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viernes, 19 de enero de 2018

Guerra Antisubversiva: EA homenajeará a muertos en el copamiento a Azul



El Ejército recordará a militares muertos por ataques guerrilleros en democracia

Mariano de Vedia || La Nación

Con un homenaje al coronel Camilo Arturo Gay, al teniente coronel Jorge Roberto Ibarzábal y al conscripto Daniel González, que murieron durante el intento de copamiento de la guarnición militar de Azul perpetrado por el ERP en 1974, el Ejército iniciará mañana una serie de actos para reconocer públicamente a los caídos en defensa de las unidades castrenses en períodos constitucionales.

Se trata de una decisión del jefe del Ejército, teniente general Diego Suñer, que encabezará el homenaje de mañana, a las 19, pero también dispuso organizar actos similares a lo largo del año en reconocimiento a otros militares y civiles ultimados en distintas acciones guerrilleras.

El soldado Daniel González también será homenajeado. Foto: Gentileza Frente de la Guarnición Militar de Azul


El ataque a la guarnición de Azul constituye un caso paradigmático. Allí cayeron los dos jefes de la unidad, que enfrentaron la ofensiva del ERP para secuestrar armamentos el 19 de enero de 1974, tres meses después de que Juan Domingo Perón asumiera su tercera presidencia.

Al ingresar a la guarnición, los atacantes asesinaron al soldado conscripto González y luego al coronel Gay, jefe del regimiento de Caballería de Tanques 10. Su esposa, Norma Ilda Casaux, fue tomada de rehén junto a sus dos hijos y murió al recibir una ráfaga de ametralladora de uno de los guerrilleros. Uno de los hijos de Gay estará presente en el homenaje. Su hermana, que no pudo superar la tragedia, se arrojó al vacío años después.

Entrada del Frente de la Guarnición Militar de Azul. Foto: Gentileza Frente de la Guarnición Militar de Azul

Ibarzábal fue secuestrado y mantenido cautivo durante diez meses, hasta que fue ejecutado por sus captores cuando lo trasladaban y se encontraron ante un control policial en San Francisco Solano.

Como es habitual en estos casos, ambos oficiales y el conscripto González fueron ascendidos post mortem por el Ejército al grado inmediatamente superior.

La secuencia de actos seguirá el 28 de mayo, con el recuerdo del combate de Manchalá, cerca de la localidad tucumana de Río Colorado. En ese enfrentamiento con más de cien combatientes del ERP, durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón, en 1975, el Ejército recuperó documentación del ataque planificado para el día siguiente en el puesto de comando táctico de Famaillá, incluida una maqueta de la unidad.
La entrada del Frente de la Guarnición Militar de Azul luego del ataque del 19 de enero de 1974. Foto: Gentileza Frente de la Guarnición Militar de Azul


El caso Larrabure y la Operación Primicia


Los homenajes seguirán el 11 de agosto para recordar al coronel Argentino del Valle Larrabure, secuestrado en agosto de 1974 durante el copamiento de la Fábrica Militar de Villa María, también planificado por el ERP para hacerse de armas y municiones.

Larrabure era el subdirector de la unidad y fue retenido en una "cárcel del pueblo" durante 372 días, en una superficie de dos metros de largo por uno de ancho. El cadáver apareció en agosto de 1975, tras ser mantenido en cautiverio, cerca de Rosario.

Recientemente, el juez federal Nº 4 de Rosario, Marcelo Bailaque, denegó el pedido del hijo del militar, Arturo Larrabure, para considerar el caso crimen de lesa humanidad, tal como lo había sostenido en su dictamen el fiscal general Claudio Palacín.

El Ejército rendirá homenaje el 6 de septiembre al teniente coronel Raúl Juan Duarte Ardoy segundo jefe del Regimiento de Infantería Nº 1 Patricios, ultimado durante un ataque al Comando de Sanidad organizado por el ERP, en el barrio de Parque Patricios, durante el gobierno constitucional de Raúl Lastiri. El militar murió de un disparo mientras se producía la rendición del grupo guerrillero.

El último homenaje previsto será el 5 de octubre, para recordar a un subteniente, un sargento, ocho soldados y un agente de la policía de la provincia muertos en el ataque al Regimiento de Infantería 29 de Formosa, por parte de Montoneros. Se trata de la llamada Operación Primicia, que incluyó el secuestro de un avión de pasajeros.

martes, 26 de diciembre de 2017

Guerra Antisubversiva: La Navidad de 1975 en Tucumán

La Nochebuena del General Videla

En 1975, después del intento de copamiento del ERP al Batallón Arsenal de Monte Chingolo, el entonces comandante del Ejército voló a Tucumán para brindar con los soldados del Operativo Independencia. Su mensaje al país para “vencer el desorden y la inseguridad”

Por Marcelo Larraquy || Infobae
Periodista e historiador (UBA)



Todavía había cuerpos tirados en el Batallón de Arsenales 601 Domingo Viejobueno, y en sus calles adyacentes, cuando el comandante del Ejército, general Jorge Rafael Videla volaba hacia Tucumán para celebrar la Nochebuena de 1975 junto a los soldados del "Operativo Independencia"

Los títulos de los diarios, ese día, informaban: "Más de cien guerrilleros asaltaron un arsenal del Ejército en Monte Chingolo"; "La lucha más encarnizada se libró ante el portón de la unidad militar"; "Mueren más de 50 extremistas al atacar un batallón en M. Chingolo".

El ataque, al general Videla, no lo sorprendió.

Lo esperaba.

Había recibido la información el domingo 21 en una reunión de altos mandos, de boca del coronel Alfredo Valín, el jefe del Batallón de Inteligencia 601. Desde 1974 la inteligencia militar había "infiltrado" a un espía en las filas del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo). El espía, Jesús Rainier, "El Oso", después transportar durante semanas las armas para una operación de la que no conocía su blanco, finalmente lo informó: "Monte Chingolo".

El ataque al Batallón sería el lunes 22 de diciembre. Su arsenal tenía 13 toneladas de armamentos.

Los altos mandos dispusieron refuerzos. Se movilizaron tanques, carriers, miles de efectivos en torno a la unidad.

Un militante del ERP que había instalado en los días previos una mesa de venta de pan dulce en las cercanías del Batallón alertó la novedad.

El ataque no se produjo.

Decepcionados, los altos mandos militares decidieron bajar el "alerta roja", disponer los francos correspondientes, restablecer la rutina, reducir la guardia, para inducir al ERP al ataque que había anunciado su espía. La violencia guerrillera convenía a las Fuerzas Armadas, impactaba a la sociedad, los acercaba al golpe de Estado.

El jefe del ERP, Roberto Santucho, recibió informes de que la operación había sido advertida por el enemigo. Había un infiltrado. La ordenó igual.



El ataque guerrillero se produjo en las últimas horas de la tarde del martes 23, mientras Videla compartía un vino de honor con los periodistas acreditados el edificio del Libertador.

La operación se inició cuando un camión de transporte de bebidas robado rompió el portón de la unidad, y le abrió el paso a tantos otros nueve vehículos. Un coronel apostado en una torre del tanque de agua del arsenal lo advirtió desde sus binoculares.

En forma simultánea, los guerrilleros tomaron puentes a lo largo del Camino General Belgrano, en el sur del conurbano bonaerense, también atacaron comisarías y el Regimiento 7° de Infantería de La Plata.

La respuesta militar fue terrestre y aérea, con helicópteros artillados, birreactores Aeromacci y aviones bombarderos livianos Camberra.

A las tres horas de combate, en las filas del ERP se escuchó la orden de retirada. Durante toda la madrugada del 24 de diciembre, iluminada por los helicópteros, la Infantería hizo rastrillajes por las villas y los bordes del Riachuelo, donde algunos se habían dispersado. La guerrilla tuvo entre 60 y 70 bajas. Algunos de ellos fueron fusilados luego de haberse rendido. En las villas se calculó que hubo 40 muertos. Las Fuerzas Armadas y de seguridad perdieron 10 hombres.

Videla sabía que sus sectores afines apoyarían la masacre posterior al intento de copamiento.

No erraba.

"Es posible decir que el saldo impresionante (…) del episodio de Monte Chingolo produjo en muchos un sentimiento de alivio: cien muertos son cien enemigos menos, y si fueron más, mejor, cualquiera haya sido la manera de su muerte", editorializaría la revista católica Criterio, al mes siguiente.

El 24 de diciembre al mediodía, cuando la violencia guerrillera ya estaba controlada, el general Videla voló a Tucumán.

Pensó que desde allí debía hablarles a los argentinos. El país estaba conmovido y entendería sus palabras. Ya no debía arengar a los soldados del Ejército ni hacer discursos para el Gobierno, como único destinatario.

Era hora de hablarle al país, y lo haría junto a los soldados que rastrillaban la espesura del monte tucumano en busca de los guerrilleros del ERP, que aspiraban a instalar una "zona liberada".

Sería el marco adecuado para dar a conocer su pensamiento en su mensaje de Nochebuena.

Apenas asumió la Comandancia, con un decreto de Isabel Perón en la madrugada del 28 de agosto, el general Videla, de 50 años, frío, pulcro, reglamentarista, sin condecoraciones, pero tampoco sin manchas en su legajo, sin haberse sumado nunca a complots o facciones internas, fue recibido con beneplácito por sectores civiles afines.

Se esperaba de él que fuese algo más que un jefe del Ejército.

La revista Cuestionario se preguntó, al mes siguiente de su designación, con la imagen serena de su rostro en tapa: "¿Cuál es el próximo paso de Videla?".

La revista Extra, del periodista Bernardo Neustadt, lo presentó, también en septiembre de 1975, como "uno de los más serios pensamientos que hoy se hospedan en el país".

El general Videla transmitía la imagen de un ejército que sólo quería orden y paz frente a una sociedad horrorizada por la violencia de la guerrilla, de la Triple A, de los que fueran.

Para ese orden, para esa paz, deberían morir los que debieran morir. Era el sacrificio. El general Videla lo explicó el 23 de octubre de 1975 en la XI Conferencia de Ejércitos Americanos, en Montevideo: "si es preciso, en la Argentina van a morir todas las personas necesarias para lograr la paz del país", diagnosticó.

Esa clase de discursos, que el gobierno de Isabel Perón avalaba con su silencio, luego se respaldarían con instrumentos jurídicos, decretos, directivas secretas.

*Con la creación del Consejo de Defensa –rubricado por la firma del gabinete de ministros y el presidente provisional Italo Luder, luego del ataque montonero al cuartel militar de Formosa del 5 de octubre-, las Fuerzas Armadas fueron autorizadas a intervenir en todo el país en la "lucha antisubversiva".


*El día 28 de octubre, una directiva secreta del Ejército (404/75) marcó las prioridades. Prioridad 1: Tucumán. Prioridad 2: Capital Federa – La Plata. Prioridad 3: Córdoba. Prioridad 4: Rosario/Santa Fe.

*Se modificó el Reglamento Militar, con la incorporación de LRD, "Lugar de Reunión de Detenidos". El "sospechoso" sería detenido en base a informes de inteligencias y trasladado al LRD para interrogatorios, sin posibilidad de defensa legal. LRD era el eufemismo de de "centros clandestinos".

Durante el gobierno de Isabel Perón, las Fuerzas Armadas y de seguridad crearían seis LRD.

Uno de ellos era "La Escuelita", en Famaillá, localidad de Tucumán donde el general Videla celebraría la Nochebuena. Dependía del Destacamento 142 de Inteligencia del Ejército, y reportaba información al comando del General Vilas.

Hasta ese momento, en diez meses de actuación del "Operativo Independencia", por allí habían pasado 1507 personas; 113 habían desaparecido.

El "exterminio físico del enemigo subversivo" era un discurso predominante en las fuerzas vivas de la provincia, identificadas con la acción militar.

