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viernes, 1 de mayo de 2026

Guerra del Chaco: El fusil mataparaguayos

Lo que usted tiene que saber de los fusiles “Mataparaguayos”




Foto: fusiles máuser “mataparaguayo” (español) y fusil máuser belga, notar la diferencia en su longitud (lámina del colega Ing. Rafael Mariotti)

 

Ayer hemos visto un posteo que tenía por objetivo demostrar que las deficiencias de los fusiles llamados “mataparaguayos” era un hándicap en contra de nuestro país en este guerra y que no era el armamento adecuado para nuestros soldados, las frases: “El fusil es el pan del soldado” ó “¿Ahora entienden porque el soldado paraguayo, lo primero que buscaba era un fusil del enemigo caído?.” quieren dar a entender que con las deficiencias señaladas esos fusiles fueron así introducidos a la guerra de la mano de todos los soldados paraguayos que no estaban confiados en su armamento. El broche de oro del posteo es una acusación contra los gobernantes del momento por su irresponsabilidad en no verificar la calidad del armamento.
Es menester entonces que usted, amigo forista, se informe de todas las circunstancias de este armamento ya que si lo hace sólo en función al posteo citado usted querrá –por supuesto- quemar la foto de Eusebio Ayala, Eligio, José P. y toda la pléyade metilena del momento.
Empezamos.

La compra

Al Dr. Eusebio Ayala, ministro del Paraguay en Washington, le piden de urgencia –el 18 de agosto de 1925- que se encargue de la compra de fusiles en Europa para proveer de armamento a los planes del Gral. Schenoni y para tal menester viaja al viejo mundo. En España firma un contrato de fabricación de fusiles y carabinas maúser ya pre aprobado por el gobierno nacional con la madre patria ya que de los tres países que fabricaban el modelo máuser deseado, España, Bélgica y Suiza, el primero fue el único que se prestó a la fabricación inmediata del armamento, los otros dos se habían negado habida cuenta el cúmulo impresionante de pedidos por varios años que tenía. Alemania, país del creador del modelo, estaba afectado por una interdicción del Tratado de Versalles y no fabricaba armas. Francia, Inglaterra y Austria fabricaban otro modelo de fusil.
En los mismos días que España había entregado un pedido a Brasil de 50.000 fusiles máuser, el Paraguay concretaba la compra de unos 10.000 fusiles y carabinas en Marzo de 1926, un año antes de lo de Rojas Silva en Sorpresa.

Los primeros inconvenientes

De entrada no más se tuvo el primer inconveniente. La Fábrica española de Toledo no fabricaba fusiles del 7,65 mm del pedido paraguayo, los hacía de 7 mm y la adaptación de la maquinaria española al calibre pedido le costó al país unos 100 mil pesos oro adicionales.
El segundo inconveniente resultaba del acero usado en la fabricación del tubo cañón ya que los españoles solo utilizaban el acero de Trubia, con cromo y niquel pero sin tugsteno y ello suponía una diferencia en la calidad si se compara con fusiles que usaban una aleación más cara (cromo-niquel, vanadio y tungsteno). El asunto era simple, el único país que nos podía fabricar fusiles y entregarlos en un plazo razonable no tenía minas de tungsteno, había que traerlo de Rusia o China antes que los bolivianos se metieran ya en territorio ocupado por el Paraguay. Y así, los mismos mausers que dotaban a los soldados españoles y brasileños fueron fabricados para los paraguayos que así tendrían fusiles –sin tungsteno- pero no garrotes. En total 8.463 fusiles y 1.900 carabinas (mas cortas) y todo por 300 mil dólares de la época. Se debe decir que los gobernantes paraguayos eran conscientes de la ausencia del tungsteno en el tubo cañón de estos fusiles y no es que hayan sido sorprendidos en su buena o mala fé, sencillamente aceptaron ese fusil con esa condición habida cuenta la delicada situación en el Chaco.
El contrato establecía que el 100% de los fusiles debían ser entregados a los 10 meses, el 5 de febrero de 1927.
Por razones internas de España (remoción de personal militar de la fábrica y breve cierre de la misma) los fusiles empezaron a llegar unos meses después del caso de Rojas Silva (Feb. 1927) en partidas fraccionadas hasta completar el pedido.

Las pruebas

Las primeras pruebas mostraron deficiencias en varios de los fusiles testeados que dieron rienda suelta a la crítica de la oposición al gobierno liberal quienes denunciaron que los fusiles “explotaban” dañando al soldado de allí lo de “mataparaguayo”.
Hecha la reclamación a España, dicho país pidió –no sin extrañeza- que se le envíen los fusiles dañados sobre todo los que tenían el tubo estallado en su extremo y de su revisión los españoles solicitaron se les enviase los proyectiles que estaban siendo usados en Paraguay y cumplido el pedido dictaminaron que se trataba de la munición la que no contaba con sustancias estabilizantes lo que producía más de 4.500 atmósferas de presión en la recámara. Los españoles advirtieron que si bien en el contrato establecía que sus fusiles aguantarían hasta 4.500 atmósferas ello sería con pólvora impulsiva y no con explosiva como la usada en las pruebas paraguayas. Esto fue corroborado por el propio José Bozzano que viajó a España a tomar conocimiento del descubrimiento de los españoles y les dio la razón al final de todo.
Las soluciones a estos problemas.
Este problema de los tubos cañones explotados en sus extremos se solucionó de inmediato con una nueva partida de munición comprada en Europa la que ya no provocó más explosiones de ese tipo.
Otros defectos se notaron en las armas respecto del calibrado, acabado y de algunos mecanismos del cerrojo los que fueron solucionados con la decisión de comprar en Argentina hasta 2.500 tubos cañones de otro origen (quizás belga o suizos) del mismo calibre 7,65 mm (usados por el Ejército argentino) y que directamente fueron instalados en el fusil desechándose los tubos cañones españoles que presentaban esas fallas. Vemos así que esta fue una solución distinta a la anterior porque el problema era distinto.

Mas fusiles

Quedaban por ver los 7.863 restantes que mostraban los mismos síntomas pero podían ser y fueron maquinados y/o tratados en el arsenal de Sajonia.
Son los días en que una nueva partida de 7.000 flamantes fusiles máuser, esta vez ya fabricados en Bélgica con tugsteno, llegan al Paraguay en 1930, y ya habían pasado 4 años desde la fecha de la firma del contrato con los españoles y en todo ese tiempo el arsenal de Sajonia fue solucionando uno por uno los problemas menores de aquel saldo de fusiles españoles que seguían manteniendo el tubo cañón original de Toledo y así, pasamos a contar con unos 17.363 fusiles aptos que eran los 7.000 nuevos de Bélgica, los 8.463 fusiles españoles (menos los explotados) y las 1.900 carabinas españolas y así y dado que los primeros contingentes que llegaron al Chaco para Boquerón más los allí estacionados no pasaron los 12.500 soldados, una parte de ellos fue dotado con los fusiles “mataparaguayos” y la otra con todos los 7.000 belgas, ¿Por qué razón nos quedaríamos con los 7.000 mausers belgas con tugsteno en Asunción? Y esto nos dice que si no contamos la película como debe ser sacamos conclusiones apresuradas y además erradas como la del posteo que estamos contestando.
Las batallas ganadas con los fusiles “mataparaguayos”.
Cuando las acusaciones tienen el trasero al aire como es el caso del posteo que contestamos todo se ve a simple vista aunque quisiéramos taparnos la vista con las manos por el pudor. Con los fusiles mataparaguayos –ahora con sus deficiencias mecánicas solucionadas y en condiciones normales de uso- que ingresan a la guerra en Boquerón más el saldo que quedó en Asunción y que fueron entregados a los siguientes regimientos que se creaban, los paraguayos –después de Boquerón- enfrentamos la persecución a los bolivianos hasta Km.7, soportamos la contraofensiva boliviana de todo 1933 triunfando en Fernández tres veces, Toledo, Arce, Nanawa dos veces, Gondra y luego pasamos a la ofensiva con sendos triunfos en Pampa Grande y Pozo Favorito hasta llegar al “triunfo de triunfos” al más grande cachetazo que le dimos al Ejército Boliviano, CAMPO VIA, donde capturamos a 7.500 bolivianos combatiendo con los 10.363 fusiles mataparaguayos (menos los explotados) más los 7.000 fusiles belgas y otros más que veremos. Y es allí recién, en Campo Vía, que con la captura de unos 8.000 fusiles checos bolivianos, los máuser VZ 24 tan buenos como los belgas, que pasamos a cambiarlos masivamente en lugar de los “mataparaguayos” y no porque éstos hayan seguido presentando problemas sino que sencillamente eran menos maniobrables en el monte por ser más largos, al menos los fusiles españoles ya que las carabinas, también españolas, no eran cambiadas por sus usuarios, eran cortas y maniobrables y así los largos fusiles mataparaguayos volvían a la retaguardia para de nuevo ser entregados a las nuevas unidades que se presentaban para combatir y así fue un bendito “círculo vicioso” hasta que todos los soldados paraguayos en el frente tenían o mausers belgas, o mausers alemanes o mausers checos VZ24 en su totalidad, recalando los largos mausers españoles en manos de los ayudantes de choferes, enfermeros o custodios de algún fortín en la retaguardia o sobre el río.

