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lunes, 20 de febrero de 2017

Guerra antisubversiva: Mantener la memoria del terrorismo comunista

Por qué es necesario seguir hablando del accionar guerrillero de los 70
Una sociedad que alberga infinitas fabulaciones sobre su pasado nunca podrá calmar los odios y encontrar la madurez que necesita para encarar el presente. 
Por Julio Bárbaro | Infobae
Politólogo y Escritor. Fue diputado nacional, secretario de Cultura e interventor del Comfer.


Montoneros esperan el regreso de Perón en Ezeiza

Somos una sociedad que alberga limitadas visiones del presente pero infinitas fabulaciones sobre el pasado. No es cuestión de buscar coincidencias en el ayer, sería absurdo y carente de sentido. Al menos de intentar calmar los odios y resentimientos que arrastramos para encontrar la madurez de hoy. Hace años escribí un libro que titulé "Juicio a los setenta", tuvo escasa repercusión como todo aquello que busca ocupar el espacio de la cordura en una sociedad donde los bandos suelen terminar imponiéndose. Soy un protagonista privilegiado de aquellos tiempos, aunque por supuesto eso no sirve de mucho para valorar mis conclusiones.

Suelo insistir en que a Perón lo derrocan acusado de autoritario, esos mismos derrocan luego a Frondizi y a Illia, y con Onganía asumen su sueño de una dictadura definitiva. Copian al Franco de España, no al De Gaulle de Francia. Destruyen la universidad, que en ese entonces era conducida por los humanistas, un progresismo de origen cristiano digno de ser reivindicado. Formé parte de la conducción de ese grupo, y vimos de pronto como la violencia del Estado engendraba la de los estudiantes, la confrontación como fenómeno masivo nace en ese momento. Luego viajarán a Cuba, a China y a otros lugares decenas de estudiantes a formarse para la guerra de guerrillas.

El peronismo ni existía en la universidad, solo un pequeño grupo en filosofía. La división era entre marxistas de la FUA y socialcristianos del Humanismo. Años más tarde, con el asesinato de Aramburu, los montoneros, de origen católico, se van a acercar a Perón, y el General, antes de su retorno, les otorga una enorme cuota de poder en el último intento de que la democracia impida la confrontación armada. Fue ahí donde los llama "juventud maravillosa" y le otorga un lugar protagónico a Rodolfo Galimberti, con quien me cansé de discutir con él: ellos nunca dejaron de pensar que Perón no entendía que la violencia era la única salida.

Pero no nos engañemos, los golpes de Estado engendraron semejante violencia, Perón solo intenta integrarlos al gobierno, y los termina expulsando en aquel "qué quieren esos imberbes", después que ellos asesinan a Rucci para romper definitivamente con Perón y la democracia.

Tuve diálogos y debates con los guerrilleros que abarcan una buena parte de mi vida. Me hice responsable del velatorio de los asesinados en Trelew y pasé días en aquella cárcel dialogando con los presos que nunca imaginaron que los íbamos a poder liberar. Y acompañé los dos primeros aviones donde los trajimos de Trelew a esta capital, participé y discutí, siempre estuve en contra de sus sueños de tomar el poder por las armas, nunca dejó de parecerme ridículo.

Insisto en reivindicar el ejemplo de los Tupamaros, ellos hicieron su autocritica y son parte del gobierno y responsables de la pacificación de su país. Ellos supieron transformar sus errores en sabiduría; nosotros soportamos todavía algún resentido que niega sus errores, pero casi ninguno que los haya vuelto enseñanza y coherencia para que esos sueños de justicia social se conviertan al menos en ejemplo de vida.

Como diputado nacional, en aquella débil democracia descubrimos de pronto que la guerrilla había decidido volver a matar. Recuerdo los debates con el ERP que nunca había dejado sus armas, que no asesinaba sindicalistas aunque fueran burócratas pero que albergaba su sueño de enfrentar al ejército con sus formaciones. Los del ERP nunca se acercaron a la política, ellos solo tenían fe en la violencia, en las armas. Hablé y mucho con ellos, siempre me quedaba la amarga sensación de que marchaban consientes al suicidio. Y al no acercarse al peronismo no tuvieron vigencia en su memoria.

A los montoneros Perón les dio poder en la democracia y se cansó de explicarles que una guerrilla nunca podía derrotar a un ejército regular. De pronto comenzaron a explicarnos que necesitaban el golpe de Estado para desarrollar sus fuerzas militares, que el pueblo los iba a acompañar. Ya arrastraban un error garrafal al pensar que ellos permitieron el retorno de Perón, sobre ese error se forjó Ezeiza y toda la confrontación. Aquella reiterada tesis que expresaban como un mantra, "cuanto peor mejor", aquella muletilla ideológica de "agudizar la contradicción". Mantuve un dialogo con ellos hasta el Mundial del 78, hasta que luego me secuestran los militares para exigirme datos que nunca tuve.

La dictadura y el peronismo fueron las dos fuerzas que confrontaron, la dictadura expresaba al poder económico y el peronismo se fue convirtiendo en la vanguardia de la democracia. La guerrilla fue importante, pero no como para considerarse la causa del retorno de Perón. La dictadura se había agotado en sí misma, la guerrilla solo tenía como salida incorporarse a la democracia. Y Montoneros tuvo vigencia por su relación con el peronismo, y Perón los convoca en la lógica de que sean parte de la democracia. Aquel abrazo con Balbín es hoy necesario para heredar lo mejor de aquella coyuntura. Luego, si los demonios fueron dos o uno solo carece de trascendencia. El acierto fue la convocatoria a la unidad nacional en democracia y el error fue la violencia de las minorías. La violencia del Estado es nefasta, pero eso no hace que en democracia la violencia de la guerrilla no merezca ser condenada.

sábado, 7 de enero de 2017

Guerra contra la Subversión: Aniversario del inicio del Operativo Independencia

Un día como hoy pero de 1975 se iniciaba la guerra contra la guerrilla marxista en la selva de Tucumán. 
Por Nicolás Márquez - Prensa Republicana




En el fragor de la dramática guerra civil acaecida en la Argentina en los años 70´, un tema tan esencial como poco explorado (y en torno del cual giró la contienda), fue el intento por parte del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo)- la organización guerrillera mejor preparada y más aguerrida del continente- de llevar la guerra a la selva de Tucumán con el propósito de dominar la provincia, expandir su imperio a las provincias del norte, segregar una porción del territorio argentino e intentar conseguir el aval de la comunidad internacional para que fuera reconocido Estado Independiente, y desde allí, bajar a Buenos Aires y hacer un golpe de Estado revolucionario de filiación castro-comunista.


Formación del ERP en plena selva tucumana lista para entrar en combate. El ERP llegó a contar con 7200 terroristas entrenados para matar por la revolución comunista en la Argentina.1

Miles de terroristas del ERP al mando del emblemático guerrillero Mario Roberto Santucho, se lanzaron al ataque contra la democracia en búsqueda de ese objetivo. Para tal fin, a partir de mayo de 1974 (tercera presidencia de Perón) los castristas locales montaron numerosos campamentos guerrilleros en la selva de Tucumán secundados por un formidable aparato de retaguardia tanto en zonas urbanas de esa Provincia como en las provincias aledañas. Atacaron numerosos cuarteles, guarniciones militares y dependencias policiales en todo el país, con el propósito de conseguir armamentos y reforzar la Compañía de Monte en la Cuna de la Independencia. Crearon sofisticadas fábricas de armas, imprentas clandestinas, asesinaron familias enteras (niños incluidos) y llevaron adelante un plan sistemático de secuestros a empresarios y militares (muchos de ellos seguidos de muerte), para canjearlos por dinero o negociarlos por guerrilleros detenidos por las fuerzas legales.


Terroristas del ERP en sus fábricas clandestinas, preparando bombas y granadas para asesinar a sus víctimas. Entre ellas, hubo numerosos niños.1

Por entonces, la experiencia cubana, el ejemplo del Che Guevara y otros episodios ideológicamente afines, fueron el faro que marcó la senda de la guerrilla local. Pero sin dudas, fue la guerra de Vietnam la que atravesó y marcó por completo al ERP y la virtual guerra de secesión que vivió la Argentina entre 1974 y 1977. El Che Guevara había ordenado a sus feligreses “crear dos, tres, cien Vietnam” y encender la pradera revolucionaria en el conosur. Santucho y sus miles de combatientes leían permanentemente a los doctrinarios vietnamitas, estudiaban sus estrategias, se entrenaban en función de ellas; a Buenos Aires la llamaban “Saigón”. Su objetivo era cumplir el papel del Vietcong (ejército irregular que peleó contra las tropas americanas en Vietnam) y para tal fin, escogieron la zona geográfica más parecida posible a la existente en Vietnam. Ahora la selva vietnamita sería reemplazada por la de Tucumán (que era más cerrada y espesa) y los cañaverales de azúcar ocuparían el lugar de los arrozales. Sendos ámbitos eran ideales para “pegar y esconderse” tal el dogma de la “guerra de guerrillas”. Asimismo, la gran densidad de población y la pobreza imperante en Tucumán, les permitiría (según ellos creían) ganarse el apoyo masivo de la gente.



