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sábado, 24 de diciembre de 2016

JAR: El eterno olvido de uno de los más grandes

La demonización de Roca y el olvido de Sarmiento
Por Mariano Grondona | LA NACION


Para el "kirchnerismo duro", la historia no es algo real -lo que en verdad ocurrió, que sólo puede conocerse mediante serias investigaciones- sino algo imaginario, el relato , esa visión del pasado que impone hacia atrás el grupo dominante. La llamada batalla cultural en que la que están empeñados los ultrakirchneristas consiste en sustituir la visión hasta ahora predominante de nuestro pasado, lo que ellos llaman "el relato liberal", por "otro relato", en el cual los próceres de antaño pasan a ser los villanos y las figuras emblemáticas del proceso nacido en 2003, particularmente Néstor Kirchner, pasan a ser los nuevos próceres. La batalla cultural que ha emprendido el ultrakirchnerismo apunta a dos objetivos centrales: de un lado, beatificar a Kirchner; del otro, demonizar a los representantes de la que ellos llaman "la Argentina liberal" y, particularmente, a Julio Argentino Roca, que presidió nuestro país de 1880 a 1886, y de 1898 a 1904.

La demonización de Roca es un proyecto que discurre a través de tres vías convergentes cuya intención común es destronarlo de la consideración de los argentinos de hoy y, particularmente, de los jóvenes que, a la inversa de los ciudadanos de edad madura, no pueden refutar a los promotores de la "batalla cultural" desde sus propios recuerdos. La primera de estas vías es la publicación de supuestos libros de historia que, en realidad, no son otra cosa que piezas de propaganda para el consumo de los menos informados. La segunda vía tiende a manchar, destruir o mutilar los monumentos que, desde la Patagonia hasta Buenos Aires, han venido exaltando a Roca desde hace un siglo. La tercera vía es borrar su imagen hasta de los billetes de cien pesos.

Bastan algunos ejemplos para ilustrar esta campaña. El escritor Osvaldo Bayer ha propuesto retirar la estatua de Roca de la ciudad de Buenos Aires porque, en su opinión, "fue el Hitler argentino". La diputada Cecilia Merchán propuso reemplazar la figura de Roca de los billetes de cien pesos por la imagen de Juana Azurduy, una heroína indudable de nuestra independencia. Otro diputado, esta vez agrario y radical, Ulises Forte, quiere sustituir a Roca en los billetes de cien pesos por estampas del famoso Grito de Alcorta de 1912, que dio nacimiento a la pujante Federación Agraria. Los diputados del Frente para la Victoria han anunciado que impulsarán el reemplazo de Roca en los billetes por la figura, sin duda elogiable, de Hipólito Yrigoyen. En el imponente Centro Cívico de San Carlos de Bariloche, el monumento a Roca que todavía lo preside ha sido un blanco incesante de pintadas agresivas que anuncian la intención de removerlo.

ATAQUE Y DEFENSA
El principal argumento que se utiliza para denostar a Roca es que en la Campaña del Desierto de 1877, que condujo como ministro de Guerra, incurrió en genocidio para aniquilar a los "pueblos originarios" que poblaban la Patagonia. Bastaría recurrir a verdaderos historiadores como Félix Luna en su espléndida biografía, que lleva por título Soy Roca , o a otros estudiosos, como Luis Alberto Romero, para desenmascarar esta falacia. En primer lugar, porque los mapuches a los que derrotó Roca no eran "pueblos originarios" de la Patagonía sino pueblos "invasores", ya que eran araucanos que provenían de Chile y que habían aniquilado a los verdaderos pueblos originarios, los tehuelches, antes de que llegara Roca. En segundo lugar, porque habría que anotar que muchos mapuches, aunque no todos, sin ser por cierto los idílicos "buenos salvajes" de Rousseau, desataron los malones que mataban a nuestros pioneros rurales, y raptaban a sus mujeres, llevándose el producto de sus sangrientas correrías al otro lado de la cordillera. En tercer lugar, porque Roca, lejos de ser un despiadado "genocida", pactó la paz con casi todas las tribus invasoras.

La calificación de "genocida" mediante la cual se lo pretende demonizar incurre en un pecado que el propio Max Weber denunció cuando sostuvo que el verdadero historiador no es quien retroproyecta sus propios valores al pasado, sino quien describe a los protagonistas del pasado desde los valores que ellos mismos poseían. En la Argentina de 1877 había un consenso prácticamente unánime por librar a los colonos del flagelo del malón, y Roca lo instrumentó no sólo con solvencia militar, sino también con mesura política, reduciendo su acción militar a batir en combate a los pocos miles de lanzas que, pese a sus ofertas de paz, lo desafiaban.

Debe reconocerse también que Roca no consiguió que Chile admitiera nuestra soberanía sobre la Patagonia mediante una guerra que supo evitar, sino que, haciendo gala de su insuperada astucia, justamente cuando Chile libraba contra Perú y Bolivia la Guerra del Pacífico de 1879-1883, con sólo insinuar al gobierno trasandino que, a menos que aceptara nuestros reclamos en el Sur, entraríamos en esa guerra del lado de sus enemigos, obtuvo lo que pretendía sin disparar un tiro. Fue gracias a esta incruenta estratagema como consolidó el dominio argentino de la Patagonia, y logró que millones de pobladores ulteriores, entre ellos el propio Kirchner, pudieran sentir más tarde el aguijón de la argentinidad. Roca nos dio la Patagonia sin derramamiento de sangre. ¿Decretar su demonización agregándole la beatificación simultánea, fulminante y antagónica de Kirchner no es llevar la ideología demasiado lejos?


DE ROCA A SARMIENTO
A Sarmiento no se lo ha demonizado como a Roca. Aún hoy, se lo sigue honrando desde todos los rincones del arco ideológico. Pero ¿estamos prolongando en verdad su legado, que no fue otro que asentar el futuro argentino sobre el pilar de la educación? Sarmiento nos puso a la cabeza de América latina a partir de un acontecimiento sin parangón: la irrupción revolucionaria de la educación pública y gratuita. Fue gracias a su extraordinaria visión como los niños y los jóvenes, sea cual fuere su origen económico, recibieron el don de la igualdad de oportunidades. Una igualdad que estaba fundada, eso sí, sobre la disciplina y el esfuerzo. Hoy, hasta las familias más pobres pugnan por ingresar en la educación privada y pagan lo que no tienen para escapar del derrumbe de la educación pública.

¿A Sarmiento aún lo honramos, entonces, sólo de la boca para afuera? Su obra revolucionaria fue posible porque giró en torno de la exaltación de la figura del maestro , por todos venerada. ¿Qué padre se atrevía a contradecir al maestro, supuestamente en nombre de sus niños? Hoy, hay padres que agreden a los maestros en representación de esos hijos a quienes consienten, si los maestros osan aplicarles una mala nota. ¿Dónde ha quedado el exigente ideal de "mi hijo el doctor"? Llama la atención que los propios docentes hayan sido los primeros en rebajarse a sí mismos al renunciar a su título egregio de "maestros" para autodenominarse modestamente "trabajadores de la educación", como si la dependencia laboral fuera su única condición. Pero ¿no hay acaso entre nosotros miles de docentes que querrían volver a ser considerados maestros y se sienten asfixiados por sus ligaduras sindicales? Con Sarmiento, nuestra tabla de valores ponía en la cumbre al maestro por encima hasta de los propios padres, mientras la misión principal de los niños era, por lo pronto, aprender. A Sarmiento, es verdad, no lo hemos atacado como algunos a Roca. Simplemente, lo hemos olvidado , lo cual es aún más grave porque, en tanto que ya nadie podría quitarnos la Patagonia que Roca nos legó, el olvido de Sarmiento nos está privando de su legado sin que ni siquiera nos demos cuenta.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Historia argentina: El Abrazo del Estrecho (1899)

 Abrazo en el Estrecho

Existen divergencias de interpretación respecto de quién partió la iniciativa de la entrevista entre ambos presidentes. Para algunos autores se debió a Roca, partidario de eliminar el largo diferendo bilateral a través del diálogo directo. Para otros, en cambio, la idea partió de Francisco P. Moreno, y fue acogida favorablemente por Roca. Sin embargo, para El Diario, de Buenos Aires, la iniciativa surgió de Chile, por su deseo de convenir entre ambos países "el condominio político internacional con proyecciones geográficas". Por su parte, La Nación, en su editorial del 18 de enero de 1899, sugirió que no sería ajena al encuentro de los presidentes la larga visita realizada a Roca, el día anterior, por el nuevo ministro de Chile en Buenos Aires, Du Putron, en un momento en que una violenta revolución en Bolivia y la posibilidad de una intervención chilena en el Altiplano impulsaban a la diplomacia chilena a buscar una conciliación con la Argentina, y así cerrar -o al menos postergar- un frente de conflicto para las autoridades de Santiago. En esta misma línea de razonamiento, La Prensa sostuvo que la entrevista tenía por objeto realizar la aspiración de Chile de que la República Argentina la dejara en completa libertad de acción para resolver a su manera sus problemas con Perú y Bolivia, aún sin definición después de la guerra sostenida con ambas naciones en 1879 y en la que resultara victoriosa.


Canciller chileno Juan José Latorre

El "Abrazo del Estrecho" fue un simple apretón de manos -ni Roca ni Errazuriz Echaurren querían la guerra. Errázuriz tuvo que deshacerse de su ministro de relaciones exteriores, Juan José Latorre, quien después hizo flotar una versión de que habia entregado un ultimátum al ministro argentino en Santiago en septiembre de 1898 -ultimátum que solo existió en la febril imaginación de su secretario, Phillips. El ministro chileno en Buenos Aires, Carlos Walker Martínez enviaba telegramas a Santiago con falsos reportes sobre la falta de preparación argentina, según él la ARA estaba por incorporar un buque lde 8.000-10.000 toneladas llamado "Juan de Austria", cuando el único buque de ese tipo existente era un crucero cañonero español que había sido hundido en la bahia de Manila en Julio de ese año por el escuadrón del Almirante Dewey.


