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lunes, 29 de diciembre de 2025

Revolución Libertadora: La huida de Perón

 

(1) Camino del exilio

Eduardo Lonardi ha establecido Capital en Córdoba, proclamándose presidente provisional, al tiempo que ha enviado un ultimátum a la Junta Militar, exigiendo la renuncia de Perón. En la madrugada del 20 de setiembre el mayor Renner -ayudante de Perón- es convocado al Comando del Ejército: allí se le comunica que la Junta ha aceptado la dimisión del presidente constitucional (que, en rigor, no había presentado) y que éste deberá alejarse del país. 

Figura 1:
 

Cañonera Paraguay amarrada, vista desde tierra firme. En ella Perón fue recibido con los honores correspondientes a su grado de general paraguayo.

Esa misma mañana, en compañía de Renner y unas pocas personas de su confianza - y llevando un escaso equipaje-, Perón se dirige a la casa del embajador del Paraguay doctor Juan Chávez, con quien ha tomado contacto previamente. Luego, en el automóvil del embajador, será conducido a la cañonera Paraguay, amarrada en Puerto Nuevo.

Figura 2:
 

Mesa de trabajo en la cámara del capitán de la cañonera Paraguay, que fue cedida al general Perón por el Capitán del buque.

Sólo Renner, Cailceta y el mismo embajador, acompañan a Perón en ese primer trayecto  hacia lo que será un exilio de casi dieciocho anos. En esa neblinosa y solitaria mañana, Perón traspone la planchada del buque: la tripulación espera formada en cubierta y el comandante lo recibe, tributándole los honores militares correspondientes. Es que, desde un año atrás, Perón es ciudadano honorario del país hermano y general de su ejército. Esos títulos le han sido conferidos por el gobierno del presidente Alfredo Stroessner -con quien ha trabado amistad- en reconocimiento a la política fraternal del justicialismo, culminada en la restitución de los trofeos tomados durante la infame guerra de la Triple Alianza.

Figura 3:
 
Cama que utilizó Perón en la cañoñera Paraguay.

Recibido con gran cordialidad, el general se aloja en la cabina del capitán. Es el momento para descansar de las tensiones vividas en los últimos días, como también para reflexionar acerca de los hechos inmediatos y el difuso futuro. 

Figura 4:
 

El general Perón en 1955.

En el ocio obligado del buque, amenizado por las charlas y reuniones con la tripulación, la lectura de los diarios y las noticias radiales que dan cuenta de su caída, Perón aprovechará también para escribir durante largas horas: comenzará a dar forma a los que serán sus primeros libros en el exilio. Al día siguiente de su llegada, retorna a bordo el embajador Chávez en compañía del agregado militar paraguayo, general Demetrio Cardozo. Este último es amigo y compadre de Perón, a quien trae unas valijas con efectos personales, preparadas por el mayor Renner. 

Figura 5:
 

El embajador del Paraguay en la Argentina, Juan R. Chaves y el coordinador de la Unión Económica con el Paraguay, Idelfonso Cavagna Martínez, visitan en el Arsenal “Esteban de Luca”, el 29 de julio de 1954, los trofeos de guerra que han de ser devueltos por la Argentina al gobierno y pueblo paraguayos.




El embajador comunica a Perón que, el día anterior, ha estado en el ministerio de Ejército en compañía del mismo Cardozo, para comunicar a la Junta su asilo político y solicitar las seguridades y garantías de práctica. Ellas aparecen indispensables, a la luz de la furibunda ola de antiperonismo que se ha desatado en el país. No puede descartarse la posibilidad de un atentado, aun de sectores de las fuerzas armadas encaramados en el poder. 
Figura 6:
 

Perón rumbo a su exilio.

La Junta ha accedido al pedido, ordenándose así la Prefectura Naval montar guardia, garantizando la seguridad del buque. Se ha dado inicio también a las gestiones destinadas a obtener el salvoconducto para que Perón abandone el país. Estas se demorarán algunos días, en virtud de la confusión imperante.

