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martes, 11 de julio de 2017

Fascismo: Evita, la resentida trepadora, se queja que Franco era gordito

Por qué Evita despreció a Franco y otros secretos de su visita a España
Hace 70 años, un 8 de junio de 1947, llegaba la entonces primera dama argentina a Madrid como primer destino de su ambiciosa gira europea, donde fue agasajada por el sanguinario dictador, con quien sin embargo tuvo una relación distante
Infobae




La gente había empezado a llegar al aeropuerto de Barajas después del mediodía, y a media tarde ya había trescientas mil personas semi-desmayadas y agobiadas por el calor, atendidas por puestos móviles de la asistencia pública.

Los edificios estaban engalanados con banderas argentinas y españolas; alfombras y tapices colgaban de las ventanas, y decenas de miles de flores hacían irrespirable el ambiente. De una fila interminable de ómnibus descendían las muchachas de la Sección Femenina de la Falange, vestidas con trajes típicos regionales, a tomar posición para las danzas que bailarían en las terrazas.

Madrid, como contrapartida, estaba desierta. Desde el día anterior los diarios españoles habían publicado proclamas invitando a ir a Barajas, y anticipando para el lunes una suerte de asueto general. […] Eva le contaría meses después a su peluquero Julio Alcaraz:

–Cuando Franco se me vino a los pies, yo pensé que era idéntico a Caturla, el que vendía pollos en Junín. Era petiso, barrigón, con pinta de almacenero, y llevaba una banda que se le apoyaba en la panza. Hasta la mujer y la hija se parecían a la mujer y la hija de Caturla ¡Y con todo lo que Perón me había hablado de él…!

[…] Franco, en uniforme de gala, besó con torpeza de soldado la mano de la visitante. Su esposa, Carmen Polo, lucía un aparatoso sombrero adornado de plumas que acababa de afearla, y Carmencita, la hija, miraba con curiosidad a aquella mujer rubia de la que pronto oiría decir que era el mismísimo demonio.

Eva, que no era alta, miraba a ese hombre desde arriba y no lograba entender la admiración que Perón sentía por él. Franco era el general más joven de España (tenía 54 años); ocho años antes había sido el vencedor en la guerra civil, y el primero en combinar tácticamente la infantería con la caballería blindada en las batallas del Ebro y de Guadalajara.

La multitud, contenida a duras penas por la Guardia Civil, coreaba desafinada: "¡Franco, Perón/ un solo corazón!".

Eva, sensible y perspicaz, comprendió la situación sin necesidad de explicaciones, y al principio no dijo nada. Tiempo después, de regreso en Buenos Aires, contaría:

-A la mujer de Franco no le gustaban los obreros, y cada vez que podía los tildaba de "rojos" porque habían participado en la guerra civil. Yo me aguanté un par de veces hasta que no pude más, y le dije que su marido no era un gobernante por los votos del pueblo sino por imposición de una victoria. A la gorda no le gustó nada.

El de aquella tarde fue el primer round de una pelea que iba a prolongarse durante toda la estada de Eva en España.

Los beneficios de una visita millonaria


Con un pie en el avión que la sacaría de España, para Eva y Franco era hora de balances.

Desde el punto de vista de Eva (o, más propiamente, de Perón), la visita a tierra española había sido un comienzo promisorio para la gira. La apuesta del peronismo a un reconocimiento internacional que lo sacara de la cuarentena había empezado bien, y terminaría mejor en la medida en que a España la siguieran otros países mejor vistos políticamente.

La Argentina se alineaba en un bloque inequívocamente anticomunista y cristiano, y Perón sentaba las bases externas de lo que llamaba la "tercera posición". España, en definitiva, había sido un buen comienzo, y Eva -que había logrado una adhesión mayor que la que tenía entonces en su propio país, que había lucido joyas y vestidos de película, que había recibido honores y condecoraciones con las que jamás había soñado, y que se había sentido tratada como una reina- ignoraba que de allí en adelante ya nada sería igual.

Desde el punto de vista español, la visita había significado un agradecimiento tardío a lo que el peronismo ya había hecho por Franco, y uno anticipado a lo que haría en los meses siguientes. España necesitaba de la Argentina como ninguno de los países europeos, y Buenos Aires había tendido una mano no del todo desinteresada.

Cuando Eva había llegado a Madrid, a mediados de 1947, los españoles tenían derecho a una ración diaria de pan de entre ciento y ciento cincuenta gramos. Seis meses más tarde, con Eva de regreso en su país, esa cuota diaria se había incrementado al doble y el peronismo se había convertido en el primer copartícipe comercial de España, vendiéndole insumos por casi cuatrocientos millones de pesetas de oro al año.

¿Cuánto se había gastado España en el homenaje? Aunque en la prensa española la cuestión de los costos no se mencionaba, informes de la prensa extranjera los estimaban en alrededor de cuatro millones de dólares. Para el franquismo había sido una inversión dolorosa, y los hombres que mandaban en España no dudaron en hacerla contra viento y marea. El vendaval mayor quizás no estaba en el costo económico sino en el riesgo social que significaba esa mujer agitadora e irreverente, y los jefes franquistas tuvieron que apretar los dientes para soportar sus desplantes.

miércoles, 31 de mayo de 2017

España: Cuando se pidió la cabeza de Serrano Suñer

El día en que un ministro de Franco planteó matar a Serrano Suñer
Una carta secreta del embajador británico hallada en un archivo británico revela la voluntad del titular de Comercio, Demetrio Carceller, de “liquidar” en 1941 al cuñado del dictador

J. A. AUNIÓN - El País



Serrano Suñer jura su cargo de ministro de Exteriores junto a otros compañeros de Gabinete. A la derecha, cabizbajo, está Demetrio Carceller. VIDAL. (EFE)

El Madrid de principios de los años cuarenta era un sitio peligroso. También para los vencedores de la Guerra Civil, que se movían dentro de una complejísima madeja de intereses cruzados en la que nadie podía estar del todo seguro de qué pie cojeaba el vecino. Había generales sobornados por los británicos para asegurar la neutralidad española en la Segunda Guerra Mundial, pactos secretos con la Alemania nazi, complots falangistas o monárquicos para ganar poder e, incluso, para quitar de en medio al dictador... El pulso soterrado entre unos y otros emergía, de cuando en cuando, con picos de tensión que amenazaban con hacer saltar todo por los aires. Uno de ellos se vivió en el verano de 1941, tras la entrada de Rusia en la guerra, cuando la presión alemana para que España hiciera lo mismo del lado del Eje tenía a su mejor aliado, al menos aparentemente, en el ministro de Exteriores y cuñado del dictador, Ramón Serrano Suñer.

Aquel 9 de julio, el embajador británico en Madrid, Samuel Hoare, envió una carta al secretario de Estado de Asuntos Exteriores, Anthony Eden, para explicarle que no podía ausentarse de España porque aquello era una olla a presión. Y le ponía como ejemplo una “sorprendente conversación” que acababa de tener David Eccles, agregado económico británico en Lisboa de paso por Madrid, con el ministro español de Industria y Comercio, Demetrio Carceller, y el principal asesor de este. “Los dos declararon que Suñer es tan insoportable que debe ser liquidado, y con esa horrible expresión obviamente quieren decir asesinado”. Añadía que Carceller, sin embargo, veía dos objeciones: “La primera, el efecto sobre las tropas alemanas en la frontera [con Francia, permanente amenaza de una invasión nazi de la península] y la segunda, el resentimiento que provocaría un asesinato en la familia de Franco”. En todo caso, añade Hoare en la carta, “esta es en sí misma una sorprendente declaración procediendo de uno de los principales ministros y su segundo”.

Esta carta, que el Gobierno británico desclasificó junto a centenares de papeles de la Segunda Guerra Mundial en 2013, es parte de los documentos digitalizados que se pueden consultar a través de Internet en los Archivos Nacionales Británicos. En este caso, bajo el sugerente título de ‘Planes para liquidar a Suñer’.

El historiador Ángel Viñas ha sido el primer especialista que la ha recogido; lo hizo en su libro Sobornos, publicado en la editorial Crítica el año pasado, en el que hace una minuciosa descripción y analiza las consecuencias de la estrategia británica para mantener a España fuera de la contienda comprando las voluntades de generales franquistas como Nicolás Franco, el hermano del dictador, Kindelán, Orgaz o Aranda. Para Viñas, lo que hace Carceller en esta carta es expresar un mero deseo. “Este fue un episodio más, muy significativo porque demuestra hasta qué punto el cuñadísimo exasperaba a los propios franquistas. Ni que decir tiene que Churchillnunca dio luz verde a la eliminación de Serrano”.

Pero la carta de Hoare, además, hace referencia a un plan concreto, presuntamente urdido por distintos generales, para asesinar a Serrano Suñer, una amenaza a la que ya se había referido, quizá de forma más ambigua, en otras comunicaciones con Londres apenas un mes antes. En este caso, Hoare dice que una fuente, “al menos de la misma importancia”, asegura que el asesinato era inminente y que, para aplacar las iras alemanas, preveían “la firma inmediata de la Triple Alianza con el Eje”.

“De lo que la diplomacia británica se hace eco es únicamente de rumores sobre un golpe dirigido contra Serrano Suñer y su política de alineamiento incondicional respecto del Tercer Reich”, opina Carlos Collado Seidel, profesor de la Universidad de Marburg (Alemania) y experto en la materia. Además, pone precauciones tanto a las palabras del embajador como a las del ministro de Comercio. “Carceller perseguía intenciones determinadas y particulares en todo lo que les decía a los ingleses y Hoare también pretendía rehabilitarse dentro del partido conservador británico”, explica.


Una hambruna gigantesca

La postura de Carceller, empresario, falangista cercano a José Antonio y al propio Serrano (al que acompañó durante su visita al Berlín nazi en 1940), podría parecer realmente pasmosa. Sin embargo, Viñas dibuja un contexto en el que el ministro tenía que llevarse bien con los británicos porque de su bloqueo naval dependía la llegada de suministros a un país que estaba “sufriendo una hambruna como nadie puede imaginarse hoy”. Además, Carceller “hizo durante aquellos años una inmensa fortuna” como responsable de todos los permisos sobre los productos que entraban o salían del país, añade.

“Tal vez el vanidoso e incompetente Hoare estaba sondeando a Eden sobre su parecer en caso de ‘liquidar’ a Serrano. Que los militares desearan su muerte es una cosa; que la planearan, en pleno favor del caudillo, otra muy distinta”, aporta el escritor Ignacio Merino, autor de Serrano Suñer. Valido a su pesar (La Esfera, 2013). Y añade: “Don Ramón hizo algún vago comentario sobre el tema, pero yo no lo tomé en serio y creo que él tampoco, al menos jamás lo consideró un complot auténtico. O no se enteró”.

Sea como fuere, el propio Hoare también se pregunta en la carta de julio de 1941 si el cuñado del caudillo sería consciente de su delicadísima situación. La duda le surge porque solo un día antes Serrano Suñer se había mostrado, “por primera vez” en todos sus encuentros con él, “educado”. “Escuchó mejor que de costumbre mis reiteradas quejas”, añade, e incluso “se disculpó” por no haberle podido recibir una semana antes.