Carlos Walker Martinez

Walker Martinez urgía a su gobierno a "declarar la guerra antes de que llegaran los nuevos barcos para la ARA, y atacar cuando la cordillera nevada aún nos protegía". Errázuriz desestimó los informes de su ministro. Despechado, Walker Martinez renunció, pasando a la oposición y desde su banco en el congreso de Chile continuó importunando al gobierno chileno denunciando invasiones de territorio chileno por tropas argentinas... lo que resultó ser un mero episodio policial pues se trataba de 5-7 soldados persiguiendo a cuatreros chilenos... Roca zarpo de Puerto Militar en Febrero de 1899, visitando a varios puertos patagónicos antes de llegar al estrecho. El ARA Belgrano, que conducia a Roca, y al Ministro de Guerra Gral. Luis Maria Campos, y al Ministro de Marina, Comodoro Martín Rivadavia. Acompañaban al ARA Belgrano el crucero-torpedero ARA Patria, en transporte ARA Villarino y la fragata ARA Sarmiento. En Punta Arenas se encontrarían con el crucero protegido "O Higgins" que llevaba al presidente de Chile, el crucero protegido "Ministro Zenteno" y el transporte "Angamos". Se hallaba asimismo en Punta Arenas el crucero protegido "Presidente Errázuriz", buque estacionado en esas aguas. El ARA Villarino llegó a Punta Arenas el 15 de Febrero anunciando a las autoridades chilenas que la escuadra argentina llegaría a las 12.00 horas del día. Mientras los binoculares de oficiales y civiles chilenos escudriñaban las aguas en dirección al Atlántico, y aquí cito a un historiador chileno:


"Pero en vano: fue por el Sur donde aparecieron los blancos perfiles de las naves de guerra del país vecino... El viaje desde Ushuaia lo había realizado la división naval por los canales fueguinos, ruta hasta entonces poco conocida y nunca recorrida por barcos de calado, haciendo en ello gala significativa de pericia profesional." (1)

El timonel del crucero acorazado ARA Belgrano, al llegar al Estrecho era nada menos que el Comodoro Martin Rivadavia, uno de muchos oficiales, que cuando eran cadetes se habían formado en la ruda escuela de la "Escuadrilla de Cutters", meras cascaras de nuez a vela de 40-75 toneladas de desplazamiento en mares donde, en invierno, las olas llegan a sobrepasar los 15 metros de altura.

Más allá de la discusión sobre el origen de la entrevista entre los presidentes argentino y chileno, lo cierto fue que durante la segunda administración de Roca se puso de manifiesto la voluntad de acercamiento con el gobierno de Chile. Claras demostraciones de esto fueron las decisiones de apelar al arbitraje de la reina británica, para resolver una parte de la cuestión limítrofe, y de aceptar el laudo Buchanan, sobre la Puna de Atacama.

Abordaje del buque chileno O'Higgins por parte del Gral Roca

El "Abrazo del Estrecho" 

Presidente Federico Errázuriz (Chile)

Presidente Julio Argentino Roca (Argentina)


Fuentes
Brunner
(1) Braun Menéndez, Armando , Pequeña Historia Magallánica (Editorial Francisco de Aguirre, Buenos Aires,, Santiago de Chile, pag.177
Historia de las Relaciones Exteriores de Argentina

domingo, 13 de noviembre de 2016

Biografía: Roca Argentina

Julio Argentino Roca, el fundador de la Argentina moderna
Juan Pablo Bustos Thames
Infobae


Julio Argentino Roca, dos veces presidente de los argentinos, falleció el 19 de octubre de 1914

El 19 de octubre pasado se cumplió un nuevo aniversario del fallecimiento de Alejo Julio Argentino Roca, el segundo tucumano en ocupar la primera magistratura de la república, el primero en ser reelecto y el ciudadano que más tiempo permaneció frente al Poder Ejecutivo Nacional, al acumular doce años alternados en la Presidencia.

Roca nos legó las bases de la Argentina que conocemos hoy. Ejerció su gestión entre 1880-1886 y 1898-1904. Esperó dos mandatos constitucionales completos para volver a ocupar el sillón de Rivadavia, sin tener que reformar la Constitución Nacional, como sí lo hicieron otros presidentes. Fue el segundo mandatario más joven de la nación. Asumió a los treinta y siete años de edad.


Con 37 años, Roca fue el segundo mandatario más joven de la Argentina

Fue un estadista con todas las letras y el máximo referente de la generación del ochenta, esa camada pujante que fundó el Estado argentino moderno. Como militar, hizo sus primeras armas en los enfrentamientos civiles entre el estado de Buenos Aires y la Confederación Argentina. Hijo del coronel tucumano José Segundo Roca, héroe de la Guerra de la Independencia, de la Guerra contra el Imperio del Brasil y de las guerras civiles, destacó siempre por su valor en el campo de batalla, donde consiguió todos sus ascensos. El joven Roca se desempeñó en la Guerra con el Paraguay, conflicto en el que perdería a su padre, dos de sus hermanos y dos primos. Hasta hoy se recuerda el temple del joven mayor Julio Argentino Roca, cuando tuvo que obedecer, a regañadientes, la orden de retroceder, luego de un frustrado intento argentino de asaltar las trincheras paraguayas en Curupaytí. La providencia quiso que fuera el único jefe que no resultara herido en la acción y que se viera obligado a retirarse, al paso, a la cabeza de su legendario y disminuido batallón Salta, portando en alto, en una mano, la bandera de su unidad, perforada por la metralla enemiga, y en la otra, las riendas de su caballo, que había cedido para cargar allí a un teniente herido, a quien acababa de salvar la vida.

Julio Argentino Roca impresionó favorablemente a los distintos presidentes que se sucedieron a partir de la organización nacional. Justo José de Urquiza, amigo de su padre, lo admitió en el Colegio de Concepción de Uruguay, que tenía una sección militar, de donde egresaría como cadete de artillería. Bajo sus órdenes, lucharía hasta agotar todos los cartuchos, disparando su batería de dos cañones en la batalla de Pavón, al negarse a retroceder. Cuando su padre cabalgó hasta su puesto de combate para convencerlo de que había que abandonar la batería, porque la acción estaba perdida, Roca se cuadró ante este "oficial superior" y le dijo que no lo haría, porque no había recibido orden de retirada y porque "les había tomado mucho cariño a mis dos cañones; no los quería abandonar".

Generó muy buen concepto en Bartolomé Mitre, a raíz de su valor demostrado en la Guerra del Paraguay; en Domingo Faustino Sarmiento, sorprendido por su eficacia en el manejo político de los conflictos civiles que, sucesivamente, estallaron en el interior, mientras el Ejército Nacional luchaba en el Paraguay. En esa etapa, Roca desplegó su innato don de líder político y desactivó conflictos. Muchos, usando su capacidad de persuasión, sin tener que disparar un tiro. Sarmiento desconfiaba del joven Roca al principio, tanto que le recriminaría a su ministro de Guerra y Marina, Martín de Gainza: "Le he pedido a usted un hombre de energía e inteligencia, a un guerrero probado y no un barbilindo". Sin embargo, en vísperas de concluir su mandato, el Loco Sarmiento, ante cada situación difícil, le decía a Gainza: "Lo quiero a Roca allí". Así fue que Roca se fue granjeando, de a poco y con eficiencia, el apoyo del cascarrabias mandatario sanjuanino.


Fue durante su trayectoria militar que se consolidó su prestigio

El alter ego de Roca en la Presidencia fue, sin lugar a dudas, su comprovinciano Nicolás Avellaneda. Su asunción como primer mandatario, en 1874, vino acompañada de una seria revuelta, en varios puntos del país. Para sofocar el más grave, en Mendoza, Avellaneda convocó a Roca, quien, merced a una hábil estratagema, venció a los sublevados en una acción donde se produjeron pocas bajas y desbarató a los revolucionarios, entre los que estaba un antiguo superior suyo, a quien Roca facilitó la huida. No bien se enteró de esta victoria, eufórico, desde Buenos Aires, Avellaneda le telegrafió: "Lo saludo, general de los ejércitos de la república, sobre el campo de la victoria". Lo apodó El Zorro, mote que lo acompañaría toda su vida. Así fue como Roca llegó al generalato y Avellaneda empezó a pergeñarlo como sucesor, en la Presidencia.

Fue elegido presidente por abrumadora mayoría en el Colegio Electoral de 1880 (155 votos contra 70). En septiembre de ese año se sancionó la ley por la cual la ciudad de Buenos Aires pasaba a ser, formalmente, capital de la república. Hasta ese entonces, el Gobierno nacional vivía de prestado en la ciudad y se había generado una incómoda cohabitación con el Gobierno de la provincia de Buenos Aires, que también tenía sede allí. A partir de esta ley, originada por el arribo de Roca al poder, se federalizó la ciudad y dos años después, bajo su mandato, se fundó la ciudad de La Plata, actual capital bonaerense. Se solucionaba, de este modo y definitivamente, "la cuestión de la capital", que tantos conflictos civiles había traído hasta entonces.

Respetó la Constitución Nacional en su faz formal; veló porque se observaran los derechos y las garantías allí consagrados. En especial, respetó, absolutamente, al igual que sus antecesores, la libertad de prensa y de expresión. Aceptaba estoicamente las críticas, las injurias y los agravios como parte del juego democrático y constitucional. Jamás se le pasó por la cabeza acallar a los medios opositores o amordazar a quienes no pensaban como él.

Bajo su mandato se inició un crecimiento económico sostenido de la Argentina, que se prolongaría, con algunas intermitencias, hasta la primera mitad del siglo XX. Inició las obras de los puertos de Ensenada y Buenos Aires, que hasta entonces no tenían infraestructura para recibir pasajeros, ni para el comercio. Desarrolló Puerto Madero y construyó el Hotel de Inmigrantes, donde se alojarían muchos de nuestros antepasados, que llegaron a nuestras costas.

La inmigración se disparó bajo su mandato y Buenos Aires, de ser una aldea semirrural, pasó a ser una importante urbe pujante en el mundo, al compás del crecimiento de las principales ciudades del interior.