Tensa espera

En tanto, los acontecimientos se suceden. El 21 de septiembre se ha difundido un comunicado: “La Junta Militar, en virtud de la autoridad que asumiera a continuación de la renuncia presentada por el Excmo. Señor presidente de la Nación, ha llegado a un total acuerdo con el comando de la oposición, aceptando los puntos estipulados con sus representantes. El día 22 de septiembre se hará cargo del gobierno provisional el general de división retirado, don Eduardo A. Lonardi". 

Figura 7:
 

General Lonardi, a cargo del gobierno provisional.

La asunción del mando será postergada, pero desde Córdoba se emiten los primeros decretos del gobierno provisional: son disueltas ambas cámaras del Congreso, comienzan a producirse intervenciones en provincias, se ordena la libertad de presos políticos y se levanta la clausura a varias publicaciones periodísticas. Asimismo, es restituido el nombre de La Pampa y Chaco a las provincias Eva Perón y Presidente Perón. Finalmente, Lonardi jurará el 23. 

Figura 8:
 

A bordo de un chinchorro Perón se dispone a abordar el hidroavión Catalina enviado por el gobierno paraguayo.

Mientras tanto, la agitación crece. El embajador Chávez renueva sus gestiones, porque hay fundados rumores de que algunos sectores de la oposición pretenden atentar contra la vida de Perón. En el muelle, frente a la cañonera, es apostada una compañía de infantes de marina en actitud de combate, lo que obliga a reforzar las guardias en el buque paraguayo. 

Figura 9:
 

Mayor Máximo Alfredo Renner, ayudante de Perón en el período crítico anterior a su alejamiento del país.

En la noche del 23, un oficial argentino -previamente obligado a dejar su armamento- asciende a la nave: “manifiesta al comandante que existe el rumor de que Perón hablará por radio a la población. Si eso sucede –le advierte- el barco será atacado”. El marino paraguayo le responde en tono firme: no hay a bordo radio para transmitir a las ciudades, y cualquier agresión será repelida. La cañonera es alejada algunos metros del muelle. 

Figura 10:
 

Perón a bordo de la cañonera Humaitá, a la espera de las tensas negociaciones entre la embajada paraguaya y el gobierno militar de la “libertadora”.

Por fin, el 24, el gobierno provisional da un comunicado: "en forma terminante, el gobierno provisional ofrece toda clase de garantías al ex presidente de la nación, general Perón, embarcado en una nave militar perteneciente a una país amigo y en donde ha buscado asilo voluntario" 

Figura 11:
 

En una actitud que se repetiría en el futuro la clase media argentina daría rienda suelta a su odio antiperonista. Fueron la más eficaz herramienta de la oligarquía para el consenso social que todo golpe de facto necesita.

Hacia Asunción

Se suceden nerviosas tratativas con las nuevas autoridades. El 25, la Paraguay sale de la rada, donde la espera otra cañonera -la Huamita- lista para zarpar. Sin embargo el gobierno provisional se opone a que Perón se aleje por vía fluvial, remontando el Paraná. Es que, pasados los primeros momentos de desconcierto, el pueblo comienza a reaccionar. Se teme que Perón pueda volver a tierra y sublevar unidades en el Litoral, o que su presencia produzca una conmoción popular incontrolable. 

Figura 12:
 

Una vista de la cañoñera Paraguay en la rada del puerto de Buenos Aires.

El nuevo canciller, Mario Amadeo, se muestra favorable a facilitar el trámite para que Perón viaje a Asunción. Pone a disposición del general Cardozo un avión para que se traslade a su país y consulte al presidente Stroessner. Así se hace, y el mandatario paraguayo dispone el envío de un hidroavión del tipo Catalina, para que Perón sea llevado a destino. 

Figura 13:
 

Dos vistas de la cámara del capitán de la Paraguay, cedidas a Perón durante su estadía en el buque.
Por fin, el 3 de octubre ultimado el acuerdo entre ambos gobiernos, parte de Asunción el Catalina PBY-T 29, tripulado por el capitán Leo Nowak, el teniente Angel Souto y el subteniente Edgar Usher. Acuatizan hacia el mediodía, en las proximidades de la Paraguay. La maniobra no es fácil, porque el río está agitado. 
Figura 14:

Cubierta de la cañoñera Paraguay.

