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miércoles, 18 de julio de 2018

Posguerra: Prisioneros nazis avergonzados de los campos de concentración

Vergüenza nazi



Prisioneros alemanes de guerra en campos norteamericanos viendo imágenes de campos de concentración alemanes, 1945.

martes, 29 de mayo de 2018

SGM: El colaboracionismo saca la cola de paja en Europa

Cómo lidian con su pasado los países europeos que tuvieron colaboradores del régimen nazi

Con su polémica ley aprobada hace pocos días, Polonia dio uno de los pasos más osados para borrar de la historia la ayuda que muchos de sus ciudadanos brindaron a los invasores alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Otras naciones, en cambio, tomaron un rumbo distinto para no olvidar su pasado más negro

Por Germán Padinger || Infobae
gpadinger@infobae.com



Polonia está en el centro de la polémica, pero no es un caso aislado

La reciente disputa entre Polonia e Israel por una ley que prohíbe menciones a la responsabilidad polaca en el Holocausto ha vuelto a interpelar a nuestros tiempos con el recuerdo y la interpretación de una de las páginas más oscuras de la historia europea y mundial.

Ni Polonia ni Israel pretenden, por supuesto, ir en contra de la idea de que fue la Alemania nazi la principal, y quizás única, responsable del genocidio de judíos y muchas otras minorías durante los años de la Segunda Guerra Mundial, entre 1939 y 1945.

Pero sí están chocando por el reconocimiento del rol activo de los individuos, de diferentes nacionalidades y credos, en diferentes actos violentos perpetrados por los nazis.

Así, el gobierno nacionalista y conservador polaco intenta callar con penas de prisión a quienes citen este colaboracionismo para hablar de una responsabilidad polaca, y en su férrea defensa han incluso traído a la discusión el caso de colaboradores judíos dentro de los ghettos y campos de concentración.


Colaboradores judíos dentro del ghetto de Varsovia

El miércoles el periódico israelí Times of Israel se involucró en el debate promoviendo el argumento de que si bien hubo colaboradores entre polacos y judíos de toda nacionalidad, los primeros lo hacían para buscar un beneficio de las autoridades alemanas o bien por antisemitismo, mientras que los segundos, prisioneros llamados a administrar prisiones y mantener el orden, lo hacían bajo una constante amenaza de muerte.

Lo cierto es que hubo colaboracionismo, en mayor o menor medida, en todos los países europeos conquistados por Alemania durante la guerra y era inevitable. También lo hubo en los países ocupados por Japón e Italia, aliados que conformaban el llamado "Eje".

Ya sea por búsqueda de beneficio, por supervivencia o por simple obediencia, el fenómeno existió e incluso hemos podidos observar ejemplos contemporáneos en las ciudades sirias e iraquíes conquistadas por el grupo terrorista Estado Islámico (ISIS) en 2014.

Pero quizás el debate actual en torno al holocausto esté relacionado a cómo cada una de las naciones reprimidas por los nazis lidió con el fenómeno de los colaboradores y qué responsabilidad aceptó durante la posguerra.


El primer ministro polaco Mateusz Morawiecki, que alimentó la polémica igualando a colaboradores polacos y judíos (AFP)

Estos son algunos de los casos de colaboracionismo más emblemáticos de la guerra, y cómo fueron tratados cuando los invasores finalmente fueron expulsados.

Francia

El ejército francés se derrumbó en junio de 1940 tras un mes y medio de durísimos combates contra los alemanes. Poco antes había ocurrido algo similar con sus aliados en la Fuerza Expedicionaria Británica, que logró ser evacuada en Dunquerque.

En consecuencia inició una larga ocupación del país que duraría hasta 1944.

Pero a pesar de que el movimiento de resistencia ante los invasores cobró una enorme notoriedad durante y luego de la guerra, Francia se convirtió también en un emblema del colaboracionismo porque sólo la mitad norte del país fue ocupada por los alemanes.


Voluntarios franceses peleando en Rusia en 1941 en las filas del ejército alemán

La mitad sur fue "devuelta" a un gobierno francés con capital en Vichy, al mando del general Philippe Pétain, pero a las órdenes de Berlín.

En la Francia de Vichy la policía rutinariamente hallaba y deportaba judíos, gitanos romani, homosexuales y otros "indeseables" a los campos de concentración y de exterminio en Polonia. Además de proveer trabajadores, inteligencia y hasta asistencia militar principalmente en las colonias francesas en África, así como voluntarios para la 33° división SS de infantería "Carlomagno".

Tras la invasión de las tropas aliadas en Normandía en junio de 1944 y la posterior entrada en París, y del sur del país mediante la operación Dragoon en agosto, la Francia liberada se lanzó a un caería brutal de colaboracionistas.

Los hombres eran ejecutados en juicios sumarios, con estimaciones que llegan a los varios miles, y las mujeres recibían cortes de pelo al ras para ser luego fácilmente reconocidas y humilladas.


Tropas aliadas se preparan para desembarcar en Argel, capital argelina defendida por las tropas de la Francia de Vichy, colaboradora de Alemania (Getty)

Cuando se restauró el orden, iniciaron entonces los juicios contra cerca de 127.000 personas, que incluyeron unas 1.500 sentencias a muerte, según señala el historiador francés Claude Liauzu en su obra de 1999 "La sociedad francesa frente al racismo: de la Revolución hasta nuestros días". Hubo además 56.000 ciudadanos "degradados" al perder sus derechos civiles.

El extenso alcance del colaboracionismo en Vichy y las brutales represalias son un recuerdo difícil de abandonar en el país, donde el historiador Henry Rousso habla incluso de un "Síndrome de Vichy".

Pero más allá de la ola de ejecuciones ilegales y legales a colaboradores, sin embargo, Francia tardó en establecer una postura oficial con respecto a su rol en el Holocausto, e incluso por muchos años cargó la culpa entera sobre el gobierno de Vichy, extinto.

Pero en 1995 el entonces presidente Jacques Chirac admitió la responsabilidad del estado francés por la deportación de 76.000 judíos. "Estas horas oscuras son un insulto contra nuestro pasado y tradiciones. La locura criminal de los ocupadores fue secundada por los franceses, por el Estado francés", explicó, según recuerda la BBC.


El presidente francés Emmanuel Macron volvió a reconocer el año pasado la responsabilidad de su país en el Holocausto (Reuters)

La postura fue retomada por el actual presidente Emmanuel Macron en 2017. "Fueron definitivamente los franceses quienes organizaron esto, ningún alemán participó", dijo el mandatario en un acto de recuerdo en el  Vélodrome d'Hiver, el velódromo parisino donde fueron reunidos 13.000 judíos antes de su deportación.

"Es conveniente ver al régimen de Vichy como surgido de la nada, y vuelto a la nada. Es conveniente, pero falso. No podemos construir orgullo basado en mentiras", argumentó, de acuerdo al periódico El País.

Bélgica y Holanda

Bélgica y Holanda cayeron bajo dominio alemán en 1940, poco antes de la derrota de Francia.

En el primero la colaboración sucedió principalmente en la región de Flandes, donde antes de la guerra ya existían partidos fascistas cercanos a los nazis, como el Vlaams Nationaal Verbond y el Partido Rexista.


Un acto del partido belga Vlaams Nationaal Verbond en 1941

Los miembros de estas fuerzas crecieron en número y poder bajo la ocupación alemana, accediendo a las órdenes de Berlín. Además, unos 15.000 belgas marcharon a las filas de las Waffen SS para luchar en Rusia.

Se estima que entre 29.000 y 65.000 judíos fueron deportados a los campos de concentración, la mayoría de los cuales murió allí, de acuerdo al Yad Vashem, institución del Estado de Israel dedicada a la memoria del Holocausto.

En Bélgica no existe una declaración de responsabilidad como la realizada en Francia, pero en 1995 se aprobó una ley que penaliza la negación del Holocausto, una legislación que, al igual que la promovida en estos tiempos por Polonia, tiene su cuota de polémica.

En tanto en 2007 se publicó un largo y detallado informe final sobre el colaboracionismo en el país, titulado "La Bélgica dócil", que tuvo un alto impacto al mostrar el alcance de la ayuda local ofrecida a las fuerzas ocupadoras.


En la posguerra a muchas mujeres acusadas de colaborar o mantener relaciones con alemanes se les cortó el cabello para que fueran identificadas y humilladas

En especial se cita el momento en 1940 cuando el gobierno belga accedió a crear un registro de judíos que luego proporcionó a los alemanes y fue instrumental en las redadas previas a la deportación.

En Holanda existía una variante local del partido Nacional Socialista de los Trabajadores, nombre oficial del nazismo, que aumentó su poder tras la derrota militar del país.

Durante la ocupación el país estuvo gobernado por una administración civil poblada por alemanes, que a su vez controlaban a los empleados públicos holandeses.

En los primeros años este gobierno mixto realizó un registro de judíos y sus bienes, y aplicó la prohibición para ellos de participar de la administración pública y otras ocupaciones.


Cartel de reclutamiento a las Waffen SS destinado a los holandeses

En 1942 comenzaron las deportaciones a Auschwitz y Sobibor, y según estimaciones citadas por el Museo del Holocausto en Estados Unidos, 107.000 judíos holandeses fueron enviados a estos dos campos de exterminio. Sólo 5.200 sobrevivieron.

Además de esta colaboración con el gobierno, numerosos holandeses se enlistaron también en la 11° divisón SS "Nordland" y en la famosa 5° división SS "Wiking", para luchar contra la Unión Soviética.

En la posguerra Holanda evitó cualquier tipo de referencia a sus colaboradores, enfatizando en cambio los numerosos casos de ayuda a los judíos y su activa resistencia.

Pero el desproporcionado número de muertos entre la población judía del país y los asuntos inconclusos con respecto a la propiedad confiscada por las autoridades mantuvo el tema en agenda.

La situación comenzó a cambiar en 2005, cuando la compañía nacional de ferrocarriles Nederlandse Spoorwegen pidió perdón por su rol en el traslado de los judíos a los campos de exterminio. Ese mismo año el primer ministro Jan Peter Balkenende había condenado la complicidad holandesa en el Holocausto, según reportó Haaretz, aunque aún no hubo una pedido de disculpas formal.

Ucrania y los países oprimidos por la URSS

En los años previos a la guerra el descontento de los ucranianos con la Unión Soviética a la que pertenecían, y especialmente frente a Rusia, su república más importante, había llegado a niveles muy altos.