Conferencia de prensa clandestina del ERP. En la imagen, se puede ver a los terroristas encapuchados y secundados por un estandarte del asesino serial Ernesto Che Guevara: su guía y referencia a imitar.
El ERP no estaba sólo: peleó con tropas de refuerzo de guerrillas provenientes del MIR de Chile, del ELN de Bolivia, de Tupamaros del Uruguay y de otros países. El entrenamiento y adoctrinamiento fue proporcionado por el estado totalitario de Cuba y fue el único campo de batalla donde el ERP realizó tareas de guerra conjuntas con Montoneros.


No había día en que los diarios no informaran acerca de los atentados terroristas tanto a unidades militares como a instituciones civiles.

En tanto, el gobierno nacional, en medio de una situación pre-anárquica en un país en grave riesgo de ser segregado, tras varios fracasos y bajas tenía previsto en lanzar una drástica respuesta militar de guerra prolongada y para tal fin, el día 5 de enero de 1975 (del que hoy se cumplen exactamente 41 años), se envió a un avión del Ejército al corazón de la selva para efectuar tareas de reconocimiento, pero la nave nunca regresó: dicho avión fue derribado por el ERP a través de un fusil lanzamisiles de origen ruso y murieron 13 oficiales[1].

 La noticia fue catastrófica para el Gobierno, quien seguidamente apuró el lanzamiento semanas después del “Operativo Independencia”, ordenándole a las Fuerzas Armadas entrar en guerra y aniquilar a través de operaciones de combate el accionar de los elementos subversivos obrantes en Tucumán.


Uno de los tantos aviones atacados por el terrorismo en Tucumán. En la foto, un C-130 de Gendarmería totalmente destruido durante la guerra revolucionaria que durante los últimos doce  años se quiso silenciar.

Durante los primeros tiempos, dicho Operativo fue encabezado por el General Acdel Vilas. No es casualidad que dadas las condiciones de una guerra que por imposición del bando atacante siguiera a pie juntillas la experiencia vietnamita, meses después fuera convocado a comandar el Operativo el General Antonio Domingo Bussi, quien fuera entrenado precisamente en Vietnam en 1968. Nunca se imaginaría Bussi que casi un lustro después, todo lo allí aprendido debería aplicarlo en su país, ahora no como aprendiz y espectador, sino como protagonista y conductor. Tanto sea por el lado de la guerrilla como por el de las fuerzas legales, el emblema de Vietnam sobrevolaba Tucumán (el corazón de la guerra revolucionaria) y por añadidura el resto del país.


El Gral. Antonio Domingo Bussi revistando sus tropas, las cuales tras dos años de combates lograron aniquilar el terrorismo en Tucumán.

Los documentos, los dramáticos testimonios, el fanatismo ideológico, la estructura sectaria del ERP, los combates, los objetivos, el nexo con tropas guerrilleras extranjeras, la vida en los campamentos terroristas, el apoyo de Montoneros, el Operativo Independencia, la respuesta militar, la lucha por ganar el consenso de la población, los enfrentamientos terrestres, aéreos y todos los detalles de esta dramática guerra, constituyen el objeto de análisis de un libro que yo publicara hace ocho años, y que ahora relanzamos en edición limitada para interés del lector.



“EL VIETNAM ARGENTINO – LA GUERRILLA MARXISTA EN TUCUMÁN” de Nicolás Márquez.




[1] Notas: en el avión derribado murieron  Gral. De Brigada Enrique Eugenio Salgado, Gral. De Brigada Ricardo Agustín Muñoz, Cnel. Eduardo Wilfredo Cano, Tte Cnel. Oscar Rubén Bevione, Tte. Cnel. Pompilio Shilardi, Tte. Cnel. Pedro Santiago Petrecca, Mayor Roberto Dante Biscardi, Mayor Pedro Antonio Zelaya, Mayor Héctor Abel Sanchez, Mayor Aldo Emilio Pepa, Capitán Roberto Carlos Aguilera, Tte. Primero Carlos Eduardo Correa y Sargento Primero Aldo Ramón Linares

martes, 13 de diciembre de 2016

Terrorismo: La Guardería, Cuba colabora con criminales argentinos

La Guardería: historia de los hijos de la "Contraofensiva" montonera
Claudia Peiró - Infobae

Entre 1979 y 1983, los militantes de la organización que regresaban clandestinos a la Argentina dejaban a sus niños en La Habana, Cuba. Un documental de Virginia Croatto reconstruye esa insólita experiencia


Niños en la guardería montonera en La Habana, Cuba (c.1980). Vestidos con el impresentable uniforme revolucionario con el que adoctrinan a los niños en la dictadura cubana

La Guardería es una película hondamente emotiva porque lo que cuenta es real y los protagonistas son niños; o más bien adultos que recuerdan hoy aquello que vivieron como niños. El documental, ópera prima de Virginia Croatto, está actualmente en cartel.

Su directora es también parte de la trama. Ella misma vivió en la Guardería montonera de La Habana entre 1980 y 1983. Su madre, Susana Brardinelli, era la encargada del lugar.


Virginia Croatto, la directora del film, junto a su madre, en la guardería montonera en La Habana

Entre 1979 y 1983 varias decenas de niños, hijos de miembros de Montoneros, vivieron en esa guardería al cuidado de otros cuadros de la organización, a la espera del azaroso regreso de sus padres. Croatto reconstruye esa historia a través del recuerdo que sus compañeritos, hoy adultos y padres a su vez, tienen de aquellos años. La Guardería suple bien la penuria de material gráfico –sólo hay algunas pocas fotos de aquella casa que funcionó como hogar para los hijos de los montoneros que volvían en la llamada Contraofensiva-, combinando imágenes de Buenos Aires y La Habana, de época y actuales, y, sobre todo, dibujos infantiles y objetos que reconstruyen aquel mundo según la óptica infantil de los habitantes de La Guardería, cuyas edades iban de los pocos meses hasta los 11 o 12 años.


La Guardería combina testimonios con animaciones que recrean un clima infantil

Estéticamente, la película es impecable. Y es inevitable no conmoverse con la inocencia que trasuntan algunos recuerdos: "Queríamos inventar una máquina que devolviera la vida", dice una de las protagonistas, con la voz quebrada.

"Sabíamos que cuando los padres se iban podían no volver", reconoce otra. Recuerdan que no usaban la palabra "desaparecido", sino "caído": "Cayó" podía significar que había muerto o había sido ilegalmente secuestrado lo que, lamentablemente, auguraba un fatídico destino en la gran mayoría de los casos.

El documental se enhebra con grabaciones de conversaciones y canciones infantiles (hechas en cassettes, la tecnología de ese tiempo; ver video a continuación) y con la lectura en off de las cartas de los padres hablándoles a sus niños de sus ideales, del mundo más justo que les quieren brindar y por el cual luchan, de que esa militancia es el mejor legado que les dejan; cartas-despedidas, cartas-testamento... "Ahora mi mamá está desaparecida como la tuya", les anuncia una de ellas a los demás, con esa naturalidad con la cual los niños toman la vida. Pero, admiten hoy, "todo el tiempo estaba eso de felicidad y tristeza".


Como Benjamín Ávila en la excelente Infancia clandestina, Virginia Croatto eligió contar –sin juzgar- desde el punto de vista infantil ese mundo tan peculiar, de niños dejados por padres que parten a la lucha, que les prometen volver, pero no les ocultan los riesgos; de hecho algunos de ellos ya eran huérfanos, como la propia realizadora de la película, cuyo padre, Armando Croatto, había muerto en un enfrentamiento junto a otro jefe montonero, Horacio Mendizábal, el 19 de septiembre de 1979, en Munro.

Cuando empezó a preparar este documental –hace varios años ya que fue un viaje largo, como suele suceder con temas que tienen que ver con la propia, dolorosa, experiencia- Croatto expresó en alguna entrevista el temor a una lectura "peligrosa" del film, la de que sus padres fuesen criticados por esa decisión de dejar a los hijos para venir a Argentina, "sin entender el contexto de ese momento".

No hay duda de que transmitir el clima de una época a quien no la vivió es lo más difícil, el mayor desafío de cualquier relato del pasado. En estos ex niños de la guardería montonera se nota un esfuerzo de comprensión de lo que hicieron sus padres. Aunque aparece el reproche, incluso la pregunta sobre por qué tener hijos en semejante contexto, no se ve rencor en ellos, al menos en los que aparecen en la película.

Pero, a más de 30 años de esos episodios –y esta reflexión excede a La Guardería, desde ya, puesto que la película no se propone eso-, es inaceptable la ausencia de reflexión autocrítica por parte de los sobrevivientes de aquella generación en torno a una política de la que estos niños y muchos otros fueron víctimas.

Los apellidos de estos chicos –Perdía, Yager, Olmedo, Zverko, Binstock, Montoto Raverta- remiten a uno de los episodios más oscuros de la historia montonera.


