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martes, 2 de mayo de 2017

Colonialismo: El legado actual de fronteras del Imperio Británico

Fronteras de la fantasía
The Economist





Las fronteras disputadas son una causa y un síntoma de las tensiones entre los grandes vecinos del sur de Asia. Cuando el poder colonial, Gran Bretaña, se retiró de la India dejó un legado peligroso de fronteras descuidadas o arbitrariamente dibujadas. Las tensiones entre la India y China flare de vez en cuando, especialmente a lo largo de la frontera del extremo noreste de la India, a lo largo del estado de Arunachal Pradesh. En los últimos años los funcionarios chinos han llevado a llamar a parte de la misma zona "Tíbet del Sur", a la furia de la India, ya que parece implicar una reclamación china sobre el territorio. El fracaso en acordar la frontera precisa, y luego demarcarla, asegura que los desacuerdos futuros puedan volver a estallar. Pakistán, también, está acosado por fronteras difíciles. Afganistán, al norte, ha sido durante mucho tiempo un vecino hostil. Esto se debe en gran medida a que Afganistán se niega a reconocer la frontera, conocida como la línea de Durand, entre los países atraídos por los británicos.

Sin embargo, lo más polémico de todos son las fronteras en Cachemira, donde Pakistán, India y China tienen demandas competitivas. En el momento de la independencia, en 1947, estaba claro que muchos musulmanes indios estaban decididos a romper con la India de mayoría hindú. Correspondió a un funcionario británico, que no sabía nada de la región, trazar una línea divisoria entre territorio que se convertiría en Pakistán e India. Pakistán recibió zonas dominadas por musulmanes en el lejano noroeste, además de territorio en el este (que obtuvo la independencia como Bangladesh en 1971). Se dijo a los gobernantes de algunas áreas en disputa, notablemente Cachemira, que eligieran a qué país se unirían.

Mientras los gobernantes hindúes de Cachemira prevaricaron, con la esperanza de convertirse de algún modo en un país independiente, los líderes de Pakistán decidieron forzar el asunto. Dado que Cachemira era (y es) un territorio de mayoría musulmana, Pakistán se sintió justificado al ver a jefes de guerra Pushtun cargar en el noroeste de Pakistán, a fines de 1947, para tomar el control de Cachemira. En respuesta, la India, al parecer invitada por los gobernantes de Cachemira, desplegó su ejército nacional y detuvo a los invasores tomando Srinagar, la capital de Cachemira, situada en el valle de Cachemira, la parte más codiciada del territorio. La línea de control resultante, en general, sigue siendo la frontera internacional de facto dentro de Cachemira y, en efecto, es aceptada por Paksitan y la India. Un gran número de soldados indios y paquistaníes permanecen en Cachemira hoy, ya que ambos países profesan ser la autoridad legítima para el resto de Cachemira. Para complicar las cosas, China también ha extendido su influencia y control sobre partes de Cachemira, en gran parte con el apoyo de Pakistán, un aliado.

miércoles, 25 de enero de 2017

Conflictos americanos: La guerra de las 100 horas (2/6)

La Guerra de las 100 Horas (Parte 2) 
por Mario A. Overall | 20-Apr-04 

Parte 1 | Parte 2 | Parte 3

2. El Plan de Invasión Salvadoreño 
Denominado Plan de Campaña, Capitín General Gerardo Barrios , el plan de invasión venía siendo desarrollado desde 1967 por el Estado Mayor salvadoreño, y contemplaba la utilización de cuatro Batallones de Infantería y uno de Artillería, distribuidos en cuatro frentes o Teatros de Operaciones , siendo éstos el del Norte (TON), el de Chalatenango (TOCH), el Occidental (TOOC) y el Oriental (TOO). Así mismo, el plan ordenaba la implementación de la llamada Fuerza Expedicionaria , formada por nueve compañías de la Guardia Nacional, que actuaban bajo las órdenes del Teatro de Operaciones Norte. En aquellos días, las tropas Salvadoreñas estaban equipadas con fusiles G-3 y ametralladoras HK-21, y eran apoyadas por piezas de artillería de 105mm, dos tanques M3A1 Stuart y varios vehículos que habían sido blindados localmente, a los cuales los integrantes del Escuadrón de Caballería motorizada llamaban las niñas. 

 

Contrario a lo que han repetido diversas fuentes, el plan Salvadoreño no pretendía una invasión total a Honduras, ni tomar Tegucigalpa en 72 horas para luego establecer un gobierno títere . El Salvador simplemente no tenía la capacidad para lanzar una campaña semejante. Por el contrario, lo que se pretendía era ejercer un movimiento distribuido en múltiples frentes, que permitiera tomar territorio Hondureño y capturar las principales poblaciones fronterizas para luego pedir la intervención de la Organización de Estados Americanos y forzar una solución negociada. Sin embargo, el plan no descartaba algunos avances de oportunidad mís allí de esas poblaciones, siempre que el abastecimiento de las tropas lo permitiera. De esa cuenta, las acciones principales de la campaña terrestre del Ejército Salvadoreño se desarrollarían en tres frentes de forma casi simultínea, siendo éstos frentes los Teatros de Operaciones Norte, el de Chalatenango y el de Oriente. 

En lo que respecta a la Fuerza Aérea Salvadoreña -FAS- al inicio de la guerra estaba equipada con un TF-51 Cavalier Mustang Mk.II, cuatro F-51 Cavalier Mustang Mk.II, un F-51D Mustang, seis FG-1D (variante del F4U-4 construida por Good Year), un SNJ-5, un DC-4M, cinco U-17A, seis T-41 y cuatro transportes C-47, todos conformando el llamado "Grupo de Combate", que a su vez estaba organizado en tres escuadrones: El de Caza-Bombardeo (F-51 / FG-1D), el de transporte (C-47 / Aviones Civiles) y el de Reconocimiento (SNJ-5 / U-17A / T-41 / Aviones Civiles). Durante el conflicto, la FAS adquiriría mís aviones, especialmente Mustangs, pero al momento del inicio de las hostilidades éste era su orden de batalla. Así mismo, contaba con un Escuadrón Aerotransportado conformado por paracaidistas, un grupo de Mantenimiento, uno de Comunicaciones y uno mís de seguridad y servicios de base, totalizando mil hombres, de los cuales solo 34 eran pilotos. 

3. Situación Militar de Honduras 
Desde 1935 el Alto Mando Militar Hondureño ha basado sus métodos de defensa nacional en el poderío aéreo. De esa cuenta su ejército, en tiempos de paz, se mantiene con el personal mínimo necesario para su funcionamiento. Sin embargo, en caso de conflicto el número de efectivos puede verse incrementado con milicianos civiles, quienes son integrados con fines operacionales principalmente defensivos. De hecho, el Ejército Hondureño es el mís pequeño de Centro América y carece de una capacidad ofensiva importante. 

Al inicio de la guerra con El Salvador, el Ejército Hondureño estaba conformado por tres batallones de Infantería, seis Batallones de Zona, un Batallón de Ingenieros y dos baterí-as de obuses de 75 mm. Sus hombres estaban equipados con fusiles Garand y Mauser, y no se contaba con apoyo de tanques u otros equipos blindados similares. Así mismo, el Ejército Hondureño establecería dos frentes o teatros de operaciones, siendo éstos el Teatro de Operaciones Sur o (TOS) que coincidía con el teatro oriental del Ejército Salvadoreño en El Amatillo, y el Teatro de Operaciones Sur-Occidental que hacía frente al teatro Norte Salvadoreño en Nueva Ocotepeque. 