Desde la cañonera se desprende un chinchorro que se aproxima al hidroavión. En él viaja Perón, a quien acompañan el canciller Amadeo, el embajador Chávez, el general Cardozo, el mayor Cialceta y el capitán de navío Barbita. Amadeo, cumplimentando los compromisos asumidos, entrega a Perón el salvoconducto, y el expresidente se ubica en la aeronave. 

Figura 15:
 

Avión Catalina PB-Y-T-29, de la fuerza aérea paraguaya. Piloteado por el capitán Leo Nowak, este aparato transportó a Perón a Asunción.

Después de algunos intentos, dificultados por el fuerte viento, el Catalina logra despegar. Al tomar altura, Perón echa una última mirada hacia Buenos Aires, entrevista tras una cortina de niebla. En cinco horas, volará sobre Asunción. 

Figura 16:


Avión en que el presidente del Paraguay, general Alfredo Stroessner, salió al encuentro del avión Catalina que traía al Paraguay al general Perón.




Fuente

sábado, 8 de octubre de 2016

Armada Argentina: La Escuadra de Sarmiento

La Escuadra de Sarmiento 

Se denomina "Escuadra de Sarmiento" a un conjunto de naves de guerra fluviales incorporadas durante la presidencia Domingo Faustino Sarmiento con el objeto de modernizar la Armada Argentina y dotarla de una mínima capacidad operativa frente al poder naval del Imperio del Brasil. 

Antecedentes 
La importancia de la marina del Imperio del Brasil durante la guerra del Paraguay constituyó para la República Argentina una lección y contribuyó a despertar la conciencia naval en algunos de sus principales dirigentes. 

 
Domingo Faustino Sarmiento. 

Domingo Faustino Sarmiento encontró al asumir la presidencia en 1868 una situación internacional compleja y escasas posibilidades de maniobra, limitado principalmente por la falta de un mínimo poder naval. 
Aún en campaña, el ministro de Guerra y Marina de Sarmiento coronel Martín de Gainza comunicaba en su memoria el estado de la armada afirmando "Siento tener que cumplir con el penoso deber de dar cuenta a VVHH que carecemos absolutamente de escuadra. Algunos buques en mal estado y algunos jefes y oficiales, aunque muy dignos, no constituyen una escuadra". 
La guerra del Paraguay terminaba pero comenzaban las tensiones por la demarcación de límites con Brasil, Paraguay y Bolivia. Sin apoyo armado, la diplomacia argentina encabezada por Mariano Adrián Varela Cané encaró una negociación idealista, actuó "evangélicamente" al decir de Estanislao Zeballos, proponiendo una resolución de la cuestión limítrofe en pie de igualdad con el vencido. La "Doctrina Varela", sintetizada en la frase "la victoria no da derechos a las naciones aliadas para declarar por sí, límites suyos los que el tratado señaló" fue rechazada por Brasil, adoptando una posición agresiva, apoyada por un fuerte ejército de ocupación y una poderosa escuadra que incluso ocupaba la isla argentina de Cerrito (o Atajo) en la confluencia de los ríos Paraguay y Paraná. 
Sarmiento, decidido a romper con la diplomacia de su antecesor Bartolomé Mitre en sus relaciones con los países de la región, caracterizada por su actitud probrasileña, su indiferencia hacia los países del Pacífico y su descuido en asegurar el equilibrio militar en la región1 resolvió en agosto de 1870 el reemplazo de Varela por Carlos Tejedor quien con dureza exigió a Brasil el respeto por las cláusulas estipuladas en el tratado de la Triple Alianza. 
Brasil acordó sin embargo con el gobierno de Cirilo Rivarola en sendos protocolos del 15 de diciembre de 1870 y 14 de enero de 1871 la disposición a alcanzar un tratado exclusivo de límites entre Brasil y Paraguay, desentendiéndose del gobierno argentino en clara violación del artículo 6º del tratado de la Triple Alianza del 1º de mayo de 1865. Brasil decidía también en forma unilateral sus fronteras con el Paraguay e incluso los de Argentina, ya que retenía para sí los territorios en disputa y acordaba sin permiso de Buenos Aires que el límite argentino no pasaría del Pilcomayo. 
El 9 de enero de 1872 por el tratado Cotegipe-Lóizaga el Imperio del Brasil se quedaba con la tercera parte del Paraguay y mantenía los ejércitos de ocupación por cinco años. Sarmiento consideraba que el tratado "...dejará al Paraguay provincia brasilera, a la que se agregará por los mismos medios la Banda Oriental, y no tardarían en seguir la de Entre Ríos y Corrientes" y que "en pocos años seremos del Imperio, o tan menguada república que no valga reivindicar ni el nombre".2 
El creciente y grave conflicto provocó que el gobierno brasileño alentara las reivindicaciones territoriales de Bolivia y Chile. Entre 1872 y 1873 el canciller chileno Adolfo Ibáñez y Gutiérrez sostenía con la aquiescencia de Brasil sus pretensiones sobre el territorio patagónico al sur del Río Negro (Argentina) y "del otro lado de Los Andes, especialmente a la altura de Talca y Chillán". 