El hecho es que Serrano Suñer no sufrió ningún sospechoso accidente aquel verano, pero sí fue perdiendo poco a poco el favor de Franco hasta ser definitivamente defenestrado un año después, entre fuertes luchas internas de las distintas facciones del régimen. Terminada la Guerra Mundial, el cuñado mantuvo hasta su muerte en 2003 que ni su cercanía a la Alemania nazi fue tanta, ni fue tal su interés por que España entrara a toda costa en la contienda. Sin embargo, Viñas está convencido de que solo fue un intento de “reescribir su historia”. “Franco y Serrano iban a por el Imperio”, zanja el historiador.

sábado, 22 de abril de 2017

GCE: Kim Philby, el agente doble con misión de matar a Franco

El mejor agente doble solo falló una misión: asesinar a Franco
Enrique Bocanegra gana el premio Comillas de biografía con la primera investigación sobre Kim Philby en la Guerra Civil española

GUILLERMO ALTARES - El País



A la derecha de la imagen, Philby herido durante la Guerra Civil.

Kim Philby, un inglés de clase alta, estudiante de Cambridge, renunció a todo para convertirse en un agente soviético en los años treinta. Una de las primeras misiones que recibió fue viajar a España durante la Guerra Civil y, utilizando la tapadera de periodista en el bando fascista, asesinar a Franco. No se sabe por qué nunca llevó a cabo esta misión, ni siquiera si llegó a recibir la orden, sólo que Franco sobrevivió al conflicto y que Philby se convertiría en el mejor agente doble de todos los tiempos, también en el topo más dañino que haya tenido nunca el servicio secreto exterior británico, el MI6. El periodista Enrique Bocanegra (Sevilla, 1973) ha rastreado durante cuatro años todos los documentos posibles para tratar de seguir los pasos de este espía en España, un territorio que sus biógrafos apenas habían explorado hasta ahora. Su ensayo, titulado Un espía en la trinchera. Kim Philby en la Guerra Civil española, ha recibido el premio Comillas de historia y biografía, que otorga la editorial Tusquets, y saldrá a la venta este martes.


"No sabemos lo que pasó", explica Bocanegra en una cafetería madrileña cerca de la Academia de Cine, donde trabaja desde hace diez años como coordinador de actividades culturales. "Sabemos que a principios de marzo de 1937, el controlador de Philby en Londres recibió la orden de enviar a alguien a España para espiar en el bando nacional, sobre todo la actividad de los militares alemanes e italianos; pero también debía matar a Franco. ¿Tenía Philby la capacidad para cometer el magnicidio? No había recibido ningún entrenamiento militar, no sabía manejar un arma, además de toda la protección que rodeaba a Franco", prosigue. No se sabe si lo intentó y no pudo; si no se atrevió o si, como sospecha el autor, nunca llegó a recibir la orden. Es uno de los muchos puntos oscuros del paso de Philby por España.

Mientras que en Inglaterra pudo encontrar muchos documentos, recuperar todas las crónicas que publicó en The Times –no era una misión sencilla porque no estaban firmadas y los documentalistas del diario británico tuvieron que cotejarlas una a una con los cables originales que todavía conservaban–, en los archivos españoles no queda prácticamente ningún papel, solamente algún telegrama. Otro misterio, porque Philby llegó a ser un periodista muy conocido, enviado de uno de los diarios más influyentes del mundo en ese momento, The Times, y, lo que es todavía más importante, fue condecorado por Franco. "¿Se quemaron en los años sesenta cuando se descubrió que Philby trabajaba para los soviéticos?", se pregunta el historiador.

Philby llegó a España en febrero de 1937, después de que en ocho meses de guerra The Times hubiese tenido cuatro corresponsales diferentes, que acabaron enfrentándose a los jefes de prensa del bando franquista. Como en la vida de todo espía, una serie de golpes de suerte le permitieron cumplir su misión. Por un lado, gracias a los contactos de su padre, un aventurero, diplomático y escritor llamado St John Philby, logró que el diario conservador británico le fichase –luego quedó muy contento con su cobertura–. Otro golpe de suerte evitó que le pillasen el papel donde escondía los códigos durante un registro y un tercero le convirtió en el único superviviente del impacto de un obús contra el coche en el que viajaba con otros tres colegas en Caudé, en el frente de Teruel. La propaganda fascista utilizó la muerte de los periodistas extranjeros y convirtió a Philby en un héroe, que fue recibido y condecorado por Franco. Eso le permitió moverse con toda la libertad posible –que tampoco era mucha– dentro de las filas de los golpistas.

Bocanegra contó con la ayuda de dos biógrafos de Philby, dos clásicos del periodismo británico, Patrick Seale y Phillip Knightley. Ambos fallecieron mientras estaba escribiendo el libro. Los dos, relata, fueron muy generosos con su tiempo, con sus conocimientos, pero también con sus documentos. En el caso de Seale, que fue amigo de Philby cuando ambos se encontraban en Beirut, mientras estaba entrevistándole en su casa de Londres, le confesó al autor que estaba muy enfermo. "Me dijo que tenía que ir al hospital y me dejó solo en su casa con una maleta en la que ponía Philby y que contenía numerosos documentos sobre él. Allí me quedé todo el día, fotografiando papeles como había hecho el espía tantas veces durante su vida".

El libro no sólo sigue los pasos de Philby durante la Guerra Civil, sino que traza un retrato del espionaje comunista en los años treinta cuando agentes de Stalin como Alexander Orlov trataban de extender, sin piedad, la dominación soviética sobre el bando republicano. Al final, ellos mismos se encontraron amenazados por las mismas purgas que habían ayudado a desatar. Sin embargo, nada de eso, ni siquiera el pacto entre la Alemania nazi y la URSS, hicieron que Philby rompiese su compromiso con el comunismo. España fue solo el principio.

EL ÚLTIMO VIAJE
"Normalmente los agentes dobles aguantan cinco años, diez como mucho. Él sobrevivió 30", explica Enrique Bocanegra sobre la extraordinaria carrera en el espionaje de Kim Philby (1912-1988). Como no podía ser de otra forma con alguien que basó toda su existencia en la mentira y el engaño, los misterios en torno a su vida son todavía numerosos, pese a que se han escrito muchos libros sobre él, entre ellos el excelente Un espía entre amigos (Crítica), de Ben Macintyre. Philby formó parte del círculo de Cambridge, un grupo de jóvenes que, por idealismo, decidieron espiar para Moscú. Fue el más hábil de todos ellos, el último en ser descubierto, que logró esquivar a los interrogadores del MI6 cuando todo indicaba que era un traidor y escabullirse finalmente a la URSS.
Cuando fue despedido del servicio secreto británico, en 1951, por las sospechas que pesaban sobre él tras la fuga de dos de sus colegas de Cambridge, Guy Burgess y Donald MacLean. Quedó libre porque Londres no encontró pruebas de que era un agente doble y entonces, en mayo de 1952, realizó un viaje de mes a España que sigue siendo un misterio. "¿Con quién mantuvo contactos? ¿Dónde se alojó? ¿Qué lugares visitó? ¿Por qué alguien en su situación, sin trabajo, sin dinero, sospechoso de ser un comunista, viajó a la España de Franco, el país más pobre y atrasado de Europa? ¿Fue una operación de inteligencia?". Otro misterio dentro de un enigma.

lunes, 29 de febrero de 2016

GCE: La interacción entre Hitler y Franco

"La sombra de Hitler", una visión novedosa de la Guerra Civil Española
Por: Matías Falco
Pierpaolo Barbieri, investigador argentino egresado de Harvard, explicó a Infobae por qué y cómo la Alemania nazi intervino en España. El papel del llamado "dictador económico" Hjalmar Schacht




Pierpaolo Barbieri, el argentino que investigó la relación entre Hitler y Franco.Pierpaolo Barbieri, el argentino que investigó la relación entre Hitler y Franco.Crédito: Veronica Jacobson
En su nuevo libro, La sombra de Hitler (Taurus), el joven historiador argentino Pierpaolo Barbieri se propone ofrece una nueva visión sobre la Guerra Civil Española y la intervención de la Alemania nazi. Es que para Barbieri, quien desarrolló una vasta investigación en seis países, no fueron ideológicos los motivos que llevaron a Hitler a realizar esta jugada, sino económicos. En este sentido, como explicará más adelante a Infobae, para comprender este proyecto y sus consecuencias es fundamental la figura de Hjalmar Schacht, responsable de la economía del Tercer Reich.

—¿Cuál es la tesis del libro?
—El libro trata de explicar la Guerra Civil Española de una manera novedosa. En vez de considerarlo historia nacional, lo que yo trato de hacer es tratar de ver el conflicto con un lente europeo y tratar de entender las relaciones económicas que llevaron a la intervención alemana e italiana en el conflicto, que fue lo que determinó el curso de la Guerra.

—¿En qué consistió la investigación?
—Empecé esto en la Universidad de Harvard. Fue mi tesis de grado, después fue mi tesis de posgrado y también hice investigación en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, lo que conllevó a hacer seguir en España, Italia, Alemania, Francia, Inglaterra y en los Estados Unidos. Estuve en distintos archivos, tratando de ver los documentos originales para ver si esta idea novedosa se podía probar con los documentos. En ese sentido, es un libro de Historia que trata de apuntar a un público general, pero también, para el que está interesado, tiene citas al final dando fuentes específicas de los distintos argumentos.

—¿Se encontró con información que superara la hipótesis inicial?
—Sí, por supuesto. Crear un libro es como pintar un cuadro: las cosas van cambiando a medida que uno avanza. Creo que los debates que no me esperaba encontrar fueron aquellos que hubo en la Alemania nazi. Algo que yo no esperaba es lo que yo llamo la Guerra Civil dentro del gabinete alemán, entre quienes proponían el imperio informal, como el que se trata de construir en España, y los que querían un imperio formal basado en el control pseudo racial de los pueblos. Como a todos, a mi me habían contado la historia del nazismo como una línea recta que iba desde 1933 a 1945, y eso era algo que no te explicaba estos debates económicos dentro del régimen.

—Es decir que es un punto de vista nuevo.
—Trato de presentar a estos actores de una manera nueva, y especialmente en lo que hace al conflicto español, porque era un conflicto en el que los nazis invirtieron muchos recursos y fue, si se quiere, la primera intervención extranjera del nazismo.

—Un poco la gran pregunta del libro es por qué Alemania intervino en la Guerra Civil Española, ¿podría explicar brevemente su visión?
—En principio es un tema estratégico, pero muy rápidamente y por la duración de la Guerra se convierte en un proyecto económico. Los españoles nacionalistas, el bando de Francisco Franco, necesitan de los alemanes porque necesitan recursos bélicos que no tienen. Necesitan crédito, pero ¿a cambio de qué? Por muchos años, nos contaron una historia que dice que intervinieron España por temas ideológicos. Lo que yo trato de proponer es que lo hicieron a cambio de un proceso de penetración económica donde las industrias alemanas se hacían de las españolas y proponían que esto continuara en el tiempo mucho más allá de la guerra civil.

—Por eso fue clave la figura de Hjalmar Schacht.
—Exactamente. Schacht era como la unión del poder monetario y fiscal en una sola persona. Desde ese lugar, el que llamaban "dictador económico" de la Alemania nazi construía una política en la que apuntaba al control informal de los territorios. Es decir, no conquistarlos sino ejercer la hegemonía económica. Y España fue, de acuerdo con mi investigación, el lugar en el que mejor funcionó el proyecto.