 
En contraste, la Fuerza Aérea Hondureña -FAH- estaba relativamente mejor conformada y equipada que su contraparte Salvadoreña. Su orden de batalla a mediados de Julio de 1969 listaba seis F4U-5N, cinco F4U-4, cinco transportes C-47, un transporte cuatrimotor C-54, un C-45, tres Cessna 185B, cinco entrenadores artillados T-28A y seis entrenadores AT-6 también artillados. Con respecto a su personal, la FAH estaba integrada por mís de 20 pilotos y aproximadamente 750 especialistas que conformaban las secciones de mantenimiento, armamento, seguridad y servicios de base. También contaba con una sección de paracaidistas.


Fuente: Fuerzas Militares Dominicanas

lunes, 23 de enero de 2017

Guerra del Paraguay: Las RREE de Paraguay antes de la Guerra

Misión paraguaya a Europa 


Uno de los primeros actos del presidente del Paraguay, Carlos Antonio López, fue ponerse en relación con todos los gobiernos civilizados del mundo. Como resultado de sus gestiones diplomáticas, pronto el Paraguay salió del aislamiento en que había vivido, entrando de lleno en la convivencia internacional. De todas partes les llegaron los mejores testimonios de sincera simpatía, reconociéndose la independencia y formulándose votos por el resurgimiento paraguayo. Y no tardaron en llegar a Asunción los representantes de las grandes potencias, con los que se firmaron tratados de amistad, comercio y navegación. 


Elisa Alicia Lynch (1835-1886)


Para responder a estas atenciones, para restablecer las relaciones con la madre patria, y con otros fines relacionados con el desenvolvimiento del progreso del Paraguay, fue enviado a Europa, como ministro plenipotenciario, el general López, que era ya, a la sazón, el hombre más preparado y más discreto de su país. 

El domingo 12 de junio de 1853 partió de la Asunción, a bordo de la nave de guerra Independencia del Paraguay, llevando como secretarios a Juan Andrés Nelly y a Angel Benigno López. Lo acompañaban también el entonces comandante Vicente Barrios, el capitán José María Aguiar, el teniente Rómulo Yegros y el alférez Paulino Alen. 

El 14 de setiembre llegó el representante paraguayo a Southampton pasando enseguida a Londres, donde mereció la más amable acogida por parte del gobierno británico. (1) 

En aquella ocasión tuvo oportunidad de conocer allí personalmente al famoso publicista argentino Nicolás Calvo, quien había de ser después uno de sus corresponsales secretos en el Río de la Plata. De una correspondencia enviada por dicho escritor a un diario de Buenos Aires se tomaron los párrafos que siguen, donde sus palabras trasuntan la impresión que le causara el representante paraguayo: 

“Tenemos aquí al general López, ministro plenipotenciario del Paraguay, que pronto pasará a París. El general es un hombre distinguido en sus modales, dotado de una fisonomía inteligente y apacible, que gana la voluntad del que le trata. Su viaje a Europa es, a mi juicio, una garantía de prosperidad y un gaje de progreso y de mejora infalible para su patria. Observador, reservado y estudioso, se ve en sus acciones la preocupación del hombre seriamente contraído a llevar la aplicación de lo bueno y de lo útil que la Europa le presenta en provecho de su patria. 
“El Paraguay, ofreciendo una estabilidad que, desgraciadamente, falta entre nosotros, llama ya la atención de la Europa comercial, y la emigración agrícola de que tanto necesitan estos países puede muy bien acordarle la preferencia, tanto más cuanto que es éste uno de los puntos a que el ilustrado general López contrae su preferente atención, y reuniendo, como reúne, a la capacidad personal los medios materiales y pecuniarios de desenvolver su plan, poco arriesgo es presagiar que una corriente de inmigración europea, no tardará en pronunciarse hacia el Paraguay. 
“Esta legación es, quizás, la más numerosa que ha venido de la América, y hará buena figura en la lujosa Corte del Emperador Napoleón”. 

Llegada a Francia 
Después de una corta estada en Londres, y antes de visitar, como deseaba, las grandes ciudades manufactureras del Reino, a causa del cólera, que empezaba a propagarse en forma alarmante, pasó a Francia, donde fue recibido en sesión pública por Napoleón III, quien, desde un principio, le brindó sus simpatías, así como la hermosa Emperatriz. 

Muchas leyendas se han forjado sobre su paso por París y sobre el deslumbramiento que causó en su alma el falso brillo de aquella Corte corrompida. 

Hay a qué atenerse sobre el carácter del joven patriota, sobre las intimidades de su alma, sobre sus verdaderas inclinaciones. Se sabe que era morigerado en sus costumbres y que desdeñaba los laureles de la gloria militar. En su alma no cabía otra ambición que la de ver a su patria engrandecida y en paz con sus vecinos… 

Mal, pues, podía seducirle una Corte marcial, fastuosa, pero degradada, a los encantos íntimos de una ciudad alegre. En su mente no llevaba clavada sino una sola idea fija: la prosperidad de su pequeño país. Inútil buscar documentos, pruebas reales de que hubiese llevado en París una vida licenciosa. Inútil pretender dar verosimilitud siquiera a las patrañas forjadas por los falsificadores de la historia. 

Queda, felizmente, el diario íntimo de uno de sus compañeros –el mayor Rómulo Yegros- gracias al cual es posible seguirle, sin perderle de vista un momento, a través de la gran ciudad. Y por ese diario se sabe toda la verdad de su actuación irreprochable. 

Lo que hay de cierto es que Eugenia, que quiso confundirle con uno de esos embajadores semibárbaros de los países orientales, quedó prendada de su gentileza tan pronto como lo conoció en una de las fiestas del Palacio. Y que Napoleón, que era un hombre de vasta cultura, se sintió sorprendido en presencia de aquel joven lleno de ilustración que, en un francés correcto, disertaba con él sobre las más diversas cuestiones, con un dominio absoluto de la política europea y de la historia del mundo. 

Aquella simpatía se transformó pronto en amistad que le valió las más honrosas distinciones. Así, es verdad que el Emperador lo invitó una vez a presenciar unas maniobras militares, brindándole el comando de las tropas, en medio del estupor de los presentes. López, sin afectación y sin embarazo alguno, agradeció aquella inusitada distinción, dando en el acto las órdenes correspondientes y haciendo desfilar batallones y regimientos en su presencia con singular acierto. Precisamente toda su cultura militar era francesa, estando bien interiorizado de los secretos de la táctica y de su estrategia. No podía, pues, tomarle de sorpresa aquel rasgo inesperado del Monarca. 

Por lo demás, en París, como en Londres, no perdió su tiempo en frivolidades, trabajando por allegar ventajas a su patria, procurando abrir mercados a los productos paraguayos, vincularse a la banca europea y encaminar hacia Paraguay una buena corriente de emigración. 

Y como resultados de sus gestiones tan fecundas, el Paraguay se vio pronto impulsado por un creciente progreso, en medio de una renovación completa. 

No se puede omitir aquí un detalle íntimo de su vida que ha dado lugar a tantas injustas acusaciones, a tantos calumniosos denuestos. El mismo está referido a sus relaciones con la famosa Elisa Alicia Lynch, a quien amó apasionadamente desde el momento que la conoció en Paris. 

Esta célebre mujer, tan vinculada a la historia del Paraguay, tan discutida y tan interesante a los ojos del investigador sereno, ha dejado en un panfleto poco conocido los siguientes datos autobiográficos: 

“Nací en Irlanda, el año 1835, de padres honorables y pudientes, perteneciendo a una familia irlandesa que contaba, por parte de mi padre, dos Obispos y más de setenta magistrados, y, por parte de mi madre, un vicealmirante de la Marina Inglesa, que tuvo la honra de combatir, con cuatro de sus hermanos, a las órdenes de Nelson, en las batallas del Nilo y Trafalgar. 

