extraordinarias (del 3 de enero de 1985 al 20 de marzo de 1985), Buenos Aires, Imprenta del Congreso de la Nación, 1986, pp. 7066-7067.
  9. Declaraciones de Fokin, citadas en M. Rapoport, "La posición internacional de la Argentina...", op. cit., p. 190; "Opinión soviética sobre las Malvinas", La Nación, 27 de julio de 1984, p. 7; y "Habla un funcionario soviético. Los problemas del presente", Clarín, 30 de julio de 1984, pp. 22-23.
  10. A. Vacs, op. cit., p. 129.
  11. "Caputo y Gromyko", Clarín, 26 de septiembre de 1984, p. 7; y H.R. Perosa, Las relaciones argentino-soviéticas contemporáneas / 2, op. cit., p. 163.
  12. Informe sobre la visita a la URSS de la delegación del Congreso Nacional presidida por el senador Amoedo, en Congreso Nacional, Diario de sesiones de la Cámara de Senadores año 1984, Reunión 30ª, Diciembre 5 de 1984, Tomo IV: Sesiones extraordinarias (5 de diciembre de 1984 al 14 de marzo de 1985), Buenos Aires, Imprenta del Congreso de la Nación, 1986, pp. 2923-2294. Ver también A. Vacs, op. cit., p. 129.
  13. Por cierto, la decisión soviética de desechar la soja y carnes argentinas estaba vinculada a la posibilidad de adquirir productos similares del Mercado Común Europeo, abaratados gracias a los subsidios. Ver al respecto editorial "El perfil comercial", Clarín, 26 de enero de 1986, p. 12, y los trabajos de M. Rapoport, "La posición internacional de la Argentina...", op. cit., p. 190, y H.R. Perosa, Las relaciones argentino-soviéticas contemporáneas / 2, op. cit., pp. 172-174.
  14. "Venta de granos a la URSS", Clarín, 30 de enero de 1986, p. 3; y M. Rapoport, op. cit., p. 191.
  15. H.R. Perosa, Las relaciones argentino-soviéticas contemporáneas / 2, op. cit., pp. 175-176, e I. Gilbert, op. cit., p. 386.
  16. Discurso del señor ministro de Relaciones Exteriores, doctor Dante Caputo. Almuerzo ofrecido por el señor ministro de Relaciones Extranjeras de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, D. Eduard A. Shevardnadze, Moscú, enero 29 de 1986. Comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Buenos Aires, pp. 1 y 19; Discurso pronunciado por el ministro de Relaciones Exteriores de la URSS; señor Eduard A. Shevardnadze, en almuerzo ofrecido en honor del ministro de Relaciones Exteriores y Culto, doctor Dante Caputo, el día 29 de enero de 1986. Comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, Buenos Aires, p. 1, citados en H.R. Perosa, Las relaciones argentino-soviéticas contemporáneas / 2, op. cit, pp. 177-178, y en Hugo R. Perosa, "Los viajes al máximo nivel: La diplomacia directa como factor de consolidación de las relaciones de Argentina y Brasil con la Unión Soviética", en Roberto Russell (editor), Nuevos rumbos en la relación Unión Soviética / América Latina, Buenos Aires, FLACSO / GEL, 1990, p. 253.
  17. "El canciller delineó la política exterior y firmó acuerdos en Moscú", Clarín, 30 de enero de 1986, pp. 2 y 3; "Venta de granos a la URSS", Clarín, 30 de enero de 1986, p. 3; y los trabajos de M. Rapoport, "La posición internacional de la Argentina...", op. cit., p. 192; H.R. Perosa, Las relaciones argentino-soviéticas contemporáneas / 2, op. cit., p. 179, y p. 193, nota 219; y M. Wilhelmy, "La política exterior argentina en 1986", op. cit., p. 30.
  18. Texto del convenio en M. Wilhelmy, "La política exterior argentina en 1986...", op. cit., p. 32; Mario Rapoport, "El viaje de Alfonsín a la Unión Soviética y el conflicto de las Malvinas", en América Latina /Internacional, Vol. 4, número 11, enero-marzo 1987, pp. 90-91; M. Rapoport, "La posición internacional de la Argentina...", op. cit., pp. 195-196; Augusto Varas, "América Latina-Unión Soviética: la dimensión política de la cooperación económica", en H. Muñoz (comp.), Las políticas exteriores de América Latina y el Caribe: continuidad en la crisis, op. cit., p. 554.
  19. Como comenta Hugo Perosa, tanto en el caso del viaje de Caputo a Moscú en enero de 1986 como en el del presidente Alfonsín en octubre se registró una llamativa falta de sincronía entre el alto nivel de coincidencias verbales alcanzado en el plano diplomático y las dificultades existentes en el ámbito económico de las relaciones bilaterales. En el primero, los gobiernos argentino y soviético expresaron sus coincidencias en las cuestiones del desarme, la coexistencia pacífica y la solución de los conflictos regionales. En el plano económico, en cambio, aparecieron divergencias de intereses entre la necesidad de las autoridades soviéticas de ajustar y reestructurar su comercio exterior y su economía (lo cual implicaba reducir las importaciones agropecuarias provenientes de la Argentina y, a la vez, aumentar sus exportaciones de productos manufacturados hacia ese país), y la triple decisión del gobierno de Alfonsín de dar prioridad a sus relaciones con los países capitalistas desarrollados del Occidente y los países latinoamericanos, ajustar la economía y cumplir con las obligaciones de la deuda externa (lo que implicaba no innovar en materia de balanza comercial). Por cierto, la URSS, como mercado de colocación de las exportaciones agropecuarias argentinas, era un importante proveedor de divisas con las que la Argentina pensaba cubrir los déficits generados por los vínculos con los países capitalistas desarrollados, los organismos internacionales de crédito y los bancos. Ver al respecto el artículo de H.R. Perosa, "Los viajes al máximo nivel: la diplomacia directa...", op. cit., p. 252. También editoriales "Un convenio que no se cumple", Somos, Nº 525, 15 de octubre de 1986, p. 7, que señala el problema de la caída de la demanda soviética de las exportaciones agropecuarias argentinas como consecuencia de los mejores precios de la CEE y de Estados Unidos; y "Las paradojas políticas", por Oscar Raúl Cardoso, Clarín, 20 de octubre de 1986, p. 6, que subraya la asimetría de magnitudes entre la capacidad de convocatoria externa del mandatario argentino y la asistencia económica concreta, condicionada especialmente por dos factores subrayados por el editorial: la virtual desaparición de las ventajas comparativas de la Argentina en granos y cereales como resultante de la producción más barata de la Comunidad Europea, y la necesidad del gobierno soviético de completar sus reformas económicas.
  20. M. Wilhelmy, "La política exterior argentina en 1986...", op. cit., p. 32; M. Rapoport, "El viaje de Alfonsín a la Unión Soviética y el conflicto de las Malvinas", op. cit., pp. 90-91; M. Rapoport, "La posición internacional de la Argentina...", op. cit., pp. 195-196, y A. Varas, "América Latina-Unión Soviética: la dimensión política de la cooperación económica", op. cit., p. 554.
  21. Análisis del contenido del comunicado conjunto emitido por los presidentes Alfonsín y Gorbachov en "Gorbachov viene a la Argentina", Clarín, 18 de octubre de 1986, p. 3, y los trabajos de M. Rapoport, "La posición internacional de la Argentina...", op. cit., pp. 194-195, y M. Rapoport, "El viaje de Alfonsín a la Unión Soviética...", op. cit., p. 90.
  22. La dureza de Alfonsín respecto del PC local se debió principalmente al temor presidencial por una radicalización de este partido, que lo llevara a actuar como apoyo logístico del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, la guerrilla chilena que enfrentaba al régimen dictatorial del general Augusto Pinochet. Sobre las relaciones entre el Partido Comunista Argentino (PCA) y el gobierno de Alfonsín y la negativa de Moscú a una declaración condenatoria del PC argentino ver "Nota de tapa. ¿A que fuimos a Rusia?", Somos, Nº 525, 15 de octubre de 1986, pp. 8 y 10, e "Interlocutor válido para Moscú y La Habana", por Carlos Fernández, Somos, Nº 526, 22 de octubre de 1986, pp. 10-11. También los trabajos de A. Varas, op. cit., p. 555, e I. Gilbert, op. cit., pp. 388-390 y 392-395.
  23. M. Rapoport, "El viaje de Alfonsín a la Unión Soviética...", op. cit., p. 90.
  24. "Ratificó la Unión Soviética la compra de granos a la Argentina", Clarín, 15 de octubre de 1986, pp. 2-3; " ‘No hay fechas determinadas para las operaciones". La flexibilidad", Clarín, 15 de octubre de 1986, p. 3; "Finalizó la visita de Alfonsín. La Argentina y la Unión Soviética diversificarán su relación económica", Clarín, 17 de octubre de 1986, pp. 12-13; y los artículos de M. Rapoport, "El viaje de Alfonsín a la Unión Soviética...", op. cit., p. 90, y M. Wilhelmy, "La política exterior argentina en 1986...", op. cit., p. 31.
  25. A. Varas, op. cit., pp. 553-555. Esta opinión de Varas contrasta con la de Rapoport, quien sostiene que el viaje de Alfonsín a la URSS fue muy positivo debido a las coincidencias políticas que se dieron en los puntos centrales de la política exterior de ambos países y a que las mismas reflejaban un afianzamiento de las relaciones de la URSS con América Latina, área tradicional de influencia norteamericana. M. Rapoport, "La posición internacional de la Argentina...", op. cit., pp. 194-195, y M. Rapoport, "El viaje de Alfonsín a la Unión Soviética...", op. cit., p. 90.
  26. A. Varas, op. cit., pp. 553-554, y R. Russell y G. Fernández, op. cit., p. 25, nota 22. Isidoro Gilbert aporta datos levemente diferentes, pero marcando idéntica tendencia en las exportaciones argentinas hacia el mercado soviético: record histórico en 1981, con un monto de 3485 millones de dólares; y caída en los años siguientes hasta alcanzar 1212 millones en 1985 y sólo 208 millones en 1986. Ver I. Gilbert, op. cit., p. 405, nota 10.
  27. "Mientras llega Gorbachov...", por H.S., Somos, Nº 576, 7 de octubre de 1987, pp. 14-15, y R. Russell y G. Fernández, op. cit., p. 25.
  28. Sobre el proyecto de "Guerra de las Galaxias" o Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI, en inglés) de la administración Reagan ver el editorial "Guerra de las Galaxias. El peligro de apretar el acelerador", Clarín, 20 de marzo de 1987, p. 17; y los trabajos de James A. Nathan y James K. Oliver, Efectos de la política exterior norteamericana en el orden mundial, Buenos Aires, GEL, pp. 416-420, y de John Spanier, La política exterior norteamericana a partir de la Segunda Guerra Mundial, Buenos Aires, GEL, 1991, pp. 330-333.
  29. Clarín, 3 de octubre de 1987, citado en M. Rapoport, "La posición internacional de la Argentina...", op. cit., p. 197, y en Mario Rapoport y Laura Zuvanic, "La visita de Shevardnadze a la Argentina y el Brasil", América Latina / Internacional, Vol. 4, Nº 14, octubre-diciembre 1987, pp. 150-151. Ver también el artículo de R. Russell y G. Fernández, op. cit., p. 24.
  30. "Alfonsín con un enviado de Gorbachov. La paz sea con vosotros", por Martín Granovsky, Página /12, 8 de junio de 1988, p. 5, y "Mensaje de ‘los seis’ a Gorbachov", Clarín, 8 de junio de 1988, p. 13.
  31. R. Russell, "Política exterior de Argentina en 1988...", op. cit., p. 24, y Julio Sevares, "Relaciones económicas entre la Argentina y la Unión Soviética. Situación actual y perspectivas", en Roberto Russell (editor), Nuevos rumbos en la relación Unión Soviética / América Latina, Buenos Aires, FLACSO / GEL, 1990, p. 197.
  32. La firma del contrato para el dragado del puerto de Bahía Blanca con representantes de la empresa soviética Technostroyexport fue anunciada en febrero de 1988 por el ministro de Obras y Servicios Públicos, Rodolfo Terragno. De acuerdo con dicho contrato, el monto de las obras era de 175 millones de dólares, financiado por la URSS a diez años. En cuanto a las objeciones internas, la operación contó con la resistencia de la Marina, que percibía con malos ojos la posibilidad de tener ingenieros comunistas trabajando en Bahía Blanca, base de la flota de guerra. Ver respecto de este tema "Soviéticos en Bahía Blanca", Página/12, 14 de febrero de 1988, p. 3, y los trabajos de R. Russell, "Política exterior de Argentina en 1988...", op. cit., p. 24, y J. Sevares, op. cit., p. 197.
  33. R. Russell, "Política exterior de Argentina en 1988...", op. cit., p. 24, y J. Sevares, op. cit., p. 197.
  34. Ver detalles del acuerdo pesquero y críticas al mismo en "Renuevan convenio pesquero con Moscú", Clarín, 31 de octubre de 1988, p. 27. Estas críticas, provenientes no sólo de industriales del sector pesquero sino también de la oposición justicialista e incluso del propio partido gobernante, fueron respondidas por el gobierno nacional, que sostuvo que el acuerdo permitió un volumen de exportaciones de 15 millones de dólares en 1987. Ambito Financiero, 17 de mayo de 1988; El Cronista Comercial, 26 de mayo de 1988; críticas del senador radical Hipólito Solari Yrigoyen en La Prensa, 12 de abril de 1988, cit. en R. Russell, "Política exterior de Argentina en 1988...", op. cit., p. 24, nota 12; respuestas a estas críticas en el informe de la Comisión Especial de la Cámara de Armadores de Pesqueros Congeladores de la Argentina (CAPECA), La Nación, 22 de noviembre de 1988, cit. en R. Russell, "Política exterior de la Argentina en 1988...", op. cit, p. 24, nota 12; y El Cronista Comercial, 22 de noviembre de 1988, cit. en J. Sevares, op. cit., p. 197.
  35. Ver al respecto "Contrato CNEA-URSS para enriquecimiento de uranio", Clarín, 28 de octubre de 1988, p. 20, y el trabajo de J. Sevares, op. cit., p. 197.
  36. R. Russell, "Política exterior de Argentina en 1988...", op. cit., pp. 24-25, y J. Sevares, op. cit., p. 198.
  37. J. Sevares, op. cit., p. 197.