En los hechos, el general Acdel Vilas, a cargo del "Operativo Independencia", era el poder fuerte en la provincia, por encima del gobernador peronista Amado Juri.

El comando táctico del general Vilas estaba asentado en la V Brigada de Infantería y además tenía a cargo tenía a cargo a la policía provincial, Federal y la Gendarmería.
El gobernador Juri había dado la bienvenida al  "Operativo Independencia" en la provincia en febrero de 1975.

"La intervención de las Fuerzas Armadas en la lucha contra la subversión apátrida ha encontrado el apoyo y la solidaridad del pueblo y el gobierno", había afirmado.

Pero el hecho de que el mismo Juri hubiera recibido  a los presos políticos tucumanos amnistiados en mayo de 1973, no lograba satisfacer el nivel de confianza que requería el ámbito castrense.

Durante 1975, guiados por el general Vilas, algunos diputados nacionales con cascos y chaquetas militares, se introdujeron en la pegajosa atmósfera del monte tucumano, con soldados que le abrían el paso a machetazos para que pudieran recorrer el bosque entre ramas hostiles; luego regresaban al llano saludando la labor de las Fuerzas Armadas y reclamando al pueblo que colaborara con "desinterés y alto sentido patriótico en la guerra contra la subversión".

El campeón del mundial de boxeo Carlos Monzón y otras figuras del deporte y el espectáculo viajaron al frente tucumano para saludar a los soldados conscriptos.

El Ejército quería dar a conocer la épica de su accionar para desterrar algunas "campañas de prensa" que desde el exterior desacreditaban al Operativo.

Las visitas se producían en un marco de violencia.



El 28 de agosto  de 1975 Montoneros había detonado una bomba a control remoto en el aeropuerto de Tucumán cuando despegaba un avión Hércules C-130 de la Gendarmería: provocó 6 muertos y 23 heridos.

Para contrarrestar la propaganda montonera de ese operativo, el General Vilas no dudó en presentar los triunfos militares a la prensa. En una oportunidad, luego de una emboscada a una columna de la Compañía del Monte del ERP en el arroyo San Gabriel, el Ejército mató a catorce guerrilleros. A dos periodistas que acompañaron el operativo militar, Vilas los invitó a regresar a la capital provincial junto a los cadáveres, en el camión Unimog del Ejército. Y lo hicieron.

La violencia no sólo estaba en el monte.

Estaba en las calles.

El 1° de diciembre de 1975, un año después que el ERP ametrallara al capitán Humberto Viola, y lo matara a él y también diera muerte a su hija de tres años, una camioneta con siete de guerrilleros del ERP explotó en el mismo lugar, sobre Ayacucho al 200. Lo firmó el comando "Dios, Patria o Muerte".

Videla sentía afinidad por Tucumán.

En esa provincia había servido como jefe de Estado Mayor de la V Brigada de Infantería desde fines de 1968, en momentos en que se sentían las consecuencias del cierre los ingenios azucareros. La desocupación obligó a miles de tucumanos a la migración interna. Incluso, cuando era coronel, en 1970, Videla llegó a gobernar la provincia por algunas semanas.

Cuando llegó al aeropuerto el 24 de diciembre de 1975 fue recibido por cientos de soldados del Operativo Independencia y recibió el saludo del arzobispo de Tucumán monseñor Blas Victorio Conrero. Ya no estaba el general Vilas en el mando  del Operativo Independencia. Seis días antes lo había reemplazado el general Antonio Bussi.

"General, usted no me ha dejado nada por hacer", anotaría Vilas con orgullo en su "Diario de Campaña", las palabras que le ofrendaría Bussi en el traspaso de mando.

Vilas dejaría el Operativo condecorado por el senado provincial.

A esas alturas, los pocos guerrilleros del ERP que se mantenían en el monte habían sido trasladados a Buenos Aires para participar del ataque al Arsenal de Monte Chingolo

El mensaje de Nochebuena del general Videla sería reflejado con sentido patriótico, sin desdeñar poesía, por la prensa política.

"El comandante general del Ejército Jorge Rafael Videla, pasó la Nochebuena en Tucumán, junto a sus soldados. Si es que hizo algún brindis, con seguridad fue con el jarrón de latón que impera en los vivaques desde los que se combate a la acción subversiva desplegada en el norte argentino", se publicó "La Opinión".

Desde la sede de la zona de operaciones del Ejército  en Famaillá, el general Videla habló a los argentinos (Extractos):

 "Mientras la Cristiandad festeja en Famaillá la llegada del niño Dios, El Ejército Argentino en operaciones, aquí en el corazón del monte tucumano, como en todo el ámbito del país, lucha armas en mano para lograr esa felicidad y esa paz que mi mensaje clama.

Lucha nuestro ejército, el ejército de la Nación, contra delincuentes apátridas que pretenden mediante el vil asesinato, quebrar al Estado y ocupar el poder para cambiar el sistema de vida nacional tan caro a los sentimientos profundamente cristianos de nuestro pueblo. Y lucha como lo hizo ayer en el batallón de Arsenales 601, con fuerza, con fe, con el coraje propio de nuestra estirpe, con la seguridad de que ese nuevo triunfo se extenderá a lo largo y lo ancho de la República allí donde la delincuencia subversiva pretenda hacer pie.

Frente a esta situación, es imprescindible que el pueblo argentino y sus Fuerzas Armadas tomen conciencia de la gravedad de las horas que vive la Patria.

Tenga presente el ejército y compréndalo así la Nación, que la delincuencia subversiva si bien se nutre de una falsa ideología, actúa favorecida por el amparo que le brinda una pasividad cómplice. (…)

Ante esta dura realidad que aceptamos con patriotismo y espíritu de servicio, miramos consternados a nuestro alrededor y observamos con pena, pero con la sana rabia del verdadero soldado, las incongruentes dificultades en las que se debate el país, sin avizorarse solución.

Frente a estas tinieblas la hora del despertar del pueblo argentino ha llegado. La paz no sólo se ruega, la felicidad no sólo se espera, sino que también se ganan. El Ejército argentino, en el justo derecho que le concede la cuota de sangre generosamente derramada por sus hijos héroes y mártires, reclama con angustia pero también con firmeza una inmediata toma de conciencia para definir posiciones. La inmoralidad y la corrupción deben ser adecuadamente sancionadas. La especulación política, económica e ideológica, deben dejar de ser medios utilizados por grupos de aventureros para lograr sus fines. El orden y la seguridad de los argentinos deben vencer el desorden y la inseguridad. (…).

El 14 de septiembre de 2017, casi 42 años después de aquel discurso de Nochebuena del general Videla, el Tribunal Oral Federal de Tucumán finalizó el juicio por el "Operativo Independencia" con la condena de policías y militares por delitos de lesa humanidad –secuestros, torturas, violaciones sexuales y homicidios-, contra 271 víctimas.


*Marcelo Larraquy es periodista e historiador (UBA). Su último libro es "Primavera Sangrienta. Argentina 1970-1973. Un país a punto de explotar. Guerrilla, presos políticos y represión ilegal". Ed. Sudamericana.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Argentina: Violencia política interna de parte de sindicalistas

Aquel crimen, estos sindicalistas

El papel del sindicalismo peronista entre 1973 y 1976 ha quedado sepultado en los archivos. Debería conocerse.



Sergio Bufano, asesinado por una patota sindical en 1974. 

El 13 de diciembre de 1974 un grupo armado perteneciente a la Juventud Sindical Peronista salió del sindicato en dos automóviles Falcon. Eran seis o siete, no se conoce el número exacto; llevaban armas cortas y ametralladoras. Llegaron a la puerta de la fábrica Miluz, en Florida, y esperaron a sus presas. Desde el interior del establecimiento, al verlos, los obreros llamaron a la comisaría de la zona y poco después un patrullero se hizo presente; su dotación conversó con los miembros de la patota y se retiró rápidamente: territorio liberado.

Los buscados eran Miguel Angel Bufano y Jorge Fisher, miembros de la Comisión interna y militantes del Partido Obrero. Ambos habían cometido un error, tratar de despedirse de sus compañeros porque ya no podrían volver a la fábrica debido a las amenazas de los sindicalistas. Al verlos ingresar en la planta, los directivos de Miluz llamaron al sindicato y le avisaron: están acá. No hicieron la denuncia a la policía, porque ninguno de los dos estaba buscado; avisaron a la patota, que no perdió tiempo y partió hacia el lugar. Velozmente, porque los sindicatos controlados por el peronismo tenían arsenales en sus sedes. En pocos minutos juntaron las armas y estacionaron en la puerta de Miluz.
Al ver que no se iban, Bufano y Fisher intentaron aprovechar la salida de sus compañeros que terminaban su horario de trabajo y mezclados entre ellos subieron todos a un colectivo. No hubo caso. La patota lo advirtió y pocas cuadras después cruzaron un vehículo delante del transporte, subieron con sus armas largas e inspeccionaron a los pasajeros: a ellos dos los bajaron a culatazos y los metieron en los autos.
“A mí me defienden los trabajadores”, me había dicho Miguel Angel, mi hermano, cuando una semana atrás le previne que con esa gente no se jugaba. Por supuesto, los trabajadores que debían defenderlo quedaron paralizados frente a ametralladoras y pistolas. Por una orden de la dirección del partido al que pertenecían, y que ellos aceptaron ingenuamente, fueron a un lugar al que no tendrían que haberse acercado. Esa decisión termino trágicamente.
Miguel Angel fue golpeado hasta quebrarle huesos. Después fue llevado hasta un basural y allí, en medio de la noche, acribillado con cuarenta disparos. Cuarenta tiros sólo para él. No bastaba uno, había que dejar una huella intimidatoria. Un ejemplo.
Miguel Angel no usaba armas, no era violento, estaba en contra de los grupos guerrilleros a los que calificaba de foquistas y apresurados. Pero disputaba la conducción de la Comisión Interna a los miembros del sindicato peronista.
En 1973 había sido invitado a una reunión de delegados en Mar del Plata organizada por la CGT. Instalado en el hotel, recibió la visita de un miembro del sindicato que le ofreció una buena cantidad de dinero: “aprovechá para ir al casino, pibe”, le dijo. Por supuesto, mi hermano no aceptó el soborno. Minutos más tarde llamaron a la puerta dos hermosas muchachas que se ofrecieron a pasar la noche con él. Enviadas, claro, por los sindicalistas. Nuevamente las rechazó, sin advertir que allí estaba sellando su destino. Quien no acepta dinero sucio ni “chicas” para divertirse, es un enemigo. Y al enemigo, ya fue dicho: ni justicia.
Quienes lo mataron eran veinteañeros, como Miguel. Ahora que se cumplen 44 años del crimen, mi hermano tendría alrededor de 65. También sus asesinos, que a lo largo de estas décadas habrán ascendido en los puestos gremiales. Deben de ser dirigentes. Confieso que cuando los veo a todos juntos, posando para los medios, vociferando discursos combativos, me pregunto si alguno de ellos habrá participado, si aquél que está hablando o el que lo acompaña a su lado fueron miembros de la patota que gastó el cargador de su pistola sobre el cuerpo.
Porque investigar, no se investigó nada. Lo sabemos. El papel del sindicalismo peronista entre 1973 y 1976 ha quedado sumergido en vaya a saber qué archivos. Y eso que mataron, eh, mataron sin que les temblara la mano, al amparo de políticos miembros de un Poder Ejecutivo que hubieran merecido un castigo como el que recibieron los militares de la dictadura.
*Escritor y periodista.