Un grupo de niños en la guardería de La Habana con sus cuidadores

"Creo que la Contraofensiva fue un error", dice Virginia Croatto, que hoy tiene 39 años. Pero fue mucho más que eso. Fue un crimen, una operación suicida por la cual la conducción montonera envió al país a los escasos cuadros que habían sobrevivido a la masacre de los años 1976/77. Luego del golpe de Estado, la organización Montoneros no modificó su riesgoso funcionamiento ni hizo nada por preservar la vida de sus militantes –pese a las advertencias y propuestas formuladas por algunas corrientes internas, en particular la que representaba Rodolfo Walsh-. Mario Firmenich y otros jefes se pusieron a salvo en el exterior. Desde allí, profundizaron aún más el delirio y decidieron lanzar una "contraofensiva" consistente en operaciones militares de espectacularidad. Esa propuesta provocó, en febrero de 1979, una primera escisión en la organización, liderada por Rodolfo Galimberti y Juan Gelman, que salvó la vida de varios cuadros. Pero la conducción montonera siguió adelante, utilizando el influjo que aún tenía sobre tantos militantes que sentían culpa por haber sobrevivido –"la organización era la Iglesia", escribió por ejemplo José Amorim, uno de los fundadores de Montoneros, describiendo muy bien la clase de compromiso que se establecía y por qué era tan difícil romperlo- para enviarlos de vuelta al país a una muerte casi segura. Los militares conocían de antemano la identidad de las personas que iban a volver al país. La madre de dos de los protagonistas de La Guardería, Mónica Pinus de Binstock, desapareció en el mismo vuelo de regreso al país.

En la primera oleada de la contraofensiva, en 1979, cayeron unos 40 militantes. Pese a ello, se organizó una segunda. Esta vez, la mayoría de los cuadros ni siquiera logró ingresar al país. Los estaban esperando en la frontera. Y los que pudieron entrar, fueron capturados poco después: los esperaban en depósito de muebles donde guardaban las armas. La conducción montonera sabía que varios de esos escondites ya habían caído y pese a ello no modificó los planes. El saldo fatal fue de 80 en total.


En las dos contraofensivas montoneras (1979 y 1980) cayeron 80 militantes

"En la contraofensiva no murieron más de 20 o 22 compañeros", mintió sin embargo años después, en 2003, Mario Firmenich en una entrevista con Cristina Zuker (hermana de uno de los caídos en esa operación). Y cuando ella le rebatió ese número, la réplica fue canalla: "¿Y qué? Nosotros nunca tuvimos la voluntad de dejar de luchar. ¿Y en el '76, en el '77? Caían siete compañeros por día. La contraofensiva es un juego de niños al lado de eso".

Cuando en 2003, el juez Claudio Bonadío quiso investigar la responsabilidad de los jefes montoneros en las caídas en la Contraofensiva, y encarceló a Fernando Vaca Narvaja y Roberto Perdía y pidió la captura de Firmenich (que estaba en Barcelona), los organismos de derechos humanos y los familiares de las víctimas se abroquelaron en su defensa, lo que habla a las claras de la dificultad para aceptar la dolorosa verdad sobre esos hechos: la connivencia, la colusión, entre la política de la cúpula montonera y la represión ilegal.

Para los niños del documental de Croatto, Firmenich, Perdía y Vaca Narvaja eran los "tíos" que los visitaban en La Guardería....


Firmenich (centro) y Vaca Narvaja (al fondo con bigote), en la guardería montonera, con los niños a cuyos padres habían enviado a una operación casi suicida. Enorme asco.

Cristina Zuker también recogió el testimonio de Elvio Vitali, ex militante montonero, ya fallecido: "Se jugaba mucho con la culpa de los compañeros que estaban en el exilio en relación con los que estaban muertos; todas marranadas que fueron planificadas por la conducción. La contraofensiva estaba toda infiltrada, todos sabían que nadie tenía chance de sobrevivir, que era una muerte anunciada. No había ningún tipo de explicación sensata, racional, para lo que hicieron."

LA CONTRAOFENSIVA SÓLO SIRVIÓ PARA AUMENTAR LA YA ABULTADA LISTA DE MUERTOS DE MONTONEROS

Una claridad que no es la de los cuadros supérstites de la organización hoy que prefieren refugiarse en la exaltación acrítica de aquel pasado, para eludir la reflexión sobre sus propios errores y responsabilidad. No es fácil aceptar que el sacrificio de tantos cuadros fue en vano. Que la Contraofensiva solo sirvió para aumentar la ya abultada lista de muertos de la organización, entre ellos, muchos de los padres de los niños de La Guardería.

Algo de esa desazón asoma en el film cuando sus protagonistas evocan un regreso que no fue al país que les habían contado, sino uno en el que, en la transición de la dictadura a la democracia, no podían hablar abiertamente de sus padres y de su lucha.

"Un concepto clave para nosotros fue que los grandes no nos mintieran. Se explicaba todo –recordó Virginia Croatto en una entrevista-. Como para que lo entienda un chico, pero siempre con la verdad. Para los más pequeños, era algo que se acercaba a los términos de La vida es bella, o sea algo más fantasioso, o entre la realidad y la imaginación. Para los más grandes, era una explicación más real".


La guardería montonera funcionó en La Habana entre 1979 y 1983

Y es cierto que nada es peor que la mentira. Pero la verdad que les dijeron de niños está enmarcada en ese mismo delirio del que hablaba Vitali y es tan ajena a la realidad como si fuese una mentira.

"(En Cuba) era como si estuviéramos resistiendo en el País de Nunca Jamás para volver algún día al paraíso", recuerda Virginia Croatto. "Había como un cuentito que en Cuba creíamos que era real".


Virginia Croatto, directora del film documental La Guardería, otra víctima de Montoneros

Perón decía que las organizaciones no valen por su número sino por la calidad de sus dirigentes. Escuchando a estos ex niños evocar hoy a sus padres, es inevitable sentir indignación ante tanto coraje y desprendimiento inescrupulosamente manipulados e inútilmente sacrificados.

"Uno quisiera que ciertas cosas no hubiesen pasado", dice uno de los protagonistas. Y es el sentimiento que le queda también a cualquiera que se vuelque al repaso de esos episodios con honestidad intelectual.

LA DE MONTONEROS EN LA HABANA DEBE HABER SIDO LA GUARDERÍA MÁS CARA DEL MUNDO

Queda para la historia del disparate –pero de esto no puede responsabilizarse a Virginia Croatto- la reacción de algunos comentaristas –periodistas militantes- que ven esta guardería en La Habana como una expresión de "la solidaridad del Estado cubano con aquellos luchadores antidictatoriales". "Los cubanos fueron muy generosos", se llegó a decir. Además de que está ampliamente probado el alineamiento internacional de Cuba con la dictadura argentina –por orden de Moscú- (ver: En 1976 Fidel Castro abandonó al hermano del "Che" Guevara mientras el Vaticano pedía por él) la de los montoneros en La Habana debe ser la guardería más cara del mundo, si se considera que el régimen castrista se quedó con varios millones de dólares 30 dicen algunos- del botín montonero. Varios países "capitalistas" recibieron a muchos más exiliados argentinos que Cuba, y lo hicieron gratis.


Armando Croatto, un completo irresponsable, carne de cañón de la llamada Contraofensiva montonera

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Guerra Antisubversiva: Una carta para una hermana desaparecida

Conmovedora carta del hermano de una desaparecida
Prensa Republicana


Hace 40 años desaparecía Julia Elena…Por Santiago Lozano

Hace 40 años…………..como pasa el tiempo, fue la ultima vez que vimos a mi hermana Julia Elena, salio ese día a sus trabajo en un Juzgado Comercial de Callao, yo estaba terminando 5° año de la secundaria. Un cruce rápido con el cafe del desayuno, no muchas palabras, habíamos discutido por Vietnam el día anterior, ella defendiendo la revolución y yo condenando el genocidio de los comunistas de Hanoi.




