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miércoles, 13 de julio de 2016

Anécdotas militares: El "Tuerto" Méndez

Una hazaña del “Tuerto” Méndez



El teniente coronel Eusebio José Méndez era un valiente que había nacido en Guaymallén (Mendoza), el 15 de dicimbre de 1848.
Poco antes de que se declarase la guerra contra el Paraguay ingresó como soldado distinguido en el Regimiento 6 de línea.
Su cuerpo cubierto de heridas decía a las claras que siempre había estado en lo más terrible del entrevero.
Sus camaradas le llamaban el “Tuerto Méndez” por un culatazo le había hundido la frente sobre el ojo izquierdo.
Terminada la contienda con el Paraguay era ya sargento mayor y ese grado marchó al Chaco con el general Donovan en 1876.
En ese año, siendo gobernador de Corrientes el señor Virasoro y vicegobernador D. Juan Ramón Vidal, estalló una revolución encabezada por un mayor de apellido La Rosa. El gobierno sitiado en su sede pidió auxilio a Doriovan, que a la sazón se hallaba en Resistencia, quien, en seguida, mandó al mayor Méndez a la cabeza de 100 hombres a sofocar el movimiento.
El cruce del río se hizo en canoa y rio bien desembarcaron, el famoso tuerto se encontró frente a frente con el mayor La Rosa, que lo estaba esperando en el puente para pasarlo a degüello con todas sus fuerzas.

Dándose cuenta del peligro y viendo que las tropas insurgentes eran muy superiores a las suyas, Méndez resolvió salvar la situación con un golpe de audacia:


 ¿Así que vos sos el revolucionario? Me parece que sos pura espuma y no te animás a pelear mano a mano conmigo.
El mayor La Rosa, que era un verdadero gigante, se le acercó una sonrisa despreciativa y resuelto a darle una lección ejemplar. El veterano del Paraguay tenía un hermoso arriador de mango de plata que manejaba con rara habilidad. En cuanto lo tuvo a La Rosa a tiro lo volteó de un certero golpe y ya en el suelo le dió tantos lonjazos, a la vista misma de su tropa, que le rompió la chaquetilla y dicen que le sacó hasta la piel del cuello.
La Rosa, vencido, le rogó que no le pegara más, y el terrible “Tuerto”, poniéndole la bota en el pecho, dió por terminada la revolución.

jueves, 17 de marzo de 2016

Conquista del Chaco: La indomable Alice Chavagnac de Le Saige

La historia de la condesa que huyó de Francia con su jardinero y murió en el Chaco en un malón

Por: Claudia Peiró cpeiro@infobae.com
"Heroína digna de Balzac o de Dumas"; "mujer de voluntad y pasiones poco comunes": así debió ser Alice Chavagnac de Le Saige para embarcarse en 1888 en la aventura incierta que la llevó a un trágico final


La condesa Alice Chavagnac de Le Saige

Hasta hace algunos años, la historia de "la Condesa francesa" todavía formaba parte de la tradición oral transmitida de padres a hijos en Resistencia. Hoy, desaparecidos ya todos los testigos directos, nos queda sin embargo el trabajo de escritores e historiadores que hallaron en la vida de esta singular mujer materia interesante de investigación y relato, ya que, más allá del destino individual, la historia de Alice Le Saige permite reconstruir también la de una ciudad y su región.

Sobre la Condesa se ha escrito una biografía novelada –La Condesa de las tierras tobas, de Sixta Segovia de Giuliano-, un detallado trabajo –Trágico destino de la condesa Alice Le Saige, de Ramón de las Mercedes Tissera- y, más recientemente, el periodista e historiador Rolando Pérez Beveraggi le dedicó un capítulo de su libro Resistencianos, en el que retrata a varios personajes emblemáticos de la ciudad. "Ella fue una protagonista fundamental, vivía en un Palacio y vino a la nada", dijo Pérez Beveraggi a Infobae, en referencia a la realidad chaqueña de aquellos tiempos.


Contra lo que se suele pensar, la última "frontera" con el indio no fue el sur pampeano o patagónico, sino la región chaqueña (el norte de Santa Fe, y las futuras provincias de Chaco y Formosa). Allí se produjo una oleada de malones a fines del siglo XIX. Sin embargo, como veremos, aunque murió en medio de uno de ellos, a Alice Le Saige no la lancearon los indios. Pero vayamos al principio de esta historia.

Como lo señala Pérez Beveraggi, el contraste entre el castillo de Cheronne, en las inmediaciones de París, en el cual nació y creció Alice Françoise Marie de Chavagnac y la tierra montaraz en la cual acabó sus días es muy grande. Su familia pasó de integrar el séquito de María Antonieta a padecer sucesivas pérdidas de privilegios, al compás de los avatares de la época revolucionaria, que fueron minando el Antiguo Régimen.


El castillo de Cheronne, a pocos kilómetros de París, donde nació la Condesa de Le Saige

Nacida en el año 1840, Alicia había recibido una educación bastante sofisticada. A los 23 años, en 1863, se casó con Raoul Le Saige, vizconde de Villesbrune. El matrimonio tuvo seis hijos, dos varones y cuatro mujeres.

Al parecer, ante las dificultades económicas que empezaron a enfrentar los Le Saige, fue Alice la que demostró espíritu emprendedor, consagrando las tierras del antiguo feudo de Cheronne a la producción agrícola y en particular a la floricultura.

