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jueves, 19 de marzo de 2015

SGM: La última voz de la bomba atómica

La última voz del proyecto que desarrolló la bomba atómica
Roy Glauber, Nobel de Física y único participante vivo en el Proyecto Manhattan en el laboratorio secreto de Los Álamos, cuenta su experiencia en un documental
JOSÉ I. LATORRE / MARÍA T. SOTO-SANFIEL - El País




Muchas personas ansían la fama, otras la alcanzan por partida doble. Éste es el caso del profesor Roy J. Glauber (New York 1925), que sigue activo en su cátedra en el Departamento de Física de la Universidad de Harvard. El primer mérito de Glauber es que fue él quien consiguió comprender, en 1963, por qué la luz de un láser es tan especial, por qué se comporta de una forma tan diferente a la luz de una bombilla o a los rayos del sol. Glauber fue el primero en entender que los fotones obedecen las leyes de la mecánica cuántica y que, gracias a ello, pueden comportarse colectivamente de forma coherente. Aquella magnífica contribución, la teoría cuántica de la coherencia óptica, le valió a Glauber el premio Nobel de Física de 2005.
Pero el profesor Glauber merece ser célebre a día de hoy por otro hecho incontestable. Él es -ni más ni menos- el último científico vivo que participó en la construcción de la primera bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial. Las palabras de Glauber son la última voz que ostenta la autoridad moral de narrar de forma directa, sin reinterpretaciones históricas posteriores de terceros, la evolución del proyecto científico que cambió el mundo. Él es el último testigo no sólo del proceso entero, sino de la vida de todos sus protagonistas.
Nuestras charlas con Glauber se han traducido en un documental que hemos titulado That's the story (Esa es la historia), porque así nos lo dijo él. Gracias a la colaboración del Archivo de Los Álamos, el documental cuenta con imágenes de la vida diaria en el laboratorio que fueron desclasificadas recientemente y que ven la luz por primera vez.
La historia de Glauber se remonta a 1943, cuando a la edad de 18 años fue captado para trabajar en un proyecto secreto en Los Álamos, cerca de Santa Fe, Nuevo México. Poco antes, en 1941, el presidente Roosevelt había aprobado un programa secreto de alta prioridad para crear una nueva arma, de potencia impredecible. Aquel esfuerzo recibió el nombre de Manhattan Engineering District(abreviado a Proyecto Manhattan) y se nombró al general Leslie Groves como su director. Éste, a su vez, nombró a J. Robert Oppenheimer como director científico del proyecto. Ambos decidieron concentrar a los mejores científicos de aquel momento en el laboratorio de Los Álamos.
La idea directriz del Proyecto Manhattan consistía en aprovechar una reacción de fisión nuclear en cadena. Nadie sabía a ciencia cierta si los problemas técnicos harían viable la construcción de una bomba. Pero la posibilidad de que la fisión nuclear pudiera ser aprovechada por el bando alemán hacía perentorio el desarrollo de un programa de investigación fuertemente financiado. A día de hoy sabemos cómo evolucionó el proyecto. La primera explosión de una bomba atómica se realizó en julio de 1945 en el desierto de Alamogordo. Aquel ensayo recibió el mítico nombre de Trinity. Veintiún días después, Estados Unidos lanzó dos bombas atómicasque destruyeron Hiroshima y Nagasaki. La devastación de estas ciudades y la consiguiente masacre con cientos de miles de personas fallecidas aceleraron la rendición de Japón. Se inició, así, la guerra fría entre Estados Unidos y la URSS, cuyas consecuencias todavía vivimos 70 años después.
Glauber se unió al laboratorio de Los Álamos cuando todavía cursaba tercero de la licenciatura de Física (¡y, a la par, varios cursos de doctorado!). Él justifica su fichaje por el proyecto con la frase: “Había escasez de talento en los Estados Unidos”. Efectivamente, muchos estudiantes y profesores se habían unido a las fuerzas armadas y luchaban en los distintos frentes hasta el punto que Harvard superaba las 10.000 bajas entre los miembros de su comunidad. Por otra parte, otros muchos científicos se habían sumado a proyectos militares de diversa índole. No era fácil, pues, hallar jóvenes de manifiesto potencial intelectual. Glauber sí tenía el talento necesario.
De la noche a la mañana, el laboratorio de Los Álamos se convirtió en un experimento social en sí mismo. Oppenheimer trataba de reunir en un único lugar a la mayor cantidad de cerebros del planeta. Y así fue como, perdidos en el medio de la nada, fueron a trabajar físicos de la talla de Hans Bethe (Nobel en 1967), Richard Feynman (Nobel en 1965), Norman F. Ramsey (Nobel en 1989), Victor Weisskopf, Eduard Teller y un largo etcétera. También visitaron Los Álamos con frecuencia otros científicos no menos notables como Niels Bohr (Nobel en 1922), Enrico Fermi (Nobel en 1938) o Isodor Isaac Rabi (Nobel en 1944). Los Álamos fue, sin duda alguna, el mayor centro de inteligencia de la tierra.


