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lunes, 24 de octubre de 2016

Argentina: Chantas y mentiras en el discurso fundacional peronista

Una refutación de la leyenda peronista
Desde su origen, el partido fundado por Perón reivindicó como propias las conquistas sociales logradas a partir de mediados del siglo pasado; una mirada atenta y precisa de la realidad desmiente esta lectura

Fernando A. Iglesias - LA NACION

Han pasado 71 años del 17 de octubre original y la interpretación que se le dé sigue dividiendo aguas en la Argentina.



Han pasado 71 años del 17 de octubre original y la interpretación que se le dé sigue dividiendo aguas en la Argentina. De ella depende todavía, en gran parte, nuestra ubicación frente a la realidad nacional. Conocemos lo que sostiene el peronismo. Según la leyenda, el 17 de octubre de 1945 el subsuelo de la patria se sublevó y salió a la calle para cambiar la historia. Hubo un antes, el de la Argentina agraria y oligárquica, con su miseria general y sus derechos conculcados, y un después, signado por la obra del general Perón, al que los argentinos le debemos los derechos sociales, la mejora en los salarios y el pasaje de un país agropecuario a otro industrial.

Dejemos de lado el lado oscuro de la luna, que la leyenda no menciona. La conculcación de los derechos individuales, los diputados opositores en prisión, la obligación de afiliarse para mantener el empleo estatal, de usar crespón por la muerte de Evita y de poner fotos del General en despachos y verdulerías, las provincias no peronistas intervenidas, la red barrial de delatores, la tortura de disidentes en las comisarías, las huelgas militarizadas, los artistas presos, la sumisión del sindicalismo al Estado, el ominoso aparato de propaganda, los libros de lectura con "Amo a mi mamá y a Evita", el clientelismo distribuido con el sello "Fundación Eva Perón", la división de las familias por la primera grieta y los llamados del presidente y la jefa espiritual de la Nación a colgar opositores e iniciar hogueras en las que los cipayos y gorilas hallaran apropiada incineración. Al enemigo, ni justicia.

Pongamos el foco en los aspectos que quienes inician su discurso con "Yo no soy peronista, pero..." reconocen como méritos del peronismo: las leyes sociales, la distribución del ingreso y la Argentina industrial. Y bien, desde el fin de la crisis del 30 hasta 1945, la industria crecía al 5,6% anual, en línea con la Argentina "agropecuaria", cuya industria había crecido por 70 años al impresionante promedio del 5,5% anual. Eso permite otra perspectiva sobre el 17 de octubre, no ya como producto de la maldad oligárquica, las condiciones de vida inhumanas y el atraso productivo, sino como expresión de un país en rápida industrialización y con una clase trabajadora en alza que reclamaba, con justicia, mayores participación y derechos.

En la Argentina "industrial" que parió el peronismo, el crecimiento industrial bajaría a casi la mitad: 3% (1946-2015). Y el descenso empezó con Perón. La media 1946-1955 fue 4,9%, más baja que la de la oligarquía pastoril anterior y que la revolución fusiladora posterior: 8,8% entre 1955 y 1958. Y venía creciendo al 7,1% entre 1964 y 1974 cuando Perón volvió a la patria para evitar la desindustrialización. Así fue como Cámpora-Perón-Isabelita promediaron 1,6% anual promedio (1973-1975). ¡Hasta Menem lo hizo mejor!: 2% entre 1991 y 2001. ¿Neoliberalismo? Puede ser. Pero el siguiente peronista, Duhalde, marcó el récord desindustrializador: -10% en 2002 del "salvador de la patria", que sólo salvó al peronismo y les abrió la puerta a Néstor y la década saqueada.

Lo que el peronismo presenta como "los principios sociales que Perón ha establecido" fue fruto de una larga lucha de la sociedad argentina que contó con el apoyo de la mayoría de los partidos. El descanso dominical es de 1905, gobierno de Roca; las vacaciones pagas son de 1933 (Uriburu); la jornada de ocho horas es de Yrigoyen (1929), y la primera ley de jubilaciones fue sancionada durante el gobierno de Alvear (1924). También fueron fundamentales los aportes de los diputados socialistas. De su autoría fue la primera ley de protección del trabajo de mujeres y niños (1907, Figueroa Alcorta); la de accidentes de trabajo (1915, Sáenz Peña); la primera reglamentación del trabajo a domicilio (1918, Victorino de la Plaza), y las leyes de indemnización por despido sin causa, protección de la maternidad y licencia paga por enfermedades (1933, Uriburu).

Lejos de las pretensiones de la leyenda peronista, la legislación social argentina era la más avanzada de América latina y una de las más completas del mundo antes del peronismo. Los logros de Perón -el estatuto del peón de campo, la ampliación del sistema jubilatorio, los fueros laborales y el aguinaldo- fueron en su carácter de miembro de la dictadura militar de 1943-1946 y no hay forma de reivindicarlos sin aceptar que Perón fue un golpista. Además, eran la estrategia central de la campaña presidencial que preparaba la dictadura para perpetuarse en el poder y formaban parte de una profundización de los derechos sociales que estaba teniendo lugar en todo el mundo sin necesidad de dictaduras ni populismos.

Hasta donde sé (acepto desmentidas), no hay una sola ley social de importancia sancionada originalmente por un gobierno democrático peronista. Ampliaciones, sí. Pero las hay de todos lados, como el famoso artículo 14 bis, que es de 1957, plena revolución fusiladora.

En cuanto al fifty-fifty de distribución del ingreso peronista, tampoco es cierto. Es verdad que los días más felices fueron peronistas: en 1946-1949, 1973-1974, 1991-1994 y 2003-2007 hubo aumento de los salarios y de la participación de los trabajadores en la renta. Pero fueron platas dulces efímeras e insustentables que terminaron en crisis y planes de ajuste, como el Plan de Austeridad de Perón, de 1952. Y los mayores retrocesos de la historia también fueron peronistas. Los 6,9 puntos de participación en la renta laboriosamente ganados por el General entre 1946 y 1955 se perdieron entre 1973 y 1976 (-14,8%) gracias al Rodrigazo. Si sumamos los 10,7 puntos perdidos en el ajustazo 2002 de Duhalde y reagrupamos los datos según los tres grandes grupos políticos argentinos (peronistas, militares, radicales), el que peor lo hizo fue el peronismo.

No existe ninguna evidencia de que el peronismo haya jugado un rol a favor de la justicia social más allá de las declaraciones. El 17 de octubre de 1945, las condiciones de vida del pueblo argentino eran peores que las de hoy, pero eran las mejores de América latina; superiores, incluso, a las de países europeos como España e Italia, de los que nos seguían llegando miles de emigrantes. En cambio, hoy, miles de argentinos se han vuelto a la tierra de sus abuelos y la única inmigración que nos llega proviene de los países más pobres de América del Sur.

La pobreza argentina casi triplica la de Uruguay y la de Chile, que hasta 1945 nos miraban con admiración y envidia. Y desde entonces el peronismo ha gobernado 34 años y seis meses, tanto como los radicales y los militares juntos; con tres décadas de hegemonía ininterrumpida en manos de Perón, Menem y los Kirchner; caso único. Han gobernado, además, 24 de los 26 años transcurridos entre 1989 y 2015, y controlado sin interrupción el Senado, la mayoría de las provincias, la provincia que es casi la mitad del país, los sindicatos y la policía bonaerense, dejando un 29% de pobres después de doce años de soja por las nubes y corrupción. ¿Se harán cargo, alguna vez, de lo que les han hecho a los que decían representar y defender?

En cuanto al rol de payador perseguido que la leyenda le adjudica, el peronismo participó de todos los golpes militares del siglo XX, excepto, claro, los que se dieron contra sus gobiernos; así como de las destituciones de Alfonsín y De la Rúa, como han admitido muchos de sus dirigentes, incluida la ex presidenta de la Nación. Perón fue un conspicuo miembro del Partido Militar, con el cual participó de los golpes de 1930 y 1943, llegando a vicepresidente de aquella dictadura; recibió el ofrecimiento de la candidatura presidencial de los jefes del Ejército y ante ellos renunció en 1955, y no ante la CGT ni el Congreso. Lo que también permite ver el 17 de octubre de 1945 desde otra perspectiva; no ya como la lucha entre el pueblo y el Ejército oligárquico, sino como un enfrentamiento interno en el Ejército entre su rama elitista y su rama populista, que Perón lideraba.

El peronismo tiene, qué duda cabe, todo el derecho a abrazar su interpretación de la historia y a festejar el 17 de octubre y la leyenda, de cuyo último capítulo, el relato, acabamos de deshacernos. Por nuestra parte, quienes somos críticos del peronismo tenemos derecho a reconocer los genuinos anhelos de democratización que el peronismo generó, pero considerar, también, que los traicionó, y desde el primer día. Así como tenemos derecho a exigir que de vez en cuando los peronistas acerquen algún dato que corrobore la leyenda en vez de andar insultando a sus refutadores. Después de todo, la única verdad es la realidad, compañeros.

Ex diputado, escritor y periodista

martes, 18 de octubre de 2016

El invento del mito del 17 de Octubre

La mentira peronista del 17 de octubre
Por Nicolás Márquez - Prensa Republicana





Una vez más, nos acercamos al 17 de octubre y la delincuencia peronista en sus más diversas metástasis se prepara para celebrar una fecha talismánica con pretensiones fundacionales, en la cual (según reza el mito popular) un postergado Juan Perón salía airoso ante la “oligarquía y los poderosos” ante la espontánea peregrinación de un “pueblo” que salió a la calle a defenderlo y venerarlo.

Dejemos el relato difundido por tan innoble partido y vamos a los hechos reales.