Sergio Bufano*

lunes, 16 de octubre de 2017

Guerra Antisubversiva: El mito de la masacre de Trelew

22 de agosto y la mentira de “la masacre de Trelew”

Nicolás Márquez | Prensa Republicana





En agosto de 1971, el connotado terrorista y líder del ERP Mario Roberto Santucho y otros guerrilleros de esa organización (entre ellos el homicida confeso Gorriarán Merlo[1]) fueron detenidos en la ciudad de Córdoba, en donde se encontraban estableciendo contactos para afianzar la guerra revolucionaria y coordinar actividades con el contacto local Agustín Tosco. Santucho llevaba DNI falso bajo el nombre “Enrique Orozco”. Los terroristas fueron detenidos en la cárcel de Villa Urquiza. En represalia por las detenciones, el ERP asesinó de inmediato a cinco Guardiacárceles[2] y se fugaron 16 guerrilleros del establecimiento penitenciario. Algunos de los fugados fueron recapturados y para mayor seguridad Santucho y otros fueron trasladados a la Cárcel de Villa Devoto, en Buenos Aires. Durante su estadía en el penal, Santucho reforzó los vínculos políticos con miembros de otras organizaciones guerrilleras que también estaban encarcelados (como Montoneros, las FAR y las FAP). Muchos de los guerrilleros detenidos (entre ellos se encontraban la mujer de Santucho, Ana Villarreal) el 5 de abril fueron trasladados al Penal de Rawson (Provincia de Chubut), considerado el más seguro; sin embargo, Santucho encontraba auspicioso el traslado porque allí había unos 200 terroristas alojados y por ende, habría caldo de cultivo interno como para planificar una fuga en conjunto.

Lo cierto, es que tras varios preparativos y tareas coordinadas y pensadas, el 15 de agosto de 1972, se produce la rimbombante fuga de guerrilleros detenidos en el citado penal de Rawson, durante la cual asesinaron a un guardiacárcel y escaparon a toda velocidad rumbo al aeropuerto con autos que los estaban esperando. Otros fugitivos no tuvieron igual suerte, pues fueron apresados la misma noche de la fuga. El ex guerrillero del ERP Pedro Cazes Camarero, quien participó de la fuga pero formó parte del grupo que no pudo escapar recuerda: “logramos lanzar la operación después de convencer a los compañeros, pero el marmota que estaba en la puerta con el camión con el que teníamos que huir se escapó creyendo que se había podrido todo y nos dejó a pie en medio dela Patagonia”[3]. El contingente de seis terroristas con mejor suerte, escapó en automóvil rumbo al Aeropuerto de Trelew, donde advirtiendo un avión comercial que estaba en la pista a punto del despegue, lograron frenarlo, asaltarlo con la tripulación dentro, e increpar al piloto para que tuerza el destino previsto y se dirija a Chile. El piloto del avión secuestrado, intentó resistirse. Dijo: “No hay combustible para llegar a Puerto Montt” (Chile). Encañonándolo, Santucho respondió: ´Pues habrá que llegar igual`”[4]. Los terroristas que huyeron, además de Santucho fueron delincuentes relevantes como Roberto Quieto (FAR), Marcos Osatinsky (FAR), Fernando Vaca Narvaja (Montoneros), Domingo Menna (ERP) y Enrique Gorriarán Merlo (ERP). Una vez en Chile, recibieron una afectuosa bienvenida (se hospedaron en dependencias gubernamentales) por parte del régimen marxista de Salvador Allende. Fue allí donde Allende le regaló un arma de fuego a Santucho, para que prosiga en su hidalga tarea de asesinar opositores[5]. El apoyo y devoción de Allende a los guerrilleros era tan enfático, que éste mismo “había dispuesto el suministro regular de fondos para las guerrillas argentinas y uruguayas”[6]. Incluso, el MIR (organización terrorista chilena que forjaría una alianza con el ERP y posteriormente enviaría tropas de apoyo a Tucumán), por pedido del dictador chileno formaría parte de su custodia personal en 1970[7].

Ya en Chile, los terroristas debieron pasar varias horas de incertidumbre, pues le solicitaron a Allende que los enviara a Cuba (país en donde el ERP y el MIR recibían entrenamiento y logística), mientras que el gobierno argentino había pedido al de Chile la extradición de los terroristas. El dictador Allende se vio en la encrucijada de apañarlos y afectar las relaciones bilaterales con Argentina, o entregarlos y contrariar sus simpatías ideológicas para con el terrorismo marxista. Pudo más lo segundo, y los fugitivos viajaron al totalitarismo de Cuba, donde los esperaba alborozado uno de sus principales aliados del orden local, el inefable Eduardo Luis Duhalde, que en los años 80` fuera fundador de la organización homicida MTP[8] (Movimiento Todos por la Patria) que atentara contra la democracia en 1989 asesinando a 12 soldados y hasta su deceso en el 2012 fue Secretario de DDHH del kirchnerismo.

Lo cierto es que el día 22 de agosto de 1972 (una semana después de la mencionada fuga a Chile), 19 terroristas que seguían detenidos en Trelew pretendieron un renovado intento de huida, en cuyo contexto cayeron abatidos 16 de los 19 guerrilleros.

Sectores partidarios del terrorismo por su parte, fabricaron otra versión de los hechos y alegaron que no hubo tal intento de fuga sino que los “16 terroristas fueron ejecutados”. Relato curioso, dado que los presuntos “fusiladores” llevaron tres sobrevivientes del enfrentamiento al Hospital Militar, y así estos pudieron salvar sus vidas tras quedar heridos en el combate. Vale señalar que de los 16 guerrilleros abatidos, 13 pertenecían al ERP y el resto a Montoneros y FAP.

Pero más allá de especulaciones historiográficas (o historietísticas), vale efectuar algunas consideraciones:

Los guerrilleros que escaparon y viajaron a Cuba apañados por el dictador Salvador Allende, tras entrenarse y conseguir respaldos, regresaron al país en noviembre de 1972 para proseguir sus planes revolucionarios y homicidas (entre 1969 y 1979 se computan 21.665 atentados o hechos terroristas por parte de ERP y Montoneros solamente [9]).

De esos 25 casos (entre los 6 que escaparon a Chile y los 19 restantes de los cuales murieron 16 en el segundo intento de fuga), al día de la fecha solo vive el ex terrorista montonero Fernando Vaca Narvaja, que no solo no está preso sino que fue indultado por Carlos Menem y luego fue funcionario kirchnerista.

Resulta más que evidente que en la Argentina se ha juzgado y escrito la historia con el mismo rigor y la misma seriedad institucional con la que durante la última década se calculó la inflación.

Esperemos que en estos tiempos de cambios las cosas poco a poco empiecen a estar en su justo lugar.

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NOTAS:


[1] Gorriarán también dirigió en los años 80´ el copamiento al cuartel de La Tablada bajo la presidencia de Raúl Alfonsín.

[2] Ver María Seoane: Todo o nada. La historia secreta y pública de Mario Roberto Santucho, el jefe guerrillero de los años setenta. Editorial Sudamericana. 2003. Página 144.

[3] Gaviotas Blindadas, Historias del PRT-ERP, Mascaró Cine Americano, Filme Documental, primera parte.

[4] Citado en María Seoane; Todo o nada. La historia secreta y pública de Mario Roberto Santucho, el jefe guerrillero de los años setenta. Editorial Sudamericana. 2003. Página 173.

[5] Ver María Seoane; Todo o nada. La historia secreta y pública de Mario Roberto Santucho, el jefe guerrillero de los años setenta. Editorial Sudamericana, 2003. Página 178, ver también Julio Santucho, Los Últimos Guevaristas.

[6] Carlos Manuel Acuña, Por amor al Odio, T II, Ediciones del Pórtico, página 358.

[7] Ver María Seoane; Todo o nada. La historia secreta y pública de Mario Roberto Santucho, el jefe guerrillero de los años setenta. Editorial Sudamericana, 2003. Página 185.

[8] Ver Enrique Gorriarán Merlo: Memorias de Gorriarán Merlo. De los Setenta a La Tablada. Editorial Planeta.

[9] Así lo confirmó la Cámara Federalal alfonsinista en 1985 en el famoso Juicio a los Comandantes..

sábado, 7 de octubre de 2017

Guerra Antisubversiva: Santucho, la muerte de una rata

La huida a ninguna parte de Roberto Santucho

El 19/07/1976 un Grupo de Tareas del Ejército argentino, encabezado por el capitán Juan Carlos Leonetti, irrumpió en el departamento de la calle Venezuela 3149, de Villa Martelli. Leonetti había recibido el encargo del jefe de la inteligencia militar, general Carlos Alberto Martínez, de cazar a la dirección del PRT-ERP. Algunos dicen que él ignoraba que encontraría al líder del Ejército Revolucionario del Pueblo, Mario Roberto Santucho. Otros afirman lo contrario. Y que esto ocurriría a pesar que en el mismo inmueble estaba la custodia de Santucho, que encabezaba Enrique Haroldo Gorriarán Merlo.
Por Urgente 24




La huida a ninguna parte de Roberto SantuchoMario Roberto Santucho.
Mario Roberto Santucho fue un revolucionario marxista trotskyta, contador público nacional que no ejerció como tal, que nació el 12/08/1936, hijo de Francisco del Rosario Santucho y de Manuela del Carmen Juárez.

Su hermano integró del Partido Comunista, pero Mario Roberto, mientras estudiaba en la Universidad de Tucumán, militó en el Movimiento Independiente de Estudiantes de Ciencias Económicas (MIECE), fue electo representante del Consejo Académico, y cuando el MIECE ganó el Centro de Estudiantes, se convirtió en delegado estudiantil del Consejo Tripartito.

Santucho se casó con Ana María Villareal, y tuvieron 3 hijas: Ana, Gabriela y Marcela.

Cuando terminó sus estudios emprendió un viaje durante el cual fortaleció su perspectiva contestataria: Bolivia, Perú, USA, México y llegó a Cuba, donde Fidel Castro había asumido el poder, acompañado por un argentino de inquietudes similares a la de Santucho, Ernesto Guevara. En la Cuba revolucionaria, Santucho encontró una sociedad que coincidía con sus valores.

En tanto, en la Argentina, su hermano, Francisco René Santucho fundaba, el 09/07/1961, el Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP), de "concepción americanista antiimperialista".

Cuando Mario Roberto regresó a la Argentina, se puso a la cabeza del FRIP, y con su hermano comenzaron diálogos con Palabra Obrera, de tendencia troskista, liderado por Nahuel Moreno. De la fusión de ambas organizaciones nació el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), el 25/05/1965.

Y 3 años más tardes, llegará la división, expresada en sus publicaciones: "El Combatiente", con Santucho; y "La Verdad", con Nahuel Moreno.

Santucho fue detenido el 24/11/1969 en San Miguel de Tucumán y trasladado de la cárcel de Villa Quinteros a la de Villa Urquiza, cuando llevaba 8 meses detenido, él ingirió una pastilla que le provocó síntomas de enfermedad, fue llevado al Hospital Padilla, lo visitó su mujer, quien logró pasarle un arma que Santucho usó para escapar.

En 1970, un año después del 'Cordobazo', Santucho propuso la creación del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), al que incorporó a todos los integrantes del PRT, y algunos integrante de otras organizaciones.

En 1971 él fue detenido otra vez, y junto a Enrique Gorriaran Merlo, Marcos Osatinsky y Fernando Vaca Navaja, entre otros, protagonizó la fuga del penal de Rawson, en agosto de 1972. Quienes no pudieron subir en el avión que fue a Chile (por ejemplo, Santucho), fueron detenidos nuevamente (por ejemplo, Ana María), fueron fusilados el 22/08/1972. Sólo sobrevivieron Alberto Miguel Camps (muerto en 1977), María Antonia Berger (desaparecida en 1979) y Ricardo René Haidar (desaparecido en 1982).


En Cuba, luego de la fuga del Penal de Rawson y de la masacre de Trelew, Mario Roberto Santucho, Fernando Vaca Narvaja y Roberto Quieto hablaron por radio sobre la situación política argentina.