Roca tuvo una participación clave en la federalización de Buenos Aires y en la consolidación de nuestras fronteras

Impulsó la ley 1420, de educación laica, gratuita y obligatoria, de todos los niños de 6 a 14 años, por la que instauró un régimen de vanguardia, modelo para toda América Latina. Al poco tiempo, hizo caer bruscamente el analfabetismo en la Argentina, dándole la fama que conserva hasta el día de hoy, la de contar con una población educada, en líneas generales. Ello le otorgó importantes ventajas competitivas en la región. Roca concretó, así, lo que Sarmiento había concebido y no había logrado plasmar en una ley. Hasta hoy todos valoramos la importancia y la trascendencia de esta ley, pero muchos desconocen que su mentor fue Roca. De ser un país semianalfabeto, al finalizar su primer mandato, funcionaban 1.741 escuelas públicas y 611 colegios privados, en todo el país. Había 168.378 alumnos; 133.640 de ellos concurrían a la escuela pública. Se registraban 4.736 docentes.

No voy a desarrollar aquí su gran obra, que consistió en la incorporación efectiva al territorio nacional de toda la Patagonia, y de regiones del Chaco y la Puna. Gracias a él la Argentina duplicó su extensión territorial mediante la incorporación de zonas que hasta entonces eran desérticas, u ocupadas por indígenas nómades o violentamente hostiles a los habitantes del territorio argentino. De este modo, Roca se anticipó a que estas áreas fueran ocupadas por países vecinos, o bien fueran objeto del expansionismo británico (que no le hubiera costado mucho hacerlo, desde su base, en Malvinas), o francés (que hasta tuvieron un autoproclamado y excéntrico "monarca" entre las tribus patagónicas). A Roca le debemos que las actuales provincias de Misiones, Formosa, Chaco, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego sean argentinas, amén de otras extensas zonas fronterizas con Chile, Bolivia y Brasil, ubicadas fuera de ellas.

Multiplicó la extensión de las líneas férreas y sancionó la ley 1.565 del Registro Civil. El Estado comenzaba a tomar razón de los principales acontecimientos de relevancia jurídica en la vida de las personas: su nacimiento, su fallecimiento, su matrimonio, que hasta entonces se regían por las inscripciones religiosas.

En su primer Gobierno impulsó la ley 1.130, de 1881, de unificación monetaria. Hasta ese momento, cada provincia emitía su propio papel moneda, fenómeno similar a la emisión de bonos provinciales generalizado desde 1985 hasta 2002.

Las monedas locales dificultaban el comercio interprovincial y significaban verdaderas aduanas locales prohibidas por la Constitución Nacional. Para terminar con este escándalo, obligó a todas las provincias a canjear sus valores por la moneda nacional, que desde entonces se impuso como único medio de pago en todo el país.

Creó los territorios nacionales, que dependían del Gobierno central y estaban localizados en las zonas de fronteras, recientemente incorporadas a la jurisdicción nacional, a fin de organizarlas y protegerlas ante alguna pretensión extranjera.


Julio Argentino Roca ejerció la presidencia del país de 1880 a 1886 y de 1898 a 1904

Firmó el pacto de límites con Chile, en 1881, que aseguró la paz con ese país, ya que se había llegado al borde de una guerra. Con este tratado, el país trasandino reconoció la soberanía nacional en toda la Patagonia argentina. Fue Roca quien consiguió que Chile reconociera, como principio divisor fronterizo, el de las cumbres más elevadas de la Cordillera de los Andes, que dividen las aguas hacia el Atlántico (Argentina) o el Pacífico (Chile). Impulsó las colonias galesas en la Patagonia, que aseguraron la presencia y la ocupación permanente argentina en la región.

Bajo su segundo mandato se sancionó el Código Penal y el de Minería; ambos consagraron importantes avances sociales, todo un adelanto en su época. Inició la ocupación argentina de la Antártida, al establecer la base de las islas Orcadas (1904); y comenzó la explotación petrolera en Comodoro Rivadavia (ciudad que se fundó bajo su Presidencia). Dio inicio así a una importante fuente de la riqueza nacional.

Fue el primero en impulsar las cumbres presidenciales. Bajo su mandato se reunió con el presidente chileno, para alejar definitivamente los vientos de guerra con el vecino país. Y dos veces con el mandatario brasileño, para terminar, de ese modo, con la desconfianza y la clásica rivalidad entre ambos Estados. Restableció las relaciones diplomáticas con la Santa Sede, interrumpidas a raíz de la sanción de la ley de matrimonio civil y de educación (ambas bajo su primer mandato) e insertó al país como una potencia sudamericana, ampliamente reconocida en el mundo. Estableció relaciones diplomáticas con el Imperio del Japón, inició una histórica amistad que la Argentina mantiene hasta hoy.

En su última gestión, sancionó la ley 3.871 de conversión (1899), por la que asignó a la Caja de Conversión (antecesora del actual Banco Central), creada en 1890, el monopolio para emitir moneda, estableció un patrón de cambio entre el peso y el dólar norteamericano y la libra esterlina. Imponía, además, una férrea disciplina fiscal y monetaria que impedía al Estado gastar más de lo que recaudaba o emitir sin respaldo. Ello hizo que nuestro peso moneda nacional se convirtiera, para 1920, en una divisa reconocida mundialmente y que la Argentina se encontrara entre los diez países más ricos del mundo, merced a esta preclara norma impulsada durante el segundo mandato de El Zorro.

Julio Argentino Roca destaca como uno de los mayores próceres en la conformación de nuestra Argentina y corresponde rescatarlo, reivindicarlo y valorarlo en este nuevo aniversario de su fallecimiento.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Roca: Un grande gramscianamente transformado en genocida

¿Fue Roca el malo de la película de la historia argentina?
Dos veces presidente constitucional, fue uno de los protagonistas principales de la generación que edificó el Estado argentino y consolidó nuestras fronteras. ¿Genocida o estadista? En todo caso, mucho más que una cara en el billete de 100 pesos
Por Rolando Hanglin - Infobae



Roca, blanco de una campaña que busca declararlo “genocida”

"Hace poco más de un siglo, el 12 de octubre de 1904, el general Roca entregó al doctor Manuel Quintana los atributos de la presidencia de la República. Había cumplido su segundo mandato, pero su influencia política desde 1880 había transformado el país. La Argentina era una potencia respetada. El general Mitre, ya anciano y verdadero patriarca de la argentinidad, fue a su casa ese mismo día para felicitarlo por su gestión: 'Ha cumplido', le dijo parcamente, porque el juramento de su asunción, en 1898 lo había hecho ante Mitre." (Juan José Cresto, presidente de la Academia Nacional de Historia, 2004)

Puede decirse que el malo de la película, en la Historia Argentina, hoy es Julio Roca. Por el momento, se le han concedido unas merecidas vacaciones a Don Juan Manuel de Rosas, que en sus tiempos realizó, junto a Facundo Quiroga y el fraile José Félix Aldao, una expedición punitiva a los indios pampas y ranqueles (1833), y ahora está de turno Julio Roca, también perseguidor de indios indefensos, a la vez que  aliado del Imperio Británico. Lo mismo que Rosas, quien tras su caída en Caseros vivió como "farmer" durante veinticinco años en Swaythling, cerca de Southampton y de su admirado Lord Palmerston, ex canciller inglés.


Julio Argentino Roca (1843-1914), dos veces presidente constitucional

Algunos críticos de Roca, sus contemporáneos (1879-1880), exclamaron: "¡El general Roca ha descubierto que en la Patagonia no hay Indios!"(Sarmiento) o señalaron que la expedición al Río Negro había sido un mero paseo  en calesa, en el que no se registraron combates ni escaramuzas, ni siquiera una discusión acalorada. Nada. Un desfile de mascaritas. Algún autor ha señalado que, durante la campaña, Roca montó a caballo cuatro veces en total, una para la foto. Nos cuesta comprender cómo un hombre tan insignificante, del que no se sabe si fue guerrero feroz o farolero impar, logró figurar en el billete de 100 pesos y en miles de calles, avenidas, pueblos, ciudades y monumentos de la República Argentina. Y, a la vez, hacerse de la negra fama de genocida que hoy rodea al general tucumano.

 En 1810 ya había comenzado la ‘araucanización de la pampa’
Vale apuntar que, en 1810, año del inicio del proceso de independencia de Argentina y de muchas otras naciones, había comenzado ya lo que se conoce como "araucanización de la pampa". Grandes poblaciones aborígenes chilenas, perseguidas por haber apoyado a los españoles en la guerra de la emancipación, o bien buscando un espacio más amplio para su desempeño económico, basado en la caza y la recolección, cruzaron los Andes buscando en las llanuras de la falda oriental sus presas de caza (el venado, el guanaco, el peludo, la vizcacha, la misma yegua) y disputaron estos territorios a los pampas argentinos y a los propios cristianos, que instalaban sus estancias fronterizas y desarrollaban sus sangrientas vaquerías. Los araucanos, raza militar de fuerte carácter, dotada de un lenguaje práctico, dominaron paulatinamente a las indiadas argentinas (tehuelches, querandíes y puelches) cuyas lenguas se consideran hoy desaparecidas. En el crisol de las llanuras y serranías se formaron nuevas agrupaciones, habitualmente con predominio araucano (la palabra "mapuche" empezó a usarse mucho más tarde) y potenciadas por nuevos recursos, todos provenientes de la conquista española: el caballo, la vaca, la oveja, el hierro (la moharra metálica, el cuchillo) más tarde el rémington.

 La década de 1870 había sido tremenda en materia de malones indios
Conviene recordar que la Campaña al Desierto le valió a Roca un enorme prestigio en el campo argentino entre 1879 y 1880, gracias al cual llegó con facilidad a la presidencia de la nación. La década de 1870 había sido tremenda en materia de malones indios. El problema de las indiadas se había acentuado desde 1820 en adelante: las ciudades cristianas (Buenos Aires, Córdoba, Salta, Carmen de Patagones) eran islas en medio de un mar de lanzas. Tras la muerte del ministro de guerra Adolfo Alsina, en 1877, Roca se presentó ante el Senado de la Nación y expuso su plan de batalla con gran simpleza: "Necesito un año para planearlo y otro para realizarlo, dos años en total, a cuyo término los indios habrán sido absorbidos y asimilados por la civilización, pero para ello es necesario salir de la actitud defensiva de Alsina e ir a buscarlos a sus tolderías, hasta someterlos".


