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domingo, 18 de junio de 2017

SGM: El intento de asesinato de Hitler

El intento de asesinato de Hitler

William L. Shirer

Un coronel del ejército alemán penetra en el cuartel general de Hitler; coloca una bomba a menos de dos metros del Führer y se retira. Una explosión, llamas, gritos. En este fragmento extraído y traducido de su libro, «The rise and fall of the Third Reich», publicado en 1960, el periodista norteamericano William L. Shirer, analiza las fases del atentado del 20 de Julio de 1944, explicando las razones de su fracaso.


Coronel Klaus von Stauffenberg


El coronel Klaus von Stauffenberg era hombre de una amplitud de espíritu rara en un militar de carrera. Había nacido en 1907 y descendía de una vieja familia aristocrática del sur de Alemania, profundamente católica y muy cultivada. Dotado de una magnífica salud física, von Stauffenberg se forjó un pensamiento brillante, curioso y admirablemente equilibrado. Durante cierto tiempo había acariciado la idea de dedicarse a la música, luego a la arquitectura, pero, a los diecinueve años, entró como cadete en el ejército y, en 1936, fue admitido en la Escuela de Guerra de Berlín. Monárquico de corazón, como la mayoría de los hombres de su clase, no se opuso, por entonces, al régimen nacionalsocialista. Fueron, al parecer, los «pogroms» de 1938 los que sembraron en su espíritu las primeras dudas, que aumentaron cuando vio al Führer, en el verano de 1939, empujar a Alemania a una guerra que podía ser larga y terriblemente costosa en vidas humanas. No obstante, cuando llegó la guerra, se lanzó a ella con su energía característica. Pero en Rusia perdió von Stauffenberg sus últimas ilusiones sobre el Tercer Reich. El inútil desastre de Stalingrado le hizo caer enfermo. Inmediatamente después, en Febrero de 1943, solicitó ser enviado al frente de Túnez. Pero el 7 de Abril, su automóvil voló en un campo de minas y von Stauffenberg resultó gravemente herido. Perdió el ojo izquierdo, la mano derecha y dos dedos de la mano izquierda. Durante su larga convalecencia tuvo tiempo para reflexionar y llegar a la conclusión, a pesar de su estado, que tenía una misión que cumplir en bien de la patria. «Creo que debo hacer algo para salvar a Alemania» –dijo a su mujer, la condesa Nina, que había ido a verle al hospital- «Nosotros, oficiales del Alto Estado Mayor, tenemos todos que asumir nuestra parte de responsabilidad».


von Stauffenberg y su esposa Nina

A fines de Septiembre de 1943, estaba de vuelta en Berlín, en la comandancia general del ejército. Empezó a ejercitarse, valiéndose de pinzas, en la tarea de activar una bomba con los tres dedos de la mano que le quedaban. Hizo mucho más aún. Su personalidad dinámica, la claridad de su inteligencia y su notable talento de organizador, infundieron en los conspiradores una mayor resolución. Los conspiradores, sin embargo, no tenían en sus filas a ningún mariscal en actividad. Se hizo una propuesta al mariscal von Rundstedt, que mandaba las tropas del sector occidental, pero rehusó faltar a su juramento de fidelidad al Führer. El mariscal von Manstein dio una respuesta idéntica. Tal era la situación a comienzos de 1944, cuando un mariscal, muy activo y muy popular, prestó oídos a los conspiradores, sin que von Stauffenberg lo supiera al principio. Era Rommel, y su participación en el complot contra Hitler sorprendió mucho a los jefes de la conspiración. Pero, en Francia, Rommel se había dedicado a frecuentar a dos de sus viejos amigos, el general von Falkenhausen, gobernador militar de Bélgica y del Norte de Francia, y el general Karl Heinrich von Stülpnagel, gobernador militar de Francia. Estos dos generales formaban parte ya de la conspiración antihitleriana y, poco a poco, lo pusieron al corriente de sus actividades en este terreno.


General von Falkenhausen

General Karl Heinrich von Stülpnagel

Después de algunas vacilaciones, Rommel aceptó: «Creo –les dijo- que es mi deber acudir en socorro de Alemania». Y ahora que se acercaba el verano decisivo de 1944, los conspiradores comprendían la necesidad de actuar con urgencia. El ejército ruso estaba casi en las fronteras de Alemania. Los Aliados se disponían a lanzar una operación de gran envergadura en las costas francesas del Canal. En Italia, la resistencia alemana se derrumbaba. Si querían obtener una paz inmediata, que ahorrase a Alemania un aplastamiento y una ruina totales, tenían que desembarazarse lo más pronto posible de Hitler y del régimen nazi. En Berlín, von Stauffenberg y sus conjurados tenían, al fin, sus planes a punto. Los habían reunido bajo el nombre convencional de «Operación Valkiria», término apropiado, ya que las valkirias eran, según la mitología escandinava, cada una de las divinidades con forma de mujer, que se precipitaban sobre los campos de batalla, para designar a los héroes que debían morir en los combates. En el caso presente, era Adolf Hitler quien debía desaparecer. Resulta irónico que el almirante Canaris, antes de su caída, hubiera dado al Führer la idea de un plan Valkiria, destinado a garantizar, por el ejército del interior, la seguridad de Berlín y de las demás grandes ciudades, en caso de una insurrección de los millones de trabajadores extranjeros que vivían maltratados en estos centros. Semejante insurrección era muy improbable –en realidad era imposible-, pues los trabajadores no estaban armados ni organizados, pero el Führer, muy suspicaz en aquella época, veía acechar el peligro por todas partes y, como casi todos los soldados útiles estaban ausentes del país (ya en el frente o ya de guarnición), aceptó fácilmente la idea de que el ejército del interior garantizase la seguridad del Reich contra las “hordas” de los trabajadores forzados. De este modo, el plan Valkiria de Canaris llegó a ser una perfecta tapadera para los conspiradores militares, permitiéndoles elaborar casi a la luz del día unos planes para que el ejército del interior cercara la capital y algunas ciudades como Viena, Munich y Colonia, en el momento mismo en que Hitler fuese asesinado.
En Berlín, la principal dificultad residía en el hecho de que disponían de muy pocas tropas y las formaciones S.S. eran mucho más numerosas. Había también un número considerable de unidades de la Luftwaffe, en el interior mismo de la ciudad y en sus alrededores, que servían las defensas antiaéreas. Estas tropas, a menos que el ejército obrara rápidamente, seguirían fieles a Goering y lucharían por salvar el régimen nazi y colocarlo bajo la autoridad de su jefe, aun cuando Hitler hubiera muerto. Frente a las fuerzas de las S.S. y de las tropas de aviación, von Stauffenberg sólo contaba con la rapidez de las operaciones para asegurar el control de la capital. Las dos primeras horas serían las más críticas. En este breve tiempo, las tropas sublevadas deberían ocupar y defender la central de radio y las dos emisoras de la ciudad, las centrales telegráficas y telefónicas, la cancillería del Reich, los ministerios y los cuarteles generales de la Gestapo. Goebbels, el único alto dignatario nazi que salía raras veces de Berlín, debería ser detenido con los oficiales S.S. En cuanto Hitler hubiera muerto, su cuartel general de Rastenburg se aislaría de Alemania, para que ni Goering, ni Himmler, ni ninguno de los generales nazis, como Keitel y Jodl, pudieran tomar el mando y tratar de incorporar a las tropas y a la policía a un régimen nazi del que tan sólo el jefe habría cambiado. El general Fellgiebel, jefe de transmisiones, cuyas oficinas se hallaban en el cuartel general, se encargó de esta misión. Los planes, pues, estaban listos. A finales de Junio, los conspiradores tuvieron una baza a su favor. Klaus von Stauffenberg fue ascendido a coronel y nombrado jefe de estado mayor del general Fromm, general en jefe del ejército del interior. Este puesto no sólo le ponía en posición de dar órdenes a aquel ejército en nombre de Fromm, sino que le permitía acercarse a Hitler.


