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sábado, 17 de febrero de 2018

Primera invasión a Afganistán: A 29 años de la campaña

A 29 años del fin de la intervención militar de la Unión Soviética en Afganistán que terminó en derrota y el auge de los talibanes

El 15 de febrero de 1989 Moscú retiró a sus últimas tropas tras reconocer la derrota diez años después de iniciada la guerra. En los años posteriores el país entró en un conflicto civil que se saldó en 1996 con la llegada al poder del grupo extremista


Infobae


Dos soldados soviéticos fuman y se molestan con el fotógrafo, en un puesto de control del aeropuerto de Kabul en 1989

Hace exactamente 29 años la Unión Soviética (URSS) retiró sus últimos soldados de Afganistán tras una década de brutales combates que terminaron en derrota, fortalecieron al grupo extremista de los talibanes y contribuyeron a la caída del gigante comunista casi tres años después.

Las tropas de Moscú habían llegado al país a fines de 1979 y en apoyo del gobierno comunista de Babrak Karmal en Kabul, y de inmediato se vieron envueltas en una ola de protestas y levantamientos en su contra de parte de los afganos organizados principalmente en numerosos movimientos islamistas.


Un técnico de la fuerza aérea soviética descarta en 1989 los cartuchos vacíos de bengalas usadas por los aviones para desviar los misiles antiaéreos guiados por calor


En total, la URSS llegó a sostener una fuerza de unos 100.000 soldados (600.000 participaron en toda la guerra) que reprimieron con violencia a los civiles que creían vinculados a los muyahidines (combatientes de la yihad islámica), lo cual sólo potenció la resistencia en su contra.

La guerra atrajo la atención del mundo y los rebeldes comenzaron a recibir ayuda de los adversarios de los soviéticos: Estados Unidos, China, Pakistán e incluso Irán.


Un cañón antiaéreo operado por muyahidines en la provincia de Paktia, 1986

Se cree un millón de civiles perdieron la vida en una década de conflicto, además de 90.000 muyahidines, 18.000 tropas afganas leales al régimen en Kabul y unos 15.000 soldados soviéticos.

Cuando el 15 de febrero de 1989 Moscú finalmente reconoció la derrota en su objetivo de controlar el país y retiró a sus últimos tropas, el país derivó en una terrible guerra civil que sentó las bases para que los talibanes ("los estudiantes", en pastún), surgidos como un movimiento político ente los muyahidines, tomaran el poder en 1996 autoproclamándose el "Emirato Islámico de Afganistán".


La tripulación de un tanque soviético T-62 observa la destrucción sobre una aldea afgana en la región de Salang

La historia siguiente es más cercana. En 2001 Estados Unidos y sus aliados en la OTAN invadieron y derrocaron al grupo extremista, reavivando la guerra civil que desde entonces sigue sembrando la muerte y destrucción en el país centroasiático.


Un ícono de la guerra: el misil antiaéreo guiado por calor Stinger que los servicios de inteligencia de Estados Unidos proveyeron a los muyahidines. Esta arma les permitió derribar numerosas aeronaves militares soviéticas, especialmente helicópteros


El presidente de los Estados Unidos en ese entonces, Ronald Reagan, recibe a rebeldes afganos en la Casa Blanca en 1982 (Ronald Reagan Presidential Library)


Rebeldes afganos celebran el derribo de un helicóptero Mil Mi-8 de transporte de tropas


Anticuados cazas de fabricación soviética Mig-17 de la fuerza aérea afgana en 1980, en la provincia de Kandahar


Afganos en la cárcel de Pulicharkhi para prisioneros políticos, en Kabul, en enero de 1980 poco después de la llegada al poder de Babrak Karmal


Un grupo de muyahidines en la ciudad de Herat en 1980. En primer plano figura un ex capitán del ejército afgano que desertó para luchar contra los soviéticos


Soldados soviéticos se preparan para cambiar de posición en 1988 (AP)


Una columna de tanques T-62 a mediados de la década de 1980 (AFP)


Otro símbolo de la guerra: el helicóptero de ataque Mil Mi-24 “Hind” protege un convoy que llevaba combustible y comida a Kabul en 1989 (AP)


Veteranos del conflicto y familiares colocan flores en el monumento a los soldados soviéticos caídos en la guerra, el 15 de febrero de 2018 en Kiev, Ucrania

miércoles, 7 de febrero de 2018

Argentina: ¿Traición a la Patria en Caseros?

Caseros, la traición a la patria

El pronunciamiento de Justo José de Urquiza, que implicó la ruptura con Juan Manuel de Rosas y derivó en una alianza de Entre Ríos con el gobierno de Montevideo y el Imperio de Brasil, fue el prólogo de un episodio clave en la historia nacional
Por Pacho O'Donnell || Infobae





El 1º de marzo de 1851 el gobernador de Entre Ríos emitió un decreto, conocido como "el pronunciamiento de Urquiza", en el cual aceptaba la renuncia que Rosas presentaba anualmente en la seguridad de que le sería rechazada unánimemente por gobernadores y legisladores. Era, lisa y llanamente, una declaración de guerra.

La ruptura de los jefes federales se daba en medio de una tensa situación entre la Confederación gobernada por Rosas y el Imperio del Brasil de Pedro II. La relación de fuerzas era claramente favorable para nuestra patria pues el Restaurador había preparado cuidadosamente, en armamento y en adiestramiento, dos fuertes cuerpos militares: el Ejército de Operaciones de la Confederación Argentina acantonado en Entre Ríos y Corrientes bajo el mando del general Urquiza, que podía poner entre 15 ó 16 mil hombres sobre las armas. Y el Aliado de Vanguardia, en la Banda Oriental, con un número semejante de combatientes argentinos y orientales, comandado por el general Oribe.

