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lunes, 19 de febrero de 2018

SGM: La red Gehlen (Parte 3)

La Red Gehlen 

(Última Parte) 

Son utilizados todos los medios, inclusive el chantaje. En este juego, Gehlen se muestra un enemigo temible. Sin embargo, le serán necesarios toda su perspicacia, su seguridad, su tenacidad, su maquiavelismo, para afrontar y convencer al Estado Mayor norteamericano. 
«A lo largo de este período –cuenta Gehlen en sus Memorias-, informé a mis colaboradores, hasta entonces ignorantes de mis intenciones, del proyecto que había concebido, es decir, volver a crear un servicio de información concerniente a los países del Este, en territorio alemán, con el apoyo de los norteamericanos. Jamás he olvidado el escepticismo y la estupefacción con que reaccionaron algunos de ellos. Solamente su buena educación y su confianza en mí, les impidieron decirme claramente que pensaban que mis sueños eran insensatos. Cuando, al final de 1945, llegamos a discutir con nuestros anfitriones norteamericanos estas mismas proposiciones, las mismas no fueron consideradas descabelladas. Simplemente, se nos aclaró que sería preciso esperar un apaciguamiento de la intensa hostilidad de la opinión pública hacia Alemania y también una mayor escisión entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Una acción prematura, se nos dijo, podría engendrar las más molestas consecuencias en el dominio de la política interior y exterior de Norteamérica». 
Al final de ásperas y laboriosas discusiones tiene lugar un acuerdo. El proyecto que presenta Gehlen a las autoridades norteamericanas es aprobado. Se apoya en cuatro puntos fundamentales: 

  1. La nueva organización Gehlen será independiente de los servicios de información norteamericanos. Constituirá un aparato autónomo bajo la dirección exclusiva del antiguo jefe del F.H.O. Todo el personal, y especialmente los directivos, serán alemanes. 
  2. Ninguna acción será, directa o indirectamente, contraria a los «intereses alemanes», intereses de los que sólo Gehlen será el juez. 
  3. El día en que Alemania recobre su soberanía y tenga un gobierno independiente, la organización será inmediatamente puesta al servicio del nuevo Estado. 
  4. La organización será utilizada por los norteamericanos únicamente en acciones antisoviéticas, para proporcionar informaciones sobre la U.R.S.S. y los países satélites del bloque comunista. 
Estas exigencias pueden parecer exorbitantes por parte del jefe del antiguo F.H.O.; por parte, en última instancia, de un prisionero de guerra. Sin embargo, los norteamericanos aceptan las condiciones del general Gehlen. Se comprometen a proporcionarle los medios financieros y materiales necesarios para su empresa. La organización Gehlen va a ser pronto puesta a punto. Bajo la protección de los Estados Unidos, va a desencadenarse la más amplia operación de recuperación de S.S. y de miembros de la Gestapo, de los antiguos de la Abwehr y del R.S.H.A. 
«Puede constatarse –me ha aclarado Erich Sauber- que la Red Gehlen fue una de las mejores de la posguerra. Algunos S.S., y entre los más comprometidos, se contentaron con desaparecer durante algún tiempo, para luego reaparecer... ¡en el interior de los servicios de Gehlen!» 
El 9 de Julio de 1946, Gehlen y sus oficiales vuelven a su patria. En Nüremberg termina el proceso de los criminales de guerra nazis. Los norteamericanos asignan el campo de Oberursel, que servía a la Luftwaffe durante la guerra, como lugar de residencia de la futura organización de Gehlen. 

Oberursel 
 
 
El general Edwin Luther Sibert lo utiliza como centro de interrogatorios de los prisioneros de guerra. Rodean el campo altas verjas de alambradas. ¡Qué maravilloso camuflaje! Un centro de reclutamiento de antiguos miembros de la Gestapo y de oficiales de la Abwehr instalado en un campo de prisioneros, y ¡con buena custodia norteamericana! La primera tarea de Gehlen consiste en recuperar a sus colaboradores dispersos por los campos de Mannheim, Wiesbaden y otros lugares. Todos estos hombres han adquirido, durante la guerra, una sólida experiencia sobre asuntos soviéticos. Entre los primeros que llegan está su antiguo adjunto, Gerhard Wessel, que acude en su ayuda. Pero Gehlen tiene todavía un obstáculo por superar: desembarazarse de Baun, que está a punto de poner en marcha una organización competidora. Esta disidencia inquieta aún más a Gehlen por el hecho de que hay numerosos S.S. que se están enrolando en la organización Baun, para escapar de las persecuciones de los aliados. Por otra parte, Baun, el jefe del grupo Walli, dispone de un rasgo importante: continúa estando en contacto permanente por radio con los «ejércitos antisoviéticos», que se baten detrás de lo que Churchill llamó en seguida el «telón de acero» (conocido también como «cortina de hierro»). En Ucrania, y sobretodo en los países bálticos, los hombres de Baun continúan al lado de los guerrilleros nacionalistas y utilizan sus radioemisoras. Pero los informes que se transmiten presentan poco interés desde el punto de vista de la inteligencia, aparte de la satisfacción de saber que los comunistas están en dificultades. Gehlen hace sopesar a Sibert la pobreza de las informaciones proporcionadas por Baun. Los norteamericanos empiezan a impacientarse y Baun tiene que reconocer que no puede hacerlo mejor. El astuto Gehlen aprovecha entonces la situación para anunciar a Washington que tiene la posibilidad de enviar agentes secretos a territorio soviético y de infiltrar otros en el sector ruso de Berlín-Este. Lentamente, pero con seguridad, Gehlen consigue anular a Baun y recuperar para sí la pequeña red que él ha constituido. El número de veteranos del F.H.O. es, sin embargo, insuficiente a los ojos de Gehlen para formar la organización que proyecta. En medio del caos que reina en Alemania, encontrar, enrolar e instruir a especialistas del espionaje no es una tarea fácil. Por supuesto, en los campos de prisioneros abundan antiguos miembros de la Abwehr, del R.S.H.A., del SD (Sicherheitsdienst – Policía del Estado) y de la Gestapo, que continúan siendo interrogados y que son frecuentemente acusados de crímenes de guerra. Cientos de «candidatos en potencia» se pudren en los campos de Moosburg y de Landshut, en Baviera. Gehlen consigue obtener la lista de estos «interesantes» prisioneros. Cuando se lo comunica al general Sibert, este se queda desconcertado. ¿Cómo convencer a los oficiales de información, venidos expresamente de Estados Unidos para interrogar a estos prisioneros, para que abandonen sus misiones? Además hay otra dificultad. Gehlen ha firmado un acuerdo con los norteamericanos, según el cual no emplearía ni S.S. ni miembros de la Gestapo. En realidad, en los meses siguientes, con nombres y papeles falsos, serán muchos los que se incorporen a la red Gehlen. Para hacer funcionar a su nueva organización, éste necesita buenos especialistas. ¡Ni hablar, piensa Gehlen, de prescindir de tales «profesionales»! En un principio, para dar prueba de buena voluntad y de honestidad, Gehlen enrola a hombres procedentes de la Abwehr. He aquí algunas de sus adquisiciones: está primero el coronel Rohleder. Tiene detrás de él más de veinte años de carrera cuando se convierte en jefe del servicio de contraespionaje III-F de la Abwehr. Sospechoso de colaboración en el atentado contra Hitler, Rohleder es detenido por la Gestapo en 1944. Gehlen hace de este acontecimiento un argumento de peso para empujar a los norteamericanos a liberarlo. En cuanto a su homólogo en los Países Bajos, el teniente coronel Hermann Giskes, obtiene su reputación por el éxito de la «Operación Nordpol» que pone en práctica. «Después de haber interceptado y “devuelto” un comunicado enviado a Holanda por los ingleses, sin que nadie se percatara –cuenta Gilles Perrault-, el coronel Giskes desorientó a Londres de tal manera que una decena de agentes holandeses y una cantidad apreciable de pertrechos, que habían sido lanzados en paracaídas, fueron recibidos y atrapados por los alemanes en lugar de los miembros de la resistencia que esperaban encontrar». Giskes, como Rohleder, se enrola en la organización Gehlen. Jefe primero de la sección de Brême, es encargado en 1959 de la «subversión» en los países situados detrás de la cortina de hierro. 
Desde los más conocidos hasta los más oscuros, desde el simple suboficial al general, son numerosos los oficiales de la ex organización Canaris que van a alimentar la red Gehlen. Por ejemplo, el jefe de batallón Kramer, que se ha formado en la famosa «Legión Cóndor» enviada por Hitler para apoyar a Franco durante la guerra civil en España. Kramer era amigo personal de uno de los jefes del O.K.W., el general Alfred Jodl, y del jefe del Frente del Trabajo del IIIer Reich, Robert Ley. Gehlen, que sabe emplear las capacidades de sus hombres, va a nombrarle responsable del sector español. Entre las personalidades que figuran en el fichero de Gehlen está un hombre rígido, de estilo prusiano y moral rigurosa: el coronel Oscar Reile, considerado como el más eminente especialista en Francia. 

