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sábado, 17 de diciembre de 2016

Armas precolombinas: El macuáhuitl azteca


Entre los mexicas, el descuartizamiento de los espías se hacía golpeando directamente las articulaciones, lo que permitía al macuáhuitl mayor posibilidad de corte. Códice Florentino, apéndice del lib. II, f. 110v. Reprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces

El macuáhuitl. Un arma del Posclásico Tardío en Mesoamérica
Arqueología Mexicana

   
México antiguo
El macuáhuitl. Un arma del Posclásico Tardío en Mesoamérica
Marco Cervera Obregón

Arma netamente mesoamericana, el macuáhuitl no tiene punto de comparación con la macana o espada, error en el que han incurrido algunos estudiosos. Es por ello que en la actualidad existen muchos problemas de interpretación, lo que ha provocado polémica respecto a su origen, distribución y su verdadero papel en Mesoamérica

El término macuáhuitl –de maitl, “mano”, y cuáhuitl, “madera” o “palo”– fue utilizado por los antiguos nahuas para nombrar el conocido bastón de madera de cerca de 70 a 80 cm de largo, provisto de navajas de obsidiana. Si somos estrictos con su morfología y cometido, el macuáhuitl no cumplía una función contundente, como la macana, y mucho menos se le puede denominar espada, pues esta arma, hasta donde sabemos, tiene dos funciones: punzar y cortar, y el macuáhuitl azteca sólo cumple la última característica. Considero que no tiene una verdadera equivalencia occidental y, por consiguiente, el macuáhuitl es un arma completamente mesoamericana.

Había por lo menos dos variedades: el famoso macuáhuitl de cerca de 70 a 80 cm de largo, provisto de por lo menos seis a ocho navajas por lado, y el macuahuilzoctli, de cerca de 50 cm de largo y con unas cuatro navajas por lado. Es probable que la primera sea aquella a la que los españoles llamaron “de a dos manos”, pues la equiparaban con su famosa espada mandoble o montante, usada efectivamente con las dos manos.

Distribución

No se tienen registros de esta arma antes del Posclásico; lo que hay son referencias a ciertas armas que si bien tenían funciones parecidas, no son antecedentes directos del macuáhuitl mexica. Otro problema es el desconocimiento y la confusión de los investigadores al considerar a todo aquel palo con navajas como un macuáhuitl, sin pensar que tienen funciones totalmente distintas.

Hasta donde sabemos, las evidencias más tempranas del uso de este tipo de instrumentos en Mesoamérica son de la zona maya. Pese a lo que se pudiera pensar, en el Altiplano Central no hay ningún registro de esa arma antes del Posclásico Tardío.

El origen y distribución de esta arma es un problema aún vigente. El que no aparezca, hasta el momento, en el registro arqueológico de Mesoamérica antes del Posclásico, no significa que no se haya utilizado, por lo menos no a gran escala como ocurrió con la lanza o el átlatl.



Fuentes históricas


Sabemos más de esta arma mexica por las fuentes escritas que por la arqueología. Algunos cronistas hablan de ella cuando llegaron a las costas:
...vinieron por la costa muchos escuadrones de indios del pueblo de Potonchan, que así se dice, con sus armas de algodón que les daba a la rodilla [el ichcahupilli], y arcos y flechas, y lanzas y rodelas, y espadas que parecen de a dos manos, y hondas y piedras, y con sus penachos, de los que ellos suelen usar (Díaz del Castillo, 1999, IV y V).
Otros describen con cierta exageración su uso en la guerra: “Sus armas eran unas navajas agudas, de pedernales, puestas de una parte y de otra de un bastón, y era esta arma tan furiosa, que afirmaban que de un golpe echaban con ella la cabeza de un caballo abajo, cortando toda la cerviz (Acosta, 1962). Pero de todos ellos, la descripción más detallada e interesante es la de Francisco Hernández de Córdova.