General Fellgiebel

Este último, en efecto, había adquirido la costumbre de convocar al jefe del ejército del interior, o a su ayudante, a su cuartel general, dos o tres veces por semana, para pedirle nuevos refuerzos para las divisiones diezmadas que luchaban en el frente ruso. En una de estas entrevistas pensaba von Stauffenberg hacer explotar su bomba.
En la tarde del 19 de Julio, Hitler convocó a von Stauffenberg en Rastenburg. Debía hacer su informe para la primera conferencia cotidiana, que tendría lugar en el cuartel general del Führer, al día siguiente, 20 de Julio, a la una de la tarde. Los oficiales que ocupaban los puestos más importantes en la guarnición de Berlín y sus alrededores recibieron aviso de que el 20 de Julio sería «Der Tag», el gran día. Poco después de las 6,00 hs. de la cálida y soleada mañana del 20 de Julio de 1944, el coronel von Stauffenberg, acompañado de su ayudante el teniente von Haeften, se dirigió hacia Rangsdorf, el aeropuerto de Berlín. En su cartera atestada, entre sus documentos, y envuelta en una camisa, llevaba una bomba con detonador retardado. El aparato despegó y, poco después de las 10,00 hs., aterrizaba en Rastenburg. El teniente von Haeften dio al piloto la orden de que estuviera listo para emprender el vuelo de regreso, en cualquier momento después del mediodía. Un coche del estado mayor condujo al grupo al cuartel general de «Wolfsschanze» (cubil del lobo), situado en un rincón sombrío, húmedo y muy boscoso de Prusia Oriental. No era fácil ni la entrada ni la salida, observó von Stauffenberg. El cuartel general se componía de tres recintos, protegidos cada uno de ellos por campos de minas, reductos de hormigón y una alambrada electrificada; día y noche hacían la ronda patrullas de S.S. Para penetrar en el recinto interior, donde vivía y trabajaba Hitler, hasta el general de mayor graduación tenía que presentar un salvoconducto especial, valedero para una sola visita, y sufrir una inspección individual. No obstante, ellos franquearon fácilmente los tres controles. Una vez en su interior, von Stauffenberg se dirigió en seguida a ver al general Fellgiebel, jefe de transmisiones en el O.K.W., uno de los ejes principales del complot, con el propósito de asegurarse de que el general estaba dispuesto a transmitir sin demora las noticias del atentado a los conspiradores de Berlín, para que entraran inmediatamente en acción. En tal momento, Fellgiebel aislaría al cuartel general del Führer, cortando todas las comunicaciones telefónicas, telegráficas y radiofónicas. Luego von Stauffenberg se encaminó a las oficinas de Keitel, colgó su gorra y su cinturón en la antesala, y entró en el despacho del jefe del O.K.W. Supo por él que tendría que actuar más rápidamente de lo proyectado. Ya era algo más del mediodía cuando Keitel le informó de la llegada de Mussolini en el tren de las 2,30 hs. de la tarde, por lo cual se había adelantado la conferencia cotidiana del Führer, que se celebraría a las 12,30 hs. en vez de a la 1,00 hs. A continuación, von Stauffenberg resumió a Keitel lo que se proponía decir a Hitler y, hacia el final, notó que el jefe del O.K.W. miraba su reloj con impaciencia. Unos minutos antes de las 12,30 hs., Keitel se levantó diciendo que debían dirigirse inmediatamente a la conferencia si no querían llegar con retraso. Salieron de su despacho, pero von Stauffenberg dijo que había olvidado su gorra y su cinturón en la antesala, y dio rápidamente media vuelta antes de que Keitel tuviese tiempo de enviar a su ayudante por ellos. En la antesala, von Stauffenberg abrió con celeridad su cartera, tomó una pinza con los tres dedos que le quedaban y rompió la cápsula del detonador de tiempo. Si no se producía una falla en el mecanismo, diez minutos después exactamente la bomba estallaría. Keitel, se irritó por este retraso y se volvió para gritar a von Stauffenberg que se apresurara. No obstante, como Keitel temía, llegaron con demora. La conferencia había empezado. En el momento en que Keitel y von Stauffenberg entraban en el barracón, el segundo se detuvo un instante en el vestíbulo de entrada para decir, al sargento jefe encargado de la central telefónica, que esperaba una llamada urgente de su despacho de Berlín, de donde tenían que transmitirle una información absolutamente necesaria para su exposición (esto lo dijo por Keitel, que estaba escuchando). Por lo tanto, había que avisarle en cuanto le llamaran. Los dos hombres entraron en la sala. Habían pasado ya cuatro minutos desde que von Stauffenberg rompió la cápsula. Quedaban seis minutos. La habitación era relativamente pequeña, de unos 9 metros de largo por 4,50 metros de ancho, y tenía diez ventanas, abiertas todas de par en par para dejar entrar un poco de aire. Todas aquellas ventanas abiertas iban a reducir, sin duda, el efecto de la explosión. En medio de ese cuarto había una mesa ovalada, de roble macizo, de unos 5 metros de largo. Esta mesa tenía la particularidad de que no descansaba sobre patas, sino sobre dos peanas (bases o soportes) grandes y pesadas, colocadas en sus extremos y casi tan anchas como ella. Este detalle iba a influir notablemente en el desarrollo de los sucesos. Cuando von Stauffenberg penetró en la estancia, Hitler estaba sentado en el centro del lado más largo de la mesa, de espaldas a la puerta. A su derecha estaban el general Heusinger, jefe de operaciones y jefe del estado mayor adjunto del ejército; el general Korten, jefe de estado mayor del Aire; y el coronel Heinz Brandt, jefe de estado mayor de Heusinger. Keitel tomó asiento a la izquierda del Führer; a su lado se hallaba el general Jodl. Había alrededor de la mesa dieciocho oficiales más, de los tres ejércitos y de las S.S. El coronel von Stauffenberg se sentó entre Korten y Brandt, a la derecha del Führer. Puso su cartera en el suelo y la empujó bajo la mesa para apoyarla contra la pared «interior» del pesado soporte de roble. Se hallaba de este modo, a unos dos metros de las piernas del Führer. Eran las 12,37 hs. Quedaban aún cinco minutos. Heusinger continuó hablando, refiriéndose constantemente al mapa desplegado sobre la mesa. Cuando von Stauffenberg salió de la habitación, parece que nadie se dio cuenta, con excepción quizá del coronel Brandt. Este oficial, absorto en lo que decía Heusinger, se inclinó sobre la mesa para ver mejor el mapa, y descubrió que la abultada cartera de von Stauffenberg le estorbaba, probó de empujarla con el pie y, finalmente, la tomó por el asa, la levantó y la apoyó sobre el lado «exterior» del soporte de la mesa, que ahora se interponía entre la bomba y Hitler. Esta circunstancia insignificante, salvó probablemente la vida del Führer y costó la suya a Brandt. «Los rusos –concluía Heusinger- se dirigen con fuerzas importantes desde el oeste del Dvina hacia el norte. Si nuestro grupo de ejércitos que opera alrededor del lago Peipus no se repliega inmediatamente, una catástrofe…». No pudo acabar la frase: en ese momento exacto, 12,42 hs., la bomba hizo explosión; von Stauffenberg estaba a 200 metros de allí, en compañía del general Fellgiebel, ante la mesa de trabajo de este último en el bunker 88. Mientras pasaban lentamente los segundos, su mirada iba ávidamente de su reloj al barracón de la conferencia. De repente, saltó de su asiento, una llamarada y una humareda se elevaron rugiendo –contó después- como si el sitio hubiera sido alcanzado de lleno por un proyectil de 155. Salían cuerpos proyectados por las ventanas y volaban escombros por el aire. En la imaginación sobreexcitada de von Stauffenberg, todos los que se hallaban en la sala de conferencias debían estar muertos o moribundos. Lanzó un rápido adiós a Fellgiebel, que debía telefonear a los conspiradores de Berlín para anunciarles que el atentado había salido bien, y luego cortar todas las comunicaciones hasta que los conspiradores se apoderaran de Berlín, proclamando el nuevo gobierno. Pero von Stauffenberg tenía ahora por objetivo inmediato salir del cuartel general con vida y lo más pronto posible. En los puntos de control, los centinelas habían visto y oído la explosión y habían cerrado inmediatamente todas las salidas. En la primera barrera, situada a unos metros del bunker de Fellgiebel, detuvieron el coche de von Stauffenberg. Este se bajó y solicitó hablar con el oficial de servicio del cuerpo de guardia. En su presencia, telefoneó a alguien –se ignora a quien-, habló brevemente, colgó y volviéndose hacia el oficial le dijo: «Teniente, estoy autorizado para salir». Era un «bluff», pero dio resultado y, según parece, después de haber anotado cuidadosamente en su registro: «12,44 hs. El coronel von Stauffenberg ha franqueado el control», el teniente ordenó a los controles siguientes que le dejaran pasar. A toda velocidad, el automóvil se dirigió al aeródromo, cuyo comandante aún no había recibido la alarma. El piloto tenía en marcha el motor cuando los dos hombres llegaron al campo. Un minuto después, el avión despegaba. Era un poco más de la 1,00 h. de la tarde. Las tres horas siguientes debieron parecer a von Stauffenberg las más largas de su vida. En aquel avión no podía hacer nada, sino tener la esperanza de que Fellgiebel hubiera transmitido a Berlín la importantísima señal, y que sus camaradas de conspiración se hubieran apoderado de la ciudad y enviado los mensajes, previamente redactados, a los comandantes militares en funciones en Alemania y en el oeste. Su avión aterrizó en Rangsdorf a las 3,45 hs. y von Stauffenberg, lleno de confianza, se precipitó hacia el teléfono más próximo para llamar al general Olbricht y saber exactamente lo que había sucedido en el curso de aquellas tres horas de las que todo dependía. Con gran consternación supo que no se había hecho nada. Inmediatamente después de la explosión recibieron una llamada telefónica de Fellgiebel, pero la comunicación era tan mala que los conspiradores no habían entendido si Hitler había muerto o no había muerto. En consecuencia, no se hizo nada.