Oscar Reile 
 
Su mayor éxito fue el desmantelamiento de la red interaliada, que supuso la detención de setenta miembros de la Resistencia. La organización de esta red se apoyaba en dos personas: el capitán polaco Roman Czerniawski y una joven mujer, Mathilde Carré, apodada «La Chatte». Los prisioneros fueron encarcelados en Fresnes, con vistas a ser enviados ante un tribunal de guerra, pero el coronel Reile tuvo la idea de que ambos podían ser «devueltos» y, tras intentarlo, logró reclutar para la Abwehr a ambos jefes de la Resistencia. 
Los hombres que busca Gehlen para enriquecer su nueva organización deben ser ante todo técnicos calificados. Así descubre especialistas como operadores de radio, fotógrafos, expertos en criptografía, traductores, geógrafos, economistas. ¡Mejor si han pertenecido a la Abwehr o al S.D.: su formación está asegurada! Tal es el caso de Gottherd Gebauer, silesiano de origen, como Gehlen, que hizo toda la guerra como oficial de la Abwehr en Polonia. Es destinado, pues, a la sección «polaca» de la organización, donde sus colegas le dan el nombre de «Marzipan-Schweinchen» (cerdito de mazapán). El coronel Otto Wagner, alias «Doctor Delius», se encuentra también entre los eminentes especialistas descubiertos por Gehlen. Amigo íntimo del almirante Canaris, el Doctor Delius ocupó, a partir de 1941, las funciones de jefe de la Abwehr en Bulgaria. Desde su despacho en Sofía tejió una red de espionaje que cubrió todo el país e incluso el norte de Grecia. Un personaje pintoresco se añade a los miembros de esta sección: el ex coronel Nikolai Kostov, antiguo jefe de los servicios secretos bajo el rey Simeón. Otro especialista de esta región es recuperado por Gehlen después de la guerra: el comandante Josef Selmayr. Antiguo residente de la Abwehr en Eslovaquia, trabajó con el F.H.O., donde dirigía el sector de los Balcanes. Gehlen le confió, después de la guerra, la responsabilidad del espionaje en Checoslovaquia y en Yugoslavia. Tiempo después se convirtió en jefe de contraespionaje militar en la Alemania federal. En materia de infiltración, la red Gehlen ha recibido después de la guerra a otros dos hombres particularmente destacables, el capitán Karl Edmund Gartenfeld, alias «Erhard» o «Schoffer» y Wilhelm Ahlrichs. Estos dos antiguos oficiales de la Abwehr están especializados en hacer pasar a sus espías, en plena guerra, a través de las fronteras rusa, inglesa y norteamericana. Desde su organización, todavía en formación, Gehlen juzga que el objetivo más urgente es enviar numerosos agentes a los países ocupados por las tropas soviéticas. El momento es especialmente oportuno: en toda la Europa Central los servicios gubernamentales y administrativos están desorganizados. El hallazgo de Gartengeld y Ahlrichs es un verdadero suceso. Gartenfeld comandaba, durante los dos primeros años de la guerra, una escuadrilla de la Luftwaffe que ejecutó en Inglaterra 17 misiones de espionaje y sabotaje. En el curso de estas peligrosas misiones, él piloteaba personalmente su avión con enormes riesgos. En 1942 su escuadrilla fue enviada al frente del Este para efectuar diversos espionajes en las líneas soviéticas. Gehlen está orgulloso de haberlo recuperado. Sabe de su valor porque ha tenido que recurrir a él para lanzar pertrechos en paracaídas a sus agentes del F.H.O. sobre suelo ruso. Ahlrichs tiene también una brillante hoja de servicios. Ha realizado con éxito peligrosas operaciones de sabotaje en la costa este de los Estados Unidos. Pero Ahlrichs es famoso sobre todo por haber conseguido infiltrar en Norteamérica numerosos agentes nazis. El fue el organizador más destacado de la «Operación Pastorius», en el curso de la cual dos equipos de agentes, llegados en submarinos, desembarcaron en las costas de Florida. 
Dentro de la red Gehlen, los oficiales alemanes que habían pertenecido a los diferentes servicios de la Abwehr eran mayoría: un sesenta por ciento aproximadamente. Muchos se adaptaron sin dificultades, no siempre en la misma organización, sino en organismos colaboradores. Así, Richard Gerken, capitán de la Abwehr, conocido muy bien por la resistencia holandesa, fue destinado como director de gabinete en la B.J.V. (Bundesamt für Verfassungsschutz – Comisión de Protección de la Constitución), organismo de contraespionaje civil, equivalente a la Dirección de Seguridad del territorio francés. Gerken escribió a propósito de sus actividades: «El modelo que hemos adoptado para formar esta comisión de control ha sido calcado sobre la organización del antiguo servicio Ausland de la Abwehr, es decir, el conjunto de los servicios militares de la Abwehr, que dirigía el almirante Canaris». Numerosos hombres se sirvieron de la red Gehlen para desarrollar una brillante carrera en diferentes ministerios y puestos gubernamentales de la Alemania Federal. El capitán de fragata Alexander Cillarius, antiguo jefe de la Abwehr en Finlandia y Estonia, llegó a ser consejero permanente en el Ministerio de Asuntos Extranjeros para las cuestiones escandinavas. El conde Adeelmann von Adelmannsfelden fue secretario de legación. Ernst Günther Mohr, embajador en Buenos Aires. El doctor Wilhelm Otto, cónsul en Houston. Todos, antes y durante la Segunda Guerra Mundial, eran hombres de confianza de la Abwehr. Algunos fueron, inclusive, condecorados con la medalla al mérito militar por los servicios prestados en el marco de su actividad de espionaje. Todos fueron recuperados por Gehlen. Las actuales comisiones científicas alemanas de estudios sobre la Europa del Este reúnen distinguidos profesores que, después de la guerra, continuaron su servicio bajo la dirección del general Gehlen. El paso por la red Gehlen equivalía a una «rehabilitación». Los profesores Markert, Mehneit, Oberländer y muchos otros fueron reconvertidos de esta manera. Este es el caso del doctor en Filosofía y Teología Hans Koch. El doctor Koch es un viejo experto en información. Agente de los servicios de espionaje austrohúngaros durante la Primera Guerra Mundial, se pone después del «Anschluss» («anexión», o «unión política» de Austria dentro de la Alemania nazi en 1938), a disposición del Estado nazi y se incorpora a la Abwehr. 