Corría octubre de 1945, el clima político y social se tornaba efervescente puesto que en los círculos opositores a la dictadura capitaneada por el General Edelmiro Farrel y el Coronel Juan Perón, se vivía una atmósfera de euforia ante la derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial, lo cual animó a los dirigentes de los demás partidos políticos (radicales, conservadores y socialistas por igual) a presionar a las autoridades de facto (enroladas en favor del nazifascismo derrotado) para que otorguen el poder a la Corte Suprema de Justicia a fin de que el Poder Judicial administre la transición hacia elecciones democráticas y limpias. Persiguiendo este objetivo, el 19 de septiembre se llevó a cabo una histórica manifestación callejera titulada “La Marcha de la Constitución y la Libertad” que se inició en la Plaza del Congreso, en la cual se congregó cerca de medio millón de opositores que desde allí circularon hasta Plaza Francia.

El lema de los manifestantes consistente en pedir el traspaso del gobierno a la Corte Suprema de Justicia fue considerado por muchos observadores como un craso error político: “si como consigna de lucha lo de ´el gobierno a la Corte´ no era mala, como táctica política era pésima. Tratar de imponer esa solución era utópico. Ni el Ejército podía aceptar esa vergonzosa confesión de su fracaso ni la oposición disponía de poder para implantarla”[1] anotó Félix Luna.

Si bien la dictadura de Farrell y Perón intentó minimizar los alcances de la nutrida concurrencia en cuestión, sin dudas el gentío constituyó un llamado de atención para el régimen, que reaccionó declarando el Estado de sitio, encarcelando masivamente opositores y recrudeciendo la censura a la prensa. Días después, se produjeron en las universidades múltiples rebeliones estudiantiles que clamaban libertad y predicaban consignas contra el dúo gobernante, quienes de inmediato ordenaron una represión brutal (en la misma murió un niño de 10 años[2]) acompañada con arrestos generalizados que superaron los 1500 alumnos detenidos[3], episodios que consolidaron el clima de tensión y división existente.

En tanto, en el seno del gobierno, el indefinido dictador Farrell debía lidiar entre las rencillas e internismos que se presentaban entre su VicePresidente el coronel Perón y el coronel Eduardo Ávalos[4], otro hombre fuerte del régimen de gran predicamento entre la oficialidad de Campo de Mayo, que le disputaba a Perón poder e influencia política así como también encono ideológico, puesto que Ávalos no le perdonaba a Perón haber convencido a Farrell de declararle la guerra a Alemania (traicionando el espíritu de ese gobierno) a tan solo horas de rendirse.

Ávalos contaba con alto consenso dentro de las filas del Ejército (que en definitiva era la estructura institucional que gobernaba el país), pero Perón contaba con el aval de numerosos sectores sindicales que lo respaldaban con motivo de la política condescendiente que él venía desplegando desde la Secretaría de Trabajo y Previsión que él manejaba en consonancia con el Ministerio de Guerra y la mismísima Vice-Dictadura.

Durante los últimos tiempos, Ávalos se había movido con astucia en el seno del régimen militar y había logrado presionar lo suficiente a Farrell para que se deshiciera de Perón. En medio de la tensión, finalmente Perón fue forzado a renunciar intempestivamente el 9 de octubre de 1945 a todos sus cargos.

El coronel caído en desgracia, hábilmente le pidió a Farrell que le diera la oportunidad de dirigir unas palabras de despedida por radio (que Farrell ingenuamente le concedió). Perón convocó al día siguiente a los dirigentes sindicales adictos, montó una escenografía con parlantes en la entrada de la Secretaría de Trabajo, puso en duda que los beneficios sociales que él había conseguido prosiguieran en su ausencia y entre otras de sus trapisondas, como “última medida en funciones” anunció un decreto mediante el cual se aumentaban los sueldos y salarios a la vez que se implantaba el salario móvil, vital y básico[5]. Pero ocurre que para que este beneficio tuviera validez legal debía ser firmado luego por Farrell, de modo que Perón se despidió de su cargo anunciando la buena noticia salarial a su gente y encajándole el engorro al dictador. Esta picardía final de Perón colmó la paciencia de sus enemigos, que lograron convencer a Farrell de solicitar su inmediata detención.

Sin embargo, Perón se trasladó rápida y secretamente a una casa situada en una isla del Tigre, cuyo propietario era un connotado agente alemán llamado Ludwig Freude (sindicado como el representante de los capitales nacionalsocialistas en la Argentina), que era un hombre de su más estrecha confianza. Pero finalmente, el mismo régimen al que Perón había servido y pertenecido desde su inicio con tanto protagonismo y ascendencia, el 12 de octubre lo detuvo allí en el Tigre siendo arrestado en su refugio y trasladado a la cárcel de la Isla Martín García.

Es evidente que en esta puja Ávalos logró influir en Farrell a expensas de Perón, tanto es así que mientras este último estaba detenido, Farrell nombró a Ávalos como Ministro de guerra[6], cargo que justamente ocupaba Perón antes de su destitución y posterior encarcelamiento. Sostiene el historiador Robert Potash que a partir de este nuevo nombramiento: “El general Ávalos, que asumió el cargo de ministro de Guerra el 10 de octubre, se convirtió en la figura dominante del nuevo orden; pero ni su temperamento ni su experiencia anterior lo habían preparado para este papel”[7], algo que luego veremos confirmado por las vacilaciones y errores políticos que cometería durante su breve rol ministerial.

En definitiva, la detención efectuada a fin de neutralizar definitivamente la figura e influencia de Perón en el gobierno fue una maniobra torpe por parte de Ávalos y sus acólitos, porque a partir de entonces una ebullición se generó entre varios sindicalistas leales a Perón, quienes comenzaron a movilizar su gente por las calles clamando por su libertad. En tanto, desde el encierro en la isla y desorientado por la situación, muchos investigadores sostienen que Perón creía estar ante el final de su carrera, al menos así lo pone de manifiesto él mismo al escribirle una carta a su amante Eva Duarte, la cual más allá de ser encabezada con una vulgar cursilería como “mi tesoro adorado”, deja advertir a un Perón afectivo que le promete a su pretendida que ni bien él obtuviera la libertad ambos vivirán juntos en el marco de una vida despolitizada: “Hoy sé cuánto te quiero y que no puedo vivir sin vos. Esta inmensa soledad está llena de tu recuerdo. Hoy he escrito a Farrell pidiéndole que me acelere el retiro, en cuanto salgo nos casamos y nos iremos a cualquier parte a vivir tranquilos” anotó.

El tono de la carta confirmaría que Perón estuvo a punto de “tirar la toalla”[8] y no estaba en su estrategia ni en sus planes redoblar la apuesta. Sin embargo, otros observadores sostienen que Perón sospechaba que la carta sería leída y es por eso que él le imprimió un tono pacifista y cariñoso. Más aún, no faltaron quienes sostuvieron que todo esto se trató de un perfectísimo plan diseñado y calculado estratégicamente por Perón salido a la perfección, alegando que Perón habría forzado ex profeso a Farrell y a sus enemigos a echarlo del gobierno y encarcelarlo para promover luego una suerte de “operativo clamor” entre sus fieles y finalmente retornar al poder fortalecido. Sin descartar que Perón haya incurrido en alguna de sus habituales especulaciones, Juan José Sebreli brinda una explicación menos complicada de lo ocurrido a la que adherimos: “La historia no es, como pretenden los ideólogos del bonapartismo, el producto de la acción extraordinaria del Gran Hombre, el hombre del destino, el superhombre, el genio individual, la personalidad creadora, el salvador supremo. Por el contrario, muy frecuentemente los conductores de pueblos son personajes insignificantes. La biografía de Perón lo muestra como un pequeño burgués diletante, de vida sedentaria y mediocre hasta los cincuenta años, de ideas simples y estereotipadas y de gustos vulgares, box, cine de cowboys, televisión y pocas lecturas”[9]. No descartamos que Perón haya calculado por entonces algunos movimientos, pero sin dudas fueron los hechos concomitantes y la historia por su propio peso la que lo fue arrastrando a jugar los distintos papeles protagónicos que él ocupó y ejerció.

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Efectivamente, con Perón neutralizado y encarcelado, del otro lado del riachuelo bandas sindicalistas en franca rebeldía paralizaron los transportes y provocaron el cierre de fábricas exhortando y obligando a los obreros a engrosar el alcance de una movilización que clamaba la libertad del coronel. Para elevar la presión, en el seno de la CGT un sector propuso llamar a huelga general para el día 18 de octubre si la situación no se solucionaba. Vale aclarar que no toda la CGT compartía simpatía hacia Perón[10] sino que eran numerosísimos los gremios[11] que desconfiaban de él (de hecho sobre 40 votos la postura huelguista de la CGT ganó 21 contra 19), tal el caso de la Unión Obrera Local, que denunció la prepotencia de la convocatoria comunicando formalmente que “Bandas armadas del pistolero peroniano, que responden al execrable sujeto Cipriano Reyes han atacado a mansalva a obreros del frigorífico Wilson, del que resultaron numerosas víctimas”[12]. Autores como Hugo Gambini señalan que el ajustado margen de votos por el que la CGT logró proclamar la huelga para el 18 de octubre no impulsó tal medida de fuerza para liberar a Perón sino para que se garantizasen sus demandas gremiales[13], independientemente de la suerte del coronel caído en desgracia.

Hasta donde la construcción de los hechos pudo demostrar, Perón -detenido en la isla- desconocía por completo la movilización en su favor que en las calles de Buenos Aires estaban promoviendo determinados líderes sindicales afectos a su persona, la cual era facilitada y auxiliada por la Policía (que le era leal)[14] que liberó las calles y facilitó los puentes para agilizar el paso de los manifestantes. El dirigente metalúrgico Ángel Perelman, otro de los artífices de la movilización recuerda que los policías “Nos miraban, ya sea con una actitud confusa o con una vaga simpatía. La situación se aclaró de repente cuando vimos, a eso de las 15 horas, atravesar a toda velocidad, cruzando enfrente de nuestro taxi, a un camión de correos cargado de vigilantes que gritaban ante nuestra sorpresa. ¡Viva Perón!”[15].

