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domingo, 17 de junio de 2018

Aztecas: La gran sequía de 1454 y el genocidio que le siguió

Cuando la gente “se uno-aconejó” 

La gran sequía de 1454 en la Cuenca de México

Leonardo López Luján | Arqueología Mexicana




Las acciones desesperadas de los seres humanos ante los efectos devastadores de la naturaleza quedan en ocasiones registradas en los contextos arqueológicos. Un depósito ritual excavado en las ruinas del recinto sagrado de Tenochtitlan nos remite a un holocausto que se realizó a mediados del siglo XV para aplacar la furia de los dioses de la lluvia. El análisis de dicho contexto a la luz de los datos de la arqueología, la antropología física, la historia y la meteorología nos ayuda a dilucidar con inusual detalle cómo y por qué se realizó esta ceremonia sangrienta.

Un descubrimiento excepcional

En el verano de 1980, a escasos días de mi ingreso al Proyecto Templo Mayor en la Ciudad de México, el profesor Eduardo Matos Moctezuma me encomendó explorar un área que hasta hacía poco había sido ocupada por un edificio moderno de cinco niveles. Bajo sus cimientos de concreto, según consta en mi diario de campo, comenzaban a emerger vestigios de la época colonial, entre ellos el fuste de una columna, el estribo de una silla de montar, una pulserita de perlas y abundante cerámica vidriada. También se adivinaban, a escaso metro y medio del nivel de la calle de Argentina, los maltrechos muros de una caja cuadrangular de piedra, los cuales pronto nos revelaron que encerraban un espectacular depósito ritual de tiempos mexicas.

 Al confirmar su presencia el 28 de julio, lo bautizamos con el poco romántico nombre de “Ofrenda 48” e integramos un equipo de trabajo con el experimentado oficial Maximiliano Acevedo, el jovial restaurador Ezequiel Pérez, el joven fotógrafo Salvador Guilliem y el autor de estas líneas. Por instrucciones expresas del profesor Matos, seríamos supervisados por el pasante de arqueología Francisco Hinojosa y por el pasante de antropología física Juan Alberto Román, quienes fijarían las estrategias de excavación y registro de la información. A partir de ese momento y hasta el 7 de enero del siguiente año en que extrajimos el último objeto de la caja, nuestras actividades fueron tan intensas como apasionantes.

La arqueología

 La Ofrenda 48 se localizaba en el sector noroeste del Templo Mayor de Tenochtitlan, es decir, dentro de la mitad de la pirámide consagrada al culto de Tláloc y sus asistentes, los diminutos tlaloque (López Luján, 1982, 1993). Estaba contenida en una caja de sillares, cuyos muros fueron levantados de manera improvisada sobre un pequeño altar de la etapa IVa, la cual se remonta al reinado de Motecuhzoma Ilhuicamina (1440-1469 d.C.). El espacio interno de este amplio receptáculo cuadrangular estaba estucado y medía 170 cm de norte a sur, 111 cm de este a oeste y al menos 54 cm de profundidad. Por desgracia, tanto la caja como buena parte de su contenido más superficial habían sido severamente alterados por los fundamentos de un inmueble del virreinato.

Tomando como base de análisis nuestros informes de campo es posible reconstruir de principio a fin los pasos seguidos a mediados del siglo XV en el ritual que dio origen a la Ofrenda 48. Puede decirse de manera sucinta que los oficiantes de la ceremonia comenzaron la oblación depositando en el fondo de la caja una capa homogénea de arena gris oscura de origen marino. A continuación, acomodaron sobre ella varios cadáveres de niños, la mayoría en decúbito dorsal flexionado, es decir, recostados boca arriba y con las extremidades contraídas. Debieron de haberlos sepultado con ricos atavíos, pues algunos de los esqueletos que exhumamos aún conservaban sus collares elaborados con diminutos chalchihuites, en tanto que otros dos lucían sobre el pecho discos de madera –de 27 y 32 cm de diámetro, respectivamente– recubiertos con mosaico de cerúlea turquesa. Resulta interesante que cinco esqueletos tuvieran todavía una cuenta de piedra verde en el interior de la cavidad bucal.