Anschluss 
 

Participa entonces activamente en la preparación de los planes de invasión de Polonia y Rusia. Koch se incorpora a la red Gehlen y, a partir de 1954, dirige el Instituto de Europa del Este en Munich. «La Comisión de Estudios sobre Europa del Este –declara-, con su equipo de investigadores, periodistas y agregados militares, ha reemplazado a una media docena de puestos diplomáticos en estos países». El puesto de Director del Instituto de Historia de Europa del Este en Tübingen es ocupado también por un antiguo miembro de la Abwehr, el profesor Wernet Markert. Otro antiguo oficial de la Abwehr era, igualmente, el profesor Klaus Mehneit. Alcanzó el cargo de titular de la cátedra de Ciencias Políticas en la Escuela Técnica Superior de Aix-la-Chapelle, de redactor jefe de cinco publicaciones sobre la Europa oriental y de consejero del ministro de Asuntos Exteriores para los países del Este. 
Para contrapesar, en su organización, la presencia de hombres con un pasado político dudoso y con una hoja penal recargada, Gehlen tiene la idea de llamar a los brillantes generales de la Wehrmacht. Los norteamericanos están encantados de que éste enrole a oficiales superiores. Su simple ingreso a la red Gehlen los absuelve de todas las acciones que hayan podido cometer durante la guerra. 
-De hecho –señala Erich Sauber-, la apariencia de rectitud que presentó la Abwehr al final de la guerra no fue más que un engaño. En 1936 fue firmada, en efecto, una convención de diez artículos entre la Abwehr y la Gestapo, fijando los límites de sus respectivas actividades, pero implicando un apoyo recíproco. En 1944 las pautas antisoviéticas y anticomunistas fueron adoptadas de común acuerdo por los oficiales de la Abwehr y los del S.D. También en 1944 Hitler ordena que la dirección de todos los servicios secretos se ponga en manos del Reichsführer S.S. Heinrich Himmler. De este modo, los «caballeros» de la Abwehr han pertenecido, en un momento dado, a las S.S. Pero no hay que engañarse: los métodos de acción durante la guerra no diferían demasiado. Este es el razonamiento que ha hecho Gehlen al contratar, también, a los S.S. o a los de la Gestapo. Para estos hombres no se trata siempre de rehacer sus vidas en el primer momento de la posguerra, sino de esconderse. Entrar en la organización Gehlen, equivale a asegurarse la impunidad. Provistos de papeles falsos, ocupando una función «responsable» en una organización respaldada por los norteamericanos, están provisionalmente protegidos- 
-La red Gehlen –explica Erich Sauber- ha sido puesta en pie para luchar contra el comunismo. Ahora bien, desde el principio, Gehlen ha querido ensanchar el campo de acción de su organización y crear secciones encargadas de obtener información en las demás regiones del planeta. África del Norte, Oriente Medio, América latina, son de este modo inundadas por agentes de Gehlen. Le sirven de pantalla sociedades de importación-exportación que son creadas a tal efecto- 
En medio de esta reunión prodigiosa de individuos que constituyen la organización Gehlen se destaca una figura muy singular: el doctor Wilhelm Höttl. 

Wilhelm Höttl 
 
Perseguidor de judíos, falsificador, espía, Höttl es el hombre clave del final de la guerra. Conoce el escondite del llamado «tesoro nazi» y todas las redes de evasión. Hombre de confianza de Kaltenbrunner, Schellenberg, Himmler, Eichmann, Skorzeny, se halla entre el número de los jóvenes del IIIer Reich que, al acabar la guerra, tenía apenas treinta años y estaba dispuesto a todo para salvar la cabeza. Austríaco, doctor en historia a la edad de 22 años, en 1940, como miembro de las S.S., es uno de los más jóvenes agentes de información. En 1944 llega a Hungría con las fuerzas de ocupación alemanas y juega un papel de primer plano como jefe de los servicios de seguridad. Dirige la deportación de miles de judíos y de miembros de la resistencia húngara. El 10 de Agosto de 1944 está en Estrasburgo. Enviado por Himmler a la conferencia del Hotel Maison-Rouge, es encargado de dar a conocer las consignas del Reichsführer, para la organización del Cuarto Reich, a los representantes de la industria, de la banca y de la administración nazis. Se encuentra aquí al emisario de Martin Borman, el Standartenführer Walter Rauff. Ambos hombres van a organizar las redes de evasión de los jefes nazis, preparar su camuflaje, repartir capitales, prever la creación de sociedades alemanas en el extranjero. Considerado criminal de guerra por los húngaros, consigue salir indemne de la aventura hitleriana. Testigo de cargo en el proceso de Nüremberg, denuncia a todos los torturadores de la Gestapo, ¡sus antiguos colaboradores! Inmediatamente es contratado por el C.I.C. norteamericano y se instala en Austria. Organiza en pocas semanas la red Höttl. Antiguos miembros del S.D., de las Waffen S.S. y oficiales de la Wehrmacht, acuden pronto a Bad Ausse, donde Höttl ha instalado su cuartel general. El grupo se encarga primero del contraespionaje en la región ocupada por las tropas norteamericanas y del espionaje en la zona rusa. El despacho del C.I.C. en Salzburgo proporciona los medios financieros y materiales. Höttl vuelve a tomar contacto con sus «amigos» que han quedado en Hungría y las informaciones llegan a diario a Salzburgo. 
Gehlen, que está interesado en Höttl por ser un especialista en cuestiones húngaras, le envía como emisario, para convencerlo de ingresar en su organización, a uno de sus amigos, el barón Harry Mast (también llamado conde Bobby). Los tratos con Höttl terminan en la integración pura y simple de la red Höttl en la de Gehlen. Los hombres de Höttl continúan reuniendo informaciones procedentes de Austria y Hungría y Höttl las transmite a la central de Munich. 
La red Gehlen fue fundamental en el espionaje y contraespionaje sobre los países que conformaban el Pacto de Varsovia. Gehlen proporcionaba la inteligencia y la O.S.S. y la C.I.A. proveían de todo aquello que precisaban para ejecutar su trabajo: dinero, equipos, transportes, armas. 
Entre los éxitos obtenidos por la red Gehlen se puede mencionar la «Operación Sunrise» por medio de la cual consiguió infiltrar más de 5.000 espías en los países del Este. Todos estos hombres, que fueron entrenados por el general S.S. Burckhardt, continuaron sus operaciones hasta el año 1956, hasta que finalmente fueron exterminados por la KGB. Habían colaborado en Ucrania con el líder nacionalista Stepan Bandera. 

Stepan Bandera 
 
Otro éxito trascendental fue la infiltración, en un puesto de jerarquía, de su agente Walter Gramash, como Director del Departamento de Flotas y Puertos de Alemania Oriental. Este agente transmitió información secreta a Munich durante siete años. Gehlen, asimismo, proporcionó información precisa sobre el emplazamiento de misiles soviéticos con cabezas nucleares; trabajó en colaboración y brindó apoyo a organizaciones nacionalistas clandestinas como «Guardia de Hierro» en Rumania o la «Ustashe» en Yugoslavia; llevó adelante la «Operación Rusty» de contraespionaje contra organizaciones de alemanes disidentes. La red Gehlen tuvo éxito también al descubrir y desarticular la «Unidad de Asesinatos SMERSH» (organización soviética que se había encargado de hallar y eliminar informantes y dobles agentes enemigos); como así también en la construcción del llamado «Túnel de Berlín» el cual fue excavado por debajo del Muro de Berlín para poder interceptar y escuchar todas las comunicaciones soviéticas y de Alemania del Este. 
Pero también es cierto que la organización de Gehlen reclutó a miles de alemanes ex miembros de las S.S. y la Gestapo, que eran buscados por crímenes de guerra, y les proporcionó identidades falsas, pasaportes, historiales adulterados, dinero y hasta puestos de trabajo. Gran parte de esos hombres hallaron refugio en Chile, Argentina y Paraguay. Cuando la Guerra Fría entró en su momento más crítico, toda exigencia inicial de no emplear ex miembros de la Gestapo o las S.S. fue olvidada y hombres como James Angleton (que llegaría a Jefe de Inteligencia de la C.I.A.) fue la persona encargada de elaborar y facilitar las identidades falsas. Precisamente, cuando la C.I.A. fue creada se nombró como su primer Director a Allen Welsh Dulles. Se afirma que fue Gehlen quien le proporcionó a Dulles los «lineamientos generales» de cómo debía organizarse una nueva agencia de inteligencia. 
En Abril de 1956, la red Gehlen fue reubicada al servicio de Alemania Federal con el nombre de B.N.D. (Bundesnachrichtendienst – Servicio Federal de Información). 