—¿Cómo fue la relación entre ambos países durante la Segunda Guerra Mundial?
—Técnicamente, Alemania nunca pidió que España entrara a la Guerra y se mantuvo estrictamente neutral, pero en términos económicos no existía la neutralidad, sino que se comerciaba mucho y eso fue lo que realmente produjo el quiebre de Franco con las democracias. Es muy interesante, porque la única reunión que existió entre Hitler y Franco fue un desastre: Hitler famosamente dijo que prefería ir al dentista antes que verlo a Franco en alguna otra oportunidad. Nunca se llegó a una alianza formal, lo que sí quedaba era este tema económico donde el 75 por ciento de todas las exportaciones de España iban al Eje, y eso era una dislocación que se había creado durante la Guerra. En la España de la pre Guerra, la mayoría del flujo comercial externo iba al Reino Unido o a Francia, y eso en el transcurso de la guerra civil se redirecciona a Alemania.

—Tras la derrota del Eje, ¿Franco se intentó desligar de la Alemania nazi?
—Exactamente. Franco no solamente entregó sus víctimas sino que también entregó las deudas que tenía con Mussolini o con Hitler, que eran muy distintas: Hitler tenía un proyecto de penetración económica que los italianos nunca tuvieron. En ese contexto, después de la Guerra Franco se intentó desligar de sus espónsores fascistas, porque ellos habían perdido y él no, y él planea quedarse en el poder. Entonces tiene que crear una ideología porque no la tiene: al principio Franco es una persona desprovista de ideología, entonces pivotea y trata de adaptar su relato ideológico para tener una perspectiva no fascista.

—¿Cómo lo construyó?
—Lo hace desde el conservadurismo, el autoritarismo político y de un alineamiento con los católicos conservadores. Crea lo que se llama un nacionalcatolicismo, que luego sobrevive hasta su muerte. Franco logró estar en el poder 30 años en el medio de una Europa cada vez más integrada. Logra una alianza con los Estados Unidos, basada en la idea del anticomunismo, pero lo que no logra es que Europa lo acepte. Todos los que habían luchado contra él o los que se acordaban de la guerra civil española sabían que había ganado un Franco que no fue exactamente respetuoso de los derechos humanos con los que perdieron.


Perón junto a Francisco Franco y Héctor. J. Cámpora.

—¿Cómo era la relación entre Perón y Franco?
—Cuando Perón va al exilio, va a la España de Franco, pero es muy importante recordar que la política fascista en la economía española de la guerra lleva a una gran hambruna, porque eran políticas muy poco eficientes. En ese contexto, Argentina va a la ayuda de Franco y hay contactos políticos y económicos donde ayuda con granos, aparte de con apoyo político, a que Franco no esté tan aislado.

—¿Ve puntos en común entre ambos líderes?
—No en el sentido de construcción de liderazgo, porque Perón, a pesar de que venía de una junta, fue elegido popularmente y Franco nunca participó de una elección. Franco tenía un perfil monárquico y muy atado a la Iglesia, que era distinto en el caso de Perón. Lo que sí se ve es que los dos fueron inspirados en su juventud por el fascismo de Mussolini y la estrategia económica corporatista, donde el Estado actúa como mediador entre los sindicatos y el capital. Ambos eran anticomunistas y venían de una tercera vía, que no era capitalista ni comunista.

—La Ley de Memoria Histórica continúa siendo un tema de debate en España, ¿cuál es su posición?
—Yo creo que en el proceso de la democratización de España se sacrifica saber todos los crímenes y ahondar en el pasado por la estabilidad política. Y así se crea una democracia afianzada, integrada a Europa y exitosa económicamente. España lo ha construido desde ese país poco desarrollado que dejó Franco en 1975. En ese contexto, creo que se sacrificó mucho en el momento de hacer la transición y luego, cuando está afianzado el proyecto democráctico, se ha vuelto a ver cosas que había que sacar de las fosas comunes. Y no solamente me refiero a los cuerpos, sino a dependencias políticas que se tenían y no se pueden ocultar para siempre. Franco cometió muchísimos crímenes de lesa humanidad, así como también hubo crímenes del otro lado de la guerra, porque fue un enfrentamiento fratricida y sin cuartel. En ese contexto, es importante para el futuro de los pueblos entender el pasado. Yo apoyo la iniciativa de entender cuales fueron los crímenes, juzgar a los responsables y tener una memoria que sea respetuosa con el pasado y las víctimas.

—El gobierno de Mariano Rajoy estuvo muchas veces en la mira de la oposición por la supuesta mala aplicación de la ley durante su administración, ¿qué análisis hace?
—Hay un debate. No se derogó la Ley ni se trató de eliminarla. Todavía está muy vivo el tema, por eso la perspectiva depende del partido al que uno le pregunte. Lo que sí es importante que en España se ha dejado a los jueces actuar sin problemas políticos. En la época de Baltasar Garzón creo que los hubo más que ahora.


"Franco debería estar en los museos, pero quizás no en el centro de la ciudad", opina Barbieri.
Veronica Jacobson

—Es un tema que todavía genera mucha confrontación.
—Sí, en ese sentido el libro propone una mirada mucho menos española. Si no, creo que caemos muy fácilmente en las divisiones ideológicas y considero que es muy interesante pensarlo desde lo que era este proyecto de imperialismo alemán para la integración de Europa. Yo lo que siempre digo es que hoy tenemos instituciones que muchos critican, que son proclives a la crisis y han sufrido la crisis de deuda soberana, pero sin embargo son instituciones mucho más plurales y democráticas que las que hubieran hecho los nazis. El proyecto de integración que quería Schacht y sus asociados no era para nada democrático, iba a ser manejado desde Berlín sin la posibilidad de que nadie más pudiera opinar, mientras que desde la Unión Europea se ha construido un proyecto democrático y respetuoso de los derechos humanos.

—¿Considera que la Ley de Amnistía va a seguir vigente?
—Creo que a la larga la ley en sí va a seguir vigente y sin embargo hay ciertos crímenes que igual se van a investigar. La gran ironía es que la ley de Amnistía fue originalmente pensada para proteger a las víctimas del franquismo y no a los líderes. Sin embargo, después fue usada para promover a los otros. Yo apoyo las iniciativas judiciales para tratar de entender cómo murieron las víctimas. Creo que la Historia no está para estar enterrada, si no no hubiera escrito el libro. Pero es importante saber que en 1975, cuando la democracia en España no existía y muchos la creían imposible, era necesaria una ley que permitiera que los que habían sido ministros de Franco pudieran meterse en una elección y crear un partido, y eso ha llevado a una democracia muy exitosa.

—¿Cómo se consolidó?
—Hubo un bipartidismo donde estaba el PSOE, que eran socialistas, y el PP, fundado por un ministro franquista que hacía una propuesta conservadora pero democrática. Rajoy viene de ese partido, y por eso es que hay mucha gente que critica iniciativas como la Ley de Memoria Histórica, pero yo no creo que Francisco Franco se merezca tener estatuas de él en el medio de Madrid.

—Era la próxima pregunta... Hay quienes sostienen que la iniciativa propone eliminar una parte de la Historia, ¿cuál es su opinión?
—Yo no apoyo eso, creo que para los que fueron sus víctimas es un recordatorio demasiado cruento del pasado. Tampoco quiere decir que vayamos a eliminar todo, porque no se puede borrar la Historia, pero sí ciertas figuras y, dados los crímenes del franquismo, es difícil que siga en ese estado de centralidad como si fuera Don Quijote. Creo que Franco debería estar en los museos, pero quizás no en el centro de la ciudad en una efigie cual Napoleón Bonaparte. Los franceses pueden amar el proyecto político de Napoleón, pero es muy difícil divorciar los crímenes del franquismo con sus políticas, porque Franco no creó un sistema más plural y democrático, sino que fue a un lugar aislado, autoritario y desprovisto de derechos.

Infobae

lunes, 14 de septiembre de 2015

GCE: Los campos de concentración de Franco



Los campos de concentración de Franco: así eran y así se sobrevivía
El País

Las asociaciones memorialistas piden recuperar la memoria de los centros de esclavitud

Presos de un campo de concentración del franquismo en Sevilla. / GRUPO DE TRABAJO RECUPERANDO LA MEMORIA HISTÓRICA DE CGT-ANDALUCÍA Y CONFEDERACIÓN HIDROGRÁFICA DEL GUADALQUIVIR

“Trabajaban de sol a sol, a pico y pala, casi sin alimentación y recibían palizas constantes”. Así resume el profesor de Antropología Social de la Universidad de Sevilla, Ángel del Río, la vida en los campos de concentración del franquismo.



De los 188 centros donde se recluyó a medio millón de esclavos del franquismo en España cada vez quedan menos vestigios. Ese era el objetivo: borrar la memoria. La represión fue física, psicológica e ideológica, tanto para los presos como para sus familias. Miles de españoles trabajaron gratuitamente y casi sin comida para obras públicas y particulares de sus captores intentado eludir la muerte. Otros no lo consiguieron y fueron fusilados en los patios. El Grupo de Trabajo Recuperando la Memoria Histórica de CGT-Andalucía se reúne este martes de septiembre con el Ayuntamiento de Sevilla para rescatar del olvido el centro del que fue promotor junto al puerto así como otros complejos de represión franquista, como la cárcel de Ranilla. Así eran y esta era la vida de sus presos:


Un campo por 297.868 pesetas
En octubre de 1938 se creó el Patronato para la Redención de Penas por el Trabajo, en el organismo gestor de los campos del franquismo. Nueve meses antes, Sevilla se adelantó y creó uno situado junto al puerto de la capital que sirvió de modelo para otros.
En el expediente de construcción se habla de “campo de concentración”, sin los eufemismos que más tarde adoptó el franquismo, como centro de regeneración por el trabajo.
La distribución era rectangular. En un lado se disponían los barracones para los militares y vigilantes, oficinas y enfermería; en otro, los dormitorios; el tercero incluía comedores, cocina y capilla; y por último, se desplegaban los retretes, duchas y almacenes.
La extensión era de 78,10 por 68,10 metros. Los barracones, en el caso del puerto de Sevilla (en otros campos eran meras tiendas de campaña o chozas) eran de madera, ladrillo y suelo de hormigón.
El presupuesto de ejecución material y administrativo fue de 142.520, 61 más 155.347,45 pesetas. En total 297.868 pesetas (1.790 euros). La obra la culminó la empresa Entrecanales y Távora y, según el coordinador del El Grupo de Trabajo Recuperando la Memoria Histórica de CGT-Andalucía, Cecilio Gordillo, el coste final de la obra ascendió a 180.000 pesetas, muy por encima del presupuesto previsto y pese a la reducción de calidades. La financiación se cubrió con un impuesto especial sobre el alcohol de melaza, un licor elaborado a partir de caña o remolacha.


Al llegar, un médico y un oficial decidían si el recluso era apto para el trabajo, única alternativa para evitar la cárcel y la más que probable muerte.

Inmediatamente recibía ropa militar usada por las brigadas de soldados italianos en España durante la guerra: pantalones, una guerrera, un capote y unas botas; la ropa interior dependía de la familia. También obtenían una colchoneta y un par de mantas.