“Todos mis tíos fueron oficiales de la Marina o del Ejército inglés. Mis primos lo son hoy, y varios otros de mis parientes ocupan altas posiciones en Irlanda. 

“El 3 de junio de 1850, fui casada en Inglaterra, a la edad de quince años, con Mr. Quatrefages, persona que ocupa un alto puesto en Francia. A su lado viví tres años, residiendo en Francia y Argelia, sin tener descendencia. 

“Separada de él a causa de mi mala salud, me reuní a mi madre en Inglaterra, quedando algún tiempo con ella. Estuve después con mi tío, el comandante de la Marina real inglesa, William Royle Crooke y su esposa, hermana de mi madre. 

“Residí en París muy poco tiempo, y, mientras estuve allí, viví con mi madre y la familia de Strafor, compuesta de la madre y tres hijas, siendo el padre magistrado en Dublín. 

“Poco tiempo después de separada de mi esposo conocí al mariscal López, y ya en 1854 me encontraba en Buenos Aires, de paso para Asunción. 

“Los que se han empeñado en presentarme como una mujer de mala vida en París, se encuentran descubiertos ante la evidencia de lo que dejo referido, porque falta materialmente el tiempo necesario para que yo haya podido entregarme a la vida licenciosa que se ha pretendido atribuirme. No he podido, pues, ser la mujer que han pintado mis enemigos. 

“El antecedente más desfavorable a mi reputación ha sido el hecho de mi matrimonio. Casada y pasando a ser la compañera del mariscal López era autorizar el cargo de adúltera. Hasta hoy no he querido desmentir esta acusación por motivos de delicadeza que me obligaban a no perjudicar la posición que ocupa Mr. Quatrefages. Pero ahora estoy obligada a romper ese silencio, porque me debo a mis hijos y mi nombre está ligado a una época histórica. 

“Mi matrimonio con Mr. Quatrefages fue considerado nulo por no haberse cumplido las formalidades exigidas por la ley, y la prueba más concluyente de ello es que él se volvió a casar en 1857 y tiene varios hijos de ese matrimonio. 

“Dados estos antecedentes respecto a mis primeros años, no necesito detenerme a dar cuenta de los quince años que residí en el Paraguay, porque nadie, nadie, se atreverá, ni se ha atrevido, a atribuirme una deslealtad al hombre al cual ligué mi porvenir”. 

Tal es la madama Lynch de la realidad, pintada por ella misma con emocionante sinceridad… Mujer de extraordinaria belleza y distinción, llena de talento y de una discreta cultura, despertó en Solano López un apasionado amor. Se conocieron un día en la estación de San Lázaro… se conocieron y se amaron. 

En una palabra, Solano López había encontrado en su camino la compañera que le deparaba su trágico destino. Y ésta, respondiendo también a un mandato superior, le dio la mano y lo siguió en la vida. 

Fracasan las negociaciones con España 
De París pasó a Madrid, donde presentó sus credenciales, gestionando un tratado de paz con la madre patria. Le tocó en la Corte española poner a prueba sus dotes de diplomático y su singular energía. Desde el primer momento encontró dificultades insalvables en las extrañas pretensiones de la Cancillería, que se empeñaba en sentar principios inadmisibles de derecho internacional, en cláusulas que rechazó resueltamente. 

Así, quería el señor Angel Calderón de la Barca, ministro de Relaciones Exteriores, que se estableciera que los hijos de españoles nacidos en el territorio del Paraguay tendrían el derecho de optar por ser paraguayos o españoles, y otras estipulaciones por el estilo, contrarias al derecho de gentes, a las leyes de la República y hasta el decoro nacional. Con tal motivo tuvo que formular numerosas notas, en las que se ve el rastro de la garra del león. Su estilo es inconfundible, siendo imposible no reconocer en todo cuanto escribió desde entonces el sello potente de su personalidad. 

Aquel joven, que por primera vez salía de su patria, hablaba con la autoridad de un hombre cargado de experiencia y acostumbrado a tratar de igual a igual a los más poderosos de la tierra. Todo es dignidad, energía, autoridad en lo que escribe. Se ve que se siente fuerte en su derecho; no conciente en ceder un ápice a su contendor. Y cuando se convence de que no hay nada que hacer ya frente a la terquedad de la Cancillería española, a la que ha demostrado inútilmente la sinrazón de sus pretensiones y hasta sus flagrantes inconsecuencias, anuncia oficialmente su retiro, y se marcha, sin perder la línea de la más exquisita cortesía. 

Meses después, cambiado el ministro de Relaciones Exteriores, recibió un llamado del nuevo titular de dicha cartera, que se avenía, por fin, a zanjar todas las dificultades. Pero era ya tarde. El ministro paraguayo contestó que le era imposible volver a Madrid, porque había sido llamado por su Gobierno y en el puerto de Burdeos le esperaba, con los fuegos encendidos, un vapor de guerra de su país, listo para partir. 
Palacio de Benigno López (Asunción, 1869). Fuente

El más completo éxito coronó sus gestiones ante el Rey de Cerdeña, consiguiendo sin dificultad que fueran canjeados y ratificados los Tratados firmados en Asunción. 

Por todas partes no encontró sino buena voluntad para su patria y para su persona, recibiendo de Napoleón las insignias de Comendador de la Legión de Honor y del Rey de Cerdeña las de Comendador de San Mauricio y San Lázaro. 

Hasta el propio Juan Manuel de Rosas, entonces en Inglaterra, requerido para dar informes sobre el Paraguay, no titubeó en decir que era el único país al cual se podía abrir un crédito ilimitado, certificando que la firma de su ministro estaba garantida por las riquezas de un pueblo pacífico y trabajador y por la solvencia del Gobierno más serio de América. 

Puede decirse, pues, que su misión fue coronada por el más completo éxito. Y, así, después de haber hecho un lucido papel diplomático; después de haber estudiado detenidamente todo lo que podía interesar a su patria; después de haber hecho magníficas adquisiciones, asegurando el concurso de hombres e instituciones de trascendental importancia, regresó, a bordo del hermoso y veloz vapor Tacuarí, adquirido por él en Inglaterra. 

El 11 de noviembre de 1854, a las diez y media de la mañana, partió de Burdeos. Venían con él, a más del personal de la Legación, numerosos técnicos contratados en Inglaterra y Francia, entre ellos los ingenieros Whitehead y Richardson, que tan valiosos servicios habían de prestar al Paraguay. 

A su paso por Río de Janeiro se entrevistó con el Emperador y con varios personajes de la Corte, tratando inútilmente, de buscar una solución a las graves cuestiones que empezaban a poner en peligro la paz entre el Brasil y Paraguay. 

Finalmente llegó a la Asunción en la tarde del 21 de enero de 1855. 

Referencia 

(1) El lunes 5 de diciembre de 1853 fue recibido Solano López por la Reina Victoria en su palacio de la isla de Wight. Rómulo Yegros, al anotar este hecho en su minucioso diario, escribe: “Después de haber visto el señor general a la Reina, dice que le ofreció su vapor de paseo para que regresase y su coche para que lo usase en el puerto. Esta oferta fue aceptada por el señor ministro. El inmenso gentío que había en la ribera y los marineros, al verle bajar, creyeron que era la Reina la que venía a su paseo de costumbre… Por este feliz viaje vemos que el señor general es tenido en mucho aprecio por la Reina y sus ministros”. 