UNA RELACIÓN PELIGROSA SURGIÓ ENTONCES ENTRE LA CONDESA Y EL PLEBEYO

Apareció así el tercero en discordia: Magni –sólo así se lo conoce-, un jardinero que madame Le Saige trajo a la propiedad para asesorarse en la producción de flores destinadas al mercado parisino. Una relación peligrosa surgió entonces entre la condesa y el plebeyo. Enterado del asunto, la reacción del Vizconde fue más bien civilizada para la época: Alice no fue repudiada, y se acordó una separación amigable. Incluso se repartieron los hijos. La Condesa se marchó con los dos varones y las cuatro mujeres quedaron con el padre. Lamentablemente se ignora de qué forma decidió ella poner rumbo hacia el fin del mundo.

Pero lo cierto es que, pese a que no era demasiado joven –48 años era una edad considerable por aquellos tiempos-, Alice Le Saige no temió iniciar una nueva vida en tierras ignotas al otro lado del mundo. Y se embarcó hacia Buenos Aires junto con sus hijos varones, Roland y Xavier, de 14 y 10 años respectivamente, y con el jardinero que, en América, sería presentado como un "tío".

Una vez en el Plata, le conceden a Alice veinte mil hectáreas en arriendo, en una región conocida como Campo Arocena, muy cercana a Resistencia, a unos 40 kilómetros del centro de la ciudad.


Resistencia antigua. En la colonia, abundaban los mangrullos, para prevenir los peligros

Cuando la Condesa llegó a la zona, Resistencia era apenas una colonia, fundada hacía sólo 13 años, con una primera oleada de inmigrantes del Friuli, noreste de Italia.

La comitiva de Alice Le Saige habrá resultado más que exótica a su llegada al puerto chaqueño de Barranqueras –la vía fluvial era la usual para estos traslados en aquel tiempo-: aunque pequeña, incluía, además de los baúles de cada pasajero, un piano de cola y una imagen de Santa Ana, en hierro, de gran porte.

Como es de suponer, las autoridades chaqueñas intentaron disuadir a la Condesa de ocupar las tierras concedidas o al menos alertarla de los riesgos. "Las fotos de más de cien años de Resistencia están llenas de mangrullos", señala Pérez Beveraggi.



Pese a todo, a sólo dos meses de haber llegado, Alice Le Saige ya estaba instalada en una casa de madera de dos plantas rápidamente construida, en lo que pasaría a llamarse Estancia Santa Ana, por la imagen traída desde Francia por la Condesa e instalada en el patio de su nuevo hogar.

En los diez años siguientes, Alice no sólo se adaptará totalmente a la dura vida en el monte chaqueño sino que convertirá a Santa Ana en el principal emprendimiento ganadero de la zona. Y ello pese a los contratiempos, como el temprano abandono de Magni, que la deja para irse al Paraguay, donde se pierde su rastro para siempre.


Roland Le Saige, vestido a la usanza criolla. Su madre, la condesa Alice Le Saige

En 1895, la muerte del Vizconde, con quien seguía legalmente casada, representará un salto de prosperidad para Alice, que lo hereda e invierte los fondos en comprar el campo que hasta entonces arrendaba, mejorarlo y aumentar su ganado hasta 4.000 cabezas.

Alice Le Saige se convierte en una vecina destacada de Resistencia y sus campos aledaños. Muy bien considerada, frecuenta la Capital para abastecerse, pero también con fines sociales, y entabla cordiales relaciones con los demás habitantes de la zona.

Se le atribuyen otros romances; había una pequeña pero influyente colonia francesa en Chaco, mayormente instalada en Colonia Benítez y en Margarita Belén, algo más allá del Campo Arocena. A diferencia de los inmigrantes italianos, en su mayoría agricultores y operarios, los compatriotas de Alice son en general exiliados políticos, nobles venidos a menos como ella.

En Las Palmas, la Condesa conoce al teniente Federico Jeanrenaud, suizo francés, joven y apuesto, que dejará el cuerpo de Guardias Nacionales, para instalarse como mayordomo en la estancia Santa Ana.


Uno de los primeros edificios de Resistencia, con su mangrullo

Sus hijos también se adaptan plenamente a la nueva vida y a sus trabajos. En 1894, algo frecuente en aquellos tiempos, se suma al grupo familiar un pequeño "entenado", Genaro, hijo de un peón de paso que luego se ausenta y lo deja allí. No faltó el rumor insidioso de que se trataba en realidad del fruto de algún desliz amoroso. Lo cierto es que Alice Le Saige se encariña con el pequeño y eso le será fatal. Pero no nos adelantemos.

"MILICOS DESERTORES Y PEONES CRIOLLOS ALZADOS CONVIRTIERON EL RESENTIMIENTO INDÍGENA EN FUERZA AGRESIVA"

En su detallado trabajo sobre esta colona francesa, Tissera recuerda que en aquel entonces la población indígena "seguía siendo ampliamente mayoritaria respecto a la colonización criolla y gringa". "Su marginación social y cultural constituía pues una carencia de extrema gravedad", agrega. Se trataba, explica, de "comunidades disgregadas, anarquizadas", entre otras cosas, por la pérdida de sus líderes. Por otra parte, "la condición de asalariados resultaba problemática" para ellos. Su subsistencia se tornaba complicada.

