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jueves, 27 de abril de 2017

SGM: La red Gehlen (Parte 1)

La Red Gehlen 

(Primera Parte) 

«La esencia de los servicios secretos, aparte de la obligación de conocer el máximo de los hechos, consiste en saber discernir las tendencias históricas pasadas y prever su evolución futura.»
Reinhardt Gehlen
 


Reinhardt Gehlen 
 

Berna: Enero de 1972. Una lluvia helada me acoge al bajar del avión que me trae de París. Al dirigirme al centro de la capital helvética, intento imaginarme cómo va a desarrollarse mi entrevista con este hombre que, veintiocho años después de la caída del Reich, ha aceptado finalmente hablar... Retrocedo mentalmente en el tiempo. Pienso en ese notorio mes de Mayo de 1945. ¿Cuál fue la reacción de Erich Sauber, el hombre que vengo a ver, al enterarse de la muerte de su Führer y de la rendición de su país? ¿Qué va a revelarme sobre la desaparición de los fieles servidores del régimen nazi, sobre los falsos suicidas y sobre la caza de los criminales de guerra organizada por los aliados, sobre la «extraordinaria reconversión» de algunos de ellos? Es la primera vez que voy a encontrarme con Erich Sauber, este antiguo adjunto de Walter Schellenberg. 

Walter Schellenberg 
 
Estrechamente ligado a todos los contactos que se establecieron entre ciertos jefes nazis y los aliados durante los últimos meses de la guerra, Sauber participó especialmente en las primeras conversaciones con los servicios secretos suizos y, por medio de ellos, con el norteamericano Allen Welsh Dulles, por ese entonces, jefe de la O.S.S. (Office of Strategic Services - Oficina de Servicios Estratégicos), en Berna, Suiza. 

Allen Welsh Dulles 
 
Schellenberg, jefe de los servicios de contraespionaje del R.S.H.A. (Reichssicherheitshauptamt – Oficina Central de Seguridad del Reich), quería proteger sus relaciones con la Abwehr, servicio de contraespionaje que reportaba directamente al O.K.W. (Oberkommando der Wehrmacht - Estado Mayor de las Fuerzas Armadas), dirigido durante mucho tiempo por el almirante Wilhelm Walter Canaris. 

Almirante Canaris 
 
Erich Sauber ha sido, también, testigo de las horas críticas de la Abwehr y de la caída de Canaris. El sucesor de Canaris, después de la guerra, Reinhardt Gehlen, no le es desconocido. Se ha encontrado con él a menudo, mucho antes de que ocupara sus altas funciones para los aliados y para el gobierno de Bonn. Gehlen ha sido siempre un funcionario brillante y eficaz. Se mantenía a la sombra de Canaris y esperaba su suerte. El nombre de Gehlen aparece a menudo en la correspondencia que he intercambiado con Erich Sauber a lo largo de estos últimos meses. Sauber no me ha ocultado la fascinación que ejercía sobre él, en la época, el joven coronel. Su testimonio es uno de los más sinceros y también de los más sorprendentes que he oído, durante esta encuesta, sobre una de las redes de inteligencia nazi: la Red Gehlen. 
Erich Sauber empieza su narración. Habla muy lentamente, sopesando cada palabra. Intenta acordarse con exactitud de lo que pasó hace casi treinta años. «Hace tanto tiempo», me dice a lo largo de la conversación. Le pregunto si conocía bien a Reinhardt Gehlen. –Si usted quiere decir con eso: «¿Era usted amigo de Gehlen?», puedo contestarle sin vacilar: no. Y nadie, que yo sepa, en mi medio de contraespionaje, puede enorgullecerse de haberlo sido. Era muy frío. Las relaciones con él se limitaban a las cuestiones estrictas del servicio. Me intimidaba mucho y estaba deslumbrado por su brillante capacidad de síntesis. Con él ningún problema era insuperable. En esa época yo trabajaba en el fichero central del Amt VI (seguridad exterior) del R.S.H.A. Gehlen dependía de la Abwehr, es decir, de los servicios de información del estado mayor general. Por eso estaba directamente a las órdenes del almirante Canaris. Las tensiones entre el R.S.H.A. y la Abwehr, entre Canaris y Himmler, creaban una competencia cerrada entre los agentes de ambas organizaciones. Himmler se volvía loco de rabia cada vez que la Abwehr lograba una operación exitosa. El habría deseado que los dos servicios se fusionaran y se pusieran bajo su dirección, ¡por supuesto! Nos prohibía todo contacto con los colaboradores de Canaris. Yo tenía algunos amigos que trabajaban en la Abwehr. Me acuerdo de una historia que estuvo a punto de provocar mi traslado al frente ruso. Conocía desde hacía tiempo a un oficial superior de la Abwehr. Una noche nos reunimos en un restaurante berlinés para cenar. De repente, reconocí en una mesa vecina a uno de los «soplones» de Heydrich, el teniente de Himmler. Dos días más tarde fui convocado al despacho del Reichsführer. Recorría la habitación completamente encolerizado. ¡Me hizo sufrir un interrogatorio en regla sobre mis relaciones con este oficial y terminó acusándome de develar secretos del servicio! Le cito este ejemplo para demostrarle hasta qué punto eran tensas las relaciones entre los dos servicios. En 1944, después del atentado del 20 de Julio contra Hitler, Himmler, con razón o sin ella, pensó que podría sacar partido de la situación. El almirante Canaris fue, de este modo, una de las víctimas de la gran purga que diezmó al estado mayor alemán, fue incluso acusado falsamente de colaboración con el enemigo. Ya sabe usted lo que le ocurrió a Canaris. Después de su destitución, su servicio fue reorganizado y más tarde integrado al R.S.H.A. Himmler triunfaba. Mi despacho, el Amt VI, absorbió al servicio de información de la Abwehr. Entonces veía más a menudo a Reinhardt Gehlen. Tenía cuarenta y dos años. Era coronel responsable del F.H.O (Fremde Heere Ost – Armadas Extranjeras del Este), el servicio de espionaje y contraespionaje dirigido contra la Unión Soviética- 
-A partir del momento en que la derrota de Alemania parecía inminente, la actitud de Gehlen debió cambiar sin duda- le pregunto. 