La década de 1870 había sido tremenda en materia de malones

Conviene recordar algunos hechos, aunque sea investigándolos en Google, para no aburrirnos con largos libros. ¿Por qué pensar hoy en Roca? Porque en 2014 se cumplieron 130 años de la sanción de la Ley 1420 (conocida como de enseñanza laica, gratuita y obligatoria) y el primer centenario de la muerte de Roca, al que nosotros consideramos, modestamente, el gran estadista de nuestra historia.

Pero la fecha no obtuvo el recuerdo que se merecía. Efectivamente, fue Roca quien promulgó la gran ley de enseñanza laica, junto a su ministro de Justicia e Instrucción Pública, don Eduardo Wilde. Domingo F. Sarmiento militó, por así decirlo, como fogoso propagandista de la enseñanza pública. Algunos números: al comenzar el primer mandato de Roca, había 1214 escuelas públicas. Seis años después eran 1804. Las escuelas normales, en las que se formaban los maestros, pasaron de 10 a 17. Los alumnos, de 86.927 a 180.768. Docentes: de 1.915 a 5.348 en seis años. Con fuerte influencia de Sarmiento, en su segundo mandato propone un sesgo laboral en los estudios, al modo estadounidense: se crean escuelas de Artes y Oficios, de Agronomía y Veterinaria, de Ingenieros en Minería para San Juan, de Agricultura vinícola en Mendoza.

Roca fue el único presidente argentino que cumplió dos mandatos constitucionales (1880-1886 y 1898-1904) con doce años de intermedio. No intentó amañar la reelección mediante cadenas de amigos y socios para perdurar indefinidamente en el poder y los negocios.


Con Roca termina la guerra entre unitarios y federales

Con Roca termina la guerra entre unitarios y federales: la ciudad de Buenos Aires queda federalizada y las rentas de la Aduana del Puerto (que eran el principal ingreso de aquel tiempo) se convierten en propiedad nacional, terminando así un conflicto de 70 años entre Capital e Interior.

Roca defendió el orden constitucional, incluso con las armas, pero buscando siempre la pacificación y la amnistía.

Roca reconoció lo obvio: la primera potencia del mundo no era otra que Inglaterra, y superaría por largos años a los Estados Unidos, España, Francia y Rusia. Se considera que el Reino Unido empezó a perder su preeminencia recién al fin de la Primera Guerra Mundial, con la construcción del Canal de Panamá. Esta novedad dejó fuera de juego a Buenos Aires, aliada de Gran Bretaña, como puerto de paso obligado en el cruce del Atlántico al Pacífico y viceversa. Los Estados Unidos se adueñaron de los mares.


Roca reconoció lo obvio: la primera potencia del mundo no era otra que Inglaterra, y superaría por largos años a Estados Unidos, España, Francia y Rusia

En el inolvidable 1880, Roca impulsó una útil asociación comercial con Londres, con una visión realista muy similar a la de Rosas en su tiempo. Por otra parte, el gobierno inglés había sido un discreto pero eficaz aliado de la Argentina, sobre todo desde enero de 1825, cuando Jorge IV reconoció nuestra independencia. El crecimiento logrado por el país en tiempos de Roca sólo puede compararse con el que hoy ostentan los Tigres asiáticos o la propia China.

Obra de Roca: a partir de 1881, no se discutieron ya territorios con Chile, sino sólo líneas divisorias. Cabe recordar que habíamos librado una guerra con el Brasil, cincuenta años antes de Roca: éste promueve un acercamiento que diluye los conflictos.

En su segunda presidencia, Roca crea el servicio militar obligatorio, para unir en la civilización a todos los jóvenes, criollos, indios y gringos, pues estos últimos empezaban a llegar. En este período se incorpora al Congreso el primer diputado socialista de América, don Alfredo Palacios.

Roca sostuvo un concepto estratégico del territorio nacional: ocupar la Patagonia hasta la Tierra del Fuego anulando de raíz cualquier reclamo territorial de Chile, integrar el país mediante una red ferroviaria -hoy destartalada-, resolver todo conflicto de límites y modernizar a la Nación para insertarla en el mundo.


Roca sostuvo un concepto estratégico del territorio nacional

El ex ministro del Interior de Roca, Joaquín V. González, presenta al Congreso el primer Código de Trabajo, muchas  de cuyas iniciativas serían plasmadas recién en la década de 1940 por el General Perón. Lo mismo puede decirse de las políticas de protección  industrial que Roca esbozó, y continuó su antiguo aliado, el presidente Carlos Pellegrini.

 Todos los hombres de la Generación del 80 fueron aliados y adversarios en distintos tiempos
Una aclaración: todos los hombres de la Generación del 80, que convierten a la Argentina en la décima potencia mundial, quinta exportadora del globo y más alfabetizada que la mayoría de las naciones de Europa, fueron aliados y adversarios en distintos tiempos. Esto incluye al propio Roca,  y a Sarmiento, Mitre, Avellaneda, Alsina, Pellegrini.

Sobre la derrota militar y cultural de los indios araucanos, cabe señalar que la debacle había comenzado en tiempos de la Zanja de Alsina. Este foso, que cruzaba la provincia de Buenos Aires, dificultaba los grandes malones ya en 1877, y en especial trababa la retirada de los indios con su inmenso arreo de cautivas, caballos, ovejas y sobre todo ganado vacuno. La carne de yegua era el alimento favorito para la gente de las tolderías, mientras que las vacas (robadas por cientos de miles) permitían un fabuloso comercio de carnes en Chile, cruzando la cordillera tras una prudente invernada en Neuquén o en Choele-Choel. Volviendo a la zanja: en ella los malones se atascaban, pugnando por arrear océanos de cabezas de ganado. Esto daba tiempo a las tropas argentinas para alcanzarlos y sablearlos, recuperando lo robado. En tiempos de la Zanja de Alsina, diseñada por el ingeniero francés Alfred Ebelot (autor de Adolfo Alsina y la Ocupación del Desierto), los indios tuvieron que desplazarse hacia el sur y el oeste. Los productores agrarios ganaron vastas extensiones.


La Zanja de Alsina fue un primer obstáculo al malón y al robo de ganado

Ya se había librado, el 8 de marzo de 1872, la batalla de San Carlos (hoy Bolívar) donde el General Ignacio Rivas vence al chileno Calfucurá, considerado el Napoleón de las Pampas, que muere al año siguiente: 4 de junio de 1873, en Chilihué. El nombre de este asentamiento significa "Pequeño Chile" y recordaba la querencia originaria de Piedra Azul y su gente. Durante aquel combate se movilizaron 3.600 lanceros argentinos y chilenos encabezados por Calfucurá, Reuquecurá, Mariano Rosas, Catricurá y Pincén. La muy cuestionada zanja, de 300 kilómetros, cavada en 1877 (aún se hallan algunos tramos en nuestro campo) dificultó los malones y, a la larga, generó escasez y hambruna en las tolderías.

 No cabe duda de que aquello fue una guerra a muerte entre dos civilizaciones irreconciliables
Pampas y araucanos consideraban que la riqueza y los alimentos debían adquirirse virilmente, mediante la guerra y el pillaje, despreciando todo trabajo "de a pie", por ejemplo, la siembra. En San Carlos chocaron 3.600 lanceros indios contra otros tantos soldados argentinos, reforzados por la indiada amiga de Catriel. En aquel entonces comenzaba a manifestarse claramente, entre los indios, la separación de  argentinos  y chilenos. Se disolvía la gran Confederación Indígena de Salinas Grandes encabezada por Calfucurá, con perfiles de auténtico imperio, de allí que Piedra (Curá) Azul (Calfú) fuera conocido como el Napoleón de las Pampas.


Una guerra a muerte entre dos civilizaciones

En fin, no cabe duda de que aquello fue una guerra a muerte entre dos civilizaciones irreconciliables. No se trata de exculpar a Roca por una matanza. Más bien, la victoria fue el tramo final de una guerra de 300 años,  facilitada  por el hecho de que los indios se encontraban ya  desmoralizados… y con hambre. Enfrentaron al Ejército Argentino en un combate frontal, que no era su fuerte. Fueron derrotados y comenzó su declinación. Puede decirse que, cuando Roca realizó su famosa expedición al Río Negro, ya los encontró dispersos.

Roca tuvo un lema: "Paz y Administración".  Válido para todos los tiempos, incluso el actual.

miércoles, 27 de abril de 2016

Biografía: Roca, el "comunista" de la educación

El programa comunista de Julio Argentino Roca

Rodolfo Terragno - Clarín






Incheon fue, en 1950, escenario de la mayor batalla librada durante la Guerra de Corea, que enfrentó a Occidente con el mundo comunista. El año pasado, unos 130 ministros de Educación y legiones de expertos dieron comienzo, desde esa misma ciudad coreana, una batalla por la “educación inclusiva”. Se habían reunido en el Foro mundial sobre la educación, y terminaron aprobando una declaración de principios (“Educación 2030”) que sitúa a la inclusión educativa al tope de un implícito programa universal de educación.

“Educación inclusiva” es un lugar común, a menudo vacío de contenido, que no falta en ningún discurso político. ¿Cómo se la logra? El Foro esbozó ciertos principios que ayudarán a los gobiernos a formular políticas conducentes a la inclusión, y la Argentina ha propuesto que se forme una base de datos universal para el intercambio de ideas y experiencias relativas a ese propósito.

Es la Argentina, precisamente, la que ostenta una histórica política inclusiva que (salvo en los ex países comunistas) tiene muy pocos precedentes. Fue en el siglo 19 y, por distintas razones, hoy no sería aplicable. Sin embargo, demuestra que, para convertir el slogan en realidad, el Estado debe hacer esfuerzos extraordinarios y constantes.

Hubo una ley –asiduamente invocada pero poco conocida—que organizó esa política. Fue la ley 1420, de 1884.