B.N.D. 
 
Gehlen conservó su alto cargo en la inteligencia alemana y fue ascendido a Teniente General de la Bundeswehr (las nuevas fuerzas armadas de Alemania). 

Emblema Bundeswehr 
 
En 1968 se vió obligado a renunciar como consecuencia del escándalo político que se generó al descubrirse que un oficial de alta jerarquía del B.N.D., Heinz Halfe, era un agente doble al servicio de la K.G.B.
A partir de su retiro, Reinhardt Gehlen llevó una vida tranquila, sin mayor trascendencia pública, hasta que falleció el 8 de Junio de 1979.
Por toda su trayectoria, es considerado una auténtica leyenda en el mundo de los servicios de información.
 

Reinhardt Gehlen en su vejez 
 


Fuente: Los grandes enigmas del IIIer Reich

sábado, 17 de febrero de 2018

Primera invasión a Afganistán: A 29 años de la campaña

A 29 años del fin de la intervención militar de la Unión Soviética en Afganistán que terminó en derrota y el auge de los talibanes

El 15 de febrero de 1989 Moscú retiró a sus últimas tropas tras reconocer la derrota diez años después de iniciada la guerra. En los años posteriores el país entró en un conflicto civil que se saldó en 1996 con la llegada al poder del grupo extremista


Infobae


Dos soldados soviéticos fuman y se molestan con el fotógrafo, en un puesto de control del aeropuerto de Kabul en 1989

Hace exactamente 29 años la Unión Soviética (URSS) retiró sus últimos soldados de Afganistán tras una década de brutales combates que terminaron en derrota, fortalecieron al grupo extremista de los talibanes y contribuyeron a la caída del gigante comunista casi tres años después.

Las tropas de Moscú habían llegado al país a fines de 1979 y en apoyo del gobierno comunista de Babrak Karmal en Kabul, y de inmediato se vieron envueltas en una ola de protestas y levantamientos en su contra de parte de los afganos organizados principalmente en numerosos movimientos islamistas.


Un técnico de la fuerza aérea soviética descarta en 1989 los cartuchos vacíos de bengalas usadas por los aviones para desviar los misiles antiaéreos guiados por calor


En total, la URSS llegó a sostener una fuerza de unos 100.000 soldados (600.000 participaron en toda la guerra) que reprimieron con violencia a los civiles que creían vinculados a los muyahidines (combatientes de la yihad islámica), lo cual sólo potenció la resistencia en su contra.

La guerra atrajo la atención del mundo y los rebeldes comenzaron a recibir ayuda de los adversarios de los soviéticos: Estados Unidos, China, Pakistán e incluso Irán.


Un cañón antiaéreo operado por muyahidines en la provincia de Paktia, 1986

Se cree un millón de civiles perdieron la vida en una década de conflicto, además de 90.000 muyahidines, 18.000 tropas afganas leales al régimen en Kabul y unos 15.000 soldados soviéticos.

Cuando el 15 de febrero de 1989 Moscú finalmente reconoció la derrota en su objetivo de controlar el país y retiró a sus últimos tropas, el país derivó en una terrible guerra civil que sentó las bases para que los talibanes ("los estudiantes", en pastún), surgidos como un movimiento político ente los muyahidines, tomaran el poder en 1996 autoproclamándose el "Emirato Islámico de Afganistán".


La tripulación de un tanque soviético T-62 observa la destrucción sobre una aldea afgana en la región de Salang

La historia siguiente es más cercana. En 2001 Estados Unidos y sus aliados en la OTAN invadieron y derrocaron al grupo extremista, reavivando la guerra civil que desde entonces sigue sembrando la muerte y destrucción en el país centroasiático.


Un ícono de la guerra: el misil antiaéreo guiado por calor Stinger que los servicios de inteligencia de Estados Unidos proveyeron a los muyahidines. Esta arma les permitió derribar numerosas aeronaves militares soviéticas, especialmente helicópteros


El presidente de los Estados Unidos en ese entonces, Ronald Reagan, recibe a rebeldes afganos en la Casa Blanca en 1982 (Ronald Reagan Presidential Library)


Rebeldes afganos celebran el derribo de un helicóptero Mil Mi-8 de transporte de tropas


Anticuados cazas de fabricación soviética Mig-17 de la fuerza aérea afgana en 1980, en la provincia de Kandahar


Afganos en la cárcel de Pulicharkhi para prisioneros políticos, en Kabul, en enero de 1980 poco después de la llegada al poder de Babrak Karmal


Un grupo de muyahidines en la ciudad de Herat en 1980. En primer plano figura un ex capitán del ejército afgano que desertó para luchar contra los soviéticos


Soldados soviéticos se preparan para cambiar de posición en 1988 (AP)


Una columna de tanques T-62 a mediados de la década de 1980 (AFP)


Otro símbolo de la guerra: el helicóptero de ataque Mil Mi-24 “Hind” protege un convoy que llevaba combustible y comida a Kabul en 1989 (AP)


Veteranos del conflicto y familiares colocan flores en el monumento a los soldados soviéticos caídos en la guerra, el 15 de febrero de 2018 en Kiev, Ucrania

domingo, 11 de febrero de 2018

Estados bálticos: Ocupación nazi y soviética desde 1940-1990

Ocupación de los Estados bálticos

Wikipedia


La ocupación de los Estados bálticos fue la ocupación militar de los tres Estados bálticos-Estonia, Letonia y Lituania-por la Unión Soviética bajo los auspicios del Pacto Molotov-Ribbentrop el 14 de junio de 1940 seguido de su incorporación a la URSS como repúblicas constituyentes, no reconocida por la mayoría de las potencias occidentales. El 22 de junio de 1941, la Alemania nazi atacó la URSS y en pocas semanas ocupó los territorios bálticos. En julio de 1941, el territorio báltico se incorporó al Reichskommissariat Ostland del Tercer Reich. Como resultado de la ofensiva báltica de 1944, la Unión Soviética recapturó la mayor parte de los Estados bálticos y atrapó a las fuerzas alemanas restantes en el bolsillo de Curlandia hasta su rendición formal en mayo de 1945. La "ocupación de la anexión" soviética (Annexionsbesetzung or occupation sui generis) de los Estados bálticos duró hasta agosto de 1991, cuando los Estados bálticos recuperaron la independencia.

Los estados bálticos, los Estados Unidos  y sus tribunales, el Parlamento Europeo, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas han declarado que estos tres países fueron invadidos, ocupados e incorporados ilegalmente en la Unión Soviética según las disposiciones del Pacto Molotov-Ribbentrop de 1939, primero por la Unión Soviética, luego por los nazis. Alemania desde 1941 hasta 1944, y nuevamente por la Unión Soviética desde 1944 hasta 1991. Esta política de no reconocimiento ha dado lugar al principio de continuidad jurídica, que sostiene que de jure, o como cuestión de derecho, los Estados bálticos habían permanecido como estados independientes bajo ocupación ilegal durante el período de 1940 a 1991.