Fuente 
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado 
O’Leary, Juan E. – El mariscal Solano López 

Revisionistas.com.ar

martes, 17 de enero de 2017

Conflictos americanos: La guerra de las 100 horas (1/6)

La Guerra de las 100 Horas (Parte 1) 
por Mario A. Overall | 20-Apr-04 

Parte 1 | Parte 2 | Parte 3

1. Introducción 
La mal llamada "Guerra del Fútbol" entre Honduras y El Salvador ocurrida en Julio de 1969, tiene orígenes complicados que van más allá de una simple pasión deportiva desbordada. El término acuñado por los medios de prensa, fue producto de la idea errónea de que ambas naciones habían cruzado espadas luego de que sus respectivas selecciones nacionales se enfrentaran en una serie de partidos de fútbol. Sin embargo, no hay nada más alejado de la verdad. Así mismo se ha mencionado que la invasión Salvadoreña a Honduras era el resultado de una insoportable "explosión demográfica" que ahogaba al más pequeño de los países de Centroamérica. Ambas falsedades, repetidas hasta el agotamiento por diversas fuentes históricas, sólo sirven para denigrar a los habitantes de los dos países involucrados en éstos hechos de armas, que lejos de ser movidos por pasiones mundanas, un supuesto carácter sanguíneo ó por un insensato amor a la guerra, terminaron enfrentados por motivos serios y de trasfondo netamente económico. 


Para poder entender los orígenes de éste conflicto, es necesario regresar a principios del siglo XX, cuando las empresas Norteamericanas United Fruit Company y su rival, la Standard Fruit Company, operaban en la región, particularmente en Honduras. Ambas transnacionales se dedicaban a la siembra y cultivo de banano, utilizando para el efecto las grandes extensiones de tierra fértil con que contaba Honduras. Con el transcurrir del tiempo, se hizo necesario requerir mano de obra extranjera, ya que los Hondureños involucrados en esas actividades resultaban insuficientes. Para el efecto, se contrataron los servicios de campesinos Salvadoreños que vivían en las áreas fronterizas, las cuales por cierto, estaban mal definidas y eran el objeto de un sinfín de reclamaciones territoriales por parte de ambos países. 

Al percatarse de las oportunidades de trabajo en Honduras, la inmigración de campesinos Salvadoreños se incrementó y continuó incrementándose en los siguientes años. Ya para el final de la década de los 60, eran casi 300,000 Salvadoreños los que habitaban en tierras Hondureñas. Por su parte, el gobierno de aquél país veía con beneplácito la presencia de dichos campesinos, y en general toleraba la situación legal de los mismos, ya que no les exigía obtener la nacionalidad Hondureña. 

Asimismo, a principios de la década de los 60, las naciones Centroamericanas buscaban la liberalización del comercio en la región, en el marco de un Mercado Común Centroamericano, el cual sería establecido precisamente en 1960. Sin embargo, poco después de su creación, se hizo notorio que el país más favorecido sería El Salvador, ya que sus exportaciones aumentarían seis veces, mientras que las de Honduras el país más afectado- sólo crecerían un 50%, relegándola a la calidad de una nación satélite. Este hecho provocó que cierto resentimiento empezara a darse en los sectores económicos Hondureños, dando lugar a que se denunciaran los convenios comerciales firmados entre ambos países, pues se sentía que sus contrapartes Salvadoreños se estaban enriqueciendo a sus costillas. Para empeorar las cosas, los cambios políticos en Honduras terminarían por enfriar considerablemente las relaciones con El Salvador, lo que afectaría en el trato de los Hondureños hacia los campesinos Salvadoreños asentados en el país, el cual se hizo cada vez más hostil. 

Con el transcurrir del tiempo, los terratenientes Hondureños, quienes influenciaban en gran medida la escena política, también empezaron a sentirse dañados por la presencia de los campesinos Salvadoreños, aduciendo que esa situación únicamente beneficiaba al vecino país. Pronto también ellos empezarían a presionar al gobierno para que expulsara a los campesinos Salvadoreños que no quisieran obtener la nacionalidad Hondureña. Resultado de esto serían varios desalojos violentos de algunas familias Salvadoreñas en áreas fronterizas, acompañadas de la negación de servicios de salud y educación para aquellos que se habían quedado. 

En medio de esporádicos brotes de violencia contra los campesinos inmigrantes, los dos gobiernos iniciaron negociaciones tendientes a solucionar el problema, llegando a firmar tres acuerdos migratorios, el primero de ellos en 1962 seguido por otro más en 1965 y el último en 1968. Sin embargo, mientras los gobiernos negociaban, surgían grupos armados extraoficiales en Honduras con el objetivo de hostigar y controlar a la población Salvadoreña asentada en aquel país. Esta situación se vio empeorada por un golpe de estado que llevaría a la presidencia al general Hondureño Oswaldo López Arellano, quien tenía una visión muy distinta a la de su antecesor con respecto a la situación de los inmigrantes. 

El número de expulsiones de Salvadoreños fue en aumento, al igual que la intensidad de la violencia con que éstos desalojos se realizaban. Sin embargo, la gota que derramaría el vaso se daría en Junio de 1969, cuando el gobierno Hondureño instituye una reforma agraria, en la cual no toma en cuenta a los campesinos Salvadoreños, y para empeorar las cosas, los desaloja de las tierras que ocupaban para entregárselas a campesinos Hondureños. Las actividades de los grupos armados, ahora apoyados tácitamente por el gobierno, se incrementan, mientras que se realiza la primera expulsión oficial a gran escala de Salvadoreños, durante la cual, más de cien familias son desalojadas violentamente. 

El retorno de los campesinos a El Salvador rápidamente provoca problemas para el gobierno de ese país, ya que todos ellos regresaban en calidad de desempleados, a los cuales había que alimentar, vestir y darles algún tipo de morada, todo ello en medio de una severa crisis económica que ni siquiera las ventajas obtenidas a través del Mercomun habían podido aliviar. Al mismo tiempo, ocurrían incidentes fronterizos que involucraban a tropas Salvadoreñas, que ingresaban a territorio Hondureño sin objetivo aparente, provocando su captura con el consabido enfrentamiento diplomático. Así mismo, las autoridades Salvadoreñas capturan a un familiar del presidente Hondureño radicado en El Salvador, y lo encarcelan. La tensión se incrementaba por momentos, pero la gestión del ex presidente de los Estados Unidos Lyndon B. Jonson de visita en Honduras por esas fechas- finalmente lograría que las tropas Salvadoreñas fueran liberadas a cambio de poner en libertad al pariente del presidente Hondureño. 

Con ese delicado trasfondo político se iniciaban las eliminatorias para la Copa Jules Rimet de fútbol a celebrarse en México el año siguiente (1970), y durante las cuales los equipos de El Salvador y Honduras debían enfrentarse para obtener la clasificación. El primer encuentro se efectuaría en Tegucigalpa, Honduras, el cual sería ganado por el equipo local. Sin embargo, a pesar de que la victoria había favorecido a Honduras, se registran encontronazos entre los aficionados de uno y otro país, provocando heridos. 

El segundo encuentro se verificaría en San Salvador, el cual sería ganado por el equipo Salvadoreño. Sin embargo, en las horas previas al encuentro, los aficionados locales habían hecho lo posible por molestar a los seleccionados Hondureños, haciendo gala de una conducta claramente hostil. Durante el encuentro, los aficionados Hondureños también serían víctimas de agresiones que terminarían en fuertes trifulcas en las calles. Mientras esto sucedía, en Honduras también habían problemas, ya que algunas casas y negocios de Salvadoreños eran incendiados, mientras que sus propietarios eran objeto de vejámenes por parte de turbas. 
Luego del partido, la violencia contra los inmigrantes Salvadoreños en Honduras se vería incrementada, provocando fuertes protestas por parte del gobierno Salvadoreño. Finalmente, el 27 de Junio de 1969, se rompían las relaciones diplomáticas entre los dos países, al tiempo que seguían llegando a El Salvador grandes cantidades de inmigrantes que habían sido desalojados. Historias de terror contadas por los desalojados empezaron a circular entre la población Salvadoreña, enardeciendo el sentimiento patrio y provocando amplio rechazo hacia los Hondureños. 

