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domingo, 22 de julio de 2018

Conquista del desierto: La Babel bahiense en su fundación

¿Hubo solo criollos entre los primeros pobladores?

La Nueva
Lejos de la antigua versión historiográfica, los documentos de época revelan que la Bahía Blanca fundacional era una verdadera Torre de Babel.


Ramón Estomba condujo una fuerza variopinta. Protagonistas de la fundación bahiense: africanos, entrerrianos, araucanos, tehuelches y gauchos. Ilustración de César Puliafito.

César Puliafito | La Nueva

   La Bahía Blanca fundacional era una verdadera Torre de Babel. Un mundo particular, en donde la lucha común por la supervivencia en el establecimiento exigía los esfuerzos y la inclusión de todos los protagonistas, sea cual fuera su raza o condición. La identidad bahiense debe reconciliarse con su propio origen y entender que su “gen” se conformó con “gente bravía”. Lejos de la antigua visión historiográfica fundada en la antinomia “blancos civilizados y aborígenes salvajes”, ahora la realidad marca que era difícil determinar quienes eran unos y otros… si los había.

   Los dos principales protagonistas de la fundación de la actual ciudad–puerto de Bahía Blanca, el “alma mater del proyecto”, Juan Manuel de Rosas, y el “fundador del enclave”, el coronel Ramón Estomba, superaron los obstáculos políticos, logísticos, administrativos y militares. Pero el máximo logro de ambos fue convencer a la gente.

   Rosas movilizó el contexto político y sobre todo al “gauchaje” que lo seguía. Muchas familias se sumaron a la “idea” del caudillo que respetaban. Los “parlamentos” con los caciques pampas en los que se empeñó personalmente (hablaba tehuelche y araucano) fueron indispensables para convencerlos de permitir el paso por sus territorios ancestrales.

   Estomba, veterano de la Guerra de la Independencia, condujo una fuerza variopinta conformada por criollos entrerrianos del 7 de Caballería, soldados africanos y brasileños de la Compañía de Cazadores”; soldados del Ejército de Chile, tehuelches del cacique Tetruel, araucanos vorogas del cacique Venancio Campos Coñuepan, europeos que revistaban en su Plana Mayor y en el Puerto de la Esperanza.



El coronel Estomba en uniforme de gala durante la campaña fundacional de Bahía Blanca. Ilustración de César Puliafito

   Alrededor de 400 militares, 450 auxiliares aborígenes, más las familias, el personal logístico, constructores, y pulperos. El total hablaba 5 idiomas distintos, sin contar dialectos y costumbres diametralmente opuestas. Estomba, que era uruguayo, logró conducirlos en una situación crítica de aislamiento y hostilidades violentas.

Los aborígenes

   Los Tehuelches autorizaron y apoyaron la expedición fundadora. El 1 de abril 1828, a la altura de la ciudad de Coronel Dorrego, el cacique Tetruel recibió a la columna de Estomba en su aproximación a la bahía Blanca con un gesto contundente: “portaba una Bandera Argentina”. Creía en la integración y fue fiel amigo de la Fortaleza. Falleció en 1830, enfrentando la invasión de los guerrilleros realistas Pincheira en las márgenes del arroyo Curamalal.

   Venancio Coñuepán nació en Chile. Era araucano de extracción voroga, por ser ese pueblo mapuche originario de la zona de Boroa. Ingresó desde Chile al territorio bonaerense persiguiendo a los Pincheira entre 1826 y 1827. Fue junto a su gente uno de los fundadores de Bahía Blanca. Llegó al grado de teniente coronel del Ejército Argentino. Murió defendiendo el pueblo, durante el malón de Calfucurá en 1836.

Los criollos

   Al Regimiento 7 de Caballería lo integraban santafesinos, y mesopotámicos en general, enrolados por un acuerdo entre las provincias de Buenos Aires y de Entre Ríos. También llegaron gauchos, colonos y trabajadores de la campaña bonaerense y la capital.
En 1829, llegó de Córdoba, donde estudió, la morena Ana María Piñeiro, tucumana de nacimiento y primera partera bahiense. Con el rescate de cautivos, mujeres y niños, el rango geográfico se ampliaba.

Los chilenos y el “Paraguay González”

   Junto a Venancio vinieron 30 soldados del Ejército de Chile al mando del teniente Juan de Dios Montero, de importante accionar contra los Pincheira, como en la fundación y defensa de la Fortaleza. Entre ellos el sargento Francisco Iturra, vaqueano y “lenguaraz”, llegó al grado de teniente coronel y Comandante Interino de la Guarnición en 1858 Murió en combate en marzo de 1859. Iturra contrajo enlace con la chilena y heroína bahiense Juana Seguel, que había sido secuestrada en Chile y rescatada de los Pincheira, por las fuerzas de la Fortaleza.

   El “Paraguay González”, apodado así por su nacionalidad, fue uno de los primeros pobladores. Se instaló en lo que hoy se conoce como “Loma Paraguaya”.

Los africanos

   Una proporción de más del 30% de las tropas regulares de Estomba eran negros africanos. Sesenta soldados de ese origen conformaban la 1º Compañía de Cazadores. Se les sumaron 80 prisioneros brasileños que fueron traídos de Patagones en julio de 1828. Combatieron con honor y se integraron a la comunidad.

   Otros hombres y mujeres de esa raza vinieron con el Regimiento Nº7 y entre los civiles.

Los europeos

   Algunos europeos se radicaron en 1828, o poco tiempo después; por ejemplo franceses como el agrimensor Narciso Parchappe, el comerciante Pierre Gascogne y los marinos destinados al Puerto de la Esperanza: Juan Riber, Francisco Buergar, Julio Montaña, Juan Ponche y Pedro Andrio.

   Los capitanes de marina Enrique Livanus Jones, Santiago “el cojo” Harris y su primo Edmundo Elsegood eran ingleses; Juan Plunkett, galés o irlandés; Domingo Laborde, español de Galicia; y Santiago Dasso, italiano. Con sus viajes entre Buenos Aires y Patagones fueron importantes en la consolidación del poblado.

   Otros españoles fueron el ingeniero militar Manuel de Molina y el sargento primero escribiente Pedro Sánchez.

Faustino, el bebé fundacional

   En 1834, el Estado definió los límites de ejido bahiense e instituyó las autoridades del poblado. Se designó Juez de Paz al escribano Francisco Xavier Casal, un catalán arribado a la Argentina en 1826. La pequeña aldea contaba con 741 habitantes, en su gran mayoría militares y familiares de las tropas.

   El arribo del cura italiano Giovanni Battista Bigio en 1835 fue vital en lo espiritual, como por la regulación de la inscripción de los nacidos, fallecidos y matrimonios en el libro parroquial: único registro civil en esa época. Recién a la edad de 9 años, el Cura inscribió y bautizó al primer ciudadano nacido en la Guarnición Bahía Blanca.

   El texto decía: “Marzo 27 de 1837 – En la Parroquia de N.S. Mercedes en Bahía Blanca, yo el cura bauticé a Faustino, hijo del finado Luís Espinosa y Dominga Godoy, Misioneros, nacido en abril de 1828.

   Fueron padrinos el sargento  Ignacio Olivera y Antonia Flores. En fe, Juan Baustista Bigio, Cura”

   El registro de los bautismos es elocuente “…150 indios; 133 mulatos; 27 negros africanos y 320 blancos”… una verdadera “Torre de Babel bahiense”.

jueves, 14 de junio de 2018

Peronismo: El "sepelio" de la resentida de Eva Perón en Bahía Blanca

El día que en Bahía Blanca velaron a Evita


La Nueva

La muerte de Eva Duarte conmovió a gran parte del pueblo argentino. Muchas ciudades simularon su velorio y sepelio.






La misa frente al palacio municipal, antes de la partida del cortejo fúnebre.


Mario Minervino / mminervino@lanueva.com



Los primeros días de agosto de 1952 tuvo lugar en nuestra ciudad una "puesta en escena", de las varias registradas en el país, del velatorio simbólico de Eva Duarte de Perón, fallecida a las 20:25 del 26 de julio de ese año. La misma incluyó una misa y un posterior cortejo fúnebre.

La mujer del presidente Juan Domingo Perón falleció a los 33 años de edad y se asegura que nunca antes el mundo había sido testigo de un funeral de las dimensiones que alcanzó el tributado a Eva, al punto que se debieron traer flores desde Chile y Japón.



