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jueves, 12 de octubre de 2017

Los araucanos NO SON un pueblo originario de Argentina

Los habitantes de la Patagonia, en épocas de Roca y Avellaneda

Luciana Sabina - @kalipolis
Los Andes




Durante su presidencia Nicolás Avellaneda prácticamente duplicó el territorio nacional y apaciguó la frontera a través de la denostada Conquista del Desierto, uno de los episodios más polémicos de nuestro pasado.

Para conocer esta etapa no ayuda el poco ético "relato histórico" que durante años se difundió en los medios de comunicación. Dejando de lado el contexto en el que actuaron Avellaneda y Roca. Veamos un poco al respecto.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, los aborígenes que habitaban la zona meridional de nuestro territorio ya no eran autóctonos: se trataba en su mayoría de mapuches, llegados de Chile, que desalojaron a los pueblos originales, incluso masacrándolos como sucedió con los vorogas. "El núcleo más poderoso y temible de estos indios -explica Ruiz Moreno- se constituyó cuando el Gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, facilitó el arribo y la radicación de un gran cacique para que, dominando a todos los demás, le permitiese tratar con uno solo y no con la diversidad de ellos. Los nativos originarios del suelo fueron aniquilados por los invasores 'chilenos' y así nació la peligrosa Confederación de Salinas Grandes, establecida en 1834".

El mismo Calfucurá -en carta al general Emilio Conesa- en abril de 1861 lo reconoció: "Le diré que yo no estoy en estas tierras por mi gusto, ni tampoco soy de aquí, sino que fui llamado por don Juan Manuel, porque estaba en Chile y soy chileno; y ahora hace como treinta años que estoy en estas tierras".

Dueños legítimos o no del sur, el principal motivo por el que las autoridades nacionales tomaron cartas en el asunto fueron los malones y el posterior comercio de lo robado en Chile. Llegaron a "vender" a las mujeres cautivas. El gobierno del país vecino estaba al tanto. En 1870 el diputado Guillermo Puelma expresó ante el Congreso chileno:

"En cuanto al comercio: veamos que el de los animales, que es el que más hacen los araucanos, proviene siempre de animales robados en la República Argentina. Es sabido que últimamente se han robado ahí 40.000 animales, más o menos, y que son llevados a la tierra; y nosotros, sabiendo que son robados, los compramos sin escrúpulo alguno, y después decimos que los ladrones son los indios. ¿Nosotros qué seremos?".

Alfredo Ebelot -ingeniero francés que trabajó en la frontera durante algunos años- dejó sus impresiones al respecto:

"País montañoso y agrícola, Chile produce poco ganado y consume mucho, gracias a los robos que efectúan los indígenas, de los cuales aprovecha solapadamente. Allí han sido conducidos los centenares de miles de bestias con cuernos que han ido desapareciendo de las llanuras argentinas desde hace veinte años. El sector de la pampa abandonado a los salvajes es recorrido incesantemente por compatriotas chilenos que van de tribu en tribu engrosando sus rebaños con poco gasto (…) Este comercio escandaloso ha contribuido mucho a perpetuar las incursiones".

Nuestro gobierno protestó formalmente al chileno, pero solo obtuvo respuestas evasivas. La situación era alarmante. Roca, con carta blanca de Avellaneda, tomó las riendas y luego la Patagonia, esa de la que hoy estamos tan orgullosos.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Araucanos: Mapuche Nation, el estado cuña que Inglaterra quiere imponer en la Patagonia

The Mapuche Nation, el pueblo originario con sede en Bristol, Inglaterra

El centro de operaciones de la "lucha por la autodeterminación" de los mapuches de Chile y Argentina está ubicado desde 1978 en el nº 6 de Lodge Street, en la ciudad portuaria inglesa. Desde allí abogan por la causa

Por Claudia Peiró | Infobae



En el nº 6 de Lodge Street, Bristol, UK, tiene su sede, desde el año 1978, The Mapuche Nation
"El día 11 de mayo de 1996, un grupo de mapuches y europeos comprometidos con el destino de los pueblos y naciones indígenas de las Américas, y en particular con el pueblo mapuche de Chile y Argentina, lanzaron la Mapuche International Link (MIL) en Bristol, United Kingdom", explican las autoridades de esta organización; a saber, Edward James (Relaciones Públicas), Colette Linehan (administradora), Madeline Stanley (coordinadora de Voluntarios),  Fiona Waters (a cargo del equipo de Derechos Humanos), entre otros.

Reynaldo Mariqueo –el único mapuche– hace las veces de secretario general secundado por Dame-Nina Saleh Ahmed, vice secretaria general.



La organización remplaza al Comité Exterior Mapuche que, recuerdan, "opera internacionalmente desde 1978 a partir de su oficina ubicada en Bristol".

El objetivo perseguido es contribuir al pleno desarrollo de los pueblos indígenas y, "en última instancia, conquistar el derecho a la autodeterminación".


Reynaldo Mariqueo es el “werken”, es decir, vocero o representante

Mientras en el sur de nuestro continente, grupos mapuches, como la agrupación Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) o la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), le declaran la "guerra a Argentina y Chile", y protagonizan actos de sabotaje, incendios y amenazas, la MIL explica –en inglés– que "the Mapuche Nation está situada en lo que se conoce como el Cono Sur de Sudamérica, en el área actualmente ocupada (sic) por los Estados argentino y chileno".

"Su identidad como nación autónoma, unida a la conciencia de ser parte de una cultura, una herencia histórica y una espiritual diferentes ha creado un movimiento sociopolítico inspirado en esas aspiraciones comunes", dice The Mapuche Nation.

EL MAPA DE LA MAPUCHE NATION

El territorio ancestral mapuche según la organización con sede en Bristol abarca todo lo que está al sur del Bío-bío (Chile) y al sur del Salado y del Colorado (Argentina)

Lo que según el sitio británico es el "territorio histórico ancestral" de los mapuches abarca la "Pampa and Patagonia of Argentina" y el sur de Chile. Así lo explican:  "La Nación Mapuche está ubicada en el sur de los territorios que hoy ocupan los Estados de Chile y Argentina –afirma la MIL–. Hace un poco más de 130 años su territorio ancestral, y el de otros pueblos originarios aliados, se extendía desde el sur del río Bío-Bío (Chile) hasta el extremo austral del continente, y en Argentina desde los ríos Colorado y Salado hasta el estrecho de Magallanes", agregan.


Otras actividades del centro de operaciones de Bristol. Aquí, manifiestan contra el gobierno de Chile

En el mismo documento, fijan el año 1860 como el de la "Gran Asamblea Constituyente" en la cual "los más notables representantes del pueblo mapuche" fundaron "un gobierno monárquico constitucional". Y agregan que, "tras la ocupación del territorio del estado mapuche (sic), la Casa Real de dicho gobierno se estableció en el exilio en Francia, desde donde viene operando de manera ininterrumpida desde entonces".

Curiosamente, a la vez que hacen reivindicación de sus derechos ancestrales y su condición "originaria", los mapuches reconocen una dinastía francesa fundada por la ocurrencia de Orélie Antoine de Tounens (1825-1878), un abogado francés y masón que desembarcó en Chile en 1858 y se autoproclamó Rey de la Araucanía y de la Patagonia.


La monarquía mapuche en el exilio: el rey, Jean-Michel Parasiliti di Para o Príncipe Antoine IV, y Su Excelencia Reynaldo Mariqueo, Conde de Lul-lul Mawidha, a cargo de Asuntos Exteriores

"Tanto el gobierno monárquico como el pueblo mapuche en su conjunto jamás han renunciado ni a sus derechos soberanos ni a la restitución de su territorio ancestral", afirman.

La "monarquía mapuche", entonces, además de ser francesa es hereditaria, de modo que sobre los territorios de Araucanía y Patagonia han "reinado" sucesivamente siete soberanos: Gustave-Achille Laviarde o Aquiles I; Antoine-Hippolyte Cros o Antonio II; Laura-Therese Cros-Bernard o Laura Teresa I; etcétera, hasta llegar al actual, Jean-Michel Parasiliti di Para o Príncipe Antoine IV, desde el 9 de enero de 2014.


La organización de Bristol, Reino Unido, tutela los derechos humanos en lo los “territorios mapuches”

La corte de Antonio IV se completa con un "presidente del Consejo del Reino, Su Excelencia Daniel Werba, Duque de Santa Cruz" y con un "miembro del Consejo de Estado y encargado de los Asuntos Exteriores, Su Excelencia Reynaldo Mariqueo, Conde de Lul-lul Mawidha y Caballero de la Orden Real de la Corona de Acero" (y, como vimos, secretario general de The Mapuche Nation en Bristol), entre otros.


El conde Reynaldo Mariqueo, de gira por Europa. Está encargado de las Relaciones Internacionales

Aunque denuncia "invasión", "genocidio", "represión", "espionaje" y otra larga lista de supuestos atropellos por parte de los Estados de Chile y Argentina, la "Nación Mapuche" se pone bajo la protección de un país extranjero y reconocen la dinastía inaugurada por un aventurero.

De hecho, sus territorios ancestrales fueron puestos bajo protección de Francia ya en 1860, lo que claramente implicaba establecer una cabecera de playa de una potencia extranjera en la retaguardia de las jóvenes naciones sudamericanas.

Además de estos documentos fundacionales, de las listas dinásticas y de la historia mapuche, en The Mapuche Nation pueden encontrarse noticias, denuncias y campañas (como una contra el Tratado de Libre Comercio entre Chile y la Unión Europea).








lunes, 12 de junio de 2017

Quieren cambiar el nombre Rauch en honor a los putos araucanos

Querer cambiarle el nombre a Rauch por Arbolito no solo es absurdo, es ofensivo
La iniciativa para modificar el nombre de la ciudad bonaerense es un buen ejemplo de por qué aplicar criterios contemporáneos al pasado es una mala idea

Por Rolando Hanglin |  Infobae



Ayer, una amiga que vive en la ciudad de Rauch me dijo: "Hay una gran polémica en el pueblo. La mitad de la gente le quiere cambiar el nombre por Arbolito y la otra mitad quiere que siga llamándose Rauch".

—No puede ser —respondí.

—¿Cómo que no puede ser? Vengo de allá, acabo de verlo.

—Pero ¿cuántos descendientes de pampas viven en Rauch?

—Ninguno.

—Entonces, todos los habitantes de Rauch serán descendientes de criollos y gringos, que están allí porque Federico Rauch exterminó a los indios.

—Sí, pero la gente tiene sus ideas. Ahora se habla mucho de los pueblos originarios…

Rauch es una ciudad ubicada en el centro de la provincia de Buenos Aires, a 272 kilómetros de La Plata, en el centro de las tierras que, allá por 1850, se disputaban indios y cristianos. Aquello se denominaba vagamente "la frontera". Hoy son parte de una poderosa economía agraria.

Nacido en Weinheim Baden, Alemania, en 1790, Friedrich Rauch participó durante su juventud en las guerras napoleónicas, como San Martín (pero en contra, pues pertenecía al Ejército napoleónico, así como don José era capitán del español) y el propio Michel Sylvestre Brayer, que fue durante la guerra peninsular mano derecha de Napoleón Bonaparte, pero inmediatamente después se sumó al Ejército de los Andes, como muchos otros militares de distintas nacionalidades, sobre todo ingleses y franceses: Miller, Paroissien, Guillermo Brown, el almirante Cochrane.

