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sábado, 20 de junio de 2020

Peronismo: El bombardeo del 16 de Junio de 1955

El bombardeo a la Plaza de Mayo: 29 impactantes fotos del expediente judicial a 65 años de la trágica jornada 

El 16 de junio de 1955 naves de la Aviación Naval y de la Fuerza Aérea arrojaron bombas sobre el centro porteño, en un intento por dar un golpe y terminar con la vida de Juan Domingo Perón. Las imágenes del día en que la muerte asoló las calles
Infobae







Paseo Colón e Hipólito Yrigoyen. Fotos aportadas por la Policía Federal al expediente judicial por los bombardeos de la Plaza de Mayo.





Autos quemados sobre la calle Hipólito Yrigoyen.





Pared ametrallada del Ministerio de Hacienda de entonces.





Huellas de la metralla en las paredes del Ministerio de Hacienda y de la vieja sede de Aerolíneas Argentinas.





Un trolleybus destrozado. Uno de los tantos daños ocasionados por el bombardeo de la aviación Naval sobre Plaza de Mayo.





Dos autos destruidos. Otra consecuencia del intento de golpe de Estado contra Juan Domingo Perón.





Un auto incendiado y una de los centenares de víctimas de los bombardeos sobre civiles, policías e integrantes del Ejército.





Dos mujeres muertas. Dentro del trolleybus más víctimas del intento del Golpe del que se cumplen 65 años. El saldo de la cruenta jornada fue de al menos 364 muertos y más de mil heridos.





Otro de los muertos. Y las marcas de la metralla.





Metralla sobre un colectivo. Hubo muertos dentro de los medios de transporte.





Tierra arrasada. La zona de Plaza de Mayo luego de la masacre producida por los bombardeos.





Restos de los autos que estaban estacionados sobre la calle Balcarce frente a la Casa Rosada.





Nada quedó del auto que circulaba por la avenida Paseo Colón.





Restos de un vehículo sobre la calle Balcarce.





La foto policial sumada al expediente rezaba: "vista de vehículos dañados, cables desprendidos y efecto de la metralla...".





Paseo Colón entre Alsina e Hipólito Yrigoyen. Cráter producido por las bombas arrojadas sobre la población civil.





Ciudadanos muestran un cráter cerca de la Casa Rosada.





Parte de una de las bombas que no explotó y que fue incautada por los policías. Tenía 25 kilos de trotyl.





Monumento a Belgrano frente a la Casa Rosada. En 2010 la secretaría de Derechos Humanos logró identificar a 309 de los muertos.





Uno de los despachos de la Casa Rosada. El bombardeo tenía como objeto derrocar a Perón.





Pasillo de la División Comunicaciones en la planta baja de la Casa Rosada.





Destrucción de la casa de gobierno. La aviación Naval bombardeó la Plaza de Mayo.





Escombros en la terraza de la Casa Rosada. Perón sería derrocado meses después.





Boquete en el techo de la Casa Rosada. Una de las tantas muestras de los daños producidos por los bombardeos.





Destrucción de la terraza de la Casa de Gobierno. El registro fotográfico policial volcado al expediente judicial.





Manifestantes con banderas argentinas luego del bombardeo a Plaza de Mayo.





Una de las "poderosas bombas demoledoras que no explotaron", como se la describe en la fotografía policial.





Una bomba que no explotó rodeada de gente. Junio de 1955. Plaza de mayo.





Militares revisan una bomba que quedó en un cráter. De fondo la Casa Rosada.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Revolución Libertadora: Los comandos civiles que devinieron en Montoneros

De comando civil antiperonista a militante montonero: un peregrinaje recurrente

Un tránsito que no debe sorprender tanto. Fueron frecuentes las conversiones de jóvenes “gorilas” en los 50 hacia el peronismo en los 70

Por Aldo Duzdevich || Infobae


Comandos civiles con brazaletes blancos

Mesa de café de viejos militantes setentistas, recurrentemente hablando de historias. Alguien inicia una frase en tono de confesión: “Bueno...yo en el 55...estuve con los comandos civiles”.

Para mí no es sorpresa la confesión; hace tiempo rastreo ese peregrinaje. Sobre todo en militantes que provienen de la raíz católica. Desde que leí el libro de Florencio José Arnaudo, sobre los Comandos Civiles, quedé impresionado por la similitud de vivencias de aquellos muchachos y la de los jóvenes católicos de clase media que, en los setenta, nos vincularíamos con la lucha armada.