Explosión de la primera bomba atómica producida en Alamogordo (Nuevo México, EE UU). /EAGE FOTOSTOCK
“Eran personas extraordinarias”, rememora Glauber. Así nos ha definido a sus compañeros de laboratorio en una serie de conversaciones que comenzaron en una terraza de Benasque, donde le invitamos a probar, por primera vez, un mojito. El octogenario y lúcido profesor Glauber había acudido al bello pueblo de Benasque para asistir a un congreso científico sobre los avances más recientes en óptica cuántica y sus aplicaciones en gases ultrafríos. Entre sorbo y sorbo, Glauber recuerda pausadamente cómo se unió al proyecto Manhattan. "Envié todas mis pertenencias al apartado de correos 1662, Santa Fe, New Mexico; que era ficticio", dice. Y luego, entre ésa y otras charlas, cuenta lo difícil que eran los cálculos que tuvo que realizar o lo pesado que se ponía Feynman embelleciendo las historias que explicaba y en las que cada persona era más estúpida que la anterior. Cuenta que la mayor producción de Los Álamos no era realmente ciencia, sino bebés. Aparte de ir al cine tres veces por semanas, los muchos jóvenes que allí habían acudido debían entretenerse en algo. Glauber palpó de primera mano cada avance teórico del proyecto, y también cada vivencia personal de sus colegas. Glauber los fue despidiendo uno a uno.
El verdadero reto para todos nosotros fue, y lo es hoy en día, visitar esta parte crucial de nuestra historia con una mente libre de prejuicios. Las voces que han reinterpretado el uso de la bomba atómica van del pavor más absoluto ante la crueldad humana, al pragmatismo de las grandes cifras. ¿Cuánta gente murió? ¿Cuánta hubiera muerto en un final de guerra convencional? La pregunta recurrente en la mente de Glauber es: "¿Qué habría sucedido si la bomba hubiese sido creada dos años antes? ¿Se habría devastado Alemania?". Glauber responde inamovible desde el ayer a nuestras preguntas formuladas desde el juicio de hoy. Aunque lo intentamos, nunca logramos saber si se había arrepentido de participar en el proyecto o si tuvo, al menos, sentimientos contradictorios. Su mente no parecía haberse hecho esas preguntas. En algún momento, sin embargo, y así lo capta el documental, dice: “A partir de 1945, no quise saber nada más de todo aquello”. Entonces, sus ojos fugazmente brillan humedecidos. No podemos asegurar que fuese un lagrimeo propio de su edad.
El proyecto Manhattan tiene, al menos, dos grandes derivas, la científica y la ética. Es válido decir que la gran ciencia se inició en Los Alamos, en el sentido de que grandes cantidades de dinero, más buenos científicos dan lugar a resultados impresionantes. En la parte ética, no existe consenso evidente. Es cierto que el peligro nuclear puede ser en parte responsable de la ausencia de conflictos a escala mundial. Ahora bien, el mundo no parece mucho mejor hoy, 70 años después del lanzamiento de las bombas atómicas, que antes de la Segunda Guerra Mundial.
José I. Latorre es catedrático de Física Teòrica en la Universitat de Barcelona. María T. Soto-Sanfiel es profesora titular de Comunicació Audiovisual i Publicitat en la Universitat Autònoma de Barcelona.
That's the story. Producción: Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual. Producción ejecutiva: José I. Latorre. Dirección: María T. Soto-Sanfiel, O. Cusó. Distribución: Twelve Oaks SL



lunes, 5 de enero de 2015

SGM: Descubren túneles nazis para hacer bombas atómicas

Descubren un gigantesco laboratorio nazi para crear bombas atómicas
La instalación ubicada en Austria tiene 30 hectareas y cuenta con túneles para desarrollar las armas.
Por ARG Noticias