Los fastidiosos números

Veamos los números de fusiles paraguayos máuser “normales” en la pre guerra e inicio de ella
Existencia de fusiles máuser 7,65 mm a 1923: unos 3.000.
Compra de 1930: 7.000 mauser belgas.
Compra de 1932: 5.000 mauser alemanes. Fueron recibidos en diciembre de 1932 (procedencia alemana) y dotados a los regimientos “Mcal. López”, “Yatyty Corá”, “Pitiantuta”, “Cap. Bado” y otros.
Son 15.000 fusiles máuser sin inconvenientes en su acero que comparados con los 10.363 mauser españoles sin tugsteno supone que de casi cada 3 fusiles paraguayos en el frente uno era “mataparaguayo” y de esto nadie quiere hablar porque se jode el invento.
Y aquí metemos la última deficiencia comprobada que –ex profeso- no cité más arriba y la dejé para ahora y es el sobrecalentamiento que –por falta de tungsteno- habrían sufrído esos fusiles “mataparaguayos” por uso excesivo. Pues bien, aquí debemos decir que no parece que ello haya incidido en los resultados cosechados más arriba pero con independencia de ello, y para quien no le dé importancia a los resultados porque tiene el asunto metido en el caracú, sin embargo no podrán hacer la vista gorda al hecho que a partir del tercer mes de la contienda ya había mucho más fusiles “fríos” (con tugsteno) que “recalentados” (sin tugsteno) y al promediar ella, los “recalentados” fueron a parar todos a la retaguardia. Vale decir, para quien no conoce el asunto al dedillo, que la segunda mitad de la guerra y en toda la ofensiva paraguaya a partir de enero de 1934 que nos llevó al patio trasero boliviano se hizo todo con fusiles que no eran “mataparaguayos”. Resumimos: en la primera mitad de la guerra con "mataparaguayos" nos fue bien, y en la segunda mitad sin "mataparaguayos" tambien nos fué bien.
Pero como buenos paraguayos que somos lloramos y lloraremos por los 10 mil fusiles “mataparaguayos” que no daban confianza a nuestros soldados y porque no tenían “su pan” como dice el posteo que contestamos. Es de nuestra naturaleza el lamentarnos por nuestras desgracias.
En demostración que esos fusiles funcionaban, en la pos guerra, los mismos férreos críticos de esos fusiles los vendieron a los republicanos españoles, quemes siguieron usándolos en la guerra civil de España.

Conclusión

Una cosa es denunciar las deficiencias de estos fusiles “mataparaguayos” en la pre guerra -las que existieron y no se niegan- y otra cosa es pretender “meter el perro” de que con esas deficiencias nuestros soldados entraron en la guerra cuando que ya es vox-populi que aquellos fusiles “mataparaguayos” estaban operativos en Boquerón y con ellos arrancamos esta guerra junto con muchos otros fusiles y mejores, cosechando victorias.
Para alguna gente es de suyo hacer lo que deba hacer en defensa de glorias pasadas, allá ellos. Cada quien elige la manera que quiere que se le vea, ora interesante, ora lastimera, de allí que dudé en elegir una foto para acompañar este artículo y la duda estaba en poner la foto de un máuser “mataparaguayo” -como sería de rigor- o la foto de una caja de pañuelos “Kleenex” para consuelo de quien quiera seguir llorando por este asunto con el único ánimo de tirar porquería a un gobierno de incorregibles oligarcas encopetudos que les tocó en suerte gobernar el país en una guerra victoriosa.
Y bueno, ganaron las ganas de hacer las cosas en serio para que el forista lector se forme su propia opinión y, en consecuencia, queme o no las fotos de aquellos ricachones de levita y sombreros de copa.
Buenos Días.

Fuente: LA DEFENSA DEL CHACO – Verdades y Mentiras de una victoria – Angel F. Ríos – 1989 – Asunción - El Gráfico SRL.

domingo, 26 de abril de 2026

Guerra del Paraguay: La histórica defensa de Corrientes

Una histórica defensa

Revista GUARDACOSTA

 

Fuente: Revista GUARDACOSTA- N°   Año 19    Autor:prefecto principal Andrés Rene Rousseaux

La contienda armada que sostenía la República Oriental del Uruguay con el Imperio del Brasil, había producido la ruptura de relaciones entre el Paraguay y Brasil, por pretender el Presidente del Paraguay Mariscal López ser el arbitro de los destinos de las Repúblicas del Plata. Esta ruptura de relaciones trajo aparejada la suspensión total de la navegación fluvial que mantenía el Paraguay con Buenos Aires y Montevideo, principalmente el servicio de vapores del estado que regularmente hacían el tráfico de carga y pasajeros.

La suspensión de la navegación, produjo cierta alarma en las ciudades ribereñas, en especial la de Corrientes que por su ubicación estratégica y cercana al Paraguay la hacía objetivo de un potencial ataque por parte del Paraguay, pero ni el gobierno nacional como las autoridades locales sospechaban que podría concretarse tal ataque.

Como medida preventiva el gobierno nacional destacó el "25 de Mayo" como buque de estación en el Puerto de Corrientes, donde arribara el 10 de mayo de 1864 y en febrero de 1865 el vapor "Gualeguay" al mando del Sargento Mayor Lino D. Neves.

El "25 de Mayo" se fondeó en la boca del Arroyo "Arazá", en lo que hoy es Paseo Mitre; y el "Gualeguay", el cual debía ser sometido a importantes reparaciones de su casco con el propósito de alistarlo para una futura expedición al Chaco fue amarrado a los fondos de la casa de los Roibon por estar el río crecido (hoy prolongación de la calle San Juan) y donde Federico Roibon (2) tenía un taller de reparaciones navales y a cuyo cargo estarían los trabajos en su casco.

Transcurría plácidamente la vida de la Ciudad de Corrientes en abril de 1865, las fuerzas armadas a cargo del orden público era de 27 soldados y dos clases (Suboficiales) estando a cargo de la vigilancia del Río y la seguridad del Puerto de la entonces Capitanía del Puerto (1) cuyo Jefe era el Mayor Don Guillermo Federico Baez (3) con una dotación de 6/7 marineros para cumplir las misiones asignadas, teniendo su asiento, en unos precarios edificios que se alzaban en la Punta San Sebastián o de La Casilla, nombre éste que recibía justamente por la existencia de la "casilla de la Capitanía", y en cuyo lugar, además, existían desde 1811 una batería de pequeños cañones para la defensa del puerto, conocida como "Batería de la Bella Vista", teniendo también un "puesto" de guardia o vigilancia que es conocido por la tradición popular con el nombre de la "Casillita" que se encontraba ubicado en la prolongación de la calle Mendoza y el río.


Fotografía de alrededor de 1930 —de izquierda a derecha— casa de la Familia Gallino construida alrededor de 1850, fue ocupada en 1914 por la Subprefectura de Corrientes. Al centro con rejas —casa de la Familia Pigretti— en 1865 esta casa no existía siendo un terreno baldío —en 1914 fue ocupada por la Aduana—. A la derecha —se-midestruida— casa paterna de la Familia Roibon cuya propietaria testamentaria fue Doña Petrona Sotomayor, y donde viviera posteriormente el Capitán Enrique Roibon —esta casa fue construida alrededor de 1820—. Estas viviendas tenían su frente sobre la calle Sud America (hoy Plácido Martínez) entre San Juan y La Rioja —actuales—. Sus fondos daban al Río Paraná lugar donde el Capitán del Puerto (1865) Federico Baez con los marineros de la Capitanía resistió el ataque de los paraguayos cuando intentaron abordar el "Gualeguay" que se hallaban en reparaciones en el Taller Naval de Federico Roibon ubicado sobre la orilla del río a los fondos de la casa de sus mayores (ver fotocopia carta adjunta presente trabajo). Todas estas propiedades fueron demolidas al efectuarse el remodelado del Puerto de Corrientes entre 1940/42. Hoy el lugar está ocupado por la Plazoleta Almirante Brown. (Fotografía de la Colección del Señor Enrique Ángel Ferreyra).

El "Gualeguay" estaba en reparaciones y el "25 de Mayo" a medio desarme, ambos buques con sus calderas apagadas, por lo cual el Comandante del "Gualeguay" Sargento Mayor Neves había ocupado para él y su tripulación varias casas ubicadas en la calle Sud America (hoy Plácido Martínez) 72-74 y 76 —entre San Juan y Mendoza—.

Con los buques en esa situación llegamos al 13 de abril de 1865 (Jueves Santos). La grey católica se aprestaba a concurrir a los actos litúrgicos en los distintos templos de la ciudad, propios de la fecha, los operarios que se encontraban afectados a la reparación del "Gualeguay", estaban deliberando si suspendían las tareas o las continuaban después del "luto del día".

El Comandante del "25 de Mayo" había pernoctado en la casa que ocupaba el Comandante del "Gualeguay" Sud América 74 (hoy Placido Martínez) y con quien tomaba mate y otras personas de la amistad de ambos; de improviso surgid una voz de "alerta" desde el "Gualeguay" informando haber avistado una flotilla de vapores en "linea de fila" hacia el riacho "El Ancho", izando el "25 de Mayo" una señal en su trinquete para llamar al Comandante "a bordo', destacando un bote a tierra para embarcarlo.

Abría la marcha el "Tacuary", donde tenía su insignia el Jefe de la escuadra, lo seguía el "Igurey" - "Paraguary" -"Marques de Olinda" y cerraba la marcha el "Ypora", no llevando los buques su insignia nacional izada, no exteriorizando su nacionalidad como es de práctica, no obstante los buques de guerra argentinos los saludaron izando sus pabellones a pesar de no ser la hora reglamentaria de hacerlo, dado que eran aproximadamente las 6,30 am.

Los buques desfilaron frente al puerto, en el orden mencionado alterando la tranquila mañana con el retumbar de sus ruedas motrices sobre las aguas del Paraná, atrayendo a un considerable número de vecinos que se hacían toda clase de conjeturas sobre el destino y propósito del inusual despliegue de fuerzas, continuando su travesía hacia el sur.

Los curiosos se retiraron, los mismos tripulantes del "Gualeguay" y "25 de Mayo" que habían estado en "alerta" se retiraron a distintas actividades de rutina de a bordo.