Los comandos fueron grupos de civiles que se armaron en apoyo del golpe del 55

En otras notas he contado la historia de Diego Muñiz Barreto, un “niño bien”, jefe de comandos civiles, que destruyó con una bomba la Escuela Superior Peronista en los 50 y terminó siendo diputado por la JP-Montoneros en 1973. Y la de Mariano Castex, compinche de Diego en el intento de matar a Perón en 1953. Y la de otros jóvenes antiperonistas que terminaron siendo conocidos militantes en los 70 como Rodolfo Walsh, Rodolfo Ortega Peña, Eduardo Duhalde, Carlos Mugica, Augusto Conte Mac Donnel, Luis Cerruti Costa, Conrado Eggers Lan, Emilio Mignone, Norma Kennedy, Carlos Corach, entre otros. Y la repetición de apellidos de comandos civiles y montoneros; Landaburu, Nogueira, Bourdieu; Botto; Casares; Cullen; Van Gelderen; y por supuesto Bullrich Pueyrredón.

Desfile triunfal tras la Liberación

Gustavo, que ya pisa los 80 años, tras asegurarle que no se divulgaría su nombre, accedió a contarme su historia: “Pertenezco al círculo de familias ricas o de la oligarquía de los años 40. Me formé con los jesuitas. Me mandaron pupilo al Inmaculada de Santa Fe, donde en los 60 estuvo de profesor Jorge Bergoglio. Un colegio fundado en 1610 por los jesuitas, con muchísima tradición. Recuerdo que en mi época, en las fechas patrias, los del Inmaculada desfilábamos de saco azul y máuser al hombro. Si bien éramos chicos de la oligarquía, los curas nos llevaban a los hospitales y a las villas a ayudar a la gente. Recuerdo una villa que se llamaba ‘el Piquete’. Por supuesto que el ambiente del colegio era muy antiperonista”.

Así como en 1955 el Inmaculada irradió Comandos Civiles, a mediados de los 70 las familias “bien” dejaron de mandar sus hijos al “Inmaculada” por considerarlo “cuna de montoneros”. Al menos 15 importantes cuadros montoneros pasaron por sus aulas, entre ellos los hermanos Molina Benuzzi, Juan Carlos Soratti,Carlos Laluff y Luis Roberto Mayol.

Distribución de armas entre comandos civiles

“Cuando ingresé a la facultad todos mis amigos eran antiperonistas –sigue relatando Gustavo-; éramos los pibes de la oligarquía, todo nuestro ambiente familiar y social era muy antiperonista. Perón era sinónimo de todo lo malo, era ladrón, dictador... había miedo que nos expropien los campos. Había que sacarlos. Era un Boca-River, sin demasiados análisis políticos. Nosotros éramos los buenos y ellos -los peronistas- eran los malos.”

“Una de las primeras cosas que hicimos fue ir a proteger la Iglesia de San Nicolás de Bari, pusimos las mangueras de incendio en las ventanas para repeler un supuesto ataque. Después el obispo nos sacó cagando...”. “También recuerdo que el día del bombardeo el 16 de junio, nos juntamos en una esquina cerca de Plaza de Mayo, con brazaletes blancos; no sabíamos bien qué iba a pasar, pero como a las 11 de la mañana nos dieron orden de desconcentrarnos”.



 

“Los días después del golpe me tocó acompañar a Gendarmería en el allanamiento a un sindicalista en el conurbano, recuerdo cómo lloraba la mujer. Otra vez durante una huelga de colectiveros, fuimos movilizados a manejar colectivos, íbamos de a dos, armados con pistolas 45.”

“Esas son las cosas que recuerdo de mi paso por los comandos civiles, yo tenía 19 años, como te cuento no tenía mucha conciencia política de lo que pasaba, era más bien una cuestión de pertenencia a una clase, y al grupo de amistades donde me movía”.


 

“Seguí mis estudios, me recibí y me dediqué a trabajar en mi profesión. Tal vez por la frustración que significó todo lo que siguió a la Revolución Libertadora, yo, como muchos otros jóvenes fuimos modificando nuestra visión de la realidad. No fue un acto individual, varios amigos míos fueron evolucionando en su manera de pensar y entender la historia y la política. En mi caso personal por mi profesión tenía mucho contacto con obreros. Comencé a descubrir la realidad de la gente humilde y trabajadora; las dificultades para sostener sus familias, los dramas que muchos vivían. Aquella enseñanza cristiana, de ‘ponerse en el lugar del otro’, que me inculcaron en mi adolescencia los jesuitas del Inmaculada, me hizo reflexionar y discernir nuevos rumbos en mi forma de pensar y actuar."

El padre Carlos Mugica, párroco en la Villa 31

"Después de 1966 me acerqué nuevamente a la universidad, donde ya había muchos vientos de cambio. Era un espacio donde se debatían las nuevas ideas. En esas charlas fui descubriendo otra forma de ver el peronismo. Luego alguien me conectó con el padre Carlos Mugica. Comencé a ir a la Villa 31. Y allí ya me vinculé con compañeros militantes del peronismo, y algunos que estaban en la lucha armada. Tiempo después me integré a Montoneros. Por mi profesión, tuve a cargo algunas tareas clandestinas muy importantes. Pero, en el año 75 ya tenía muchas diferencias y varios compañeros míos dejaron la organización por diferencias políticas. Yo decidí mudarme al interior y recomenzar una nueva vida alejado de la militancia. Y aquí estoy….”



