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martes, 23 de mayo de 2017

G6D: 50 años de la victoria israelí

Seis días de guerra, 50 años de ocupación
Israel sigue ocupando tierras palestinas 50 años después de su guerra de seis días
Israel se ha vuelto poderoso y rico, pero no ha encontrado la paz con los palestinos-ni con sí mismo, dice Anton La Guardia

The Economist



EN EL PRINCIPIO destruyeron la fuerza aérea de Egipto en el suelo y derribaron los aviones de Jordania, Irak y Siria. Eso fue el lunes. Luego rompieron las masivas defensas de Egipto en el Sinaí. Eso fue el martes. Luego, tomaron la antigua ciudad de Jerusalén y oraron. Eso fue miércoles. Luego llegaron al Canal de Suez. Eso fue jueves. Ascendieron los Altos del Golán. Eso fue viernes. Luego tomaron los picos que daban a la llanura de Damasco. Por la noche, el mundo declaró un alto el fuego. Eso fue sábado. Y el séptimo día descansaron los soldados de Israel.

En sólo seis días de lucha en junio de 1967, Israel creó un nuevo Oriente Medio. Tan rápida y repentina fue su victoria sobre los ejércitos árabes circundantes que algunos vieron la mano de Dios. Muchos habían temido otro Holocausto. En cambio, Israel se convirtió en el mayor poder de la región. El himno de Naomi Shemer, "Jerusalén de Oro", adquirió nuevas líneas después de la guerra: "Hemos regresado a las cisternas / Al mercado y al mercado / Un shofar llama al Monte del Templo en el Viejo Ciudad."
Este es un año de grandes aniversarios en Israel: 120 años desde el Primer Congreso Sionista en Basilea; 100 años desde que la Declaración Balfour prometió a los judíos un hogar nacional; Y 70 años desde que la ONU propuso dividir Palestina en un estado judío y un estado árabe. Pero la conmemoración del medio siglo desde la guerra de seis días será la más intensa.

Este informe especial examinará el legado de ese conflicto. Los territorios que Israel capturó son el tema definitorio de su política y sus relaciones con el mundo; También están en el corazón de los sueños palestinos de la independencia. La guerra de seis días fue la última victoria militar absoluta para Israel y el inicio de una transición de las guerras existenciales contra los Estados árabes, que siempre ganó, para enervar las campañas contra las milicias no estatales que nunca podría borrar. La amenaza de invasión a través de sus fronteras ha desaparecido, pero la violencia dentro de ellos es incesante.

En 1967 las armas occidentales golpearon decisivamente a los soviéticos. Mientras Estados Unidos se alía firmemente con Israel, las divisiones de la guerra fría superaron el conflicto árabe-israelí. Y cuando Charles de Gaulle cambió de lado para alinear a Francia con los árabes en 1968, prohibiendo las ventas de armas a Israel (especialmente de los jets Mirage), sin querer sentó las bases para la floreciente industria de alta tecnología de Israel. Hoy en día es Francia quien compra aviones no tripulados desde Israel.

El asediado refugio de los judíos se convirtió en un mini-imperio, gobernando a millones de palestinos. Fue, en muchos aspectos, una conquista improvisada, "El Imperio Accidental" (el título de un libro de Gershom Gorenberg), pero que ha sufrido. La guerra despertó el irredentismo palestino y el fanatismo israelí, y añadió el intratable poder de la religión a las fuerzas del nacionalismo. El muro que dividió Jerusalén se ha ido, pero Israel ha erigido muchas más barreras que atomizan a la sociedad palestina. Los israelíes se han enriquecido, lo que hace que la miseria de los palestinos sea aún más inquietante. Al unir la antigua tierra de Israel, la victoria ha dividido al pueblo de Israel y ha dilapidado su democracia.




Casamiento a la fuerza

Ese embriagador día de junio de 1967, cuando Levi Eshkol, entonces primer ministro de Israel, escuchó noticias de la captura de Jerusalén, dijo a los colegas del partido: "Nos han dado una buena dote, pero viene con una novia que no nos gusta. Sus palabras resultaron más prescientes de lo que él imaginaba.

Los viejos soldados israelíes todavía cuentan sus historias de la guerra día a día, colina por cuesta. Reuven Gal era comandante de pelotón en la Brigada de Jerusalén, una unidad de reservistas de la ciudad que lucharon al alcance de sus hogares. Después de una batalla para controlar la sede de la ONU el día anterior, el Sr. Gal recuerda avanzar al amanecer del 7 de junio hacia las trincheras jordanas en la colina de Jebel Abu Ghneim. Para su alivio la posición había sido abandonada. Mientras sus hombres descansaban, oyó la señal de radio de Motta Gur, comandante de los paracaidistas que habían entrado en la ciudad amurallada: "Har habayit beyadeinu" (el Monte del Templo está en nuestras manos). A su alrededor, soldados endurecidos lloraban ante la noticia.
Después de la guerra, los israelíes amaban caminar en las antiguas colinas, redescubriendo Hebrón, Elí, Shiloh y más; Para el Sr. Gal, los judíos "se emborracharon" con euforia al tomar las tierras de su ascendencia bíblica. Y él pensó que después de tal derrota los árabes tendrían que demandar para la paz. Se rompe en una canción de la época: "Mañana, cuando el ejército quitarse sus uniformes / Todo esto vendrá mañana, si no hoy / Y si no mañana, entonces al día siguiente."