Especialmente el recuerdo del Holodomor, la hambruna provocada por políticas deficientes en las que se cree que murieron millones de personas, las purgas políticas ordenadas desde Moscú y la colectivización de las fértiles tierras ucranianas, habían potenciado los sentimientos independentistas.

Cuando los alemanes entraron triunfantes en 1941 en el territorio, persiguiendo al ejército rojo, muchos lo vieron casi como una liberación y los nazis fomentaron que los ucranianos obtuvieran puestos políticos en la nueva administración, en reemplazo de judíos y rusos desplazados.


Durante los rápidos avances de 1941, muchos ucranianos vieron a los alemanes como “liberadores”

Basada en un antisemitismo preexistente entre los ucranianos, a la colaboración con los esfuerzos bélicos alemanes (al que se sumaron como soldados voluntarios) se sumó la ayuda prestada para llevar a cabo el Holocausto mediante el despliegue de policías especiales en todo el territorio, que como Polonia albergó también campos de exterminio.

Ucrania logró separarse definitivamente del control de Rusia en 1991 con la caída de la Unión Soviética, y desde entonces no ha condenado oficialmente las instancias de colaboración.

Por el contrario, en 2014 aprobó dos leyes de censura. La primera, con el número 2558, prohíbe la propagación de símbolos tanto del nazismo como de la URSS.

Una segunda norma, la 2538-1, celebra los diferentes grupos de partisanos y milicias ucranianas que combatieron esta ocupación, y criminaliza a quienes cuestionan su legado en la lucha por la independencia, a pesar de que algunas perpetraron masacres.


Estonios, lituanos, latvios, bielorrusos y ucranianos colaboraron con los nazis, buscando en el proceso liberarse de la presión ejercida por la Unión Soviética

En Bielorrusia los nazis recibieron el apoyo de los políticos que fomentaban el movimiento independentista, y a cambio de tomar las riendas del país éstos participaron activamente en la búsqueda y exterminio de judíos.

Algo similar ocurrió con los países del báltico Estonia, Lituania y Letonia, los cuales, ansiosos de liberarse de la URSS, no dudaron en implementar las políticas raciales de los alemanes y gestionaron diversas masacres contra los judíos y los romani, a cambio de lograr una administración independiente de su territorio.

Tampoco hubo reconocimiento de responsabilidad en estos países, que se defienden alegando que no eran estados independientes al momento de los crímenes.

En el caso de Letonia y Lituania, aprobaron en 2010 y 2014 leyes similares a la de Ucrania, que penalizan con prisión a quienes niegan los crímenes de genocidio y cuya responsabilidad la norma claramente restringe sólo a la Alemania Nazi y la URSS.


Tras la caída de la Unión Soviética, las repúblicas que se independizaron cargaron todas las culpas sobre ésta (Archivo)

Polonia

A diferencia de Vichy y los estados bálticos, no hubo gobierno polaco durante la ocupación y el país entero estuvo administrado por los alemanes entre 1939 y 1945.

Además, debido al hecho de que Polonia fue derrotada militarmente pero nunca se rindió, algunos miembros de su ejército pasaron a la clandestinidad y forjaron el movimiento de resistencia más grande de Europa.

Por esta razón los alemanes no confiaban en los polacos y no les daban cargos administrativos de alto nivel, excepto a los descendientes de alemanes cuyas familias habían quedado en el país luego de los cambios en las fronteras que produjo la Primera Guerra Mundial.

En esta situación particular se han basado los sucesivos gobiernos polacos de pos guerra para evitar el rótulo de "colaboracionismo", aún más en lo referido a la implementación del Holocausto.


La estación de llegada a Auschwitz, en Polonia (Reuters)

Sin embargo, también hubo numerosas instancias de ayuda a los nazis de parte de polacos, según ha documentado el Museo del Holocausto en Estados Unidos.

Potenciado por el antisemitismo, presente en toda Europa en los años anteriores a la guerra, hubo instancias de polacos que informaban a los nazis de la ubicación de sus vecinos judíos a cambio de beneficios.

Una investigación privada del historiado Jan Grabowski, por ejemplo, vincula la muerte de hasta 200.000 judíos a la cacería activa o información proporcionada por sus vecinos polacos.

Hubo, además, un extenso trabajo en conjunto durante la ocupación entre las fuerzas policiales polacas y los trabajadores en el sistema de ferrocarriles con las tropas de ocupación alemanas para ordenar y trasladar a los "indeseables" a los campos de exterminio.


Otra faceta: el militar polaco y miembro de la resistencia Witold Pilecki, quien arriesgó su vida para entrar en Auschwitz

Además, dos famosas masacres de judíos realizadas por polacos en Jedwabne y Kielce, en 1941 y 1946, continúan siendo un recuerdo amargo para muchos.

Auschwitz-Birkenau, Treblinka, Belzec y Sobibor son algunos de los campos de exterminio que fueron instalados en Polonia por los alemanes y en donde murieron millones de personas, y que han trazado una vinculación casi instantánea entre el país y el Holocausto. De hecho la ley impulsada por el gobierno polaco busca también prohibir el uso de la expresión "campo de exterminio polaco", ya que además de su ubicación geográfica el término puede dar lugar a dudas sobre quién operaba esas instalaciones.

Muchos polacos resienten esta asociación, considerando que, al menos a nivel estatal, su país colaboró menos que Francia, Holanda o Estonia, pero que aún así se los considera como partícipes del Holocausto.

Pero lo cierto es que los gobiernos polacos no han reconocido ninguna responsabilidad ni han ahondado en investigaciones sobre el alcance del colaboracionismo en el país, debate que ahora planean cerrar con una ley.

jueves, 26 de octubre de 2017

SGM: ¿De donde viene la cifra de 6 millones de judíos exterminados?

¿Por qué hablamos de seis millones de muertos en el Holocausto?

Nunca se podrá precisar el número de judíos asesinados por los nazis. Los expertos manejan una cifra entre cinco y seis millones



GUILLERMO ALTARES | El País



Proceso de selección de prisioneros judíos a su llegada a Auschwitz. ALBUM DE AUSCHWITZ / YAD VASHEM

Raul Hilberg, el gran historiador del Holocausto, consideraba que siempre se había tratado de contar la Shoah a través de los relatos de los supervivientes, cuando sólo se puede narrar a través de los muertos. La mayoría de víctimas del genocidio nazi fueron asesinadas nada más bajar de un vagón en cámaras de gas de lugares que resuenan en la memoria como Auschwitz, pero también en otros de los que apenas quedan restos, como Treblinka, Belzec o Sobibor.


El diario israelí Haaretz se preguntaba en agosto de dónde sale la cifra que mide universalmente ese horror (seis millones de judíos muertos) y por qué es tan difícil precisar un número de víctimas. La respuesta apunta a esa inmediatez: los muertos no dejaron testimonios, pero tampoco muchos documentos, pues nunca fueron censados. Tampoco los fusilados masivamente en la URSS desde junio de 1941. Otra respuesta es la magnitud de los crímenes nazis, imposible de imaginar y, por ello, de medir.

Los dos principales centros de documentación de la Shoah, el Yad Vashem de Jerusalén y el Museo del Holocausto de Washington, emplean los canónicos seis millones. Este último dedica un detallado análisis a las cifras, aunque recuerda que ningún documento nazi cifra el número de judíos, ni de otros grupos, asesinados entre 1933, cuando Hitler llega al poder, y 1945, final de la II Guerra Mundial. Las estadísticas se basan en todo tipo de censos e investigaciones posteriores. Los números de esta institución se reflejan en el gráfico.





Auschwitz (un millón de muertos, de ellos 870.000 gaseados nada más llegar), Treblinka (925.000) y la actuación de los Einsatzgruppen (unidades móviles de exterminio) en la URSS (1,3 millones) concentran más de la mitad de víctimas judías. Los guarismos de Treblinka resultan especialmente espeluznantes: tenía unas instalaciones muy pequeñas, un andén de llegada y cámaras de gas, destruidas por los nazis cuando terminaron de usarlas. Estuvo operativo de julio de 1942 a noviembre de 1943. Sus restos nunca se han terminado de investigar.

Hilberg (1926-2007) dedicó toda a su vida a estudiar el Holocausto, conocimiento que plasmó en su insoslayable La destrucción de los judíos europeos (Akal). En su epílogo, explica la cifra de seis millones y ofrece su propio recuento: 5,1 millones. Llegó a esta conclusión en 1985, antes de caer la URSS, y es posible que hubiese cambiado datos de haber podido seguir estudiando.

Atribuye la cifra de seis millones a William Höttl, un antiguo SS, quien declaró en 1945 que fue usada por Adolf Eichmann, el arquitecto de la solución final, en agosto de 1944: habló de “dos millones de fusilados y cuatro millones en los campos de exterminio”. En cambio, el propio Eichmann habló a otros jerarcas nazis de cinco millones, la misma que citó en su juicio en Jerusalén en 1961. Hilberg recuerda que fue el oficial de las SS que manejaba más estadísticas.


Tierras de sangre

En junio de 1945, el Instituto de Asuntos Judíos de Nueva York situó el total entre 5.659.600 y 5.673.100, de ellos 1.250.000 asesinados en la URSS. En 1946, el Congreso Mundial Judío apuntó 5.978.000, 1,5 millones en la URSS.

Hilberg desgrana todo el papeleo administrativo del terror para llegar a los 5,1 millones repartidos así: campos de exterminio, más de 3.000.000 de muertos; fusilamientos por los Einsatzgruppen, 1.300.000, y guetos y privaciones, 800.000.

Otro gran historiador de la Shoah, Saul Friedländer (Praga, 1924), superviviente él mismo del Holocausto, cuyos padres fueron asesinados en Auschwitz, explica en El Tercer Reich y los judíos (Galaxia Gutenberg) que “pese a diversos cómputos, no es posible la estimación exacta del número de víctimas”. Maneja el dato de Hilberg y el de otro experto, Wolfgang Benz: un mínimo de 5.290.000 y un máximo justo por encima de los seis millones.