Santucho regresó al país en noviembre de 1972, para retomar la conducción del ERP-PRT. Y decidió combatir a los gobiernos constitucionales elegidos por la mayoría de los ciudadanos: tanto el de Héctor J. Cámpora (aunque en ese período ordenó una leve tregua) como el de Juan Domingo Perón.

Es más: el copamiento del cuartel de Azul, a principios de 1974, le permitió a Perón fundamentar la acción directa que emprendió la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), que creó por instrucciones suyas José López Rega.

Santucho tuvo una nueva pareja: Liliana Delfino, integrante del Comité Central del PRT, a cargo de la Propaganda Nacional. Fueron padres de Mario Antonio Santucho.

El objetivo del ERP fue iniciar la guerrilla rural en Tucumán (otra vez Santucho tuvo como referencia a Guevara). El gobierno constitucional ordenó el Operativo Independencia.

El ERP fue infiltrado y su situación tanto urbana como rural se complicó. La organización decidió transportar a Cuba a Santucho y a su lugarteniente Benito Urteaga, y así se llegó al lunes 19/07/1976.

A las 13:30 los militaron tocaron la puerta del 3149 de la calle Venezuela, Villa Martelli (Vicente López, Gran Buenos Aires).

Liliana Delfino entreabrió la puerta, pero el Grupo de Tareas encabezado por el capitán Juan Carlos Leonetti, entró violentamente. Adentro se encontraban Santucho, Urteaga, su hijo de 2 años, José, y Ana María Lanzillotto, embarazada de 6 meses.

En la balacera murieron Leonetti, Santucho y Urteaga. Sus cadáveres nunca fueron recuperados y, según el testimonio de Víctor Ibáñez, ex sargento de Ejército, fueron llevados a Campo de Mayo, a una fosa común. Liliana, Ana María y José fueron secuestrados. Liliana y Ana María fueron detenidas-desaparecidas. José fue devuelto a su familia 2 meses más tarde.


La familia Santucho en Santiago del Estero.

Facundo Aguirre escribió, en La Izquierda Diario, vocero del trotskymo argentino, una dura crítica a las decisiones de Santucho:

"(...) Frente al segundo Villazo, en marzo de 1975, cuando las bandas fascistas y la represión habían tomado de rehenes a los dirigentes de la UOM y sembraban terror en la población obrera de Villa Constitución, el PRT-ERP apostó todo a la carta militar, ajusticiando al jefe de la policía rosarina Telemaco Ojeda por fuera de toda consulta con los dirigentes de la huelga y las asambleas obreras.

Pero el punto más alto del divorcio entre la estrategia y política del PRT-ERP y la lucha de clases real se produce en las huelgas generales de Junio y Julio de 1975, primer huelga general contra el peronismo en la historia, que dieron lugar a las Coordinadoras Interfabriles, derrotaron al plan Rodrigo y echaron a López Rega del gobierno.

En dicha ocasión el PRT-ERP careció de política propia y Santucho fue completamente ajeno a esta gran acción del movimiento de masas, al punto tal que estuvo durante todo ese tiempo de crisis y convulsión de la base obrera, con el peronismo en el monte tucumano. A su regreso, cuando el gobierno de Isabel aún pendía de un hilo, se celebró la reunión del Comité Central, Vietnam Liberado, que votó como resolución proponer un frente democrático a los Montoneros, que impulsaban la reconstrucción del FREJULI con el Partido Autentico y el Partido Comunista que predicaba un gabinete cívico-militar con Isabel. (...)".

En esos días finales, Santucho estuvo negociando acuerdos con Montoneros.

Luis Mattini, quien sucedió a Santucho en la jefatura del ERP, explicó que un sector de la conducción querían que Santucho saliera del país de forma inmediata, pero el santiagueño decidió que dejaría el país el 20/07/1976, pues tenía una cita con Mario Firmenich, jefe de Montoneros, en la que abordaría la conformación de la Organización para la Liberación de Argentina (OLA), una entente que nuclearía a las organizaciones armadas que enfrentaban a la dictadura militar.

"Robi había prometido que iba a reunirse con Firmenich y creía que era una cita impostergable. El encuentro se realizaría el 19 y un día después saldría del país con destino a Cuba. La idea era dejar el país por Paraguay. Mientras tanto decidió irse a vivir al departamento del (Domingo) 'Gringo' Menna, en Villa Martelli", apunta Mattini.

Marcela Santucho, hija de 'Roby' escribió:

"(...) Esa misma noche Robi viajaría con destino a Roma, y luego seguiría a Cuba. El viaje fue decidido por el comité central y el buró político del PRT para resguardar la vida del comandante ante el salvaje golpe militar que comenzó a secuestrar de sus puestos de trabajo a dirigentes sindicales obreros, curas tercermundistas que trabajaban en las villas, abogados defensores de presos políticos y todos los simpatizantes que estaban en la legalidad.

Por eso se decidió preservar al Comandante y el Partido decidió que momentáneamente Santucho saliera del país y quedara en contacto permanente con Urteaga, quien dirigiría al PRT-ERP. La salida fue postergada hasta el 19 de julio porque Robi quería asistir a la reunión por la OLA con Firmenich, reunión que no se concretó. Fernando Gertel, el enlace del PRT comunicó esa mañana a la compañera de Robi, Liliana Delfino, que él estuvo en la cita a la hora indicada, pero que no vino nadie.

Horas más tarde, los militares llegaron al departamento del Gringo Menna, donde se encontraban el primero y segundo dirigente de la organización guevarista. Horas antes fueron secuestrados separadamente Menna y su compañeram Ana Lanzilloto, embarazada. El Gringo Menna llevaba un recibo con la dirección de su departamento, se supone que Leonetti siguió esa pista. Leonetti era un oficial que añoraba un buen cargo y que llegó a Capitán después de su muerte, cuando fue condecorado por asesinar al “enemigo público número uno”, Mario Roberto Santucho.

Durante mis investigaciones, leyendo testimonios, encontré el de Frida Rochocz que reconoció a Leonetti después que la secuestró… Frida estaba en su casa con su hermano, cuando hombres fuertemente armados irrumpieron en su casa. Uno de los milicos le gritaba furioso: “¿Vos sos la Alemana?”, y le pegaba para que hablara… Días después de secuestrada Frida fue liberada porque se dieron cuenta que no eran militantes y que no sabían nada. Cuando Frida trataba de calmarse de los días infernales que había pasado, el 19 de julio de 1976 compró el diario y se enteró de la muerte de Santucho.

La cuestión es que Frida, al ver la foto de Leonetti como uno de los muertos, reconoció al militar violento que la confundía con la Alemana, el apodo de la compañera de Santucho, Liliana Delfino. Es la prueba que Leonetti ya buscaba a Santucho. Desde la caída de la quinta de Moreno, Leonetti estaba tras los pasos de Robi, lo buscaba como una obsesión, a tal punto que cuando consiguieron la dirección de Villa Martelli, habló con Pascual Guerrieri, su jefe que le dijo por radio: “Vos espérame que ya vamos, porque a Santucho, lo queremos vivo”. Esto me lo dijeron testigos del juicio por lesa humanidad a Guerrieri, en Rosario en 2010.



1973. Mario Roberto Santucho, Benito Urteaga, Enrique Gorriarán Merlo y Carlos Molina.

Leonetti no le hizo caso a Guerrieri, quería la recompensa para él solo y sobre todo los laureles, le pareció que con cuatro ametralladoristas sería suficiente para reducir a los dos jefes guerrilleros que sabía estaban ahí con mujeres. El Gringo ya había sido secuestrado en una cita envenenada y llevado a Campo de Mayo, también había caído Gertel a eso de las 13 horas en un café. El portero del departamento de Villa Martelli nos contó que le apuntaron y amenazaron con un arma, para que subiera con ellos y tocara el timbre. El portero hizo caso. Cuando desde adentro preguntaron quién era, tuvo que responder que era el portero. La puerta se abrió, entraron los militares armados y el portero bajó apurado por el ascensor. Una terrible balacera estalló…

Según Ibañez, Leonetti, trató de reducirlos, los palpó de armas justo antes de que Robi le doblara el brazo y le arrebatara la pistola, lo que generó los disparos de dos militares, ya que los otros dos quedaron en la puerta del departamento. Minutos más tarde bajaron los cuatro militares con el cuerpo de Leonetti, y también se llevaron a Liliana Delfino. El portero me contó que se la veía muy nerviosa y asustada… hoy figura como desaparecida y además se dice que estaba embarazada, según testigos que la vieron en Campo de Mayo. Hasta ahora nadie de los que compararon su sangre con el banco de Abuelas de Plaza de Mayo, coincidió con la sangre de nuestra familia, pero esperamos que aquellos que tengan sospechas y ronden los 40 años, hagan el test para comparar los datos y resolver las centenas de casos que aún son buscados por familiares de desaparecidos.

Eugenio Méndez, periodista de ultra derecha, con información del ejército y de la SIDE, escribió sobre la muerte en combate de Santucho y nombra el apodo de uno de los ametralladoristas que acompañaban a Leonetti esa tarde: “Avispa loca”, al que entrevistó personalmente, pero cuando fue citado al juicio por la causa que llevamos adelante las hijas, se defendió con su derecho de “confidencialidad profesional”, negándose a informar el nombre del entrevistado. Su relato se asemeja al de Ibañez, quien en ese momento era cabo en Campo de Mayo:

"Desde mediados de los noventa, Ibañez se contacta con la familia Santucho para darle información sobre la llegada del cuerpo de Robi a Campo de Mayo… cuando yo vine de viaje al país, me contacté con Ibañez y me contó que vio en dicha guarnición militar a Menna y a Liliana Delfino con vida durante un tiempo. La segunda vez que vi a Ibañez fui con el hijo de Menna. Luego volví con el hermano de Urteaga y con mi abogado para pedirle a Ibañez su testimonio para la causa judicial para condenar a los responsables y para pedir los restos de Mario Roberto Santucho, exhibidos por sus enemigos como trofeo de guerra, y también como objeto de rituales nazis…"

Esta causa judicial en el juzgado de San Martin sigue pero de un modo demasiado lento, lleva casi dos décadas y decenas de folios con citaciones, testimonios, etc. Aún no pasó al juicio oral de los acusados y hasta ahora nadie fue condenado por el asesinato de Mario Roberto Santucho y de Benito Urteaga el 19 de julio de 1976… (...)".

domingo, 10 de septiembre de 2017

Guerra Antisubversiva: Leonetti mataba al criminal Santucho

La huida a ninguna parte de Roberto Santucho

El 19/07/1976 un Grupo de Tareas del Ejército argentino, encabezado por el capitán Juan Carlos Leonetti, irrumpió en el departamento de la calle Venezuela 3149, de Villa Martelli. Leonetti había recibido el encargo del jefe de la inteligencia militar, general Carlos Alberto Martínez, de cazar a la dirección del PRT-ERP. Algunos dicen que él ignoraba que encontraría al líder del Ejército Revolucionario del Pueblo, Mario Roberto Santucho. Otros afirman lo contrario. Y que esto ocurriría a pesar que en el mismo inmueble estaba la custodia de Santucho, que encabezaba Enrique Haroldo Gorriarán Merlo.
Urgente 24




Mario Roberto Santucho fue un revolucionario marxista trotskyta, contador público nacional que no ejerció como tal, que nació el 12/08/1936, hijo de Francisco del Rosario Santucho y de Manuela del Carmen Juárez.

Su hermano integró del Partido Comunista, pero Mario Roberto, mientras estudiaba en la Universidad de Tucumán, militó en el Movimiento Independiente de Estudiantes de Ciencias Económicas (MIECE), fue electo representante del Consejo Académico, y cuando el MIECE ganó el Centro de Estudiantes, se convirtió en delegado estudiantil del Consejo Tripartito.