Los buques paraguayos a la altura de la "cancha de la Palomera" viraron imprevistamente hacia el Puerto de Corrientes, haciendo su navegación "recostados a la costa correntina" para evitar ser vistos de la ciudad, dado que las "Puntas Arazaty" y "San Sebastian" los ocultaban navegando de esta manera, modificando su dispositivo de marcha para efectuar el ataque previsto.


Ensenada de "San Sebastián" —entre la punta homónima y actual muelle del Puerto de Corrientes— año 1900. En este lugar hacia derecha de la foto, sobre la costa del río y a los fondos de la propiedad de la familia Roibon (entre Calles San Juan y La Rioja actuales) se encontraba el 13 de abril de 1865 amarrado en reparaciones el Vapor "Gualeguay" cuando fuera atacado por la flota paraguaya. En la foto se puede observar la operación de "tirar a tierra" la lancha a vapor por parte de marineros de la entonces Subprefectura de Corrientes. (Fotografía de la colección del señor Enrique Ángel Ferreyra

Se organizaron en dos grupos, el primero formado por "Paraguary" e "Ygurey", teniendo como reserva el "Tacuarí", el segundo formado por el '"Marques de Olinda" y el "Ypora" como reserva.

Habían transcurrido cuarenta y cinco minutos desde que los buques habían cruzado "aguas abajo", cuando son nuevamente avistados por las tripulaciones del "Gualeguay" y del "25 de Mayo" cuando éstos salen "de atrás" (válgame el término) de la Punta San Sebastian que los mantenía ocultos, siendo el personal de la "Capitanía del Puerto" los primeros en verlos dada la posición donde estaban apostados (recordemos que la Capitanía tenía su asiento en la Punta San Sebastián o de la Casilla) dando el "alerta" al "Gualeguay" que se hallaba a unos 560 metros de la "punta" hacia el puerto e inmediatamente al "25 de Mayo" que estaba a unos 840 metros del mismo sitio.

El primer grupo de buques paraguayos se dirigió sobre el "25 de Mayo", flanqueándolo por ambas bandas el "Ygurey" y "Paraguary", haciendo la dotación de ambos buques cerrada descarga de fusilería sobre el indefenso buque argentino, siendo la primera víctima el centinela del puente de mando, pasando los atacantes de inmediato "al abordaje" y en una lucha desigual el combate finalizó en pocos minutos, siendo dominada la tripulación defensora, que fue hecha prisionera quedando el buque argentino en poder del invasor.

Algunos marineros que se arrojaron al agua fueron muertos mientras nadaban para alcanzar la costa segura por tripulantes de varios botes del "Tacuarí", que mientras se consumaba el ataque al "25 de Mayo", bombardeó la ciudad, causando daños en la iglesia Matriz, casa de la familia Latorre y otras vecinas.

El segundo grupo de buques atacantes ("Marques de Olinda" e "Ypora") este último como reserva, atacaron resueltamente al "Gualeguay" que como hemos visto se "hallaba en compostura" —amarrado a planchada a la costa— en el taller naval de Federico Roibon, con escasa tripulación a bordo, por encontrarse la mayoría "en tierra" por los trabajos que se estaban efectuando al buque.

El "Marques de Olinda" se mantuvo a distancia del "Gualeguay", haciendo la infantería embarcada en él (más de 600 infantes) descargas cerrada de fusil sobre el inmóvil "Gualeguay".

Los pocos tripulantes del buque argentino, reaccionaron decididamente, pese a la sorpresa, contestando el fuego del buque paraguayo, siendo apoyados desde tierra (entre los arbustos y peñascos de la costa), por los pocos marineros de la Capitanía del Puerto que, al mando de su bravo Jefe, Mayor Federico Baez acompañado del Coronel Fermín Alsina, se habían desplazado desde la 'Punta San Sebastian" hasta los fondos de las casas de las familias Roibon y Gallino, a los cuales se les sumaron unos pocos voluntarios civiles, combatiendo al atacante, cuarenta veces más numerosos.

Mientras se desarrollaba el desigual combate los pequeños cañoncitos de la batería "Bella Vista" que está emplazada en la Punta San Sebastián, servidos por hombres de la Capitanía hacían fuego esporádicamente sobre los buques paraguayos, siendo el tiro más simbólico que efectivo dado que los cañones eran de escaso calibre y corto alcance, sobre buques de moderna construcción para la época; destacando el jefe paraguayo el "Ypora", para que anclara frente al "Punta", para silenciar la batería y mantenerse "en observación".

La heroica resistencia de la tripulación del "Gualeguay" al mando del Subteniente Federico Ramírez y el Coronel Desiderio Sosa que circunstancialmente se encontraba a bordo, más la estoica ayuda que desde tierra le daba el Mayor Baez y los hombres de la Capitanía, no fue impedimento para que el "Marques de Olinda" tomara "a remolque" al "Gualeguay" después de cortar sus amarras de tierra, a pesar de haber sido rechazadas en varias ocasiones las dotaciones que se destacaron para este fin en botes a la costa, llevando su presa al igual que el "25 de Mayo" que también había sucumbido, hacia aguas del Paraguay.

El "Gualeguay'* permaneció en manos de los paraguayos hasta el 16 de abril de 1866 en que fuera recuperado por las fuerzas aliadas, mientras que el "25 de Mayo" fue echado a pique en noviembre de 1867 estando al servicio del ejército paraguayo.

El ataque dejó consternado al pueblo de Corrientes, por lo inesperado y sorpresivo del mismo, produciendo inmediata reacción con la formación del "Batallón Correntino".

Hasta aquí lo sucedido el 13 de abril de 1865, dado que no es intención de este trabajo analizar e historiar las causas y posterior desarrollo de lo que se denominó la "Guerra de la Triple Alianza", sino la actuación destacadísima que le cupo a la entonces "Capitanía del Puerto", cuyo personal al mando de su Jefe, Mayor Federico Baez, fue junto a las tripulaciones de los buques argentinos la única fuerza organizada que opuso una heroica y tenaz resistencia al ataque de los buques paraguayos, dificultando con su acción el apresamiento fácil de los buques, en especial el "Gualeguay".

Este hecho, poco conocido, para la mayoría del público y de los hombres de la Prefectura, es uno de los muchos que jalonan la larga y rica historia de una de las Instituciones más vieja que tiene la República, la hoy Prefectura Naval Argentina y que es nuestra oblgación hacer conocer.


Vista más antigua que se conoce del Puerto de Corrientes, realizada en base a una litografía de William Gore Ouseley del año 1846 .

Aclaraciones y Referencias Biográficas


1 Capitanía, del Puerto-denominación de la época de la actual Prefectura Naval Argentina.

2 Federico, Roibon: Nacido en Corrientes - hijo de José Roibon y Petrona Sotomayor, cursó sus estudios en la Escuela Politécnica del Havre (Francia), de regreso al país se radicó en su ciudad natal donde tenía un astillero sobre la margen del Río Paraná, a los fondos de la casa paterna (entre calles San Juan y La Rioja aproximadamente en la actualidad) donde se reparaban embarcaciones entre ellas el "Gualeguay" y se construyeron balsas para el cruce del rio por parte del ejército de la Triple Alianza (ver carta adjunta). Fue Oficial del Ejército Nacional durante la Guerra del Paraguay. Jefe de escuadrilla de la expedición al Bermejo de 1879 a órdenes del General Victorica. Posteriormente fue Comandante del Navio de Guerra "Azopardo" donde alcanzó el grado de Teniente-de Navio. Fue elegido dos veces Diputado en su provincia. Falleció el 10 de diciembre de 1914, siendo sepultado en el Cementerio de Corrientes con los honores del Cuerpo de Bomberos como homenaje del Gobierno de la Provincia y del Regimiento 9 de Infantería de Línea por haber pertenecido al Ejército y la Marina respectivamente.

3 Mayor Don Guillermo Federico Baez: Nació el 7 de septiembre de 1810 en Comente». Comenzó su carrera militar en la Guerra con el Brasil alcanzando el 15 de julio de 1828 el grado de Alférez de Caballería de Línea. Participó en las luchas civiles en el bando unitario, causa por la cual Rosas lo dicT de baja de las filas del ejército. Emigró a Montevideo donde participó en su defensa. Tomó parte de la Batalla de Caaguazú a órdenes del General Paz en la cual comandó la Cuarta División de Caballería del ala derecha. Disuelto el ejército de Paz regresó a Montevideo tomando parte de los combates de Salto y San Antonio donde se destacó, contra fuerzas de Rosas. El 5 de octubre de 1847 fue nombrado Jefe de la Plaza sitiada (Montevideo). Levantado el sitio se alistó en el ejército del General Urquiza, con quien participó en la Batalla de Caseros (3 de febrero de 1852) continuando a ordenes de su jefe quien lo honró con comisiones de confianza, ante el Gobierno de Buenos Aires. Posteriormente fue designado Jefe de la Capitanía del Puerto de Corrientes (1) a cuyo cargo estaba cuando el ataque de los paraguayos a la ciudad homónima el 13 de abril de 1865, teniendo una destacada actuación al frente de sus marineros en la heroica defensa de los buques "Gualeguay' y "25 de Mayo" pese a la superioridad numérica de las fuerzas paraguayas. Solicitó ser relevado del cargo (Capitán del Puerto) para alistarse en el ejército aliado teniendo una destacada actuación en el Combate de Tuyuti (3 de noviembre de 1867). En 1869 fue designado por el General Mitre para cumplir una misión en el interior del Paraguay para rescatar prisioneros aliados en poder de los paraguayos, la cual cumplió brillantemente. Falleció en Buenos Aires el 14 de agosto de 1879, habiendo alcanzado el grado de Coronel del Ejército Nacional.