Al día siguiente del rompimiento de las relaciones diplomáticas, los equipos de ambos países debían enfrentarse nuevamente. Dicho partido se realizaría en la ciudad de México, y sería el definitivo para la clasificación. Poco después de que terminara el encuentro, que ganaría la selección de El Salvador, la turba de nuevo hacía de las suyas en Honduras, atacando casas y negocios de Salvadoreños, dejando como saldo varios heridos. 

En los siguientes días, el gobierno de Honduras iniciaría una campaña de desarme de la población civil, que rápidamente degeneraría en acciones contra los Salvadoreños que aún habitaban las zonas fronterizas. Esta acción provocaría que el gobierno Salvadoreño buscara la intervención de la Organización de Estados Americanos como mediadora en la solución del conflicto, sin embargo los intentos serían infructuosos. Poco después, se iniciaba la movilización de tropas de ambos países hacia la frontera común, principalmente a lo largo del río Goascorán, en un área colindante con el Golfo de Fonseca. 


 

Los incidentes fronterizos no se harían esperar, siendo quizás el más grave de todos el ocurrido el 3 de Julio, cuando un DC-3 de la empresa SAHSA (Servicio Aéreo de Honduras S.A.) es atacado por fuego antiaéreo Salvadoreño, mientras ganaba altura luego de despegar del aeródromo de Nueva Ocotepeque, a ocho kilómetros de la frontera con El Salvador. Luego de escapar del área, los pilotos del DC-3 reportan el incidente a la Fuerza Aérea Hondureña, que rápidamente envía dos T-28 desde el Aeropuerto Internacional de Toncontín en Tegucigalpa- con el objetivo de determinar de donde había provenido el ataque. Al llegar, los dos aviones son recibidos con fuego antiaéreo de nuevo, pero no atacan ya que se les habían dado ordenes de no hacerlo. Los pilotos Hondureños sólo se limitan a marcar el área en sus mapas para luego regresar a Toncontín. 

Ese mismo día, los T-28s de la Fuerza Aérea Hondureña serían despachados nuevamente, ya que se detecta la presencia de un avión no identificado sobrevolando las poblaciones de Gualcince y Candelaria, muy cerca de la frontera Salvadoreña. El avión, un Piper PA-28 "Cherokee" identificado con la matricula Salvadoreña YS-234P, es interceptado y se le ordena aterrizar en el aeródromo más cercano. Sin embargo el piloto de aquella aeronave se rehúsa a acatar las órdenes de los pilotos Hondureños y escapa hacia El Salvador a toda velocidad. Los pilotos de los T-28s, Coronel José Serra y Subteniente Roberto Mendoza, luego de verificar que el intruso se ha marchado, regresan a su base en Tegucigalpa. 

La presencia del Cherokee en Honduras era parte de la avanzada Salvadoreña tendiente a recabar información cartográfica y de inteligencia, previendo que se tuviera que entrar en combate con aquella nación. Para el efecto, los Salvadoreños habían estado utilizando un Cessna 310 del Instituto de Cartografía Nacional y varios aviones civiles, entre ellos el Cherokee ya mencionado, los cuales estaban volando en misiones de reconocimiento desde finales de Junio de 1969, sobre distintas áreas de Honduras, pero con mayor insistencia sobre Tegucigalpa, San Pedro Sula y las áreas fronterizas cercanas al Golfo de Fonseca. 

Durante los siguientes días la guerra de nervios iría en aumento, en medio de mutuas acusaciones de ataques a puestos fronterizos y violaciones de los espacios aéreos de ambas naciones. Finalmente, el 12 de Julio, la Fuerza Aérea Hondureña entra en estado de alerta, formando en el proceso dos comandos de operaciones. Esta maniobra respondía a la necesidad de realizar una dispersión táctica, en la cual el grueso de aeronaves de la FAH permanecería en el aeropuerto Toncontín, en Tegucigalpa, mientras que un grupo de aviones sería trasladado hacia el aeropuerto de La Mesa, en San Pedro Sula, donde se conformaría el "Comando Norte". 

Por su parte, la Fuerza Aérea Salvadoreña también inicia maniobras de orden táctico, empezando a preparar las pistas ubicadas en la isla Madresal, San Miguel, Santa Ana, San Andrés y Usulután, hacia donde serían dispersados los aviones luego de que se produjeran los primeros enfrentamientos. Así mismo, se convocaba a todos los pilotos civiles de El Salvador para que se integraran a la Fuerza Aérea en calidad de voluntarios, ya que el número de pilotos militares era bastante escaso. 

Con todas estas acciones de las Fuerzas Aéreas de los dos países, y otras tantas llevadas a cabo por sus respectivos ejércitos, que incluyeron movilizaciones de tropas a los puntos fronterizos cercanos al Golfo de Fonseca y la región Norte de El Salvador, se preparaba finalmente el escenario para lo que sería un enfrentamiento corto pero intenso. 



Fuente original: Fuerzas Militares Dominicanas

miércoles, 14 de diciembre de 2016

SGM: Japón y Rusia buscan "formalmente" terminar la guerra

La Segunda Guerra Mundial nunca terminó "formalmente" - Rusia y Japón podrían cambiar eso pronto
Daniel Sneider, Noah Sneider, Política Exterior
Business Insider


El presidente de Rusia, Putin, y el primer ministro japonés, Abe, estrechan la mano antes de sus conversaciones en Beijing, China. Reuters / Kyodo

Si todo va según lo planeado, el primer ministro japonés Shinzo Abe entrará en un baño de vapor la próxima semana con el presidente ruso, Vladimir Putin, en una fuente caliente en la ciudad natal de Abe Nagato, que enfrenta a Rusia a través del mar de Japón.

El objetivo de Abe al recibir a Putin en un onsen tradicional, como se conocen los baños de aguas termales, no es nada menos que hacer historia - persuadir al líder ruso para que finalmente firme un tratado de paz que formalmente establezca la Segunda Guerra Mundial.

Este acuerdo ha eludido a los líderes rusos y japoneses muchas veces desde su primer intento fallido en 1956, siempre en una disputa sobre una serie de islas que corren a kilómetros de la isla norteña de Hokkaido en Japón y fueron capturados por el Ejército Rojo en los últimos días de Esa guerra.

Para Abe, esta cumbre onsen es tanto personal como estratégica. Ha invertido una cantidad sin precedentes de capital político y tiempo personal construyendo una relación con Putin, manteniendo más de una docena de reuniones con el líder ruso desde que Abe asumió el cargo hace unos cuatro años. Sus ministros de Asuntos Exteriores y Económicos han estado viajando de ida y vuelta a Rusia para sentar las bases para la cumbre, realizando una visita final el fin de semana pasado.

Al parecer, Abe anhela cumplir el sueño de su padre, Shintaro Abe, también un político conservador líder durante más de tres décadas que se remonta a finales de 1950. En la década de 1980, cuando era ministro de Relaciones Exteriores, el anciano Abe pasó años forjando lazos con el entonces líder soviético Mijail Gorbachov con la esperanza de que un acuerdo de paz lo convirtiera en primer ministro. Su hijo también quiere impulsar una cuña geopolítica entre Rusia y China y afirmar la capacidad de Japón para forjar su propia política exterior más allá de los límites de la alianza con los Estados Unidos.