Santucho se casó con Ana María Villareal, y tuvieron 3 hijas: Ana, Gabriela y Marcela.

Cuando terminó sus estudios emprendió un viaje durante el cual fortaleció su perspectiva contestataria: Bolivia, Perú, USA, México y llegó a Cuba, donde Fidel Castro había asumido el poder, acompañado por un argentino de inquietudes similares a la de Santucho, Ernesto Guevara. En la Cuba revolucionaria, Santucho encontró una sociedad que coincidía con sus valores.

En tanto, en la Argentina, su hermano, Francisco René Santucho fundaba, el 09/07/1961, el Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP), de "concepción americanista antiimperialista".

Cuando Mario Roberto regresó a la Argentina, se puso a la cabeza del FRIP, y con su hermano comenzaron diálogos con Palabra Obrera, de tendencia troskista, liderado por Nahuel Moreno. De la fusión de ambas organizaciones nació el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), el 25/05/1965.

Y 3 años más tardes, llegará la división, expresada en sus publicaciones: "El Combatiente", con Santucho; y "La Verdad", con Nahuel Moreno.

Santucho fue detenido el 24/11/1969 en San Miguel de Tucumán y trasladado de la cárcel de Villa Quinteros a la de Villa Urquiza, cuando llevaba 8 meses detenido, él ingirió una pastilla que le provocó síntomas de enfermedad, fue llevado al Hospital Padilla, lo visitó su mujer, quien logró pasarle un arma que Santucho usó para escapar.

En 1970, un año después del 'Cordobazo', Santucho propuso la creación del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), al que incorporó a todos los integrantes del PRT, y algunos integrante de otras organizaciones.

En 1971 él fue detenido otra vez, y junto a Enrique Gorriaran Merlo, Marcos Osatinsky y Fernando Vaca Navaja, entre otros, protagonizó la fuga del penal de Rawson, en agosto de 1972. Quienes no pudieron subir en el avión que fue a Chile (por ejemplo, Santucho), fueron detenidos nuevamente (por ejemplo, Ana María), fueron fusilados el 22/08/1972. Sólo sobrevivieron Alberto Miguel Camps (muerto en 1977), María Antonia Berger (desaparecida en 1979) y Ricardo René Haidar (desaparecido en 1982).


En Cuba, luego de la fuga del Penal de Rawson y de la masacre de Trelew, Mario Roberto Santucho, Fernando Vaca Narvaja y Roberto Quieto hablaron por radio sobre la situación política argentina.

Santucho regresó al país en noviembre de 1972, para retomar la conducción del ERP-PRT. Y decidió combatir a los gobiernos constitucionales elegidos por la mayoría de los ciudadanos: tanto el de Héctor J. Cámpora (aunque en ese período ordenó una leve tregua) como el de Juan Domingo Perón.

Es más: el copamiento del cuartel de Azul, a principios de 1974, le permitió a Perón fundamentar la acción directa que emprendió la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), que creó por instrucciones suyas José López Rega.

Santucho tuvo una nueva pareja: Liliana Delfino, integrante del Comité Central del PRT, a cargo de la Propaganda Nacional. Fueron padres de Mario Antonio Santucho.

El objetivo del ERP fue iniciar la guerrilla rural en Tucumán (otra vez Santucho tuvo como referencia a Guevara). El gobierno constitucional ordenó el Operativo Independencia.

El ERP fue infiltrado y su situación tanto urbana como rural se complicó. La organización decidió transportar a Cuba a Santucho y a su lugarteniente Benito Urteaga, y así se llegó al lunes 19/07/1976.

A las 13:30 los militaron tocaron la puerta del 3149 de la calle Venezuela, Villa Martelli (Vicente López, Gran Buenos Aires).

Liliana Delfino entreabrió la puerta, pero el Grupo de Tareas encabezado por el capitán Juan Carlos Leonetti, entró violentamente. Adentro se encontraban Santucho, Urteaga, su hijo de 2 años, José, y Ana María Lanzillotto, embarazada de 6 meses.

En la balacera murieron Leonetti, Santucho y Urteaga. Sus cadáveres nunca fueron recuperados y, según el testimonio de Víctor Ibáñez, ex sargento de Ejército, fueron llevados a Campo de Mayo, a una fosa común. Liliana, Ana María y José fueron secuestrados. Liliana y Ana María fueron detenidas-desaparecidas. José fue devuelto a su familia 2 meses más tarde.


La familia Santucho en Santiago del Estero.

Facundo Aguirre escribió, en La Izquierda Diario, vocero del trotskymo argentino, una dura crítica a las decisiones de Santucho:

"(...) Frente al segundo Villazo, en marzo de 1975, cuando las bandas fascistas y la represión habían tomado de rehenes a los dirigentes de la UOM y sembraban terror en la población obrera de Villa Constitución, el PRT-ERP apostó todo a la carta militar, ajusticiando al jefe de la policía rosarina Telemaco Ojeda por fuera de toda consulta con los dirigentes de la huelga y las asambleas obreras.
Pero el punto más alto del divorcio entre la estrategia y política del PRT-ERP y la lucha de clases real se produce en las huelgas generales de Junio y Julio de 1975, primer huelga general contra el peronismo en la historia, que dieron lugar a las Coordinadoras Interfabriles, derrotaron al plan Rodrigo y echaron a López Rega del gobierno.
En dicha ocasión el PRT-ERP careció de política propia y Santucho fue completamente ajeno a esta gran acción del movimiento de masas, al punto tal que estuvo durante todo ese tiempo de crisis y convulsión de la base obrera, con el peronismo en el monte tucumano. A su regreso, cuando el gobierno de Isabel aún pendía de un hilo, se celebró la reunión del Comité Central, Vietnam Liberado, que votó como resolución proponer un frente democrático a los Montoneros, que impulsaban la reconstrucción del FREJULI con el Partido Autentico y el Partido Comunista que predicaba un gabinete cívico-militar con Isabel. (...)".

En esos días finales, Santucho estuvo negociando acuerdos con Montoneros.

Luis Mattini, quien sucedió a Santucho en la jefatura del ERP, explicó que un sector de la conducción querían que Santucho saliera del país de forma inmediata, pero el santiagueño decidió que dejaría el país el 20/07/1976, pues tenía una cita con Mario Firmenich, jefe de Montoneros, en la que abordaría la conformación de la Organización para la Liberación de Argentina (OLA), una entente que nuclearía a las organizaciones armadas que enfrentaban a la dictadura militar.
"Robi había prometido que iba a reunirse con Firmenich y creía que era una cita impostergable. El encuentro se realizaría el 19 y un día después saldría del país con destino a Cuba. La idea era dejar el país por Paraguay. Mientras tanto decidió irse a vivir al departamento del (Domingo) 'Gringo' Menna, en Villa Martelli", apunta Mattini.

Marcela Santucho, hija de 'Roby' escribió:

"(...) Esa misma noche Robi viajaría con destino a Roma, y luego seguiría a Cuba. El viaje fue decidido por el comité central y el buró político del PRT para resguardar la vida del comandante ante el salvaje golpe militar que comenzó a secuestrar de sus puestos de trabajo a dirigentes sindicales obreros, curas tercermundistas que trabajaban en las villas, abogados defensores de presos políticos y todos los simpatizantes que estaban en la legalidad.

Por eso se decidió preservar al Comandante y el Partido decidió que momentáneamente Santucho saliera del país y quedara en contacto permanente con Urteaga, quien dirigiría al PRT-ERP. La salida fue postergada hasta el 19 de julio porque Robi quería asistir a la reunión por la OLA con Firmenich, reunión que no se concretó. Fernando Gertel, el enlace del PRT comunicó esa mañana a la compañera de Robi, Liliana Delfino, que él estuvo en la cita a la hora indicada, pero que no vino nadie.

Horas más tarde, los militares llegaron al departamento del Gringo Menna, donde se encontraban el primero y segundo dirigente de la organización guevarista. Horas antes fueron secuestrados separadamente Menna y su compañeram Ana Lanzilloto, embarazada. El Gringo Menna llevaba un recibo con la dirección de su departamento, se supone que Leonetti siguió esa pista. Leonetti era un oficial que añoraba un buen cargo y que llegó a Capitán después de su muerte, cuando fue condecorado por asesinar al “enemigo público número uno”, Mario Roberto Santucho.

Durante mis investigaciones, leyendo testimonios, encontré el de Frida Rochocz que reconoció a Leonetti después que la secuestró… Frida estaba en su casa con su hermano, cuando hombres fuertemente armados irrumpieron en su casa. Uno de los milicos le gritaba furioso: “¿Vos sos la Alemana?”, y le pegaba para que hablara… Días después de secuestrada Frida fue liberada porque se dieron cuenta que no eran militantes y que no sabían nada. Cuando Frida trataba de calmarse de los días infernales que había pasado, el 19 de julio de 1976 compró el diario y se enteró de la muerte de Santucho.

La cuestión es que Frida, al ver la foto de Leonetti como uno de los muertos, reconoció al militar violento que la confundía con la Alemana, el apodo de la compañera de Santucho, Liliana Delfino. Es la prueba que Leonetti ya buscaba a Santucho. Desde la caída de la quinta de Moreno, Leonetti estaba tras los pasos de Robi, lo buscaba como una obsesión, a tal punto que cuando consiguieron la dirección de Villa Martelli, habló con Pascual Guerrieri, su jefe que le dijo por radio: “Vos espérame que ya vamos, porque a Santucho, lo queremos vivo”. Esto me lo dijeron testigos del juicio por lesa humanidad a Guerrieri, en Rosario en 2010.


1973. Mario Roberto Santucho, Benito Urteaga, Enrique Gorriarán Merlo y Carlos Molina.

Leonetti no le hizo caso a Guerrieri, quería la recompensa para él solo y sobre todo los laureles, le pareció que con cuatro ametralladoristas sería suficiente para reducir a los dos jefes guerrilleros que sabía estaban ahí con mujeres. El Gringo ya había sido secuestrado en una cita envenenada y llevado a Campo de Mayo, también había caído Gertel a eso de las 13 horas en un café. El portero del departamento de Villa Martelli nos contó que le apuntaron y amenazaron con un arma, para que subiera con ellos y tocara el timbre. El portero hizo caso. Cuando desde adentro preguntaron quién era, tuvo que responder que era el portero. La puerta se abrió, entraron los militares armados y el portero bajó apurado por el ascensor. Una terrible balacera estalló…

Según Ibañez, Leonetti, trató de reducirlos, los palpó de armas justo antes de que Robi le doblara el brazo y le arrebatara la pistola, lo que generó los disparos de dos militares, ya que los otros dos quedaron en la puerta del departamento. Minutos más tarde bajaron los cuatro militares con el cuerpo de Leonetti, y también se llevaron a Liliana Delfino. El portero me contó que se la veía muy nerviosa y asustada… hoy figura como desaparecida y además se dice que estaba embarazada, según testigos que la vieron en Campo de Mayo. Hasta ahora nadie de los que compararon su sangre con el banco de Abuelas de Plaza de Mayo, coincidió con la sangre de nuestra familia, pero esperamos que aquellos que tengan sospechas y ronden los 40 años, hagan el test para comparar los datos y resolver las centenas de casos que aún son buscados por familiares de desaparecidos.