Bibliografía Consultada:


  • ANALES DE LA MARINA DE GUERRA - Capítulo XV - Buque Gualeguay.
  • UDAONDO, Enrique: Diccionario Biográfico Argentino edición 1938.
  • FERREYRA, Enrique Ángel: Fotografías de su colección.

domingo, 12 de abril de 2026

Guerra del Chaco: La batalla de Campo Vía (1/5)





 

V

BATALLA DE CAMPO VÍA

(Una victoria frustrada)

Zenteno y Campo Vía son la indudable consecuencia de las acciones ofensivas victoriosas de Gondra, primero, y de Pozo Favorito y Pampa Grande después, que tuvieron la virtud de decidir, por fin, en el ánimo del Comandante en Jefe del Ejército que la hora de abandonar la negativa actitud defensiva había llegado.

Como se verá, esta acción de guerra, la batalla de Zenteno, ya estaba planteada en una escala más importante, aunque de ninguna manera representó las características de una auténtica acción que persiguiese proporciones de objetivos de envergadura total como cabía esperar y era altamente deseable, como absolutamente posible. Pero lo más curioso y desconcertante, aunque explicable, como se verá después, reside en la dirección superior del Ejército que, a pesar de encontrarse en situación favorable, dirigió sus esfuerzos iniciales desde puntos y distancias tales que, dada la peculiaridad de esta guerra impuesta por la naturaleza del terreno, jamás podría proporcionar las ventajas de la velocidad, de manera que se pudiese alcanzar la sorpresa, factor decisivo para el éxito. Y este error, francamente injustificable, hizo que la batalla de Zenteno malograse desde sus comienzos, costando al Ejército de campaña, ya bastante debilitado, desviado e inusitado de su objetivo, un elevado número de bajas, entre ellas seis mil muertos y heridos.

En fin, la cuestión importante era la voluntad de abandonar la negativa actitud defensiva, la “psicología del muro” o el espíritu de la línea Maginot, muy peligrosamente desarrollados entonces en la mentalidad de los dirigentes del Ejército, y que, felizmente, fue rota gracias a que nuestra capacidad agresiva, tan indispensable para el éxito en la guerra, no fue vulnerada en el espíritu de los hombres de Gondra, lo que tuvo, por lo demás, evidentes expresiones en las acciones ofensivas victoriosas del mes de julio de 1933, tal como lo hemos comentado anteriormente. Por último, la bestia ya estaba suficientemente sosegada y cuadrada y era ya llegada la hora de que se asestase la estocada final.

Planes del Comandante en Jefe del Ejército

La situación de ambos contendores, en vísperas de la iniciación de la batalla de Zenteno, era la siguiente:

El I Cuerpo de Ejército Paraguayo, que defendía el frente de Arce, incluidos los de Herrera y Falcón y al que correspondía la responsabilidad del esfuerzo principal, fue reforzado por el II Cuerpo de Ejército, menos un Regimiento de Infantería y la División de Reserva General. La IX División Boliviana reforzada, objetivo del ataque paraguayo, ocupaba el frente de Zenteno (Alihuatá) y estaba desplegada desde Pozo Charcas hasta más al Oeste de Puesto J., cubriendo todos los accesos que conducen a las bases de Saavedra y Muñoz desde el Norte.

Cuando todo parecía indicar la inminencia de la batalla, por razones de servicio, y sobre todo, porque deseaba conocer los lineamientos e intención de las operaciones que esbozaba el Mando, me trasladé a Fortín Galpón, asiento adelantado del Cuartel General del Ejército, en ausencia del general Estigarribia, que se encontraba en Asunción en misión de servicio, así como del general Franco, quien accidentalmente había sufrido una herida en la pierna.

La confirmación de la inminencia de la operación, sin embargo, no me fue difícil obtenerla, pues me lo anunció el propio jefe de Estado Mayor general, coronel Garay.

En esa oportunidad me hizo saber el plan proyectado, el cual consistía en que: EL CUERPO DE EJÉRCITO PARAGUAYO, CON SUS DOS DIVISIONES PRINCIPALES, INTERCEPTARA EL CAMINO ZENTENO–SAAVEDRA, DESDE EL SUR DE FALCÓN, Y DESDE EL NORTE LAS ENEMIGAS DE POZO CHARCAS. Y COMO VARIANTE, POR SI FALLABA ESTE PLAN, RESERVABA UNA MANIOBRA ENVOLVENTE CON OTRA DIVISIÓN POR EL OESTE, CON IDÉNTICO OBJETIVO.

Le manifesté:

a) Que conocía personalmente el sector defensivo del enemigo desde Gondra hasta la altura de Zenteno por haberlo reconocido minuciosamente y que era muy potente y casi inexpugnable por una selva y maleza de las más enmarañadas del Chaco.

b) Que siendo imposible ejecutar las acciones preliminares en silencio y desde tan lejos del punto crítico, camino Zenteno–Saavedra, circunstancia que denunciaría nuestra acción, el factor decisivo de la sorpresa podría considerarse descartado.

c) Que esa operación, de ninguna manera podría alcanzar el objetivo de aislar a la IX División Boliviana, por la razón de que la misma contaba con otra ruta —Alihuatá Viejo–Puesto Moreno— que era objeto de preferente atención según informes de patrullas y era tan eficiente como el antiguo camino a Saavedra.

En cuanto a la variante, maniobra envolvente por el ala occidental, aunque más racional, resultaba más intrincada aún, pues si alcanzaba el buen éxito, interceptaría las dos comunicaciones con que contaba el enemigo para conectarse con sus bases. No obstante, entonces, que disponía de otra, que corría por detrás del sector de la IV División boliviana hacia Saavedra. Se expuso el siguiente razonamiento:

a) Porque tropezaría con las mismas dificultades puntualizadas anteriormente, agravadas por la circunstancia de que se resolvería en un espacio mucho más prolongado, unos 70 kilómetros, para alcanzar su objetivo.

b) Que en esa dirección, lógicamente, la vigilancia del enemigo sería mucho más activa, como consecuencia de nuestras recientes acciones ofensivas y por el interés puesto en la defensa de Puesto Sosa, más vulnerable a nuestra acción y estratégicamente más importante, pues su captura nos abriría la posibilidad de flanquear y aislar a la totalidad del frente del I Cuerpo Boliviano.

La falta de experiencia y pragmatismo en el planteo de esta batalla era evidente. Consistía, como ha ocurrido muchas veces en esa guerra, en una de esas concepciones de determinadas academias, desprovistas de los factores elementales indispensables, determinantes del éxito: la SORPRESA.

Pregunté finalmente al Comandante en Jefe qué razones le obligaban a empeñarse en operaciones tan difíciles y complicadas, teniendo virtualmente cortado al enemigo en el objetivo y solamente a pocos kilómetros más al sud del punto elegido en su Plan.

Efectivamente, mi División estaba, entonces, situada a espaldas mismas del enemigo, a nada más que cinco kilómetros del objetivo, en Campo Vía, a raíz de las afortunadas operaciones de julio, y sin exagerar, casi todos los días ocupaba con patrullas el camino Zenteno–Saavedra a la altura del Km. 19, poco más o menos.

La operación, además de que el objetivo de la misma era ampliado, persiguiendo el mismo objetivo de la destrucción de la D.I.4 enemiga, consistiría, pues, en una incursión sorpresiva sobre dicho camino, en el sitio precisamente indefenso y controlado por nosotros. Atacar las espaldas de las posiciones enemigas de Zenteno, asegurándose convenientemente del lado de Saavedra, o viceversa, que sería más efectivo. Sintetizando, dejar cortados a los bolivianos en Zenteno y operar directamente sobre Saavedra, en pos de una operación de escala total.

Este proyecto permitía, por lo demás, contar desde el principio de la batalla con una División más, la Primera, circunstancia que hubiera gravitado extraordinariamente sobre la brevedad, simplicidad y eficacia del esfuerzo, con las consiguientes ventajas de economía de vidas, de material y de energía, que fueron dilapidadas en un terco y largo empeño desde la misma iniciación de las operaciones sin la posibilidad de ningún éxito.

Tampoco estas últimas consideraciones encontraron acogida favorable en las resoluciones del General. Al parecer, ya todo estaba dispuesto para la operación proyectada y el amor propio o la fe en la propia concepción influyeron para que desapareciese la posibilidad de su modificación. Es la única explicación que podía encontrarse desde el punto de vista de la benevolencia para que fuesen desechadas razones tan precisas y que demostraban, de una manera innegable, los errores cometidos en la realización de una empresa semejante en las exigencias de lugar y tiempo, condiciones elementales para lograr un resultado militar favorable.

Así terminó aquella entrevista. No obstante, me retiré confiado, esperanzado en que el Comandante en Jefe meditaría, en último término, sobre mis observaciones que me parecían, más que nunca, justas.

Sin embargo, sería harto superficial considerar el problema con tan simples reflexiones. La cuestión era mucho más seria de fondo de lo que pudiera presumirse, pues caía dentro de los dominios de la aplicación de una determinada escuela y respondía decididamente al carácter de nuestro Comandante en Jefe.

Es por todos conocidos que, particularmente, como experiencia de la primera guerra mundial y otras causas, había surgido con renovada fuerza, especialmente en el sentido francés, la teoría de la guerra de desgaste, sustentada en la idea de la imposibilidad de alcanzar la victoria en el tradicional estilo de la batalla de aniquilamiento, dada la circunstancia del advenimiento de la guerra total, con su secuela de la entrada en acción de ejércitos de millones de hombres dotados de equipos y organizaciones defensivas invulnerables, frentes extensísimos, con profundidades de decenas de kilómetros, carentes de flancos, etc.

