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viernes, 27 de mayo de 2016

Independencia: ¿Cómo era Tucumán en 1816?

¿Cómo era la ciudad de Tucumán en 1816?
Tuvo el honor de albergar el Congreso que declaró nuestra Independencia de España y de toda otra potencia extranjera. A pocas semanas del Bicentenario del 9 de Julio, un repaso por el aspecto tenía y cómo se vivía en ella



Esta es el primero de una serie de videos en los cuales semanalmente el historiador Claudio Chaves nos irá introduciendo en el ambiente, usos y costumbres de aquellos años revolucionarios en que nacía la Patria, y en las encrucijadas políticas que llevaron a un puñado de hombres, representantes de la mayoría de las llamadas por aquel entonces Provincias Unidas, a romper definitivamente las cadenas que nos ligaban a España.

El Congreso de Tucumán quedó formalmente constituido el 24 de marzo de 1816, pero antes e incluso después de esa fecha iban llegando a la capital provincial los diputados elegidos por los respectivos Cabildos para representarlos en aquella reunión cuyos objetivos de mínima eran preservar la unidad nacional -amenazada desde afuera por la Restauración borbónica y la avanzada portuguesa y desde adentro por nuestros disensos- y defender la fe católica, pero que acabó cumpliendo con uno de los objetivos de máxima: declarar la Independencia.

En las próximas entregas de esta serie, veremos cómo era la vida social en el ya ex virreinato del Río de la Plata y lo que el fin de la era napoleónica representó para la incipiente vida autónoma de la futura Argentina.

Infobae

sábado, 9 de agosto de 2014

Tucumán, el Vietnam argentino

Así fue la cruel guerrilla comunista en Tucumán
Por Nicolás Márquez



En el fragor de la dramática guerra interna acaecida en la Argentina en los años 70´, un tema tan esencial como poco explorado (y en torno del cual giró la contienda), fue el intento por parte del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo)- la organización guerrillera mejor preparada y más aguerrida del continente- de llevar la guerra a la selva de Tucumán con el propósito de dominar la provincia, expandir su imperio a las provincias del norte, segregar una porción del territorio argentino e intentar conseguir el aval de la comunidad internacional para que fuera reconocido Estado Independiente, y desde allí, bajar a Buenos Aires y hacer un golpe de estado de filiación castro-comunista.

Miles de combatientes del ERP al mando del emblemático guerrillero Mario Roberto Santucho, se lanzaron al ataque contra la democracia en búsqueda de ese objetivo. Para tal fin, a partir de mayo de 1974 (tercera presidencia de Perón) los castristas locales montaron numerosos campamentos guerrilleros en la selva de Tucumán secundados por un formidable aparato de retaguardia tanto en zonas urbanas de esa Provincia como en las provincias aledañas. Atacaron numerosos cuarteles, guarniciones militares y dependencias policiales en todo el país, con el propósito de conseguir armamentos y reforzar la Compañía de Monte en la Cuna de la Independencia. Crearon sofisticadas fábricas de armas, imprentas clandestinas y llevaron adelante un plan sistemático de secuestros a empresarios y militares (muchos de ellos seguidos de muerte) para canjearlos por dinero o negociarlos por guerrilleros detenidos por las fuerzas legales. Exactamente la misma situación vive hoy el estado de Colombia con el terrorismo narcomarxista de las FARC.

Por entonces, la experiencia cubana, el ejemplo del Che Guevara y otros episodios ideológicamente afines, fueron el faro que marcó la senda de la guerrilla “santuchista”. Pero sin dudas, fue la guerra de Vietnam la que atravesó y marcó por completo al ERP y la virtual guerra de secesión que vivió la Argentina entre 1974 y 1977. El Che Guevara había ordenado a sus feligreses “crear dos, tres, cien Vietnam” y encender la pradera revolucionaria en el conosur. Santucho y sus miles de combatientes leían permanentemente a los doctrinarios vietnamitas, estudiaban sus estrategias, se entrenaban en función de ellas; a Buenos Aires la llamaban “Saigón”. Su objetivo era cumplir el papel del Vietcong (ejército irregular que peleó contra las tropas americanas en Vietnam) y para tal fin, escogieron la zona geográfica más parecida posible a la existente en Vietnam. Ahora la selva vietnamita sería reemplazada por la de Tucumán (que era más cerrada y espesa) y los cañaverales de azúcar ocuparían el lugar de los arrozales. Sendos ámbitos eran ideales para “pegar y esconderse” tal el dogma de la “guerra de guerrillas”. Asimismo, la gran densidad de población y la pobreza imperante en Tucumán, les permitiría (según ellos creían) ganarse el apoyo masivo de la gente. El ERP no estaba sólo: peleó con tropas de refuerzo de guerrillas provenientes del MIR de Chile, del ELN de Bolivia, de Tupamaros del Uruguay y de otros países. El entrenamiento y adoctrinamiento fue proporcionado por el estado totalitario de Cuba y fue el único campo de batalla donde el ERP realizó tareas de guerra conjuntas con Montoneros.