Eugenio Méndez, periodista de ultra derecha, con información del ejército y de la SIDE, escribió sobre la muerte en combate de Santucho y nombra el apodo de uno de los ametralladoristas que acompañaban a Leonetti esa tarde: “Avispa loca”, al que entrevistó personalmente, pero cuando fue citado al juicio por la causa que llevamos adelante las hijas, se defendió con su derecho de “confidencialidad profesional”, negándose a informar el nombre del entrevistado. Su relato se asemeja al de Ibañez, quien en ese momento era cabo en Campo de Mayo:

"Desde mediados de los noventa, Ibañez se contacta con la familia Santucho para darle información sobre la llegada del cuerpo de Robi a Campo de Mayo… cuando yo vine de viaje al país, me contacté con Ibañez y me contó que vio en dicha guarnición militar a Menna y a Liliana Delfino con vida durante un tiempo. La segunda vez que vi a Ibañez fui con el hijo de Menna. Luego volví con el hermano de Urteaga y con mi abogado para pedirle a Ibañez su testimonio para la causa judicial para condenar a los responsables y para pedir los restos de Mario Roberto Santucho, exhibidos por sus enemigos como trofeo de guerra, y también como objeto de rituales nazis…"
Esta causa judicial en el juzgado de San Martin sigue pero de un modo demasiado lento, lleva casi dos décadas y decenas de folios con citaciones, testimonios, etc. Aún no pasó al juicio oral de los acusados y hasta ahora nadie fue condenado por el asesinato de Mario Roberto Santucho y de Benito Urteaga el 19 de julio de 1976… (...)".

lunes, 31 de julio de 2017

Guerra Antisubversiva: La masacre de San Patricio

Cuando la ESMA salió a matar a los 'curas del 3er. Mundo'

"Masacre de San Patricio" fue el nombre que se le dió al asesinato de los 3 sacerdotes y 2 seminaristas palotinos en la iglesia de San Patricio en el barrio de Belgrano R. Pedro Dufau (76), Alfredo Kelly (43) y Alfredo Leaden (57) y los seminaristas Salvador Barbeito (25) y Emilio Barletti (24). El múltiple crimen se produjo durante la madrugada del 04/07/1976, mientras la Argentina atravesaba el Proceso de Reorganización Nacional, bajo la presidencia de facto de Jorge Rafael Videla, enfrentado a la Armada que dirigía Emilio Eduardo Massera. En una distribución de tareas, el Ejército se encargaba del Ejército Revolucionario del Pueblo, y los marinos de Montoneros.
Urgente 24


Dato curioso: los asesinos no usaron un Ford Falcon verde, vehículo tradicional de los comandos militares clandestinos, sino un Peugeot 504 negro.


"Elementos subversivos asesinaron cobardemente a los sacerdotes y seminaristas. El vandálico hecho fue cometido en dependencias de la iglesia San Patricio, lo cual demuestra que sus autores, además de no tener Patria, tampoco tienen Dios."
Diario La Nación,
05/07/1976.
Durante esa madrugada fría de los primeros días de julio, los vecinos de la cuadra, en Belgrano R, alertaron a la policía sobre la presencia sospechosa de un Peugeot 504 color negro estacionado frente a la iglesia desde hace un largo rato.

Un patrullero de la Comisaría 37 respondió a los llamados de los vecinos, pero sólo estuvo algunos minutos, y se marchó: le ordenaron 'liberar la zona', según la jerga. Un rato después, entre la 1:00 y las 2:00, un grupo de 4 hombres se bajó de ese mismo auto, ingresaron a la Iglesia y fusilaron a las 5 personas que allí adentro se encontraban.

Todo indica que fue un comando del Grupo de Tareas 3.3.2 que funcionaba desde uno de los casinos de la Escuela de Suboficiales de Mecánica de la Armada.



Los sacerdotes asesinados fueron Pedro Dufau (76 años), Alfredo Kelly (43) y Alfredo Leaden (57) y los seminaristas Salvador Barbeito (25) y Emilio Barletti (24).

Esa mañana, como la iglesia no era abierta, el organista Fernando Savino decidió entrar por una ventana y encontró en el piso los cuerpos baleados, boca abajo y alineados en un enorme charco de sangre sobre una alfombra roja.

La justicia no pudo llegar a esclarecer el caso.


Mural en honor de los sacerdotes asesinos.

El periodista Eduardo Kimel, en su libro La Masacre de San Patricio, concluye que los autores fueron un grupo de la Armada.

En 2005 el entonces cardenal Jorge Bergoglio, como arzobispo de Buenos Aires, autorizó la apertura de la causa de beatificación de los 5 palotinos, por martirio.

El entonces cardenal Bergoglio, a quien acompañó el entonces nuncio apostólico Santos Abril y Castelló, dijo: “Yo soy testigo de la obra espiritual de `Alfie’ Kelly, y sé que sólo pensaba en Dios. Y en él, recuerdo a todos”.

El 07/06/1976 el cardenal Juan Carlos Aramburu y el entonces nuncio, monseñor Pío Laghi, visitaron la Junta Militar pidiendo explicaciones. El gobierno, que había acusado en un primer momento a "elementos subversivos" por la masacre, llegó a admitir tan sólo que se trataba de grupos militares salidos de control.


Misa en honor de los palatinos.

El cardenal y el nuncio llevaron una carta de la Conferencia Episcopal: "Nos preguntamos, o mejor dicho la gente se pregunta a veces sólo en la intimidad del hogar o del círculo de amigos, porque el temor también cunde:

-¿Qué fuerzas tan poderosas son las que con total impunidad y con todo anonimato pueden obrar así a su arbitrio?

-¿Qué garantía, qué derecho le queda a los ciudadanos?"

La congregación de la iglesia había organizado una reunión algunos días antes de la tragedia, en dicha reunión se había discutido que posición se iba a tomar ante los asesinatos y desapariciones que se estaban generando desde el poder.

Alfredo José Kelly de 43 años de edad, había sido acusado de estar vínculado a la organización Montoneros, algo que él negaba, pero alguna gente entre los militares dijo no creerle. Había recibido más de una amenaza, pero él no se iba a esconder.

El caso sigue abierto en 2 ámbitos distintos pero lamentablemente demasiado ligados, uno es el religioso, ya que en la Iglesia Católica sigue abierto el proceso de canonización de los fallecidos. Además el caso sigue sin esclarecerse en la Justicia penal argentina, al igual que muchos otros casos sucedidos durante la dictadura. Y, aunque no se "sepa" quien estuvo detrás del crimen, los mismos autores lo revelaron.

Cuando amaneció aquel 04/07/1976, Rolando Savino, el organista de la parroquia de 16 años, se encontraba afuera de la iglesia esperando que se abran las puertas junto a otros congregantes. Impaciente y preocupado, dió la vuelta a la casa y entró por una ventana de atrás, al entrar vió la escena. En la sala común encontró los 5 cuerpos tirados en el suelo, bañandos en un charco de sangre y 2 frases escritas con tiza:

> “Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son M.S.T.M.”; y

> “Por los camaradas dinamitados en Seguridad Federal. Venceremos. Viva la patria”.

MSTM quiere decir, se supone, Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, una corriente fundada dentro de la Iglesia Católica argentina, cuyos miembos venían siendo perseguidos por la dictadura.

La siguiente frase aludió a una especie de "venganza" del contra Montoneros, ya que estos últimos habían ejecutado un atentado contra el edificio donde funcionaba la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal en el que murieron 23 personas, 2 días antes del crimen en la parroquia.

En noviembre de 2011, la Sala III de la Cámara Nacional de Casación Penal anuló la condena a un año de prisión en suspenso y a pagar una indemnización de $20.000 al juez Guillermo Rivarola impuesta contra el fallecido periodista Eduardo Kimel en 1999 por la publicación de su libro "La masacre de San Patricio", en donde se detallaba el asesinato de los sacerdotes palotinos Alfredo Kelly, Alfredo Leaden y Pedro Duffau, y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, muertos el 4 de julio de 1976, en plena dictadura militar.

Los magistrados hicieron lugar al pedido de revisión presentado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) en representación de la hija del periodista fallecido en febrero de 2010. Cabe recordar que la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció en el 2008 la violación del derecho a la libertad de expresión de Kimel y ordenó al Estado argentino que anulara la sentencia penal contra el periodista y modificara el Código Penal por su incompatibilidad con la Convención Americana.

"La masacre..." había sido publicada en 1989, y en el libro el periodista aludía a la actuación del camarista Guillermo Rivarola, quien como juez tuvo a su cargo la investigación del caso en los años 1976 y 1997, y se preguntaba si "realmente quería llegar a una pista que condujera a los victimarios".

En octubre de 1995, la jueza Angela Braidot, condenó a Kimel. A pesar de que en noviembre de 1996, la Cámara Nacional de Apelaciones anuló por unanimidad el fallo y absolvió al periodista, en diciembre de 1998 la Corte Suprema aceptó un recurso de Rivarola, revocó el fallo anterior y lo devolvió a la Cámara para que dictara una nueva sentencia, que finalmente confirmó la pena original. El caso motivó la intervención de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el fallo dictado ahora por la Cámara de Casación.




domingo, 2 de julio de 2017

Guerra Antisubversiva: La historia que no quieren contar los peronistas



La historia que no nos quieren contar


Jorge Fernández Díaz lee un fragmento del libro “Los 70, una historia violenta” del periodista y escritor Marcelo Larraquy sobre la interna peronista en la década del 70.

martes, 6 de junio de 2017

La miserable generación de los 70s que arruinaron un país

Las llamas de los 70 nos siguen devorando
Jorge Fernández Díaz
LA NACION



Era una variante casera de la "bomba vietnamita": setecientos gramos de trotyl en una lata redonda y chata, con cien postas de 9 milímetros, un mecanismo de relojería y una manija para enganchar en el elástico de la cama. La cargaba en su cartera una angelical estudiante de voz cheta, que había nacido en Punta Chica y que bruscamente se había vuelto amiguísima de la hija del jefe de la Policía Federal: el general Cesáreo Cardozo, figura ascendente de la dictadura de Videla y hombre clave en la represión más oscura. Todo había comenzado unos meses atrás en el Colegio María Auxiliadora de San Isidro: la chica le había revelado a un referente de Montoneros a quién tenía por compañera de estudios; la información ascendió la escala interna y la Conducción tomó cartas en el asunto, le ordenó estrechar vínculos y la ayudó a planificar detalladamente el atentado. Ana María González se ganó la confianza de toda la familia, incluso el afecto de Cardozo, y por lo tanto los custodios no le revisaron a ella la cartera cuando pasaron a recogerlas a las dos por el instituto: con armas y sirenas, condujeron a las estudiantes hasta el departamento de su jefe sin sospechar que también trasladaban una bomba en el interior de una lata de perfumes. La secuencia parece extraída de un thriller de Brian De Palma: Anita y su amiga comienzan sus tareas, pero ella al rato pide permiso para hablar por teléfono (había una extensión en el dormitorio de los padres), pasa antes por el baño, activa la bomba, y luego la coloca bajo la cama. Tiene unos segundos de vacilación, porque no quiere fallar y calcula que colgó el "caño" a la altura de los pies: se imagina en ese momento que a pesar de todo Cardozo puede quedar vivo. No quiere correr riesgos. Vuelve entonces sobre sus pasos para reubicar el explosivo a la altura de la cabeza. Después anuncia que se siente mal y que prefiere irse a casa. A las 1.36 de la madrugada del 18 de junio de 1976 sobreviene la explosión: el cuarto del general queda reducido a escombros; su sangre salpica el techo. La hija de Cardozo grita, desesperada: "¡Nos traicionó, nos traicionó!"

El historiador Federico Lorenz, inscripto quizá sin pretenderlo en un nuevo revisionismo de los 70, rescata del pasado este hecho maldito en Cenizas que te rodearon al caer (extraordinario verso de Gelman), un libro flamante que intenta reconstruir la vida enigmática y la muerte nunca aclarada de esa chica paqueta que a través de un novio llegó a las villas y a la militancia revolucionaria, que después de la explosión se volvió tristemente célebre y fue buscada por cielo y tierra, y que era considerada "una santa de la Orga". El asunto condensa todas las contradicciones de una época manipulada por unos y otros, y recientemente glorificada con peligrosa banalidad por el aparato kirchnerista. La víctima era una pieza fundamental del terrorismo de Estado y de un régimen que cometió las peores atrocidades, y la victimaria era integrante de una organización con delirio militarista que pasó a la clandestinidad en democracia, que consagró como metodología el crimen político y que, tal como le admitió Firmenich a García Márquez, apostó al golpe militar: preferían esa dictadura a que continuara la guerra peronista.