 Como parte de un tercer nivel, los oficiantes dispusieron muchos más cadáveres infantiles, aunque en esta ocasión salpicados con pigmento azul, y mancharon del mismo color las esquinas noroeste, suroeste y sureste del depósito ritual. Por encima de estos cuerpos inertes, distribuyeron después varias calabazas –en el norte, el centro y el sur de la caja–, así como caracolitos marinos, una concha tallada en forma de flor, pequeñas aves, una navajilla de obsidiana y copal. Finalmente, en lo que parece haber sido la capa más elevada de la ofrenda, colocaron al menos 11 esculturas de tezontle policromado de unos 30 cm de altura, las cuales imitan jarras con el rostro de Tláloc. De manera significativa, las recostaron deliberadamente sobre uno de sus flancos, orientándolas en sentido este-oeste. Entreverados con las esculturas recuperamos ahí numerosos huesos humanos rotos y sin relación anatómica, pedacería de estuco –quizá de la tapadera original de la caja– y muchos fragmentos de alfarería española y novohispana.

Leonardo López Luján. Doctor en arqueología por la Université de Paris Nanterre y director del Proyecto Templo Mayor, INAH.

López Luján, Leonardo, “Cuando la gente ‘se uno-aconejó’ La gran sequía de 1454 en la Cuenca de México”, Arqueología Mexicana núm. 149, pp. 36-45.




Texto completo en la edición impresa. Si desea adquirir un ejemplar:

http://raices.com.mx/tienda/revistas-desastres-en-mexico-AM149

miércoles, 21 de marzo de 2018

Aztecas: Pruebas de su holocausto

Aparecen pruebas sobre el Holocausto azteca

El Imperio azteca fue una entidad de control territorial, político y económico que existió en la zona central de Mesoamérica, durante el Posclásico Tardío, antes de la Conquista española. Formalmente, estaba integrada por los dominios de la Triple Alianza, conformada por Texcoco, Tlacopan y México-Tenochtitlan. En los hechos, la mayor parte de los territorios bajo el dominio de los altépetl coaligados pertenecían a los mexicas. A lo largo de la historia ha habido diversas versiones a favor y en contra el posible holocausto Azteca y al parecer en la actualidad se han hallado nuevas pruebas que confirmarían qué ocurrió en verdad.
Por Urgente 24



La 1era descripción de la torre de los cráneos de Tenochtitlan la hace en 1521 el soldado español Andrés de Tapia, que acompañó a Hernán Cortés y a los totonacas, tlaxcaltecas y otras tribus en la conquista de México. Luego la repitieron el conquistador español Bernal Díaz del Castillo y el historiador Francisco López de Gómara. Después fue negada, y con ella, aquel sistema de sacrificios humanos de los aztecas, porque el Imperio azteca tenía que pertenecer al edén indígena que los españoles bárbaros habían destruido cuando arrasaron América. En consecuencia, estas descripciones del terror azteca no podían ser más que mentiras para justificar la conquista de México.



Hernán Cortés

Los propios mexicanos cuentan que su historia -y contra este disparate escribió Octavio Paz- comienza con la fundación del dios Quetzalcóatl, para verse luego interrumpida con la llegada destructiva de los españoles, y continuada por su cauce natural tras la independencia. Hace ya mucho tiempo que se sabe que los cronistas españoles no mentían.

Hace pocos días, una noticia de agencia desveló que en las excavaciones arqueológicas que desde 2015 se hacen junto a la catedral metropolitana de México se ha encontrado una torre de cráneos que responde punto por punto a la descripción de los cronistas españoles

Los arqueólogos han encontrado ahora un osario de cabezas de hombres presos en guerra y sacrificados a cuchillo, el cual era a manera de teatro más largo que ancho, de cal y canto con sus gradas, en que estaban ingeridas entre piedra y piedra calaveras con los dientes hacia afuera. Es decir, que Cortés no mentía. Con el agravante de que no son sólo guerreros sacrificados, como dijeron los aztecas, sino también mujeres y niños.