Reinhardt Gehlen 
 
-Gehlen había previsto indudablemente esta eventualidad –responde Erich Sauber-. Gehlen había sido siempre de un anticomunismo virulento. Todas sus acciones contra la Unión Soviética eran cuidadosamente preparadas. Daba siempre la impresión de que estaba saldando una antigua cuenta con los rusos. El odio de Gehlen contra este régimen era muy profundo. Un día me confió que estaba convencido de que íbamos a perder la guerra. Me sorprendió mucho que Gehlen me participara su pesimismo de esta manera. «Estoy al corriente de todos los trámites iniciados por nuestros dirigentes para salvar el pellejo –insistió Gehlen-. ¿Por qué el Reichsführer S.S. Himmler se ve tan a menudo con el conde Bernadotte? ¿Sabe usted que Kaltenbrunner se sirve del Sturmbannführer Wilhem Höttl como mediador con los norteamericanos, y que nuestro Reichsmarschall Hermann Goering busca el modo de entrar en contacto con los ingleses? No creo decirle nada nuevo, ¿no es verdad Sauber? Usted es sin duda una de las personas mejor informadas dentro de este servicio. Y usted ha participado de conversaciones con los suizos con conocimiento y por indicación de Schellenberg». Gehlen no ignoraba nada de las tentativas hechas por nuestros dirigentes para ponerse en contacto con los norteamericanos y los ingleses. Me pregunto cómo podía estar tan bien informado de todos estos tratos secretos. Yo no había hablado a nadie de mi misión y estaba seguro que Schellenberg tampoco. A finales de Febrero –continúa Sauber- Gehlen había enviado al teniente coronel Gerhard Wessel, que en aquella época era responsable de una de las secciones del F.H.O., a Bad Reichenhall con una parte de los archivos. Había instalado allí un despacho que fue incluso adherido al cuartel general del grupo de ejércitos del Sur. Supongo que los documentos importantes no se encontraban en Bad Reichenhall, pero este despacho era una buena tapadera. Así Gehlen tenía las manos libres para poder esconder sus expedientes en otra parte- 

Bad Reichenhall 
 
Sauber se detiene unos instantes; después me confía las confidencias que le ha hecho Gehlen sobre la manera como él preveía la posguerra. 
-A partir del mes de Abril –continúa Sauber-, nuestros servicios estaban completamente desorganizados. Las órdenes y contraórdenes se sucedían a un ritmo infernal. La última vez que he visto a Gehlen fue durante la primera semana de Abril: «Dentro de poco seremos detenidos por los aliados –me dijo-. ¿Ha pensado ya usted en lo que puede ocurrirnos entonces, Sauber? Yo, sí. Quiero una rendición honorable y tengo un instrumento formidable que ofrecerles. Es absolutamente necesario que me entregue a los americanos. Tengo un plan dispuesto para la posguerra. Sauber, si tiene problemas con los aliados, piense en mí. Quizá podría ayudarle». –No sabía bien lo que quería decir. ¿Cuál era este plan? El instrumento era evidentemente su servicio de información sobre la U.R.S.S. y comprendía que esto pudiera interesar enormemente a los norteamericanos. ¿Pero esto era lo que él llamaba una «rendición honorable»? ¡Vender sus servicios a los norteamericanos! Sobre todo no veía de qué modo podría ayudarme. Antes de salir de mi despacho dijo: «Intente de todos modos evitar a los rusos, Sauber. ¡Podría arriesgarme a no volver a verle!» Tres días después supe que Gehlen había sido relevado del mando del F.H.O. y había sido jubilado. Era el 10 de Abril- 
En realidad, el viejo corso que es Reinhardt Gehlen no ha esperado al 10 de Abril para comenzar su plan de repliegue. «Lo más tarde a mediados de 1944 –refiere el historiador alemán Jürgen Thorwald-, Gehlen ha comenzado a reunir los informes, actas, estudios y archivos sobre la Unión Soviética en sus expedientes particulares y a ocultarlos en distintos lugares de los Alpes bávaros. De este modo, los archivos del servicio F.H.O. no pueden ser destruidos nunca». El 4 de Abril de 1945 tiene lugar en Bad Elster, en Sajonia, la última puesta a punto entre Gehlen y dos de sus ayudantes, Wessel y Baun. 

Bad Elster 
 
 
La cita ha sido concertada en el Kurhous Hotel. Los tres hombres se registran con nombres falsos. Las bases de la futura organización alemana de espionaje se van a establecer en una modesta habitación de hotel. De este modo, Wessel se encargará, junto con Gehlen, de asegurar el personal y los archivos del F.H.O. en la Alpenfestung (la Fortaleza Alpina). 

Alpenfestung 
 
Allí esperarán la llegada de los norteamericanos. Baun debe continuar ocupándose de los grupos Walli (nombre en código de los oficiales de información encargados de la «recuperación» de los prisioneros rusos y de la instalación de antenas de radio en la U.R.S.S., cuyos operadores eran desertores de la armada soviética), que él había dirigido sucesivamente para la Abwehr y para el R.S.H.A. Baun propone a Gehlen cortar temporalmente el contacto con los hombres de la armada Vlassov (general de la armada soviética, hecho prisionero por los alemanes en Mayo de 1942), que trabajaban en Moscú y en los estados mayores militares soviéticos. Gehlen le pide dar las órdenes para que todos los agentes diseminados en Silesia y entre el Oder y el Elba recorran los Alpes bávaros. En los días siguientes a esta conferencia secreta, reina una intensa actividad en los servicios de Gehlen. Se queman toneladas de papel, todos los documentos importantes son pasados a microfilmes en triple ejemplar y después colocados en cajas de hierro. Una de las series es enviada a Naumburgo en Turingia, y ocultada en casa de unos amigos de la familia Gehlen. Wessel vuelve a su despacho en Bad Reichenhall y Baun se instala en Baden. El 10 de Abril, el jefe del servicio F.H.O. dicta las últimas instrucciones a sus subordinados. Algunos reciben simplemente la orden de rendirse en el frente Oeste y de hacerse tranquilamente prisioneros de los americanos. A sus colaboradores más próximos les recomienda no decir nada, una vez hechos prisioneros. Al mismo tiempo, el servicio se valía de una particular «hecatombe». Comunicaciones de «fallecimientos» legan a los domicilios de algunos agentes de Gehlen, anunciando a sus familias que han muerto «por el Führer, el pueblo y la patria». Un complejo sistema de pistas es puesto a punto por Gehlen para poder tomar contacto con sus colaboradores prisioneros o «muertos». Establece un código especial de palabras y mensajes cifrados. Wessel se convierte en «W», Gehlen ofrece una «X», a Baun se le denomina «Y». Termina así la ejecución de la primera fase de su plan. 
Se trata ahora de salvaguardar al estado mayor del F.H.O., los archivos y a su propio jefe. Desde hace varias semanas, Gehlen ha escogido su lugar de refugio. En un principio, ha pensado que llegar al reducto alpino sería empeorar las cosas. Pero se ha dado cuenta en seguida de que la campaña de intoxicación llevada a cabo por los servicios de propaganda de Goebbels y el R.S.H.A., iba a ayudarle considerablemente. Porque, al hacer pasar el reducto alpino por una fortaleza inexpugnable, Goebbels va a transformar la estrategia militar norteamericana. Esta falsa noticia es, además, confirmada por los rusos, que piensan de este modo desviar de Berlín a las fuerzas norteamericanas. Estas van a dar máxima prioridad al reducto alpino. De este modo, Gehlen, al refugiarse en esta región, tiene garantizado el caer en sus manos. Todo el estado mayor del F.H.O. inicia entonces el largo trayecto que debe llevarle al refugio secreto. Para más seguridad, los oficiales se dividen en tres grupos y deciden llegar separadamente a la Alpenfestung. Gehlen y su familia forman parte del primer grupo y llevan con ellos los archivos que han ido a buscar a Naumburgo. El viaje se efectúa en condiciones deplorables: las carreteras están sobrecargadas de convoyes militares y de columnas de refugiados que huyen ante el avance del Ejército Rojo, y los bombardeos son continuos. El grupo, de hecho, corre un peligro muchos más grave, el de ser detenido por las patrullas S.S. En efecto, unos días antes, Hitler ha nombrado al almirante Doenitz como comandante en jefe de la zona norte, y ha ordenado a todos los oficiales que abandonan Berlín que se dirijan con sus hombres a Flensburg, donde se encuentra el cuartel general de Doenitz. Esta orden se aplica, naturalmente, también al estado mayor del F.H.O. Si Gehlen y sus hombres son detenidos en la carretera que lleva al Sur, les será difícil dar una explicación aceptable, y se arriesgan a ser fusilados por deserción. 
«En las orillas del Lena –refiere Gehlen en sus Memorias- dos camiones escaparon milagrosamente a una incursión aérea y más tarde, por la noche, fueron detenidos en Hof por elementos de las S.S., que los obligaron a entrar en un caserón: los S.S. deseaban examinar sus documentos. Este incidente exponía a los hombres a un peligro más grande que los bombardeos. Afortunadamente, los dos conductores, de los cuales uno era hijo de mi colaborador el mayor Baun, encontraron una verja sin el cerrojo por la que ellos pudieron escapar con los vehículos. Dejaron a mi familia en casa de unos amigos cerca de Cham y siguieron su camino hacia el Sur, hasta Bad Reichenhall, donde estaba replegado la mayor parte de mi servicio». 
Aquí, Wessel y algunos de sus oficiales se dispusieron a ayudar a Gehlen a ocultar las cajas. Decide distribuirlas en tres partes: una es depositada en Reit-in-Winkel, al sur del lago Chiem; la segunda en Wildermohalm, cerca de Kufstein; y la última se oculta en las montañas junto al pequeño pueblo de Valepp. Se da la orden de dispersión a Miesbach. Es preciso evitar a toda costa llamar la atención, porque Miesbach y sus alrededores, están llenos de oficiales nazis y S.S. Gehlen juzga preferible no permanecer personalmente en este lugar. Da la orden a treinta y ocho de sus oficiales de buscar un alojamiento cerca de ella y esperar su aviso. Sus hombres se dispersan por los pueblos vecinos: Achliersee, Fischhausen y Losefsthal. 
 