Es interesante aunque completamente azaroso que este libro se publique la misma semana en que se desclasificó un decreto secreto firmado por Perón en abril de 1974. Allí el líder del Movimiento disponía la elaboración de un plan para "eliminar las acciones subversivas violentas y no violentas". Las primeras se entienden con claridad; las segundas abren incógnitas, y ambas recuerdan el amplio espectro con que a continuación la Triple A asesinó a simpatizantes y soldados de la JP, y cómo en paralelo, amenazó de muerte y persiguió a simples artistas de izquierda. Ya se sabe: bajo la administración justicialista se perpetraron 1500 ejecuciones y hay registrados 900 desaparecidos en la Conadep. Nadie reclama por esos muertos. El decreto en cuestión tiene una frase donde Perón, por oportunismo o por convicción renovada (venía de largos años en Europa) expone lo que decide atacar y lo que dice defender en esa hora: "El Estado argentino enfrenta la subversión armada de grupos radicalizados que buscan la toma del poder para modificar el sistema democrático pluripartidista".

Este revisionismo permite refrescar la rapidez con que aquellos adolescentes de "familias bien" pasaban de la frivolidad a la idealización de la lucha armada, y el encuentro entre esa vanguardia esclarecida y el peronismo real; una vez mientras Anita disertaba acerca de su repentina preocupación por la pobreza, un compañero de origen humilde estalló y le dijo en la cara: "¡Pero qué mierda hablás de la villa, si nunca pasaste hambre, vos no sabés un carajo de los pobres!" Más adelante, Lorenz la ubica en la columna de "imberbes" que es echada de Plaza de Mayo. Finalmente, durante la admisión regocijada de la Operación Cardozo, cuando Anita da una conferencia de prensa bajo la consigna "Perón o muerte". Ese Perón era, claramente, una construcción ficcional; como lo fue también la Evita revisitada. No les importaba la realidad, sino el obstinado relato que hacían de ella.

Lo cierto es que la estruendosa muerte del general Cardozo resultó una pésima decisión de la cúpula montonera. Ya no se trataba de la acción callejera contra un hombre armado y protegido o del ataque a un regimiento, sino de la infiltración aviesa de una familia para cometer desde adentro un homicidio íntimo. El asunto les vino como anillo al dedo a los jerarcas militares, que se victimizaron y dieron a entender que quienes rompían de tal manera las reglas básicas merecían una cacería sin códigos. El hecho provocó una serie de matanzas y un revanchismo sangriento y torturador, y además desató una opresiva campaña pública de sospecha y vigilancia contra toda la juventud. La guerrilla peronista confirmaba una vez más su mediocridad política y su insistencia en ser funcional a sus más enconados enemigos.

La generación que siguió a los setentistas fue bombardeada, en sus primeros años, por ese atentado icónico e indefendible con el que se pretendía justificar cualquier respuesta. Más tarde denunció la infame maquinaria de exterminio montada desde el Estado y tendió, a lo largo de la primavera alfonsinista, a aceptar que Anita, sus compañeros y sus superiores, se inscribían en aquella épica romántica del Che Guevara. Los últimos juicios a los responsables de la dictadura y la repugnante exaltación de Montoneros, dos operaciones (una buena y una mala) del kirchnerismo, construyeron un nuevo jalón en la conciencia y crearon la necesidad de revisar la historia para empezar a poner las cosas en su lugar. Que es este lugar incómodo, lleno de mentiras y falsos héroes, donde pocos sectores de la sociedad argentina se salvan del infierno de la complicidad. En ese contexto debe leerse Cenizas que te rodearon al caer: su autor cuenta cómo Ana María González vivió para siempre escondida, porque la Orga no quería correr el riesgo de que fuera capturada ni abatida por los militares. El investigador conjetura, con algunas pruebas a la vista, que la chica de la bomba vietnamita fue herida en San Justo, durante un tiroteo casual, y murió más tarde en una casa alquilada por Montoneros: como era un trofeo político, sus camaradas decidieron incendiar la vivienda y carbonizar el cadáver. Esas llamas nos siguen devorando a todos.

domingo, 4 de junio de 2017

Mierda cubana: Cuba traiciona a los terroristas que entrenó

“En 1976 La Habana me dijo que había llegado a un acuerdo con la junta militar argentina para no denunciarnos en DDHH”
Así evoca el ex diplomático cubano Juan Antonio Blanco las instrucciones de su gobierno. Y agrega: “Un guerrillero me comentó que todos los que entrenaban en Cuba morían si ésta tenía buenas relaciones con sus países”

Por Claudia Peiró | Infobae
cpeiro@infobae.com

Esta verdadera "bomba" la arroja Juan Antonio Blanco Gil quien integró la delegación cubana ante Naciones Unidas como negociador y como analista y director del Departamento Político del Movimiento de Países No Alineados. El guerrillero al que se refiere era mexicano; pero Blanco Gil dice que, al oír este comentario, le vino "a la mente enseguida la contraofensiva de Firmenich y su grupo", es decir,de Montoneros en los años 1979 y 1980.

En concreto, en su calidad de diplomático y funcionario cubano, Blanco fue ejecutor y testigo de la que llama "la entente" entre la Unión Soviética, Cuba y la Junta militar argentina, de funestas consecuencias para los argentinos, pero que a los tres regímenes implicados les representó beneficios tanto políticos como materiales.

La complicidad del castrismo con la dictadura es un hecho conocido, aunque muchos prefieran, por motivos ideológicos, pretender que no existió; pero Blanco Gil va más allá, insinuando la posibilidad de una conspiración para exterminar a los mismos grupos que se decía alentar.

A mediados de los 90, frustrada la alternativa de una apertura democrática en su país, para la cual había trabajado activamente, Blanco Gil salió de Cuba. Residió en Canadá y luego Estados Unidos, donde dirige la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba. De paso por Buenos Aires, invitado por Cadal (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina), dialogó con Infobae sobre su experiencia como diplomático del régimen y luego como analista del mítico Departamento América, desde donde se ejecutaba la estrategia cubano soviética hacia el subcontinente.

— ¿Cuánto hubo de realidad y cuánto de mito en el respaldo de Cuba a las guerrillas en Latinoamérica en los 70?

— No hay mito, está documentado. Incluso hay un argentino, Juan Bautista Yofre, que obtuvo toda la documentación del servicio de inteligencia checo, y buena parte la publicó en un libro, sobre las operaciones de los servicios de inteligencia cubana, de traspaso de guerrilleros, de políticos, etcétera, vía Checoslovaquia, hacia América Latina. Era la ruta generalmente escogida.

— ¿En qué consistía ese respaldo?

— Cuba intentaba insertarse en todos los países y establecer una hegemonía ideológica, política. En ese sentido, no se dedicaba exclusivamente a los grupos de extrema izquierda; trataba de influir en el grupo socialdemócrata, en los social-cristianos, incluso en sectores de la derecha tradicional y empresarial. Cada uno recibía de Cuba algún tipo de oferta o de colaboración. Por ejemplo, en la época de la dictadura de Pinochet (1973-90), en Chile había partidos contrarios a usar la violencia contra el régimen. A esa gente no se la llevaba a un campo de entrenamiento de guerrilleros, pero se le ofrecía dinero, posibilidades logísticas, pasajes y viáticos para ir a Naciones Unidas y hacer lobby. Así, La Habana lograba gratitud de fuerzas muy diversas por su generosidad. En realidad, el gobierno cubano sabía cuáles serían sus socios más cercanos y a cuáles estaba tratando de cultivar para neutralizar eventualmente en un proceso político.

— Ahora bien, la Unión Soviética había renunciado a promover revoluciones en otros países y apostaba a la llamada coexistencia pacífica con Washington y, si bien había conflictos en terceros escenarios, estaba aceptado que América Latina era terreno de Estados Unidos. ¿Qué buscaba entonces Cuba?

— Es importante eso, porque casualmente Fidel Castro durante todo el tiempo, los años 70, en que se estaba produciendo esa distensión, se estaban firmando los acuerdos SALT para limitar el armamentismo, hizo todo lo posible por salirse del esquema. Para Henry Kissinger era muy importante que Cuba quedara incluida en su arquitectura internacional de distribución de política de poder pero La Habana era renuente. Los soviéticos presionaban para persuadir al gobierno cubano de que entrara en esa normalización. El resultado fue que finalmente comenzó una conversación con Kissinger y éste fue cediendo a lo que La Habana ponía como obstáculo, al punto que levantó el embargo a todas las sucursales norteamericanas en terceros países, incluida Argentina, de donde se compraron importantes cantidades de material de transporte público. Pero Fidel Castro no quería que se consolidara esa situación. Hizo varias cosas, la más liviana fue atizar en Naciones Unidas la campaña por la independencia de Puerto Rico, cosa que siempre producía gran irritación en Washington. Cuando eso falló, de pronto finalmente liberó a (Francisco) Caamaño para que desde Cuba entrara en República Dominicana con una fuerza expedicionaria que había estado entrenando desde el 64, 65, luego de la invasión norteamericana a ese país. Pero el grupo fue aniquilado (1973). Entonces, lanzó una expedición militar a Angola, con el ejército regular cubano, decenas de miles de hombres y pertrechos, y ya eso era demasiado, Washington no podía pasarlo por alto, se endureció la posición conservadora en USA e hizo más difícil la ratificación de los acuerdos SALT en el Congreso. Por lo tanto Fidel Castro no solamente logró salirse del esquema de distensión sino que radicalizó las posiciones de la URSS porque todo lo que ésta alcanzaba quedaba en entredicho.

— ¿Todo eso no lo hizo Fidel en connivencia con la Unión Soviética?

— Hubo distintas etapas. En los primeros 70, cuando, como usted dice, los partidos comunistas no estaban de acuerdo con la lucha armada, hubo bastante tensión, sobre todo en torno a la figura del Che Guevara. Entre el 75 y el 80 aproximadamente, no fue en connivencia con la Unión Soviética. Después de eso vuelve, en connivencia con Moscú, la idea de que hay que apoyar los movimientos de liberación en distintos países.      

— Con Argentina hubo una situación peculiar, distinta al resto de América Latina, porque Cuba mantuvo el vínculo con Montoneros y otras guerrillas y al mismo tiempo respaldó abiertamente al régimen de Videla desde 1976. ¿A qué se debió?

— A las relaciones de la Unión Soviética con el régimen militar argentino y Moscú incluyó a Cuba o en ese esquema para llegar a un acuerdo con la Junta. Yo en esa etapa, y hasta el 84, estaba en Nueva York como director del Departamento Político No Alineado, por lo tanto, tuve mucho que ver también con esta cuestión. Estando en Nueva York llegó una instrucción del gobierno cubano de que se había llegado a un acuerdo de caballeros con la junta militar argentina para que no nos denunciáramos recíprocamente en la Comisión de Naciones Unidas que trata los problemas humanitarios y de derechos humanos. Tres miembros de nuestra misión fuimos a una reunión con un diplomático argentino, para comunicar esta orientación de La Habana. Debo decirle, por salvar mi ética, que fue la única reunión que tuve con la representación argentina y me alegró mucho después saber que era un diplomático de carrera, se llamaba Raúl Ricardes. Me sorprendió que esa persona, que daba imagen de transparencia y decencia, estuviese representando a la Junta.