Pero la paz no llegó. Cada generación de israelíes debe todavía ponerse el uniforme y prepararse para luchar. El Sr. Gal se convirtió en el principal psicólogo del ejército y más tarde en un alto funcionario de seguridad nacional. "Poco sabemos lo que esta victoria militar traería", reflexiona. "Las celebraciones fueron el comienzo de la tragedia de la ocupación. Ha tenido un tremendo impacto en nuestra moralidad, democracia, las almas de nuestros hijos y la pureza de las armas [la moralidad del uso de la fuerza] ".

Los palestinos, por su parte, hablan de su consternación de cómo las tropas jordanas abandonaron la Ciudad Vieja de Jerusalén con apenas una pelea y de su sorpresa al descubrir que los vehículos blindados que rumbo a la ciudad no eran refuerzos iraquíes sino israelíes. En el borde del barrio judío de la ciudad amurallada, Abu Munir al-Mughrabi vive en un pequeño apartamento de un dormitorio que es un museo provisional a la pérdida de la Jerusalén árabe. En su pared de fotos de la ciudad, uno lo muestra como un joven de 25 años con un traje, de pie en medio de los escombros de su barrio, el Barrio de Mughrabi. Fue demolido por Israel inmediatamente después de la captura de la Ciudad Vieja, convirtiendo el callejón frente al Muro Occidental, el lugar más importante de la oración judía, en la amplia plaza que es hoy. Él levanta su mapa dibujado a mano de los edificios desaparecidos y una lista de las 138 familias que fueron despejadas.




Abu Munir había estado en Ammán cuando estalló la guerra. Se deslizó de nuevo a través de la frontera para llegar a Jerusalén justo cuando su casa estaba siendo derribada. Durante un tiempo contrabandeó gente de y hacia Jordania. También contrabandeó armas para Fatah, luego un movimiento militante ascendente, y pasó tiempo en la cárcel.

Su historia ilustra un cambio de mentalidad por parte de los palestinos. En la guerra de 1947-48, cuando Israel fue establecido, los palestinos huyeron o fueron expulsados ​​en masa. Cientos de pueblos fueron destruidos. Por el contrario, en 1967 la mayoría se quedó. "Tuvimos suerte de que fuimos derrotados tan rápido y tan masivamente", dice Ali Jarbawi, ahora profesor de ciencias políticas en Birzeit, una universidad palestina en Cisjordania. "Israel no tuvo tiempo de echarnos."

También hubo algunos beneficios inesperados: los palestinos de la Ribera Occidental, que habían sido anexados por Jordania, renovaron los lazos con los palestinos de Haifa y Jaffa, que habían formado parte de Israel después de 1948; Y de Gaza, que había sido ocupada por Egipto. "El sentimiento nacional palestino resurgió debido a la ocupación", dice Jarbawi.

Ese sentimiento estalló con la primera intifada palestina en 1987. Hasta entonces los palestinos bajo el dominio israelí habían permanecido en su mayoría plácidos, mientras que la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), dedicada a la expulsión de Israel por la fuerza, llevó a cabo Ataques transfronterizos desde el extranjero. La lucha armada fue, en su mayor parte, un fracaso. La OLP perdió una guerra civil contra el rey Hussein de Jordania en 1970; Emprendió una campaña de terrorismo internacional, incluida la masacre de atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Munich de 1972; Ayudó a precipitar la guerra civil en el Líbano en 1975; Y fue desalojado a Túnez después de la invasión de Israel de 1982.

Por el contrario, la intifada estuvo marcada principalmente por enfrentamientos de lanzamiento de piedras. Desechó la ilusión de que Israel podría mantener los territorios ocupados a un costo pequeño. Los acuerdos de Oslo de 1993 establecieron una Autoridad Palestina autónoma bajo la dirección de Yasser Arafat, el líder de la OLP, que regresó triunfalmente en julio de 1994. Los extremistas de ambos bandos se propusieron destruir el trato con una violencia sin precedentes. Un colono judío mató a 29 palestinos en oración en Hebrón en 1994. Hamas y la Yihad Islámica, ambas facciones islamistas, se embarcaron en una campaña de atentados suicidas. En 1995 un judío de la derecha asesinó al primer ministro, Yitzhak Rabin.

La segunda intifada, precipitada por el fracaso de las conversaciones de paz en Camp David en 2000, involucró armas y bombas. Arafat a menudo parecía tolerar, o incluso alentar, a los militantes. Los israelíes retiraron unilateralmente del Líbano en 2000 y de Gaza en 2005 (después de la muerte de Arafat), y tampoco trajeron paz: Israel luchó contra Hamas y Hizbullah (una milicia libanesa chiíta), que dispararon numerosos cohetes contra Israel.
Las décadas del "proceso de paz" trajeron mucho proceso y poca paz. Para los israelíes, tierra para la paz se convirtió en tierra para los suicidas-bombas y cohetes
Las décadas del "proceso de paz" trajeron mucho proceso y poca paz. Para los israelíes, la tierra para la paz se convirtió en tierra para los suicidas-bombas y cohetes. "La mayoría de la gente siente que la ocupación ya no es nuestra culpa", dice Yossi Klein Halevi del Shalom Hartman Institute, un grupo de expertos. "Salí de la primera intifada como votante laborista. Pero la segunda intifada me movió hacia la derecha ".
Para la mayoría de los palestinos, el acuerdo de Oslo trajo una ocupación peor: más derramamiento de sangre, división interna, pérdida de tierras para los colonos y fragmentación territorial. Los palestinos en estos días viven como refugiados en el mundo árabe; En una prisión abierta en la Franja de Gaza dirigida por Hamas; En un mosaico de enclaves autónomos aislados en Cisjordania dirigidos por la facción nacionalista Fatah; Como "residentes" descuidados de Israel en Jerusalén; Y como ciudadanos de segunda clase que luchan por la igualdad en las fronteras de Israel antes de 1967.

