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domingo, 18 de diciembre de 2016

GCE: Kati Horna, una fotógrafa en la guerra

Kati Horna, una de las pocas mujeres que fotografió el frente en la Guerra Civil Española

Nueva York acoge por primera vez una retrospectiva de la artista, desde sus años en Europa hasta su exilio en México



Amanda Mars - El País


El Iluminado, México, 1944. KATI HORNA




Profunda, algo melancólica, la mirada de uno de los pacientes que estaba en el hospital psiquiátrico La Castañeda, México, en 1944 llama la atención desde cualquier punto de la sala. El Iluminado es uno de los retratos más famosos que Kati Horna (1912-2000) hizo en su etapa mexicana, la que comenzó con su exilio tras la Guerra Civil española. Forma parte de la muestra que ha organizado la Americas Society en Nueva York y que reúne por primera vez en Estados Unidos los grandes originales de la artista de origen húngaro.

Exponer a Kati Horna significa exponer a una de las pocas mujeres que retrataron el frente, junto a archiconocidos como Robert Capa; es también dar un paseo por la prensa anarquista de la época y sirve, además, para curiosear por la comunidad artística mexicana de tres décadas. Exponer a Horna es, en definitiva, exponer la narrativa de una mujer fuera de lo ordinario en los momentos más convulsos del siglo XX.
Una noche en el Hospital de Muñecas, 1962. KATI HORNA


Katalin Deutsch Blau (como era su apellido de soltera) nace en Budapest en el seno de una familia judía pudiente, se muda a Berlín en el 30, entra en contacto con el grupo de Bertolt Brecht y empieza a trabajar en el incipiente mundo del fotoperiodismo, hasta que el nazismo le hace huir de Alemania en el 33. A Barcelona llega a los 24 años, pocos meses después del alzamiento militar. Su cámara se detiene tanto en unos milicianos del frente como en las viudas de Málaga o las madres y niños en los pueblos. Publica muchos de sus trabajos en Umbral, una revista anarquista de la que además es editora gráfica.

Dice Christina de León, curadora de la muestra junto a Michel Otayek, que para entender las sutilezas y complejidades de la obra posterior de Horna en México “es crucial tener en cuenta la profundidad de su educación intelectual, la magnitud de su radicalización política como joven artista y la verdadera naturaleza de su participación en la franja anarquista de la Guerra Civil española”.

Told and Untold. The Photo Stories in Illustrated Press (En español, Contadas y por contar, foto-historias de Kati Horna en la prensa ilustrada) incluye sus trabajos publicados en prensa junto con los originales (como la impresionante serie del manicomio de la Castañeda), además de algunos álbumes personales que no se habían expuesto nunca.

En el 39, al terminar la guerra, Kati se marchó a México con el artista José Horna. Sus fotografías de esos años se quedaron en España, pero muchos años después le fueron devueltas, según explican los organizadores de la exposición. En su exilio, empezó a publicar instantáneas en cabeceras como Nosotros, Arquitectura México o Mujeres. En aquella época trabó amistad como otras aristas, como Leonora Carrington y Remedios Varo, o el arquitecto Mathias Goeritz.

La exposición también acoge algunas series realizada para una publicación vanguardista llamada S.nob muy impactantes, en forma de relatos gráficos, como Historia de un vampiro, que protagonizó la actriz Beatriz Sheridan, o Una noche en el sanatorio de muñecas, donde al visitante a la muestra le puede sorprender cómo su cámara consigue captar en esos rostros inertes una increíble sensación de soledad. La exposición puede visitarse hasta el 17 de diciembre en la Americas Society.

Milicianos en Aragón, 1937. KATI HORNA

domingo, 5 de junio de 2016

Argentina: Fotos del pasado

Las primeras fotos hechas en Argentina
Testimonio de la vida cotidiana, principalmente de Buenos Aires, tanto en sus paisajes, como en sus personajes, esta colección es el registro de imágenes más antiguo del país

Infobae



Testimonio de la vida argentina, principalmente de Buenos Aires, esta colección es el registro de  imágenes más antiguo del país y está diponible en el portal EducAr.  En la foto, la Plaza de la Victoria y Recova, 1849. Esta imagen pertenece a la serie de los primeros daguerrotipos hechos en el país.


Vista del río desde Retiro. Daguerrotipo de 1848

Revolución de 1880, Primera Compañía de Rifleros en la Trinchera de la calle Córdoba, esquina Azcuénaga

Paseo de Julio y obras de Puerto Madero

Panorama de Buenos Aires desde la calle Bartolomé Mitre y Suipacha, mirando al sur, 1887

Panorama de la Ciudad de Buenos Aires desde la torre del Cabildo el día de la demolición de la Recova, 1883