Pero Hitler no había muerto como pensaba von Stauffenberg. Lo había salvado, sin sospecharlo, el coronel Brandt, al desplazar la cartera al otro lado del pesado soporte de la mesa. Sus heridas no eran graves, aunque se hallaba fuertemente conmocionado. Como un testigo diría más tarde, apenas se le reconocía cuando salió del edificio destrozado y en llamas, del brazo de Keitel, con el rostro ennegrecido, el pelo echando humo y el pantalón hecho jirones. Keitel, milagrosamente salió ileso. Pero la mayor parte de los que se hallaban sentados en el extremo de la mesa, cerca de lugar donde estalló la bomba, estaban gravemente heridos; sólo murió Brandt. En la confusión y alboroto reinantes, nadie se acordó, al principio, de que von Stauffenberg se había escabullido de la sala de conferencias poco antes de la explosión. Se creyó, en los primeros momentos, que se encontraba en el barracón y que debía figurar entre los heridos graves que habían sido trasladados rápidamente al hospital. Hitler, que no sospechaba de él todavía, ordenó que se pidiera información sobre los heridos. Unas dos horas después de la explosión comenzaron a conocerse indicios sospechosos. El sargento primero encargado del teléfono, se presentó para declarar que «el coronel tuerto», que le había dicho que esperaba una llamada de Berlín, había salido de la sala de conferencias y, sin aguardar esta comunicación, abandonó el barracón a toda prisa. Algunos oficiales asistentes a la conferencia se acordaron de que von Stauffenberg había dejado su cartera de mano bajo la mesa. En los puestos de control, los centinelas manifestaron que von Stauffenberg y su ayudante habían salido del campo inmediatamente después de la explosión. Hitler comenzó a sospechar. Una llamada telefónica al aeródromo de Rastenburg aportó un informe interesante: el coronel von Stauffenberg había tomado el avión precipitadamente después de la 1,00 h. de la tarde, indicando como destino el aeródromo de Rangsdorf. Hasta ese momento, nadie había sospechado en el cuartel general, que en Berlín se estaban desarrollando graves acontecimientos. Todos creían que von Stauffenberg había actuado solo. No sería difícil capturarlo, a menos que, como algunos sospechaban, hubiera aterrizado detrás del frente ruso. Hitler, que mostró mucha serenidad todo ese tiempo, tenía otra preocupación inmediata, la de recibir a Mussolini, cuya llegada estaba prevista para las 4,00 hs. de la tarde, por haberse retrasado su tren. Escena rara y grotesca la de ese último encuentro entre los dos dictadores, aquella tarde del 20 de Julio de 1944, contemplando las ruinas de la sala de conferencias, y tratando de persuadirse de que, el Eje que habían formado y que había dominado el continente, no estaba también en ruinas. Aquel Duce, anteriormente tan altivo, aquel hombre a quien gustaba pavonearse, ya era un simple «Gauleiter» (representante del partido nazi) en Lombardía, evadido de su prisión con la ayuda de comandos alemanes, y apoyado únicamente por Hitler y las S.S. Sin embargo, la amistad y la estimación que el Führer sentía por él, nunca se desmintieron, y le recibió con todo el entusiasmo que su estado físico le permitía. Hacia las 5,00 hs. de la tarde empezaron a llegar los primeros informes de Berlín, indicando que había estallado una sublevación militar, la cual posiblemente se extendía al frente del Oeste. Hitler tomó el teléfono y ordenó a las S.S. de Berlín que exterminaran hasta el menor sospechoso. Esta rebelión de Berlín, tan larga y meticulosamente preparada, se había iniciado con mucha lentitud. Entre la 1,15 hs. y las 3,45 hs. no se había hecho nada. Y cuando el general Thiele fue a avisar a los conspiradores que las emisoras de radio iban a lanzar la noticia que Hitler había escapado con vida a un atentado, no se les ocurrió aún que lo primero que había que hacer –y con toda urgencia- era apoderarse de la emisora nacional, impedir a los nazis servirse de ella, y difundir sus proclamas anunciando la formación de un nuevo gobierno. En lugar de ocuparse de ello inmediatamente, von Stauffenberg llamó al cuartel general de von Stülpnagel para que los conspiradores entrasen en acción en París, luego trató de convencer a su superior, el general Fromm (a quien Keitel acababa de comunicar que Hitler estaba vivo), cuya obstinada negativa a unirse a los rebeldes amenazaba seriamente con comprometer el éxito de la operación. Tras una violenta discusión, Fromm fue arrestado en el despacho de su ayudante. Los rebeldes tomaron la precaución de cortar los cables telefónicos de ese cuarto. Poco después de las 4,00 hs. de la tarde, después del regreso de von Stauffenberg, el general von Hase, que mandaba la plaza de Berlín, telefoneó al comandante del batallón escogido de la guardia Grossdeutschland, en Doeberitz, para ordenarle que tuviese preparada su unidad y que se presentara inmediatamente en la Kommandantur de la avenida Unter den Linden. El comandante del batallón, recientemente nombrado, se llamaba Otto Remer e iba a jugar un papel primordial en aquella jornada, aunque no el que esperaban los conjurados. Estos lo habían sondeado, puesto que iban a confiar a su batallón una misión muy importante, pero se contentaron con saber que era un militar sin opiniones políticas y que ejecutaría sin discutir las órdenes que le dieran sus superiores. Remer alertó a su batallón, de acuerdo con las instrucciones recibidas, y se dirigió apresuradamente a Berlín para recibir las órdenes particulares de von Hase. El general le anunció el asesinato de Hitler, la inminencia de un «putsch» S.S., y le dio instrucciones para que aislara totalmente los ministerios de la Wilhelmstrasse y la Oficina central de seguridad S.S. situada en el mismo sector, en el barrio de la estación de Anhalt. A las 5,30 hs., Remer, actuando con gran celeridad, ya había cumplido su misión y se presentó en la Kommandantur para recibir nuevas instrucciones. Pero en el Ministerio de Propaganda, Goebbels acababa de recibir una llamada telefónica de Hitler, informándole del atentado de que había sido víctima, y ordenándole que difundiera, lo antes posible, un comunicado anunciando que dicho atentado había fracasado. En ese mismo momento, advirtió que las tropas se apostaban alrededor del ministerio. Goebbels, entonces, llamó con urgencia a Remer, quien, por su parte, había recibido la orden de detener al ministro de propaganda. Así pues tenía la orden de apresar a Goebbels y el ministro se lo había facilitado, pidiéndole que fuera a verlo. Remer fue con veinte hombres al Ministerio de Propaganda y a continuación, revólver en mano, su ayudante y él entraron en el despacho del más alto dignatario nazi que estaba entonces en Berlín, para arrestarlo. Goebbels sabía hacer frente a las situaciones críticas; recordó al joven comandante el juramento de fidelidad que había prestado a Hitler. Remer replicó secamente que Hitler había muerto. Goebbels le respondió que el Führer estaba vivo, pues acababa de hablar con él por teléfono, y podía demostrarlo. Pidió una conferencia urgente con Rastenburg. El error cometido por los conspiradores al no apoderarse de la red telefónica de Berlín, iba a conducirlos al desastre. En un minuto estaba Hitler al aparato. Goebbels tendió el auricular a Remer: -«¿Reconoce usted mi voz?»-, preguntó el Führer. ¿Quién no iba a reconocer en Alemania aquella voz ronca, oída centenares de veces por la radio? Dicen que el comandante, al escucharlo, se cuadró en el acto. Hitler le ordenó reprimir la rebelión, y obedecer únicamente las órdenes de Goebbels y de Himmler, a quien enviaba a Berlín para que tomara el mando del ejército del interior. El Führer ascendió a Remer a coronel. Esto fue suficiente. Remer acababa de recibir órdenes de arriba y se apresuró a ejecutarlas con una energía de que carecían los conspiradores. Retiró su batallón de la Wilhelmstrasse, ocupó la Kommandantur de la avenida Unter den Linden, envió patrullas a detener a las unidades que pudieran estar en marcha hacia la capital y se encargó personalmente de descubrir el cuartel general de los conjurados, para detener a sus jefes.