Acompañado de nueve de sus más fieles colaboradores, entre los que se encuentran tres jóvenes secretarias, Gehlen abandona Miesbach con los documentos ultrasecretos del F.H.O. Todos los hombres van vestidos como auténticos montañeses. Las cajas son llevadas en carretillas a lo largo de los senderos forestales. El ascenso les lleva varias horas. Finalmente, a la salida del bosque, llegan ante una gran explanada de nieve. En medio de una pendiente poco acentuada, Gehlen y sus compañeros descubren un pequeño chalet. El paraje lleva un nombre siniestro: Elendsalm, el «Pasto de la Miseria». Al anochecer, los hombres entierran profundamente las cajas en el límite del bosque. Gehlen está satisfecho. Tiene en su poder documentos de tal importancia que puede enfrentarse tranquilamente con el porvenir. 
«Para el éxito de nuestro plan –dice Gehlen en sus Memorias- era indispensable no dejarnos atrapar demasiado pronto. Una parte de nuestro grupo se iba todas las mañanas, al amanecer, a lo alto de la montaña, mientras que las tres chicas y dos de mis oficiales heridos se quedaban abajo resguardando el chalet. Escalábamos generalmente hasta la cresta del Auer y montábamos allí la tienda, en terreno cubierto parcialmente por los árboles. Pasábamos la jornada contemplando el paisaje y observando los primeros signos de vegetación que surgían poco a poco de la nieve. Al atardecer bajábamos y, antes de llegar al refugio, nos asegurábamos que nuestros compañeros habían colgado el mantel en un alambre para indicarnos que no había peligro». Gehlen teme mucho más las acciones de los grupos S.S. que a las tropas regulares aliadas. El 28 de Abril escucha por la radio que el Ejército Rojo ha entrado en Berlín. Al día siguiente se entera por uno de sus oficiales de reserva, Weck, que los americanos están en Munich y que han abierto las puertas del campo de concentración de Dachau. El 1º de Mayo la radio anuncia la muerte del Führer. Gehlen está cada vez más nervioso. Los S.S. rondan las montañas. «Weck no había permanecido inactivo –cuenta-. Gracias al Servicio de Aguas y Bosques de la región, había conseguido la llave de un refugio casi inaccesible, cerca de la cumbre del Maroldschneid. 

 


Era la tercera semana de Mayo. Consideré que había llegado el momento de pasar a la acción, de bajar al valle y de entregarse a la unidad americana más próxima. Los padres de uno de mis colaboradores, el mayor Schoeller, vivían en Fischausen, a orillas del Schliersee. Nos propuso pasar en su casa las vacaciones de Semana Santa, antes de entregarnos a los norteamericanos. No queríamos ser capturados: deseábamos entregarnos voluntariamente, y esto es lo que hicimos». 
En la mañana del 19 de Mayo, Gehlen y cuatro de sus oficiales bajan al valle. El día anterior, por la noche, han descosido las insignias de su graduación, se han quitado sus pantalones con franjas rojas –distintivo exclusivo de los oficiales del estado mayor general- y se han vestido con uniformes ordinarios de combate, de tal forma que ya no se distinguen de los miembros del ejército alemán que se repliegan hacia el Este. Tres días más tarde se entregan a los americanos. En una Alemania en plena derrota, Gehlen, con un orden perfecto, ha llevado a cabo su plan hasta el final. 
Reinhardt Gehlen ha dejado una parte de su equipo en el «Pasto de la Miseria» para recibir los mensajes de radio de los otros miembros del servicio. Ahora que su jefe ya no está con ellos, la vigilancia alrededor del chalet puede relajarse. Los oficiales del F.H.O. no desconfían de los montañeses, y menos aún de los pastores que ven pasar de vez en cuando. Uno de ellos, sin embargo, va a denunciarles. Rudi Kreidl sospecha mucho, en efecto, de esos hombres que le han dicho un día que son investigadores científicos. Los ha visto enterrar uniformes e insignias nazis. No le gustan nada los nazis. Mutilado de guerra, no perdona a Hitler el haber llevado a Alemania a un conflicto tan largo y tan mortífero. 

miércoles, 26 de abril de 2017

Arqueología militar: Un T-34 alemán en Estonia



Un T-34 con marcas alemanas en Estonia

Т-34
Las últimas noticias acerca de T-34.
Ha iniciado con éxito el motor diesel no sustituye a ninguna pieza de repuesto.
Han sustituido los rodamientos sólo por rollos de patinaje.
El ensamble del tanque pronto llegará a su final y que estará listo para corridas de prueba.
Está previsto en la temporada siguiente para llevar a los turistas y lo muestran como una exposición de trabajo de nuestro museo.