Con materiales muy rudimentarios, los presos eran obligados a excavar y remover miles de toneladas de tierra para obras públicas o en faenas agrícolas de afines al régimen. Dentro del campo, también eran los reclusos los que se encargaban de todas las labores. La semana laboral era de seis días de seis de la mañana hasta el anochecer.

El salario estipulado era de dos pesetas diarias (0,01 céntimo de euro) de media, que se las quedaba el Estado en concepto de manutención. La mayoría de supervivientes no recuerda haber recibido dinero alguno durante su condena o tan solo un 25%. El sueldo habitual de un trabajador sin cualificar de la época era de 10 pesetas al día (0.05 céntimos).

“Nos daban cuatro o cinco algarrobas para desayunar, un pescado hervido para comer y ya está, ya no había más. (...) Hubo muertos y el médico no sabía qué pasaba”, relató José Custodio Serrano, uno de los supervivientes, en un trabajo de Ángel del Río, quien ha coordinado, dirigido y publicado numerosas investigaciones sobre la represión franquista.

La supervivencia dependía de las familias de los presos, que se asentaban junto a los campos para poder alimentar a los reclusos. Esta situación fue cambiando cuando los franquistas se dieron cuenta de que era más rentable tener a los trabajadores alimentados para que continuaran con sus trabajos gratuitos. Café aguado con un bollo de pan, guisos de garbanzos, judías, lentejas o habas y sopa de pan y ajo o pescado componían los tres ranchos diarios de los últimos años. La carne se reservaba fechas religiosas y el 18 de julio. Pero para mantener la humillación como arma contra los presos, las comidas se denominaban pienso y coincidían con las horas de alimentar al ganado.

Para asegurarse el buen trato de los vigilantes, algunos presos compartían la comida que les llegaba de sus familias con los soldados.

Algunos presos, que eran obligados a trabajar aunque estuvieran enfermos, murieron por patologías derivadas de beber agua de pozo sin tratar, como el caso del topógrafo Baltasar Jiménez. Las plagas de sarna, pulgas, chinches, piojos y garrapatas eran habituales, así como las pulmonías y reumas. También los accidentes laborales, que llenaban las enfermerías.

El testimonio de Luis Adame recogido por Del Río detalla cómo un capitán médico inyectaba líquido en las zonas doloridas y si el preso era capaz de aguantar, concedía la baja. La mayoría volvía al trabajo para evitar el dolor añadido.



Pese a las penosas condiciones, el peor de los castigos era ser devuelto a prisión, medida que se convirtió en una vía de autorregulación por parte de los presos, que intentaban evitar a toda costa cualquier situación que pudiera ser considerada como indisciplina.



Entre las represalias psicológicas más habituales, enlazadas con una pretensión de adoctrinamiento, se encontraba la obligación de cantar a diario el Cara al Sol o el himno de los requetés brazo en alto, la asistencia obligatoria a los oficios religiosos, impedir el contacto físico con familiares que venían a ver a los presos, y presenciar palizas y castigos de compañeros.

Las fugas, aunque ocasionales, también se registraron. La resuelta con más crueldad fue la registrada en 1943 en el bajo Guadalquivir, donde cuatro de los seis presos huidos terminaron fusilados y uno abatido cuando escapaba.

Catálogo de Lugares de Memoria
La Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, a través de la Dirección General de Memoria Democrática, está elaborando el Catálogo de Lugares de Memoria de Andalucía, que hasta la fecha incluye 50 espacios declarados por el Gobierno andaluz y que incorporará los campos de concentración del franquismo.
Los Lugares de la Memoria se identifican a propuesta de ayuntamientos, asociaciones memorialistas, familiares de víctimas e historiadores, entre otros. Posteriormente son evaluados por una comisión de expertos y elevados a Consejo de Gobierno por parte de la Dirección General de Memoria Democrática.
Ese catálogo incluirá espacios de la significación de la Casa de Blas Infante, la fosa del cementerio de San Rafael de Málaga o las tapias del cementerio de Granada.
El Boletín Oficial de la Junta de Andalucía publicó el pasado 24 de junio una anuncio con la aprobación de la exhumación de una fosa común localizada y delimitada en la localidad sevillana de La Algaba, donde se encuentran los restos de decenas de víctimas del campo de concentración de las Arenas.
Los investigadores María Victoria Fernández Luceño y José María García Márquez realizaron un exhaustivo estudio sobre las lamentables condiciones de vida de los presos de ese campo. Los investigadores concluyeron que, entre 1941 y 1942, murieron 144 presos procedentes de las ocho provincias andaluzas y de Badajoz, Albacete, Alicante, Barcelona, Ciudad Real, Las Palmas, Palencia, Pontevedra, Toledo, Zaragoza y Portugal.

martes, 8 de septiembre de 2015

GCE: Los afanos de Franco

El gran negocio de Franco con la guerra
El historiador Ángel Viñas desvela en su próximo libro el origen turbio de la fortuna del dictador
Una, grande y rica
TEREIXA CONSTENLA - El País


De derecha a izquierda: Francisco Franco, Carmen Polo de Franco y Pilar Primo de Rivera, en un acto de la sección femenina en El Escorial, en 1944.

Franco hizo fortuna con la Guerra Civil. En su próximo libro, el historiador Ángel Viñas (Madrid, 1941) desvela aspectos desconocidos sobre el origen del patrimonio del dictador, fallecido hace 40 años, que desmontan el mito de su desapego hacia el dinero. Al margen de sus honorarios oficiales, Franco se enriqueció por vías que hoy acabarían ante los tribunales, como la venta de café donado en 1939 por Brasil o una “gratificación mensual” que le pagó la compañía Telefónica.

En La otra cara del Caudillo (Crítica), que se publicará el 22 de septiembre, Viñas desvela que el dictador ingresó en 1940 en una de sus cuentas 7,5 millones de pesetas, que equivalen “más o menos a 85,6 millones de euros de 2010”, por la venta de café que había donado el dictador brasileño Getúlio Vargas. “No veo la razón por la cual Vargas pudiese hacer un donativo a Franco a título personal, de dictador a dictador. Probablemente supondría que su homólogo no iba a beberse el café que pudiera obtenerse con 600 toneladas de granos. Entiendo, pues, que lo más probable es que fuese hecho implícitamente bien al pueblo o al Estado españoles”, sostiene el historiador en la obra. El café era uno de los productos que más escaseaban durante la posguerra y, por tanto, uno de los más demandados en los circuitos ilegales del estraperlo.

Dinero sospechoso
Café. En 1940 Franco tenía en una de sus cuentas 7,5 millones de pesetas (85,6 millones de euros de hoy) por la venta de café donado por el dictador Getúlio Vargas.
Donativo. El dictador recibía un “donativo mensual” de 10.000 pesetas (11.000 euros de hoy) de parte de la Compañía Telefónica Nacional.
Saldo. En agosto de 1940 disponía de 34,30 millones de pesetas en sus cuentas.
Bajo la dirección de Francisco Franco Salgado-Araújo, primo y responsable de la Secretaría de Estado de Franco, el café brasileño se entregó a la Comisaría de Abastecimientos y Transportes, organismo estatal que dependía del Ministerio de Industria y Comercio, para que lo distribuyese a los gobiernos civiles, que se encargaron de venderlo en sus provincias según el precio público marcado por la administración (12,48 pesetas por kilo). Viñas descubrió el importe total de la venta en un documento del archivo del Palacio Real, donde consta que la recaudación total ascendió a 7,5 millones de pesetas, “exactamente el importe que figura en la relación de cuentas del Caudillo cerrada a 31 de agosto de 1940”.

¿De dónde tanto dinero?

El extracto de las cuentas de Franco correspondientes a esa fecha fue difundido por la revista Tiempo en 2010, aunque no se aclaraba el origen de esos 7,5 millones. En ellas se observan salidas de dinero, que el dictador destinaba arbitrariamente a distintas obras o personas, como la reconstrucción del castillo de la Mota o la ampliación de un colegio religioso de las Adoratrices de Valladolid. Lo más sorprendente se encuentra en el capítulo de ingresos, donde consta un “donativo mensual” de 10.000 pesetas de la Compañía Telefónica Nacional, cuyo accionista principal era entonces la empresa estadounidense ITT. La cantidad equivaldría a 11.000 euros actuales, según Viñas. “Políticamente el caso es significativo. Desde antes de la Guerra Civil el Gobierno había tenido relaciones no siempre armoniosas con la ITT. Durante el conflicto, la Compañía Telefónica aseguró el servicio en las dos zonas en que quedó dividido el país, aunque el presidente de la ITT, el conocido y temido coronel Sosthenes Behn, anticomunista furibundo, no tardó en declararse a favor de los sublevados. Terminado el conflicto Franco bloqueó los esfuerzos de la ITT por reanudar sus operaciones en España”, se recoge en la obra.

El todoterreno de Hitler
Desde que comenzó la guerra, Franco recibió regalos por admiración de quienes simpatizaban con su “cruzada militar” contra los republicanos y por interés de quienes deseaban buenas relaciones con España. Hitler, a pesar de que le despreciaba, le regaló en enero de 1940, nueve meses después del final de la guerra española, un todoterreno de la marca Daimler-Benz valorado en 33.597,50 marcos de entonces, “casi unos 400.000 euros hoy”, según recoge Ángel Viñas en La otra cara del Caudillo.
En el libro se recuerdan otros jugosos obsequios que agrandaron el patrimonio familiar de Franco como el Pazo de Meirás, antigua residencia de la escritora Emilia Pardo Bazán, comprado en 400.000 pesetas, reunidas por numerosas aportaciones forzosas y algunas voluntarias como la del empresario Pedro Barrié de la Maza. Y también una donación menos conocida realizada por Teresa Amteller Cros el 17 de octubre de 1936, que ofreció su finca en Santa Elena de Agell “en cuanto la provincia de Barcelona fuese liberada”.
Viñas no ha logrado averiguar cuándo Telefónica comienza a pagar al dictador ni durante cuánto tiempo lo hace, pero considera “totalmente improbable que actuara al margen de la ITT en este delicado asunto”. “Como es notorio, la nacionalización se retrasó”, añade.

El 31 de agosto de 1940, Franco disponía de 34,30 millones de pesetas en varias cuentas, nutridas en buena parte con aportaciones de simpatizantes de su causa tras la suscripción nacional abierta para financiar la guerra. Aunque Ángel Viñas puntualiza que Franco realizó también donativos y obras con este dinero, barrunta otra finalidad última: “Mis sospechas apuntan hacia la posibilidad de que se quedara con la mayor parte de los fondos acumulados”. En un par de años, afirma, “consiguió una fortuna nada despreciable, en parte gracias a mecanismos hasta ahora no aclarados”.

Su millonario saldo bancario en 1940 resulta sorprendente teniendo en cuenta que su nómina mensual en 1935 era de 2.493 pesetas (desvelada en marzo por EL PAÍS) y que en 1940, ya como Jefe del Estado, percibió 50.000 pesetas en concepto de salario anual. “En cualquier caso, ni ahorrando todos sus emolumentos como jefe del Estado y como capitán general, más la gratificación de Telefónica, es posible que Franco pudiera acumular los saldos bancarios de que disponía en agosto de 1940”, afirma Viñas. “Esta, verosímilmente, no pudo ser otra que la reasignación de donativos”, agrega. “La otra vía de enriquecimiento posible es que Franco se hubiese apropiado de parte de la dotación de la presidencia de Gobierno o de la Jefatura del Estado a partir de 1937. Fuese cuál fuese el origen, me parece inmoral”, explica el autor por teléfono.