En la agenda de Julia ya había muchos vacíos de montoneros “cipayos comunistas procastristas, prosovieticos” caídos, y recuerdo que alguna discusión tuvimos.
Pero ese día desapareció.
Una lucha incansable de papá y mamá buscándola, a ella o sus restos mortales, aceptando la terrible guerra civil que los terroristas habían iniciado hacía ya años.
De alguna forma mi espíritu y conciencia liberal conservador desperto en esos años con fuerza, me alejo de amistades que considere frívolas, que hoy miro atrás y entiendo esa bifurcación de los que prefieren no ocuparse de la república y la democracia”.
En esos años sufrí 2 detenciones y cada vez “pesaba” ser hermano de una desaparecida.
Años después vi “Missing” my no dormí por varios días.
Admiro y amo a mis padres que jamás se resintieron, odiaron, siguieron adelante intentando sonreír cada día, ocultarnos su dolor y llanto muchos años.
Al revés los K con su mentira, su falsa justiciera, revivieron odios, engendraron una historia falsa. Mamá ya estaba sola y en silencio volvió a revivir su dolor y destrozo su salud. Pero ella no dejo de sonreír y ocuparse de los vivos, de vivir en paz y con amor.
Un día me dí cuenta de lo enorme de su amor y su fe, de su paz. También de como hay algo dentro de cada madre increíble, un vinculo a sus hijos, será que los llevaron en la panza, que el parto es de ellas, que es de una fuerza y amor que como hombre admiro.
Y vi en la lucha de años de Papá por saber y llegar a una paz, si la puede haber, su amor de padre, marido, y por la justicia.
40 años de la desaparición de Julia pegan…………….pegan, pegan mucho,
Pasaron y aun pasan muchas cosas.
Hoy especialmente deseo que haya paz y reconciliación, que cese el odio y la falsa justicia, la tuerta. Aun en sus errores Julia quería una sociedad más justa, y no hay justicia cuando se juzga a los agredidos, que más allá de sus excesos y atrocidades no empezaron la guerra civil, la enfrentaron.1 O se juzga a todos o nos amnistiamos todos.
Los que tenemos heridas necesitamos paz para curarlas. Los que salieron sin heridas necesitan que no los contamine una época de guerras atroces lanzadas en nombre de una supuesta revolución que prometía mucho y solo dio gulags, islas prisión como Cuba de los Castro, genocidios, y todo ello generó una reacción igualmente violenta.
Nada devolverá la vida a Julia, ni aliviará el dolor que pasaron Papá y Mamá. Ni el de muchos miles más de un lado y del otro, Tal vez solo tal vez ayude a terminar una dolorosa historia, y un escandoloso negociado de la izquierda.

martes, 15 de noviembre de 2016

Inteligencia: Firmenich como doble agente

Firmenich, Montoneros y Militares 
La historia del doble agente 


El periodista norteamericano Martín Edwin Andersen lanzó la primera piedra hace unos pocos años, cuando revistaba como corresponsal de Newsweek en la Argentina. Ahora, desde las páginas del semanario The Nation, que se edita en Estados Unidos, vuelve a la carga con la misma inquietante afirmación: el líder montonero Mario Firmenich comenzó a cooperar con los servicios de inteligencia militares a partir de 1973, preocupado por el definido viraje a la izquierda de su organización. La versión ha sido refutada por otros investigadores del tema y suscitó las iras del ex fiscal de San Martín, Juan Romero Victorica. No obstante, subsisten interrogantes que no hallaron aún la debida respuesta. 

Los viejos Montoneros no quieren ni oír decir que su jefe de la década anterior pudo ser un agente doble dirigido desde las sombras por la contrainteligencia militar. Los uniformados reaccionan con indignación ante la menor insinuación de que los Montoneros cumplieron algún papel bajo control militar, tal como atizar las contradicciones políticas y favorecer determinados objetivos, aunque para ello debieran matar a jefes y oficiales de las tres armas.

 

En este peligroso escenario de rechazos por doble vía, el periodista norteamericano Martín Edwin Andersen tuvo la ocurrencia, la semana pasada, de resucitar el tema más polémico de todas las investigaciones que realizó durante su estancia en la Argentina. La tesis ya había sido anticipada hace algún tiempo en el semanario Expreso, de Buenos Aires, y ahora fue nuevamente elaborada para la revista The Nation, en los Estados Unidos. 

Mario Firmenich, escribe ahora Andersen, fue un agente doble que trabajó para el Ejército Argentino a partir de 1973, cuando advirtió que el movimiento guerrillero nacionalista que comandaba empezó a inclinarse cada vez más hacia la izquierda. 

Andersen dice haber recibido la primera noticia de la singular situación de boca de un diplomático norteamericano, quien sabía que al jefe de los Montoneros "lo manejaba un coronel del Batallón de Inteligencia 601". Como reconocimiento a esta labor, el coronel fue ascendido a general y pasó a dirigir en persona la inteligencia militar, agrega. 

Andersen fue rápidamente desmentido por el ex fiscal de la Cámara Federal de San Martín, Juan Romero Victorica, quien se precia de haber obtenido para Firmenich una pesada sentencia. Entre los Montoneros sobrevivientes el silencio ha sido estricto. En realidad, ellos ya habían contestado a Andersen cuando éste publicó por primera vez su investigación. 

La situación del periodista norteamericano es de una extraordinaria incomodidad, a pesar de que muchos de quienes lo conocen no lo creen un embustero y admiten que su fuente es seguramente genuina. La incomodidad nace del hecho de que Andersen no puede mencionar con nombre y apellido a sus fuentes, ni al diplomático ni al jefe de la estación de la CIA en Buenos Aires, quienes sin duda conocían los entresijos de la formidable confusión de aquellos años. 

La imposibilidad de identificarlos lo coloca en inferioridad de condiciones para defender su trabajo, que a partir de ese momento se sostiene únicamente en la palabra del autor. 

El espacio donde Andersen se mueve es además muy poco elástico. Por las razones apuntadas al comienzo, es dudoso que reciba aportes de los Montoneros contra su jefe, y también es problemático que los militares lo ayuden a probar que existió un contrato secreto entre sus propios servicios de inteligencia y los guerrilleros que aquellos combatieron. 

El estruendo causado por la bomba periodística de Andersen, de todos modos, tardará en apagarse. Es natural, en tiempos electorales. Pero el hecho de que la bomba pueda explotar dos veces reveló que es estos días existe una sensibilidad especial dentro del país para mirar con otros ojos las investigaciones que llevan hacia esa zona tenebrosa donde los servicios de contrainteligencia puedan llegar a entenderse con sus enemigos de superficie. 

Uno de los nudos en los que Andersen ha centrado su serie de razonamientos es el episodio real de 1975, donde sin duda alguna se reunieron físicamente agentes de inteligencia y montoneros. 

Una casa sospechosa. El cinematográfico episodio que permitió a los Montoneros celebrar una conferencia de prensa dentro de una "casa de seguridad" de la inteligencia militar, el 20 de junio de 1975, también fue investigado por el periodista argentino Juan Gasparini, quien reside en Ginebra, donde ejerce la cátedra universitaria. Gasparini conocía la historia desde antes que Andersen la escribiera por primera vez, y posteriormente la investigó recurriendo a sus propias fuentes. Dos hombres de la SIDE, los cuñados Rodolfo Silchinger y Nelson Romero, utilizaban la casa de Libertad 244, en Martínez, como lugar de reuniones y para encerrar a víctimas de secuestros extorsivos. La casa era propiedad de Romero, quien vivía allí con su mujer, Laura Iche. En noviembre de 1974, los agentes de la SIDE mantuvieron secuestrado allí al joven José Poliseki, a quien terminaron asesinando, cuando no recibieron el rescate exigido a su padre, “un mediano industrial”. Dice Gasparini que estos dos agentes de la SIDE estaban realmente dentro de la casa cuando Firmenich citó en ella a la prensa, para presentarles a Jorge Born y poner término a la extorsión en su contra. 

Gasparirá, que estaba vinculado orgánicamente a los montoneros, afirma haber reconstruido el hecho apelando a "fuentes que no merecen duda, de írreprochable honestidad", para concluir que "la versión de Andersen debe, en parte, rectificarse”. 

Según la versión corregida por Gasparini, la casa de Martínez fue efectivamente alquilada por los Montoneros, pero en respuesta a un aviso comercial fijado en la pared de una confitería de la calle Maipú, en el centro de Buenos Aires y sin que mediara vinculación anterior de ninguna clase, Los Montoneros, bajo la cobertura de una empresa que se disponía a festejar un acontecimiento propio, la alquilaron para la reunión de Firmenich, Born y la prensa. Los testimonios de Gasparini recordaron que unos minutos antes de que Firmenich entrara en el edificio, Laura, la mujer del agente Romero, salió a buscarlo, lo encontró con Silchinger y los tres penetraron en la casa donde ya estaba armado el tinglado de la conferencia de prensa. El grupo armado que esperaba a Firmenich reaccionó ante la novedad inmovilizando a las tres personas, hasta que concluyó el acontecinúento. 

La "casa de seguridad" no sería, de acuerdo con Gasparini, exactamente eso sino una discreta residencia donde los dos agentes realizaban sus propios negocios. Sin embargo, Gasparini llama la atención sobre la única reacción ofrecida por Firmenich a la divulgación del episodio, que consistió en una declaración a través de su abogado, Mario Montoto, quien desvió la responsabilidad por haberla alquilado a los periodistas Francisco Urondo y Luis Guagnini. "De hecho (Montoto) dio pie a pensar que, si hubo infiltración, la responsabilidad cabía a los dos mencionados que, obviamente, no pueden responder” fue el comentario de Gasparini, aludiendo a la muerte de ambos. 

"Lo real es que ni Urondo ni Guagnini conocían a Romero y a Silchinger por otros motivos", agrega, atribuyendo a una coincidencia fortuita la superposición física de agentes de inteligencia y Montoneros. 

Para Gasparini, el fiscal Romero Victorica pudo haber contribuido a que la tesis de Andersen se construyera con datos de la pesquisa, lo que de todos modos resulta menos probable, dada la inquina que aquel le profesa al periodista norteamericano. En cuanto a la explicación de Firmenich, a través del abogado, Gasparini la considera "remiendo infeliz ". Gasparini está convencido de que "los Montoneros no fueron destruidos por infiltración de los servicios de inteligencia militar". 