En esta historia breve y simple se esconde todo un trasfondo histórico, que todavía no ha sido puesto en debate, como tantos otros temas de nuestro doloroso pasado reciente.

No soy amigo de los juicios apresurados, de las versiones cerradas y de las conclusiones fáciles. Solamente tomar como enseñanza que la historia no es lineal, ni mucho menos binaria. Que la versión de un mundo dividido en bandos de buenos y malos, solo sirve para explicarle a los niños las películas de piratas. Pero en política suele suceder que los “malos” de ayer, son los “buenos” de mañana y viceversa. Y, segundo, que cada hecho histórico hay que analizarlo con la hermenéutica de la época, meterlo en el contexto en el que se desarrolló.

Solo así revisar la historia nos servirá para aprender, y no repetir los errores y desencuentros del pasado.


Aldo Duzdevich es autor de “La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Peron” y “Salvados por Francisco”

domingo, 6 de octubre de 2019

Revolución Libertadora: Teisaire, el vicepresidente que se volvió decente

Alberto Teisaire, el vice de Juan Domingo Perón que apoyó a la Revolución Libertadora: "Él no gobernaba, ordenaba"

Apenas derrocado el gobierno en 1955, aportó un extenso testimonio en contra del peronismo: "El sistema cerraba toda posibilidad de rebeldía, crítica o disentimiento"

Por Vidal Mario || Infobae

  La revista PBT anuncia la reelección de Alberto Teisaire como titular del Senado de la Nación


"Como tenía que ser, por peronista probado, presidente del Senado, reeligieron a Teisaire".

Así se refería la revista PBT del 9 de mayo de 1952 a la reelección de Alberto Teisaire como titular del Senado de la Nación.

Este "peronista probado", marino de profesión, era un buen y leal compañero.

El personaje cobró notoriedad cuando, tras el golpe militar de junio de 1943 encarado por el GOU, la dupla Farrell-Perón lo nombró ministro de Marina.


Tres años después fundó la agrupación política Partido Independiente y la puso a las órdenes de Perón para las elecciones presidenciales de febrero de 1946. Gracias al triunfo del coronel él obtuvo una banca en el Senado de la Nación.

En abril de 1954 fue elegido vicepresidente en reemplazo del fallecido Hortensio Quijano. Lo trajo como secretario privado a uno que unos cuantos años después sería particularmente famoso: el periodista Bernardo Neustadt.

En tres oportunidades fue presidente la república (por ausencia de Perón) y simultáneamente presidente del Senado y del Partido Peronista Masculino. En esos tiempos la residencia presidencial estaba en un espléndido parque rodeado por las calles Agüero, Alvear (hoy Libertador) y Austria, en el barrio de La Recoleta.

En una de las ocasiones en que ejerció la presidencia provisional, el 13 de febrero de 1953 firmó un decreto que disponía el traslado de la residencia presidencial para levantar en su lugar un gigantesco –nunca concretado- monumento a Eva Perón.

A lo largo de su carrera de senador presentó diez proyectos de leyes sobre homenajes y otorgamientos de honores a Perón.

Por todo ello, nadie esperaba que hiciera lo que hizo: apenas asilado Perón, reveló públicamente todo cuanto sabía de las miserias de ese gobierno que acababa de caer. "Perón nos obligó a esto", alegó en su declaración.

La cuestión es que hace 64 años un golpe militar terminaba con el gobierno de Perón.

  Eduardo Lonardi

Entre las voces que en los días posteriores se escucharon figuraban las de Jorge Luis Borges, Victoria Ocampo, Ricardo Balbín, Arturo Frondizi y Cipriano Reyes. Pero la que conmocionó al país fue la declaración del contraalmirante Teisaire.

Nadie esperaba que justamente él pudiera haber sido capaz de semejante actitud.

Su testimonio público duró 12 minutos y, entre muchas otras cosas, reveló:

"La conducta de Perón como gobernante y su deslealtad para los que en él creyeron, su cobarde y vergonzosa deserción frente al adversario que lo hizo abandonar al gobierno y a sus colaboradores, me habilitan para la actitud que asumo.

Estimo que no tengo por qué guardar respeto ni consideraciones para quien no las tuvo con nadie, ni siquiera con el país, de cuyos destinos dispuso a su antojo.

Algunos se preguntarán cómo fue que viendo tanta podredumbre moral e infamia ya no acusase en su momento al responsable directo de ese estado de cosas.

Mi respuesta es que el sistema cerraba toda posibilidad de rebeldía, crítica o disentimiento a quienes no comulgaban incondicionalmente con sus ideas y sus planes.

Todo el que levantara su voz contra Perón era marcado como traidor o vende patria y perseguido en todos los terrenos, conjuntamente con su familia.

Disentir era quedar expuesto a la cárcel y a la persecución, que se extendía a amigos y familiares.

Disentir o rebelarse comprometía la libertad, el honor y los bienes propios y familiares.