En otros términos, en la teoría de la guerra de desgaste, el objetivo general único es considerado imposible en razón de que la maniobra necesariamente se contrae y escapa fatalmente a ella gran parte de las fuerzas enemigas. Y entonces, la guerra se concreta, como la misma denominación sugiere, en la ejecución de acciones de objetivos limitados, que gradualmente, van quebrando la moral a las fuerzas enemigas, hasta que llega un momento en que éstas, en presencia de la crisis provocada por el desequilibrio y la desarticulación, comprendan que la prosecución de la lucha resulta inútil, se consideren vencidas, y pidan la paz.

El ideal del Gral. Estigarribia estaba totalmente dentro de esta tendencia moderna de la guerra. En el teatro del Chaco, y al servicio de pueblos que no disponían de millares de hombres ni de recursos materiales ni técnicos, era estéril y en cierto modo perjudicial, por cuanto la situación moral del enemigo superaba los efectos del desgaste y nuestro poder, por circunstancias geográficas, era inferior al del adversario a esa altura de la guerra.

Tanto el ejército paraguayo como el boliviano, ni en sus mejores momentos, contaron nunca con efectivos de primera línea superiores a los cuarenta mil hombres desplegados en cientos de kilómetros. La profundidad de los frentes era nula, reduciéndose a posiciones o velos debilísimos de una sola línea y casi sin reservas por la enormidad de los espacios que obligadamente debían ser cubiertos. Muchas veces, flancos descubiertos de decenas de kilómetros dejaban virtualmente en el aire vitales puntos estratégicos.

En consecuencia, ¿era lógico que en tales condiciones fuese adoptado el método de la guerra de desgaste? Es evidente que no; pero siendo difícil alterar la invariable ley de la vida que nos enseña que la conducta es el reflejo del carácter, el método empleado conciliaba muy bien con el espíritu eminentemente cauteloso y la tozuda disposición negativa del Conductor de asumir los grandes riesgos.

Y, uno se preguntará, ¿a qué condujo todo esto? El osario del Chaco, y el sacrificio estéril de tantos heroicos esfuerzos del pueblo en armas, y, ningún mérito extraordinario para el General Estigarribia, porque el estilo no daba para más. Como acontece a los que han elegido este método de conducción, no llegaron a protagonizar el acontecimiento esencial, el fin capital de la estrategia, la victoria decisiva. Consiguientemente, se le esfumó para siempre el insigne honor de figurar en la ambicionada galería de conductores militares sobresalientes.

En vísperas ya de la iniciación de la batalla, con miras a realizar una efectiva acción de colaboración en cumplimiento de la acción de maniobras tácticas de aferramiento y fijación del enemigo que me había sido asignada, me trasladé nuevamente a Campo Aceval, y ordené la inmediata ejecución de los preparativos para asegurar la supremacía de mi misión, sobre las posiciones de Gondra.

La I División, a mi mando, desplegada en un extenso sector de más de treinta kilómetros, aislada del resto del Ejército, virtualmente ya no disponía de los efectivos indispensables para la ejecución de operaciones ofensivas, por insignificantes que fueran sus alcances.

Mi intención era que al ocupar un sector mucho más reducido, quedase liberado el mayor número posible de efectivos —por lo menos un Regimiento— con el cual pasar al ataque en momentos en que el enemigo tomase nuevamente contacto con nuestras nuevas posiciones, y, en caso de éxito, nuestros inquebrantables deseos y esperanzas que la batalla fuese conducida por el lógico y sensato camino del de Gondra, por la fuerza de las circunstancias impuestas por los efectos de la nueva situación creada.

Fui autorizado para ejecutar esta maniobra y la cumplimos con todo éxito, adoptando mediante todas las medidas y recursos, de modo que el adversario quedase confundido acerca de nuestra real intención y nos presionase en las nuevas posiciones, oportunidad en que la unidad de maniobra, situada en posición favorable y elegida de antemano, desencadenaría su ataque envolvente.

Desafortunadamente, nuestras previsiones no fueron cumplidas. El enemigo procedió con extrema cautela y no tomó contacto con nosotros, sino después de mucho tiempo. La verdad es que nuestra maniobra coincidió con otra del enemigo que partía del Sudeste de Zenteno y estaba encaminada a cortar la ruta Nanawa–Falcón en Campo Aceval amenazando la espalda de la I División. Frente a ella tuvimos que contramarcharnos desde Gondra y al fin empleamos nuestras reservas, desapareciendo con ello la posibilidad de llevar adelante nuestro plan de ataque. Con estas maniobras, perdimos también para siempre la favorabilísima situación con que contábamos en Campo Vía, desde que teníamos íntegramente la posición a operar por detrás del enemigo de Zenteno y Saavedra.

Se inician las operaciones sobre Zenteno

(17 de octubre de 1933)

En las primeras horas del día 17 de octubre, y luego de frecuentes y prolongadas postergaciones, fueron iniciadas las operaciones con un potente ataque por parte de la División de Reserva General arrancando de Falcón en dirección general de Km. 7 del camino Zenteno–Saavedra. Dicha operación fue un fracaso rotundo, frenado en seco, y estrellándose contra las posiciones inexpugnables del enemigo que estando en antecedentes, lo estaba aguardando. Luego, no operó más, para ser abandonado definitivamente este aspecto del Plan.

Posteriormente, y ya a mediados de noviembre, es reiniciada la operación envolvente con la 7ª División de Infantería por el lado Oeste, acompañada de una presión general en todo el frente del I Cuerpo, con diversas alternativas para llegar a su objetivo en cerca de dos meses de esfuerzos y sacrificios inenarrables, que el soldado paraguayo venció con heroísmo y abnegación dignos de su estirpe. Esta operación envolvente fue concebida y realizada con el convencimiento de que el camino Zenteno–Saavedra constituía la única ruta de comunicación enemiga con sus respectivas bases. Resultó, sin embargo, que el enemigo disponía de otras, con lo que el corte de aquel camino, por ese lado, resultaba inútil, y de ninguna manera podía provocar la ruptura del equilibrio a nuestro favor.

Se puede asegurar, pues, que la operación empeñada por el I Cuerpo de Ejército, reforzado por el II Cuerpo, menos un Regimiento, en contra del enemigo situado en Zenteno, fue un esfuerzo verdaderamente heroico, pero mal dirigido y peor concebido, que solo trajo como resultado la pérdida de millares de vidas paraguayas. En la historia de la guerra del Chaco, la batalla del 17 de octubre de 1933 sobre Zenteno, quedará como un ejemplo de lo que no debe hacerse en la conducción de una batalla. Estigarribia, de quien tanto esperábamos, no supo aprovechar el momento de nuestra supremacía moral y material para asestar el golpe definitivo que habría significado el fin de la guerra.




martes, 7 de abril de 2026

Guerra del Chaco: Desfile de prisioneros bolivianos en Asunción

Asunción - Paraguay (post guerra)




Más de 20.000 bolivianos marchando en Asunción.

Al iniciar la guerra del Chaco su sueño era marchar victoriosos por las calles de la capital...

Pero al final de la guerra terminaron marchando como prisioneros.

domingo, 8 de marzo de 2026

Biografía: Almirante Manuel Domecq García

Manuel Domecq García


Almirante Manuel Domecq Garcia

(01) Robo de niños (Guerra del Paraguay)
(02) El niño Manuel
(03) El hombre Domecq Garcia
(04) Fuentes
(05) Artículos relacionados

Robo de niños (Guerra del Paraguay)

 

Desde el inicio de la Guerra del Paraguay y las primeras acciones, muchos oficiales aliados robaban prisioneros que eran vendidos como esclavos en brasil o como sirvientes en la argentina. La documentación al respecto no deja dudas. El propio Mitre lo confirma este robo de prisoneros en nota al vicepresidente Marcos Paz en carta del 4 de octubre de 1865, en que le da cuenta de la disminución del número de prisioneros tomados en las acciones de Uruguayana:


“Nuestro lote de prisioneros en Uruguayana fue de poco más de 1.400. Extrañará a usted el número, que debiera ser más; pero por parte de la caballería brasileña hubo tal robo de prisioneros que por lo menos arrebataron 800 o 1.000 de ellos, lo que muestra a usted el desorden de esa tropa, la falta de energía de sus jefes y la corrupción de esa gente, pues los robaron para esclavos, hasta hoy andan robando y comprando prisioneros. El comandante Guimaraes, jefe de una brigada brasileña, me decía el otro día que en las calles de Uruguayana tenía que andar diciendo que no era paraguayo para que no lo robaran” (Carta de Mitre a Marcos Paz - 4 de octubre de 1865 - JMR.La guerra del Paraguay.p.239)


Esta conducta pervesa se mantuvo a lo largo del conflicto, lo que provocó energicas protestas de Solano López, desmentidas cínicamente por Mitre y otros jefes aliados.

Durante la ocupación y saqueo de Asunción en febrero de 1869, los brasileños que entraron a la ciudad se dedicaron al sistemático saqueo y otros crímenes aberrantes, saqueando hasta las tumbas del cementerio. Las tropas argentinas se mantuvieron inectivas en las afueras de asunción, mientras la soldadesca brasileña se dedicaba a violar mujeres, robar templos y hasta delegaciones extrajeras, como para que el saqueo sea “más democrático”.

D.F.Sarmiento



El presidente Sarmiento, con vistas a la historia, aprueba este proceder del General Emilio Mitre: “Aplaudo la determinación prudentísima de Ud. de no entrar en Asunción, dejando a la soldadesca brasileña robar a sus anchas. Esta guerra tomará proporciones colosales en la historia y es bueno que nuestro nombre figure limpio de reproche” (Sarmiento a Emilio Mitre. Buenos Aires, 21 de enero de 1969- Obras Completas, 10 tomos. Buenos Aires 1888-1913) Extraña actitud de Sarmiento felicitando y aplaudiendo al jefe Argentino “dejando a la soldadesca robar a sus anchas” la ciudad tomada.