A pesar de que en las últimas décadas se ha avanzado notablemente en la investigación histórica sobre la guerra y la dictadura, las finanzas de Franco permanecen aún entre sombras con excepciones como la de Mariano Sánchez Soler en su libro Los Franco S. A. (Oberon, 2003) o el reportaje de Javier Otero en Tiempo.

domingo, 16 de agosto de 2015

Biografía: Detalles ocultos de Franco

Pilar Eyre: "Siempre se silenció que a Franco le pegaba su padre"

El dictador Francisco Franco. (ARCHIVO)

  • La periodista traza en Franco confidencial una nueva biografía: "En lugar de lo histórico que ya conoce todo el mundo, he cogido la letra pequeña".
  • Desde que su padre le pegaba e insultaba (marica, Paquita, tonto...) hasta que cambió el sexo por la ambición, la autora recorre intimidades muy desconocidas.
  • La propia biógrafa afirma de las cosas que ha descubierto de Franco, quien, entre otros muchos problemas, "sufrió un grave complejo de Edipo toda la vida".
Paula Arenas - 20 Minutos

"Es que yo misma me he quedado sorprendida de las cosas que no sabía de Franco" afirma Pilar Eyre, que lleva una buena temporada preparando en secreto esta gruesa e íntima biografía: Franco confidencial (Destino). Que la letras del título estén en rosa en la portada dejan clara la intención.
Durante sus primeros siete años sufrió un maltrato paterno que hoy estaría penado Ante la perplejidad que el lector puede sentir nada más comenzar la obra y leer cómo Franco era maltratado físicamente (con correa incluida) y psicológicamente por su padre, le preguntamos a Eyre, ya que uno casi sin darse cuenta piensa: "pobre Franco, qué mal lo pasó", si no hay cierta inclinación a la justificación del personaje.
"Más que justificar hay que explicarlo, explicar que hay en Franco un ser humano muy herido.  Si seguimos lo que dijo Freud, lo entenderemos: los primeros siete años de vida determinan a la persona. Durante sus primeros siete años sufrió un maltrato paterno que hoy estaría penado, tenía un complejo de Edipo enorme y en su infancia vivió cómo volvían los hombres de Filipinas y Cuba lisiados... Eso unido a su delgadez y baja estatura, por eso le llamaban Cerillita... Todo eso conforma una personalidad y también ese tono agraviado que tuvo toda la vida".
¿Cómo es que no se ha contado antes ese maltrato o si se ha hecho apenas ha tenido resonancia? ¿Cuáles son las fuentes? Eyre señala la cantidad de información que hay recogida en hemerotecas ya digitalizadas... (y otras fuentes a las que no pone nombres). Ella misma confiesa que jamás se recogió el maltrato paterno a Franco. "Le llamaba marica, Paquita... Incluso ya siendo Franco quien llegó a ser, su padre salía a la calle y lo insultaba: mi hijo es un imbécil, un tonto... Y no hay mención alguna por escrito en los medios de entonces".
"Sustituyó el sexo por la ambición"
"Trato mucho el tema sexual en el libro porque creo que es muy importante. Y porque en ese tema hay muchas mentiras". ¿Cuál es la mayor? "Muchas, por ejemplo que Carmen Franco no es hija suya. Lo era, no hay duda. Seguramente lo hizo sólo una vez, pero acertó. Esa hija es suya y no de otros, como se ha dicho".
Tenía una fimosis muy pronunciada y eso hacía que le costara mucho tener relacionesVuelve al padre la periodista, porque antes que el sexo prefiere desmentir: "Que el padre era un alcohólico tampoco se ha dicho. Y lo era". Antes siquiera de esbozar nueva pregunta, aclara: "Y desde luego no era nada tonto, era muy inteligente y culto. Leía, cuando murió tenía una biblioteca de ocho mil libros".
Otra de las historias que siguen circulando y que Pilar niega es la supuesta homosexualidad de Franco: "No lo era, de hecho tenía deseo sexual. Lo que pasaba era, y eso me lo ha contado un médico que lo atendió y que es sexólogo, que tenía una fimosis muy pronunciada y eso hacía que le costara mucho tener relaciones. Se le dijo que se podía operar, pero dijo que no, que si Dios lo había querido así, pues así se quedaba. Y por supuesto no se le levantaba, pero eso era debido a su complejo de Edipo".
¿Las historias de su atracción por Eva Perón no son pues reales? "Sí, tenía deseo, pero el sexo no le importaba. Lo sustituyó por la ambición. Le gustaban las mujeres guapas. Hasta Sara Montiel, y aquí no pongo la mano en el fuego es ella la que lo contaba, atrajo a Franco. Parece que en La Granja le dijo a la artista que se apartaran a un bosquecillo un rato, y entonces apareció Carmen Polo y se llevó a Franco Y lo de Eva Perón también es cierto".
Lo que parece complejo de explicar es la frialdad y brutalidad de Franco, pero parece que hay respuesta: "Fue despiadado como lo fueron todos los generales, como Napoleón. No podía pararse a pensar en las familias y en las personas, sólo podía verlos como soldados". Pero eso es casi enfermizo: "No, Franco no estaba enfermo mentalmente. Sí es cierto que carecía de compasión y empatía, pero porque la perdió en África".

lunes, 10 de agosto de 2015

España: Las persecuciones de científicos de Franco

La ciencia que desmanteló Franco
Un libro repasa la destrucción de la investigación científica en España tras la Guerra Civil
El CSIC se olvida de su herencia franquista
MANUEL ANSEDE - El País


Franco visita el Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas, en 1954. / UAM

“Al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia”, sentenció Santiago Ramón y Cajal, único científico 100% español que ha ganado un premio Nobel. El investigador recibió el galardón en 1906 por descubrir las neuronas del cerebro y un año después predicó con el ejemplo y se transformó en el carretero del país: se puso al frente de la nueva Junta para Ampliación de Estudios (JAE), una institución que pagaba a los mejores científicos españoles estancias en las grandes universidades europeas y americanas.
La JAE contribuyó al florecimiento de la Edad de Plata de las letras y las ciencias en España durante el primer tercio del siglo XX. Hasta el físico Albert Einstein aceptó dirigir una cátedra extraordinaria en la Universidad Central de Madrid en 1933. Pero el golpe de Estado de 1936 y la Guerra Civil barrieron este progreso. El 8 de diciembre de 1937, el general Francisco Franco disolvió la JAE y creó otra institución para colocar la “vida doctoral bajo los auspicios de la Inmaculada Concepción de María”.

El libro Enseñanza, ciencia e ideología en España (1890-1950), editado por la Diputación de Sevilla y Vitela Gestión Cultural, repasa ahora el desmantelamiento de la ciencia en España ejecutado por la dictadura franquista. “A los que estudiamos en la Universidad española entre finales de los sesenta y principio de los setenta nos hacían creer que antes de 1940 la ciencia estaba atrasada y fue casi inexistente, que todo lo que se estaba haciendo entonces provenía del actual régimen, el cual había puesto los medios materiales y las personas adecuadas para que la ciencia española progresara y saliera del atraso en que se encontraba en la década de 1930. Pero nada más lejos de la realidad”, reflexiona el historiador Manuel Castillo, catedrático emérito de Historia de la Ciencia en la Universidad de Sevilla y coautor del libro.

De los 580 catedráticos que había, 20 fueron asesinados, 150 expulsados y 195 se exiliaron, señala el historiador Manuel Castillo
Castillo recuerda que José Ibáñez Martín, ministro de Educación entre 1939 y 1951, asumió la decisión de “recristianizar la sociedad”. La represión vació la universidad. De los 580 catedráticos que había, 20 fueron asesinados, 150 expulsados y 195 se exiliaron, señala Castillo. “La Iglesia supervisó o participó en cada una de estas denuncias”, afirma.

Uno de los primeros en huir fue el físico Blas Cabrera, un experto en magnetismo que había sido elegido miembro de la Academia de Ciencias de París en sustitución del fallecido Svante August Arrhenius, premio Nobel de Química. “A México llegaron medio millar de médicos e investigadores de ciencias biomédicas”, prosigue Castillo. También escaparon grandes figuras de las ciencias naturales, como Ignacio Bolívar, sucesor de Ramón y Cajal al frente de la JAE en 1934, y Odón de Buen, pionero de la oceanografía en España y un divulgador de la ciencia cuyos libros fueron prohibidos por el papa León XIII por defender las teorías de Darwin.

Las matemáticas españolas perdieron a Luis Santaló, uno de los padres de la Geometría Integral, que se exilió en Argentina y continuó investigando en la Universidad de Buenos Aires. En 1983, con 72 años, recibió el premio Príncipe de Asturias de investigación científica. La química también se resintió. Antonio García Banús, catedrático de Química Orgánica en la Universidad de Barcelona, se exilió en Colombia y allí creó la Escuela de Química en la Universidad de los Andes, en Bogotá. Enrique Moles, autoridad mundial en la determinación de los pesos atómicos, también fue depurado, como firmante del manifiesto “Contra la barbarie fascista” publicado tras el bombardeo aéreo de Madrid.

El CSIC nació para buscar “la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias destruida en el siglo XVIII”
Son solo algunos de los ejemplos que aparecen en Enseñanza, ciencia e ideología en España (1890-1950), cuyo segundo autor es Juan Luis Rubio, profesor de Historia de la Educación en la Universidad de Sevilla. El Decreto del 8 de noviembre de 1936, dictado por Franco en Salamanca, había ganado. Era una orden de eliminar “las ideologías e instituciones disolventes, cuyos apóstoles han sido los principales factores de la trágica situación a que fue llevada nuestra Patria”.

Sobre las cenizas de la JAE, y bajo la batuta de José María Albareda, miembro del Opus Dei más tarde ordenado sacerdote, se creó en 1939 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Albareda propuso en un primer momento que se denominase Nacional en lugar de Superior, pero en cualquier caso el CSIC nació para intentar “la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias destruida en el siglo XVIII”, según la ley que lo creó el 24 de noviembre de 1939.

Aquel texto criticaba la supuesta “pobreza y paralización” de la ciencia en España durante el primer tercio del siglo XX. Franco decretaba el olvido de la JAE, una falta de memoria que se repitió de manera sorprendente en 2014, en el 75 aniversario del CSIC, cuando el organismo pasó de puntillas por su pasado de exilios y depuraciones en los actos de celebración. El actual presidente del CSIC es Emilio Lora-Tamayo, hijo de Manuel Lora-Tamayo, ministro de Educación con Franco y también presidente del CSIC, entre 1967 y 1971.

El franquismo convirtió a España en uno de los países "más subdesarrollados del continente en ciencia", según Castillo
Con la llegada de la dictadura, El origen de las especies de Charles Darwin se convirtió en una obra totalmente prohibida. El ministro Ibáñez Martín incluyó pasajes del Génesis bíblico en algunos libros de Ciencias Naturales. La investigación de la evolución humana, que había empezado a despuntar gracias a la JAE, fue sustituida por Adán y Eva. La paleontología “se retrotraía hasta el Cuarto Concilio de Letrán”, organizado por el papa Inocencio III en el año 1215, según Castillo.