El gobierno nacional estableció 30 días de duelo y por sugerencia de las autoridades de la CGT varios pueblos y ciudades del país decidieron recrear el velorio, con el desarrollo de una ceremonia cómo si el cuerpo estuviese presente de manera simultánea en todo el país.

En nuestra ciudad la propuesta contó con el apoyo del intendente municipal, Norberto Arecco, y para ese homenaje se montó un altar en la escalera de acceso al palacio municipal.

Una multitud se reunió en la plaza Rivadavia, la cual participó de una misa y luego acompañó luego a un carruaje ocupado con un ataúd vacío, rodeado de decenas de coronas.

Desde la llegada del Peronismo a la escena política, en 1946, y hasta el golpe militar de 1955, en Bahía Blanca siempre resultaron triunfantes los candidatos de ese partido (Rafael Laplaza, Norberto Arecco y Santiago Bergé Vila).



Eva Duarte visitó la ciudad en 1946, acompañando a su marido en el cierre de su primera campaña presidencial, y en 1948, ya convertida en primera dama.

En ambas ocasiones saludó desde el balcón central del teatro municipal.

Un cadáver en movimiento

Embalsamado por el médico Pedro Ara, el cadáver de Eva Duarte fue robado del edificio de la CGT en diciembre de 1955, por integrantes de la Revolución Libertadora que había derrocado a Juan D. Perón.

El cuerpo fue trasladado en el más riguroso secreto al cementerio de Milán, donde fue enterrado con el nombre de María Maggi de Magistris.

Luego de arduas negociaciones, el cadáver fue devuelto a Perón, en su casa de Madrid, en 1971. Tres años después regresó al país y fue ubicado en el panteón de los Duarte, en el cementerio de la Recoleta.




Un cuento.

La decisión de varias ciudades y pueblos de simular un velorio y cortejo fúnebre en honor a Eva fue reflejada por el escritor Jorge Luis Borges en su cuento El Simulacro, escrito en 1957.

"En uno de los días de julio de 1952, el enlutado apareció en aquel pueblito del Chaco. Era alto, flaco, aindiado, con una cara inexpresiva de opa o de máscara; la gente lo trataba con deferencia, no por él sino por el que representaba o ya era. Eligió un rancho cerca del río; con la ayuda de unas vecinas armó una tabla sobre dos caballetes y encima una caja de cartón con una muñeca de pelo rubio. Además, encendieron cuatro velas en candeleros altos y pusieron flores alrededor. La gente no tardó en acudir. Viejas desesperadas, chicos atónitos, peones que se quitaban con respeto el casco de corcho, desfilaban ante la caja y repetían: «Mi sentido pésame, General». Éste, muy compungido, los recibía junto a la cabecera, las manos cruzadas sobre el vientre, como mujer encinta. Alargaba la derecha para estrechar la mano que le tendían y contestaba con entereza y resignación: «Era el destino. Se ha hecho todo lo humanamente posible.» Una alcancía de lata recibía la cuota de dos pesos y a muchos no les bastó venir una sola vez.

¿Qué suerte de hombre (me pregunto) ideó y ejecutó esa fúnebre farsa? ¿Un fanático, un triste, un alucinado o un impostor y un cínico? ¿Creía ser Perón al representar su doliente papel de viudo macabro? La historia es increíble pero ocurrió y acaso no una vez sino muchas, con distintos actores y con diferencias locales. En ella está la cifra perfecta de una época irreal y es como el reflejo de un sueño o como aquel drama en el drama, que se ve en Hamlet. El enlutado no era Perón y la muñeca rubia no era la mujer Eva Duarte, pero tampoco Perón era Perón ni Eva era Eva sino desconocidos o anónimos (cuyo nombre secreto y cuyo rostro verdadero ignoramos) que figuraron, para el crédulo amor de los arrabales, una crasa mitología".

sábado, 21 de abril de 2018

Nazismo: ¿Red de espías en Bahía Blanca?

¿Bahía Blanca fue parte de una red de espías nazis?


La Nueva

El puerto de Ingeniero White, el Club Hotel de Sierra de la Ventana y la Aeroposta aparecen como ejes de una trama que aún no ha sido develada. Equipos de comunicación y correos secretos son elementos clave.


Despedida de los restos del oficial del acorazado "Graf Spee" Johannes Eggers, en el club Hotel de Sierra de la Ventana.

Adrián Luciani / aluciani@lanueva.com

   La década del 40 tuvo a la Segunda Guerra Mundial como un acontecimiento al que muy pocos lugares del planeta pudieron escapar. Bahía Blanca no fue la excepción; incluso habría tenido un rol mayor al que podría imaginarse.

   Siempre se aludió al avistaje de submarinos en playas cercanas a Monte Hermoso, a la presencia de un informante en Ingeniero White que alertaba al Tercer Reich sobre el movimiento de buques aliados y a las poco claras fugas de algunos marinos confinados en el Club Hotel de Villa Ventana.

   A esto debe sumarse la estrecha vinculación de la comunidad germana local con los extripulantes del “Graf Spee”, los agasajos, las fiestas y las reuniones, algunas públicas y otras secretas, sin dejar de mencionar varias teorías más osadas, como por ejemplo la denominada “Red Canaris” y el rol del Club Hotel como pantalla para el refugio transitorio y cambio de identidad de importantes jerarcas nazis que llegaban huyendo de Europa.

   La mayoría de estas cuestiones fueron abordadas  en dos notas de este diario por Jorge Jordi. Lamentablemente en 2015 su fallecimiento dejó truncos no pocos trabajos encarados a pulmón, los que les habían llevado a reunir cientos de fotos y documentos.



El "Ussukuma".

   Cuando se le preguntó si compartía la teoría sobre el espía que operaba en el Castillo como jefe de la usina San Martín, en White, Jordi dijo que ese hombre,  Gustav Monch, fue prisionero en Malvinas en la Primera Guerra y vino a Bahía Blanca, desde donde avisaba a Alemania de la partida de buques aliados y de su cargamento.

   “Incluso el 'Ussukuma', el barco mercante (hundido frente a Necochea) que mandó a pedir el acorazado 'Graf Spee' en 1939 para pasar prisioneros, cuando estuvo en White su tripulación le hizo una parada militar a Monch y el capitán le entregó un uniforme en la casa del encargado del frigorífico Pazzi, de calle Brown y Pedro Pico, que era alemán.

   “Los alemanes siempre dijeron que los tres puertos más importantes de Sudamérica eran Rosario, Buenos Aires y White. Incluso el capitán del `Graf Spee’ dudó entre ir a Montevideo o venir a Ingeniero White”, sostuvo.

   Jordi también estudió a fondo la vida de los tripulantes del "Graf Spee" que fueron alojados hasta el final de la guerra en el Club Hotel de Sierra de la Ventana, y aclaró que en el caso de los alemanes no todos eran nazis, de hecho hubo varias peleas a golpes de puño entre los seguidores de Hitler y quienes no lo eran.

   "En Sierra había algunos marinos que se escapaban y a los dos, cinco, diez o doce días volvían o se presentaban en las comisarías de la Policía Federal. ¿Medio sospechoso, no? Algunos fueron capturados poniendo antenas en el centro de la provincia. Estos equipos conformaban una red de comunicación que terminaba en la estancia del exgobernador Manuel Fresco, nazi declarado, desde donde se comunicaban con Berlín”, aseguró.

   Jordi dijo haber constatado que en Bahía había una casa donde llegaba toda la correspondencia de Alemania y desde allí se distribuía a otras personas para que no se supieran donde vivían.

   “Tres años después de terminada la guerra se escribían médicos del 'Graf Spee' con tripulantes que vivían en una pensión de calle Don Bosco al 1.000, después volvieron a su país, y durante un reencuentro en 1979, en Montevideo, dijeron que los habían llevado a un lugar de la costa donde desembarcaron cajas y personas de dos submarinos.

   “Los historiadores dicen que fue en la Patagonia, yo digo que fue en la provincia de Buenos Aires y lo digo por una sencilla razón: dijeron que salieron de Sierra y a la tardecita estaban en el lugar donde habían dejado las cajas, si tenemos en cuenta la movilidad de la década del ’40, donde se tardaba dos días en llegar a Bariloche, el lugar no puede ser Puerto Madryn, sino Gesell, Oriente, Reta, Monte Hermoso.