Esa ley — impulsada por Domingo Faustino Sarmiento y promulgada por Julio Argentino Roca— fue precisa y expeditiva:

  • Dispuso que hubiera una escuela por cada 1.500 habitantes. Una por cada 500 en el campo.
  • Creó las “escuelas ambulantes”, para llevar enseñanza a lugares remotos.
  • Decidió “convertir cuarteles, guarniciones, buques de guerra, cárceles, fábricas u otros establecimientos” en escuelas para adultos.
  • Impuso la no discriminación. De hecho prohibió la diferenciación del alumnado según la condición social, el color, la nacionalidad o la religión.
  • Decidió que la mujer debía tener la misma educación que el hombre y dio lugar a clases mixtas.
  • Obligó a que los padres inscribieran en la escuela a sus hijos de 6 a 14 años, no admitiendo la exención con motivo de pobreza familiar, ya que hizo la enseñanza completamente gratuita.
  • Fijó sanciones para los padres que no asegurasen la permanente asistencia de sus hijos a la escuela. Si un menor faltaba “más de dos días” a la escuela, los padres tenían que pagar multas. El chico, a la vez, podía ser conducido a la escuela por la fuerza pública.
  • Prohibió catequizar. La enseñanza religiosa sólo se podía impartir fuera de las horas de clase, por los ministros autorizados de los diferentes cultos, a los niños de su respectiva comunión”.
  • Obligó a que en las escuelas se vacunara y revacunara en los correspondientes períodos.
  • Forzó a los padres a gerenciar las escuelas desde cargos públicos irrenunciables y ad honorem. En cada distrito escolar debía establecerse un Consejo Escolar, integrado por cinco padres elegidos por el Consejo Nacional de Educación, que fue creado por el mismo Roca. Los designados no tenían derecho a rechazar el nombramiento. Durante dos años desempeñarían un trabajo exigente, sin recibir ni un peso. Tenían que reunirse, como mínimo, una vez por semana; y no para un mero intercambio de opiniones. La ley les imponía tareas precisas. Debían recaudar las rentas del distrito, procedentes de “multas y donaciones o subvenciones particulares”, y con ellas hacer cosas como “proporcionar vestido a los alumnos indigentes”, establecer “cursos nocturnos o dominicales para adultos” y promover la fundación de “bibliotecas populares”.


Para la Iglesia, la ley 1420 era “atea” e “impía”. Los obispos la desafiaron mediante pastorales. Los párrocos la atacaron desde los púlpitos o los presbiterios. Pedro Goyena y José Manuel Estrada la denostaron en diarios católicos.

Eso avivó las manifestaciones religiosas que se produjeron en todo el país. Al frente de tal movilización estaba el nuncio apostólico, Luis Mattera, que denostó a Roca por la promulgación de la ley y lo acusó de ser “el inspirador” de los “duros ataques” contra su persona. La disputa entre el delegado papal y el gobierno prosiguió hasta que, el 14 de octubre de 1884, Roca tomó una drástica decisión: expulsó al nuncio del país y rompió con el Vaticano antes que renunciar a la educación laica.

Mirada a través de un cristal ideológico, la ley 1420 causa perplejidad. Los efectos de la educación masiva no podían ser favorables a la clase dominante. En el pueblo culto germina, enseguida, la ambición de igualdad.        

¿Por qué Roca, que encarnaba a la oligarquía, quiso esparcir conocimientos, arriesgándose a la ulterior rebeldía de las masas? Es que cuando una clase domina una nación, el interés nacional percibido se vuelve tan importante como los intereses objetivos de clase.

La generación del 80 sintió que era dueña de una Argentina destinada a crecer e –ignorando su ubicación geográfica en el sur de América– convertirse en potencia. Para eso, se requerían transformaciones que –juzgadas con criterios ideológicos— parecen contradictorias.

Roca sintió, por un lado, que un “destino manifiesto” lo forzaba a emprender la Campaña del Desierto, conquistando 15.000 leguas cuadradas y sacrificando o tomando prisioneros por doquier.

La inclusión educativa requiere hoy métodos distintos a los del siglo 19. La ley 1420 impuso una suerte de servicio militar educativo, que hoy no sería admisible. Cuesta imaginar, por ejemplo, que un chico sea arrastrado a la escuela por la policía. Lo importante es que las políticas educacionales tengan, con métodos distintos, la profundidad, el rigor y la constancia de aquel plan cifrado en la ley 1420.

La Asignación Universal por Hijo –que los padres no pueden cobrar entera si no envían a sus hijos a la escuela— es un paso en la dirección correcta. Pero la política educacional no puede quedar ahí, y además debe entenderse que la inclusión no se logra ni con los mejores planes educacionales si no va asociada a una política de desarrollo económico y redistribución del ingreso.

rodolfo.terragno@gmail.com

Rodolfo Terragno es escritor y político. Embajador argentino en UNESCO.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Conquista del desierto: Los araucanos y los unicelulares

DUEÑOS ORIGINARIOS



-Roca les quitó el Desierto a sus dueños originarios -dijo Kako.
-¿Quienes eran?
-Los indios Mapuches -contestó Keko.
-Los Mapuches fueron los Araucanos chilenos, que cruzaron la frontera alrededor de 1830, por lo que eran menos originarios que los argentinos e incluso que los primeros conquistadores españoles -sentenció El Narizudo.
-¿Quienes son, entonces, los originarios? -inquirió Kiko.
-Los Tehuelches, sojuzgados o eliminados por los Mapuches.
-Sí -asintió Koko.
-Junto a Pehuenches y Pampas, que sufrieron igual destino -acotó Kuko.
-Ninguno es originario -sentenció El Narizudo.
-¡¿Cómo dices?! -exclamaron todos.
-Se los explicaré con España (donde el hombre vive desde hace mucho), porque en América solo tiene 10.000 años.
-Somos todo oídos.
-Los españoles actuales sacaron a los árabes, quienes conquistaron a los castellanos, que invadieron a los visigodos, que dominaron a los romanos, que sometieron a los íberos, que suplantaron a los celtas.
-¿No hay excepciones?
-Únicamente los Vascos. Y el tema sigue hacia atrás...
-¿De que manera?
-Los íberos suplantaron a los cro-magnones, quienes oprimieron a los neanderthales... ¿quieren que siga?
-Continúa.
-Los nearnderthales extinguieron a homo erectus, quien reemplazó a homo hábilis, que sustituyó a los australopitecus...
-Impresionante.
-Y así sucesivamente -reflexionó el Narizudo- es la ley de la evolución de las especies, extrapolada en la evolución de las sociedades. No hay nadie originario, hasta llegar al primer ser unicelular.
-¡Carajo! exclamaron los cinco contertulios, al unísono.

EDUARDO IBÁÑEZ PADILLA

lunes, 27 de octubre de 2014

JAR: Su rol como estadista y organizador nacional

¿Es Roca la bestia negra de la historia argentina? 

Rosendo Fraga


El 19 de octubre de 2014, se cumplió el Centenario del fallecimiento del General Julio A. Roca.Se trata del Presidente que gobernó más tiempo en los dos siglos de historia que lleva la Argentina: fue Presidente dos períodos constitucionales completos de seis años, con dos períodos intermedios de doce años en total. Fue el gran constructor del estado nacional y quien llevó a los hechos los ideales de otro tucumano, que fue Alberdi: podríamos decir que él fue el ideólogo y Roca el hacedor.

En su primer gobierno (1880-1886) unificó la moneda, concentró el poder militar en el gobierno nacional y sancionó la ley 1420 de educación obligatoria, gratuita y laica. Tuvo lugar la mayor inmigración hasta entonces, se multiplicó por varias veces la red de ferrocarriles y también el número de docentes, alumnos y escuelas. Creó el Consejo Nacional de Educación y designó al frente del mismo a Sarmiento y a Avellaneda lo nombró rector de la Universidad de Buenos Aires; limitó el poder de la Iglesia, firmó en 1881 el tratado de límites con Chile por el cual la Patagonia pasó a ser argentina sin discusión.
En su segunda presidencia (1898-1904) sancionó la ley del servicio militar obligatorio que en su momento fue una democratización de la prestación militar, a la vez que sancionó una reforma electoral en base al sistema británico de voto voluntario con elección por circunscripción. Dispuso la presencia soberana de Argentina en la Antártida y envió al Congreso un proyecto de reforma social con un Código del Trabajo avanzado para su época y un proyecto para transformar el sistema educativo vinculándolo con el mundo del trabajo. Inició también la diplomacia presidencial concertando encuentros y entrevistas con los presidentes de Chile, Brasil y Uruguay (los primeros encuentros de este tipo de la historia); por último, fijó en el plano internacional la doctrina por la cual no se puede exigir el pago de deudas mediante la fuerza a los estados, conocida como Doctrina Drago.

Políticamente, Roca, junto con Yrigoyen y Perón, fue uno de los tres grandes líderes políticos de la Argentina que dieron origen a los tres movimientos que gobernaron el país durante décadas: Conservadurismo, Radicalismo y Peronismo.

Durante la Década Kirchnerista, Roca fue convertido en la bestia negra de la historia argentina. Ello ha llevado a que en los manuales de enseñanza de historia argentina del secundario no se mencione que haya sido Presidente, aunque fue quien ejerció el cargo durante más tiempo y siempre en períodos constitucionales. En parte, la campaña contra Roca ha tenido que ver con la desmilitarización de la historia: que un militar profesional haya sido el gran constructor del estado nacional no encaja con la interpretación de la historia que la divide entre militares golpistas y civiles democráticos.
Esto no se corresponde a la realidad, donde las cosas han sido mucho más complejas y contradictorias. Este forzamiento de la historia ha llegado a plantear que la campaña para ocupar los territorios fuera del control del Estado nacional es un adelanto o ensayo del genocidio de los años setenta del siglo XX.