“Hay que reconocer que en esto el franquismo fue pionero: se adelantó decenas de años a la corriente creacionista tan en boga hoy en algunas universidades norteamericanas que afinan la inventiva para introducir sus teorías como avaladas por la ciencia”, ironiza el catedrático emérito.

“La falta de libertad de pensamiento y de expresión durante casi 40 años taró al país y lo convirtió en uno de los más subdesarrollados del continente en ciencia y en cultura general”, sentencia Castillo. El Auditorio de la Residencia de Estudiantes, una de las joyas de la JAE en Madrid y sede de importantes conferencias científicas internacionales, fue demolido parcialmente y se convirtió en una iglesia. “Si de las basílicas romanas surgieron las primitivas iglesias cristianas, por qué de un teatro o cine, en donde se pensaba ir ensuciando y envenenando, con achaques de cultura y de arte, a la juventud española, no puede surgir un oratorio, una pequeña iglesia para que sea el Espíritu Santo el verdadero orientador de esta nueva juventud de España”, escribió tras la Guerra Civil su arquitecto, Miguel Fisac, por entonces miembro del Opus Dei.

lunes, 16 de marzo de 2015

GCE: El salario de Franco

5.261 euros de los de hoy: el sueldo de Franco en 1935
EL PAÍS bucea durante días en los documentos de la Fundación José María Castañé
Esta entrega, primera de cuatro, se centra en la relación con el dinero del dictador
Papeles desconocidos y verdades por desvelar
JESÚS RUIZ MANTILLA
El País

Francisco Franco, jefe de Estado Mayor, y dos ayudantes, durante unos ejercicios de tiro en Carabanchel el 16 de enero de 1936.

No corrían en los años treinta tiempos en que los altos mandos militares se hicieran ricos, pero Francisco Franco, antes de dar el golpe de Estado el 18 de julio de 1936, tampoco es que resultara mal compensado económicamente para su puesto. Otra cosa es que él considerara lo contrario… En una nómina de la Pagaduría Central de Haberes del Ejército a su nombre consta la cifra de 2.429,98 pesetas (14,60 euros). Se trata de su sueldo en noviembre de 1935, cuando ocupaba el cargo de jefe del Estado Mayor. Lo recoge uno de los más de mil documentos que la Fundación José María Castañé acaba de donar a la Residencia de Estudiantes referentes a la época de la República, la Guerra Civil y la dictadura franquista.

El héroe de África con ínfulas y agarraderas, el oficial más joven de Europa en todos los escalafones superados hasta ser nombrado estrafalariamente generalísimo, la figura que las derechas de José María Gil Robles, líder de la CEDA, consideraban punto de engarce indiscutible entre los poderes políticos y unos militares a quienes más valía tener contentos, fue designado líder del Ejército para la II República en mayo de 1935.

Tras sus desencuentros con Azaña y abrigado por su destreza para hacerse valer como el elemento más pragmático a la hora de mediar entre ambas esferas, Franco se afianzaba con el cargo en una situación de mando férreo. Dependía del ministerio de la Guerra, ocupado por Diego Hidalgo. Lo hacía dentro de un Gobierno empeñado en lo que su biógrafo Paul Preston describe de esta manera: "La instauración legal de un Estado autoritario corporativo". Podía dominar, sondear, articular mecanismos de sublevación, por si acaso. Sobre todo podía hacerse un traje a medida sin apenas sospechas de Gil Robles, que confesaba su total ignorancia en cuestiones de armas.

Si comparamos aquella cantidad con el coste de la vida actual, la equivalencia se elevaría a 5.261,80 euros. Así lo ha calculado para EL PAÍS Ernesto Poveda, del Grupo Icsa, dedicado, entre otras cosas a asuntos de observatorio salarial. El trabajo está hecho con arreglo a la tabla de actualización de precios al consumo que establece Jordi Malaquer, catedrático de la Universidad Autónoma de Bellaterra (Barcelona). "Se trata de la referencia utilizada por los historiadores económicos avalada por el Banco de España", explica Poveda.


La nómina de Franco como jefe del Estado Mayor en noviembre de 1935.

Es poco, si lo comparamos con el sueldo del actual mando de la Fuerzas Armas, el almirante general, Fernando García Sánchez. Dentro de los datos oficiales, su sueldo, contemplado en los Presupuestos Generales del Estado, asciende a 118.701,86 euros brutos. Pero mucho con arreglo a las pagas que en aquel momento previo al golpe percibían las tropas.

Con el tiempo, todo fue mejorando. Y la relación de Franco con el dinero, tomando cuerpo. Las ambiciones del dictador crecieron también en ese ámbito. El mito de la austeridad franquista, para Julián Casanova, que ha coordinado un volumen -40 años con Franco, publicado por Crítica-, es falso. "Cada vez nos resulta más evidente que actuaba como dueño de un cortijo. Si lo comparamos con arreglo a un sultanato, puede parecernos moderado. Pero si nos atenemos a las reglas de cualquier régimen occidental, su relación con el dinero resulta exagerada, contando todos sus privilegios y prebendas".

La cantidad era su salario como jefe del Estado Mayor en la República
Su sueldo como jefe del Estado al final del régimen ascendía a unas 768.000 pesetas en 1975. De estas, 600.000 se las ingresaba el ministerio de Hacienda como Jefe del Estado y 168.000 restantes las percibía como capitán general y Generalísimo de los Ejércitos.

En esta y en otras cuestiones, comenta Preston, cuya biografía se reeditará con motivo de los 40 años del fin del franquismo, "evidentemente, se trataba de un hombre comido por la ambición". Aunque en asuntos pecuniarios, según su estudioso y profesor de la London School of Economics, "quien más alimentaba esa deriva era su esposa, Carmen Polo". El hispanista recuerda haber estudiado papeles en los que la mujer se quejaba abiertamente de haber perdido oportunidades.

Se trataba de un hombre comido por la ambición”
Paul Preston
Sobre todo, antes de escalar a lo más alto. La carrera militar de Franco resultó un meteoro. Se forjó en la Legión, en cada peldaño del escalafón sorprendía como el oficial más joven del continente. Tardó solo seis años en ascender de alférez a comandante. No desaprovechó ninguna de sus oportunidades. Implacable, frío, calculador, sabía esconder las cartas con una maestría en el dominio de la ambigüedad que le proporcionaba éxito en cualquiera de sus previsiones.

De no haber sido militar del Ejército de Tierra, se habría convertido en oficial de la Armada, aunque entre sus sueños también entraba la arquitectura y entre las aficiones que cultivó permanentemente, la pintura. Marruecos fue siempre para él tierra talismán. Se forjó allí unas tropas que le servían con fe ciega y utilizó hasta en la represión de Asturias en 1934. Antes de ser nombrado jefe del Estado Mayor, había sido destinado, como premio precisamente en el aplastamiento de aquella rebelión minera, a África.

A su muerte en 1975, cobraba cada mes 768.000 pesetas
Ocupó el puesto que le sirvió en bandeja el populista líder de los Radicales, Alejandro Lerroux, tan solo tres meses. Tiempo suficiente como para establecer, según Preston, nuevos e importantes contactos que luego le resultarían imprescindibles al comienzo de la guerra.

Su cometido como jefe del Estado Mayor, en perfecta sintonía con Gil Robles, consistía principalmente en corregir las reformas que Azaña, una de sus bestias negras, había aplicado al ejército en su etapa de mando. Trabajaba hasta altas horas de la madrugada, incluidos fines de semana, para disgusto de su familia. Paralizó los ascensos por méritos impuestos en la época precedente. Purgó a varios altos mandos por una ideología, a su juicio, "indeseable", mientras otros irredentos antirrepublicanos fueron reconocidos. Emilio Mola, uno de los cabecillas del golpe, entró como máximo responsable de las tropas en Marruecos, por ejemplo.

Tampoco dejó Franco de establecer contactos exteriores. Firmó acuerdos con fabricantes de armas alemanes como parte de un planeado rearme. De hecho, siempre recordó como fundamental su paso por el cargo en el Estado Mayor y crucial para su victoria posterior en la guerra. Como presupuesto de la República, aquellas 2.429,28 pesetas al mes, resultaron una pésima inversión.

Papeles desconocidos y verdades por desvelar
La pasión por la historia, la clarividente sensación de haber sido testigo e hijo de un siglo excepcional, fue lo que en un principio llevó a José María Castañé a empezar a reunir papeles. Su obsesión eran los conflictos bélicos y sus consecuencias violentas. Así fue como hace ya 26 años, este empresario financiero decidió invertir una buena parte de su capital en un legado.
De los más de 10.000 documentos que obran en poder de su fundación —constituida en 2004—, la mayoría corresponden a la Primera y Segunda Guerra Mundiales, la contienda civil española y las consecuencias o prólogos de estas tragedias. La revolución rusa, las secuelas del comunismo, del fascismo, la apisonadora atroz del totalitarismo, el Holocausto, el exilio…, han sido sus principales preocupaciones.
Entre los más de 600 documentos referentes al franquismo que acaba de donar a la Residencia de Estudiantes de Madrid y que depositarán en el mes de abril, la mayoría pertenecen a la propia fundación y un total de 120 a su legado personal. Por lo que han podido apreciar los historiadores consultados, algunos de estos papeles, podrían pertenecer al archivo privado de Franco, según sostiene Paul Preston.
Los documentos oficiales del régimen han quedado custodiados, no sin polémica y con quejas de los historiadores por su acceso restringido, en la Fundación Francisco Franco. Pero existía un buen número de papeles con los que en su día mercadeaba por medio de intermediarios, su yerno, Cristóbal Martínez Bordiú, marqués de Villaverde. Estos han acabado dispersos en diferentes lugares. El autor británico y biógrafo del dictador cree que algunos de ellos, cuya oferta recibió hace años directa o indirectamente, pueden haber acabado en diversas colecciones diferentes, aunque entre los destinatarios para los que se le pidió una valoración, en su día, estuviera la Universidad de Yale. Pero aquello, finalmente, confirma Preston, no cuajó.

miércoles, 14 de enero de 2015

El Valle de los Caídos remueve fantasmas

Un problema como una montaña
El Valle de los Caídos, cuyas obras comenzaron hace 75 años, languidece por el desacuerdo entre Gobierno y oposición para darle una salida política
PABLO LEÓN  -  El País



La Cruz de los Caídos, vista desde la hospedería. / CLAUDIO ALVAREZ

“¡Viajeros al autobús!”, avisa el conductor en la estación de San Lorenzo de El Escorial. Quedan cinco minutos para que su vehículo arranque hacia el valle de Cuelgamuros. Dos jóvenes llegan apresurados. “¿Este lleva al Valle de los Caídos?”, pregunta uno de ellos. Compran sus billetes (11,20 euros, entrada incluida; el acceso al monumento cuesta 9 euros) y suben. Exceptuando los dos asientos de estos chavales, el bus, de 59 plazas, está vacío. “Vinimos a ver El Escorial] y, como está al lado, decidimos acercarnos”, cuenta Rosendo Hernández, estudiante de 25 años. No sabía que en 2015 se cumplen 75 años del comienzo de la faraónica obra en plena serranía madrileña. Tampoco que se tardó casi dos décadas en acabarla o que en ella trabajaron miles de presos republicanos. “Me parece todo muy interesante; me gustaría saber más”, dice. El Valle de los Caídos interesa: el año pasado —la curiosidad, la Historia o el morbo— atrajo a 240.837 personas; un 7,22% menos que el anterior. Y como a Rosendo Hernández, a muchos visitantes les gustaría saber más.