En Tierras de sangre, Timothy Snyder (Ohio, 1969) ofrece una estadística atroz que ilustra la dimensión de los totalitarismos que asolaron Europa a partir de los años treinta. Cifra en 14 millones las “víctimas políticas directas deliberadas” del nazismo y el comunismo —no cuenta las víctimas de la guerra— en lo que llama Tierras de Sangre: los países dominados por la URSS o Alemania —no incluye Estados donde hubo atrocidades como Rumania o Yugoslavia—. Sus cifras son: 3,3 millones de soviéticos muertos de hambre en Ucrania; 700.000 víctimas del Gran Terror de Stalin; 200.000 polacos ejecutados entre 1939 y 1941 por la URSS; 4,2 millones de soviéticos muertos de hambre bajo la ocupación nazi; 5,4 millones de judíos gaseados o fusilados; 700.000 civiles asesinados por los alemanes en represalias.

Cada uno es una historia, alguien arrancado a la vida en un torbellino de horror. Una cifra de Friedländer puede resumir la dimensión de la catástrofe: más de millón y medio de los judíos asesinados tenían menos de 14 años.

martes, 20 de diciembre de 2016

SGM: Virulentos experimentos nazis con humanos

10 atroces experimentos nazis con seres humanos
Entre las mayores crueldades del régimen más atroz del mundo moderno estuvieron los experimentos con humanos realizados con los cautivos de los campos de concentración. Esta lista reúna algunos de los más sorprendentes.
History





-Gases: los nazis querían conocer a fondo el efecto del gas mostaza y el fosgeno sobre el cuerpo humano. Para esto, los utilizaron sobre prisioneros, muchos de los cuales murieron en la prueba.

-Heridas en la cabeza: el Dr. Wichtmann martillaba la cabeza de niños, a los que mantenía atados, para calcular cuantos golpes exactamente aguantaba el cráneo.

-Esterilización: las mujeres de los campos de concentración fueron usadas en la búsqueda de crear métodos de esterilización mediante drogas, cirugías y raxos X.

-Altura y presión: el Dr. Rascher encerró a  prisioneros en una cámara de baja presión para buscar formas de ayudar a los pilotos alemanes que tenían que estar a grandes alturas. De los 200 cautivos, murieron 80.

-Malaria: en el campo de concentración de Dachau se inyectó malaria a varias personas para luego investigar cómo tratarla, administrándoles todo tipo de drogas experimentales. Muchas personas murieron de sobredosis.



-Congelamiento: los nazis querían conocer mecanismos para tratar la hipotermia, para lo cual sumergían a los prisioneros en un tanque con agua congelada por más de tres horas, o hasta la muerte.

-Veneno: en el campo de concentración de Buchenwald se realizaron experimentos para investigar el efecto de los venenos en las personas. Simplemente, añadían veneno en la comida de los prisioneros. Muchos morían al instante.

-Agua de mar: en el campo de concentración de Dachau se realizaron experimentos que pretendían potabilizar el agua de mar, mezclándola con otras sustancias. De los prisioneros que debían beber estas pruebas, muchos murieron de deshidratación.

-Niños: Los nazis, obsesionados con la supremacía racial, emplearon niños para experimentar, buscando la forma de que sean más fuertes, sus ojos más claros y sus rasgos más ajustados al estándar ario.

-Sulfamidas: los prisioneros eran infectados de alguna enfermedad como gangrena o tétano, luego eran tratados con sulfamidas, un agente sintético antimicrobiano, pero muchas veces las dosis demasiado altas les causaban la muerte.

lunes, 31 de octubre de 2016

SGM: El horror en el ghetto de Lvov

El horror del gueto de Lvov en la SGM

George Winston - War History Online



La caballería soviética en un desfile en Lvov, después de la rendición de la ciudad para el Ejército Rojo durante 1939 la invasión soviética de Polonia.


El día fue el 26 de julio de 1944, cuando la ciudad polaca de Lvov fue finalmente liberado por el Ejército Rojo avanzando después de fuertes enfrentamientos con los nazis. La mayor parte de los ocupantes alemanes tampoco fueron asesinados o huyeron del ataque soviético.

La ciudad de Lvov, que también es famoso por sus siglas en alemán Lemberg, que ahora se llama Lviv y es parte de la actual Ucrania. La ciudad era conocida por su población mayoritariamente judía que superaron las 110.000 antes de la Segunda Guerra Mundial estalló en 1939. En el momento alemanes invadieron Polonia y tiene control sobre Lvóv, el número total de residentes judíos de la ciudad se había hinchado a la friolera de 220.000. Cuando el Ejército Rojo finalmente logró liberar a la ciudad en el verano de 1944, la población judía de la ciudad se había reducido a sólo unos pocos cientos.

La relación de lwow con Judios había sido un viejo asunto - se informa de que la primera persona judía se trasladó a la ciudad en el medio del siglo 13. A partir de entonces los Judios de Lvóv contribuido de manera significativa al bienestar de la población; que en su mayoría trabajaban en el comercio del vino, como los financieros y los artesanos, y algunos eran comerciantes viajeros. Muy pronto se convirtió en la ciudad una metrópolis de la cultura jasídica y Maskilic.

Durante la Primera Guerra Mundial, los residentes judíos de Lvov fueron capturados en la refriega sangrienta entre los ucranianos y los polacos. Sin embargo, cuando en 1918 la ciudad gallega quedó fusionó con la recién formada Polonia independiente, la prosperidad y la paz de los Judios de Lwow devueltos y rápidamente se convirtió en un cubo de la inteligencia política y religiosa judía.

Los asuntos sobre el borde de la Segunda Guerra Mundial eran de naturaleza diferente debido a una alianza muy fuerte entre los nazis y Stalin. Se separaron las regiones ocupadas de Polonia entre ellos, y la parte oriental incluyendo Galicia fueron a los soviéticos. Teniendo en cuenta la reputación de los nazis y su "solución final", la población judía de Occidente comenzó a migrar hacia las regiones soviéticas controlada, hinchazón de los números en la parte oriental. Sin embargo, el movimiento no resultó un una apuesta más segura, ya que Alemania declaró la guerra a la URSS y comenzó a avanzar hacia el este en 1941. Los soviéticos no eran particularmente amable hacia los Judios, que fueron forzados a migrar profundamente en la URSS de las regiones del este de Polonia. A pesar de que las condiciones de vida de estos Judios que migran no eran ni ideales, se exilió estos Judios que serían más propensos a sobrevivir a la guerra.

Antes de establecer un asentamiento aislado y barricadas de pésimas condiciones de vida conocidos como los guetos de Lvov, ocupantes nazis alentaron a sus simpatizantes de Ucrania para iniciar la limpieza de las regiones de la judía 'amenaza', como se la pusieron. Según el sitio web U.S Museo Memorial del Holocausto, en un mes de julio 1941 a más de 6.000 Judios fueron sacrificados por las tropas alemanas y ucranianos del lado de los nazis.

A continuación, se estableció el gueto de Lvov infame el 8 de noviembre en la parte norte de la ciudad, y luego todos los Judios se les dio un ultimátum para entrar en el gueto el 15 de diciembre o atenerse a las consecuencias. Famoso por romper sus promesas, las tropas alemanas asesinados decenas de Judios ancianos y enfermos que se movían hacia el gueto al cruzar el puente de la calle Peltewna.

La difícil situación de los 120.000 judíos que finalmente terminaron en gueto de Lvov no terminó con sólo mover en los guetos, ya que las condiciones de vida en los guetos eran inhumanas, por decir lo menos. Sin centro médico y la grave escasez de alimentos y agua potable mataron a muchos Judios, mientras que los sobrevivientes fueron torturados psicológicamente con la presencia de cadáveres en las calles, su descomposición olor extendiendo por todo a través del ghetto. Además de todo este infierno, las tropas alemanas llevaron a cabo tres operaciones de limpieza en el gueto de Lvov, en la que decenas de personas fueron judíos matan o fueron deportados al campo de exterminio de Belzec.

En junio de 1943, los alemanes decidieron exterminar a la ghetto en Lvov. Se encontraron con pequeños focos de resistencia de los rebeldes judíos que luchan por sus vidas, pero fueron rápidamente dominados por las tropas alemanas; un pequeño número de policías alemanes fueron asesinados por los rebeldes judíos durante el proceso de liquidación.

Cuando Lvov fue finalmente liberado por el avance del Ejército Rojo, el número total de Judios en la región se había reducido drásticamente a sólo 2.571 personas, la mayoría de los cuales estaban desnutridos y psicológicamente dañados como resultado de la prueba tuvieron que hacer frente bajo nazis. Después de la guerra, estos Judios o bien se trasladó a la recién fundada Israel o emigraron a los Estados Unidos.

viernes, 26 de agosto de 2016

SGM: Los crímenes alemanes en el Frente Oriental

El libro que cuenta los horrores del Holocausto que fue prohibido por Stalin
El Libro Negro fue escrito a raíz del material recopilado-cartas, entrevistas, documentos-por Vasili Grossman e Ilyá Ehrenburg durante la invasión alemana a la Unión Soviética
Por Marcos Shaw de Estrada - Infobae



 La tapa de El Libro Negro

Vasili Grossman e Ilyá Ehrenburg fueron dos reconocidos cronistas de guerra rusos durante la Segunda Guerra Mundial para el diario Estrella Roja. En 1943, ambos comienzan a recopilar testimonios, documentos, cartas, diarios íntimos, entre otros materiales, sobre las atrocidades que cometía el ejército alemán con los judíos en los territorios de Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Lituania, Letonia y Estonia desde la invasión nazi a la Unión Soviética el 22 de junio de 1941, que comenzó con la operación Barbarroja.

A partir de esto, ambos, con ayuda de alrededor de 40 escritores y periodistas, escribieron El Libro Negro, que fue prohibido por Iósif Stalin y no se publicó en lengua rusa hasta 1980 en Israel-aunque fue una edición incompleta-y en Rusia hasta 1993, luego de la caída de la URSS. La editorial Galaxia Gutenberg, cuya distribución en Argentina es a través de la editorial Del Nuevo Extremo, presentó en 2012 la obra completa terminada en 1947.

La historia del libro comienza cuando Grossman y Ehrenburg crearon una comisión editorial adscrita al Comité Judío Antifascista (CJA), que estaba subordinado al Buró Soviético de Información presidido por Aleksandr Shcherbakov, secretario del Comité central del Partido Comunista Panruso (bolchevique). Es decir, todas las cuestiones importantes que trataba el CJA se acordaban previamente con la Dirección de Propaganda y Agitación del Comité Central del Partido, que autorizó a recopilar material pero luego denegaría la publicación. Pero la idea original de publicarlo fue del científico Albert Einstein, del Comité de Escritores Judíos de Estados Unidos y de otros científicos y artistas.