Una vez anoticiado Perón de las auspiciosas novedades (no sólo de la movilización popular en ciernes sino de que la CGT planificaba una huelga general prevista para el 18 de octubre), simulando una supuesta dolencia pulmonar en connivencia con su médico personal (el capitán Miguel Ángel Mazza quien le diagnosticó falsamente “pleuresía”), el 16 de octubre el detenido solicitó “por recomendación médica” ser trasladado bajo custodia al Hospital Militar. Cuenta Perón que “Mazza me propuso falsear las radiografías que él tenía y que mostraban una dolencia aguda de ´hemidiafragma derecho´, de probable origen tumoral, y a continuación, elevarlas a la superioridad aconsejando mi traslado al Hospital Militar para la atención prescripta y porque la salud del enfermo en un clima tan húmedo como el de la isla era contraproducente”[16]. Farrell cayó nuevamente en la trampa y la petición de traslado del preso fue candorosamente concedida.

En medio de las manifestaciones callejeras, al enterarse de que Perón se hallaba ahora en el Hospital Militar sus prosélitos se apersonaron en las inmediaciones reclamando la presencia de su líder quien en ningún momento amagó a salir del establecimiento médico: “Durante los días más difíciles de octubre del ´45 Perón estaba todo cagado, y el 17 no se animaba a salir del hospital por temor a que lo liquidaran”[17] recuerda el inclemente Cipriano Reyes, quien fuera uno de los principales promotores y organizadores sindicales de la movilización.

Mientras tanto, el delegado político de Perón para negociar su situación con Farrell fue justamente el coronel Domingo Mercante[18] -cuya posición en las tratativas se iba fortaleciendo a medida que la muchedumbre proveniente de la zona sur del Gran Buenos Aires marchaba invadiendo la Capital porteña-. La movilización despertaba un intenso desconcierto en Farrell y Ávalos, quienes se sintieron dubitativos en todo momento. Tanto es así que hasta el Partido Comunista le propuso a sendos militares “terminar con la concentración en pocos minutos”[19] lanzando militantes armados del PC sobre las columnas peronistas, siempre que el gobierno garantizara la abstención de la policía y del Ejército en la gresca; pero la propuesta comunista fue rechazada por Farrell, quien temía que se desatase una matanza de proporciones.

¿Cuál era el papel de Eva Duarte en ese trajinado contexto? Mucho menor al que le adjudicaron luego sus hagiógrafos rentados: deambulaba por Buenos Aires con suma preocupación buscando un abogado que redactara un hábeas corpus en favor de su amante[20]. Interesa esta aclaración porque recién a partir de mayo de 1948 el aparato de propaganda de Perón fabricó el artificio incluyendo relatos de la Primera Dama recorriendo los suburbios para organizar el respaldo popular al líder preso, algo que no era cierto, pero que nadie osó discutir y entonces esa leyenda quedó grabada en la mitología urbana[21].

El 17 de octubre, las columnas de Cipriano Reyes y otros contingentes provenientes de Avellaneda, Lanús, Berisso y Ensenada comenzaron al fin a poblar la plaza. Con el correr de las horas un considerable gentío se había aunado en derredor de la Casa Rosada clamando la presencia de Perón. La presión iba en aumento y entrando la tarde, el flamante Ministro de Guerra Ávalos pretendió que Mercante le hablara a la muchedumbre en nombre de Perón a fin de tranquilizarla, pero ello fue imposible. Seguidamente, Ávalos intentó también hablarle al gentío, pero ni bien este tomó el micrófono desde el balcón de la Casa Rosada la multitud lo abucheó estruendosamente. Siendo las ocho de la noche, el desconcertado Ávalos no tuvo más remedio que acudir al Hospital Militar en donde mantuvo una reunión secreta con Perón para negociar su libertad. En la conversación se arribó a un compromiso para que Perón se dirigiera a sus acólitos desde el balcón en mensaje que además sería transmitido por la red nacional de radiodifusión. Perón había ganado definitivamente la pulseada.

Pasadas las 23hs, aparece por fin la figura de Perón en el balcón de la Casa de Gobierno para júbilo de la muchedumbre que fielmente se mantenía aunada desde muy temprano. Primeramente habló Farrell, anunció la formación de un gobierno provisorio conformado por gente leal a Perón y descartó categóricamente la entrega del gobierno a la Corte Suprema de Justicia. Seguidamente le pasó el micrófono al caudillo recién liberado, presentándolo como “el hombre que supo ganar el corazón de todos”[22] (horas antes acababa de encarcelarlo y ahora lo adulaba condicionado por las circunstancias). En medio de la ovación, Perón entre otras cosas dijo: “Hace casi dos años, desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser patriota y la de ser el primer trabajador argentino.

Hoy, a la tarde, el Poder Ejecutivo ha firmado mi solicitud de retiro del servicio activo del Ejército. Con ello he renunciado voluntariamente al más insigne honor a que puede aspirar un soldado: llevar las palmas y laureles de general de la nación. Lo he hecho porque quiero seguir siendo el coronel Perón y ponerme con este nombre al servicio integral del auténtico pueblo argentino”[23].

Perón salía fortalecido y convertido en el indiscutido hombre fuerte del régimen.

El mito peronista

¿Cuán grande fue la convocatoria del 17 de octubre? Todo indica que fue mucho más modesta que la que fabricó posteriormente la propaganda peronista. ¿Con qué objetivo el peronismo sobredimensionó luego los acontecimientos? Se reescribió el pasado a fin de pretender inventar una fecha fundacional del peronismo a modo de mito iniciático y así poder romper con la imagen de Perón como un candidato continuista del régimen militar vigente y presentarlo así en las elecciones venideras como la paradojal “alternativa” a un injusto orden vigente del que curiosamente él formaba parte desde su inauguración misma el 4 de junio de 1943.

Que con  el tiempo Perón haya logrado inventar su inicio político con “el 17 de octubre” y haya fabricado su futura candidatura presidencial como alguien “transformador” y ajeno al régimen militar fue una de sus tantas e innegables habilidades personales al servicio del timo político e historiográfico, puesto que su condición de candidato y garante de la continuidad de la dictadura militar fue confesada por él mismo años después: “Llegado al salón, el general Ávalos, en presencia del presidente y de todos los jefes, se cuadró a mi frente y me dijo más o menos estas palabras. ´coronel Perón, pensando en la continuidad de la revolución (…) hemos pedido al señor presidente que se tomen las medidas para que usted pueda ser el candidato de la futura presidencia´” a lo que Perón respondió de esta sacrificada manera: “señores, me cargan ustedes con una enorme responsabilidad, pero si ello es el sentir del Ejército, aceptaré una vez más, porque como soldado me debo a la Patria y a la Institución”[24].

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Que por entonces el 17 de octubre no tuvo la resonancia ni la movilización que el folklore peronista agigantó con posterioridad lo confirman, entre otras cosas, el hecho de que no se registran tomas fílmicas ni fotográficas que revelen la supuesta grandilocuencia de la convocatoria. El cinematógrafo Leonardo Favio, conocido fundamentalista de Perón  confesó que las imágenes que aparecen respecto del 17 de octubre en su filme “Perón, Sinfonía del Sentimiento” (saga suya de cinco documentales plagada de sensiblerías y groseras falsedades destinada al vulgo en la pretensión de exaltar la figura de Perón) provienen de manifestaciones posteriores, puesto que no hay filmación alguna en el Archivo General de la Nación sobre ese santificado día. Una de las muy pocas y pintorescas postales que se han registrado de esa fecha, fue la toma de un puñado de hombres en camisa con los pantalones arremangados refrescando sus pies descalzos en una fuente de la Plaza de Mayo, imagen que fue considerada un escándalo para una sociedad porteña que a la sazón vestía traje y galera hasta para asistir a las canchas de fútbol.

Para los periódicos de la CGT aparecidos la semana siguiente al 17 de octubre no había sido una jornada especial ya que ni siquiera se publicaron fotos,[25] y los tres diarios tradicionales en sus portadas sólo informaron al día siguiente acerca del cambio de Gabinete dispuesto por Farrell y nada decían de la concentración en Plaza de Mayo. El diario La Nación dispuso en su tapa: “Luego de inquieta jornada fue anunciado anoche que se formará un nuevo gabinete”; el diario La Prensa tituló: “El presidente de la Nación anunció anoche las renuncias de los ministros de Guerra y Marina” y Clarín, con tono sensacionalista encabezó: “Una jornada dramática vivió ayer Buenos Aires”[26].

En rigor, la más certera y oportuna crónica respecto de lo sucedido supo brindarla el 18 de octubre (al día siguiente de los hechos) la revista estadounidense The Times, al titular su publicación con una concisa y rotunda frase: “Todo el poder a Perón”.

Desafortunadamente le asistía toda la razón a la citada publicación extranjera. Por entonces la Argentina era la sexta potencia mundial y a partir del 17 de octubre de 1945 se entró en un irrefrenable descenso del cual jamás pudo recuperarse…

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[1] LUNA, FÉLIX: “El 45, Crónica de un año decisivo”; Bs.As, 1969, págs. 303-331. Citado en: Enrique Díaz Araujo, “La Conspiración del 43´. El GOU, una experiencia militarista en la Argentina”. Ediciones La Bastilla; Bs.As, 1969, pág. 299.

[2] PAGE, JOSEPH A: “Perón, una Biografía”. Sudamericana de Bolsillo; 1ª edición, 2005, pág.140.

[3] Conforme Hugo Gambini, en  “Historia del peronismo, el poder total (1943-1951)”. Ediciones B, Argentina, Tomo 1, año 2007. Pág. 32.