Rauch se afilió a las tropas argentinas y participó decisivamente en las campañas previas a la Conquista del Desierto que lanzó el gobierno de Buenos Aires a partir de 1830. Había llegado a las Provincias Unidas del Río de la Plata el 23 de marzo de 1819 y se incorporó inmediatamente al ejército como teniente segundo por orden del director supremo, Juan Martín de Pueyrredón. Ascendido a capitán en 1820 y a sargento mayor en 1821, luego fue trasladado al regimiento de Húsares. Alcanzó el grado de coronel con sólo 33 años.

El 4 de agosto de 1827, Rauch se casó con Narcisa Pérez Millán, en San José de los Arrecifes.

El gobernador Martín Rodríguez efectuó tres campañas contra los indios que atacaban la frontera sur entre 1820 y 1824. Delegó el gobierno en su ministro Bernardino Rivadavia. Decía don Martín: "La experiencia nos enseña que la guerra es el único remedio, desechando toda idea de urbanidad. Son enemigos a los que es preciso exterminar".

Por entonces, los malones o las invasiones de indios de lanza causaban estragos en el campo: robaban miles de cabezas de ganado, que arreaban hacia Chile, lo que generaba una rastrillada que se llamó "camino de los Chilenos", y su norma era degollar a todos los vecinos varones. Las mujeres y los niños, por lo general, se agrupaban llorando en las iglesias. Una vez tomado cada pueblo o estancia, las viejas eran sacrificadas, mientras que las mujeres en edad de servir eran secuestradas a lomo de caballo, para servir de concubina de algún capitanejo. Lo que hacían los soldados argentinos, cuando copaban una toldería, no era muy distinto. En aquel tiempo, era materialmente imposible tomar prisioneros. Al menor descuido, estos escapaban con los caballos, y un hombre a pie en el desierto estaba condenado a morir de sed y hambre, terminando como pasto de caranchos, zorros y pumas.

Cuando se habla en este contexto de "los indios pampas" no se está diciendo nada. Los indios se denominaban pampas porque vivían en las pampas, nada más. Pero durante los siglos XVII y XVIII se produjo un proceso denominado "araucanización de las Pampas". Los tehuelches de la Patagonia y la Pampa argentinas, hombres altísimos que formaban pequeñas caravanas, limitándose a cazar y recolectar frutos, fueron invadidos por los araucanos que cruzaron la cordillera desde Chile, acompañados por bandoleros como los Pincheira, de origen español, ya que unos y otros habían sido derrotados por los patriotas chilenos. Una vez en la Pampa, hallaron un gran espacio vital: millones de vacas para carnear y cuerear (una manera de cazar) y numerosas tribus indígenas que se dejaron gobernar. El lenguaje tehuelche desapareció. Los chilenos se fusionaron con los patagones. Todos adoptaron la lengua araucana o mapudungún, así como el toldo tehuelche de piel de vaca, y los indios descubrieron el magnífico negocio de robar ganado y secuestrar mujeres, por las que pedían rescate. Desde 1830, el Napoleón de las Pampas fue Juan Calfucurá, cacique chileno instalado en Salinas Grandes y con agallas para aglutinar a todos. El problema es que el hombre nómade, para colmo provisto de magníficos caballos (que abundaban en estado silvestre) y moharras de hierro español para sus lanzas, necesitaba un gran espacio vital para desenvolverse, y cuando en su tierra empezaba a mermar la fauna, sencillamente se corría a otro lugar, a 500 kilómetros de distancia. No tenía más que desmontar sus toldos de caña y cuero.



Los indios de la Pampa, tanto tehuelches como araucanos, nunca usaron arco y flecha. Sus armas eran la lanza y las boleadoras. Y como no llevaban estribos sino que enganchaban los dedos del pie en un nudo de cuero, no podían usar el peso del cuerpo para dar fuerza al lanzazo, sino que pinchaban repetidas veces al enemigo, desangrándolo, y una vez debilitado lo degollaban con sus afilados cuchillos. Algo similar hacían los cristianos.

Rauch fue asignado a la defensa de la frontera sur de Buenos Aires, secundando a Juan Manuel de Rosas. Los pobladores lo premiaron por su extrema dureza en la lucha con los indios. Se lo conocía en todas partes como "el guardián de la frontera".

Durante 1826, mientras el país se distraía en la Guerra del Brasil, los indios lanzaron un malón de 400 lanzas procedentes de Chile, más 35 españoles de Pincheira, y saquearon prolijamente la ciudad de Salto. Se llevaron todo el ganado. Otro malón procedente de Las Bruscas tuvo lugar en septiembre y arrasó los partidos de Dolores, Chascomús y Monsalvo. Unos mil hombres arrasaron la Cerrillada de los Huesos. En septiembre de 1829, el teniente coronel Morel fue vencido por el cacique Mulato y fusileros pincheirinos al mando de Godé en la Batalla de los Toldos Viejos.

Ante la alarmante avanzada, Rauch realizó tres campañas militares, siempre con una tropa escasa pero con experiencia, de unos mil hombres, entre 1826 y 1827.

El éxito fue total, ya que en todos los casos se rescataron cautivas (algunas con hijos mestizos), ganado y caballos, deteniendo la auténtica carnicería que estaban haciendo los indios en el campo argentino. El grito de terror en los pueblos de la provincia, sin entrar en detalles etnográficos, era: "¡Los indios, los indios!". Estos no tenían mayor preocupación por la pureza de su raza, ya que preferían dormir con cautivas blancas y hacerles hijos, en tanto criaban como propios a los que habían robado de los pueblos y que olvidaban así su nombre y su idioma. Decía el indio de lanza, en aquel entonces: "Mujer blanca mucho linda, mejor que india".

El poeta Juan Cruz Varela homenajeó a Rauch con unos versos: "Te saluda la Patria agradecida y la campaña rica, que debe a tu valor su nueva vida". El 24 de febrero de 1827, el presidente Rivadavia entregó un sable de honor al militar prusiano.



En Buenos Aires tronó la revolución en diciembre de 1828, cuando Lavalle fusiló a Dorrego. Se enfrentaron a continuación unitarios y federales. El general Rosas conducía a estos últimos. Rauch se alineó con los unitarios. Ambos contaban en sus filas con batallones indígenas.

Rauch fue derrotado en el combate de las Vizcacheras, el 28 de marzo de 1829, y en una emboscada le bolearon el caballo y luego lo lancearon y degollaron. El autor material de su muerte fue el ranquel Nicasio Maciel (ya muchos indios llevaban nombres cristianos), apodado Arbolito. Decapitaron a Rauch, abatido junto al coronel Nicolás Medina, y arrojaron su cabeza en la puerta de casa de la madre de su enemigo, Prudencio Arnold, como gesto cordial. Luego la pasearon por Buenos Aires hasta tirarla por ahí, en señal de desafío a los unitarios de la ciudad.

Queda para la historia un parte de guerra de Rauch: "Hoy, 18 de enero de 1828, para ahorrar balas degollamos a 28 ranqueles".

Gracias a hombres como Rauch, sangrientos y valientes, estamos nosotros aquí. ¿Tiene sentido cambiar su memoria por la de Arbolito? Ignoro si existen los descendientes de aquel guerrero. Espero que no les toque ver el olvido de su antepasado y la gloria de quien lo asesinó.

jueves, 25 de mayo de 2017

Conquista del Desierto: Un resumen magistral de Hanglin

Campaña del Desierto: una guerra no es un minué
A punto de cumplirse 140 años de la conquista militar, vale repasar los hechos recordando que es injusto evaluar a personas de otro tiempo con criterios de la actualidad
Por Rolando Hanglin | Infobae



La campaña militar transcurrió desde 1878 hasta 1885

Por supuesto que en la campaña de 1879 se violaron los derechos humanos. También en la Revolución francesa, en la Revolución rusa, en la guerra de 1914 y en la Segunda Guerra Mundial, y por supuesto en la Revolución de Mayo: no olvidar las ejecuciones sin juicio de Santiago de Liniers y don Martín de Álzaga, héroes de la Reconquista.

Una guerra no es un minué. Se cometen atrocidades. Es injusto, por otra parte, evaluar a personas de otro tiempo con criterios de 2017. Pronto se cumplirán 140 años de la Conquista del Desierto, acabada el 24 de mayo de 1879. Pero, en realidad, el conflicto con los indios comenzó en el siglo XVI y se puede decir que concluyó hacia 1890. Imposible resumir tres siglos en estas líneas.

Recordemos que, a partir del siglo XVII, los historiadores y los antropólogos hablan de la araucanización de la pampa. Es decir, los araucanos de Chile, encerrados por la geografía, cruzaron los Andes para ganar espacio en la Argentina, donde abundaban los campos, los ganados salvajes y sólo encontraron la débil resistencia de los tehuelches. Los araucanos resultaron ser una raza militar, dotada de un lenguaje claro y fácil (el mapudungún) que fue adoptado desde La Pampa y San Luis hasta la Patagonia Austral. Hoy ya no quedan tehuelcheparlantes. Las tribus constituyeron una fusión de araucanos y tehuelches, con la lengua de los primeros y la vivienda de los segundos: el toldo nómade. El antropólogo Rodolfo Casamiquela señalaba, asombrado: "Los nietos de tehuelches se declaran mapuches" (!). Tanto el caballo como la vaca y el hierro fueron los aportes europeos a la indiada criolla. El proceso se afirmó cuando el chileno Juan Calfucurá (Piedra Azul) cruzó la cordillera, en 1830, con 200 hombres y atacó por sorpresa a los vorogas, originarios de Vorohué (Chile) pero instalados en Salinas Grandes (La Pampa), y pasó a degüello a sus jefes principales: Alón, Rondeado, Melín y varios otros. La tribu se sometió al temible Calfucurá y este fue proclamado, muy pronto, El Napoléon de las Pampas, y cacique general de la Confederación Indígena con asiento en Salinas Grandes.

Ahora bien, tras una guerra de tres siglos (con intervalos) que se presenten unos "mapuches" a reclamar porciones de territorio argentino es como si unos supuestos vikingos exigieran la devolución del Palacio de Buckingham de Inglaterra, por ser "originarios".
En 1855, el ejército araucano comandado por Juan Calfucurá, aliado de la Confederación Argentina, infligió dos duras derrotas al ejército porteño, la primera a Bartolomé Mitre, en la batalla de Sierra Chica, y luego en San Jacinto al general Manuel Hornos, que comandaba una fuerza de tres mil soldados bien armados: 18 oficiales y 250 soldados resultaron muertos.

El 5 de marzo de 1872, con un ejército estimado en seis mil combatientes, Calfucurá inició la llamada invasión grande a la provincia de Buenos Aires. Mandaba una fuerza integrada aproximadamente por sus 1.500 lanzas de escolta, sumando 1.500 aportadas por Pincén, mil argentinos de Neuquén y mil chilenos traídos por Alvarito. Sólo los ranqueles de Mariano Rosas se apartaron de su mando, aunque pelearon por su cuenta. De esta forma atacaron los pueblos de General Alvear, Veinticinco de Mayo y Nueve de Julio; resultaron muertos alrededor de 300 criollos, cautivos, 500 vecinos y robadas, 200 mil cabezas de ganado.