El libro cuenta las atrocidades de los generales nazis durante la invasión a la URSS El libro cuenta las atrocidades de los generales nazis durante la invasión a la URSS

Cómo fue la censura

El 21 de junio 1945 informan al CJA que el texto completo del manuscrito preparado en Estados Unidos sería remitido a Moscú para su aprobación. Desde la URSS intencionalmente demoraron la respuesta y cuando finalmente lo hicieron- el 23 de enero de 1946- pidieron cambiar el prólogo de Einstein y la introducción. El 23 de febrero de 1946 desde Estados Unidos mandaron la edición corregida pero no conformó a los dirigentes del CJA. Finalmente, el 4 de marzo, indicaron que retirarían tanto el prólogo como la introducción.

La edición rusa no tenía un futuro más prometedor. También en 1946 (el 16 de noviembre) el secretario del CJA, Solomón Mijoels, adelantó: "El Libro Negro ya está en imprenta y muy pronto tendremos los primeros ejemplares".


La vida en los campos de concentración, parte del relato La vida en los campos de concentración, parte del relato

Pero el 28 de noviembre Mijoels junto a Feffer-poeta miembro del CJA-Grossman e Ilyá Ehrenburg le enviaron una carta a Zhdánov, secretario del Comité Central del Partido Comunista Panruso para que ayudara a que se publicara lo antes posible. Le pidieron que le diera instrucciones a la Casa Editorial del Estado para que proporcionara el papel necesario para la impresión. Esa carta fue dirigida a la Dirección de Propaganda y Agitación, presidida por Alexándrov, quien replicó categóricamente "la improcedencia" de la publicación del libro.

Los argumentos parecían ser muy débiles. Primero acusó al CJA de mandar copias del manuscrito a otros países, entre ellos Estados Unidos, sin autorización de su organismo. Dijo que con el comienzo de la Guerra Fría cualquier contacto con Estados Unidos se consideraba una falta grave. Luego dice que el texto "ofrece una imagen engañosa del verdadero carácter del fascismo" porque genera la impresión de que "el único objetivo del ataque de los alemanes a la URSS fue el exterminio de los judíos".

A pesar de esto, el CJA consiguió que se curse una orden de impresión del libro en la Escuela Superior del Partido en julio de 1947. Serían 30 mil ejemplares. Pero el 20 de agosto de 1947, el Glavlit, organismo ocupado de la censura, dispuso el cese inmediato de los trabajos de impresión cuando ya se habían compaginado 33 pliegos (iba a tener 42). La decisión fue de las nuevas autoridades del partido, Mijaíl Súslov, quien reemplazó a Alexándrov y Shépilov, a cargo de la petición del CJA.

"La Dirección de Propaganda ha examinado minuciosamente el contenido de El Libro Negro y ha detectado la presencia en él de graves errores políticos. La Dirección de Propaganda no ha aprobado la publicación del libro en 1947. Por lo tanto, el libro no puede ser impreso", fue la escueta explicación que dieron.

En 1948 el gobierno de Stalin comenzó a arrestar a los miembros del CJA, que fue disuelto. Luego, en 1952, muchos de esos dirigentes fueron condenados a muerte y en muchas sentencias se mencionaba a El Libro Negro.

En 1944, la revista Znamia publicó los primeros fragmentos del libro con el título "Asesinos del pueblo". Luego, a la hora de discutir la estructura de la obra, en 1945 Solomón Lozovski, entonces presidente del CJA, sugiere hacer dos libros: uno con los documentos y el otro con los textos preparados por Grossman y Ehrenburg. Esta idea no prosperó porque los autores querían preponderar los testimonios de las víctimas y sobrevivientes. En 1946, se publican fragmentos en Estados Unidos y Rumania bajo un estricto control. En 1980 sale en Israel por primera vez en lengua rusa y en 1981 una versión más completa en Jerusalén pero en yiddish. No fue hasta 1993 que se publicó en Rusia.


Los relatos son de testigos, sobrevivientes y víctimas Los relatos son de testigos, sobrevivientes y víctimas

Los editores de El Libro Negro contaron el origen de la diversidad de la información con la que cuenta la obra. Para hacerlo, dividieron los textos en tres partes. La primera categoría son las cartas, diarios, transcripción de relatos y testimonios de testigos, en muchos casos oculares, y víctimas que consiguieron escapar. Algunos documentos son de personas que luego fueron asesinadas y el material fuer acercado por algún familiar.

La segunda parte son crónicas de escritores soviéticos elaboradas a partir de declaraciones, cartas, diarios y relatos. En algunos casos, quienes escribieron mantuvieron encuentros personales con los testigos y víctimas, estuvieron en los lugares de las ejecuciones, visitaron los campos de concentración y guetos, entre otras cosas.

Y la tercera categoría son los materiales facilitados a los editores por la Comisión Estatal Espacial para el establecimiento e investigación de las atrocidades cometidas por los ocupantes fascistas alemanes. Se trata de las declaraciones de los ejecutores nazis durante el proceso de investigación al que fueron sometidos.

sábado, 20 de agosto de 2016

Rusoviética: Los gulags

Gulag, los campos de concentración soviéticos

Enrique Ros - Apuntes de Historia

Aunque el término gulag es el acrónimo de Glávnoie upravlenie ispravítelno-trudovyj lagueréi i koloni, es decir, Dirección General de Campos de Trabajo, ése es el nombre con el que pasaron a la historia los campos de trabajo para presos políticos (enemigos de la patria) en la Unión Soviética de Iósif Stalin.

Y a pesar de que los gulag adquirieron su forma más cruel y represiva durante el mandato de Stalin, su origen fue bastante más antiguo.

Pedro I y la kátorga

El zar Pedro I el Grande será recordado por modernizar Rusia, occidentalizándola y convirtiéndola en una gran potencia europea, llegando a crear ex novo para su imperio una capital de estilo occidental, San Petersburgo, que fue la ciudad más importante de la Rusia Imperial durante más de dos siglos, hasta la Revolución bolchevique.

Pedro pasó parte de su infancia fuera de la corte, lo que propició que su educación no fuera tan rígida. Además le gustaba frecuentar el barrio alemán de Moscú, hablando con los artesanos extranjeros que lo habitaban, lo que potenció su interés por ciencias y técnicas como la carpintería, la náutica, etc.


Pedro I el Grande

Por eso durante los primeros años de su reinado se preocupó por construir una capital de estilo europeo que, sobre todo, dotara a Rusia del gran puerto del que carecía, y por organizar lo que pronto sería la Armada Imperial Rusa, ya que pretendía hacer de Rusia un poder marítimo.


La campaña de Azov

Su primer objetivo fue hacerse con el control marítimo del mar Negro que en esos momentos (finales del siglo XVII) estaba dominado por el Imperio otomano. Así que comenzó una serie de campañas para expulsar a los tártaros de los emplazamientos que les otorgaban la supremacía en el mar, comenzando por las fortalezas de Azov, en la desembocadura del río Don.

Su primer intento, en 1695, fue un rotundo fracaso y comprendió que, para conseguirlo, debía atacar por el río. Así que regresó a Moscú y comenzó la construcción de una gran armada. Al año siguiente tomó Azov enviando treinta naves contra los otomanos.

Y éste fue el pecado original ya que, para acelerar la construcción de la flota y la toma de Azov, Pedro I dio órdenes de que se trasladaran presos al bajo Don para “colaborar” en la construcción de las naves.

El sistema dio tan buen resultado que hasta 1767 el estado asignó la mayoría de convictos (katorzhane o каторжане) para la construcción de San Petersburgo, el puerto de Rogervik y varias fortalezas a lo largo del litoral báltico y en el óblast (provincia) de Oremburgo.

El método acabó institucionalizándose en la figura de las kátorgas, campos situados en regiones remotas y deshabitadas de Siberia a los que eran enviados los convictos para realizar trabajos forzados en beneficio del imperio.


Adiós a Europa, de Aleksander Sochaczewski

La kátorga formó parte del sistema judicial de la Rusia imperial hasta su fin en 1918. Tras la Revolución rusa fue utilizado por los bolcheviques y finalmente incorporado a los gulag en la Unión Soviética de Stalin, aunque ya fuera del sistema penal, no como una condena impartida por el poder judicial sino como elemento de represión contra los opositores al régimen.

La Revolución rusa

En 1917 estalla la Revolución rusa. Tras los duros reveses sufridos por Rusia en la Gran Guerra (como se llamó a la Primera Guerra Mundial antes de que hubiese que numerarlas) gran parte del ejército ruso se encontraba en estado de motín.

La Duma (el parlamento imperial) asumió el control del país formando un gobierno provisional y el último zar, Nicolás II, abdicó. Y mientras los soviets, los consejos de trabajadores, eran controlados por los elementos de la izquierda más radical, exigiendo cada vez más prerrogativas para influir en el gobierno y la milicia.

Tras la Revolución de Octubre el partido bolchevique, dirigido por Vladimir Lenin, derroca al Gobierno provisional y se autoproclama dirigente de la nación, firmando el Tratado de Brest-Litovsk para sacar a Rusia de la guerra en Europa y centrarse en los acontecimientos que están ocurriendo en el país, al borde de una guerra civil.


Elementos inseguros

Es en este contexto cuando, en 1918, Lenin decide utilizar la infraestructura de la kátorga para acallar la oposición a su régimen:

Los elementos inseguros deben ser confinados en campos en las afueras de las ciudades.

Las kátorgas se reformaron y, a partir de ese momento, se convirtieron en un instrumento de represión política. En 1921 había ya ochenta campos en más de cuarenta óblast, concebidos para “rehabilitar” a estos elementos inseguros.

El decreto secreto de Sovnarkom

El Sovnarkom, el Soviet de Comisarios del Pueblo (Soviet naródnyj kommissárov) fue la institución encargada de la reestructuración del país, sentando las bases de lo que sería la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Este soviet fue el que, en 1929, emitió un decreto secreto por el que se regulaban los campos correctivos de trabajo y su uso, elevando el Gulag a nivel de institución de la Unión Soviética, adscrita al Directorio Político Unificado del Estado, la OGPU. La policía secreta.

Esto, claro está, tiene fuertes implicaciones. Imagina la combinación: campos de trabajo en lugares remotos y aislados, elementos inseguros y policía secreta con plena potestad para enviar a esos campos a quien creyera conveniente.