  Alberto Teisaire

Discrepar con Perón fuera del peronismo era peligroso y disentir con él dentro del partido o del gobierno era exponerse a todos los peligros imaginables.

Por eso muchos de los hombres que ocuparon posiciones prominentes en el régimen y después fueron arrojados por la borda sin explicaciones guardaron prudente y cauteloso silencio acerca de lo que les había sucedido.

Yo también podría haberme ausentado del país o asilarme en alguna embajada extranjera.

Me quedé para no seguir el desgraciado ejemplo de Perón, quien después de utilizarnos, engañarnos y entregarnos se fugó en un barco de guerra extranjero. Lo suyo fue una traición a sus partidarios, a sus compatriotas y al país.

Perón, que hizo derramar sangre de obreros, de soldados y de ciudadanos terminó huyendo en el momento más crítico y cuando todavía las cosas no estaban decididas.

Mientras los trabajadores daban "la vida por Perón" él tuvo miedo de dar su vida por los obreros, y huyó.

Abandonó al partido peronista que siempre le acompañó con lealtad y sacrificio. No fue leal ni se sacrificó por su partido, y también abandonó a las mujeres partidarias, que tanto creían en él aunque él nunca creyó en ellas.

Se asiló bajo bandera extranjera, hecho único en la historia nacional. Los dos únicos presidentes constitucionales derrocados por una revolución (Yrigoyen y Castillo) afrontaron la situación con entereza, asumiendo la responsabilidad de su magistratura frente a quienes encabezaron aquellas sediciones.

Sin embargo, Perón, que tantas manifestaciones de hombría, de coraje y de valor había hecho, tuvo miedo y huyó.

Bonito ejemplo nos dejó el "conductor", el "líder", el "libertador" que nosotros idealizamos y ensalzamos con un candor y buena fe realmente increíbles.

Digo todo esto con la esperanza de que no vuelva a haber en el futuro, en un pueblo sano y bien intencionado como el nuestro, ídolos tan falsos como Perón.

Frente a su deserción considero que hablar es para mí un deber inexcusable. Con esto no eludo ninguna responsabilidad ni busco atenuar las que me alcancen, pero tampoco eludiré manifestar la verdad, aunque esta verdad sea dura y amarga.
 
El tirano pedófilo Perón

Para someter al pueblo, a las instituciones y a los hombres Perón creó un sistema calcado de los regímenes totalitarios, organizando un aparato de represión de alcances inauditos.

Fingiendo ideales democráticos construyó un sistema de dominación que no tiene antecedentes.

No compartió el poder con nadie, de modo que las responsabilidades de su gobierno son pura y exclusivamente suyas y de los que se prestaron por sumisión, ignorancia o complicidad, a fraudes o dolos administrativos de toda clase.

Nadie puede llamarse a equívocos, hay un solo responsable de todo: Perón. Uno sólo inspiraba y ordenaba: Perón. No consentía ni admitía a nadie que lo aconsejase o ayudase. Por lo tanto, a nadie puede culparse del desastre sino a él.

Mucha gente humilde y de buena fe creyó en su lealtad al pueblo, en su sinceridad, en su honradez. Es a esa gente que me dirijo para advertirles del error en que vivían, de la mentira en que creyeron y de la estafa de que han sido víctimas.

Muchos recién se dieron cuenta del engaño cuando se fugó del país cuando todavía estábamos en medio de la batalla defendiéndolo.

En cuanto a la crisis con la Iglesia, nació del despecho que le produjeron los éxitos de público en los actos estudiantiles de Córdoba frente al fracaso de los mitines de la UES, institución creada por él como instrumento político. Perón fabricó la conocida leyenda de la intromisión clerical en la política, y para ello inventó hechos imaginarios y pruebas que a la postre resultaron ser falsas.

Engañados, hicimos un acto en el Luna Park donde algunos oradores creyendo en su palabra y en sus afirmaciones censuramos la intromisión de la Iglesia en la política. Después supimos que todo había sido un fraude preparado por Perón.

Seguidamente intentó arrancar de las dos Cámaras una ley de expropiación de la Catedral, para lo cual le hizo presentar un proyecto al ministro Méndez San Martín.

Juan Domingo Perón junto a Alberto Teisaire

Varios nos opusimos a ese proyecto y evitamos la consumación de otro atropello contra la Iglesia.

Igualmente, quiso eliminar al Partido Conservador y al Partido Socialista del panorama cívico argentino sólo porque no concurrieron a las elecciones de 1954.

En cuanto a la Alianza Libertadora Nacionalista, era una fuerza de choque para ejercer violencia no sólo contra adversarios sino también contra los propios partidarios.

Sobre la forma en que ejercía el poder, él manejaba absolutamente todo.

Nada de lo que su gobierno hizo o dejó de hacer se concretó sin su consentimiento.

Él no gobernaba, ordenaba.

Ya en los últimos tiempos de nuestro gobierno se dedicó más a los estudiantes de la UES, al deporte y a los artistas, y nadie se ocupaba de los asuntos de gobierno.