Catedral Metropolitana, 1891
Paseo de Julio, muelle de pescadores, Aduana vieja, Estación Central, Casa Rosada
Paseo de Julio, muelle de pescadores, Aduana vieja, Estación Central, Casa Rosada
Plaza Constitución y Estación Ferrocarril del Sud
Plaza Constitución y Estación Ferrocarril del Sud
Interior de la estación Constitución
Interior de la estación Constitución
Riachuelo y puente. Más adelante, el carruaje del fotógrafo
Riachuelo y puente. Más adelante, el carruaje del fotógrafo
Estación Central
Estación Central
Estación Central y Casa de Gobierno
Estación Central y Casa de Gobierno
Iglesia La immaculada Concepción, Barrio Belgrano
Iglesia La immaculada Concepción, Barrio Belgrano
Plaza de Mayo y Cabildo, 1876
Plaza de Mayo y Cabildo, 1876
Primera foto de la unión de Casa de Gobierno y el Correo, detrás el Río de la Plata, 1890
Primera foto de la unión de Casa de Gobierno y el Correo, detrás el Río de la Plata, 1890
5 esquinas, 1870
5 esquinas, 1870
Cabildo y Casa de Justicia. Iluminación a gas, Plaza de la Victoria
Cabildo y Casa de Justicia. Iluminación a gas, Plaza de la Victoria
Casa de Gobierno, correo y el río, 1890
Casa de Gobierno, correo y el río, 1890
Iglesia San Ignacio, Pirámide y Cabildo, 1881
Iglesia San Ignacio, Pirámide y Cabildo, 1881

Vendedor ambulante, 1887

Vendedor de diarios

Vendedor de diarios
Vendedor de pescado
Vendedor de pescado
Iglesia San Nicolás de Bari
Iglesia "San Nicolás de Bari"

sábado, 19 de marzo de 2016

Guerra de Secesión: Las fotos de los veteranos heridos



Estas fotos misteriosas de la guerra civil cambiado la forma de los EE.UU. vio a sus veteranos
La innovadora fotografía de Reed Bontecou utiliza un nuevo medio para llamar la atención sobre las heridas de la guerra

Por Erin Blakemore
SMITHSONIAN.COM

La Guerra Civil cambió todo estadounidenses pensaban acerca de la guerra y ella misma. Se marcó el comienzo de un nuevo tipo de guerra, que puso la innovación industrial de Estados Unidos a la prueba e hizo matar más fácil que nunca. Pero los que no morían terminó con heridas de los gustos de los cuales nunca se habían visto (o tratados) por los médicos. La tecnología moderna ha creado un nuevo grupo de veteranos modernas.



Pero la tecnología moderna también estaba en la mano para ayudar a los soldados heridos. Como señala la opinión de Dominio Público, un médico llamado Reed Bontecou utiliza la nueva innovación de la fotografía para documentar las víctimas de la Guerra Civil. Las fotos fueron tomadas anteriormente por Bontecou y marcadas con lápiz rojo para mostrar la trayectoria de los disparos que causaron cada herida. Las aterradoras fotos que tomó no se utilizaron sólo para documentar los efectos físicos del conflicto, sino para enseñar a los cirujanos de campo y ayudar a los veteranos reciben una compensación una vez que la guerra había terminado.



Bontecou practicó la medicina para el ejército en Nueva York, cuando estalló la guerra. Se convirtió en cirujano primer regimiento de voluntarios de la Guerra Civil y de pronto se encontró realizar los primeros auxilios, cirugías e incluso amputaciones en campos de batalla activa en condiciones intensas. Con el tiempo se convirtió en cirujano en jefe del mayor hospital general de la república de la guerra.

Y ahí es donde entra en juego la fotografía. Dentro del hospital, Bontecou comenzó a documentar heridas de los soldados utilizando cartes de visite. Las fotografías tamaño de la palma eran baratos y fáciles de hacer, y el equipo de Bontecou ellos utilizan no sólo para documentar las formas en que se estaban heridos soldados, sino como herramientas para enseñar a los cirujanos en el campo de las nuevas formas de realizar cirugías. Bontecou contribuyó en gran medida a la historia médica y quirúrgica de la guerra de la rebelión, que fue encargado por el Cirujano General de los EE.UU., y resumió los resultados médicos de la guerra.



Después de la, fotografías de Bontecou llegó a ser importante por una razón diferente: Fueron utilizados por los soldados que necesitaban para demostrar la gravedad de sus heridas a las juntas de pensiones a recibir una compensación por sus servicios. Hoy en día, Bontecou a veces se llama "el Napoleón de Cirujanos" por su valentía. Pero los soldados cuyas heridas fotografió a hombres infectados con gangrena, acribillados y despojados de la vida que una vez supieron lo que era ser atravesado por explosiones de munición eran tan valiente cuando éstos sufrieron sus heridas, luego desnudados para la cámara.

viernes, 19 de febrero de 2016

PGM: Fotos de alta resolución y color

La Primera Guerra Mundial: En color


Emily Anne Epstein - The Atlantic


En su prefacio a The First World War: Unseen Glass Plate Photographs of the Western Front, Geoff Dyer escribe: "El choque no es el choque de la nueva tanto como el choque de la vieja hecha nueva y el nuevo hecho de repente de edad. "el libro, una curaduría de Carl de Keyzer y David Van Reybrouck, cuenta con fotografías de alta resolución restauradas por expertos, desde el frente occidental. La dicotomía de Dyer está en juego en la imagen de cuatro soldados senegaleses de abajo. Tomado por Paul Castelnau, quien se sirvió en la guerra, la imagen da a los espectadores una sensación visceral de los sujetos singulares personalidades que no son soldados genéricos de la historia de la sepia empapado.