La reescritura de Gasparini es, entre tanto, también incompleta. En noviembre de 1986, cuando la Cámara Federal confirmó las condenas de prisión contra tres agentes de inteligencia acusados de secuestros extorsivos y de la muerte de Poliseki, no solamente mencionó a los siniestros cuñados Silchinger y Romero. También aparecieron los nombres del comandante general de Gendarmería Guillermo Francisco Correa y del coronel Carlos Abel Godoy. Correa era el jefe del grupo de tareas donde trabajaban los agentes; posteriormente, escaló hasta ser jefe de policía de la ciudad de Tucumán y más adelante desempeñó la dirección de seguridad de la Univesidad Nacional del Sur. Además de Silchinger, los otros dos agentes condenados fueron Alejandro Omar Huss y Juan Carlos Alberto Chirico, éste último hasta un máximo de 23 años, ya que en diciembre de 1984 había merecido otra condena, de 12 años, por hurtos y robos reiterados. Silchinger logró una absolución por el homicidio calificado de Poliseki, en tanto que Huss recibió sentencia de 15 años. 

La idea de que los agentes secretos trabajaban con cierta libertad de acción, y hasta alquilaban para reuniones sociales la finca de Martínez, pierde consistencia después de leer aquellas actuaciones del "Caso Poliseki". Los militares Correa y Godoy fueron sobreseídos porque existió para los jueces una duda con respecto al crimen de Pobseki. Pero en ningún momento hubo vacilaciones sobre la relación de dependencia que unía a estos jefes militares con los criminales, unión que se verificaba en actividades de inteligencia en Buenos Aires y en Tucumán. El comandantes Correa, superior de éstos, concurría habitualmente a la finca y su conexión con esta historia surgió de su presencia en ella, a fin de individualizar a otro secuestrado por sus subordinados, a quién se le imputaba actividad subversiva. Esta concurrencia probada de Correa al lugar, hace mucho más verosímil la creencia de que se trataba de una “casa de seguridad” de la inteligencia militar, y no de una propiedad que agentes explotaban por cuenta propia. 

También el periodista Pablo Giussani, que cubrió la conferencia de prensa de Firmenich y Born en la “casa de seguridad”, esbozó sus dudas sobre la situación. “¿Qué significa éste nexo?”, escribió Giussani, ¿Denota sólo un episodio de infiltración, común en las organizaciones guerrilleras?, ¿O está indicando una vinculación más articulada y profunda?”. Lo que más llamó la atención de Giussani fue que la Cámara Federal, para absolver al comandante general Correa, había comprobado antes que éste interrogó a otro recluso en la “casa de seguridad” un año más tarde que a Poliseki. “Esto lleva a inferir que la conferencia de prensa se produjo en una casa que continuaba funcionando normalmente como base de operaciones represivas”, agregó Giussani, quién preguntó entonces “¿Es imaginable que pueda ocurrir semejante cosa sin que haya algún tipo de relación entre los dos grupos de usuarios del local? 

Un fiscal enojado. La ojeriza del fiscal Romero Victorica contra Andersen fue famosa en la época en que el periodista norteamericano residía en Buenos Aires. Aunque ambos se proponían acabar con Firmenich, uno mediante una larga condena y el otro demostrando su condición de agente doble, parece que a Romero Victorica le disgustaba la insistencia de Andersen en que había una suerte de contrato secreto entre los militares de inteligencia y el jefe de los Guerrilleros. 

Esta hipótesis enfureció a Romero Victorica, vinculado por lazos de familia, tanto con la magistratura como con las fuerzas armadas. El fiscal pertenece al cenáculo de católicos integristas radicado en Bella Vista, provincia de Buenos Aires, donde hacen los trabajos prácticos para iniciarse en política los adolescentes de la revista Cabildo. La prehistoria de Firmenich, cuando frecuentaba personalmente a estos mismos cenáculos, es uno de los misterios dolorosos de la derecha argentina. Ellos prefieren aceptar la apostasia de Firmenich antes que su actividad como agente doble. Romero Victorica está casado con Inés Aguirre, cuyo padre, el general de caballería Julio Aguirre, fue uno de los compañeros de Juan Carlos Onganía en el golpe de 1966. 

La irritación de Romero Victorica contra las extemporáneas interpretaciones de Andesen llegó a ventilarse desde las radios argentinas y dio lugar a situaciones divertidas y acciones judiciales por agravios a terceras personas. 

El fiscal insistía en sus avinagrados diálogos sobre Andesen y en negarle hasta la condición de periodista. Un fragmento de una entrevista efectuada por Radio Continental, el 13 de febrero de 1987, permite ver la hostilidad que lo dominaba: 

Romero Victorica: -Yo no entiendo, no entiendo nada. Hay un señor Andersen, un periodista, un pseudo-periodista, que dice que es periodista de Newsweek. 
Radio Continental: -¿El señor Andersen? 
Romero Victorica: -Andersen. Si usted lo tiene un día cerca pídale su credencial de Newsweek a ver si la tiene actualizada. 
Radio Continental: -¿Ud. cree que no es? 
Romero Victorica: Bueno, usted pídasela. 

Esta semana, EL PERIODISTA volvió a preguntarle al fiscal su opinión sobre Andersen, confiando en que el paso del tiempo podía haberla amortiguado. No fue así, como puede apreciarse: 
"Para mí, Andersen es un tema concluido, yo no quiero hablar más sobre ese señor, ya he dicho lo que pienso y es un tema totalmente agotado, sin ningún interés para la función que estoy desarrollando. ¿Sabe una cosa? No hay que dar por el pito más de lo que el pito vale... pero... éste señor es un prófugo de la justicia, sí, un prófugo de la justicia argentina, tiene una causa pendiente por calumnias e injurias. Es un fabulador, que en algún momento se refirió a algunas canaletas sucias de hechos que se estaban investigando para desorientar las investigaciones. Es una persona que se ha portado muy mal conmigo...” 

Romero Victorica, entre tanto, en declaraciones radiales rememoró algunos libros donde se acusa a Firmenich con argumentos parecidos a los de Andersen, aunque explicó que no podía garantizar su veracidad. En la opinión del fiscal que pidió la máxima pena para Firmenich, lo importante es que éste cumpla la condena de 25 años de cárcel, aunque teme que algún gobierno llegue a amnistiarlo en el futuro. 

En cuanto a Andersen, su polémica con Romero Victorica lo llevó a distribuir una biografía en inglés donde consta que, a los 33 años de edad, ha sido corresponsal de Newsweek y del Chicago Sun Times en Buenos Aires, que sus artículos se publicaron regularmente en Washington Post, The Nation, Toronto Globe and Mail, Miami Herald y otros diarios de Estados Unidos, habiéndose desempeñado dentro de su país en The News, de Paterson, New Jersey y Madison Press Connection. 

Aunque sin duda con razones menos personales que el ex fiscal Romero Victorica, el abogado Fernando Torres, defensor de Firmenich, coincidió en que "la denuncia no tienen ningún peso". Para reforzar la descalificación, Torres citó sin embargo al ex fiscal. “Hasta Romero Victorica saliló a desmentirlo a Andersen", dijo, tal vez olvidando que la pasión del ex fiscal sigue siendo acumular sus desmentidos a lo que escribe el norteamericano. Torres no logra explicarse por qué la cuestión salió otra vez a la superficie y dijo que "la mesa política de Firmenich había decidido en el primer momento darle un tratamiento exclusivamente político al asunto, pero después resolvió no darle importancia ". 

Sin embargo, es posible que las reacciones provocadas por Andersen alcancen una magnitud mayor de la que supone el abogado de Firmenich. En todo caso, la palabra final volverá a tenerla el mismo Andersen, quien anuncia su libro Black Terror: Argentina's Desaparecidos and, the Myth of the Dirty War (Terror Negro: Los Desaparecidos de Argentina y el Mito de la Guerra Sucia), que publicará la editorial Addison-Wesley, de Massachusetts. 

Referencia: 
Revista El Periodista - Año 5 - Numero 232 - Marzo 1989 - Por BENJAMIN VENEGAS

lunes, 10 de octubre de 2016

Che Guevara: Un resentido, asesino, comunista, homofóbico e inútil latinoaméricano

A 49 años de la muerte del "Che" Guevara, el revolucionario que también fue ideólogo económico
A casi medio siglo de su asesinato en Bolivia, el historiador Pacho O’Donnel analiza su pensamiento económico, uno de sus legados menos comentados
Por Pacho O'Donnell - Infobae


El “Che” Guevara hablando ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (Photo by Keystone/Getty Images)

El 9 de octubre se cumplen 49 años de la muerte de nuestro Ernesto "Che" Guevara, a quien se lo recata como combatiente y no, injusta y sospechosamente, como teórico político y económico. Ello surge de estos apuntes de un diálogo con Orlando Borrego, estrecho colaborador del "Che" cuando fue ministro de Industrias y presidente del Banco Nacional como integrante del Gobierno de Fidel Castro.