El caos en Oriente Medio desde los levantamientos árabes de 2011 ha endurecido la convicción de Israel de que es demasiado arriesgado abandonar más tierras: ¿qué pasa si Hamas o el Estado Islámico (IS) se apoderan de las colinas de Cisjordania con vistas a las zonas más pobladas de Israel? Israel estuvo cerca de regresar los Altos del Golán en conversaciones de paz con Siria. Ahora que las milicias como Hizbullah, al-Qaeda e IS se han implantado en la frontera, muchos israelíes están agradecidos porque las negociaciones fracasaron. Por su parte, los palestinos sienten que su causa ha sido abandonada por los árabes que en otro tiempo lo tuvieron.

Los encuestadores dicen que la oposición a la idea de paz basada en la creación de un estado palestino junto a Israel es más fuerte entre los jóvenes de ambos lados, los de 18 a 24 años. Sus padres pudieron haber conocido una época sin barreras internas y relaciones cordiales, aunque desiguales, entre árabes y judíos. Hoy en día la mayoría de los jóvenes israelíes y palestinos tienen poco contacto.

La vida en Israel, segura detrás de la pared de seguridad y la mental que dice que "no hay socio para la paz", es más cómoda de lo que ha sido durante la mayor parte de la corta vida del país. La seguridad ha mejorado, por ahora. La economía está en auge. Y a medida que su política se vuelve más chauvinista, su sociedad se abre de otras maneras. Los ciudadanos árabes de Israel, que vivieron bajo la ley marcial hasta 1966, se están integrando cada vez más económicamente. En Jerusalén, algunos judíos y árabes se desafían en el backgammon y bailan el dabke palestino. La música israelí está redescubriendo los ritmos y tonos del Oriente. El ejército da la bienvenida a mujeres y gays, a pesar de las objeciones de algunos rabinos. Los viejos conflictos sobre la observancia del sábado son, en su mayor parte, cosa del pasado. Incluso en Jerusalén, han surgido islas de secularismo.
Visita las playas o los pulsantes bares de Tel Aviv, comiendo gambas tailandesas no kosher, discutiendo el último algoritmo y viendo la hermosa juventud a la deriva, y te imaginas en California. Cincuenta años después de 1967, se ha vuelto demasiado fácil para Israel olvidar que, a un corto trayecto en coche, la ocupación de los palestinos se ha vuelto casi permanente.

miércoles, 15 de octubre de 2014

G6D: Un análisis de Jauretche

ENSEÑANZAS DEL CONFLICTO ISRAELÍ 
Por Arturo Jauretche

En una nota publicada en "Azul y Blanco", que coincidió con la aparición de la desgraciada Ley de Hidrocarburos, sostuve que la coyuntura del conflicto árabe-israelí ofrecía una oportunidad para juzgar una estrategia propia en el problema del petróleo. Pero esto supone una concepción soberanista de la política y no una concepción ideológica, que es la habitual, hija de la falta de estrategia o, mejor dicho, de la aceptación de que la Argentina sólo puede realizar una política apendicular ya que sus motivaciones no son las de su propia concepción política, sino la de las grandes metrópolis que marcan alineamientos en función de sus intereses, encubiertos bajo la máscara ideológica.

Creo oportuno ahora, continuando ese pensamiento, mostrar cómo los acontecimientos del Cercano Oriente han variado la situación en esa neurálgica zona del abastecimiento petrolífero. Aparentemente la Unión Soviética en su respaldo a los países árabes ha perdido una partida. Vamos a analizar la nueva situación para ver quién efectivamente ha perdido. Para esto se hace necesario desentrañar un conjunto de situaciones.

Resulta evidente que la actitud de Egipto amenazando con la destrucción del Estado de Israel y con la guerra inmediata era un "bluff" de Nasser cuyo destinatario no era el aparente. De otra manera, resulta inexplicable la sorpresa y la inoperancia de los árabes ante la brusca y eficacísima operación de su adversario potencial. Nasser no creyó ni remotamente en la rápida reacción israelí, que le permitió colocarse como agredido, recogiendo en cambio todos los frutos de una efectiva agresión que aparece ampliamente justificada como acto defensivo. Israel recogió el "bluff", que simplemente tendía, con el pretexto de la guerra, a afirmar el predominio de Nasser y posiblemente terminar con la estructura feudal de Transjordania y la Arabia Saudita.

La derrota de los árabes importa aparentemente la derrota de la Unión Soviética en su política de apoyo a los mismos. Pero otra cosa ocurre si se considera en una perspectiva más amplia la situación del Cercano Oriente. Recordemos la actitud de los Estados Unidos en el anterior ataque al Canal de Suez conducido por Inglaterra, Francia e Israel. En ese momento Estados Unidos interviene decididamente para restablecer el statu quo. ¿Por qué Estados Unidos buscó el mantenimiento de ese equilibrio siendo que sus aparentes intereses y sus simpatías estaban mucho más cerca de Israel, de Francia y de Inglaterra? ¿Por qué, habiendo apoyado y promocionado el desarrollo de Israel, Estados Unidos se opuso a la expansión de su ahijado?