Mayor Otto Remer

Comenzaba el último acto. Poco después de las 9,00 hs. de la noche, los conspiradores, defraudados en sus esperanzas, escucharon estupefactos por la radio que el Führer se dirigiría al pueblo alemán. Unos minutos después, se enteraban de que el general von Hase, que mandaba la plaza de Berlín, había sido detenido, y que el general nazi Reinecke, apoyado por las S.S., se había puesto al frente de todas las tropas de Berlín, para asaltar el puesto de mando de los rebeldes situado en la calle Bendlerstrasse. La enérgica acción emprendida inmediatamente en Rastenburg; lo rápido de la reacción de Goebbels; la movilización de las S.S. en Berlín, debido en gran parte a la sangre fría de Otto Skorzeny; la confusión y la inacción increíbles de los rebeldes de la Bendlerstrasse; hicieron que gran número de oficiales, a punto de unir su suerte con los conspiradores, cambiaran de opinión. Hacia las 8,00 hs. de la noche, después de cuatro horas de reclusión en el despacho de su ayudante, el general Fromm pidió autorización para retirarse a su propio despacho, situado en el piso inferior. Dio su palabra de honor de no intentar huir ni establecer ningún contacto con el exterior. El general Hoepner accedió a ello y, además, como Fromm se quejara de tener hambre y sed, hizo que le llevasen unos sandwiches y una botella de vino. Poco antes habían llegado tres generales de estado mayor, que se negaron a unirse a la rebelión, pero que solicitaron hablar con su jefe, el general Fromm. Inexplicablemente fueron llevados ante su presencia, aunque seguía arrestado. Fromm les dijo, inmediatamente, que había una puertecita de salida en la parte posterior del edificio y, faltando a la palabra dada a Hoepner, ordenó a los generales que fueran en busca de refuerzos, se apoderaran del edificio y reprimiesen la rebelión. Lo generales así lo hicieron. Asimismo, un grupo de oficiales del estado mayor de Olbricht había empezado a sospechar que la rebelión corría hacia el fracaso, y comprendieron que si ésta realmente fracasaba, a ellos los colgarían sin darles tiempo a cambiar de idea. A las 10,30 hs. de la noche estos oficiales solicitaron hablar con el general Olbricht. Querían saber exactamente lo que él y sus amigos pensaban hacer. El general se los dijo y se marcharon sin discutir. Veinte minutos más tarde, volvieron a presentarse seis u ocho de ellos y, con las armas en la mano, pidieron a Olbricht más explicaciones. Cuando von Stauffenberg acudió ante el escándalo, lo arrestaron. Como intentara escapar, echando a correr hacia el pasillo, dispararon sobre él, hiriéndolo en un brazo. Luego cercaron la parte del edificio que había servido de cuartel general a los conspiradores. Beck, Hoepner, Olbricht, von Stauffenberg, von Haeften y Mertz fueron metidos a empujones en el despacho vacío de Fromm, donde éste no tardó en aparecer, empuñando un revólver: -¡Muy bien, señores! –dijo-. Ahora voy a tratarlos como ustedes me han tratado- Pero no lo hizo.
-Depongan las armas –ordenó-. Están ustedes arrestados-
-No se atreverá usted a arrestar a su antiguo jefe –respondió tranquilamente Beck echando mano a su revólver-. Esto es cosa mía-
Beck apretó el gatillo para suicidarse, pero la bala no hizo más que rozarle la cabeza. Se desplomó en un sillón, sangrando ligeramente. -¡Ayuden a ese anciano!- ordenó Fromm a dos oficiales jóvenes, pero cuando quisieron quitarle el revólver, Beck protestó, pidiendo que le dieran otra oportunidad. Fromm accedió. Luego, volviéndose hacia los otros conspiradores, les dijo: -Señores, si ustedes tienen que escribir alguna carta, les concedo aún unos minutos- Olbricht y Hoepner se sentaron a escribir unas palabras de despedida para sus esposas. Mertz, von Stauffenberg, von Haeften y los demás, permanecieron en silencio. Fromm salió de la estancia. Volvió al cabo de cinco minutos para anunciar que, «en nombre del Führer», había formado un «tribunal militar» (no existen pruebas de que lo hiciera) y que éste había sentenciado a muerte al coronel del Alto Estado Mayor, Mertz; al general Olbricht; al general Hoepner; a ese coronel cuyo nombre no quiero acordarme (von Stauffenberg) y al teniente von Haeften. Los dos generales, Olbricht y Hoepner, estaban aún ocupados en escribir a sus mujeres. El general Beck yacía desplomado en su sillón, con el rostro manchado de sangre. -¡Y bien, señores! –dijo Fromm, dirigiéndose a Olbricht y Hoepner-, ¿están ustedes listos?- Hoepner y Olbricht terminaron sus cartas. Beck, que empezaba a recobrar el ánimo, pidió otro revólver. Se llevaron a von Stauffenberg y a los restantes «sentenciados». En el patio, a la luz de los faros oscurecidos de un coche militar, los oficiales «condenados» fueron rápidamente fusilados por un pelotón de ejecución. El coronel Klaus von Stauffenberg murió gritando: «¡Viva nuestra sagrada Alemania!».
Había pasado la media noche. La única rebelión importante que hubo contra Hitler, en los once años y medio transcurridos desde el advenimiento del Tercer Reich, fue sofocada en once horas y media. Otto Skorzeny llegó a la Bendlerstrasse al frente de un grupo S.S., prohibiendo inmediatamente que se procediera a nuevas ejecuciones (como buen policía quería someter a los detenidos a tortura para conocer la ramificación del complot). Esposó a los conspiradores, enviándolos a la prisión de la Gestapo, y dio orden de recoger los papeles que los conspiradores no hubieran destruido. Himmler, llegado de Berlín poco antes, había establecido temporalmente su cuartel general en el ministerio de Goebbels, y telefoneó a Hitler para anunciarle que la rebelión había sido reprimida. En Prusia Oriental un camión-radio rodaba a toda velocidad por la carretera de Königsberg a Rastenburg para que el Führer pronunciase por radio aquel mensaje que el «Deutschlandsender» anunciaba incesantemente de las nueve:

«¡Camaradas alemanes! Si me dirijo hoy a vosotros, es para que oigáis mi voz y sepáis que no estoy herido y también para que os enteréis que acaba de cometerse un crimen sin precedente en la historia. Una camarilla de militares ambiciosos, irreflexivos, estúpidos e insensatos, ha urdido un complot para eliminarme, y conmigo al estado mayor del alto mando de la Wehrmacht. La bomba colocada por el coronel conde von Stauffenberg ha estallado a dos metros de mí, hiriendo gravemente a varios de mis fieles y leales colaboradores y ha matado a uno de ellos. Yo sólo he sufrido algunos arañazos, contusiones y quemaduras superficiales. Este suceso es para mí la confirmación de la misión que me ha confiado la Providencia. Los conspiradores no constituyen más que un pequeño grupo que no representa a la Wehrmacht, y mucho menos al pueblo alemán. Se trata de una banda de criminales, y todos serán exterminados implacablemente. Los trataremos de la forma en que nosotros, nacionalsocialistas, hemos tratado siempre a nuestros enemigos».
Hitler cumplió su palabra. Una oleada de persecuciones asoló al país. El Tribunal del Pueblo se mantuvo en sesión permanente durante seis meses. Fueron ejecutadas cerca de 5.000 personas. Rommel fue el único de todos los conspiradores que tuvo derecho a un trato especial. Hitler, a pesar de su furor, se daba cuenta de que la detención del más popular de sus mariscales, causaría agitación y malestar en el país. El 14 de Octubre, dos generales, Burgdorf y Maisel, fueron a ver a Rommel, convaleciente en su casa de Herrlingen de la grave herida que había sufrido en Normandía. Una hora después, el mariscal se reunió con su mujer y le expresó lo siguiente: -«He venido a decirte adiós. Dentro de un cuarto de hora habré muerto. Sospechan que he tomado parte en la tentativa de asesinato contra Hitler. El Führer me deja escoger entre el veneno o el juicio por el Tribunal del Pueblo. Han traído el veneno. Dicen que obrará en tres segundos. No temo ser juzgado públicamente, pues puedo justificar todos mis actos. Pero sé que no llegaré vivo a Berlín»-. Eligiendo el suicidio, sabía que su mujer y su hijo no serían molestados. Un cuarto de hora después, el mariscal Erwin Rommel había dejado de existir.

Fuente
Gran Crónica de la Segunda Guerra Mundial













sábado, 14 de enero de 2017

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10 cosas que no sabía sobre el patán nazi Reinhard Heydrich

David Herold - War History Online




A menos que seas un aficionado de la Segunda Guerra Mundial, es probable que no tengas todos los datos sobre cada funcionario nazi memorizado. Sin embargo, cada individuo que desempeñó un papel importante en el régimen nazi tiene una historia que contar. Aquí están algunos hechos que usted no puede saber sobre el alto funcionario nazi Reinhard Heydrich, una figura oscura en un período aún más oscuro de la historia de la guerra.

1. Tuvo varios trabajos a lo largo de su vida.


Heydrich era conocido por ser uno de los principales arquitectos del Holocausto. Nombrado por Hitler mismo, que lo llamó "el hombre con el corazón de hierro", Heydrich era un líder de grupo de alto nivel en las SS, así como el jefe de policía. Él también se desempeñó como el diputado o protector del Reich en funciones de Moravia y Bohemia (ahora la República Checa).

En un momento dado, fue el presidente actual de la Comisión Internacional de Policía Criminal, también conocida como Interpol. Durante la Conferencia de Wannsee en enero de 1942, supervisó los planes finales para deportar y promover el genocidio de la población judía en Europa.


2. Él ayudó a coordinar Kristallnacht.



- Bundesarchiv CC BY-SA 3.0

Los días 9 y 10 de noviembre de 1938, una unidad militar de la SA y civiles alemanes se unieron para llevar a cabo lo que se llama la "Noche de Cristal Roto", un ataque contra judíos en Alemania dirigida por los nazis, así como por partes de Austria. Las tiendas, los escaparates y las sinagogas tenían sus ventanas destrozadas, haciendo que las calles estuvieran llenas de cristales rotos que le dan a este día su nombre.

Este fue el comienzo de la deportación masiva de los judíos y llevó al inicio del Holocausto. Cientos de judíos perecieron en los ataques, mientras que más de 30.000 fueron detenidos y enviados a campos de concentración. Heydrich fue el principal ejecutor de esta operación y los acontecimientos precedentes a partir de entonces.

3. Creció en una casa de grandes medios financieros y de apreciación musical.


El padre de Heydrich era Richard Bruno Heydrich, un talentoso compositor y cantante de ópera. Su madre, una pianista misma, enseñaría a los estudiantes en el Conservatorio de Música, Teatro y Enseñanza de Halle, que fue fundado por el padre de Heydrich. Debido a esta educación artística, se introdujo a la música a una edad temprana y se interesó en tocar el violín. Su talento y amor por la música impresionó a muchos de la élite de la sociedad en la que su familia creció, lo que parece sorprendente para un hombre con tal odio y oscuras ideas sobre el mundo que le rodea en su carrera militar posterior.

4. Tuvo una infancia preocupada.


Mientras que un amor por la música y el arte, aparentemente, crear un ambiente feliz en una casa de la familia, Heydrich creció bajo estrictas reglas de su padre. Su hermano Heinz y él practicarían la esgrima inventando duelos simulados para aprender estrategia y deportividad.

Su padre, un nacionalista alemán, tenía la intención de inculcar valores patrióticos en sus hijos también. Mientras que Heydrich era un estudiante inteligente y dedicado, fue intimidado por otros niños, haciéndolo tímido e inseguro. Estaba especialmente descontento con su voz aguda, y otros estudiantes lo burlaban de su supuesta ascendencia judía, un factor que pudo haber engendrado su odio hacia los de ascendencia judía.


5. Fue despedido de la Armada alemana por sus asuntos románticos.



Heydrich como cadete del Reichsmarine en 1922 - Bundesarchiv CC BY-SA 3.0

Heydrich sirvió casi diez años en la Marina, moviéndose rápidamente en las filas y ganando admiración de sus compañeros oficiales. Sin embargo, eventualmente terminó siendo despedido por mala conducta debido a su inclinación por los dalliances femeninos. En 1930, conoció a una mujer llamada Lina von Osten, un miembro del Partido Nazi con el que rápidamente se enamoró, y pronto se involucraron abruptamente.

Sin embargo, aparentemente Heydrich ya estaba involucrado en un compromiso anterior con otra mujer, y había roto su unión por su nuevo novio en su lugar. Este acto fue considerado como algo más que un simple mal comportamiento, y fue acusado en 1931 de "conducta impropia de un oficial y caballero" por parte de la administración de la Marina. Fue liberado en abril del mismo año, lo que fue un golpe devastador para su carrera de otra manera vertical.

6. Heinrich Himmler quedó impresionado por él inmediatamente.



Heydrich y Lina von Osten - Archivos Federales CC BY-SA 3.0

Mientras Himmler lo que la planificación de una división de contrainteligencia para la unidad de las SS, que lo persuadido por un amigo de von Osten de entrevistar a Heydrich para el trabajo de la gestión de este proyecto. Inicialmente, Himmler canceló la cita, pero a partir de este ignorado esta noticia y envió Heydrich embalaje para reunirse con funcionarios nazis de todos modos.