Pero entonces sucede lo insólito: en febrero de 1851 llega dirigida al canciller brasileño Paulino una nota del Encargado de Negocios brasileños en Montevideo informándole que un agente del Comandante en Jefe del Ejército de Operaciones argentino lo había visitado para hablarle de la posibilidad de "neutralizar" a ese ejército.

Urquiza era rico, riquísimo, y uno de los secretos de ello era la salida de oro hacia el extranjero por la puerta falsa de Entre Ríos lo que le proporcionaba grandes ganancias irregulares pues Rosas había prohibido en 1837 la exportación del oro a fin de mantener una existencia que sostuviera el valor del peso e hiciera elásticas las reacciones del mercado.

Antonio Cuyás y Sampere era hombre de confianza y socio comercial de Urquiza, lo que hoy se llamaría un "operador". Herrera y Obes, canciller en Montevideo, llamó a Cuyás y en nombre del Brasil le formuló una pregunta: "En caso de una guerra de la Confederación con Brasil, ¿podría contarse con la defección de Urquiza a sus deberes?", tal como lo registró el catalán en sus Memorias. En ese entonces la mayor expectativa brasilera era la no intervención del ejército enemigo.

La respuesta de Urquiza fue la que podía esperarse de un general de la Nación a cuyo mando estaba el principal ejército que se aprestaba a una guerra contra el Imperio que osaba hacer una pregunta tan atrevida: "¿Cómo cree, pues, el Brasil, como lo ha imaginado por un momento, que permanecería frío e impasible espectador de esa contienda en que se juega nada menos que la suerte de nuestra nacionalidad o de sus más sagradas prerrogativas, sin traicionar a mi Patria, sin romper los indisolubles vínculos que a ella me unen, y sin borrar con esa ignominiosa mancha mis antecedentes?" (Carta a Cuyás, 20 abril de 1851).

Pero las relaciones entre Rosas y Urquiza se fueron deteriorando a pasos agigantados pues don Juan Manuel no ignoraba las maquinaciones del entrerriano, uno de cuyos secretarios, Nicanor Molinas, explicaría los motivos de su insubordinación: "Al pronunciamiento se fue porque Rosas no permitía el comercio del oro por Entre Ríos".

Los contactos entre Urquiza y los brasileños continuaron. El canciller Paulino se preguntaría: "¿Pero obrará Urquiza, en efecto, de buena fe?¿No será una comedia entre él y Rosas?".

Los brasileños imponen sus condiciones: Brasil se comprometería en una acción militar contra Rosas solamente con la certeza de un público e irreversible "pronunciamiento" de Urquiza contra el Restaurador. Además exigían un compromiso escrito de que luego de la inevitable victoria de ambos ejércitos unidos el entrerriano garantizaría al Imperio sus premios: el reconocimiento de sus derechos sobre las Misiones Orientales, la libre navegación de los ríos interiores argentinos, el probrasileño Garzón elevado a la presidencia de la República Oriental, el reconocimiento de la independencia paraguaya para que cayera en la órbita del Imperio.

Finalmente Urquiza, argumentando la necesidad de dar una Constitución a la Argentina, a lo que Rosas se negaba, hace redactar el pronunciamiento en contra del Restaurador. En el comunicado las tropas a sus órdenes habían dejado de ser el Ejército de Operaciones de la Confederación, ahora era el Ejército de Entre Ríos.

A continuación cruzó el río Uruguay el 19 de julio, dejando a otros 10.000 hombres en Entre Ríos para cuidar la retaguardia. El 4 de septiembre, de acuerdo a lo acordado, 16.000 soldados de las fuerzas brasileñas, entre los cuales se contaban 3.000 temible mercenarios alemanes, también atraviesan la frontera. Oribe capitularía en la Banda Oriental el 8 de octubre y el Ejército Grande se incrementaría aún más con la incorporación de oficiales y soldados del Ejército de Vanguardia.

Domingo Sarmiento, convertido poco después de Caseros en acérrimo enemigo del entrerriano, le escribirá: "Se me caía la cara de vergüenza al oírle a aquel Enviado (del Brasil) referir la irritante escena y los comentarios: ¡Sí, los millones con que hemos tenido que comprarlo (a Urquiza) para derrocar a Rosas! Todavía, después de entrar en Buenos Aires, quería que le diese cien mil duros mensuales".

El "Ejército Grande" podía haber entrado en Buenos Aires al día siguiente de Caseros, 3 de febrero, que fue una breve escaramuza con el resultado definido de antemano, pero los brasileños forzaron a Urquiza a hacerlo recién el 20, aniversario de la batalla de ltuzaingó, como reparación por aquella derrota del Imperio a manos del ejército argentino.

lunes, 5 de febrero de 2018

Argentina: Batalla de Caseros logra la unificación nacional y la entrada en la modernidad

La Batalla de Caseros, punto de partida de la unión nacional

La contienda militar, celebrada el 3 de febrero de 1852, es el hecho que habilita la organización del país y la sanción de una constitución orientada a construir un estado central republicano

Por Diego Valenzuela ||  Infobae




La Batalla de Caseros (3 de febrero de 1852) es uno de los momentos clave en la fundación de la Argentina moderna. Por un lado representa la conclusión de un debate por el control del puerto de Buenos Aires, su aduana o el acceso a los ríos, y por otro es el epílogo final de un conflicto entre federalismo y centralismo. No es sólo una batalla, es el punto de partida para la unión nacional, el hecho que habilita la organización del país y la sanción de una constitución orientada a construir un estado central republicano, resguardando los valores del federalismo.

Siempre me sentí orgulloso de haber nacido en Caseros, muy cerca de donde ocurrió esta histórica batalla. Hoy me toca ser el intendente de Tres de febrero, justamente, municipio que debe su nombre a ese hecho y donde se asientan dos mudos testigos de aquellos acontecimientos: la chacra de Diego Casero y su histórico Palomar, ambos declarados monumentos históricos nacionales y situados dentro del predio del Colegio Militar de la Nación. En la casa de Casero -una chacra construida en 1788 que producía alimentos para la Buenos Aires colonial- se realizó además la primera reunión que culminó con el Pacto de Unión Nacional (San José de Flores).