1. Cuatro soldados senegaleses (Foto sin datar)




lunes, 16 de junio de 2014

Foto del día: Araucanos en la pampa

Mapuches tomando mate en la pampa, mientras se cocina la carne al asador, c.1890.



Documento Fotográfico. Inventario 303579

Archivo General de la Nación

martes, 3 de junio de 2014

PGM: La fotografía como diario de guerra

Los otros disparos
La fotografía estalló en las trincheras, donde millones de soldados documentaron su rutina, camaradería y brutal experiencia en sus álbumes privados de guerra
El País




Instantánea de la Tregua de Navidad de 1914, entre los soldados alemanes y británicos en Ploegsteert (Bélgica)En el frente de Ploegsteert, en Bélgica, los soldados de ambos bandos detuvieron el combate, fumaron juntos y se sacaron fotos. Ésta es una de las instantáneas que los soldados tomaron durante la mítica Tregua de Navidad de 1914, una prueba irrefutable de que realmente se celebró. Los suvenirs fotográficos llegaron a la prensa internacional, y los Gobiernos comprendieron rápidamente que debían ejercer un control más férreo sobre las cámaras de la tropa.

 IMPERIAL WAR MUSEUM (Q11745)

Prendieron velas, entonaron canciones y los soldados alemanes invitaron a los británicos de las trincheras enemigas a acercarse. El combate se detuvo un día. En tierra de nadie, los adversarios intercambiaron felicitaciones y tabaco, se sacaron fotos. Esas imágenes, ni heroicas ni triunfalistas, descubrieron el lado más descorazonador y noble del conflicto: los rostros de esos jóvenes que pasaban un buen rato juntos y que, sin embargo, estaban ahí para matarse. Aquellas instantáneas fueron la prueba irrefutable de que la mítica tregua de la Nochebuena de 1914 realmente se celebró. Los Gobiernos no pudieron negarlo y comprendieron rápidamente que el control sobre las cámaras de la tropa debía ser aún más férreo. “Esos suvenires personales acabaron en las páginas de la prensa internacional y el Gobierno decidió estrechar la censura”, dice Hilary Roberts, conservadora jefe de fotografía en el Imperial War Museum de Londres.

Aquel fue un gran momento en la historia de la fotografía de guerra, pero ni mucho menos el único en el conflicto de 1914. La revolución técnica en la captación de imágenes no había hecho más que empezar y las nuevas herramientas fueron empleadas para la inteligencia militar, pero también provocaron una incontrolable y fascinante explosión popular, con millones de soldados armados con objetivos, dispuestos a capturar su experiencia íntima de la Gran Guerra. Los millones de imágenes que dejaron tras de sí conforman una historia tan diversa, personal y compleja como la guerra misma, un relato que todavía hoy se sigue revelando e investigando. Por ejemplo, en el Art Gallery de Ontario, donde en 2004 recibieron el legado de un coleccionista que prefiere mantenerse en el anonimato y que donó 495 álbumes de soldados británicos, franceses, alemanes, estadounidenses, rusos, polacos, checos y australianos. En total, más de 52.000 fotos que aún se están catalogando, algunas de las cuales serán expuestas en la muestra The Great War: The persuasive power of photography, que se celebrará este verano en la National Gallery de Canadá. “La mezcla es increíble, con fotos de bases militares, cabarés, aviones o retratos turísticos de soldados paseando entre ruinas en sus días libres”, apunta Sophie Hackett, desde el Art Gallery de Ontario.


Anuncio comercial de la cámara Kodak Vest Pocket Camera

El enfoque que cada país dio a las regulaciones fotográficas a las que estaban sujetos los soldados varió enormemente, pero lo que se mantuvo como una constante en ambos bandos fue la presencia de cámaras entre los combatientes. Lo cierto es que la mecanización de la guerra en aquel brutal conflicto pasa no sólo por las ametralladoras, sino también por los casi dos millones de cámaras de bolsillo que Kodak había vendido en 1918. La Vest Pocket Camera, pronto conocida como “la cámara de los soldados”, fue el modelo que el astuto George Eastman lanzó al mercado  y cuyas ventas se multiplicaron por cinco en tres años. De tamaño reducido y con un estuche ajustable al cinturón, la variante Autograph permitía escribir directamente en el negativo y se anunciaba como el “mejor regalo de partida” que un soldado podía recibir, una herramienta que les permitiría aliviar el tedio de la rutina y, en el futuro, “tener el libro más interesante de todos: su álbum Kodak”. Otros modelos de la competencia como la Ansco Vest Pocket Camera animaban a los soldados a mantener “la puerta de la memoria abierta”, y la Ensignette se publicitaba como “fuerte, fácil de cargar y útil en cualquier circunstancia”.