Es que para Estados Unidos, Israel es sólo un enclave en el Cercano Oriente y una cabecera de puente para el caso de una emergencia extrema que ponga en peligro el abastecimiento de petróleo. Su política tiende a la consolidación del Estado de Israel, pero no a la creación de una especie de Vietnam en el Cercano Oriente, pues un estado de conmoción permanente deterioraría la función abastecedora que sólo puede cumplirse de una manera práctica en la paz. Por consiguiente, Estados Unidos no podía desear, y mucho menos alentar, la alteración del statu quo, aunque fuera a favor de Israel, en cuanto implica la perspectiva que tenemos delante: un estado de guerra y convulsión que tenderá a hacerse endémico. Con este criterio actuó cuando el Canal de Suez.

En cambio, esto le puede convenir a Rusia por la misma razón que no le conviene a Estados Unidos. El primer fruto que recoge es la pérdida de posición de Nasser en el mundo árabe, y el alza paralela del predicamento de Siria y de Irak, que son los países árabes, cuya conducción sale valorizada del acontecimiento. Siria e Irak están más radicalizados que Egipto, y Rusia prefiere tratar con ellos, a negociar constantemente con un líder de inmenso prestigio que sólo es un aliado eventual que practica una política propia. Son mejores aliados por cuanto la influencia soviética puede hacerse valer en ellos con mucha más eficacia que en Egipto. Al mismo tiempo la declinación de Nasser y el fracaso de la "guerra santa" como instrumento de realización nacional para los árabes autoriza a suponer que, establecido un carácter de guerra permanente y convulsional —así sea fragmentaria— se producirá la rápida radicalización del movimiento pan-árabe. Una cosa es actuar sobre el mundo árabe a través de Nasser, que moverse sobre afinidades socialistas que abren la única perspectiva de lucha continuada, o de un estado de incertidumbre moteado de constantes episodios bélicos, que bastan para perturbar el suministro petrolífero.

Haciendo el balance resulta que Rusia obtiene como consecuencia de la victoria israelí la cesación del statu quo, que en el episodio de Suez había defendido Estados Unidos, y en el que no se hace necesaria su intervención directa para proteger su abastecimiento. Consigue al mismo tiempo el traspaso de la conducción del mundo árabe a manos mucho más afines con las suyas, Siria e Irak, y la deseada radicalización del mundo árabe como consecuencia necesaria. En cambio, Estados Unidos tiene que asistir a la ruptura del statu quo y a todos los efectos que se acaban de señalar que benefician a Rusia.

¿Qué gana, en cambio, con el triunfo israelí, que si bien amplía el enclave, subordina la política de Estados Unidos a la de este pequeño estado que lo arrastra a una situación que Estados Unidos no busca ni desea, como sería el tener que actuar directamente frente a las conmociones que se producen en el mundo árabe? El comando israelí apreció debidamente la situación. No sólo operó con rápida eficacia en la acción guerrera. También lo hizo en la acción política impidiendo con su rapidez la intervención apaciguadora de Estados Unidos, que resultó tan sorprendido como Nasser. Anotemos: entre los errores de Nasser que hay que sumar al "bluff" mal jugado sus declaraciones sobre la intervención de la aviación norteamericana e inglesa, que nada confirma, y que por el contrario ha servido aún más para debutar su prestigio.

Hay un episodio que la información telegráfica ha terminado por apagar y que sin embargo, tiene mucha importancia para la apreciación de los hechos. ¿Cómo se explica el vigoroso ataque a una unidad naval norteamericana donde se produjeron 30 muertos por la fuerza aérea israelí? La confusión es inadmisible, pues no pudo creer el comando israelí que se trataba de una nave egipcia de tal porte y que Egipto no tiene. Además el ataque fue continuado hasta el desmantelamiento de la nave. Pero todo se comprende a la luz de las versiones que identifican la nave norteamericana como un centro de comunicaciones emplazado precisamente para que los Estados Unidos pudieran actuar con rapidez en la emergencia, impidiendo que el juego israelí saliera de sus manos.

El C.I.A. ha noticiado que no se trata de un crucero sino del Liberty, nave supuestamente dedicada a estudios oceanógraficos que en su oportunidad anduvo en el Atlántico Sur. En realidad es un centro de comunicaciones dependiente del C.I.A. y al destruir sus medios el comando israelí se aseguró el tiempo necesario para evitar toda intervención mediadora de los Estados Unidos y de su flota marítima y aérea del Mediterráneo, pero especialmente evitó lo que en términos técnicos llaman el "jamming", que consiste en interferir comunicaciones mezclándolas, en una operación en que ha sido fundamental, según los datos suministrados, el sistema de comunicaciones entre las unidades motorizadas israelíes dirigidas por un gran especialista, Rabin. Así resulta inexacta la afirmación de Nasser de la intervención norteamericana en favor de los israelíes cuando el comando de éstos actuó precisamente con suma eficacia y con una desaprensión verdaderamente germánica, valga la humorada, para evitar la neutralización prosemita de los Estados Unidos. En este caso los semitas son los árabes, particularmente los árabes palestinos que en realidad no descienden de árabes sino de los campesinos judíos que permanecieron en Palestina después de la Diáspora, y que oportunamente se romanizaron, y luego se arabizaron.

Pero esta es otra historia que sería muy útil para poner en su lugar el disparateo racista.

Así la operación israelí cumple dos objetivos con toda eficacia: uno guerrero, que consiste en el aniquilamiento de su adversario. Otro político, que consiste en impedir la intervención del tercero que puede malograr aquél. Se ha visto que Rusia, tras la derrota de su ahijado árabe, gana posición en Medio Oriente, en cuanto la pierde Estados Unidos; también resulta claro que el ahijado de Estados Unidos juega su propia política al margen de su padrino, y contra la estrategia del mismo.