Los araucanos atacaban, así, durante décadas, asentamientos fronterizos, arreaban caballos y vacunos. Las mujeres capturadas eran retenidas por los guerreros o vendidas y los niños, ofrecidos por un rescate. El ganado robado se vendía a hacendados chilenos, que llegaron a instalar una población sobre el río Neuquén, llamada Malbarco, donde engordaban la hacienda antes de trasladarla a su país. Las autoridades chilenas consentían estas actividades.

Así describía el francés Alfredo Ebelot, constructor de la famosa zanja de Alsina, lo que era un malón o una invasión india: "A eso de las diez una nube de polvo nos anunció que llegaba la invasión. Pronto se distinguió el mugido de los vacunos y, cosa más inquietante, el balido de las ovejas. Catriel venía, pues, arriando sus propias ovejas y todas las que encontró en el camino. Serían unas treinta mil para servir de relleno viviente y cruzar la zanja. Durante cuatro horas vimos sucederse las selvas de lanzas y las inmensas tropas de vacas y de caballos. Había por lo menos 150 mil cabezas de ganado".

Más de mil colonos cautivos y un millón de cabezas de ganado, robadas, fueron el saldo de las incursiones indígenas entre 1868 y 1874.

En 1875, adelantaba Julio Roca su proyecto para resolver el problema indio: "A mi juicio, el mejor sistema para concluir con los indios, ya sea extinguiéndolos o arrojándolos al otro lado del río Negro, es el de la guerra ofensiva que fue seguida por Rosas, quien casi concluyó con ellos". Opinaba Roca sobre la zanja: "¡Qué disparate la zanja de Alsina! Y Avellaneda lo deja hacer. Es lo que se le ocurre a un pueblo débil e infantil: atajar con murallas a sus enemigos".

La guerra del Paraguay (1864-1868) postergó nuevamente el asunto frontera sur. Siguieron los ataques indígenas. Durante la guerra, en 1867, el Congreso Nacional sancionó la ley 215. A través de ella se declaró la frontera sur a la ribera de los ríos Negro y Neuquén, con encargo de entregar a las naciones indígenas todo lo necesario para su existencia fija y pacífica, para lo cual mandó darles territorios a convenir; permitió una expedición general contra aquellos grupos que resistieran a las autoridades argentinas, que serían expulsados más allá de la nueva línea de frontera; autorizó la adquisición de vapores para la exploración de los ríos, la formación de establecimientos militares en sus márgenes y el montaje de líneas de telégrafo. Con gratificaciones para los expedicionarios, mediante una ley especial. Esta decisión se aplicaría 12 años después, en 1879.

Sarmiento inició la modernización del equipamiento básico del ejército nacional, lo que resultó ser de fundamental importancia en la frontera sur, ya que reemplazó los antiguos fusiles y las carabinas de chispa por fusiles de retrocarga Remington y revólveres.

Cuando Nicolás Avellaneda asumió la presidencia, el cacique Manuel Namuncurá le ofreció la venta de cautivos a 40 pesos oro cada uno y, a cambio de no invadir y alimentar a su población y tribus amigas, pidió: "Cuarenta mil pesos oro, cuatro mil seiscientas vacas, seis mil yeguas, cien bueyes para trabajar, telas de seda, tabaco, vino, armas, cuatro uniformes de general, jabón, etcétera".

Adolfo Alsina, primer ministro de Guerra bajo la presidencia de Avellaneda, presentó al gobierno "un plan del Poder Ejecutivo contra el desierto, para poblarlo, y no contra los indios para destruirlos". Entonces se firmó la paz con el cacique Cipriano Catriel, que este último rompería corto tiempo después, cuando atacó junto a Manuel Namuncurá las localidades bonaerenses de Tres Arroyos, Tandil, Azul y otros pueblos y granjas en un ataque más sangriento que el de 1872. Las cifras hablan de cinco mil combatientes indígenas que arrasaron Azul, Olavarría y otros lugares vecinos, de trescientas mil cabezas de ganado, de 500 cautivos y de 200 colonos muertos. Habría que pagar rescate por los cautivos.

El ministro Adolfo Alsina dirigió la defensa de los poblados y las estancias; se concentró en la provincia de Buenos Aires. Respondió al ataque, haciendo avanzar la frontera argentina. Para proteger los territorios conquistados y evitar el transporte de ganado tomado, construyó la llamada zanja Alsina, en 1876, que era una trinchera de dos metros de profundidad y tres de ancho con un parapeto de un metro de alto por cuatro y medio de ancho. La zanja Alsina fue declarada por Argentina una nueva frontera interior con los dominios indígenas: 374 km entre Italó (en el sur de Córdoba) y Colonia Nueva Roma (al norte de Bahía Blanca). Además, Alsina ordenó la instalación de telégrafos para enlazar los fortines a lo largo de la frontera. La construcción de la zanja, al ser sólo una medida defensiva, no resolvía definitivamente el problema de los malones: fue duramente criticada por algunos sectores, partidarios de una acción militar más drástica. Incluyendo al propio Julio Roca.

En cuanto al genocidio, es un término acuñado en 1945, que no se concebía en el 1800. En realidad, tampoco estamos muy seguros de que se condene hoy, salvo en los discursos. El desgarrador destino de los indios fue el mismo que ellos procuraban a los cautivos cristianos.

Luego de los malones producidos en la segunda invasión grande, Estanislao Zeballos dijo que los indígenas se retiraron con un botín colosal de 300 mil animales y 500 cautivos, después de matar a 300 vecinos y quemar 40 casas.

El presidente Avellaneda resolvió la Expedición al Desierto, comandada por su segundo ministro de Guerra, el general Julio Argentino Roca, en estricto cumplimiento de la ley del 25 de agosto de 1867, demorada 12 años por las dificultades políticas y económicas del país. Decía la ley: "La presencia del indio impide el acceso al inmigrante que quiere trabajar". Para financiar la expedición, se cuadriculó la pampa en parcelas de diez mil hectáreas y se emitieron títulos por la suma de 400 pesos fuertes cada uno, que se vendieron en la Bolsa de Comercio. Aunque prohibieron la adquisición de dos o más parcelas contiguas, esta venta fue la base de muchas fortunas argentinas.

La ley, la expedición y la organización fueron discutidas en el Congreso y votadas democráticamente. Todo el país, sobre todo la población del campo, quería terminar con este martirio.

Acompañaron también enfermeros y auxiliares. Los indios prisioneros y los niños, las mujeres y los ancianos fueron examinados por sus dolencias, vacunados y muchos de ellos remitidos a diversos hospitales de la muy precaria Buenos Aires de esos días.


Se calcula que en el primer año de la Campaña del Desierto murieron 1300 indígenas en combate

Esta no fue una guerra entre cristianos y "mapuches". Por empezar, la palabra mapuche no figura ni una vez en la copiosa correspondencia de Calfucurá: ver la obra de Omar Lobos, que reproduce textualmente todas las cartas del astuto lonco, redactadas en general por su "escribano", el cautivo chileno Elías Valdez Sánchez, durante el período 1854-1873. Existió una gran fusión de tehuelches y araucanos, gobernada por los indios chilenos que bañaron con su idioma toda la toponimia argentina (desde Chapadmalal hasta Lihuel Calel).

Integraron las tropas argentinas:

-Tribu del cacique Juan Sacamata, tehuelches septentrionales. En 1906, el gobierno argentino, en reconocimiento a su colaboración, les otorgó un territorio de seis mil hectáreas al norte del lago Musters, en el valle de Sarmiento.
-Tribu del cacique Manuel Quilchamal, tehuelches septentrionales cordilleranos.
-Tribu del cacique Catriel, tehuelches septentrionales araucanizados; vivían en la zona de Azul.
-Tribu del cacique Coliqueo, era el resto de los boroganos que se salvaron de la masacre de Masallé; se ubicaban en Los Toldos. Antes, los Toldos de Coliqueo.

Actuaron contra nuestro país:


-Tribu del cacique Tracaleu, araucanos.
-Tribu del cacique Marcelo Nahuel, araucanos.
-Tribu del cacique Juan Salpú, tehuelches septentrionales.
-Tribu del cacique principal Manuel Baigorrita, ranqueles; con sus tolderías en Poitahué.
-Tribu del cacique principal Epumer Rosas (o Epugner Guorr), ranqueles; con sus tolderías en Leubucó.
-Tribu del cacique Reumay-Curá.
-Tribu del cacique Pincén.

Terminada la guerra, el 24 de mayo de 1880, así era el campo de detención de Valcheta según un colono galés: "En esa reducción creo que se encontraba la mayoría de los indios de la Patagonia (…). Estaban cercados por alambre tejido de gran altura. En ese patio, los indios deambulaban, trataban de reconocernos. Ellos sabían que éramos galeses del Valle del Chubut. Algunos, aferrados al alambre con sus grandes manos huesudas y resecas por el viento, intentaban hacerse entender hablando un poco en castellano y un poco en galés: 'poco bara chiñor, poco bara chiñor' (un poco de pan, señor)".

Durante este tiempo, los prisioneros fueron trasladados masivamente a la isla Martín García, y luego recluidos en el Hotel de Inmigrantes. El Gobierno dispuso que los niños y las mujeres fueran entregados para trabajar como sirvientes de familias porteñas. El diario El Nacional dio cuenta así: "Entrega de indios. Los miércoles y los viernes se efectuará la entrega de indios y chinas a las familias de esta ciudad, por medio de la Sociedad de Beneficencia".

Un suelto en el mismo diario, 1884: "La desesperación y el llanto no cesan. Se les quitan sus hijos a las madres para regalarlos ahí mismo, a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que, hincadas y con los brazos al cielo, emiten las mujeres indias. En aquel marco humano unos se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra su seno al hijo de sus entrañas y el padre se cruza por delante para defender a su familia".

En cuanto al genocidio, es un término acuñado en 1945, que no se concebía en el 1800. En realidad, tampoco estamos muy seguros de que se condene hoy, salvo en los discursos. El desgarrador destino de los indios fue el mismo que ellos procuraban a los cautivos cristianos.

Lo que Roca logró, finalmente, concluyendo la obra de Rosas, Alsina y muchos otros, fue acabar con los asaltos a pueblos indefensos. La tierra fértil quedó disponible. En menos de 25 años, la Argentina era conocida como el granero del mundo. También se evitó la consolidación de un Estado tapón de matriz araucana, que pudo terminar en manos chilenas o británicas. Es decir, fue propiamente una ocupación del territorio argentino, en la que no hubo combates sino batidas. Y la Patagonia dejó de ser res nullius o 'tierra de nadie', tentación para las potencias.

Pero decía la verdad el cacique Mariano Rosas cuando, ante las promesas de paz de Lucio V. Mansilla, respondía: "Ustedes, los blancos, en cuanto puedan nos van a matar a todos. Nos han dado vicios para que no haya malones: aguardiente, vino, tabaco, yerba, azúcar… pero no nos enseñaron a trabajar".