domingo, 15 de abril de 2018

PGM: Los magos descifradores de la Habitación 40 de la Royal Navy

Grandes descrifradores de código británicos de la PGM

El increíble trabajo de los rompedores de códigos de la Segunda Guerra Mundial en Bletchley Park es ampliamente celebrado. Pero su precursor - la inteligencia naval de la Habitación 40 - jugó un papel importante en la Primera Guerra Mundial. Fue llevado a cabo por una cantidad de personas extraordinarias.

Andrew Knighton - War History Online

Sir Alfred Ewing

El primer día de la guerra, el Almirantazgo británico se encontró con una creciente pila de señales alemanas interceptadas y un problema creciente: no podían entenderlos. Para resolver este problema, establecieron una nueva sección, encabezada por el director de Educación Naval, un hombre con un gran interés aficionado en la criptografía: Sir Alfred Ewing.

Un escocés de voz suave que siempre vestía un inmaculado traje gris, Ewing había trabajado como ingeniero de investigación y profesor de Ingeniería Mecánica en Cambridge. Recibió la Medalla de Oro de la Royal Society por su investigación en inducción magnética y fue nombrado caballero por su trabajo como educador. Él trajo la combinación perfecta de liderazgo y análisis agudo al papel.


Alfred Ewing

Reconociendo su propia ignorancia sobre las cifras, Ewing se puso a trabajar para aprender más. Estudió los libros de códigos de la Oficina de Correos y la compañía de seguros Lloyds, así como libros antiguos sobre la creación de códigos.

Luego se dispuso a reclutar a un grupo de hombres para que trabajaran con él.

Alexander Denniston


Alexander Denniston

Debido al secreto de su trabajo, Ewing no pudo anunciar abiertamente que tomaría reclutas. En cambio, se conectó a la red de enlaces de la Marina de los viejos muchachos, pidiendo a los maestros de confianza en las universidades navales que recomendaran hombres.

Uno de los primeros en ser reclutado fue Alexander Denniston. Otro escocés tranquilo, Denniston también fue un deportista consumado, después de haber jugado hockey en los Juegos Olímpicos de 1908.