[4] Eduardo Jorge Ávalos (nacido en Buenos Aires 22 de abril de 1892 y murió en Buenos Aires el 17 de mayo de 1971.) fue un militar argentino que desempeñó un papel importante en la Revolución del 43 (1943-1946). Teniendo grado de coronel se sumó como uno de los líderes del Grupo Obra Unificación o Grupo de Oficiales Unidos (GOU) reclutado por el entonces Coronel Juan D. Perón en julio de 1943. Se desempeñó como jefe de la guarnición de Campo de Mayo durante el gobierno del General Pedro Pablo Ramírez (1943-1944) y luego Ministro de Guerra hasta los hechos del 16 y 17 de octubre de 1945.

GAMBINI, HUGO: “Historia del peronismo, el poder total” (1943-1951). Ediciones B Argentina, Tomo 1, año 2007,pág. 34.

[6] PAGE, JOSEPH A: “Perón, una Biografía”. Sudamericana de Bolsillo; 1ª edición, 2005, pág. 147

[7] POTASH, ROBERT A: “El Ejército y la Política en la Argentina (I) 1928 – 1945. De Yrigoyen a Perón”. Hyspamérica; Bs.As, 1985, pág.387.

[8] Expresión deportiva propia del mundo boxístico que simboliza abandonar la pelea.

[9] SEBRELI, JUAN JOSÉ: “Los deseos imaginarios del peronismo”. Ed. Legasa; Bs.As, 1983, pág. 29

[10] Sólo apoyaban a Perón los dirigentes del comité confederal de la CGT que habían colaborado con él, los cuales a su vez contaban con la colaboración de la Federación de Empleados de Comercio que respondía a Angel Borlenghi, de la Unión Tranviarios dirigida por Valentín Rubio y del Sindicato de la Carne de Berisso que tenía en Cipriano Reyes a uno de sus “activistas”.

[11] A la sazón no apoyaban a Perón un sinfín de gremios tales como la Unión de Empleados de Comercio e Industria, el gremio ferroviario La Fraternidad, la federación Obrera de la Carne, Federación Gráfica Bonaerense, la Unión Obrera local, la Unión Obrera Textil, Sindicato autónomo de Luz y Fuerza, Federación Obrera Nacional de la Construcción, Unión Obrera textil, Obreros de las Barracas de la Capital federal, Lavaderos de Lanas y Anexos, sindicato de Choferes de Camiones y Afines y muchísimas otras entidades más de similar envergadura. Esta incompletísima nómina confirma que la disidencia a Perón no estaba conformada por un sector marginal del sindicalismo sino por numerosos gremios representativos.

[12] ORONA, JUAN V: “La dictadura de Perón, Colección Ensayos Políticos Militares”. Tomo IV. Talleres Gráficos Zlotopioro; Bs.As.1970, pág. 20.

[13] GAMBINI, HUGO: “Historia del peronismo, el poder total” (1943-1951). Ediciones B Argentina, Tomo 1, año 2007, pág. 69.

[14] Años después fue el propio Perón quién le agradecerá a la mismísima Policía Federal (creada en diciembre de 1943 por el gobierno del GOU) por los servicios prestados ese histórico 17 de octubre: “Que sea esta hora histórica cara a la República y cree un vínculo de unión que haga indestructible la hermandad entre el Pueblo, el Ejército y la Policía” dijo Perón desde los balcones del 17 de octubre. Citado en Juan José Sebreli, los deseos imaginarios del peronismo” Ed. Legasa, BsA, 1983, pág. 31.

[15] Citado en Hugo Gambini, “Historia del peronismo, el poder total” (1943-1951). Ediciones B, Argentina, Tomo 1, año 2007, pág. 66.

[16] PAVÓN PEREYRA, Enrique: “Yo Perón…”  Editorial M.I.L.S.A. Argentina, 1993, pág.180

[17] Citado en: Hugo Gambini, “Historia del peronismo, el poder total” (1943-1951). Ediciones B, Argentina, Tomo 1, año 2007, pág 90.

[18] “Mercante se había portado como un león” recordará Perón sobre esas jornadas. Citado en:. Enrique Pavón Pereyra, “Yo Perón”.  Editorial M.I.L.S.A. Argentina, 1993. pág.181.

[19] GAMBINI, HUGO: “Historia del peronismo, el poder total” (1943-1951). Ediciones B Argentina, Tomo 1, año 2007, pág. 72.

[20] Entre los abogados visitados por Eva Duarte se encontró Juan Bramuglia (futuro Canciller de Perón), quien por razones políticas y de prudencia se negó a interponer un hábeas corpus, gesto que Eva jamás le perdonó.

[21] Ver: MERCADO, SILVIA: “El Inventor del Peronismo: Raúl Apold, el cerebro oculto que cambió la política argentina”. Ed. Planeta; 2013, pág. 140.

[22] PAGE, JOSEPH A: “Perón, una Biografía”. Sudamericana de Bolsillo; 1ª edición, 2005, pág164

[23] Al culminar el evento con el discurso triunfal de Perón, tras la dispersión de la concurrencia se produjo una gresca en las proximidades del diario Crítica, en donde un grupo peronista pretendió destrozar a piedrazos sus instalaciones. Se produjo entonces un tiroteo del cual resultaron varios heridos y hubo un muerto de 17 años llamado Darwin Pasaponti, que era un activista de la Alianza Libertadora Nacionalista.

[24] Bill de Caledonia, ¿Dónde estuvo?, Buenos Aires, S/E S/F, pág 11 y 12. Citado en Juan José Sebreli, “Los deseos imaginarios del peronismo” Ed. Legasa, Bs.As, 1983, pág. 77

[25] MERCADO, SILVIA: “El Inventor del Peronismo: Raúl Apold, el cerebro oculto que cambió la política argentina”. Ed. Planeta; 2013, pág. 139

[26] Citado en Hugo Gambini, “Historia del peronismo, el poder total” (1943-1951). Ediciones B, Argentina, Tomo 1, año 2007, págs. 80 y 81.

martes, 13 de septiembre de 2016

Guerra Polaco-Soviética: Las acciones militares

Guerra Polaco-Soviética
Parte II

Desarrollo de la guerra 

1919 
 
Póster de propaganda soviética. El texto traducido dice: "Así es como acaban las ideas de los terratenientes." 

 
Póster de propaganda polaca mostrando la caballería polaca y un soldado bolchevique con una gorra con la estrella roja. El texto dice: "Combate al bolchevique". 

En 1918 el ejército alemán en el este comenzó a retirarse hacia el oeste. Las zonas abandonadas por las Potencias Centrales se convirtieron en lugar de conflicto entre los gobiernos locales creados por Alemania, otros gobiernos locales que surgieron tras la retirada alemana y los bolcheviques, que esperaban incorporar esas zonas a la Rusia Soviética. 
El 18 de noviembre de 1918, el Comando Supremo Soviético envió órdenes al Ejército del Oeste del Ejército Rojo para asegurar todo el territorio posible con los pocos recursos disponibles en ese frente; sin embargo, como la operación fue denominada 'Objetivo Vístula' esto causó mucha preocupación entre los polacos. 
A comienzos de 1919, la lucha comenzó casi por accidente y sin ninguna orden de los respectivos gobiernos, cuando improvisadas unidades militares polacas organizadas en Vilna (Wilno) chocaron con fuerzas de la República Socialista Soviética Lituano-Bielorrusa, cada una intentando asegurar los territorios para sus propios gobiernos. Finalmente, las fuerzas soviéticas (mejor organizadas) acabaron con la mayoría de la resistencia y empujaron a las restantes fuerzas polacas hacia el oeste. Al mismo tiempo, más y más unidades polacas de autodefensa se dispersaban a través de Bielorrusia occidental y Lituania, y una serie de escaramuzas a nivel local estallaron entre éstas y grupos pro-comunistas operantes en la zona. El recién organizado Ejército Polaco comenzó a enviar las primeras de sus unidades al este para asistir a las fuerzas de autodefensa, mientras los rusos trasladaban sus propias unidades al oeste. 
En la primavera de 1919, el Ejército Rojo estaba metido de lleno en la guerra civil, de manera que pocos efectivos fueron enviados al oeste. En febrero de 1919, el ejército polaco sumaba 110.000 hombres y en septiembre llegaba a 540.000 hombres en armas, 230.000 de ellos en el frente soviético. 
Al mismo tiempo las fuerzas polacas habían avanzado hacia el este. Para el 14 de febrero las primeras unidades organizadas polacas establecieron contacto con las unidades avanzadas del Ejército Rojo; las unidades soviéticas se retiraron sin disparar un solo tiro. Una línea fronteriza comenzó a formarse lentamente desde Lituania a través de Bielorrusia hasta Ucrania. 
El primer enfrentamiento armado serio de la guerra tuvo lugar entre el 14 y el 16 de febrero en Bielorrusia. A finales de febrero el avance soviético se había detenido. Ambos bandos estaban también combatiendo contra los ucranianos, y las revueltas estaban creciendo en los territorios de los Países Bálticos. 
A principios de marzo de 1919, unidades polacas lanzaron una ofensiva cruzando el río Niemen, tomaron Pinsk y alcanzaron las afueras de Lida. Ambos contendientes empezaron a avanzar al mismo tiempo en abril, desembocando en un aumento del número de tropas en la zona. El Ejército Rojo, incapaz de alcanzar sus objetivos y encarando poderosas ofensivas de las fuerzas Blancas, se retiró de sus posiciones y fue reorganizado. 
Las fuerzas polacas expulsaron al gobierno de la República Socialista Soviética Lituano-Bielorrusa de su capital, Vilna (Wilno), el 19 de abril. El 8 de agosto ocuparon Minsk. Para el 2 de octubre, habían alcanzado el río Daugava y asegurado la región desde el Desna hasta Daugavpils (Dyneburg). 
Hasta comienzos de 1920, la ofensiva polaca fue bastante exitosa y, al mismo tiempo, la guerra civil rusa se endurecía, lo que daba mayor ventaja todavía a los polacos. A principios del verano de 1919, el Movimiento Blanco tomó la iniciativa, y sus fuerzas avanzaron hacia Moscú. Piłsudski vio a los soviéticos menos peligrosos para Polonia que a sus contrincantes y rechazó unirse al ataque contra el gobierno de Lenin, ignorando las fuertes presiones de la Triple Entente. Al mismo tiempo Lenin ofreció a los polacos los territorios de Minsk, Zhytomyr, Khmelnytskyi, en lo que fue descrito como un "miniBrest", y el líder militar polaco Kazimierz Sosnkowski escribió que las ofertas territoriales rusas eran mucho mejores de lo que los polacos deseaban. 
Varias tentativas de negociaciones de paz fueron hechas por diversas facciones polaco-rusas, pero todas resultaron inútiles: las relaciones polaco-lituanas habían empeorado y los negociadores polacos hicieron progresos con el Gobierno provisional letón. 
El principal éxito diplomático polaco fue el acuerdo con el exiliado líder nacionalista ucraniano Symon Petlyura, un Tratado de Varsovia que fue firmado el 21 de abril de 1920. Petlyura, quien formalmente representaba al gobierno de la República del Pueblo de Ucrania, que para entonces ya había sido derrotada de facto por los soviéticos, huyó a Polonia junto con algunas fuerzas ucranianas, donde encontró asilo. Para Piłsudski, esta alianza fue un importante paso en su campaña para la legitimación de la federación Międzymorze como un esfuerzo conjunto internacional, asegurando parte de la frontera oriental polaca y allanando el camino para un Estado títere ucraniano, dominado por Polonia, entre Rusia y Polonia. Para Petlyura, esto constituyó otra oportunidad de preservar el Estado y, al menos, la independencia formal del territorio nacional ucraniano, incluso aceptando la pérdida de territorios de Ucrania Occidental en favor de Polonia. 
La alianza con Petlyura aportó 15.000 soldados aliados ucranianos al comienzo de la campaña, que sumados al reclutamiento y la deserción del lado soviético, aumentaron a 35.000 el número de soldados ucranianos aliados. 