"A esta masa descontenta se agregó un factor muy especial: los milicos desertores de los fortines o las tropas de línea y los peones criollos alzados, cuyas incitaciones convirtieron enseguida el resentimiento indígena en fuerza agresiva", sostiene Tissera.

De esa combinación desgraciada fue víctima Alice Le Saige. "Fue un ataque manipulado por criollos –afirma Pérez Beveraggi-. La convivencia con el indio era por lo general pacífica, pero de tanto en tanto había sublevaciones".


La biografía novelada de Alice Le Saige

"Como es propio de las situaciones complicadas, con frecuencia pagaban justos por pecadores. Comunidades tranquilas eran asaltadas y baleadas a mansalva para vengar tropelías de otra gente", escribe Tissera aludiendo a las "crueldades injustificadas" de algunos destacamentos militares.

El próximo 13 de marzo se cumplirán 117 años del fatídico amanecer en el que, desde el mangrullo de la estancia Santa Ana, alguien alertó de la llegada del malón: unos 60 jinetes armados de lanzas y carabinas, integrantes de una comunidad mocoví, encabezados por tres criollos.

Jeanrenaud y Simón Gómez –peón de la primera hora que morirá en este combate desparejo- organizaron la primera defensa. Cuando vieron que no podían contenerlos, ordenaron a mujeres y niños dejar la casa y refugiarse en campos aledaños.


Resistencianos, el libro que retrata personajes emblemáticos del Chaco

Alice estaba llegando a la propiedad de sus vecinos más cercanos, los Imfeld, inmigrantes suizo alemanes, cuando se dio cuenta de que el pequeño Genaro había quedado rezagado y volvió en su búsqueda. Fue entonces que se topó con Victoriano Pinto, un criollo que había incluso trabajado años antes para ella y que, sin dudarlo, la lanceó. Herida en el vientre, Alice fue socorrida por los Imfeld. Sobre un lecho de la casa de estos vecinos agonizó durante varias horas. Murió a las 5 de la tarde.

"ALICE FUE UNA HEROÍNA EN AQUELLOS INICIOS DIFÍCILES DE LA COLONIA RESISTENCIA" (PÉREZ BEVERAGGI)

En el momento del ataque, el hijo menor de Alice estaba en Francia desde hacía un tiempo y el mayor se encontraba ocasionalmente en Resistencia.


El escritor e historiador chaqueño Rolando Pérez Beveraggi

Ambos jóvenes regresaron a Francia tras la violenta muerte de su madre. Tiempo después, la propiedad fue parcelada y vendida y la casa demolida por uno de los nuevos propietarios. La Condesa, contó Pérez Beveraggi, está sepultada en el panteón de la sociedad Francesa de Socorros Mutuos en el cementerio San Francisco Solano de Resistencia. "El lugar donde estuvo ubicada la estancia Santa Ana es conocido como Condesa Cué, en guaraní: campo que fue de la condesa", cuenta.

Para este historiador, que a través de su fundación –llamada Resistencianos, como su libro- busca rescatar la identidad y la cultura local, "Alice fue una heroína en aquellos inicios difíciles de la colonia Resistencia". Y con seguridad es por eso que una calle de la capital chaqueña lleva el nombre de esta singular mujer.

Lo que inevitablemente se piensa, al tomar conocimiento de aventuras humanas como ésta, es en la enorme cantidad de materia inexplotada que hay en nuestro pasado como país para la crónica, la historia, la literatura o el cine.



cpeiro@infobae.com

martes, 10 de noviembre de 2015

Conquista del desierto: Una versión pro-indígenas

El libro que cuenta la triste resistencia indígena durante la Conquista del desierto


"Una guerra infame" recupera uno de los períodos más turbulentos de la historia argentina: la colonización, el asesinato al indio y la forja del estado nación sobre una guerra desigual.


Una comunidad chaqueña a fines del siglo XIX. Fuente: Archivo General de la Nación

Juan Brodersen - Clarín



"¿Lograremos exterminar los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar"
Domingo Faustino Sarmiento

La conquista del desierto, ese complejo proceso histórico que atravesó la Argentina en el siglo XIX, sigue generando controversias. Desde el mismo nombre, hablar de desierto hace pensar en un territorio vacío que fue ocupado por el ejército de Juan Manuel de Rosas desde 1833 en adelante. Sin embargo, una gran cantidad de estudios historiográficos demuestran hoy que quienes forjaron el Estado nacional, con Julio Argentino Roca como su máximo exponente, no sentaron las bases argentinas sobre tierras vírgenes, sino sobre sangre indígena.

"Una guerra infame" recupera los sucesos ocurridos en aquella primitiva argentina que poco sabía de instituciones. Traducida a "una guerra entre dos contendientes muy desiguales", la conquista del desierto es analizada por el periodista Andrés Bonatti y el historiador Javier Valdez en una obra que intenta sopesar el debe y el haber de las batallas colonizadoras.

Con un marcado hincapié en el consenso de la época, los autores no dejan de lado las motivaciones y los juegos políticos en torno al reparto de 500.000 kilómetros cuadrados, los miles de muertos y refugiados que las distintas campañas ocasionaron. Y tampoco la resistencia, siempre presente en las ocupaciones criollas. Aquí, los autores cuentan algunos resultados de su investigación, una conmovedora historia que se torna central para entender los cimientos de nuestra Argentina.