Más importante aún para la tarea en cuestión, Denniston era un lingüista brillante y hablaba alemán con fluidez. Después de haber estudiado tanto en la Sorbona como en la Universidad de Bonne, se había sumergido completamente en el negocio de la interpretación de un idioma a otro.

Denniston solo pretendía unirse al equipo de Ewing por un corto tiempo. Después de todo, todos esperaban que la guerra terminara rápidamente, y entonces el trabajo del equipo estaría hecho. En cambio, se convirtió en un accesorio entre los rompedores de código de Gran Bretaña, permaneciendo en la profesión hasta 1942.

Charles Rotter


El barco alemán Magdeburg, que fue capturado con la ayuda de la habitación 40 de decifradores. Por Bundesarchiv - CC BY-SA 3.0 de

Durante los primeros meses de la guerra, la armada británica pudo capturar tres principales libros de códigos utilizados por sus oponentes alemanes. En teoría, estos podrían ser utilizados para comprender las órdenes de cada barco en la flota alemana. Pero había un problema. Si bien algunos de los mensajes parecían ser informes meteorológicos, el resto permanecía ilegible incluso después de la decodificación inicial.

La solución fue encontrada por Charles Rotter. Además de ser el administrador de la flota, Rotter era un experto en alemán. Al estudiar los mensajes, se dio cuenta de que había varias capas de código en juego. Una vez codificadas, las letras en los mensajes se cambiaron usando una tecla de sustitución.

Al buscar a través de los mensajes, Rotter buscó las palabras y conjuntos de letras más comunes que se esperarían en las señales alemanas. Una vez que identificó letras comunes, las usó para resolver el resto. Junto con su experiencia en asuntos navales, su conocimiento del alemán y los libros de códigos, esto le permitió decodificar las señales en una semana. La tabla de sustitución que proporcionó permitió a sus colegas llegar a la misma comprensión que él tenía. Pronto toda su atención se centró en las señales navales.


El buque alemán SMS Seydlitz después de la batalla de Jutlandia, en la que los descifradores de la Habitación 40 desempeñaron un papel importante.

George Young

En 1915, se amplió el cometido de los criptógrafos británicos. Además de leer las señales navales, darían un paso tan poco caballeroso que antes era impensable, descifrando los mensajes diplomáticos alemanes.

Para esto, se necesitaba un nuevo grupo de analistas, hombres con un tipo diferente de experiencia. El primero en ser reclutado, y el hombre que ayudó a seleccionar el resto, fue George Young.

A diferencia de los otros criptógrafos, Young tenía el aire de un espía. Suave, misterioso y sofisticado, estaba listo para dar cualquier paso para vencer al enemigo.

Esta actitud ya había sido utilizada en el servicio diplomático. Después de estudiar en Francia, Alemania y Rusia, Young se convirtió en diplomático. Sirvió en esta capacidad en Atenas, Belgrado, Constantinopla, Madrid y Washington. Él entendía los idiomas. Él entendía la cultura diplomática. Sobre todo, él entendía cómo buscar significados ocultos.

Fue este nuevo enfoque en los mensajes diplomáticos que traería uno de los mejores golpes de la guerra.

Nigel de Gray


El famoso telegrama de Zimmerman decodificado por la habitación 40.

"¿Quieres traer a Estados Unidos a la guerra?" Estas fueron las palabras con las que Nigel de Gray se dirigió al Director de Inteligencia, Capitán Reginald "Blinker" Hall, el 17 de enero de 1917. Fue el comienzo de una de las piezas más importantes de trabajo por los interruptores de código.

De Gray, uno de los principales decodificadores de códigos británicos, había estado trabajando con el reverendo William Montgomery en un mensaje. Aunque todavía estaba parcialmente descifrado, era tan importante que fue directamente a Hall con las noticias.

Un mensaje del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán al embajador alemán en Washington, la señal había sido encriptada dos veces y enviada a través de una serie de tres canales separados. La última etapa de su viaje implicó que se etiquetara en otro mensaje transmitido a través del Departamento de Estado de EE. UU. Los estadounidenses permitieron a los alemanes usar esta ruta siempre que no la usaran para discutir la guerra.

Este mensaje, más tarde conocido como el telegrama de Zimmerman, tenía que ver con la guerra.

Si la transmisión del telegrama a través del Departamento de Estado estadounidense fue provocativa, sus contenidos lo fueron aún más. Dispuso planes para comenzar una guerra submarina sin restricciones el 1 de febrero y unirse a México para atacar a los EE. UU. si los estadounidenses entraran en la guerra.

Al principio, Hall hizo que de Gray y sus colegas permanecieran callados sobre el telegrama. Pero después del 1 de febrero, cuando se hizo evidente que se necesitaban más para empujar a Estados Unidos a la guerra, Gran Bretaña les presentó a los estadounidenses el telegrama de Zimmerman. Despertó los sentimientos antialemanes entre los estadounidenses y se usó para llevar a los EE. UU. a la Primera Guerra Mundial. Ese mensaje ayudó a lograr exactamente lo que Gray había sugerido.

lunes, 26 de febrero de 2018

Guerra del Paraguay: Zeballos y la guerra

La Guerra del Paraguay según un «científico» decimonónico

Por Cristino Bogado  ||  ABC Color


El jurista, político y periodista argentino Estanislao Zeballos anunció durante décadas su intención de escribir una historia de la Guerra de la Triple Alianza, y logró reunir una cuantiosa documentación sobre el tema. Sin embargo, al morir, el 4 de octubre de 1923, a los sesenta y nueve años de edad, en Liverpool, Inglaterra, no había realizado su proyectada obra. Los materiales que reunió para escribirla forman un complejo documental de singular valor que ha sido publicado en forma de libro en una hermosa edición del sello Tiempo de Historia. Con el título de La Guerra del Paraguay en primera persona, este volumen acaba de ser presentado, el pasado jueves 10, en el Centro Cultural de la República «El Cabildo». Aquí, una reseña cuya aguda mirada crítica no dejará indiferentes a los lectores y que hace esperar más publicaciones, por igual interesantes y polémicas, de este sello.



Reproducción facsimilar de un manuscrito –perteneciente al Fondo Zeballos– de puño y letra del general Bernardino Caballero fechado en Asunción el 28 de abril de 1888. / ABC Color



«Como en Paraguay todos los nativos piensan en guaraní»
Zeballos (1888)

Apuntes, informes, declaraciones escritas y testimonios orales transcriptos por Estanislao Severo Zeballos (1854-1923) a partir de entrevistas que hizo a uruguayos, argentinos, franceses, ingleses y, sobre todo, paraguayos, testigos o participantes del conflicto, en sus dos visitas al teatro de operaciones de la «Guerra Guasu» (territorios actuales de Corrientes, Paraguay y otros sitios‚ como Uruguay), en 1887 y 1888, forman el Fondo Estanislao Zeballos del Archivo Juan Bautista Gill Aguinaga, hoy editado como libro por la historiadora argentina Liliana Brezzo.

Con estos documentos, Estanislao Zeballos pensaba escribir la historia general de la Guerra de la Triple Alianza, cuyo título tentativo fue Historia de la Guerra del Paraguay, luego variado a Política Internacional del río de la Plata y Guerra del Paraguay.

El Fondo Estanislao Zeballos –subastado con otros documentos‚ monedas y muebles por sus parientes en 1929– fue adquirido por Juan Bautista Gill Aguinaga‚ hijo del expresidente Gill, asesinado en 1877.

Juan Bautista Gill Aguinaga muere en 1982 y deja claras disposiciones para que el Archivo Zeballos sea donado al Estado paraguayo; así, hoy se encuentra en el Archivo del Instituto y Museo de Historia Militar (en la actual sede del Ministerio de Defensa).

Un equipo de cinco personas –entre ellas, Martín Romano‚ Guido Rodríguez Alcalá y la propia editora, Liliano Brezzo– transcribió los documentos reunidos en La Guerra del Paraguay en primera persona (Asunción, Tiempo de Historia, 2015). En los anexos hay algunos documentos que ya no están en el Fondo Zeballos por haberse perdido, pero de los que se conservan fotocopias; las ilustraciones incluyen croquis‚ copias facsimilares de textos‚ manuscritos‚ etc. Fuera de esto, cabe resaltar un detalle: no encontré ni un solo testimonio brasileño en el libro.