La información detallada sobre el T-34
Los alemanes han impulsado este tanque en el lago, cuando el combustible se terminó a finales de 1944. Lo ha puesto a una profundidad de 12 metros. Por encima de él había seis metros de turba y sedimentos. Durante dos semanas, los buceadores del club sacaron sedimentos arrastrados de encima del tanque. Cualquier rastro de aceite o aceite sobre el agua se ha ido. Se ha encontrado el tanque de Igor Sedunov en las memorias de los residentes locales. Un estado técnico de los ideales del tanque. El combustible en los tanques esta ausente, y no había aceite en el motor.

Para ver un mapa de un lugar donde se encuentra el tanque.

Mirar en el mapa donde se ha encontrado este tanque 










Fuente

lunes, 24 de abril de 2017

Biografía: Stalin y su negra mancha en la historia

Sangre en las vías
The Economist


Como sucede con el propio Stalin, es difícil recordar a veces que las personas monstruosas, despiadadas, aterrorizadas, aduladoras, deambulando, idealistas y engañadas a su alrededor fueran seres humanos. El libro de Simon Sebag Montefiore, basado en una síntesis completa de obras existentes, material de archivo y sus propias entrevistas con sobrevivientes y sus descendientes, proporciona un recordatorio ricamente detallado.

Su relato da un comienzo. Es mucho más fácil leer relatos horribles sobre el libertinaje de Beria o la paranoia de Stalin que las anécdotas sobre niños que andan a hurtadillas por las oficinas de sus padres en el Kremlin, o los hábitos puntillosos de Stalin en su correspondencia personal, sus extraños destellos de bondad y decencia o su extraordinario apetito Para los libros. Pero el libro del Sr. Sebag Montefiore es tanto más valioso para las sorpresas que presenta. Como señala el propio autor, la demonología no es un sustituto de la historia.

Lo que también jarras, a menos efecto, sin embargo, es cuando la prosa sin esfuerzo del autor se vuelve fácil. Un buen editor podría haber desaconsejado el uso excesivo de palabras como "pinguid", evitar el uso de apodos para los personajes principales, podar alguna repetición descuidada de los detalles y ordenar las transliteraciones rusas.

Los estudiosos todavía no están de acuerdo sobre si Stalin nació mal o si simplemente fue corrompido por el poder, y muchos siguen preguntándose qué podría haber hecho a continuación. El libro de Sebag Montefiore ofrece un argumento convincente que demuestra que las costumbres de Stalin, y mucho más, empeoraron a medida que creció. A pesar del terror que se usó contra el pueblo ruso, en la década de 1920 los tratos internos de la élite bolchevique eran todavía colegiales. Stalin era entonces el primero entre iguales, dominando a sus poderosos colegas por el encanto y la persuasión.

En la década de 1930, cuando el suministro de enemigos externos se secó, el régimen soviético volvió el terror hacia adentro, en círculos cada vez más apretados. Incluso en la cima, la intimidad dio paso al miedo. Durante unos años después del desastroso estallido de la guerra, Stalin retrocedió. Por toda su fiabilidad política, se dio cuenta, los compinches no podían ganar batallas de la manera que los generales podían. Los años de la posguerra trajeron cada vez más terror, y cada vez más la adulación, pero también una disminución física y mental que puso a sus subordinados pensando en lo que podría seguir.

Esto, como muchos otros capítulos de la narrativa racional de Sebag Montefiore, vale la pena un libro propio. Jonathan Brent, distinguido especialista estadounidense en archivos soviéticos, y Vladimir Naumov, uno de los mejores historiadores rusos modernos, ofrecen un relato sin parangón de uno de esos episodios: la famosa trama de los médicos de enero de 1953, en la que se entiende una vasta conspiración de médicos judíos Haber planeado asesinar a los líderes del Kremlin. En reacción, Rusia pareció vacilar durante un tiempo hacia su propia solución final.

Aunque los contornos de esta pieza de la historia son claros, los detalles son diabólicamente difíciles de precisar. Stalin era ciertamente antisemita por instinto. La fundación del estado de Israel le dio razón para dudar de la lealtad de los más celosos comunistas judíos. Y para 1953 necesitaba un nuevo enemigo, habiendo matado a tantos de los viejos. Los judíos de Rusia, comenzando con un grupo de médicos desafortunados, proporcionaron un objetivo tentador.

Pero también se inventó tanta, tan disfrazada. Stalin murió menos de dos meses después de que señaló dramáticamente a los doctores. Los autores han logrado, con una encomiable beca, trazar los orígenes de la llamada trama. Pero no pueden probar, como insistieron algunos eruditos conspiradores, que Stalin murió de causas que no eran naturales. Mientras tanto, en Rusia, todavía hay una nostalgia terrible para su gobierno.

sábado, 22 de abril de 2017

GCE: Kim Philby, el agente doble con misión de matar a Franco

El mejor agente doble solo falló una misión: asesinar a Franco
Enrique Bocanegra gana el premio Comillas de biografía con la primera investigación sobre Kim Philby en la Guerra Civil española

GUILLERMO ALTARES - El País



A la derecha de la imagen, Philby herido durante la Guerra Civil.

Kim Philby, un inglés de clase alta, estudiante de Cambridge, renunció a todo para convertirse en un agente soviético en los años treinta. Una de las primeras misiones que recibió fue viajar a España durante la Guerra Civil y, utilizando la tapadera de periodista en el bando fascista, asesinar a Franco. No se sabe por qué nunca llevó a cabo esta misión, ni siquiera si llegó a recibir la orden, sólo que Franco sobrevivió al conflicto y que Philby se convertiría en el mejor agente doble de todos los tiempos, también en el topo más dañino que haya tenido nunca el servicio secreto exterior británico, el MI6. El periodista Enrique Bocanegra (Sevilla, 1973) ha rastreado durante cuatro años todos los documentos posibles para tratar de seguir los pasos de este espía en España, un territorio que sus biógrafos apenas habían explorado hasta ahora. Su ensayo, titulado Un espía en la trinchera. Kim Philby en la Guerra Civil española, ha recibido el premio Comillas de historia y biografía, que otorga la editorial Tusquets, y saldrá a la venta este martes.


"No sabemos lo que pasó", explica Bocanegra en una cafetería madrileña cerca de la Academia de Cine, donde trabaja desde hace diez años como coordinador de actividades culturales. "Sabemos que a principios de marzo de 1937, el controlador de Philby en Londres recibió la orden de enviar a alguien a España para espiar en el bando nacional, sobre todo la actividad de los militares alemanes e italianos; pero también debía matar a Franco. ¿Tenía Philby la capacidad para cometer el magnicidio? No había recibido ningún entrenamiento militar, no sabía manejar un arma, además de toda la protección que rodeaba a Franco", prosigue. No se sabe si lo intentó y no pudo; si no se atrevió o si, como sospecha el autor, nunca llegó a recibir la orden. Es uno de los muchos puntos oscuros del paso de Philby por España.