Cronología: De Cuelgamuros a la tumba del dictador


Misa en honor a Franco el 20-N de 1978. / EFE

  • El 1 de abril de 1940, Franco decide construir la basílica y el monasterio del Valle de los Caídos. El enclave elegido es la finca de Cuelgamuros, en plena sierra de Guadarrama, en Madrid.
  • La finalidad de la construcción es establecer "un lugar de reposo y meditación para perpetuar la memoria de los que cayeron en nuestra gloriosa Cruzada", según el régimen franquista.
  • El proyecto corrió a cargo del arquitecto Pedro Muguruza, afín al régimen y que en 1924 ideó el Palacio de la Prensa, el primer edificio de la Gran Vía de Madrid. Contó para la obra con la ayuda de su pupilo Diego Méndez.
  • Un día de trabajo, cinco de reducción de condena. Con esta premisa, y puede que un pequeño salario, Franco trasladó a miles de presos republicanos para erigir el monumento. El número de fallecidos durante la construcción, que oscilan entre los 15 y los 27.000 dependiendo de la fuente, sigue siendo motivo de discordia.
  • Este es el gran escultor que necesita España", dijo Franco al ver las obras de Juan de Ávalos, según cuenta el propio artista. En 1950 ganó el concurso público para realizar las esculturas del Valle. No contaba con el beneplácito del aparato franquista, pero sí con el visto bueno del propio dictador. Las nueve esculturas de tamaño colosal —hasta 20 metros de altura— del monumento son obra suya.
  • El 1 de abril de 1959, tras 19 años de trabajos, Franco inaugura el monumento. La fecha coincide con el 20º aniversario del final de la Guerra Civil.
  • Dos días antes de la apertura, los restos de José Antonio Primo de Rivera se trasladan a la basílica. Acompaña los cuerpos de 30.000 personas, golpistas y republicanos. En el monasterio 19 archivos contienen los datos de la mitad de los allí enterrados.
  • El 20 de noviembre de 1975 muere Franco. El vicepresidente Carlos Arias Navarro decide enterrarle junto a Primo de Rivera en vez de en el cementerio de El Pardo, como estaba planeado hacerlo.
  • A partir de ese momento, la Fundación Nacional Francisco Franco convoca una misa funeral anual el 20 de noviembre en la basílica del monumento. Ese día, al Valle acudían nostálgicos de la dictadura y jóvenes de extrema derecha con iconografía franquista.
  • La Ley de Memoria Histórica, aprobada el 26 de diciembre de 2007 por José Luis Zapatero, prohíbe los símbolos y la apología franquista. Eso incluye las misas del Valle. La ley soliviantó no solo a la ultraderecha nostálgica sino también a amplios sectores del PP.
  • El 13 de julio de 2008, uno de los brazos de la Piedad situada en el pórtico se desprende. Casi hiere a una turista.
  • En noviembre de 2008, el juez Baltasar Garzón ordena exhumar del Valle de los Caídos a ocho fusilados republicanos, Ese 20-N, 70 personas acuden a la misa.
  • "Cerrado por peligro de lapidación". El Gobierno clausura el recinto por el deterioro. Zapatero es acusado de querer hacer desaparecer el Valle.
  • En noviembre de 2011, un mes antes de las elecciones, la Comisión de Expertos para el Futuro del Valle publica un informe. Urge a parar su deterioro (valora en 13 millones de euros la inversión necesaria); a despojar el recinto de cualquier connotación ideológica y política; y a trasladar los restos de Franco.
  • El PP gana las generales, mete el informe en un cajón y en junio de 2012 reabre las puertas del Valle de los Caídos. En diciembre de 2014, el diputado socialista Odón Elorza pide la reconversión del recinto en un "lugar de concordia y de reconciliación". No hay acuerdo.

Un par de solitarios coches aparcados reciben en el parking al autobús. “Impresionante”, exclama Hernández al bajar del vehículo. Se trata del único servicio público, operado por la empresa local Autocares Herranz, que conecta, una vez al día el controvertido monumento con el pueblo. Un servicio que, los últimos años, no ha dejado de perder viajeros: de los 13.638 de 2012 ha pasado a 11.638 del año pasado.

“Lo primero que quiere ver un muchacho al llegar a Madrid es el Estadio Santiago Bernabéu”, dice, sin un ápice de ironía, Ángel de la Torre. Conoce el Valle de los Caídos desde sus orígenes. “Canté para Franco”, apunta este párroco de 80 años. El monumento comenzó a construirse en 1940, un año después del final de la Guerra Civil, y “dos días antes de la inauguración, una procesión, cargada de galones falangistas, acompañó los restos de José Antonio Primo de Rivera desde El Escorial hasta la basílica”, relata el padre Ángel. Con Primo de Rivera instalado a los pies del altar, el dictador inauguró el complejo el 1 de abril de 1959 mientras un jovencísimo padre Ángel estaba en el coro. “Nuestra victoria no fue una victoria parcial, sino una victoria total y para todos. No se administró a favor de un grupo ni de una clase, sino en el de toda la Nación”, dijo Franco. Han pasado 75 años desde el comienzo de la construcción y parece que la Nación no termina de ponerse de acuerdo con respecto al Valle. “Es una patata caliente para el Gobierno”, dice Pablo Linares, presidente de la Asociación en Defensa del Valle de los Caídos. “Sea del color que sea”, matiza.

Una veintena de personas salpica la enorme explanada que se abre frente a la puerta de la basílica. “Todavía no hemos entrado", cuenta Paloma Martín, madrileña de 54 años. Había visitado el complejo hace años, “de joven”, pero no había vuelto. “Tiene algo amenazante y oscuro”, dice mirando con desconfianza la puerta que penetra en la montaña. Antes de cruzarla, alza la vista hacia la Piedad que la corona. Hace unos años, un brazo de esa escultura se precipitó al vacío rozando a una turista. Poco después, en diciembre de 2009, el recinto fue cerrado por peligro de lapidación. Gobernaba Zapatero (PSOE); hubo polémica. El 1 de junio de 2012 el Gobierno reabrió el monumento con Rajoy (PP) como presidente. Hubo polémica. “Difícil”, calificó la vicepresidenta Saénz de Santamaría cualquier decisión que afectase al Valle.

Los primeros seis meses después de la reapertura acudieron 179.554 visitantes; en 2013 fueron 259.591 y el año pasado, 240.837 (un 7,22% menos), según datos de Patrimonio Nacional. A pesar del descenso, en 2014 el Valle se posicionó como el cuarto sitio más visitado de los enclaves que gestiona la entidad, por detrás del Palacio Real (1.176.243), Real sitio de El Escorial (466.909) y Real Sitio de Aranjuez (270.682). “Realizamos una excursión combinada a El Escorial y al Valle, que cancelamos durante el tiempo que estuvo cerrado”, cuenta Pedro de la Cerda, responsable de la oficina de excursiones de Madrid de Juliá Tours, uno de los touroperadores que ofrece guiados por el Valle. “Tras la apertura, ha habido un repunte de la venta de tickets”, asegura. “Aparte del morbo que pueda suscitar, el turista se mueve por el precio y este recorrido ofrece una especie de 2x1”, agrega. Durante el paseo, un guía explica el contexto histórico del Valle y después deja tiempo libre para que la gente disfrute del entorno: 1.340 hectáreas de naturaleza donde habitan corzos, zorros o aguiluchos. Algo más de una hora. No existe un recorrido que analice a fondo del complejo. “Nunca nos hemos planteado realizar esta visita sola; es un apoyo al recorrido por el monasterio”, agrega De la Cerda.


Una familia realizando una visita turística en la explanada bajo la cruz del Valle de los Caídos. / CLAUDIO ÁLVAREZ

El contraste entre el soleado exterior y la oscuridad de la basílica ciega al visitante. Cuando la pupila se adapta, lo primero que se atisba es un arco de seguridad. “No sé si me apetecía mucho entrar”, confiesa Paloma Martín, que acude acompañada de su marido. Sus tacones resuenan por la mastodóntica nave decorada con tapices, que por el paso del tiempo han perdido la nitidez de sus colores. Los zapatos desfilan ante seis capillas tras las cuales se ocultan los restos de más de 30.000 personas, republicanos y franquistas, caídas en la Guerra Civil. “Me provoca un poco de mal cuerpo, la verdad”, continúa Martín, que se fija en unas manchas de humedad que, junto a un amenazante ángel custodio, domina uno de los arcos. “Se ve que no lo cuidan mucho”, susurra. Patrimonio no ha variado en los últimos años la dotación económica del Valle: 340.000 euros en 2012 y otros tantos en 2013 (la memoria económica del año pasado aún no está publicada). Con ese dinero se mantiene la abadía, donde residen una veintena de monjes benedictinos; la escolanía, en la que estudian 50 alumnos, de entre 9 y 14 años, y que componen el afamado coro de las denominadas voces blancas; la hospedería, donde se realizan retiros espirituales, como el protagonizado, el mayo pasado, por el Ministro de Interior Jorge Fernández Díaz; el conjunto escultórico y la abadía. “Se necesita inversión”, denuncian desde la Asociación de Defensa del Valle de los Caídos. “Pero como se trata del polémico Valle, está totalmente dejado y olvidado”.

 “La basílica y la abadía pueden dejarse con seguridad en manos de la Iglesia, pero la gran plaza, con su centro de conferencias, escasamente utilizado, y el magnífico paisaje natural que lo rodean ofrecen oportunidades que España debe aprovechar”, escribe Jeremy Treglown en su reciente libro La cripta de Franco. Viaje por la memoria y la cultura del franquismo (Editorial Ariel). Con la finalidad de intentar aprovechar esas oportunidades, durante el Gobierno de Zapatero se creó la Comisión de Expertos para el Futuro del Valle de los Caídos. Pedro González Trevijano, magistrado del Tribunal Constitucional a petición del PP, compartía la presidencia con Virgilio Zapatero, exministro socialista. Carlos García de Andoin era el secretario del organismo: “Hay que impregnar el Valle de valores constitucionales para que todos los ciudadanos se pueda reconocer en él. Se necesita dinero para rehabilitarlo y comenzar un proceso de reconfiguración. En las actuales circunstancias, sin un centro de interpretación, no es un memorial de la Guerra Civil, sino un mausoleo”, cuenta.


Basílica del Valle de los Caídos cuyo mosaico de la cúpula y el Pantocrator son obra de Padròs. / BERNARDO GARCÍA

Los sepulcros a los que se refiere esperan al final de la nave, bajo el altar mayor: las tumbas de Primo de Rivera y de Franco. Miriam Arraiga, de 33 años, las visita por primera vez. “El ambiente me genera rechazo”, cuenta. “Me gustaría que hubiese un guía o algo que explicase todo lo que significa esto”, añade. Aunque la basílica cuenta con algunos paneles informativos, ofrecen una imagen anticuada, escasa, descuidada y con leves matices revisionistas.