Verdad: en las raciones de los caciques figuraban mazos de naipes, acordeones, vino carlón y pañuelos de colores, pero no pidieron (y nadie les dio) ni semillas, ni un arado, ni una pala.

Ahora bien, tras una guerra de tres siglos (con intervalos) que se presenten unos "mapuches" a reclamar porciones de territorio argentino es como si unos supuestos vikingos exigieran la devolución del Palacio de Buckingham de Inglaterra, por ser "originarios".

miércoles, 24 de mayo de 2017

Uruguay: El horror de los últimos charrúas en Francia

Los últimos charrúas. Infamia a la francesa
Javier Sanz — Historias de la Historia




Lunes 25 de Febrero de 1833, Puerto de Montevideo

La chalupa abandona el viejo muelle de madera, con la última carga de pasajeros y equipaje. A golpe de remos cruza las aguas quietas de la bahía hacia el brick francés Phaeton, fondeado a poca distancia de la costa. Entre los pasajeros, Françoise De Curel, un exmilitar francés que había instalado un centro de enseñanza en Montevideo; consignados como equipaje, cuatro charrúas: el cacique Vaimaca Perú, el chamán Senaqué, el joven guerrero Tacuabé y su mujer, Guyunusa, embarazada de pocos meses.

Casi dos años antes, los cuatro habían llegado a Montevideo en calidad de prisioneros, luego de la masacre de Salsipuedes. Poco tiempo después, De Curel comenzó las gestiones para que el presidente de la joven república, el mismo General Fructuoso Rivera que había pergeñado el exterminio de la nación charrúa, se los cediera para llevarlos a Francia. De Curel sostenía que sus objetivos eran puramente científicos, aunque la realidad era otra. A Rivera, en realidad, lo mismo le daba; De Curel le ofrecía una buena excusa para quitárselos de encima, le dio su autorización redactando una hipócrita declaración que consignaba que los charrúas viajaban con él de forma voluntaria y que estaban dispuestos a permanecer con él en París durante un tiempo, a cambio de que se les proporcionara los medios necesarios para su subsistencia.

Martes 7 de Mayo de 1833, Puerto de Saint-Malo, Francia

El Phaeton toca puerto después de casi setenta días de travesía. Los cuatro “especímenes” se apiñan sobre el muelle de madera, demacrados y asustados, mientras su “propietario” francés hace los arreglos necesarios para trasladarlos a París. Una vez allí, manda imprimir folletos que promocionan la llegada a Francia de “…cuatro individuos que ofrecen vivientes modelos de la construcción física y los caracteres morales[…] Ellos representan los verdaderos tipos de la tercera raza de hombres, la raza cobriza”. El novel especulador del espectáculo arrienda una casa en el nº 19 de la Rue Chaussé D’Antin en donde la insólita “exposición” abre al público el 19 de junio, en el horario de 15 a 18 hs. Los asistentes debían abonar 5 francos para ver a los “salvajes”, aunque la escasa concurrencia obliga a De Curel a rebajar la entrada a solamente 2 francos por persona.

Viernes 12 de Julio de 1833, París

Luego de casi un mes de ser exhibidos como “objetos curiosos” traídos desde la salvaje América, los charrúas son sometidos a un desusado experimento, esta vez a cargo de la Academia de las Ciencias Morales. Varios músicos de la Orquesta del Conservatorio de París dan un concierto a la vista de los cuatro desterrados para que los académicos “estudien” su reacción a la música, como si de exóticos animales se tratara. Para sorpresa de todos, los “salvajes” muestran una gran sensibilidad ante la pieza interpretada, en especial ante los instrumentos de viento. En particular, son los dos hombres mayores, Senaqué y Vaimaca, quienes salen de su normal apatía y reaccionan más visiblemente ante la melodía.

Sin embargo, otros estudios a los que fueron sometidos no fueron tan delicados, ni sus conclusiones tan “humanas”. Uno de ellos, que consistió en tomar las medidas físicas de los cuatro charrúas, concluyó que el cráneo de los indígenas tenía las mismas medidas que las de muchos criminales guillotinados en Francia. Método científico, lo llamaron.

Domingo 22 de Julio de 1833, París

Senaqué, el más viejo de los cuatro, el “hombre que cura”, el chamán de su clan, se ha pasado los últimos días de cara a la pared, en un rincón, quejándose en su rústico español: “Pobre Senaqué, pobre Senaqué”. Hace días que no prueba bocado y se debilita poco a poco. Los académicos del Museo de Historia Natural resuelven internarlo en un sanatorio para intentar que recobre la salud. El dinero necesario para ello saldrá del fondo destinado al “tratamiento de animales raros”. Pero todo es inútil. Desvastado por la tristeza y por la angustia, agobiado por el encierro y debilitado por el ayuno, el viejo charrúa muere el 26 de julio, poco más de 5 meses después de haber sido arrancado de su tierra. El Museo de historia Natural se hace cargo de su cuerpo: se le quitan los órganos internos para estudiarlos, algunos de los cuales terminan siendo embalsamados. Con su piel se construye un “moulage” de tamaño natural, relleno de paja, aunque sus rasgos son “europeizados”: se le coloca cabello más corto y prolijamente peinado hacia atrás, y se le agregan unos ridículos bigotes sin tener en cuenta que los charrúas eran lampiños. Semejante obra de arte es catalogada con el número N-673. Ni este infame maniquí, ni ninguno de los órganos embalsamados de Senaqué salieron jamás de los sótanos del museo para ser expuestos en las vitrinas del museo. Hoy en día, no hay rastro de ellos.


Moulage de Senaque

Viernes 13 de Setiembre de 1833, París

El cacique Vaimaca Perú sobrevivió a su compañero apenas un mes y medio, y murió consumido por los mismos males que se llevaron su viejo amigo. Sus restos corrieron una suerte similar a los de Senaqué. Apenas muerto se realiza un vaciado en yeso de su cráneo, en base al cual se realiza un busto de gran fidelidad en cuanto a los rasgos se refiere. El resto de su cuerpo es objeto de diversos estudios y análisis; se emplean distintos trozos de su piel para un estudio de suma importancia: ¡determinar la cantidad de glándulas sebáceas y de folículos pilosos que tenía! El cráneo, por su parte, es trepanado y luego serrado para estudiar el cerebro. Su esqueleto se conservó y fue cedido más tarde al Museo del Hombre de París.


Vaimaca

Viernes 20 de Setiembre de 1833, París

Frente a una nutrida concurrencia de curiosos y médicos, que acudieron a observar el parto como si de un raro espectáculo se tratase, Guyunusa, auxiliada por Tacuabé, da a luz a la hija de ambos. Hay indicios de que pudieran haberla llamado Micaela. El parto de silla –en cuclillas– tan común entre muchas etnias indígenas, no tuvo contratiempos y la pequeña charrúa se sumó a sus padres en su indigno destierro. Asombrados, los asistentes comprueban que el llanto de la recién nacida “es en todo similar al de nuestros niños”. Pero la opinión pública iba a jugar su papel en este drama. En principio, los parisinos veían el espectáculo montado por De Curel como una simple curiosidad venida de ultramar. Pero a medida que los charrúas morían, y que los detalles de su confinamiento se conocían, la indignación le fue ganando espacio a la curiosidad. Las protestan fueron creciendo y agravándose, hasta que De Curel es denunciado a la Policía y huyó de París… pero no solo.

Con su “mercancía” a cuestas, De Curel viaja a su ciudad natal, Lyon, donde se desprende rápidamente de los charrúas vendiéndoselos a un empresario circense que los incorpora a su espectáculo. A efectos promocionales, le cambia el nombre a Tacuabé, llamándolo Jean Soulasol, “el Hércules de los Hércules”

Martes 22 de Julio de 1834

Sin embargo, el negocio no fue tal para el hombre del circo. Poco después de llegar a Lyon, Guyunusa muere de tuberculosis en el Hospital Hotel Dieu de Lyon. En su caso, no esperaron a que muriese para raparla y hacer el vaciado en yeso de su cabeza. El busto resultante es aún más vívido que el de Vaimaca. Su cuerpo fue sepultado en una fosa común. Luego de la muerte de su compañera, el joven Tacuabé se las arregla para huir del circo llevando consigo a su pequeña hija de diez meses de edad. A partir de allí su rastro se pierde, y las especulaciones sobre su destino son fundamentalmente dos:

La primera, sostiene que Tacuabé y la pequeña, carentes de defensas naturales ante la enfermedad, habrían debido contagiarse de la tuberculosis que mató a Guyunusa, y habrían muerto poco después.
La segunda, quizás más romántica, dice que Tacuabé, eximio domador de caballos, pudo haberse ganado la vida en el medio rural francés, sobreviviendo junto a su hija.


Guyunasa

En 1950, un pequeño artículo aparecido en un periódico de Lyon, sostenía que una familia radicada en la zona decía tener ancestros charrúas. Actualmente, todavía existe una calleja en esa ciudad que se conoce con el nombre de “Camino del Indio”, y la leyenda popular sostiene que se llama de esa forma porque una vez se vio un indio caminando por ese sendero, llevando una pequeña en brazos.

lunes, 22 de mayo de 2017

Uruguay: La masacre de Salsipuedes

Salsipuedes, una traición y una masacre 
Historias de la Historia

Venado, el cacique charrúa, le tendió amistosamente al general Rivera el cuchillo que éste le había pedido para picar su tabaco. Sin embargo, el militar reaccionó inesperadamente; se echó hacia atrás, fingiendo sorpresa, y en el mismo movimiento desenfundó su revólver y le disparó. Esa fue la señal que el resto de sus tropas, unos mil doscientos hombres, estaba aguardando para comenzar el ataque sobre los poco más de cuatrocientos indígenas charrúas –entre hombres, mujeres y niños– que se habían reunido en las riberas del arroyo Salsipuedes, era el 11 de abril de 1831.


Fructuoso Rivera
El General Fructuoso Rivera, primer presidente electo de la novel República Oriental del Uruguay, llevaba algunos meses planeando en secreto esa acción militar. Impulsado y presionado por los hacendados y terratenientes del noroeste del territorio, que denunciaban la presencia de los grupos seminómadas de indígenas en “sus” campos, Rivera decidió, a principios de 1831, poner punto final al “problema charrúa”. Y la suya sería una solución drástica y definitiva.

– Mirá, Don Frutos… ¡Tus soldados matando amigos!
A poco de comenzada la operación, otro de los caciques charrúas llamado Vaimaca Pirú, le increpó así a su viejo conocido, el General, por el inesperado ataque que su gente estaba sufriendo.