   “Hay documentación que firman patrullas de Prefectura sobre avistaje de submarinos en Oriente, en Monte Hermoso después de 1944 y 1945”.



El capitán del "Ussukuma", con bigotes, en una recepción ofrecida por el encargado del frigorífico Pazzi, en calle Brown.

   En otra parte de la entrevista que no fue publicada por La Nueva Jordi señaló el puerto de Ingeniero White era uno de los sitios elegidos por los alemanes del Graf Spee que escapaban en plena guerra rumbo a Alemania.

   “La red de espionaje los traía a Bahía y los embarcaba en barcos cargueros españoles que cobraban por ese servicio. Un día tres tripulantes fueron descubiertos porque los españoles los traicionaron y fueron devuelvos a sus lugares de confinamiento. Tengo la documentación del caso”, explicó.

   Entre otros datos relevadores aportados por Jordi aparece el relacionado con la muerte del oficial del Graf Spee, Johannes Eggers, muerto en accidente de equitación en el Club Hotel de Sierra de la Ventana, el 17 de octubre de 1944.

   Una foto dada a conocer por Jordi testimonia el sepelio del marino, con una guardia de honor.

   “En esa formación hay uno de las SS haciendo el saludo nazi, vestido de negro", aseguró.

   Tampoco resulta desacabellado que Aeroposta, la línea aérea que unía Buenos Aires con la costa Patagónica, Bariloche y Chile, pasando por Bahía Blanca,  hubiese tenido un rol central, incluso con varios agentes de la organización secreta Etappendienst, como señalaba el investigador Carlos de Napoli.



Sierra de la Ventana. Durante la ceremonia para despedir los restos del oficial Eggers se advierte un hombre de negro haciendo el saludo nazi.

   El servicio era prestado por aviones Junkers JU 52 al mando de pilotos del Sindicato Cóndor y luego la correspondiencia era llevada Brasil donde Lufthansa volaba a Berlín.

   “Se trataba de un sistema para impartir órdenes y recolectar información que escapaba a las manos aliadas” sostenía De Nápoli.

   Pero contrariamente a lo que suponen muchos autores sobre una gran presencia nazi en la Argentina, investigadores como el canadiense Ronald Newton señalan lo contrario.

   En su libro "El cuarto lado del triángulo" sostiene que si bien el nazismo pudo expandirse con cierta facilidad en el interior de la comunidad alemana, y alcanzó a establecer buenas relaciones con sectores locales nacionalistas y antisemitas y hasta con funcionarios gubernamentales, especialmente después de 1943, pero sus intentos de concretar actividades estratégicas o de espionaje durante la guerra fueron “modestos y patéticamente ineficaces”.


   Considera que la imagen de la amenaza nazi, en cambio, fue hábilmente usada por la oposición democrática al régimen militar, y también por los servicios de información británico y norteamericano, para orientar la política exterior del gobierno argentino y para dirimir complejas cuestiones recíprocas de supremacía en el país.

   Cuando en un reportaje del diario "La Nación" se le preguntó quién quiso hacer creer esa hipótesis, Newton respondió:

   “En parte los mismos alemanes, en parte los norteamericanos, en parte la propia prensa argentina, pero sobre todo los británicos, que eran muy astutos en manipular la opinión pública, sobre todo la norteamericana. Pero claro, no todo era un invento de los servicios de inteligencia, y sí había una presencia nazi cierta en el país. De eso no cabe duda. Pero no era una presencia amenazante. Lo hubiera sido, en todo caso, si Hitler hubiera ganado la guerra contra Inglaterra”.

   De todas formas, las fotos de la multitudinaria manifestación de apoyo al nazismo llevada a cabo en el estadio Luna Park de Buenos Aires el 10 de abril de 1938, con unos 15 mil asistentes, por citar sólo un ejemplo, indican lo contrario.

jueves, 12 de abril de 2018

Conquista del desierto: La Fortaleza Protectora Argentina que daría lugar a Bahía Blanca


Fundación de Bahía Blanca.
Daniel Hammerly Dupuy

Oscar Fernando Larrosa



 Sistemáticamente desalojados de las cercanías de Buenos Aires, los nativos seguían refugiándose en los escondrijos de las serranías del centro y del sur. La Sierra de la Ventana continuaba siendo un estratégico apostadero de las hordas nativas, que no podían resignarse a la suerte de abandonar definitivamente el antiguo teatro de sus correrías.
La nueva República demandaba seguridades para sus ciudadanos, que se iban desbordando de los primitivos centros poblados para adentrarse en las tierras del indio. La travesía a las salinas se hacía cada vez más arriesgada. En Tandil fundóse, en 1822, el fortín terminal de una línea eslabonada de defensas. El sur se presentaba inhóspito. Era imperioso que la seguridad se extendiera hasta el océano, pues, en tal caso, frente a contingencias de serio contratiempo se podría tener contacto con las líneas de defensa mediante la navegación, eludiendo así las penosas travesías terrestres.

Los primeros proyectos

Hacia fines del siglo XVIII los mapas no ostentaban muchos detalles de la costa sud, pero el gobierno español, en 1805, mandó reconocerla oficialmente. En el curso de la década que comienza en 1810 aparecen algunos croquis que esbozan las líneas generales de una bahía que a causa del tono blanquecino de sus barrancas y del color de su costa anegadiza fue conocida como la "Bahía Blanca". Era indudable que dicha región que figuraba en el mapa de Brué, ofrecía un lugar estratégico para fundar un puerto que permitiera extender hasta la costa la línea de fortines.
Hasta donde se sepa, el primer proyecto en ese sentido data de diciembre de 1823, cuando el gobierno destacó a José Valentín García para que fuese a la Bahía Blanca a los efectos de estudiar, con el personal necesario para tales tareas, el lugar más estratégico de la bahía para establecer un puerto. Con fecha del 16 de febrero de 1824 se publicó un valioso informe en el "Registro Estadístico de la Provincia de Buenos Aires". Los datos expuestos ahondaron la convicción de la factibilidad de una empresa definitiva.
El segundo proyecto data del año 1824 cuando el general Martín Rodríguez, siendo gobernador de Buenos Aires, tenía por ministros de Gobierno y de Hacienda a Bernardino Rivadavia y a Manuel José García. Según se desprende de los documentos existentes parece ser que el principal promotor de dicho plan colonizador era un comerciante, Vicente Casares, cuyas ideas fueron aprobadas el 26 de febrero de dicho año. Entre las resoluciones tomadas estaban la de facilitarle todas las armas, herramientas, materiales de construcción, 20.000 pesos y 100 hombres para que la fundación se llevara a efecto. Poco después se rescindía el contrato. El proyecto siguió interesando profundamente a Rivadavia, quien reunió todas las informaciones de interés hasta poder elevar una documentada memoria.
Un episodio inesperado, el ataque de Patagones por la escuadra imperial brasileña, trajo a la realidad palpitante la necesidad inaplazable de poblar y gobernar el dilatado territorio de la Nación. Ese incidente de marzo de 1827, que no tuvo mayores consecuencias históricas dada la enérgica actitud de los pobladores de Patagones, puso nuevamente sobre el tapete el proyecto de avanzar la conquista hacia la Bahía Blanca, no sólo para entregar las tierras a los hombres que quisieran arraigarse en ellas, sino para defender la soberanía nacional sobre la costa del Atlántico.
Tales eran los motivos que apresuraron las disposiciones para llevar el plan proyectado a la vía de los hechos. El coronel Manuel Dorrego, gobernador de Buenos Aires, teniendo como ministro de guerra y marina al general Juan Ramón Balcarce, considerando la extraordinaria importancia de llevar a su realización inmediata el plan cabalmente esbozado por Rivadavia, escribió a Juan Manuel Rosas, quien a la sazón era general de fronteras del Sur, pidiéndole que partiera de inmediato para el fuerte Independencia (Tandil) y que de allí se dirigiera hacia el océano para fundar el nuevo fuerte. Como Rosas solicitara que se le enviara personal técnico que se responsabilizara del levantamiento de planos y de la dirección de las construcciones, hubo una breve postergación.


¿Quiénes fueron los fundadores del fortín?