Stalin


En 1922 Iósif Stalin ocupa el cargo de Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, y aunque ese cargo no era la máxima posición dentro del Estado soviético, tras la muerte de Lenin en 1924 fue adquiriendo cada vez más poder hasta convertirse en el líder de facto de la nación.


Iósif Stalin

Y tras el decreto de Sovnarkom decidió utilizar el Gulag como una fuerza de trabajo para industrializar el país y explotar los recursos naturales (madera y minería principalmente) de la región norte, apenas habitada y muy infrautilizada debido a las durísimas condiciones climáticas.

Y éste era el elemento que le faltaba al cóctel explosivo. Si a los anteriores elementos (campos de trabajo, “enemigos del régimen” y una policía política omnipotente) añadimos la necesidad de grandes cantidades de mano de obra, sólo podemos obtener un resultado: una caza de brujas a gran escala con detenciones poco menos que arbitrarias.

Y así dio comienzo la era del terror stalinista.

Con el decreto secreto de Sovnarkom dio comienzo la era del terror stalinista

La Gran Purga

Las detenciones fueron en aumento y de forma cada vez más arbitraria, y cientos de miles de ciudadanos fueron detenidos, juzgados sumariamente y enviados a los gulag. En muchos casos, incluso ejecutados.

Esta tendencia culminó a finales de la década de los treinta en lo que se llamó la Gran Purga o —como se conoce más comúnmente en Rusia— la Era de Yezhov.

Nikolái Yezhov y Lavrenti Beria


El nombre de Era de Yezhov no es casual. Nikolái Yezhov estaba al mando del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, el NKVD, durante la Gran Purga. Este puesto lo convertía en director de la policía secreta.

Sin embargo el nombre que pasó a la historia fue el de su sucesor, Lavrenti Beria, que dirigió el NKVD entre 1938 y la muerte de Stalin, en 1953. Aunque ocupó el puesto ya al final de la Gran Purga, se le asocia a la época de mayor represión y crueldad (casi se podría decir sadismo) de los gulag. Un angelito.


Lavrenti Beria

Y, fíjate bien, la mayoría de los “elementos subversivos” y “enemigos del Estado” que fueron detenidos durante los años de la Gran Purga eran militantes del Partido Comunista y altos mandos de las Fuerzas Armadas. Sencillamente, Stalin estaba consolidando su poder mediante la eliminación de cualquiera que pudiera hacerle sombra o se mostrara mínimamente crítico con el régimen.

Socialistas, anarquistas, kulaks (agricultores con tierras propias que contrataban braceros) y, como ya he dicho, miembros del KOMINTERN (la Internacional Comunista) y de las Fuerzas Armadas. Incluso refugiados extranjeros o hasta veteranos de la Guerra Civil Española. De hecho, cualquiera que perteneciera a una minoría. Sí, tras la Segunda Guerra Mundial, también los judíos.

Todos ellos fueron detenidos, juzgados y trasladados a los diversos gulag en virtud del artículo 58 del Código Criminal de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (las otras repúblicas de la URSS tenían artículos similares), que define y regula la actividad contrarrevolucionaria:

La acción contrarrevolucionaria es un acto encaminado a derribar, subvertir o debilitar el poder de los trabajadores y campesinos soviéticos… y gobiernos de la URSS, los Soviets y las repúblicas autónomas, o subvertir o debilitar la seguridad exterior de la URSS, principalmente la económica, política y los logros nacionales de la revolución proletaria.

Los delitos castigados por este artículo iban desde el levantamiento armado, el zarismo o el espionaje, hasta el contacto con extranjeros, la propaganda o agitación y la ayuda a la burguesía internacional. Efectivamente, ahí entraba cualquier cosa. Imposible escapar a eso.

El gulag, motor económico

El momento de más detenciones coincidió con el de mayor expansión económica de la URSS, y no por casualidad. El gulag pasó a ser el principal motor de la economía del país, y la fuerza “obrera” que la empujaba eran los presos de los gulag. Que, por cierto, tenían una gran tasa de reemplazo debido a la alta mortalidad (más adelante hablo sobre este tema).

Como puedes ver en la infografía, muchos de los más grandes proyectos industriales y de transporte de la Unión Soviética fueron construidos por los prisioneros de los gulag entre las décadas de 1930 y 1950, con un coste de millones de vidas.

La Segunda Guerra Mundial

Y ojo, porque he dicho “el momento de más detenciones”, y no “el momento con mayor número de presos”. Éste llegó tras la Segunda Guerra Mundial.

Durante la II GM el número de presos cayó en picado. ¿Adivinas por qué? ¡Exacto! Carne de cañón…


Evolución del número de prisioneros en el sistema de Gulag

Gran parte de los presos fueron “liberados” durante la contienda para pasar a formar parte del ejército ruso. Por supuesto, eran enviados a primera línea del frente y a las acciones más peligrosas.

Y para los que quedaron en los gulag la cosa tampoco fue mucho mejor. Las raciones, que ya de por sí eran ridículas, disminuyeron drásticamente. Y, con el frío siberiano, es difícil sobrevivir sin ingerir un mínimo de calorías.

Sin embargo al acabar la guerra la población presa volvió a crecer de manera espectacular gracias a la incorporación de los prisioneros de guerra alemanes, los desertores, los refugiados y buena parte de la población de los territorios que la Unión Soviética se había anexionado.

El gulag y los campos de concentración nazis

Es inevitable establecer paralelismos, sobre todo por el hecho de la deshumanización de los presos.

Se calcula en seis millones el número de judíos muertos en el Holocausto. En los gulag murieron entre diez y veinte millones de personas, dependiendo de las fuentes que se consulten.

Sin embargo hubo una diferencia de fondo: la finalidad. Mientras que los campos de exterminio nazi servían al único fin de la simple y llana aniquilación, en los gulag la finalidad era doble: mantener una estabilidad política basada en la represión de los detractores y obtener una fuerza de trabajo que impulsara el país.


Gulag

En los gulag se esperaba de los presos que trabajaran, no que murieran. Si morían era por las durísimas condiciones de trabajo (bajísimas temperaturas, trabajos duros y largas jornadas sin descansos o días libres) combinadas con una deficiente alimentación.

Cuidado, date cuenta de que no estoy emitiendo juicios de valor y ni mucho menos “defendiendo” un sistema frente a otro. Simplemente te estoy mostrando un hecho objetivo; a ti es a quien corresponde emitir tu propio juicio (personalmente, tan perverso me parece uno como otro).

En cualquier caso, el régimen de Stalin tenía otras formas de acabar con sus enemigos, como los fusilamientos sumarios en bosques, el humo de tubos de escape de camiones o, simplemente, el abandono en celdas de castigo. Para mí no había ninguna diferencia moral entre Stalin y Hitler. A ambos les importaba una mierda (perdón por la expresión, no encuentro otra más rotunda) la vida humana.

El fin del horror

Cuando las tropas estadounidenses liberaron los campos de exterminio nazis al final de la II Guerra Mundial, las fotografías de las atrocidades que éstos encerraban se extendieron rápidamente, y el horror y la barbarie llevados a cabo por los nazis quedaron grabadas en el imaginario popular.

No ocurrió igual con los gulag. Cuando las imágenes de los campos de concentración nazis llegaron al público, las autoridades soviéticas comenzaron a preocuparse por su imagen frente al exterior. Las detenciones comenzaron a disminuir y la productividad de los gulag disminuyó.

Tras la muerte de Stalin en 1953, todo el sistema se derrumbó. La agitación en los campos de trabajo dio lugar a revueltas y no tardó en llegar una amnistía para los presos. Sólo quedaron en los gulag los reos verdaderamente peligrosos. Pronto los campos comenzaron a desmantelarse y quedaron oficialmente suprimidos en 1960.

Alexandr Solzhenitsyn

Como he dicho antes, fueron los soldados estadounidenses los que dieron a conocer los campos de exterminio nazis al mundo gracias a las fotografías de pilas de cadáveres, hornos crematorios, cámaras de gas… En fin, ya lo sabes.

Sin embargo no ocurrió lo mismo con los gulag. Durante décadas el sistema soviético de campos de trabajo permaneció ignorado, conocido solamente por los antiguos prisioneros, que no hablaban del tema, y algunos historiadores y estudiosos rusos. La rigidez del régimen soviético contribuyó a acallar las noticias.

La difusión vino de la mano del escritor e historiador Alexandr Solzhenitsyn. Solzhenitsyn, que había sido preso durante once años en el sistema de gulag, escribió su experiencia en Un día en la vida de Iván Denísovich, que narra un día en la vida de un preso cualquiera en un campo de trabajo soviético.


Aleksandr Solzhenitsyn

En 1962 Nikita Kruschev autorizó su publicación, buscando distanciarse del stalinismo. Sin embargo no fue hasta 1973, tras la publicación de Archipiélago Gulag, cuando la realidad de lo vivido por los presos de los campos stalinistas llegó a occidente.

En Archipiélago Gulag Solzhenitsyn reconstruye la vida en el interior de uno de estos campos basándose en su propia experiencia y en la de algunos de sus compañeros de presidio.

Perseguido por la KGB, el autor fue expulsado de la Unión Soviética “a perpetuidad”, aunque pudo regresar a Rusia en 1994, tras la disolución de la URSS. Su secretaria, que guardaba una copia del manuscrito, fue encontrada ahorcada en su piso de Moscú.

Olvido

Al contrario que en Alemania, donde se ha reconocido y honrado a las víctimas del Holocausto nazi, en Rusia parece no querer hablarse del sistema de gulag. No ha habido reconocimiento oficial, ni excusas públicas, ni investigaciones o comisiones… Nada.

Una especie de tabú rodea el tema en Rusia y, aunque en menor medida, también en el resto de ex repúblicas soviéticas. Apenas se menciona en los libros de historia. Los ancianos lo eluden. Los jóvenes lo ignoran.