Arriesgadísima operación que revela en el comando israelí un conocimiento perfecto de la debilidad de Estados Unidos. ¿Cuál es la debilidad de Estados Unidos? Que por razones de política interna ni Johnson en particular, dentro del Partido Demócrata, ni los demócratas en conjunto, ni tampoco los republicanos pueden en este momento aplicar la política internacional de sus conveniencias, que es decir el restablecimiento del statu quo, pues hacerlo los llevaría a aparecer como amparando a los árabes, en cuyo caso quien condujera esa política sería electoralmente derrotado por la gravitación que la causa judía tiene dentro de los Estados Unidos a través de la prensa, el dinero y la colectividad israelita.

Es una situación parecida a la que Rusia tiene dentro de la estructura política de su partido internacional, el común que como consecuencia de este conflicto sufre la mayor de su historia. Con todo, Rusia ha jugado la carta, carta que sólo es posible con una unidad de conducción monolítica como la que emplea en su política internacional y que le permite perder contingentemente en unos aspectos para ganar en otros más permanentes. Estados Unidos no puede hacer lo mismo y esta es la dramática situación a que se ve abocado su gobierno. Tímidamente Johnson trata de ir paulatinamente restablecimiento de la anterior situación, pero no le será posible porque a su vez tiene que cuidar su situación electoral y las fuerzas internas que lo determinan y en las cuales gravita decisivamente la proyección norteamericana del Estado Israelí.

De tal manera, el coloso del Norte pierde el papel con director en el Cercano Oriente, que pasa a manos de la pequeña República de Israel, que no se resigna a funcionar como simple enclave de emergencia. Los acontecimientos tendrán que llevar a los Estados Unidos, no pudiendo retornar al statu quo, a tener que jugar detrás de la pequeña nación. Interesante experiencia que nos revela cómo una pequeña nación, jugando inteligentemente sobre las debilidades de un gran imperio, aprovechando las coyunturas, puede conducir a éste a servir su propia política. ¿Aprenderemos nosotros alguna vez a jugar nuestras cartas?

Estas reflexiones nos sirven para mostrar cómo una concepción nacional de la política permite a las pequeñas naciones utilizar las coyunturas de fricción para jugar su propio juego.

domingo, 22 de junio de 2014

G6D y GYK: Planificación y conflicto en las dos guerras



Las estrategias en conflicto en las guerras árabe-israelíes de 1967 y 1973 


Es un paper interno que se desclasifico en 1996 y debe verse en el contexto de la iniciativa para desmitificar la supuesta supremacía occidental y estadounidense en particular. En conjunto con este paper, se hicieron estudios detallados y "realistas" de las capacidades soviéticas, las tácticas y doctrina, la historia militar de las campañas de los soviéticos y sus aliados y dependientes, con el objetivo de eliminar la peligrosa sensación de superioridad que invadió la mentalidad militar americana y occidental hasta casi los finales de la guerra fría.


Parte I 

Introducción

Alcanzar la victoria en un periodo de tiempo muy corto y con relativamente pocas bajas es el objetivo deseable para todos los ejércitos modernos en una guerra convencional. La Guerra de los 6 Días (5-10 de Junio de 1967) vio a la IDF alcanzar un triunfo de similares características por sobre los ejércitos combinados de Egipto, Jordania y Siria. Como resultado de esta notable campaña, Israel emergió como la «superpotencia» de medio oriente, apareciendo como invencible al aplicar la guerra de maniobras (Manouver Warfare) contra cualquier coalición árabe. A partir de alli, lo aconsejable seria no desafiar a un enemigo militarmente tan superior como Israel en una guerra general convencional. Pero, en contra de la lógica  el 6 de Octubre de 1973, a menos de siete años de la debacle anterior, Egipto y Siria se arriesgaron a desafiar nuevamente a dicho enemigo. Siendo fuertemente consciente de que sus chances de victoria eran pocas, el nuevo presidente de Egipto, Anwar Sadat, puso en practica una estrategia de guerra diseñada para alcanzar los objetivos sin una victoria militar. 

Esto nos lleva a una importante lección acerca de los limites del poder militar. 
La actuación descollante de Israel en el campo de batalla en 1967 fallo en lograr la paz con sus vecinos árabes  De hecho, la determinación árabe se endureció gracias a la humillante derrota. Mientras tanto, la dramática victoria militar creo un estado inconsciente en Israel que seria la semilla de su perdición  La actuación estelar de la IDF en 1967 creo un estándar de excelencia irreal , que seria virtualmente imposible de repetir en en el futuro. Mas aun, los israelíes esperaban que la performance de los árabes en el próximo conflicto seria tan abismal como en 1967. En vez de discernir entre estos dos conceptos, la IDF cayo, inconscientemente  en la trampa de prepararse para la próxima guerra pensando en como se peleo la anterior, con el agravante de hacerlo con arrogancia y confianza excesiva. 

En respuesta a esto, los egipcios, guiados por Sadat, explotaron la visión y estructura mental de los israelíes con una combinación de guerra y diplomacia. El shock y letalidad creado por la guerra de 1973, sumado a la actuación de Sadat como estadista, cambio la política y actitudes de Israel. Al final, el nuevo gobierno de Israel firmo un tratado de paz con Egipto que devolvió el Sinai y cambio el mapa político de medio oriente para siempre. 