Piensan algunos que fue Rosas el ejecutor del proyecto de erigir el fuerte de la bahía Blanca, como jefe militar y que Alcide D'Orbigny fue el técnico de la expedición. Pero la circunstancia de que el coronel Ramón Estomba fuera designado como jefe de la fuerza expedicionaria en noviembre de 1827 hizo que la futura ciudad no fuera fundada por Rosas. La actuación de Rosas en este asunto puede ser medida por las siguientes líneas que firmó el 16 de enero de 1828: "El que suscribe tiene el honor de dirigirse al Señor Inspector General para poner en su conocimiento que ha terminado los aprestos para la formación del Establecimiento de Bahía Blanca, y que su parte queda expedito el Señor Comisionado para fundarlo, Cor. Estomba para marchar". Rosas no visitó al fortín sureño sino cuatro años después, mientras se hallaba de paso hacia el río Colorado.
Por otra parte, según lo ha demostrado el historiador Paul Groussac, D'Orbigny no pudo estar en Bahía Blanca en la fecha de la fundación de su fuerte porque consta que sólo once días después se embarcaba en Corrientes. La confusión ha debido ser posterior. La repiten diversos autores sin notar que D'Orbigny, inicia los capítulos XIV, XV y XVI de su obra "Viaje a la América Meridional", con una nota aclaratoria en donde manifiesta que no habiendo visitado las regiones meridionales de la región de la Bahía Blanca, tiene que valerse de los escritos de Narciso Parchappe. Además Darwin. quien visitó el fuerte de Bahía Blanca dentro del primer lustro de su fundación menciona las investigaciones de Parchappe sobre el terreno del emplazamiento de la fundación.
El ingeniero militar Parchappe, había sido designado, como director técnico con un sueldo de 300 pesos mensuales, para trazar la frontera Sur de Buenos Aires. Era sobrino de un militar francés del mismo apellido. Nacido en Epernay (Marne) había egresado de los estudios militares con el grado de subteniente de artillería. Las convulsiones políticas de su patria lo trajeron a Buenos Aires en 1818. Cuando estaba a punto de embarcarse para el Brasil se vio envuelto entre los acusados de haber participado en el "complot de los franceses". Después de demostrar su inocencia pasó a Corrientes donde ejerció la profesión de agrimensor. Es allí donde se conoció con su compatriota D'Orbigny, naturalista que realizó posteriormente un viaje de exploración del Alto Paraná, no sin antes haber recomendado a su joven amigo que, en vista de su designación para ir al sur, le remitiera todas las informaciones posibles sobre la geología, paleontología, la fauna y la flora de los lugares que visitara. Tales son las circunstancias que han generalizado el equívoco que atribuye a D'Orbigny la elección del sitio donde se fundó el fortín.
El coronel Estomba, encargado de la jefatura de la fuerza expedicionaria y fundadora había nacido en Montevideo, siendo su madre uruguaya y su padre español. Habiendo ingresado en el ejército patriota en 1810 como cadete, al año siguiente era abanderado. Participó en la campaña del Alto Perú. Luego acompañó a Belgrano en diversas batallas y en 1820 se incorporó al Ejército Libertador pasando por diversas alternativas. Sufrió heridas, cárcel y destierro allende los Andes pero fue reincorporado al ejército argentino. Su regreso a Buenos Aires se efectuó en enero de 1827. Como fuera nombrado jefe del séptimo regimiento de caballería, tuvo a su cargo la expedición que debía marchar hacia la bahía Blanca para cumplir con una misión bien definida, como "coronel comisionado", según las expresiones de Balcarce.
La primera entrevista de los dos hombres que habrían de fundar el histórico fortín se efectuó en Buenos Aires. Acerca de ella Parchappe se expresa en tales términos que permiten conocer la cordialidad que caracterizaba a Estomba; como un caballero "cuya afabilidad y modales tan nobles como francos, me hicieron formar de él la más ventajosa opinión decidiendome a correr los azares de esta nueva empresa".

 La búsqueda de un lugar estratégico

Mientras el ingeniero Parchappe ultimaba los preparativos para la importante misión que se le había confiado, el coronel Estomba se adelantaba en su marcha llegando hasta el fuerte Independencia (Tandil) donde se encontraron el 8 de marzo de 1828. El ingeniero permaneció en Tandil sólo dos días y sin que resulte claro cuáles fueron los motivos de tal determinación se anticipó hacia la bahía Blanca con una escolta de 25 coraceros, comandados por el teniente coronel Andrés Morel, seguidos de 30 indígenas amigos con su correspondiente cacique.
Las descripciones que el francés hace de su viaje permiten reconocer su talento de observador. A pesar del siglo transcurrido rebosan de un colorido tal que las imágenes se agolpan con los caracteres vividos de lo visto. Los sauces y chañares que bordean los arroyos lo llenan de satisfacción después de la penosa travesía por la pampa desnuda.
 Veamos cuáles fueron sus primeras impresiones al llegar, el 21 de marzo, al sitio que habría de ser el centro de sus actividades:
"Llegaba al término de mi viaje. Al placer de haberlo logrado sin accidentes, se reunía el de contemplar el océano, que yo no veía desde hacía varios años y cuya superficie azulada hacía contraste con el aspecto amarillento y triste de las planicies que recorría desde hacía tanto tiempo. El baqueano que había tomado la delantera, vino a advertirme que había percibido un buque de dos mástiles anclado en la bahía; no podía ser otro que la embarcación enviada de Buenos Aires, con los materiales propios para la construcción con que se debía levantar el nuevo fuerte; todo concurría a asegurar el éxito de la empresa, y fui aliviado de un gran peso viendo disiparse las inquietudes que yo había alimentado hasta entonces sobre el resultado de mi misión. Caminamos aún una legua al O.N.O. a través de terrenos minados y cubiertos por chañares; después, habiendo descubierto las pendientes que bordean la fuente de la bahía Blanca, en una planicie extendida entre sus pies y la playa de la bahía, llegamos al borde de un pequeño arroyo, que supimos después era el Napostá de los indios. . . Acampamos en medio de un buen campo de pastoreo, resueltos a quedarnos provisoriamente en ese sitio, hasta que un más amplio reconocimiento de la bahía nos permitiera elegir el sitio para el fuerte proyectado".
La nave avistada era la ballenera "Luisa", propiedad de Enrique Jones. A bordo de la misma iban el piloto Laborde y seis marineros franceses. La baja marea había dejado la embarcación en seco en el lugar conocido como arroyo Pareja. El reconocimiento de la región requirió varios días en el curso de los cuales la embarcación se extravió al remontar equivocadamente un arroyo que no era el indicado por Parchappe. Después de muchos padecimientos, entre los cuales estaba el del hambre, los marinos franceses fueron encontrados por los indios amigos y traídos al campamento. Las provisiones que les brindaban los indios consistían en carne de guanaco y otros animales de la región.
Cuando el viajero llega por primera vez a Bahía Blanca, lo primero que le sorprende es que la fundación no se hiciera en las lomas que están a más de 70 metros de altura desde donde se domina toda la bahía, en lugar de su ubicación a sólo 4 metros sobre el nivel del mar. Pero es preciso recordar que para la estrategia que tenía en cuenta al aborigen y a sus armas de corto alcance era necesario estar cerca del agua dulce. Parchappe eligió un lugar caracterizado por hallarse resguardado por dos arroyos, que venían a ofrecer un limite natural ademas de un puerto proximo en la desembocadura de uno de ellos.
Refiriéndose al valor estratégico del lugar elegido, Estanislao S. Zeballos, en su obra "Viaje al país de los Araucanos", expresa:
"En el centro de la pampa, que es la tercera gradería formada por las grandes convulsiones geológicas entre las cumbres y el mar, álzase la Villa Bahía Blanca, arrinconada en la Orqueta de los arroyos: el Napostá y el Maldonado, hijo el segundo del primero, que cae bullicioso de las alturas vecinas. . . Fundado el fuerte La Argentina, hoy Villa Bahía Blanca, en 1828 con miras estratégicas, su posición contra los indios es de primer orden. Hoy mismo, cuando el peligro ha desaparecido, los arroyos que ayer le sirvieron de baluarte, son arterias de fecundación y vida. . .".
Los aborígenes, al sospechar que serían desplazados de otro de sus países de correría, hicieron cundir la voz de los propósitos de los hombres blancos. Pronto se oyeron los rumores del estallido de las hostilidades. El ingeniero francés escribe lo siguiente, en sus notas del 27 de marzo:
"A nuestro arribo el cacique Venancio había enviado un mensaje a su lugarteniente Montero, acampando con el resto de su gente en las cercanías del río Colorado; llegó, al anochecer, acompañado de un enviado del mismo Montero. Estos indios nos informaron haber visto nueve hombres a caballo en dirección a la Cabeza de Buey; los suponían espías o vanguardia de indios enemigos, que aseguraban venían en gran número con intención de atacarnos y de oponerse, con todo su poder, a nuestra instalación, mirada por ellos como una usurpación a sus posesiones; lo anunciaban, además como conocedores de nuestra poca fuerza y no ignorando que el resto de la expedición no llegaría hasta pasado un tiempo. . . Lo que parecía justificar las precauciones e indicar un peligro real era que el cacique Venancio parecía atemorizado; reunió en asamblea a todos los suyos y mantuvo consejo durante toda la noche. Nuestra posición parecía tornarse más crítica y despachamos al día siguiente, un expreso al coronel Estomba instándolo a apresurar la marcha y de a enviarnos refuerzos de tropa".
Pocos dias después, el 9 de abril, llegó un mensaje de Estomba. Parchappe se apresuró a salir a su encuentro. El coronel venía al frente de una columna. La marcha, según consta por el informe de ese viaje, se efectuó con lentitud siendo que el 7° regimiento de caballería de línea venía seguido de dos piezas de artillería y un gran convoy de carretas que conducían numerosos elementos para la construcción del fuerte, además de los víveres.