“Recuerdo del Valle de los Caídos”, reza una camiseta en la tienda, última parada antes de abandonar la basílica. Comparte estante con un recetario, que promete desvelar los secretos gastronómicos de las monjas, o pequeños televisores —un souvenir vintage o rancio, según a quien se pregunte— con los que se puede disfrutar de una selección de diapositivas de la zona. “Estaría bien que hubiera un museo que permitiera profundizar en la historia”, dice Rosendo Hernández en la cafetería junto al parking. Desde ahí también se ve la cruz que, con sus 150 metros de altura, preside el complejo. En su base, los cuatro evangelistas y las cuatro virtudes cardinales, que antes se visitaban gracias a un estrambótico funicular y que desde hace seis años permanece cerrado. “Este lugar se debería preservar y cuidar un poco más”, añade Hernando. Se oye un pitido. Prisa. El autobús ha vuelto para recoger a los dos viajeros que hace dos horas subieron al Valle de los Caídos.

Geopolítica en el Valle



Valle de Cuelgamuros, en la sierra de Guadarrama, en 1940, antes de que comenzasen las obras del monumento. / EFE

Cuando en noviembre de 2011 la Comisión de Expertos para el Futuro del Valle de los Caídos entregó sus conclusiones existían pocas esperanzas de que sus recomendaciones se aplicasen. Zapatero, quien la creó, había convocado elecciones anticipadas —el 20 de noviembre— y el PP las acababa de ganar.
El Valle, que estuvo cerrado debido a obras de acondicionamiento durante 33 meses, reabrió en junio de 2012 con Rajoy como Presidente y sin ninguna intención de hablar sobre el espinoso monumento. “Unos lo odian y lo quieren hacer desaparecer. Los otros, no se atreven a cuidarlo por si los tachan de franquistas”, opinan desde la Asociación de Defensa del Valle de los Caídos. Pero las conclusiones de la Comisión —criticadas por esta asociación, por la Iglesia o por algunos sectores del PP— “no están muertas”. “Ese informe constituye un refente válido”, dice Carlos García de Andoin, que formó parte del grupo de trabajo.
El pasado mes de diciembre dicho informe fue utilizado para pedir al Gobierno que hiciese algo con el Valle. “En ningún país democrático sería esto posible”, dice Odón Elorza, diputado socialista que presentó la propuesta. “Este tema está atascado desde la Transición democrática y parece que el Gobierno no tiene voluntad para cambiarlo”, continúa. En su petición reclamaba, entre otras cosas, una actualización de contenidos y la creación de un centro de interpretación.

domingo, 4 de enero de 2015

Franco: 9 vascos escapan como balseros

Los nueve del balandro
Un grupo de vascos se fabricó su propio bote en 1950 para escapar a México y huir de la represión franquista. Sus descendientes recuperan su memoria
ENEKO RUIZ JIMÉNEZ - El País


Los descendientes de Félix San Mamés en el antiguo puerto de Bilbao. / FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

"Jueves 24 de agosto 1950. Día 40. Amaneció, salvo en cine, nunca había visto un espectáculo como el que se me presentaba. Dicen que las islas del Pacífico son bonitas, pero esta era maravillosa, eso me parecía". Félix San Mamés Loizaga veía tierra y lo escribía en su diario. Un mes después de partir de Santurtzi (Bizkaia) en un balandro fabricado a escondidas, él y otros ocho vascos atracaban en Trinidad y Tobago. Todavía quedaban 51 días para alcanzar México, tierra prometida donde habían depositado todas sus esperanzas para escapar del franquismo.

El barco de vela de casco pequeño se llamaba Montserrat y acababa de cruzar el Atlántico. Los propios tripulantes lo habían construido encubierto en el taller de embarcaciones Alsa, al lado de un cuartel de la Guardia Civil. "¿Es ese su balandro?" preguntaron dos agentes una noche. San Mamés, pálido, contestó que sí. "Allí han olvidado un saco". Avisaron y se fueron. Nadie sospechó nada hasta que meses después notaron su ausencia.

El balandro fue desguazado hace décadas. 64 años después su espíritu regresa a casa a bordo de una réplica hecha por el propio Félix y donada por sus hijas y nietas al Museo Marítimo de Bilbao. Allí, los descendientes han dedicado a la epopeya una exposición donde recopilan toda clase de objetos: el diario original (publicado en La Travesía del Montserrat), fotografías, una carta de compromiso firmada por los nueve antes de la partida y la misiva de Gobernación de México que concedía a Félix cobijo político y trabajo como técnico de marina en Veracruz son algunas de las joyas.


Cuatro de los tripulantes del Montserrat en Veracruz, 1950. / FAMILIA SAN MAMÉS
El grupo fue elegido con sumo cuidado por los hermanos Algorri. Como si prepararan un golpe cinematográfico. Los dueños de Alsa no buscaban amistades, sino trabajadores especializados. Los nueve del balandro eran profesionales del mar. San Mamés, con 24 años, era carpintero y remero. Manuel Barinagarrementería, modelista naval. Agustín Palacios, herrero. José Ramón Bilbatúa, mecánico y encargado del motor. Buscaban huir de la represión franquista. Trataban, en muchos casos, de evitar una cárcel segura.

Pero no todo salió como esperaban. La bobina ardió al llegar a Canarias y un mes de viaje se transformó en tres. Como Colón, hicieron su viaje sin radio, y los aparejos se les rompieron, además, tratando de pescar pesados bonitos oceánicos.

"Tenían suerte. Rodearon los siete huracanes con los que se cruzaron. Lo malo es que no me llevaron", bromea su sobrino Juan José San Mamés, que repitió décadas más tarde la travesía para huir del servicio militar español. Lleva txapela y la ikurriña en el pecho, pero su acento suena a mezcla de vasco e inglés. Se casó con su prima, hija de Félix, y con ella vive en San Francisco, donde produce vainilla ecológica. La exposición vuelve a poner en contacto a las nueve familias. Algunos visitan la tierra de sus ancestros por primera vez.

Félix regresó en 1974. Lo que más le sorprendió a su hija Carmen entonces fue que los vecinos todavía lo reconocieran al pasar. Su única pena: no haber visto a su madre, que murió en 1966, por última vez. Era vasco sin dejar de ser mexicano, y mexicano sin dejar de ser vasco, decía.


Los huracanas con los que se cruzó el balandro. / FAMILIA SAN MAMÉS
El balandro Montserrat desapareció, pero el nombre sigue vivo en su nieta, que, con su acento mexicano, vuelve a casa. Ha dominado el baile del aurresku, aprende euskera y se ha echado novio en Bilbao. Las aguas vuelven a traer a los San Mamés a su origen. Montserrat echa anclas en el puerto de salida.

martes, 8 de abril de 2014

Franco pasa por Canarias antes de la GCE

Las imágenes de los días de Franco en Gran Canaria podrían reorientar los estudios sobre el alzamiento
CÉSAR MARRERO/EFE@ABC_CANARIAS / LAS PALMAS DE GRAN CANARIA
ABC




«Franco necesitaba venir a la isla para poder luego viajar a Marruecos», expone el historiador Alberto Anaya, investigador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

Solo 24 horas antes de que estallara la Guerra Civil, los republicanos preparaban en Las Palmas de Gran Canaria un golpe de mano que pudo cambiar la historia de España. Una carpeta con viejas fotos olvidadas en un archivo revela ahora cómo fue aquel 17 de julio de 1936 en la vida de Franco.
El Ayuntamiento de Arucas ha descubierto entre sus fondos casi 381 fotos anónimas en blanco y negro de 1936, entre las que figuran varias escenas del entonces capitán general de Canarias presidiendo el entierro del general Amado Balmes, la víspera de que partiera hacia Marruecos para liderar la sublevación contra la II República.
Los responsables del archivo municipal de Arucas reconocen que ellos fueron los primeros sorprendidos al descubrir en qué consistía ese material fotográfico, hallado durante tareas rutinarias de revisión y catalogación de la numerosa documentación acumulada en una caja de cartón, cuya apariencia no hacía sospechar en absoluto su valioso contenido.
«Fue una sorpresa lo que había en la caja, las fotografías nos llamaron la atención desde el primer momento», afirma la archivera municipal y licenciada en Historia Carmen Rodríguez.
En especial, les impresionó el hecho de encontrar entre esas instantáneas cerca de una decena en las que aparecía Francisco Franco presidiendo en Las Palmas de Gran Canaria el entierro del gobernador militar de la provincia, un acto del que solo se había documentado hasta ahora la existencia de una o dos fotografías.
Ese sepelio ha abonado, además, la leyenda que gira en torno a las horas previas a la insurrección del 18 de julio, puesto que hay expertos que especulan con el hecho de que la muerte de Balmes, que oficialmente falleció disparándose su propia arma en un suicidio o por accidente, pudo ser asesinado por órdenes del propio Franco.
Evitar que el gobernador militar de Las Palmas se opusiera a la sublevación, debido a que era fiel a la República, o incluso dar a Franco una excusa para desplazarse desde Tenerife —sede de la Capitanía General— a Gran Canaria para poder coger un avión hacia Marruecos, habrían sido, según esa hipótesis, las posibles razones.
«Franco necesitaba venir a Gran Canaria para poder luego viajar a Marruecos», expone el historiador Alberto Anaya, investigador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria especializado en el estudio de la Guerra Civil.
Este experto califica de «asombrosas» y «valiosísimas» las fotos descubiertas en Arucas, porque retratan unos momentos singulares de la historia de España, 24 horas en las que los planes de Franco pudieron haberse ido al traste, subraya, si solo hubieran sido algo distintas las circunstancias de su estancia en Gran Canaria.
Alberto Anaya recuerda que en la isla se proyectaron varios intentos de atajar sus propósitos golpistas, de los que tenían sospechas civiles afines a la República que, según teorías nunca demostradas, le prepararon el mismo 18 de julio una emboscada que burló viajando por mar en vez de por tierra a Gando, el lugar donde tomó el «Dragón Rapide» hacia Marruecos.
También tenían indicios de esos planes las propias autoridades, que ordenaron que le siguieran en Las Palmas de Gran Canaria espías y policías que incluso preveían detenerlo en el Hotel Madrid, donde se alojaba en aquellas fechas, aunque finalmente renunciaron a sus propósitos debido a que el general estuvo «en todo momento escoltado por falangistas y por cuatro oficiales del Ejército».
«Entonces, al verlos allí con sus pistolas, los policías desistieron», explica Anaya, que destaca que el hallazgo de estas fotos es importante sobre todo por las imágenes del dictador, pero también porquemuestran otras escenas de la Guerra Civil, como el embarque de tropas que viajaron a la península o la formación de civiles armados que se sumaron a la contienda en sus primeros días.
La archivera Carmen Rodríguez recalca que esas fotos acercan al público actual a una realidad temporal y sociológicamente remota, con imágenes curiosas como las de «los familiares vestidos de domingo despidiendo a las tropas embarcadas» o la de «un soldado que posa entre un grupo militar luciendo claramente un agujero en una de sus alpargatas».