1920 
A comienzos de 1920, las fuerzas soviéticas habían conseguido bastantes triunfos contra los ejércitos Blancos.10 El frente polaco se convirtió en su teatro de operaciones más importante y la mayoría de los recursos y fuerzas soviéticas fueron desviados hacia él. Los comandantes soviéticos de la inminente ofensiva del Ejército Rojo incluían a Mijaíl Tujachevski (nuevo comandante del frente Occidental), a León Trotsky, al futuro dictador soviético Iósif Stalin y al futuro fundador de la policía secreta Cheka, Felix Edmundovich Dzerzhinsky. El Ejército Polaco estaba compuesto de soldados que antiguamente habían servido en varios imperios particionados, apoyados por algunos voluntarios internacionales. El 20 de agosto de 1920, el ejército polaco había alcanzado un total de 737.000 hombres, contra 950.000 del lado soviético, con lo que había más o menos igualdad numérica entre ambos ejércitos. 
El Alto Mando soviético planeó una nueva ofensiva para finales de abril o mayo. Desde marzo de 1919, la inteligencia militar polaca estaba advertida de que los soviéticos se estaban preparando para una nueva ofensiva, y el Alto Mando polaco se decidió a lanzar la suya propia antes de que lo hicieran sus oponentes.11 12 El plan para la Ofensiva de Kiev era destrozar al Ejército Rojo en el flanco sur polaco e instalar un gobierno de Petlura amistoso para con los polacos en Ucrania.[11] 


La ofensiva polaca de Kiev en su máximo avance. Junio de 1920. 

Hasta abril, las fuerzas polacas habían estado avanzando lenta pero constantemente hacia el este. Para marzo, las fuerzas polacas habían establecido una cuña entre las fuerzas soviéticas del norte (Bielorrusia) y el sur (Ucrania). El 24 de abril Polonia comenzó su principal ofensiva, la Ofensiva de Kiev. Su objetivo era la creación de una Ucrania independiente11 que pudiese llegar a formar parte del proyecto de Piłsudski de una federación Międzymorze. Los 65.000 soldados polacos fueron apoyados por 15.000 ucranianos bajo el mando de Symon Petlyura, representando la República Popular Ucraniana. Sin embargo, muchos ucranianos eran tan antipolacos como antirrusos,[13] y obstaculizaron el avance polaco,[11] que muchos vieron como una nueva forma de ocupación. Aun así los ucranianos también lucharon activamente contra la invasión polaca en formaciones ucranianas del Ejército Rojo.14 Las fuerzas combinadas polaco-ucranianas entraron en una Kiev evacuada el 7 de mayo, encontrando sólo una resistencia aislada.[11] 
El empuje militar polaco fue cortado por contraataques del Ejército Rojo el 29 de mayo.3 En el norte, el I Ejército Polaco fue derrotado y obligado a retirarse, perseguido por el XV Ejército Ruso. Las fuerzas polacas intentaron tomar ventaja de los expuestos flancos de los atacantes ,pero las rodeadas fuerzas no pudieron detener el avance soviético. A finales de mayo, el frente se había establecido cerca del pequeño río Auta, y las fuerzas soviéticas comenzaron a prepararse para el siguiente empuje. 
El 24 de mayo de 1920, las fuerzas polacas en el sur entablaron combate por primera vez con el famoso I Ejército de Caballería ruso (Konarmia) de Semyon Budyonny, que rompió el frente polaco-ucraniano el 5 de junio.3 Para el 10 de junio, los ejércitos polacos se encontraban en retirada a lo largo de todo el frente. El 13 de junio, el ejército polaco, junto con las tropas ucranianas de Petlyura, abandonaban Kiev al Ejército Rojo. 


La ofensiva soviética tiene éxito. Principios de agosto de 1920. 

El comandante del III Ejército Polaco en Ucrania decidió atravesar la línea soviética hacia el noroeste. Las fuerzas polacas en Ucrania consiguieron retirarse relativamente indemnes, pero fueron incapaces de apoyar al frente norte y reforzar las defensas en el río Auta para la decisiva batalla que pronto tendría lugar allí.[15] 


Soldados polacos entran en Kiev el 7-5-1920. 

Debido a los insuficientes efectivos, el frente polaco de 322 km de largo era defendido por una delgada línea de 120.000 hombres apoyados por unas 460 piezas de artillería sin reservas estratégicas. El frente oriental polaco estaba débilmente establecido, apoyado por artillería inadecuada y casi sin fortificaciones.[15] 
El Ejército Rojo agrupó su Frente Noroeste, liderado por el joven general Tujachevski, contra la línea polaca. Disponía de más de 108.000 soldados de infantería y 11.000 de caballería, apoyados por 722 piezas de artillería y 2.913 ametralladoras. Los rusos aventajaban a los polacos en algunos puntos cruciales en proporciones de hasta 4 contra 1.[15] 
Mijaíl Tujachevski lanzó su ofensiva el 4 de julio, a lo largo del eje Smolensk-Brest-Litovsk, cruzando los ríos Auta y Berezina.3 El 3° Cuerpo de Caballería situado al norte y al mando de Gayk Bzhishkyan (Gay Dmitrievich Gay, Gaj-Chan) cercó a las fuerzas polacas desde el norte, moviéndose cerca de la frontera lituana y prusiana. Los Ejércitos IV, XV y III avanzaron decididamente hacia el oeste, apoyados desde el sur por el XVI ejército y el Grupo Mozyrska. Por tres días el resultado de la batalla pendió de una balanza, pero la superioridad numérica rusa probó ser decisiva y para el 7 de julio las fuerzas polacas estaban en completa retirada a lo largo de todo el frente. No obstante, el plan de Tujachevski de romper el frente y empujar a los defensores hasta los pantanos de Pinsk fracasó.[15] 
La resistencia polaca se formó de nuevo en base a una línea de "trincheras alemanas", una sólida línea de fortificaciones de campaña de la Primera Guerra Mundial, que presentaba una oportunidad de frenar la ofensiva rusa. Sin embargo, las tropas polacas eran numéricamente insuficientes. Las fuerzas soviéticas eligieron una parte débilmente defendida del frente y penetraron por ella. A principios de julio, les resultaba evidente a los polacos que los objetivos rusos no se limitaban a empujar la frontera al oeste. La independencia de Polonia estaba en juego.[16] 
Las fuerzas rusas avanzaron a la destacable velocidad de 30 km al día. Tras cruzar el río Narew el 2 de agosto, el Frente Noroeste ruso estaba sólo a unos 100 km de Varsovia.3 La fortaleza de Brest-Litovsk, que iba a ser el cuartel general de la planeada contraofensiva polaca, cayó en manos del XVI Ejército al primer ataque. El Frente Suroeste ruso había desalojado a las fuerzas polacas de Ucrania y se acercaba a Zamość y Leópolis, la mayor ciudad del sureste de Polonia y un importante centro industrial, defendida por el VI Ejército polaco. El camino a la capital polaca parecía abierto. Leópolis fue pronto asediada, y cinco ejércitos rusos se aproximaban a Varsovia. Mientras tanto, los políticos polacos clamaban por asegurar una paz con Moscú bajo cualquier condición, pero los soviéticos rehusaron.[17] 
Por otro lado, las fuerzas polacas en Galicia cerca de Leópolis lanzaron con éxito una contraofensiva para retrasar a los soviéticos, que permitió detener la retirada de las fuerzas polacas del frente sur. Sin embargo, la preocupante situación cerca de Varsovia evitó que los polacos continuaran su contraofensiva en el sur y avanzasen al este. Tras la captura soviética de Brest, la ofensiva polaca en el sur fue detenida, y todas las fuerzas disponibles fueron desplazadas al norte para tomar parte en la inminente batalla por Varsovia. 
Con la situación volviéndose contra Polonia, el poder político de Piłsudski se debilitó, mientras que crecía el de sus oponentes, incluyendo el de Roman Dmowski. En la escena política polaca había comenzado a cundir el pánico, con el gobierno de Leopold Skulski dimitiendo a principios de junio. 
Mientras, la confianza de los líderes soviéticos aumentaba.18 Por orden del Partido Comunista Soviético, un gobierno títere polaco, el Comité Revolucionario Polaco Provisional (en polaco: Tymczasowy Komitet Rewolucyjny Polski, TKRP), se había formado el 28 de julio en Białystok para organizar la administración de los territorios polacos capturados por el Ejército Rojo.11 El TKRPP tenía muy poco apoyo de la población polaca y reclutaba sus apoyos mayormente entre los judíos.13 Adicionalmente, las intrigas políticas entre los comandantes soviéticos crecieron de cara a su inminente victoria. Finalmente la falta de cooperación entre los comandantes de alto mando les saldría caro en la decisiva batalla de Varsovia. 