¿Cuál fue la verdadera fecha de la fundación?

Debido al hecho de que las dos fuentes que suministran las informaciones referentes a la fundación del fortín bahiense no detallan los mismos incidentes, no han faltado personas que se hayan planteado el problema de cuál fue la verdadera fecha de la fundación de Bahía Blanca.
El historiador Groussac, en su artículo de la revista "Humanidades" afirma que "dos días después (el 11 de abril) llegó el convoy con el resto de la fuerza. El campamento fue establecido en la colina ya designada, ese mismo día, 11 de abril; en una tienda levantada al efecto, se redactó el acta de fundación que firmaron los jefes y oficiales presentes y además los tres primeros pobladores". El historiador añade: "no insertamos aquí este documento por ser muy conocido, así como las notas elevadas por el coronel Estomba dando cuenta de lo efectuado". Dicho documento, cuya reproducción facsimilar damos, dice textualmente lo siguiente:
"En la Fortaleza Protectora Argentina A nuebe de Abril de mil ochocientos veinte y ocho reunidos en la tienda del Crel. Ramón Estomba Jefe de la Expedición de Bahía Blanca el Teniente Coronel Andrés Morel, los Sarg. Mayores del Valle y Juan de Elias, el Cap. Martiniano Rodrigez, el Ingeniero agrimensor Narciso Parchappe y los vecinos pobladores Nicolás Peres, Pablo Acosta y Polidoro Couhn para tomarles su parecer sobre el lugar en que deve situarse la Fortaleza y Población, combinieron de opinión unánime que la posición elegida por el Sr. Parchapp, y aprobada por el referido Coronel es la mejor que puede presentar la Campaña en esta parte de la Costa por la inmediación de su buen Puerto, y la reunión de un Río, de excelente agua; y la mejor tierra bejetal, pastos abundantes; combustible para muchos siglos; por cuya reunión de circunstancias está llamado a ser algún día uno de los establecimientos de más interés para la Provincia de Buenos Aires" Firmado R. Estomba - Andrés Morel — Narciso del Valle - J. de Elias — Nicolás Peres - Pol. Coulin — Narc. Parchappe -Mart. Rodríguez - Pablo Acosta".
El precitado documento fue fechado el 9 de abril de 1828, vale decir que el mismo día de la llegada de Estomba a la vera de la bahía Blanca. De ese mismo documento se desprende que el propósito de la reunión era consultar el parecer de todos los presentes referente al lugar conveniente para fundar el fuerte. En el informe del ingeniero Parchappe tocante a lo sucedido en el día 9 de abril y los dos días subsiguientes, leemos:
"9 de Abril: Habiéndome enterado por una nota del coronel Estomba, escrita en los Manantiales del Napostá y recibida la víspera, que llegaría hoy con la primera división de carretas y la caballería de la expedición, monté a caballo para ir a su encuentro; y habiéndolo encontrado a corta distancia llegamos al campamento a eso de las 10 de la mañana. Después de algunos momentos de descanso, el coronel quiso reconocer los alrededores. Le informé sobre las ventajas de la posición que había elegido para el fuerte, tanto a causa de la hermosa colina sobre la que debía construirse éste como por la proximidad de un buen puerto. Quedó encantado de todo lo que yo había hecho y aprobó mis planes. Dos días después arribó el resto del convoy con la infantería y el campamento general fue establecido cerca de la altura por mí elegida. Comencé el trazado del puerto e hice sucesivamente el de la población, de los cuarteles, etc. Se comenzaron a cavar los fosos y todo mi tiempo fue consagrado a los trabajos".
Es evidente que la decisión referente al lugar donde debía ubicarse el fuerte fue tomada el 9 de abril, pero resulta igualmente cierto que los trabajos de fundación no se iniciaron hasta el 11 del mismo mes, porque se esperó el resto de la caravana. Esta aclaración explica por qué el diario del coronel Estomba, donde informa del cumplimiento de su misión a partir del fuerte Independencia no fue concluido hasta el día 12, puesto que el verdadero propósito de su viaje era la fundación del fuerte en las proximidades de la bahía Blanca, obra que fue iniciada el día 11 de abril del año 1828.


Delineamiento de Bahía Blanca. Cuadro A. Pellegrini. Museo de Bellas Artes.

La "Fortaleza Protectora Argentina"

Soplaban los primeros fríos cuando se iniciaron los trabajos de erección del fuerte. Aguijoneados por el frío los trabajos fueron iniciados con entusiasmo. Apremiaba asegurar no solamente un refugio seguro para las tropas sino un baluarte en condiciones de resistir la avalancha de rencores que se venía acumulando en la indiada de muchísimas leguas a la redonda. En las dilatadas soledades del sur se iba a enclavar otro testimonio de la soberanía de la pujante nacionalidad.
Grande fue la decepción de los fundadores cuando realizaron un recuento de los materiales, mientras se cavaban los fosos. El cargamento que había venido por vía marítima consistía solamente en los siguientes elementos: 366 troncos de palmera; 295 tijeras; 253 tacuaras; 220 balas de cañón; 105 tablones; 60 atados de cañas; 25 puertas con sus correspondientes llaves; 21 tirantes; 21 cajones; 14 espeques; 10 atacadores y cucharas; 8 ventanas; 4 postes para portones; 3 cañones; 3 encerados; 3 martillos; 3 arrobas de estopa; 2 hojas de portón; 2 tenazas; 1 ballenera; 1 fuelle, una bigornia; 1 barril de alquitrán, una tina deshecha y algunos útiles de herrería.
Aunque en el convoy de carretas trajeron otros materiales y objetos indispensables, distaban mucho de suplir las necesidades reclamadas por la obra que debía realizarse con tanta premura. Por otra parte, no se habían recibido todos los elementos que habían sido convenidos. En vista de esto el coronel Estomba elevó una nota de protesta a la superioridad, en la que se expresaba del siguiente modo: "Las maderas que ha conducido el barco y cuya relación incluyo, no son en totalidad las que me dieron como cargadas en el Salado: han venido como 200 palmas menos y de 400 atados de cañas sólo han venido 70 y la mayor parte rotas; esto nos pone en un apuro de primera necesidad, pues V. E. conoce que faltando lo principal de las maderas es imposible hacer otra cosa que malas barracas y la estación no da espera. . . En la última comunicación que dirigí a V. E. manifestaba la necesidad que tendremos, también, dentro de muy poco tiempo de algún ganado y particularmente de caballos que han llegado aquí en muy mal estado y se ensillan todos los días de sesenta a setenta. .. estos recuerdos continuos pueden ser molestos y yo me abstendría de repetirlos si ellos no tuvieran el interés que tienen y los resultados que pueda esperar de su parte".
Los expedicionarios no permanecieron inactivos. Consta que enviaron rápidamente la embarcación a Patagones para que trajera todo lo conveniente para la construcción del fuerte y de los edificios accesorios. Desde Ensenada fue fletada una goleta cuyo arribo a la bahía solucionó muchos problemas. Tan avanzados estaban los trabajos al cabo de un mes que el ingeniero Parchappe pudo abandonar la obra por algunos días para ir a realizar un reconocimiento del Napostá.
El 19 de mayo llegó un refuerzo de animales y un correo de Buenos Aires por medio del cual se comunicaba que según el proyecto de ley que había sido presentado a la Cámara de Representantes acordando 100 leguas cuadradas a cada uno de los nuevos campamentos de frontera, debía ser medida esa extensión, colocándose los correspondientes mojones. Al día siguiente llegaron otros despachos conteniendo los decretos del gobierno sobre la forma del pueblo y la distribución de los terrenos para la agricultura y para la ganadería.
La llegada del 25 de mayo fue un motivo de verdadero júbilo para los patriotas pobladores de aquellas soledades que habían pasado largos días de constante trabajo y vigilancia ante el rumor de que los indios vendrían en gran número para desarraigar a los blancos. "La fiesta fue celebrada — escribe Parchappe — con todo el ruido de que era capaz nuestra bosquejada colonia: la bandera nacional fue izada en el fuerte y saludada con cuatro cañonazos, por la mañana y por la tarde; y por primera vez, sin duda, el eco silencioso de los alrededores repitió la entonación de la artillería
La obra tesonera de los fundadores llegó a su término unos cuatro meses después. El fuerte, de forma cuadrangular, contaba con cuatro bastiones orientados hacia los cuatro puntos cardinales. Los muros medían cuatro metros de altura y otros cuatro de espesor. Cada baluarte tenía sesenta y cinco metros de longitud, formando un ángulo de unos sesenta grados. Por su parte externa estaban rodeados de un foso de cinco metros de ancho y tenían aproximadamente la misma profundidad. Sólo había una entrada, al Noroeste, que consistía en un portón de madera que daba frente a un puente levadizo que permitía salvar el foso. Los cañones estaban emplazados sobre el terraplén del fuerte. Los edificios se hallaban dispuestos de tal manera que dejaban un patio central. El cuerpo de guardia estaba a la izquierda de la entrada y la Comandancia a la derecha. El bastión Sur había sido destinado al polvorín. Para la caballada se había formado un corral con empalizada hacia el lado Sureste.
Tales eran algunas de las características más notables de esa última avanzada de la civilización que daba su cara al océano y sus espaldas a la Sierra de la Ventana tras de la cual se extendía la pampa monótona y hostil donde los vientos peinaban la cabelleras hirsutas de los aborígenes y las crines de sus veloces corceles, sin que nada hiciera pensar que se avecinaba el día cuando la pampa se transformaría en el mar de oro con espigas de trigo que saludarán reverentemente al caminante .. .