La negación de los sacrificios ha tenido distintas versiones, plenamente vigentes. El 25/04 de este año Jason Suárez, del History Department de El Camino College de California, explica en su conferencia Questions of ritual human sacrifice que la idea de los sacrificios humanos es errónea y fruto de haber interpretado torticeramente las imágenes en que estos sacrificios se representan, para justificar la conquista.

Para Marvin Harris es la falta de proteínas la que explica los sacrificios humanos. Todo ello va encaminado a reforzar la idea de que los españoles no llegaron a México y acabaron con un horror institucionalizado, porque el horror debía estar encarnado por ellos mismos, por Cortés y sus hombres y, por tanto, nada beneficioso podía venir de ahí.

Pero ahora el descubrimiento de la torre de los cráneos de Tenochtitlán, tan verazmente descrita por los cronistas, obliga a mirar a Cortés y a su gente de otra manera.

Pronto caerá otro manto de silencio sobre esta realidad como ha caído sobre tantas otras que no necesitaban de un equipo de arqueólogos. Como, por ejemplo, que el gobernador nombrado por Cortés que tuvo México en el nuevo orden cristiano se llamó Andrés de Tapia Motelchiuh (1526-1530) y era un azteca que se bautizó tomando precisamente el nombre del cronista y conservando también el suyo, y que era un plebeyo casi esclavo a quien el anquilosado sistema social azteca nunca le hubiera permitido prosperar. Acompañó a Cortés durante 3 años en sus expediciones. Pero se podría nombrar también a otro plebeyo,  Pablo Xochiquenzin, que también fue gobernador 5 años. O a Diego de Alvarado Huanitzin, que acompañó a Cortés en la expedición a Honduras y fue nombrado gobernador de Ecatepec, cargo que ocupó 14 años. Después el virrey Antonio de Mendoza le nombró gobernador de Tenochtitlán. O a Diego de San Francisco Tehuetzquititzin o a  Alonso Tezcatl Popocatzin, o a Pedro Xiconocatzin. Todos indios, todos gobernantes del virreinato de la Nueva España.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Aztecas: Descubren la causa que provocó 15 millones de muertes

500 años después, se descubrió la causa de la terrible epidemia que mató a 15 millones de aztecas

El cocoliztli mató al 80% de la población del Imperio tras la llegada de los europeos
Infobae



Una calavera descubierta en un templo sagrado azteca (AP)

Unos científicos anunciaron este lunes haber dado con una posible causa de la epidemia que hace 500 años mató a 15 millones de personas en México y la atribuyeron a la fiebre entérica (o tifoidea).

En 1545, en las postrimerías del Imperio azteca, muchas personas empezaron a presentar fiebre alta, dolores de cabeza y sangrado de ojos, boca y nariz. Morían, en general, al cabo de tres o cuatro días.

Después de cinco años, la epidemia, conocida como cocoliztli (pestilencia) había matado a un 80% de la población estimada.

Su causa, cuestionada desde entonces, fue apuntada por un grupo de científicos que, tras descartar la viruela, el sarampión, las paperas y la gripe, apuntaron a una fiebre entérica, basándose en análisis de ADN de los dientes de varias víctimas.

"El cocoliztli fue una de las muchas epidemias que afectaron México tras la llegada de los europeos, y específicamente fue la segunda de las tres epidemias más devastadoras", dijo a la AFP Ashild Vagene, de la Universidad de Tubinga, en Alemania.

El estudio fue publicado en la revista científica Nature Ecology & Evolution.

Este episodio es considerado una de las peores epidemias de la historia de la humanidad, por detrás de la peste negra, que mató a 25 millones de personas en Europa Occidental en el siglo XIV, es decir, casi la mitad de la población.

Los colonizadores europeos propagaron enfermedades al adentrarse en el Nuevo Mundo, aportando gérmenes completamente desconocidos para las poblaciones locales, las que, por lo tanto, no contaban con ningún tipo de inmunidad para hacerles frente.

La pestilencia de 1545, que golpeó lo que es el México actual y parte de Guatemala, tuvo lugar solamente dos décadas después de que una epidemia de viruela matara a entre 5 y 8 millones de personas, justamente después de la llegada de los españoles.

Un segundo brote de cocoliztli, entre 1576 y 1578, mató a la mitad del resto de la población.