Nada se resolvía, todo se atrasaba y todo se dejaba para después porque nada podía hacerse sin su visto bueno.

Por otra parte, Perón carecía absolutamente de sentimientos. No tenía sentimientos ni para la madre, ni para la esposa, ni para el hermano, ni para nadie.

Cometió la más grande estafa a su pueblo porque lo estafó en sus sentimientos, en sus ilusiones y en su decoro.

Los obreros deben saber que las mejoras que obtuvieron fueron un derecho, no favores de Perón; fueron conquistas merecidas y legítimas de la clase trabajadora.

Otro tema: los permisos de importación y de exportación estaban exclusivamente en manos de estas tres personas: Jorge Antonio, Tricerri y Aymar.

Premiaban con permisos de exportación a gente ajena al comercio y la industria: actores o actrices, deportistas y paniaguados del ex presidente, quienes recibían dichas órdenes en pago o recompensa de elogios a su persona.

Cuando los acontecimientos lo cercaron y él sintió los impactos negativos de la opinión pública, conmovida por la quema de la bandera y de los templos, lanzó su penúltima farsa: ofrecer su renuncia tanto al partido como a la CGT.

Allí terminó de recibirse, definitivamente, de modelo de hipocresía y simulación.

Su decisión de renunciar precipitó mi renuncia y la de otros funcionarios y magistrados.

Creíamos que con ello le evitaríamos a la Argentina los trágicos días que se veían venir.

Renunciamos porque sinceramente creímos que Perón iba a hacer lo mismo.

Todos creímos en la sinceridad de su decisión de renunciar por el bien del país.

Pero apenas horas más tarde él pronunció la violenta arenga del 31 de agosto.

Los que estábamos ahí nos quedamos fríos cuando en lugar de hablar de renunciar dijo que debíamos matar cinco adversarios por cada uno de nosotros.

Los argentinos debemos extraer de la dura lección que acabamos de pasar la idea de mirar hacia adelante pero ya despojados de idolatrías de ninguna especie".

Semejante sinceramiento no impidió que el ex vicepresidente Teisaire fuera juzgado y enviado a la Isla Martín García, donde permaneció hasta el año 1958. Quienes lo juzgaron también lo privaron de su grado y del uso de su uniforme.

sábado, 3 de agosto de 2019

Montoneros: El escabroso asesinato de Pedro Eugenio Aramburu

La horrorosa trama detrás del secuestro y asesinato de Pedro Eugenio Aramburu

Los entretelones del crimen que abrió las puertas a la violencia que se desató en la década del setenta. Cómo se organizó la llamada “Operación Pindapoy” y cómo reaccionó en primera instancia el peronismo
Por Juan Bautista "Tata" Yofre ||  Infobae

 

El teniente general Alejandro A. Lanusse relató que en mayo de 1970 el país vivía un clima de generalizada desazón, que repercutía en las filas del Ejército. Por esta razón le pidió a Juan Carlos Onganía que realizara una exposición a los altos mandos de la Fuerza en Olivos. La cita se llevó a cabo en un salón cerrado cercano al chalet presidencial el 28 de mayo de 1970.
"La exposición -recordó Lanusse- fue lisa y llanamente una catástrofe nacional (…) Con la Nación a punto de estallar, el Jefe del Estado, calmosamente, se dedicó ese 27 de mayo a dibujar pirámides jerárquicas que indicarían nuevas ideas para lograr estructuras participacionistas. La filosofía era de un corporativismo literal, puro, en que intentaba embretarse la pasión política de los argentinos".

A medida que el Presidente iba exponiendo se notaba la sorpresa frente a la irrealidad y el desasosiego. El general Jorge Raúl Carcagno, luego de un tiempo prudencial, le preguntó a Onganía en cuánto apreciaba la duración de la etapa para concretar los objetivos que se exponían y el Presidente dijo: "Es un proceso muy largo. No se puede reestructurar la sociedad en diez o veinte años".

A la mañana siguiente el ministro de Defensa, José Cáceres Monié, mantuvo un off the record con los periodistas acreditados ante su cartera. Conocía lo sucedido el día anterior y les advirtió: "No creo ya que podamos seguir nuestras conversaciones informales sobre los planes del Gobierno Nacional. A partir de la exposición presidencial de ayer, no podemos esperar sino una acción enérgica del Ejército".

Así se llegó al viernes 29 de mayo de 1970 en que se celebró el Día del Ejército en el Colegio Militar de la Nación y se cumplía un año del Cordobazo. Como era una costumbre, tras las palabras del comandante en Jefe se pasó a un salón para un brindis. El general Onganía, en presencia de los otros dos comandantes en Jefe preguntó a Lanusse qué repercusión habían tenido sus palabras ante el generalato. La respuesta fue cauta pero sincera: "Las conclusiones que sacaron los generales fueron, por supuesto, variadas, pero puedo ubicar, dentro de la amplia gama de puntos de vista, a dos sectores: el sector de los generales que no entendieron lo que usted quiso decir y el sector de los generales que están en total desacuerdo con lo que usted dijo".