Mientras que en Inglaterra pudo encontrar muchos documentos, recuperar todas las crónicas que publicó en The Times –no era una misión sencilla porque no estaban firmadas y los documentalistas del diario británico tuvieron que cotejarlas una a una con los cables originales que todavía conservaban–, en los archivos españoles no queda prácticamente ningún papel, solamente algún telegrama. Otro misterio, porque Philby llegó a ser un periodista muy conocido, enviado de uno de los diarios más influyentes del mundo en ese momento, The Times, y, lo que es todavía más importante, fue condecorado por Franco. "¿Se quemaron en los años sesenta cuando se descubrió que Philby trabajaba para los soviéticos?", se pregunta el historiador.

Philby llegó a España en febrero de 1937, después de que en ocho meses de guerra The Times hubiese tenido cuatro corresponsales diferentes, que acabaron enfrentándose a los jefes de prensa del bando franquista. Como en la vida de todo espía, una serie de golpes de suerte le permitieron cumplir su misión. Por un lado, gracias a los contactos de su padre, un aventurero, diplomático y escritor llamado St John Philby, logró que el diario conservador británico le fichase –luego quedó muy contento con su cobertura–. Otro golpe de suerte evitó que le pillasen el papel donde escondía los códigos durante un registro y un tercero le convirtió en el único superviviente del impacto de un obús contra el coche en el que viajaba con otros tres colegas en Caudé, en el frente de Teruel. La propaganda fascista utilizó la muerte de los periodistas extranjeros y convirtió a Philby en un héroe, que fue recibido y condecorado por Franco. Eso le permitió moverse con toda la libertad posible –que tampoco era mucha– dentro de las filas de los golpistas.

Bocanegra contó con la ayuda de dos biógrafos de Philby, dos clásicos del periodismo británico, Patrick Seale y Phillip Knightley. Ambos fallecieron mientras estaba escribiendo el libro. Los dos, relata, fueron muy generosos con su tiempo, con sus conocimientos, pero también con sus documentos. En el caso de Seale, que fue amigo de Philby cuando ambos se encontraban en Beirut, mientras estaba entrevistándole en su casa de Londres, le confesó al autor que estaba muy enfermo. "Me dijo que tenía que ir al hospital y me dejó solo en su casa con una maleta en la que ponía Philby y que contenía numerosos documentos sobre él. Allí me quedé todo el día, fotografiando papeles como había hecho el espía tantas veces durante su vida".

El libro no sólo sigue los pasos de Philby durante la Guerra Civil, sino que traza un retrato del espionaje comunista en los años treinta cuando agentes de Stalin como Alexander Orlov trataban de extender, sin piedad, la dominación soviética sobre el bando republicano. Al final, ellos mismos se encontraron amenazados por las mismas purgas que habían ayudado a desatar. Sin embargo, nada de eso, ni siquiera el pacto entre la Alemania nazi y la URSS, hicieron que Philby rompiese su compromiso con el comunismo. España fue solo el principio.

EL ÚLTIMO VIAJE
"Normalmente los agentes dobles aguantan cinco años, diez como mucho. Él sobrevivió 30", explica Enrique Bocanegra sobre la extraordinaria carrera en el espionaje de Kim Philby (1912-1988). Como no podía ser de otra forma con alguien que basó toda su existencia en la mentira y el engaño, los misterios en torno a su vida son todavía numerosos, pese a que se han escrito muchos libros sobre él, entre ellos el excelente Un espía entre amigos (Crítica), de Ben Macintyre. Philby formó parte del círculo de Cambridge, un grupo de jóvenes que, por idealismo, decidieron espiar para Moscú. Fue el más hábil de todos ellos, el último en ser descubierto, que logró esquivar a los interrogadores del MI6 cuando todo indicaba que era un traidor y escabullirse finalmente a la URSS.
Cuando fue despedido del servicio secreto británico, en 1951, por las sospechas que pesaban sobre él tras la fuga de dos de sus colegas de Cambridge, Guy Burgess y Donald MacLean. Quedó libre porque Londres no encontró pruebas de que era un agente doble y entonces, en mayo de 1952, realizó un viaje de mes a España que sigue siendo un misterio. "¿Con quién mantuvo contactos? ¿Dónde se alojó? ¿Qué lugares visitó? ¿Por qué alguien en su situación, sin trabajo, sin dinero, sospechoso de ser un comunista, viajó a la España de Franco, el país más pobre y atrasado de Europa? ¿Fue una operación de inteligencia?". Otro misterio dentro de un enigma.

sábado, 15 de abril de 2017

Afganistán: GBU-43 destruyó una vieja red de túneles muyahidines

"La madre de todas las bombas" destruyó un sistema de túneles construido en la época soviética
La GBU-43 dinamitó búnkers y túneles que habían realizado los muyahidines en cuevas tras la invasión soviética de Afganistán en 1979 y que el Estado Islámico desarrolló desde 2015
Infobae



La Unión Soviética invadió Afganistán en 1979

La bomba GBU-43 usada por Estados Unidos en un bombardeo en Nangarhar, en el este de Afganistán, destruyó un complejo de túneles construido por los muyahidines durante la invasión soviética y mejorado por el grupo afiliado al Estado Islámico (ISIS) en el país que había aguantado otros bombardeos.

La principal base del ISIS en el país estaba ubicada en una zona montañosa en la parte más elevada del Valle Momand, en el distrito Achin, donde el grupo se refugiaba en un complejo sistema de túneles y cuevas, explicaron a EFE autoridades de Nangarhar.

Todas las partes del complejo, de unos 300 metros de largo bajo el terreno rocoso y conectado con las laderas de las montañas del valle, quedaron completamente destruidas en el bombardeo, informó este viernes el Centro Gubernamental de Medios e Información.

Zabihullah Zmarai, vicejefe del Consejo Provincial de Nangarhar, indicó a EFE que en esta zona los muyahidines construyeron búnkers y túneles en cuevas tras la invasión soviética de Afganistán en 1979.


Los muyahidines luchaban contra la unión soviética con apoyo estadounidense, abril 1980

Explicó que esos túneles se extienden por el valle y conectan las montañas de lado a lado a través de un intrincado sistema de conexiones.

Sin embargo, en los últimos dos años, cuando el ISIS hizo su aparición en Afganistán, el grupo yihadista construyó otros túneles y expandió y mejoró el antiguo sistema de conductos existente, para hacerlo más resistente a los bombardeos en la zona.

Zmarai, que en varias ocasiones ha formado parte de las operaciones sobre el terreno de las fuerzas afganas, explicó que "las bombas pequeñas no eran capaces de destruir las cuevas del ISIS" al afirmar que la "gran bomba" era la esperanza para acabar con el grupo terrorista.

"La madre de todas las bombas fue usada en Achin contra el ISIS después de que varios bombardeos y ofensivas terrestres de fuerzas afganas y extranjeras no pudieran despejar el área", indicó a EFE el portavoz del gobernador de Nangarhar, Attaullah Khogyanai.