Los científicos analizaron el ADN extraído de 29 esqueletos sepultados en un cementerio de muertos por cocoliztli y detectaron rastros de la bacteria salmonella entérica.

Es conocida por causar una fiebre entérica, como la tifoidea. El subtipo mexicano apenas causa actualmente infecciones entre los humanos.

Muchas cepas de la salmonella se propagan a través de la comida o el agua y muchas viajaron a México en animales domésticos traídos por los españoles, según el equipo de investigadores.

La salmonella entérica estuvo presente en Europa en la Edad Media.

"Probamos con todas las bacterias patógenas y virus de los que tenemos datos genómicos" y la salmonella entérica fue el único germen detectado, afirmó Alexander Herbig, también de la Universidad de Tubinga.

Sin embargo, cabe la posibilidad de que algunos elementos patógenos fueran indetectables o completamente desconocidos.

"No podemos asegurar cuán cierto es que la salmonella entérica fuera la causa de la epidemia de cocoliztli", dijo Kirsten Bos, participante en el estudio. "Creemos que debe ser considerado como un candidato fuerte".

viernes, 24 de noviembre de 2017

Restos de españoles sacrificados por Aztecas


Restos de un esqueleto de filiación étnica europea, estaba en posición anatómica y había sido desmembrado pos mortem para obtener los llamados “huesos trofeo”, muy apreciados por los guerreros. La osamenta estaba acompañada de una pequeña jarra cerámica de la fase Azteca IV. Foto: Enrique Martínez Vargas



Sacrificio de españoles capturados en Zultépec, Tlaxcala

Plataforma del Grupo Habitacional E. Zultépec-Tecoaque, Tlaxcala. Foto: Enrique Martínez Vargas




Zultépec-Tecoaque se localiza en la región occidental del estado de Tlaxcala, en el municipio de Calpulalpan. En 1520 el asentamiento fue escenario de uno de los episodios relevantes del contacto entre europeos e indígenas acolhuas al inicio de la conquista de México cuando capturaron a una caravana de españoles y sus aliados locales. Algunos detalles en relación con los acontecimientos aparecen en algunas de las fuentes históricas del siglo XVI (Cartas de Relación de Hernán Cortes, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, entre otras).

En la zona habitacional de Zultépec-Tecoaque, que se localiza hacia el oeste, norte y sur del centro ceremonial, es posible observar modificaciones realizadas en el último momento constructivo del asentamiento (1520-1521 d.C.) para resguardar a los cautivos y controlar la circulación y contacto de los capturados con la mayor parte de la población.


Izquierda: En algunos rellenos de plataformas se han localizado grandes concentraciones de materiales arqueológicos asociados al último momento en que el asentamiento estuvo poblado. Generalmente, fueron fragmentos de vasijas de carácter ceremonial de origen prehispánico (fase cerámica Azteca IV) mezclados con fragmentos de cerámica europea. Derecha: En la plataforma del Grupo Habitacional E se encontraron los fragmentos de una olivera con asas. Fotos: Enrique Martínez Vargas

Durante las exploraciones en el Grupo Habitacional Sur, en el aposento ubicado en la esquina noreste se localizaron en contacto con el piso restos de un esqueleto de sexo femenino con características que permitieron establecer su filiación europea. El análisis antropofísico y espacial de los restos óseos permitió establecer que estaba colocado en posición anatómica y en proceso de desmembramiento pos mortem; se observa la falta de algunos de los huesos largos inferiores: pelvis y fémur, del lado izquierdo; y la ausencia de parte de los superiores: húmero, cúbito y radio, del lado derecho, además de ambas manos. Ello permite suponer que después del sacrificio, el cuerpo fue llevado al aposento, el cual era adecuado para la manipulación cultural pos mortem de los cadáveres, de manera especial para la extracción de huesos largos, posiblemente para la obtención de los llamados “huesos trofeo” apreciados por los guerreros. La osamenta estaba acompañada de una pequeña jarra de cerámica de la fase Azteca IV, en cuyo interior se localizaron restos de una rata de campo cocida.