- ¿A qué se refieren con "la verdadera" historia de La Conquista del Desierto?


Andres Bonatti: Nuestro propósito ha sido realizar una investigación que aborde en forma integral la problemática en torno a la Conquista del Desierto, no solamente a partir de una descripción minuciosa de las campañas militares, de las políticas de despojo y sometimiento de las comunidades originarias, y del inescrupuloso reparto de las tierras entre los militares y los empresarios, sino también para indagar en las diferentes posturas políticas e ideológicas imperantes antes y durante la Conquista, con el objetivo de ofrecer una interpretación más clara de los hechos, sus causas y sus consecuencias. Nuestra intención ha sido acercar la historia de la Conquista del Desierto al lector común, no especializado, con un texto que reúne los hechos más importantes, algunos de ellos inéditos o poco desarrollados, desde una mirada crítica no exenta de rigor científico.


Expedición al Río Negro, con Julio Argentino Roca a la cabeza, en 1879. Fuente: Fuente: Antonio Pozzo (1829-1910), Ministerio de Guerra

- En la introducción hablan de las dos lecturas tradicionales de la Campaña como algo "malo" por el genocidio indígena, o "bueno" por la gesta del Estado Nacional a partir del roquismo. ¿Cómo se resumen estas posturas historiográficas?

- Javier Valdez: Una de las posturas tiene que ver con la línea historiográfica liberal tradicional, que tomó la campaña como la gran gesta patriótica del avance de la "civilización" en contra de la "barbarie", negando la preexistencia de sociedades indígenas, pero sobre todo desconociéndolas. ¿Qué historia se puede escribir sobre la base del desconocimiento? La otra postura fue la que trató de visibilizar a los pueblos originarios, pero centró sus esfuerzos en denuncias casi panfletarias contra los actos genocidas y personajes como Julio A. Roca. Si bien nosotros respetamos esta última posición, creemos también que en la actualidad hay excelentes trabajos provenientes de diferentes disciplinas e investigadores que nos están arrojando más claridad sobre todo el proceso, por lo cual tenemos el deber de ampliar nuestra mirada y no caer en posturas historiográficas simplistas y carentes de rigor.

- 1879 no es el punto de partida para entender la Conquista, explican. ¿Dónde arranca esta historia y por qué?

- JV: El espacio temporal que consideramos para nuestra investigación es mucho más amplio que el que proponen las visiones tradicionales. Lo enmarcamos desde las primeras expediciones a las "Salinas Grandes" comandadas por Pedro Andrés García en 1810 y 1811, y terminamos en 1917 con la instalación del último fuerte en el Gran Chaco. Claro que durante todo ese siglo de constante expansión sobre los territorios de los pueblos indígenas libres de Pampa, Patagonia y Chaco, tenemos diferentes etapas con avances y retrocesos; no es un proceso uniforme y lineal. Desde la perspectiva ideológica, la empresa que lleva al Estado argentino hasta los ríos Negro y Limay en 1880, también está sustentada muchas décadas antes de que Roca la ponga en marcha, por hombres vinculados a la Generación del ´37. Las ideas de personajes como Sarmiento o Alberdi fueron fundamentales a la hora de llevar adelante el avance sobre territorios y sociedades.



- ¿Cuáles fueron las grandes etapas de la Campaña?

- JV: Las etapas de guerra y conquista sobre los pueblos originarios coinciden con el corrimiento de la frontera interna y la expansión territorial del Estado. En este sentido, podemos diferenciar tres grandes momentos: el primero es la campaña organizada por Juan Manuel de Rosas en 1833; el segundo momento es la empresa comandada por el ministro Adolfo Alsina en 1876; y la tercera es la que emprendió Julio A. Roca a partir de 1879, que incluye muchas campañas militares durante la toda la década del ochenta a la Patagonia y al "Gran Chaco".

- ¿A qué le llaman "el largo calvario de una dinastía"?

- AB: Es en referencia a la dinastía Catriel, a la que le dedicamos uno de los capítulos del libro. El recorrido del linaje Catriel es uno de los más trágicos de la historiografía de los pueblos originarios de nuestro territorio.

- ¿En qué sentido?

- Fueron durante muchos años aliados incondicionales de los gobiernos de Buenos Aires, integraron los ejércitos porteños y se enfrentaron a sus propios hermanos mapuche en varias batallas, como por ejemplo la de San Carlos, en 1873, que derrotó al cacique Calcufurá. A cambio de esa ayuda, el Gobierno central les respetaba sus tierras. Pero la situación cambió cuando el Estado argentino decidió ir por todo, incluso por los territorios de los Catriel, sus históricos aliados, en la zona de Azul. A partir de ese momento se rebelaron, intentaron resistirse, pero fueron aplastados rápidamente y sus líderes enviados a la isla Martín García, uno de los centros de detención ilegal que tenía el Estado argentino por aquellos años.

- El libro le dedica un capítulo a los mecanismos de explotación perpetrados hacia las poblaciones indígenas. ¿Qué cuentan sobre esto?