Los logros egipcios deberían llevar a la reflexión a todos aquellos países que confían en la superioridad de sus fuerza militares por si solas para enfrentar un conflicto potencial. Y USA, cae dentro de esta definición

La Guerra « Relámpago » de los 6 días. 
La guerra de 1967 tranformó a Israel en una superpotencia regional: un pequeño pero belicoso David, derroto, con suficiencia, a un formidable Goliath. La IDF tenia todas las razones para vanagloriarse de su victoria, tanto por la victoria militar en si misma, como por los beneficios económicos y sociales que le trajo a Israel. Después de la guerra, parecía que la esperanza de los países árabes de igualar el poderío de Israel desaparecía inexorablemente. A pesar de ello, en 1973, Egipto y Siria fueron a la guerra sabiendo cabalmente que les seria imposible derrotar decisivamente a los Israelíes  Sorprendido con la guardia baja, la IDF no pudo duplicar la actuación de 1967. Las consecuencias de esta guerra de 1973 solo pueden analizarse a la luz de la guerra de 1967. 

El 5 de Junio de 1967, Moshe Dayan, Ministro de Defensa de Israel, lanzo el ataque diseñado para humillar a Egipto a través de la destrucción de sus fuerzas armadas.Una importante lección de la campaña de 1956 condiciono la estrategia final seguida por Dayan. En 1956, Israel derroto a las Fuerzas Armadas Egipcias y capturo la península del Sinai, en conjunto con las fuerzas armadas de UK y Francia, que por su parte destruyeron a la fuerza aérea egipcia y capturaron las ciudades de Port Fuad y Port Said, las dos ciudades costeras a la entrada norte del canal. Esta sin embargo fue una victoria ilusoria, ya que la reacción internacional obligo a los vencedores a retirarse de los territorios capturados. Egipto, militarmente derrotado, resurgió de la crisis con su ejercito y su presidente Gamal Nasser apareció como un héroe antiimperialista internacional, transformándolo en el líder de la comunidad árabe y del movimiento de “No Alineados” 

En 1967, Dayan quería evitar lo que ocurrió en 1956. Dayan tomo el cargo de ministro de defensa de Israel el 1ro de Junio de 1967, cinco días antes del comienzo de la guerra. Al revisar los planes de guerra, los encontró inaceptables. El plan requería que la IDF ocupara la franja de Gaza y la parte noreste de la península de Sinai, para usarlas como piezas de negociación  Dayan rechazo estos objetivos limitados. Dayan le dijo al Estado Mayor de la IDF que Israel debía evitar la repetición de 1956 donde Nasser, derrotado militarmente, obtuvo una victoria política  Solo una victoria militar aplastante evitaría la repetición. Consecuentemente  Dayan amplio los objetivos para incluir la captura de la península en su totalidad. El objetivo de la IDF era destruir la mayor cantidad de las fuerzas armadas egipcias como fuera posible. El pensamiento de Dayan era que una victoria de este tipo no solo derrotaría a Nasser pero lo humillaría y lo eliminaría como lider del mundo árabe. 

Para agregarle dramatismo a la escena, Israel gano la guerra superado en numero y en potencia de fuego. La IDF, con 250'000 hombres, 1'000 tanques y 275 aeronaves de combate, destruyo una coalición árabe de 300'000 hombres, 2'000 tanques y 500 aviones de combate. Como consecuencia de la guerra, Israel cuadruplico su tamaño, agregando 26'476 millas cuadradas de territorio. Esta adquisición proveyó a Israel de fronteras mas defendibles y mas profundidad estratégica  lo que incrementó la sensación de seguridad. Las perdidas israelíes en la guerra sumaron 983 muertos, 4'517 heridos y 15 desaparecidos, una figura pequeña comparada con los mas de 10'000 muertos egipcios. Jordania, que participo reluctante de la guerra, perdió 80% de sus vehículos blindados, tuvo mas de 700 muertos y mas de 6'000 heridos. Para los sirios, las perdidas fueron similares a las sufridas por Jordania. El carácter aplastante de la victoria hizo soportables las perdidas humanas en Israel, y crearon muy poco criticismo en el publico israelí  Nadie se atrevió a criticar la campaña. 

La confianza de Israel en si misma se disparo después de guerra, apoyada por los clamores internacionales. Analistas internacionales ensalzaron la performance de la IDF. Dichos análisis crearon la mística occidental acerca de la maquinaria bélica israelí, un sentimiento que continuo hasta 1973 y que aun hoy deja trazos imborrables. 

La magnitud de la victoria israelí sugería que los árabes necesitarían varios años para recuperarse y embarcarse en otro conflicto armado. Egipto, por ejemplo, perdió 85% de su fuerza aérea y 80% del total de su equipo terrestre. Israel, al contrario, se embarco en programas para incrementar su capacidad de combate, fortaleciéndose en los años posteriores al conflicto. La industria de defensa israelí floreció. Para 1973, Israel, a pesar de ser un pequeño país de algo mas de 3 millones de habitantes, pudo producir un caza como el Kfir, artillería media y pesada de largo alcance, el misil Aire-Aire Shafrir, misiles aire-tierra, el bote misilístico Reshef, el misil antibuque Gabriel, toda clase de instrumentos y equipos electrónicos  municiones y sistemas de control de fuego. Todo con la ayuda financiera y tecnológica de occidente. Estos logros, llevaron a la IDF a la era de la guerra electrónica y sirvieron para aumentar la confianza de la sociedad israelí en las capacidades de sus fuerzas armadas. 