Y las víctimas permanecen olvidadas.


lunes, 11 de julio de 2016

SGM: Italianos inventan una enfermedad para salvar a judíos

Un médico italiano explica "Síndrome K", la enfermedad falsa inventó para salvar Judios de los nazis


"K" para el comandante alemán Kesselring, a continuación, la supervisión de la ocupación de Roma. (AP)


Escrito por Caitlin Hu

En el otoño de 1943, los soldados alemanes en Italia comenzaron a reunir a Judios italianos y deportarlos-10.000 personas fueron enviadas a campos de concentración durante la ocupación de casi dos años nazi. La mayoría nunca regresó. Pero en Roma, un grupo de médicos guardados por lo menos 20 Judios de un destino similar por diagnosticarlos con el Síndrome K, una, desfigurando, y la enfermedad contagiosissima mortal.
Los 450 años de edad, el Hospital Fatebenefratelli está situado en una pequeña isla en medio del río Tíber de Roma, justo al otro lado del barrio judío. Cuando los nazis invadieron la zona, el 16 de octubre de 1943 un puñado de Judios huyó al hospital católico, donde se les dio rápidamente los archivos de casos de lectura "Síndrome K."
La enfermedad no existe en ningún libro de texto médico o un gráfico de médico. De hecho, no existe en absoluto. Era un nombre en clave inventada por el médico y activista antifascista Adriano Ossicini, para ayudar a distinguir entre los pacientes reales y rincones saludables. (Los disidentes políticos y una estación de radio subterránea revolucionaria también fueron albergados allí del régimen fascista de Italia).
La enfermedad falsa fue vívidamente imaginada: Los locales de los enfermos "Síndrome K" fueron designados como peligrosamente infeccioso-disuadir a los inspectores nazis entren y niños judíos fueron instruidos a toser, a imitación de la tuberculosis, cuando los soldados pasaron por el hospital.

"Los nazis pensaban que era cáncer o la tuberculosis, los cuales huyeron como conejos", Vittorio Sacerdoti, un médico judío que trabaja en el hospital con un nombre falso, dijo a la BBC en 2004. Otro médico orquestar el que salva vidas mentira era cirujano Giovani Borromeo , posteriormente reconocida por la organización de la memoria del Holocausto Yad Vashem de Israel como "justo entre las naciones".
El 21 de junio, Fatebenefratelli fue honrado como "Casa de la Vida", de la Fundación Raoul Wallenberg, una organización estadounidense dedicada a honrar a los actos heroicos durante el Holocausto. Para la ocasión, de 96 años de edad Ossicini concedió una entrevista al diario italiano La Stampa (video en italiano) sobre la invención de la enfermedad:
"Síndrome K se puso en papeles de pacientes para indicar que la persona enferma no estaba enfermo en absoluto, sino judía. Hemos creado esos papeles para los judíos como si fueran pacientes ordinarios, y en el momento en que tuvimos que decir lo que sufrieron la enfermedad? Fue Síndrome K, que significa "yo estoy admitiendo un Judio," como si él o ella estuviera enferma, pero estaban todos sanos.
La idea de llamarlo Síndrome K, como Kesserling o Kappler, era el mío ".
Albert Kesserling era el comandante alemán que supervisa la ocupación de Roma. jefe de las SS Herbert Kappler había sido instalado como jefe de la policía de la ciudad, y más tarde autor intelectual de la matanza Ardeatine, un asesinato en masa de Judios italianos y los presos políticos en 1944.
"La lección de mi experiencia fue que tenemos que actuar no por el bien de su propio interés, sino por principios", dijo Ossicini. "Todo lo demás es una vergüenza."
Las cuentas de cuántos italiano Judios fueron guardados por el Hospital Fatebenefratelli varían desde decenas hasta cientos, sino testimonios de sobrevivientes reunidos por Yad Vashem confirman que al menos unas cuantas vidas se salvaron después de 16 de octubre varias familias con niños pequeños protegidos allí durante el invierno, hasta que las fuerzas alemanas se extendió por el hospital de nuevo en mayo de 1944. un asistente a la ceremonia de Wallenberg, de 83 años de edad Luciana Tedesco, se oculta de forma segura en el hospital como un niño pequeño durante la última incursión.
La comunidad judía de Italia es una de las más antiguas de Europa, y el Síndrome K es una de las muchas anécdotas Segunda Guerra Mundial-era de italianos ordinarios toman medidas extraordinarias para salvar la vida de los conciudadanos, hecho aún más sorprendente en el contexto histórico de las propias leyes antisemitas de Italia . Cerca de 9.000 Judios romana, de una comunidad de 10.000, en última instancia, lograron evadir el arresto, una hazaña tristemente empequeñecido por la manía genocida del Tercer Reich en los últimos años de la guerra.

Quartz

sábado, 9 de abril de 2016

SGM: Canibalismo en un campo de concentración

Canibalismo en un campo nazi: el espeluznante testimonio de un sobreviviente



Un barracón femenino del campo de concentración de Bergen-BelsenUn barracón femenino del campo de concentración de Bergen-Belsen

Infobae

Británicos encerrados en campos de concentración nazis soportaron torturas por parte de la policía secreta del régimen de Hitler (Gestapo) e hicieron frente a un "extendido canibalismo" entre los prisioneros, según unos documentos escondidos cinco décadas.

Los Archivos Nacionales del Reino Unido publicaron este jueves 900 solicitudes para recibir ayuda económica que las víctimas británicas de la persecución nazi hicieron llegar al gobierno del país durante la década de los 60.

Uno de los documentos más llamativos es el de Harold Le Druillenec, único superviviente británico del campo de concentración de Bergen-Belsen, en Baja Sajonia (Alemania), que narró en su petición los horrores que vivió durante los diez meses que pasó bajo el régimen nazi.

"La ley de la jungla reinaba entre los prisioneros: por la noche o matabas o te mataban y durante el día el canibalismo se extendía", explicó.

Según sus notas, en Belsen "no había comida, ni agua y dormir era imposible", mientras que en el campo de Banter Weg (Hamburgo), donde también pasó un tiempo, "la tortura y el castigo" por medio de "golpes, ahogamientos y crucifixiones" era lo normal a toda hora.

En su solicitud, remarcó que sus experiencias lo dejaron "débil" y afectaron sus pulmones y su corazón, a lo que el gobierno británico reaccionó con una compensación de 1.853 libras, cerca de 30.000 hoy en día (38.000 euros).

En 1964, la República Federal de Alemania se comprometió a destinar al Reino Unido un millón de libras, lo que actualmente serían 17 millones (21 millones de euros), que el país debía compensar a todos los británicos que sufrieron la persecución del nazismo.

De las 4.000 personas que pidieron la ayuda, tan solo 1.015 fueron beneficiadas por el Ministerio de Relaciones Exteriores, que la repartía según el tiempo pasado en un campo de concentración (un mínimo de tres meses) y el grado de discapacidad.

Una de las afectadas que no consiguieron una compensación económica fue la austríaca de origen Johanna Hill, quien perdió toda posibilidad de ser madre debido a las palizas de la Gestapo, por haber estado en prisión solo un mes y medio.

Uno de los supervivientes que escaparon del campo de Stalag Lutf III en 1944, Bertram "Jimmy" James, vio como su petición por haber estado encerrado en el campo de Sachsenhausen (Brandeburgo) era denegada por no haber llegado a padecer "los tratamientos inhumanos y degradantes" propios de un campo de concentración.

Para el gobierno británico que estudió el caso, las condiciones de Sachsenhausen "no eran de ninguna manera comparables" a las de otras campos.

Finalmente, después de que en 1968 se decidiera que las víctimas británicas de este campo de concentración también debían ser compensadas económicamente, James percibió 1.192 libras, unas 18.500 libras de hoy (23.000 euros).

Está previsto que para la primavera de 2017 vean la luz alrededor de otras 3.000 peticiones.

viernes, 4 de marzo de 2016

SGM: Cómo surgieron los campos de concentración

Los orígenes de los campos de concentración nazis
En su nuevo libro, el prestigioso historiador Nikolaus Wachsmann realiza un exhaustivo análisis de los infernales centros de exterminio de judíos e investiga sus antecedentes en guerras coloniales y regimenes autoritarios. Infobae publica un adelanto



Infobae

Se calcula que casi 2 millones de personas fueron asesinados en los campos de concentración nazisSe calcula que casi 2 millones de personas fueron asesinados en los campos de concentración nazis En abril de 1941, el público alemán acudía en tropel a los cines para ver una película protagonizada por grandes estrellas, supuestamente basada en una historia real y publicitada por las autoridades nazis a bombo y platillo. El clímax de la película se desarrollaba en un desacostumbrado escenario: un campo de concentración. No habría final feliz para los internos, famélicos y aquejados de enfermedades, todos víctimas inocentes de un régimen letal: un valeroso prisionero es ahorcado, su esposa muere fusilada y otros internos son masacrados por sus sanguinarios captores, que no dejan más que tumbas a su paso. Estas espeluznantes escenas guardaban un asombroso parecido con la vida en los campos de concentración contemporáneos (se llegó a preparar un pase especial para los guardias de Auschwitz). Pero esta no era una tragedia sobre los campos de la SS. La película se había contextualizado décadas antes, durante la guerra de los Bóer, y los malos eran los imperialistas británicos. Ohm Krüger, así se titulaba la película, fue una poderosa herramienta de la propaganda nazi en la guerra contra Gran Bretaña y se hacía eco del discurso que Adolf Hitler pronunció ante el gran público unos meses antes: "Alemania no había inventado los campos de concentración —había declarado—. Fueron los ingleses quienes aprovecharon esta institución para ir hundiendo a otras naciones".

La cantinela era bien conocida. El propio Hitler había dicho lo mismo antes, cuando anunció al pueblo alemán que su régimen no había hecho sino copiar los campos de concentración de los ingleses (aunque no los maltratos). La propaganda nazi jamás se cansó de hablar de los campos extranjeros. Durante los primeros años del régimen, los discursos y los artículos evocaban rutinariamente los campos británicos de la guerra de los Bóer, que tanta indignación había despertado en toda Europa, y señalaban también los campos en activo de países como Austria, de donde se decía que los activistas nacionales del nazismo vivían escenas de gran sufrimiento. El verdadero mensaje de esta propaganda —que los campos de la SS no constituían una excepción— difícilmente podía pasar desapercibido, pero para asegurarse de que todo el mundo lo recibía, el dirigente de la SS, Heinrich Himmler, quiso explicarlo con todo detalle en un discurso emitido por la radio alemana en 1939. Los campos de concentración eran una "institución consagrada" en el extranjero, anunció, y añadió que la versión alemana era considerablemente más moderada que las extranjeras.