Himmler Convino en la entrevista y lo Independientemente de inmediato llevado por sus planes para la nueva operación. Heydrich lo contrató en un abrir y cerrar de ojos, y una vez hecho su camino a través de la clasificación de manera rápida y eficiente. Himmler incluso lo ascendió a Mayor de las SS como regalo de bodas.

7. Oye lo asignado para ayudar a organizar los Juegos Olímpicos de Berlín en verano 1936a


El partido nazi decide utilizando los juegos como una herramienta para la propaganda nazi sería una gran manera de promover su plan, Y le enviaron embajadores de buena voluntad para tratar de promover su causa a aquellos países que se opusieron a las políticas nazis ,: tales como el antisemitismo. SIN EMBARGO, el sentimiento anti-judío permaneció prohibido a partir de los juegos. A pesar de esto, Heydrich, que recompensado por su trabajo en la organización, y recibió un alemán Juegos Olímpicos de la decoración como un regalo para sus esfuerzos.


8. Engañó a los checos en el pensamiento de que estaba de su lado.



Reinhard Heydrich en un castillo en Praga (Federal Archivo / CC-BY-SA 3.0)

Una vez Heydrich wurde el interino Protector del Reich en Praga, trabajó lentamente su camino en las mentes de la población. Él organizó eventos para la fuerza de trabajo, que aparece como si lo que les ayuda a encontrar trabajo. Que produzca el alimento y por lo tanto libres de los zapatos, que se distribuyeron a los que estaban empobrecidos.

Aumentó de pensiones e incluso promulgó "sábados libres" de la mano de obra que tomar tiempo para descansar y relajarse con sus familias. A pesar de tesis muchos signos de buena voluntad hacia los checos, Heydrich lo bajo mano buscando a ellos erradicar Durante todo el tiempo. Oye lo que la esperanza de tener toda la zona a ser "Germanized" lo más rápidamente posible.


9. Fue asesinado en un Mercedes Benz.



Mercedes 320 B convertible; después del intento de asesinato de 1942 en Praga. - Bundesarchiv CC BY-SA 3.0

El gobierno de Checoslovaquia, exiliado en Londres lo que la intención de tomar abajo Heydrich. Por lo que el Ejecutivo de Operaciones Especiales británica (SOE) capacitó a un grupo de asesinos para llevar a cabo este plan de ejecución. El equipo que llevó por Jan Kubis y Jozef Gabčík. El 27 de mayo de 1942, Heydrich lo que en su camino para reunirse con Hitler.

Como él lo doblar una curva del enrollamiento en el camino, y Kubis Gabcik llevado a cabo su operación. el arma de Gabcik no disparó a Heydrich, pero habían sido manchado, y Heydrich ordenó a su conductor que se detuviera para poder enfrentarlos. Mientras que el vehículo que se detuvo, Kubis arrojó una bomba golpeó la parte trasera del vehículo, la explosión en el impacto. Heydrich lo hirió gravemente en su lado izquierdo y llevado a un hospital, donde más tarde cayó en coma y murió.

10. Heinrich Himmler lo elogió en su funeral, y asistió Hitler.



Funeral Heydrich Estado Praga Castillo 07/06/1942. Bundesarchiv CC BY-SA 3.0

Dos funerales se llevaron a cabo por la muerte de Reinhard Heydrich, una en Praga y un después en Berlín. Heydrich tenía un decorado fue disco ya, pero bueno lo que el sombrero bei der Buchmesse grado más alto de la Orden Alemana, la medalla de la Orden de la sangre, por Hitler, que lo dejó con sus otros sobre su almohada funeral.

martes, 6 de septiembre de 2016

Guerra Antisubversiva: Obarrio discute por el atentado de la madre de De Pedro

Polémica entre Obarrio y Wado de Pedro por un crimen de la Dictadura
La madre del diputado podría haber sido la autora de un atentado en el que murió una familiar del periodista. La conversación telefónica.


Julian D'Imperio - Perfil


Mariano Obarrio y Wado de Pedro Mariano Obarrio y Wado de Pedro
Foto:Cedoc

El periodista Mariano Obarrio y el diputado del FpV Wado de Pedro tuvieron un cruce tras un tuit del columnista de La Nación asegurando que la madre del funcionario (ex montonera) fue protagonista junto a su pareja de un atentado en el que mataron a un familiar de Obarrio.

"Hoy supe que la mama de Wado De Pedro era montonera y pareja de quien puso la bomba que mató a Margarita Obarrio, mi tia abuela. No tuvo justicia", tuiteó el periodista.

Y agregó: "Atentado al depto de Lambruschini mato a Paula L. de 15 años y a mi tia abuela 2da Margarita Obarrio 82 años y vecina. No eran el blanco obvio", explicó Obarrio, haciendo alusión al atentado contra el Vicealmirante Armando Lambruschini, Jefe del Estado Mayor, acusado de torturador durante la última dictadura argentina.

Luego de estos tuits, el exsecretario de Cristina Fernández se contactó con Obarrio para esclarecer el tema: "Él arrancó diciéndome que estaba indignado por la publicación mía en Twitter sin antes haberle consultado, y yo le expliqué que no acusaba a su madre sino que consignaba que la madre había sido pareja de alguien que está acusado de hacer un atentado muy grave", señaló a PERFIL el periodista.

"En el libro "Fuimos Todos" de Yofre, se menciona que tanto Lucila Rébora de Pedro así como Carlos Fassano están vinculados en el atentado, y en otros documentos se menciona que fue Fassano el autor. También hay otros documentos que dicen que fue ella, pero la versión más creíble que tengo yo es que fue Fassano. Por supuesto que ella era montonera y pareja de Fassano, con lo cual no podía no saberlo", aseguró Obarrio.

"También figuran en documentos de Internet. Yo lo dije en función de esas publicaciones. Luego seguí investigando y me enteré que en ese atentado había fallecido un familiar mío. Era prima hermana de mi abuelo", explicó a este portal.

Por otro lado, el periodista contó que la respuesta del diputado de Pedro sostenía que esas eran "versiones del submundo, de la inteligencia militar, que eran disparatadas y que no había nada en la Justicia que pudiera acreditar que ninguno de ellos dos pudiera tener algo que ver en ese atentado".

"Yo le dije que respeto su versión, me parece bien y por supuesto que yo voy a seguir buscando información porque me interesa, ahora en hasta en lo personal, antes como periodista. No quiero reabrir el caso judicialmente ni buscar revancha, simplemente para saber la verdad", destacó el periodista. Este medio intentó comunicarse con el diputado nacional por el Frente para la Victoria, pero no obtuvo respuestas.

"También le dije que si su madre hubiera tenido que ver en este tema, él no tiene ningún tipo de responsabilidad. Además le aclaré que lo respeto mucho porque siempre ha vivido esto con moderación. Ha sido una víctima. Me duele mucho su historia, tuvo una vida muy dura y yo no pretendo incriminarlo de nada", agregó.

Además, Obarrio relató que "por alguien de Twitter me llegó una resolución judicial de 150 páginas que dice que dos detenidos en el Olimpo (Lucila Rébora y Carlos Fasano) confesaron estar vinculados al atentado y que a raíz de esa confesión en el campo clandestino salió un grupo de tareas y los fueron a buscar para matarlos".

Y concluyó: "Él (Wado de Pedro) me contó que conoció a la hija del asesino del padre y que tuvieron una charla y lo perdonó. Es una actitud muy valorable. Yo aproveché para decirle que no tengo nada contra él. Hay que conocer la verdad, dejarlo en la historia y ahora vivir una reconciliación porque no sirve de nada echar culpas. La verdad es sanadora, no para buscar culpables".

jueves, 17 de diciembre de 2015

Peores y más recientes ataques terroristas en el Mundo

Los peores atentados terroristas de la historia




Los recientes ataques terroristas que asolaron la ciudad de París y conmovieron al mundo entero invitan a un repaso por la historia reciente del terror no estatal: esta es una lista de algunos de los más mortales atentados de todos los tiempos.