En varios códices se da cuenta del uso y forma de esa arma, y destaca el hecho de que nunca se ha encontrado asociada a algún uso ritual, con excepción de la famosa ceremonia del sacrificio gladiatorio. En ésta, al guerrero capturado durante las guerras floridas se le sujetaba del tobillo a una gran piedra llamada temalácatl; para ser liberado, tenía que derrotar a siete guerreros de la elite mexica, armados con un escudo y un macuáhuitl provisto de navajillas de obsidiana, en tanto que al guerrero capturado se le proporcionaba un escudo y un palo de madera decorado con plumas de algodón que simulaban el filo de obsidiana.


El macuáhuitl es el nro 4.

Cervera Obregón, Marco, “El macuáhuitl. Un arma del Posclásico Tardío en Mesoamérica”, Arqueología Mexicana núm. 84, pp. 60-65.

• Marco Cervera Obregón. Arqueólogo por la ENAH. Sus principales temas de investigación son la guerra y el armamento mesoamericanos.

Texto completo en la edición impresa. Si desea adquirir un ejemplar: http://raices.com.mx/tienda/revistas-la-guerra-en-mesoamerica--AM084

viernes, 25 de noviembre de 2016

Aztecas: La pileta de mercurio sagrada

Piscina mitológica de mercurio

Teotihuacan, México

Por ZACH ZORICH - Archeology


Top Ten Teotihuacan (Cortesía de INAH) Un esquema de la Pirámide de Serpiente Emplumada en la antigua Teotihuacan, mostrando un túnel que conduce a varias cámaras subterráneas

El mercurio se encuentra a menudo en las tumbas Mesoamerican en la forma de un pigmento rojo pulverulento llamado cinabrio, pero su forma líquida es extremadamente rara. Así fue con cierta sorpresa que Sergio Gómez, arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México, descubrió rastros de mercurio líquido este año en tres cámaras bajo la Pirámide de Serpiente Emplumada de principios del siglo III en la antigua ciudad de Teotihuacán. Gómez cree que el mercurio era parte de una representación de la geografía del inframundo, el reino mitológico donde residen los muertos. El líquido plateado fue probablemente usado para representar lagos y ríos.

Desde que descubrió la entrada a un túnel que conduce debajo de la pirámide en el 2003, Gómez ha encontrado cinco cámaras subterráneas que contienen miles de artefactos, incluyendo muchos pensados ​​para ser ofrendas, como esqueletos de grandes jaguares y lobos. Otros objetos, como figuras de jade de Guatemala y conchas marinas del Caribe, indican hasta qué punto la influencia de Teotihuacan se extendió. Además de ayudar a mantener el mercurio en forma líquida, la humedad y la falta de oxígeno en las cámaras subterráneas han conservado semillas de plantas y fragmentos de algo que podría ser la piel humana.

jueves, 7 de julio de 2016

Aztecas: El origen de sus tenebrosas máscaras

Develan el origen de las tenebrosas máscaras aztecas, hechas de cráneos humanos


Se trata de máscaras con cuchillos introducidos en las cuencas nasales y pirita en las fosas oculares, que fueron confeccionadas para usarse en el rostro y también como parte de un tocado.

El estudio de un equipo de investigadores de la Universidad de Montana, en Estados Unidos, a cargo de Corey Ragsdale, echó luz sobre el misterioso origen de ocho máscaras aztecas, confeccionadas con cráneos humanos, que habían sido halladas junto a 30 cadáveres en el Templo Mayor.

Según los investigadores, las máscaras se remontan al reinado del emperador Axayacatl (1468-1481) y fueron elaboradas con el objeto de ser usadas sobre el rostro, o como accesorios de un tocado. En la mayoría de los casos, las máscaras tienen cuchillos insertados en las cavidades nasales y pirita en las cuencas oculares, como remedo de ojos.

El análisis de los restos mortales permitió saber que corresponden a personas de distintos estatus sociales. Ocho máscaras de cráneo pertenecieron a varones adultos, guerreros de entre 30 y 45 años, que habrían sido derrotados o capturados durante una conquista.

El resto de las calaveras corresponden a hombres y mujeres de diferentes edades, que padecían problemas dentales, mala nutrición y pertenecían a una clase social baja, quizá esclavos.

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