En cuanto a la política indígena, se cuestiona a Roca en función de afirmaciones erróneas. Lo primero a tener en cuenta es que en la campaña al Río Negro que realiza como Ministro de Guerra en la Presidencia de Avellaneda, se hizo en base a una ley sancionada por el Congreso de la Nación. La campaña fue para someter a las leyes del estado nacional a las tribus que no las aceptaban, unos 10.000 indios, que no reconocían la soberanía del estado nacional. La mayoría de las tribunas había aceptado su inserción en el Estado argentino; incluso la quinta parte de las fuerzas que comandó Roca eran indígenas al mando de sus caciques. En esta campaña murieron 1200 indios de pelea; no hubo exterminio ni aniquilación.

Que parte de los indios sometidos pasaran a formar parte de las Fuerzas Armadas, a trabajar en las estancias o a educarse en las escuelas de la orden salesiana, fueron políticas de inserción laboral y social, lógicas para la época.

Es interesante que el Revisionismo Kirchnerista, que cuestiona a Roca como la peor figura de la historia tan es así que el Ejército no puede participar en ningún acto con memorativo del Centenario de Roca, aunque fue Teniente General y Presidente en dos períodos constitucionales reivindica a Rosas, quien en su campaña al sur contra los indios dio muerte a 3400 de éstos como él mismo informa, es decir tres veces más que en la campaña de Roca en el mismo territorio. Además, la legislatura bonaerense en 1841 declara a Rosas benemérito de la Patria por haber matado 40.000 indios. Esta información es inexacta, pero muestra la cultura imperante en la época de Rosas: se multiplicó por casi doce la cantidad de indios que había matado para enaltecer su figura.

Como líder político, Roca puede ser discutible, como lo son Yrigoyen y Perón, pero es en su rol de estadista y en su rol como gran constructor del Estado nacional, donde su figura debe ser reconocida, más allá de la polémica.

domingo, 19 de octubre de 2014

JAR: Su herencia innegable

El extenso legado del expresidente: Roca, un siglo después

El dos veces mandatario fue clave en la construcción del Estado argentino en múltiples aspectos, algunos poco difundidos.




Por Héctor Landolfi - Rio Negro

Una prioridad: la educación laica y gratuita para buena parte de la población. La infraestructura, especialmente los ferrocarriles, recibió un impulso decisivo. En lo social, el inicio del sistema de seguridad social y de jubilación estatales. Leyes laicas como la de registro y matrimonio civil lo enfrentaron con la Iglesia. A nivel internacional, los límites con Chile, la presencia en la Antártida y la Doctrina Drago, que impide el cobro de deudas mediante fuerza militar. Y la Campaña del Desierto, que selló un conflicto de 350 años y consolidó la soberanía nacional en la Patagonia.

El 19 de octubre de 1914 murió en Buenos Aires Julio Argentino Roca, el que fue dos veces presidente de la Nación y notable estratega militar. Le cupo la suerte de morir en su patria, la que ayudó a forjar con su espada y sus capacidades de estadista. Fortuna que no tuvieron San Martín, quien falleció en la lejana Francia, en un casi exilio; Rosas, en su forzado retiro británico y Sarmiento, en Paraguay, lejos de sus escuelas.

El país que Roca abandonaba en forma definitiva era muy diferente de aquel que sus ojos comenzaron a ver a partir del 17 de julio de 1843 en su Tucumán natal.

En los setenta y un años que duró su vida, la Argentina pasó de un estadio no demasiado diferente del de esa colonia que se había separado de España en 1810, a ser la sexta economía del mundo. Roca fue el constructor del Estado que produjo esa profunda transformación positiva.

Ese cambio gigantesco, que algunos argentinos ignoran y otros persisten en denostarlo desde una sesgada visión ideológica, fue adecuadamente percibido por el mundo desarrollado de entonces. Pronto, los centros de poder mundial dieron pasos concretos para conectarse con esa potencia emergente. Y la actividad cultural acompañó el crecimiento de ese poder.

En 1891 se inauguró el Teatro Odeón, el que se transformó, en el siglo XX, en un lugar donde se produjeron acontecimientos históricos de la cultura y la política argentinas. En su sala, en 1896, se realizó la primera proyección cinematográfica argentina, al año siguiente de la realizada por los hermanos Lumière, en París. Y en esa misma sala, en 1897, se realizó el congreso que decidió la candidatura del general Julio Argentino Roca a su segunda presidencia.

En 1893, la Alianza Francesa, la asociación cultural internacional más grande del mundo, se instaló en Buenos Aires. En 1905 se inauguró, con la actuación del famoso payaso norteamericano Frank Brown, el Teatro Coliseo. En 1920, Enrique Susini realizó desde el techo de ese teatro la primera transmisión radiofónica. A partir de 1908, el nuevo edificio del Colón recibió a los principales cantantes líricos europeos. Ese mismo año, María Guerrero inauguró el Avenida, epicentro del mejor arte lírico ibérico. Y fue la gran actriz española quien donó el Teatro Nacional Cervantes en 1921.

Ford, uno de los mayores fabricantes de autos, abrió en la Argentina en 1913 su segunda sucursal en el exterior. Y en 1914, Harrod's, la gran tienda inglesa, inauguró en Buenos Aires su primera y única casa fuera de Inglaterra.

El deporte, también, fue evidencia clara de ese país que crecía. Durante la segunda presidencia del general Roca -y aún después- se crearon los que serían los grandes clubes del fútbol argentino: River Plate, 1901; Racing, 1903; Independiente, 1904; Boca Juniors, 1905 y San Lorenzo, 1908.

El gran salto cualitativo

El impulso que Roca dio a la educación pública no tuvo precedentes ni emulaciones posteriores. El Consejo Pedagógico de 1882, donde se gestó la ley 1420, la más inclusiva y eficaz de las de enseñanza primaria; el Consejo Nacional de Educación en 1884; el "secundario", sobre el modelo del baccalauréat francés, el mejor del mundo en su momento; la "Ley Avellaneda", en 1885, sobre el funcionamiento de las universidades nacionales. Y para industrializar al país con gente propia, creó el Colegio Industrial de la Nación, Otto Krause, en 1899, en su segunda presidencia. Este virtuoso círculo educativo posibilitó que el hijo de un inmigrante analfabeto pudiera transformarse en un profesional y que la Argentina lograra índices de alfabetización ubicados entre los más altos del mundo. Ese nivel educativo y cultural es el que le permitió a la Argentina tener tres premios Nobel de ciencias: Houssay en 1947, Leloir en 1970 y Milstein en 1984.

El militar

Julio Argentino, nacido en el seno de una patricia pero modesta familia tucumana, siguió el mandato familiar de su padre, el coronel José Segundo Roca, y logró estudiar en el Colegio Nacional del Uruguay gracias a una beca que le otorgó Urquiza.

Con sólo dieciséis años, el jovencísimo subteniente de artillería Roca, tuvo su bautismo de fuego en la Batalla de Cepeda (1859) al mando de su batería y sirviendo en el Ejército de la Confederación Argentina. En Cepeda, Roca inicia una carrera militar que no conoce derrotas y le permite, en tres quinquenios, recibir las palmas del generalato a los 31 años. Las recibe del presidente Nicolás Avellaneda en el campo de batalla, luego de vencer a la revolución mitrista en las batallas de "La Verde" y "Santa Rosa" (1874). Y culmina su carrera en la Campaña del Desierto, el gran operativo militar que permitió consolidar la soberanía nacional en la Patagonia. El éxito de esta campaña fue ponderada por el mariscal Helmuth von Moltke, uno de los mayores estrategas alemanes, quien así se lo hizo saber a Miguel Cané, embajador en Berlín.

Roca fue militar, pero no militarista. En su discurso al Congreso de la Nación, al asumir su primera presidencia (1880) Roca anunciaba: "Consagraré a las reformas que son reclamadas en este ramo (ejército) mis mayores esfuerzos para evitar los peligros del militarismo, que es la supresión de la libertad...".

Hombre de fe

Roca fue persona creyente, pero no accedió al clericalismo. El 2 de junio de 1879 le comunicó al presidente Avellaneda la celebración de un tedeum en agradecimiento al éxito de la Campaña al Río Negro. Y finaliza el informe expresando: "En ninguna parte se siente uno tan cerca de Dios como en el desierto".

Cinco años más tarde, ya presidente, promulgó la ley 1420, cuya concepción laica de la enseñanza generó la crítica de la jerarquía católica.

La oposición de la Iglesia a la laicidad de esa norma legal fue expresada públicamente por el nuncio apostólico Luis Mattera. Ante este hecho y en vista del estatus diplomático del representante papal, Roca lo expulsa del país y rompe relaciones diplomáticas con el Vaticano (1884). Es a partir de entonces que el presidente obligó a los obispos a que en el juramento tradicional agregaran el de "Fidelidad a la Nación Argentina".

El civilista

El estro cívico roquista se proyecta en la ley que creó el Registro Civil, que permitió inscribir nacimientos, matrimonios y defunciones con independencia de su origen religioso. Y con el mismo criterio se modificó el Código Civil para permitir el matrimonio civil.

Durante su presidencia se sancionó el Código Penal y se ejerció por primera vez en el país la libertad de prensa. Se publicaron doscientos diarios, cien en la Capital Federal.

Salvo sus ministros de Guerra y Marina, Luis María Campos y Pablo Riccheri, que eran militares, sus ministros y colaboradores fueron civiles de elevado nivel intelectual. Recordaremos sólo algunos: Norberto Quirno Costa -su vicepresidente-, importante periodista y diplomático; Bernardo de Irigoyen, uno de los gestores del Acuerdo de San Nicolás, abolicionista de la pena de muerte y brillante intelectual; Joaquín V. González, historiador, filósofo, escritor, fundador de la Universidad de La Plata; Amancio Alcorta, músico, rector del Colegio Nacional de Buenos Aires; Luis María Drago, jurista eximio, creador de la única doctrina oficial argentina de Relaciones Exteriores, referida a deuda externa; José María Ramos Mejía, educador y médico brillante, creador de la Asistencia Pública de la Ciudad de Buenos Aires, hoy el SAME.

La guerra de los 350 años

Desde la llegada de Pedro de Mendoza a la orilla occidental del Río de la Plata (1536) hasta que Roca finaliza su Campaña al Desierto (1885) trascurrieron tres siglos y medio de una guerra intermitente. Esta enorme profundidad temporal contrasta frontalmente con la brevedad de la lucha en el mundo andino. Pizarro, en dos años, con 180 hombres y treinta caballos, derribó la formidable estructura política, militar y económica del imperio incaico.