11 de Septiembre de 2001 en Estados Unidos: una serie de atentados terroristas perpetrados por miembros de la red yihadista Al Qaeda provocaron la muerte de unas 3.000 personas y heridas a otras 6.000, la destrucción del World Trade Center en Nueva York y daños en el Pentágono, en el Estado de Virginia.

7 de Agosto de 1998 en Kenia y Tanzania: dos coches-bomba estallaron en las inmediaciones de las embajadas de Estados Unidos en Nairobi y Dar es-Salam, capitales de Kenia y Tanzania, provocando 224 muertos y miles de heridos.

11 de Marzo de 2004 en España: 10 explosiones en cuatro trenes entre las 07:36 y las 07:40 de la mañana provocaron la muerte de 191 personas, y heridas a 1.858.

9 de Abril de 1995 en Estados Unidos: ataque terrorista llevado a cabo por Timothy McVeigh en el Edificio Federal Alfred P. Murrah, de Oklahoma City, tuvo como resultado168 muertos y más de 500 heridos.

10 de octubre de 2015 en Turquía: una marcha convocada a favor de la paz en la ciudad de Ankara derivó en el peor atentado terrorista de la historia moderna de este país, con un saldo de al menos 95 muertos y 246 heridos.

18 de julio de 1994, Argentina: este ataque con coche bomba contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) de Buenos Aires constituyó el mayor atentado terrorista no estatal ocurrido en Argentina, con un saldo de 85 personas muertas y 300 heridas, y el mayor ataque sufrido por judíos desde la Segunda Guerra Mundial.

22 de julio de 2011 en Noruega: una explosión en el distrito gubernamental de Oslo,  y un tiroteo ocurrido dos horas después en la Isla de Utøya, dejaron un saldo de 77 muertos y más de un centenar de heridos, muchos de ellos adolescentes.

7 de julio de 2005 en Inglaterra: A las 8:50 AM explotaron tres bombas, con 50 segundos de intervalo en tres vagones del metro de Londres. Una cuarta bomba explotó en un autobús a las 9:47 AM en la Plaza Tavistock. Murieron 52 personas y resultaron heridas 770.

History Channel

domingo, 15 de noviembre de 2015

El error de Occidente respecto a los musulmanes

Los errores de Occidente respecto al Mundo Musulman
Javier Sanz - Historias de la Historia




Tras la publicación del post relativo a lo que podría ocurrir en Túnez y Egipto, hubo varios comentarios de Jake la motta en los que dejaba claro que tenemos, o tengo,  una visión sesgada y errónea del mundo musulmán, en general, y del islam, en particular. Siempre he tenido claro que las diferentes opiniones, expresadas con argumentos, enriquecen cualquier debate; así que le pregunté si estaría dispuesto a escribir un post con los errores, que a su juicio, comete Occidente al tratar el mundo musulmán y el Islam. Su respuesta es esta:

Los errores de occidente y su percepción del mundo árabe son muchos y variados; sin embargo, el error más grande es que Occidente ha superado todos los umbrales de incompetencia ética. Y con esos mimbres se usa del etnocentrismo más atroz, los prejuicios y el desdén por una cultura simplificando las realidades. Incapaces de advertir su propia incompetencia moral, Occidente no se mira el obligo, y acusa de integrismo la relación vívida que los musulmanes tienen con su propia religión. Esto no es un panegírico del mundo musulmán. En el mundo musulmán hay canallas, hay buenos y hay malos; en definitiva, en el mudo musulmán hay hombres, como aquí, como allá. Pero si hay algo que nunca han realizado los musulmanes es el crimen lógico, ni la inmoralidad política, su religión no se lo permite. Y eso se puede argumentar incluso para casos extremos, como fueron los atentados terroristas, y el término de yihad.

El error de Occidente ha sido creer que los avances, el progreso, colocaba a la civilización Occidental por delante de todas las civilizaciones de la historia universal. 2000 años de era Cristiana son un cifra considerable. La civilización Egipcia duró 3000, la sumeria 1500; el error de la civilización cristiana es el egocentrismo. La caída del muro de Berlín supusieron vientos de cambio y de esperanza en que la libertad se desaparramada. Pero el error de Occidente es que necesitaba un interpretación maniquea de la verdad y de la maldad y que las ideas de libertad y de democracia son un camelo: el Poder es la Verdad. Cayó el muro de Berlín y se necesitaba buscar un enemigo. Occidente siempre necesita enemigos, y los atentados del 11 de septiembre fueron la excusa perfecta. La verdad es la voluntad del más fuerte, y se inventó un término: Guerra de civilizaciones. Como ayer fue guerra de clases o guerra al comunismo, se impuso una nueva verdad, la verdad del Poder. El choque entre dos civilizaciones Occidente y Oriente. El error de Occidente es que esa es una verdad falsa. El mundo musulmán no quería esa guerra. El mundo musulmán nunca ha querido las guerras. No las ha escamoteado nunca, nunca ha sido un pueblo cobarde. Nunca las ha iniciado.

El error de Occidente es un error de orgullo, y es un error de espiritualidad. El Islam, en todo caso, es una esperanza. Martin Heidegger fue consciente de que el hombre moderno, el nacido por el cartesianismo y el racionalismo, había perdido el interés por el Ser. Malraux escribió que el siglo XXI será religioso, o no será. El islam es la esperanza. Occidente equivocó el camino, pese a sus grandes avances tecnológicos y científicos: el pragmatismo ha sido de gran ayuda.

El error de Occidente es que se ha convertido en la civilización más grande, más poderosa, más destructiva, más egoísta y más inmoral que ha poblado el planeta tierra. Si existe una civilización capaz de destruir el planeta esa es, sin duda, la civilización Occidental. La civilización árabe es también una civilización de hombres y mujeres, se dice que anclada en el pasado; pero eso no es cierto. Los vientos de cambio también llegaron a ellos, los grandes valores de la ilustración se desparramaban, secularizando sus sociedades. Las ideas siempre ha circulado por este mundo, y las civilizaciones nunca han sido compartimentos estancos.

El error de occidente es hablar de democracia como si el invento fuera suyo, y no hablar de que los gobiernos se sustentan por legitimidades y por la crueldad. Que el fin justifica los medios, que las bombas de racimo se siguen usando y que a la población civil se la bombardea sin escrúpulos, del mismo modo que las tribus comanches eran confinadas, sus poblados arrasados, y sus víveres arrojados al lodazal.

El error de occidente es darla con un hueso duro: el del buen salvaje. Tratar a la milenaria religión de Mahoma y su civilización como incivilizada y sin cultura. Los errores de Occidente son muchos y variados, y uno de ellos es el de pisar el orgullo de una cultura milenaria de pastores y guerreros, de médicos y científicos, de artistas y arquitectos, de traductores y escritores, de mercaderes, de  comerciantes y de artesanos, que nunca ha pecado contra su Dios.

El error de Occidente ha sido el crimen.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Argentina: 20 años de la explosión que encubrió a Menem

Se cumplen 20 años de la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero
Sin responsables políticos aunque con cuatro militares condenados, se recuerda hoy la trágica fecha en la que siete personas murieron. Galería de imágenes.


Perfil


20 años de la explosión para ocultar la venta ilegal de armas.


El 3 de noviembre de 1995 se produjo una explosión en la Fábrica Militar de Río Tercero, Córdoba, que provocó la muerte de siete personas, dejó más de 300 heridos y generó la destrucción de gran parte de la ciudad.

Si bien desde un primer momento el entonces presidente Carlos Menem instaló la idea de que se había tratado de un accidente, la Justicia determinó el año pasado que fue un hecho "intencional, organizado y direccionado" para ocultar el contrabando de armas a Ecuador y Croacia -por el que fue condenado el ex mandatario-, y sentenció a cuatro militares a penas de entre 10 y 13 años de prisión. El hecho dejó además de daños materiales en viviendas particulares.