En tanto, el gobierno nacional, en medio de una situación preanárquica en un país en grave riesgo de ser segregado, tras varios fracasos lanzó en febrero de 1975 el “Operativo Independencia”, ordenándole a las Fuerzas Armadas entrar en guerra y aniquilar a través de operaciones de combate el accionar de los elementos subversivos obrantes en Tucumán.

Durante los primeros tiempos, dicho Operativo fue encabezado por el General Acdel Vilas. No es casualidad que dadas las condiciones de una guerra que por imposición del bando atacante siguiera a pie juntillas la experiencia vietnamita, meses después fuera convocado a comandar el Operativo el General Antonio Domingo Bussi, quien fuera entrenado precisamente en Vietnam en 1968. Nunca se imaginaría Bussi que casi un lustro después, todo lo allí aprendido debería aplicarlo en su país, ahora no como aprendiz y espectador, sino como protagonista y conductor. Tanto sea por el lado de la guerrilla como por el de las fuerzas legales, el emblema de Vietnam sobrevolaba Tucumán (el corazón de la guerra revolucionaria) y por añadidura el resto del país.

Nuestro pasado reciente se encuentra tan pésimamente contado y distorsionado, para erradicar las historietas que se difunden por los medios masivos de comunicación hemos relanzado este libro “El Vietnam Argentino, la guerrilla marxista en Tucumán”, obra prologada por el avezado politólogo Rosendo Fraga.

Los documentos, los testimonios (muchos inéditos), el fanatismo ideológico, la estructura sectaria del ERP, los combates, los objetivos, el nexo con tropas guerrilleras extranjeras, la vida en los campamentos guerrilleros, el apoyo de Montoneros, el Operativo Independencia, la respuesta militar, la lucha por ganar el consenso de la población, los enfrentamientos terrestres, aéreos y todos los detalles de esta dramática guerra, constituyen el objeto de análisis de la presente obra.

Debo confesar que, a diferencia de mis trabajos anteriores, nunca me sentí tan espectador de mi propio libro. Los numerosos y escalofriantes testimonios y datos hablan por sí.

Llama mucho la atención que quienes hoy levantan la atractiva y remunerable banderita de los “Derechos Humanos”, no recuerden ni reclamen en lo absoluto a quienes para llevar adelante un Vietnam Argentino, no dudaron, llegado el caso, en asesinar niños, mujeres, simples pobladores y por supuesto un sinfín de uniformados, si sus objetivos ideológicos así se los imponía.

Quizás el relanzamiento de este aporte sirva para enriquecer un debate incompleto (verdadero monólogo) mal llevado por imposición de la insistente mirada tuerta que emana desde el Poder Ejecutivo Nacional.

Prensa Popular

lunes, 5 de agosto de 2013

Guerra antisubversiva: La muerte de Tamagnini (1973)

Venganza terrorista

El Inspector Mayor Hugo Tamagnini fue asesinado un 5 de agosto de 1973. El inspector se especializaba en la actuación contra el terrorismo, y fue clave en la investigación que posibilitó el descubrimiento de un grupo de la organización terrorista FAR, en Taco Ralo. La venganza no se haría esperar: ese 5 de agosto, Tamagnini viajaba en su auto por la Ciudad de Tucumán, junto a una acompañante, cuando un auto en el que se desplazaban cuatro o cinco terroristas se le puso a la par, y comenzaron a dispararle con armas automáticas.
El inspector Tamagnini le indicó a su acompañante que se arrojara al piso y trató de defenderse. Sin embargo, fue gravemente herido por 12 balazos y perdió el control del auto que manejaba. Antes de morir, Hugo Tamagnini logró reconocer al terrorista Carlos Santillán –del ERP- como uno de sus atacantes. Santillán había sido encarcelado pero había fugado en 1971, dejando un saldo de 5 guardiacárceles muertos, y aunque había sido recapturado, la ley de amnistía de Cámpora lo había dejado en libertad para volver a asesinar. Efectivamente, el ERP se adjudicó el asesinato.


CELTYV