 Era desconcertante ver por un lado a los montoneros entrenándose y, por el otro, estos acuerdos de “caballeros” entre Cuba y la Junta Militar
— Sucede que muchos diplomáticos de carrera siguieron en funciones cuando vino el golpe…

— Claro. Volviendo al relato, se produce esta entente entre Cuba, Moscú y la junta militar argentina y le dan alrededor de 4 mil millones de dólares en créditos a La Habana que los aprovecha para comprar de la industria argentina y de las corporaciones norteamericanas todos esos automóviles y demás. Cuando regreso a La Habana, yo tenía un cierto hálito de ser una especie de gurú de la política estadounidense. Entonces la gente del Departamento América me pide que me entreviste con una montonera argentina, María Antonia Berger (*), a la que le interesaba la cuestión de Estados Unidos. Yo no le transmití la orientación que había escuchado en Nueva York, pero era desconcertante ver que, por una parte, estas personas, los montoneros, estaban entrenándose y, por otra parte, había estos acuerdos de "caballeros"; siempre me pregunté cuáles eran los caballeros porque no conocía a ninguno en esa junta.



Dos hijos de puta: Fidel Castro abraza a Hebe de Bonafini. Pero durante la dictadura, su apoyo fue clave para que la dictadura militar evitara la condena en la ONU y desmantelara ataques de terroristas argentinos entrenados por Cuba

— ¿Era cuando Montoneros estaba preparando su contraofensiva, en 1979/80?

— La contraofensiva en la que los están esperando. Esto me recuerda un comentario que me hizo un ex guerrillero mexicano, que había pasado por Cuba: "Tú sabes una cosa, me dijo, cuando ustedes tenían buenas relaciones con algún gobierno todos los que se iban a entrenar allá llegaban al país y morían. Todos los guerrilleros mexicanos que se entrenaron en Cuba están muertos. Ahora, los que fueron a entrenarse a Libia o a Corea del Norte están vivos." Y a mí me vino a la mente enseguida la contraofensiva de Firmenich su grupo. Esto es especulativo, pero me llamó la atención que un ex guerrillero hubiera llegado a la conclusión de que por las relaciones de La Habana con el PRI mexicano, Cuba hubiera tenido esa doble cara, de entrenarlos a ellos por una parte y después resultaba que cada vez que llegaban fracasaban. Y eso también pasó aquí.

— ¿Cree que los líderes montoneros eran conscientes de esa contradicción entre la Cuba solidaria con su movimiento y a la vez aliada de la dictadura?

— Honradamente no le sabría decir. Pero hay cosas que eran públicas, los créditos era públicos, la no condena (en la ONU) era evidente. Por ejemplo, en la Comisión de Derechos Humanos, yo me presentaba cuando se trataba de Pinochet, de la situación en El Salvador, pero me abstenía cuando era de la Argentina porque realmente me resultaba repugnante eso de tener que quedarse callado.

— O sea que en esa etapa Cuba y Argentina se encubrieron mutuamente…

— Sí, se abstenían o votaban en contra. Además, en Naciones Unidas, más importante que cómo uno vota es qué capacidad de influencia uno tiene. No era lo mismo que Cuba simplemente se abstuviese en el voto contra Argentina a que Cuba hablara con todos aquellos sobre los cuales podía influir para que hicieran lo mismo.

— Que era todo el Movimiento de Países No Alineados.

— Casi todos, muchos países.

— Usted estuvo después en el llamado "Departamento América", otra estructura mítica del aparato cubano. ¿De qué se trataba?

— El Departamento América nace en el año 75 cuando se hace el 1er Congreso formal del Partido Comunista. Se crea un Buró político, una Secretaría, etcétera, y dentro de ese engranaje había un Departamento de Relaciones Internacionales que se ocupaba de monitorear y orientar al Ministerio de Relaciones Exteriores en todo aquello que no fuera el hemisferio occidental; porque todo lo que tenía que ver con el hemisferio occidental era competencia del Departamento de América, desde Canadá hasta la Patagonia. El núcleo inicial de ese Departamento proviene de la inteligencia. El jefe del Departamento, Manuel Piñeiro Losada, conocido como Barbarroja, por el color de su barba precisamente, había sido jefe de inteligencia casi desde el inicio de la revolución [1959].

— Es decir que, aunque era una sección partidaria, actuaba más bien como un grupo de Inteligencia.

— Sí, tenía además una cultura de inteligencia porque todos provenían de ahi. Todas las habilidades -o mañas- que traían de la época de la inteligencia pues las ponían en práctica, pero ahora como funcionarios del Partido. Pero cuando a mí me invitan a formar parte del Departamento, en el 83, 84, es porque se ha creado un nuevo grupo, con personas que ya no provenimos de la inteligencia, sino de la universidad. Tres de nosotros éramos del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, los que hacíamos la revista Pensamiento crítico en los años 60. Nos convirtieron en analistas y, como en todas las instituciones donde conviven dos culturas, había tensiones entre los operativos y los académicos.

— Imagino que por mucho tiempo usted tendría críticas y reservas, pero ¿en qué momento rompe con el régimen?

— Como bien dice usted hubo una acumulación de cosas. Yo decidí salir del gobierno voluntariamente a fines del 91. Mi apuesta era por el reformismo, pensé que al caer la Unión Soviética era posible retomar el proyecto nacionalista y democratizar a la sociedad de paso. Fallé. Evidentemente fue un error.

 Seguridad del Estado me tocó la puerta de casa a medianoche y me dijo que yo estaba en contubernio con el enemigo
— Pero fue un error, o una esperanza, de muchísima gente en aquel momento.

— Para un analista fue terrible estar equivocado. Yo era parte de una iniciativa creada en Cuba y existe aún que se llama Centro Félix Varela. Y ahí, en 1995, se me acercó un enviado del gobierno de Noruega porque su país quería ensayar con Cuba el mismo experimento que habían hecho con la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) e Israel en las llamadas "Conversaciones de Oslo" [1993], que en aquel momento resultaron fructíferas, aunque después todo fue para atrás. Básicamente fueron a un fiordo por ahí, se metieron en un castillo y estuvieron conversando. Yo estuve de acuerdo con la idea e hice una serie de contactos. En Estados Unidos hablé con una hija de Rockefeller (Peggy) que tenía una institución llamada Synergos Institute. Porque yo propuse ver si el gobierno americano estaba dispuesto a mandar de forma no oficial, bajo paraguas de una ONG, al "fiordo". Si el gobierno de Cuba accedía, yo prestaba ONG y los encierran ahí, botan la llave, hasta que se pongan de acuerdo. Me puse en contacto con Richard Nuccio, asesor de Bill Clinton para Cuba y su respuesta fue: "Díganle a Juan Antonio que terrific, magnífico, estamos de acuerdo con la idea, que nos diga cómo proceder". En Cuba hablé con Ricardo Alarcón, que era el presidente de la Asamblea, la idea le parecía buena y entonces le escribí una carta a Roberto Robaina, el ministro de Relaciones Exteriores, para informarlo de todo. Eso fue en el verano (boreal) del 95, y un día de noviembre, después de que Fidel Castro había retornado de Nueva York [de la Asamblea de la ONU], Seguridad del Estado me tocó la puerta de casa a medianoche y me dijo, en la jerga policial que usan, que yo estaba en contubernio con el enemigo. Me sacaron de la cama medio dormido, no sabía de qué me estaban hablando, hasta que caí en la cuenta.  ¿Por qué no nos informó?, me preguntaban, nos enteramos por la vía operativa. Pero porque ustedes son policías, les dije, yo informé a Relaciones Exteriores. Al día siguiente, me llamó la persona encargada de las relaciones internacionales en el buró político y me ordenó desmantelar el canal de información. Y en febrero del año 96 Fidel Castro pulverizó con dos Migs las avionetas civiles y desarmadas de Hermanos al Rescate (**) cuya ruta él conocía de antemano porque tenía un topo en esa ONG al cual le ordenaron abortar su misión 24 horas antes y regresar a Cuba para no ser capturado.

— Fue un acto de guerra deliberado.

— Un deliberado acto de guerra que impedía el mensaje que me había mandado Richard Nuccio, me faltó ese detalle muy importante: "Díganle a Juan Antonio que no se preocupen por la Helms-Burton. –es decir, la ley del embargo- porque no tiene suficientes votos para pasar al Congreso y, si los tuviera, Clinton la va a vetar." Todo eso cambió por supuesto con el ataque de Fidel.

— O sea que Castro necesitaba el bloqueo y la enemistad con Estados Unidos para sostenerse internamente.

— Lo hizo con Kissinger, lo volvió a hacer en esta ocasión con Clinton. Lo grave es que en los años 95, 96, Cuba estaba en el llamado "período especial", había hambruna en todo el país y una epidemia de polineuritis por falta de vitaminas, y a mí me pareció que lo más canallesco, bajo y mezquino que podía hacer un jefe de Estado era, por su egoísmo de mandar el país de forma autoritaria, negarse a cualquier tipo de normalización de relaciones con Estados Unidos.

— ¿Existe la posibilidad de una apertura real en Cuba? Porque si bien hubo normalización diplomática con Estados Unidos, y pareciera haber una mínima apertura a la iniciativa privada económica, políticamente todo sigue muy cerrado.

— Todo sigue cerrado políticamente. Y económicamente. Hay aperturas que generan titulares de prensa pero no cambian la realidad. Por ejemplo, a fines del año pasado, un gran titular recorrió el mundo: "Cuba duplicará el año que viene todos los puntos wi-fi elevándolos a 200 no sé cuánto…" A ver, el condominio donde yo vivo (en Miami) tiene tres edificios de cuatro plantas cada uno, y cada planta tiene veinte pisos. Todos tenemos router, por lo tanto todos tenemos un punto de wi-fi. En mi condominio hay más puntos de wi-fi que todos los que va a tener la isla de Cuba con 11,5 millones de habitantes, el año que viene. Pero eso genera un titular, una expectativa, crea un estado de opinión.

— ¿Por qué es tan difícil perforar esa protección que el régimen cubano todavía tiene en buena parte de la opinión pública internacional? Hay un mito fundado hace 60 años y parece indestructible. Le estoy haciendo una pregunta muy difícil…

— No, es una pregunta muy legítima, muy válida y muy importante. Casi que todos trabajamos en eso, en poder dar una visión real, objetiva, de qué cosas nos han sucedido, de dónde viene éste proceso, a dónde va o a dónde puede ir, etcétera. Yo soy tremendamente escéptico de que vaya a ninguna parte con Raúl Castro. Como analista, evito los términos absolutos, "nunca ocurrirá" o "Imposible", siempre me remito a probabilidades, "menos probable", "más probable", "sumamente probable"… Aquí creo que el nivel de probabilidad de un cambio importante es bastante bajo.

 Han creado un mito adicional: que Raúl Castro dejará el poder a partir del año que viene
— Mientras esté Castro.

— Sí, pero ahí voy. Han creado un mito adicional: que Castro ya no va a estar a partir del año que viene. Que deja el poder porque ya no va a ser presidente del Consejo de Estado y de Ministros. Es una farsa, porque ya eso pasó. En Cuba hubo un presidente del Consejo de Estado y de Ministros durante más de una década que se llamaba Osvaldo Dorticós Torrado, y todo el mundo sabía que el poder lo tenía Fidel Castro. Lo llamaban "Presidente cuchara" porque ni pinchaba ni cortaba, no podía decidir nada. Entonces la idea es poner a una figura que diga alguna frase amable para tomar distancia y sobre todo porque hay una cláusula de la Helms-Burton, que dice que no se puede abordar el levantamiento del embargo mientras los Castro estén en el poder, entonces van a tratar de vender que lo abandonaron.


(*) Fue una de las 3 sobrevivientes a los fusilamientos de Trelew (tras la fuga de presos políticos del penal de Rawson), murió en la Contraofensiva montonera, en octubre de 1979.

(**) ONG que se dedicaba a rescatar a los cubanos que intentaban dejar la isla por mar