Otros indicadores no militares, apoyan la idea de Israel como la superpotencia de la región  Demográficamente, 31'071 judíos se establecieron en Israel en 1968, un 70% mas que el año anterior. Esta tendencia continuo en los años subsiguientes, especialmente en 1972, cuando la URSS abrió la emigración para los judíos hacia Israel. Estas olas de inmigrantes, se sumaron a los turistas que en 1967 eran de 325'000 hasta 625'000 en 1970, atrayendo capitales frescos. Económicamente, la captura de los territorios árabes proveyó nuevos mercados, mano de obra barata y recursos naturales invaluables. Los pozos petroleros de Abu Rudeis en el Sinai, proveían la mitad de las necesidades de crudo del país  mientras que el control de la Alturas del Golan permitieron canalizar las aguas del río Jordan hacia el Mar de Galilea, permitiendo ganar 12'000 hectáreas de tierra fértil en el valle de Chula. El boom económico de la posguerra redujo el desempleo a menos del 3 %, transformando la recesión de preguerra en un boom con tasas de crecimiento que en 1968 llego al 13 % y en 1970, al 9 % sostenido. El numero de automóviles privados se duplico entre 1968 y 1973, otro signo de prosperidad y estabilidad económica lograda. 

Políticamente, Israel aparecía a la vanguardia de la estabilidad y continuidad. A pesar de que algunos israelíes propugnaban una reconciliación con los árabes  nunca hubo un debate interno es esa dirección  Las presiones externas es ese sentido tampoco se materializaron. El status quo se convirtió en moneda corriente, validando el “Gran Israel”, conteniendo ahora una población árabe, grande pero tranquila. Internacionalmente, USA reemplazo a Francia como el principal soporte externo. Teniendo a la mayor potencia de occidente como aliado, reforzó la posición de Israel con respecto a sus vecinos, ya que ni la administración Johnson ni la de Nixon solicitaron a Israel la retirada de los territorios ocupados, como lo había hecho Eisenhower en 1956. Todo indicaba que Israel era una fortaleza inexpugnable, defendida por unas fuerzas armadas invencibles. Pero la IDF estaba lejos de ser invulnerable.

Parte II 

Los tres pilares de la victoria de 1967 
Después de la victoria de 1967, ningún ejército o coalición árabe aparecía como capaz de disputarle la supremacía militar a Israel. La victoria de 1967 se baso en 3 pilares: Inteligencia, Fuerza Aérea y Fuerzas Acorazadas. Estos tres pilares permitieron a los israelíes ganar ampliamente a pesar de estar en inferioridad numérica  Estos tres pilares también  resultan ser áreas criticas de la Guerra de Maniobras (Manouver Warfare). Pero los egipcios, en conjunto con los sirios, encontrarían maneras de explotar las vulnerabilidades israelíes en cada una de estas tres áreas  cuyo efecto acumulativo cambio la historia de Israel, Egipto, medio oriente y la organización y doctrina de las fuerzas armadas de USA. 



Un pilar fue la Inteligencia. La victoria de 1967 se baso en la excelente información que la comunidad de inteligencia israelí recolecto acerca de los ejércitos árabes. En las vísperas de la campaña, los comandantes israelíes poseían conocimiento detallado de los planes de guerra árabes  capacidades, vulnerabilidades, disposiciones de tropas y desplazamientos. Espías bien colocados, el uso de elementos tecnológicos y la pobrísima seguridad árabe fueron la claves del éxito de inteligencia. Después de la guerra, Israel mantuvo el aparato de inteligencia de primera clase. 




Los egipcios reconocieron públicamente el éxito de inteligencia israelí  Un año después de la guerra, Muhammad Heikal, consejero privado de Nasser, proveyó un relato intimo del éxito israelí, enfocado en el ataque aéreo preventivo. De acuerdo a lo dicho por Heikal, la IDF destruyó en el suelo a la casi totalidad de la fuerza aérea egipcia en menos de tres horas, gracias a la inteligencia acumulada y un excelente análisis. En vez de atacar al amanecer o al anochecer, como lo esperaban los egipcios que ocurriría  si ocurría  los israelíes atacaron entre las 0830 y las 0900, cuando, según sabían los israelíes  las defensas israelíes estarían mas expuestas. Ademas, los israelíes sabían del viaje que el Mariscal Adb al-Hakim Amer, comandante general de las fuerzas armadas egipcias, tenia programado para visitar e inspeccionar un cuartel en el Sinai. Todos los comandantes generales de las fuerzas armadas de Egipto estaban concentrados en el aeropuerto de Bir Tamada, para recibir a Amer. El ataque se produjo cuando Amer estaba en el aire, dejando a las tropas egipcias sin sus comandantes en el momento de crisis. Ademas del timming, los israelíes sabían que aeropuerto atacar primero, buscando eliminar primero a los Tu-16 y los MiG-21, que habitualmente rotaban entre bases. La ultima declaración de Heikal, fue a su vez un cumplido y una critica: “ellos sabían demasiado acerca de nosotros, y nosotros sabíamos muy poco acerca de ellos”. El mensaje era claro: los egipcios debían ganar la guerra de inteligencia si deseaban tener alguna ventaja militar sobre la IDF en el próximo conflicto. 



Por otro lado, el éxito llevo a los israelíes a confiarse. Para el próximo conflicto, los israelíes esperaban ganar nuevamente la guerra de inteligencia. En efecto, para 1973, el Director de Inteligencia Militar de la IDF, General Eliyahu Ze’ira, prometía que podían proveer como mínimo 48 horas de preaviso en caso de un ataque árabe  tiempo suficiente para movilizar las reservas y ganar la superioridad aérea  Todos los planes de guerra israelíes se basaban en esta premisa. Una sorpresa árabe no estaba considerada en ningún plan israelí  Pero prometer este preaviso era no solo irreal, era suicida. 