PERFIL DE ZEBALLOS

La investigadora Brezzo nos pinta un cuadro casi hollywoodense del personaje Zeballos‚ suerte de dechado de virtudes en las antípodas, para decirlo con algo de colorido, del tradicional estereotipo del «kaygüecho sudaka»:

«En los años de máxima actividad, Zeballos concurría a la mañana a dar clases en la universidad‚ luego pasaba al mediodía a despachar en el Ministerio de Relaciones Exteriores y al anochecer iba al diario a redactar las editoriales de La Prensa».

Un hombre-orquesta, pues, acelerado y ambicioso, de cuya atareadísima jornada estándar Brezzo, por algún motivo, olvida contarnos que no acababa allí, que podría añadírsele algún coctel de midnight en La Rural, de la cual era miembro, y aun, acaso, a altas horas de la madrugada, alguna exhumación de cráneos de indios‚ faena muy atractiva para un científico (Zeballos fue el fundador de la Sociedad Científica Argentina) decimonónico argento típico de aquel entonces. Interesante unión esta, entre cráneos de indios y ciencia, en esa Argentina positivista del XIX tan bien representada‚ con todas sus paradojas‚ en La ocasión, de Saer, por cierto, para quien desee acercarse más al clima de la época.

De la macabra colección, donada, a la muerte de Zeballos, al museo de la Universidad de La Plata, encontré una mención en internet (debo la pista al testimonio, vía chat de Facebook, del periodista porteño Juan Terranova‚ que, alumno de la escuela Estanislao Severo Zeballos, había oído de ella –que incluía el cráneo de Mariano Rosas‚ ahijado indio del tirano–):

«Unas trescientas calaveras llegaron de la mano de Estanislao Severo Zeballos […] “Fue el ideólogo, el apoyo intelectual, quien justificó la campaña del desierto”, precisa Jure, actual coordinador de la Unidad de Medios Audiovisuales del Museo» (http://www.varelaenred.com.ar/trofeos-guerra.htm).

El perfil de Zeballos, de hecho, toma volumen y un giro malandro no bien el lector se pone a indagar por su cuenta. Les dejo aquí tres citas; las dos primeras pertenecen al décimo tercer capítulo, «Estanislao Severo Zeballos: El intelectual más orgánico de la conquista», del clásico estudio Indios‚ ejército y frontera (Buenos Aires, Siglo XXI, 1982, 326 pp.), de David Viñas, que lo define como «El más orgánico y despiadado de los intelectuales de la república positivista»; y como un «Escritor egocéntrico y desdeñoso del resto de América Latina entendida como matriz del “mestizaje oscuro”»; y la tercera, del libro publicado por el propio Zeballos (apud Viñas, op. cit.) bajo el padrinazgo del general Roca, De La conquista de 15.000 leguas, de 1878:

«Quitar á los pampas el caballo y la lanza y obligarlos á cultivar la tierra, con el remington al pecho, diariamente: hé ahí el único medio de resolver con éxito el problema social que entraña la sumisión de estos bandidos».

EL ESTUDIO PRELIMINAR

Liliana Brezzo –investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y licenciada en Historia por la Universidad Católica de Argentina, con estudios de especialización en Navarra (España), una tesis doctoral sobre «Las relaciones entre la confederación y el Paraguay, 1852-1862» y libros como Las relaciones entre la confederación y el Paraguay a comienzos del siglo XX (1900-1930) (El Lector, 2010), el último que ha editado en Paraguay– dice en su estudio preliminar que «el corpus documental» transcripto para esta primera edición paraguaya tiene un estatus ambiguo: las «narrativas» que lo integran «no son un documento histórico original pero tampoco un texto literario». Pienso de inmediato en un archivero full time como Foucault, que, pese a serlo, proclama con desconcertante paradoja: «Me doy cuenta de que no he escrito más que ficciones». Podríamos sentirnos tentados también a ver, en esta obra incompleta y, hasta esta primera edición, inédita‚ una de esas ficciones «fabricadas» (como nos lo señalara la Microfísica del poder en 1978) para inducir verdades en la historia o en la política.

Aparte de esta, otra acotación que me permitiré hacer es que, en los testimonios orales obtenidos por Zeballos en entrevistas personales‚ se echa en falta que no se nos aclare con precisión (salvo en los casos de Pedro Duarte‚ monolingüe guaraní‚ y del doctor Stewart‚ que en sus diarios usaba una técnica taquigráfica privada y mezclaba español‚ inglés y‚ creo‚ guaraní) el lenguaje en que se realizaron estas entrevistas‚ ni cómo era, incluso, el español decimonónico de los paraguayos –si puro y castizo‚ si enjoparaizado de guaranises– o si los sucesos se narraban directamente en guaraní-paraguayo, y‚ en tal caso‚ si Zeballos confiaba en su trujimán contratado‚ y quién era, y qué características tenía, tal interprete‚ etc.

CURIOSIDADES

Entresaqué algunas citas que –además del discurso de apología que Godoy dedica a López después de que el correntino Aveiro comparara al Mariscal con los astros celestiales– me llamaron la atención: que el Partido Colorado se «llamaba» militar en 1888 porque estaba integrado por los sobrevivientes militares de López (Escobar‚ Duarte‚ Delgado‚ el coronel Meza‚ el capitán Ortiz); que «Venancio López vivía con dos quiguaberá en Paso de Patria‚ Irala en Campo Grande con siete hermanas» (Zeballos, sin mencionar fuentes); que «La oficialidad estaba obligada a aprender de memoria las ordenanzas del ejército español bajo penas severísimas. Godoy los recita hasta ahora como un niño, el bendito»; que «López le exigía prodigios al soldado paraguayo. No dormir ni comer ni descansar»; que «Madame Lynch recibía los periódicos europeos por medio de la legación inglesa durante la guerra»; que «Cándido López solo pudo pintar 52 cuadros (con la mano izquierda) de los 90 croquis que había hecho con la mano derecha –paisajes, batallas, campamentos–, que llenaban dos cuadernos». Sobre los muebles adquiridos por el Mariscal para el Palacio de los López: «Es gusto de cocotte», dijo Mitre. Zeballos acota al margen: «De quiguaberá, pudo haber dicho mejor». Otros testimonios interesantes de diverso origen: la «Lista de “avituallas” del Mariscal en Amambay: frutas del monte‚ naranja agria‚ yacaaratiá‚ pacurí‚ piñas de ybyrá‚ yatay‚ etc». (Dr. Stewart). «El general (Mitre) será poeta, pero no tiene disposición para la guerra» (Pedro Duarte –en guaraní). «El edecán Cabriza salvó al Mariscal de ahogarse en Corrientes en 1845» (Ángel Peña). «El general Díaz‚ el triunfador de Curupayty‚ era un general sin cama: dormía en su hamaca de guasca, como cuando era soldado» (Pedro V. Gill).

«El brasilero es cobarde, y el paraguayo,

Atrevido.

Esa raza se ha conocido por hombres

Afeminados

En verdadero sentido»

(Canción popular durante la Guerra del Paraguay, transmitida por Juan Bautista Ambrosetti‚ suegro de Eduardo Holmberg).

CONCLUSIONES DE UN LECTOR PROFANO

La Donación: El hijo del presidente Gill hace donación al Estado paraguayo del Fondo Zeballos, formado por quien, a su vez, había donado –según fuentes oficiosas– cráneos indígenas al Museo de la Universidad de La Plata.

La Ficción como Verdad: Aunque no hay punto de comparación entre un trabajo teórico y otro‚ digamos‚ con pretensiones sociológico-estadístico-etnográficas casi, como es el caso de unas entrevistas a personalidades implicadas en la Guerra del 70, uno termina pensando en frases como la del gurú del aceleracionismo «neoliberal» Nick Land: «Obviamente, Marx es un escritor de sci-fi».

El Mariscal: La obsesión de la historiografía sobre la «Guerra Guasu» por centrar todo en la figura demoníaca del Mariscal me lleva a plantear que, si el Héroe –para los griegos– es el que desafía al destino, y por eso debe ser, y será, castigado, como lo fue Prometeo‚ la pregunta que se puede dejar flotando es entonces, si, desde este punto de vista trágico‚ el Mariscal –el «monstruo» de Stewart‚ el «Nerón de América» de Maíz‚ el «siniestro» de Taunay– no es el héroe par excellence de Paraguay‚ es más‚ el único de su historia, pues, suponiendo que haya querido sacar a Paraguay de su destino –el de un país condenado a la existencia vegetativa y resignada en la cual lo había sumido el aislamiento férreo de Francia–‚ ¿acaso no fue castigado por ese gesto soberbio y pletórico de hybris?