Según el portavoz de la autoridad local, "decenas de ataques con drones contra esta base no habían tenido resultado" y al menos tres operaciones terrestres en los dos últimos años no habían podido despejar la base del ISIS con su estructura complicada.

"Ahora nuestras fuerzas tendrán más fácil manejar la amenaza en esta zona", dijo.

Las palabras de Khogyanai contrastan con la información dada por el Gobierno afgano, que en junio del año pasado afirmó que el ISIS ya no suponía un "desafío" para la seguridad nacional, debido a que ha sido derrotado en gran parte de las áreas en las que permanecía activo en el país.


La “madre de todas las bombas” utilizada contra ISIS en Afganistán

El ataque de ayer se produjo después de que el Gobierno de Afganistán afirmara esta misma semana que el número de insurgentes del ISIS en el país es inferior a 400 y que el año pasado abatió a unos 2.500 miembros del grupo, lo que redujo su presencia a sólo dos de las 34 provincias afganas

También la misión de la OTAN en Afganistán informó la semana pasada de que en los dos últimos años ha reducido a la mitad el número de miembros del grupo terrorista y en más de un 60 % el territorio controlado por el ISIS en el país.

El pasado día 6 un portavoz de la misión "Apoyo Decidido" de la OTAN, el capitán Bill Salvin, aseguró que el ISIS será derrotado en el país asiático durante el próximo año y que el territorio afgano no se convertirá en un lugar "seguro" para los combatientes del grupo terrorista.

martes, 21 de marzo de 2017

Accidente nuclear: El incidente oculto de Semipalatinsk en la URSS

Revelado: El encubrimiento soviético de las consecuencias nucleares que fueron peores que Chernobyl


Centro de pruebas nucleares de Semipalatinsk en Kazajstán
Alain Nogues / Getty

Por Fred Pearce - The New Scientist

Fue un desastre nuclear cuatro veces peor que Chernobyl en cuanto al número de casos de enfermedad por radiación aguda, pero la complicidad de Moscú para encubrir sus efectos sobre la salud de las personas ha permanecido en secreto hasta ahora.

Sabíamos que en agosto de 1956, las consecuencias de una prueba soviética de armas nucleares en Semipalatinsk, en Kazajstán, engullieron la ciudad industrial kazaja de Ust-Kamenogorsk y pusieron a más de 600 personas en el hospital con enfermedades por radiación, pero los detalles han sido incompletos.

Después de ver un informe recién descubierto, New Scientist puede ahora revelar que una expedición científica de Moscú después del desastre ocultado descubrió contaminación radioactiva generalizada y enfermedades por radiación a través de las estepas de Kazajstán.

Los científicos luego rastrearon las consecuencias como pruebas de la bomba nuclear continuó - sin decir a las personas afectadas o el mundo exterior.

El informe de científicos del Instituto de Biofísica de Moscú fue encontrado en el archivo del Instituto de Medicina de Radiación y Ecología (IRME) en Semey, Kazajstán. "Durante muchos años, esto ha sido un secreto", dice el director del instituto, Kazbek Apsalikov, quien encontró el informe y lo pasó a New Scientist.

Más pruebas de bombas nucleares se llevaron a cabo en Semipalatinsk que en cualquier otro lugar del mundo durante los años 1950 y principios de 1960. Periodistas occidentales han informado desde el desmembramiento de la Unión Soviética sobre los aparentes efectos sobre la salud de los pobladores a favor del viento de las pruebas. Y algunos estudios recientes han estimado las dosis de radiación utilizando proxies como la radiactividad en el esmalte de los dientes.

El informe recientemente revelado, que describe "los resultados de un estudio radiológico de la región de Semipalatinsk" y está marcado como "top secret", muestra por primera vez cuánto sabían los científicos soviéticos en ese momento sobre el desastre de salud humana y el alcance de El encubrimiento.

Detalla cómo los investigadores de Moscú en tres expediciones a Ust-Kamenogorsk encontraron la contaminación radiactiva extensa y persistente del suelo y de la comida allí y a través de las ciudades y de las aldeas de Kazakhstan del este.

En el camino de las nubes

A mediados de septiembre de 1956, un mes después de la caída de la nube, las tasas de dosis en Ust-Kamenogorsk eran todavía de hasta 1,6 millirems por hora, cien veces lo que el informe considera la "tasa permisible", y lo que se recomienda como seguro por el Comisión Internacional de Protección Radiológica.

El mes siguiente, la expedición se trasladó a un número de aldeas. "Cerca de Znamenka, las sustancias radiactivas que afectaron a la gente y al medio ambiente cayeron repetidamente durante años", dice el informe. Las consecuencias fueron "peligrosas para la salud" y "más graves y peligrosas que en el distrito de Ust-Kamenogorsk".

Oficiales médicos militares que visitaron el pueblo después de la prueba de agosto habían encontrado a tres personas con enfermedad de radiación aguda.

Los hallazgos coinciden con informes anteriores de la trayectoria de las nubes de precipitación. En 2002, Konstantin Gordeev en el Instituto de Biofísica de Moscú publicó un mapa que muestra que el 24 de agosto de 1956 una nube viajó directamente sobre Znamenka y Ust-Kamenogorsk.

Anteriormente, una prueba el 12 de agosto de 1953 había enviado una nube a través de Karaul, que según la expedición de 1956 tenía consecuencias que seguían siendo "peligrosas para la salud" tres años después.

Un resultado de las expediciones científicas fue el establecimiento de una clínica especial conocida como dispensario, bajo el control de Moscú, encargada del seguimiento de la radiación y sus efectos sobre la salud. Eventualmente tuvo un registro de unas 100.000 personas expuestas a las pruebas y sus hijos.

La instalación fue conocida durante mucho tiempo como el Dispensario Anti-Brucelosis No. 4. El nombre fue elegido, dice Apsalikov, "para no llamar la atención sobre su actividad real", que fue "clasificada como secreto hasta 1991".


El informe más secreto

Cuando la Unión Soviética se derrumbó ese año, el dispensario se convirtió en el IRME. Sin embargo, según su actual jefe científico, Boris Gusev, que trabajó por primera vez en el dispensario número 4 en 1962, muchos informes en sus archivos fueron llevados a Moscú o destruidos antes de la entrega.

Un informe, dice, registró que 638 personas fueron "hospitalizadas con intoxicación por radiación" en la ciudad después de la prueba de 1956. Esto fue más de cuatro veces los 134 casos de radiación diagnosticados después del accidente de Chernobyl. Nadie sabe cuántos murieron.

El informe recientemente expuesto de las expediciones en 1956 y 1957 fue uno de los pocos que escaparon a los censores soviéticos que destruyeron o movieron otros informes del país. Se encontró "considerable contaminación radiactiva de suelos, cobertura vegetal y alimentos" en Kazajstán oriental. Las muestras fecales tomadas de personas en una granja colectiva justo al sur de Ust-Kamenogorsk contenían altos niveles de radioactividad, que ya no eran detectables entre dos y cinco días después de que dejaron de comer alimentos locales y cambiaron a alimentos importados.