Mientras la acción de Pizarro fue una clara invasión al imperio del Cuzco, el arribo de Pedro de Mendoza al estuario del Plata se aprecia como un contingente que se asentó en una llanura recorrida por tribus nómades que a nadie pertenecía. Este asentamiento era comparable, en buena medida, al efectuado por los galeses en el Chubut.

Durante estos tres siglos y medio, Buenos Aires se transformó y elevó su jerarquía. Pasó de ser la pariente lejana y pobre del imperio español, a constituirse en cabecera del Virreinato del Río de la Plata (1776) luego, en expulsora de los invasores ingleses, que la tornó en prestigiosa ciudad "Reconquistadora" (1808) y poco más tarde, y a partir de 1810, en el motor independentista de la dominación española. Proceso dado en el marco de una conflictividad intermitente con el indígena.

En la etapa independiente, el enfrentamiento con las tribus nómades no cedió, se acrecentó a medida que el malón araucano (mapuche) de origen trasandino se abalanzaba sobre el ganado vacuno y caballar que se criaba en la llanura argentina. A este enorme robo de ganado, las tribus araucanizadas agregaron la extracción de sal, efectuada de este lado de los Andes para venderla en Chile, país que carecía de ella.

Este persistente estado de guerra entre el indígena y las poblaciones cristianas culminó en el Malón Grande (1872). Seis mil indios de lanza araucanos (mapuches), al mando de Calfucurá, atacaron las poblaciones del sur de la provincia de Buenos Aires, incendiando casas y pueblos, matando a 400 pobladores, secuestrando a 500 mujeres y a niños para esclavizarlos, y robando 300.000 cabezas de ganado.

Si esta cifra de animales robados era la real, estaríamos ante el mayor rodeo -y el mayor pillaje de ganado- de la historia argentina y posiblemente del mundo. Su valor a precio de hoy rondaría los 90 millones de dólares y equivaldría a más de dos meses de transacciones comerciales en el Mercado de Hacienda de Liniers. Éste era el "pingüe negocio" al que se refería Roca y el que Calfucurá quería legar a sus descendientes al exclamar, momentos antes de su muerte: "No entregar Carhué al huinca". Carhue era la rastrillada principal por donde los araucanos (mapuches) pasaban a Chile el ganado robado en la Argentina. La magnitud del robo araucano de ganado torna ridículos los dichos de Osvaldo Bayer, quien afirma que la rapiña de animales por parte de los indígenas se debe a que éstos no tenían nada para comer.

La Campaña al Desierto puso fin a este estado de guerra y saqueo. Roca diseñó la tropa en relación con su oponente. Quitó al soldado la coraza de cuero que impuso Alsina y lo alivianó de enseres; suprimió la artillería y aumentó la caballada para otorgar mayor movilidad a sus soldados. Organizó un verdadero contra-malón, de acuerdo con lo aprendido en la Comandancia de Fronteras y lo asimilado en largas conversaciones mantenidas con el coronel Manuel Baigorria, oficial unitario de Paz que se pasó a los ranqueles, convivió veinte años con ellos y dirigió malones que se abatieron sobre pueblos gobernados por federales.

Los números concretos de la Campaña del Desierto revelan que el Ejército argentino movilizó 6.000 soldados acompañados de 800 indios amigos. En los enfrentamientos se produjeron 1.600 indios de pelea muertos o prisioneros y 10.500 prisioneros integrantes de la "chusma", el apoyo logístico del combatiente araucano constituido por sus mujeres e hijos. Si tenemos en cuenta que cada indio de pelea llevaba a su familia como apoyo logístico y el promedio histórico daba 4,1 a 4,2 personas de "chusma" por combatiente indígena, los 10.500 individuos de "chusma" detenidos corresponderían a 2.600 indios de pelea, lo que estaría revelando que al menos 1.000 combatientes araucanos se replegaron a la Araucanía chilena desde donde invadieron la Argentina.

Esta realidad la confirmó el general Villegas en su informe al general Viejobueno del 5 de mayo de 1883: "He creído de suma necesidad trazar una línea de defensa paralela a la cordillera a fin de evitar que los salvajes que habían sido arrojados de nuestro territorio no volvieran a pasar a él".

Los ideologizados historiadores actuales coinciden con estas cifras, pero ignoran a los caídos de nuestro Ejército, parecería que la muerte de los humildes y sacrificados soldados criollos no tiene derecho a que la historia la registre.

Las cifras expuestas, como el destino dado a los prisioneros, revelan que la acusación de "genocidio" con que se estigmatiza la Campaña al Desierto queda lejos de la realidad.

Los indígenas más reacios fueron confinados junto a sus jefes en la isla Martín García. El resto de los hombres fue ubicado en estancias bonaerenses y del Norte, y también en el Ejército. Las mujeres jóvenes fueron colocadas para el servicio doméstico en familias porteñas y de la provincia de Buenos Aires, destino mucho más amable que el de las cautivas cristianas del indígena.

La cruel realidad que soportaban estas mujeres en las tolderías está cabalmente descripta por José Hernández en la segunda parte de su Martín Fierro.

El resultado de la lucha como el trato dado a los prisioneros indígenas muestran una realidad sideralmente distinta de la admitida por Juan Manuel de Rosas en su testamento, quien declara que en su campaña al desierto de 1833, "se ultimaron a 50.000 indios y otros tantos se aprendieron". Los prisioneros indígenas detenidos en esa oportunidad fueron atacados criminalmente por los soldados de Rosas, como lo pudo comprobar Charles Darwin en su recorrida por nuestra llanura.

No puede dejar de señalarse que el kirchnerismo -y cierta izquierda ajada- encabeza el repertorio de las injustas paradojas históricas que involucran a Roca.

Mientras el gobierno realiza y promueve acciones contra el general tucumano que fue dos veces presidente de la Nación y consolidó la soberanía nacional en la Patagonia, simultáneamente, se enseñorea sobre el neuquino maná petrolífero y gasífero de Vaca Muerta; que no sería argentino si no fuera por la Campaña al Desierto.

La memoria de Roca sonreirá irónica -quizá, algo escéptica- al ver que sus desagradecidos detractores actuales estudiaron en la escuela pública por él creada; se curaron en hospitales generados en su gestión de gobierno; construyeron casa con crédito de fomento del Banco Hipotecario Nacional, que él fundó y se trasladaron en buenos ferrocarriles construidos durante su presidencia. Héctor Landolfi (*)

(*) Exdirectivo de la industria editorial argentina.

domingo, 5 de octubre de 2014

JAR: Cuatro fotos de Roca

Roca x 4

Esta foto habría sido tomada, en la REVISTA NAVAL de la Marina de Guerra Argentina en 1902. El Presidente se encontraba a Bordo de la SARMIENTO que fondeada (anclada) a la altura del Cabo Corrientes de la ciudad de Mar del Plata, contemplo el paso y saludo de mas de 50 buques de la Marina. Este descomunal despliegue de Fuerza propicio la Firma de un tratado de Paz con Chile que se denomino "LA PAZ ACORAZADA".

Roma. Taller de la escultora Lola Mora, donde se acaba de producir la visita de la reina Margarita de Saboya. Se encontraban presentes el general Julio Argentino Roca, sus tres hijas, el embajador argentino Enrique Moreno y el hermano de la artista. En el centro de la sala el sillón dorado donde se sentó la reina. 1906.


El presidente Julio A. Roca haciendo un alto en el viaje realizado desde Buenos Aires, para inaugurar Cura Malal, 1902.

Roca inaugurando el dique de carena en Puerto Belgrano en 1902.


Junta de Estudios Históricos de la Recoleta

domingo, 10 de agosto de 2014

Conquista del desierto: El "genocidio" bayeriano... Si es Bayer, es verso.

Lograr la paz eterna 

Fue un día glorioso. Valió la pena luchar. En Santa Rosa, la capital de nuestra provincia de La Pampa, el intendente de la ciudad, acompañado por los maestros, las organizaciones de derechos humanos y el pueblo en general, procedió a la inauguración del monumento al cacique Pincén, aquel ranquel que con todas sus fuerzas enfrentó a las tropas de Buenos Aires que venían a desalojarlos de sus tierras y convertir en esclavos a los hombres, mujeres y niños de los pueblos originarios. Pincén luchó siempre, fue el más valiente de todos, el más sagaz y lúcido. Estuvo siempre en primera fila, con un coraje que le daba el amor a su tierra. Cuando ya anciano y viendo que si continuaba la lucha iba a perecer toda su gente, inclusive su numerosa familia, trató de hacer las paces. Fue tomado prisionero por el coronel Villegas y, finalmente, enviado a la isla Martín García, donde pasó ocho largos años hasta que se le permitió ir a vivir a sus antiguas tierras de donde fue, al poco tiempo, nuevamente llevado a la isla Martín García, acusado de haber inspirado el crimen contra un estanciero inglés. Esa acusación fue totalmente falsa. Pero demostraba la falta de respeto por la vida de los pueblos originarios en esas épocas argentinas de llamado liberalismo positivista, que significó un verdadero genocidio para los pueblos originarios, acompañado del robo de sus tierras ancestrales. 

Por fin se está reconociendo todo esto luego del profundo estudio de nuestra historia por diversos investigadores, y a ciertos titulados héroes se los está bajando del pedestal. 

Justo eso es lo que se volvió a vivir en Santa Rosa. Allí se realizó un acto en el teatro municipal, con la presencia de las autoridades locales, en celebración de haber cambiado el nombre de la avenida Julio Argentino Roca, el principal ejecutor de la campaña de quitar las tierras a los pueblos originarios, restablecer la esclavitud en la Argentina durante la presidencia de Nicolás Avellaneda y de cometer la más grade matanza de pueblos originarios en estas tierras. Ahora toda esa avenida llevará el nombre del Libertador, José de San Martín, justo la figura opuesta en pensamiento a Roca, que jamás hizo discriminación con respecto a los pueblos originarios, a quienes llamaba “nuestros paisanos los indios”. Pensamiento que compartió a ultranza con Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan José Castelli y Bernardo de Monteagudo. 