El lugar merece una visita: en él se respira historia, se puede observar un paisaje casi como el que vieron Rosas y Urquiza.  Allí hacemos la Noche de los Museos y una muy entretenida carrera de 10 kilómetros que atraviesa no sólo los lugares históricos, sino la pista de entrenamiento de los cadetes del Colegio Militar y hasta un arroyo.

La batalla en sí misma se realizó probablemente entre las 8 y las 14 horas de aquel 3 de febrero de 1852. En total participaron algo más de 50 mil hombres y desde el mismo comienzo las tropas del Ejército Grande mostraron su superioridad, pese a que los federales contaban con cuatro coheteras, última tecnología en armas por entonces.

Según se sabe, algunos de los jefes rosistas -con Ángel Pacheco a la cabeza- desistieron en días previos al combate por estar en desacuerdo con los planes trazados por Rosas; cuando éste advirtió que el resultado del enfrentamiento era irreversible, comenzó a alejar a sus asistentes delegándoles diversas misiones y acompañado por un reducido grupo se alejó del campo de batalla.

Fue en estas circunstancias que su yegua Victoria, así llamada en homenaje a la reina de Inglaterra, rodó (se cree que metió una de sus patas en una vizcachera) y provocó una supuesta caída de Rosas. Las consecuencias de esto se ven claramente expresadas en su renuncia cuando pide perdón "por lo trabajoso de mi letra". La caída hizo que un almacén de ramos generales (pulpería) de las cercanías pasase a llamarse "El trompezón", término que dio el nombre a una estación del ferrocarril Urquiza: Tropezón, en el actual barrio de Caseros.

En la batalla sobresale la presencia, además de Rosas y de Urquiza, de futuros presidentes argentinos: Mitre y Sarmiento, quien obraba como boletinero del Ejército Grande. Es este último quién relata los hechos y pone foco en algo singular: Purvis, el perro de Urquiza. El nombre se lo puso el entrerriano como homenaje a Robert Purvis, un militar inglés que había adherido a la causa contra Oribe (sitio de Montevideo). Parece que el perro era celoso guardián de su jefe, quien lo halló en Montevideo y lo mantuvo cerca durante toda la campaña; aparece incluso en los grabados que realiza Penutti y que se editan en la imprenta del Ejército Grande. Sarmiento contaba que una vez se cruzó con Mitre volviendo de la carpa de Urquiza y lo primero que le preguntó don Bartolomé fue: ¿No lo mordió Purvis?

El autor es historiador e intendente de Tres de Febrero.

domingo, 7 de enero de 2018

Guerra de Angola: Los MiG-23s cubanos en Angola (1)

Los MiG-23 en Angola 
Por Rubén

I Parte. Misiones de apoyo aéreo 

Llegada a Angola 




MiG-23ML cubanos siendo "empacados" para su destino operacional en África 

A partir de 1984 la FAR en Angola recibe cazas MiG-23ML y MiG-23UB, hasta llegar a la cifra de 50 aparatos. Allí el grueso de sus misiones fueron de ataque a tierra. Estos excelentes cazas rusos, llamados “chorizos” por los pilotos cubanos, tenían el doble del radio de acción y carga de combate que los MiG-21 (llamados “salchichas”), y se convierten en un importantísimo factor en la victoria cubano-angolana, siendo el azote de la UNITA en 1984-1987, y del SADF sudafricano al intervenir éste en 1987-1988. 

 

Los MiG-23 cubanos en la campaña de 1987 
Cuando en noviembre de 1987 Angola pide ayuda militar a Cuba tras la derrota de la ofensiva de la FAPLA "Saludando a Octubre", el mando cubano decide intervenir en la batalla de Cuito Cuanavale. Los primeros destacamentos acorazados y de artillería cubanos son enviados a Cuito desde Menongue, y avanzan los 200 km bajo la cobertura de los MiG-21 y MiG-23. Otra medida decisiva es mandar desde Cuba los mejores pilotos de MiG-23 en vuelos directos de Ilyushin Il-62M. Los MiG-23ML del Teniente Coronel Armando González "El Guajiro", son concentrados en Menongue y actuarán desde esta base aérea, junto a los MiG-21bis. Otro escuadrón entero de MiG-23ML es enviado de Cuba en el buque "Las Coloradas". La primera tarea de los MiG-23ML, es cubrir el repliegue de la FAPLA hacia Cuito Cuanavale. 

 
MiG-23 con los colores de la FAPA. La imagen refleja un MiG-23MF, que en realidad no estuvo en Angola, sino sólo los ML y UB. (Dibujo de Chris Banyai-Riepl) 

Con la aparición de los MiG-23ML en el sur de Angola la FAR conquista la superioridad aérea sobre la SAAF, la cual el 27 de setiembre pierde su primer Mirage F1 derribado por MiG-23ML, desde lo cual la SAAF evitaba contacto directo con los MiG-23. De noviembre de 1987 a enero de 1988 los MiG-21 y MiG-23 de la FAR hacen más de 1,000 misiones de combate en apoyo de la FAPLA y frenando el avance del SADF y la UNITA hacia Cuito Cuanavale, obligándolos a moverse sólo de noche, y a enmascararse muy bien de día. Ya el 5 de enero de 1988 el soldado sudafricano V.W. Beling escribía en su diario (ocupado luego de la derrota sudafricana en el combate de Tchipa el 27 de junio de 1988): 

"Hoy ha sido un día aburrido, al levantarnos tuvimos una marcha de iglesia, despues sólo tuvimos el resto del día. Todo el día estamos huyendo de los MiGs. Corremos hacia nuestros huecos y nos sentamos ahí hasta que se van. Entonces volvemos a la red de enmascaramiento...." (1) 

El 15 de diciembre de 1987 el SADF comienza la "Operación Hooper", con el objetivo de destruir junto a la UNITA a la agrupación de la FAPLA en Cuito Cuanavale. Sus obuses enmascarados G5 y G6 con 42 km de alcance, inician el hostigamiento de la base aérea de Cuito, lo cual obliga a sus defensores a limitar el empleo de la base aérea por los MiGs, aunque los helicópteros Mi-8 y Mi-24 siguen operando desde allí. Pero con sus intensos bombardeos, los MiGs permiten ganar un vital tiempo para preparar la defensa, y con ello los MiG-23 comienzan a convertirse en factor decisivo de la batalla. 