En su reevaluación de la historia soviética que comenzó durante la perestroika en 1989, la URSS condenó el protocolo secreto de 1939 entre Alemania y él mismo. Sin embargo, la URSS nunca reconoció formalmente su presencia en los países bálticos como ocupación o anexó estos estados, y consideró a las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Estonia, Letonia y Lituania como sus repúblicas constituyentes. La historiografía nacionalista-patriótica y los libros de texto escolares continúan sosteniendo que los Estados bálticos se unieron voluntariamente a la Unión Soviética después de que todos sus pueblos llevaron a cabo revoluciones socialistas independientes de la influencia soviética.  El gobierno ruso y sus funcionarios estatales insisten en que la incorporación de los estados bálticos estaba de acuerdo con el derecho internacional y obtuvieron el reconocimiento de jure por los acuerdos hechos en las conferencias de Yalta y Potsdam y por los Acuerdos de Helsinki Considerando que los Acuerdos solo comprometían las fronteras existentes no serían violados. Sin embargo, Rusia aceptó la solicitud de Europa de "ayudar a las personas deportadas de los Estados bálticos ocupados" al unirse al Consejo de Europa. Además, cuando la República Socialista Federativa Soviética de Rusia firmó un tratado por separado con Lituania en 1991, reconoció que la anexión de 1940 era una violación de la soberanía lituana y reconocía la continuidad de jure del Estado lituano.

La mayoría de los gobiernos occidentales sostuvieron que la soberanía báltica no había sido invalidada legítimamente y así continuaron reconociendo a los estados bálticos como entidades políticas soberanas representadas por las legaciones designadas por los Estados bálticos anteriores a 1940 que funcionaban en Washington y en otros lugares. La independencia de facto se restableció en los Estados bálticos en 1991 durante la disolución de la Unión Soviética. Rusia comenzó a retirar sus tropas de los países bálticos (a partir de Lituania) en agosto de 1993. La retirada total de las tropas desplegadas por Moscú se completó en agosto de 1994. Rusia puso fin oficialmente a su presencia militar en los países bálticos en agosto de 1998 al desmantelar la estación de radar Skrunda-1 en Letonia. Las instalaciones desmanteladas se repatriaron a Rusia y el sitio volvió al control letón, y el último soldado ruso abandonó el suelo báltico en octubre de 1999.

Introducción

Temprano en la mañana del 24 de agosto de 1939, la Unión Soviética y Alemania firmaron un pacto de no agresión de diez años, denominado pacto Molotov-Ribbentrop. El pacto contenía un protocolo secreto por el cual los estados de Europa del Norte y del Este se dividieron en "esferas de influencia" alemanas y soviéticas. En el norte, Finlandia, Estonia y Letonia fueron asignados a la esfera soviética. Polonia se dividiría en caso de que se produjera una "reorganización política": las áreas al este de Narev, Vistula y San Rivers irían a la Unión Soviética, mientras que Alemania ocuparía el oeste. Lituania, adyacente a Prusia Oriental, estaría en la esfera de influencia alemana, aunque un segundo protocolo secreto acordado en septiembre de 1939 asignó la mayoría del territorio lituano a la Unión Soviética. De acuerdo con este protocolo secreto, Lituania recuperaría su capital histórica, Vilnius, previamente subyugada por Polonia durante el período de entreguerras.

Tras el final de la invasión soviética de Polonia el 6 de octubre, los soviéticos presionaron a Finlandia y a los países bálticos para que concluyeran los tratados de asistencia mutua. Los soviéticos cuestionaron la neutralidad de Estonia después del escape de un submarino polaco internados el 18 de septiembre. Una semana más tarde, el 24 de septiembre, el ministro de Asuntos Exteriores estonio recibió un ultimátum en Moscú. Los soviéticos exigieron la conclusión de un tratado de asistencia mutua para establecer bases militares en Estonia. Los estonios no tuvieron más opción que aceptar bases navales, aéreas y militares en dos islas estonias y en el puerto de Paldiski. El acuerdo correspondiente se firmó el 28 de septiembre de 1939. Letonia siguió el 5 de octubre de 1939 y Lituania poco después, el 10 de octubre de 1939. Los acuerdos permitieron a la Unión Soviética establecer bases militares en el territorio de los Estados bálticos durante la guerra europea y para colocar 25,000 soldados soviéticos en Estonia, 30,000 en Letonia y 20,000 en Lituania desde octubre de 1939.


División planificada y real de Europa, según el Pacto Molotov-Ribbentrop, con ajustes posteriores

Ocupación soviética y anexión 1940-1941

En septiembre y octubre de 1939, el gobierno soviético obligó a los estados bálticos a concluir pactos de asistencia mutua que le dieron el derecho de establecer bases militares soviéticas. En mayo de 1940, los soviéticos recurrieron a la idea de una intervención militar directa, pero aún tenían la intención de gobernar a través de los regímenes títeres. Su modelo era la República Democrática de Finlandia, un régimen títere establecido por los soviéticos el primer día de la Guerra de Invierno.  Los soviéticos organizaron una campaña de prensa contra las supuestas simpatías de los aliados de los gobiernos bálticos. En mayo de 1940, los alemanes invadieron Francia, que fue invadida y ocupada un mes después. A fines de mayo y principios de junio de 1940, los estados bálticos fueron acusados ​​de colaborar militarmente contra la Unión Soviética celebrando reuniones el invierno anterior. : 43 El 15 de junio de 1940, el gobierno lituano no tuvo más remedio que aceptar el ultimátum soviético y permitir la entrada de un número no especificado de tropas soviéticas. El presidente Antanas Smetona propuso la resistencia armada a los soviéticos, pero el gobierno se negó, proponiendo a su propio candidato para dirigir el régimen. Sin embargo, los soviéticos rechazaron esta oferta y enviaron a Vladimir Dekanozov a hacerse cargo de los asuntos mientras el Ejército Rojo ocupaba el estado.


Esquemas del bloqueo militar soviético y la invasión de Estonia en 1940. (Archivos navales del estado ruso)

El 16 de junio de 1940, Letonia y Estonia también recibieron Ultimata. El Ejército Rojo ocupó los dos estados bálticos restantes poco después. Los soviéticos despacharon a Andrey Vyshinsky para supervisar la toma de control de Letonia y Andrei Zhdanov para supervisar la toma de control de Estonia. Los días 18 y 21 de junio de 1940, se formaron nuevos gobiernos de "frente popular" en cada país báltico, formado por comunistas y compañeros de viaje. Bajo la vigilancia soviética, los nuevos gobiernos organizaron elecciones fraudulentas para nuevas "asambleas populares". A los votantes se les presentó una lista única, y no se permitieron archivar movimientos opositores y para obtener la participación requerida se forjó el 99,6% de los votos.: 46 Un mes después, las nuevas asambleas se reunieron, siendo su única actividad resoluciones para unirse a la Unión Soviética. En cada caso, las resoluciones fueron aprobadas por aclamación. El Soviet Supremo de la Unión Soviética aceptó debidamente las solicitudes en agosto, dando así una sanción legal a la toma. Lituania se incorporó a la Unión Soviética el 3 de agosto, Letonia el 5 de agosto y Estonia el 6 de agosto de 1940. Los presidentes depuestos de Estonia (Konstantin Päts) y Letonia (Kārlis Ulmanis) fueron encarcelados y deportados a la URSS y murieron más tarde en la región de Tver y Asia central, respectivamente. En junio de 1941, los nuevos gobiernos soviéticos llevaron a cabo deportaciones masivas de "enemigos del pueblo". Se estima que solo Estonia perdió 60,000 ciudadanos.: 48 En consecuencia, muchos bálticos saludaron inicialmente a los alemanes como libertadores cuando invadieron una semana más tarde.