 
Fotografía del Ministro Manuel Rafael García Aguirre. 

La Escuadra de Sarmiento 
La evidente necesidad de una marina de guerra impulsó al Congreso Argentino a sancionar la Ley Nº498 del 27 de mayo de 1872 (de Armamento Naval) que autorizaba la compra de "tres buques de guerra encorazados del sistema más adelantado y máars adecuado al servicio en aguas de la República". A tal efecto, el presidente Domingo Faustino Sarmiento dispuso el traslado inmediato de su amigo Manuel Rafael García Aguirre (hasta entonces jefe de la legación argentina en Washington) en comisión a Londres a fin de efectuar la compra de los mentados buques y supervisar su construcción. Pese a ser completamente lego en temas navales, García Aguirre encaró la tarea con el mayor celo y se asesoró con dos ex-oficiales confederados de la Guerra de Secesión de los Estados Unidos, los capitanes Thomas Jefferson Page3 y Hunter Davidson. 
Fue tal el empeño de García Aguirre en la tarea, que no dudó en asesorase a su vez con varios oficiales del Almirantazgo Británico, de quienes informa a Sarmiento: 
"Los del departamento de artillería no han podido tratarme mejor (...) Lea las tiras adjuntas sobre acorazados; nada de buques grandes y muy pesados de coraza. Me recomiendan buques pequeños con grandes cañones que sirvan como baterías flotantes y de fácil traslación de un punto a otro."4 
Fruto de la experiencia recogida y gracias al asesoramiento recibido, García Aguirre firmó sendos contratos que culminaron con la adquisición de los Monitores Los Andes y El Plata, cuatro bombardas (Pilcomayo, Bermejo, Constitución y República) de 400 toneladas y dos cañoneras (Paraná y Uruguay) de 600 toneladas.5 
Finalmente, los buques que compusieron la escuadra fueron: 

 
Monitor Los Andes. 

Monitores El Plata y Los Andes, de 56,68 m de eslora, 13,40 de manga, 3,35 de puntal, un calado medio de 3,50 m y 1.677 tn de desplazamiento. Tenían casco de hierro con espolón a proa y un blindaje de 160 mm de acero,6 255 mm en la torreta principal de artillería, que era movida a vapor. 
Portaban dos máquina de vapor (a babor y estribor) de 750 HP cada una, con dos hélices que le permitían mantener una velocidad de crucero de 9,5 nudos. Transportaba 120 tn de carbón. Montaban en la torre 2 cañones Armstrong de avancarga de 200 libras, dos cañones ligeros de 47 mm en barbeta cubierta y 4 cañones de tiro rápido Hotchkiss de 37 mm. Adquiridos por £85.000 libras cada uno en los astilleros Cammell Laird de Birkenhead, Inglaterra, se incorporaron en 1875 al mando de Bartolomé Cordero y Ceferino Ramírez respectivamente. 

 
Cañonera Paraná. 
 
Cañonera ARA Uruguay en 1874. 
 