Aquellos intentos de relativizar los campos de la SS tuvieron poco éxito, al menos fuera de Alemania. Pese a todo, existía un ápice de verdad en la cruda propaganda nazi. "El campo", en tanto que centro de detención, era realmente un fenómeno muy extendido en los escenarios internacionales. En las décadas previas a la toma del poder por parte de los nazis, los campos para el confinamiento masivo de sospechosos políticos y de otra índole —fuera del alcance de las cárceles o el código penal— habían proliferado en Europa y otros territorios, generalmente en épocas de guerra o agitación política, y aquellos centros continuaron floreciendo tras la desaparición del Tercer Reich, lo que llevó a unos cuantos observadores a describir toda la época como una "Edad de los Campos".

Los primeros recintos de estas características aparecieron en tiempos de las guerras coloniales de finales del siglo xix y principios del xx, como una brutal respuesta militar a las guerrillas. Las potencias coloniales pretendían derrotar a los insurgentes locales internando a masas de civiles no combatientes en pueblos, ciudades o campos, una táctica adoptada por España en Cuba, por Estados Unidos en las Filipinas y por los británicos en Suráfrica (allí empezó a usarse el nombre de "campo de concentración"). La indiferencia y la ineptitud de las autoridades en las colonias provocaron hambrunas generalizadas, enfermedades y muerte entre los internos de aquellos centros. Pese a ello, estos no fueron el prototipo de los posteriores campos de la SS y existían grandes diferencias entre ellos en cuanto a su función, diseño y funcionamiento.15 Lo mismo sucedió con los campos alemanes en el África occidental (en lo que hoy es Namibia), dirigidos por autoridades coloniales entre 1904 y 1908 durante una feroz contienda contra la población indígena. Varios millares de hereros y namas fueron encarcelados en lo que a veces han dado en llamarse campos de concentración, y se dice que casi la mitad murió por el desprecio y la negligencia de sus captores alemanes. Estos campos eran distintos a otros centros de internamiento coloniales, en tanto que estaban movidos menos por la estrategia militar que por el deseo de castigar y de forzar al trabajo. Pero tampoco fueron el "tosco modelo" de los campos de la SS, tal como se ha afirmado, y cualquier intento de vincularlos directamente con Dachau o Auschwitz resulta poco convincente.

La era de los campos comenzó realmente con la primera guerra mundial, cuando fueron importados de las lejanas colonias a la Europa central. Además de los campos de prisioneros de guerra, que albergaban a millones de soldados, buena parte de las naciones beligerantes fundó campos de trabajos forzosos, de refugiados y campos de internamiento para civiles, movidos por las doctrinas de la movilización global, del nacionalismo radical y de la higiene social. Aquellos recintos eran fáciles de construir y de custodiar, gracias a las innovaciones recientes como las ametralladoras, las baratas alambradas de espino y los barracones móviles fabricados a gran escala. Las condiciones eran peores en la Europa central y del Este, donde los presos solían tener que soportar trabajos forzosos sistemáticos, manifestaciones de desprecio y actos violentos; varios centenares de miles murieron allí. A finales de la primera guerra mundial, Europa estaba plagada de campos y su recuerdo perduró hasta mucho tiempo después de su clausura. En 1927, por ejemplo, una comisión parlamentaria alemana denunció aún con ira los abusos durante la época de guerra a presos alemanes en los "campos de concentración" británicos y franceses.


Portada de "KL. Una historia de los campos de concentración", de Nikolas Wachsmann (Crítica).

En las décadas de 1920 y 1930 aparecieron muchos otros campos, al tiempo que buena parte de Europa se iba apartando de la democracia. Los regímenes totalitarios, con su maniquea división del mundo entre amigos y enemigos, se convirtieron en aguerridos paladines de los campos en tanto que armas para aterrorizar a los presuntos enemigos y aislarlos de forma permanente. Por sus orígenes, el KL pertenecía a esta variedad de campos y compartía con ella ciertos elementos básicos. Existían incluso algunos lazos directos. El sistema de campos en la España de Franco, por ejemplo, que retuvo a centenares de miles de presos durante la guerra civil y después de ella, parece haberse inspirado en cierta medida en sus antecesores nazis.

Probablemente, el pariente extranjero más cercano a los campos de concentración de la SS se hallase en la Unión Soviética de Stalin. Aprovechando la experiencia de las detenciones en masa durante la primera guerra mundial, los bolcheviques usaron los campos (a veces denominados campos de concentración) ya en tiempos de la revolución. En los años treinta, controlaban un extenso sistema de detención —conocido como el Gulag— en el que se integraban los campos de trabajo, las colonias, las prisiones y otros más. Solo los campos de trabajo disciplinarios del Comisariado del Pueblo para los Asuntos Internos (NKVD) albergaban a un millón y medio de reclusos a principios de enero de 1941, muchísimos más que el sistema de campos de la SS. Como el complejo del KL, el soviético estaba movido por una utopía destructiva, que pretendía crear una sociedad perfecta eliminando a todos los enemigos, y sus campos siguieron una trayectoria en cierta medida similar: pasaron de ser caó- ticos centros de terror para convertirse en una inmensa red de campos dirigidos desde una central; pasaron de la detención de los sospechosos políticos al encarcelamiento de otros marginados sociales y étnicos; pasaron del énfasis inicial en la rehabilitación a unos trabajos forzosos a menudo letales.

A la vista de estos paralelos, y del surgimiento previo del sistema soviético, algunos estudiosos han apuntado la posibilidad de que los nazis simplemente se hubieran adueñado del concepto de campo de concentración estalinista; una afirmación, sin embargo, que puede inducir a error aunque sea casi tan antigua como los propios campos de la SS. Existen dos problemas concretos. En primer lugar, hubo profundas diferencias entre ambos sistemas de campos. Aunque los soviéticos tuvieron una época inicial más mortífera, por ejemplo, el KL posterior experimentó un vuelco hacia el radicalismo y desarrolló bastantes más líneas letales, que culminaron en el complejo de exterminio de Auschwitz, sin parangón en la URSS ni en ninguna otra parte. Los presos del NKVD tenían más probabilidades de recuperar la libertad que de morir, mientras que los reclusos en tiempo de guerra de un campo de concentración de la SS solo podían esperar lo contrario. En conjunto, el 90% de los internos del Gulag logró sobrevivir; en el KL, la cifra de presos registrados que lograron sobrevivir probablemente era inferior a la mitad. Tal como señaló la filósofa Hannah Arendt en su pionero estudio del totalitarismo, los campos soviéticos eran el purgatorio, pero los nazis eran el infierno.

En segundo lugar, disponemos de pocas pruebas para demostrar que los nazis copiasen a los soviéticos. A decir verdad, la SS observó de cerca la represión estalinista en el Gulag, sobre todo tras la invasión alemana del verano de 1941: los jefes nazis consideraron la posibilidad de hacerse con los "campos de concentración de los rusos", tal como decían ellos, y enviar un resumen de las condiciones y la organización en aquellos «campos de concentración» a las comandancias de sus KL. En un plano más general, la violencia bolchevique en la Unión Soviética, tanto la real como la imaginada, fue un punto de referencia constante en el Tercer Reich. En Dachau, los oficiales de la SS indicaron a los guardias en 1933 que actuasen con la misma brutalidad que la Checa (el cuerpo de seguridad) practicaba en la URSS. Años más tarde, en Auschwitz, los de la SS se referían a uno de sus instrumentos de tortura más crueles como el "golpe de Stalin".

Pero no debemos confundir el interés general hacia el terror soviético con su influencia. El régimen nazi no obtuvo del Gulag una inspiración relevante y cuesta pensar que la historia de los campos de concentración de la SS hubiera sido muy distinta de no haber existido el Gulag. Los KL se construyeron sobre todo en Alemania, del mismo modo que el Gulag era fundamentalmente el producto del mandato soviético. Existen similitudes entre ellos, por supuesto, pero estas quedan muy superadas por las diferencias; cada sistema de campos tenía una forma y una función propias, modeladas por unas prácticas, unos objetivos y unos antecedentes nacionales específicos.

jueves, 25 de febrero de 2016

SGM: Polonia y su colaboración en el Holocausto

Polonia y las sombras del Holocausto

El Gobierno de Varsovia inicia una cruzada contra el historiador Jan T. Gross, que desveló la matanza de judíos en Jedwabne, perpetrada por polacos

Guillermo Altares
Fuente: El País

Judíos de Jedwabne asesinados durante el pogromo de 1941. Getty Images


Jan T. Gross, profesor de la universidad estadounidense de Princeton de origen polaco, desveló en 2001 uno de los últimos secretos de la II Guerra Mundial, y uno de los más oscuros: la matanza el 10 de julio de 1941 de los judíos del pueblo de Jedwabne, en Polonia. Los autores no fueron los nazis, sino sus propios vecinos polacos, que tras someterlos a todo tipo de torturas y vejaciones públicas quemaron vivos a los supervivientes en un pajar.

Aunque 21 perpetradores habían sido juzgados y 11 condenados por un tribunal polaco al final del conflicto, la atrocidad acabó por ser atribuida a las SS y así quedó en la memoria colectiva. El libro de Gross, Vecinos, causó hace 15 años un impacto tremendo en Polonia, un país que este historiador y sociólogo abandonó en 1968. Ahora, el Gobierno polaco, cuyas medidas autoritarias están causando una honda preocupación en la UE, ha lanzado una cruzada contra este investigador.

La Fiscalía polaca está estudiando presentar una demanda contra Gross por un texto publicado en septiembre en el diario alemán Die Welt, titulado "La vergüenza de Europa del Este", en el que reprochaba a los Gobiernos de Polonia, Hungría y Eslovaquia su insolidaridad con los refugiados. La frase por la que el fiscal estudia procesarlo por el delito de "insulto público a la nación" es: "Aunque los polacos están orgullosos con razón de su resistencia ante los nazis, mataron más judíos que los alemanes durante la guerra". El Gobierno califica esta frase de "calumnia y un bofetón a los millones de polacos que perdieron la vida en aquella época".

En el texto, Gross reprocha el profundo antisemitismo de la sociedad polaca, antes, durante y después de la guerra. La oficina del presidente Andrzej Duda anunció esta semana que está estudiando además despojar a Gross de la orden del mérito civil, una medida que ha provocado dos manifiestos públicos de solidaridad por parte de diferentes profesores. Desde la victoria en octubre delpartido ultraconservador Ley y Justicia, numerosos periodistas e intelectuales críticos han sido acorralados en medio de una intensa retórica nacionalista.