Aprovechándose de la larga relación de camaradería y respeto que mantenía con la nación charrúa, alimentada por cientos de campamentos y tolderías compartidos durante las luchas revolucionarias, Rivera convocó a todos los caciques charrúas para incorporarse a una nueva campaña militar que supuestamente comandaría contra el sur de Brasil, con el objetivo de recuperar ganado y repartirlo posteriormente entre quienes participaran de la expedición. Confiados, los caciques acudieron a su llamada, llevando consigo a sus guerreros, sus mujeres y sus niños, tal como era su costumbre, bien conocida por Rivera. En resumen, la nación charrúa entera respondía a la llamada de su viejo amigo, Don Frutos. El general Rivera, gran conocedor de la zona (baqueano), escogió el lugar de la emboscada con sumo cuidado. Sacó a los charrúas de la región de sierras y montes en las que se habían establecido y los citó en un lugar llano, que no ofrecía escondites naturales donde pudieran guarecerse. Así, recibió y agasajó a los charrúas en ese lugar con abundante comida y bebida, y dio la señal de atacar cuando estaban completamente desprevenidos.

Después de agotados todos los recursos de prudencia y humanidad, para atraer a la obediencia y a la vida tranquila y regular a las indómitas tribus charrúas […] Se decidió poner en ejecución el único medio que ya restaba, de sujetarlos por la fuerza […] Fueron en consecuencia atacados y destruidos, quedando en el campo más de 40 cadáveres enemigos y el resto con 300 y más almas en poder de la división de operaciones.
Ese fue el comunicado oficial que el presidente Rivera envió al presidente del Senado al día siguiente de la matanza. Sin embargo, las cifras reales fueron otras; entre los charrúas muertos en el lugar de la emboscada, los que lograron escapar y fueron asesinados durante los meses siguientes, y los que murieron tras ser hechos prisioneros durante la larga marcha de más de 400 kilómetros a pie hasta Montevideo… más de la mitad de la nación charrúa fue aniquilada como consecuencia de la acción militar de Rivera en Salsipuedes.

Sólo unos pocos lograron escapar y perderse en los campos, evitando la muerte y la captura. Los que llegaron a Montevideo fueron repartidos entre los habitantes de la capital como servidumbre, desmembrando las familias charrúas según la conveniencia de sus nuevos “amos”, perdieron rápidamente su identidad cultural, sus tradiciones y su forma de vida. Por lo tanto, la solución final ideada por el general Fructuoso Rivera para el “problema charrúa” fue realmente efectiva. En 1833, el viejo cacique Vaimaca Pirú, su curandero Senaqué, el guerrero Tacuabé y la india Guyunusa fueron vendidos a un empresario francés que los embarcó rumbo a París para exhibirlos como objetos exóticos. Los cuatro son conocidos como Los Últimos Charrúas.



Durante más de 150 años, la historiografía oficial del Uruguay sostuvo que la etnia charrúa se había extinguido completamente. Sin embargo, en la década de 1990 se comenzaron a realizar estudios históricos y genéticos que comprobaron que un gran número de personas, sobre todo en las zonas Norte y Noreste del Uruguay y en las zonas limítrofes de Brasil y de Argentina, tienen ancestros charrúas en su árbol genealógico. Hoy en día, el 11 de abril es celebrado en Uruguay como el Día de la Nación Charrúa y se organiza una cabalgata hasta el lugar de la matanza donde se realiza un homenaje en honor a los caídos.

Colaboración de Pablo Petrides

jueves, 11 de mayo de 2017

Argentina: Cómo vivían las tribus hacia el Siglo 13

Los porteños originales: vivían a orillas del Riachuelo en el siglo XIII
Investigadores argentinos y vascos determinaron que se trata de una aldea indígena del siglo XIII; los restos analizados fueron encontrados en el parque Ribera Sur y detrás del autódromo Gálvez
Laura Rocha | LA NACION


Camino, Loponte y Schávelzon analizan los restos indígenas


Los primeros porteños eran cazadores y recolectores, creaban sus propias armas y elaboraban vasijas de cerámica en las que cocinaban. Vivían en chozas rodeados por una fauna que hoy no se encuentra en la zona: ñandúes, venados de las pampas y guanacos. Son hombres que vivieron en el Holoceno tardío, en el siglo XIII, unos 300 años antes de que los españoles llegaran a estas costas. Éstas son algunas de las conclusiones a las que llegó un grupo de expertos de la Universidad del País Vasco (UPV), de la Universidad del Museo Social y de la UBA, que encontró los restos hace un año, detrás del Autódromo de Buenos Aires y en el parque Ribera Sur.


Los investigadores excavaron en ese lugar en busca de restos de la primera expedición española, la de Pedro de Mendoza, y hallaron a los primeros habitantes.

Lo consiguieron gracias al aporte y al análisis que se hizo en Europa con una técnica que se denomina termoluminiscencia (ver aparte). "Hablamos de un sitio que tiene unos 700 años de antigüedad y muestra un paisaje similar al que describen los primeros castellanos que llegaron a estas costas", explica Daniel Loponte, arqueólogo del Conicet encargado de recopilar e interpretar la información de los hallazgos.

"Son grupos móviles que desarrollaron unas estructuras habitacionales con postes bastante gruesos", agrega el experto, que cuenta que el sitio de exploración era la parte alta de un bañado del Riachuelo antes de ser rectificado.

Daniel Schávelzon es el director del Centro de Arqueología Urbana (CAU) y a partir un trabajo de otro arqueólogo urbano, Ulises Camino, propuso buscar entre los lugares que exploró Carlos Rusconi a principios del siglo XX.

"Rusconi anunció un descubrimiento, en 1926, de dos paraderos indígenas que denominó A y B, sobre las barrancas del río Matanza, en Villa Riachuelo, en la Capital. Nos indicó el lugar, pero no pudo avanzar más. Lo que pudimos hacer ahora es excavar en, tal vez, uno de los últimos lugares con estas características de la ciudad", indica Schávelzon.

"Tenemos que imaginarnos que la entrada del Riachuelo era un delta, era un conjunto de islas con sauces; hay crónicas y fotos hasta de 1900 en las que describen paradores y paseos en bote", agrega el experto.

Miedo a los "tigres"

El diario de Ulrico Schmidl, un expedicionario famoso por haber descripto la zona del Río de la Plata en el siglo XVI, es lo más cercano al hábitat y a las costumbres que este descubrimiento permite mostrar.

"El español hablaba del miedo que les tenía a los tigres y menciona un grupo al que denomina querandíes, pero no dice dónde los encuentra, si cerca o lejos de la costa", relata Loponte.

Los investigadores explican que el avance español que diezmó las poblaciones se produjo al borde del Río de la Plata. Ésta es una población de la llanura, de lo que se denomina pampa ondulada.

"Eran grupos que iban y volvían, entonces tal vez armaban una estructura de vivienda que luego era usada en otra temporada. Por ejemplo, los morteros para moler la comida o las parrillas en las que secaban las carnes las enterraban en lugares determinados para volver a ser utilizados", dice Loponte.


Las excavaciones se hicieron a principios de 2016.

La ubicación temporal del asentamiento también permite analizar que el clima no era muy diferente al de la actualidad. "El Holoceno tardío se ubica entre 3500 y 500 años atrás. Eso significa que estos pobladores no pueden haber vivido antes de esa fecha", sostiene Camino.

Si bien el desarrollo y el modo de vida son una hipótesis, este asentamiento permitió detectar el contacto con otros grupos.

"Por primera vez en la zona existe la hipótesis de que fabricaban sus propias armas", sostiene Camino. El equipo llega a esa conclusión tras el hallazgo de puntas de flechas en distintas etapas de confección.

Armas

Loponte indica: "En la zona del Delta se han encontrado restos, pero siempre prefabricados. Aquí vemos distintos grados de avance en la confección de esas puntas de lanza". La hipótesis indica que esas piedras provenían de la zona de Tandil y que los grupos tenían contacto con otros, de Entre Ríos y de Uruguay. "Se trata de pueblos interconectados que intercambiaban bienes y materiales", aporta Camino.

El hallazgo arqueológico más antiguo en el área metropolitana hasta ahora era del siglo XVII, en San Telmo. Y una de los grandes desafíos era conseguir vestigios de la primera fundación de Buenos Aires, en 1536.

"El asentamiento fue destruido por los españoles en 1541 para dirigirse mucho más al Norte, a Asunción, por órdenes llegadas de Madrid", indica el informe preparado para explicar la excavación que llevan adelante en la zona sur de la ciudad la Universidad del País Vasco (UPV), la Universidad del Museo Social Argentino (UMSA) y la UBA.

Parque Lezama

"En 1989 se hicieron excavaciones en el parque Lezama, sitio que durante mucho tiempo se consideró -sin prueba alguna, por cierto- el verdadero lugar de esa primera población, pero nada se encontró para demostrarlo. En 2005 se llevó adelante un relevamiento de arqueología de superficie de plazas y parques, incluyendo áreas abiertas sobre la vieja barranca del río, en el sur de la ciudad, hasta Parque Patricios, sin material de esa cronología (siglo XVII)", detalla el informe.

En 2012, en la plaza San Martín se hizo un nuevo trabajo, luego de que, en 1999, se registró un hallazgo casual de material. Allí aparecieron objetos de la vida cotidiana, como la cabeza de una muñeca de porcelana peinada con rodete, posiblemente de origen inglés o francés. O una ficha de dominó hecha en hueso, que dataría del siglo XIX. También hay fragmentos de vajilla y trozos de un porrón de cerveza marca Glasgow-Kennedy, que se fabricó entre los siglos XIX y XX. Pero, como se dijo, nada que datara del siglo XVI.

Este nuevo descubrimiento obliga a reescribir la historia de estas pampas. Los paisajes descriptos, ya en el siglo XIX, hablan del caballo y de la vaca. "Claramente son los animales y las prácticas introducidas. Charles Darwin, en 1833, sostiene en sus observaciones que es impresionante cómo ha cambiado el paisaje. No se mencionan los guanacos", apunta Loponte, y destaca que este tipo de mamífero era común encontrarlo mucho más en el sur de nuestro país.

lunes, 10 de abril de 2017

Araucanos viven estafando en la Patagonia

Novedades mapuches en la Patagonia
Aquí no hay nadie originario, no hay otra bandera que la de Belgrano y, desde Roca en adelante, nadie cobra peaje ni exige tributos salvo la propia nación
Por Rolando Hanglin | Infobae




El empresario hotelero Gustavo Fernández Capiet envió una carta pública al secretario de Turismo local, Esteban Bosch, y al intendente del Parque Nacional Lanín, Horacio Peloso, con algunas reflexiones sobre el creciente problema mapuche. Sostiene que ha llegado la hora de poner límites.

"Esta comunidad originaria quiere tomar cada vez más espacio público para uso propio al amparo de supuestos derechos ancestrales, que en lo personal creo que corresponderían a los tehuelches". "En esta cultura parece que no valen el trabajo y el esfuerzo, aunque hay excepciones. Tienen miles de hectáreas, y no producen más que lo mínimo. Pero en verdad podrían ser proveedores de determinadas frutas y hortalizas de toda la provincia, y sus derivados con valor agregado como dulces, conservas, salsas, etcétera. Ganadería ovina y bovina: podrían producir mucha carne y derivados como leches y quesos. De turismo, ni hablar: sea con cabalgatas, servicios de gastronomía típica, trekking, camping, cultura, guías reconocidos de montaña, etcétera, pero pensando en dar servicio y no en sacar plata por sólo por sus derechos ancestrales".