Cañonera Pilcomayo (o su gemela Bermejo) 

Cañoneras Paraná y Uruguay, de 46,36 m de eslora, 7,63 de manga, 5,40 m de puntal, un calado medio de 3,5 m y un desplazamiento de 550 tn., con velamen (aparejo de corbeta) y una máquina a vapor de 475 HP, la cual movía una hélice que les permitía alcanzar una velocidad crucero de 10 nudos y máxima de 11. Transportaban 90 tn de carbón que les permitían una autonomía de 1500 millas. El casco de hierro estaba totalmente totalmente forrado con madera de teca. Montaban 4 cañones Vavasseur de 7" sobre cureñas de hierro, uno delante de la chimenea, otro detrás y los restantes en cada banda. Adquiridas por £32.000 cada una en los astilleros Cammell Laird, se incorporaron a la escuadra en 1874 al mando de Ceferino Ramírez y Erasmo Obligado respectivamente. 
Bombardas Constitución y República, de clase Rendell modificadas, con 32,33 m de eslora, 9.19 de manga, 4,50 de puntal, 3,20 de calado medio y un desplazamiento de 416 tn. 
Buques mixtos, con casco de hierro, tenían aparejo de un solo palo y utilizaban una máquina de vapor de 400 HP que impulsaba dos hélices gemelas alcanzando una velocidad de crucero de 9 nudos. Transportaban 45 tn de carbón. Montaban un cañón Armstrong de avancarga de 240 mm, en cureña fija sobre la proa con lo que sólo podía disparar en línea de quilla y debía apuntarse con golpes de timón. Llevaban dos cañones ligeros de 80 mm sobre cubierta, uno a cada banda. Adquiridas por £13.678 cada una en los astilleros Cammell Laird, se incorporaron a la escuadra en 1876 al mando de Juan Cabassa y Daniel de Solier respectivamente. 
Bombardas Pilcomayo y Bermejo, similares a las anteriores, con pequeñas diferencias (un calado menor, transportaban 62 tn de carbón que le aseguraban una autonomía mayor, modificaciones en cubierta) se incorporaron en 1875 al mando de Jorge Hobson Lowry y Francisco de la Cruz, respectivamente. Ambas fueron construídas en los astilleros Rennie&Co, Greenwich, Inglaterra (subcontratado por Cammell Laird). 
Vapor Taller y Depósito de torpedos y minas Fulminante, con 55 m de eslora, 9 de manga, 5 de puntal, un calado medio de 2,28 y un desplazamiento de 620 tn. Buque mixto, llevaba aparejo de goleta de dos palos y una máquina de vapor de tipo Compound con una hélice con la que alcanzaba una velocidad de 10 nudos. Llevaba 80 tn de carbón como combustible. Se incorporó en 1875 permaneciendo estacionario al mando de Hunter Davidson. Se incorporó también una flotilla de 4 lanchas torpederas, 2 de ellas asignadas al Fulminante, las primeras de la Armada Argentina. Los torpedos eran de bronce cargados con 65 libras de dinamita. Se los llamaba "de botalón" porque para su uso eran colocados en la punta de un botalón de hierro de 8 metros de largo. 
Vapores Avisos Resguardo y Vigilante, de 30 m de eslora, 5,5 de manga, 3,0 de puntal, un calado medio de 1,20 m y 100 tn de desplazamiento, llevaban dos máquinas de vapor de 92 HP que impulsaban dos hélices alcanzando una velocidad de 7 nudos. Transportaba 16 tn de carbón que le daban una autonomía de 6 días. Buque mixto, estaba aparejado como pailebote de 2 palos. Su casco era de hierro y llevaba un fuerte cintón de madera como defensa. Montaba un cañón Armstrong de 6 pulgadas. Adquiridos por £ 5.000 a Cammell Laird, se incorporaron a la Capitanía de Puertos al mando del piloto Cándido Chaneton y del práctico Juan Rubaclo, respectivamente. 

 
Vapor de transporte armado Pampa. 