Los soldados de ambos frentes se lanzaron con entusiasmo a la fotografía, como prueban los millones de instantáneas que capturaron, mandaron a casa, y en muchos casos guardaron en álbumes. En esas páginas se encuentra la incómoda yuxtaposición entre la confraternización de la tropa, y la destrucción y muerte en las trincheras. “Los álbumes reunían fotos de distinta procedencia, no sólo las que ellos habían sacado, sino también otras que compraban o les regalaban”, explica Roberts, coautora junto a Mark Holborn del libro fotográfico sobre el conflicto elaborado con los fondos del museo, The Great War. A Photographic Narrative (Random House). El Imperial War Museum, creado en 1917 para homenajear el esfuerzo de guerra cuando el conflicto aún se libraba, hizo un llamamiento a los aliados para que mandaran imágenes sin importar su calidad. Llegó un aluvión que no ha cesado desde entonces e incluye en la actualidad fotos desde 1850 hasta las tomadas hace apenas 24 horas en Afganistán, según Roberts. “El documento gráfico de los soldados se planteaba como una experiencia personal, ellos no pretendían crear un informe sistemático, sino registrar la gente y los sitios que conocieron”, apunta.

La experiencia bélica, entonces y ahora, incluye también el horror y la brutalidad convertidos en rutina: crudas fotos posando con enemigos muertos. En las imágenes de la I Guerra Mundial de ejecuciones de espías o de cadáveres rodeados de soldados sonrientes en las trincheras enemigas se encuentra un claro antecedente de las instantáneas de la soldado Lynndie England en la prisión iraquí de Abu Ghraib en 2004. Todas ellas entran en la categoría de las llamadas “fotos trofeo”, tan viejas como la presencia de cámaras en el frente. En la Gran Guerra gozaron de una increíble popularidad, convirtiéndose en algo parecido a lo que en el ciberespacio se conoce como un fenómeno viral. "La idea de sacar fotos para degradar y humillar al enemigo no es nueva", apunta Janina Struk, autora de Private pictures: Soldier’s Inside View of War (I. B. Tauris, 2010). “La búsqueda de una visión desde dentro de la guerra no es un fenómeno de la cultura de la realidad del siglo XXI. Pero la cruda brutalidad de la guerra, tan frecuentemente descrita en las fotos captadas por soldados, rara vez ha cruzado el umbral y ha entrado en la conciencia pública”.

Desde el arranque de la Gran Guerra, las autoridades británicas no tuvieron dudas sobre el potencial peligro que implicaban tantos obturadores sueltos. Bajo amenaza de arresto, no se permitía sacar fotos, ni mandar copias a casa ni, por supuesto, carretes. Pero las cámaras estaban ahí y los soldados también; y en casa, la prensa —sujeta a un estricto control gubernamental gracias al Official Press Bureau que fundó Churchill— esperaba ansiosa imágenes del frente. En 1915 arrancaron los concursos de fotografía amateur de guerra en el Daily Mirror, dispuesto a pagar mil libras de entonces por la mejor foto que mandara un soldado; su nombre no se haría público y el periódico correría con los gastos de revelado.

La controvertida propuesta no pretendía ensalzar el arte fotográfico sino obtener las mejores fotos posibles, y pronto fue copiada por la competencia. “Nuestro esquema es simple y directo. Queremos fotos sobre el tema de la guerra y las queremos todos los días”, explicaba el Daily Sketch en sus páginas. Esta carrera por hacerse con las fotos de los protagonistas del combate no se detuvo ni siquiera con la llegada al frente de los dos fotógrafos oficiales, Ernest Brooks y John Warwick Brooke. Miles de instantáneas inundaron las redacciones. “La prohibición de sacar fotos fue ignorada, porque esas imágenes eran el vínculo entre el frente y el hogar y mantenían la moral alta”, dice Struk.

En Alemania, por el contrario, se animó desde el principio tanto a soldados como a civiles a que documentaran gráficamente el conflicto. “Había un sentimiento eufórico y entusiasta por parte de los combatientes y de sus familias. Todos coleccionaban fotos porque querían conservar recuerdos de ese momento que pensaban que sería único y triunfal”, explica el doctor Bodo von Dewitz, coleccionista y experto en el legado fotográfico de esta guerra. “No había censura y hasta 1916 los alemanes tenían una actitud casi naíf respecto de la fotografía. Había un elemento turístico en torno al nuevo hobby y eso se mantuvo, porque muchos soldados apenas habían viajado y en sus diarios e instantáneas resuena ese eco entusiasta. Los británicos, sin embargo, tenían muy presente el valor propagandístico desde el principio, y eran conscientes de que podían ser una fuente para el espionaje enemigo”.