Descubren un gigantesco laboratorio nazi para crear bombas atómicas
Un gigantesco complejo secreto utilizado durante la Segunda Guerra Mundial por el régimen nazi fue descubierto en ST Georgen an der Gusen, pueblo del estado de Alta Austria, en Austria,

La instalación subterránea, de un tamaño estimado de 30 hectáreas, cuenta con varios túneles y de acuerdo a su descubridor, el documentalista Andreas Sulzer, pudo ser utilizada para el desarrollo de armas o bombas atómicas por los científicos de Hitler.

 El descubrimiento se produjo luego que un grupo de investigadores detectara altos niveles de radiación en la zona luego de analizar el dato de un físico austríaco, dando por hecho que se trataba de una central nuclear y probablemente, la planta productora de armas más grande del Tercer Reich.



Las excavaciones también revelaron artículos como atuendos, cascos de las SS y otros, aunque se está en espera de más descubrimientos, puesto que aún existen entradas bloqueadas para evitar la entrada de los aliados.



Aún así, se cree que el sitio podría tener conexiones con la fábrica subterránea B8 Bergkristall y el campo de concentración de Mauthausen-Gusen.



Además, los investigadores afirman que el laboratorio pudo ser construido con por cerca de 320 mil prisioneros de los distintos campos de concentración cercanos, incluyendo a expertos en química y física.

viernes, 14 de febrero de 2014

SGM: Preparando la 'Fat Man'

Video: Imágenes inéditas de la carga y detonación de la bomba atómica de Nagasaki

© AFP

Una película muda publicada en YouTube muestra la preparación final y la carga de 'Fat Man', la segunda bomba atómica lanzada en la II Guerra Mundial, en el avión Bockscar y cómo la deja caer e impacta sobre Nagasaki, Japón, el 9 de agosto de 1945.

En el video sin editar se muestra cómo los operarios sellan la bomba por arriba para proteger el material interno contra los posibles daños que pudiera sufrir al entrar en contacto con el agua tras ser lanzada sobre la ciudad portuaria japonesa de Nagasaki.

La grabación tuvo lugar en la isla de Tnían, en las Islas Marianas del Norte (a unos 2.500 kilómetros de Japón) que albergaba la unidad del XXI Mando de Bombardeo de la Fuerza Aérea de los EE.UU.




La cinta recoge cómo una vez montada por completo la bomba, la sacan del hangar. Tras la puesta a punto de la misma y su carga en el avión, en el video se puede ver el lanzamiento de la misma, que hizo explosión sobre Nagasaki.

Los últimos momentos del video, de una duración total de 11 minutos, muestran lo que se podía ver desde la ventana de un avión de observación que iba monitorizando el proceso. Las imágenes iniciales fueron tomadas desde el Laboratorio Nacional de Los Alamos (laboratorio del Departamento de Energía de EE.UU., administrado por la Universidad de California, que se encuentra en Los Álamos, Nuevo México).

Una vez lanzada contra el objetivo, el hongo que originó la explosión se elevó rápidamente a gran altura. La nube de una bomba de 20 kilotones, como la de Nagasaki, puede alcanzar una altura 7.600 metros.

La bomba detonó a unos 500 metros por encima del objetivo, con el fin de maximizar su onda expansiva destructiva.

El 6 de Agosto de 1945 a las 8:00, el presidente de EE.UU., Harry Truman, ordenó arrojar la primera bomba atómica de la historia sobre Hiroshima. Tres días después era lanzada la segunda sobre Nagasaki. En segundos las dos ciudades fueron arrasadas y miles de personas murieron en un instante. En los días posteriores fueron muriendo los que se encontraban más alejados de los centros de la explosión y los pocos supervivientes sufren aún las consecuencias de la radiación.


Actualidad RT