"Cobran por entrar a la islita, no por algún servicio sino solo por 'pisar su propiedad' cuando la islita y sus playas son un espacio público". "Cobran acceso al Parque Lanín gracias al comanejo, o mejor dicho al des-manejo, y no sólo en el muelle, afectando a una excursión emblemática del destino, sino que lo hacen al llegar a la villa, que se supone que sería un barrio abierto, al que se llega por un camino público y no propiedad de ellos, mantenido por la provincia y no por ellos".

"Cobran por entrar a la cascada de Quila Quina, donde parece que no hay franja de ribera. Si fueran estancieros, los acusarían de violar la Constitución y como mil leyes, por terratenientes y usurpadores del espacio público. Nótese que el acceso a la cascada nunca se aleja de los 15 metros del río, pero no reparan la baranda. Hemos tenido víctimas fatales allí, ya que ninguno acompaña a los visitantes ni por prevención ni para explicar nada, ni siquiera para tener limpio el lugar. Que generalmente es una mugre, como el puesto que tienen a la entrada. Lo sé porque paso y lo veo regularmente".

"Uno va al mirador Arrayán y te roban ahí arriba mismo. Todos saben quiénes son. Desde nuestro hotel no recomendamos más ir allí, pero sí a la casa de té. El Mirador del Centenario, por falta de mantenimiento y de acción nuestra, está cerrado e inaccesible".

"Si se intenta organizar una carrera que pase por 'su territorio' y no les pagás a ellos, no se hace, y siempre se exceden en el cobro, pero Parques los cobija, porque si no les llevás el pago de ellos, no te autorizan la carrera".

"¿Querés madera? Ellos te la venden: la marcan como leña y la venden como madera. Pregunten a varios de los comerciantes que les compran… después hacen un escándalo en Villa la Angostura, por 50 lengas que tiraron para un circuito de cross, y que entiendo que fueron reemplazadas por muchas más que se plantaron. Allí se hicieron tres carreras en tres años, no se corre todos los domingos, y metieron en la villa 15 mil, 20 mil y 28 mil espectadores, y fue elegido dos veces el mejor de todos los circuitos del campeonato. Como yo estaba allí, aseguro que, de toda la gastronomía en oferta, la mitad era 'legal' y la otra mitad era de ellos a través de clubes, cooperadoras y demás. Los vi: serían unos cien trabajando y diez, quince protestando por la deforestación. En Manzano Brujo, en cualquier momento empiezan a poner obstáculos peores".

"Cobran un canon por la concesión de Chapelco. Sin embargo, en su momento se opusieron a la construcción de suficiente reservorio de agua para los cañones, crearon un negocio de dudosa legitimidad en la base y, ante cualquier reclamo, apelan al corte de ruta como medida de extorsión, perjudicando a turistas que nada tienen que ver con la problemática".

"Les dieron el espacio en la plaza para que pusieran la bandera como si estuviéramos en otro país. En el fondo, es lo que persiguen. Ya lo han proclamado".

Algunas aclaraciones históricas sobre el asunto. En toda la correspondencia de Calfucurá, desde 1833, no se habla jamás de mapuches. Se habla de "chilenos". Son los araucanos que cruzaron la Cordillera de los Andes desde la Capitanía General de Chile, formando al principio dos grupos aislados: los vorogas (de Vorohué, Chile) y los ranqueles o ranculches.

En 1831, Calfucurá cruza la Cordillera y pasa a degüello a los jefes vorogas Alon, Rondeado, Meilín y otros. La población se incorpora aterrorizada a las huestes del chileno y lo mismo van haciendo los pobladores tehuelches de la Pampa, Córdoba, Mendoza, Patagonia, Buenos Aires, San Luis. Ellos sí eran aborígenes argentinos y han sufrido infinidad de abusos a manos de los conquistadores españoles y, después de 1810, de los argentinos. Mientras tanto, fueron absorbidos por los jefes chilenos. Predominó la magnífica y expresiva lengua araucana. Ya no quedan en nuestro país tehuelche-parlantes. Uno de los últimos fue el antropólogo argentino Rodolfo Casamiquela, que ha explicado muy bien la diferencia (hoy convenientemente confundida) entre tehuelches argentinos y araucanos chilenos. Estos últimos abandonaron sus rucas de piedra y adoptaron el toldo o paravientos de cuero, propio de los tehuelches nómades. Del hombre blanco tomaron el caballo, la vaca (elemento de comercio) y las mujeres, que raptaban en gran cantidad. Por eso los que hoy se presentan como aborígenes tienen generalmente la piel y los ojos claros. Son descendientes de caciques.

Es cierto que en las "raciones" que repartían los gobiernos de Juan Manuel de Rosas, Justo José de Urquiza y otros (para frenar los malones en una vergonzosa extorsión) abundaban el aguardiente, las botas, los aperos, el tabaco, la yerba, el vino, los acordeones, los ponchos ingleses, los pañuelos, la harina, el azúcar. ¡De todo menos una pala o un arado!

Aquellos hombres de Calfucurá no eran argentinos y mucho menos originarios. Sus descendientes sí lo son, igual que los descendientes de genoveses, asturianos o bearneses. Ciudadanos argentinos. Aquí no hay nadie originario, no hay otra bandera que la de Belgrano y, desde Roca en adelante, nadie cobra peaje ni exige tributos salvo la propia nación.

Cabe resaltar que el año 1810 es primordial: la lucha entre chilenos y realistas contó con la participación de los araucanos, casi siempre a favor de los españoles porque España había tenido que reconocerles un territorio propio, entre los ríos Maule y Bío-Bío, hecho único en la historia de los imperios. Por lo tanto, al caducar el dominio español, los araucanos chilenos buscaron en La Pampa, San Luis, Córdoba, Mendoza, Buenos Aires, un vasto territorio donde se podía cazar (vacas ajenas) y cautivar lindas mujeres rubias, también ajenas.

El autor de este artículo es partidario de que se mantenga impoluta y sin manchas la estatua del gran presidente argentino Julio Roca, y también de que se enseñe el lenguaje mapudungún en las escuelas de Pampa y Patagonia, se celebre el Año Nuevo Pampa el 24 de junio y se estudie la vida de los grandes caciques en nuestra escuela, incluyendo a Pincén, Catriel, Calfucurá y su hijo también chileno Namuncurá. Porque todos ellos contribuyeron a formar nuestra nación en tiempos salvajes, tanto como Juan Lavalle y Manuel Dorrego. Son parte entrañable de la historia.

martes, 4 de abril de 2017

Pueblos originarios: Los araucanos, quiénes carajo son?

¿Quiénes son los mapuches?
Quiere decir gente de la tierra. Si se usa como símbolo es correcto

Rolando Hanglin - LA NACION

¿Quiénes son los mapuches? ¿Qué diferencia hay entre los mapuches, los tehuelches y los ranqueles? ¿Es cierto que los mapuches fueron pobladores originarios del territorio argentino, y por lo tanto deberíamos devolverles sus tierras, así como los ingleses deberían devolvernos las Malvinas?

Intentaremos responder a estas preguntas con un vistazo rápido al pensamiento de Rodolfo Casamiquela, antropólogo y paleontólogo argentino nacido en Ingeniero Jacobacci (Río Negro, 1932) y fallecido en 2008. Es célebre por su descubrimiento del Pisanosaurus Mertii y sus estudios sobre antropología de La Pampa y la Patagonia.


"Los pueblos originarios: el poblamiento indígena de la Patagonia es todavía tan impreciso como la propia región. Hoy no queda un solo tehuelche puro: la lengua tehuelche del norte se extinguió en 1960 y queda una decena de hablantes de la lengua sureña. Unos 250.000 parlantes de araucano en Chile y 20.000 en la Argentina, seguramente todos ellos mestizos de blanco e indio.

"¿Es cierto que los mapuches fueron pobladores originarios del territorio argentino, y por lo tanto deberíamos devolverles sus tierras? "

"Los tehuelches como unidad somática mostraban rasgos de alta estatura y gran corpulencia -que precisamente alimentaron el mito de los "gigantes patagones"- más la morfología y robustez del cráneo, dolicocéfalo: o sea alargado, como en todos los biotipos antiguos de América. Con ellos, los antropólogos físicos clásicos distinguieron la ´raza Patagónica o Pámpida'".

Casamiquela, frecuentemente escrachado por activistas mapuches, afirma que ellos no tienen interés en la cultura indigenista, sino que son más bien "piqueteros". Siempre luchó por salvar del olvido la lengua del pueblo tehuelche. Esto le preocupaba más que los escraches. "Si se definen como mapuches, son chilenos, y si son chilenos, no tienen derecho sobre la tierra argentina".

"Empecé a estudiar esto a los 14 años. Me fui a Buenos Aires y un día, en la Biblioteca Nacional, empecé a leer mapuche, sin saber que en mi pueblo (Ingeniero Jacobacci) la mitad de los chicos hablaba esa lengua, porque entonces ellos ocultaban su origen. Ni los maestros lo sabían. Entonces, cuando volví, fue una grata sorpresa descubrir que los peones que enfardaban la lana en una casa comercial, donde trabajaba mi padre, eran de origen indígena. Con ellos pasé un verano fantástico, porque empecé a anotar las primeras cosas sobre su idioma. A los 16 años, siempre acompañado por los indígenas, ya estaba haciendo el primer museo referido a su historia.

"He conocido a cientos de indígenas y a todos los hablantes de tehuelche de la Patagonia. Aprendí que primero vino el mundo tehuelche paleolítico, muy antiguo. Los antepasados de sus antepasados se remontan a 10 mil ó 12 mil años y evolucionaron en la Patagonia. Mucho después de la llegada de los españoles, alrededor del 1600, el caballo permite que los tehuelches copen todo el ámbito pampeano y Neuquén. Al mismo tiempo empieza la mapuchización. Existen grandes diferencias entre unos y otros.

"Los gigantes patagones no son una fantasía, sino los tehuelches reales, que alcanzaban casi los dos metros de altura y una corpulencia de 150 kilos, de tez oscura y ojos asiáticos, que vivían de la caza y se vestían con pieles. Los araucanos o mapuches, en cambio, son una gente de raza mediana, cultivadores al modo andino, que tenían casas de madera y paja y trabajaban en forma maravillosa el tejido y la platería; ellos tenían una trayectoria cultural superior, que los tehuelches imitaron.

"Siempre luchó por salvar del olvido la lengua del pueblo tehuelche "

"Con la llegada de la religión y la onomástica se va produciendo una transformación en la lengua. Los caciques tehuelches, en el norte de la Patagonia, empezaron a hablar mapuche. Pero las mujeres siguieron hablando tehuelche. Incluso algunas familias saltaron del tehuelche al castellano, sin pasar por el mapuche. Hubo un sincretismo religioso y lo tehuelche se mapuchizó. Pero el mapuche, como pueblo. estaba del otro lado de la Cordillera: en Chile.