Von Dewitz comenzó su increíble colección en los años setenta rebuscando en mercadillos y escribió su tesis sobre el tema. Cuenta que cerca de doscientas instituciones oficiales en Alemania tienen estas instantáneas en sus fondos, muchas de ellas desde poco después de que terminara la guerra. Y fue en esos años inmediatamente posteriores cuando las imágenes adquirieron un nuevo significado. “En la década de los años veinte, tanto la derecha como la izquierda echaron mano de las fotos sacadas por los soldados para explicar por qué se perdió la guerra”, dice el especialista. Los nazis difundían las imágenes heroicas; la izquierda mostraba las atrocidades y la destrucción.


Foto postal de la ejecución del patriota italiano Cesare Battisti el 16 de junio de 1916 en Trento. / COLECCIÓN DR. BODO VON DEWITZ

En el frente alemán, la mayoría de las instantáneas se hicieron en placas de cristal y había una gran infraestructura en el mismo frente para poder imprimirlas, hacer postales y mandarlas a casa. Los cuartos oscuros estaban mucho más controlados en el bando aliado, y así, el uso del que se montó en el buque Queen Elizabeth, por ejemplo, estaba circunscrito a las fotos oficiales. De las clásicas fotos posadas se pasó a las trincheras, al enfrentamiento cara a cara con la muerte. En ellas encuentra Von Dewitz un tono voyerista muy acorde con los valores victorianos que marcaban la moral de la época. También una funesta premonición de las imágenes de cuerpos apilados que llegarían con la Segunda Guerra Mundial. Cuando ese conflicto estalló ya estaban en el mercado las cámaras de 35 milímetros y las revistas ilustradas. La fotografía había avanzado y también la forma en que se contaban las historias a través de ella.

Aunque fue en la guerra de los bóers la primera vez que los soldados llevaron cámaras al frente, la Gran Guerra fue “la primera gran guerra fotográfica”, como apunta Janina Struk. La conservadora del Museum of Fine Arts de Houston, Anne Wilkes Tucker, que rescató varios álbumes para la enorme muestra War/Photograhy el año pasado, añade que aquel fue el primer conflicto con una dimensión global. “En aquella guerra había soldados profesionales, se hizo una cobertura extensa del conflicto. Las imágenes llegaban con celeridad a los medios. Las fotos no tardaban tres semanas como ocurrió con las de James Fenton en Crimea”. Las instantáneas además muestran la vida normal de los soldados, no la de los oficiales como era costumbre en el siglo XIX, cuando los cuerpos y cadáveres eran retirados antes de retratar el campo de batalla. La experiencia real de lo que es una guerra iba colándose en las imágenes de quienes la combatían. “Aquella fue la primera guerra de medios de comunicación de masas, y aunque la técnica era rudimentaria, en ese momento quedaron establecidos los principios y las dificultades a los que los fotógrafos de guerra han hecho frente desde entonces”, añade Hilary Roberts.

Por encima de las diferencias entre un paisaje y otro, entre un tiempo y el siguiente, Janina Struk señala en su libro los temas recurrentes a los que apuntan las cámaras de los soldados, las narrativas extremadamente personales que construyen en sus álbumes, que, como los familiares, no están pensados para el escrutinio público. En el transcurso de su investigación, un tío suyo rescató su álbum de la I Guerra del fondo de un armario, y esas fotos le cortaron el aliento. Más allá de la imagen idealizada de la guerra que a menudo nos llega, en las instantáneas de los soldados se encuentra una cara cruda, real, insólita y humana de una guerra. Concluye Struk que si fueran vistas, podrían poner en tela de juicio la visión autorizada y aceptada que se tiene de las guerras.

El soldado fotógrafo. Esta imagen de un soldado posando con una cámara montada en un trípode fue sacada entre 1914-15 por un fotógrafo anónimo, y se imprimió como una postal. Los soldados de ambos bandos de la Primera Guerra Mundial se lanzaron con entusiasmo a sacar fotos, que en muchos casos podían revelar, imprimir e incluso comercializar en el mismo frente, y luego mandarlas a casa. El uso de los cuartos oscuros en las trincheras estaba más restringido entre los británicos, cuyo gobierno desde el principio quiso mantener un férreo control de las imágenes de guerra. Con frecuencia los combatientes creaban sus propios álbumes con postales de instantáneas sacadas por otros soldados.


Foto trofeo. Las llamadas “fotos trofeo” sacadas para humillar y degradar al enemigo, son tan viejas como la presencia de cámaras en el frente. En la Primera Guerra Mundial tuvieron gran difusión, convirtiéndose en un fenómeno viral. Esta foto postal fue sacada en el frente del este, entre 1915 y 1916, y muestra a un grupo de soldados alemanes cargando los cadáveres de combatientes franceses y británicos, una funesta premonición de las imágenes de pilas de cuerpos que vendrían con la Segunda Guerra Mundial, como apunta el coleccionista y especialista en fotografía de guerra, Dr. Bodo von Dewitz

Posado en la trinchera. En esta foto postal cuyo autor es anónimo, un grupo de soldados alemanes posan en una trinchera de la Gran Guerra en 1915. El gobierno alemán animó tanto a soldados como a civiles a que documentaran gráficamente el conflicto, y así lo hicieron usando mayormente cámaras de placas de cristal. Pensaban que el conflicto sería un momento triunfal y victorioso. Tras las exitosas campañas de 1870, imperaba un espíritu eufórico al comienzo de la guerra, pero en 1916 comprendieron que la fotografía podía dar información valiosa al enemigo, y trataron de ejercer un mayor control sobre las imágenes.