En ese instante del diálogo, un oficial se apersonó e informó que había sido secuestrado el general Pedro Eugenio Aramburu. El lunes 1º de junio se realizó una primera reunión del Consejo Nacional de Seguridad. Al día siguiente se llevó a cabo la segunda, de manera desordenada, en la que el ministro Imaz puso de relieve la condena peronista al secuestro del ex presidente de facto. Lanusse completó el concepto diciendo que Jorge Daniel Paladino, el entonces delegado de Juan Domingo Perón en el país, también culpaba al gobierno y propuso convocar a la dirigencia política. Una idea que fue considerada sacrílega por Onganía.

El miércoles 3 de junio, Paladino le escribió a Perón que desde el 30 de mayo había querido comunicarse con él por teléfono pero que no lo llamó para "no ponerlo en el compromiso de que sus primeras opiniones, mi General, dichas así con la información deficiente que yo podría darle telefónicamente, fueran grabadas como graban todo aquí y pasaran a estudio de los múltiples servicios de informaciones. Entendí que en estos momentos Perón es la última palabra y no debíamos jugarla de entrada".
  Pedro Eugenio Aramburu fue presidente de facto durante la llamada “Revolución Libertadora”

"Por la misma razón, aunque les dije que sí, no concreté finalmente un pedido que me hicieron esta mañana Rogelio Frigerio y monseñor Antonio Plaza. Vinieron a verme juntos y me sugirieron que lo llamara a Ud. por teléfono, mi General, para solicitarle algo así como un 'llamado a la pacificación'. Mi opinión es que Perón es la reserva final que tiene el país en estos momentos, y debe hablar en el instante preciso y sin pedido de nadie. Por otra parte es dar mucha ventaja, gastar lo más importante que tiene el Movimiento, que yo aparezca pidiéndole desde aquí por teléfono una definición que a su vez han sugerido otras personas. La situación del país hoy es crítica y puede ser grave. Ya le hablaré de esto", agregó Paladino.

"Hasta el momento no se sabe si Aramburu está vivo o está muerto. Lo que sí parece claro es que el secuestro ha sido obra de elementos organizados adictos al gobierno. Ya los sectores 'gorilas', civiles y militares, comienzan a acusar a Onganía. Por lo que yo sé esta actitud se irá incrementando. Además estos sectores se han dedicado a hacer la investigación del hecho que la policía y el gobierno no saben o no quieren hacer. El gobierno está dando espectáculo con miles de hombres en la 'gran cacería', helicópteros y aviones, como en las películas. Pero todo el mundo sospecha que se trata de un gran 'camelo'. En los 'comunicados' de los secuestradores se advierten dos cosas: una, que no atacan ni al gobierno ni a la situación del país. Dos, que sugieren que son peronistas. Es decir, tratan de echarnos la culpa a nosotros. Pero todo ha sido tan burdo que en este aspecto han fracasado. Ni las masas se han dejado engañar, generalizándose la creencia general que la mano del gobierno está en esto, ni los 'gorilas' se han confundido. Prueba de esto es que los ex 'comandos civiles' han dado un documento que ha sorprendido a muchos invitándonos a 'dialogar'. Descartan cualquier participación peronista en el hecho y dicen que ya no son enemigos nuestros, aunque unos y otros piensen distinto, sino 'adversarios políticos'", continuó.
 

Sigue Paladino: "Esta actitud de los 'gorilas' auténticos, más la visita de Frigerio y Monseñor Plaza, más otra visita del Dr. Enrique Vanoli, segundo de Balbín, y otros contactos de sectores políticos no peronistas, constituyen uno de los elementos del nuevo panorama". Según el delegado de Perón, tanto para unos como otros el peronismo era la "niña bonita" y todos querían contar con el Movimiento o "por lo menos no tenerlo ya de 'enemigo'".

Un peronista en el Edificio Libertad

A través de un "gestor" se le preguntó a Paladino si estaba dispuesto a conversar con el jefe de la Armada. Contestó que sí. "Siempre que se tratara de un diálogo franco y a la luz del día, esto es, el Movimiento no estaba dispuesto a escuchar monólogos y tampoco clandestinidades. Rápidamente llegó la respuesta y la reunión se hizo a las 13 horas y duró hasta las 15, en la propia sede del Comando en Jefe de la Armada. Estaban el titular del arma y actual presidente de la Junta de Comandantes, Almirante Pedro Gnavi, y el Comandante de la Aviación Naval, Contralmirante Hermes Quijada", describió el delegado.