Putin también tiene mucho en juego en las aguas termales. Espera conseguir que Japón rompa sus filas con el régimen de sanciones de Occidente después de Crimea, atraiga un flujo de inversiones japonesas, especialmente en el dilapidado Ruso Extremo Oriente y, no de forma incidental, envíe un pequeño mensaje a Beijing de que Rusia tiene otros benefactores en Asia .


El primer ministro japonés Shinzo Abe y su esposa Akie (detrás de Shinzo Abe) prestan sus respetos a una tumba de su padre y ex ministro de Relaciones Exteriores Shintaro Abe en Nagato, Japón occidental, en esta foto tomada por Kyodo el 14 de agosto de 2015. REUTERS / Kyodo

No en el baño, pero borboteando bajo la superficie, es un tercer actor en este drama: el recién elegido presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Su visión aparentemente benigna de Putin le da a Abe mucho mayor margen de maniobra para forjar un acuerdo que Washington ha bloqueado activamente en el pasado, volviendo a las conversaciones abortadas en 1956.

Pero la actitud de trato de Trump puede tener un efecto de doble filo. Si Putin tiene razones para creer que la unidad occidental sobre las sanciones rusas pronto se resquebrajará por sí misma, tiene menos incentivos para ser conciliador con Abe en forma de concesiones territoriales.

Podría bajar a ese baño de aguas termales - y si Putin y Abe entran en él realmente la intención de llegar a un acuerdo.

Para comprender este momento, primero debes ponerte en la isla envuelta en niebla de Kunashir. Junto con las islas de Iturup, Shikotan, y el grupo Habomai, este es un territorio reclamado por ambos países. Para Rusia, estos son los "Kuriles del Sur", una parte de la cadena de islas Kuril, una vez tomada por el Japón imperial y "liberada" durante la Segunda Guerra Mundial.

Japón ganó el control de las islas en un tratado 1855 y amplió su asimiento en la región para incluir la mitad meridional de Sakhalin como resultado de la guerra Russo-Japonesa de 1905. Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, unos 17.000 japoneses vivieron en las islas.

Un monumento de piedra roja en Kunahsir rinde homenaje a los soldados del Ejército Rojo que cayeron en los últimos días de la guerra. Hoy en día, tropas fronterizas rusas están estacionadas en las islas, que forman una cerca de piquete a lo largo de un lado del mar de Okhotsk, un bastión para los submarinos rusos de misiles balísticos. Hokkaido es visible a través de un estrecho canal.

Pero para muchos japoneses, ese canal no marca el límite de su territorio. Las islas controladas por Rusia, para ellos, son los "Territorios del Norte", tierras japonesas que los soviéticos capturaron ilegalmente. La falta de solución a esta disputa ha dejado a los dos países, más de 70 años después, sin un tratado de paz para poner fin formalmente a su guerra.

Si las islas son de gran importancia estratégica, no fue evidente durante una visita a Kunashir en 1991, justo antes del colapso de la Unión Soviética. La triste ciudad portuaria de Yuzhno-Kurilsk era entonces el hogar de sólo 7.000 pescadores y sus familias, trayendo el cangrejo, el salmón y otros mariscos de las aguas ricas alrededor de las islas a una fábrica de enlatado enlatado.

Las aeronaves aterrizaron en una franja emergida en chapas onduladas, un aeropuerto originalmente construido bajo el dominio japonés, y los visitantes viajaban por carreteras llenas de tierra. Los visitantes de este remoto rincón del Imperio ruso eran - y siguen siendo - raros, y los isleños en particular se quejaron de la negligencia de Moscú.

En aquellos días, los isleños estaban principalmente interesados ​​en atraer a turistas e inversionistas japoneses y pasaban sus tardes viendo ansiosamente el extraño mundo de los programas de televisión japoneses nocturnos con mujeres escasamente vestidas, una novedad excitante entre el tedio de la programación soviética.


Las niñas dejan la escuela en Yuzhno-Kurilsk, el asentamiento principal en la isla Kurile del sur de Kunashir el 14 de septiembre de 2015. REUTERS / Thomas Peter

En los últimos años, el gobierno ruso se mostró interesado en las islas, enviando altos líderes y anunciando nuevas inversiones en instalaciones de vivienda y defensa. Sin embargo, la población total no ha cambiado mucho - hay aproximadamente 19.000 personas en las cuatro islas, incluyendo Kunashir - y la región sigue subdesarrollada.

Como durante la era de la perestroika, los rusos han colgado una ganga sobre la cuestión territorial a cambio de una afluencia de inversión japonesa. El punto de referencia para un acuerdo es un acuerdo de 1956 en el que el gobierno japonés aceptó la posición de que el regreso de las dos islas más pequeñas - Shikotan y los islotes deshabitados de Habomai - sería suficiente para concluir un tratado de paz.

El último esfuerzo serio de la negociación ocurrió en 2000-2001, temprano en el gobierno de Putin. Según Kazuhiko Togo, que encabezó el equipo de negociación del Ministerio de Relaciones Exteriores japonés en 2000, el lado japonés impulsó la idea de retraso en la soberanía, sugiriendo que los japoneses recuperarían el control de las dos islas más grandes en un futuro indeterminado. Los rusos rechazaron esa idea, pero volvieron a poner sobre la mesa la posibilidad de volver a la oferta de 1956 de las dos islas más pequeñas.

Desde entonces, los japoneses y los rusos han hablado de un acuerdo "dos más alfa", con "alfa" significa algo más allá de los términos de 1956, pero no necesariamente todo el territorio. El quid pro quo siempre ha involucrado la inversión japonesa en Rusia. Cuando Putin, un aficionado al judo, regresó a la presidencia en 2012, después de servir un mandato como primer ministro, declaró que estaba preparado para aceptar un hikiwake, un término de judo para un sorteo - y una aparente referencia a la oferta territorial de La década anterior.

Abe también regresó al poder como primer ministro en 2012, luego de un breve y fallido período en 2006-2007. Tiene una reputación bien merecida como el estandarte de los nacionalistas conservadores, para quienes devolver las islas es un poderoso símbolo de la restauración del orgullo y la dignidad perdida al final de la guerra.

En abril de 2013, Abe llevó una gran delegación económica a Moscú, y en febrero de 2014, fue uno de los pocos líderes mundiales en asistir a la conferencia. Sochi y sentarse al lado de Putin.

El Japón se unió formalmente con Occidente al imponer sanciones a Rusia (aunque las medidas japonesas eran mucho más suaves que otras). Pero Abe volvió al papel del pretendiente este año, dirigiéndose a Sochi en mayo para una visita que incluyó una reunión de la puerta cerrada sin ayudantes.

Para el Japón, Rusia ya no es una amenaza directa a la seguridad, observa James Brown, profesor con sede en Tokio, quien ha estudiado detenidamente la relación russo-japonesa. "Sin embargo, una cuasi-alianza entre Rusia y China es una preocupación estratégica para Japón, especialmente si se acompaña de una reducción del compromiso de Estados Unidos con Asia Oriental", dice Brown.

El objetivo no es formar lazos estrechos con Moscú, sino más bien evitar que se meta totalmente en los objetivos de Beijing en la región. Los funcionarios japoneses han seguido insistiendo en que aceptarán nada menos que el regreso de todas las islas. Pero, dice Togo, el ex diplomático japonés, "ahora hay una nueva lógica estratégica para Japón - una respuesta al surgimiento de China. Abe entiende esta lógica: "Un acuerdo territorial" obligará a China a tomar a Japón más en serio ", agrega Togo, que está entre los defensores más prominentes de un compromiso.