"Mis libros sobre las relaciones entre polacos y judíos durante la guerra son el motivo real por el que este régimen populista y nacionalista me está atacando", responde el profesor Gross (Varsovia, 1947) desde Estados Unidos por correo electrónico. "La fiscalía ha iniciado una investigación oficial que puede conducir a mi procesamiento. El Gobierno actual es nacionalista, xenófobo y autoritario y va a imponer su propia agenda con respecto a la enseñanza de la historia polaca". Gross tuvo que abandonar Polonia en 1968, dentro de una persecución de disidentes, de la dictadura comunista, marcadamente antisemita.


El historiador Jan T. Gross, en 2008. Radoslaw Nawrocki ZUMAPRESS.com

Un portavoz de la Presidencia polaca, Marek Magierowski respondió ayer a una pregunta sobre este tema: "El profesor Gross es un personaje muy controvertido. Muchos historiadores polacos de renombre lo llaman 'novelista'. Sus libros están repletos de errores, basados en prejuicios. Gross aborda en sus libros temas muy delicados: matanzas de judíos cometidas por campesinos polacos; antisemitismo polaco después de 1945. Algunos de sus libros y algunas sus declaraciones parecen formar parte de una campaña cuyo objetivo es crear la imagen de una nación ferozmente antisemita. Paradójicamente es la misma que más representantes tiene en la lista de Los Justos entre las Naciones. No es que no haya antisemitas en Polonia. No es que no debamos avergonzarnos de algunos hechos de nuestro pasado. Pero Gross ha cruzado la línea que separa la historiografía de la propaganda".

Una verdad oculta

La publicación de Vecinos provocó un profundo choque en la sociedad polaca y, aunque se han editado más investigaciones sobre el tema e incluso se realizó una película en 2012, El secreto de la aldea, sigue siendo una verdad a la que le cuesta salir a la luz. "El tratamiento de los judíos por parte de los polacos durante la guerra ha sido investigado a fondo desde hace una década. Pero los resultados no han calado en el conocimiento general de la guerra. Los polacos mantienen una profunda ignorancia sobre la mayor tragedia de la II Guerra Mundial, el Holocausto", prosigue Ross.

El gran problema es que Polonia es uno de los países que más sufrió durante aquel conflicto, invadido por la Alemania nazi y por la URSS, totalmente destruido, con cinco millones de muertos —tres de ellos polacos judíos, asesinados en gran parte en los campos de exterminio nazis instalados en la Polonia ocupada—. El Gobierno de Varsovia ha anunciado una ley que penalice la utilización de la expresión "campos de exterminio polacos", porque Polonia no tuvo nada que ver con la organización de estos centros de muerte, de los que sus ciudadanos fueron víctimas.

Cuando se reveló en 2001 lo ocurrido en Jedwabne, un pogromo en el que fueron asesinadas entre 300 y 1.600 personas, el director de Gazeta Wyborcza, Adam Michnik, uno de los más importantes intelectuales polacos, escribió: "Es difícil valorar la dimensión de ese choque. El libro de Gross ha provocado reacciones que pueden ser comparadas con las que motivó el libro de Hannah ArendtEichmann en Jerusalén". El filósofo George Steiner aseguró entonces que "el relato de Gross de las atrocidades durante la guerra ha despertado a una nación que ha escondido sistemáticamente su pasado". En sus investigaciones, Gross también destapó otros pogromos cometidos por ciudadanos polacos.

Narrativa de la guerra

"Es muy difícil para los ciudadanos polacos admitir cualquiera de esas cosas porque durante la guerra la narrativa fue la misma: sólo los nazis cometieron crímenes y los polacos fueron víctimas", ha señalado la periodista Anna Bikont, autora de otro libro sobre Jedwabne, en el que no sólo relata los hechos sino que describe el antisemitismo que persiste en parte de la sociedad polaca y el silencio que sigue planeando sobre la matanza. Su estudio, El crimen y el silencio, fue publicado en polaco en 2005, en francés en 2011 (ganó el Premio del Libro Europeo) y el año pasado en inglés.

En una reseña significativamente titulada "Peor de lo que pensábamos", el escritor británico Julian Barnes aseguró en The New York Review of Books que el trabajo de Bikont "amplia nuestro conocimiento sobre el antisemitismo en Polonia, encabezado por la Iglesia católica y las élites profesionales y el todavía más terrible antisemitismo posterior al conflicto". Según Gross, entre 1.500 y 2.000 judíos fueron asesinados en los años posteriores a la ocupación alemana. "El episodio más trágico fue el pogromo de Kielce, el 4 de julio de 1946, en el que 80 judíos fueron asesinados en un día", explica.

En septiembre 2011, el memorial de Jedwabne dedicado a las víctimas judías apareció marcado con cruces gamadas y con mensajes como: "Eran altamente inflamables". Anna Bikont entrevistó a dos de los perpetradores que fueron condenados. Dice que es lo más duro que ha hecho en su vida profesional: "Fueron completamente cínicos. No mostraron ningún tipo de arrepentimiento".

sábado, 16 de enero de 2016

Biografías: Ex-republicano preso en Mauthausen

DE LA BATALLA DEL JARAMA A MAUTHAUSEN.
JAVIER SANZ — Historias de la Historia


Jorge Pérez Troya nació en Torre de Juan Abad (Ciudad Real) en 1916. Con 20 años se vio envuelto en la Guerra Civil, combatió en el Alcázar de Toledo, en el alto de los Leones, en Guadarrama y en el Jarama (como sargento y a cargo de una baterí­a antiaérea).


TroyamilitarPT

Tras el final de la Guerra, 1 de abril de 1939, huye a Francia. Los primeros tiempos son difí­ciles, ya que Francia los encierra en campos donde las condiciones en las que viví­an eran deplorables (hambre, sed, disenterí­a, etc); allí­ toma contacto con los comunistas y pasa a ser uno más de ellos. Cuando estalla la II Guerra Mundial y Alemania invade Francia, en el 40, se cierran los campos y les ofrecen tres alternativas: enrolarse en la Legión Extranjera, en las Compañí­as de Trabajo o ser devueltos a España. Jorge decide enrolarse en la Compañí­a de Trabajo (en concreto en la 211). Estas compañí­as son utilizadas para trabajar en el campo, en las minas, en los caminos… Mano de obra barata.

Tras el armisticio firmado por Alemania y Francia en junio de 1940, Francia queda dividida en dos: una parte ocupada por los alemanes y la otra “libre” bajo el gobierno del Mariscal Petain (gobierno tí­tere de los alemanes). Su compañí­a es enviada a Brest, pero él decide que no ayudará a los nazis y escapa. Llega a Burdeos y allí­ se incorpora a la resistencia, tras algunas acciones de sabotaje le enví­an a Paris a “combatir” dentro de la Guerrilla Urbana. En 1942 ya dirige uno de los grupos de la guerrilla.

Tras varias acciones de éxito le ordenan atacar el puesto de guardia del  Estado Mayor alemán en Parí­s. Jorge y su grupo se preparan y durante unos dí­as vigilan los horarios del cambio de guardia. Deciden atacar a la compañí­a que iba a dar el relevo y, aunque fue todo un éxito, perdió a 11 de sus camaradas.

Jorge se oculta durante unos dí­as pero, como jefe de su grupo, tiene que ir a un “piso franco” donde tení­a el armamento. La portera del edificio sospechó del tejemaneje de aquel extranjero. Lamentablemente, para la suerte de Jorge, era la querida de un policí­a y dio el chivatazo. Cuando Jorge llegó al piso se encontró encañonado por dos policí­as que se lo llevaron y le dieron una terrible paliza. Casi sin vida, lo abandonaron a su suerte en una celda con otros miembros de la resistencia, entre ellos habí­a comunistas franceses que pudieron conseguir, del exterior, medicinas para curarle. Tras varios dí­as entre la vida y la muerte, es llevado a la cárcel de Fresnes donde permaneció durante dos meses con un panecillo y una sardina salada al dí­a.

A los dos meses los alemanes lo sacan de allí­ y lo llevan al Castillo de Romainville donde las cosas fueron mucho peor. Al desgaste fí­sico habí­a que añadir el psicológico, pues todas las mañanas eran formados los presos y 15 de ellos eran fusilados. Una de las mañanas le obligaron a coger todas sus cosas y Jorge pensó:

“Hasta aquí­ hemos llegado”
Pero no, todaví­a tení­a que sufrir más. Los “empaquetaron” en un tren cuyo destino era… Mauthausen (Austria). Se convertirí­a en el preso nº 25.537. Tení­an que trabajar en fábricas de armamento cercanas al campo o, como Jorge, en las canteras de granito donde debido al esfuerzo muchos morí­an. Según sus palabras:

“Habí­a una enorme cantera y nos hací­an trabajar de sol a sol para sacar piedras de gran tamaño. Hitler las necesitaba para los monumentos que querí­a construir en los lugares que iba conquistando“
“veinticuatro horas al dí­a asfixiando (cámaras de gas) a mujeres y a niños“
“Ninguno de los que llegaban sobreviví­a y sabí­as que cuando entraban les esperaba una muerte segura. Las paredes de las cámaras eran de cemento, de gran grosor, y podí­as ver los arañazos que hací­an las personas cuando iban a morir“


Jewish Virtual Library

Jorge Pérez Troya fue uno de los supervivientes de los campos de extermino nazis, pero unas 122.000 personas, sólo en estos campos, fueran asesinadas. Su pequeña venganza tomo cuerpo cuando, tras la liberación, algunos de los supervivientes persiguieron al oficial de más alto rango del campo y le dieron muerte cuando huí­a. El gobierno francés le concedió la Legión de Honor por méritos durante la resistencia.



Deportados de Mauthausen (Jorge a la izquierda, bajo la flecha)

Un hombre que luchó en una guerra entre hermanos, que tuvo que exiliarse de su paí­s, que padeció la desconfianza y el confinamiento de los franceses a los que luego ayudó en la resistencia contra la ocupación nazi y que sobrevivió a un campo de exterminio… Tendrí­a que ser el sí­mbolo de la RESISTENCIA Y LA FORTALEZA HUMANA.

Sirva este post como mi pequeño homenaje para un héroe casi desconocido (por lo menos para mi).

Fuentes: Documentos RNE (Españoles en la resistencia francesa), Testimonio Jorge Pérez Troya (información y fotos)