- AB: Los indígenas sometidos durante la Conquista eran considerados "mano de obra barata" para las diferentes industrias de la época. Sus destinos fueron diversos. Los hombres en general eran enviados a trabajar en los ingenios de las provincias del norte, también a los obrajes madereros, algodonales o yerbatales. En todos los casos, las condiciones a las que se los sometían eran durísimas: muchas horas horas de trabajo, pagas paupérrimas y maltratos. El nivel de mortalidad entre ellos era altísimo, por la mala alimentación y las enfermedades. Los que tenían mejor suerte terminaban como soldados en algunos de los ejércitos de frontera. Y a las mujeres se las destinaba a las casas de las familias más poderosas como empleadas domésticas, a partir de la gestión de organismos como la Sociedad de Beneficencia, que actuaba como agente colocador de las mujeres indígenas en las mansiones patricias de la época.


El libro repasa las condiciones esclavas en las que trabajaban los pobladores originarios (Archivo General de la Nación)

- ¿Qué tipo de resistencia opusieron las poblaciones indígenas? ¿Cómo fue en La Pampa?

- JV: La lucha y la resistencia de los pueblos originarios que veían el avance avasallador del Estado tuvieron diferentes matices. Muy pocas fueron las parcialidades que tomaron actitudes pasivas. Más allá de pactos y alianzas con los gobiernos, de una manera heroica tenemos la resistencia ranquelina de Mariano Rosas y Paine Guor; pero también, no menos osada, la de Pincén, de Catriel y la de la dinastía de los Cura en la región pampeana. Más al sur, la épica lucha de Sayhueque secundado por Inacayal y Foyel; y las menos conocidas en la región chaqueña que involucra a jefes como Cambá o Leoncito. Cuando la conquista se hizo inexorable, las valientes lanzas mapuches y mapuche-tehuelche comenzaron un repliegue, que muchas veces los llevó hacia el vecino país de Chile o a refugiarse y relocalizarse en regiones de difícil acceso para el Estado Nacional.

- ¿Cuál fue el "botín" de la Conquista del Desierto?

- AB: La tierra. La Conquista del Desierto significó para el Estado argentino la apropiación de más de 500.000 kilómetros cuadrados de territorios, una extensión que equivale a la suma de las superficies actuales de las provincias de Buenos Aires y Río Negro. Hablamos de botín porque los principales beneficiados fueron un grupo reducido de argentinos, pertenecientes a la élite política y económica criolla, conformada por las familias más ilustres, que recibieron la propiedad de grandes extensiones de los territorios conquistados, a precios muchas veces irrisorios y con la ayuda de leyes diseñadas a medida. La principal consecuencia de este proceso fue la conformación de los latifundios, grandes tierras aptas para agricultura y ganadería, que quedaron en manos de un grupo selecto de empresarios aliados al poder político, o que incluso formaban parte de él.

- ¿Qué diagnóstico hacen luego de escribir el libro en torno a la Campaña del Desierto?

- AB: Creemos que la Conquista del Desierto fue un proceso de genocidio y etnocidio contra las comunidades originarias, que contó con un consenso casi absoluto entre los estamentos de poder de la época: militares, políticos, Iglesia, Sociedad Rural, científicos, medios de comunicación, y otros. Casi no hubo voces disidentes. Esto provocó la invisibilidad de los pueblos indígenas durante mucho tiempo.

- JV: la política del Estado argentino poco hizo por los pueblos originarios. Los logros en política indígena son fundamentalmente por la acción y la lucha de los mismos pueblos indígenas. Y los vestigios de la Campaña dura hasta nuestros días: pobreza, marginación, invisibilidad.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Biografía: Gral. Napoleón Uriburu (Argentina)

Gral. Napoleón Uriburu


Brígido Napoleón Jerónimo Uriburu Arenales (Salta, 8 de octubre de 1836 – Buenos Aires, 8 de septiembre de 1895), militar argentino, que participó en las guerras civiles de su país, en la Guerra del Paraguay, en la Conquista del Desierto y en la conquista del Chaco argentino. Fue también gobernador del Territorio Nacional de Formosa. Era primo de su sucesor en este cargo, José María Uriburu.



Origen familiar, nacimiento y juventud

Hijo del coronel Evaristo de Uriburu –y, por consiguiente, hermano del futuro presidente José Evaristo Uriburu– y por parte de su madre María Josefa Álvarez nieto del general Arenales. Estudió en su ciudad natal, y se enroló muy joven en el ejército provincial.
Primeras campañas[editar · editar código]

Participó en varias campañas contra los indígenas del Chaco, y combatió en la segunda campaña contra los federales de La Rioja, dirigidos por el general ”Chacho” Peñaloza en 1863. Ese mismo año, el batallón al que pertenecía fue trasladado a la provincia de Jujuy, donde los soldados se amotinaron. Uriburu los persiguió y los derrotó en Los Sauces.

En 1864 participó en la revolución con la que su familia intentó perpetuarse en el poder pero que finalmente fracasó.

En 1865 marchó a la Guerra del Paraguay como ayudante del general Wenceslao Paunero. Combatió en Corrientes, Yatay, Uruguaiana, Pehuajó, Paso de la Patria, Estero Bellaco, Tuyutí, Boqueróny Curupaytí.

Fue enviado a la guerra contra la revolución de los Colorados, últimos federales del noroeste de la Argentina, y participó en la persecución de Felipe Varela.