Vapor de transporte armado Pampa, (ex Parminghan), adquirido en 1870 a Miguel Soler & Cía en $f 50.000. 
Con una eslora de 69,44 m, 7,44 de manga, 3,41 de puntal, un calado medio de 2.00 m y 409 tn de desplazamiento, tenía casco de acero dulce, arboladura de pailebote de dos palos, una máquina de vapor de 260 HP con 2 cilindros, y 4 calderas, que impulsaba ruedas laterales alcanzando una velocidad máxima de 13 nudos y 8 de crucero. Estaba armado inicialmente con 2 cañones Krupp de 75 mm. 
Algunas naves menores: vapor Sirena, remolcador Puerto de Buenos Aires, transporte Santa Fe, ballenera Guarda Costa, lancha Talita y Pontón Vanguardia 

Medidas complementarias 
Por otra parte, pese a las protestas de Brasil, Sarmiento dispuso artillar fuertemente la Isla Martín García con cañones costeros pesados Rodman que, si bien eran ya anticuados (de avancarga y ánima lisa), por su elevado calibre (381 mm, 500 libras) eran capaces de dañar el blindaje de los monitores imperiales y cubrir los canales de acceso a los ríos interiores. 
A los efectos de establecer bases logísticas y talleres para los buques que se compraban, en octubre de 1873 obtuvo del Congreso los fondos para la construcción de un arsenal y depósito de marina en Zárate, que creó en diciembre de ese año. 
Finalmente, Sarmiento creó la Escuela Naval el 5 de octubre de 1872, que operó en sus comienzos a bordo del vapor General Brown a cargo del sargento mayor Clodomiro Urtubey, y que en una primera etapa se mantuvo hasta su disolución en 1877 a consecuencia de la "sublevación de los capotes", siendo reorganizada poco después en la corbeta Uruguay a cargo de Martín Guerrico. 



Consecuencias 
Todas estas medidas contribuyeron a que el estuario dejara de ser recorrido por escuadras extranjeras en permanente actitud de presión y facilitaron probablemente la resolución de la cuestión de límites en 1875. 
Sin embargo aunque las unidades adquiridas representaban lo mejor que la tecnología mixta de la época (vela y vapor) podía brindar y aún cuando operaron tanto en los ríos argentinos como en alta mar, incluso en aguas de la Antártida, eras en todos los casos buques fluviales. 
Por otra parte, la incorporación de los buques principales, los monitores, provocaron de inmediato que Brasil adquiriera dos monitores más a su escuadra, el Javary y el Solimões de 3700 tn, 4 cañones de 250 mm y 2 de 37, incorporados en 1875, mientras que Chile sumaba el Cochrane y el Blanco Encalada, de 4500 tn, 13 nudos y 4 cañones de 9 pulgadas, que pronto serían decisivos en la guerra con Perú y Bolivia. Así, la mejora en la relación de fuerzas en poco tiempo se vio nuevamente desnivelada lo que sería puesto de manifiesto en 1878 en ocasión de la Expedición Py. 

Referencias 
1. Gustavo Ferrari, La Argentina y sus vecinos, en La Argentina del Ochenta al centenario, Buenos Aires, Sudamericana, 1980, página 671. 
2. Manuel Gálvez, Vida de Sarmiento. 
3. (1808-1902) Estuvo vinculado al país desde antes de su participación en la Guerra de Secesión por sus viajes de exploración a los ríos Bermejo y Salado. Colaboró activamente en el diseño y la construcción de los monitores Los Andes y El Plata 
4. Ratto, Héctor: "Las primeras comisiones navales en el extranjero", Boletín del Centro Naval, Tomo 58, año página 19. 
5. en cuya construcción asesoró nuevamente al ministro el capitán Page 
6. A la altura del cintón, banda que rodea el casco del barco para protegerlo. 

Bibliografía 
  • Teodoro Caillet-Bois, Historia Naval Argentina, 1944, Imprenta López, Buenos Aires 
  • Arguindeguy, Pablo E. CL, y Rodríguez, Horacio CL; "Buques de la Armada Argentina 1852-1899 sus comandos y operaciones", Buenos Aires, Instituto Nacional Browniano, 1999. 
  • Héctor Raúl Ratto, José Craviotto, Humberto F. Burzio, Sarmiento y la marina de guerra, Secretaria de Estado de Marina, 1963 
  • Carlos López Urrutia, Historia de la Marina de Chile, Andres Bello, 1969. 
  • Departamento de Estudios Históricos Navales, Historia marítima argentina, Cuántica Editora, 1982.
Enlaces externos 

Wikipedia