"Hoy hay descendientes vivos de grandes caciques tehuelches. Sólo son algunas familias, los otros son descendientes de mapuches. Los Catriel, los Cual, los Curiñanco. Los Ñanco, por ejemplo, son descendientes de Sacamata, uno de los caciques más serios del norte de la Patagonia, nacido entre 1870 y 1880. Uno de mis maestros fue quien salvó la lengua tehuelche, ya que era el último que la hablaba. Se llamaba José María Cual, que en tehuelche quiere decir cuello. Él murió en 1960, a los 90 años. Cuando lo conocí, yo era un muchacho y él estaba ciego. Durante muchos años nos dedicamos a la lengua tehuelche y por él quiero rendirle el mayor homenaje a este pueblo, descendiente de los habitantes más antiguos de América.

"Un día juré rendir tributo a esta nación única, salvando lo que se pudiera. Estoy solo en esto. Los descendientes no estudian a sus antepasados, porque eso significaría leer a los blancos y hay una especie de rechazo, una negación, que es como hacerse trampa en el solitario de la vida. No se puede avanzar. Entonces soy un maestro ciruela, vale decir un científico, que dice la historia como la cuenta la antropología. No hago concesiones de tipo demagógico. Por ello, si digo que acá no había ningún mapuche en 1865 y que recién llegaron en 1890, digo lo que es la historia, no lo invento. Sólo que otros callan. Entonces soy el malo.

"Pero los que me escrachan no son indigenistas en el sentido cultural, sino piqueteros. Son políticos.

"Todo esto es un pretexto. Hay que pensar qué buscan. Si se definen como mapuches son chilenos, y si son chilenos no tienen derecho sobre la tierra de la Argentina. Esta es la clave. Entonces, como yo explico que son chilenos, vengo a ser el enemigo. Cualquier chileno sabe que los mapuches son de Chile. Los líderes también lo saben. La juventud, no. El 99 por ciento de los que se definen como mapuches son, en realidad, de origen tehuelche. Pero se han dado muchas confusiones por la lengua o el apellido. Así se va perdiendo la identidad.

"Ocurre que la palabra mapuche es muy atractiva. Quiere decir gente de la tierra. Si se usa como símbolo es correcto. Yo también soy gente de la tierra. En 1960, como un homenaje, el Primer Congreso del Área Araucana Argentina propuso que a los araucanos se les dijera mapuches, como en Chile.

"El abuelo era tehuelche puro, pero el nieto es mapuche. Entonces, la Patagonia perdió su identidad "

"¿Pueblos originarios? En 1816 no había mapuches en Argentina. Los primeros se radican en la Pampa en 1820. En 1890, al sur del Limay y el Negro, los primeros pobladores de origen chileno fueron los mapuches y los chilotes. Hay que distinguir muy sutilmente en todo este asunto.

"La pérdida de identidad es terrible. Los nietos de mis maestros, que sabían lo que eran, hoy se creen todos mapuches. Es decir, el abuelo era tehuelche puro, pero el nieto es mapuche. Entonces, la Patagonia perdió su identidad. Esta es tierra de aluviones, porque todos los días llega gente desde otros lugares".

Las afirmaciones de Casamiquela han sido simplificadas para su mejor comprensión. Pero así pensó hasta el fin. El toldo portátil -acotamos- es una creación del nomadismo plasmada por la fusión de mapuches y tehuelches. Otras denominaciones históricas como pampas o serranos corresponden a una localización geográfica. Por lo demás, los tehuelches no llamaban así a su propia etnia, sino gunnuna-kena o aoniken: el nombre que le daban los araucanos quedó en la historia, como aquello de "puel-ches". Gente del Este...¡Vista desde Chile!

Fuentes: El Chubut / Azkintuwe Noticias/ Los Mastuatos."Patagonie, une tempete imaginaire".

jueves, 2 de febrero de 2017

Argentina: Resurgimiento de los ranqueles

El resurgimiento de algunos pueblos indígenas en Argentina tras siglos de penurias
Por JONATHAN GILBERT - The New York Times




Fermín Acuña, vicepresidente del Consejo de Caciques Ranqueles en Santa Rosa, Argentina, en el monumento donde se encuentra enterrado Panguithruz Güor, un importante cacique del siglo XIX. Los ranqueles recuperaron este terreno en 2001 y trajeron aquí sus restos, que estaban en un museo. Credit Meridith Kohut para The New York Times


VICTORICA, Argentina — Cada año, la noche del 23 de junio, se reúnen en un lugar sagrado en estas llanuras ocres para celebrar el Año Nuevo de un calendario precolombino. Vestidos con ponchos y un tipo de joyería llamado tupu, ofrendan comida, celebran un banquete con costillas asadas y cuentan historias. Por la mañana marchan alrededor de un poste ceremonial de madera y una fogata alimentada durante la noche en honor a la tierra.

Para los indios ranqueles la escena está cargada de emociones y ofrece una visión de su resurgimiento en medio de una larga lucha por el reconocimiento después de siglos de penurias y pérdidas.

A lo largo de todo el continente americano, por supuesto, se han desarrollado luchas similares, pero el sentimiento de haber sido excluidos del diálogo nacional ha sido especialmente grave para los pueblos indígenas de Argentina.

Mientras que legisladores de Buenos Aires y de las provincias han hecho distintos esfuerzos de reconciliación, los líderes indígenas se quedaron perplejos el año pasado cuando Mauricio Macri, después de ganar la elección presidencial, destacó solo los logros de los inmigrantes europeos influyentes en su discurso (más tarde trató de calmar los ánimos reuniéndose con representantes indígenas).


Grupos indígenas de toda la Argentina se reunieron en un encuentro anual en Santa Rosa el mes pasado para preparar un documento que se enviará al gobierno sobre temas como derechos territoriales y atención a la salud. Credit Meridith Kohut para The New York Times

“Ningún presidente argentino ha hecho esfuerzos reales para reparar el daño hecho a los pueblos indígenas”, dice Pedro Coria, de 51 años, sindicalista y presidente del Consejo de Caciques Ranqueles en Santa Rosa, la capital de la provincia de La Pampa.

Ese daño comenzó después de la conquista española, con trabajos forzados en minas lejos de su tierra natal y el uso de indígenas como moneda de cambio en acuerdos comerciales. Las tribus se resistieron en el siglo XIX con varios malones. Sin embargo, a finales de la década de 1870, Julio Argentino Roca, entonces general y futuro presidente, encabezó una campaña llamada la Conquista del Desierto en la que les arrebató las pampas y el norte de la Patagonia.

El general Roca, considerado durante mucho tiempo como un héroe que abrió paso en el “desierto” para los inmigrantes europeos pobres y unió a una nación rebelde, ha sido catalogado más recientemente como un genocida por historiadores y activistas. Eso dio lugar a campañas para rebautizar bulevares que llevaban su nombre, derribar estatuas suyas e incluso eliminar su imagen y sus conquistas del billete de 100 pesos.

Sin embargo, sigue sin haber un consenso acerca del trato dado a los indígenas en el pasado, ni tampoco se ha dado respuesta a sus demandas en el presente. Hace poco, en un largo editorial, el influyente diario conservador La Nación salió en defensa del general Roca.


Juan José Serraino, un criador de cabras con ascendencia ranquel, vive en una pequeña comunidad de descendientes ranqueles en Victorica. La comunidad consiguió que el gobierno restableciera sus derechos sobre la tierra y se les diera condicionalmente una parcela de seis hectáreas. Credit Meridith Kohut para The New York Times

En otros países de la región el movimiento indígena ha logrado triunfos notables. En Bolivia, un presidente indígena, Evo Morales, gobierna el país desde hace más de una década. En Paraguay, el guaraní sigue siendo tan utilizado como el español. En Ecuador, el gobierno incorporó conceptos indígenas en la Constitución de 2008.

No obstante, en Argentina, la conmemoración del bicentenario de la independencia en julio resultó irritante, y pareció confirmar las sospechas de los pueblos indígenas de que se estaban ignorando su cultura y su historia.

En una declaración conjunta, algunos grupos lanzaron una pregunta retórica: “¿Qué tenemos que celebrar?”.

Mientras los debates sobre las comunidades qom y wichí del norte de Argentina suelen tratar sobre la desnutrición infantil y los indígenas mapuche en la Patagonia luchan contra la invasión de la industria del petróleo de fractura hidráulica (o fracking), las comunidades ranqueles han surgido como pacientes defensoras de los derechos indígenas.

Las comunidades se han asegurado una serie de victorias, incluyendo la resolución de controversias territoriales y la transcripción fonética de libros de texto para conservar su lengua, que no era escrita. En términos más generales, han revertido una tradición entre los argentinos del interior de ocultar sus orígenes ranqueles. Tener un linaje indígena ya no es causa de vergüenza, sino que ahora es motivo de orgullo.


Un monumento a la cultura ranquel en Leuvucó. Las ocho figuras en el monumento simbolizan a los jefes. Credit Meridith Kohut para The New York Times

“Sus esfuerzos han pasado casi inadvertidos”, explica Graciana Pérez Zavala, historiadora de la Universidad Nacional de Río Cuarto, quien ha escrito ampliamente sobre los ranqueles.

“Están acabando con la idea de que los pueblos indígenas fueron exterminados durante la Conquista del Desierto”, dice. “Nos están demostrando que están vivos”.

A una corta distancia de Victorica, un pueblo rural de unos 6000 habitantes rodeado de bosques, los ranqueles pueden señalar el que quizá sea su mayor logro: la devolución de un sitio de dos hectáreas que fue parte de su asentamiento más grande, Leuvucó, antes de que el general Roca incumpliera los acuerdos de paz y enviara soldados a arrasar con todo en las llanuras centrales.

El grupo indígena logró recuperar un terreno baldío en 2001 después de dejar de lado rivalidades entre clanes, y de buscar ayuda de autoridades federales y provinciales. Ahí es donde celebran el Año Nuevo y donde enterraron los restos de un importante cacique del siglo XIX, Panguithruz Güor, cuyos restos habían permanecido en un museo a 804 kilómetros de allí.



Una comida en el encuentro nacional de pueblos indígenas de toda Argentina el mes pasado. Credit Meridith Kohut para The New York Times

Para los que no pertenecen a su etnia, esa franja de tierra y el monumento oxidado en honor a varios caciques ranqueles pueden parecer poco más que símbolos, pero tienen poder.

“El simbolismo es importante”, dijo en una entrevista Fernanda Alonso, ministra de desarrollo social de la provincia de La Pampa. Para que los ranqueles prosperen, aseguró, “tienen que reconstruir su pasado”.

Anteriormente, era poco probable que quienes visitaban La Pampa se enteraran de la herencia indígena de la provincia, aunque tal vez podrían haber notado la imagen de un ranquel en el escudo provincial y en algunos caminos antiguos.

Aunque algunos académicos señalan los esfuerzos anteriores que se han hecho para avanzar en la causa de los pueblos indígenas, 2001 se considera en términos generales el año del renacimiento de los ranqueles, ya que se dio impulso a más de 20 comunidades a lo largo de La Pampa.



Clase en lengua ranquel en la sede del Consejo de Caciques de Santa Rosa el mes pasado. Credit Meridith Kohut para The New York Times

“La restitución fue un hito”, dice María Inés Serraino, maestra de ciencias en Victorica, donde los vecinos anunciaron su llegada con un aplauso. “Se está preparando el terreno para el rescate de una cultura que siempre se nos negó”.