Turismo entre ruinas. Foto postal anónima, fechada el 24 de mayo de 1918, de un soldado alemán frente a un molino destruido en el frente del oeste. El elemento turístico, inherente a la fotografía popular, fue una constante también en la Gran Guerra. Para muchos soldados de ambos bandos el conflicto supuso su primer viaje al extranjero, y en sus días libres no renunciaban a visitar y sacarse fotos, aunque fuera frente a paisajes ruinosos.


sábado, 19 de abril de 2014

El Daguerrotipo en el Río de la Plata

EL DAGUERROTIPO EN EL RIO DE LA PLATA;
DAGUERROTIPOS DEL ALMIRANTE GUILLER­MO BROWN 

Por el TN Médico (RN) Daniel A. Pérez -Cirujano Consultor-
Dedico esta pequeña contribución a todos los veteranos de la Guerra de Malvinas; militares y civiles,
sin exclusión y de ma­ nera particular a los héroes caídos en combate…
7 Páginas A4



INDICE

I- Introducción
II- Desarrollo
Bibliografía



I- INTRODUCCIÓN
El daguerrotipo es el antepasado más ilustre de la fotografía El hombre, siempre estuvo interesado por conseguir imágenes fieles de todos los objetos. Animales, personas, paisajes, etc., que lo rodea ban.
Aún antes que el daguerrotipo, fue creada en el siglo VXIII, la famosa "cámara oscura"; la que tenía todos los elementos básicos de una cámara fotográfica, pero no podía grabar las imágenes- En esta cámara, el paso de la luz, a través de un pequeño orificio y una lente, proyectaba una imagen del objeto invertida, sobre una superficie planeen el interior de una caja, generalmente de madera. Este fenóme­ no, guardaba una cierta similitud con el funcionamiento del ojo huma­no.- Empero , considero que fue, el gran pintor veneciano Antonio Ca nale -CANALETTO- quien nació hacia la segunda mitad del siglo XVIII, el verdadero precursor, en la invención y empleo del daguerro­tipo- Así lo confirman las exactas vistas panorámicas de Venecia y o-tras, elaboradas por el eximio pintor italiano- Se dice pues, que Cana letto utilizó algo así como una cámara oscura o bien elaboro sus o bras casi perfectas contando con el auxilio de una grilla superpuesta al paisaje.
Fue el litógrafo NICÉFORO NIEPCE (1.765-1.833), físico de origen francés, quien junto a su primo Claudio, se dedicaron a realizar investigaciones mecánicas y físicas, y hacia el año 1813, tuvo la idea genial de la obtención de fotografías, hecho que concretó en 1826, al fijar una imagen desde una ventana de su casa, en una placa de estaño impregnada en betún de Judea, siendo necesario exponer la placa unas ocho horas o más.

Nicéforo Niepce
 (creador del daguerrotipo)
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II- DESARROLLO
Posteriormente, el pintor francés Louis Daguerre (1787-1851) perfeccionó el método para las tomas fotográficas al utili­ zar láminas de plata sensibles a la luz y estas tomas llevaban unos pocos minutos. En 1839, el inglés Talbot, tomó la primera fotogra­ fía sobre un papel, captando imágenes negativas.
La novedad del invento fue anunciada, el 19 de agosto de de 1839, ante la Academia de Ciencias de París, Daguerre publicó un manual con la técnica, que fuera traducido en 8 idiomas.
La fotografía iba a llegar algo más tarde al Río de la Plata, en Julio de 1843, debido al bloqueo que habían impuesto por en­tonces los franceses.
La fidelidad de la imagen fotográfica, no resistía comparación con las semblanzas, a menudo mediocres, que realizaban los pinto­res miniaturistas y la propia Mariquita Sánchez de Thompson, se maravilló con la fidelidad de los daguerrotipos, pues, había observado por vez primera un daguerrotipo, en 1840, tomado en Montevideo.
Aunque los intelectuales de siglo XIX, despreciaban a los fotógrafos, pues consideraban que solo los pintores, eran verdaderos artistas, el invento terminó por imponerse.
En los comienzos del daguerrotipo, los tiempos de exposición eran prolongados, y para que los modelos permanecieran inmovilizados se usaban aparatos especiales para el apoyo de: cabeza, cuello y tronco. La película de plata, se hacía sensible a la luz por vapores de yodo. A las mujeres se les pedía que evitaran los colores claros en la vestimenta y con frecuencia las imágenes se coloreaban a mano a pedido del interesado. En la época de Rosas, los hombres se cuidaban de colorear la divisa punzó.


Año de invención: 1839 Inventores:
Nicéphore Niepce
Louis J.M. Daguerre.
Fuente: www.ccsd.ca/
EL DAGUERROTIPOFue muy popular en los primeros años de la fotografía. La obra acabada es una imagen positiva, impresa sobre una placa recubierta con una capa de plata muy bien pulida.