Según relató, Paladino fue recibido cordialmente y los jefes navales no entraron inicialmente en el tema, sino que pidieron conocer el pensamiento del peronismo sobre "la actual situación". El dirigente, entonces, recordó "las palabras de Perón sobre las básicas que habían provocado lo que había ocurrido y lo que estaba ocurriendo. Que el pueblo argentino no estaba resignado a seguir soportando ser espectador de la ruina de su patria. Intercaló entonces el almirante Gnavi que, en su opinión, el error principal del actual gobierno era no haber fijado una fecha para una salida política. Que a su juicio esta debía ser con absoluta libertad, sin proscripciones de ninguna naturaleza y ajustada a las estructuras políticas que tuvieran vigencia en nuestro país, pues hasta que no aparezcan otras mejores debíamos ajustarnos a ellas. Sugirieron varios otros subtemas y llegamos al punto que a ellos les interesaba más, según supongo: el caso Aramburu. Yo ya había convocado la conferencia de prensa para dar nuestra posición. Me manifestaron que no pretendían que les adelantara lo que iba a decir en esa conferencia, pero que sí podía ser importante conocer la línea general. Respondí que no tenía inconveniente y le anticipé que el Movimiento, dentro de la Doctrina fijada y mantenida por Perón desde hace 25 años, iba a condenar el hecho. Pero no ese hecho aisladamente, que no era más que una consecuencia, sino la política total impuesta al país que era la causa de todo. Estuvieron de acuerdo, según sus expresiones". También Paladino condenó la situación de destierro que sufría Perón.

En cuanto al pensamiento expresado por Gnavi, en nombre de las Fuerzas Armadas, ya que Paladino entiende que está "actuando como canciller de las tres armas en este momento del proceso", el Delegado lo resumió así: "
1º) Onganía debe convocar a los dirigentes políticos representativos;
2º) Luego de esa apertura, que debe ser diálogo real y no monólogo, constituir un gobierno de conciliación o pacificación nacional;
3º) Onganía debe fijar fechas para la salida política que debe ser 'republicana, representativa y federal'. Concretamente: fecha para elecciones sin proscripciones. Implícitamente surgió de la expresión de este pensamiento, que ya se le habría anticipado a Onganía, que el plan va a realizarse con Onganía o sin Onganía."

En la misma carta, el Delegado cree oportuno aclarar que él no puede asegurar que las palabras de Gnavi son sinceras, pero que en el Movimiento "el único que toma o deja los compromisos es Perón" y así lo afirmó en la reunión.

En cuanto al aniversario del Cordobazo le informó que, a diferencia del año 1969, ésta fue una jornada "totalmente peronista". "Como en el paro del 23 de abril –dice Paladino – los marxistas brillaron por su ausencia (…) de todos modos esto nos permitió demostrar que el peronismo sólo llena las calles, con algunos sectores aliados, claro está, pero manejando nosotros el proceso. En 1969 no hubo un solo grito o cartel de 'Perón'. Esta vez fue la técnica no solo en Córdoba, sino en todas las provincias donde se hicieron manifestaciones de intensidad y violencia variables. Y me parece que todo va encajando, mi General. Porque la agitación que estamos haciendo con los actos en las provincias, y esta demostración con menos coches quemados, pero nuestra, del 29 de mayo y días anteriores, explica por qué las Fuerzas Armadas consideran necesario hablar con el Movimiento. Hasta ahora no existíamos para ellos, salvo contactos clandestinos de tercer y cuarto orden para arreglos 'personales'."

Los chicos del Pindapoy

Hoy pocos dudan de la autoría de Montoneros en la muerte de Aramburu. Algunos sostendrán que la Operación Pindapoy se hizo para impedir la caída de Onganía, pero lo cierto es que el presidente de facto ya estaba condenado a partir de la reunión de Altos Mandos del Ejército del 27 de mayo. Es más, quizá hubiera caído antes si no fuera porque todo quedó en segundo plano tras el secuestro de Aramburu.

Otros dirán que los integrantes del grupo montonero habían sido armados y financiados por gente cercana al gobierno. Sobran razones que prueban alguna conexión con uno u otro integrante del comando. Pero nadie puede probar ni la instigación ni mucho menos la complicidad en el asesinato.

Sus miembros, casi todos, venían de vertientes ligadas con el nacionalismo y la Juventud Católica; otros del catolicismo postconciliar. Habían pasado – como Fernando Abal Medina y Emilio Ángel Maza—por la Guardia Restauradora Nacionalista, una escisión gorila de Tacuara. Esther Norma Arrostito había militado en "La Fede" comunista, lo mismo que su marido Rubén Ricardo Roitvan. Arrostito fue más tarde pareja de Abal Medina. Maza, Abal Medina y Arrostito, a su vez, se entrenaron en Cuba, en 1968, en el marco de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), una suerte de multinacional de bandas terroristas digitadas desde La Habana e insertadas en la Guerra Fría.