El general Józef Haller (tocando la bandera) y su Ejército Azul. 

La opinión pública occidental era fuertemente prosoviética. El Primer Ministro británico presionó a Polonia para firmar la paz en los términos soviéticos y rehusó dar ninguna ayuda a Polonia que pudiese favorecer a los Blancos en la guerra civil rusa. El 11 de julio de 1920, el gobierno de Gran Bretaña envió un ultimátum de facto a los soviéticos.19 Se les instaba al cese de hostilidades con Polonia y el Ejército Blanco Ruso (el Ejército Blanco en Rusia Meridional liderado por el Barón Wrangel) y a aceptar lo que más tarde sería llamada la línea Curzon como frontera temporal con Polonia, hasta que una frontera permanente pudiese ser establecida mediante negociaciones.11 En caso de rechazo soviético, los británicos amenazaban con ayudar a Polonia de todas las formas posibles, las cuales, en realidad, estaban limitadas por la situación política interna del Reino Unido. El 17 de julio, los soviéticos rehusaron11 e hicieron una contraoferta para negociar un tratado de paz directamente con Polonia. Los británicos respondieron amenazando con cortar las negociaciones comerciales si los soviéticos lanzaban más ofensivas contra Polonia, pero sus amenazas fueron ignoradas. El 6 de agosto de 1920, el Partido Laborista británico publicó un panfleto afirmando que los trabajadores británicos nunca tomarían parte en la guerra como aliados de Polonia, y los sindicatos bloquearon los suministros a la fuerza expedicionaria británica que ayudaba a los Rusos Blancos en Arcángel. 
La postura de Lituania era mayormente antipolaca, y el país se había unido al bando soviético en julio de 1919. La decisión fue dictada por el deseo de incorporar la ciudad de Vilna (en lituano, Vilnius) y las áreas cercanas en Lituania y, en menor grado, por la presión diplomática soviética, soportada por la amenaza del Ejército Rojo estacionado en las fronteras lituanas.[15] 


Defensas polacas en Miłosna, cerca de Varsovia, 1920. 

Los aliados de Polonia eran escasos. Francia envió 400 consejeros militares para apoyar a Polonia en 1919, mayormente oficiales franceses, aunque también incluía unos pocos consejeros británicos al mando del teniente general Sir Adrian Carton De Wiart. El esfuerzo francés era vital para mejorar la organización y logística del Ejército Polaco, el cual, hasta 1919, había usado diversos manuales, estructuras organizativas y equipamiento tomado sobre todo de los ejércitos de los antiguos particionistas de Polonia. Adicionalmente a los consejeros, Francia también facilitó el tránsito a Polonia desde Francia del "Ejército Azul" en 1919: tropas mayoritariamente de origen polaco, junto a algunos voluntarios internacionales, antiguamente bajo mando francés en la Primera Guerra Mundial. Hungría se ofreció a enviar un cuerpo de caballería de 30.000 hombres como ayuda a Polonia, pero el gobierno checoeslovaco se negó a permitirles el paso; algunos trenes con suministros militares de Hungría llegaron, sin embargo, a Polonia. 
A mediados de 1920, la misión aliada aumentó con algunos consejeros (convirtiéndose en la Misión Interaliada a Polonia). Los nuevos miembros de la misión sirvieron de poco; de hecho, la crucial Batalla de Varsovia se luchó y ganó por la parte polaca antes de que la misión pudiese retornar y hacer su informe. Sin embargo, durante muchos años persistió el mito de que fue la oportuna llegada de las fuerzas aliadas las que salvaron a Polonia, un mito en el que Weygand ocupaba el papel central.11 20 No obstante, la cooperación polaco-francesa continuó. Finalmente, el 21 de febrero de 1921, Francia y Polonia formaron una alianza militar formal,21 que llegaría a ser un factor importante durante las subsiguientes negociaciones sovietico-polacas. 


Soldados polacos mostrando banderas de guerra soviéticas capturadas tras la Batalla de Varsovia. 

El 10 de agosto de 1920, las unidades cosacas rusas cruzaron el río Vístula, planeando tomar Varsovia desde el oeste, mientras el ataque principal venía del este. El 13 de agosto, un primer ataque ruso fue rechazado. El I Ejército polaco resistió un asalto sobre Varsovia a la vez que detenía el asalto a Radzymin.3 
El comandante en jefe soviético, Mijaíl Tujachevski, estaba seguro de que todo estaba yendo de acuerdo a su plan. Sin embargo, la inteligencia militar polaca había descifrado los mensajes de radio del Ejército Rojo,22 23 24 y Tujachevski estaba yendo directamente hacia una trampa tendida por Piłsudski y su jefe de Estado Mayor Tadeusz Rozwadowski.11 El avance ruso a través del Vístula en el norte se estaba moviendo entre un vacío operacional, al no haber fuerzas polacas de consideración en el área, mientras que, por otra parte, al sur de Varsovia, donde el destino de la guerra se estaba decidiendo, Tujachevski había dejado sólo fuerzas simbólicas para guarnecer el vínculo vital entre los frentes rusos noroeste y suroeste. Otro factor que influyó en el resultado de la guerra fue la neutralización efectiva del I Ejército de caballería de Budionny, en las batallas alrededor de Lviv. El alto mando soviético, ante la insistencia de Tujachevski, había ordenado al I Ejército de caballería avanzar al norte hacia Varsovia y Lublín, pero Budionny desobedeció la orden debido a diferencias entre Tujachevski y Yegorov, comandante del frente sudoeste. Además, los juegos políticos de Iósif Stalin, comisario político jefe del frente sudoeste, influyeron en la desobediencia de Yegorov y Budionny.25 Stalin, buscando un triunfo personal, se concentró en capturar Leópolis —lejos al sudeste de Varsovia— que estaba siendo sitiada por fuerzas soviéticas, pero que aún resistía sus asaltos.15 
El V Ejército polaco contraatacó el 14 de agosto desde el área de la fortaleza de Modlin, cruzando el río Wkra. Se enfrentó a las fuerzas combinadas de los numérica y materialmente superiores III y XV Ejércitos soviéticos. En un día, el avance soviético hacia Varsovia y Modlin había sido frenado y pronto se convirtió en una retirada. El V Ejército polaco empujó a las exhaustas formaciones soviéticas lejos de Varsovia en una operación relámpago. Las fuerzas polacas avanzaron a una velocidad de 30 km diarios, destruyendo cualquier esperanza soviética de completar su maniobra envolvente en el norte. Para el 16 de agosto, la contraofensiva polaca se había completado con la unión del "Ejército de Reserva" del mariscal Piłsudski. Ejecutando su plan, la fuerza polaca que avanzaba desde el sur, encontró un hueco en el frente ruso y explotó la debilidad del "Grupo Mozyr" soviético, que se suponía debía proteger el frágil vínculo entre los frentes soviéticos. Los polacos continuaron su ofensiva hacia el norte con dos ejércitos persiguiendo y destruyendo al sorprendido enemigo. Alcanzaron la retaguardia de las fuerzas de Tujachevski, la mayoría de las cuales estaban cercadas para el 18 de agosto. Sólo ese mismo día Tujachevski, en su cuartel general en Minsk 480 km al este de Varsovia, se dio cuenta de las proporciones de la derrota soviética y ordenó a los restos de sus fuerzas retirarse y reagruparse. Esperaba reforzar su línea de frente, frenando el ataque polaco y recuperando la iniciativa, pero sus órdenes llegaban demasiado tarde o simplemente no llegaban.15 
Los ejércitos soviéticos en el centro del frente se precipitaron en el caos. Tujachevski ordenó una retirada general hacia el río Bug, pero para entonces había perdido contacto con la mayor parte de sus fuerzas cerca de Varsovia, y todos los planes soviéticos se habían ido a pique debido a fallos de comunicación.[15] 
Los ejércitos soviéticos se retiraron en una completa desorganización; divisiones enteras presas del pánico y desintegrándose. La derrota del Ejército Rojo fue tan grande e inesperada que, a instigación de los detractores de Piłsudski, la Batalla de Varsovia es a menudo referida como el "Milagro en el Vístula". Por otra parte, investigaciones actuales en Polonia han concluido que el "Milagro en el Vístula" fue causado por una gran red de espías polacos en el Ejército Rojo, que permitieron a Piłsudski saber de todos los movimientos del Ejército Rojo, mientras que los soviéticos quedaban en una profunda oscuridad informativa. 
El avance del I Ejército de Caballería de Budyonnyhacia Leópolis fue detenido, primero en la batalla de Brody (29 de julio - 2 de agosto),[3] y posteriormente el 17 de agosto en la Batalla de Zadwórze. Moviéndose a través de zonas débilmente defendidas, la caballería de Budyonny alcanzó la ciudad de Zamość el 29 de agosto e intentó tomarla en la batalla de Zamość;[3] sin embargo, pronto se vio frente a un incesante número de unidades polacas desviadas de la exitosa contraofensiva de Varsovia. El 31 de agosto, la caballería de Budyonny finalmente levantó su sitio a Leópolis e intentó acudir en ayuda de las fuerzas rusas en retirada de Varsovia. Los soviéticos fueron interceptados y aniquilados por la caballería polaca en la Batalla de Komarów cerca de Zamość. Aunque el ejército de Budionny consiguió evitar el cerco, sufrió fuertes bajas y su moral se hundió.[3] Los restos del I Ejército de Caballería de Budionny se retiraron hacia Volodymyr-Volynskyi el 6 de septiembre3 y fueron derrotados poco después en la Batalla de Hrubieszów. 
Tujachevski consiguió reorganizar sus fuerzas en retirada hacia el este y en septiembre estableció una nueva línea defensiva desde la frontera polaco-lituana en el norte al área de Polesie, con su punto central en la ciudad de Grodno en Bielorrusia. Para romper su frente, el ejército polaco tuvo que librar la Batalla del Río Niemen. Fuerzas polacas cruzaron el Niemen y flanquearon a las fuerzas soviéticas, que fueron forzadas a retirarse de nuevo.[3] Las tropas polacas continuaron avanzando hacia el este en todos los frentes,3 repitiendo sus éxitos del año anterior. Después de la Batalla del Río Szczara de principios de octubre, el ejército polaco alcanzó la línea Ternopil-Dubno-Minsk-Drisa. 