Liliana M. Brezzo (editora).
La Guerra del Paraguay en primera persona. Testimonios inéditos.
Fondo Estanislao Zeballos.
Asunción, Tiempo de Historia, 2015.
346 pp.

lunes, 22 de enero de 2018

Crisis del Beagle: El encuentro de El Plumerillo

Videla-Pinochet: a 40 años de las reuniones que dejaron a la Argentina y Chile al borde de la guerra

En enero de 1978 se encontraron en la base aérea El Plumerillo; diez meses después, con las tropas de ambos países desplegadas en la zona de conflicto, el papa Juan Pablo II evitó el enfrentamiento



Juan Manuel Trenado || LA NACION



Las fotos los mostraron sonrientes. No faltaron los abrazos. Pero toda la serenidad y las supuestas buenas intenciones que mostraban cuando estaban frente a la prensa eran una fachada que ocultaba la tensión puertas adentro.

El 19 de enero de 1978, en plenas dictaduras tanto en la Argentina como en Chile, los presidentes de facto Jorge Rafael Videla y Augusto Pinochet tuvieron una reunión para intentar acercar partes y poner fin al conflicto del Beagle. Fueron doce horas de encuentro en El Plumerillo, Mendoza.


Hubo otra reunión un mes después, en Puerto Montt, que duró 13 horas. Se repitieron buenos augurios en los discursos de ambos. Se habló de hermandad y de lazos de sangre entre ambas naciones. Hasta firmaron un acuerdo para continuar con las negociaciones.

Pero el clima no era el mismo en la intimidad. "El discurso de Pinochet causó desagrado y sorpresa", se escribió en LA NACION tras el cónclave en Chile. Videla, al volver a la Argentina, se reunió con el jefe de la Aramda, el almirante Emilio Eduardo Massera, y analizaron las distintas alternativas en caso de llegar a un desenlace bélico.



Videla lo reconoció años después: "Pinochet me planteó un problema: ¿Qué hacer? ¿Retirarme al frente de mi delegación y romper la posibilidad de una negociación que, más allá de ese discurso inesperado, había quedado plasmada en el documento firmado? Opté por una respuesta de circunstancia sobre la hermandad entre ambos países, la complementariedad comercial. Me pareció lo mejor: no quise romper todo. La comisión que me acompañaba se enojó conmigo; consideró ese discurso como una aflojada. En la Argentina también cayó muy mal: los comandantes se sintieron todos halcones", dijo el represor Videla en el libro Disposición Final.

"El Día D, la Hora H, ya habían sido determinados. La invasión sería el sábado 23 de diciembre. No queríamos que coincidiera con Navidad"
Jorge Rafael Videla, en el libro Disposición Final

Apenas cuatro días después, el ministro de Relaciones Exteriores, vicealmirante Oscar Montes, transmitió un mensaje al pueblo en el que expresó que la Argentina consideraba nulo el laudo arbitral británico que daba lugar al reclamo chileno. Ambos países habían acordado en 1971 que esa sería la vía para resolver el litigio por la delimitación de los espacios marítimos en el extremo sur y, en especial, en el canal de Beagle.

La explicación sobre el rechazo argentino ya la había adelantado el canciller Montes: "La Argentina, asistida por destacados internacionalistas, ha encontrado en el laudo errores de derecho que son inaceptables. No se trata de una posición caprichosa de un mal perdedor".

¿Qué reclamaba la Argentina?

El mismo Montes lo comentó: "El desconocimiento del protocolo de 1893 como instrumento adicional y aclaratorio del tratado de 1881 y el hecho de que se haya fallado sobre zonas que no están comprendidas dentro de la parte cuestionada. Asimismo, puede establecerse que se han cometido errores de carácter histórico y geográfico, como por ejemplo, cuando se determina que el océano Atlántico llega hasta la Isla de los Estados y no hasta el cabo de Hornos".


Augusto Pinochet y Jorge Rafael Videla, el 19 de enero de 1978; se reunieron en El Plumerillo, Mendoza. Foto: LA NACION 

La tensión era tal que, incluso hasta 24 horas antes de la primera reunión, los medios chilenos señalaban que era difícil que se llevara a cabo el encuentro. "Las cancillerías de las dos naciones deben extremar sus esfuerzos para que la entrevista se produzca", publicó el diario La Tercera.

En el encuentro en Mendoza, las medidas de seguridad fueron estrictas en la IV Brigada Aérea de El Plumerillo. Tras la reunión, un comunicado oficial indicó: "Se sentaron las bases para la concreción de un entendimiento que permitirá dar solución a los aspectos de interés común". Y más allá de los semblantes serenos de los mandatarios tras despedirse, los enviados describieron que durante el encuentro pudo verse a los asistentes de los dos países corriendo nerviosos por los pasillos, llevando carpetas y datos para aportar a la fundamentación en la charla.



El diario La Segunda, de Chile, publicó: "Nuestro país está dispuesto a acudir a nuevas instancias jurídicas para aclarar sus derechos. Argentina rehuye tales instancias. En consecuencia, las vías no negociadas que excluyan la posibilidad bélica favorecen a Chile. Las negociaciones directas tienden a favorecer a Argentina. [.] Sobre esta base, el papel más difícil en la reunión le corresponde al presidente chileno".

En la reunión en Puerto Mont un mes después, el dictador Pinochet dijo en su discurso: "Ha quedado taxativamente establecido que las negociaciones no configuran modificación alguna de las posiciones que las partes sostienen con respecto al laudo arbitral en la región. Mi gobierno ratificó en forma oficial y pública que, de acuerdo con los compromisos previstos, la delimitación de las jurisdicciones en esa región quedó refrendada en forma definitiva en la sentencia de Su Majestad Británica. Por lo tanto, las negociaciones a realizar en ningún caso afectarán los derechos que en esa área el laudo reconoció para Chile".

"Llegamos al borde de la navaja. No fuimos a la guerra, pero si hubiéramos entrado en ella no nos habría ido tan mal " 
Augusto Pinochet, en el libro Diálogos con su historia
En los meses siguientes, la escalada de tensión fue más intensa. Ambos países desplegaron sus tropas en las zonas de conflicto. El 20 de diciembre, la Cancillería argentina replicó con dureza una carta de Chile: "Solo reitera conceptos ya conocidos y [.] no satisface las mínimas expectativas que alientan al Gobierno argentino en su propuesta de continuar con las negociaciones".

En el mismo sentido, Videla respondió una carta al entonces presidente de los Estados Unidos, James Carter, en la que transmitía su preocupación: "La persistencia de la actitud chilena es atentatoria a legítimos e irrenunciables derechos argentinos".



Al mismo tiempo, el embajador argentino en las Naciones Unidas, Enrique Ros, presentaba ante el Consejo de Seguridad una nota de carácter urgente en la que acusaba a Chile de emplazar destacamentos militares provistos de artillería en las islas ubicadas en los mares en disputa.

La Argentina estaba dispuesta a la ocupación de las islas Picton, Nueva y Lennox el 22 diciembre de 1978, para luego atacar el territorio chileno. El plan de de batalla ya estaba definido, tal como contó LA NACION en una investigación en 2003.

"Optaron por comenzar el conflicto con Inglaterra, creyendo ganarle muy pronto para enseguida atacar a Chile con toda su fuerza. Fue una equivocación técnica y estratégica"
Augusto Pinochet
A horas de que se desatara la guerra, fue la intervención directa de Juan Pablo II la que impidió el conflicto. El cardenal Antonio Samoré fue designado por el Papa. La Argentina postergó su plan para analizar el pedido de la Iglesia. Y cuando caía la noche, la Junta Militar aceptó la mediación.

La propuesta de Juan Pablo II fue darle la soberanía sobre las islas a Chile, pero le ofrecía una zona marítima común para el comercio de ambos países. La Argentina dejó pasar el plazo y la tensión creció en 1981. Hubo nuevas amenazas y provocaciones.