Las campañas del Chaco

En 1869 formó un nuevo batallón de caballería, de reclutas salteños y jujeños; con ellos, al año siguiente, cruzó toda la región chaqueña desde Jujuy hasta la costa frente a Corrientes, cruzando más de mil kilómetros por territorios sin ninguna población blanca, y abriendo nuevas picadas. Su intención fue seguir la misma ruta que habían seguido los unitarios correntinos que habían abandonado aLavalle en 1841 y regresado a Corrientes. Sometió a varios caciques tobas y wichís en su camino, y envió a la mayor parte de ellos a trabajar en las colonias agrícolas de Salta y Resistencia.[cita requerida]

Apenas regresó a Salta, fue enviado a expulsar una partida militar que había entrado desde Bolivia hasta la zona de la actual Tartagal. Durante varios años fue comandante de la frontera salteña y jujeña del Chaco, con el grado de teniente coronel.

En julio de 1875 asumió como gobernador del Territorio Nacional del Chaco, con el mayor Luis Jorge Fontana como ministro, y con sede en Villa Occidental (actual Villa Hayes, frente a Asunción, en el actual territorio paraguayo). Hizo una importante expedición al interior del territorio, venciendo a varios caciques en su campaña. Reprimió la explotación de los indios en los obrajes de la selva, en que eran tratados prácticamente como esclavos.

Se trasladó a San Fernando debido a un alzamiento general de las tribus tobas contra los obrajes; intentó mediar entre las partes, pero terminó reprimiendo brutalmente a los indígenas, durante una expedición en abril de 1876, que terminó en una matanza. [cita requerida] Mientras duraba esa expedición, algunos grupos de indígenas guerrerros atacaron el poblado de San Fernando, que resistió un sitio terrible durante semanas, hasta que Uriburu logró regresar y vencerlos. El cacique Leoncito, jefe del ataque, terminó sometiéndose.

Trasladó la capital del territorio a la isla del Cerrito, pero poco después la mudó definitivamente al pueblo de San Fernando, que —en honor a la defensa que habían hecho sus habitantes— pasó a llamarse Resistencia, y es hoy la capital de la actual provincia del Chaco.

Uriburu renunció a la gobernación en octubre de 1876.

Volvió al mando de la frontera de Salta, al fuerte Dragones, cerca de Tartagal; reorganizó y avanzó hacia el este el sistema de fortines.

Las campañas al desierto

En diciembre de 1878 fue destinado a la provincia de Mendoza, como jefe de la 4ta División del ejército que haría la Conquista del Desierto, bajo el comando supremo del general Julio Argentino Roca. Salió en abril del año siguiente de Fuerte San Martín, y barrió con sus divisiones los valles andinos del sur de Mendoza y el norte del Neuquén, llegando al límite sur que se había establecido por ley para la campaña, sobre el río Neuquén, cerca de la actual Chos Malal.

Juzgando desfavorable su posición, decidió –incluyendo a sus oficiales en su decisión, por medio de una junta de guerra– avanzar hacia el sur, rebasando el límite establecido por ley. Probó distintas ubicaciones para el campamento de su división, y atacó algunas tolderías indígenas pehuenches y ranqueles. [cita requerida] Cabe aclarar que, si bien los ranqueles eran los enemigos que eran perseguidos desde la actual provincia de La Pampa, los pehuenches no eran considerados enemigos, y su ataque no estaba justificado sino como mera conquistas sobre pueblos que nunca habían tenido conflictos con la población blanca. [cita requerida]

Al parecer, para su incursión al sur del río Neuquén había tenido autorización verbal del general Roca.

Desde allí se dirigió al valle del Río Negro, reuniéndose con el general Roca y las otras divisiones en Choele Choel. Como premio fue ascendido al grado de coronel.

Apenas llegó el general Roca a la presidencia argentina, incluyó en la zona que debía incorporarse a la Argentina a la actual provincia de Neuquén. Era la legalización de la actitud de Uriburu, y esta decisión no pretendía siquiera justificarse por los malones de los indígenas de la región pampeana, sino por la mera ambición de conquista sobre nuevos territorios. [cita requerida] En cumplimiento de esa decisión, Uruburu comandó la columna más occidental en la campaña de 1881, dirigida por el general Conrado Villegas, y que terminó junto al Lago Nahuel Huapi. Durante esta campaña capturó centenares de indios "manzaneros", de las tribus del cacique general Sayhueque. Se trataba de indígenas pacíficos, que ni siquiera participaban en el comercio de ganado robado, como los indios del norte de ese territorio, los pehuenches de los caciques Reuque Curá y Purrán. La desesperada defensa que intentaron algunos grupos indígenas llevó a nuevas matanzas. 

Últimos años

En 1882 fue destinado a la provincia de Tucumán, donde se dedicó sobre todo a apoyar al candidato presidencial Dardo Rocha, el fundador de La Plata. En 1888 fue presidente del Tribunal de Justicia Militar, y más tarde inspector de fronteras de la Patagonia oriental y del Chaco centro-meridional.

En 1890 participó en la Revolución del Parque dirigiendo varios cantones, cuya represión costó cientos de bajas a las fuerzas del gobierno. Fue dado de baja del ejército, pero al año siguiente fue beneficiado por una amnistía.

En 1891 fue nombrado gobernador del Territorio Nacional de Formosa. Dirigió una expedición contra los indígenas de su territorio.

Su último destino fue el de director del arsenal de guerra, durante la presidencia de su hermano José Evaristo Uriburu.

Murió en Buenos Aires, el 8 de septiembre de 1895, un mes antes de cumplir 57 años.