El primer ministro de Japón, Shinzo Abe, observa al presidente de China, Xi Jinping, durante una ceremonia de bienvenida del Foro de Cooperación Económica de Asia y el Pacífico (APEC), en el Centro Internacional de Convenciones del lago Yanqi, en Beijing, 11 de noviembre de 2014. -Hoon

La elección estadounidense abrió más espacio para un posible acuerdo. Abe cree que podría usar la posibilidad de que Japón haga una ruptura de facto del régimen de sanciones occidental como apalancamiento para un mejor acuerdo, según analistas japoneses. La elección de Trump parece ofrecer una oportunidad aún mayor, con una transición que distrae y una administración amistosa a Putin.

Pero en las últimas semanas, al menos a nivel oficial, ha habido un esfuerzo para amortiguar las expectativas. "Se cree ampliamente en Japón que Putin simplemente quiere esperar y ver cómo Trump se acerca a Moscú después de asumir el cargo y es por eso que perdió su apetito para llegar a un acuerdo con Tokio por el momento", dice Junji Tachino, veterano extranjero -política escritora en el diario japonés Asahi Shimbun. "Si Trump se mueve para arreglar la relación con Moscú, entonces la motivación de Putin para usar a Japón como una potencial grieta en el régimen de sanciones disminuirá".

El ministro ruso de Relaciones Exteriores, Sergei Lavrov, emitió una nota pesimista tras las conversaciones previas con su homólogo japonés, Fumio Kishida, el sábado en Moscú. "No es fácil superar la brecha en las posiciones principales de ambos lados", dijo Lavrov. Para cuando Kishida regresó a casa, incluso el optimismo de Abe parecía desinflado. "Este no es un problema que se pueda resolver en una sola reunión", dijo Abe a funcionarios japoneses el lunes.

En el período previo a la cumbre, Rusia hizo su postura inflexible sobre la cuestión territorial clara. En el Foro Económico Oriental en Vladivostok, Putin le dijo a Bloomberg que Rusia no "comerciaba con territorios". A finales de noviembre, las fuerzas armadas rusas movieron misiles anti-buque contra los kuriles, un paso demostrativo que atrajo las reprimendas de Tokio.

Para la élite rusa, "no hay una respuesta clara a la razón por la que Rusia necesita Japón", dice Alexander Panov, un ex embajador ruso en Japón, quien señala que Putin es personalmente más inclinado hacia una Que sus asesores.

Los analistas rusos dicen que la única fórmula posible está en los acuerdos de 1956. Pero incluso si Abe concediera aceptar las dos islas más pequeñas (un paso que pocos rusos esperan), Rusia todavía puede no moverse. "La intriga más grande es lo que Rusia haría si Japón acepta las" condiciones 56 ", dice Dmitry Streltsov, del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú. "Sería un momento de verdad".

Incluso si se puede llegar a un acuerdo, puede ser difícil venderlo al público ruso. Las islas tienen un peso simbólico como parte de la victoria del país en la "Gran Guerra Patriótica" (como Rusia llama la Segunda Guerra Mundial), un pilar sagrado de la identidad nacional que es central a la ideología de Putin.

Los partidarios de la línea dura sostienen que las ricas pesquerías de las islas son demasiado valiosas económicamente para renunciar y que la entrega de cualquiera de los territorios amenazaría el uso del Mar de Okhotsk como base para los submarinos nucleares rusos. Además, argumenta Anatoly Koshkin, de la Universidad Oriental de Moscú, un oponente al compromiso: "Nadie puede prometer que la infraestructura militar estadounidense no aparecerá en las islas".

La óptica también presenta un obstáculo significativo para Putin. A pesar de ver positivamente a Japón, un abrumador 78 por ciento de los rusos están en contra de dar las islas a Japón, mientras que sólo el 7 por ciento favorece hacerlo, según una encuesta realizada en mayo por el Levada Center, un encuestador independiente.


78% de los rusos están en contra de dar las islas a Japón. Reuters / Sergei Karpukhin

El setenta y uno por ciento también estaba en contra de un acuerdo de transacción que implicaba la transferencia de las dos islas más pequeñas. Una campaña de propaganda concentrada en la televisión estatal podría ayudar a cambiar las opiniones, observa Streltsov. Pero incluso entonces, sería difícil vender para un líder que ha apostado su autoridad en ser el protector del pueblo ruso. "Especialmente después de Crimea, Putin tiene una imagen como el coleccionista de tierras rusas", dice Koshkin.

Putin podría haber estado más dispuesto a asumir ese riesgo cuando conoció a Abe en Sochi en mayo y enfrentó una economía estancada, un régimen de sanciones sorprendentemente resistente y la perspectiva de un gobierno hostil de Hillary Clinton. Pero siete meses después, se parece menos al paria de los asuntos mundiales y más a la vanguardia de los movimientos populistas y nacionalistas ascendentes en todo el mundo.

Las elecciones presidenciales de Francia del próximo año contarán con una lista de candidatos amistosos de Moscú dispuestos a levantar las sanciones. La alabanza de Trump a Putin, mientras que ninguna garantía de mejores relaciones una vez que él asume la oficina, ofrece por lo menos Moscú una oportunidad tentadora. Ahora Abe es el que se preocupa por su relación con Washington, como lo demuestra su reciente visita a la torre dorada del presidente electo en Nueva York.

Abe enfrentará su propia reacción nacionalista si concede demasiado a Putin. "Aceptar un acuerdo que podría haber tenido en 1956 equivaldría a reconocer que los últimos 60 años de esfuerzos habían sido totalmente insignificantes", dice Brown, el profesor con sede en Tokio. "Un líder japonés que adopte esta postura valiente sería devastado por la derecha y gran parte de la prensa".

Incluso sin un avance inmediato en la disputa de la isla, ambas partes estarán interesadas en demostrar el progreso. En 2015, después de la caída del precio del petróleo y de otro 28 por ciento hasta septiembre de este año, la tendencia a la baja de la balanza comercial se reducirá un 30 por ciento en términos de dólares.


domingo, 27 de noviembre de 2016

Rosas: Las negociaciones posteriores a la Vuelta de Obligado

Rosas y las negociaciones después de Obligado
Con motivo de un nuevo aniversario del combate de la Vuelta de Obligado, vale recordar las férreas y ejemplares negociaciones que siguieron al triunfo criollo ante las mayores potencias mundiales de entonces
Por Pacho O'Donnell - Infobae



La flota invasora del Reino Unido y el reino de Francia

En este 20 de noviembre, Día de la Soberanía, en honor al combate de la Vuelta de Obligado o a la Guerra del Paraná, viene a punto recordar las férreas y ejemplares negociaciones que siguieron al triunfo criollo ante las mayores potencias mundiales de entonces. Actitud que lamentablemente poco se repitió en los tiempos posteriores.

El 2 de julio de 1846, el barco que conducía al enviado británico Thomas Hood, el Devastation, atracó en el puerto de Buenos Aires. La Corona lo había designado para lograr un acuerdo lo más digno posible con Juan Manuel de Rosas y así retirarse de esa campaña tan desafortunada que había comenzado con el combate de la Vuelta de Obligado.

Las condiciones que traía en su maletín eran:

  1. Rosas suspendería las hostilidades en la Banda Oriental.
  2. Se desarmarían en Montevideo las legiones extranjeras (sobre todo francesas y mercenarias) que se oponían al sitio de la Confederación, establecido por el Restaurador para recuperar la Banda Oriental ominosamente cedida por los unitarios rivadavianos.
  3. Se retirarían las divisiones argentinas del sitio.
  4. Efectuado esto, se levantaría el bloqueo británico al puerto de Buenos Aires, devolviendo la isla de Martín García y los buques secuestrados "en lo posible en el estado en que estaban".
  5. Se reconocería que la navegación del Paraná era exclusivamente argentina "en tanto que la República continuase ocupando las dos riberas de dicho río".
  6. Habría amnistía general en Montevideo, debiendo excluirse a "los emigrados de Buenos Aires cuya residencia en Montevideo pudiese dar justas causas de queja", en referencia a los unitarios que habían colaborado con la intervención europea.
  7. Sería desagraviado el pabellón argentino con 21 cañonazos.