Vista del Fuerte en 1880

El anónimo redactor del diario de la Expedición fundadora de la fortaleza fechó el interesante documento del siguiente modo: "Bahía Blanca, abril 12 1828". La primera denominación aparece tachada por un puño enérgico que escribió con caracteres muy marcados: "Fortaleza Protectora Argentina". Indudablemente, esa intervención pertenece al coronel Estomba puesto que en su diario y en una nota que lo acompaña, aparece la siguiente cláusula: "Toda la División se halla establecida en la parte occidental del Sauce Chico — (debió haber dicho con propiedad: el Napostá) a una legua del puerto que desde hoy tiene el nombre de Puerto de la Esperanza", "Al puerto que para el establecimiento se ha preferido en esta inmensa bahía se le ha dado el nombre de Puerto de la Esperanza — con alusión a su destino y a la Fortaleza y Población el de Protectora Argentina haciendo alusión, también, en otro sentido al General San Martín, servidor esclarecido de nuestra Patria y que obtuvo ese título combatiendo en honor de ella".
Entre los documentos alusivos a los primeros proyectos referentes a Bahía Blanca, se ha hallado hace poco uno que permaneció inédito hasta que lo diera a conocer su descubridor, el erudito historiador Ernesto H. Celesia. Trátase de una carta firmada por B. Rivadavia, dirigida al Comandante de Patagones, en la que se expresa de la siguiente manera:

"Buenos Aires 5 de Marzo de 1824
"Habiéndose acordado por el Gob"° el establecimto de una fortificación en la Bahía Blanca, que por contrata celebrada con el Gobno pasa a fortificarla el Comerciante Dn Vicente Casares bajo la inspección Oficial Comisionado en Jefe para dha expedición Dn Jaime Montoro y bajo la dirección de los ingenieros Dn Martiniano Chilavert y Dn Fortunato Lemoine; como asimismo el conocimto que por los expresados ingenieros debe practicarse de los puertos y calas de la costa del Sud desde el cabo Corrientes hasta la mencionada Bahía, el Gobno ha resuelto que el Comandte de Patagones preste a la preindicada expedición los auxilios que al efecto se requieren; poniéndose con su virtud en comunicacion con el Gefe de otra fortificación, y dando aviso de todo cuanto condusca al mejor servicio y buen éxito de la expedición".


domingo, 1 de abril de 2018

COAN: Serra en el 3-A-151, el primer supersónico naval

Serra en el Grumman F9F-8T Cougar – Mat. 3-A-151 sobrepasa la sonido

Arqueología Aeronáutica (con modificaciones)


30 de marzo de 1962, 56 años hoy. Durante un vuelo de prueba del Grumman F9F-8T “Cougar” 3-A-151 en NAS Norfolk, VA, USA; el Capitán de Corbeta Rafael Serra se convierte el 1er Aviador Naval Argentino en superar la barrera del sonido.

Grumman F9F-8T Cougar – Mat. 3-A-151 – Bahía Blanca



Un F9F-8T en la cubierta del portaaviones USS Saratoga (CVA-60), finales de los años 1950.

Con la incorporación por parte de la USN de aviones con ala en flecha, Grumman temió perder la hegemonía conseguida con el Panther y decidió desarrollar en 1954 el Cougar.



Fue construido en 1957, siendo una versión de entrenamiento con ala en flecha y asientos biplaza en tándem con doble comando, óptimo para la transición de los futuros pilotos de F9F-2 tanto de la USN como del USMC, función que desempeñó hasta bien entrado los años '70.



La Aviación Naval Argentina necesitaba un entrenador a reacción luego de la incorporación del Panther, pero las gestiones nunca se concretaron oficialmente. Sin embargo en 1960, como parte de una confusión en la denominación, se vendieron dos aviones de este modelo al Comando de la Aviación Naval, y como consecuencia de ese “error” no se permitió la venta de repuestos para los mismos.



Fue entregado en la NAVAL AIR STATION NORFOLK (Virginia), donde se cumplieron los vuelos de aceptación. El 30 de marzo de 1961, y como parte de los vuelos de aceptación rompió la barrera del sonido siendo su piloto el Capitán de Corbeta Rafael SERRA. Fue la primera vez que un avión naval lograba esa marca.



El traslado al país fue hecho a bordo del Portaaviones ARA (V1)"INDEPENDENCIA", recientemente adquirido, compartiendo hangar con los S-55 y Tracker, arribando al puerto de Buenos aires el 24 de mayo de 1962.



Asignado a la PRIMERA ESCUADRILLA AERONAVAL DE ATAQUE con la matrícula 3-A-151 y el número de la Dirección de Material (Nº DIMA) 0516.



Debido al bloqueo de las licencias de exportación de repuestos por parte del gobierno de los Estados Unidos de América, volaron muy pocas horas en relación a los años que prestaron servicios. Fueron los primeros aviones de reacción con ala en flecha, capacidad de llevar misiles y reaprovisionamiento en vuelo de la AVIACIÓN  NAVAL.



Fue desactivado el 9 de junio de 1971 por Resolución del 09 de junio de 1971, realizó su último vuelo entre la BASE AERONAVAL COMANDANTE ESPORA y Aeroparque el 9 de junio de 1971 al mando del Teniente de Navío Eduardo ALIMONDA.



Fue colocado como Gate Guardian  en el Edificio Libertad (sede del COMANDO EN JEFE DE LA ARMADA) hasta 1988, en que fue trasladado al MUSEO DE LA AVIACIÓN NAVAL ARGENTINA.



Durante varios años fue exhibido en el parque exterior del museo siendo ubicado sobre el campo de exposición y luego sobre la pista del “portaaviones”.



Actualmente espera restauración en el interior del hangar destinado a tal fin en la Base Aeronaval Comandante Espora, Bahía Blanca.



Su estado general es bueno, pero con importantes detalles de pintura, producto de los años que pasó a la intemperie.