Fue la Guerra de Malvinas la que desvió la atención de ese conflicto. La posterior llegada de la democracia derivó en el plebiscito convocado por el presidente Raúl Alfonsín . El 82% (10,4 millones de votos contra 2,1) de la población eligió aceptar la propuesta papal. Y el Tratado de Paz y Amistad de noviembre de 1984 le puso fin a más de cien años de conflictos en la zona.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Argentina: Operación río Fénix, una genialidad del Perito Moreno

Operación río Fénix


Francisco Pascasio Moreno (1852-1919)


La llamada operación río Fénix, que consistió en restituir el curso natural de sus aguas, constituyó una verdadera victoria geográfica y diplomática de Francisco Pascasio Moreno, que aportó un elemento de juicio indiscutible en contra de la tesis sostenida por Chile.  Para explicarla, recurriremos a los conceptos expuestos por Moreno, antes de su designación como Perito, al referirse a este problema:

“El río Fénix nace de los ventisqueros del macizo cordillerano que domina el lago Buenos Aires, en el territorio de Santa Cruz, y desciende de inmediato al pie de la meseta, en la depresión entre las dos líneas principales de morenas.  Este río da mil vueltas, según los caprichos de los montículos areniscos, hacia el sudeste, para volver violentamente al oeste, a desaguar en un lago, después de un curso de más de 50 km entre las morenas.  Este río Fénix, que corría antes permanentemente hacia el Atlántico, ha sido interrumpido en su curso por uno de los fenómenos comunes en los ríos que cruzan terrenos sueltos, principalmente glaciales.  Un simple derrumbe de piedras ha interrumpido su curso, llevándolo a un lago hacia el oeste, mientras al oriente corren aguas sólo durante las grandes crecientes (…)  Su viejo cauce esta hoy casi relleno, pero bastarían algunas horas de trabajo para que sus aguas volvieran a su dirección primitiva, hacia el este, para alcanzar el océano Atlántico…”.

Más tarde, cuando a Moreno, en su carácter de perito argentino en la cuestión limítrofe con Chile le tocó abordar el estudio de esta zona urdió, con la complicidad de su secretario y amigo, Clemente Onelli, lo que él mismo llamó una travesura.  Mediante el trabajo de una cuadrilla de peones, dirigida por Onelli, en muy pocos días se logró que las aguas del río Fénix, nacido en las altas cumbres del lado oriental, volvieran a su antiguo cauce.  La prueba fue categórica, y quedó demostrado lo que Moreno sostenía: que el “Divortium acquarum” continental era un límite arbitrario y mutable.

Lógicamente, esta acción dio lugar a una nota del plenipotenciario de Chile, dirigida a la Cancillería argentina, en la que se pidió una investigación “… por cuanto había circunstancias que le hacían creer que los autores de la desviación fueron miembros de las comisiones argentinas de límites”.  En cuanto a la contestación de la Cancillería argentina, precisa en sus argumentos, expresó lo siguiente en su remate final: “En realidad, los ayudantes del Perito restablecieron el curso natural del río, pero no intentaron cambiar la situación de la Cordillera de los Andes…”.

Los trabajos realizados para restituir el curso natural de las aguas del río Fénix fueron confiados por Moreno a un colaborador de su absoluta confianza: Clemente Onelli.  Este naturalista italiano, nacido en Roma, llegó a Buenos Aires en 1889, cuando tenía veinticinco años.  Después de realizar diversos trabajos se relacionó con Moreno, quien mucho apreció su inteligencia y conocimientos en ciencias naturales.  Fue así que lo incorporó a su equipo como secretario personal, y además lo designó Asesor de la comisión de límites argentino-chilena, funciones que cumplió en forma brillante durante siete años (1896-1903).  Entre ambos prevaleció un mutuo respeto y se generó una sincera amistad.

En el libro de Onelli, publicado en 1904, el autor describe una exploración realizada en 1903, desde la confluencia de los ríos Negro y Limay hasta el extremo sur de la provincia de Santa Cruz.  Al encontrarse con su viejo conocido, el río Fénix, rememora un acontecimiento que lo tuvo como principal protagonista: la denominada Operación río Fénix.

“En este paraje en el año 1898, siguiendo las instrucciones del perito Dr. Moreno, desviamos el curso de ese río que desagua en el lago Buenos Aires, haciéndole correr como afluente del río Deseado.  Quedé un rato contemplando la obra que los años y las inundaciones habían completado abriendo más caudaloso lecho; recordé los once días de trabajo febril con las manos llagadas por el uso de la pala; recordé que se debía terminar esa prueba de la teoría de Moreno para el día que llegase a pasar por allí el perito chileno, y recordé el motín de algunos hombres que tuve que dominar, revólver en mano, acobardados por la ímproba tarea: se me presentaron a la mente esas horas de ansia, cuando abierta la boca del canal, las aguas durante una noche, se estancaron allá donde termina la pampa, irresolutas en seguir la pendiente del cañadón del río Deseado.  Ahora el río entra tranquilo por ese canal y sus aguas se deslizan veloces como si siempre hubiesen hecho eso desde el principio de los siglos”.

Concluye así este comentario de Clemente Onelli:

“El día en que el gobierno corrija un tanto la entrada del Fénix al río Deseado, la obra imaginada por Moreno dará también riego y vida a unos cuantos millones de hectáreas de campos resecos, coronando así la obra de este sabio infatigable que ha conseguido para su patria miles de leguas discutidas por el vecino, y bajo su impulso enérgico e incansable dirección, la geografía argentina, que estaba atrasada en cincuenta años, se puso al día en poco tiempo, tanto que geógrafos como Reclús, Rabot, Lapparent y Gallois, declararon al conjunto del trabajo por él presentado al Arbitro inglés como el más bello ejemplo de la energía y actividad americanas”.

Fuente


Fasano, Héctor L. – Perito Francisco Pascasio Moreno, Un héroe civil – La Plata (2003).

Onelli, Clemente – Trepando los Andes – Buenos Aires (1904).

Portal www.revisionistas.com.ar

Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar

miércoles, 1 de noviembre de 2017

SGM: El Protocolo de Londres

73 años de Alemania descuartizada

Es algo confuso el "Protocolo de Londres", ya que existen 9 versiones del Protocolo, que van desde el de 1814 hasta el de 2004. Entonces, cuando se habla del "Protocolo de Londres", ¿de cuál de todos se habla? Hay uno que fue firmado el 12/09/1944, o sea que hoy se cumplen 73 años, y fue el 6to. "Protocolo de Londres".
Urgente24



Mapa de la división de Alemania y de Berlín.


La 2da. Guerra Mundial finalizó el 08/05/1945. Adolf Hitler se suicidó el 30/04/1945. Pero en septiembre de 1944, la contienda ya había tomado una tendencia irreversible, al menos para el Alto Mando aliado. Entonces hubo una reunión en la que se acordó la división de Alemania cuando llegara la paz.


Los aliados eran la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el Reino Unido (Gran Bretaña e Irlanda del Norte), USA, Polonia y Francia. Sin embargo, quienes liderarían lo que se conoció como la Ocupación Aliada de Alemania fueron el Reino Unido, la URSS y USA.

Francia tenía bastantes problemas con su propia reconstrucción y Polonia pasó a ser un aliado a su pesar de la URSS, hasta que cayó el llamado Pacto de Varsovia, que coincidió con la reunificación de Alemania.

En septiembre de 1944 se reunió en Londres la Comisión Consultiva Europea (URSS, USA y Reino Unido) para el 6to. "Protocolo de Londres", que trataba de la ocupación de Alemania, su divisón territorial, la prohibición de armarse y una interferencia en todas sus instituciones, apostando a que la influencia de estos triunfantes países impediría repetir un Hitler.

En verdad, Franklin D. Roosevelt, Winston Churchil y Yoséf Stalin estaban repartiéndose el mundo. Debe recordarse que Hitler y Stalin ya se habían repartido Europa, antes de la Operación Barbaroja (la traición de Alemania a la URSS). Y USA y el Reino Unido habían sido aliados en la 1ra. Guerra.

Al finalizar la 2da. Guerra, los países anexados por Alemania recobraron su independencia, tal como fue el caso de Austria y Checoslovaquia. Otros territorios anexados por Hitler pero pertenecientes a otros países, fueron reintegrados: zonas de Bélgica, Francia, Luxemburgo, Polonia y Yugoslavia.