  Parte de una ficha de contacto en el aeropuerto de Praga en el que aparecen los apellidos Arrostito y Abal Medina. Ambos apellidos son acompañados por lo de los falsos pasaportes cubanos, que se entregaban a aquellos que viajaban para recibir instrucción militar

Ignacio Vélez, lo mismo que Maza, había sido cadete del Liceo Militar General Paz. En definitiva fueron ocho los que intervinieron en la Operación Pindapoy contra Aramburu: Fernando Abal Medina, Carlos Gustavo Ramus, Ignacio Vélez Carreras, Emilio Ángel Maza, Carlos Capuano Martínez, Mario Eduardo Firmenich, Norma Arrostito y su cuñado Carlos Maguid. Así lo relataron el 3 de septiembre de 1974 en el semanario La Causa Peronista Nº 9, en el último ejemplar del semanario que dirigía Rodolfo Galimberti. El relato fue tomado como una provocación por el gobierno. No estaba equivocado: 72 horas más tarde la organización Montoneros pasaba a la clandestinidad mientras gobernaba en la Argentina la presidenta constitucional María Estela Martínez de Perón.

El segundo motivo que dio la organización para aplicar la condena de muerte al ex presidente fue que "preparaba un golpe militar…y del que nosotros teníamos pruebas". Tenían razón porque era vox populi que Aramburu era una figura de recambio para poner fin al onganiato.

  Párrafo del inédito informe realizado por el Tercer Cuerpo tras la detención de los integrantes de la organización que copó la localidad de La Calera. Este informe conecta a los asaltantes con el secuestro de Aramburu y comienza a resolverse el caso

En un trabajo, mecanografiado, sobre la historia de Montoneros que se le atribuye a Arrostito mientras estaba presa en la ESMA, y que fue sacado por una detenida, la participante del secuestro va a decir que la "ejecución" del ex presidente de la Revolución Libertadora se llevó a cabo el 9 de junio de 1970. Sin embargo, en otras de las tantas contradicciones, la organización en su comunicado Nº 4 del 2 de junio va a informar a la población que a las 7 de la mañana de ese día "ha sido ejecutado Pedro Eugenio Aramburu".

La última entrevista que Héctor Sandler (en 1963 y 1973, diputado nacional) tuvo con Aramburu se llevó a cabo cuando el militar volvió de Costa Rica, invitado por el presidente José Figueres. Según el dirigente de UDELPA, el partido fundado alrededor de Aramburu en 1962, el encuentro se realizó en la cocina del departamento de Montevideo 1053, 8º A. El mandatario costarricense, según Sandler, le había dicho a Aramburu: "General, hágase cargo del poder en la Argentina, porque si no es así va a haber un baño de sangre". Sandler observó que Aramburu estaba sorprendido y alterado. También le dijo que esto que va a pasar acá no son ajenos algunos intereses monopólicos norteamericanos.

Para la dirigencia de la organización peronista Guardia de Hierro, "a Aramburu lo asesinaron no porque fuera Aramburu fusilador, sino que era el Aramburu que había comprendido su error y acababa de conversar con Perón". Ricardo Rojo me relató que Perón y Aramburu mantenían un hilo de comunicación. Él reconoció ser un conducto, de los pocos. "Aramburu estaba trabajando con Perón", le dijo Sandler al general Bernardino Labayru y, a las horas del secuestro, durante una conferencia de prensa, denunció la complicidad del gobierno en el hecho.

"Queríamos privar al régimen de su carta más importante para la salida demoliberal dando con ello un golpe durísimo al sistema. Aramburu era el hombre de recambio del régimen, contando para ello con el apoyo de los generales y oligarcas, su prestigio entre los sectores gorilas e imperialistas y su intentona populista de acercamiento al peronismo apoyada por la traición cómplice de algunos tránsfugas", afirmó un miembro de la organización armada al diario cubano Granma en diciembre de 1970.

La portada de la revista “Panorama” en julio de 1970

Onganía invitado a devolver el cargo de Presidente

Entre el 29 de mayo y el 8 de junio de 1970 se sucedieron innumerables reuniones entre el presidente Onganía y los Comandantes en Jefe; de funcionarios de la Administración Pública con altos jefes militares; cónclaves de altos mandos en las tres Fuerzas Armadas; conciliábulos de dirigentes políticos, todo bajo un clima de desinterés general de la población. El sistema se había conmovido y la figura de Onganía, la denominada esfinge estaba hecha trizas. Reclamaba una autoridad que ya no tenía y una seriedad que había perdido el 27 de mayo. El poder no estaba en la calle, se encontraba en los cuarteles y había llegado la hora del reemplazo.

El lunes 8 de junio, el Comandante en Jefe del Ejército emitió un comunicado, a las 11.20 por Radio Rivadavia, informando que "la responsabilidad asumida por el Ejército, en la Revolución Argentina, es incompatible con la firma de un nuevo cheque en blanco al Excelentísimo señor Presidente de la Nación, para resolver por sí aspectos trascendentales para la marcha del proceso revolucionario y los destinos del país".

A las 14.55, los tres Comandantes en Jefe dieron a conocer una declaración, informando que reasumía "de inmediato el poder político de la República", e invitaba "al señor teniente general Onganía a presentar su renuncia al cargo que hasta la fecha ha desempeñado por mandato de esta Junta".