Situación actual a la espera de su repintado.





miércoles, 7 de marzo de 2018

ARA: El accidente del Rastreador Fournier en los canales fueguinos


Rastreador Fournier: la tragedia que enlutó a Villa Mitre 

La Nueva

Ramón Chávez era suboficial y se encontraba en la cubierta del Fournier cuando fue sacudido por la tormenta que provocó el hundimiento de la nave.




Guillermo Albornoz y Petrona Chávez, con la foto de Ramón y decenas de recortes y recuerdos referidos al Rastreador Fournier

   "Mi papá era un ángel". De esta manera, sentida y clara, recuerda hoy Petrona Chávez a su papá Ramón, suboficial 2º de la Armada, vecino de Villa Mitre y una de las 77 víctimas del hundimiento del Rastreador Fournier, ocurrida en septiembre de 1949, la mayor tragedia marítima registrada en nuestro país en tiempos de paz.

    Petrona vive hoy en el barrio Cooperación y al momento de aquella pérdida tenía 12 años. Su papá tenía 37 y aquel viaje de 1949 estaba planteado como el último de su vida. "Ya estaba retirado de la Armada, embarcó porque quería hacer unos estudios", señaló Petrona.  Estos días no han sido fáciles para ella. La desaparición del submarino ARA San Juan le hizo revivir lo ocurrido con el Fournier, hace 68 años.

   "He llorado todos estos días. Usted no sabe lo que significa pasar por una situación de ese tipo, la gente no entiende", indica.No menos dramática ha sido la historia en la vida de Guillermo Albornoz, hijo de Petrona, nieto de Ramón. "He seguido a lo largo de mi vida la historia del Fournier, porque además soy militar", indica.

   Es él quien refiere que su abuelo está en una tumba del cementerio local de arrendamiento gratuito como tripulante del Fournier y lamenta un pérdida material. "La balsa en la que fue encontrado el cuerpo de mi abuelo junto con otros tripulantes --todos fallecidos-- estaba en el museo histórico, con las fotos de cada víctima. Un día la sacaron y ahora nadie sabe donde está", asegura. Ramón Chávez fue uno de los nueve tripulantes del Fournier cuyos cuerpos pudo ser recuperado. Murió de frío, en la balsa que lo mantuvo varios días a la deriva.

   La desaparición del Fournier ocurrió en septiembre de 1949, con 77 tripulantes a bordo. A pocas horas de perderse contacto con la nave comenzó su desesperada búsqueda en el estrecho de Magallanes, donde realizaba tareas de patrullaje y reconocimiento..Botado en 1939, estaba asignado a la Escuadrilla de Rastreo y Minado. Era del tipo "aviso", un buque ligero, de poco tonelaje y casco fino. El 22 de septiembre de 1949, un día después de haber zarpado desde Ushuaia, se perdió todo contacto. Las condiciones meteorológicas convirtieron su rescate en una odisea. El hallazgo de algunas partes de la embarcación hizo presagiar lo peor. El 4 de octubre se reconoció el naufragio, ocurrido en cercanías de Punta Cono, al sur de Punta Arenas. A los 12 días del hecho, un aviador avistó una balsa con seis tripulantes: estaban todos fallecidos, sentados, abrazados y acurrucados. Los cadáveres correspondían al Comandante, Carlos Negri; el 2º Comandante, Teniente de Fragata Luis Lestani; los suboficiales de Mar Ramón Chávez, Electricista Ernesto Rodríguez; Cabo Principal Señalero Juan Luca y los marineros Manuel González, Eliberto Bulo, Valerio Gaicano y Miguel Lucena. Estaban con capote y ropa de abrigo, con la piel ennegrecida por el frío.



El análisis oficial

  El informe elaborado por la Armada sobre lo ocurrido concluyó que el Fournier se dio vuelta de campana por babor, golpeado por una sucesión de olas de gran tamaño, generadas por una fuerte tormenta.Al volcarse, sólo pudieron saltar o cayeron al mar los hombres que iban de guardia en el puente.

   De los otros tripulantes no se encontró nada, a pesar de una meticulosa búsqueda efectuada por naves chilenas y argentinas durante unos 10 días. Solo se encontraron restos de la carga que iba en cubierta.

Las referencias


   En Bahía Blanca se tiene la calle Rastreador Fournier (Estomba al 2100), y dos que evocan a tripulantes: el capitán Carlos Negri y al suboficial Chávez, ambas en Grünbein.

   La compañía de ómnibus Lemos & Rodríguez --con sede en Villa Mitre-- adoptó el nombre de Rastreador Fournier para sus líneas, atendiendo el pedido de familiares del vecino fallecido.

jueves, 27 de julio de 2017

Depósito de causas históricas en Bahía Blanca

Un misterioso túnel del tiempo frente a la Plaza Rivadavia

La Nueva

 Un misterioso túnel del tiempo frente a la Plaza Rivadavia. 

Fotos: Pablo Presti-La Nueva.


Juan Pablo Gorbal / jgorbal@lanueva.com

    Buen día, una consulta, ¿ustedes tienen la causa contra Butch Cassidy?

   - No, acá no está, es de la provincia de Chubut.

   Los expedientes que la justicia argentina le abrió al bandido norteamericano más famoso de principios del siglo XX, cuando vivió a orilla del río Blanco, en la cordillerana localidad de Cholila, no quedaron archivados en nuestra ciudad. Ello, pese a que algunos historiadores creen lo contrario.

   “Es la única causa que nos falta”, dice, con cierta ironía, la doctora Norma Raquel Copércido, responsable local del Programa de Relevamiento, Organización y Destrucción de Expedientes (PRODE), que depende de la Suprema Corte de Justicia bonaerense.

   Como apéndice del archivo judicial, el programa tiene un tesoro incalculable. En Sarmiento 36, detrás de una puerta de aluminio blanca que pasa inadvertida para las cientos de personas que caminan a diario frente a la Plaza Rivadavia, se acumula un patrimonio histórico, político y social. Que no solo es bahiense y regional, sino también nacional.



   Después de una oficina, como cualquier otra, emerge un imponente e impecable depósito de 25 metros de largo por 15 de ancho, con estanterías repletas de legajos que invitan a detener el reloj y rebobinarlo hasta el siglo pasado.

   La luz es tenue; el silencio, casi indestructible. Y la temperatura ambiental más fría que templada. Todo se conjuga para retroceder calendarios.

   El PRODE es un espacio que selecciona, preserva y “elimina” los sumarios ya extinguidos -tienen sentencia definitiva o están archivados-, con el fin de mitigar la emergencia edilicia. Pero también es un túnel del tiempo donde se resguardan expedientes que serían una real tentación para cualquier cátedra de Politología, Psicología o Sociología.

   La causa judicial del crimen que inspiró “¿Quién mató a Rosendo?”, uno de los libros más famosos del escritor y periodista Rodolfo Walsh -hecho clave para la política nacional y, en particular, la sindical de los años '60-, descansa en las instalaciones del PRODE Bahía Blanca, pese a que el delito sucedió en Avellaneda.



   “Este programa pasa desapercibido, y no lo digo de manera peyorativa, sino porque casi no tenemos atención al público. Nuestro trabajo es muy interesante y cuidado, a partir del análisis de expedientes importantes desde el punto de vista sociológico. Acá se puede ver, absolutamente, la evolución del delito y cómo cambió la mirada de la justicia”, reconoce Copércido, quien realiza la función junto con los empleados Jessica Cristiano y Juan Manuel Vallejos.

   Una denuncia de 1947, contra la “suba indiscriminada en el precio de los zapatos” es un claro ejemplo de cómo cambiaron las épocas.

   “También podemos ver que entre los '40 y los '50 había muchas causas por prostitución y, a la par, por abortos, de lo cual se infiere una vinculación. En esa fecha, además, se observaba mucho juego clandestino. En décadas posteriores, otros expedientes que llamaban la atención son los que presentaban 'detenidos por vagancia'”, sostiene Copércido.


¿Por qué terminó en Bahía Blanca la causa Rosendo?

La noche del viernes 13 de mayo de 1966, en la confitería La Real de Avellaneda, se produjo un enfrentamiento armado que fue bisagra para la historia sindical de nuestro país, que se disputaba la conducción de la CGT, en medio del debilitamiento del gobierno radical de Arturo Illia.

   Rosendo García, Domingo Blajaquis y Juan Salazar murieron a los tiros. La conmoción del hecho motivó el reconocido libro de Walsh, en alusión a García, que era el más influyente de los tres abatidos.