Efectivamente saquearon a sus anchas la ciudad, donde arrancan hasta puertas y ventanas de algún valor, y quemando el resto, para cargarlos en la rada del puerto los barcos, que a carga completa, conducían el producto del saqueo hasta Río de Janeiro o Buanos Aires, donde eran rematadas al mejor postor. Esto fue tan a cara descubierta, que el propio príncipe de su Alteza Real y yerno de Pero II, más conocido como el sádico conde D´Eu, en su visita a Sarmiento que lo recibe en la Casa de Gobierno con motivo de la inauguración del nuevo mobiliario y tapicería francesa de la Casa de Gobierno, deja asentado en su diario: “se dice que pertenecieron a López” (Archivo del conde d´Eu. Archivo de la familia real en Petrópolis)

“Novecientas mujeres que cayeron en poder de los brasileños fueron víctimas de la lascivia de la soldadesca…Los brasileños, posesionados de la ciudad, se entregaron al más implacable saqueo y devastación. Ni las legaciones, ni los consulados, ni los sepulcros, ni las iglesias fueron respetados. La tarea destructora siguió varios días. Durante la noche, las casas de fácil combustión, incendiadas después de saqueadas, y grandes fogatas alimentadas por los muebles sin valor y por puertas y ventanas, alumbraban el cortejo de vehículos que transportaban hasta los buques los frutos del saqueo. Las embarcaciones zarparon hacia Buenos Aires y Río de Janeiro repletas de objetos de valor. La escuadra brasileña también se prestó a esa tarea” (Cardozo, Efraín. “Paraguay independiente”.p.245, en Historia de América y de los pueblos americanos, dirigida por Antonio Ballesteros y Beretta. t.XXI. Barcelona 1949)


Guerra del Paraguay - Leonardo Castagnino A esta salvajada, llevada a cabo por “los civilizadores de Paraguay”, no escaparon los niños paraguayos de la más corta edad, que durante el saqueo deambulaban desorientados por las calles de Asunción, ya huérfanos o separados de sus padres y parientes, y que fueron victimas del robo o secuestro para ser canjeados o vendidos en el lugar, o trasladados como esclavos y sirvientes.

La historia nos da muchos nombres de niños que fueron secuestrados y llevados a los países vecinos, como los casos de Ramón Grance, Mateo Rivas, José Cantero o Manuel Domecq García. Otros quedaron perdidos en las oscuras páginas del pasado, pues no solo fueron secuestrados sino robadas sus propias identidades. Relatos de sobrevivientes refieren estos hechos lamentables, donde cientos de niños harapientos y famélicos eran secuestrados por la soldadesca y llevados aguas abajo por miembros de los ejércitos invasores, en medio de dramáticas escenas de parte de sus parientes, imposibilitados de evitar tal despojo, pues fuertes cordones de soldados no dejaban acercarse a parientes y conocidos para despedirse de los desgraciados.

Bartolomé Yegros, paraguayo niño en aquella época, y que sobrevivió a la tragedia, nos deja esl siguiente testimonio:

"Yo contaba entonces nueve años de edad. Centenares de criaturas hambrientas y desparramadas llegaban de la campaña a la capital, tras los peregrinos que regresaban de los desiertos, extraviados por causas múltiples, de nuestras familias o tutores, rastreándolos inútilmente. Y amedrentados por los que robaban niños en la ciudad, los que podíamos escapar a estas persecuciones huíamos de nuevo al interior, vagando hasta encontrar alguna persona piadosa en las poblaciones cercanas, que habían sido abandonadas y empezaban de nuevo a ser pobladas.

"Esta caza de menores había durado de 1869 a 1870, o hasta más tarde. Yo retrocedí hasta el pueblo de Capiatá, amparándome en una señora de la familia de Mongelós, hasta que una única hermana mía regresó de Cerro Corá, y hubo de recogerme consigo en la capital. Mis hermanos varones sucumbieron todos. El hecho que dejo relatado no puede considerarse un caso aislado, porque lo realizaban sistemáticamente, pues los mismos soldados argentinos salían a recorrer las calles, en busca de pequeños errantes, o de los hijos de los mismos vecinos, que habían vuelto a ocupar sus casas, para llevarlos a distribuir después, en son de dádiva, a sus familiares, como trofeos vivientes o como "cautivos". He tenido ocasión de conocer a muchos de esos desgraciados, tanto en la capital federal argentina, como en los pueblos de las provincias, antes y después que permanecí en el ejército de dicho país".


El niño Manuel

El caso del niño Manuel Domecq García es relevante, pues con el tiempo llegó a ser una personalidad notable y respetadísima en la sociedad argentina. Había nacido en el pueblo de Tobatí el 12 de junio de 1859 y, con apenas seis años, fue arrastrado por la vorágine de la guerra. Su padre, Tomás Domecq, médico militar, perdió la vida en el cerco de Humaitá, en 1868, y su madre, doña Eugenia García Ramos de Domecq, habría fallecido en la batalla de Peribebuy del 12 de agosto de 1869 o a causa de las penurias siguiendo al ejército paraguayo como residenta.

Con las fuerzas aliadas llegaron al país numerosas familias que, hasta entonces, vivían en el exilio, como el caso de la familia Decoud Domecq, conformado por don Juan Francisco Decoud, segundo jefe de la Legión Paraguaya (1), y su esposa, doña Concepción Domecq de Decoud, padres de don José Segundo Decoud Domecq, periodista, convencional de 1870 y ministro de estado , Juan José, Adolfo, Diógenes y Héctor Francisco Decoud Domecq.

Según un informe proporcionado por la propia señora Concepción Domecq de Decoud al doctor Estanislao Zeballos, el niño Manuel Domecq García había sido recogido por soldados de las fuerzas brasileñas de ocupación. "Después del regreso de las familias a la Asunción, cuenta el doctor Zeballos, una noche que en la casa del señor Decoud (Juan Francisco) se celebraba una comida en regocijo de la reunión de la familia, llamaron a la puerta unos brasileños. Salió el joven José Segundo a inquirirse del objeto de la visita, y ellos dijeron que querían hablar con la señora”.

Cuando doña Concepción se presentó, ella con dos de sus hijos, se desarrolló el siguiente diálogo:

- Usted busca un sobrino, señora; nosotros lo tenemos".
- Traiganlo, pues".
- Es necesario que nos pague el servicio"
- Tráiganlo, les daré una libra esterlina (una cifra elevada, en la época)".


Los brasileños se negaron a entregar al niño por esa suma y recién luego de varios minutos de puja, se acordó la entrega, cuando la señora de Decoud ofreció entregar ocho libras esterlinas por el rescate del niño, quien se encontraba escondido en una carpa en el campamento brasileño.

Ante la ausencia de los padres del niño Manuel Tomás Domecq García y de su hermana Eugenia, de unos cinco años, también rescatada por sus tíos, y ante el clima de desolación que se vivía en Asunción, los niños fueron enviados a la Argentina para ser criados por un tío materno, don Manuel García Ramos, fuerte estanciero de la época.

En un momento dado del largo viaje a la Argentina, el pequeño Manuel Domecq se extravío, ante la desesperación de la persona qe los trasladaba. Los esfuerzos por encontrarlos no tuvieron resultado y continuaron viaje a Buenos Aires comunicando al don Manuel García Ramos de la desaparición del niño.

Don Manuel recurrió entones a cuanto recurso estaba a su alcance para recuperar a su sobrino.. Apeló a muchos amigos, tanto en la Argentina, como en Uruguay y en Brasil. Logró que las autoridades emitieran un bando que decía así:

"Circular. Dirigida a varios Jefes y Oficiales del Ejército Aliado en operaciones en el Paraguay y otras personas residentes en el mismo País, pidiendo noticias del niño Manuel Domecq que se ha extraviado.

Se suplica a cualquiera persona a cuyas manos llegue este impreso, que si tiene alguna noticia del paradero del niño Manuel Domecq de diez años, blanco, ojos negros, pelo negro; tenga la bondad de transmitirla al señor Comisionado Argentino en la Asunción Coronel D. Pedro José Agüero, directamente si le es posible y si no al jefe más inmediato, a quien también se pide que haga llegar la noticia a dicho Coronel.

Este niño venía con la señora a cuyo cargo hallaba, entre un grupo de familias que fueron recogidas por las fuerzas aliadas en el mes de agosto próximo pasado. Durante la marcha a pie para la estación de Ferrocarril el niño se cansó o se enfermó y un oficial brasilero lo tomó en ancas de su caballo y en la confusión se extravió, no pudiendo darse con él hasta ahora.

"La familia que se encuentra desolada con la pérdida de este niño agradecerá profundamente y gratificará a la persona que le proporcione indicaciones sobre su paradero. "En Buenos Aires puede ocurrirse a la calle Perú esquina Rivadavia".

Este bando se repartió por todas partes, pero, por suerte, tuvo efecto y, luego de cuatro meses de angustiosa espera, el niño Manuel Tomas Domecq García pudo reunirse con la familia de su tío.

¿Qué pasó con el niño, el tiempo que estuvo nuevamente desaparecido? Cuando viajaba para reunirse con su tío Manuel García Ramos, el niño sube a la grupa del caballo de un oficial brasileño, quien le llevó al Brasil, donde fue recogido por mariscal Luis Alves de Lima e Silva, duque de Caxías, quien llegó a encariñarse tanto con él que quiso adoptarlo.

Luego sus familiares lo localizaron y su tío viajó al Brasil a rescatarlo. Ya en Buenos Aires, el niño Manuel y su hermana Eugenia, pasaron a vivir en la casa de una hermana de su madre, doña Demofila García Ramos de Lanús.


El hombre Domecq García

A partir de entonces la historia de Manuel Domeq Garcia es un poco mas coocida o facil de rastrear, pero vale la pena hacer una breve reseña sobre la actuación de este hombre notable.