En cuanto a Alemania, lo que comenzó en Londres avanzó en la conferencia de Yalta (entre el 04/02/1945 y el 11/02/1945), cuando se decidió que:

  • los británicos quedarían a cargo de los estados de Schleswig-Holstein, Hamburgo, Baja Sajonia y el actual estado de Renania del Norte-Westfalia (Norte/Noroeste);
  • USA se quedaría con los estados de Baviera, Hesse, Wurtemberg-Baden y el puerto de Bremen (Sur/ Sureste);
  • los franceses obtuvieron el control de los estados de Renania-Palatinado, Baden, Wurtemberg-Hohenzollern y el distrito de Lindau (Oeste/Suroeste); y
  • los soviéticos se quedaron con Turingia, Sajonia, Sajonia-Anhalt, Brandeburgo y Mecklemburgo-Pomerania Occidental (Este y Noreste).





Pero lo que le resultaba clave a USA, URSS y Reino Unido era la capital, Berlín, y sobre esto trató el "Protocolo" que dividió en 4 el Gran Berlin, aunque en verdad fue un sector occidental, ocupado por estadounidenses, británicos y franceses con 480 Km2 de extensión y 2.200.000 habitantes; y el oriental, ocupado por los soviéticos, con 400 Km2 y 1.100.000 habitantes.

El Gran Berlín, constituido de acuerdo con la ley municipal del 27/04/1920: casi 880 Km2, con una población de 5.300.000 habitantes.

El "Protocolo de Londres" tuvo un Protocolo adicional, del 14/11/1944 que aclaró que esa ocupación se realizaba "(...) para dirigir conjuntamente la administración del territorio del Gran Berlín".

Faltaba un nuevo protocolo, del 26/06/1945 -el mismo día que la Carta de Naciones Unidas inició la Organización de Naciones Unidas, en San Francisco, California (USA)- aclarando que Francia participaba con igualdad de derechos en la "administración conjunta del Gran Berlín".

La ocupación concedía el total y completo control sobre los recursos alemanes, comenzando por las políticas de desmilitarización, desnazificación, democratización y descentralización. También debían ser abolidas las leyes discriminatorias, debía controlarse el sistema educativo y judicial, y arrestarse y llevarse a juicio a los criminales de guerra.

El 02/05/1945, Josip Vissarianovich Stalin anunció la conquista de Berlín. 11 días después, el general en jefe de la Administración Militar Soviética, mariscal Grigori Zukov, confirmó en su cargo a los nuevos miembros del Ayuntamiento de Berlín nombrados por el comandante soviético de la ciudad, general Nikolaï Erastovitch Berzarine. Los elegidos tomaron posesión de su cargo 6 días después.

Los aliados llegaron a Berlín 01/06/1945 y su instalación se demoró hasta el 04/07/1945. La presencia de los aliados fue precedida por un engorroso intercambio de telegramas entre el presidente Harry S. Truman (Roosevelt había muerto), el 1er. ministro Winston Churchill y Stalin.

En los Protocolos se mencionaba el libre acceso de las Fuerzas Aliadas "por vía aérea, terrestre y de ferrocarril a Berlín". Y la Conferencia de los Comandantes Supremos de las potencias de ocupación -Berlín, 29/06/1945- sostuvo: "Se ha convenido que todo el tráfico -aire, carretera, vía férrea- estará libre de controles fronterizos o del control por funcionarios de aduanas o por autoridades militares".

Para intentar la administración conjunta se creó la IAMC (Comandancia Militar Interaliada), que se constituyó el 11/07/1945. Pero el 17/07/1945 se reunieron en Potsdam -un barrio de Berlín- Truman, Churchill y Stalin, para una cumbre sobre el mundo que venía.

En Potsdam se decidió que en tanto durase la ocupación, habría libertad de acceso a Berlín y tratamiento de toda Alemania como una unidad económica.

Por este motivo se creó, al margen de la Comandancia Militar, el Consejo Aliado de Control, con sede en Berlín, que empezó a trabajar el 20/08/1945. Pero las bombas atómicas sobre Japón cambiaron todo: sumó resquemor a la desconfianza preexistente. Comenzó la Guerra Fría. Y fracasó la idea de la administración conjunta: Berlín Occidental y Berlín Oriental.

El 20/03/1948 los soviéticos abandonaron el Consejo de Control Aliado y el 16/06/1948 dejaron la Comandancia Militar. El 22/06/1948 los consejeros de Hacienda y Economía de los 4 países ocupantes discreparon muy fuerte sobre las reformas económicas. Los soviéticos pretendían que la moneda que se utilizase en el Gran Berlín debía ser la misma que en el resto de la zona de ocupación soviética.

Los occidentales se negaron y lanzaron en Berlín Occidental el marco del Bom/e Deutscber Lánder, el marco occidental, moneda clave para el llamado 'milagro alemán'.

Ya no había "libertad de acceso a Berlín": los soviéticos controlaban la identidad y los equipajes de los viajeros occidentales, especialmente los militares; detenían los trenes; restringían el envío de paquetes postales y los permisos para la navegación fluvial.



A la circulación del Deutsche Mar/e, los soviéticos respondieron cortando la corriente eléctrica y el suministro de carbón a las zonas occidentales.

El 24/06/1948, con la excusa de unas reparaciones en los puentes sobre el río Elba, cortaron la circulación por autopista, ferrocarril y navegación de los canales.

Durante 48 horas, los occidentales debatieron qué hacer. El 26/06/1948 el presidente Truman ordenó el abastecimiento de la ciudad por vía aérea, "hasta que se encuentre una solución diplomática".

El 28/06/1948, 150 aviones aterrizaron en el aeródromo de Tempelhof, transportando 400 toneladas de abastecimiento, el 30% de las necesidades de los sitiados.

El 20/07/1948, ya llegaban 2.400 toneladas diarias, y más tarde 4.500 toneladas.

Los occidentales mantuvieron el puente aéreo hasta que los soviéticos levantaron el bloqueo el 12/05/1949: se habían realizado 200.000 vuelos, con un total de más de 2 millones de toneladas de alimentos, carbón, etc.

Ya llegaría el Muro de Berlín. En definitiva, el Protocolo de Londres fue un efímero intento de que acordaran soviéticos, estadounidenses y británicos. Pero sirvió para impedir lo que Hitler esperaba: el choque entre ellos al converger sobre Alemania.

Curiosamente, en la Alemania comunista todo fue mucho más traumático y difícil que en la Alemania occidental, donde hubo un juicio de los jerarcas nazis, pero luego una inclusión progresiva del resto de los ex combatientes a una sociedad que pudo retomar rápidamente el crecimiento económico y social.

martes, 17 de octubre de 2017

Por qué India y Bangladesh tienen la frontera más loca del mundo

Por qué la India y Bangladesh tienen la frontera más loca del mundo



The Economist

Este año marca un hito en los anales de la extraña geografía. El 31 de julio la India y Bangladesh intercambiarán 162 parcelas de tierra, cada una de las cuales se encuentra en el lado equivocado de la frontera Indo-Bangladesh. El final de estos enclaves sigue un acuerdo hecho entre la India y Bangladesh el 6 de junio. Los territorios situados a lo largo de la frontera más loca del mundo incluyen la pieza de resistencia de una extraña geografía: el único "contra-contra-enclave" del mundo: un parche de la India rodeado por territorio bangladesí dentro de un enclave indio en Bangladesh. ¿Cómo surgieron los enclaves?
India y Bangladesh comparten una frontera de 4.100km (2.500 millas), arrastrada apresuradamente alrededor de uno de los lugares más densamente poblados de la tierra en 1947. Debido a la interminable zigging y zagging constituye el quinto más largo del mundo. Los paquetes que se intercambiarán son 111 enclaves bangladesíes y 51 indios agrupados a ambos lados de la frontera de Bangladesh con el distrito de Cooch Behar, en el estado indio de Bengala Occidental. Los enclaves son invisibles en la mayoría de los mapas; La mayoría son invisibles en el suelo también. Pero se convirtió en un problema evidente para sus 50.000 habitantes con la aparición de pasaportes y controles de visados. La India independiente y Bangladesh -parte de Pakistán hasta 1971- se negaron a permitir que los demás administraran sus enclaves, dejando a su pueblo efectivamente apátrida.