   La causa judicial se instruyó y cerró en Bahía Blanca y hoy continúa en la ciudad. ¿Por qué? Es que el juez capitalino Néstor Cáceres le tomó declaración indagatoria a uno de los sospechosos, Norberto Imbelloni, y el acusado reconoció que tenía un sumario anterior abierto, por estafa, en este medio. Cáceres se declaró incompetente y le mandó las actuaciones a su par de Bahía, Juan José Llobet Fortuny.

   Justamente Llobet Fortuny no pudo llegar a acreditar la autoría de ninguno de los varios acusados y los sobreseyó.



La causa que inspiró el libro ¿Quién mató a Rosendo?, de Walsh, reposa en Bahía. El revólver y el plano de la confitería donde sucedió un hecho histórico.


   Walsh, en su libro, presentó a Augusto Timoteo Vandor como responsable del homicidio y evaluó que la justicia, la policía y algunos medios procuraron encubrir los acontecimientos.

   La doctora Copércido leyó el libro y la causa judicial y tiene la convicción de que el juez agotó todas las instancias para tratar de llegar a la verdad.

   En el expediente, que tiene 4 cuerpos y lleva el número 43.216, se observan fotos del interior de La Real, de los lugares donde impactaron los proyectiles, del revólver Colt calibre 38 utilizado y de maniquíes vestidos con las ropas de las víctimas, que permiten observar los orificios y la proyección de los disparos.

   También existe un plano con la ubicación de cada uno de los protagonistas, declaraciones testimoniales de rigor y hasta un comunicado del PJ de Avellaneda que advertía sobre el enfrentamiento.

   “Se puede decir que es el expediente más significativo, por la importancia cultural, literaria, política e histórica que tiene”, advierte la abogada.

La “quema de las iglesias” en el 55, también



   El 16 de junio de 1955, luego de que aviones de la Marina y la Aeronáutica bombardearan la Plaza de Mayo, y provocaran una masacre con la intención de derrocar al presidente Juan Domingo Perón, se produjeron ataques masivos a distintos templos religiosos. Sucedió ante la sospecha de que la Iglesia había instigado el Golpe de Estado.

   Esos incidentes también se trasladaron a Bahía y motivaron la formación de una causa judicial, de 6 cuerpos, que hoy también reposa en el PRODE, como documento histórico.

   Los manifestantes, según se consigna, habrían partido desde el edificio cegetista de Mitre y Rodríguez, para dirigirse a la Catedral. De ese lugar habrían retirado bienes para provocar destrucción e incendio. Y consta que uno de los reaccionarios le cortó la manguera a los bomberos para evitar que apagaran el incendio. Hay fotos del lamentable desenlace.

   Luego la horda siguió hasta La Inmaculada, donde se enfrentó con el cura párroco.



La causa de la “quema de las iglesias”, que se originó después del bombardeo a Plaza de Mayo de 1955, tuvo su apéndice en la ciudad. Una imagen contundente de las roturas en la Catedral.


   Los manifestantes, inorgánicos, fueron asociados al peronismo, aunque en la causa local existe un recorte del diario El Atlántico, publicado ese día, con declaraciones previas del entonces presidente, que llamaban a la cautela.

   “Nosotros, como pueblo civilizado, no podemos tomar medidas que sean aconsejadas por la pasión sino por la reflexión. Les pido que estén tranquilos, que cada uno vaya a su casa. La lucha tiene que ser entre soldados, yo no quiero que muera un solo hombre más del pueblo, les pido a los compañeros que repriman su propia ira, que se muerdan como me muerdo yo en estos momentos, que no cometan ningún desmán”, figura como declaración textual de Perón.

Un crimen que conmocionó a Bahía en 1976

Motivado por la venganza, Jorge Kraiselburd asesinó a su expareja, Alicia Lía Solana, y a su exsuegra, Sila Peralta Bergna. Fue en abril de 1976, en una casa de la primera cuadra de Yrigoyen, a metros de la Plaza Rivadavia. Alicia había decidido cortar la relación con Jorge y él la había amenazado. Lo delató, al parecer, la caligrafía, porque en las paredes interiores de la casa dejó pintadas con un rotulador.

   La causa, número 51.677, es muy voluminosa: tiene 18 cuerpos y también se archivó, como un caso referente de lo que hoy es la violencia de género, entonces encuadrado como un hecho pasional.

   “Fue trascendente, por la notoriedad del homicida y porque las personas fallecidas también eran muy conocidas en la sociedad. Se trata de una causa trabajada, porque este hombre vivía en los Estados Unidos, tenía un antecedente allá, y habría ingresado de manera clandestina en el país, presuntamente para cometer el delito”, explica Copércido.

   Las notas que dejó escritas en las paredes del escenario del hecho buscaban desviar la atención hacia un crimen dirigido a su exsuegro, a partir de un presunto conflicto gremial. Pero no lo logró.


La causa Kraiselburd sacudió a la ciudad hace 41 años. Las inscripciones que dejó el homicida fueron la clave.


   Los peritos caligráficos cotejaron esa letra y las de sus cartas a mano y no hubo dudas. La justicia le impuso 22 años de prisión.

   Las fotos con los mensajes y los manuscritos comparados figuran en el expediente, así como una abundante prueba documental, testimonial y pericial.

   Salvador Roberto Hospital es otro nombre que inscribió la historia delictiva bahiense. El 14 de agosto de 1981 la justicia le impuso 14 años de prisión por encabezar una asociación ilícita destinada al robo de automotores, una organización con perfil atípico para esos tiempos.

   En la recorrida por Sarmiento 36, La Nueva. también se topó -aunque sin posibilidad de acceso- con la causa (de 7 cuerpos y fuerte repercusión nacional e internacional), contra la maestra puntaltense Patricia Chávez, acusada de mantener relaciones con un alumno de 12 años, en 1997, y finalmente absuelta por no probarse delito, más allá de la existencia del hecho.

   El PRODE es interminable. Su halo de misterio lo hace fascinante. Es un túnel del tiempo que no solo refleja la historia del crimen sino de qué manera fue evolucionando la sociedad. Nada menos.


La doctora Norma Copércido y Jéssica Cristiano, una de sus auxiliares, delante de un archivo de valor incalculable.

En 2011

El PRODE se creó por la emergencia edilicia

   El Programa de Relevamiento, Organización y Destrucción de Expedientes (PRODE) fue creado por la Suprema Corte de Justicia Bonaerense en mayo de 2011, con la idea de fortalecer las medidas para destruir expedientes en los archivos departamentales.

   La intención final era contrarrestar la emergencia edilicia en todo el Poder Judicial y racionalizar espacios, debido al impacto que sufren no solo los Archivos departamentales sino cada uno de los órganos judiciales que debían postergar la remisión de material.

   La función del PRODE es relevar, clasificar, seleccionar y destruir expedientes archivados.

   En el caso de la destrucción, se deben respetar distintos tiempos desde que queda firme la resolución: 5 años en las causas contravencionales; 10, en las correccionales y 15 en las penales.

   Las causas instruidas entre 1972 y 1983, relacionadas con delitos de lesa humanidad, se conservan sin distinción.

   "Desde que yo estoy, en 2013, hemos realizado 5 destrucciones y estamos al día con los objetivos fijados por la Suprema Corte. En septiembre realizaremos la sexta destrucción", afirma Nora Copércido.

   Si algún historiador está interesado en consultar contenidos del PRODE tendrá que presentarse en la sede de la entidad y completar un procedimiento establecido por la Corte.



Fin benéfico

   El papel a desechar del PRODE no se destruye en el lugar, sino que, una vez por año, lo retira una empresa papelera, que se lo paga al Centro de Rehabilitación Luis Braille.

   Es decir que la eliminación de las causas tiene un fin benéfico para la entidad dedicada a los discapacitados visuales, con asiento en Thompson 44.

   El aporte es valioso, teniendo en cuenta las dificultades que tiene el Braille para mantener su estructura, porque se sostiene, básicamente, a través de la venta de papel y cartón en desuso.

   En 2015, el PRODE aportó unos 3.000 kilos de papel, aunque el año pasado triplicó la cesión (llegó a 9 toneladas), al eliminar 1.265 legajos, con 29.074 expedientes.

   Este año, seguramente, será un cargamento similar, ya que también se prevé la "destrucción" de poco más de 1.000 legajos.

   “Es un sostén importante para el Braille”, reconoce la abogada.