En 1877, de joven, ingresa a la Escuela Naval Argentina fundada en 1873, y que por entonces funcionaba en el buque Almirante Brown, destacándose como alumno y egresando como el primero de su promoción.

Ya egresado participa en varias expediciones de relevamientos hidrográficos en los ríos Paraná, Iguazu y Pilcomayo, que lo convierten en un experimentado conocedor de esos ríos, ingresando en 1886 a la Comisión Argentina de Limites con Brasil, a las órdenes del comandante Valentin Virasoro, efectuando relevamientos de los ríos San Antonio y Pepiry-Guazu.

Posteriormente, este paraguayo nacionalizado argentino, es encargado de variso fuciones relevantes por parte el gobierno argentino.

Es enviado a Europa para contratar la construcción de la fragata Sarmiento, destinada a ser buque escuela de la Armada Argentina. Luego de estudiar las diversas propuestas de astilleros europeos, finalmente, en 1896, se contrató con la firma Laird Brothers, establecida en Birkenhead, Inglaterra. Terminada la construcción de la fragata Sarmiento, Domecq retornó a su país, siendo designado comandante en Jefe de la División del Río de la Plata.

Luego el gobierno del general Julio Argentino Roca lo designa presidente de la omision argentina encargada de la construcción de los cruceros acorazados Moreno y Rivadavia en los astilleros Gio Ansaldo de Genova. Pese la muerte por entonces de su hija mayor, se dedicó de lleno a la fiscalización de la construcción de estos dos buques, los más avanzados de la época en materia naval, además de otros ya entregados a la Armada Argentina: Garibaldi, San Martín, Belgrano y Pueyrredón. (2)

El destino final de aquellos buques no seria la Armada Argentina, por cuanto en 1902 la Argentina firmó con Chile un pacto de desarme y de equiparación del poder naval de ambos países, y los acorazos terminados de construir en 1904 fueron vendidos al Imperio del Japón. Domecq García, como jefe de la Misión Naval en Génova, fue el encargado de entregar los buques a los enviados japoneses, que rebautizaron los acorazados con los nombres de Kasuga y Nisshin. Durante la guerra Ruso-japonesa, el Imperio de Japón invita a la Argentina a que designase un oficial de la Armada como observador de esa guerra. La designación recayó en Manuel Domecq García, quien desde Génova se trasladó hasta el escenario de guerra, permaneciendo en el teatro de la guerra durante dos años, donde embarcado presenció varios combares navales. Retresa a la Argentina en mayo de 1906

El 19 de mayo de 1908, a los cuarenta y nueve años, Manuel Tomás Domecq García recibió las palmas del almirantazgo al ser ascendido a Contralmirante, luego de una larga postergación como capitán de navío, prestando servicios en la Armada en diferentes destinos.

El 17 de diciembre de 1908, el presidente Figueroa Alcorta le designara Presidente de la Comisión Naval en Europa, para estudiar las propuestas y recoger informes de los distintos astilleros que construirían buques para reforzar el poder naval argentino.

Con ese objeto viajó nuevamente a Europa y Estados Unidos, donde encargó la construcción de los dos buques de guerra más grandes del mundo en ese momento y que costaron al país cinco millones de libras esterlinas. Estos dos acorazados fueron nuevamente bautizados con los nombres Moreno y Rivadavia.

Luego de tres años al frente de la misión naval en los EE.UU., Domecq García retornó a la Argentina, siendo designado comandante en jefe de la Escuadra de Mar. Comandó el acorazado Moreno, y ya con el grado de Vicealmirante, comandó el buque insignia argentino, el acorazado Rivadavia.

En 1922, el doctor Marcelo Torcuato de Alvear fue elegido presidente de la República y designa Ministro de Marina al marino más prestigioso del momento: Manuel Domecq García. Desde sus funciones ministeriales, Domecq García fue factor preponderante de la modernización de la Armada Argentina, que vio incrementar su flota, especialmente por la adquisición de submarinos, que se sumaron a la flota argentina, algunos años más tarde.

Tanto el presidente Alvear como el almirante Domecq García alentaron la construcción de submarinos por la Armada Argentina y promovieron el equipamiento de un astillero especial. Ese astillero fue bautizado con el nombre de su principal mentor: "Astillero Ministro Manuel Domecq García", y que actuamente se haya ubicado en la costanera Sur del la Capiltal Federal.

También fue uno de los fundadores, durante su juventud, del Centro Naval argentino. En 1912, fue uno de los propulsores de la creación de la Aeronáutica.

Como Ministro de Marina de la República Argentina, Manuel Domecq García fue el redactor, entre otras cosas, del proyecto de acuerdo con la República del Uruguay para la determinación de la jurisdicción de ambos países. Impulsa la formación de la Marina Mercante argentina de ultramar; la explotación de minerales ferrosos y plumbíferos de la mina Valcheta, entre otras realizaciones.

Siendo Ministro, y por cumplir el límite de edad, se retiró de la actividad naval. Retirado de la actividad pública, los gobiernos que vinieron supieron recurrir a su experiencia. El rey Jorge V de Inglaterra le honró con la condecoración de Caballero del Imperio Británico.

Cuando estalló la guerra que ensangrentó a las Rpúblicas de Paraguay y Bolivia (1932-1935), el almirante Domecq García, tan unido al Paraguay por lazos de sangre y amistad, adhirió a la suerte paraguaya y fue uno de los principales promotores de la ayuda argentina al Paraguay. Fue personalmente fundador de la Asociación Fraternal Pro Cruz Roja Paraguaya, que envió al frente uniformes, frazadas, alimentos, etc. Integra, como asesor especial, la Comisión Argentina que, presidida por el Canciller argentino, Carlos Saavedra Lamas, que logró finalmente el acuerdo de paz entre los beligerantes, firmado en Buenos Aires el 12 de junio de 1935.

En la posguerra, el almirante Domecq García siguió fiel a sus lazos de amistad hacia el Paraguay. Ante el desesperado pedido del general José Félix Estigarribia, prisionero luego del derrocamiento del presidente Eusebio Ayala, acogió en su domicilio a la esposa y a la hija del héroe paraguayo y se ocupó en movilizar a las autoridades de la Argentina y de Brasil, hasta obtener finalmente su libertad.

En 1938, Domecq García fue uno de los propulsores de la candidatura del general Estigarribia a la presidencia de la República del Paraguay, diciéndole, entre otras cosas: "...así como en la guerra pasada se movilizó el pueblo entero del Paraguay para defenderlo, Ud. debe movilizar en su gobierno, si es que llega como lo deseo, a ese mismo pueblo para el trabajo, para que la pala y el pico, en lugar del fusil, sean las armas del progreso".

Manurl Domeq Garcia fallece el 11 de enero de 1951, a los noventa y dos años de edad, dejando al morir al morir, en herencia, una casa hipotecada, un automóvil de veinte años de antigüedad, sus uniformes, sus cartas, sus galardones y el recuerdo y asdmiracion de algunos de sus compatriotas argentinos.

(1) La Legión Paraguaya estaba formada por disidentes paraguayos que participaron en la guerra en contra de Paraguay, sostenidos por los aliados.

(2) Lamientamos que algunos buques hayan sido bautizados con nombres como Sarmieto, Rivadavia o Garibaldi.

                          


Fuentes


- Obras citadas
- Castagnino L. Guerra del Paraguay. La Tripe Alianza contra los paises del Plata
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

La Gazeta

miércoles, 18 de febrero de 2026

Guerra del Paraguay: El Tratado Machaín-Irigoyen

El Tratado Machaín-Irigoyen: su firma en 1876, la definición de la frontera y su impacto duradero entre Argentina y Paraguay

El acuerdo, firmado el 3 de febrero de 1876 en Buenos Aires, descartó cualquier cesión territorial. A partir de ese entendimiento quedó ratificada la soberanía argentina sobre Misiones y Chaco.
Perfil



El Chaco Boreal se resolvió después; nunca hubo cesión de Misiones ni Bermejo-Pilcomayo al Paraguay | Collage

El 3 de febrero de 1876 marcó un punto de inflexión irreversible para la geopolítica del Cono Sur. En Buenos Aires, el canciller argentino Bernardo de Irigoyen y el representante paraguayo Facundo Machaín estamparon sus firmas en el documento que pondría fin a una de las disputas territoriales más tensas y prolongadas de la región: el Tratado de Límites que cerraba las heridas administrativas de la Guerra de la Triple Alianza.

A un siglo y medio de aquel evento, la configuración actual de las provincias del noreste argentino y la fisonomía de la soberanía paraguaya no pueden entenderse sin desglosar los términos de este acuerdo, que fue tanto un ejercicio de diplomacia pragmática como un alivio para una nación paraguaya que luchaba por su supervivencia tras el conflicto.


El acuerdo establece el límite oeste por el canal principal del río Paraguai hasta el Pilcomayo

La consolidación de Misiones y el Chaco Central

Uno de los pilares fundamentales del tratado fue la resolución del destino de la Provincia de Misiones. El acuerdo ratificó de manera definitiva la soberanía argentina sobre este territorio, extinguiendo las antiguas pretensiones paraguayas que se remontaban a la época colonial y la etapa de la independencia.

Sin embargo, el punto de mayor fricción se encontraba en el Gran Chaco. El tratado estableció una división clara basada en los cursos de agua:

-Franja Bermejo-Pilcomayo: El Paraguay renunció a toda reclamación sobre el territorio comprendido entre los ríos Bermejo y Pilcomayo. Esta franja quedó bajo dominio argentino, integrando lo que hoy conocemos como parte de las provincias de Formosa y Chaco.