Era una claudicación británica, lisa y llana. Poco y nada quedaban de los presuntuosos ultimátums y las declaraciones de meses atrás.

Rosas exigió que el bloqueo se levantase sin esperar el desarme de las legiones extranjeras y el consiguiente retiro de la división argentina. Entendía, además, que la frase "en tanto la República continuase ocupando las dos riberas de dicho río" encerraba la posibilidad de una inaceptable independencia correntino-entrerriana, que había sido una de las intenciones de la invasión de las armadas anglofrancesas. También argumentó que el acuerdo debía ponerse a consideración del general Manuel Oribe, presidente uruguayo según la Confederación, de quien las fuerzas argentinas serían sólo "auxiliares".

Hood aceptó las imposiciones argentinas y el 18 de julio se firmó un acuerdo que el Restaurador reivindicaría en cada una de las negociaciones con las naciones europeas. Francia rechazó el acuerdo, que demasiado se parecía a una rendición, acosada por reproches de los chauvinistas del Parlamento que no aceptaban la humillación sufrida. Gran Bretaña fue solidaria con su aliada.

Decidieron entonces probar con sus mejores diplomáticos: Londres eligió a John Hobart Caradoc, barón de Howden, miembro distinguidísimo de la Cámara de los Pares; por Francia iría nada menos que Alejandro Florian Colonna, conde de Walewski, hijo de Napoleón el Grande.

Arribados al Río de la Plata, en mayo de 1847, anunciaron al canciller de la Confederación, Felipe de Arana, que habían viajado para poner en vigencia las bases Hood adaptadas a las formalidades de estilo de la diplomacia europea. Pero Rosas desconfió y cuando le presentaron las nuevas actas, reaccionó con furia: "Los proyectos dirigidos por SS.EE. los señores ministros diplomáticos están tan alejados, son tan diferentes de las bases Hood, como el cielo lo es del infierno".

El protagonismo de los diplomáticos europeos lo asumiría el barón Howden. Se propuso causar una buena impresión en los porteños por su informalidad y su franqueza organizando cabalgatas a Santos Lugares acompañando a Manuelita y vistiéndose como paisano, con poncho y sombrero de ala corta. Montaba caballos con la marca de Rosas, que ensillaba con recado y apero criollos.

Manuelita había ya desempeñado tareas de seducción en beneficio de estrategias de su padre. Así lo había hecho antes con el embajador Mandeville, esposo de Mariquita Sánchez, y lo haría ahora con el barón. Lo de Howden fue un auténtico flechazo y no tardó en manifestarse, convirtiéndose en el cotilleo de Buenos Aires. El 24 de mayo de 1847, cuando ella cumplió treinta años, le dirigió una ardiente nota: "Este día jamás se irá de mi memoria ni de mi corazón". Los exiliados en Montevideo y los opositores en tierra argentina seguían con comprensible inquietud los avatares del romance entre la "princesa federal" y el barón inglés.

Durante una excursión criolla a Santos Lugares, oportunidad en que, vestido de gaucho, Howden galopó por el campo y, entre otras diversiones rurales, encontró tiempo para estrechar las manos de un grupo de caciques y jefes indios, propuso matrimonio a Manuelita, quien le respondió con firmeza que sólo lo veía como a un hermano.

Las negociaciones no avanzaban porque detrás de la falacia del lenguaje diplomático Inglaterra y Francia no eran garantes de la independencia del Uruguay, lo que para el acertadamente suspicaz Restaurador significaba que muy pronto se reanudarían los intentos de anexión por parte de Brasil.

Tampoco aceptaba suprimir el desagravio al pabellón argentino, "estipulación esencial porque a ese saludo circunscribía el gobierno argentino las satisfacciones debidas al honor y soberanía de la Confederación ultrajada por una intervención armada que capturó en plena paz la escuadra argentina, se posesionó por la fuerza de sus ríos, invadió el territorio y destruyó vidas y propiedades en una serie de agresiones injustas".

Además, debería decirse claramente, como se leía en su acuerdo con Hood, que la navegación del Paraná era exclusivamente argentina, sujeta a sus leyes y sus reglamentos, lo mismo que la del Uruguay en común con la República Oriental.

Otro punto clave: que se mencionara expresamente el rechazo a la posibilidad de una independencia de la República de la Mesopotamia (las Misiones, Entre Ríos y Corrientes), uno de los objetivos de la invasión, sin escaparse con la frase "ley territorial de las naciones". Howden y Walewski adujeron que la fórmula propuesta por ellos "había sido objeto de largas correspondencias entre los gobiernos de Inglaterra y Francia" y que se "consultaron varios jurisconsultos".

El 28 de junio, Rosas dio por terminadas las negociaciones por tratarse de temas gravísimos donde no podía andarse con "medias tintas". No pareció casualidad entonces que el romántico ardor de Lord Howden se fuera calmando poco a poco y cuando, fracasada su misión pacifista, abandonó Buenos Aires, el 18 de julio, escribió a Manuelita desde el Raleigh una cariñosa carta de despedida, en la que la nombraba como "mi vida, mi buena y querida y apreciada hermana, amiga y dama".

Inglaterra, ansiosa ya por terminar con el bochorno internacional, insistió y envió al prestigioso diplomático Henry Southern. Rosas, escaldado y deseoso de fijar sin rodeos las condiciones de lo que era indisimulablemente una capitulación enemiga, se negó a recibirlo hasta tener claras sus intenciones.

En Londres, el primer ministro Lord Aberdeen se indignó, el 22 de febrero de 1850, ante el Parlamento británico: "Hay límites para aguantar las insolencias y esta insolencia de Rosas es lo más inaudito que ha sucedido hasta ahora a un ministro inglés. ¿Hasta cuándo hay que estar sentado en la antesala de este jefe gaucho? ¿Habrá que esperar a que encuentre conveniente recibir a nuestro enviado? Es una insolencia inaudita".

Como si don Juan Manuel hubiera leído a Georges Clemenceau: "Hay que hacer la guerra hasta el fin, el verdadero fin del fin". Finalmente, míster Southern y el Restaurador firmaron el acuerdo que aceptaba todas las exigencias argentinas.

El convenio establecía la devolución de Martín García y de los buques de guerra; la entrega de los buques mercantes a sus dueños; el reconocimiento de que la navegación del Paraná era interior y sólo sujeta a las leyes y los reglamentos de la Confederación Argentina, y que la del Uruguay era común y estaba sujeta a las leyes y los reglamentos de las dos repúblicas; y la aceptación de Oribe para la conclusión del arreglo.

Rosas se obligó a retirar sus tropas del Uruguay cuando el Gobierno francés hubiera desarmado a la legión extranjera, evacuado el territorio de las dos repúblicas, abandonado su posición hostil y celebrado un tratado de paz.

Ante la emoción de los porteños apiñados en la ribera, las naves de guerra enemigas se alejaron del Río de la Plata saludando al pabellón de la Confederación Argentina con veintiún cañonazos.

Francia tardó en rendirse, pues muchos querían continuar la guerra, mientras don José de San Martín se esforzaba por convencer que "todos (los argentinos) se unirán y tomarán una parte activa en la lucha", por lo que la invasión se prolongaría "hasta el infinito".