Papel de los MiG-23 en la defensa de Cuito Cuanavale 
Esta fue la batalla más grande en la historia del Africa negra, y tuvo consecuencias que decidieron la guerra a favor del lado cubano-angolano. El SADF y la UNITA realizan varios intentos de romper las defensas de Cuito Cuanavale. El 13 de enero por la mañana se produce el primer gran ataque, pero se encuentran con una defensa inesperada, y sólo logran avanzar 3 km en algunos puntos. 

 
MiG-23ML FAPA C-436 con cuatro bombas FAB-250 de 250 kg y un tanque PTB-600 de 600 litros 

Ese día era tormentoso, con torrenciales aguaceros, y los sudafricanos pensaron que los MiGs no despegarían. Por eso se agruparon abiertamente para efectuar un segundo ataque por la tarde, sin enmascararse y en estrechas formaciones de blindados. Este error lo pagan caro. El tiempo mejora ligeramente, y de inmediato despegan de Menongue los MiG-21bis y MiG-23ML cubanos lidereados por el Coronel Humberto Trujillo, con 1 tonelada de bombas cada uno. Ellos sorprenden a la agrupación del SADF, y le causan cuantiosas bajas, destruyendo numerosos equipos. Para aprovechar la ocasión despegan de nuevo los MiGs otras dos veces, esta vez con 2 toneladas de bombas cada uno, y escoltados por 4 MiG-23ML con misiles R-24 y R-60 por si aparecen los Mirage F1 de la SAAF. Los MiGs hacen esa tarde 22 misiones, machacando con 32 toneladas de bombas al SADF, que pierde numerosos equipos pesados. Tras este bombardeo, el SADF desiste del ataque, y se retira de la zona de combates para reponer fuerzas, tras perder 7 tanques Olifants, varios blindados Elands y otros vehículos por el fuego de la artillería, los T-55 y los MiG-21bis y MiG-23ML de la FAR. 

 

Tres días después, el 16 de enero el Coronel Trujillo y el Teniente Coronel Armando Gonzáles realizan una misión de exploración con MiG-23, y descubren un Olifant solitario, a varios km al este de Cuito Cuanavale. Siguiendo sus huellas, encuentran una agrupación del SADF enmascarada, con tanques, blindados, obuses y camiones. Los MiGs siguen de largo, para hacer creer al enemigo que no fueron descubiertos, y a 25 km de distancia suben a 7,000 m para llamar y esperar al grupo de choque de 4 MiG-23ML con bombas. Al llegar el grupo, los seis MiG-23ML se lanzan en una picada de 60° al enemigo, lanzando varias toneladas de bombas, y ascendiendo de la picada con 7 Gs de sobrecarga. Los sudafricanos sufrieron tal sorpresa, que no se defendieron con sus misiles ni cañones. Los fragmentos de la técnica enemiga ascendieron a 300 m de altura. 

 
Vehículos del SADF destruídos por ataques de MiG-23 por Cuito el 13 de enero de 1988 (Humberto Trujillo, "Trueno justiciero") 
 
MiG-23ML se reabastace de combustible. Bajo las alas racimos de cohetes UB-32 
 
La moral de los cubanos siempre fue alta. Técnicos colocan un misil R-24R al MiG-23ML (César Gómez, "Viaje al centro de los héroes") 

 
La zona civil de Cuito Cuanavale era bombardeada por los G5 sudafricanos, y su población tuvo que ser evacuada (César Gómez, "Viaje al centro de los héroes") 

El enemigo necesita todo un mes para reponer fuerzas tras su primer fracaso, y el 14 de febrero de 1988 las fuerzas del SADF y la UNITA inician un segundo ataque a las defensas de Cuito Cuanavale. A las 9.30 h de la mañana los MiG-23 de Juan Pérez y Eladio Avila detectan el enemigo avanzando en formación de combate. De inmediato despegan otros 5 MiG-23ML, descargando sus bombas en medio de las líneas enemigas. El ataque enemigo es rechazado, pero a las 13.30 h se repite. Fuerzas de hasta tres batallones del SADF y seis de la UNITA avanzan apoyados por más de 100 blindados de varios tipos, entre ellos 40 tanques Olifants. Con tal superioridad de fuerzas, logran romper la defensa de la 59° Brigada angolana, pero son detenidos por un audaz contraataque de 8 tanques T-55 cubanos, y los sudafricanos pierden 10 Olifants, retirándose. La FAR contribuye al rechazo del ataque enemigo, cumpliendo los MiGs 35 misiones de apoyo aéreo con bombas, y 14 de cobertura aérea. Días después, el 20 de febrero, se repite el ataque con los tanques Olifant, blindados Eland, Ratel y Casspir, que fue rechazado de nuevo con el apoyo de los MiG-23. Ese mismo sábado 20 de febrero por la mañana, la SAAF tiene otra pérdida dolorosa, cuando los cubanos derriban otro Mirage F1AZ SAAF-245 (del mayor Edward R. Every), con llos cañones de 23 mm de la Shilka ZSU-23-4 de Juan y José, y el misil Strela-3 (SA-14) del cohetero Ernesto. 