Tomado de Enrique Martínez Vargas, “La historia no escrita de Zultépec Tecoaque, Tlaxcala”, Arqueología Mexicana, núm. 139, pp. 54-59.

Arqueología Mexicana

sábado, 17 de diciembre de 2016

Armas precolombinas: El macuáhuitl azteca


Entre los mexicas, el descuartizamiento de los espías se hacía golpeando directamente las articulaciones, lo que permitía al macuáhuitl mayor posibilidad de corte. Códice Florentino, apéndice del lib. II, f. 110v. Reprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces

El macuáhuitl. Un arma del Posclásico Tardío en Mesoamérica
Arqueología Mexicana

   
México antiguo
El macuáhuitl. Un arma del Posclásico Tardío en Mesoamérica
Marco Cervera Obregón

Arma netamente mesoamericana, el macuáhuitl no tiene punto de comparación con la macana o espada, error en el que han incurrido algunos estudiosos. Es por ello que en la actualidad existen muchos problemas de interpretación, lo que ha provocado polémica respecto a su origen, distribución y su verdadero papel en Mesoamérica

El término macuáhuitl –de maitl, “mano”, y cuáhuitl, “madera” o “palo”– fue utilizado por los antiguos nahuas para nombrar el conocido bastón de madera de cerca de 70 a 80 cm de largo, provisto de navajas de obsidiana. Si somos estrictos con su morfología y cometido, el macuáhuitl no cumplía una función contundente, como la macana, y mucho menos se le puede denominar espada, pues esta arma, hasta donde sabemos, tiene dos funciones: punzar y cortar, y el macuáhuitl azteca sólo cumple la última característica. Considero que no tiene una verdadera equivalencia occidental y, por consiguiente, el macuáhuitl es un arma completamente mesoamericana.

Había por lo menos dos variedades: el famoso macuáhuitl de cerca de 70 a 80 cm de largo, provisto de por lo menos seis a ocho navajas por lado, y el macuahuilzoctli, de cerca de 50 cm de largo y con unas cuatro navajas por lado. Es probable que la primera sea aquella a la que los españoles llamaron “de a dos manos”, pues la equiparaban con su famosa espada mandoble o montante, usada efectivamente con las dos manos.

Distribución

No se tienen registros de esta arma antes del Posclásico; lo que hay son referencias a ciertas armas que si bien tenían funciones parecidas, no son antecedentes directos del macuáhuitl mexica. Otro problema es el desconocimiento y la confusión de los investigadores al considerar a todo aquel palo con navajas como un macuáhuitl, sin pensar que tienen funciones totalmente distintas.

Hasta donde sabemos, las evidencias más tempranas del uso de este tipo de instrumentos en Mesoamérica son de la zona maya. Pese a lo que se pudiera pensar, en el Altiplano Central no hay ningún registro de esa arma antes del Posclásico Tardío.

El origen y distribución de esta arma es un problema aún vigente. El que no aparezca, hasta el momento, en el registro arqueológico de Mesoamérica antes del Posclásico, no significa que no se haya utilizado, por lo menos no a gran escala como ocurrió con la lanza o el átlatl.



Fuentes históricas


Sabemos más de esta arma mexica por las fuentes escritas que por la arqueología. Algunos cronistas hablan de ella cuando llegaron a las costas:
...vinieron por la costa muchos escuadrones de indios del pueblo de Potonchan, que así se dice, con sus armas de algodón que les daba a la rodilla [el ichcahupilli], y arcos y flechas, y lanzas y rodelas, y espadas que parecen de a dos manos, y hondas y piedras, y con sus penachos, de los que ellos suelen usar (Díaz del Castillo, 1999, IV y V).
Otros describen con cierta exageración su uso en la guerra: “Sus armas eran unas navajas agudas, de pedernales, puestas de una parte y de otra de un bastón, y era esta arma tan furiosa, que afirmaban que de un golpe echaban con ella la cabeza de un caballo abajo, cortando toda la cerviz (Acosta, 1962). Pero de todos ellos, la descripción más detallada e interesante es la de Francisco Hernández de Córdova.