El "Che" estaba muy preocupado por el tema de la burocratización. Era un fenómeno del que teníamos cierta información y presumíamos que podía ser un mal que afectara a la dirección y a la administración socialista. Así había sucedido en la Unión Soviética. El "Che" estuvo muy preocupado por eso, no porque entonces en Cuba hubiese un desmesurado desarrollo de la burocracia pero le preocupaba, por ejemplo, que el acomodamiento de funcionarios pudiese afectar la eficiencia de la revolución. Pero también advertía sobre lo que supuestamente era el antídoto de lo burocrático: un cierto criterio de cuestionamiento a la dirección por un mal entendido principio democrático de imposibles consensos e interminables asambleísmos que diluían las responsabilidades en la marcha de los centros de producción a favor de la prédica demagógica de cierta dirigencia sindical que lo enmascaraba como una mayor participación de los trabajadores en la toma de decisiones.

Esto se relaciona con la conciencia que él tenía de los sacrificios que la revolución iba a demandar a la clase obrera. El 12 de febrero de 1959, resaltaba por televisión el ejemplo de los obreros azucareros, a quienes se les pidió que postergaran un merecido aumento del 20% al 30% en sus salarios para no complicar las ya complicadas relaciones salariales heredadas de la tiranía. En ese mismo discurso, explicó que las medidas reformistas en una agricultura en la que dos mil dueños de finca poseían el 50% de la tierra, mientras que el otro 50% se lo repartían 150 mil pequeños propietarios no podía desligarse del indispensable desarrollo industrial. En cuanto a este, la prioridad era instalar fábricas que permitieran la sustitución de importaciones para ahorrar divisas, y mientras mejores fuesen las posibilidades de exportación, mayor sería el apoyo.

Ya en 1959, opinaba sobre el Fondo Monetario Internacional, criticaba a quienes ponían esperanzas en su apoyo crediticio: "El FMI cumple la función de asegurar el control de toda América Latina por parte de unos cuantos capitalistas que están instalados fuera de sus países. Los intereses del FMI son los grandes intereses internacionales que hoy parece que están asentados y tienen su base en Wall Street". ¡Eso lo escribía hace casi cincuenta años!

El "Che" teórico abordó algunas de las cuestiones que por entonces el economista norteamericano John Bellamy había desarrollado y elaboró lo que en Cuba se llamó oficialmente el sistema presupuestario de financiamiento. De la misma manera que el autor norteamericano hablaba del dinero algebraico, el "Che" sostenía como una premisa fundamental en su esquema teórico el uso del dinero como dinero aritmético y la no utilización del crédito bancario. Insistía, además, en que eran inconcebibles relaciones mercantiles dentro del sector estatal de una economía socialista como preconizaba Moscú y acataban las economías satélites. El "Che", en cambio, puso en práctica la centralización de la producción. Lo definía con pocas palabras, señalando que entre las empresas socialistas no puede haber tránsito de mercancías, porque no hay cambio de propiedad. Un tema complejo y polémico al cual el Che dedicó gran parte de su actividad teórica, en oposición a los criterios soviéticos que ponían en práctica lo opuesto.

Para él, el modelo de dirección a aplicar en Cuba estaba organizativamente cercano al utilizado en aquellos años por los monopolios capitalistas, más orientado a la centralización que a la descentralización propuesta por el sistema soviético que propugnaba la competitividad entre las empresas estatales. En esa dirección, en Cuba se centralizaron los fondos en efectivo de todas las empresas administradas por el Estado en el Fondo Central en el que todas las empresas depositaban sus ingresos y recibían de allí los recursos necesarios para su desenvolvimiento de acuerdo con las prioridades fijadas por la planificación. Esto resolvía el problema de la carencia de fondos de algunas empresas que, por su tamaño, su falta de organización o la inexperiencia de sus administradores, no podían depender de sus ingresos. La centralización sirvió también para que los administradores tuvieran mayor exigencia en responder por la utilización de los fondos recibidos.

El "Che" tuvo un alto vuelo teórico, tanto en aspectos doctrinarios como económicos. Esto es bueno resaltarlo, porque a veces ingenuamente y otras interesadamente algunos biógrafos no advierten que su creación conceptual no se queda atrás de sus virtudes de combatiente, y enaltecer únicamente sus acciones guerrilleras es retacear la riqueza de sus aportaciones en el campo intelectual.


El “Che” Guevara marcha junto a Fidel Castro en La Habana (AP)


Preocupados en el bloque comunista por la baja productividad de sus empresas, pusieron en práctica los estímulos materiales. Según el "Che", eso correspondía nítidamente a una concepción capitalista y su hibridización en el campo socialista sólo podía conducir al desastre, como efectivamente sucedería, no sólo por razones de la economía, sino también porque pervertía la esencia moral del ciudadano socialista sin la cual el sistema no podría sostenerse.

Un concepto para él importante y decisivo era la lucha por el desarrollo de la conciencia socialista y la incorporación masiva del trabajo voluntario como un factor fundamental para el desarrollo de una economía revolucionaria. Es esa la base del hombre nuevo, esencialmente diferente y mejor al hombre envilecido por el capitalismo y sólo motivado por el afán de lucro. Él nunca negó la necesidad de utilizar estímulos materiales; es más, otorgaba, dentro de sus atribuciones, premios materiales —televisores, artículos para el hogar, viajes a Europa— en mayor cantidad de lo que actualmente se está dando en Cuba. Luchaba por erradicar la concepción, infiltrada solapadamente en las teorizaciones soviéticas, que veía a la estimulación material como el único motor de motivación laboral y el deplorable ejemplo que la sociedad de consumo da hoy planetariamente no deja dudas de que fue un visionario.

El "Che" era muy consciente de que en determinados asuntos le hacía falta conocer más y entonces se dedicaba a investigarlo; de ahí que, estando al frente del Ministerio de Industrias, llegó a la conclusión de que no tenía suficiente competencia en contabilidad. Buscó un profesor y estudió hasta convertirse en un especialista en la materia. En otro momento, percibió que los métodos económicos matemáticos podrían ser importantes para su función en la dirección económica de Cuba y se dedicó a estudiar matemáticas superiores intensivamente, hasta que un día su profesor le dijo: "Bueno, hasta aquí llegamos, porque todo lo que tenía que enseñarte ya te lo enseñé". Entonces, el Che le respondió: "Entonces sigamos estudiando juntos".

Ya en 1961, el "Che" insistía en que había que penetrar rápidamente en el dominio de ramas industriales que tendían a crecer aceleradamente y que, en definitiva, darían la impronta del próximo siglo. El acento lo ponía en la química, la electrónica, la mecánica fina y de precisión, la técnica de la elaboración de nuevos metales; tenía muy incorporada la convicción de que la electrónica era la ciencia del futuro y que constituiría una medida de desarrollo.

Entre los errores del comunismo soviético, según él, estaba el haber considerado a la cibernética como una pseudociencia reaccionaria por haberse originado en los Estados Unidos, lo que la impregnaba de implicancias filosóficas. Pero, para el "Che", el problema no estaba en la tecnología que el capitalismo había desarrollado sino en sus mecanismos de explotación del trabajo humano. Era claro que era una persona sensibilizada por esto, porque su concepto de la megaplanificación y la megacentralización estatal requerían, para su eficiencia, de estos avances cibernéticos que comenzaban a utilizarse en las grandes empresas capitalistas. El país que dominara la electrónica, insistía, sería un país de vanguardia, por eso llegó a considerar que ese debía ser un problema político fundamental en Cuba. Estos conceptos el "Che" los desarrollaba hace más de cuarenta años.

sábado, 1 de octubre de 2016

Guerra Antisubversiva: Milani le recuerda a Verbitsky su pasado de terrorista de amplio espectro

César Milani: "Horacio Verbitsky tiene que explicar su paso por la dictadura militar"
El ex jefe del Ejército dijo que el presidente del CELS se "equivocó" al juzgarlo por su supuesta participación en la represión ilegal; "Sus amigos eran oficiales superiores, ¿cómo nunca les cuestionó nada?", afirmó
La Nación


César Milani: "Horacio Verbitsky tiene que explicar su paso por la dictadura militar". Foto: Archivo 


El ex jefe del Ejército César Milani volvió a negar su supuesta participación en la represión ilegal durante la última dictadura militar y atacó al periodista y presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), Horacio Verbitsky , uno de los organismos de derechos humanos más cercanos al kichnerismo.

Milani ya se había enfrentado con Verbitsky en 2014, cuando rechazó que haya sido beneficiado con algún tipo de trato especial en las causas en su contra por la supuesta comisión de delitos de lesa humanidad. En 2013, el periodista consideró que la decisión de Cristina Kirchner de designar a Milani como jefe del Ejército era "un grave error político".


En una entrevista con Radio Con Vos, Milani insistió hoy en su inocencia, dijo que el CELS se "equivocó" al "juzgar" su causa y vinculó al periodista con ex oficiales de la última dictadura. "Creo que Verbitsky, antes de juzgarme u opinar sobre mí -especialmente, en algunas de cuestiones que dijo después sobre que yo porque tenía 21 años debería haber sabido-, tiene que explicar muchas cosas en la sociedad. En principio, tiene que explicar su paso por la dictadura militar", apuntó.