Actualmente, una avenida de la Ciudad de Formosa lleva su nombre.

Wikipedia

sábado, 10 de mayo de 2014

Biografía: Gral. José María Uriburu (Argentina)

Gral. José María Uriburu

José María Uriburu (n. Salta, 1 de noviembre de 1846 – Jujuy, 1 de marzo de 1909), militar argentino, que se destacó en la conquista de la región chaqueña. Fue también gobernador del Territorio Nacional de Formosa. Era primo de su predecesor en este cargo, Napoleón Uriburu.


Biografía

Estudió en su ciudad natal y se enroló en las milicias de su provincia en 1863. Al año siguiente formó parte de un contingente enviado a sofocar una revolución en la vecina provincia de Jujuy, pero fue tomado prisionero y estuvo a punto de ser fusilado. Participó en la Guerra del Paraguay, y combatió en peleó en las batallas de Tuyutí, Boquerón, Curupaytí y Lomas Valentinas. En 1871 participó en la luchas contra la rebelión del último caudillo federal, el entrerriano Ricardo López Jordán.

Desde 1874, con el grado de teniente coronel, prestó servicios en distintos destinos en la provincia de Salta. Al año siguiente combatió contra las montoneras santiagueñas de Taboada, que asolaban el sudeste de su provincia. Desde entonces fue uno de los jefes de la frontera sudeste, con los indios del Chaco, e hizo algunas expediciones menores entre los wichí; su principal misión era capturar familias, para forzar a los varones a entrar como peones en los ingenios azucareros y en las explotaciones forestales.

En 1880 enfrentó una revuelta, estallada en Salta en coordinación con la revolución porteña de Tejedor, y los venció en Mercedes.

En 1883 fue uno de los jefes que hizo las campañas sobre el Chaco, gran barrida que debilitó mucho a los tobas y mocovíes. De todos modos, la expedición de Uriburu estuvo centrada sobre los pacíficos wichíes, en todo el extremo oriental de Salta y el oeste de la actual provincia de Formosa. Hizo, además, exploraciones geográficas, poniendo nombres a varios puntos de la región y levantando mapas. En cierta medida, por estas exploraciones esa región – el actual departamento Rivadavia – pertenece actualmente a la provincia de Salta.

En 1893 fue nombrado Gobernador de Formosa, cargo que ejeció hasta 1897, luego fue nombrado nuevamente gobernador hasta 1901. Fue ascendido al grado de general en 1904, y puesto al mando de la 3ra. División del Ejército Argentino, con sede en Corrientes. Pasó a retiro dos años más tarde.



Gral. José María Uriburu montado en su caballo en 1898 aprox.

Bibliografía

Cutolo, Vicente, Nuevo diccionario biográfico argentino, 7 volúmenes, Ed. Elche, Bs. As., 1968-1985.
Solá, Miguel, Diccionario histórico biográfico de Salta Impr. de la Legislatura, Salta, 1964.


lunes, 20 de enero de 2014

Argentina: Un criollo británico llamado Fotheringham

Argentina e Inglaterra: cruce de influencias 
Por Rolando Hanglin | Para LA NACION 

El cruce de influencias entre la Argentina e Inglaterra ha sido muy intenso, en diversos períodos históricos. Sobre todo, entre las invasiones inglesas y la Revolución de Mayo, durante toda la gesta de San Martín, y también en tiempos de Rosas. Según el autor británico H.S. Ferns, la alianza comercial entre Inglaterra y la Argentina en el siglo XIX es la más íntima y persistente entre dos naciones en toda la historia. Ferns se basa, para su estudio "Inglaterra y Argentina en el Siglo XIX", exclusivamente en fuentes británicas relacionadas con negocios financieros, comercio de carnes, cueros y granos, inversiones, radicaciones de capital, construcción de puertos y ferrocarriles, etcétera. 

Ignacio Fotheringham es un prócer argentino nacido en Southampton, así como Juan Manuel de Rosas es un prócer argentino fallecido en Southampton, donde vivió 25 años y condujo su propia granja, la Burgess Farm de Swaithling. 

Ignacio Fotheringham es un prócer argentino nacido en Southampton, así como Juan Manuel de Rosas es un prócer argentino fallecido en Southampton. 
Ignacio Hamilton Fotheringham nació el 11 de septiembre de 1842, de familia militar. Su padre fue el coronel don Roberto Fotheringham, de actuación en la India, y su madre Inés María Huddleston. Familia católica que concurría a misa en la parroquia del R.P. Mount. Todos estos datos figuran en la obra "Memorias de un soldado" (900 páginas, dos tomos, agotado) donde Ignacio se queja francamente de su familia, en especial por el trato frío y distante. Muy al estilo británico, internaron a sus hijos en colegios de Bélgica y la propia Gran Bretaña. Siempre lejos. 

Ignacio se inicia como guardiamarina y lo envían a India Oriental. Allí se producen inconvenientes y el muchacho queda boyando, de regreso en Southampton, sin destino cierto. La muerte de su madre le brinda una pequeña herencia y el chico decide emigrar a Australia. Estaba muy solo, sin novia, amigos ni parientes, pues todos andaban diseminados por el vasto imperio británico. De modo que, a los 20 años, recorre la ciudad saludando a sus amistades para despedirse. Así es que visita a Manuelita Rosas y su marido Máximo Terrero, vecinos de la familia. 