La Unión Soviética inmediatamente comenzó a erigir fortificaciones fronterizas a lo largo de su frontera occidental recién adquirida, la llamada Línea Molotov.

Ocupación alemana 1941-1944

La provincia de Ostland y el Holocausto

El 22 de junio de 1941, los alemanes invadieron la Unión Soviética. Los estados bálticos, recientemente sovietizados por amenazas, fuerza y ​​fraude, generalmente dieron la bienvenida a las fuerzas armadas alemanas cuando cruzaron las fronteras. En Lituania, estalló una revuelta y se estableció un gobierno provisional independiente. A medida que los ejércitos alemanes se acercaban a Riga y Tallin, se hicieron intentos para restablecer los gobiernos nacionales. Se esperaba que los alemanes restablecieran la independencia báltica. Tales esperanzas políticas pronto se evaporaron y la cooperación báltica se hizo menos directa o cesó por completo. Los alemanes intentaron anexar los territorios bálticos al Tercer Reich donde los "elementos adecuados" debían ser asimilados y los "elementos inadecuados" exterminados. En la práctica real, la implementación de la política de ocupación era más compleja; por razones administrativas, los Estados bálticos se incluyeron con Bielorrusia en el Reichskommissariat Ostland. El área fue gobernada por Hinrich Lohse que estaba obsesionado con las regulaciones burocráticas. El área del Báltico era la única región del este destinada a convertirse en una provincia completa del Tercer Reich.

Las actitudes raciales nazis hacia el pueblo báltico difieren entre las autoridades nazis. En la práctica, las políticas raciales no estaban dirigidas contra la mayoría de los bálticos, sino contra los judíos. Un gran número de judíos vivían en las principales ciudades, especialmente en Vilnius, Kaunas y Riga. Las unidades de exterminio móviles alemanas masacraron a cientos de miles de judíos; El Einsatzgruppe A, asignado al área báltica, era el más efectivo de cuatro unidades.  La política alemana obligó a los judíos a entrar en guetos. En 1943, Heinrich Himmler ordenó a sus fuerzas liquidar los ghettos y trasladar a los supervivientes a los campos de concentración. Algunos conscriptos letones y lituanos colaboraron activamente en el asesinato de judíos, y los nazis lograron provocar pogromos localmente, especialmente en Lituania. Solo alrededor del 75 por ciento de los judíos estonios y el 10 por ciento de los letones y lituanos sobrevivieron a la guerra. Sin embargo, para la mayoría del pueblo báltico, el gobierno alemán fue menos severo que el régimen soviético, y fue menos brutal que las ocupaciones alemanas en otras partes de Europa oriental. Los regímenes locales de títeres realizaban tareas administrativas y se permitía que las escuelas funcionaran. Sin embargo, a la mayoría de las personas se les negó el derecho a poseer tierras o negocios.

Nacionales bálticos dentro de las fuerzas soviéticas 

La administración soviética había incorporado a la fuerza los ejércitos nacionales bálticos tras la ocupación en 1940. La mayoría de los oficiales superiores fueron arrestados y muchos de ellos asesinados. Durante la invasión alemana, los soviéticos llevaron a cabo una movilización general forzada que tuvo lugar en violación del derecho internacional. Bajo los Convenios de Ginebra, este acto de violencia es visto como una violación grave y un crimen de guerra, porque los hombres movilizados fueron tratados como arrestantes desde el principio. En comparación con la movilización general proclamada en la Unión Soviética, el rango de edad se extendió por 9 años en los países bálticos; todos los oficiales de la reserva también fueron tomados. El objetivo era deportar a todos los hombres capaces de luchar a Rusia, donde fueron enviados a condenar a los campamentos. Casi la mitad de ellos perecieron debido a las condiciones del transporte, el trabajo esclavo, el hambre, las enfermedades y las medidas represivas del NKVD. Además, se formaron batallones de destrucción bajo el mando del NKVD. Por lo tanto, los ciudadanos bálticos lucharon en las filas del ejército alemán y soviético. Estaba la 201ª División de Fusileros de Letonia. La 308ª división de fusileros de Letonia recibió la Orden del Estandarte Rojo después de la expulsión de los alemanes de Riga en el otoño de 1944.

Se estima que 60,000 lituanos fueron reclutados en el Ejército Rojo. [70] Durante 1940, sobre la base del disuelto ejército lituano, las autoridades soviéticas organizaron el 29º Cuerpo de Fusileros Territoriales. La disminución en la calidad de vida y las condiciones del servicio, el adoctrinamiento forzoso de la ideología comunista, causó el descontento de las unidades militares recientemente sovietizadas. Las autoridades soviéticas respondieron con represiones contra oficiales lituanos del 29 ° Cuerpo, arrestaron a más de 100 oficiales y soldados y posteriormente ejecutaron alrededor de 20 en otoño de 1940. En ese momento supuestamente cerca de 3.200 oficiales y soldados del 29 ° Cuerpo fueron considerados "políticamente poco confiables". Debido a las altas tensiones y al descontento de los soldados, el 26º Regimiento de Caballería se disolvió. Durante las deportaciones de junio de 1941, más de 320 oficiales y soldados del 29º Cuerpo fueron arrestados y deportados a campos de concentración de ejecutados. El 29º Cuerpo colapsó con la invasión alemana a la Unión Soviética: el 25 y 26 de junio estalló una rebelión en su 184ª División de Fusileros. La otra división del 29º Cuerpo, la 179ª División de Fusileros, perdió a la mayoría de sus soldados durante la retirada de los alemanes, principalmente a la deserción de sus soldados. Un total de menos de 1.500 soldados con una fuerza inicial de alrededor de 12,000 llegaron al área de Pskov en agosto de 1941. En la segunda parte de 1942, la mayoría de los lituanos que permanecían en las filas soviéticas y los refugiados de guerra masculinos de Lituania se organizaron en el 16º Fusil División durante su segunda formación. La 16ª División de Fusileros, a pesar de ser oficialmente llamada "lituana" y comandada en su mayoría por oficiales de origen lituano, incluyendo Adolfas Urbšas, ex Jefe de Estado Mayor del Ejército Lituano, era étnicamente muy mezclada, con hasta 1/4 de su personal compuesto por judíos y siendo así la mayor formación judía del ejército soviético. La broma popular de aquellos años decía que la 16ª división se llama lituana, porque hay 16 lituanos entre sus filas.

El 22º Cuerpo de Fusileros Territoriales estonios de 7.000 efectivos fue duramente golpeado en las batallas alrededor de Porkhov durante la invasión alemana en el verano de 1941, cuando 2000 fueron muertos o heridos en combate, y 4500 se rindieron. Los 25,000-30,000 efectivos del 8º Cuerpo de Fusileros Estonianos perdieron 3/4 de sus tropas en la batalla por Velikiye Luki en el invierno de 1942/43. Participó en la captura de Tallin en septiembre de 1944. Aproximadamente 20,000 lituanos, 25,000 estonios y 5000 letones murieron en las filas del Ejército Rojo y batallones de trabajo.