La expedición pidió que se detuviera el consumo de grano local, y sugirió que era "impredecible realizar pruebas atómicas (especialmente explosiones en tierra) antes de la cosecha completa de los campos" por lo que la comida estaba protegida de las lluvias.

Pero evidentemente no se actuó sobre esta recomendación. Gordeev mapeó las trayectorias de fallout de las pruebas mayores subsecuentes en agosto de 1957 y agosto de 1962.

El informe también minimizó los peligros, diciendo que varios cambios en el sistema nervioso de las personas y la sangre registrada por los médicos "no podían considerarse como los cambios que surgieron sólo debido al impacto de la radiación ionizante". En lugar de eso, se culpa de un saneamiento deficiente, una "dieta aburrida" y varias enfermedades como la brucelosis y la tuberculosis.

Las pruebas de la bomba atmosférica en Semipalatinsk se detuvieron en 1963. Aunque gran parte del área a favor del viento es ahora segura para vivir, "algunas áreas nunca volverán a la naturaleza", dice Apsalikov. "La situación en otros es incierta y potencialmente peligrosa".

Roman Vakulchuk del Instituto Noruego de Asuntos Internacionales acoge con agrado la nueva apertura de Kazajstán sobre el tema. El informe es el primer registro contemporáneo de investigación sobre los efectos de las pruebas en las poblaciones locales, dice. "Hasta 1956, el gobierno [soviético] no realizó estudios".

Pero todavía hay incertidumbre sobre el alcance de la contaminación continua y los impactos en la salud, dice. "Gran parte del área no presenta peligro, pero algunas partes tienen que ser salvaguardadas indefinidamente".

sábado, 18 de marzo de 2017

SGM: Fotos de la Operación Zitadel (1/2)

Fotos no vistas de la batalla más grande de tanques de la SGM

Damian Lucjan - WHO



La batalla de Prokhorovka fue una parte de una más grande, la Batalla de Kursk, y sucedió cuando el 5º Ejército de Tanques de Guardias del Ejército Rojo Soviético atacó el II Cuerpo SS-Panzer del Ejército Alemán en una de las mayores batallas de tanques en el ejército historia.

Los alemanes destruyeron muchos tanques soviéticos (300-400 tanques y cañones autopropulsados) y degradaron temporalmente el poder de ataque del 5º Ejército de Tanques de la Guardia, pero no pudieron tomar Prokhorovka o abrirse a tierra abierta.

Para los soviéticos, su masivo ataque blindado del 12 de julio no destruyó el II SS-Cuerpo Panzer -que perdió 43 tanques y cañones autopropulsados- o lo lanzó a la defensiva. Lograron agotar a los alemanes y eventualmente contribuyeron a detener su avance.

Mientras que la batalla se considera generalmente un éxito táctico para los alemanes debido al alto número de tanques soviéticos destruidos, en última instancia no había ninguna brecha alemana en Prokhorovka.

La ofensiva alemana de Kursk, codename Citadel, fue abortada más adelante, y sus fuerzas fueron retiradas. El Ejército Rojo inició una ofensiva general y tomó la iniciativa estratégica en el Frente Oriental, que debía mantener durante el resto de la guerra.


Vehículos del II SS-Panzer Corps avanzando hacia Prokhorovka el 11 de julio [Bundesarchiv, Bild 101I-022-2924-14 / Kipper / CC-BY-SA 3.0].

Las tropas alemanas durante una calma en la lucha [Bundesarchiv, Bild 101I-219-0553A-10 / Koch / CC-BY-SA 3.0].

Soldados alemanes durante la Operación Ciudadela [Bundesarchiv, Bild 101I-022-2949-05 / Mittelstaedt, Heinz / CC-BY-SA 3.0].

Panzer IV y Sdkfz 251 alemanes en el Frente Oriental, julio de 1943 [Bundesarchiv, Bild 101I-219-0596-12 / Dieck / CC-BY-SA 3.0].

Avance alemán durante la Operación Ciudadela (flechas rojas de línea discontinua) [Vía].

Una columna de tanques Panzer III en el frente oriental, julio de 1943. [Bundesarchiv, Bild 101I-219-0562A-06 / Scheffler / CC-BY-SA 3.0].

Panzers alemanes durante la Operación Ciudadela [Bundesarchiv, Bild 101I-022-2950-15A / Wolff / Altvater / CC-BY-SA 3.0].


Los tanques soviéticos T-34 y T-70 alineados en la batalla de Kursk. Un soldado alemán inspecciona la torre a través del tanque de luz de la escotilla T-70 [Via].

martes, 7 de febrero de 2017

SGM: El frente oriental y su primer combate aéreo

El primer combate aéreo del Frente Oriental 

Escrito por Christer Bergström 

 
Ju-88 de la Luftwaffe. Verdugo de la Aviación Soviética 

Volando un obsoleto biplano I-153 en la nubloso cielo de la mañana sobre Ucrania el 22 Junio 1941, el Teniente Rubstov de la Fuerza Aérea Soviética probablemente reclamó su primera victoria aérea en la guerra entre Alemania y la Unión Soviética. En conexión con el texto se muestran unas pocas imágenes de los resultados de los devastadores raids aéreos alemanes sobre los aeropuertos rusos el 22 Junio 1941: MiG-3's, I-16 y Uti-4 (estos dos del 122vo IAP, en el aeropuerto de Lida). Al final del post, encontrará un perfil a colores de una I-16 del período en cuestión. 


En las primeras horas del 22 Junio 1941, la Fuerza Aérea Soviética fue totalmente tomada por sorpresa por un ataque de la Luftwaffe contra su sistema de bases aéreas. Durante las primeras horas, cerca de 1,200 aviones rusos fueron destruidos, más de 800 de ellos en tierra, de acuerdo a datos soviéticos. Pero aún con el ataque sorpresa y desprovistos de comunicaciones, los pilotos rusos despegaron en diversos lugares. En un aeropuerto, una formación de cazas rusos intentó despegar en el medio de un raid aéreo. Las bombas cayeron sobre los aviones que despegaban y todos fueron destruidos, en perfecta formación de despegue al final de la pista de despegue. En otro aeropuerto, Sergei Dolgushin y sus camaradas corrieron hacia sus cazas I-16. 'A las tres en punto, la alarma se encendió,' según recuerda. 'Todos corrimos hacia nuestros aeroplanos. A las 4:20, cuando los Messerschmitts aparecieron sobre el aeródromo, tuve que despegar. Mientras estaba despegando, durante ese primer combate aéreo, fui alcanzado 16 veces.' Muy al contrario de la creencia general, amargos dogfights se observaron en los cielos todo a lo largo del frente durantes esas primeras horas de la mañana. En general, los pilotos de caza soviéticos se manejaron sorprendentemente bien ese día. 