La placa
Debía tener su superficie plateada perfectamente pulida. Se sensibilizaba en la oscuridad con vapores de yodo.


La toma
Luego de colocar la placa en la cámara oscura se retiraba la tapa de la lente. El tiempo de exposición de cada toma variaba entre 5 y 10 minutos. Se realizaba en exteriores con luz de día. El modelo se sentaba en una silla con el cuello sostenido para que no se moviera.
En junio de 1843, el norteamericano John Elliot, anunciaba la apertura de una galería de retratos en la nueva recova de la Plaza de Mayo y también el español Gregorio Ibarra, litógrafo, había recibido de París, dos cámaras para tomar retratos, vistas y planos.
Como ya mencionamos, el primer daguerrotipo en el Río de la Plata, tuvo lugar en Montevideo, en Febrero de 1.840, ocasión en que había recalado una fragata francesa, L'ORIÉNTALE, llevando a bordo alumnos y profesores que estaban de viaje, dando la vuelta al mundo. Este episodio, fue presenciado, entre otros por emigrados argentinos, entre quienes se encontraban: Mariquita Sánchez de Thompson, el Gral. Tomás de Triarte y el periodista y político Florencio Várela.

Imagen del primer daguerrotipo (1826)
Los primeros daguerrotipos, se entregaban enmarcados y con estuche, oscilando su valor entre 100 y 200 pesos, cuando el salario de un dependiente era de veinte pesos mensuales.
Hacia 1845, otro norteamericano. John Bennet, abre la segunda galería de daguerrotipos de Buenos Aires, en la calle La Piedad 121 y hacia 1848, había en la ciudad 10 daguerrotipistas, todos ellos extranjeros.
Charles Fredricks, fue quizás el fotógrafo más relevante de todos los que actuaron en la Argentina, a mediados del siglo XIX, quien también registró numerosas imágenes de América Latina. Instaló su es­ tudio, frente al muelle portuario, en 1852. Finalmente, en 1855 el a lemán Adolfo Alexander, llegó desde Chile, para hacer daguerrotipos en San Juan y en Mendoza. En Buenos Aires, había establecido, hacia 1.865 su negocio, ubicado en la calle Artes, Nº 79.
Otras figuras relevantes, fueron. Antonio Pozzo (1829-1910) Federico Artigue (1826-1871), Tomás Helsby y el recordado famoso rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, el francés Amadeo Jac ques.
Las imágenes de los daguerrotipos, tenían los laterales invertidos, como si los modelos se mirasen en un espejo y estas imágenes, eran delicadas con el contacto con el aire, pues se oxidaban.
Al decir de Luis Priamo, haciendo referencia a las viejas fotos de los próceres. "...Surge la sorpresa, muchas veces, por el divor cio entre la imagen del prócer-hombre y la que integra el imaginario mítico...." Gracias al daguerrotipo, podemos conocer los verdaderos ros­ tros de los personajes que han marcado los tiempos de la historia.
Así, fueron fotografiados, entre otros: el Gral. Don José de San Martín, el Gral. Juan Gregorio de las Heras, el Almirante Guillermo Brown; Mariquita Sánchez de Thompson, el Gral. Justo José de Urquiza, Doña Paula Albarracín de Sarmiento, Juan Bautista Aberdi, Carlos E. Pellegrini -padre del ex Presidente y uno de los primeros daguerrotipistas-, Manuelita Rosas, el Gral. Oribe, Eduardo Belgrano, el Gral. Prudencio Rosas, Vicente López y Planes, José María Roxas y Patrón, Esteban Adrogué, Domingo Faustino Sarmiento, el Gral. Bartolomé Mitre, Müller -militar argentino-, el Com. Antonio Sometiera, y muchos otros.
Daguerrotipo del Gral. San Martín. (Paris, 1848)
Daguerrotipo del Gral. Juan Gregorio Las Heras
Daguerrotipo del Gral. Justo José de Urquiza
Probable daguerrotipo
del Gral. J. M.Paz
El Brig. Don Juan Manuel de Rosas, nunca quiso posar para un daguerrotipo, pues consideraba que esas cosas. "... eran zonce­ ras de gringo..." Era de opinión similar, el General Don José de San Martín, a quien su hija Mercedes, tuvo que convencer, en 1.848, para que se tomara el famoso daguerrotipo en París, tomado dos años antes de su muerte, que es el que hoy conocemos, impreso en los ac­ tuales billetes.
Pero, de ningún otro prócer argentino, se conservan tantos daguerro­ tipos como del Gral. Justo José de Urquiza, habiendo sido fotogra fiado, antes del combate de Caseros, en Arroyo Grande, por Char­ les Fredricks.
Muy conocido, es el daguerrotipo del Gral. Gregorio de Las Heras- daguerrotipo de (1850 a 1855) donde se advierten con nitidez las condecoraciones por su actuación en las batallas de Chacabuco, Maipú y por la expedición libertadora al Perú.
También, hubo modas como las de fotografías a los recién na­ cidos muertos y a los soldados fallecidos, tal el caso del Teniente Feloni. Perteneciente a la "Legión Italiana", en compañía de sus ca maradas de armas, el día 30 de mayo de 1853.