Trinchera de la Batalla del Río Niemen. 

En el sur, las fuerzas ucranianas de Petlyura derrotaron al XIV Ejército soviético y el 18 de septiembre tomaron posesión de la orilla izquierda del río Zbruch. Durante el siguiente mes se movieron hacia el este a la línea Yaruha en el Dniéster-Sharharod-Bar-Lityn.[26] 
Inmediatamente después de la batalla de Varsovia, los soviéticos solicitaron una paz y los polacos, exhaustos, estaban favorables a negociar. Los soviéticos hicieron dos ofertas: una el 21 y otra el 28 de septiembre. La delegación polaca hizo una contraoferta el 2 de octubre. El día 5, los soviéticos propusieron correcciones a la oferta polaca, que Polonia aceptó. El armisticio entre Polonia, por una parte, y la Ucrania soviética y la Rusia soviética, por otra, fue firmado el 12 de octubre y se hizo efectivo el 18 del mismo mes.3 A continuación siguieron unas largas negociaciones para un tratado de paz. 
Mientras tanto, las fuerzas ucranianas de Petlyura planeaban una ofensiva dentro de Ucrania para el 11 de noviembre, pero fueron atacadas por los soviéticos el día anterior. El 21 de noviembre, después de varios combates, fueron expulsados a territorio controlado por los polacos.[26]
 


Resultados 

Según el historiador británico A.J.P. Taylor, la Guerra Polaco-Soviética 

«determinó en gran medida el curso de la historia europea durante los próximos veinte años o más. […] Indeclarada y casi inconscientemente, los líderes soviéticos abandonaron la causa de la revolución internacional.» Pasarían veinte años antes de que los rusos enviasen sus ejércitos al extranjero para «hacer la revolución».[13] [27]
 Según el sociólogo americano Alexander Gella
«la victoria polaca había ganado veinte años de independencia no sólo para Polonia, sino también para una gran parte de la Europa central».[28] 
Después de las negociaciones de paz, Polonia no conservó todos los territorios que había llegado a controlar al finalizar las hostilidades. A causa de sus pérdidas durante y después de la batalla de Varsovia, los soviéticos ofrecieron a los polacos la concesión pacífica de grandes territorios en las áreas fronterizas disputadas, quedando la frontera entre la Rusia Imperial y la Mancomunidad de Polonia-Lituania muy similar a como era antes de la primera partición de 1772.[29] Los polacos habían agotado sus recursos, y la opinión pública se oponía a la prolongación de la guerra.[11] Por su parte, el gobierno también estaba presionado por la Sociedad de Naciones, y las negociaciones eran controladas por los Demócratas Nacionales de Dmowski. Piłsudski pudo haber controlado el ámbito militar, pero el Parlamento (Sejm) estaba controlado por Dmowski, y las negociaciones de paz fueron de naturaleza política. A los Demócratas Nacionales, como Stanisław Grabski,[29] quien anteriormente había renunciado a su trabajo en protesta por la alianza polaco-ucraniana,[30] y ahora tenía mucha influencia sobre los negociadores polacos, les importaba poco el Międzymorze de Piłsudski. Esta situación de postguerra dio un golpe mortal al sueño de Piłsudski de revivir la multicultural Mancomunidad de Polonia-Lituania en forma de la Międzymorze.[11] 
Los Demócratas Nacionales a cargo del Estado[31] también tenían ciertas preocupaciones sobre el destino de los ucranianos, y poco les importaba que su oponente político, Piłsudski, se sintiera obligado a los acuerdos referentes al tratado.32 Los Demócratas Nacionales sólo deseaban aquellos territorios que consideraban «ética o históricamente polacos» o posibles de polonizar.[33] Por ello, y a pesar de la aplastante derrota del Ejército Rojo en Varsovia y la buena voluntad del principal negociador ruso Adolf Joffe para conceder casi todo el territorio en disputa,[29] la ideología de los Demócratas Nacionales les permitió a los soviéticos recuperar ciertos territorios.[29] La Paz de Riga fue firmada el 18 de marzo de 1921,[3] dividiendo los territorios disputados en Bielorrusia y Ucrania entre Polonia y Rusia.[34] El tratado, que Piłsudski llamó un acto de cobardía,[32] y por el cual se disculpó con los ucranianos,[11] violaba los términos de la alianza militar entre Polonia y Ucrania, que explícitamente prohibía una paz por separado.[35] Los aliados ucranianos de Polonia se vieron súbitamente internados por las autoridades polacas.34 El internamiento empeoró las relaciones entre Polonia y su minoría ucraniana: aquellos que apoyaban a Petlyura sintieron que Ucrania había sido traicionada por su aliado polaco, un sentimiento que se hizo más fuerte a causa de las políticas de asimilación de la Polonia nacionalista de entreguerras frente a sus minorías. En gran parte, esto inspiró las tensiones cada vez mayores y la violencia (Masacre en Volinia) contra polacos en las décadas de 1930 y 1940. [36] 


Tumbas de soldados polacos caídos en la batalla de Varsovia, cementerio de Powązki, Varsovia. 

La guerra y sus consecuencias dieron origen a otras controversias sobre temas como la situación de los prisioneros de guerra,[37][38] el tratamiento de la población civil[39][40][41] y el comportamiento de algunos comandantes, como Stanisław Bułak-Bałachowicz 42 o Vadim Yákovlev.[43] La victoria militar polaca en el otoño de 1920 permitió a Polonia capturar la región de Vilna, donde se formó un comité de gobierno de Lituania Central dominado por polacos (Komisja Rządząca Litwy Środkowej). Se condujo un plebiscito, y el Sejm de Vilna votó, el 20 de febrero de 1922, a favor de la incorporación a Polonia. Esto empeoró las relaciones polaco-lituanas en las décadas por venir.[44] 
La estrategia militar en la Guerra Polaco-Soviética influenció a Charles de Gaulle, quien en ese entonces era un instructor del ejército polaco, que había luchado en varias de las batallas. Él y Władysław Sikorski fueron los únicos oficiales militares que, basándose en la experiencia adquirida en esta guerra, pudieron predecir correctamente cómo se lucharía en la próxima. Aunque fallaron en el período de entreguerras en convencer a sus respectivos ejércitos de aprender esas lecciones, en la Segunda Guerra Mundial se levantaron tempranamente para comandar sus fuerzas armadas en el exilio. La Guerra Polaco-Soviética también influenció la doctrina militar polaca, que por los siguientes 20 años pondría énfasis en la movilidad de unidades élite de caballería.[11] 
Hasta 1989, mientras los comunistas mantuvieron el poder en la República Popular de Polonia, la Guerra Polaco-Soviética fue omitida o minimizada en los libros de historia polacos y de otros países del bloque soviético, o fue presentada como intervención extranjera durante la Guerra Civil Rusa para encajar con la ideología comunista.[45] 