Terrorista revolucionario y terrorista de Estado Horacio Verbitsky. Foto: Archivo / LA NACION / Maxie Amena

"Sus amigos no eran subtenientes, tenían jerarquías intermedias o altas, oficiales superiores. Y no estaban en La Rioja o en una ciudad chiquita, estaban revistando en el centro del conurbano bonaerense o en la Capital. ¿Cómo eran sus amigos nunca les cuestionó nada? Tiene que explicar muchas cosas a la sociedad", agregó.


l dice que yo debería haber sabido [sobre la represión ilegal]. Mucho más deberían haber sabido los amigos de él -que hoy algunos lo siguen siendo- que tenían jerarquía, no como yo de subteniente, sino mayores, tenientes coroneles o jerarquías de oficial superior", completó.

Durante el reportaje, Milani sostuvo que "por supuesto hubo represión ilegal" durante la última dictadura, pero remarcó que él nunca vio ni tuvo "conocimiento de nada".

El año pasado, Verbitsky negó haber sido supuestamente el redactor oculto de discursos de los comandantes en jefe de la Fuerza Aérea Orlando Ramón Agosti y Omar Graffigna, integrantes de las juntas militares durante la última dictadura. De esa forma, el periodista rechazó las acusaciones publicadas en un libro del periodista Gabriel Levinas y el ingeniero Pedro Güiraldes y dijo que la documentación en que se basaron los autores era falsa.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Guerra Antisubversiva: Sentencia cuida a Perón como terrorista de Estado

La Perla y Julio Yessi: pequeña corrección a sentencias justas
Acaba de finalizar la megacausa de La Perla, Córdoba, con la condena de la mayoría de los represores. Las sentencias evitan denostar al principal líder del movimiento justicialista.
Sergio Bufano - Perfil


La Perla y Julio Yessi: pequeña corrección a sentencias justas La Perla y Julio Yessi: pequeña corrección a sentencias justas 
Foto:Cedoc

Acaba de finalizar la megacausa de La Perla, Córdoba, con la condena de la mayoría de los represores. Finalmente, luego de las declaraciones de cientos de testigos, la justicia cordobesa cierra un capítulo nefasto de nuestra historia.

El tribunal, presidido por el juez federal Jaime Díaz Gavier, agrega con justeza que el terrorismo de Estado “imperaba en nuestro país aún con anterioridad al golpe del 24 de marzo de 1976”, aunque sitúa el inicio de este terrorismo en 1975. Coincide así con la jueza María Romilda Servini de Cubría, quien en marzo de este año, al condenar a Julio Yessi a cuatro años de prisión, sostuvo que la Triple A “fue proyectada, materializada, financiada y conducida por agentes públicos, más precisamente por un ministro de la Nación”, refiriéndose a José López Rega.

Es necesario introducir una pequeña corrección en ambas sentencias. Porque contienen el mismo error: en un caso se modifica la fecha del inicio del terrorismo de Estado, y en el otro, se evita nombrar a quien designó a Yessi y ascendió a los cinco jefes de la Triple A, el entonces Presidente de la Nación General Juan Domingo Perón.

El 29 de enero de 1974, el Presidente nombró como subjefe de la Policía Federal y Superintendente de la fuerza a Alberto Villar y Luis Margaride, respectivamente. El primero había sido formado por la temible Organisation de l´Armée Secrète (OAS) en París. Ambos tuvieron activa participación en la Triple A. Poco después, el 18 de febrero, el Presidente designó a Juan Ramón Morales como comisario inspector y a Rodolfo Eduardo Almirón como inspector (decreto 562/74). Todos ellos fueron la cabeza de los escuadrones de la muerte que asolaron al país.

En el mes de mayo el plan de nombramientos continuó con el decreto 1412, firmado por el General, que nombró a Julio Yessi como presidente del Instituto Nacional de Acción Cooperativa (Boletín Oficial, 13 de mayo 1974). Con despacho, naturalmente, en el ministerio de Bienestar Social, desde donde alían los grupos armados a matar opositores. Luego, mediante el decreto 1350, ascendió a comisario general de la Policía Federal, el cargo más alto de esa institución, a su hombre de confianza, José López Rega. En los fundamentos del decreto señaló “que de los antecedentes que se acompañan resta que el hoy ministro de Bienestar Social, don José López Rega, tuvo un brillante desempeño en la Policía Federal hasta la fecha de su retiro, dispuesto el 3 de abril de 1962”.

¿Cuál es el motivo por el que dos jueces federales evitan referirse a quien nombró a los cinco jefes de una organización terrorista previa a 1976? El mismo que recorre buena parte de la historiografía cuando se trata de Juan Domingo Perón: el temor a denostar al principal líder del movimiento justicialista.

Las pruebas son tan contundentes y abrumadoras que llama la atención la obstinada decisión de salvar su imagen. Es entendible que los partidarios de justicialismo lo hagan; su adhesión incondicional trasciende los delitos que haya cometido. Pero ¿por qué la Justicia? Debe reconocerse que hubo militantes peronistas de aquella época que llegaron a denunciar la tragedia: Juan Carlos Añón, dirigente de la Regional I de la JP, afirmó en abril de 1974: “nosotros creíamos que la violencia se terminaba el 25 de mayo y eso lamentablemente no fue cierto. Juventud Peronista tuvo más muertos del 25 de mayo (1973) hasta hoy que en los últimos ocho años de la dictadura militar”.

También Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde lo reconocieron en febrero de 1974, al titular en su revista Militancia que el gobierno de Perón era cada día más gorila: “En la Argentina hay bandas de ultraderecha, por supuesto. Pero no tienen vida propia si el Estado y su aparato represivo no las apoyan. Cuando dejan de ser puramente declarativas y entran a funcionar como  “escuadrones de la muerte” es porque han sido oficializadas”.

Acerca de que las Tres A comenzaron a actuar luego de la muerte del líder, conviene recordar que el primer atentado con su firma se produjo el 21 de noviembre de 1973 contra el senador Hipólito Solari Yrigoyen, defensor de presos políticos. Entre julio y diciembre de 1973 se cometieron más de 20 asesinatos y 17 secuestros seguidos de torturas; entre enero de 1974 hasta la muerte del Presidente, hubo 38 crímenes cometidos por la Triple A y 24 secuestros de personas que salvaron su vida pero fueron cruelmente torturadas. A ello hay que sumar cientos de atentados contra diarios, imprentas, locales de partidos políticos opositores al gobierno y también de la Tendencia. Que la Justicia disimule los hechos históricos no es un buen ejemplo. Ni para los jóvenes que están estudiando leyes, ni para la sociedad que necesita conocer su propio pasado.

(*) Coautor de Perón y la Triple A, las 20 advertencias a Montoneros.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Guerra Antisubversiva: El fallido intento de copar el RI 17

Fallido intento de copamiento del Regimiento de Infantería Aerotransportada 17 

16 guerrilleros del Ejército Revolucionario del Pueblo fueron muertos en un intento de tomar una instalación militar

El intento de copamiento del RI 17 tenía por objetivo obtener armas y municiones para las tropas guerrilleras operando en Tucumán. Mal diseñada y peor ejecutada, dio lugar a la denominada por los ex-guerrilleros y sus defensores “Masacre de la Capilla del Rosario”. Previo a ser reducidos, los terroristas asesinan a un reconocido y apreciado policía catamarqueño lo que provoca una respuesta fulminante: 16 guerrilleros fueron muertos. Increíblemente hubo presencia de “tupamaros” en Catamarca. El líder del fallido intento de copamiento al RI 17, Hugo Irurzun, fue quien asesinó a Anastasio Somoza, el ex-gobernante nicaragüense asilado Paraguay (Ver entrada al blog respectiva). Irurzun fue luego muerto por la policía paraguaya y actualmente en un acto de discrecionalidad criminal sus herederos han recibido enormes sumas de dinero por parte del gobierno argentino en concepto de compensación por la muerte de este delincuente.

El intento de copamiento del RI 17 marcó un antes y un después en la guerra antisubversiva en el país.

Pero la matanza ocurrida en el “Cañadón de los Walther”, como realmente se conoce al lugar ubicado al oeste de la ruta provincial Nº 1 y a unos 15 kilómetros de la capital provincial, se produjo un par de años antes de la dictadura militar iniciada el 24 de marzo de 1976, en pleno gobierno constitucional, que tenía en la provincia a Hugo Mott como gobernador y en la Nación a Isabel Martínez de Perón como presidenta. Eran tiempos de la “Triple A”, que comandaba José López Rega como respuesta al accionar de los grupos terroristas entrenados en Cuba y Medio Oriente.

Todo empezó el 9 de agosto 1974, cuando medio centenar de integrantes de las agrupaciones terroristas Ejército Revolucionario del Pueblo y Partido Revolucionario de los Trabajadores iniciaron una temeraria operación armada que consistía en robar de los cuarteles del Regimiento 17 de Infantería Aerotransportada de Catamarca pertrechos de guerra para atentar contra el orden constitucional. La operación se llevaría a cabo en forma simultánea con otra similar en la fábrica de pólvora de Villa María, Córdoba, que a diferencia de la intentona local tuvo relativo éxito y no terminó en desastre.