Base aérea de Kurovitsa, 22 de Junio de 1941
al atardecer
En la base aérea de Kurovitsa, las unidades bajo el mando de la Fuerza Aérea del Distrito Militar Especial de Kiev (VVS KOVO), fueron avisados incluso antes que los bombarderos alemanes hubiesen alcanzados sus blancos. Sin embargo, los pilotos del regimiento de ataque a tierra 66 ShAP (Shturmovyi Aviapolk) pensaron que era una alarma de entrenamiento, y aparecieron demasiado tarde- lo cual resultó en que 34 de los Polikarpov I-153s e I-15bis del regimiento fueron bombardeados hasta destrozarlos por los Ju 88s del Kampfgeschwader KG 51 'Edelweiss'. A medida que las bombas caían, los pilotos de caza del 164 IAP, que habían arribado al aeropuerto de Kurovitsa a debido tiempo, despegaron, treparon hacia el enemigo en sus pequeños I-16s. 

En general, el material de la Fuerza Aérea Soviética era de terriblemente baja calidad técnica. El principal caza soviético, el monoplano Polikarpov I-16 - el avión con muchos nombres: llamado Ishak ('Burro') ó Jastrebok ('Águila joven') por los pilotos rusos que lo volaron, y Rata por los alemanes que lo adoptaron de sus aliados españoles en la Guerra Civil Española, los hombres del lado republicano en el mismo conflicto lo llamaron Mosca, mientras que fue denominado Abu ('Tábano') por los pilotos japoneses que se encontraron con este avión sobre China y Khalkhin-Gol -. Este modelo era inferior al caza estándar Messerschmitt Bf 109 F en todos los aspectos excepto maniobrabilidad. De acuerdo a reportes de pilotos alemanes, 'el avión fácilmente se prende fuego cuando es alcanzado desde arriba o desde el costado'. Con respecto al biplano de combate I-15bis, 'unas pocas rondas disparadas a los lados fueron usualmente suficiente para volverlo en llamas'. (Sin embargo, debe notarse que los cazas Polikarpov tenían una importante ventaja sobre los Bf 109: sus motores eran enfriados por aire. Una vez que el Bf 109 era enfriado por líquido, un disparo en el radiador era suficiente para enviarlo al suelo al Messerschmitt. Frecuentemente, un Messerschmitt 109s con un disparo en el radiador forzado a aterrizar era solo ligeramente dañado, no apareciendo en las listas de bajas alemanas; es es una de las principales razones de la diferencia entre los reclamos de victorias soviéticas y las cifras de pérdidas alemanas.) 

 
I-16, con su imponente motor radial, destruido en tierra 

La radio aire-aire - un equipo estándar en todos los aviones alemanes - era un lujo en los pilotos rusos; solo el avión del comandante de unidad estaba equipada con radio y éstos no eran de gran calidad, lo cual hizo la cooperación en el aire algo dificultosa y en diversas ocasiones permitió a los cazas alemanes colarse desde atrás a las formaciones rusas y derribar uno tras otro, el último derribado con la misma sorpresa que el primero. Pero aún con su equipo inferior, una vez en el aire, los pilotos de caza rojos pusieron duras condiciones a su derrota. Los I-16 Ishaks del 164 IAP fueron seguidos por algunos de los remanentes biplanos del 66 ShAP. 

'Ataques bien planeados y agresivos por parte de unidades de caza rusas', la crónica de Wolfgang Dierich del KG 51 comenta, 'aseguraron que la lucha por la supremacía aérea no sería un juego fácil.' El primer ataque fue hecho por el Teniente P. N. Rubstov del 66 ShAP. Este bañó a un Ju 88 con munición de su ametralladora hasta que finalmente cayó envuelto en llamas y se estrelló a la vista del aeropuerto de Kurovitsa. De este modo, el Teniente Rubstov probablemente alcanzó la primera victoria aérea en la guerra ruso-germana. 

Los cazas Polikarpov siguieron persiguiendo a los bombarderos Junkers en su vuelo de retorno hacia el Oeste. En cuestión de minutos, un bombardero después de otro fue derribado. Los alemanes dejaron un rastro de paracaídas blancos y abrazantes llamas en el neblinoso cielo. Cerca de 28 Ju 88s despachados por el IIIer. Gruppe/KG 51, 7 fueron derribados durante la primera misión- cinco de ellos del 9no. Staffel. 

 
I-16 derribado luego de despegar 

En el medio de todo esto, los cazas de escolta alemana hicieron su aparición. El rápido Messerschmitt 109s apareció disparando desde arriba con martillantes ametralladoras y cañones. El primer I-16 fue derribado por el Oberleutnant Robert Oljenik del 1er. Staffel, Jagdgeschwader JG 3. Como si estuviese aburrido de estar en tierra, Oljenik alcanzó su sexta de un total de 41 victorias confirmadas en la SGM- y probablemente el primer derribo aéreo alemán de este conflicto. A las 04:30, el Feldwebel Ernst Heesen del 2./JG 3 destruyó un segundo I-16 Ishak / Rata. A medida que caía, la llama de los restos del aeródromo de Kurovitsa, 20 millas más al Este, podían verse en la oscuridad. Un tercer I-16 cayó víctima del Feldwebel Detlev Lüth del 1./JG 3. 
Incluso si se compara con el número de salidas realizadas, las pérdidas soportadas por la Luftwaffe en el primer día de la guerra contra la URSS fueron muy altas: 78 aviones de combate fueron listados como pérdidas totales, con un adicional de 89 dañados. Esto de hecho fue una dato incluso mayor que las pérdidas sufridas durante el fatídicamente llamado 'Día de la Batalla de Inglaterra', 15 Septiembre 1940, cuando los alemanes sufrieron la pérdida de 61 aviones destruidos y 11 dañados. 

De los aviones alemanes destruidos, 24 fueron cazas, 35 bombarderos, 7 Zerstörern (Messerschmitt Bf 110), 2 Stukas y 10 tipos diversos. Añadido a esas pérdidas estuvieron los aviones rumanos derribados ese mismo día: 4 Bristol Blenheims, 2 PZL P-37 Los, 2 Savoia-Marchetti S.M. 79B, 1 Potez 633, 1 IAR 37 y 1 IAR 39. 

El piloto de bombarderos alemán Wolfgang Dierich más tarde describió sus sentimientos acerca del devenir de los pilotos de la Luftwaffe esa tarde: 'A medianoche, los hombres fueron a la cama, medio muertos de fatiga. Sus últimos pensamientos antes de caer dormidos fueron: "¿Qué les habrá pasado a nuestros camaradas perdidos? ¿Están vivos todavía? ¿Qué nos deparará mañana? ¿Cómo terminará esto?"' 


 
Un perfil a color de un I-16 tipo 21 del 71ro IAP, Flota del Báltico, otoño de 1941 pilotado por V.P. Siegalayev. 
Fuente: KAMPANIE LOTNICZE, Robert Bock, 'Sowieckie Lotnictwo Morskie 1941-45'. 


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Esta página es un extracto de un manuscrito de un libro que trata de la guerra aérea del frente oriental 1941-1945, el cual Christer Bergström se encuentra trabajando en el presente. Para escribirle a Christer Bergström, por favor haga click en este link: christer.bergstrom@eskilstuna.mail.telia.com 

1998.05.31, © WW II Ace Stories.
Traducción: Walter Uriarte