 
El personal de tierra trabajó arduamente. Ningún MiG-23 estuvo de baja durante la campaña final de 1988 
 
Sistema antiaéreo cubano Strela-10 (SA-13) en Cuito. Los sudafricanos le abjudican la pérdida de su Mirage F1AZ del 20 de febrero de 1988 (La guerra de Angola) 
 
Restos del Mirage F1AZ del major Edward Every derribado el 20 de febrero por ZSU-23-4 y Strela-3 cubanos (César Gómez, "Viaje al centro de los héroes") 

El 25 de febrero por la madrugada el SADF y la UNITA inician otra fuerte ofensiva, iluminándose con bengalas. Sin embargo, caen en los nuevos campos de minas, y bajo el fuego de los cañones de 130mm cubanos y los T-55. En la oscuridad su infantería y blindados se detienen confundidos, y avanzan lentamente con grandes pérdidas. Los MiG-21 y MiG-23 hacen 52 misiones desde Menongue, arrojando 26 toneladas de bombas al enemigo, cuyo ataque de turno es rechazado. 

Este día 25 de febrero se producen los últimos encuentros aéreos de los MiG-23 en la guerra. Durante febrero comienza la caza de los obuses G5 y G6, que hostigaban todo el tiempo a las tropas por Cuito. Anteriormente los MiG-23ML salían a atacar estos obuses, guiándose por las indicaciones de los angolanos o rusos. Pero esta información era inexacta, o retrasada, y no los encontraban. Los sudafricanos se enmascaraban muy bien, y dejaban de disparar cuando detectaban en despegue de los MiG-23, además de que también todo el tiempo cambiaban de posición. Entonces el mando de la aviación cubana organiza su propia fuente de información, explorando la zona con parejas MiG-23ML, que debían llamar al grupos de apoyo de MiG-23. A mediados de febrero el Coronel Trujillo detecta un cañón G5 por el río Chambinga, y en vuelo rasante le lanza bombas con paracaídas, luego llegan los demás MiG-23, que destruyen la pieza. El 21 de febrero el Coronel Trujillo junto al Coronel Luis Alonso Reina organiza la exploración aérea contra los G5. Desde entonces los sudafricanos son más cuidadosos, se tienen que retirar al alcance máximo de sus piezas (disminuyendo la puntería), y cada vez que detectan el despegue de los MiGs de Menongue, dejan de disparar y se enconden. Los obuses son en buena medida neutralizados por los MiG-23ML. Un soldado sudafricano reconoce: 

“Los MiGs eran el gran problema en Angola. Nosotros no podiamos usar nada contra ellos, y la FAPLA (con apoyo de Cuba y Rusia) tenian efectivamente la superioridad aerea. Un sargento de G5 (Artilleria) me dijo: “Cuando los MiGs estan en el aire, la guerra se detiene”. Los G5 y lanzacohetes multiples tenian que ser cuidadosos en hacer fuego en dias claros, porque sus posiciones se detectaban, y venian los MiGs a cazarlos” (2) 

 
Pareja de cazas MiG-23ML FAPA C-454 y C-436 
 
MiG-23ML cubano en Angola, con dos misiles R-60M y dos R-24T. 1988 
 
MiG-23ML en Angola, 1988 (Humberto Trujillo, "Trueno justiciero") 
 
Este MiG-23ML acaba de soltar su paracaídas al aterrizar 

El último ataque enemigo a Cuito Cuanavale. La Victoria 
El 1 de marzo de 1988 se produce el quinto ataque a las defensas angolano-cubanas por Cuito Cuanavale. Ese día el SADF pierde 20 muertos y 59 heridos, según sus radiocomunicaciones monitoreadas desde el lado cubano. El SADF y la UNITA demoran en reponerse 1,5 mes, y el 23 de marzo inician el último intento de avance por Cuito Cuanavale, que termina con otro gran fracaso, conocido como "El desastre de Tumpo". Para entonces la defensa de Cuito ya había sido reforzada con tropas regulares cubanas. Tras horas de combate, el enemigo comienza a retirarse a las 16.00 horas, con grandes bajas, y la pérdida de cuantiosa técnica en manos cubano-angolanas, entre ellos 3 tanques Olifants. La aviación apoya intensamente la defensa de Cuito. Para elevar la efectividad de sus golpes, la artillería cubana lanza proyectiles fumígenos en medio de las líneas enemigas, marcánle el objetivo exacto a los rasantes MiG-21 y MiG-23. Ese día el combate fue tan intenso, que los sudafricanos dispararon 700 proyectiles de 155 mm de G5, 36 cohetes de Walkirie, y 66 granadas de mortero. 
El fracaso definitivo del SADF ante Cuito Cuanavale, en su mayor batalla de su historia, tiene varias consecuencias. Una de ellas es que la SAAF desiste seguir participando activamente en la guerra, hasta que no reciba nuevo equipamiento, pues sus Mirage F1AZ con misiles Kukri son netamente inferiores al MiG-23ML con misiles R-24/R-60. Ese mismo día 23 de marzo los Mirage F1AZ de la SAAF se ven obligados a hacer su último 683 vuelo de combate en la campaña, abandonando a sus tropas terrestres y dejando definitivamente el aire en manos de los MiG-23ML, que seguirán machacando impunemente al SADF y la UNITA. Sólo de enero a marzo de 1988 los MiGs cubanos cumplen 1,283 misiones de vuelo por Cuito Cuanavale, realizando 722 misiones de bombardeo y 561 misiones de cobertura aérea, arrojan 358 t de bombas y 4,000 cohetes S-5, además de otras municiones, causando inmensas pérdidas en hombres y equipos. Aunque oficialmente el SADF reconoció sólo 31 muertos durante Cuito Cuanavale, fuentes extraoficiales sudafricanas admiten que tuvieron 715 muertos. 