Emocionante fue cuando se vio a mapuches en sus ropas típicas dar cuatro vueltas alrededor del monumento al cacique Pincén. 

Es que en Historia siempre, al final, triunfa la Etica, la Verdad. Un genocidio es un genocidio y no se lo puede tapar con el eufemismo de llamarlo la “Campaña del Desierto”. También quedó en claro que, además del genocidio y el robo de tierras, los vencedores volvieron a practicar la odiada esclavitud que había comenzado a eliminarse en nuestro país en la célebre Asamblea del año XIII, cuando se proclamó la libertad de vientres, es decir que a partir de ese año, tres después de la gloriosa Revolución de Mayo, quedaban libres los hijos de los esclavos que nacían ese año. Como decimos, esa esclavitud fue reimplantada por el presidente Avellaneda y su ministro de Guerra, el general Julio Argentino Roca. Se puede comprobar en los diarios de Buenos Aires de la época de la “campaña del de-sierto” en avisos oficiales con el título de “Hoy entrega de indios”. Y cuyo texto rezaba: “A toda familia que lo requiera se le entregará un indio varón como peón, una china como sirvienta y un chinito como mandadero”. Tal cual. En ese idioma discriminatorio para con las mujeres y los niños de los pueblos originarios. Sí, todo eso a más de sesenta años de la célebre Asamblea del año XIII, que había llevado a la realidad el pensamiento tan noble de aquel 25 de Mayo de 1810. 

En el acto que se realizó en la capital pampeana, después de la inauguración del monumento al cacique Pincén, historiadores trajeron a la luz la verdad acerca de aquel período increíble de nuestra historia, cuando después del genocidio cometido por el Ejército, que decía que traía el progreso y la cultura civilizada, se repartieron cuarenta millones de hectáreas de tierras entre socios de la Sociedad Rural, entidad que había cofinanciado la masacre de esos pueblos que hacía siglos poblaban esas extensas pampas. Hecho que fue celebrado a los cien años de sucedido, por la dictadura de la desaparición de personas del general Videla, con el desfile de tropas del Ejército Argentino en la ciudad rionegrina de General Roca. Fue el desfile más grande que recuerda nuestra historia, para celebrar el genocidio de la llamada campaña del desierto. Un hecho que fue aplaudido por los diarios más grandes de Buenos Aires con suplementos especiales dedicados a recordar con palabras adulatorias ese crimen de lesa humanidad cometido con los pueblos autóctonos. 

Pero la verdad histórica que se escondió a casi un siglo y medio de sucedido el genocidio y que se tergiversó en los libros de historia con que aprendieron tantas generaciones en los institutos de enseñanza, finalmente surge y se demuestra la verdad. 

El ejemplo dado por las autoridades municipales de Santa Rosa, de cambiar el nombre del genocida Roca por el del Libertador San Martín, debería ser imitado por todas las otras urbes y pueblos argentinos que todavía tienen calles y plazas con el nombre de los autores del genocidio más grande de nuestra historia. Los que demostraron la verdad sobre la denominada “campaña” ya han tenido la satisfacción de presenciar la quita de esos nombres en dieciocho ciudades argentinas. Mientras, hay autoridades comunales que miran hacia el costado cuando se le reclama ese derecho de la ética de eliminar honores a quienes trajeron la muerte y el robo de sus tierras nada menos que a los pueblos que las poblaron siglos antes de que llegaran los “occidentales y cristianos” de Europa a traer la llamada “civilización”. En nuestra Ciudad Autónoma de Buenos Aires, hace dieciocho años que presentamos el proyecto para quitar de nuestro centro ciudadano el monumento más grande de nuestra ciudad y, además, el más céntrico, que es el del mayor genocida de los pueblos originarios, Julio Argentino Roca, nada menos que a pocos metros de nuestro célebre Cabildo del 25 de Mayo. Ese monumento fue erigido en la década infame, la del fraude patriótico, inspirado en un proyecto de Julio Argentino Roca (hijo), vicepresidente del general Justo, dos candidatos surgidos después del vergonzoso dictador general Uriburu, quien fue el golpista que terminó con el segundo período del presidente Hipólito Yrigoyen. Y ese monumento del general Roca montado en un brioso corcel –aunque se sabe muy bien que el citado general jamás anduvo a caballo–, sigue allí, para dolor de todos los argentinos que llevan en sus venas sangre de los pueblos originarios. 

Los representantes políticos de la ciudad guardan silencio –en su mayoría– sobre esta necesidad ética de dejar de glorificar con un monumento a un genocida, y el propio Mauricio Macri, jefe de Gobierno de la ciudad, ha contestado que en “Historia hay que mirar hacia adelante”, cuando la moral nos obliga a “aprender de la Historia” y no mostrarle la espalda. 

Ojalá los porteños, muy pronto, tengamos la alegría de ver reemplazar ese monumento a la muerte por un monumento a la vida. Algo que inspire a la vida y no al genocidio de pueblos. En el acto de Santa Rosa, un mensaje de la comunidad ranquel Cacique Manuel Carupiñan Pincén, firmado por un descendiente del cacique ranquelino, lo expresó con estos dignos términos: “Hoy, en este día, quizá no es tan importante discutir sobre el origen del cacique Pincén, pero sí poner en alto el mensaje que él nos dejó: luchar por un mundo inclusivo, donde ranqueles, mapuches, tehuelches, criollos, afrodescendientes y europeos puedan vivir en comunidad, en un mundo respetuoso de las diferencias”. Firmado: Luis Eduardo Pincén. 

Qué palabras sabias. Dichas por un descendiente de aquel cacique. Sí a la convivencia, un no rotundo al racismo. Ese es el único camino a la Paz entre los pueblos y al verdadero progreso. El lograr la Paz Eterna, como la soñaba el filósofo Kant. 

por Osvaldo Bayer 
Fuente: 
Diario Página/12 27/4/2013 

Dias de Historia

domingo, 20 de abril de 2014

JAR: ¿Tehuelches o Araucanos?

LA VERDADERA HISTORIA ARGENTINA
- Tehuelches o "Mapuches" -

Si no está de acuerdo, por lo menos saque sus propias conclusiones releyendo los archivos de nuestra historia tan manoseada.. . ..



Lamentablemente la ignorancia histórica hace que muchos ciudadanos se presten a colaborar con esta campaña contra el Gral. Julio A Roca.

"El general Roca no encabezó una campaña privada en 1879. Fue como Comandante en Jefe del Ejército Nacional a cumplir la misión que Avellaneda, presidente de la Nación Argentina, elegido por el pueblo, le había asignado.

Y esa campaña estuvo destinada a integrar, a incorporar de hecho a la geografía argentina, prácticamente la mitad de los territorios históricamente nuestros, y que estaban bajo el poder tiránico del malón araucano, cuyos frutos más notables eran el robo de ganado, de mujeres y la provocación de incendios.

Los araucanos, hoy denominados mapuches, llegaron a la Argentina allá por 1830, cuando la Nación Argentina era ya independiente y soberana.

Por lo tanto, fueron invasores. El primer grupo de invasores los constituyeron aproximadamente unos 100 indígenas capitaneados por Yanquetruz.

Se afincaron en Neuquén y desde allí se fueron extendiendo hacia el sur y el norte.

El verdadero genocidio lo cometieron los araucanos cuando aniquilaron a los Guenaken, (en el campo de batalla de Llanguiñeo), también llamados Tehuelches, que eran los auténticos aborígenes de la Patagonia norte.

Actualmente como argentinos tienen todos los derechos al igual que los demás argentinos, pero no a intentar falsear la historia y pretender les devuelvan tierras que nunca les pertenecieron."

1.- En 1879 las tropas de Cafulcurá eran poderosas, lo prueba el hecho de que ganaron las primeras batallas contra el Ejército Nacional.

2.- Ambos bandos contaba con fusiles Remington. Los araucanos los traían de Chile, a donde se los vendían los ingleses a cambio del ganado argentino robado en los malones. Prueba de ello es que la columna del Ejército Nacional comandada por el Gral. Villegas, tenía como objetivo clausurar y controlar los pasos andinos por donde les llegaban a los araucanos los Remington.

3.- Los indígenas araucanos eran tradicionalmente muy guerreros. Recordemos que en los primeros tiempos de la conquista española asolaron varias importantes ciudades en Chile que los chilenos tardaron siglos en reconquistar.

4.- Los araucanos, en el año 1250 subieron hacia el norte y destruyeron el Imperio de Tiahuanaco. Este Imperio era mayor y mucho más civilizado que el posterior imperio de los Incas que comenzó luego en el año 1280.

5.- El uso actual del término "mapuche" y las falsas reivindicaciones de éstos, son maniobras disolventes y disgregantes que practican algunos políticos en las últimas décadas por ignorancia o para beneficio propio.


Araucanos y Tehuelches


Los mapuches son sólo ORIGINARIOS de la inventiva del Foreign Office británico.

Ni Rosas o Roca los mencionan en la Campaña al Desierto, tampoco los historiadores, ni la famosa expedición a los Indios Ranqueles. Tampoco los menciona la historia oficial en las Provincias ni Museos de Historia del Neuquén, Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Mendoza, ni San Juan

¿Desde cuándo han aparecido estos mapuches en escena? Su propia bandera es similar a la nueva Sud Africana; luego del apartheid utilizaron a Mandela, y ahora desean utilizar a un pueblo que no es originario de nada, sólo los Tehuelches lo son.

Quede en claro que la expedición de Roca, resultó la primer guerra contra Chile y no una campaña contra el indio, como muchos pretenden hacerlo notar.

A las pruebas me remito cuando sostengo que por entonces el 90% de la población chilena era indígena, que no es cosa menor.

En síntesis, nuestro país defendía la soberanía sobre una Patagonia que esos caciques deseaban y ellos... eran chilenos.

Enciclopedia Salvat - Diccionario - Editado en Barcelona - 1972:
MAPUCHE:

Adj.- Natural de Arauco - Perteneciente a esta Provincia de Chile.

Extraído del Facebook de Juan Carlos Cicalesi