El segundo pilar fue la Fuerza Aérea Israelí. En 1967, y volando mayormente aviones de origen francés  los pilotos israelíes destruyeron 304 aviones egipcios en tierra y casi otros tantos Sirios y Jordanos después  Este éxito sorprendente que entro en los anales de la guerra aérea  dependió de la inteligencia detallada, el planeamiento detallado y un entrenamiento superior. El control de aire permitió a las fuerzas terrestres israelíes avanzar mas fácilmente y con velocidad. La guerra de 1967 confirmo la necesidad de superioridad aérea en la guerra moderna. En consecuencia, Israel baso todos sus planes futuros en mantener la superioridad aérea, con una mejor calidad y un numero de aeronaves al menos comparable a los árabes. 

Para 1973, la mitad del presupuesto de defensa de Israel era para la Fuerza Aérea  con sus 17'000 hombres. EL numero de aeronaves de combate creció de 275 en 1967 a 432 en el verano de 1972. Para entonces, se había pasado de una fuerza aérea mayormente provista de aeronaves francesas a una provista de aeronaves americanas, incluyendo 150 Skyhaws, 140 Phantoms, 50 Mirages y 27 Mystere IVA. Por otro lado, la Fuerza Aérea Egipcia, con 23'000 hombres, tenia aeronaves de origen soviético  incluyendo 160 MiG-21, 60 MiG-19, 200 MiG-17 y 130 Su-7. Para desagrado de los egipcios, los soviéticos se rehusaron a entregar los mas avanzados MiG-23 y Tu-22. A pesar de la ventaja numérica de los egipcios combinados con los sirios, los israelíes tenían una amplia ventaja tecnológica en misiles aire-aire y equipamiento electrónico  Ademas, los pilotos israelíes poseían un mejor y mas amplio entrenamiento, con un mínimo de 200 horas anuales por piloto comparado con las 70 horas anuales de los pilotos egipcios, con un sistema mas centralizado, basado en dirección desde centros terrestres. En combates aire-aire, los pilotos israelíes ampliamente superaban a sus contrapartes egipcios, y estos entendían que la Fuerza Aérea era el eslabón débil de sus fuerzas armadas. 



Pelear una guerra moderna en el desierto abierto sin una fuerza aérea competitiva es suicida, como lo confirmó la Guerra de los 6 Días  Pero el dilema de adquirir competitividad en el aire era solo una mitad del problema egipcio. Los egipcios también querían adquirir la capacidad de conducir ataques estratégicos en Israel, como disuasión y también como represalia, en caso que los israelíes iniciaran este tipo de ataques. A la luz de estos dos elementos, el alto mando israelí  con pocas excepciones, confiaba que Egipto evitaría lanzarse a una guerra abierta contra Israel sin asegurarse primero suficiente poder aéreo para desafiar a la IDF en el aire. Se creía que Egipto necesitaría varios años en adquirir dichas capacidades. Como lo demostró la comisión Agranat, establecida después de la guerra de 1973 para analizar las fallas en el conflicto, los planes a largo plazo israelíes se basaron en esta idea, que se probo equivocada. A pesar de que los soviéticos proveyeron a los egipcios con misiles Scud un par de meses antes de la guerra, Egipto se preparaba para un tipo de guerra diferente, una que no dependía de una fuerza aérea competitiva. 

El tercer pilar eran las fuerzas acorazadas. En 1967, después de lograr la ruptura del frente en Rafah y en Abu Ageila, en el Sinai oriental, las brigadas de tanques, con poco o sin apoyo de infantería  penetraron en el desierto y realizaron un avance fantástico atravesando el Sinai hasta la costa del canal. El éxito de la IDF se baso en la habilidad demostrada por sus comandantes tácticos  su iniciativa, y el las tácticas de disparo y movimiento (Fire & Movement) usadas por las tripulaciones. En consecuencia, después de la guerra, el énfasis presupuestario del ejercito se puso en la fuerza de tanques. La infantería y artillería fueron relegadas a un segundo plano, al punto que algunas unidades de infantería se convirtieron a unidades de tanques. Brigadas con solo tanques se convirtieron en la norma, con las unidades de infantería mecanizada reducidas doctrinariamente a las tareas de limpieza del terreno, post combate. Para compensar por esta dependencia en el tanque, la IDF contaba con ganar la superioridad aérea rápidamente, para luego pasar a ser una « artillería volante » en apoyo de las fuerzas terrestres. 

En esencia, la IDF se preparo para pelear la guerra anterior. En vez de preparar una fuerza mas balanceada, centrada en las armas combinadas, la doctrina israelí se baso en lo que anduvo mejor en la guerra de 1967: Inteligencia, fuerza aérea, fuerza acorazada. Y esperaban que los árabes pelearían en la misma forma que en 1967. 

La victoria de 1967 fijo estándares que ahora le eran exigidos a la IDF como normales. Y aquellos que esperan victorias relámpago se ven expuestos a grandes frustraciones  Solo era cuestión de que sus adversarios aprovechasen dichas vulnerabilidades;del otro lado del canal, estaban los egipcios y Anwar Sadat.


Esta es la traducción (y resumen) de un paper de investigación del Instituto de Estudios de Combate de la Escuela de Estado Mayor del US Army en Leavenworth, Kansas, acerca de la guerra arabe-israeli de 1973 conocida como Guerra del Yom Kippur, ya que se desato en medio de la fiesta religiosa judía.