 
Tanque Olifant del SADF destruído en Cuito Cuanavale (Foto de "La guerra de Angola") 
 
Este Olifant fue capturado tras caer en un campo de minas (La guerra de Angola) 
 
Soldados cubanos posan junto a uno de los Olifants de trofeo (César Gómez, "Viaje al centro de los héroes") 
 
El General Cintra Frías satisfecho maneja uno de los Olifants capturados (La guerra de Angola) 

Fuente original

sábado, 16 de diciembre de 2017

Guerra civil: Batalla de Cagancha

Batalla de Cagancha




Pascual Echagüe (1797-1867)


Luego de ser depuesto el general Manuel Oribe, Juan Manuel de Rosas ordena al ejército entrerriano al mando del general Pascual Echagüe que se interne en el Estado Oriental para enfrentar al general Fructuoso Rivera.  Desde mediados de octubre de 1839 sólo hubo entre ambos pequeñas escaramuzas.  Hasta principios de diciembre Echagüe estaba situado del otro lado del río Santa Lucía, y Rivera de este lado.  Pocos días después el primero acampó en San Jorge y el segundo en Santa Lucía Grande.  Echagüe en sus partes a Rosas le comunicaba que había provocado en vano a Rivera a una batalla, pero que éste la rehuía; y Rivera alegaba por su parte que no le convenía atacar a Echagüe en las posiciones que éste había escogido, porque la infantería de su adversario era superior en número a la suya, fuera de que quería dar tiempo a que Lavalle organizase sus elementos.  Precisamente en nombre de esta última circunstancia, que Rivera alegaba sincera o especulativamente, Rosas le manifestó a Echagüe la necesidad que había de resolver cuanto antes la contienda en el Estado Oriental.  En vista de esto Echagüe levantó su campamento, y el 29 de diciembre marchó sobre Rivera, el cual se había atrincherado entre los arroyos de la Virgen y de San José, en los campos de Cagancha.

Rivera esperó a su enemigo con su línea tendida, en sus posiciones, colocando en el centro diez piezas de gruesa artillería al mando del coronel Pirán, y dos batallones de infantería al mando del coronel Lavandera; en la derecha e izquierda toda su caballería al mando superior de los generales Aguiar y Medina, e inmediato de los coroneles Nuñez y Flores, y que con la reserva que mandaba el general Martínez componían un total de unos cinco mil hombres.  Echagüe avanzó con igual número de fuerzas, aproximadamente, y en la misma formación de Rivera, con la diferencia de que escalonó su caballería de las alas derecha e izquierda, mandadas, la primera por el general Urquiza, y la última por el general Lavalleja, y colocando 4 piezas de artillería al mando del coronel Thorne, en medio de los batallones Rincón y Entrerriano, en el centro y a las órdenes del general Garzón.

El ala derecha de Echagüe fue la primera que se lanzó al combate; y lo verificó con tanta rapidez que, según lo afirma el coronel Pirán en una carta en la que da cuenta detallada de la batalla de Cagancha, “la vanguardia de Rivera tuvo que replegarse al galope atrás de su ala izquierda”.  El coronel Núñez pudo rehacerse en parte y aun contener las cargas que le llevó Urquiza; pero los federales consiguieron al fin flanquear por la izquierda al ejército oriental, y se introdujeron en la retaguardia de éste, dispersándole toda esa parte de la línea, y causándole gran número de bajas.  El mismo descalabro se produjo en la derecha de Rivera.  “El costado izquierdo del enemigo –dice el coronel Pirán en la referida carta- se precipitó poco después, pero no encontró resistencia, y trajo su carga hasta nuestra retaguardia, pues una de las causas de no encontrarla fue que nuestra reserva, compuesta de más de 600 hombres, disparó con el más miserable amago”.

En estas circunstancias avanzaron Garzón con su infantería y Thorne con sus cuatro piezas de cañón hasta colocarse a unas cien varas frente al costado izquierdo del centro de Rivera, desde donde empeñaron el verdadero combate con la artillería e infantería de este último.  Era indudable que la victoria pertenecía en este momento a Echagüe, pues que sus alas izquierda y derecha estaban victoriosas en efecto, y a retaguardia de la línea enemiga en dispersión.  Para asegurarla completamente no había sino arrojar una fuerte columna de caballería sobre la retaguardia de la artillería e infantería de Rivera que sufrían en esos momentos los fuegos de mosquetería y de cañón de Garzón y de Thorne.

El momento era decisivo, y el recurso era tan ventajoso que iba a dar la victoria al primero que lo usara.  “Hubo un espacio de tiempo –dice el coronel Pirán- que la distancia que mediaba de la artillería al parque, eras un enredo de jefes, oficiales, tropa y mujeres que se abrigaban en aquel recinto”.  Pero Echagüe cometió el error de comprometer todas sus fuerzas desde los primeros momentos de la batalla; y cuando le fue menester esa fuerte columna de caballería, ésta se encontraba fraccionada y a larga distancia, persiguiendo la caballería de Rivera.  Este pudo reunir una columna como de mil quinientos hombres; y como su artillería e infantería se conservaban en sus trincheras, a Echagüe no le fue posible restablecer el éxito de la batalla, y se vio obligado a ponerse fuera de tiro de su adversario, acampando como a legua y media del lugar de la batalla.  Rivera quedó dueño del campo, pero con su ejército destruido, pues Echagüe le hizo como mil quinientas bajas debido a la dispersión y a la persecución bien dirigida de Urquiza, Lavalleja y Gómez; y le tomó todo el parque y como quince mil caballos.  No era, pues, de extrañar que no le molestara a Echagüe.  A la mañana siguiente este último empezó a reunir sus dispersos, y mientras que Rivera se dirigía a Santa Lucía, él emprendió su retirada al Uruguay, pasando a Entre Ríos a pesar de los buques de la escuadra francesa que quisieron impedirlo. (1)