Referencias 

1. Nombre propuesto por Józef Piłsudski, para la federación formada por los países de Polonia, Lituania, Bielorrusia y Ucrania
2. a b Ver por ejemplo Russo-Polish War en la Enciclopedia Británica
…military conflict between Soviet Russia and Poland, which sought to seize Ukraine… Although there had been hostilities between the two countries during 1919, the conflict began when the Polish head of state Józef Pilsudski formed an alliance with the Ukrainian nationalist leader Symon Petlura (April 21, 1920) and their combined forces began to overrun Ukraine, occupying Kiev on May 7.
3. a b c d e f g h i j k l m n ñ (en polaco) Wojna polsko-bolszewicka. Entrada en la Internetowa encyklopedia PWN. Ultimo acceso el 27 de octubre de 2006.
4. Por ejemplo:
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2) Szczepanski, Janusz (1995). Wojna 1920 roku na Mazowszu i Podlasiu (War of 1920 in Mazowsze and Podlasie). Desconocido: Wyższa Szkoła Humanistyczna. 8386643307.
3) Sikorski, Władysław (1991). Nad Wisłą i Wkrą. Studium do polsko - radzieckiej wojny 1920 roku, (At the Vistula and the Wkra [Rivers]: a Contribution to the Study of the Polish-Soviet War of 1920). Warsaw: Agencja Omnipress. 83-85028-15-3.
5. a b c d e Davies, Norman (1972). White Eagle, Red Star: the Polish-Soviet War, 1919–20. New York: St. Martin's Press, inc.. 0-7126-0694-7.
6. Thomas Grant Fraser, Seamus Dunn, Otto von Habsburg, Europe and Ethnicity: the First World War and contemporary ethnic conflict, Routledge, 1996, ISBN 0-415-11995-2, Google Print, p.2
7. Mittel - europa; Mitad o centro de Europa, incluye los países de Alemania, Austria, Suiza, Liechtenstein, Polonia, República Checa, Eslovaquia y Eslovenia
8. Hyde-Price, Adrian. Manchester University Press. ed. Germany and European Order. Manchester, England. pp. 75. ISBN 0-7190-5428-1.
9. Lincoln, Red Victory: a History of the Russian Civil War.
10. Parker, David. W. W. Norton & Company. ed. The Tragedy of Great Power Politics. pp. 194. ISBN 0-393-02025-8.
11. a b c d e f g h i j k l m n THE REBIRTH OF POLAND. University of Kansas, lecture notes by professor Anna M. Cienciala, 2004. Last accessed on 2 June 2006.
12. Davies, Norman. «http://books.google.com/books?vid=ISBN0231128193&id=EBpghdZeIwAC&pg=PA292&lpg=PA292&dq=Red+Army+700000+1920&sig=rNCo_p1U8PTiLAkJg9fL4vSMk7w». En Columbia University Press. God's Playground. Vol. 2: 1795 to the Present. pp. 292. ISBN 0-231-12819-3.
13. a b c Suny, Ronald Grigor. Oxford University Press. ed. The Soviet Experiment: Russia, the USSR, and the Successor States. pp. 106. ISBN 0-19-508105-6.
14. Abbot, Peter (2004). «Ukrainian Soviet Socialist Republic, 1917-21». Ukrainian Armies 1914-55. : Osprey. 1-84176-668-2.
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16. Jerzy Lukowski, Hubert Zawadzki, A Concise History of Poland, Cambridge University Press, ISBN 0-521-55917-0, Google Print, p.203
17. Oleksa Pidlutskyi, Postati XX stolittia, (Figures of the 20th century), Kiev, 2004, ISBN 966-8290-01-1, Chapter "Józef Piłsudski: The Chief who Created Himself a State" reprinted in Zerkalo Nedeli (the Mirror Weekly), Kiev, February 3–9, 2001, in Russian and in Ukrainian.
18. En una reunión a puerta cerrada del Noveno Congreso del Partido Comunista Ruso el 22 de septiembre de 1920 Lenin dijo:
Afrontemos la cuestión: si [...] aprovechamos la ventaja del entusiasmo en nuestro ejército y la ventaja de que gozamos al sovietizar Polonia... la guerra defensiva contra el imperialismo habrá acabado, la habremos ganado... Podríamos y deberíamos tomar ventaja de la situación militar para comenzar una guerra ofensiva... deberíamos presionar con las bayonetas para ver si la revolución socialista del proletariado no ha madurado en Polonia... que en algún lugar cerca de Varsovia yace no [solo] el centro del gobierno burgués polaco y la república del capital, sino también el centro de todo el sistema contemporáneo del imperialismo internacional, y que las circunstancias nos permiten agitar ese sistema, y conducir políticas no sólo en Polonia, sino en Alemania e Inglaterra. De este modo, en Alemania e Inglaterra creamos una zona completamente nueva de revolución proletaria contra el imperialismo global... Con la destrucción del ejército polaco estamos destruyendo el Tratado de Versalles en el que está basado hoy en día todo el sistema de relaciones internacionales... Si Polonia se convierte en soviética... el Tratado de Versalles... y con él todo el sistema internacional emergente de las victorias sobre Alemania, podría ser destruido.

Traducción al español de la cita inglesa de Richard Pipes, RUSSIA UNDER THE BOLSHEVIK REGIME, Nueva york, 1993, páginas 181-182, con algunas modificaciones de estilo en el párrafo 3, línea 3, por A. M. Cienciala. Este documento fue inicialmente publicado en un periódico histórico ruso, Istoricheskii Arkhiv, vol. I, no. 1., Moscú, 1992 y es citado a través de THE REBIRTH OF POLAND. University of Kansas, lecture notes by professor Anna M. Cienciala, 2004. Last accessed on 2 June 2006.
19. The Military History of the Soviet Union, Palgrave, 2002, ISBN 0-312-29398-4, Google Print, p.41
20. (en polaco)Janusz Szczepański, KONTROWERSJE WOKÓŁ BITWY WARSZAWSKIEJ 1920 ROKU (Controversias alrededor de la Batalla de Varsovia en 1920). Mówią Wieki, versión online.
21. Grosek, Edward. XLIBRIS CORP. ed. The Secret Treaties of History. pp. 170. ISBN 1-4134-6745-8.
22. (en polaco) Ścieżyński, Mieczysław (1928). Radjotelegrafja jako źrodło wiadomości o nieprzyjacielu (La radiotelegrafía como una fuente de Inteligencia sobre el enemigo). Przemyśl: Printing and Binding Establishment of (Military) Corps District No. X HQ.
23. (en polaco) Paweł Wroński, "Sensacyjne odkrycie: Nie było cudu nad Wisłą" ("Un remarcable descubrimiento: No hubo milagro en el Vístula), Gazeta Wyborcza, online.
24. Jan Bury, POLISH CODEBREAKING DURING THE RUSSO-POLISH WAR OF 1919-1920, online
25. Ulam, Adam Bruno. Beacon Press. ed. Stalin: The Man and His Era. pp. 189. ISBN 0-8070-7005-X.
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29. a b c d Norman Davies, God's Playground. Vol. 2: 1795 to the Present. Columbia University Press, 1982. ISBN 0-231-05352-5. Google Print, p.504
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31. "The newly found Polish state cared much more about the expansion of its borders to the east and south-east ("between the seas") that about helping the agonizing [Ukrainian] state of which Petlura was a de-facto dictator. ("A Belated Idealist." Zerkalo Nedeli (Mirror Weekly), May 22-28, 2004. Available online in Russian and in Ukrainian.)
Piłsudski is quoted to have said: "After the Polish independence we will see about Poland's size". (ibid)
32. a b Norman Davies, God's Playground. Vol. 2: 1795 to the Present. Columbia University Press, 1982. ISBN 0-231-05352-5. Google Print, p. 399)
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34. a b Snyder, op cit, Google Print, p. 140
35. "Although the [UNR] was unable to contribute real strength to the Polish offensive, it could offer a certain camouflage for the naked aggression involved. Warsaw had no difficulty in convincing the powerless Petlura to sign a treaty of alliance. In it he abandoned his claim of all territories [...] demanded by Pilsudki. In exchange the Poles recognized the sovereignty of the UNR on all territories which it claimed, including those within the Polish frontiers of 1772 - in other words, much of the area Poland demanded from Soviet Russia. Petlura also pledged not to conclude any international agreements against Poland and guaranteed full cultural rights to the Polish residents in Ukraine. Supplementary military and economic agreements subordinated the Ukrainian army and economy to the control of Warsaw."
Richard K Debo, Survival and Consolidation: The Foreign Policy of Soviet Russia, 1918-1921, pp. 210-211, McGill-Queen's Press, 1992, ISBN 0-7735-0828-7.
36. Snyder, op cit, Google Books, p.144
37. (en polaco) Karpus, Zbigniew, Jeńcy i internowani rosyjscy i ukraińscy na terenie Polski w latach 1918-1924 (Russian and Ukrainian Prisoners of War and Internees in Poland, 1918-1924), Toruń 1997, ISBN 83-7174-020-4. Polish table of contents online. English translation available: Russian and Ukrainian Prisoners of War and Internees in Poland, 1918-1924, Wydawn. Adam Marszałek, 2001, ISBN 83-7174-956-2;
38. (en polaco) Karpus, Zbigniew, Alexandrowicz Stanisław, Waldemar Rezmer, Zwycięzcy za drutami. Jeńcy polscy w niewoli (1919-1922). Dokumenty i materiały (Victors Behind Barbed Wire: Polish Prisoners of War, 1919-1922: Documents and materials), Toruń, Wydawnictwo Uniwersytetu Mikołaja Kopernika w Toruniu, 1995, ISBN 83-231-0627-4.
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40. ‘Having burst through the front, Budyonny's cavalry would devastate the enemy's rear - burning, killing and looting as they went. These Red cavalrymen inspired an almost numbing sense of fear in their opponents [...] the very names Budyonny and Cossack terrified the Ukrainian population, and they moved into a state of nuetrality or even hostility toward Petliura and the Poles..."’
from Richard Watt, 1979. Bitter Glory: Poland and its fate 1918-1939. New York: Simon & Shuster. ISBN 0-671-22625-8
41. Courtois, Stephane; Werth, Nicolas; Panne, Jean-Louis; Paczkowki, Andrzej; Bartosek, Karel; Margolin, Jean-Louis (1999). The Black Book of Communism. Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press. ISBN 0-674-07608-7
42. (en ruso) Станислав Никодимович Булак-Балахович at modern Russian pro-White movement All-Russian military Union site.
43. Rumor of atrocities. I walk into town. Indescribable terror and despair. They tell me all about it. Privately, indoors, they’re afraid the Poles may come back. Captain Yakovev’s Cossacks were here yesterday. A pogrom. The family of David Zyz, in people’s homes, a naked, barely breathing prophet of an old man, and old woman butchered, a child with fingers chopped off, many people still breathing, stench of blood, everything turned upside down, chaos, a mother sitting over her sobered son, an old woman lying twisted up like a pretzel, four people in one hovel, filth, blood under a black beard, just lying there in their blood.
Isaac Babel, 1920 Diary, p. 84, Yale, 2002, ISBN 0-300-09313-6
44. Erik Goldstein, Wars and Peace Treaties, Routledge, 1992, ISBN 0-415-07822-9, Google Print, p.51
45. Marc Ferro, The Use and Abuse of History: Or How the Past Is Taught to Children, Routledge, 2004, ISBN 0-415-28592-5, Google Print, p.262 


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