Nacionales bálticos dentro de las fuerzas alemanas

La administración nazi también reclutó a ciudadanos bálticos en los ejércitos alemanes. La Fuerza de Defensa Territorial de Lituania, compuesta de voluntarios, se formó en 1944. El LTDF alcanzó el tamaño de unos 10.000 hombres. Su objetivo era luchar contra el Ejército Rojo que se aproxima, proporcionar seguridad y llevar a cabo operaciones antipartisanas dentro del territorio, reclamadas por los lituanos. Después de breves enfrentamientos contra los partisanos soviéticos y polacos (Armia Krajowa), la fuerza se disolvió por sí sola, sus líderes fueron arrestados y enviados a campos de concentración nazis, y muchos de sus miembros fueron ejecutados por los nazis. La Legión Letona, creada en 1943, consistía en dos divisiones reclutadas de las Waffen-SS. El 1 de julio de 1944, la Legión letona tenía 87.550 hombres. Otros 23,000 letones servían como "auxiliares" de la Wehrmacht. Entre otras batallas participaron en las batallas en el Asedio de Leningrado, en Curlandia Bolsillo, en las defensas de la muralla de Pomerania, en el río Velikaya por la colina "93,4" y en la defensa de Berlín. La 20ª División de Granaderos de Waffen de las SS (1º Estonio) se formó en enero de 1944 a través de la conscripción. Formados por 38,000 hombres, tomaron parte en la Batalla de Narva, la Batalla de Tannenberg Line, la Batalla de Tartu y la Operación Aster.

Intentos de restaurar la independencia y la ofensiva soviética de 1944

Hubo varios intentos de restaurar la independencia durante la ocupación. El 22 de junio de 1941, los lituanos derrocaron el régimen soviético dos días antes de que la Wehrmacht llegara a Kaunas, donde los alemanes permitieron que un gobierno provisional funcionase durante más de un mes. El Consejo Central de Letonia se estableció como una organización clandestina en 1943, pero fue destruida por la Gestapo en 1945. En Estonia en 1941, Jüri Uluots propuso la restauración de la independencia; más tarde, en 1944, se había convertido en una figura clave en el Comité Nacional secreto. En septiembre de 1944, Uluots se convirtió brevemente en presidente en funciones de la Estonia independiente. A diferencia de los franceses y los polacos, los estados bálticos no tenían gobiernos en el exilio ubicados en el oeste. En consecuencia, Gran Bretaña y los Estados Unidos carecían de interés en la causa báltica, mientras que la guerra contra Alemania permaneció indecisa. El descubrimiento de la masacre de Katyn en 1943 y la conducta insensible hacia el levantamiento de Varsovia en 1944 habían arrojado sombras sobre las relaciones; sin embargo, los tres vencedores todavía mostraron solidaridad en la conferencia de Yalta en 1945.

Para el 1 de marzo de 1944 el asedio de Leningrado había terminado y las tropas soviéticas estaban en la frontera con Estonia. [76] Los soviéticos lanzaron la ofensiva del Báltico, una operación militar y política doble para derrotar a las fuerzas alemanas, el 14 de septiembre. El 16 de septiembre, el Alto Mando del Ejército alemán emitió un plan en el que las fuerzas estonias cubrirían la retirada alemana. [77] Los soviéticos pronto llegaron a la capital de Estonia, Tallin, donde la primera misión del NKVD fue detener a cualquiera que escapara del estado; sin embargo, muchos refugiados lograron escapar hacia el oeste. El NKVD también se dirigió a los miembros del Comité Nacional de la República de Estonia [78]. Las fuerzas alemanas y letonas permanecieron atrapadas en el bolsillo de Curlandia hasta el final de la guerra, capitulando el 10 de mayo de 1945.

Bajo dominio soviético 1944-1991

Resistencia y deportaciones 


Monumento a las víctimas lituanas de la ocupación soviética en la avenida Gediminas, Vilnius.
54 ° 41'18.9 "N 25 ° 16'14.0" E

Después de volver a ocupar los Estados bálticos, los soviéticos implementaron un programa de sovietización, que se logró a través de la industrialización a gran escala en lugar de ataques abiertos a la cultura, la religión o la libertad de expresión. Los soviéticos llevaron a cabo deportaciones masivas para eliminar cualquier resistencia a la colectivización o el apoyo de partidarios. Partidarios bálticos, como los Hermanos del bosque, continuaron resistiendo el dominio soviético a través de la lucha armada durante varios años.

Los soviéticos habían llevado a cabo deportaciones masivas en 1940-41, pero las deportaciones entre 1944-52 fueron aún mayores. Solo en marzo de 1949, las principales autoridades soviéticas organizaron una deportación masiva de 90,000 ciudadanos bálticos.

El número total de deportaciones en 1944-55 se ha estimado en más de medio millón: 124,000 en Estonia, 136,000 en Letonia y 245,000 en Lituania.

La cifra estimada de muertes entre deportados lituanos entre 1945 y 1958 fue de 20,000, incluidos 5,000 niños.

A los deportados se les permitió regresar después del discurso secreto de Nikita Khrushchev en 1956 denunciando los excesos del estalinismo, sin embargo muchos no sobrevivieron a sus años de exilio en Siberia. Después de la guerra, los soviéticos delinearon nuevas fronteras para las repúblicas bálticas. Lituania ganó las regiones de Vilna y Klaipėda, mientras que la SFSR rusa anexó el territorio de las partes orientales de Estonia (5% del territorio de la preguerra) y Letonia (2%).

Industrialización e inmigración 

Los soviéticos hicieron grandes inversiones de capital para recursos energéticos y una fabricación de productos industriales y agrícolas. El objetivo era integrar las economías bálticas en la esfera económica soviética más grande. En las tres repúblicas, se desarrolló la industria manufacturera que dio como resultado algunos de los mejores complejos industriales en la esfera de la producción electrónica y textil. La economía rural sufrió por la falta de inversiones y la colectivización. Las áreas urbanas del Báltico habían sido dañadas durante la guerra y tomó diez años recuperar las pérdidas de vivienda. Las construcciones nuevas a menudo eran de mala calidad y los inmigrantes rusos étnicos eran favorecidos en la vivienda. Estonia y Letonia recibieron inmigración a gran escala de trabajadores industriales de otras partes de la Unión Soviética que cambiaron dramáticamente la demografía. Lituania también recibió inmigración, pero en menor escala.

Los estonios étnicos constituyeron el 88 por ciento antes de la guerra, pero en 1970 la cifra se redujo al 60 por ciento. Los letones étnicos constituyeron el 75 por ciento, pero la cifra cayó un 57 por ciento en 1970 y más abajo hasta el 50,7 por ciento en 1989. Por el contrario, la caída en Lituania fue solo del 4 por ciento. Los comunistas bálticos habían apoyado y participado la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia. Sin embargo, muchos de ellos murieron durante la Gran Purga en la década de 1930. Los nuevos regímenes de 1944 fueron establecidos principalmente por comunistas nativos que habían luchado en el Ejército Rojo. Sin embargo, los soviéticos también importaron rusos étnicos para ocupar puestos políticos, administrativos y gerenciales.

Restauraciones de independencia

El período de estancamiento trajo la crisis del sistema soviético. El nuevo líder soviético Mikhail Gorbachev llegó al poder en 1985 y respondió con glasnost y perestroika. Fueron intentos de reformar el sistema soviético desde arriba para evitar la revolución desde abajo. Las reformas ocasionaron el despertar del nacionalismo en las repúblicas bálticas. Las primeras grandes manifestaciones contra el medio ambiente fueron Riga en noviembre de 1986 y la primavera siguiente en Tallin. Pequeñas protestas exitosas alentaron a individuos clave y para finales de 1988 el ala de la reforma había ganado posiciones decisivas en las repúblicas bálticas. Al mismo tiempo, coaliciones de reformistas y fuerzas populistas se reunieron bajo los Frentes Populares. El Supremo Soviético de la República Socialista Soviética de Estonia volvió a utilizar el idioma estonio como idioma oficial en enero de 1989, y poco después se aprobaron leyes similares en Letonia y Lituania. Las repúblicas bálticas declararon su objetivo de soberanía: Estonia en noviembre de 1988, Lituania en mayo de 1989 y Letonia en julio de 1989. The Baltic Way, que tuvo lugar el 23 de agosto de 1989, se convirtió en la mayor manifestación de oposición al régimen soviético.