En varios códices se da cuenta del uso y forma de esa arma, y destaca el hecho de que nunca se ha encontrado asociada a algún uso ritual, con excepción de la famosa ceremonia del sacrificio gladiatorio. En ésta, al guerrero capturado durante las guerras floridas se le sujetaba del tobillo a una gran piedra llamada temalácatl; para ser liberado, tenía que derrotar a siete guerreros de la elite mexica, armados con un escudo y un macuáhuitl provisto de navajillas de obsidiana, en tanto que al guerrero capturado se le proporcionaba un escudo y un palo de madera decorado con plumas de algodón que simulaban el filo de obsidiana.


El macuáhuitl es el nro 4.

Cervera Obregón, Marco, “El macuáhuitl. Un arma del Posclásico Tardío en Mesoamérica”, Arqueología Mexicana núm. 84, pp. 60-65.

• Marco Cervera Obregón. Arqueólogo por la ENAH. Sus principales temas de investigación son la guerra y el armamento mesoamericanos.

Texto completo en la edición impresa. Si desea adquirir un ejemplar: http://raices.com.mx/tienda/revistas-la-guerra-en-mesoamerica--AM084

viernes, 25 de noviembre de 2016

Aztecas: La pileta de mercurio sagrada

Piscina mitológica de mercurio

Teotihuacan, México

Por ZACH ZORICH - Archeology


Top Ten Teotihuacan (Cortesía de INAH) Un esquema de la Pirámide de Serpiente Emplumada en la antigua Teotihuacan, mostrando un túnel que conduce a varias cámaras subterráneas

El mercurio se encuentra a menudo en las tumbas Mesoamerican en la forma de un pigmento rojo pulverulento llamado cinabrio, pero su forma líquida es extremadamente rara. Así fue con cierta sorpresa que Sergio Gómez, arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, descubrió rastros de mercurio líquido este año en tres cámaras bajo la Pirámide de Serpiente Emplumada de principios del siglo III en la antigua ciudad de Teotihuacán. Gómez cree que el mercurio era parte de una representación de la geografía del inframundo, el reino mitológico donde residen los muertos. El líquido plateado fue probablemente usado para representar lagos y ríos.

Desde que descubrió la entrada a un túnel que conduce debajo de la pirámide en el 2003, Gómez ha encontrado cinco cámaras subterráneas que contienen miles de artefactos, incluyendo muchos pensados ​​para ser ofrendas, como esqueletos de grandes jaguares y lobos. Otros objetos, como figuras de jade de Guatemala y conchas marinas del Caribe, indican hasta qué punto la influencia de Teotihuacan se extendió. Además de ayudar a mantener el mercurio en forma líquida, la humedad y la falta de oxígeno en las cámaras subterráneas han conservado semillas de plantas y fragmentos de algo que podría ser la piel humana.

jueves, 7 de julio de 2016

Aztecas: El origen de sus tenebrosas máscaras

Develan el origen de las tenebrosas máscaras aztecas, hechas de cráneos humanos


Se trata de máscaras con cuchillos introducidos en las cuencas nasales y pirita en las fosas oculares, que fueron confeccionadas para usarse en el rostro y también como parte de un tocado.

El estudio de un equipo de investigadores de la Universidad de Montana, en Estados Unidos, a cargo de Corey Ragsdale, echó luz sobre el misterioso origen de ocho máscaras aztecas, confeccionadas con cráneos humanos, que habían sido halladas junto a 30 cadáveres en el Templo Mayor.

Según los investigadores, las máscaras se remontan al reinado del emperador Axayacatl (1468-1481) y fueron elaboradas con el objeto de ser usadas sobre el rostro, o como accesorios de un tocado. En la mayoría de los casos, las máscaras tienen cuchillos insertados en las cavidades nasales y pirita en las cuencas oculares, como remedo de ojos.

El análisis de los restos mortales permitió saber que corresponden a personas de distintos estatus sociales. Ocho máscaras de cráneo pertenecieron a varones adultos, guerreros de entre 30 y 45 años, que habrían sido derrotados o capturados durante una conquista.

El resto de las calaveras corresponden a hombres y mujeres de diferentes edades, que padecían problemas dentales, mala nutrición y pertenecían a una clase social baja, quizá esclavos.

History