-El arbitraje de Hayes: El área situada entre el río Pilcomayo y el río Verde fue sometida al arbitraje del presidente de los Estados Unidos, Rutherford Hayes, quien fallaría a favor de Paraguay en 1878.
Un contexto de pragmatismo y presión

El tratado de 1876 no surgió de un vacío. Argentina, que había mantenido la tesis de que "la victoria no da derechos" —frase acuñada por el propio Mariano Varela años antes—, tuvo que equilibrar sus intereses territoriales con la necesidad de evitar la absorción total de Paraguay por parte de las ambiciones del Imperio del Brasil.

Un correntino, eslabón clave de una banda narco, fue procesado en Córdoba tras 13 años prófugo

Para Paraguay, la firma representó una cesión dolorosa. Con la capital aún bajo ocupación de las tropas aliadas y una economía devastada, la definición de fronteras le permitió iniciar un proceso de reconstrucción institucional y soberana.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Revolución Libertadora: La huida de Perón

 

(1) Camino del exilio

Eduardo Lonardi ha establecido Capital en Córdoba, proclamándose presidente provisional, al tiempo que ha enviado un ultimátum a la Junta Militar, exigiendo la renuncia de Perón. En la madrugada del 20 de setiembre el mayor Renner -ayudante de Perón- es convocado al Comando del Ejército: allí se le comunica que la Junta ha aceptado la dimisión del presidente constitucional (que, en rigor, no había presentado) y que éste deberá alejarse del país. 

Figura 1:
 

Cañonera Paraguay amarrada, vista desde tierra firme. En ella Perón fue recibido con los honores correspondientes a su grado de general paraguayo.

Esa misma mañana, en compañía de Renner y unas pocas personas de su confianza - y llevando un escaso equipaje-, Perón se dirige a la casa del embajador del Paraguay doctor Juan Chávez, con quien ha tomado contacto previamente. Luego, en el automóvil del embajador, será conducido a la cañonera Paraguay, amarrada en Puerto Nuevo.

Figura 2:
 

Mesa de trabajo en la cámara del capitán de la cañonera Paraguay, que fue cedida al general Perón por el Capitán del buque.

Sólo Renner, Cailceta y el mismo embajador, acompañan a Perón en ese primer trayecto  hacia lo que será un exilio de casi dieciocho anos. En esa neblinosa y solitaria mañana, Perón traspone la planchada del buque: la tripulación espera formada en cubierta y el comandante lo recibe, tributándole los honores militares correspondientes. Es que, desde un año atrás, Perón es ciudadano honorario del país hermano y general de su ejército. Esos títulos le han sido conferidos por el gobierno del presidente Alfredo Stroessner -con quien ha trabado amistad- en reconocimiento a la política fraternal del justicialismo, culminada en la restitución de los trofeos tomados durante la infame guerra de la Triple Alianza.

Figura 3:
 
Cama que utilizó Perón en la cañoñera Paraguay.

Recibido con gran cordialidad, el general se aloja en la cabina del capitán. Es el momento para descansar de las tensiones vividas en los últimos días, como también para reflexionar acerca de los hechos inmediatos y el difuso futuro. 

Figura 4:
 

El general Perón en 1955.

En el ocio obligado del buque, amenizado por las charlas y reuniones con la tripulación, la lectura de los diarios y las noticias radiales que dan cuenta de su caída, Perón aprovechará también para escribir durante largas horas: comenzará a dar forma a los que serán sus primeros libros en el exilio. Al día siguiente de su llegada, retorna a bordo el embajador Chávez en compañía del agregado militar paraguayo, general Demetrio Cardozo. Este último es amigo y compadre de Perón, a quien trae unas valijas con efectos personales, preparadas por el mayor Renner. 

Figura 5:
 

El embajador del Paraguay en la Argentina, Juan R. Chaves y el coordinador de la Unión Económica con el Paraguay, Idelfonso Cavagna Martínez, visitan en el Arsenal “Esteban de Luca”, el 29 de julio de 1954, los trofeos de guerra que han de ser devueltos por la Argentina al gobierno y pueblo paraguayos.




El embajador comunica a Perón que, el día anterior, ha estado en el ministerio de Ejército en compañía del mismo Cardozo, para comunicar a la Junta su asilo político y solicitar las seguridades y garantías de práctica. Ellas aparecen indispensables, a la luz de la furibunda ola de antiperonismo que se ha desatado en el país. No puede descartarse la posibilidad de un atentado, aun de sectores de las fuerzas armadas encaramados en el poder. 
Figura 6:
 

Perón rumbo a su exilio.

La Junta ha accedido al pedido, ordenándose así la Prefectura Naval montar guardia, garantizando la seguridad del buque. Se ha dado inicio también a las gestiones destinadas a obtener el salvoconducto para que Perón abandone el país. Estas se demorarán algunos días, en virtud de la confusión imperante.

Tensa espera

En tanto, los acontecimientos se suceden. El 21 de septiembre se ha difundido un comunicado: “La Junta Militar, en virtud de la autoridad que asumiera a continuación de la renuncia presentada por el Excmo. Señor presidente de la Nación, ha llegado a un total acuerdo con el comando de la oposición, aceptando los puntos estipulados con sus representantes. El día 22 de septiembre se hará cargo del gobierno provisional el general de división retirado, don Eduardo A. Lonardi". 

Figura 7:
 

General Lonardi, a cargo del gobierno provisional.

La asunción del mando será postergada, pero desde Córdoba se emiten los primeros decretos del gobierno provisional: son disueltas ambas cámaras del Congreso, comienzan a producirse intervenciones en provincias, se ordena la libertad de presos políticos y se levanta la clausura a varias publicaciones periodísticas. Asimismo, es restituido el nombre de La Pampa y Chaco a las provincias Eva Perón y Presidente Perón. Finalmente, Lonardi jurará el 23. 

Figura 8:
 

A bordo de un chinchorro Perón se dispone a abordar el hidroavión Catalina enviado por el gobierno paraguayo.

Mientras tanto, la agitación crece. El embajador Chávez renueva sus gestiones, porque hay fundados rumores de que algunos sectores de la oposición pretenden atentar contra la vida de Perón. En el muelle, frente a la cañonera, es apostada una compañía de infantes de marina en actitud de combate, lo que obliga a reforzar las guardias en el buque paraguayo. 

Figura 9:
 

Mayor Máximo Alfredo Renner, ayudante de Perón en el período crítico anterior a su alejamiento del país.

En la noche del 23, un oficial argentino -previamente obligado a dejar su armamento- asciende a la nave: “manifiesta al comandante que existe el rumor de que Perón hablará por radio a la población. Si eso sucede –le advierte- el barco será atacado”. El marino paraguayo le responde en tono firme: no hay a bordo radio para transmitir a las ciudades, y cualquier agresión será repelida. La cañonera es alejada algunos metros del muelle. 

Figura 10:
 

Perón a bordo de la cañonera Humaitá, a la espera de las tensas negociaciones entre la embajada paraguaya y el gobierno militar de la “libertadora”.

Por fin, el 24, el gobierno provisional da un comunicado: "en forma terminante, el gobierno provisional ofrece toda clase de garantías al ex presidente de la nación, general Perón, embarcado en una nave militar perteneciente a una país amigo y en donde ha buscado asilo voluntario" 

Figura 11:
 

En una actitud que se repetiría en el futuro la clase media argentina daría rienda suelta a su odio antiperonista. Fueron la más eficaz herramienta de la oligarquía para el consenso social que todo golpe de facto necesita.

Hacia Asunción

Se suceden nerviosas tratativas con las nuevas autoridades. El 25, la Paraguay sale de la rada, donde la espera otra cañonera -la Huamita- lista para zarpar. Sin embargo el gobierno provisional se opone a que Perón se aleje por vía fluvial, remontando el Paraná. Es que, pasados los primeros momentos de desconcierto, el pueblo comienza a reaccionar. Se teme que Perón pueda volver a tierra y sublevar unidades en el Litoral, o que su presencia produzca una conmoción popular incontrolable. 

Figura 12:
 

Una vista de la cañoñera Paraguay en la rada del puerto de Buenos Aires.

El nuevo canciller, Mario Amadeo, se muestra favorable a facilitar el trámite para que Perón viaje a Asunción. Pone a disposición del general Cardozo un avión para que se traslade a su país y consulte al presidente Stroessner. Así se hace, y el mandatario paraguayo dispone el envío de un hidroavión del tipo Catalina, para que Perón sea llevado a destino. 

Figura 13:
 

Dos vistas de la cámara del capitán de la Paraguay, cedidas a Perón durante su estadía en el buque.
Por fin, el 3 de octubre ultimado el acuerdo entre ambos gobiernos, parte de Asunción el Catalina PBY-T 29, tripulado por el capitán Leo Nowak, el teniente Angel Souto y el subteniente Edgar Usher. Acuatizan hacia el mediodía, en las proximidades de la Paraguay. La maniobra no es fácil, porque el río está agitado. 
Figura 14:

Cubierta de la cañoñera Paraguay.

Desde la cañonera se desprende un chinchorro que se aproxima al hidroavión. En él viaja Perón, a quien acompañan el canciller Amadeo, el embajador Chávez, el general Cardozo, el mayor Cialceta y el capitán de navío Barbita. Amadeo, cumplimentando los compromisos asumidos, entrega a Perón el salvoconducto, y el expresidente se ubica en la aeronave. 

Figura 15:
 

Avión Catalina PB-Y-T-29, de la fuerza aérea paraguaya. Piloteado por el capitán Leo Nowak, este aparato transportó a Perón a Asunción.

Después de algunos intentos, dificultados por el fuerte viento, el Catalina logra despegar. Al tomar altura, Perón echa una última mirada hacia Buenos Aires, entrevista tras una cortina de niebla. En cinco horas, volará sobre Asunción. 

Figura 16:


Avión en que el presidente del Paraguay, general Alfredo Stroessner, salió al encuentro del avión Catalina que traía al Paraguay al general Perón.




Fuente