Serraino recordó cómo su abuela paterna, una indígena ranquel que se casó con un inmigrante siciliano, le contaba historias sobre los valores indígenas, como el amor por la naturaleza y la vida comunitaria.

En años recientes, ella y su familia han conformado una comunidad ranquel de catorce personas, reconocida por el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas.

Aunque se han visto fortalecidos por una ley promulgada en 2006, los pueblos indígenas de Argentina siguen luchando por sus derechos sobre la tierra. Sin embargo, a la comunidad de Serraino  —que lleva el nombre de su abuela— las autoridades municipales le entregaron un terreno de seis hectáreas. En esa tierra, su grupo quiere revivir la tradición de la agricultura de subsistencia comunitaria. También se está construyendo una pequeña edificación para reuniones y eventos culturales.

A lo largo del centro de Argentina se han repetido historias de éxito similares, no solo en La Pampa, sino también en la cercana Provincia de San Luis.

En La Pampa occidental las autoridades respaldan a las comunidades ranqueles, incluyendo una llamada Epumer, sobre la que pesaba una amenaza de desalojo debido a batallas legales por el territorio. A medida que los agricultores buscan nuevas fronteras más allá del corazón agrícola del país, se teme que aumenten los conflictos por la tierra.



Mercedes Soria, líder indígena, encabeza la ceremonia de apertura del encuentro nacional. Credit Meridith Kohut para The New York Times

Tratando de volver a conectar a la población con sus raíces indígenas, los líderes también imparten charlas entre los niños en las escuelas. En Santa Rosa, donde se celebrará una reunión cumbre de pueblos indígenas de Latinoamérica este mes, el consejo de caciques se mudó hace unos cinco años a una modesta sede rentada que alberga una pequeña biblioteca y habitaciones para huéspedes.

En una sala de reuniones donde se exhibe un nuevo diseño de la bandera de los ranqueles se enseñan clases de su idioma a grupos de adultos. En Victorica incluso las señales de tránsito incluyen traducciones al ranquel de los números de las calles.

A pesar de ello, los obstáculos continúan. Los abogados defensores dicen que hasta ahora, por ejemplo, ninguna comunidad cuenta con los títulos de propiedad de las tierras recuperadas.

Para recalcar la naturaleza provisional del logro más importante de los ranqueles, Osvaldo R. Borthiry, el hombre de 83 años que donó las dos hectáreas en el sitio de Leuvucó, dijo que sus hijos decidirían el futuro de la propiedad.

Otros descartan la idea de trabajar dentro del sistema y abogan por una posición separatista. “Cuando tu país no representa quién eres, ¿qué más puedes hacer?”, dijo Miguel Ángel Saulo, de 62 años, líder de los tehuelches en el sur de Argentina.

Sin embargo, los ranqueles y sus defensores no se desaniman.

“Solía ser motivo de vergüenza decir que eras descendiente de indígenas”, dijo Marcela Suárez, una conserje de 46 años, mientras daba vueltas al poste de madera en Leuvucó. “Ahora es un orgullo”.

miércoles, 18 de enero de 2017

Patagonia: El genocidio aonikenk por parte de los araucanos

Polémica por genocidio: Aseguran que los mapuches exterminaron a los tehuelches

Actual Río Negro


“Roca no enca­bezó una cam­paña pri­vada en 1879. Fue como coman­dante en jefe del Ejér­cito Nacio­nal a cum­plir la misión que Ave­lla­neda, pre­si­dente de la Nación Argen­tina, ele­gido por el pue­blo, le había asig­nado. Y esa cam­paña estuvo des­ti­nada a inte­grar, a incor­po­rar de hecho a la geo­gra­fía argen­tina prác­ti­ca­mente la mitad de los terri­to­rios his­tó­ri­ca­mente nues­tros y que esta­ban bajo el poder tirá­nico del malón arau­cano, cuyos fru­tos más nota­bles eran el robo de ganado, de muje­res y la pro­vo­ca­ción de incendios.

Los arau­ca­nos, hoy deno­mi­na­dos mapu­ches, lle­ga­ron a la Argen­tina allá por 1830, cuando la Nación Argen­tina era ya inde­pen­diente y sobe­rana. Por lo tanto, fue­ron inva­so­res. El pri­mer grupo de inva­so­res los cons­ti­tu­ye­ron apro­xi­ma­da­mente unos 100 indí­ge­nas capi­ta­nea­dos por Yan­que­truz. Se afin­ca­ron en Neu­quén y desde allí se fue­ron exten­diendo hacia el sur y el norte.

El ver­da­dero geno­ci­dio lo come­tie­ron los arau­ca­nos cuando ani­quila­ron a los Gue­na­ken, tam­bién lla­ma­dos Tehuel­ches, que eran lo autén­ti­cos abo­rí­ge­nes de la Pata­go­nia Norte.

Actual­mente como argen­ti­nos tie­nen todos los dere­chos al igual que los demás argen­ti­nos, pero no a inten­tar fal­sear la his­to­ria y pre­ten­der les devuel­van tie­rras que nunca les pertenecieron.

  1. En 1879 las tro­pas de Caful­curá eran pode­ro­sas, lo prueba el hecho de que gana­ron las pri­me­ras bata­llas con­tra el Ejér­cito Nacional.
  2. Ambos ban­dos con­taba con fusi­les Reming­ton. Los arau­ca­nos los traían de Chile, donde se los ven­dían los ingle­ses a cam­bio del ganado argen­tino robado en los malo­nes. Prueba de ello es que la columna del Ejér­cito Nacio­nal coman­dada por el general Ville­gas tenía como obje­tivo clau­su­rar y con­tro­lar los pasos andi­nos por donde les lle­ga­ban a los arau­ca­nos los Remington.
  3. Los indí­ge­nas arau­ca­nos eran tra­di­cio­nal­mente muy gue­rre­ros. Recor­de­mos que en los pri­me­ros tiem­pos de la con­quista espa­ñola aso­la­ron varias impor­tan­tes ciu­da­des en Chile que los chi­le­nos tar­da­ron siglos en reconquistar.
  4. Los arau­ca­nos, en el año 1250 subie­ron hacia el Norte y des­tru­ye­ron el Impe­rio de Tiahua­naco. Este Impe­rio era mayor y mucho más civi­li­zado que el pos­te­rior impe­rio de los Incas que comenzó luego en el año 1280.
  5. El uso actual del tér­mino “mapu­che” y las fal­sas reivin­di­ca­cio­nes de estos son manio­bras disol­ven­tes y dis­gre­gan­tes que prac­ti­can polí­ti­cos con minús­cula en las últi­mas déca­das con fina­li­da­des antinacionales, y para bene­fi­cio propio.


Arau­ca­nos y Tehuelches


Los mapu­ches son sólo originarios de la inven­tiva del Foreign Office británico.

Ni Rosas o Roca los men­cio­nan en la Cam­paña al Desierto, tam­poco los his­to­ria­do­res, ni la famosa expe­di­ción a los Indios Ran­que­les. Tam­poco los men­ciona la his­to­ria ofi­cial en las pro­vin­cias ni museos de His­to­ria del Neu­quén Santa Cruz, Chu­but, Río Negro, Men­doza, ni San Juan…

¿Desde cuándo han apa­re­cido estos mapu­ches en escena? Su pro­pia ban­dera es simi­lar a la nueva Sudafri­cana, luego del apart­heid uti­li­za­ron a Man­dela y ahora desean uti­li­zar a un pue­blo que no es ori­gi­na­rio de nada, sólo Tehuel­ches y Arau­ca­nos lo son.

Quede en claro que la expe­di­ción de Roca resultó la pri­mera gue­rra con­tra Chile y no una cam­paña con­tra el indio, como muchos pre­ten­den hacerlo notar. A las prue­bas me remito cuando sos­tengo que por enton­ces el 90% de la pobla­ción chi­lena era indí­gena, que no es cosa menor. En sín­te­sis, nues­tro país defen­día la sobe­ra­nía sobre una Pata­go­nia que los caci­ques desea­ban y ellos… eran chilenos.

Enci­clo­pe­dia Sal­vat — Dic­cio­na­rio — Edi­tado en Bar­ce­lona — 1972:

MAPU­CHE: Adj.- Natu­ral de Arauco — Per­te­ne­ciente a esta Pro­vin­cia de Chile.

Mas­cu­lino — Idioma de los araucanos.

TEHUEL­CHE: Adj. y sust. — Dícese de un indi­vi­duo de un pue­blo ame­rin­dio caza­dor, que, con otros gru­pos inte­gró la lla­mada “Cul­tura de las Pam­pas” en Argen­tina y Uru­guay. Exter­mi­na­dos en gran parte por los con­quis­ta­do­res espa­ño­les y los arau­ca­nos que­dan redu­ci­dos núcleos en Tie­rra del Fuego.

Hoy todos los naci­dos en el suelo patrio somos argentinos y ya no caben fal­sas reivin­di­ca­cio­nes indi­ge­nis­tas ni de pue­blos ori­gi­na­rios inexis­ten­tes. Desde comien­zos del siglo XVI está pre­sente la san­gre his­pana en todo el suelo argen­tino y los pue­blos ori­gi­na­rios de la Pata­go­nia ante­rio­res a esa fecha fue­ron las etnias tehuelches.

El invento “mapu­che” data sólo del siglo XIX, insisto que hoy todos somos argen­ti­nos y nadie tiene nin­gún dere­cho a reivin­di­car etnias ni pue­blos dife­ren­tes al argen­tino so pena de cola­bo­rar con los inten­tos ingle­ses, nor­te­ame­ri­ca­nos e israe­li­tas para des­mem­brar y des­po­ten­ciar a la patria argentina.

Este tema mapu­che y su pro­pa­ganda ins­ta­lada por mar­xis­tas que han hecho del indi­ge­nismo una cues­tión de stado, es pre­ciso comen­zar a des­ba­ra­tarla de raíz. Lamen­ta­ble­mente, no sólo los polí­ti­cos vena­les y perio­dis­tas paga­dos por el sis­tema sir­ven de difu­so­res de una men­tira infame, sino que han caído en ella y no siem­pre por ingenuidad.

Obis­pos y curas que fie­les a sus pos­tu­ras ter­cer­mun­dis­tas, impul­san como ver­dad de Pero­gru­llo, dando así por sen­ta­das todas y cada una de esas falacias.

Se llegó al extremo incon­ce­bi­ble de enga­ñar al Santo Padre Juan Pablo II y ahora al Papa Bene­dicto XVI cuando les hicie­ron decir que el gran santo Cefe­rino era mapu­che y no tehuel­che. Es difí­cil creer en la inocen­cia por des­co­no­ci­miento de los obis­pos pata­gó­ni­cos en esta manio­bra vil, por­que es dable supo­ner que si han lle­gado a esas ins­tan­cias de la jerar­quía, deben poseer una cul­tura gene­ral his­tó­rica de su patria com­pa­ti­ble con su rango.

Uti­li­ce­mos en toda su ple­ni­tud este medio fan­tás­tico que la tec­no­lo­gía nos brinda, para rever­tir la opi­nión errada de muchos argen­ti­nos sobre temas de tras­cen­den­cia como el que se trata”.

Fuente: Gentileza – Eduardo A. Castro

Autor: Fredy Carbano