Estas fotos primitivas, poseen una gran importancia histórica y documental -En mi opinión, observando de manera particular los trajecitos de los niños- muchas veces confeccionados por las madres o abuelas, nos remontan a la indumentaria de épocas aún anteriores al momento en que se obtuvo el daguerrotipo correspondiente.
Hacia el año 1851, Frederick Archer, inventó las placas al colodión húmedo, de las que derivó el AMBROTIPO, más barato que el daguerrotipo. En 1839, el inglés William Talbot, tomó la primera fotografía sobre papel, capturando imágenes negativas. Con máquinas transportables, se podía, como ya señalamos, tomar fotos de enfermos y difuntos, en sus casas.
El gran fotógrafo Antonio Pozzo; en 1864, realizó tomas fotográfi­ cas aéreas de la ciudad de Buenos Aires, ascendiendo en globo, como lo había hecho Nadar en París, algunos años antes. Los ambrotipos, eran fotos sobre papel.
Hacia 1865, comienza el final de la era de los daguerrotipos- Con posterioridad Samuel Botte, gran fotógrafo piálense, con un local ubicado en la calle Florida 134, anuncia la toma de fotografías nocturnas, en 1883. La sociedad Fotográfica Argentina Amateur, fue fundada por el Dr. Francisco Ayerza, en 1889.
El Almirante Guillermo Brown (1777-1857), gran marino de origen irlandés, fue uno de los más populares revolucionarios de Mayo muy admirado por los vecinos de Buenos Aires, conservándose gran abundancia de deguerrotipos del ilustre marino.
El Almirante Brown
en un daguerrotipo
de John Elliot (1843)
Daguerrotipo
del Almirante Brown
y su esposa
Litografía del Almirante Guillermo Brown
Daguerrotipo del Almirante Brown
La mayoría de ellos, le fueron tomados algunos años antes de su muerte entre 1849 y 1857, pero el que lo fotografió por vez primera fue John Elliot, en 1843. Se observa una notable similitud, en los rasgos faciales y en el uniforme, con las obras realizadas por los grandes retratistas como Enrique Mac Grech y otros- También se conserva una litografía - vestido de civil-del gran almirante, obra esta de Desmadryl -de 1857-, la que igualmente guarda notable similitud con un daguerrotipo de la época. Vemos en algu­ nos de estos daguerrotipos, un cierto endurecimiento en las facciones del prócer. En efecto, su vida fue amargada por un duro golpe. En ocasión de la heroica muerte del joven escocés Francisco Drummond, ocurrida a la e dad de 24 años, en el combate de Monte Santiago, episodio ocurrido duran­te la Guerra con el Brasil, y estando este al mando del bergantín Independencia , habiendo perdido una oreja en combate, el joven oficial, no obstante lo­gra llegar hasta la Sarandí, con el objeto de conseguir más munición, siendo entonces herido de muerte.- Alcanzó a dejar un mensaje, destinado al almirante Brown, donde le expresaba que creía haber cumplido con el deber, ".... Que es como un hombre debe morir...", entregándole un anillo, des­tinado a su novia. Eliza Brown, la joven rubia, hija del ALMIRANTE.
Daguerrotipo del Cadete Naval Chileno (1850)
Eliza, hija del Almirante Brown
Retrato del Almirante Guillermo Brown
Retrato del Almirante Guillermo Brown
Eliza, a partir de entonces, concurría con nostalgia, junto a su hermano Eduardo, a las proximidades del Riachuelo, hasta el "pozo de k Tres Brazas" y en un caluroso día 27 de diciembre, Eliza, de 26 años de edad, vistiendo su traje de novia, se interna en el río, para no volver jamás. Nos relata ANTONIO Somellera, que cuando al Almirante Brown, le informaron de la trá­ gica muerte de su hija, se cayó, fracturándose una pierna. A la muerte de Brown, ocurrida en 1857, hace 150 años, sus restos fueron colocados en el cementerio de la Recoleta, junto a los de Eliza.
También, se conservan daguerrotipos del matrimonio, donde observamos al Almirante en compañía de su esposa, Elisa Chitty, no demasiado agraciada.
Litografía del Muelle de la Aduana Taylor (1857)
Daguerrotipo del Cabildo
de Buenos Aires (1850)
Casa de Guillermo Brown - fotografía -
(AGNB 107.670)
Retrato del Almirante Guillermo Brown
Volviendo al daguerrotipo, diremos que el contacto con estas viejas imágenes, siempre emociona. El resurgimiento del pasado, le otorga un aura especial y en coincidencia con la importancia que le asigna a las antiguas fotos, el filósofo Roland Barthes, afirmamos, hablando de la esencia de la foto grafía, que es: "…el estar allí, de lo que ya no está …”

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BIBLIOGRAFÍA
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