La batalla de Cagancha fue festejada, sin embargo, en Corrientes y en el Estado Oriental como un triunfo de Rivera, y éste quiso aprovechar de las facilidades que le proporcionaba la retirada de Echagüe para hacerse el árbitro en los negocios de la guerra contra el gobierno argentino, extendiendo su preponderancia al litoral y muy principalmente a Corrientes con cuyo gobierno había abierto negociaciones al respecto, y donde campeaba la influencia del general Lavalle.  Las circunstancias y los hechos producidos de mancomún con sus aliados, favorecían su intriga.  Desde luego Rivera ofrecía aplicar a los objetos de la guerra los recursos y el apoyo que los franceses se obligaron a suministrar por el tratado Berón de Astrada, y que habían suministrado en efecto, con más los que él podía proporcionarse del Estado Oriental que estaba sometido a su imperio.  La “Comisión Argentina” de Montevideo era, por otra parte, la que había trabajado esa alianza con Corrientes sobre la base de que Rivera dirigiera en jefe la guerra.  Y el general Lavalle, siguiendo los consejos de sus amigos que fueron a buscarlo a su retiro de Mercedes, había entrado en un todo en este plan y le había escrito a Rivera poniéndose a sus órdenes con las fuerzas que reunió en Martín García.  Ni el gobernador Ferré podía negarse en justicia a la ratificación del tratado Berón de Astrada, que solicitaba Rivera para unir sus recursos a los que estaban comprometidos en Corrientes, ni la “Comisión Argentina”, ni el general Lavalle podían tampoco oponer una razón seria a las pretensiones de Rivera que ellos mismos habían fomentado, quizá con la idea de reducirlas después a cortos límites, pero sin pensar que Rivera había de sacrificarlo todo a su antigua aspiración de tener bajo su imperio todo el litoral, como lo sacrificó en efecto, desbaratando los cuantiosos recursos militares que se pusieron en sus manos.

Referencia


(1) Estas noticias sobre la batalla de Cagancha, las tomó Adolfo Saldías de la carta arriba indicada del coronel Pirán, jefe de la artillería de Rivera en la misma batalla; de apuntes y referencias del coronel Thorne, jefe de la artillería de Echagüe en Cagancha, y del parte oficial de Echagüe a Rosas que concuerda con lo que afirman esos dos jefes.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar
Saldías, Adolfo – Historia de la Confederación Argentina – Ed. El Ateneo – Buenos Aires (1951).

viernes, 20 de octubre de 2017

Yemen: La intervención aérea soviética de 1967

En 1970, los aviones soviéticos intervinieron para salvar el norte de Yemen


Los acontecimientos rendidos victoria sin sentido


En 1970, los aviones soviéticos intervinieron para salvar Yemen del Norte

Tom Cooper | War is Boring

Septiembre de 2017 marca el segundo aniversario de la intervención militar rusa en Siria. Los observadores militares extranjeros están frecuentemente estableciendo paralelos entre esta operación y el despliegue de tropas soviéticas de defensa aérea y de interceptores tripulados a Egipto a principios de 1970, señalándolo como la primera experiencia soviética -y por lo tanto rusa- en la guerra expedicionaria en el Oriente Medio.

En realidad, la primera intervención militar "rusa" en el Oriente Medio fue una operación poco conocida que se inició en 1967 en lo que entonces era la República Árabe de Yemen (YAR) o Yemen del Norte.

La YAR nació en septiembre de 1962, cuando un grupo de oficiales militares apoyados por Egipto derrocó al último imán de lo que entonces era el atrasado Imanato de Yemen. Preocupados por la expansión de la influencia egipcia, y curiosos por mantener el nuevo gobierno en la capital yemení Sana'a ocupado por un tiempo, los británicos luego convencieron a la familia real saudí para comenzar a apoyar a los seguidores del último Imam.

Así, una insurgencia de realistas se lanzó en el norte de Yemen contra el régimen republicano en Sana'a. Funcionó durante los próximos cinco años con la ayuda de un grupo de mercenarios británicos y franceses auspiciados por Arabia Saudita, y con entregas de armas desde el extranjero, incluso desde Israel.

Después de la catastrófica derrota en la guerra de junio de 1967 contra Israel, Egipto no tuvo más remedio que retirar sus tropas de Yemen. En el curso de las negociaciones con Arabia Saudita, se llegó a un acuerdo para tal retirada a cambio de una promesa saudita de dejar de apoyar a los realistas yemeníes.

Las últimas tropas egipcias se retiraron de Yemen en octubre de 1967, pero el líder de los republicanos yemeníes y el presidente de la YAR Brig. Gen. Abed Abdullah Como Sallal se opuso a la retirada egipcia. Fue derribado en un golpe sin sangre - con el consentimiento de El Cairo - mientras visitaba la capital egipcia.

Aprovechando el caos resultante, el comandante militar de los realistas ordenó un ataque total contra Sana'a. Para el 1 de diciembre de 1967, la capital de la YAR estaba efectivamente sitiada.

Fue en estas circunstancias que el nuevo gobierno de la YAR solicitó ayuda a la URSS y Moscú lanzó su intervención militar. El 17 de noviembre de 1967, el primero de 18 transportes Antonov An-12 aterrizó en la base aérea de Hodeida construida por Egipto en la costa del Mar Rojo.