En el marco de los homenajes que se realizarán este martes, miembros de la Asociación de Reporteros Gráficos de Argentina (Argra) y el Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren) realizarán una exposición en el Anfiteatro Municipal 'Luis Amaya'. En tanto, para las 19.30 está prevista una marcha que partirá desde la plaza San Martín, luego de una misa.

Para los más de 46.000 habitantes de esta ciudad, distante 110 kilómetros al sur de la capital provincial, aquella serie de explosiones marcaron un antes y un después para el resto de sus vidas y de la propia fisonomía del lugar, que quedó devastado. Así lo demuestran las primeras imágenes de aquella trágica jornada, similares a las de una ciudad en guerra, consignó Télam.

Ésta será la primera conmemoración anual tras conocerse la sentencia del fallo judicial que condenó a 13 años de prisión a los militares Edberto González de la Vega, Carlos Franke y Jorge Antonio Cornejo Torino; y a 10 años a Marcelo Diego Gatto. En todos los casos las penas fueron por el delito de 'estrago doloso agravado por muerte de personas'.


El juicio finalizó en diciembre de 2014 y el ex presidente Carlos Menem no figuró entre los acusados. Es que si bien fue incluido en el proceso en 2007 por su presunta responsabilidad política, la Cámara Federal de Córdoba le dictó en 2010 una falta de mérito que lo dejó fuera de la causa.

Río Tercero: Condenan a cuatro militares por la explosión
Al conocerse los fundamentos de las condenas, lo que surge de la investigación y el proceso de enjuiciamiento es que la explosión sucedió a partir de una acción "intencional, programada y organizada", que tuvo origen en el "incendio de un tambor que contenía en su interior mazarota de trotyl o trotyl de descarga, ubicado en un tinglado existente en la Planta de Carga de la Fmrt". Ese fuego se expandió y, en pocos minutos, se generaron explosiones simultáneas, en tanto que una explosión de mayor magnitud tuvo lugar en los depósitos de Expedición y Suministro situados hacía el sector sur de la Planta de Carga, tinglados que en su interior contenían gran cantidad de explosivos, municiones y proyectiles, que generaron la onda expansiva que dispersó de manera violenta proyectiles y esquirlas sobre la población de la ciudad de Río Tercero.


El expediente de la investigación sostiene que el objetivo fue el "ocultar un faltante de proyectiles, municiones y/o explosivos". Como consecuencia de los hechos, perdieron la vida Aldo Aguirre, Leonardo Solleveld, Romina Torres, Laura Muñoz, Hoder Francisco Dalmasso, José Varela y Elena Ribas de Quiroga.

El mes pasado el Gobierno nacional promulgó la ley para indemnizar a los damnificados en la tragedia de aquella mañana de noviembre de 1995, a partir de una iniciativa presentada por el ex diputado y actual secretario general de la Presidencia, Eduardo "Wado" De Pedro, que fue aprobada por unanimidad el 16 de septiembre por el Senado. Las indemnizaciones, que alcanzarán a 10.691 personas, estarán dirigidas a herederos de personas fallecidas, a quienes sufrieron lesiones graves, daño moral y/o psíquico y a quienes han tenido perjuicios por daños materiales o desvalorización de las propiedades.

sábado, 2 de agosto de 2014

Terrorismo: El atentado a Paula Lambruschini

El atentado a Paula Lambruschini y Margarita Obarrio de Vila - Ricardo Álvarez

Las compañeras de colegio de Paula relataron “Es muy difícil definir su personalidad. Detrás de sus ojos tímidos encontrábamos muchas ganas de vivir, de divertirse. (…)Tenía sus particularidades: un perfume característico, preferencia por las galletitas de chocolate, mantener siempre, a pesar de la moda, su pelo lacio y usar jeans. De repente, todo terminó. Un estruendo, sirenas, vacío inmenso…”



Aquel 1 de agosto de 1978, aproximadamente a las 01:40 hs. de la madrugada, una bomba de gran poder estalló en un edificio ubicado en Pacheco de Melo entre Ayacucho y Junín de la ciudad de Bs. As., en el barrio de la Recoleta, contiguo al que vivía el Alte. Armando Lambruschini. explotó la bomba en el edificio de Pacheco de Melo 1957, en el que vivía el vicealmirante Armando Lambruschini, jefe del Estado Mayor de la Armada. Los terroristas de Montoneros alquilaron un departamento lindero al de la familia Lambruschini, y ahí dejaron la bomba que estalló cuando la familia dormía. La pared del dormitorio de Paula Lambruschini, de 15 años, era la que colindaba con el departamento en donde fue dejada la bomba de 25 Kg. de nitroglicerina. Ella murió, así como una de sus vecinas: Margot Obarrio de Villa.
El Sr. Ricardo Alvarez sufrió heridas de tal consideración que lo tuvieron internado por muchísimo tiempo, y sufrió heridas inenarrables. Dicho edificio aledaño al de la familia Lambruschini quedó destruido en sus cuatro primeros pisos y hubo que derribarlo. Murió Paula Lambruschini de 15 años y con ella, murieron también la Sra. Margarita Obarrio de Vila y Ricardo Álvarez. Quien puso la bomba fue la madre del actual diputado Wado De Pedro. Aún no se ha hecho justicia con estas víctimas.


viernes, 15 de noviembre de 2013

Guerra contra la Subversión: El último atentado

Último atentado de Montoneros

El 13 de noviembre de 1979 fue el último atentado terrorista. Cuando estés transitando por Av. 9 de Julio y Arenales, en pleno centro, pensá en ellos. El Dr. Francisco Soldati, director titular del Banco de Crédito Argentino, y su chofer y custodio, el cabo Ricardo Manuel Durán, fueron brutalmente asesinados en esa esquina. En la mañana de ese 13 de noviembre, el Dr. Soldati viajaba con su chofer por Arenales, y cuando estaban por tomar la 9 de Julio, una camioneta chocó su auto. De ahí descendieron varios terroristas de Montoneros que ametrallaron el Torino del empresario y luego le arrojaron granadas, que estallaron y provocaron que los pasajeros murieran carbonizados. El Dr. Soldati fue reconocido por su hijo a partir del reloj pulsera que llevaba. El cabo Durán se había casado hacia un mes. Uno de los terroristas, por su parte, había disertado del Ejército y había sido denunciado como desaparecido por su padre. Otro de ellos había hecho uso de su derecho de opción de salida del país hacia Perú, y había vuelto clandestinamente. La terrorista mujer había sido amnistiada por Cámpora.

CELTYV
 

lunes, 5 de agosto de 2013

Guerra antisubversiva: La muerte de Tamagnini (1973)

Venganza terrorista

El Inspector Mayor Hugo Tamagnini fue asesinado un 5 de agosto de 1973. El inspector se especializaba en la actuación contra el terrorismo, y fue clave en la investigación que posibilitó el descubrimiento de un grupo de la organización terrorista FAR, en Taco Ralo. La venganza no se haría esperar: ese 5 de agosto, Tamagnini viajaba en su auto por la Ciudad de Tucumán, junto a una acompañante, cuando un auto en el que se desplazaban cuatro o cinco terroristas se le puso a la par, y comenzaron a dispararle con armas automáticas.
El inspector Tamagnini le indicó a su acompañante que se arrojara al piso y trató de defenderse. Sin embargo, fue gravemente herido por 12 balazos y perdió el control del auto que manejaba. Antes de morir, Hugo Tamagnini logró reconocer al terrorista Carlos Santillán –del ERP- como uno de sus atacantes. Santillán había sido encarcelado pero había fugado en 1971, dejando un saldo de 5 guardiacárceles muertos, y aunque había sido recapturado, la ley de amnistía de Cámpora lo había dejado en libertad para volver a asesinar. Efectivamente, el ERP se adjudicó el asesinato.


CELTYV