El grupo había partido del campamento base “La Horqueta”, de la Compañía de Monte “Ramón Rosa Jiménez”, en plena selva tucumana, región en la que asentaban sus reales los más temidos grupos terroristas de aquellos tiempos en todo Latinoamérica. Eran 47 jóvenes que no superaban los 30 años y estaban bajo el mando del santiagueño Hugo Alfredo Irurzun, cuyo nombre de guerra era “Capitán Santiago”.

Irurzun sobrevivió a la masacre y se convertiría luego en un icono de la guerrilla desplegada en América Latina, a tal extremo que participó activamente del atentado que años más tarde en Paraguay terminó con la vida del ex-gobernante nicaragüense Anastasio Somoza siendo él mismo abatido posteriormente.

La misión del intento de copamiento consistía en ingresar sorpresivamente a la base militar que contaba con una dotación de soldados que superaba el medio millar. El plan iba a contrapelo de lo que indicaban los reglamentos de combate de guerrilla que dictaban los movimientos del grupo terrorista ERP, una idea que estaba destinada al fracaso total y absoluto.

La intentona

Informe de la derrota - Parte 1
El grupo llegó a Catamarca a bordo de un ómnibus Mercedes Benz alquilado y en las proximidades de Banda de Varela el chofer fue reducido. Allí debía hacer contacto con una camioneta Chevrolet y un camión frutero en el que viajaba oculto el armamento para llevar a cabo la operación. Éste incluía fusiles FAL, escopetas Itaca y pistolas ametralladoras PAM.

En el lugar escogido para hacer base los guerrilleros comenzaron a cambiar sus ropas y en esos momentos fueron observados por dos jóvenes que pasaban circunstancialmente en bicicleta. Los saludaron y siguieron su camino. Y cometieron el primero error: dejaron ir con vida a quienes los delatarían ante la policía minutos después. Estos jóvenes haría lo que todo buen ciudadano debe hacer: denunciar las acciones criminales observadas.

Policías pertenecientes a la Dirección de Investigaciones y de la comisaría Tercera se trasladaron hasta el lugar a observar qué pasaba y entonces se produjo el primer enfrentamiento armado, que dejó un saldo de dos terroristas muertos y varios policías heridos.

El plan para robar las armas había comenzado a desandar el camino del fracaso. El repliegue fue inmediato y desordenado, en tres grupos que correrían distinta suerte. Irurzun y varios de guerrilleros emprendieron la huída por la ruta provincial Nº 1. En el camino despojaron de sus automóviles a una mujer y a un cura y en ellos llegaron hasta la base “La Horqueta”, en la selva del sur tucumano.

Otros guerrilleros se dispersaron y trataron de salir de la provincia por distintos medios. La mayoría, trece en total, fueron aprehendidos en la Terminal de ómnibus y en otros sectores del Valle Central. Siete años después serían sometidos a juicio, en un proceso judicial de completa legalidad ajustado a las circunstancias de la guerra antiguerrillera: los jueces no estaban presentes aunque se les hizo saber que habían sido condenados.

Muerte en el cañadón

Informe de la derrota - Parte 2
La tercera fracción del grupo que intentó la operación militar, entre 16 y 18 guerrilleros, quedaron al mando de Antonio del Carmen “Negrito” Fernández, un integrante del buró político del ERP-PRT cuya participación en una operación armada sería objeto de una severa autocrítica en el seno de la agrupación política de izquierda.

El reducido grupo quedó aislado en las lomadas adyacentes a la Capilla del Rosario. En un acto de impunidad, dos de sus integrantes bajaron hacia San José de Piedra Blanca a comprar pan y fueron detenidos y obligados a informar el lugar en el que se encontraban sus compañeros.

Cuando la policía se acercó a las proximidades de la Capilla del Rosario el oficial de policía Ramón Acevedo, que guiaba a las fuerzas de seguridad porque conocía la zona, fue asesinado por el fuego de los miembros terroristas del ERP.

La muerte del policía Acevedo se indignó a las tropas leales al gobierno y la Constitución y actuaron en consecuencia. En Catamarca confluyeron efectivos del RI 17 y del Tercer Cuerpo de Ejército con sus helicópteros y armamento de reglamento para la época. También participaron del ataque al grupo terrorista policías locales y de la Federal.

Los diarios de la época informaron sobre la refriega armada: 16 guerrilleros habían sido abatidos por el Ejército y otros tantos se encontraban detenidos. Entonces no se indagó cómo ocurrieron los hechos. Los vencedores fueron debidamente tratados como héroes de la Nación e incluso recibieron las felicitaciones de la entonces presidenta Sra. de Perón.

Sin embargo, a partir de ese momento, sobrevoló el fantasma de un supuesto ajusticiamiento. Las heridas que presentaban los guerrilleros fallecidos denotaban que habían sido fusilados. En los protocolos de autopsia confeccionados en aquella época tres médicos forenses indicaron claramente las lesiones que presentaba cada uno de los cadáveres: todas eran sugestivamente realizadas con armas de fuego en zonas frontales o vitales, a corta distancia e incluso varias en los miembros superiores, un claro indicador de que las víctimas habían intentado cubrirse con sus manos y brazos, protegerse ya inermes de una ejecución.

"Investigación"
Pasarían casi treinta años de aquel episodio. Recién entonces un grupo de miembros de asociaciones ligadas a la defensa de los Derechos Humanos en Catamarca presentó una denuncia formal en el Juzgado Federal de Catamarca en la que se solicitó formalmente que se investigue aquel episodio y, además, que se identifique a cinco cadáveres que habían sido sepultados como NN en el cementerio municipal.

Ana Radusky, Guillermo Díaz Martínez, Mirta Clérici y Jorge Alberto Perea, con el patrocinio de los abogados Martín Fresneda y Claudio Oroz presentaron una denuncia escrita ante el entonces juez federal interino, Pedro Armando Navarro, en la que se aseveraba la existencia de una masacre, producida cuando el grupo guerrillero ya había depuesto sus armas ante la superioridad numérica de las fuerzas armadas.

Durante los últimos años tanto Navarro como su sucesor, Ricardo Antonio Moreno, tomaron medio centenar de testimonios e incorporaron pruebas al expediente, como una colección de fotografías tomadas entonces. En las gráficas se observa el modo en que eran llevados los cadáveres y la presencia de helicópteros del Ejército (esto en algún momento fue negado por la ex autoridades que declararon), como así también algunas de las personas que participaron del acto represivo.

Asimismo, el Equipo Argentino de Antropología Forense exhumó los cuerpos de los cinco guerrilleros sepultados sin nombre en el cementerio municipal y logró identificar a uno de ellos: Dardo Rutilio Betancour Roth, un “tupamaro” uruguayo que se había sumado a la lucha terrorista en el país. Su cuerpo fue repatriado y ya descansa en tierras orientales.

Aunque todavía no fueron identificados mediante pruebas genéticas, los otros cuerpos pertenecerían a quienes en vida se llamaron Hugo Cacciavillani –también “tupamaro” uruguayo-, Alberto Rosales Sánchez o Cresencio Molina Ibañez y Francisco Scocimarro.

Entre los testimonios recogidos durante la investigación unos se destacan más que otros. El ex conscripto Fernando Gambarella claramente expuso que los 16 guerrilleros fueron acribillados a balazos luego de rendirse, cuando no tenían posibilidad alguna de defensa.

Mario Marca, un abogado tucumano que ejercía la profesión particular en Catamarca, en el estudio del entonces ministro de Gobierno Alberto del Valle Toro, enterado de que un grupo de guerrilleros del ERP había sido acorralado en las lomadas adyacentes a la Capilla del Rosario corrió para ofrecerse como mediador para evitar un seguro baño de sangre.

“Toro me aconseja que no me meta, que no sea pelotudo –el consejo de siempre-. Entonces yo insisto en que trate de hacer algo y se pone en contacto con el coronel (Eduardo) Cubas, jefe del Regimiento 17, y lo pone al tanto de lo que yo pedía. Entonces Cubas le responde que era imposible cualquier arreglo o mediación, porque el general (Antonio) Vaquero, segundo jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, ya había dado la orden de “aniquilar”. Y así ocurrió: fueron, los rodearon y los mataron”, recordaría Marca años después. Cabe recordar que la orden de aniquilar a los terroristas había surgido de reclamos de la primera magistratura de la Nación.

Al día siguiente el abogado fue detenido y pasó los siguientes nueve años en varias cárceles del país. Nunca se le informó sobre las razones de la detención ni fue sometido a juicio por delito alguno. Poco antes del advenimiento de la democracia recuperó su libertad y optó por el exilio voluntario.

Actualmente y acorde al clima de violación de normas constitucionales y de derecho penal que reina sobre quienes combatieron del lado del gobierno en Argentina se busca juzgar a quienes derrotaron al terrorismo comunista. 





Un Huey del EA se aproxima para llevar los cadáveres

Cuerpo de un guerrillero abatido por las fuerzas del orden

El terrorista uruguayo Hugo Cacciavillani luego repatriado a Uruguay