En la parte superior - uno de los 13 MiG-17 entregados a la YARAF de la Unión Soviética en noviembre de 1967. Todos llevaban series soviéticas de dos dígitos en su fuselaje delantero, aplicadas en árabe. Colección del mayor general Abdullah Saleh. Arriba - los restos del Yak-11 volado por el Capitán Zharinov, derribado y asesinado mientras atacaba un gran convoy de Royalistas Yemeníes apoyados por los británicos y saudíes el 30 de noviembre de 1967. Colección Pit Weinert

Descargaron nueve MiG-17, piezas de repuesto y armas. Otros 18 An-12s llegaron un día después, trayendo al menos un MiG-15UTI adicional. A finales del mes, los soviéticos habían entregado dos Il-28 y tres transportes biplanos Antonov An-2. Con la ayuda de estos aviones y pocos entrenadores Yakovlev Yak-11 armados con ametralladoras y lanzacohetes que los egipcios habían dejado atrás, la Fuerza Aérea de la República Árabe de Yemen (YARAF) se estableció oficialmente como una rama independiente de las fuerzas armadas de la nación, el 20 de noviembre, 1967.

Al principio, la YARAF era yemení solamente en la designación. A partir del 20 de noviembre de 1967, sólo tenía dos tripulaciones calificadas para operar los transportes Ilyushin Il-14 donados por Egipto, mientras que alrededor de 50 estaban en formación en la URSS. Correspondientemente, casi todo su personal activo eran unos 40 consejeros soviéticos, y un grupo de ocho voluntarios-pilotos de Siria.

Mientras tanto, la situación en Sana'a se había vuelto crítica. La ciudad entera - incluyendo ambos de los aeropuertos locales - fue continuamente mortero y asaltado por los realistas. La única conexión entre la capital y el mundo exterior eran aviones de transporte de la YARAF. Volados por una mezcla de equipos yemeníes y soviéticos, los transportes lograron entre cinco y siete vuelos de suministro a Sana'a por día.

Las primeras salidas de combate de los MiGs de la YARAF fueron conducidas por instructores soviéticos el 30 de noviembre de 1967, y atacaron a equipos realistas de morteros que - apoyados por un equipo de mercenarios británicos y franceses - bloqueaban la carretera que conectaba la capital yemení con lo que entonces se llamaba Sana ' una base aérea de Rawdah.

Para disgusto de Moscú, la participación directa de sus pilotos en este conflicto terminó tan pronto como comenzó. Durante la tarde del 30 de noviembre de 1967, el Yak-11 de la YARAF volado por el piloto soviético capitán Zharinov fue derribado mientras atacaba a un gran convoy realista en el área de Havlan. El avión se estrelló profundamente dentro del territorio controlado por los insurgentes, matando al instante a su piloto.

Esto ofreció una oportunidad para los realistas yemeníes -que ni disfrutaron de un apoyo tan extendido como se suele decir, ni tuvieron una oportunidad seria de ganar su guerra contra los republicanos en Sana'a- de atraer a varios periodistas occidentales y mostrarles los restos de los aviones y el cuerpo del piloto soviético.


Dos insurgentes realistas posando con la aleta de uno de los dos MiG-17 de la YARAF derribados durante el asedio de 70 días de Sana'a. Colección Albert Grandolini

Sus informes causaron un escándalo internacional, que no sólo provocó que incluso los republicanos yemeníes exigieran una retirada soviética, sino que de hecho incitó a Moscú a restringir la participación de sus instructores en las operaciones de combate de la YARAF.

Con los soviéticos fuera de acción, toda la carga de volar y luchar por la YARAF cayó sobre los sirios. Aunque todavía eran apoyados por instructores soviéticos, eran muy pocos en número para mantener el mismo ritmo de operaciones como la ejecución en días anteriores. No es de sorprender que los insurgentes realistas rompieron la primera línea de defensa alrededor de Sana'a el 4 de diciembre de 1967 y capturaron dos picos dominantes a sólo tres kilómetros del centro de la ciudad.

En reacción a este desarrollo dramático, un gran grupo de personal yemení volvió apresuradamente de su entrenamiento en la URSS en la mañana del 10 de diciembre de 1967. Iniciaron la acción en la tarde del mismo día. El 12 de diciembre, los Il-28 de la YARAF lograron una hazaña importante cuando destruyeron una gran parte de morteros realistas. Combinado con los contraataques de las fuerzas terrestres, esta acción no sólo detuvo el avance insurgente, sino que disminuyó significativamente la presión sobre la ciudad.

Las subsiguientes operaciones de combate de la YARAF alcanzaron proporciones tales que los pilotos novicios yemeníes se convirtieron en veteranos experimentados en cuestión de semanas. A principios de enero de 1968, sus ataques aéreos silenciaron a todos los morteros realistas restantes y obligaron a los insurgentes a moverse sólo por la noche. Los pilotos de los MiG de Yemen siguieron un paso más y -bajo la supervisión soviética- comenzaron a lanzar ataques nocturnos, con ayuda de las bombas lanzadas por los bombarderos Il-28.

Después de casi mil salidas de combate, el sitio de Sana'a se levantó el 8 de febrero de 1968. La YARAF sufrió solamente dos pérdidas. El segundo de ellos vio el MiG-17 volado por el mayor Mohammed Ad Daylami siendo golpeado mientras que atacaba posiciones realistas al oeste de la capital. Daylami expulsado con seguridad, pero fue asesinado en el suelo mientras trataba de evadir al enemigo. Fue en recuerdo de este piloto que el Sana'a Rawdah construido por Egipto fue rebautizado como base aérea de Daylami.

El sacrificio de Zharinov en defensa de Sana'a se hizo completamente inútil sólo meses después, cuando los principales líderes políticos en Moscú decidieron dejar de apoyar al YAR. En cambio, retiraron a casi todos sus consejeros de Sana'a y concentraron sus esfuerzos en apoyar a la República Democrática Popular de Yemen, controlada por los marxistas.

También conocido como Yemen del sur, el nuevo país entró en ser a finales de 1967 después de que los Británicos se retiraran de su protectorado anterior de Aden. En consecuencia, los soviéticos no sólo comenzaron a entregar MiGs a Aden, sino que también desplegaron un gran equipo asesor que ayudó a establecer lo que se convirtió en la República Popular Democrática de la Fuerza Aérea de Yemen