- ¿Australia?- le dice Manuelita- ...¿Por qué no viaja a nuestro lindo país, Argentina? ¡Allí será feliz! 

Ignacio no lo piensa mucho: se embarca rumbo a Buenos Aires, con cartas de recomendación para don Carlos Keen, los señores Terrero y Dorrego (antiguos socios de Rosas) y otros hacendados británicos, que eran muchos y de gran predicamento en el país. 

¿Quién era Rosas para Ignacio Fotheringham, en aquella época? Una suerte de militar español, exilado por razones de alta política. 

El caso es que Ignacio, ya en Buenos Aires, se conchaba como puestero en el campo que había sido reducto de Rosas, "Los Cerrillos" y allí trabaja durante tres años, aprendiendo el idioma, las costumbres paisanas y las mañas de los caballos. Se hace criollo. Tanto es así que, ya en 1865, se engancha como soldado para la guerra del Paraguay. Sin saber muy bien por qué, lo hacen subteniente a los quince días. De ahí en adelante, Fotheringham sirvió durante cuarenta años al Ejército argentino. Nunca obtuvo la ciudadanía: era inglés. Combatió en la guerra del Paraguay, realizó una expedición a Leuvucó (capital de los ranqueles) con Roca en 1872, participó de la Campaña al Desierto de 1879 y fue gobernador militar del Chaco en 1894. 

Le dolía profundamente que lo llamaran gringo, y recomendó a sus hijos nunca emigrar, no ser extranjeros 
Fotheringham se casó en 1873 con Adela Ordóñez, una señorita de Río Cuarto, ciudad entonces cercada por los indios. El inglés tuvo un batallón de hijos y nietos. Viajó varias veces a Europa y a los Estados Unidos, incluso a su ciudad natal de Southampton. Se retiró en 1905. Su casa en Río IV era una quinta rodeada por las calles Alsina, General Paz, Pedernera y Sobre Monte (así, separado en dos vocablos, se escribía entonces este apellido). Actualmente, en ese solar se alza el Concejo Deliberante de la ciudad. Vivió también en una casona de la calle Tucumán (hoy Fotheringham) 176-78. Fue sede de la Comandancia de Fronteras, cargo que supo ocupar el propio Ignacio, y hoy Museo Histórico Regional. 

Fotheringham fue compañero de armas de Bartolomé Mitre, el propio Roca, Racedo, Dardo Rocha. Valiente soldado y delicado escritor, también merece el título de criollo macanudísimo. Le dolía profundamente que lo llamaran "gringo", y recomendó a sus hijos "nunca emigrar, no ser extranjeros". Cosas del destino: antes de morir en 1925, Ignacio visitó un par de veces la ciudad de Southampton y conversó con el Padre Mount, que había sido confesor de su familia y también párroco de Rosas. Cuando mencionaron a este último, Fotheringham lo calificó tal cual había oído en la Argentina antirrosista de 1863, a la que llegara diez años después de Caseros. 

- ¡Ah ese tirano sangriento!- le dijo al Padre Mount. 
Ignacio Fotheringham

- ¡Calle, no diga usted eso! El general Rosas fue uno de los hombres más bondadosos que he conocido en mi vida. 

Un poco desconcertado, Fotheringham averiguó algo más sobre Rosas. Por ejemplo, que era un sobresaliente jinete. En las cabalgatas y cacerías a que lo invitaba su amigo Lord Palmerston (ex premier inglés) asombraba con su destreza, aunque ya era hombre mayor. Cierta vez, el caballo rodó y Rosas "cayó parado" como se estilaba en el campo argentino. Digamos: el montado se le escurrió entre las piernas y él siguió caminando. Otra vez sacó el lazo del recado y enlazó a un ciervo por las astas. Detalle estrambótico: en su casa de Southampton, Rosas tenía un despachito donde escribía sus rabiosas memorias de exilado y expropiado, que nunca publicó: se sentaba en un silloncito colorado y tenía otro igual, para las visitas. Pero cuando alguien pasaba a verlo y amagaba con sentarse en el sillón, lo atajaba: "¡No por favor, no ocupe ese asiento que estoy esperando al General Urquiza!". Obviamente, Urquiza nunca llegaba. 

En su tierra adoptiva, aquel vecino de Rosas encontró el calor afectivo que es nuestro patrimonio 
Don Ignacio encontró en Río IV su hogar y formó su familia, que sin duda perdura en Córdoba. Conservó para siempre su gratitud por los Terrero, los Dorrego y Manuelita Rosas, que le dieron su primer empleo en la remota Argentina. Consideraba que Rosas debía ser analizado sin fanatismo. 

Curiosa anécdota: a los 15 años, cuando el joven Ignacio fue a despedirse de su padre para viajar a la India, armó solito su bolso y golpeó la puerta del dormitorio de "El Viejo", como él lo llamaba en criollo. 

- Me despido, padre. ¡Me voy! 

- ¡Adiós hijo, que Dios te bendiga!- respondió el padre, sin siquiera abrir la puerta para darle un abrazo. Los dos Fotheringham no volvieron a verse. 

Entendemos que la madre de Ignacio ya había muerto, por aquel entonces. Y deducimos que, en su tierra adoptiva, aquel vecino de Rosas encontró el calor afectivo que es nuestro patrimonio..