La leyenda dice que los enclaves se formaron como resultado de una serie de juegos de ajedrez jugados entre dos maharajas hace siglos (los trozos de tierra se usaban como apuestas). Más tarde se atribuyeron a un oficial británico borracho que supuestamente derramó gotas de tinta en el mapa al trazar la frontera India-Pakistán en 1947. Según Reece Jones, un geógrafo político, las parcelas fueron cortadas de territorios más grandes por tratados firmados en 1711 y 1713 entre el maharaja de Cooch Behar y el emperador mogol en Delhi, poniendo fin a una serie de guerras menores. Los ejércitos mantenían el territorio que controlaban, los habitantes pagaban impuestos a sus respectivos gobernantes feudales y la gente se movía libremente a través de una mesa de trabajo modelada por la guerra feudal. Cincuenta años después, los esfuerzos de la Compañía Británica de las Indias Orientales para aclarar el desordenado mapa fracasaron cuando sus residentes optaron por quedarse.



Era la partición, la división de la India y Pakistán, que convirtió los enclaves en una tierra de nadie. El maharaja hindú de Cooch Behar eligió unirse a la India en 1949 y trajo consigo las ex-mogoles, ex-posesiones británicas que heredó. Enclaves al otro lado de la nueva frontera fueron tragados (pero no digeridos) por Pakistán Oriental, que más tarde se convirtió en Bangladesh. No fue sino hasta 1974 que los dos países acordaron por primera vez arreglar esta frontera. India acordó renunciar a una compensación por una pérdida neta de territorio que es aproximadamente la mitad del tamaño de la isla de Hong Kong (o 2.000 estadios de cricket). Pero los gobiernos débiles y el nacionalismo frustraron el progreso de la India. En mayo de 2015, 41 años más tarde, su parlamento finalmente aprobó una enmienda constitucional necesaria para ceder tierras a Bangladesh y resolver la anomalía.

Borrar los enclaves tendrá tres efectos principales. La primera será sentida principalmente por los residentes, que ahora pueden elegir a qué país unirse, adquiriendo los beneficios básicos de la ciudadanía en el proceso. El proceso permitirá a la India y Bangladesh concentrarse en cuestiones más importantes. Por último, al desaparecer de las fronteras de Bengala, los enclaves del mundo han dado un salto hacia la extinción. A partir de este verano, habrá 49 parcelas extraterritoriales dejadas en cualquier parte, principalmente en Europa occidental y en la periferia de la antigua Unión Soviética. La mayoría de los enclaves del mundo habrán desaparecido de la noche a la mañana.

jueves, 31 de agosto de 2017

Argentina: Arana, el diplomático

Deberían estudiarlo en la Cancillería porque diplomático... era Arana

Poco conocido por muchos, Felipe Benicio de la Paz Arana y Andonaegui, nació y murió en la Ciudad de Buenos Aires, desde que era parte del Virreinato del Río de la Plata, hasta que se desprendió de la Corona Española. Del 24/08/1786 al 11/07/1865, él fue una persona con un enorme capital intelectual que le permitió sobrevivir en difíciles coyunturas. Cada vez que el brigadier general Juan Manuel de Rosas se delegó el mando para asumir la dirección de asuntos en puntos alejados de Buenos Aires, Arana fue quien lo reemplazó en el gobierno. Preocupado por no renovar las ideas sino profundizar lo que ya existía, tuvo fama de discreción exquisita y una reserva tan estricta como la de un confesionario, lo cual le permitió durar 17 años en un puesto difícil en tiempos comunes, mucho más en la Confederación. Después de Caseros, Arana se retiró de la vida pública.
Por Urgente 24





Deberían estudiarlo en la Cancillería porque diplomático... era AranaFelipe Benicio de la Paz Arana y Andonaegui, un gran canciller.
Felipe Benicio de la Paz Arana y Andonaegui, hijo de José Joaquín de Arana y de Mercedes de Andonaegui, estudió en la Real Academia de San Carlos, de Santiago de Chile, recibiéndose de bachiller en 1 año. A los 24 años ya era abogado y regresó a Buenos Aires.

Con su preparación académica, se le abrieron todas las puertas. Participó en histórico Cabildo Abierto del 22/05/1810, votando por la causa criolla que habilitó a la 1ra. Junta de gobierno.

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Participó de casi todos los acontecimientos de aquellos días, integrando la Junta de Observación, corredactando el Estatuto Provisional de 1815, de pensamiento unitario.

Por algún motivo, Arana devino en militante de la causa federal, y en especial fue de la confianza de Juan Manuel de Rosas, lo que provoca el gran tema no resuelto por los historiadores revisionistas: ¿Rosas era un federal tal como Facundo Quiroga o Estanislao López o un autoritario disfrazado de federal? (algo así como un unitario encubierto).

Arana integró la "Comisión de Secuestros" que promovió los juicios contra Juan Larrea y Guillermo Pío White, acusados por abuso de poder y defraudación al fisco.

En 1816 se casó con Pascuala Benita Beláustegui -tuvieron 7 hijos- y en el inicio de los años '20 integró la Legislatura bonaerense de Buenos Aires que 8 años más tarde la presidió.

Tenaz opositor de Bernardino Rivadavia y de su proyecto de dividir Buenos Aires en 3 zonas, nacionalizando una (hubiese resultado un gran acierto para limitar la deformación geoeconómica que tiene la Argentina), Arana era camarista del Superior Tribunal de Justicia.

Cuando Rosas regresó al poder, en 1835, designo a Arana ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la Provincia de Buenos Aires, representando a las otras provincias (de eso trataba la Confederación) y a cargo de las relaciones con el Vaticano pero permaneciendo como camarista del Tribunal de Justicia.

Rosas lo llamaba Felipe Batata (si no la gana, la empata), de gran confianza de Rosas, y de un protagonismo singular en las negociaciones para cesar los bloques militares de ingleses y franceses, sin ceder nada de lo que esos países exigían.

La flota anglofrancesa pretendía ejercer la libre navegación de los ríos interiores de la Argentina, pero las tropas de Rosas, al mando de Lucio Mansilla, destrozaron bastantes navíos franceses, especialmente en la Batalla de Vuelta de Obligado.

El bloqueo seguia, y la economía lo estaba sintiendo mientras de Europa llegaban distintos delegados para negociar un acuerdo.

Arana firmó primero un acuerdo con el almirante Angel René Armando de Mackau, quien lo hizo como plenipotenciario del rey Luis Felipe, y se reveló como hábil diplomático.

Pero su consagración fue lo que coprotagonizó entre 1846 y 1847, con los ministros de Inglaterra y Francia, Lord Howden y el conde Walewski, respectivamente. Finalmente el ministro británico Henry Southern, llegado a Buenos Aires a fines de 1848, firmó con el ministro Arana la convención del 24/11/1849 que puso fin a las diferencias de Rosas y el Reino Unido.

El Tratado Arana-Southern no resolvió la disputa por las Islas Malvinas que se originó tras la expulsión de las autoridades argentinas en 1833. Las Malvinas no fueron mencionadas ni en las negociaciones, ni en el texto del tratado.

Argentina mantuvo su reivindicación y sus pedidos de respuesta, mientras el Reino Unido mantuvo su postura de negarse a discutir la cuestión.

El 31/08/1850, firmó la convención con Francia, ajustada entre el almirante Lapredour y Arana, Rosas recuperó la flota capturada en 1845 y la isla Martín García.

En febrero de 1852 Justo José de Urquiza derrotó a Rosas en la batalla de Caseros y lo reemplazó en el poder.

Luego de Caseros, Batata no fue perseguido, se retiró de la vida pública y política, y descansó en el campo hasta su muerte.

Sir Charles Hotham, que participó en el conflicto, escribió al conde de Malmesbury (que había sustituido a Lord Palmerston) sugiriendo que era hora de considerar romper el tratado Arana-Southern y permitir la libre navegación de los ríos argentinos.

Urquiza celebró 2 entrevistas con el británico Robert Gore, quien enfocó sus esfuerzos diplomáticos en la obtención de un acuerdo de navegación que abriera los ríos para la navegación.

La oficina de Relaciones Exteriores de Francia se contactó para este fin, y ambos países enviaron una misión diplomática a la Argentina en mayo de 1852, dirigida por Sir Charles Hotham y Michel de Saint-Georges, de poner fin a las restricciones de los tratados Arana-Southern y Arana-LePrédour.

Durante un período de calma en el asedio y bloqueo de Buenos Aires, entre el 10 y 13 de julio de 1853, Urquiza firmó acuerdos de navegación con los representantes del Reino Unido, Francia y Estados Unidos que garantizaron la libre navegación de los ríos interiores argentinos para el comercio exterior. La libre navegación los ríos se incluyó en la Constitución Argentina de 1853.