El 11 de marzo de 1990, el Soviet Supremo de Lituania declaró la independencia de Lituania. Los candidatos a la independencia habían recibido una abrumadora mayoría en las elecciones al Soviet Supremo celebradas a principios de ese mes. El 30 de marzo de 1990, el Soviet Supremo de Estonia declaró a la Unión Soviética como una potencia ocupante y anunció el comienzo de un período de transición hacia la independencia. El 4 de mayo de 1990, el Soviet Supremo de Letonia hizo una declaración similar. La Unión Soviética condenó inmediatamente las tres declaraciones como ilegales, diciendo que tenían que pasar por el proceso de secesión descrito en la Constitución soviética de 1977. Sin embargo, los Estados bálticos argumentaron que todo el proceso de ocupación violó tanto el derecho internacional como su propia ley. Por lo tanto, argumentaron, simplemente estaban reafirmando una independencia que aún existía bajo el derecho internacional.

A mediados de junio, los soviéticos comenzaron las negociaciones con las repúblicas bálticas. Los soviéticos tuvieron un desafío mayor en otros lugares, ya que la república federal rusa proclamó la soberanía en junio. Simultáneamente, las repúblicas bálticas también comenzaron a negociar directamente con la república federal rusa. Después de las negociaciones fallidas, los soviéticos hicieron un dramático pero fallido intento de romper el punto muerto y enviaron tropas militares matando a veinte personas e hiriendo a cientos de civiles en lo que se conoció como la "masacre de Vilna" y "Las barricadas" en Letonia en enero de 1991. En agosto de 1991, los miembros de la línea dura intentaron tomar el control de la Unión Soviética. Un día después del golpe de estado del 21 de agosto, los estonios proclamaron la independencia total. El parlamento letón hizo una declaración similar en el mismo día. El golpe fracasó pero el colapso de la Unión Soviética se hizo inevitable. Después de que el golpe de estado colapsó, el gobierno soviético reconoció la independencia de los tres estados bálticos el 6 de septiembre de 1991.

Retiro de las tropas rusas y desmantelamiento de los radares

La Federación de Rusia asumió la carga y el posterior retiro de la fuerza de ocupación, que consistía en unas 150,000 ex tropas soviéticas, ahora rusas, estacionadas en los Estados bálticos. A partir de 1992 todavía había 120,000 tropas rusas allí, así como una gran cantidad de pensionistas militares, particularmente en Estonia y Letonia.

Durante el período de negociaciones, Rusia esperaba retener instalaciones como la base naval de Liepaja, la estación de radar de misiles balísticos Skrunda y la estación espacial de Ventspils en Letonia y la base de submarinos Paldiski en Estonia, así como los derechos de tránsito a Kaliningrado. a través de Lituania.

La contienda surgió cuando Rusia amenazó con mantener sus tropas donde estaban. El vínculo de Moscú con una legislación específica que garantiza los derechos civiles de los rusos étnicos fue visto como una amenaza implícita en Occidente, en la Asamblea General de los Estados Unidos y por los líderes bálticos, que lo consideraban como el imperialismo ruso.

Lituania fue el primero en completar la retirada de las tropas rusas, el 31 de agosto de 1993, en parte debido al problema de Kaliningrado.

Los acuerdos subsiguientes para retirar las tropas de Letonia se firmaron el 30 de abril de 1994, y de Estonia el 26 de julio de 1994. La continua vinculación de parte de Rusia resultó en una amenaza por parte del Senado de Estados Unidos a mediados de julio para detener toda ayuda a Rusia en caso de que las fuerzas no fueran retiradas para fines de agosto. La retirada final se completó el 31 de agosto de 1994. Algunas tropas rusas permanecieron estacionadas en Estonia en Paldiski hasta que la base militar rusa fue desmantelada y los reactores nucleares suspendieron sus operaciones el 26 de septiembre de 1995. Rusia operó la estación de radar Skrunda-1 hasta que se desmanteló el 31 de agosto de 1998. El Gobierno ruso tuvo que desmontar y retirar el equipo de radar; este trabajo se completó en octubre de 1999 cuando el sitio fue devuelto a Letonia. El último soldado ruso salió de la región ese mes, marcando un final simbólico de la presencia militar rusa en suelo báltico.

Consecuencias

En los años posteriores al restablecimiento de la independencia del Báltico, las tensiones se han mantenido entre los bálticos indígenas y los colonos de habla rusa en Estonia y Letonia. Si bien los requisitos para obtener la ciudadanía en los Estados bálticos son relativamente liberales, algunos expertos han señalado la falta de atención a los derechos de las personas de habla rusa y apátridas en los Estados bálticos, mientras que todas las organizaciones internacionales coinciden en que no hay formas de se puede observar una discriminación sistemática hacia la población de habla rusa y, a menudo, apátrida.

En 1993, Estonia se destacó por tener problemas relacionados con la integración exitosa de algunos que eran residentes permanentes en el momento en que Estonia obtuvo la independencia [111]. Según un informe de 2008 del Relator Especial sobre el racismo al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, los representantes de las comunidades de habla rusa en Estonia consideraron que la forma más importante de discriminación en Estonia no es étnica, sino más bien basada en el idioma (párrafo 56). El relator expresó varias recomendaciones, entre ellas el fortalecimiento del Canciller de Justicia, facilitar la concesión de la ciudadanía a personas de nacionalidad indefinida y hacer que la política lingüística sea objeto de debate para elaborar estrategias que reflejen mejor el carácter multilingüe de la sociedad (párrs. 89-92). Estonia ha sido criticada por el Comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación Racial con un fuerte énfasis en el idioma estonio en la estrategia de integración estatal; uso del enfoque punitivo para promover el idioma estonio; restricciones del uso del idioma minoritario en los servicios públicos; bajo nivel de representación minoritaria en la vida política; persistentemente alto número de personas con ciudadanía indeterminada, etc.

Según Yaël Ronen, del Centro Minerva para los Derechos Humanos en la Universidad Hebrea de Jerusalén, los regímenes ilegales suelen tomar medidas para cambiar la estructura demográfica del territorio que posee el régimen, por lo general a través de dos métodos: la eliminación forzada de la población local y transferir sus propias poblaciones al territorio. [114] Cita el caso de los estados bálticos como un ejemplo de dónde ha ocurrido este fenómeno, con las deportaciones de 1949 combinadas con grandes oleadas de inmigración en 1945-50 y 1961-70. Cuando el régimen ilegal hizo la transición a un régimen legal en 1991, el estado de estos colonos se convirtió en un problema.

Continuidad de estado de los Estados bálticos

La mayoría de los poderes occidentales han aceptado la reivindicación báltica de la continuidad con las repúblicas anteriores a la guerra. Como consecuencia de la política de no reconocimiento de la ocupación soviética de estos países, combinado con la resistencia del pueblo báltico al régimen soviético, el funcionamiento ininterrumpido de los órganos estatales rudimentarios en el exilio en combinación con el principio jurídico fundamental de ex injuria jus non oritur, que no se puede obtener ningún beneficio legal de un acto ilegal, la incautación de los Estados bálticos se consideró ilegal [116], por lo tanto, el título soberano nunca pasó a la Unión Soviética y los Estados bálticos continuaron existir como sujetos de derecho internacional.

La posición oficial de Rusia, que eligió en 1991 ser el sucesor legal y directo de la URSS, es que Estonia, Letonia y Lituania se unieron libremente por su propia cuenta en 1940 y, con la disolución de la URSS, estos países se convirtieron en entidades de nueva creación en 1991. La postura de Rusia se basa en el deseo de evitar la responsabilidad financiera, y la opinión de que el reconocimiento de la ocupación soviética sentaría las bases para futuras reclamaciones de indemnización de los Estados bálticos.